viernes, 31 de diciembre de 2010

En torno a la moda


Lo auténtico perdura.

De la misma forma que antes de llegar la democracia decían que “ley es lo que manda el rey” y de la costumbre aseguraban que era lo que hacía la muchedumbre. Y, ¿qué es moda?, me preguntan y tengo que improvisar una respuesta diciendo: moda es algo que pasa en una hora. Aunque parece que la definición está hecha un poco a la ligera, se basa en que el tiempo huye (tempus fugit) y es ese tiempo el que hace que las leyes se queden obsoletas, que las modas, a pesar de ser efímeras, a veces se conviertan en usos y éstos en costumbres. Ahora que se vive más deprisa, las modas vuelan, cuando al fin del siglo XIX y hasta los años 30 del XX duraban más; recuerden las cadenas del reloj, los gemelos o los cuellos duros, por ejemplo. Si recordamos, mirando fotografías de los pueblos esos mismos años, vemos como hay personas que van vestidas con cacherulo, chaleco, camisa de tirilla, calzones, marinetas y peales, otras que llevan chaleco y camisa de la misma guisa y sin embargo ya van con pantalones que solían ser de pana; se ven incluso hombres con cacherulo como única prenda antigua; yo no he tenido que recurrir a las fotografías para ver gentes con cacherulos y faja a la antigua y las demás prendas del día.

¿Dónde está la transición de la moda al uso y de éste a la costumbre?. A medida que nos retrotraemos a tiempos pasados, en que muy pocos tenían reloj, las transiciones eran más lentas. Mi referencia más antigua al imperio de la moda es del siglo pasado, pero para que ese imperio se impusiera con facilidad era necesario el dinero que escaseaba y el poco que había rodaba, en tanto que ahora vuela.

El imperio de la moda impone un dulce yugo porque, aunque el emperador lo que busca es el dinero, el adicto a la moda mira la estética y por esta causa hay modas poco aceptadas, en tanto que otras, como el pantalón vaquero ha pasado a uso y ha devenido en costumbre. Las que se ponen minifalda buscan la estética y no que les metan mano, pero las que tienen las piernas feas aunque sigan el móvil estético caen en lo contrario, pero el gusto es libre.

Cuando alguna moda llega a convertirse en costumbre es más fácil de desarraigar porque su móvil, es más pragmático, más moral, en el sentido de referirse a las “mores” ,que es como llaman a las costumbres en latín. Hubo un tiempo en que los hombres llevaban barba; llegó la moda del afeitado y aunque costó mucho tiempo, se puso en boga no llevarla.

Hace años los señores y señoritos se cubrían con sombreros y el pueblo se ponía el de Sástago, la boina o el cacherulo; llegó la moda del “sinsombrerismo” y ¡todos a pelo!. El sombrero de Sástago lo conocemos por los dos o tres ansotanos que todavía lo llevan; también hay quien recuerda habérselo visto en la cabeza a los de Agüero y de Ayerbe y en mi pueblo cuentan que atraparon a un ladrón de corderos porque al saltar la tapia del corral perdió su sombrero y por él sacaron la cabeza que lo portaba.

Ahora el pueblo se rebela contra las modas, que son formas de imponer el consumismo y viste de un modo más informal, buscando generalmente, la comodidad y unos llevan barba y sombrero, en tanto que otros se dejan melena y se ponen una cinta en el pelo.

Asó como hay personas esclavas de la moda, hay gentes que no admiten sus imposiciones ni a tiros. Entre los primeros se debía encontrar aquella mujer de la que otra decía: esa es capaz de ponerse una coliflor en la pechera si se lo manda la moda. Entre los segundos estaban los madrileños que llevaban capa española, larga, amplia, para poderse embozar cuando iban de juerga y no ser conocidos; cuando impusieron un modelo más corto, tuvo lugar el motín de Esquilache que hizo correr la sangre, aunque a última hora a todos los esquilaron o caparon (más bien descaparon), su capa

jueves, 30 de diciembre de 2010

Madrid


El día diecisiete de Mayo,se estaban celebrando en Madrid las Fiestas patronales dedicadas a San Isidro Labrador.Lucía una mañana hermosa, porque el cielo y la tierra estaban limpios,ya que la noche anterior había llovido, lo que a la vegetación suele dar un verdor y una vitalidad extraordinarios. Es característica de la capital de España su abundancia en árboles, unos plantados cuando sus alcaldes pensaron en adornar una Avenida o un jardín público y muchos de ellos que brotaron espontáneamente, como lo son aquellos que proliferan en el Parque del Oeste y y en otros tiempos en la Casa de Campo de los Reyes de España.

Cerca del Ayuntamiento se alza una casa, que supongo estará desconocida con respecto a sus orígenes,donde dicen que en ella vivió San Isidro y cerca de la misma están excavando una , al parecer cripta de una iglesia, para tratar de encontrar los restos del pintor Velázquez, que en lugar próximo,hacia el puente de la calle de Segovia,desde donde tanta desgraciada gente se lanzaba al vacío, pintaba aquellos cielos, aquella noche rojizos,que, como digo,todavía pude observar. Hoy, para evitar tentaciones a los deprimidos suicidas,se han colcado a los lados de las vallas del puente,unos fuertes y grandes cristales. Madrid está constantemente buscando algo que tenga que ver con sus orígenes, conservando palacios y monumentos relacionados con su Historia, como el Seminario de los Nobles, la iglesia de San Francisco el Grande,el Palacio Real, la casa que antes estuvo ocupada por los Lasso,donde se hospedaban los Reyes Católicos,etc. Y tratando de escribir su Historia, se inauguran monumentos como su Catedral de la Almudena.

Los madrileños participan de su Historia, la grande y la pequeña, con sus servicios públicos,sus transportes,sus basureros y sus industrias y comercio,su turismo que me hizo observar a mí, al entrar en la capital,seis o siete aviones que iban a aterrizar en su aeropuerto y entre los hechos políticos se reciben embajadores por su Magestad,para que presenten sus Cartas Credenciales y en el Congreso y en el Senado se celebran cada día,las correspondientes sesiones.

El pueblo celebra sus fiestas y el viernes por la noche pude observar a cantidad de jóvenes cantando a coro canciones populares. Es Madrid una ciudad viva,entre cuyos habitantes abundan los hispanos, que legítimamente van ocupando los puestos de trabajo que dejaron los viejos madrileños, ocupando a su vez los lugares que en otros tiempos abandonaron los españoles,para vivir y poblar Hispano América.

Algunos critican la capitalidad de Madrid, pero hay que tener en cuenta que las hubo y todavía las hay en Moscú,París,Londres, Roma,Lisboa,etc. Ahora se tiende a crear nuevas capitales en zonas más pequeñas, pero a pesar de sus ventajas,también tienen sus inconvenientes,como ocurre en Zaragoza,que en lugar de repartir las universidads,los museos artísticos, las fábricas y otras mucha actividades,las acumula todas en su ámbito local.

Madrid es un recuerdo de toda la Nación,como por ejemplo ocurre con las estatuas de personajes históricos,como Don Pelayo el asturiano,Ramiro Primero, los reyes godos y, para mí sobre ellos el navarro-aragonés Iñigo Arista,hombre legendario,sobre el que es preciso investigar más,pues dicen que estuvo o está enterrado en el antiguo Monasterio de San Victorián de Sobrarbe oscense. Estas estatuas estaban destinadas a ser colocadas sobre la balaustrada que remata el Palaco Real,pero se colocaron en la Plaza de Oriente,desde doonde uno al verlas , puede recordar con más intensidad su participación en nuestra Historia nacional y local.

En Madrid viven muchos ciudadanos con apellidos de toda España,como Echebarría, Velazquez,Abarce, Cardedera,Llanas,Barreiros,Pons,etc., igual que en otros tiempos esos mismos apelativos pasaron a las Américas,de donde ahora vuelven a nuestra España.

La humanidad en una y hay que fundir todos sus valores,no separarlos como si de tribus se tratara,aunque todos los hombres deben gozar de su libertad individual y la de sus mayores o menores espacios colectivos.

Marco de Graus


Si alguien mira, a través del marco de una ventana, al exterior, verá un paisaje, a veces rústico y a veces urbano. Si se trata de una vista campesina tendrá la oportunidad de observar la primavera, el verano, el otoño y el invierno y en lugar de disfrutar de un cuadro eternamente inamovible, el marco de su ventana le ofrecerá una naturaleza viva en el vuelo de los pajaros, en el tremolar de las hojas de los árboles, en el correr de las aguas, al tiempo que escuchar trinos, susurros y rumores.

Esa misma variabilidad que "da Natura, presta el ambiente urbano de Graus", enclavado con la cortesana de su Plaza Mayor, con la noble arquitectura adosada a la montaña de Santa María, con su paseo de amplitudes de futuro, presidido por Costa por un lado y por San Miguel por otro, enclavado digo urbanísticamente en una tierra de olivos típicamente mediterránea, todavía ,en la puerta de los alpinos Pirineos, que por aquí, vierten sus caudales de agua, que tanto hicieron meditar a Costa y puerta semicerrada (¿hasta cuándo?) todavía, de la "Douce France".

A sus ventanas se asomaron sus hombres y mujeres y enmarcados por ellas vieron cuadros dinámicos de fiestas, de tristezas de entierros, de alegrías de bautizos, de sucesos políticos y guerreros y algunos evocaron con simpatía ocasiones como la feria de caballerías que el veintinueve de Septiembre, día de San Miguel, se celebraban.

A Graus se desplazaban desde Huesca, Teruel y Zaragoza los tratantes con sus blusas y sus varas, llegaban a Graus cargados de billetes escondidos en sus braguetas, tetillas, fajas y faltriqueras; allí llegaban Fau, Castor, Losfablos y León Belío, para comprar las bestias que de Chistau, de Chías, La Fueva y Las Paules, bajaban los recriadores.

Compraba Rocafort de Zaragoza mulas enormes a Marcial Ríos de Benasque y a Antonio Tramidal de Castejón de Sos. Era el mejor ganado el que trataban por esos pueblos y en El Run, en Anciles y en Eriste y hasta llegaban de más lejos, de Vidaller, en tierras catalanas. Los de Teruel de tierra austera y fría compraban los machos romos, burdeganos, burreños o burreros, criados a su vez en tierras duras de la Fueva.

Merodeaban en torno a bestias y a tratantes los compradores, comisionistas, curiosos y gitanos, que se encargaban de endosar a los ingenuos y a los pobres, las mulas más taradas por un aire o por el asma. Había aquellos que ¡todo por las patria!, se llevaban por salvarla y j. a sus soldados, las mulas bravas, resabiadas y traidoras, conocidas por "guitas".

Caminaban acoladas en reatas cientos de bestias con su corte de mozos y tratantes aviados con alforjas y botas que paraban a los escasos conductores de coches que pasaban, para darles un trago de buen vino.

Todo era fiesta, Graus era una fiesta y se llenaban los hoteles de Lleida y Samblancat, las fondas de Maella, Ainsa y casa Peperillo;se hospedaba la gente también en casas de particulares y dormían incluso en los pesebres y pajeras. Llegaban las mujeres del amor, se llenaban los cines y en alguno se veían hojas de parra en los espectáculos de revistas y varietés.Pero la carne reina no fue la de la mujer, sino la del ternasco, cuyas costillas asadas a la brasa se consumían con fruición. Almorzaban ya temprano, sopas de ajo o bacalao para empezar y acababan con los clásicos huevos fritos con chorizo y longaniza o con tortilla de patata. En las comidas eran reyes con las costillas de ternasco, los pollos corraleros, sin hormonas, adornados con el color de los tomates y de los pimientos.

Antonio Ibor, más conocido por Carletes,que infaliblemente subía a Graus para San Miguel, acompañando a algún famoso tratante, me confía, con nostalgia, sus recuerdos. Subía a Graus, acompañando al tratante Castor (Sebastián García),que vivía en Huesca en la calle Padre Huesca, junto a la taberna Bravo. Cuando lo nombra Carletes, lo llama siempre el difunto Castor y entonces los subía, el taxista de Huesca Antonio Cortina, que todavía vivía. Estaban en las ferias de Graus unos tres a cuatro días, hospedándose en el Hotel Lleida y viendo y mirando machos y mulas de tres a cuatro años, procedentes de los valles de Benasque y de la Ainsa ,de toda la comarca de Barbastro y de Rodellar.Los machos de tres a cuatro años los pagaban de veintiuna mil a veintidós mil pesetas y las hembras de la misma edad a unas dieciocho. Pero no solo acudían los tratantes de Huesca, de Zaragoza y de Teruel ,sino que allí, se juntaban los de Lerida,Valencia y Sabadell.

Allí acudía el torero Gitanillo de Ricla, llamado Braulio Lausín y compraba machos de cuatro a cinco años.Tambien llegaba Don Justo Rocafort, tratante de Zaragoza, que le compró las cuadras de Zaragoza a Timoteo Marcellán. De Huesca, aparte del tratante citado que subía con Carletes, iban los Gaetanos, que tenían Banzo por apellido y los Bellos, a saber Jesús y Clemente .

Ahora se come, sobre todo la exquisita longaniza de Graus, pero entonces en aquellos comedores, donde se preparaban mesas para doce o catorce comensales, además de dicha longaniza lo que se comía era paella de arroz, con tropezones de gallina, pero las aves se criaban en los corrales del pueblo y a continuación pollo a lo chilindrón, que los hacía picarse entre ellos, para ver quien se cogía la mejor “pizca”.

Cambian con el tiempo las costumbres, pero permanecen para siempre usos, como el de la longaniza, que antes se consumía con motivo de las ferias de ganado y hoy ,mirando a través del "marco" de Graus, se ha visto, en este mes de Julio, venerada y consumida en una enorme parrilla.

Colungo


Colungo es un pueblo de la provincia de Huesca, donde con gentes amables, conviven numerosos pájaros, además de los de paso, todavía más abundosos.

Lo bonito del caso es que, hombres y animales viven en armoniosa compañía, si exceptuamos las tordas que cazan con gran pericia, como obedeciendo al refrán que dice "ave de paso, ¡cañazo!".

Colungo entra dentro del Parque Natural de Guara y esa armonía que he citado, debe ser ejemplo para que el hombre respete y goce de las aguas, de los animales, de los árboles y de la tierra con sus accidentes naturales. Puede ser tan profunda esa compenetración que en ocasiones hay hombres que dialogan con los ríos, con el viento y con los animales.

El hombre debe respetar la Naturaleza, pero el hombre nativo de la zona, debe ser respetado por los hombres de las ciudades y por los que ostentan el poder.

Conozco un pastor que, cuando se entera que en determinado puerto o pardina, están pastando unos caballos que han traído de Francia, se aproxima a ellos, se gana su confianza y a aquellos, de airosa línea, que se la entregan, los acaricia e incluso los besa, como en un éxtasis de comunión con la belleza natural.

Algo parecido les pasa a los habitantes de Colungo con los pájaros, cuyos cantos interpretan, aunque en un sentido más práctico que el del pastor. Cuando van a cazar, los cuervos, las picarazas y las chincharanas se constituyen en sus cómplices y con sus cantos, chillidos, su graznar o con el chinchín de la chincharana, les avisan de la proximidad de una raposa o de un bobón, craveret o de otra ave nocturna.

La golondrina les informa de lo que pasa en otras tierras cuando interpretan su canto de esta forma:"En mi tierra se cría canela y pimienta y aquí, mosquit, truit, truit".

Cuando el boyero o boyatero se dormía debajo de un árbol, el collorín intentaba despertarlo, cantándole :"Boyatero,­chodito!,os “güeis” en “o” trigo,¿los sacas, los sacas?".

El cuco o "cúculo",que tiene fama de traidor, anuncia al sembrador o al picador de viñas, el cambio de tiempo diciendo:"Cú,cú", canto pícaro que advierte que el terreno está "por la mañana farto de humedad y por la tarde duro".

A veces los pájaros les toman el pelo a los labradores, pero ellos con gran experiencia, dicen: "Cuando la perdiz canta, nublado

viene, pero no hay mejor señal que cuando llueve".

Da gusto vivir en un pueblo, donde la gente siempre está en contacto con la Madre Natura, porque cuando quieren que llueva, cantan:"Que llueva,que llueva la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que llueva un chaparrón, con azúcar y turrón".

La gente cazaba unas veces para satisfacer sus necesidades y otras para venderse los pajarillos como si se tratara de canarios, como animales de compañía. Eran muy diversos los procedimientos de caza, unas veces con reclamo, otras a la espera, con lazos, en barracas con besque (liga),con losetas,con hicheruelos, lazos, cepos, y otras con arciellos(arquillos) o líneas. Cazaban conejos con hurones, tan perseguidos, pero no han sido ellos los que han acabado con los conejos, sino enfermedades traídas a nuestras tierras por el hombre.

¡Cuántos pájaros vivían y volaban por Colungo!, y todos ellos tenían su nombre como por ejemplo el ciquilín, el gurrión o gorrión, la aloda o alondra, el abellero, la chincharana, el carbonero, la cistra parda y la verde, el verderol, el pinchón, el petrer, el trincapiñón, la falciella, el codalgo, el subetroncos, el colorín y por no aburrir, acabo con el rey de la barza(zarza).Es curioso como conocen a los pájaros con sus nombres en fabla aragonesa, como también en dicha lengua citan a los árboles y arbustos, donde hacen sus nidos esos animalitos y por cuyas sombras caminan los de Colungo, cuando pastorean, cuando cazan o cuando van a buscar sus frutos. ¡Qué felices son cuando caminan por debajo de las oliveras, almendreras, avellaneras, caichigos, albares, chinipros, minglaneras, melocotoneros, albergeros y cereceras, llenas de frutos en su tiempo y de "pacharos", que acuden a ellos a comer dichos frutos con verdadera ansiedad!.

Conozco a un hijo de Colungo, que vive en Huesca, pero no puede olvidar sus raíces campesinas que le hacen acordarse de relacionar el canto de los pájaros con el tiempo y con su trabajo agrícola y es feliz al oír hablar por ejemplo del bobón, del esparvero(gavilán o esparvel) tordero o del esparvero perdicero

martes, 28 de diciembre de 2010

Cuento post-navídad














En estos días de Navidad, me acuerdo cada año de mi hermano Luis Almudévar, Capitán de la Marina Mercante y de su esposa, María Pilar Arnal, que tuvieron a su hijo Luis Manuel y a sus hijas Marina y Natalia, a los que educaron y que son los tres felices en este mundo. Natalia continúa el espíritu de su padre, con el niño Teo, que ha tenido con Juanma, y que es inteligente y se mira al mar. Su madre le leerá el cuento de post-Navidad y él se acordará toda su vida de su abuelo.

Este cuento, que viene a continuación es el que escribió mi hermano Luis en las Navidades del año 1980, mientras navegaba desde la Guinea a España.

-Cuento post-navídad

En recuerdo de un cuentista navideño: mi padre.

Veinticuatro de diciembre. -Nochebuena de un año cualquiera,

en el Atlántico Sur. Un barco navega, rumbo a España,

con 19 hombres a bordo. Sol de justicia y cuarenta grados a la sombra.

El cocinero da los últimos toques a una sabrosa cena. Al crepúsculo,

los pilotos hacen sus cálculos de situación observando las estrellas.

Los navegantes tienen algo de Reyes Magos ,ya que después de

veinte siglos siguen las estrellas para llegar a su destino.

Todo- está a punto. El “viejo”- (irónica, cariñosa y tradicionalmente

al capitán se le llama el ’viejo’, independientemente de su edad),

preside la mesa, toma un aperitivo y se dirige al puente de mando

haciéndose ‘cargo de la navegación y dejando a sus 18 hombres

enfrentados con la cena.

El barco no debe detenerse -en su camino y el “viejo” pasará toda

la noche de guardia para que los tripulantes puedan disfrutar

tranquilos, de su fiesta.

La noche es larga y en la soledad del puente va recordando

lejanas Navidades familiares. La radio le acompaña y, según

va bajando el nivel de las botellas, va aumentando la alegría

en el comedor. Pronto llegan al puente los ecos de canciones

de casi todas las tierras de España: hay vascos, gallegos, asturianos,

andaluces, catalanes, canarios y, alguno, de secano, como el “viejo”.

Cada uno las canta como sabe y puede. Al final todos se

ponen de acuerdo y entonan el “Noche de paz”

y el “Asturias, patria querida”. A la madrugada va apagándose

el bullicio hasta que, al fin, se hace el silencio. La gente está

cansada y tienen que enfrentarse, al día siguiente, con su dura

jornada de trabajo.

Pasan los días y, en febrero, el buque llega a su destino.

El “viejo” es recibido por su familia con los brazos abiertos,

prepara un sencillo Nacimiento, adorna su casa con motivos

navideños, compra provisiones para una buena cena, villancicos,

los regalos comprados en exóticas tierras en sus envoltorios,

al pie del Belén...

A pesar de todas las tradiciones, aquel año de gracia cualquiera,

en el hogar del capitán, Jesús nació en febrero.

Luis ALMUDEVAR ZAMORA.

(En la mar, Navidad de 1980).