viernes, 28 de mayo de 2010

Convivencia de los veterinarios de los años cincuenta


Nos hemos reunido mi esposa Feli y yo, con un grupo de veterinarios acompañados por sus esposas. Con esos, entonces jóvenes, nos matriculamos el año mil novecientos cincuenta y uno, para estudiar nuestra carrera, en la Facultad de Veterinarios antigua de Zaragoza, que se encontraba al lado de la destruida Puerta del Carmen, para estrenar las aulas de la Nueva Facultad. Después de pasados muchos años, el entonces ilustre compañero de estudios, Isidro Sierra, tuvo la genial idea de organizar cada año, después de jubilados, una excursión cultural. No en vano lo he tratado de ilustre, porque hace ya mucho tiempo, alcanzó la categoría de Catedrático de la Facultad de Veterinaria. Recuerdo la expedición que hicimos al Monasterio de Veruela, con su enorme y artística iglesia y los recuerdos del poeta Gustavo Adolfo Bécquer. En otra ocasión fuimos a visitar la factoría de nuestro compañero Alsina, donde la producción de alimentos alcanzó una categoría descomunal y moderna. Me acuerdo de visitar la residencia de jubilados, en que éstos, emocionados, se acercaban a nuestro compañero Alsina y derramaban lágrimas de agradecimiento. Subimos después a Andorra y al preguntarle al compañero andorrano, de categoría política importante, me dijo que ya no se podían sacar más solares, porque Andorra no está a las orillas del mar. El año dos mil nueve viajaron a Gerona, pero yo no pude asistir por haber sufrido la rotura de uno de mis brazos.

Este año hemos acudido a Pamplona e Isidro en compañía de Augusto, nos han proyectado en el artístico Colegio de Médicos y veterinarios de Pamplona, unas películas del viaje a Gerona, en las que sonaban, produciendo una gran emoción en nuestros corazones, sardanas del Ampurdán, como “Por ti lloro”. Cuando cantaba LLuis Llac, le acompañaba con sumo gusto, Isidro Sierra. No es extraño que Isidro supiera las letras catalanas, porque me han dicho que Francisco Puchal Mas, le regaló varios textos catalanes, que se aprendió de memoria. Jesús Pascual, de Lérida, me hizo recordar al violonchelista Pau Casals, en cuyo chalet-museo estuve el año pasado. Me hizo ver la figura de Casals, porque él estuvo en Puerto Rico, donde sacó fotografías al artista, a su familia y al medio ambiente en que vivió en San Juan de Puerto Rico. En la representación de las películas, se contemplaban los, a veces tristes rostros de mis compañeros, que parecían lamentarse de la ausencia de otros ,ya difuntos..

En el Colegio hemos contemplado un cuadro, que representa su bella figura, pero que está retorcida, de la misma forma que se ven los bellos castillos y mansiones formadas en la cumbre de las sierras, que duran pocos instantes, porque al ser gaseosos, se destruyen. El artista debió pensar, al componer su cuadro: estas obras no se caen pronto, pero tienen su fin, como ocurre con los compañeros de la expedición, que a pesar de su envidiable humor, se va quebrando la salud de alguno de ellos, como a mí, el año pasado se me rompió un hueso.

Pero uno recibe consuelos, como el que me causó Lidia, esposa de Jesús Pascual, cuando cantó la jota Navarra:”Una tórtola te traigo, que en el nido la cogí, su madre llora por ella, como yo lloro por ti”.

Pero siempre quedan esperanzas, pues la madre de la esposa de Luis Jiménez, que tiene noventa y nueve años de edad, anima a sus hijos a vivir la vida.

El arte y los veterinarios


En compañía de antiguos compañeros, que nos matriculamos en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, el año mil novecientos cincuenta y uno, hemos acudido después de cincuenta y un años, al Colegio de Médicos y de Veterinarios de

Pamplona. Este edificio es una obra de arte, financiado por un navarro, que emigrado a las Américas, creó una residencia en la que pensaba vivir feliz, conservando al mismo tiempo su amor a Navarra, en su corazón. Trató de conservar el arte, desde los tiempos de los clásicos griegos, pasando por los arquitectos que a Herrera admiraron. Quería el hombre inmortalizar la belleza, pero veía las dificultades que tiene el hombre para intentar eternizarse. Allí se ven columnas corintias, cubiertas por capiteles y que sostienen techos y tejados, que recuerdan los que cubren el Escorial. De la parte más elevada surge hacia arriba, una especie de flecha, que no se sabe si quiere representar la sabiduría divina, la humana o la fusión de ambas, como cuando dice la oración al Espíritu Santo:”Envía Señor tu espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”.

Pensando en la temporalidad del hombre y recordando aquellos ya pasados y sabios profesores, como Respaldiza o Luque, vimos un cuadro, que con la figura en él representada, nos recuerda no sólo nuestros pensamientos, sino los de toda la humanidad. Se exhibe dentro del marco una figura del edificio, hoy Colegio de Médicos y de Veterinarios, pero que no obedece las normas de las leyes de la gravedad, con sus paredes haciendo curvas y sin embargo no se derrumban ni esas paredes ni los tejados, de líneas horizontales, sino que permanece entera, debajo de un cielo cubierto por enormes nubarrones, que forman castillos, palacios obras arquitectónicas maravillosas, pero que duran escasos minutos, porque unas imágenes van borrando las anteriores.

En lo alto del cuadro se ven esas boiras, acompañadas por discretos muros gigantescos, obra de los hombres, que parecen querer dar estabilidad a las obras de los nubarrones.

Los hombres vamos pasando, pero los sanitarios con su sabiduría, que tratan de conservar y elevar en nuestros Colegios, colaboran en la renovación de la Faz de la Tierra.

lunes, 24 de mayo de 2010

Creer en el Futuro

“Unamuno decía, las manos son grandes fraguadoras de inteligencia, las manos crean espíritu”. No se conformaban los monjes con el estudio de los textos sagrados, sino que el trabajo manual constituía otra base de la vida monástica. Se daban cuenta de que las manos son fraguadoras de la inteligencia, ya que ellas crean espíritu, porque el diálogo mano-cerebro, ha tomado desde siempre parte en el proceso de la formación del hombre. El marxismo veía en el hombre una fuerza del trabajo y quería que el hombre trabajara más y más, pero los antropólogos han visto la grandeza del diálogo mano-cerebro. Los capitalistas tampoco se han fijado en la fuerza intelectual del trabajo, sino que se han fijado únicamente en el dinero resultante del que quieren aprovecharse ellos mismos. En cambio al monje, como dice Pilar Moreno Rodríguez, “le une en solidaria armonía el trabajo de todos los humanos, y le permite compartir el pan con huéspedes y peregrinos”. Luego han sido muchos los hombres los que han creído ver la felicidad en el escaso trabajo y en el dinero y este comportamiento nos ha conducido, como dice Jean Claude Trinchet, presidente del Banco Central Europeo a “tiempos verdaderamente dramáticos” para la economía, dejándola situada en “la más difícil” situación desde la primera Guerra Mundial.

He estado en una nave industrial a repasar el coche y en ella he encontrado un folleto en el que la Federación de Empresarios de los Polígonos Industriales de Huesca va a organizar una conferencia de un Licenciado en Filosofía y Técnico Superior por el ISCEUM de la Universidad Complutense. Son muchos los objetivos, pero uno de los más importantes es “proporcionar a los asistentes, informaciones, datos que permitan hacer un autochequeo de sus empresas y de su posicionamiento de cara al futuro inmediato”. Me ha causado este hallazgo una gran satisfacción el darme cuenta de que en estos momentos “qué son verdaderamente dramáticos”, la Federación de Empresarios de Polígonos Industriales de Huesca, no se entregan al abandono del trabajo y de la producción, sino que filosofan sobre el pasado , el presente y el futuro. Lo que les importa en primer lugar es el futuro, pues dice el folleto esta frase de Victor Hugo: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”. Se alegra uno al comprobar cómo entre nuestros empresarios los hay valientes y no se desaniman en seguir su trabajo, que da alegría a los trabajadores. Esos empresarios quieren lo mismo que los alemanes, después de la Guerra Mundial, que levantaron la casi anulada economía de su país. Añaden el pensamiento de Michel Eyquem de Montaigne: ”No existe el presente: lo que así llamamos no es otra cosa que el punto de unión del futuro con el pasado”. Nadie mejor que el conferenciante para alcanzar ese punto de unión, porque además de Técnico Superior, es Licenciado en Filosofía. Se ha dado tal vez en su cerebro el fenómeno que se daba en los cerebros de aquellos monásticos, que al desarrollar su trabajo, se elevaba su nivel intelectual.

domingo, 16 de mayo de 2010

Museo en Ola, de Carlos Albert

Cuando en Siétamo voy a ver las labores de los campos o los cereales, que estos producen, a veces bajo al pueblo de Ola, para recordar a San Urbez, que en sus campos pastoreó el ganado lanar. Pero no puedo pasar por sus calles, sin recordar también a las personas que allí vivían, ya hace muchos años. Entre ellas se encontraba mi pariente Antonio Otal, su esposa y sus hijos e hijas, que en las Fiestas Mayores, celebradas en la llamada Pascua Granada, que cae en primavera, convocaban a todos sus parientes y amigos del Somontano. En esa reunión mi padre hablaba con Gabarre de Pueyo, Calvo de Fañanás,Antonio Ciria de Aguas,Ciria de Ayera y con Eduardo Otal, que me regaló una antigua escopeta de casa Escabosa. Pero también era agradable la conversación con los Cativillas y con Constantino Albert, que era hijo del señor Ignacio, del que su nieto Carlos conserva una fotografía con un “cacherulo” cubriendo su cabeza. Este Ignacio le cultivaba a mi padre la tierra de Los Cagicos y Carlos me enseñó una grada de mil novecientos y poco pico,con la que labraban esas tierras. Al mirar el retrato de mi homónimo, con su cacherulo, su grada, sus tinajas de miel, que obtenía de las colmenas que poseía en el “Arnal de Ola” y tantos otros objetos antiguos, que a un joven deben parecerle antediluvianos, se me encogió el corazón y recordé con cariño aquellos tiempos pasados, en que el hombre trabajaba como lo hacen las hormigas y ahorraba y se alimentaba con sacrificio. Después llegó el progreso, pero últimamente se habla de una crisis, que puede traer la ruina a España. Pero ya no quedan señores como el señor Ignacio, que sepan hacer todo lo que el hombre necesita para vivir y acomodarse, con camas, unas de hiero y otras de madera, con braseros, ”plegaderas” para recoger la “pallada” en la era. Este Carlos no ha despreciado estos instrumentos, sino que todo lo recoge y ha creado un museo artesanal de tiempos pasados. A este no le extraña que la crisis traiga la catástrofe a su País, donde ya no quedan esos instrumentos, sino que tampoco quedan hombres y mujeres, que trabajen la tierra. Desde luego jóvenes y niños tampoco queda ninguno en los pueblos pequeños. Carlos ha querido que su hijo progrese, y siendo Ingeniero Informático, lo ha mandado a la India, donde hasta hace muy pocos años vivían como el señor Ignacio de Ola. Ahora dicen que la India va a ser la primero o la segunda potencia del Mundo. Esos instrumentos que me enseñó y explicó su uso con verdadera ilusión, son un reflejo de la paz y del amor de los hombres a la tierra y entre ellos. Pero también me mostró el caño largo y férreo del escopetón que el señor Ignacio usaba para cazar algún conejo o alguna perdiz, para mantener a sus hijos. No sólo empleó el escopetón, sino que también produjo miel en el Arnal y en invierno fabricaba cañizos, para lo que cortaba cañas con un enorme cuchillo, que figura en el Museo Antropológico que ha montado en su casa atractiva y pacífica de Ola. Al marchar llegaron dos oscenses parientes de Carlos, a saber un amigo que conocí en la Catedral y Ramón Luis Albert. Cuando acabe de montarlo, acudirán más visitantes a contemplar la vida de nuestros antepasados.

Carlos Torres, matemático y poeta

Cuando estudiando el tercer curso del Bachillerato, saqué buenas notas en todas las asignaturas, pero en Matemáticas, me suspendieron. Carlos Torres no se dio cuenta de la belleza, filosofía y poesía que encierran las Matemáticas hasta el segundo curso del Bup, porque le abrieron los ojos, entre otros el salesiano don Jesús Ros y don Ramón Abbad, catedrático, que iluminaron su mente con una buena base, sobre la que se instalaron más tarde, los números, las letras y como dice la poesía de Gonzalo Sánchez Vázquez “los triángulos, los círculos, polígonos, elipses, hipérbolas y parábolas, que suenan en nuestros oídos desde Euclides”. Yo me preocupaba de la belleza de la Naturaleza y de los buenos escritos desde Cervantes hasta Costa, pasando por los redactados en Fabla Aragonesa, como los de Veremundo Méndez, Arnal Cavero o Rosario Ustáriz. En cambio, Carlos tenía su cerebro abierto para “pensar y usar siempre el lenguaje, pues en el habla se esconden las elipses… el orden y luz en los versos y en los teoremas”, ya que siempre están juntas en la memoria de los tiempos, las Matemáticas y la poesía. Al encontrarme con Carlos, le pedí que me aclarase la mente, tan torpe para las Matemáticas y le dije que me diera escritos los Teoremas, que él había presentado al Doctor D. Javier Otal Cinca, Catedrático de la Universidad de Zaragoza. Me los entregó rápidamente, pero al encontrarme con una mezcla de números y de letras, no pude comprenderlos. Le dije que me explicara el sentido de su tercer teorema. Carlos escribió lo siguiente: ”Si sumamos un número finito de términos de una sucesión de números naturales, y por otro lado, sumamos las unidades de esos mismos términos elevados cada uno a un exponente de la forma(4·m+1), entonces la cifra de las unidades de las dos sumas coinciden”. Yo todavía no comprendo el teorema de Carlos, pero éste saca ilusión de su teoría, porque me dice: ”los números se repiten constantemente, tienen un principio y un fin, como las personas”. Y él, trabajando con su cabeza, va circulando sobre su silla eléctrica de ruedas, haciendo líneas rectas y otras curvas y se da cuenta de que todo se repite, como la guerra y el amor. Unas veces vive la poesía y otras contempla como las personas tenemos un principio y un fin, como los números. ¿Qué fin?, no lo sabemos porque desde que explotó el Big-Ban, el Universo se expande continuamente y cada vez más deprisa. No sabemos si acabarán los números o si quedaremos solos en el mundo. Nosotros no lo veremos, pero los hombres, para evitar el mal en su dualidad con el bien, debemos buscar la solidaridad con toda la humanidad, para que ésta no sea desgraciada, sino, como lo manifestó Darwin, para que sea feliz.

sábado, 8 de mayo de 2010

Daniel Calasanz con sus noventa y seis años

A las nueve de la mañana del día seis de Mayo del año 2010, subí por la carretera de Arguis hasta la ermita de Santa Lucía. Allí me paré y entré en la huerta que Daniel Calasanz entregó al pueblo de Huesca. Al lado de la casa, edificada por Daniel, con dos a modo de astas de ladrillo y de tejas, se encuentra su huerto que, sin necesidad, cultiva más bien por una vocación hacia la tierra, a la que todos iremos a parar y allá ,adentro, estaba con su azada “maigando” las plantas ,que puso hace escasos días. Estaba Daniel con su gorra, inclinado sobre los surcos, y recibiendo algunos rayos de sol, pues no todos podían pasar por las verdes ramas de los frondosos árboles, que se encuentran al otro lado del camino de Jara, en la ermita de Santa Lucía. Con sus noventa y seis años y atento a su labor, no se daba cuenta de mi presencia y yo lo observaba y meditaba sobre la capacidad de trabajo de personas como él. Cuando se dio cuenta de mi presencia, vino hacia mí y me dijo: “por ahí tengo alguna azada, ¿si la quiere?”. Yo me eché a reír y él continuó diciendo: “la vida exige trabajar por la sociedad con ahínco y dar sensación de honradez y buena fe. Una persona buena tiene siempre puertas abiertas, porque todos somos necesarios en la vida. Es bueno defender la bondad, la buena fe y respetar a los demás”. Entonces yo le dije: “debían contratarte a tí, que eres un sabio, para hablar a los gobernantes y a los gobernados sobre la crisis, que nos ha traído tantos parados. Lo de sabio no le debió de caer muy bien, pues me dijo: ”yo no soy más que un hortelano de perra gorda”. Me afirmó que lo que le agradaba era el chopo que se alzaba delante de nosotros. Estaba enamorado de un hermoso chopo que había nacido sólo con cinco o seis “brotones” y los muchachos que asistían a los cursos de jardinería los querían cortar, pero Daniel Calasanz les dijo: “no hay que cortarle las alas al árbol, aunque lo podamos encaminar” y logró unificar varios pies y lo enderezó hacia lo alto y se ensanchó, quedando, como él dice, en el más bello chopo de Huesca. Añadió: “ se pueden buscar formas a los árboles, pero no destruir los bosques”.” En la vida hay que tener ilusión e interés, pero por los seres vivos más que por los intereses”. A continuación me di a conocer y él se acordó de mí y me empezó a contar las preocupaciones y los dolores que le produjo su estancia en la Guerra Civil en Siétamo. Me dijo que una bala de fusil, le había perforado su pantalón y no le había causado ninguna herida.

Va a hacer cien años que Daniel nació en la Torre de Capuchinos, que era de Don Luis Mur Ventura, catedrático del Instituto, pero uno de los libros que escribió este profesor, estuvo inspirado en las ideas que le proporcionó el sabio padre del hijo también sabio, Don Daniel Calasanz.

jueves, 6 de mayo de 2010

Fonz, espléndido pasado, hoy casi olvidado

He estado varias veces en la Villa de Fonz y me causaba su contemplación el sueño de estar en un lugar sagrado de Aragón. Resultaba sagrada la impresión que producía contemplar aquella maravillosa arquitectura de Fonz, nombre que viene del latín Fontes y que la Villa lo celebró, con una fuente pública, que lanza el agua por seis caños. Fue construida en 1567, con su escudo, con seis caras y una marmota. En esta fuente se alzan también columnas redondas, capiteles corintios y una inscripción artística en latín. Es que Fonz destaca la raíz de la vida humana del agua, con sus fuentes, al mismo tiempo que pregona su categoría arquitectónica alrededor de la iglesia de Nª Sª de la Asunción, del siglo XVII, en una altura, aunque calla el despojo que sufrió en la Guerra Civil, al desaparecer su retablo mayor. Mi emoción histórica se acrecentaba a medida que iba contemplando las doce casas- palacio, que a pesar de necesitar alguna de ellas, una reparación, van recordando a los visitantes el esplendor de su pasado. Estas casa infanzonas están construidas en el estilo aragonés, consistente en unos bajos de piedra de sillería y los pisos de ladrillo, y toda coronada por amplios aleros de madera tallada. Aparte de las casas nobles, tenemos el Ayuntamiento, construido en un estilo que difícilmente se puede superar en la arquitectura civil aragonesa. Allí residieron los obispos de Lérida hasta que tuvo lugar la desamortización. Pero aquellos edificios si fueron notables por su arquitectura, lo fueron tanto o más por los ilustres personajes que en ellos nacieron, como los del apellido Gómez- Alba, el arabista Francisco Codera, vecinos de casa Guilleuma, los de casa Camón y los de Bardaxí y de Capri. La casa de Cerbuna vio nacer al fundador de la Universidad de Zaragoza,Don Pedro Cerbuna.En Fonz se encuentra casa Montroset,en la que nació Irene Montroset que descubrió la mercromina. Esta casa la posee actualmente mi amigo Jorge Doz,que pasó su niñez en Fonz, conociendo infinidad de detalles, no sólo en los actuales tiempos, sino a lo largo de la Historia. Podría narrar hechos de la casa Ric y del Archivo-Biblioteca de los Barones de Valdeolivos, pero me sedujo un hecho que me contó Jorge y voy a tratar de exponerlo a los que admiran la identidad de Fonz.He considerado el arte, pero no he hablado de la Literatura,que procedente de Fonz, inculcó en mí, José Antonio Llanas Almudévar, regalándome el libro Pitiusa, escrito por su tío José María Llanas Aguilaniedo(1875-1921).Nació este genio en Fonz y fue uno de los primeros modernistas españoles, como aquel que quisiera renovar la gran cultura de viejos siglos de Fonz. Su obra ha sido muy valorada por Cejador y Clarín, pero al perder la razón en 1912, fue olvidado y vivió retirado en casa de mi primo hermano José Antonio Llanas de Huesca. Entre sus novelas principales se encuentran Navegar pintoresco y Pitiusa. Esta obra es una de las mejores de la literatura española. José María hizo llegar el modernismo a España, notándose su adelanto hasta en la Medicina y en la Cirugía.Y la demostración de este adelanto me la reveló Jorge Doz. El con un grupo de muchachos recorría los parajes semiabandonados de aquellas antiguas casas nobles y en una de ellas encontraron una mano de madera. Dice Jorge que aquella, perteneció a un embajador español en Filipinas, al que le faltaba una mano. Nadie les explicó que destino tenía, pero ellos jugando, apretaban en la muñeca una señal y se subían sus dedos, apretaban otra y se cerraban. Ahora si es necesario implantarle una mano a una persona que le falta, se le transplanta, pero en aquellos tiempos, era imposible. Sin embargo ya pensaban en hacerlo y con esa mano de madera de Fonz, era lo que intentaban. Fonz no es recordado como se merece su pasado, pues la mano de madera está olvidada, como casi lo está la maravillosa obra literaria de José María Llanas Aguilaniedo.

Venta de Ballerías

Siempre me ha llamado la atención la aldea de Venta de Ballerías, que se encuentra, próxima a la carretera, que baja a Sariñena desde Huesca. Después de pasar por Huerto, se desvía hacia la izquierda para ir a Berbegal y en una altura cercana a este desvío, se alza Venta de Ballerías. Tiene, escasamente catorce habitantes y es que sus tierras fueron del Conde de Guaqui y sus habitantes eran colonos de las mismas. Yo conocí al administrador del Marqués, perteneciente a la conocida familia, procedente de Casbas, de los Domingo. Y estuve en distintas ocasiones en su casa, porque mi hermano mayor, Manolo, tenía una gran amistad con el que luego llegó a ser Notario, a saber don José María Domingo. Su hermana Matilde, que más tarde se casó con un Ingeniero Agrónomo de Zaragoza, era y sigue siendo, gracias a Dios, amiga de mi hermana María. Luis Arasanz todavía recuerda con nostalgia las estancias del Administrador en su pueblo, donde, a veces pasaba dos o tres meses. Me decía Luis en lo alto, donde se asienta la iglesia parroquial de Torralba de Aragón, cuando se celebraba la entrega de la misma a sus fieles, después de ser restaurada, que el administrador no era una molestia ni una carga para los vecinos de su aldea, porque pagaba religiosamente su manutención. Pero yo notaba en mi amigo y en su convecino Pascual Ferrer, una especie de tristeza por el abandono de su destruida iglesia allá en Venta de Ballerías, al contrario de la restauración que se estaba inaugurando en la iglesia mudéjar de Torralba, que llenaba de alegría a todos los hijos de este pueblo y de la comarca. Se llena el corazón de melancolía, al escuchar a dos hombres, hechos y derechos y con profunda ilusión religiosa, quejarse forzados por el alegre acontecimiento, de la ruina de la iglesia de su aldea. Tiene Pascual dos hijos y, sin decir nada, adivinas como lamenta el tener que vivir en Huesca, para que puedan asistir a la escuela. Este pueblo no tuvo nunca iglesia parroquial, pero una antigua Duquesa, se preocupó de levantar una hermosa iglesia para atender espiritualmente a los colonos. Aquella iglesia inspiraba gran devoción a los fieles, pero después de entregada por el administrador Domingo a la comunidad eclesial, en lugar de conservarla, se llevaron las tejas enormes, pues debían de ser del siglo XVII y unas piezas pétreas para colocarlas, no me acuerdo dónde me dijo Luis. Cuando venía el Obispo, celebraba la misa en el edificio de la Escuela, ya cerrada hacía muchos años y obsequiaban al Señor Obispo con agradables manjares. Pero sin embargo, no abandonan Venta de Ballerías, aunque no haya obispo ni iglesia, pero mezclan la tristeza de la destruida iglesia con el recuerdo y la realidad alegres de los ratos pasados en ella y les queda el consuelo de haber levantado en el siglo XIII o XIV, una ermita a la Virgen de Puimelero, encima del lugar donde se unen los ríos Guatizalema y Alcanadre y allí acuden todos los años, los vecinos de Venta de Ballerías el día nueve de Mayo, Fiesta de San Gregorio, el día diez van los de Torres de Alcanadre, el quince, día de San Isidro los de Huerto y el Domingo de Pascua, van a venerarla los de Peralta de Alcofea. A esos pueblos del Somontano de Barbastro y de los Monegros, los unía la presencia de un ermitaño llamado Joaquín ,acompañado de su esposa Felisa, que vivían en la vivienda del ermitaño , que todavía se conserva y tenían una huerta a orillas de los ríos y subían cada domingo a Venta de Ballerías para oír misa. Llevaba siempre consigo una “capilleta” con una imagen de la Virgen de Puimelero, que todos los vecinos besaban y echaban una limosna para mantener el culto de la ermita. Ahora están sin ermitaño y no se acuerda de su iglesia, como ellos recuerdan siempre, ni el señor Obispo.