miércoles, 31 de agosto de 2011

A la joven Eugenia


No sería extraño que Gonzalo, el cheso, cantara aquella copla de su pueblo, que reza así: ”Ya s’o canso de vivir-toda la vida’n la glera,-arrancando los cantals- y zurrastriando las peñas”,  ¡no, no sería extraño!, por que este hombre perdió a su esposa hace unos veintiún años se quedó con sus dos hijas , una de quince y la pequeña de cinco. Y vuelvo a repetir que no sería raro escuchar esa canta del lugar de Hecho, porque él sabe su fabla y tiene escritas en ella, varias poesías, de las que yo tengo una, pero que no recuerdo donde. En Hecho conserva la casa de sus antepasados, donde ejerció más de treinta años, su padre, la Medicina. Ya llevaba veinticinco años de dolor por la ausencia de su buena esposa, cuando ha venido la muerte de su hija Eugenia, que ha aumentado su soledad , porque ella le hacía compañía porque se veían y la traía y la llevaba a Zaragoza. El año 1982, en que asistí en Hecho a su primer Premio Literario, lo ganó la poetisa chesa Rosario Ustáriz,   con su poesía titulada “Remerando a Pedro que s’en fue chugando”.Era Pedro un muchacho de once años, que se encontraba con los demás compañeros jugando a cazar jabalíes y de repente cayó al suelo, ya muerto. “Lo medico, con Constancio, -facieron …lo que podieron, pero l’alma ya yera lejos, mui lejos…-Y lo cuerpo sin de l’alma-ya no ha vida,¡ya ye seco!”. Y Eugenia, imitando a Pedro, se fue, no jugando, pero si, tal vez soñando. Llegué al entierro y todo el mundo lloraba y como dice Rosario “anque plorase por dentro” –“Yo también “te ploré ¡muito!-¡como si eses estau nuestra!”.Gonzalo no manifestaba las olas de lágrimas que querían brotar de sus ojos, porque su corazón y su cabeza estaban “cansos” de sufrir las muertes de su esposa y de su hija, como sus paisanos lo estaban de “vivir toda la vida’n la glera… y zurrastriando las peñas”. No quiso tampoco enseñar sus poesías y es que la emoción y la razón se oponen y es necesario equilibrarlas y más  en ocasiones en que uno hubiera mejor deseado su propia muerte que la de su hija.
La poetisa Rosario Ustáriz explica como Pedro, arrimado a la Puerta del Cielo le diría a San Pedro: ”Dixame que l’abra yo-qu’estos que puyan, son d’Echo!. Y Pedro al llegar Eugenia usaría todo contento las llaves del Cielo, que San Pedro le dejó ya hace unos años.
Hace poco tiempo pronuncié unas palabras en el veinticinco aniversario de la fundación de la Parroquia de San José y al llegar a sus puertas para asistir al funeral de Eugenia, pensé que “estos recuerdos que me aproximan a la Iglesia de San José,  abren puertas desde   ella a la Eternidad”, porque siendo niños, cantábamos: ”Levántate José y enciende una vela y mira quien pasa por la carretera. Los ángeles son  que van de carrera y llevan una joven vestida de seda. ¿De quien es esa moza?, de   María.¿Dónde está María?, hablando  con José. ¿Dónde está José?,  hablando  con San Pedro.¿Dónde está San Pedro?,  abriendo y cerrando las puertas del cielo.  
Eugenia ha sido acompañada en las puertas de allá arriba por Pedrito el de Hecho, ahora hay que acompañar en este mundo al que tiene que caminar solo entre “cantales” y peñas.

A JOSE ANTONIO LLANAS



José María llanas Aguilando escribe en su libro publicado en Huesca por Leonardo Pérez, el año 1899.”Alma Contemporánea” y en el capítulo IV, hablando de los literatos regionales, lo siguiente: “Pereda en la Montaña (por más que este costumbrista tiene sobradamente demostrado que no sólo describe escenas montañesas”, Méndez Vellido en Granada los escritores gallegos, sevillanos y los valencianos en sus provincias respectivas, Basela en Zaragoza y Medina en la huerta de Murcia, sobre saturantes del ambiente de su tierra, nos hablan de él con entusiasmo y con la espontaneidad en la producción, que para sí quisieran los intelectuales del gran centro, en cuyas obras como es lógico, predomina lo artificial. La mayoría de los regionales revisten sus ideas con una forma muy castiza, cosa que nada tiene de extraño”.
Don José María era soltero y vivió sus últimos años en casa de Llanas, con su hermano Feliciano y sus sobrinos, entre los que se encontraba José Antonio Llanas Almudévar y esto nos explica por aquello de que “De raza le viene al galgo”, que de la misma forma que el galgo hereda la velocidad de sus antepasados, José Antonio tuvo algo que heredar de Don José María, que tal vez no se daba cuenta de que uno de esos sobrinos, sería un gran escritor regional o mas bien local, como ha demostrado con su programa radiofónico semanal y últimamente, casi cien años después de que don José María publicara su “Alma Contemporánea”. José Antonio ha editado por medio del IEA. ,”La pequeña historia de Huesca”. En ella saca a la luz todos los personajes de Huesca, a todas las personas protagonistas de su vida y costumbres, hablando de las escuelas, colegios, iglesias, procesiones, ferias, tabernas, ayuntamientos, etc.etc.  Escribía de las casas familiares, de las casas religiosas o de la iglesia y de la casa municipal, decir del Ayuntamiento, en cuyos escritos después de sacar a relucir todos los hechos y aventuras de sus moradores, hablaba hasta de los perros, como el sábado, día 5 de Julio, fecha en la que murió y trataba su programa radiofónico de una perra a la que le ponían una cesta en la boca con una nota de lo que querían sus amos e iba a comprar y de un perro que acudía a misa a San Lorenzo, donde en cierta ocasión al escuchar un sonido del que los hombres no nos damos cuenta, el pobre perro lanzó un aullido y escapó corriendo. En la página 95 de su libro “La pequeña historia de Huesca”, escribe: “Otro dato que fundamenta mi aserto es el hecho de existir en la nómina de las catedrales el oficio de azota perros, especie de portero que vestido de túnica  negra y unos azotes o palo en la mano, se dedicaba a expulsar del templo a cuantos canes pretendían entrar en él”.”Ahora los perros pueden asistir tranquilamente a los oficios de la catedral… y, a pesar de tener entrada franca y sin azotes, rarísimamente pisan la iglesia”.
El 18 de Mayo de 1973 escribía: ”Ya no puedo celebrar la fiesta de San Matías en la solemne misa mayor de la catedral, como hice hasta hace pocos años, pues esta misa se ha suprimido. Con ello me queda un poco más de tiempo para contemplar el sol de San Matías y rezarle usando el refrán de mi abuela “que decía: para San Matías sale el sol por las umbrías, calientan las aguas frías, tan largas son las noches como los días y cantan las totovías”; ”este refrán con poco trabajo se convierte en oración, para pedirle que siga haciendo llegar el sol a las umbrías”. A él le gustabas oír cantar a las totovías y dice que es bueno para el hombre oír de vez en cuando cantar a los pájaros”.

A Estebané de Siétamo



Hoy, día 25 de Marzo, se ha celebrado en el Psiquiátrico de Huesca, un acto consistente en los funerales por Estebané Bescós, que señala el declinar de los vecinos antiguos de Siétamo y el comienzo de una época, en la que en este pueblo vivirán sus nuevos habitantes.
Es que se ha muerto Estebané a los 81 años de edad, el hombre más inocente de la Villa y el que más simpatías gozaba  por parte de sus escasos y antiguos habitantes. Cuando yo me marchaba al entierro, mi esposa me dijo: “ponte el abrigo nuevo y límpiate los zapatos”, porque ella quería que yo asistiera a acompañarlo con la mayor dignidad posible. Nació en Siétamo en 1923 y fue su madre la señora Dorotea Ramón y su padre el señor Esteban Bescós, siendo su hermano mayor el conocido en Siétamo y en Huesca, Antonio Bescós, alias “Trabuco”.
En la Historia hay un antes y un después y en la de Siétamo, el antes consistía en ver a Estebané recorriendo todas las casas del pueblo, que tenían sus puertas continuamente abiertas durante el día. En aquellos tiempos no asistían a la escuela los niños que sufrían algún retraso en su mente y por otro lado gozaba de una memoria fantástica, ya que ha recordado siempre  todos los nombres y apellidos de los habitantes de esas casas. Cuando entraba en alguna de ellas, decía: ”Joaquín Bruis y Joaquina Latre, ¡pastas y galletas!” y  la gente se las daba con la mayor satisfacción. Cuando hace ya unos años lo llevaron al Psiquiátrico, iban algunos a llevarle una torta y él exclamaba: ”Pascual Mas me da torta!,  y  cuando veía a mi hijo, decía .”Ignacio Almudévar, pastas, pastas”.
En dicho Psiquiátrico  era el encanto de enfermos y enfermeras, paseaba por los jardines del centro e iba hasta la ermita de Santa Lucía, donde  yo mismo lo vi, una vez que fui a visitarlo. Desde que él se fue de Siétamo, empezó a decrecer la población y cerraron las Escuelas y ahora se está repoblando otra vez de buenas gentes, pero que no conocían a Estebané. Consecuencia de este movimiento poblacional, a su entierro hemos ido los viejos habitantes, que desde siglos habitaban sus antepasados en él y nos ha recordado la historia de Siétamo, la para nosotros antigua y hemos fijado la vista en los nuevos pobladores, que verán con la nueva autopista la industrialización de la Villa de Siétamo. Si Estebané hubiera nacido en estos años, se le hubiera formado y hubiera llegado a ganarse la vida, haciendo trabajos manuales.
Se ha celebrado la misa en la capilla del Psiquiátrico y hemos visto el amor que le tenían desde el cura que celebraba, las enfermeras y un enfermo que durante la misa le dijo al sacerdote.”mala cara, mala cara pone Manuel!”, como aquel que le recordaba el dolor que sentía. Efectivamente el cura habló de la frecuencia con que Estebané iba a visitar la capilla.
Los de Siétamo, aunque estaban lejos de su tierra, cantaban :”Juntos como hermanos, hijos de la Iglesia, vamos caminando el encuentro del Señor!”, ¡como  Estebané!.

domingo, 28 de agosto de 2011

Los recuerdos de un hombre nacido en Arbaniés


Cuando subo al pueblo de Arbaniés, me encuentro con las ruinas de una ermita, que es un recuerdo del pasado y dentro de ella acoge una losa de piedra, que con su escrito picado, pretende dar la memoria de un hijo de Arbaniés.  A veces veo las casas de varios vecinos, pero en ocasiones no puedo hablar con nadie, porque unos están en Huesca, otros en Cataluña y muchos, como los de casa Azara, que subieron de Siétamo a Arbaniés, a casarse hace ya multitud de años, han desaparecido. Pero casi todos los días me encuentro en Siétamo, con Francisco San Román, nacido en este pueblo de Arbaniés y que vive con su hija en Huesca capital y trabajó durante muchos años, acompañado de su esposa, a la que recuerda constantemente, en Cataluña.  Esos sentimientos de nostalgia que yo siento al subir a este pueblo, los siente él en su corazón y los tiene escritos en una colección de folios. Me ha llamado la atención,  especialmente uno titulado “A mi pueblo”, que así reza”: “Arbaniés,  este es mi pueblo, aquel que sufrió la Guerra-De terrenos arriscados y el llano junto a  la Sierra-Con gentes trabajadoras, sin riqueza, en esta tierra-Con sus campos de secano, y esas casas, con miseria”. Francisco, cuando volvió de vivir en Begur, en la provincia de Gerona, apoyado por Filemón Castro, trató con un americano de Miami, para crear en “La Valle de Aquillán”, un vivero para árboles frutales, que enriquecieran la comarca, pero la actitud de los pocos habitantes que quedaban en Arbaniés, hizo que lo fundara en otras tierras, donde trabajan unos veinte empleados. Francisco se acordaba de la iniciativa de los catalanes y quería ponerla en acción en Arbaniés,  “para que un día sus hijos, puedan volver a esta Tierra- a disfrutar de este sol, de los hielos o la niebla”. El soñaba que en su pueblo hubiera  trabajo,  como lo tenían sus “amigos catalanes” y también los navarros del pueblo que se encuentra cerca de Pamplona y que se llama Arbuniés.
Ha llegado la Crisis, pues ya no quedan habitantes  en los pueblos, lo que Francisco expresa de la siguiente forma:”Porque nuestro sol no brilla, porque la luna se apaga” porque se marcharon de sus tierras como emigrantes, “dejando solos los pueblos, se van esposas e hijos, sólo quedan los abuelos” y acaba diciendo:”si no defendemos nuestra tierra, ¿queda alguna cosa más?”. Francisco se acuerda de aquellos pueblos como Arbaniés y Coscullano, donde con su burra, cargada de panes metidos en “covanetas”, les dotaba del “pan nuestro de cada día”, ya que era de casa del panadero de Arbaniés.

viernes, 26 de agosto de 2011

Hacen falta aragoneses con iniciativa


Puendeluna
Desde los altos Pirineos hasta Teruel, son muchas las comarcas que se van quedando vacías, engrosando cada vez más a la capital Zaragoza, a  orillas del Ebro. Hay comarcas ricas en agua y otras carentes de ella. No hemos sabido  llevar el agua a todos los pueblos, como quería Joaquín Costa, para dar vida a la agricultura y para crear o fomentar  industrias, como están haciendo en la vecina Navarra. Nosotros con San Juan de la Peña, más tarde con el castillo de Loarre, el de Montearagón y el de Arraro, formábamos un mismo reino  vasco-ibérico, pero se ha ido separando a lo largo de los  años y perdiendo hasta la lengua dialectal vasco-ibérica, no sólo en Aragón, sino también en Navarra, concretamente en el Valle del Roncal. En Huesca capital se prohibió hablar el vasco en el siglo XIII y en Uncastillo han cantado el Padre Nuestro  en euskera, hasta hace muy poco tiempo, en este siglo XX.  Ahora la carretera que va desde el pueblo navarro de Carcastillo a Sádaba, es mala cuando pasa por Navarra, como si quisieran evitar el desarrollo de Aragón  por Sádaba y Egea. Más abajo Las Bardenas Reales, de las que una parte corresponde a Navarra y otra a Aragón; la primera, cobra dinero por su uso y en cambio la aragonesa, allí permanece indiferente para todo el mundo, para el   poder y sobre todo para los mismos aragoneses. Navarra goza de sus fueros, pues el Fuero de Jaca de mediados del siglo XI,  se extendió a poblaciones navarras y guipuzcoanas. En Navarra siguen gozando de los Fueros a los que dio origen Jaca, pero  Aragón sufre la indiferencia de toda España. A pesar de la mala carretera que une Carcastillo con Sadaba, parece ser que varios fábricantes han intentado establecerse en Ejea, pero siendo que ponían los impuestos inferiores a los de Ejea, a Navarra se marcharon las citadas fábricas. Aquí pasó como ocurre en Logroño, donde viven unos hombres con iniciativa, pero Alava con sus fueros, se les lleva las bodegas y las fábricas.
No acusamos a Navarra del celo que dedica a su desarrollo, sino a Aragón por no procurar que sus comarcas, por ejemplo la de Nocito, siguieran vivas y con su abundancia de agua, dotar de ella por ejemplo a Angüés, a Velillas, a Siétamo y a la misma Huesca, por el Canal procedente del Pantano de El Grado. ¡Qué bien hubieran venido esas aguas,  para cultivar la tierra y para levantar industrias al lado de la autopista de Lérida a Huesca!.
Aragón sigue siendo el centro de las puertas europeas de los Pirineos, y por eso  parece que está preparado para que por el centro de los Montes Pirineos, pasen a Europa los marroquíes y otros africanos y a Africa los europeos y para que  los  portugueses, andaluces, extremeños,  murcianos y tantos otros viajeros  vayan a Europa o regresen a España. No sólo pasarían los seres humanos, sino también las mercancías. Los dos pasos grandes que existen en España para pasar a Francia son el de Irún y el de Perpiñán, situados en dos regiones en las que sus gobiernos se presuponen de superior categoría, en tanto Aragón, como he dicho se ve despreciado porque no es que no lo haya intentado, sino que se ha visto perseguido en Canfranc, por los de arriba y por los de debajo del Pirineo. Aragón demostró voluntad de comunicarse con Francia, lo que ya había hecho desde hacía siglos. En los años en que se construía el ferrocarril en Canfranc, con su gran estación, subieron a trabajar varios sietamenses, como Lobateras y las pasaron moradas, comunicándoselo al Rey de España. Alfonso XII y Alfonso XIII, de los  que uno de ellos,durmió en el Casino de Huesca, en una cama prestada a Camo por mi abuelo Ignacio López de Zamora Blasco. Como preludio de la entrada de España en Europa, los franceses, cuando se quebró un puente en el Midi, lo dejaron que se “pudriese”.
En este mes de Agosto de 2011, me ha llevado un antiguo amigo de Vellillas,  Antonio Ballarín a contemplar una finca de unas veinte hectáreas, situada a la orilla oscense del río Gallego. El está enamorado de su finca, como me ocurrió a mí, después de contemplarla. Salimos de Huesca hacia Almudévar, villa por la que pasaba la Via Lata, que ha dado a aquellas tierras el nombre de la Violada y pasado el casco urbano, parece que el instinto lo condujo por la orilla del Canal, en cuyo carretera hay pocas señales que seguir porque unas filas de enormes pinos, van a unirse con los pinos autóctonos de Alcalá de Gurrea y de Montmesa y de Cinco Villas. El  agua que baja del Pirineo ( Francia), forma a través de la Presa de Ardisa, el Canal de Aragón , el Pantano de la Sotonera y el Canal que conduce el agua al salto de Marraco, donde la convierte en energía eléctrica. La Presa de Ardisa detiene el agua en terrenos del pueblo de Ardisa, en la provincia de Zaragoza y en los de Biscarrués, en la de Huesca. Estamos en una tierra, que desde la Via Lata, se subía a Francia por el Puerto de Palos, por la Selva de Oza y por Guarrinza. Pasaba dicha Via por Las Cinco Villas y por Hecho. Queda una tierra de trazos comunes, a saber Las Cinco Villas, Almudévar, Alcalá de Gurrea, Gurrea y el zaragozano pueblo de Puendeluna, bañado por el río Gallego y enfrentado a la finca plantada de manzanos, de EsAntonio Ballarín, al otro lado del río. Constituye aquella vista un espectáculo extraordinario. Pues así como Puendeluna, está situada, como queriendo ser acariciada por las aguas del Gallego, la finca de Antonio Ballarín, a la que se llega desde Almudévar, está elevada, teniendo como fondo una montaña de su propiedad, revestida de pinos, por debajo de la cual corren las aguas del Canal de riego que viene de Ardisa y en la que toman el agua aquellos manzanos, que producen unas manzanas de un color brillante y de un sabor exquisito. Hay una tajadera que da paso al agua, que baja a un edificio de distribución que por medio de goteo, va refrescando a tan fecundos árboles. Esas manzanas son de una calidad tan extraordinaria, que se venden en Francia y Alemania principalmente. Cuando, subiendo desde Almudévar, de repente, bajamos por la ladera de la montaña a la primera plantación de manzanos, le debió parecer a Antonio Ballarín, lo que sintieron los judíos cuando de Egipto,  llegaron a Israel, pues exclamó : ¡ya estamos en Israel!.  Yo le dije: tienes razón porque además de la belleza sagrada de la plantación, están los manzanos cubiertos como por un enorme palio de plástico transparente, que en caso de que las nubes lanzaran piedras, ese palio de plástico las resguardaría de todo golpe  perjudicial para su venta. Además yo creo que en Palestina, en los tiempos actuales, deben existir plantaciones de frutos, como el que tú,  has plantado al lado del río Gallego. Es curiosa la estructura de esta plantación, porque salvo en su parte central en que bajan los manzanos, suavemente hasta el río, por otras partes, las fajas están cortadas por unos tajos verticales, igual que precipicios, de unos treinta y cinco metros de altura, por los cuales es imposible bajar sin matarse, hasta abajo. Cuando llegan los hielos, por aquellos precipicios corre e aire, que evita que aquellas flores de los manzanos se queden heladas. Desde esos balcones naturales, se ve a las orillas del río, una huerta llana como la palma de la mano, que está en el lado zaragozano del río Gallego. Está muy próxima al pueblo de Puendeluna, cuyos vecinos recogían verduras en otros tiempos. Y digo en otros tiempos porque ahora ya no cultivan esos fecundos huertos y hasta hace unos dos años, los trabajaban unos verduleros de Ayerbe, lo que alegraba el paisaje. Ahora, que dicen que está llegando el hambre, están esos huertos yermos. Antonio dispone de dos tractoristas rumanos, de los que saludamos a uno que estaba arando y me hizo fijar la atención en las manzanas, agrupadas, como los granos de uva en un racimo, y atadas sus ramas con alambres, para que no se quebraran  por el peso de las manzanas.
Y ante aquel contraste entre la huerta vieja del agradable pueblo de Puendeluna y la modernidad de una finca  moderna de producción de manzanas,  super europea, me quedé admirado al mirar y escuchar a mi amigo Antonio Ballarín, nacido Velillas, pueblo vecino de Siétamo, por su imaginación y su iniciativa tan original,  en unos momentos, en que los pueblos están despoblados y aumenta el paro obrero en las capitales. En el terreno que recorrimos, desde Almudévar  a Ardisa, a Ayerbe y a Huesca, nos llenaron de satisfacción la presa de Ardisa, los Canales de Almudévar y de Marracos y varios grupos de elevados postes que por el viento producen energía eléctrica, pero no eran abundantes ni las granjas ni las fincas agrarias como la de Ballarín, sino el gran número de grandes fincas, como el Monte La Coveta.                                        No había casi pobladores de aquel terreno, pero consolaba la proximidad de Ejea y de los riegos de Yesa. Estamos al lado de Navarra y tenemos necesidad de resucitar esta comarca.Al lado de la Gran Manzaneda de Ballarín, se encuentran los montes de Purpullín, de Rosell y muchos otros,por Ortilla , Lupiñén, Ayerbe y poco antes de llegar a Huesca el Castillo de Castejón.
Hemos recorrido en pocas horas un territorio que de Huesca sube a Agüero,cruza por debajo de Ejea, baja por las Cinco Villas, por Gurrea y Alcalá,  hasta Almudévar.Tiene agua y energía, que se pueden aumentar el agua desde Yesa y energía como la producida en Marracos y en las estaciones fotovoltáicas, como la que existe en Alcalá de Gurrea. En la huerta se produce maíz, trigo y cebada,que servirán para aliviar los estómagos de la población, pero lugares como La Gran Manzaneda de Ballarín,frente a Puendeluna, no pude adivinar ninguna en toda la zona aragonesa, que visitamos. Esta explotación tiene la ventaja de exportar fruta a Alemania,  a Francia y a Polonia, lo que permitiría a la Nación recoger dinero para seguir industrializando todas las zonas de España.
Yo, de vez en cuando, me miro el rostro alegre y sonriente de Antonio Palacín y me pregunto:¿hay muchos aragoneses que sean capaces de convertir con su iniciativa, aquel territorio, desde la cima de un monte hasta el cauce del  río Gallego, en la base de un precipicio, en un lugar agradable, capaz de recaudar divisas y dar trabajo a lo largo del año a unos cincuenta trabajadores?.