sábado, 30 de junio de 2012

SARASA, SARASATE y ZARAZAGA

Sarasa (Navarra)

El apellido Sarasa es muy frecuente en el Altoaragón, concretamente en Huesca, siendo también propio de Navarra. En el Pais Vasco se usa el apellido Sarasate, como el del gran músico navarro. Muchos apellidos provienen de ciudades y pueblos de la zona, donde se dan dichos apellidos. En Huesca se encontraba cerca de Jaca el pueblo de Sarasa, pero ya desapareció, como han desaparecido tantos otros en el Alto Aragón, pero en Navarra todavía existe otro pueblo igualmente llamado Sarasa. Pero no es el único caso en que coinciden dos nombres de pueblos en Aragón y en Navarra, porque además del nombrado se dan el pueblo de Arbaniés, en Huesca y el de Arbuniés, en Navarra. Es curioso que en Arbaniés, sobre el dintel de una puerta se exhibe un hermoso lauburu. También se encuentran dichos adornos en Torres de Montes, en Biscarrués y en otros muchos lugares de Huesca. En Navarra está situado el pueblo de Artajona y en Huesca son tres los pueblos que tienen tal nombre, pero con ese, es decir Artasona, uno ya desaparecido, estaba cerca de Ayerbe, otro en la Montaña y otro cerca de la Villa de Almudévar. Debajo de Pamplona y cerca de Tafalla se produce un buen vino en Ayerra, nombre podíamos decir equivalente al del cercano a Huesca de Ayera, cerca de él se encuentra un terreno al que llaman Bescós, como llaman en el Alto Aragón al pueblo de Bescós de la Garcipollera. Se da también Bescós como apellido, por ejemplo el del escritor Manuel Bescós Almudévar. En el vascuence actual berri,  quiere decir nuevo, cuando en el Altoaragón se escribía bierre, como en Alcubierre o en Xavierre, o casa nueva, nombre que abunda en Huesca e incluso en Navarra, ya que Javier o Xavier se encuentra en los límites entre Navarra y Aragón. En  un escrito expuesto en el Museo de dicho Santuario, pone Xavierr,  con dos erres. Ahora pronunciamos Javierre y antes estaban escritos dichos nombres con x, como muchos hemos escuchado pronunciar a algunos montañeses. Huesca y Lérida estaban poblados por los ilergetes, que hablaban el vasco-ibérico, dejando numerosos nombres en el Altoaragón. Está también el apellido Lumbierres o Lumbierre, como, en Navarra, Lumbier. Debajo del pico de Guara, camino de Nocito, pueblo donde vivió San Urbez, existía un pueblo llamado Isarre, casi igual al que está cerca de Sos del Rey Católico y que se llama Isuarre. Mirando hacia arriba desde Isarre se veía el pico de Guara, que es muy  probablemente el alto pico de “Gora” o Arriba.Por el Pantano de Vadiello, en el río Guatizalema, debajo de Guara, se encuentran las Peñas de Ligüerri. ¿Tendrá que ver algo el nombre de Guara con el nombre de  “Li-Güerri”?. Yendo de Jaca a Pamplona llama la atención sobre el Pantano de Yesa el pueblo de Artieda, que tiene que ver con carrasca y al principio del pantano se encuentra las ruinas del abandonado pueblo de Esco, debido a la construcción de dicho pantano. Esco o Escu quiere decir mano que con el artículo a, detrás, significa la mano. En dicho pantano desagua el río navarro Esca, que da origen a varios apellidos como Escar, Escartín, Escario, Escalona .y Escabosa. También se conoce en Huesca el apellido Esco; no es raro que en ella estén los pueblos de Benabarre y el de Navarri. Se dieron otras invasiones, como la de los Bárbaros, que también acudieron a Navarra, pero fue la invasión de los Romanos, la que más ha influido en la forma de ser de los aragonese y navarros. Concretamente en Iruña, pusieron el nombre de Pamplona a la ciudad y quedan restos de aquella cultura. En el Museo se ven mosaicos, escritos en latín, de los que alguno se encontró al lado de Javier, en territorio aragonés. He estado en una Biblioteca Municipal, en un pueblo cercano a Pamplona y en una Guía de dicha ciudad, he leído varios posibles orígenes del euskera, pero pone textualmente que “otros unen el euskera a la cultura y las hablas ibéricas”. Falta encontrar en Huesca, Lérida o en Navarra, como ya se encontró en Alava, algún texto en vasco y escrito con letras latinas o ibéricas.

En la comarca zaragozana de las Cinco Villas, se habló euskera desde los romanos  al siglo XVIII. En pueblos como Sofuentes y Sádaba, se han hallado inscripciones romanas con nombres en euskera. Se conoce también que en Sos del Rey Católico se hablaba en vasco y en vasco a Sos se le llamaba Zaure o Sausel. También en las Cinco Villas se encuentra el Pueblo de San Miguel, en cuya parroquia conservan escritas en vascuence varias oraciones, como el Credo y el Padre Nuestro, porque hasta principios del siglo XX, se rezaban esas oraciones .Yo no enseñaría el vasco en ese pueblo,  pero enseñaría a rezar dichas oraciones en público, con lo que el pueblo sentiría la participación de Aragón en épocas tan sentidas y tan nuestras en el pasado,como el euskera, dentro de la modernidad. En la iglesia de Santiago de Agüero, hay una inscripción, no muy clara, escrita en vasco.

Yo no estoy preparado para ello, pero me parece que algo de esto debe ocurrir en algún mosaico de Pamplona o de Huesca. En esta comarca, concretamente en Blecua, hay un cementerio ibérico, donde sólo se ha sacado una tumba en la que había una vasija de barro y no había nada escrito en ella, pero en otras tumbas puede salir la solución del misterio. 

miércoles, 27 de junio de 2012

Gracián y San Lorenzo



Baltasar Gracián en su obra El Criticón, dio vida a Critilo  y a Andrenio. Comienza su obra con el naufragio de Critilo y su salvador el ignorante Andrenio, al que después formó   Critilo para salvarlo de los múltiples posibles naufragios morales, a los que da ocasión la vida humana. Esta actitud dicen que les llevó a la inmortalidad junto con su creador Baltasar Gracián, pues en El  Criticón explica  “la relación que va a darse…entre Andrenio, sólo crecido en la naturaleza, niño sin saber hablar aún, y Critilo, experimentado en la prudencia y mostrador de ella”.

Gracián sin comparar a Andrenio con Rómulo y Remo, también criados por las fieras, concretamente por lobos, se ve impulsado por las clásicas epístolas de Séneca a Lucilio y parece compartir con Erasmo el Elogio de la Locura, para demostrar “ el carácter ficticio y engañoso que presidía la universal locura humana”. Escribe “hay a veces entre un hombre y otro casi tanta distancia como entre el hombre y la bestia, si no en la sustancia, en la circunstancia, si no en vitalidad, en el ejercicio de ella”.Coincidía este pensamiento con los principios de la Contrarreforma, que del pecado original hacía una clara condición de los humanos. Ya se habían pasado con los siglos aquellos viejos “dichosos tiempos”, que Cervantes había ya dado por acabados, al terminarse aquella época en que los hombres “ no conocían las palabras tuyo y mío”.

Gracián ante tan graves  problemas que se presentaban al hombre, sintió la necesidad de escribir, ya que su vocación se lo pedía y resultó ser un gran escritor, basándose en los escritores antiguos, como Séneca, Tácito, Platón, Aristóteles, Marcial y en los refranes recogidos por el pueblo a lo largo de los siglos y trató de educar  los “ojos del alma”, para que existieran muchos seres humanos que supieran sobreponerse al mal comportamiento, porque “hay a veces entre un hombre y otro casi tanta distancia como el hombre y la bestia; si  no en vitalidad, en el ejercicio de ella”. Se preocupa Gracián  de que los hombres puedan leer sus libros, pues necesitan conocimientos para defenderse de los otros y por eso no elige para combatir la injusticia humana procedimientos como el “apartamiento”, la elevación del espíritu ni el recogimiento ni exalta el espíritu del Evangelio.

Pero Baltasar Gracián al darse cuenta de la maldad del enemigo de Lorenzo, que era “justo equitativo y saludable” se da cuenta de que tiene necesidad de convertirse en un héroe evangélico,  pues dice: ” no puede la grandeza fundarse en el pecado, que es nada, sino en Dios que lo es todo”.Y al final de su Oráculo Manual y Arte de Prudencia dice que al hombre “tres eses hacen  dichoso: santo, sano y sabio”. 

Pero el mismo Gracián reconoce que hay personas perversas, que hacen que la diferencia con otras discretas con su voluntad y entendimiento, que ven crecida su discreción con su juicio y su ingenio, al decir: ”hay a veces entre un hombre y otro casi tanta distancia como entre el hombre y la bestia; si no en la sustancia, en la circunstancia, si no en vitalidad, en el ejercicio de ella”.

Y en los diálogos que tenía con su perseguidor, Lorenzo utilizaba su sabiduría y su discreción, que no eran atendidas por él y su sabiduría y su discreción se veían atacadas por los tormentos, que tuvo que aguantar imitando a Cristo, como “la cárcel, azotes con escorpiones, varas y cordeles emplomados, planchas de hierro hechas ascua. Por último fue asado vivo en unas parrillas, donde consumó el martirio”.

San Lorenzo fue hijo de los santos Orencio y Paciencia y le dieron una educación muy cristiana y correspondió a ellos con “una inclinación como nativa a todo lo que era virtud”. Su corazón era tan “noble, intrépido y generoso”, que Baltasar Gracián encontró “en nuestro cristiano un héroe”.

Y así lo alaba y proclama como héroe con su estilo exageradamente barroco en su obra El Héroe: ”Mas apreciando los héroes verdaderos, equivocan en Augustino (San Agustín) lo augusto con lo agudo y en el lauro (Lorenzo) que dio Huesca para coronar a Roma compitieron la constancia y la agudeza”. La palabra Lauro está relacionada con el laurel, que ya entonces y ahora sigue empleándose para fabricar coronas triunfales para los santos y para los héroes en general. Dice que Huesca dio un Lauro o un Lorenzo para coronar a  Roma, donde en la iglesia de San Lorenzo compiten “la constancia y la agudeza”, por ejemplo en el mármol que los fieles romanos exhibieron, manchado con la sangre del mártir San Lorenzo, hace ya cerca de dos mil años y que aún ahora está expuesta a los fieles.

Hay que admirar también la “constancia y la agudeza” de los oscenses, que en un cuadro de la sacristía de San Lorenzo, pensaron pintar a San Sixto con San Orencio y Santa Paciencia,  donde hoy se encuentra situada la Ermita de Loreto, donde cultivaban sus tierras. Estaban allí entregando a San Sixto  a su querido hijo, al que vino a buscar ese San Sixto II, que fue Papa. También demuestra agudeza la ciudad de Huesca al representar el fuego que abrasó a San Lorenzo, dándole a la fachada de su iglesia la forma de una parrilla.

El mismo Gracián se da cuenta de que entre los héroes hay algunos en los que “reina el corazón, en otros la cabeza; y es punto de necedad querer uno estudiar con el valor y pelear otro con la agudeza”

Como héroe, reconocido por Gracián, poseía “un corazón noble, intrépido y generoso”, pero San Lorenzo además pensó en la doctrina “que cura sorderas espirituales y protege a los cristianos contra las pérfidas doctrinas de los malvados”.

Hemos visto como San Lorenzo era santo, pero también era sano, pues había nacido en tierras vasco-ibéricas, que más tarde crearían el Reino de Aragón al “ que los extranjeros llaman la buena España”.”¿Qué te parece de esta nueva región?-dijo Critilo-.¿No percibes qué aires estos tan puros?.Así es, respondió Andrenio.¡Qué buen puesto éste para tomar alimento y asiento!”. San Lorenzo estaba acostumbrado a repartir alimentos entre los pobres de Roma  y tenía no sólo cuidado para que sus prójimos pudieran comer, sino que observando uno de los cuadros de la sacristía, se ve como se preocupaba por su higiene y por la limpieza de sus ropas, al contemplar a San Lorenzo arrodillado en el suelo, en el que lava a un ser humano, no sólo como su prójimo sino como hijo de Dios, como él mismo.

Y como hermanos consideró a los habitantes de su ciudad natal,  la Osca que estaban romanizando y también a ellos quiso combatirles el hambre del espíritu, pues a ellos les envío el Santo Grial, para que comieran y bebieran el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Y los oscenses conservan la tradición de estas historias y leyendas, como lo dejan ver, cuando la Cofradía del Santo Cáliz sale cada año en la procesión del Viernes Santo.

Y se ve también esa constancia leyendo la Crónica del Alba de Sender, en la que coincide con Baltasar Gracián al decir que “los tres hombres y mujeres más necesarios al fundamento de la grandeza son los santos, los poetas y los héroes”.Añade:”De tres clases de hombres (y mujeres), está hecha de fortuna y de gloria esta tierra. Los unos  con  ... su corazón amoroso de Dios y de los hombres…su disposición a ayudar a los demás y vivir sin tener más presencia que la sombra de las virtudes. Estos hombres son los santos”.

Y son constantes los oscenses en el culto a San Lorenzo, porque siempre se ven personas que suben a Loreto a rezarle al santo y cuando pasan por la Torre de Farina, ante una cruz que hay al lado del camino, se vuelven de espaldas y lanzan piedras sobre la base de la Cruz, como aquel que quiere hacer olvidar lo que se hizo sufrir al santo. Y en  tiempos de Felipe II, imitándole en la elevación del Monasterio del Escorial, levantaron, con su ayuda, el Monasterio de Loreto.. Y es que hay una identificación de los oscenses con su Patrono, porque ven en  ´´ él un vencedor” y no sólo con laurel, sino con albahaca; el pueblo quiere mantener verde, como las flores el recuerdo de San Lorenzo y para ello renueva su verdor, llenando de albahaca todas sus imágenes y arrojándosela cuando pasa su imagen en la procesión laurentina. Y es que esa albahaca con su color y con su aroma recuerda a los oscenses que es como un remedio “eficaz de muchos males”, contra los que el santo lucha, entre otros “cura las sorderas espirituales y protege a los cristianos contra las pérfidas doctrinas de los malvados”.

Y no sólo manejan los oscenses la albahaca ante las imágenes y en la procesión, sino que la llevan los mozos en el bolsillo de su blanca camisa y las mujeres en el pelo, cuando van a los toros y a las fiestas. Pero lo que más impresiona es ver como en tanto que prolifera el color verde y el aroma de la albahaca, en la iglesia de San Lorenzo y en todas las calles de Huesca, cuando  vas el día diez de Agosto al Cementerio, se ven ramos de esa albahaca por multitud de tumbas de oscenses, ya pasados por este mundo, pero que sus hermanos y amigos y descendientes los quieren tener unidos a su Santo Patrono San Lorenzo. Ellos, allá arriba ya gozan  de su presencia, pero la albahaca en el Cementerio, une a los oscenses vivos con San Lorenzo.

Los héroes y los santos son inspiradores del arte y al llegar San Lorenzo se escuchan orquestas, bandas de música y el pueblo canta jotas y la danza se pasea por las calles de Huesca y los danzantes golpean con sonidos metálicos sus espadas y con sonido de golpes de madera sus palos y saltan y se contraen y se estiran al son de la música, que entusiasma a la gente y entra en un éxtasis de gozo cuando llegan los danzantes y se ríen y lloran  y gritan con entusiasmo y al pasar, esperan que vuelva otro año, para unirse al Santo, para volver a pedirle sus gracias, que las obtienen porque tienen fe en el héroe y santo oscense y con él se identifican.

Según escribe Joaquín Lomba, en Aragón ha habido varios hombres de distintas religiones que se han esmerado en ser maestros del espíritu. Tenemos en primer lugar a Avempace, musulmán de Zaragoza, donde nació el año mil ochenta y cinco. Fue el filósofo que dio cuenta a Oriente y a Occidente de las doctrinas de Aristóteles. En su obra El Régimen del Solitario dice: ”Con la corporeidad el hombre es un ser existente, por la espiritualidad, es más noble; y por la intelectualidad es un ser divino y perfecto. Así pues, el que tiene sabiduría, es necesariamente un ser perfecto y divino”.Este Avempace influyó en la obra del Criticón de Baltasar Gracián.

Abu-Fahm ibn al-Tabban era otro zaragozano que escribió: ”La razón y la fe son dos luminares-que el alma humana restauran y sus ojos aclaran.-Enseñaron los entendidos varones de consejo,-que la razón es el luminar del alma,-y le proporciona en todo momento escondida luz;-gira a su alrededor a fin de enseñarle-a andar del Señor por los rectos viales”.

Vemos como los musulmanes coinciden con Baltasar Gracián en el estudio de los libros que se cuidan de la razón y de la fe.

El Alcalde de Huesca envió al Príncipe de Asturias el Criticón, para que pensara racionalizando sus pensamientos.

Vemos como ahora que vienen de nuevo a España muchos musulmanes y se está estudiando la forma de que estudien su religión; en cambio se están estableciendo dificultades para la enseñanza de la fe en la que creyó San Lorenzo.
















Sobre Félix de Azara


El profesor Julio Contreras, de la Universidad Nacional de Pilar, ciudad del Paraguay, en la conferencia que pronunció en la Diputación Provincial de Huesca, dijo que más que pronunciar alabanzas y odas a los grandes hombres, lo que se debe hacer es ocuparse de su tarea, de su forma de ser y de su comportamiento y de su obra. Ahora los aragoneses estamos admirando su obra y noa a él o a sy familias preocupan los acontecimientos de su vida, pero ya hace años que yo bajaba al pueblo donde nació Félix de Azara a ver la casa donde nació. Un señor, que supongo sería el encargado de la casa y del patrimonio de la familia descendiente de los Azara, me dio explicaciones sobre el ya antiguo coche de caballos, que descansaba en el patio de la casa, sin prisas de largos viajes, que su hermano José Nicolás, embajador en Francia, hacía a París tirado por caballos, que como seres vivos, se habrían muerto y nadie tenía memoria de ellos. Aquella casa ha sido después reformada y desde la antigua saldría José Nicolás hacia Huesca, pasaba por el pueblo donde había nacido su buen amigo el Conde de Aranda y con cierta frecuencia visitaba al compañero que con él,  convivió en París y con quien se escribía cartas. Según escribe Severino Pallaruelo:”Se detenía en el palacio de los condes. Admiraba los salones. Allí había libros y estampas, telas exóticas y muebles hermosos…ambiente donde desarrollar…debates acerca de la felicidad el género humano”. Estas palabras se encuentran en el libro “Bardaxí”, que estuvo casado con la única hermana de Félix y de José Nicolás. No sé si viajaría alguna vez Félix con su hermano, porque casi no tuvieron tiempo de conocerse en sus años jóvenes, pero se cumplieron los deseos familiares  al volver de América, ya que viajó a ver a su hermano a París. Yo, que de niño antes de la Guerra contemplaba el patio, las escaleras y algún salón del Palacio de los Condes, ahora veo las ruinas de dicho Palacio, del que conservo una mesa y dos sillas y he visto como desaparecía una gran cuna colgada en un muro del Castillo.

Vivió Félix veinte años en la selva que hoy pertenece a Brasil, a Paraguay, a la Argentina y a Uruguay y en ella conoció multitud de hermosos y raros animales y plantas, cuyas vidas estudió, en lugar de dedicarse a hacer fortuna. Cuando marchó sentía en su corazón el separarse del río Paraná, de las plantas, de los indios mbayás y de los guaraníes y de animales como los tuís y de los ñandús. Corrigió algunos errores del Conde de Bufón y fue un maestro de los naturalistas europeos, pero a medida que iba avanzando por el océano hacia España, recordaba aquellas bandadas de aves de colores y aquellas cascadas y se mezclaban sus recuerdos con los del paisaje del Somontano, desde Barbastro hasta Huesca, pasando por Barbuñales. Fue amigo de Goya, que dejó un magnífico retrato de Félix de Azara.

El catedrático don Julio Contreras, nacido en Argentina y de origen catalán, resalta la cultura aragonesa, tratándola de prototípica de España y tal vez le inclinó por los aragoneses el nombre de la ciudad paraguaya  donde trabaja y que se llama Pilar. Cita a los almogávares y después a Goya, a Luzán, a Laín Entralgo, a los Azaras, a Ramón y Cajal, a Sender y a los Sauras, entre los que yo recuerdo. Dice que tal vez se entiende esta afirmación por la dureza del clima y de las rocas, esa vegetación magra, que influirían, por ejemplo en Ramón y Cajal y en Félix de Azara.

Recordaba la visita que hace poco tiempo hizo junto con otros amigos a la tumba de Félix de Azara, que se encuentra en la cripta de los hermanos Lastanosa. Le pareció un lugar triste porque había poca luz y la tumba era pequeña y estaba al lado de dos enormes estatuas de los hermanos Lastanosa. Hubiera quedado más alegre  su tumba si hubiera estado en el territorio de Barbuñales, más iluminado por el sol, ya que hubiera recordado ese sol brillante que luce en el Paraguay. Una  impresión parecida le produjo a mi difunto amigo Angel Claver. ¡Que los jóvenes sigan el ejemplo de Félix de Azara!

Lorenzo Zamora de Coscullano

Coscullano

Hace unos quince días, salió Lorenzo en el Diario del Alto Aragón y recordaba la multitud de cosas que han cambiado en nuestras vidas. Y yo me acuerdo de cómo él me narraba, no sólo nuestras vidas, sino la vida de los pueblos, pues en cierta ocasión me acompañó hasta la Sierra, donde  estuvo levantada una ermita, en la que sólo se veía el suelo ennegrecido, como si allí hubiera ardido algún edificio. Esa ermita fue  construida  por los bárbaros y allí encontraron unas reliquias de arte visigótico, que se exhiben y se guardan en el Museo Provincial. Desde aquellos lejanos tiempos hasta los actuales  ha conocido Lorenzo muchas historias, pero dentro de sus ochenta y un años, ha conocido muchas  más,  que se han dado en el Somontano y en la Hoya de Huesca. Me contaba hace unos días que en Coscullano, después de la Guerra Civil, vivían ciento setenta habitantes, de los que hoy en día quedan trece o catorce. Me hablaba del juego a la pelota en el frontón, que todavía se encuentra al lado de la iglesia. Recordaba a todos los que subían  a la Sierra a buscar aquellos frutos que llevaban a vender a Huesca. Me explicaba la historia de aquel molino de aceite, con el que molían olivas, siete u ocho vecinos de Coscullano, que ya están allá arriba. Producía con ellos aquel suave aceite, que empleaban  “para iluminarse con los candiles, para alabar al Señor en el Sagrario e incluso para curar sus males” Y a Lorenzo, se los curaba aquel aceite, pero no sólo los arañazos que se hacía en su piel en el monte y en el huerto, sino que además de curarle el corazón del odio y del trato duro con los hombres y mujeres, lo hacía convivir con todo el mundo con cariño, pues no podía pasar, acompañado de su esposa Aurita, sin ir a acompañar en los entierros a multitud de amigos, que como él se ha ido, se marcharon de este mundo.

En su casa, que es como un mirador al pie de la Sierra, recibía a todos los que hasta allí subían  y con su esposa obsequiaban a todos los visitantes con pastas y vino e incluso con enormes lechugas y coles. Cuando llegaba el verano, se producía el placer de salir a una gran terraza, en que se respiraba y se observaban pueblos con paisajes vestidos de carrascas, como Arbaniés, Castejón y Siétamo. Tuvo que cambiar, como todos los vecinos de aquellos pueblos, las mulas por los tractores, el carro por el automóvil y los ciento setenta habitantes de Coscullano por los doce o trece, que  ahora tiene.

Pero siempre convivió con la familia de su hermana, casada en  Tierz, con su difunto hermano el Seretario, con su hermana la monja de Santa Ana y con su buena esposa Aurita, a la que vi  besarle en la frente, cuando estaba tendido en la cama del Hospital. Le daban alegría sus dos hijas Carmen y Paz, casadas, la mayor con Enrique    y  Paz con Ignacio. Pero la alegría de su vida la constituían sus nietos Belén y Lorencito.     

Se ha marchado Lorenzo y se ha puesto en evidencia el cambio de la vida de los pueblos, en la que él tanto trabajó. Me acuerdo cuando se puso el agua corriente en todo el pueblo, de cuando restauraron la Ermita de San Pedro, de cuando implantaron el monumento al viejo molino de aceite, de la urbanización de las calles y de tantas otras cosas en las que Lorenzo puso todo su entusiasmo. ¡Cómo convivían las familias de Coscullano y qué pronto, por desgracia desaparecerán esas costumbres en nuestros pueblos del Somontano! ¡Adios, Lorenzo!.    

domingo, 24 de junio de 2012

La pacífica vida en los pueblos

Puerta con gatera

Navata

Bueyes de labranza

Yo, como veterinario, he vivido la vida de muchos pueblos y allí gozaba de la paz y de la convivencia con los campesinos. Sufría cuando algún animal caía enfermo, pero gozaba cuando alguno se curaba por sus  propias defensas o por alguna de mis torpes intervenciones, por ejemplo cuando, con éxito, le daba un producto contra el cólico a una mula, que  volvía a comer por haberse despedido  del dolor, que le había causado el citado cólico. Otras veces, cuando el parto de una vaca, se complicaba por malas posiciones del feto y lograba corregir mecánicamente esa mala posición,  salía un hermoso ternero vivito y coleando. Aparecía yo en una cuadra, donde no estaba sólo, sino acompañado por numerosos habitantes del pueblo, que contaban otros casos clínicos, a los que ellos habían asistido. Unas veces consolaban a los dueños del animal y otras te aconsejaban, sobre como yo, debía actuar para tener éxito. Alguna vieja recitaba romances que contaban casos tristes, en que la oración a algún santo, se convertía en milagro. Allí no te faltaban atenciones, ofreciéndote tragos de vino o de licor fabricado por ellos mismos en un alambique, que yo no aceptaba por la salud del animal y la mía propia. No permitían aquellos ganaderos que se te acercara ninguna necesidad, para que no pasaras hambre u otra molestia, que influyera en el buen éxito de la visita. Aquellos campesinos pasaban malos ratos, pero eran felices, de  la misma forma que no ganando apenas dinero,  no les faltaba un mínimo capital, que les ayudara a salir de una situación de apuro, unas veces por malas cosechas o por muerte de algún animal, como una mula o una vaca.

Conservaban y mantenían sus relaciones entre vecinos y a los parientes se les tenía en cuenta y cuando llegaban las fiestas de los pueblos, acudían como invitados a comer,  a jugar a las cartas, a jugar algún partido de pelota y los jóvenes a bailar y a buscarse novia. Ahora ya no se cultiva el parentesco, que se conservaba durante largos periodos de tiempo y se comunicaban entre parientes,  a veces lejanos. Ahora ya queda poca gente en los pueblos, incluso ningún ciudadano, porque marcharon a vivir  a la capital, en la cual, ya casi no se atiende a los parientes e incluso a los padres, que son los más próximos, ya que cuando se hacen mayores, los llevan a una Residencia. Ahora que vuelven las dificultades económicas, algunos ciudadanos,  al quedarse en paro, sacan a sus abuelos de la dicha Residencia y se los llevan a casa, para poder comer con lo que cobran de sus retiros. Los niños, inocentes, se alegran de convivir con sus abuelos o abuelas. Hay muchos matrimonios civiles y gran número de divorcios y ya no le queda tiempo a la gente de cultivar sus parentescos,  no sólo lejanos sino  entre parientes próximos, incluso con hermanos.

Una prueba de la ruptura de relaciones entre vecinos y parientes, se ve incluso en las gateras de  las puertas de las casas. Cuando circulabas por las calles, veías esas puertas,  durante el día, esperando que llegara algún vecino. Y cerrando normalmente durante las noches, pero   sus gateras permanecían eternamente abiertas.  Una puerta abierta era una invitación a entrar en la casa para comunicarse y enterarse mutuamente de las últimas noticias. Si en una cuadra se había puesto enfermo un animal, todo el mundo estaba interesado en ayudar a sus dueños para sanarlo. Cuando bajaba el sol, por aquella puerta pasaba todo el pueblo, para participar en la curación del animal enfermo y  contaban lo que les pasó hacía ya mucho tiempo con su macho y como lograron sacarlo adelante. Algunos vecinos conocían las virtudes curativas de muchas plantas, que algunos guardaban colgadas en sus falsas o pisos altos y las  ofrecían para obtener la salud de los enfermos.  Entonces las farmacias estaban muy lejos y no se podían  trasladar los hombres, caminando por aquellos caminos. Aquellos hombres y mujeres, sufrían al ver enfermos los animales con los que habían trabajado, de niños, en los campos y en los montes, para sacar maderos, que arrastraban con caballerías o con bueyes, hasta los ríos para con esos árboles,  fruto de su corte, montar almadías o navatas. Por el río Esca desde el Valle del Roncal, en Navarra, pasaban esas navatas por los pueblos aragoneses de Salvatierra de Esca y de Sigüés. Al paso de las navatas por el río Esca, muchas mujeres cantaban: ”Almadiero, dindilindero, mucha bolsa y poco dinero”. Después de arrastrar los maderos con las caballerías  o con bueyes, al llegar  a los ríos, montaban las almadías o navatas, se subían en ellas para navegar por el río  y  bajaban flotando por los ríos Aragón y Cinca, a veces hasta Tortosa. ¿Cómo volvían los navateros a sus tierras de origen?, sencillamente andando con sus alpargatas hasta Sigüés en las orillas del Esca o hasta Laspuña, en las del Río Cinca. En aquellos viejos tiempos aquellos campesinos trabajaban por un lado en la producción industrial de maderos, para botar barcos, casi siempre pacíficos,  aunque en el Siglo de Oro, de los Monegros sacaron millares de sabinas, árboles de muy resistente madera, para crear los barcos que habían de formar parte en la Armada Invencible, que casi toda ella fue destruida por las tempestades y no por los hombres.

  Volvían a sus pueblos, porque se acordaban de las puertas abiertas y de las gateras, por las que entraban y salían los gatos. Unos eran blancos, otros pardos, algunos “royencos” y bastantes de una negritud profunda.  De estos gatos negros, creían que alguno era amigo de la bruja del pueblo, que los hacía participar en sus imaginarios vuelos a la Peña de los Tres Reyes.                       Pero el navatero  Escabosa amaba también a los michinos de color negro, porque él había mimado a uno de ellos y se querían.

Cuando pasaban flotando sobre las aguas del río, escuchaban a las mozas cantar: ”Almadiero, dindilindero, mucha bolsa y poco dinero”. Efectivamente tenían razón, pero no completa, porque ya he dicho que lograban reunir un pequeño capital, que les permitía sobrepasar situaciones de apuro, como una mala cosecha o la muerte de alguna caballería o de alguna vaca y a algún soltero le permitiría casarse con alguna de las mozas, que al pasar por el río  le cantaban,  aquello de mucha bolsa y poco dinero. 

Cuando volvían andando a sus casas, se acordaban de las puertas abiertas, porque se conservaban las relaciones de amistad y de parentesco entre ellos y de buena vecindad con sus  vecinos.Tenían los vecinos de aquellos pueblos buenas relaciones entre ellos, pues por el monte   se encontraban unas veces, limpiando acequias, podando árboles o cortándolos  y en otras ocasiones estaban cazando conejos o perdices, a veces con escopetas y otras con cepos,  trampas y lazos. Pero eran muy usados los hurones, que estaban prohibidos, pero ahora los guardan en las casas, como mascotas. A veces los cazadores furtivos eran multados por hacer tales faenas, pero ahora ya no son multados, no por el arte venatorio de los cazadores campesinos,  sino porque ya no quedan conejos y apenas existen perdices. No hay caza pero tampoco quedan ya cazadores campesinos. Mi amigo Santiago Cáceres,  me contaba que hace unos dieciséis años, daban permiso para cazar en Vellilas,  pueblo que se encuentra al lado de Siétamo, conejos con hurones. Allí acudía Santiago con José Antonio Gallego, albañil que vivía en el Barrio del Perpetuo Socorro y se lo pasaban en grande, pegando unos cincuenta tiros cada uno, matando conejos, que escapaban de sus cados o nidos, al ser atacados por los hurones. Mataban muchos conejos a tiros, pero esto era porque les prohibían cazarlos con “preseras”, que eran redes de caza. Ahora ya no queda ni un conejo por la zona del –Somontano. Santiago a los doce años hacía, según el mismo dice, de perro para que su hermano el mayor, Alfonso disparara a las codornices. Santiago,  cuando a la “mañanada”  las oía cantar, corría hacia ellas,  no como un perro, sino como un hermano, y salían rápidamente y su hermano les disparaba. Santiago,  a pesar de contribuir a su muerte,  las amaba y todavía recuerda que esa piezas de caza, venían de Africa, unas veces montadas en un barco y otras nadando.

Los habitantes de los pueblos, convivían con todos los animales que les hacían la vida alegre, como las golondrinas, que para ellos eran sagradas y sus padres les enseñaban a respetarlas. Yo durante las vacaciones, fui a nuestra casa de Siétamo y un día, inquieto por la curiosidad de ver volar y repartir alimento a sus crías, derribé un nido de barro de una pareja de golondrinas, que lo tenían en un cubierto del corral. Mi padre se indignó y me riñó con gran disgusto, al ver la catástrofe que les había producido a tan ágiles y veloces pájaros. Los gorriones abundaban en los corrales de las casas, donde compartían con las gallinas el trigo que se les echaba, pero lo pagaban muy caro, ya que los cazaban con cepos y se los comían. Mi vecino Escartín de Siétamo, que se ha muerto hace muy pocos días de este año de 2012, a los cien años de edad, me regaló una onda hecha por él y con la que mataba gorriones en la Paul. Ahora han desaparecido casi todos los corrales y los pocos que quedan, los han convertido en jardines. Los perros, unos de caza, otros del ganado y otros de compañía, estaban siempre sueltos por las calles o acompañando a sus dueños por el monte. Los gatos, como ya hemos visto su categoría de cazadores de ratas y de ratones y a veces considerados como animales sagrados,  imitando a los emperadores egipcios, que los representaban como pequeños diosecillos. En nuestros pueblos eran también muy respetados, porque en todas las casas tenían una entrada y salida, por medio de las circulares gateras, abiertas en la parte baja de las puertas delanteras de todas las viviendas. Las caballerías y los bueyes y vacas tenían acceso a sus cuadras y vaquerías por puertas falsas, en la parte posterior de las casas. Las cabras y las ovejas, los entonces llamados grandes propietarios tenían edificios llamados parideras y allí las encerraban por la noche. Los que tenían poco ganado, lo cuidaban en común con los otros vecinos y por la mañana lo  soltaban; por las tardes cuando volvían de pastar, cuidadas por el pastor común, se separaban y cada oveja o cabra, se retiraba a la casa de sus dueños, que en invierno, cuando criaban corderos o cabritos, les ayudaban con alimentos, algunas veces con hojas de oliveras, resultantes de la poda de dichos árboles. Hoy han desaparecido ya cientos de pueblos en nuestra provincia de Huesca y en los que quedan, como Siétamo, han desaparecido varios rebaños y los que quedan se refugian en parideras, de las que parten al monte,  sin pisar las calles, que ya están asfaltadas y no soportan el  sirrio o estiércol, que eliminan las cabras y las ovejas.

Entre tantos animales, vivían curanderos, que no se sabe si los  curaban o los mataban, por medios supersticiosos, que les aplicaban como si fueran brujos, en  tanto otros curanderos, con experiencia y orientados por el sentido común, hacían curaciones extraordinarias. Al lado de Siétamo, en el pueblo de Ibieca, había un señor alto y fuerte, llamado Matías Estaún, nacido en la casa del mismo nombre, que en muchas ocasiones, curó a caballerías y a bueyes, de roturas y pérdidas de articulaciones. A veces el veterinario,   vivía en puntos lejanos a aquel en que se encontraba el animal lesionado y carecía de medios para atenderlo, llegando a darse el caso de dar como solución la de matar al animal. Entonces Matías Estaún, ”empilmaba” con pez y con cañas las roturas y colgaba a los animales con varias cinchas anchas, para evitar roces. He dicho que les enyesaba la rotura ósea, pero no hacía tan moderna operación  con yeso, sino con cañas y pez, y los tenía colgados durante cuarenta días.

Los bueyes se “desancaban” a veces, es decir, que se desencajaba la articulación coxo-femoral  y después de hacerles una sujeción, también con pez, después de cierto tiempo,  volvían a trabajar. Se ha escrito mucho de la superstición de los curanderos, pero muchos de ellos, como el de Ibieca, Matías Estaún, eran hombres rurales y de paz, contribuyendo a la vida pacífica de aquellos pueblos desaparecidos o en trance de acabar su vida para siempre.     

Jesús Almudévar Zamora


De los cuatro hijos  y dos hijas que tuvieron nuestros padres Manuel y Victoria, casados en Siétamo, tú fuiste el pequeño, por eso todos los hermanos y todas las hermanas, te llamábamos “El Chiqui”,  pero, sin embargo has sido hasta el día de tu muerte, el  tres de marzo del año 2006, el más alto de todos. Basta acordarse de las diversas señales que en la pared de la habitación de abajo, en nuestra casa de Siétamo y en la cámara nupcial de nuestra madre, Victoria, muerta el año 1943, y de Manuel, en que nuestro padre, como ya no tenía  esposa, se preocupaba de dar y de recibir el cariño de sus hijos e hijas y en ese cuarto, nos apoyábamos al lado de la pared y sobre el punto más descollante de nuestras cabezas, hacía en  la misma, con un lapicero, una señal y al lado de ella ponía la fecha en que la había marcado. Estaba nuestra hermana mayor Mariví, que era muy alta y mi hermano Luis, que también destacaba en altura, pero siempre ganabas tú, “El Chiqui”. ¡Cómo jugábamos de niños acompañados por nuestra abuela Agustina y por nuestra tía Rosa!, pero sin madre, pues me acuerdo de aquella vez en que jugabas a lucha libre con nuestro hermano Luis cuando tú, Jesús,  sintiendo  un dolor,  exclamaste: ¡ay mamá!, y al darte cuenta de que te habías acordado de ella, te quedaste como aquel que tiene una actitud contemplativa, como ahora soy yo y tu esposa y tus hijos, los que estamos contemplando toda tu vida. Y él y Luis y yo que lo estábamos acompañando, callamos y ya no volvimos a jugar a darnos golpes.

Ayer, la esposa y los cuatro hijos de Jesús sentían un enorme dolor en sus corazones, al ver como su padre se iba de este mundo y es que se acordaban del cariño que desde hace tantos años les dedicó a ellos y revivían en sus corazones las ilusiones de sus primeras comuniones y de la boda de José, allá en Madrid y de sus vidas que vinieron al mundo en Jaca y en ella estudiaron e hicieron deporte y rezaron en la antigua Catedral, con el cuidado intenso que les dedicaron su buena madre Lurdes en compañía de su padre Jesús, que sufría al ver el dolor de su esposa o de alguno de sus hijos.

Es que mi hermano el pequeño Jesús, era grande porque no  sólo tenía altura corporal, sino también era alto de espíritu, aficionado al deporte, conversador con los amigos  y con una vocación profesional en  Extensión Agraria, que le llevaba a buscar el bien de los campesinos de la Montaña de Jaca.  Hace unos dos meses, me contó un ciudadano de esta capital de nuestra Montaña, que cuando él era joven, un día  estaba trabajando de jornalero en el monte, cuando  llegó  Jesús,  que le dijo: “vente mañana mismo por la oficina, que te buscaré medios para que no seas toda tu vida un jornalero, sino un hombre trabajador, pero con un buen porvenir”. Así lo hizo y ahora se acuerda de Jesús, al tiempo que goza de la vida.

¡Cómo comprendiste en este mundo a las personas, a las que tratabas con cariño y comprensión!.Desde que siendo niños, el año 36, fuimos a Jaca, donde teníamos parientes, has estudiado en Pamplona, donde jugabas al baloncesto, pero volviste a la capital de la Montaña y desde allí, porque Dios lo ha querido, te tuvieron que bajar a Huesca, donde has muerto. En Jaca, siendo un niño muy pequeño, allá por los años de 1936, te perdimos y te encontramos, igual que tu encontraste en dicha ciudad la paz, el trabajo,  el amor de tu esposa y de tus hijos. Cuando estos, ya mayores se repartieron por el mundo, con tu esposa Lurdes os acercasteis a dos de ellos, que viven en Zaragoza y con ellos convivisteis y os amasteis.

¡ Qué latir de los corazones de tu esposa Lurdes y de tus hijos  Adolfo,  Jesús,  José y  Luis y de todos los suyos,  al mismo tiempo que los atienden sus primo-hermanos!. Mantened esa unión y cuidad a vuestra madre, porque ya Jesús no podrá estar con ella. Pero hoy, día tres de Marzo te hemos perdido en este mundo, pero nos encontraremos, como nos encontramos en las calles de Jaca, pero para toda la eternidad, “porque la vida de los que en Ti creemos, no termina, se transforma”.














viernes, 22 de junio de 2012

Huesca en Al-Andalus

Expulsión de los moriscos.


Yo no soy andaluz, soy aragonés pero admirador del genio de los andaluces, que están siempre en contacto con la Naturaleza, como pasa en Jaen, donde “sobre el olivar se vio a la lechuza volar y volar. Campo, campo, campo entre los olivos, los cortijos blancos”, porque los andaluces aman lo blanco y blanquean sus casas y sus cortijos cada año, no como aquí que se blanqueaban las casas, al construirlas, y si alguna se volvía a blanquear, se tardaba años en hacerlo.

Y a Córdoba la canta Federico García Lorca en su Canción del Jinete, diciendo: ”Jaca negra, luna grande, y aceitunas en mi alforja…..Por el llano, por el viento, jaca negra, luna roja. La muerte me está mirando-desde las torres de Córdoba”. Hasta las torres de la ciudad, donde se encuentra la Mezquita, pronosticaban la muerte del poeta. ¡Qué bellas son las palabras con que expresa ese poeta los motivos de su poesía, que demuestran su amor a las cosas sencillas, que componen la Naturaleza, como la jaca, los colores negro y rojo, la luna, las aceitunas en su alforja, el llano, el viento y la muerte, que lo mira desde las torres de  Córdoba.

Sevilla, la reina mora sobre las orillas del Guadalquivir, a cuya torre de la Giralda canta Gerardo Diego: ”Giralda en prisma puro de Sevilla-nivelada del plomo y de la estrella,-molde en engaste azul, torre sin mella.-palma de arquitectura sin semilla”. Dentro de ella he visto bailar a los Seises, con lentitud que parece contraria a los rápidos movimientos del baile andaluz, pero con suprema elegancia.

En el último terceto alude a los árabes, que la hicieron reina y dice: ”Resbala el tacto su caricia vana.-Yo mudéjar te quiero y no cristiana,-volumen nada más, base y  altura”. Pero más tarde tu puerto convirtió Las Américas en veinte repúblicas”.

Y  ¿qué pasa con Huelva?, pues sencillamente Pedro Salinas nos hace soñar con el Parque onubense de Doñana, cuando dice de los pájaros: “Y son ellos.-fatal plural inmenso, como el mar,- bandada innúmera, oleaje de alas;-donde la vista busca y quiere el alma-distinguir la verdad del sólo pájaro,-de su herancia sin fin, del uso hermoso”. El color verde del Parque de Doñana, aloja en sus praderas, sus balsas y sus bosques a las aves europeas y a sus propios cuadrúpedos andaluces, como el caballo, el lince y los ciervos, que pasan juntos el invierno.

Y a Cádiz, ¿Quién podrá cantarle mejor que Rafael Alberti,en su tierra nacido?. Y además poeta de sus mares, como demuestra cuando dice así: ”Si yo hubiera podido, oh Cádiz a tu vera,-hoy junto a ti, metido en tus raíces,-hablarte como entonces,-como cuando descalzo por tus verdes orillas-iba a tu mar robándole caracoles y algas!. Y  ¡Cómo canta  y se divierte Cádiz durante los Carnavales, que preceden a la Cuaresma!”.

Y es Federico García Lorca, enamorado de Granada, quien le canta, en la “Baladilla de los tres ríos”, diciéndole: “El río Guadalquivir-va entre naranjos y olivos.-Los dos ríos de Granada-bajan de la nieve al trigo….Guadalquivir, alta torre-y viento en los naranjales,-Darro y Genil, torrecillas- muertas entre los estanques”.

Y así como, en ocasiones, se hace a sí mismo profeta de su propia muerte, en la poesía que dedica a Málaga, se constituye también en profeta de la actual condición turística de la ciudad: “-suntuosa Leonarda.-Carne pontifical y traje blanco,- en las barandas de Villa Leonarda.- Expuesta a los tranvías y a los barcos.-Negros torsos bañistas oscurecen- la ribera del mar.- Oscilando concha y loto a la vez-viene tu culo-de Ceres en retórica de mármol”. Almería es la provincia con clima más seco de toda Andalucía, donde , como dice Federico en su poesía:”La luna asoma” : “Nadie como naranjas-bajo la luna llena.-Es preciso comer fruta verde y helada”. Y haciendo caso a estos versos, de ser la más árida provincia se ha convertido hoy en un enorme huerto bajo plásticos y regado por el agua de profundos pozos. Almería ha sabido pasar de la “soleá al gazpacho” y pugna con Aragón por la declaración en su territorio de un Parque Estepario de tierra seca, mientras en nuestra también  seca tierra, se lucha por no perder la conversión de sus estepas en huertas monegrinas, que por desgracia no alcanzarán jamás el rendimiento de la tierra almeriense, con su cálido clima, pero Almería tiene hoy una lucha con sus inmigrantes, que colaboran en sus huertos plastificados, pero con su sentido humano y poético, sabrá vencer y abrir un nuevo porvenir para que los inmigrantes convivan con los españoles y nos podamos olvidar de terribles tiempos pasados, como ocurrió en la lucha de las Alpujarras.

He comenzado mi charla diciendo: ”Yo no soy andaluz, soy aragonés, pero sin embargo, repasando la Historia de Aragón de Juan Utrilla, leo que un geógrafo árabe, a saber el famoso Aludrí, describe a Wasqa como “una ciudad de Alandalús,  rodeada por dos murallas de piedra y describe a Zaragoza, como la Saracusta árabe, de sobrenombre Albayda o “La Blanca”, porque sus murallas eran de mármoles blanquísimos que brillaban como la sal gema, siendo la capital de la frontera superior de Alandalus.

Y esta afirmación se demuestra con la existencia, todavía hoy en día, de la monumental Aljafería, donde se desarrolló una Escuela de Filosofía islámica, más relacionada con el Islam Oriental que con el de Córdoba (1118) y en la Seo se encuentra el trabajo de la arquitectura árabe, con sus mosaicos, escritos en su alfabeto árabe.

 En Huesca todavía se conserva una puerta de herradura, de la antigua mezquita, convertida en Catedral tras la conquista por los cristianos. Todavía no se puede visitar porque está en la parte baja de los terrenos catedralicios, cerca de la Calle Forment. Don Federico Balaguer me dijo que cerca del claustro viejo, se encontraban bastantes restos arquitectónicos árabes, añadiéndome (coloquialmente) que no sabía si quedan más, porque no ha pasado por ahí desde hace “un siglo”. Quedan fotografías de restos árabes, como las que sacó Iñiguez, de Madrid y me dijo que haría lo que pudiese para encontrarlas. Añadió que se podría reparar algún resto árabe, como en la Seo de Zaragoza, donde tantos restos musulmanes se han reconstruido. Don Antonio Durán Gudiol decía que poniéndose uno frente a la Catedral, a la derecha se ve una torre, que debía ser un minarete árabe de la antigua mezquita de Huesca.

En Huesca se encuentran además,  monedas árabes y en la cercana casa de Escar (Torre Justo), se encontraron vasijas de barro, para atarlas al círculo de una noria, que al girar las sacaba llenas de agua,  que  entre otras cosas servía par regar. También se encuentran jarras para servir agua en las comidas, típicamente morunas. En la Catedral de Roda se conservan prendas de tejidos netamente árabes.

Según Don Antonio Durán Gudiol se encuentran en la zona del Pirineo, alrededor de Sabiñánigo, varias iglesias mozárabes, siendo sus habitantes cristianos que conservaron su fe cristiana en medio de los musulmanes, sin embargo hay quien dice que dichos templos no son mozárabes, sino que les atribuye un estilo pre-románico. Sin embargo los cristianos tenían en Huesca su iglesia mozárabe, donde actualmente se encuentra la de San Pedro el Viejo, que se debió de deshacer más tarde, para construir la actual iglesia románica, en cuyo estilo la provincia de Huesca es muy rica. En Alquezar se encuentra una cárcel que llaman mozárabe.

Así como Huesca es abundante en el estilo románico, Zaragoza y Teruel lo son en el estilo mudéjar. Los mudéjares o moriscos eran discípulos del Islam, que vivieron,  al principio, en convivencia con los cristianos de la reconquista y más tarde fueron obligados a bautizarse, motivo por el que parecían cumplir con las normas cristianas, tratando de ocultar su fe mahometana, lo que no lograron hacer, hasta que en 1610, fueron expulsados de España. Conservaron su religión y trabajaron con los cristianos un arte, el suyo, es decir el mudéjar.

Gonzalo Borrás escribe: ”La Catedral de Teruel, presenta su nave central cubierta por una extraordinaria techumbre de madera pintada, que constituye la obra más singular del arte mudéjar en España, por lo que la Unesco le otorgó el máximo reconocimiento artístico de Patrimonio de la Humanidad (siglo XIII). Tenemos, por tanto, en Teruel la “Capilla Sixtina del arte mudéjar”, ”por cuyos frisos pintados va desfilando toda la compleja sociedad medieval que la hizo posible”.

Entonces, cuando se constituyó esa sociedad, daba ejemplo de convivencia entre las culturas cristiana, morisca y judía y de convivencia social, tolerancia religiosa y pragmatismo político. ”Los adornos árabes eran vegetales geométricos, así como algunas epigrafías en árabe, como una continuación de los arabescos de la Alhambra de Granada o de la Mezquita de Córdoba. En cambio las figuras humanas o animales está pintadas como pertenecientes en general a la cultura occidental”. El valor más  importante de esta techumbre de la catedral de Teruel consiste en la integración en un mismo arte de la ornamentación de los árabes, con las numerosas imágenes del mundo occidental.

El arte mudéjar vivió su esplendor durante el siglo XIV y los primeros años del XV ,porque en 1525,se ordenó  a los moriscos que se bautizaran,  creándose de esta forma un ambiente de indisciplina y de odio, hasta que fueron expulsados de 1610. Como acabo de decir, Zaragoza y Teruel están llenas de  iglesias y de cubiertas de madera de estilo mudéjar, cuando en otras zonas europeas se desarrollaba el estilo gótico. En Huesca tenemos la participación arquitectónica  árabe en la parte alta de la torre del pueblo de Nueno, en la iglesia de Alcubierre, en la de Torralba de Aragón, en la de Montmesa, etc.,etc. En la ermita de la Puebla de Castro hay una techumbre mudéjar y en la catedral de Barbastro, hace unos días dicen que salió una de esas pinturas mudéjares.

En Andalucía se dieron fenómenos  arquitectónicos, parecidos a los de Aragón, como me dijo Don Federico Balaguer, por ejemplo el arte cristiano de Abhsum en las Alpujarras, donde predominaban los musulmanes, a los que se trató de educarlos cristianamente, elevando iglesias, que luego los mismo moriscos o cristianos nuevos,en la guerra de las Alpujarras, destruyeron.

Vamos viendo como a lo largo de la Historia se van dando coincidencias entre Andalucía y Aragón y leyendo al gran aragonés Costa, vemos como escribe románticamente que los nombres toponímicos subieron desde Andalucía a Huesca y a Barbastro. ¿Escribiría en broma o quería aproximarnos con el parecido entre distintos nombres?. En Andalucía se encuentra el pueblo de Bobastro, donde todavía se encuentran iglesias de origen preárabe, escavadas en la roca y a Huesca parece ser que le vendría su nombre del andaluz pueblo de Huescar, dándose el caso de que Bolskan, que después se transformó en Osca, es de origen vasco, aunque en Andalucía en la provincia de Granada, se encuentra el pueblo de nombre vasco, llamado Eriberri.

Pero dejemos para los entendidos el estudio de estas etimologías, para reparar en la población que nos llevará a ver la relación entre Huesca y Huescar. Empezamos por Adahuesca, que es la población que nos llevará a verla.  Así pues Adahuesca,  a 41 kilómetros de Huesca es según el benedictino Tomás Moral una “población moruna, señorial de calles tortuosas y empedradas, de edificios mudéjares con aire de señorial abolengo en sus aleros, sus portales y sus blasones de piedra”. ”En ella nacieron las niñas, luego mártires Nunila y Alodia”. A parte de las tradiciones de la provincia de HUESCA y de Navarra, Don Antonio Durán Gudiol  ha demostrado que estas mártires nacieron en Adahuesca en el siglo IX, porque lo comprobó en el libro de los Maitines de la fiesta de las santas, en 22 de octubre, lectura que figura en tres códices del siglo XIII, de la Catedral de Huesca.” Al parecer se trata de una simple traducción latina del protocolo judicial del Waliato de Huesca”. Al tratar de las costumbres que seguían entre sí los cristianos y los árabes, dicen que al principio vivían unos y otros en paz y confianza y sin embargo vemos como a las santas Ninila y Alodia las sacrificaron sus parientes moros. Por loa años 824-826, los Banu Qasi, gobernaban la Barbotania  y Huesca, estando emparentados con la estirpe vascona de los Iñíguez, siendo amigos políticos de los Reyes de Pamplona, al tiempo que tolerantes con los cristianos. Nunila y Alodia eran hijas de un poderoso musulmán y de una cristiana que las educó en su doctrina. Pero murió el padre y luego la madre y entonces se fueron a vivir con un tío suyo que era mahometano y éste intentó por todos los medios convencerlas para que se hicieran musulmanas. Fueron citadas a Huesca por Zimel, autoridad de dicha ciudad, que durante cuarenta días trató de convencerlas, pero al fin, cansado, mandó cortarles la cabeza el día 21 de Octubre del año 851.

Los cuerpos,  mandó Zimel echarlos en un pozo, que hoy está con las imágenes de las santas, pintadas por mi sobrino Feliciano Llanas, encima de la Plaza del Mercado, pero sin embargo se produjo el martirio de las niñas, pero no como un ejemplo de persecución, pues el Islamismo y el cristianismo eran legales en Al-Andalus, sino por abandonar el Islam, religión a la que se consideraba pertenecían desde que nacieron, ya que los hijos de los matrimonios mixtos debían ser fieles al Islam. El Obispo Venerio de Alcalá, en una entrevista que tuvo en el Concilio del año 852, se lo contó a San Eulogio, obispo de Córdoba, proponiéndose éste, edificar con el martirio de Nunila y Alodia  a toda la iglesia andaluza.

Como consecuencia de este entusiasmo, se creó la tradición de que el martirio de las dos santas, tuvo lugar en la zona de Córdoba. Incluso Jiménez Pedrajas ha hecho un estudio moderno sobre el tema, sosteniendo que en el Códice de Cardeña “  en  lugar de “civitate oscense”, debe leerse “civitate ischense”, y en San Eulogio, en lugar de Osca, se deberá leer Isca, ciudad ésta que se ha de identificar con Iscar. Según él, Castro Vigeti sería Castro del Río…. Por otra parte, el cerro de la cordobesa Castro el Viejo, en Torre Padrones, podría ser también Castro Vigeti. “¡Ay que ver la rivalidad del Andalus del Norte con la actual Andalucía!”. Y en la misma región, Rafael León ha patrocinado la tesis de una patria granadina para nuestras santas. ”Rafael hace renacer una tesis que cuenta ya con una venerable tradición. La Osca aragonesa tendría su adecuado emplazamiento en la Osca Bética, concretamente en la localidad granadina de Huescar”. Ya el Padre HUESCA rechazó la tesis  con argumentos convincentes e históricamente comprobables.” El conde de Lerín, a quien la Corona castellana quiso premiar su fidelidad y los méritos adquiridos en la conquista de Granada, recibió  en donación la Villa de Huescar. Al tomar posesión, llevó del Monasterio de Leyre una reliquia de las Santas, poniendo bajo su advocación la iglesia reconquistada. Posteriormente el parecido de Huescar y Osca, unido a un culto plurisecular, hizo todo lo demás”.

¿Cómo pasaron las reliquias de las santas niñas de Huesca al Monasterio navarro de Leyre?. Sencillamente, porque ambas zonas eran una misma región vascongada, luchando juntas por conseguir la independencia y cuando los navarros se enteraron del Martirio, para luchar por su fe, fueron rápidamente a buscar al pozo las reliquias, que estaban en una zona dominada por los musulmanes. “ A nuestro modo de ver, sólo Adahuesca presenta un conjunto coherente de pruebas documentales, una toponimia bastante de acuerdo con los presupuestos del códice de Cardeña y con el Memorial y una tradición que se pierde en las sombras de la Edad Media. La coherente identificación de topónimos es la siguiente: Abosca= Adahuesca; Castrovigeti= Alquezar; Osca = Huesca; Territorio Berbetanum= Barbastro”, según  Tomás del Moral.

Pero no sólo en Granada se tuvo devoción a las santas, sino que se extendió por otras provincias. Los andaluces de origen navarro que vivían en Huescar, se vieron en algunas circunstancias obligados a emigrar, haciéndolo  muchos de ellos a Murcia, y para estrechar entre ellos la amistad debida a su origen, no encontraron mejor medio que la veneración a las santas Nunila y Alodia. Los socios de esta hermandad se encuentran en Alcantarilla, Molina y Murcia. Algo parecido debían formar los andaluces que viven en Aragón y concretamente aquí,  en Huesca. Esta casa de Andalucía podría organizar excursiones a Leyre,  que aunque está en Navarra, lo está al lado de Aragón y tiene en su  iglesia además de restos, las antiguas reliquias de las santas, las más recientes piezas  de la iglesia de la oscense y desaparecida Tiermas, entre otras. Sería, según Tomás Moral, al mismo tiempo un homenaje y un acto de hermandad con Granada y con los pueblos de Huescar y otros, a los que se incorporaron numerosas familias navarras, llegando a crear en ellos un verdadero hogar de espiritualidad, centrado en la devoción a las santas. Los Beaumont, condes de Lerín volvieron a Navarra, pero los navarros que se quedaron en Huescar marcaron un navarrismo inconfundible en aquella segunda Navarra. Don Tomás Moral en su libro ”Santas Nunilo y Alodia” dice que “el empeño del condestable Beaumont de querer plasmar Navarra, hasta lo geográfico…hace que Leyre y la ermita granadina tengan un enorme parecido”.

Y en Navarra no son indiferentes al tema, pues en Tudela se celebraron las II Jornadas Andalusíes, los últimos días del pasado mes de Noviembre de 1999.Y si en el libro que he citado se dice que Zaragoza era la capital norteña de Al andalus, Eduardo Manzano Moreno, científico de un departamento del Instituto de Historia, habló sobre “Tudela en la frontera superior de Al Andalus”.

Pero también podrían los miembros de esta casa de Andalucía, mezclados con los oscenses ir a ver el pueblo de Adahuesca, donde nacieron Nunila y Alodia y al mismo tiempo visitar el Castro Vigeti de Alquézar , que está al lado.

Se ha extendido  la devoción a estas santas, en Cataluña, con motivo de la emigración, donde se rinde culto a las santas hermanas en el Monasterio de Montserrat. También hay devoción a las hermanas mártires en Madrid. Se encuentran las imágenes de las Mártires además de en Adahuesca y en Huesca, en Navarra, en Alava, en la Rioja, en Huescar, en Murcia, en Madrid, en Barcelona, etc., etc. No puedo olvidarme de la Ermita de las Mártires, que se encuentra en esta ciudad de Huesca y a la que podía esta Casa de Andalucía acudir a celebrar la fiesta del 21 de Octubre, influyendo para que los oscenses, amásemos más nuestra historia y arreglásemos aquella colina, donde se alza la Ermita. Volvamos al padre Moral que dice: “que al tratar de las esculturas andaluzas en las cuales las de la Ermita oscense han debido tener bastante influencia”, refiriéndonos a dos esculturas medievales, hoy desaparecidas de las hermanas mártires”. Sigue Moral  con las siguientes palabras:” El apasionamiento y afán de apropiarse de las santas para su calendario local, había llevado a los modernos historiadores andaluces a situar el martirio  en la propia región andaluza, argumentando que en esa época los Banu-Qasi que gobernaban en Huesca no desencadenaban persecuciones religiosas y que San Eulogio sólo incluía en su memorial a mártires del Al Andalus…pero el mismo santo que desconocía el texto oscense, coincide con éste en sus líneas fundamentales…excluye del área cordobesa el sacrificio de las dos hermanas….al afirmar que había de escribir sobre los santos que habían triunfado en otras regiones, fuera de las cordobesas”.

Puede ser que yo, como San Eulogio confunda un poco Aragón con Al Andalus, pues después de nombrar todas las provincias andaluzas, he tenido que seguir con Huesca, Zaragoza, Teruel y con Navarra,  contando  así la Historia. Pero no sólo la cuento yo,  sino que  todos los textos,  que he citado tienen algo también que ver con esta tierra, donde vivo, es decir la de Siétamo, como aquella de Lorca, que dice así :”Los cien enamorados-duermen para siempre- bajo la tierra seca“ y en esa tierra también seca, hay un cementerio moruno, sin pared, que nadie sabía que allí estaba, con la única señal de estar rodeado de carrascas, pero sin ningún árbol dentro de él, sin ninguna cruz, pero con las tumbas mirando al sol saliente, como ocurre en el cementerio, también descubierto hace poco, en Avila. Y frente al cuarto en que duermo “ se ve la lechuza volar y volar”… por un ventanal entra la lechuza en la bóveda eclesial y sale por la noche a extender sus silenciosas alas sobre el olivar del  Tapiado,  que desde siglos se encuentra debajo de mi casa. Después de la Reconquista de Aragón, se quedaron muchos moros en sus tierras, pero a pesar de darse libertad a los conquistados para quedarse, por ejemplo en Zaragoza “no se pudo impedir que continuas caravanas de musulmanes abandonaran la ciudad, no sin gran pesar y llanto”. Y en Siétamo, pequeño pueblo, amurallado y con su castillo, gobernaba un noble, pero servido por moriscos y al lado de la recta de la carretera N-240, desde la salida hasta el Barranco, había un pequeño pueblo, llamado Olivito,cerca de Ola, en los que  estuvieron viviendo moriscos hasta su expulsión.

Al apoderarse los cristianos de pueblos y ciudades, no sólo fueron los aragoneses, catalanes y navarros los que repoblaron Huesca, sino que también accedieron numerosos francos, que se dedicaron a ser, principalmente artesanos y comerciantes. ”Pero el Rey Don Alfonso el Batallador,en 1125,había ya instalado en Zaragoza, en su medio rural, numerosos mozárabes, traídos por él mismo, en su expedición a tierras levantinas y andaluzas, de la misma forma en que más tarde, a medida que Andalucía iba siendo reconquistada, se iba poblando por aragoneses, navarros y otros como hemos visto con Huescar. Es curioso como en tal población se cantan todavía jotas, cuyo origen es navarro-aragonés. No somos, por tanto los aragoneses y los andaluces extraños entre nosotros, sino españoles.

Pero hay cosas que nos hacen parecidos, pues la influencia árabe duró en Andalucía cuatrocientos años más que en Aragón pero los primeros reyes musulmanes fuero auténticos viejos cristianos aragoneses, convertidos al Islamismo. Aunque reflexionando se da uno cuenta de que esta afirmación, no es  exagerada, porque además, hay que tener en cuenta, que, sin gobernar, los moros estuvieron en Andalucía y en Aragón hasta 1613.  Como dice la obra “Saracusta” a principios del siglo X, aproximadamente la mitad de la población hispano-romana-visigoda profesaba ya la religión islámica. Estos musulmanes de origen autóctono (muladíes por tanto), fueron mayoría en la sociedad andalusí. El valenciano Doctor LLiso Genovés afirma que “los convertidos al Islam entonces dieron origen a toda la población musulmana de aquella ciudad adscrita, a saber, Huesca”. Por ejemplo Iñigo Arista, navarro –aragonés, tenia un hermano de madre que fue Rey Moro. ¡Para que ahora algunos vascos digan que no son españoles!. Por tanto , al principio de la conquista árabe sus reyes musulmanes y los cristianos eran parientes, en muchas ocasiones. Cuando he hablado de que las huertas de Monegros no serían tan productivas como las de Almería, se explica uno como el clima invernal, influye favoreciendo a Andalucía, en tanto que perjudica a Aragón, pero no sólo en los cultivos, sino en la forma humana de comportarse unos  y otros. Así los aragoneses que procedemos de la Montaña Pirenáica, somos más lentos en el pensar, somos observadores, vamos con la cabeza baja, pensando o meditando. El andaluz también es filósofo, pero tiene más retórica y más gracia y más larga  conversación. Aquí las procesiones son mucho más silenciosas que las andaluzas, pues al pasar la Macarena por las calles sevillanas, durante la madrugada del Viernes Santo, se oyen además del contoneo de los costaleros y el alboroto popular, los gritos de ¡guapa, guapa, guapa!, que emite el pueblo identificado con la Virgen. El antropólogo Isidoro Moreno atribuye a la Semana Santa andaluza tres sentidos, a saber, el primero es recordar plásticamente los hechos histórico-místicos de la Pasión y Muerte de Jesucristo y el dolor de su Madre la  Virgen Santísima; el segundo es una expresión de protesta ante la “experiencia colectiva de opresión secular “ de los andaluces que se identifican con un hombre, acosado  por la injusticia y condenado a muerte por el Poder y por fin es la representación de la vida y de la muerte, triunfando al fin la vida, plasmada por la Resurrección próxima y el triunfo de los pasos de las vírgenes, Y uno se explica fácilmente la reacción de Blas Infante, como contestación a la miseria , ya pasada, cuando dijo de Andalucía que era “la tierra más alegre de los hombres más tristes”.

Como hemos visto, aquí las procesiones son mucho más tristes,  son muchos más silenciosas que las andaluzas, donde los gritos son más frecuentes y rotundos, y al mismo tiempo son acompañadas por “la saeta balconera” o el aplauso espontáneo del público. Me acuerdo de la primera vez que oí cantar una saeta en la procesión tan callada y tan silenciosa del Viernes Santo de Huesca. Ocurrió en el  año de 1946 ó 47. Estaba yo viendo la procesión en el Coso Bajo, cerca de casa del Fumador, cuando de repente, estalló la voz de un cantaor que cantando una saeta, me admiró al tiempo que me extrañó, porque se rompía el silencio de una procesión aragonesa. Pero no hay que tratar de enseñar nada a los andaluces, porque ellos también tienen una procesión de absoluto silencio y seriedad pues así se celebra en Málaga la del Sepulcro.

La poesía aragonesa no es como la andaluza, sino más triste, pues si moría una persona, sus familiares se ponían de luto, que algunas mujeres llevaban ya hasta el fin de sus días. Esta afirmación es exagerada pues el luto, en contraste con el blanco de los cortijos, también se llevaba en Andalucía.

Eso de poesía triste se explica,  en parte, por las letras populares de la Jota, tan cortas, de sólo cuatro versos de ocho sílabas tan sólo, pero con sentido, com aquella que ya tendrá cerca de cien años y que dice así:  ”Para qué ponen leones- en la puerta del –congreso, si para robar a España-sobra con los que hay adentro”. En cambio la poesía andaluza, tanto la popular como la más pura lírica, es más prolongada y más repetida y más adornada con los cantes jondos. Porque el cante jondo fue el principio del flamenco, que se cantaba acompañado de las palmas y de bailes espontáneos,  pero la guitarra se enamoró del cante y lo acompaña. Se dice que su principio está unido a la llegada de los gitanos a España en 1425, asimilándolo  con las canciones antiguas andaluzas y la influencia que  habían recibido de los moros. Son numerosas las formas del cante, por ejemplo las bulerías se acompasan con palmas, las tonás se cantan sin acompañamiento musical, los fandangos se acompañan con castañuelas, el cante de las penas, a saber las seguiriyas, las soleás,  los tangos y los tientos. En el baile los hombres usan el taconeo y el zapateado, en tanto las mujeres llevan la cabeza alta, parece que bailan con la cintura, con un continuo y elegante movimiento de brazos y de manos. Y en Huesca que parece que estas cosas no existen, tenemos un guitarrista gitano, que sin haber estudiado música, toca de maravilla, habiendo actuado en esta Casa de Andalucía. Hace pocos días escuché a otro gitano que en la Plaza de los Fueros cantaba flamenco, con gran capacidad. En 1922, Manuel de Falla, García Lorca y algunos representantes más de la Generación del 27, montaron en Granada un concurso para dar a conocer a los cantores aficionados. Ganaron el “Viejo  Tenazas” y Manuel Ortega, conocido más tarde como Manolo Caracol. El neo flamenco colabora actualmente con el jazz, con los blues o con el pop. No se acabará jamás.

Del cante jondo dice Antonio Machado que esas coplas “se cantan y se sienten, nacen del corazón, no de la inteligencia, y están más hechas de gritos que de palabras…Sólo la costumbre de cantar  llorando,  propia de nuestro pueblo es capaz de encerrar tanta pena y tantos amores en los tercios de una malagueña o en el canto llano de una seguiriya”.

En el Heraldo de Aragón del 12 de Octubre de 1946, José Manuel Blecua, señala “la ausencia de lirismo y de imaginación en el aragonés, el didactismo, el amor a la norma, a la exactitud, lo ejemplar, lo ético y la claridad; el desprecio  por lo vulgar, el predominio de la razón sobre el color y la metáfora, el ingenio contra la falta de potencia imaginativa y el amor a la verdad”. El poeta Rosendo Tello “admite como características de la poesía aragonesa una especial tosquedad en el verso, una ocultación sistemática del sentimiento, descuido formal y un cierto desgarro afectivo”. Para Manuel Pinillos “la poesía aragonesa apenas si existe”. Luciano Gracia afirma que “nuestra lírica arrastra como constantes la reciedumbre de la tierra, el pesimismo y el dolor existencial”. La poesía aragonesa es una poesía  descriptiva, pero llena de sentimientos encubiertos y como dice RosendoTello “ con un cierto desgarro afectivo”. Así es la poesía escrita por un hombre de pueblo, llamado Antonio Larraz Barraca, de Loarre, que vivió en Siétamo, casado con Joaquina Latre Rodrigo:” El oficio del boyero-es un oficio muy chulo,- toda la semana labran- y el domingo lo primero._ lo primero es ir a misa- lo segundo es almorzar- y lo tercero es pensar-donde hay que ir-a hacer mal.-Allá en la huerta del Piojo-hay un alto panizar,-¡entra royo, entra negro-que allí os vais a fartar!. Nos sacamos la baraja, y nos ponemos a jugar,- Mora se juega su duro,- pero Labarta un real- y Moreta el pan de alforja- por no llevar capital”.

Ahora podremos compararla con otra poesía popular andaluza: “ Yo iba de peregrina- y me cogiste de la mano-fuimos cortando las flores-que crecen nuevas en Mayo-y me di cuenta enseguida-que ya estaba enamorada,-Cántame, me dijiste, cántame-cántame por el camino- y agarrada a tu cintura-te canté a la sombra de los pinos”. Aquí se comprueba el verso de Don Antonio Machado que dice así: “ Es el sabor popular,-que encierra todo el saber;- que es saber sufrir, amar,-morirse y aborrecer”.

Ramón J. Sender,  al comienzo de su artículo “Sobre poesía aragonesa”, publicado en el Heraldo de Aragón del Pilar del año de 1977, escribía textualmente: “ Se habla  con frecuencia de poesía aragonesa. En realidad no hay poesía definible por regiones, sino por poetas”. De aquí se deduce que la poesía aragonesa contemporánea no se puede calificar de coherente y menos se puede dividir en generaciones, como los Labordeta, Tello, Gastón, Ciordia, Cudós……..”

En cambio en Andalucía la poesía es viva, sentida por el pueblo, con el ritmo de los versos que pronuncia. En la generación del 27, casi todos sus poetas son andaluces, como Emilio Prados, Federico García Lorca, Rafel Alberti, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre.

A esa generación la Crítica la ha llamado un “nuevo Siglo de Oro” de la poesía española.

Siguiendo la Guerra de 1914, aparece la Literatura de Vanguardia, con deseo de olvidar los horrores del pasado y acabando dicha tendencia por el año de 1930, pero coincide este deseo de olvidar con la depresión económica de Occidente, que obliga a sus artistas a tomar el arte con otra trayectoria, que hace parecer la generación del 27.

Yo nací el año de 1930, cuando estaba empezando la Generación del 27, de la cual fueron maestros Ramón Gómez de la Serna, creador de las Greguerías y Juan Ramón Jiménez, autor de “Platero y yo”, que dice:” Platero es el nombre general de una clase de burro, burro de color de plata, como los mohinos son oscuro y los canos, blancos. En realidad mi Platero no es un solo burro, sino varios, una síntesis de burros plateros”.

Y yo tuve una amiga ,¿se puede tener un amigo o amiga que no sean humanos?, que era Platera, porque era una borrica que era de tal color, que vivía conmigo en mi casa del pueblo, ya antes de la Guerra Civil y gracias a Dios después de ella. Y si Platero caminó también “fue porque Juan Ramón sacó a Platero por el ronzal hasta la puerta de la vida”. Y yo le ponía con exagerada frecuencia a mi burra Platera su ronzal, porque con el fin de montarme sobre sus lomos, para convivir con ella, la llevaba al abrevadero a beber agua; ella bajaba la cuesta despacio, pero cuando la volvía hacia mi casa, emprendía un galope veloz,  tanto que en cierta ocasión me tiró al suelo, dejándome una señal en mi cabeza y ella se escapó a la era de casa, para comer trigo, que por entonces se trillaba. La castigué injustamente y la dejé bastante tiempo atada con su ronzal al pesebre, pero cuando fui a verla , lo había roto a mordiscos para ir , no recuerdo si  a comer a la era o a beber a la fuente. Yo todavía tengo su recuerdo en la parte exterior de mi cabeza y sobre todo en su interior.

Y a caballo en esa burra Platera, fui a vivir la aventura que voy a relatar. García Lorca, ha sido  como un profeta de su muerte, ocurrida en el año de 1936, como dice en su escrito: ”Poesía es amargura,-miel celeste que mana –de un panal invisible-que fabrican las almas”. Al tener lugar el centenario de su nacimiento en 1998, escribí lo siguiente en el mes de Junio, el de la siega de 1936, en Siétamo: ”Yo tenía cinco años,-Salía el sol por el Oriente,-Brillaba el horizonte y el cielo estaba azul,- los hombres con pantalón de pana y su camisa-armados con sus hoces-segaban ,segaban y segaban… Mirábame  hacia el monte, y se veía ,-  una enorme ventana-con la Sierra hacia el Norte,como fondo,-olivos al oeste y al Oriente el Pueyo de Barbastro,-y delante los campos amarillos….-Ingenuamente como niño seguía yo-el movimiento de los pequeños animales; -cacé un insecto verde y lo guardé, envuelto en mi pañuelo,-el cual abandoné manchado de color,-de color verde de su sangre verde y me fui a mi casa,-sin pañuelo, porque mi corazón latía, latía, repitiendo: ¡verde, que no te quiero verde!,- ¡verde que no te quiero verde” .-Un  segador encontró el pañuelo, porque mi corazón latía , latía, repitiendo ¡verde que no te quiero verde!-¡verde que no te quiero verde!- lo trajo hacia mi casa,- donde parece que también sonaba, ¡verde, que te quiero verde!.   Y en mi casa querían el pañuelo,- como aquí en la Casa de Andalucía quieren a su bandera blanca,- como mi pañuelo y verde como el cuco verde.

Y pasó sólo un mes para llegar el de julio de 1936. Como se expresa García Lorca en su “Huerto de Marzo”, diciendo: “Mi manzano da  a lo verde sus brazos”, yo también, porque al llegar el mes de Julio, ya nos esperaba el cambio del color verde por el rojo y el azul. El rojo era de sangre humana y muchos se ponían a gritar: Rojo ,que te quiero rojo, otros gritaban lo contrario: “azul , que te quiero azul”.

La luna miraba extrañada  la siega, que hicieran los segadores del pueblo, y quería el color de las mieses amarillas y el color anaranjado de las naranjas y las flores y el verde de los prados, de las vegas de los ríos y del insecto verde al que ahora, ya no encuentro pero amo, porque he vuelto a amar su color verde, representando a esa bandera que vosotros tanto amáis.

¡Pobre García Lorca! , que “En las gentes iban”, anuncia la profecía de su muerte, cuando escribe: “las gentes iban a lo verde,- el Otoño venía-amarillo de estrellas,- pájaros macilentos y ondas concéntricas.- Sobre el cuerpo almidonado,- la cabeza, ¡párate.- corazón de cera!. Las gentes iban- y el Otoño venía!.-

Yo no era andaluz, pero sentí la necesidad de dedicar un homenaje a García Lorca, en el aniversario de su muerte y de su venida a la vida, y mezclando sus sufrimientos y su poesía con los míos de ¡hace ya tantos años! Y mi pobre poesía, se  la dediqué, aunque es como he dicho pobre,  lo que acaban de leer. No soy andaluz  pero ¿acaso no siento en mí, como una influencia antigua del medio ambiente de Huesca que me hace identificarme con Al –Andalus?.

Al entrar en la Casa de Andalucía, aparte de la ventanas que pareen ser una modernización de las clásicas árabes, se encuentra uno,  rodeando la puerta de acceso, un mosaico de formas andaluzas, es decir geométrico, pensando en sus orígenes matemáticos, como si fuera un signo original y armónico de belleza. Dicen que la arquitectura árabe, incluidos  los mosaicos,  da forma al arte abstracto de la religión islámica, puesto que el arte concreto de las imágenes está prohibido. En las formas matemáticas, el Islam encuentra la manera de exponer el pensamiento y el éxtasis místico.

Pero no olvidemos que estamos en Al Andalus del Norte y en nuestra Catedral, de catorce capillas que la rodean, hay ocho cuyas paredes e incluso algún altar, están revestidos por mosaicos, seguramente mudéjares, como ocurre en la –capilla de la Virgen del Rosario de Santo Domingo y que cuando tengamos la suerte de verlos completamente limpios y perfectamente iluminados, moverán dentro de nosotros como un vértigo ,que nos hará bien, nos divertirá con mitos y nos despertará la fe en un mundo invisible, pero bello, de una belleza total por encontrarse unidas las imágenes occidentales del Altar Mayor de Forment, con los mosaicos mudéjares.

He comenzado diciendo: yo no soy andaluz, soy aragonés, pro acabo convencido de que, con tanta belleza rodeando mi existencia, soy andalusí.