lunes, 30 de julio de 2012

Blanca capta los sonidos que produce la Naturaleza


¡Qué música producen los astros en esos altos cielos!. Crean multitud de sonidos, que cuando estamos vivos, percibimos y cuando morimos, no podemos escuchar, pero su conversación continúa eternamente y hay personas elegidas, que interpretan y componen sus palabras. No son esos sonidos como las palabras de la lengua inglesa o la francesa, que entienden aquellos que de niños aprendieron el sentido de cada una de ellas. La música de Mozart o de Beethoven, la escuchan los oídos de los seres humanos y todos la comprenden. Esa comprensión no la obtienen del conocimiento de las lenguas, sino de los espíritus, a los que emociona con significados distintos en cada oyente, no como el de las frases compuestas con palabras, que todos los que las comprenden lo hacen con el mismo sentido

¡Blanca!, tú recoges los sonidos primarios que surgen de la Naturaleza y los compones u organizas para dar conciertos a los oyentes que los oyen con placer. Porque gozamos los humanos de nuestros cinco sentidos con los que nos comunicamos y endulzamos nuestro paso  por la vida. Tú, Blanca, oyes los sonidos que captas en la Naturaleza, que no son indiferentes para tí y tratas de comunicárselos a los niños, que los reproducen con gusto y con el arte que heredaron de la madre Natura. Esos niños, cuando tú te colocas frente a ellos, producen un movimiento igual al tuyo, que produces con tus manos, con tus dedos y con tus pies, y que surgen de los niños que están posados frente a ti. Con los dedos de tus manos haces que suenen chasquidos rítmicos y con tus dos manos, que se golpean una contra otra, o con el pecho  o con las piernas, produces unos sonidos que multiplican los niños simultáneos a los tuyos. Se dirigen esos sonidos al cielo, de donde pasan a nuestros oídos y alegran nuestro espíritu y calman los nervios de aquellos educandos que van creciendo, como personas equilibradas y serenas.

Hacen sonidos con tambores, con palabras, con papeles, que son primarios, pero rítmicos que preparan la sensibilidad de aquellos educandos, para para aprender y vivir otra música orquestal, que llena de emoción a los asistentes al concierto, como aquel en que tú,  acompañando a los niños, nos hicisteis felices. ¡Cómo gozamos de la lengua de la música que comenzaba por tus manso y tus pies y acababa, haciendo viajar por el cielo a los asistentes a tan humilde pero glorioso Concierto!.

Vivir el ritmo de la vida


En mi libro Claroscuros, en el artículo que titulo “Al ritmo”, escribo: “Cuando siento el ritmo de dance guerrero de los Danzantes de Huesca, se me pone la carne de gallina. Pero quisiera que alguien tejiera y destejiera una música, con un ritmo antiguo, y aldeano, que me hiciera olvidar siquiera  por un momento o por el tiempo que tarda en consumirse un disco, el ruido sin ritmo de la capital”. Pasando por la calle del Desengaño, que decían era la más larga de Huesca, después de escuchar algunos ruidos sin ritmo, escuché una corta canción a un joven gitano, que influyó en mí para comprender  la vida de esas familias, que hacen una vida distinta de la que llevamos los hombres y mujeres de la calle. Estaba apoyado el cantante en una esquina, silencioso y de repente lanzó al aire su voz, cantando sin el ritmo, que marcan los danzantes, cuando bailan para San Lorenzo. Ritmo que se nota por los instrumentos musicales que los acompañan,  las espadas y los palos cuando se dan golpes entre ellos, las palmadas de los que contemplan su desfile y el golpear de sus pies en el suelo de la calle. No tenía la canción del gitano ese ritmo, pero tenía un ritmo infinito, porque con su “Aiii, aiii ” profundo que parecía buscar algo o a alguien en las alturas; y se quejaba, como llorando de lo que le faltaba en su vida, que tal vez fuese el amor o sus desaparecidos antepasados, que pasaron silenciosos por la vida, a las orillas de los ríos, con sus carros, asnos, mulas o caballos. Y juntaba sus manos como para dar palmadas, pero no las daba;  quería darlas,  pero con un ritmo que no era igual que el que llevaban los danzantes, sino más profundo,  más eterno, como si fuese esa canción, como un Quijote de la historia de su raza, tan misteriosa, tan distinta de la nuestra, tan amante de sus padres,  de sus hijos, de sus animales…de su libertad.

Expresé en el artículo de “Claroscuros” mi deseo de que alguien tejiera una música con ritmo antiguo y aldeano, que me hiciera olvidar el ruido sin ritmo de la capital. Porque en dicha capital se oyen ruidos, que pretenden ser ritmo, como el sonido de un bombo en el que sólo se marca un dom- dom- dom –dom, otros simplemente ruidos de los coches, de los semáforos, que me hizo el  gitanico olvidarlos. Pero con la canción del gitano que yo no sé si tenía un ritmo físico,  pero, indudablemente era  toda  un ritmo, que hace felices a los calós,  en una lengua rítmico-espiritual, que me llenó de emoción, encontré la música,  que añoraba para hacerme olvidar los ruidos sin ritmo de la capital.

Pero, en cierta ocasión, escuchando la voz tremendamente aragonesa de José María “Sorribas” de Ibieca, no sólo olvidé los ruidos de la capital, sino que se despertaron en mí los recuerdos de mi niñez, vivida en el Somontano y los sonidos de los “ciegos de Siétamo” y la música del guitarrista, al que llamaban el “Guitarrillo”, cuando le demandaba al Señor de Fañanás, la leña que le debía. Y al escuchar a José María percibía las caricias de las llamas, que brotaban de la leña cuando ardía en el hogar y me sentía como si fuera un peregrino cuando iba a la Ermita de la Virgen de Foces, allá en Ibieca. Y veía correr el agua de la fuente de Siétamo y la que baja por el vallón por donde corre la carretera que sube a Ibieca y al pantano de Calcón, que tanto reclamamos los somontaneses, cantando jotas de las que José María, cuando las canta, mueve nuestros corazones.

Yo creo que aumentarán los ruidos insufribles de la capital, si no se escuchan y se aprenden las múltiples jotas, que guarda entre sus recuerdos José María Puyuelo”Sorribas”.   

En la piscina del Hotel-Sanatorio de Comarruga


Estábamos en la piscina de aguas calientes y dotadas de minerales bienhechores, unos veinte hombres y mujeres ya maduros, dispuestos a ejercitar nuestra anatomía y nuestros pensamientos.

Apareció en la terraza,  una belleza femenina, para dirigir nuestros movimientos gimnásticos. Parecía una diosa del Arte, que con sus movimientos intentaba  convertirnos  a los ancianos en jóvenes, que aspirábamos  a imitar su Arte. No llegamos a rejuvenecer, pero durante media hora, gozábamos,  al tiempo en que movíamos nuestros cuerpos, nuestras cabezas y los brazos, manos y piernas, de una felicidad, que el Arte nos infundía. Al contemplarla e imitarla torpemente, el Arte nos invadía,  y conmovidos por tal Arte, al verla como dirigía aquel ejercicio gimnástico en el agua caliente, nos sentíamos felices.

Me acordé de la poesía, que cantan, diciendo: “Ay luna, lunita, luna, ay luna cascabelera!. Y sí me acordé, porque la luna llena, en esas noches claras, parece sonreírnos y mirarnos con sus amplios ojos. Pudo venir dicho recuerdo del color blanco lunar, trasplantado a la bella joven, que con su traje de baño, no provocador, sino con el estilo profesional al servicio del Arte, resultaba una figura blanca y pulcra, como la luna, pero con un rostro y un cuerpo de una mujer,que estaba dando clases de belleza, a los ancianos. Era como una virgen blanca, no morena, con un rostro bellísimo, adornado con unos ojos maravillosos. Sus movimientos gimnásticos, parecían producidos en un ballet de una única artista, que guiaba sus manos con movimientos dulces y perfectos de sus muñecas. Sus piernas con sus brazos  se unían, se separaban, haciendo soñar a los mayores, que se estaban convirtiendo en artistas.

Al día siguiente, le dije que se hiciese un retrato al óleo, porque bellezas artísticas como la suya, no son frecuentes en el mundo actual.

viernes, 27 de julio de 2012

La Posada “Abadía” de Siétamo

Virgen de la Esperanza de Siétamo.

En la Calle Alta de Siétamo, nombre realista y bonito, puesto por el pueblo, en oposición a otros nombres políticos, creadores de odios y luchas políticas, se encuentra la Posada “Abadía”. Esta palabra significa casa del Abad o Párroco y Antonio y su esposa, acompañados por un hijo suyo, que es un ejemplo de educación y deseo de ser útil a todo el mundo, no quisieron cambiarle el nombre a la Abadía, en la que los párrocos buscaban la armonía de los cuerpos con los espíritus.  Y para buscar esa armonía o felicidad, la convirtieron en Posada, para buscar la felicidad de los hijos de Siétamo y de los turistas que por él, se acercaran. De la misma forma que Cristo buscaba el bien de la humanidad con el pan y el vino, Antonio y su esposa, también la buscan con platos sabrosos, acompañados por pan y vino.

Esta casa, que fue ocupada desde que yo me acuerdo por el Párroco Don Marcelino Playán, nacido en Antillón y por Don Alejandro Tricas, nacido en Nueno, hace muchos años que era propiedad de un fuerte labrador, que  al morir sin hijos, la dejó a los párrocos de Siétamo. Sólo queda una tabla,  que se colocó en la puerta de casa, el año de 1821. Don Marcelino Playán y el Cura de Ola, Mosen Febrer, que era hijo de un Médico que ejerció su profesión en Siétamo, en la Guerra Civil tuvo que huir de Siétamo, pues en la Diócesis de Huesca mataron a decenas de sacerdotes. Destruyeron 145 parroquias y 128 ermitas y desaparecieron mucha obras de arte. Don Marcelino Playán ocultó en lo alto de la bóveda, objetos de plata, que se conservan en la Parroquia. Incluso en la zona nacional fue asesinado un sacerdote.

Acabada la Guerra Civil, como estaba destruida la iglesia parroquial, Mosen Marcelino celebraba la misa los domingos en la Abadía, y al  acaba, se reunía el pueblo en la Calle Alta, debajo del balcón de la Abadía. En dicho balcón,  como no había campanas, colocó el párroco una llanta de camión, que con un martillo golpeaba para que sonase como una campana , para anunciar la celebración de la misa. Un día , que yo asistí a una de esas misas, al salir, cantaba el pueblo canciones. Pero en aquella ocasión el Zurdo, gran persona y buena, estaba callado. La Guardia Civil le echó una reprimenda y se la hizo cantar a él sólo.

El Canónigo Don  Damián Peñart y Peñart escribió en la Historia de la diócesis de Huesca , lo siguiente: ”Acaso el juicio de Balmes sobre la Edad Media, definiéndola como  la religión afeada por la barbarie; y la barbarie al servicio de la religión, pudiera aplicarse en alguna medida a la historia  del Altoaragón  en la Edad Moderna. Todos los altoaragoneses se manifestaban católicos, pero abundaban las creencias en brujas, hechizos y supersticiones. Todos se declaraban católicos, pero fallaba a veces la armoniosa convivencia entre familias o pueblos rivales. Imperaban los desequilibrios económicos. Mujeres y jornaleros tenían menguados algunos derechos. No obstante, la fe, la nobleza  y lealtad, la firmeza de la palabra dada, la honradez, la hospitalidad, la austeridad y el sacrificio eran cualidades muy enraizadas en el alma del pueblo altoaragonés”.

De estas palabras de Balmes, como “la religión afeada por la barbarie  y la barbarie al servicio de la religión”, se deducen los atropellos que sufrieron las iglesias y ermitas, la emigración a Francia de multitud de vecinos de los pueblos,  como los de Casa Carilla. ¡Cómo ha cambiado el aspecto que tiene ahora la terraza de la Posada Abadía de Siétamo, con las ruinas de Casa Carilla, con un gran cubo, en el que se pisaban las uvas para obtener vino. Con ese vino aliviaban su vida y con él,  impregnaban tajadas de pan,  a las que añadían un poco de azúcar, para dar de merendar a sus hijos. Llegó la Guerra Civil y después de setenta y seis años, cuando circulaba la gente por la Calle Alta, se miraban por una pequeña reja, despojada de ventana y contemplaba el  recuerdo triste de aquella Guerra, que había convertido casa Carilla con cubo , en un depósito de ruinas. Dicha ruinas, al encontrarse al lado mismo de la antigua Casa Abadial,  habitada  entonces por Mosen Marcelino Playán, enfrentaban los recuerdos  del párroco de Siétamo, nacido en Antillón, que con el de Ola, prestaron sus auxilios a los sublevados con la ausencia de los emigrados por causa de la Guerra.

Ahora, en el año de 2012, la casa de Carilla y su cubo, los han convertido en una terraza con sus veladores, donde acude la gente a tomar su almuerzo y a beber algún licor o tomar su café y en ese agradable espacio de tiempo, conversan,  alejando aquellos recuerdos pasados por el odio y la violencia. Hoy están los carpinteros embelleciendo lo que durante tantos años fueron las ruinas de la casa y del cubo de Carilla. Se ha prolongado el espacio de la casa con el de Casa Lobateras, y recordando  al hijo Pepe, de tal casa, que me contaba la vida de sus antepasados, que como dice Balmes “abundaban en la creencia en brujas, hechizos y supersticiones”, como le pasó a su abuelo, el amo de casa Lobateras. Este poseía el Libro Brujeril de San Cipriano. Por lo visto hizo en alguna ocasión uso del mismo para librarse de alguna superstición,  pero quizá convencido por el párroco, decidió deshacerse de él. Lo echó al fuego del hogar con el fin de abrasarlo, pero el Libro salió por la chimenea y ya no lo volvió a ver.

Pero se dio otro caso, en casa de “Polonia de Polavieja”, esta vez en la Calle Baja o del Conde de Aranda, que fue comprada por la abuela de Manolo Sistac, de Casa Catevilla y que le vendió a Carilleta la casa convertida estos día en terraza de la Posada Abadía de Don Antonio y de su esposa. Vivía en dicha casa la señora,  amada por muchos hombres, porque tal como yo la conocí, era una mujer amabilísima y de una simpatía  arrolladora.  No se sabe si algún hombre que la quería,  pero que ella rechazaba, le envió a su casa alguna bruja, que sobre todo por las noches la hacía sufrir. Todo el mundo la protegía y Bergua , “el Bizco” , iba por las noches y en cierta ocasión vio un gato al que identificó con la bruja. Le dio un correazo con su cinturón y escapó. Al día siguiente el Párroco don Marcelino Playán apareció con un ojo lesionado, atribuyéndole la ignorancia de muchos, una personalidad de brujo. Pero a los pocos días, mi amigo Manolo de Catevilla, vio como dicho párroco rezaba unas oraciones delante de la puerta de casa de “Polonia” y ésta colocó en la misma una imagen del Sagrado Corazón. Ya no se volvió  a  ver a ningún brujo por dicha casa. Estos hechos ocurrieron después de la Guerra Civil y Manolo me lo ha contado estos días. También estuvo en la casa mi padre, pero según me dijo,  no vio nada ni a ninguna bruja.

Habíamos llegado en España y en Siétamo a una situación de bienestar general  y Antonio el dueño de la Posada Abadía y de las ruinas convertidas en terraza, había logrado hacer felices a los vecinos de Siétamo y a todos los turistas que acudían a comer, a cenar y muchos a dormir. Y se veía en los rostros de Antonio,  de su esposa y del hijo de ambos, una voluntad de volver a hacer felices a los vecinos del pueblo y resucitar la vida de aquella Abadía, que se cerró al retirarse Don Alejandro Tricas, que se murió en la Hermanitas de los Pobres cuando tenía unos cien años de edad. Vinieron sus parientes de Nueno y se llevaron los muebles. A mí me quedaron unas estampas de la Virgen de la Esperanza, con dos fotografías de Siétamo.

Don Alejandro quería levantar el bienestar de sus feligreses y les traía árboles frutales para que los plantaran en sus huertos. Antonio protegido por la Virgen de la Esperanza, quiere resucitar las virtudes antiguas y hacer desaparecer el odio, la violencia y las brujas, que estuvieron en algún local de su Posada, para que sean felices.

Con el pan y el vino aquellos viejos y desaparecidos, cuidaban los espíritus, y Antonio con la ayuda de su esposa con el pan, el vino y los platos exquisitos que sirve en la Antigua Abadía, hacen que la gente se sienta feliz, se conozca en los veladores de la terraza y hagan proyectos para que la vida no vuelva a aquellos tiempos en que las necesidades, explotaban guerras y muertes. Estos patronos luchan para que no vuelva la pobreza y acudan los clientes para alcanzar una vida feliz.     

miércoles, 25 de julio de 2012

Ignacio Almudévar, escritor costumbrista


Como gestor del blog de Ignacio, me ha parecido oportuno, publicar el siguiente articulo de la periodista Mercedes Manterola , que en el Diario del Altoaragón  del 26 de Agosto de 1990 escribió lo siguiente acerca del perfil del escritor costumbrista que de forma inagotable trabaja en este blog y que yo humildemente le publico en el mismo.
Santiago 


 ”De Ignacio Almudévar destaca su gran capacidad de observación, y sobre todo, para la comunicación con los demás, recogiendo vivencias. Prefiere la palabra a la escritura, aunque reconoce, que a veces, se complementan maravillosamente. ” Es perfecto ver que hasta las filosofías más difíciles se ven resumidas en  una frase popular. Una de mis satisfacciones es descubrir grandes debates en este tipo de coplas”.

Fruto de esta observación y comunicación con la gente que ha tenido cerca, han surgido sus artículos y libros. En Fabla aragonesa, escribió: ”Beyendo chirar o sol”. ” En realidad el sol está en su puesto y es fijo para el sistema solar. Desde su presidencia, como todo da vueltas a su alrededor, observa. Lo que pasa es que el sol no lo explica”. En castellano escribió “Claroscuros”. En ellos ha intentado reflejar las costumbres, lo que cuenta la gente en los sitios, como cultivan sus huertos…”Son comportamientos humanos. Antes era más costumbrista. Ahora tengo una  frustración  en el sentido de que cuando vas a los pueblos de cien habitantes, sesenta tienen más de sesenta y cinco años y sólo hay tres o cuatro jóvenes, que están esperando poder colocarse. Vamos camino de la nada. La gente se va a la vida urbana, mientras que la rural va decayendo. Luego añoramos el medio rural  desde el ecologismo”.

Después de estudiar en Guipúzcoa y Vitoria, Ignacio Almudévar volvió a Huesca con una renovada personalidad aragonesa, “que, como a mucha gente, se me despertó no en Aragón sino  fuera”. Allí observó que la gente cultivaba su lengua y su personalidad de pueblo, “pero nosotros al ser tan fieles a España por causas históricas, nos tenían tan seguros que éramos una cosa hasta despreciable”. Ignacio Almudévar lo compara a la parábola del hijo pródigo.” Al que se quedó en casa trabajando no se le dio nada, pero al hijo que se fue, le dieron la mitad de los bienes y cuando volvió se le recibió. Aquí quienes perdieron fueron Castilla y Aragón, que han sido los fieles, porque se les ha dado a Cataluña, al País Vasco y a aquellos que eran periféricos y querían separarse. Nosotros hemos sido tratados como secundarios”.

Ignacio remarca que,  aunque Huesca es periferia, sus puertas al exterior han estado cerradas físicamente por los Pirineos y también políticamente. Si se hubiesen hecho comunicaciones con Francia, los aragoneses hubiésemos sido más respetados. ¿No se daba cuenta Madrid de que Huesca era la única frontera que España tenía segura?.  Las demás estaban en el aire…o están. No creo que Huesca tenga que dejar de beneficiarse de unas circunstancias geográficas”.

                                                       La Fabla aragonesa.

Cuando Ignacio Almudévar volvió de estudiar en Zaragoza, empezó a ir por los pueblos. Según cuenta, cuando conoció a la gente que intentaba recuperar la fabla aragonesa, que formó una asociación y daba clases, encontró un gran aliciente. Se dio cuenta entonces de la gran facilidad que tenía para expresarse. ”Después de escribir mucho tiempo en fabla aragonesa, comencé a hacerlo en castellano y me resultó todavía más fácil, puesto que en fabla,  al ser una lengua poco cultivada, sin grandes clásicos, era necesario rebuscar en aquello que habías oído. En cambio en castellano tenía más facilidad para expresarme. Tuve una época en la que escribía de los aragoneses más próximos a mí, pero llega un momento en que no escribes, porque somos un fin de raza. Lees en el periódico que en Aragón se está muriendo más gente de la que nace. Hay un gran envejecimiento de la población de Huesca”.

Ignacio explica que volvería rápidamente a escribir en fabla aragonesa, “pero hay que ir por los pueblos, escuchar y oír las palabras, que son preciosas. Esta lengua muchas veces ha sido menospreciada  y en vez de gente bilingüe, hemos conseguido ser “mistilingües”, que mezclamos el castellano con la fabla. No ha habido cultivo de la lengua y, de esta forma, se ha anulado nuestra personalidad”.

Sobre su vocación tardía de escritor, Ignacio comenta que tenía que haber empezado de joven, “porque se es escritor, cuando esa cualidad o calidad de escritor, borra todas las demás actividades que se realizan. Yo he escrito pero he ejercido de veterinario, agricultor y lo que he necesitado para ganarme la vida”.

                                       Veinticuatro años de Alcalde.-

Dentro de su vida política Ignacio Almudévar ha estado 24 años ejerciendo de alcalde de Siétamo. ”Cuando llegué a mi pueblo, me presionaron para que fuera alcalde. Yo no quería, pero ahora no me arrepiento, porque eso me llevó a ser diputado tres legislaturas, una de vicepresidente de la Diputación Provincial de Huesca. Pero también reconozco que he sido un ingenuo, porque si me hubiera dedicado a lo mío, a respetar a los demás y a hacerme respetar, hubiera cultivado más mi propia personalidad. Pero lo único que he conseguido es ser criado. En la Diputación he encontrado más satisfacciones, ya que he podido viajar por la Provincia, ahondar en su problemática y hablar con gente que sabe más que yo. En cambio, siendo alcalde tienes que dar la cara por los de abajo, por los de arriba y no se consigue nada”.

Ahora, después de esta larga experiencia, Ignacio asegura que no quiere volver a la política. ”Sólo aspiro a poder vivir en mi casa con mi familia y mi retiro; poder vivir de una manera en la que pueda cultivar la lectura y la amistad”. Escribir también le gustaría, “pero a mí me interesa y estimula la comunicación y me entra la inspiración cuando he hablado con los demás”.

                                                  “Somos un fin de raza”.

Ignacio Almudévar nació en Siétamo en el año 1930.Cuando comenzó la Guerra Civil se trasladó a Huesca con su familia y después estuvo en Jaca y en Ansó. Volvió a estudiar a la capital oscense y más tarde continuó sus estudios en Guipúzcoa y en Vitoria. Según comenta, la estancia en esas provincias, le llevó a despertar su personalidad aragonesa. Más adelante se trasladó a Zaragoza, para estudiar la Carrera de Veterinaria. Cuando volvió comenzar a  trabajar en Siétamo como agricultor y ganadero, Ignacio Almudévar, comenta que su afición por escribir es una vocación tardía que descubrió cuando se le presentó la oportunidad de asistir a unas clases de fabla aragonesa, en las  que escribió varios artículos. Ha publicado dos libros, uno en aragonés,”Beyendo chirar o sol”, y otro en castellano, ”Claroscuros”, además de colaborar en varios libros y con sus artículos en el Diario del Alto Aragón y en el Heraldo de Aragón. Posteriormente,  escribió y le publicó el Instituto de Estudios Altoaragoneses, bajo la dirección de Francho Nagore, el libro “Retablo del Alto Aragón”.

domingo, 22 de julio de 2012

Las golondrinas



Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, debajo de los maderos y allí, cuando criaban, uno  podía ver y oír a las crías, que al recibir de sus padres el alimento, piaban y sacaban sus cabezas de los nidos, abriendo sus fauces para recibirlo. Es la golondrina un ave elegante que en el Otoño se marcha al Sur, pasando al Africa del Norte y al llegar la primavera, alegraba los corazones de los habitantes del Somontano, que la amaban y no las perseguían ni deshacían sus nidos. Las respetaban, ya que de niños les habían contado que cuando Cristo estaba colgado en la Cruz, ellas revoloteaban a su alrededor y le quitaban la corona de espinas, que cruelmente se clavaban en su cabeza, amargando más los ya pesados dolores, que había sufrido y estaba todavía sufriendo.
Por eso se originó el refrán que dice: ”el que mata una golondrina, mata a su madre”.Al oír sus cantos, se sentían los somontaneses  inclinados a la paz e imitaban dicho canto, diciendo: ”mosquito comí, comí, mosquito comí, comí, a otro que no a mi”, dando el sonido a estas palabras igual al  del canto de las bellas golondrinas.
Me contaba una mujer joven del Somontano que estuvieron en la cuadra de su casa, haciendo obras para transformarla en un hermoso y amplio salón de estar y se encontraron que en los nidos había “crietas de golondrina”.Estuvieron a punto de interrumpir las obras hasta el Otoño, pero al fin cogieron dichas pequeñas golondrinas y, con cuidado las depositaron en otros nidos, que se hallaban cerca de los de la cuadra. Triunfaron porque criaron muy bien aquellas golondrinas a las pequeñas, que les habían echado los dueños del salón.
Todos los años las esperan para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos de barro y lanzando al aire sus bellos sonidos, para alegrarse por haber  creado nuevas generaciones de su especie.
Este verano he observado más de lo que acostumbro, la emigración de las aves pertenecientes al género Hirudo, del que forman parte las golondrinas. Me habían dicho que el veinticinco de Agosto se marchaban de nuestra tierra, las “falcetas”, ”falciños” o vencejos y me sorprendió que marcharan en tal fecha, pero, cada año compruebo que se van volando con sus poderosas alas. En cuanto a la golondrinas clásicas, que anidan en Siétamo, se solían por ir el quince de Septiembre, todavía en verano, pero yo el día once ya no la ví; sin embargo mi afición a unas aves tan románticas y útiles por su eliminación de insectos como mosquitos, me hizo observar el cielo y hasta el día catorce seguí viendo pequeños grupos de ellas. Desde ese día ya no ví más, pero el día veintitrés de Septiembre, ya en el Otoño, a la hora del mediodía, pude observar un grupo de ellas, detrás de mi casa; se posaban en los cables de la luz unas cuantas, en tanto las otras volaban y giraban por el aire cazando insectos, luego se posaban y eran las otras las que se lanzaban a buscar su alimento.
Estas golondrinas pertenecen a la especie clásica que viene a Siétamo desde no se sabe cuantos años. Tienen el pecho blanco y el dorso azul oscuro totalmente, al contrario que otra especie muy parecida a ella, que lleva la parte posterior del dorso de color blanco. Hay quien no distingue ambas especies, pues son casi ta iguales y se bañan en las balsas y piscinas en pleno vuelo. Yo había visto a estas golondrinas que vienen a Siétamo, desde hace pocos años, en Monflorite, concretamente, haciendo sus nidos de barro, en los edificios, casi completamente cerrados, excepto un agujero que les sirve de entrada y salida en su nido. Ahora, en la calle alta de Siétamo,están sus nidos , unos al lado de otros, cuando antes para ver nidos de golondrinas, digo de las clásicas, había que mirarlos en el interior de los edificios, casas, cubiertos, etcétera, abiertos por completo por su parte superior y que nadie tocaba, porque tenían a las golondrinas como unas aves sagradas, que le quitaron a Jesús su corona de espinas. Por eso se originó un refrán, que dice así: ”El que mata una golondrina, mata a su madre”. Y es que al oir sus cantos, se siente uno inclinado a la paz. Este canto que también la gente interpreta, también cantando, poco más o menos, con estas palabras: ”Mosquito comí, a otro que no a mí” Hay personas  que tienen un gran oído e imitan, dando sonidos a estas palabras, el canto de las bellas golondrina. Aquellas que aparecieron por detrás de casa, posándose en los cables eléctricos por espacio de unas dos horas, ¿de dónde vendrían y a dónde irían?. No lo sé,  pero han dejado en mí su recuerdo y el de todo el género Hirudo. Las esperaré, para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos, en los que crían nuevas generaciones de su especie y aquí , en nuestros cubiertos o debajo de nuestros aleros, dejan de recuerdo sus nidos de barro.
Esperando que lleguen, observaré a los estorninos, que se posan en los mismos cables en que se posaban las golondrinas, aunque de vez en cuando se ven masas de ellos, que vuelan, unas veces con palomas, otras con cuervos y solos cuando van a los olivares o a dormir a las altas arboledas.

Villalangua, pequeño paraíso y el fin del mundo, para otros



¡Cuántas veces han pasado los oscenses por la carretera de Jaca, hacia las montañas de la Altos Pirineos!. En las curvas de la carretera que sube al Puerto de Santa Bárbara, en el río Asabón, se lee un nombre bien sonante, que es el del pueblo de Villalangua. Pero hasta hace muy poco tiempo, seguía mi ruta sin pensar en tan bendito pueblo, en que domina el silencio y la belleza. Algunos lo llaman El Fin del Mundo, porque al llegar a él,  uno descubre un cielo que da la felicidad, porque por arriba, desde las butacas de la Posada de Villaluanga, se contempla el Portillo de la Osqueta, y por los lados la Sierra de Santo Domingo, que está totalmente poblada de pinos y cagicos o robles. Por abajo se encuentra la partida de Fañanás, con toda su tierra convertida en huertos, regados por el río Asabón,  que corre por debajo del muro que sujeta la ladera, para sostener  las viviendas,   todas ellas  restauradas. La mayor parte de los huertos están yermos, porque no quedan hombres jóvenes que los cultiven, pero al mismo tiempo aquellos que se cultivan, son destruidos por  los jabalíes y una afirmación de un vecino de Villalangua,  dice que en España se va a pasar hambre, sin ganados de cabras que  combatan las malas hierbas y   porque no quedan agricultores.  Esas  malas hierbas, que brotan  como los artos, aliagas y rosales rústicos o “gabarderas”,  no son combatidas por los rebaños de cabras, cuya presencia, en años pasados los prohibieron. Yo conocía poco Villalangua, pero me interesaba bastante por Agüero,  Longás, Biel,  Luesia, Fuencalderas y San Miguel de Liso, donde a principios del siglo XX, rezaban el Credo , el Padre Nuestro y el Ave María en vasco y ahora dicen, que se conservan escritos de tales oraciones en la ermita. En Agüero, cuentan que en la iglesia de Santiago, todavía queda un escrito tallado en piedra, que está en vascuence.   Yo conocía un poco la comarca de Agüero, en uno de cuyos  mallos  había una cueva, en la que vivía una culebra monstruosa, a la que daba leche de sus cabras un pastor. Pero  a pesar de su bondad, la culebra mató a dicho pastor. Agüero, está casi en la provincia de Zaragoza, porque apartada de pueblos como Salinas de Jaca y Villalangua,  a pocos pasos  no dulces sino ásperos, se encuentra uno en Longás, Biel,Luesia, Fuencalderas y San Miguel de Liso, todos ellos de Zaragoza, en la Sierra de Santo Domingo.
 Desde el mirador, en que se encuentra la Posada de Villalangua, se  contempla,  con delicia, el Portillo de la Osqueta. ¡ Qué nombre éste de “Osca”, tan vasco-ibérico,que se le dió,no sólo al Portillo de la Osqueta ,sino también a la capital de la Montaña y de la Tierra Baja, con esa apertura en la Sierra, del Salto de Roldán, que dio paso, como si fuera la puerta que dejaba pasar desde la Monaña a la Tierra Baja, a los altoaragoneses. Allí creó el río Flumen el Salto de Roldán. Pero desde Villalangua, se contempla en  el Portillo, el paso por la Osqueta, de los habitantes de la Sierra de Santo Domingo. Habían pasado aproximadamente unos cien años desde que Sebastián Grasa, muerto hace hace unos tres o cuatro, me contaba su paso por la Osqueta, cuando iba de la paridera, donde se albergaban las oveja y cabras, hasta su pueblo, entonces Salinas de Jaca, el Viejo. Ya desde hace tantos años, andaban  los habitantes de la Sierra de Santo Domingo, preocupados por identificar a sus reses, a las que cortaban osquetas en sus orejas. Hacían en unas ovejas osqueta “pa adelante” en la oreja derecha  y otras osqueta “pa atrás en la oreja izquierda”. En Salinas  lo esperaba el párroco para adoctrinarlo con la doctrina cristiana, para prepararlo para recibir su primera comunión. Se murió Sebastián Grasa a los ciento y un años de edad en el pueblo de Siétamo, al que, con su familia había emigrado. Con Víctor Callau Casasús, nacido en Villalangua, entramos en conversación y  declaró ser sobrino de Sebastián  y me contó la actitud elegante de Sebastián, del que añadió que tenía su cabeza ”bien amueblada”. Yo, mirando aquel Portillo de la Osqueta, recordaba como  Sebastián Grasa me contaba que, en algunas ocasiones,  el paso por la Osqueta era terrible, sobre todo cuando el viento cierzo soplaba con tal intensidad, que les hacía caer sus cuerpos en el suelo. Víctor al oir tal relato,  lo confirmaba, con su cabeza tan bien amueblada como la de su tío, el día 20 de Julio de 2012, diciendo que en aquellas osquetas, cuando soplaba el cierzo, pasaba un aire fortísimo, que desplazaba la “zaborrilla de salagón”, igual que otras piedras menudas, por el camino, que como he dicho convertía los pasos dulces en ásperos. De la boca de Víctor salían explicaciones llenas de sentido común, porque decía que en aquella Osqueta, el aire corría encañonado. Hoy aquellas tierras tan duras y tan tiernas para los corazones de aquellos hombres están casi desiertas, desde Longás, Biel, el Portillo de la Osqueta, Salinas y  Agüero hasta penetrar en el Monte de Luna.
Contemplando el Portillo desde la Posada de Villalangua, creada por Isidoro Gil con su esposa Pilar, me acuerdo que Sebastián Grasa me contaba que tenía arrendada una pardina,  a la que Víctor la llama Pardina Ferrera.  Me contó Sebastián Grasa que un año de esos anteriores a la Guerra Civil, un día cuando ya las mieses estaban “segaderas”, una terrible tormenta le robó los resultados de un año de trabajo. De esta desgracia que yo conocí hace muchos años, Víctor me contó que el dueño de la Pardina Ferrera, era un individuo de casa Labarta de Salinas de Jaca y éste no le quiso perdonar ni un céntimo del arriendo, que en escasos minutos le apedreó la cosecha. Su hijo Antonio Grasa recuerda con un cariño inmenso a su padre y le sirve de ayuda para recordarlo el campo que todavía conserva en el Collado de Fuencalderas, que no puede vender, porque no queda gente en esta dura y hermosa tierra.
Es Villalangua un lugar que sirve de centro turístico de los Mallos de Riglos, el Castillo de Loarre, la Colegiata de Bolea y los pueblos, unos de la provincia de Huesca y otros de la Cinco Villas de Zaragoza. Me dice Isidoro que aquellos pueblos poco apreciados en nuestra tierra, son buscados y visitados por los extranjeros; por Vallalangua han pasado varias familias australianas, americanas, de Israel y del Norte de Europa.
Se va acercando la hora de comer y Víctor se levanta de su silla y se despide para que su señora no le pregunte que es lo que ha trabajado en el huerto. El ya lleva una prueba en sus manos, que consiste en una planta de acelga, que ha cosechado en  el huerto y acompañado de su querida esposa, seguramente se la cocinarán para cenar.


Ahí quedan en Villalangua, Víctor que con su esposa viven la cena de un hermoso país e Isidoro Gil, que con su esposa Pilar cocinan sus sabrosos platos en la Posada de Villalangua( como la taza que nos regaló de salmorejo), esperan que por Villalangua lleguen visitantes de todo el Mundo.

viernes, 20 de julio de 2012

GULIN-GULANGO (CLAROSCUROS)

Rio Guatizalema

Guatizalema te llaman,  río de zalamerías.  Si que fuiste zalamero con  los huertos que regabas, con los peces que nadaban por tu corriente límpida. Los niños se sumergían en tus remansos tranquilos. Preguntaban, preguntaban: ¿has visto un gulín-gulango que por el río va andando?. No he visto un gulín-gulango que por el río va andando, contestaban, si que he visto una sardina que se le cayó al pastor, que va flotando, flotando con su vientre  plateado, pero la burra “atera”y platera, torda rodada, ya no quiere beber agua, porque del pez le escama la plata de sus escamas plateadas. Cojo trébol trifoliado  y le pregunto:¿has visto un gulín-gulango que por el río va andando?. Gulín –Gulango subía, Gulín –Gulango bajaba. Si subía y si bajaba ¡quien sabe donde estará!. Buceaba un vagabundo por lo profundo del río, metía su mano ansiosa en los cados de los peces. ¡Pobre Antonio, pobre Antonio, no la podía sacar!. Ya casi se había ahogado, ya no podía aguantar. Por fin, soltando la anguila, ya está desembarazado y sale  a la superficie con la cara amoratada. ¿Has visto un gulín –gulango que por el río va andando?. Por las orillas del río, desde luego que no va. Pues si sube, a Nocito llegará, porque el trébol no me aclara si bajaba a las honduras o subía hacia el espejo que forma el agua en su cara. Voy a subir a Nocito,  a preguntarle a San Urbez: ¿has visto un gulin –gulango,  que por el río va andando?, y de paso haré lo mismo en Castejón de Arbaniés, en Arbaniés además y en Molinos de la Almunia y de Sipán. Nadie sabe dónde ha ido el pobre Gulín –gulango  que por el río va andando. Y en llegando hasta Nocito, le preguntó a su patrón:¿has visto un gulín –gulango que por el río va andando?. San Urbez entristecido me responde:¿ no estará ya en Barcelona?. ¡San Urbez, Santo bendito, no permitas que así sea!.

Gritos oigo por Bentué,  gritos oigo por Vadiello y hasta Sariñena y Sena, todos gritan a una voz. ¿quién ha visto un gulín –gulango que por el río va andando?.

Nunca supe lo que fuera el pobre gulín –gulango. Por si acaso miraré los libros de catalán, que tal vez me den respuesta.

¿No sería una autovía, que por los montes de los Altos Pirineos, subiría, para hacernos de nacionalidad europea?.

miércoles, 18 de julio de 2012

PASAR LA CANAL(CLAROSCUROS)


Cuando  uno no sabe algo que le preocupa, lo normal es que lo pregunte. Los de mi pueblo, cuando les ocurre, se dicen: ”Dixame preguntale-ne a Fulano” y van y “l’en preguntan”.
Este lío de la nacionalidad aragonesa yo no lo entendía y actuando como un vecino más de Siétamo, me dije: ”Déjame preguntale-ne” a Don Pedro Pablo Abarca, que es paisano mío. Me subí al coche y lo “enderecé” hacia San Juan de la Peña, dónde yace el Conde de Aranda, Barón de Siétamo y donde se comenzó a formar la nacionalidad aragonesa. En el camino, y esperando ansioso la contestación, voy haciendo consideraciones sobre el tema que me preocupa. Yo soy de nacionalidad española, porque soy español de nación, “nacencia  o nacimiento, pero la palabra nacionalidad se refiere también a la “condición y carácter peculiar” de cada uno de los pueblos que forman un Estado independiente. Esta tierra que veo desde el coche es aragonesa, pero no veo gente, no veo pueblo. ¡Tal vez sea un territorio o una reserva!. Estas zonas en Norteamérica, por lo menos albergan indios; a lo mejor aquí las reservas son para que cacen y pesquen nuestros vecinos.
Al pasar por un salto de agua, me acuerdo que también pueden utilizar el territorio para obtener energía, ya que en algunos de nuestros pueblos, como cerca de Jaca, casi no gastan luz. Estas “barucas” llenaban mi cabeza, cuando al llegar a Bernués, vi seis niños apoyados en una pared  en la que ponía: ”L’aragonés t’a escuela”. Me sentía más optimista y vi más claro el futuro. Al pasar por encima de Botaya, me acordé del pasado, haciendo memoria de una abuela mía,  allí nacida. Me quedé con las ganas de bajar, pero no lo hice porque me urgía la contestación a la pregunta que iba a plantear a mi paisano.
Llegué con respeto a su tumba, y le hice mi pegunta en castellano y en aragonés, pero no me contestó. Creí entender que me invitaba a leer sus ideas, que están plasmadas en algunos libros. Así lo he hecho y me he dado cuenta de que un español tan ilustre (general, embajador, presidente del Consejo de Castilla), no tiene embarazo  alguno de hablar de la nación aragonesa. Lo que es evidente  es la condición y el carácter peculiar de los distintos pueblos de España. Nosotros tenemos pudor de resaltar ese hecho diferencial, pero nuestros vecinos se nos han declarado diferentes. ¿Qué vamos a hacer?. Tenemos mucho en común y hay que fomentar más lo que nos une, que lo que nos separa, pero si ellos son nacionalidad, nosotros también.
Los que pasan La Canal no son sólo los de Ansó, la pasan también los chesos y la vuelven a pasar. Con esto quiero decir que si nuestros vecinos han pasado, constitucionalmente,  la Canal de la nacionalidad, nosotros tenemos historia, leyes,  arte, fablas y todo lo que haga falta para pasarla con la misma dignidad, pero teniendo en cuenta que nuestras leyes forales son más antiguas. Las nacionalidades, si ven a su lado territorios o regiones, las querrán incorporar y se convertirán en internacionalidades. En nuestra Montaña se ven nombres en lenguas extrañas, de hoteles, chalets y  telehuevos  y nosotros carecemos de éstos, para ponerles esos nombres en aragonés. Si un pueblo se llama Santolaria, lo rebautizamos con Santa Eulalia  y al mismo tiempo, donde los hispanos ponen “Alto”, nosotros ponemos “Stop”.  

domingo, 15 de julio de 2012

Francho Nagore.-

Francho Nagore Lain

Si t'os charro de toz os libros y triballos qu'a feito Francho Nagore, no tos l'ibaz a creyer y a mas como parixe muito más  choben do que en realidá ye, no podemos creyenos qu`aiga metíu  n`os diarios y en as revistas, tantas historias y pensadas. Belún de vusatros podeba izir, si sentise o que termino d`escrebir: ¡alá, vestené a contalené a otri, que no l’a vagau de fer ixo que izes en as añadas qu'en tiene!.

Beluns de vusatros ya lo iban veyíu atras vegatas, como Ana Mari d'os montañeses de Sieteno, que estudeaba en a Escuela de Turismo, que se troba n'o cobalto de Guesca, en o Seminario y d'a que ye o Direutor Francho Nagore.

Se clama Francho, nombre aragonés, parellano u millor que Francisco en castellano.

N'iste lugar de Sieteno, en yeba un Francho en casa, si no m'alcuerdo mal, de Casamayor y en Castejón viviba siño Francher u sea Francisquer; a suya muller, que agún bibe se clama Francheta, u sease, Francisqueta, que yera pariente mía.

Os altoaragoneses en imos de bergüeña de ficanos u ponenos os nuesos nombres tan politos y bonicos, pero Francho Nagore, que ye Doutor en Pilosofía y Filología, no en teneba ni mica de repelús de ficase ixe nombre de Francho.

Asinas nos ba a os altoaragoneses, que semos tresbatindo no sólo a fabla, sino antiparti, o Canfrán, a nazionalidá, d'a que fablaba un fillo de Sieteno, ye izir Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda y pa rematar de apañala, a nuesa población, que cuasi no en queda, escasamente l`ímporta d’ìxos vetuperios.

No lis cuaca a muitos ixo d'a Fabla, pero poqué a poquè, pero sentindo parlar catalán por a Telebisión, imos a veyer si apercazamos ixa fabla catalana.

Ascuitaz a Francho, que sape a sabelo, a beyer si empentando toz a una y no a falso compañero, plegamos a rebibir a fabla de os nuesos pays, agüelos y antiagüelos.

        

   Traducción del Artículo “Francho Nagore”.-
Si os dijera todos los libros y trabajos que escribió y creó Francho Nagore, no os lo podríais creer. Además como parece ser mucho más joven, de lo que lo es,  no nos podremos creer que haya introducido  en  periódicos y en revistas, tantas historias y pensamientos. Alguno de vosotros podría decir, si se diese cuenta de lo que acabo de escribir: ¡ala, cuéntaselo a otro, porque  con los años que tiene, no ha tenido tiempo de crear todo lo que dices!.

Algún ciudadano,  ya lo había conocido en otros tiempos anteriores, como por ejemplo, Ana Mari, hija de los montañeses de Siétamo, cuando estudiaba en la Escuela de Turismo, que se encuentra en la parte más alta de Huesca, en el antiguo  Seminario y del cual es Director Francho Nagore.

Su nombre es el aragonés Francho,  que equivale al del castellano, Francisco.

Yo recuerdo que en Siétamo, conocí en casa Casamayor a un vecino que se llamaba Francho. En el próximo pueblo de Castejón de Arbaniés vivía el señor Francher, diminutivo de Francho, como lo es Francisquer del castellano Francisco. Su señora, que por desgracia ya ha muerto de llamaba Francheta, diminutivo de Francisca. Eran pequeños de cuerpo, pero muy grandes de espíritu. Francheta era pariente mía, se apellidaba Almudévar y nació en la casa del  mismo nombre, de Barluenga. De dicha casa salió también mi antepasado que se casó con una pariente de los Azara de Barbuñales.

Los aragoneses tenemos, a veces, vergüenza de ponernos nombres aragoneses, que ya casi se han perdido, pero Francho Nagore Lain, que es Doctor en Filosofía y Filología, no ha tenido nunca ni siquiera un mínimo reparo, en ser conocido como Francho.

Así nos va a los aragoneses, que nos hemos dejado casi perdida nuestra “fabla”, hemos perdido el ferrocarril que iba a Francia, pasando por Canfranc, como también hemos perdido la nacionalidad de la que habla Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, que fue embajador , ministro y general del ejército de los españoles. Para acabar de arreglar la situación, casi se han despoblado comarcas enteras. Los pocos que quedan ya casi no se pueden acordar de la lucha de sus antepasados por Aragón y por España.

Cuando algunos aragoneses escuchan en la radio, programas en catalán, se preguntan : ¿cuándo escucharemos hablar alguna vez, en aragonés?.

Escuchad a Francho Nagore Lain, que es un gran sabio conocedor de como se habla en aragonés, y así llegaremos a escuchar historias y noticias    en “Fabla aragonenca”, de nuestros padres, abuelos y bisabuelos.