jueves, 30 de agosto de 2012

El regreso de Silano y el de tantos “Senders”


Cuando Edelmiro regresó a su pueblo, donde ya no le quedaban parientes, lo hizo sólo por una atracción nostálgica, pero sin ninguna intención de pasarles por las narices a sus paisanos, los triunfos económicos que había logrado. Como no tenía casa a la que acudir, se dirigió al bar del Casino, donde con ánimo de entablar conversación con sus viejos conocidos, los invitó a tomar unas copas. Más le hubiera valido no volver a su pueblo, pues alguien empezó a ironizar sobre sus antepasados; luego siguieron los insultos y no recuerdo si a última hora lo “mallaron” a palos, y digo no recuerdo, porque ya hace bastante tiempo que leí el relato de Sender, que trata sobre estos vituperios y que tituló “El regreso de Edelmiro”. Allí en el Casino pasaron una noche, negra de por sí, pero que estuvo a punto de convertirse en una muerte todavía más negra de Edelmiro. Llegó éste con los sentimientos más humanos que puede sentir el hombre ante el recuerdo de su niñez, con sus padres, sus amigos y el agua de la fuente (a la que tantas veces fue a buscar agua con su botijo), que le hacían sentirse hermano de los vecinos.  Al enterarse de la llegada de Edelmiro, se reunieron en el bar unos veinte vecinos,  a los que recordaba  y sentía como hermanos. Pero poco a poco se fue desmoronando el recuerdo de los  mutuos  días de infancia, porque algunos, sentían tal vez envidia de encontrar a aquel modesto  niño, convertido en un hombre próspero, con un pasado miserable, un comportamiento  reprobable con los míseros individuos, con los  que trataba en América. Alguno, influido por su borrachera que estaba satisfaciendo Edelmiro, le recordaba su pasado bastardo. Aquella borrachera, acabó con la agresión física al que antes sentían amigo y luego  enemigo. Este   ”enemigo” todavía hacía enormes esfuerzos para hacer justa la salvaje actitud de los aldeanos.  Pensaba Edelmiro:  “estos paisanos son buena gente, pero ignorantes y sin educación; esa falta de educación los hace torpes y lerdos” y “la pobreza les da mala leche”. Aquella sublevación de los hombres contra un comportamiento de convivencia con el pobre compañero que había prosperado, medio en serio, medio en broma, lo lanzaron al río desde el puente y estuvieron a punto de matarlo.

El mismo Sender, al recordar ese espectáculo, como los millones de ellos que se produjeron en la Guerra Civil, “califica de una deformación monstruosa de lo que escribí”. Se daba cuenta de que aquel espectáculo resultaba “ofensivo para mí,  para el público y especialmente para los campesinos de las aldeas aragonesas”.

El escritor describe todo lo que ve en este mundo y al mismo tiempo parece sentirse culpable de lo que estaba ocurriendo en este mundo injusto y se acuerda de los campesinos que tanto había amado en su niñez, en aquella España, que lo convertiría en un casi “eterno emigrante”.   

 Hay que excusar a Ramón J. Sender de que escribiera la Pasión de Edelmiro, porque ya dijo que aquellos antiguos compañeros eran analfabetos, sin educación y el alcohol les iluminaba sus oscuros cerebros. El mismo Sender se sintió en algún momento anarquista y luego comunista. El  no era analfabeto pero vivía los problemas de la humanidad y quería darles solución. Pero se equivocó, porque al acabar la Guerra Civil, en lugar de marcharse a Rusia, Paraíso de los Comunistas, se fue a México y a los pocos años, se subió a los Estados Unidos. Fue casi toda su vida un desterrado, aunque en este caso en un país capitalista. Se le marchó a su padre, que le daba trabajo en el periódico La Tierra, del que mi padre era socio. Todavía me queda alguna goma de borrar, que muchos años después de la Guerra Civil, un día trajo mi padre a casa, después de liquidar la empresa propietaria de La Tierra y que hacía muchos años que no funcionaba. Esas gomas no las he empleado nunca, pero me las miro como un recuerdo del “desterrado permanente”. Debí borrar la estancia de Sender en Huesca, luego en Zaragoza, más tarde en Madrid y después de borrar no con las gomas de la Imprenta La Tierra, sino con mi memoria. Fue llamado a la guerra de  Africa y tuvo que aguantar el sol de Aragón y después el marroquí, para después borrar su estancia en Marruecos.  Murió su esposa y llevó a sus hijos a Francia, donde se quedaron con algún espíritu caritativo, supongo que él mismo tendría que borrar el cariño de los hijos de su cuerpo y de su alma, porque yo no los borré con aquellas pobres gomas, con las que compensaron a mi padre por la pérdida de la  Imprenta La Tierra de Huesca. Yo creo que  ese abandono, pero yo lo ignoro, se debió de criticar más que del que escribió del comportamiento de los aldeanos, viejos paisanos de Sender en el Regreso de Edelmiro. Dicen que se casó otra vez  y al parecer abandonó a su familia, como abandonaba todo el mundo. Me parece que ya no me deben quedar gomas de la Imprenta de La Tierra. Aunque los Estados Unidos le debieron impresionar bastante, pues allí estuvo muchos años. Por lo visto se acordaba de unas ardillas que vio en Tauste y se encontró con otras en un parque americano. A pesar de su acercamiento al anarquismo y de su dramática experiencia con el comunismo, sintió el dolor de descubrir en él, una miseria  burocrática que le  axfisiaba y que le hizo detener su huida,  emigrando a Rusia. Por lo visto algo así les pasó a los líderes comunistas, después de la Guerra Mundial, en que aquellos poderosos líderes, hartos de dinero y de buena vida, deshicieron su doctrina en Rusia. Por lo visto en este mundo todo consiste en emigrar de   unas tierras a otras, de unas ideas a otras  y en muchos casos volver a los orígenes de uno, donde ya o no se acuerdan de ese uno o lo desprecian.

Yo también tuve que emigrar, cuando llegó la Guerra Civil, huyendo, acompañado por mis padres, mi abuela materna Agustina Lafarga, viuda de Zamora, de su hermana Rosa, de mi padre y de mi madre, además de mis otros cuatro hermanos y dos hermanas a Huesca capital de la provincia. De allí escapamos a Jaca y después de aguantar los bombardeos, subimos a Ansó, esperando subir a la frontera para pasar a Francia. Aquí también podía haber aprovechado para utilizar las gomas de borrar de la Imprenta La Tierra, pero no lo hice.

Cuando volvimos, al acabar la Guerra Civil, pasamos unos días entre las ruinas de la Iglesia, de las viviendas y de los pajares. Yo me entretenía con Rafael Bruis y con Antoñito del Herrero, en coger balines de ametralladora y de fusil y de registrar las casas tumbadas en el suelo, a ver si encontrábamos algún objeto que sirviera de recuerdo, pero sólo encontramos en una pared una vieja pistola, por lo visto de época anterior a las de dicha Guerra. Algunos habían muerto, pues en la Iglesia hay una lista en un mármol de treinta y siete vecinos de Siétamo,  fusilados por los rojos. Claro es que faltan otros tantos que fueron igualmente fusilados por los nacionales y no recordaron sus nombres en el mármol.  Pero fueron muchos más los muertos en aquella salvaje guerra, cuyos cuerpos yacían por el monte, sirviendo de alimento a los negros cuervos, como relata el difunto Don Jesús Vallés Almudévar, al que fusilaron a su madre y a su hermano en Fañanás. Al ser tomado por los republicanos y por los “rojos”, vino a Siétamo a ver las ruinas producidas por la aviación y por los cañonazos, que se oían desde Fañanás.

Muchos se alojaron en casas medio derribadas, otros ya no volvieron y muchos se marcharon. Yo me acuerdo de Silano, de Trullenque y de Gerásimo,  hijo del herrero que iba con grandes gafas y con un corazón todavía mayor. Silano se casó con una joven de Aniés y se fue a vivir a una Torre agrícola de L.érida. Volvieron alguna vez por Siétamo y Trullenque la noche de los santos Fabián y Sebastián, lo vi bailando emocionado y  pisando las  brasas de la hoguera que encendían en honor de tales santos. Me enteré de que se había muerto en un accidente de tractor

El amigo  Silano  del que yo escribo era uno de tantos, que amantes de su tierra, tuvieron que ir por el mundo a buscarse el sustento. Parece ser que encontró trabajo en el Servicio Nacional del Trigo, que se lo buscó Arnal de Castejón de Arbaniés.

Sender fue un desterrado permanente y conoció mejor que yo a los desterrados y a los que permanecieron en sus pueblos. Pero  a pesar de esa diferencia entre la experiencia de Sender y la mía, he entrado en un bar a uno de Siétamo que había emigrado del pueblo  y había venido para recordar sus orígenes, pagó los almuerzos de todos los comensales de la zona.

 Uno de ellos ironizó sobre el generoso comportamiento del que estaba lleno de felicidad, por estar visitando el pueblo en el que tanto había trabajado. Y se puso a presumir de  que ya iban a ser varias las ocasiones en que no había tenido que pagar sus almuerzos. Todos se reían, pero si el que había pagado, no se hubiera marchado, tal vez se hubiese creado un clima desagradable. En esa ocasión se hubiera convertido en una incomprensión hacia aquellos que regresan, como se creó cuando fue Edelmiro el que regresó a su pueblo.

Sender ya recomendaba que nadie debe regresar al lugar del que  salió y menos, si de donde vuelve es de un exilio. Sender tuvo uno de los exilios más prolongados en la historia moderna. Estuvo muy joven en Marruecos, donde recibía los rayos del sol igual que los de su tierra aragonesa. Pero más tarde sus simpatías anarquistas y su aproximación al comunismo, lo convirtieron no en un desterrado por el sol,  sino por la UTOPIA, que lo hacía acercarse con más vulgaridad a los mundos irreales, más que al sol aragonés y moruno, que  todavía sigue lanzando sus rayos solares. Después de este exilio comunista, llegó el exilio americano, que Sender después de ser amigo del anarquismo y  de creencias comunistas, vivió un exilio de unos cuarenta años en un País Capitalista, al que tanto había criticado.

Le acusaron de ser un pobre filísofo, pero pocos tienen la huella tan clara del interés por lo esencial, como el viaje en el cometa de aquel muchacho de Monte Odina y es curioso ver como le preocupa lo existencial, su sensibilidad y su inquietud por los pensamientos religiosos. Dice en un artículo sobre Sender que su obra es un  enredo y está intentando resolverlo con un hilo que le sacará la verdad.

Si la vida es un lío, porque desde siempre ha emigrado el hombre y hoy en día ¡cuántos  jóvenes con carrera están marchándose de España!. ¡Ustedes que opinan ,que vuelvan o que no lo hagan!. Total volver para ser recibido como Edelmiro en su pueblo y como Silano, Trulenque y Gerásimo, no se sabe si merece la pena.

miércoles, 29 de agosto de 2012

La sequía por falta de lluvia y de hombres


 
Cuando estos días del mes de Agosto, circula uno por las carreteras del Somontano o de la Tierra Baja, se da cuenta de como el monte está agostado. Si  inconscientemente, algún conductor, echa por la ventanilla de su coche, alguna colilla, se abrasa una gran extensión de hectáreas. A veces, alguna boira o niebla impide divisar el horizonte; la depresión hace que la niebla se extienda por el horizonte y no pueda subir a lo alto del cielo. A veces se une a esta niebla la “gallinaza”, que reparte por la tierra algún granjero, -y  el mal “orache” o  ambiente “fosco”, que infunde melancolía. Esa niebla lejana que se divisa, puede deberse a un rastrojo, que está ardiendo, pero a veces está formada por el polvo, que levanta  el ganado, con su paso por aquellas tierras secas. Aquel rebaño está formado por ovejas,  que buscan el agua para beber, como si estuviéramos en el Sahel o en California, como se ve en las películas del Oeste. A veces dice la prensa que son los Monegros, los que hacen caminar a los rebaños, muchos kilómetros, para que puedan beber.

Se oye a veces un refrán, que dice: El cierzo y la contribución,  tienen perdido a Aragón. Con estas escasas palabras se definen las desgracias de nuestra Región. El cierzo incrementa la sequía y  los granizos y las tormentas, acompañados de otras calamidades atmosféricas, hacen difícil el cultivo de la tierra. Menos mal que Piedrafita de Velillas, allá arriba frente a Puendeluna, a orillas del río el Gallego, ha colocado unas mallas de plástico sobre los manzanos, para que el pedrisco no dañe sus frutas. La contribución se refiere a los pagos de los regadíos de  aspersión, que se han hecho obligatorios en algunos casos y que son necesarios,  por falta de hombres; se refiere también  a los precios de algunas  maquinarias agrícolas modernas y a las promesas incumplidas, como la ejecución de los regadíos del monte de Siétamo por el Guatizalema. Le pasará al gobierno como a aquel propietario, que por ahorrar, quería acostumbrar a su burro a no comer. Cuando  consiguió convertirlo en un animal penitente,  se murió el burro de hambre. Así le puede pasar al gobierno con sus súbditos, es decir que los ciudadanos, carezcan de alimentos. Cuando se quiera dar cuenta de la necesidad de los alimentos, ya no quedarán agricultores. Los locales de comercio en las ciudades, están siendo comprados por los chinos y ahora dicen que también van a comprar tierra cultivable y así como peseta que entra en sus manos, va a parar a la China, los productos agrícolas que cosechen, irán a parar al Imperio Oriental.

 En cierta ocasión escribí este soneto en Fabla Aragonesa, que dice así:

“As rayadas d´o sol as yerbas secan-T’as tierras d’Aragón plegué l’estíu,- Carrascals y patrals,¡to ye sulsíu!.-N’a balsa bueda, as reses esbelecan,-N’a sete omes y animals s`embrecan,- To lo mon ye un disforme otilíu.-¿Cuántos de diyas en fa que no a plevíu?-As reses ni una brenca ya replegan.- O mal orache ye enemigo eterno-d’o labrador, y a chen clama ta o cielo.-Pero a isto s´achunta un mal moderno:-Os oficials se tornan como o chelo-y no comprende a lo Campo , lo gobierno,-Viendrá l’augua?: ¡ ya imos a veyelo!.

Los rayos del sol la hierba secan-A las tierras de Aragón llegó el verano- Carrascas y robles,¡ todo está seco!- En la balsa vacía, las reses braman- Todo el monte es un deforme verano-¿Cuántos días hace que no ha llovido?- Las reses ni una pequeña rama se han comido-el mal tiempo es enemigo eterno - del labrador, y la gente clama al cielo.-Pero a esto se une un mal moderno: los oficinistas se tornan como el hielo- Y no proceden al cambio, los gobiernos-¿Llegará el agua?: ya lo veremos.

Mucha gente pretende resolver los problemas agrarios y se sirven de sus cargos, para subir en su carrera política. Lo peor es que todos opinen del campo, menos los labradores, que ya son casi una casta de viejos.

lunes, 27 de agosto de 2012

El ballet de los caballos



Ay, cuanto de dolor- está presente- al infante valiente,-a hombres y caballos-juntamente.      

En las Fiestas de San Lorenzo,  en la ciudad de Huesca, se han convertido en clásicas las carreras hípicas. Para mí,  éste es el mejor de los espectáculos deportivos, que tenemos la oportunidad de ver. Sí, y por muchas razones. No hay caballero sin caballo, pues apenas se apea el jinete o es descabalgado por el noble bruto, se torna de jinete en peatón. ¡Qué simbiosis hacen el caballero y el caballo!. Incluso la Mitología la ha consagrado, creando la figura del centauro. Los aztecas mejicanos creían que los jinetes españoles tenían una única personalidad con el caballo. La compenetración entre dos seres vivos distintos,  a saber caballo y caballero, para mí constituye una amistad muchas veces superior a la que existe entre dos personas. ¡Cómo se unen los dos para tratar de defenderse de los  embites o embates córneos del toro bravo de astas afiladas. Estamos contemplando una posible tragedia; de todas formas, tragedia real porque es necesario que de su lucha muera uno .Pero,  en tanto se produce o no, estamos ante el espectáculo de un ballet de una elegancia difícilmente superable. Hasta el caballo muestra  una presunción, con la que parece mostrar esa elegancia  y coquetería difícilmente superable. Muestra su elegancia arqueando su cuello y su cola y su coquetería, mostrando sus crines trenzadas. Jamás una máquina podrá superar a un caballo Sería bonito que la gente poseyera caballos, pero si no por los clubs hípicos, sería algo imposible en este mundo moderno. En los edificios habitables por el hombre, no se hacen cuadras con sus pesebres, sino garajes. A los caballos es preciso  darles de comer todos los días, con piensos que son un problema  y que además son caros. Pero esto no supone el triunfo final de los automóviles, porque aunque se construyen garajes, no se levantan los necesarios, pues los automóviles ocupan todos los puestos libres de la calle y a veces tienen graves problemas para aparcar. No se construyen los garajes necesarios, pues ocupan todos los lugares libres. Así como los caballos beben agua, los coches beben gasolina, bebida cara por ser cada día más escasa y según dicen, se encarecerá más y se acabará. El estiércol o fiemo de los coches, les sale por el tubo de escape, en forma de óxido de carbono, etc. Y contamina la atmósfera de las ciudades, donde llegará el día en que no pueda vivirse en ellas. De todas formas la batalla la han ganado las máquinas, que han hecho casi imposible la convivencia de los hombres con los animales. Porque, tristemente en esta guerra estamos perdiendo los hombres, que nos estamos masificando y estamos gobernados por reflejos, ante las mismas situaciones, que van, poco a poco, convirtiéndonos en maquinas-robots. Si desaparecen nuestros compañeros cósmicos, los caballos, ya podemos poner nuestras barbas a remojar.

Por eso, yo estimulo a los jóvenes que vayan a contemplar ese espectáculo, que representa una vuelta al pasado, en que todavía era posible la convivencia, sí, de ¡hombres y caballos juntamente!.

domingo, 26 de agosto de 2012

Manolo Broceño, observador de las aves, en Arbaniés



Yo conocí a este naturalista en el Bar de la Arboleda de Siétamo. Vive en Arbaniés y cada día, baja a desayunar a la Arboleda. Es un hombre de una gran discreción y no me había dicho nunca que amaba a las aves, con las que gozaba de su belleza, de su agilidad, de su canto, de sus vuelos, de sus nidos y de su labor sanitaria, cuando con sus fuertes picos, eliminan los cadáveres, en la Sierra de Guara. Porque no me contó él, su labor en el serrano pueblo de Santa Cilia de Panzano, sino uno de los que se toman un café, en La Arboleda. Me dijo que había contemplado la labor de Manuel Broceño, colaborando con los encargados de dar de comer a los buitres, que acuden a una ladera de suelo pétreo, que se encuentra debajo del pueblo medieval de Arraro con su Virgen, y cerca del pueblo de Santa Cilia de Panzano. En dicho pueblo se encuentra el Museo Naturalista, que se admira con la Casa de los Buitres. El que quiere vivir esas vidas de las aves carroñeras, entre las que se encuentran los buitres leonados, los negros, e incluso los quebranta huesos, no tiene mas que ir a visitar ese Museo Naturalista. Entre los meses de Marzo y de Septiembre vuelan los alimoches, aves en que domina el color blanco de su plumaje. Vienen del Africa, volando sobre el Sahara y aquí yo los veo, cada año sobre el término de Valderrey, encima de la ruinosa Fabrica de Harinas. Si algún científico o simplemente aficionado desea subir a tal Museo Viviente, tiene una casa, donde yo he merendado, llamada Casa de Clavería. Allí  Manolo Broceño se mueve al servicio de las aves, aportándoles carnes con un carretillo y distribuyéndola por aquella gran losa pétrea. La ley protege a todas las aves rapaces, pero son los individuos como Manolo,  los que realmente las protegen, porque se lanzan a alimentarlas.

Nació nuestro naturalista en el interior de la provincia de Alicante y ahora vive en el pueblo de Arbaniés, al pie de la Sierra de Guara, que separa los Altos Pirineos de la Tierra Baja. A él, le llama dicha Sierra y va a visitarla, buscando en las alturas acercarse a otras más altas de allá arriba, y desde ellas, contemplar el Somontano y la Tierra Baja. Es de profesión Radio Técnico y al emitir y mandar los sonidos al espacio, por medio de la radio, le llamaban la atención los sonidos que en sus vuelos, lanzaban las aves. Vino a Arbaniés hará unos doce años a regir una Casa de Turismo Rural, al pie de la Sierra, desde donde puede contemplar y caminar por aquellos montes en busca del placer que en la Naturaleza, producen las aves. Va, como hemos visto desde Santa Cilia de Panzano,  con su Museo de los Buitres, por el pantano de Vadiello, donde se acumulan las aguas del río Guatizalema y en sus proximidades la Ermita de los santos Cosme y Damián, donde estuvo de capellán, hace ya muchos años un tío de mi abuelo don Ignacio Zamora Blasco, después de la Desamortización de Mendizabal. En el pueblo de Chibluco, también ha contemplado las comidas de los buitres. En aquellos “mallos” de piedra del Pantano de Vadiello, se posan los buitres y en las alturas y en las orillas del pantano proliferan las cabras. Siguiendo por el Gratal, se divisan el pantano de Arguis por arriba y el de la Sotonera por debajo.

En un cuaderno de fotografías, realizado por Manuel Brocero, titulado Aves de Guara-1, he visto en la tapa del block, una fotografía magnífica de la  Osca, apertura o puerta,  entre la Peña de Sem y la de Men,  por la que entra el río Flumen, de los Pirineos en la Tierra Baja. Por esa “Osca” o apertura entró también San Urbez, desde la Montaña en el pueblo de Ola. Por esas rocas de las dos Peñas, anidan las palomas zuritas, pero al mismo tiempo, en alguna ocasión se dejan ver pájaros más o menos cantores, vestidos de colores hermosos en sus plumajes. A esta Osca la llaman el Salto de Roldán, porque el guerrero de Calomagno, en lugar de pasar por abajo, es decir por el río Flumen, saltó desde arriba con su caballo.

  Manolo se fija o más bien, son las aves, que desde las alturas, llaman su atención. Son los buitres comunes y a veces los leonados los que más aparecen, inspeccionado cadáveres desde lo alto. Pero aparecen también otras figuras, como la del águila perdicera, la del águila real, a veces el milano real y en la temporada de  Marzo a Septiembre vuelan los almizcles, que vienen desde Africa en un vuelo que pasa por encima del Sahara, para llegar a España.  Pero no sólo vigilan el ambiente esas fuertes aves de rapiña, sino que en el cuaderno- libro de Manolo, figuran hermosas aves, que retrató Manolo, como el picapinos, la tarabilla común, el pardillo, el mirlo, el zarzal, el herrerillo común, la lavandera blanca, etc. Manolo recorre desde Guara, con su Salto de Roldán hasta Piracés, donde hizo fotografías de columnas de roca erosionadas por los siglos.

Muchas veces, se encuentra aves en los montes de la Sierra, pero él sabe los lugares, donde encontrará alguna especie determinada. Por ejemplo en el Roquedo de Guara ha localizado el buitre negro, el quebrantahuesos, el alimoche y la lechuza  y sus semejantes,  el autillo y el mochuelo. Mira por los pantanos, por el Somontano y por la estepa, donde fotografía el sisón, la ortega y la ganga ibérica. No se olvida de los humedales, como el pantano de la Sotonera, donde reinan las grullas. No se olvida de la Laguna de Sariñena, al Sur de la Tierra Baja, pero no necesita ir tan lejos, porque en la misma capital de Huesca se encuentra la balsa de Valdabra y al lado de la monumental ermita de Loreto, donde nació San Lorenzo, proliferan numerosos y bellos patos y parientes de esas aves nadadoras y volanderas.

Yo sólo he visto un ejemplar de sus cuadernos, pero tengo entendido que tiene preparados una multitud. 

Pero Manolo no sólo ha corrido el Sur de la Sierra de Guara, sino que ha viajado hasta Nocito, montado a caballo y acompañando a numerosos franceses, que lo adoraban por el conocimiento que demostraba sobre la Ornitología o tratado de la vida de las aves. A aquellos franceses les llamó la atención el nombre de Arbaniés, de origen vasco, pues en la Gironda francesa existe el pueblo de Arbanats. A los dichos franceses les llama la atención ese nombre,  pero en las Cinco Villas aragonesas existe el pueblo de Arba de Luesia y en Navarra el de Arbuniés. En la casa en que vivió el poeta y panadero, Paco San Román, se ve sobre el portal, un hermoso lauburu, frecuente en Navarra y en Aragón.

No es extraño que los franceses se fijaran en Manolo, pues con su esposa, desde su casa llamada de Oliván,   mandaron una fotografía de un quebrantahuesos, volando sobre Arbaniés. También llamó la atención de los ornitólogos sobre el ascenso de las Grullas desde el Sur hacia el Norte, donde hacen sus crías, No es,  por tanto extraño que un grupo de franceses se pusieran a las órdenes de Manolo Broceño, para cabalgar por las duras sendas pirenaicas, por los espectaculares Cañones de Guara de dos mil setenta y siete metros de altura. Viajaron por una de las regiones de España para la observación del cielo, de la tierra y de las aves, que los unen. Desde aquellas crestas del Pirineo se observan desde los Pirineos hasta las estepas del Valle del Ebro. Fueron por el casi despoblado Valle de Nocito, al pie del afamado monte del Tozal de Guara, hasta la ermita de San Urbez, nacido en Francia. Al volver bajaron  por el Sur del Flanco de Guara, por el límite  entre sierras y viendo por abajo las estepas. Pasaron por el viejo Monasterio de San Cosme y San Damián. Después de cabalgar durante unos seis o siete días, llegaron a casa Oliván de Arbaniés.

Cuando subo por Arbaniés, a veces no veo a nadie, pero allí nació el jotero que más mueve los corazones en Aragón y que este año, en las Fiestas de la Asunción, dentro de la iglesia parroquial  hizo llorar a los hijos de Arbaniés. En la casa del lauburu,vivió un gran poeta de una sensibilidad extraordinaria, al que he nombrado como Paco San Román. Hace muy poco tiempo se murió Cano, un hombre sencillo,  que muchos años de su vida dedicó a pastorear rebaños de ovejas y de cabras, que siempre se preocupó de que las Fiestas de la Asunción, para que se celebraran exactamente en sus días naturales, sin ser influida la fecha de su celebración,  por las Fiestas de San Lorenzo de Huesca. 

En casa Oliván de Arbaniés vive don Manuel Broceño Torres acompañado por su esposa, que unidos cultivan su amor a la Naturaleza, por medio de las aves, que vuelan por esta espectacular zona del Alto Aragón.

viernes, 24 de agosto de 2012

La culebra y los gorriones.-(1965)




Se leen en los libros cosas que parecen mentira, pero que no lo son. Muchas veces pasamos por la vida sin observar hechos reales y si nos fijáramos más en ellos tomaríamos ejemplo para actuar en nuestro medio ambiente con más sofisticación.

Circulaba en moto por la carretera de Almudévar y observé que en los cables del telégrafo, una multitud de gorriones, que en ellos estaban posados, armaban una gran algarabía al mismo tiempo que agitaban las alas y miraban hacia abajo. Paré, quedé inmóvil y dirigí la vista hacia el mismo lugar al que miraban los pájaros y contemplé lo que tantas veces me habían contado y había leído: una culebra alzando la cabeza y el cuello sobre el resto de su largo cuerpo enroscado, formando una base circular, estaba hipnotizando a un gorrión; éste se mantenía  a escasa altura sobre la serpiente, agitaba sus alas sin desplazarse ,haciendo lo que no había visto hacer mas que a las aves de rapiña, cuando se van a lanzar sobre su presa. En este caso esa inmovilidad en el espacio no era para cazar, sino para ser cazado. Los pájaros que posaban sobre los cables, trataban por medio de sus cantos desesperados de sacar a su compañero de la hipnosis a que lo tenía sometido la culebra.  No lo lograban porque el pajarico  cada vez,   poco a poco, se encontraba más cerca de las fauces del reptil. Parecían desesperados, al ver que su solidaridad no iba  a servir para nada. Era la misma angustia  del que ve como van a chocar dos trenes, que se da cuenta de que van a morir otras personas y se encuentra impotente  para evitarlo.

Yo pude evitar que se consumara la tragedia  pajaril, lanzando una piedra cerca de la serpiente que huyó a esconderse liberando al gorrión de su mirada penetrante, que pudo ir a reunirse con sus congéneres.

Esta situación me recuerda la de los espectadores de una corrida de toros, que gritan alborotados, para avisar al peón despistado de que le va a acometer el toro por la espalda. Otra muestra de solidaridad es la de aquel que en la carretera, te lanza una ráfaga de luz, para avisarte, por ejemplo en casos de niebla, de que la llevas apagada.

Más mérito tienen aquellos donantes de sangre que siempre están dispuestos a salvar la vida de otros hombres.

Pero toda la sociedad debería volcar su solidaridad para salvar a la juventud, cuyos miembros  como inocentes pájaros son hipnotizados por la serpiente de múltiples cabezas, que trata de inocularles la drogadicción en sus diversas variedades.

A una María José



He escrutado en tus profundos ojos, enmarcados por un rostro de belleza, que no sé, si es clásica o hebrea y he quedado atónito ante el espectáculo. Pero has hecho volar en mi cerebro las ideas, que cual locas alondras suben y bajan, me encantan y preocupan. En ti reside el eterno femenino, pero no el femenino de la mujer antigua, que se somete cual esclava al rigor de los hombres tiránicos y egoístas. En ti hay amor, hay ese amor que Dios puso en el hombre, no sólo en el varón, sino que engloba a la especie que llamamos “homo sapiens”.

Tu eres María y eres José y para mí, estás representando las virtudes humanas; como María englobas la dulzura y la belleza, pero de un modo esporádico surge de tu  interior la respuesta a un  agresor verbal, al que demueles con tu verbo, con tu mirada airada y creas, en tu entorno, un clima de serena calma, de paz, de autoridad y de dulzura simultáneas.

María y José, la luna y el sol, la sombra y la luz, ¡qué profunda huella has dejado en mí ,María José!

jueves, 23 de agosto de 2012

Aún nos quedan las ranas




No sé que tiene la rana, tan verde tan simpática, que cantando su cu-cú a las orillas del agua, hacía que el caballero con su capa y su sombrero, se descubriera ante ella. También se enfadó la rana, cuando pasó una señora, que iba comiendo “esquerola”; cuando le pidió una hoja, no la quiso dar; la cogió del moño y  la  echó a rodar.

La llaman “grenouille” en Francia y en nuestras tierras oscenses la llamamos la “grenota”. En Ayerbe, no hace mucho, jugaban a la “grenota”; era una rana de hierro, de hierro de fundición y la pintaban de verde, dejando abierta su boca por la que echaban distantes, unos discos metálicos, que a fuerza de entrar en ella, le despintaban el rojo de sus fauces y su lengua.

Las ancas de nuestras ranas son un plato muy sabroso y prestan su agilidad a los músculos humanos y hay quien dice, por aquello de que  “a veces las ranas se vuelven peces”, son útiles al hombre político, para sus metamorfosis.

No conozco de este anfibio propiedades curativas, basadas en sus órganos, ni glándulas endocrinas, pero es notorio a las gentes que influye  en la curación de golpes, roces y heridas, que se producen los niños. Invocaban a la rana, aquellas viejas de antes, cuando los niños lloraban, aquejados por sus males, con esa copla sencilla que a todos enamoraba: ”Cura, cura, mal de rana, si no te curas hoy, te curarás mañana”. El mal seguía su curso, esperando ese mañana, pero los lloros cesaban como por arte de magia.

¡”Siña” Concha, ”siña” Concha, cuantas veces me cantaste esta coplilla, que reza: ”cura, cura, mal de rana!. Ha llegado ese mañana, un mañana muy lejano y aún me acuerdo de tu canto, y me sirve de consuelo y me ayuda a curar otras heridas, que no se dan en la piel, sino más bien en el alma.

Las pobres ranas se acaban,  las que en las balsas saltaban, las que en el río croaban, amantes de los pobres renacuajos, “los cabezudos del agua”.

El sapo canta el cro-cró y la rana su cucú. El sapo, más egoísta, está cantando ese cro, que es como un yo monótono, pero la rana amorosa, siempre está diciendo tú.

Cuando llegue la calor, acude al oscurecer, bajo los cielos nocturnos, tachonados por estrellas, a escuchar en el ranero de juncos y de espadañas, el cu-cú, cu-cú de miles de verdes ranas, que es como un himno sencillo, que le canta a la esperanza.

miércoles, 22 de agosto de 2012

TANTO MONTA , MONTA TANTO




Estaban dos chicos jóvenes al borde de la acera y a su altura han parado su coche dos jóvenes mujeres. Entre las risas de unas y entre las bromas de los otros, preguntaron la dirección para subir a Jaca y observé que colgada detrás del parabrisas, bailaba salazmente una cuca, como la Cuca Roya que se yergue allá  en la Sierra de Guara. Dieron explicaciones los muchachos, pero no entraron en cuestiones fálicas, porque en medio del falo habían hecho un nudo. Era ese nudo, tal vez, una advertencia a los violadores, un "quereba y no quereba", como cuenta el romance que le pasaba a Marichuana.

Hay acoso sexual a las mujeres por parte de los hombres y ese falo colgante tras el parabrisas,¿no es un acoso a ciertos hombres, atenuado tal vez por ese nudo, o, más provocativo todavía para los que se sienten grandes machos?.

La educación sexual no se ha impartido adecuadamente, pero tampoco nos hemos preocupado del asunto. Para la convivencia y libertad actuales es esa educación completamente necesaria y no sólo ahora, pues ya los viejos pregonaban que el problema de la "yacencia" no tiene enmienda. También cuando alguno, por descuido, llevava la bragueta descubierta, le decían:"La sacristía abierta y el sacristán en la puerta".Otros llamaban a ese sacristán la "escolaneta", y algunos le daban otro nombre que se canta en una jota, muchas veces escuchada y que así reza:"Cuando era chiquitito- me meaba en la cocina- y mi madre me decía:- te cortaré la minina".

Sigo insistiendo en la educación porque como todos los hombres saben y muchas mujeres también, ese sacristán es un malmandado, porque cuando se abre la puerta de la sacristía, ya está  fuera y no siempre para celebrar el rito ordinario, sino si puede, el extraordinario.

Estas cosas las dice el pueblo, pero hombres de la categoría de Alberto Moravia, casado ahora con una tudelana, las confirma con un humor insuperable. Al, o, a lo que nosotros llamamos sacristán, lo bautiza él con el nombre de Carolus Rex, que es, por cierto, un rey totalitario, inoportuno, molesto y comprometedor. Así como los psiquiatras  hablan de la doble personalidad del esquizofrénico, Moravia habla de la dualidad conflictiva del varón, que tiene su discreción, su autocontrol en la cabeza, pero se ve gobernado o dictado por ese Carolus Rex tan sinvergüenza, que cuando se pone excitado no cree ni en el Señor. Moravia inventó la palabra del dictador Carolus Rex, pero el pueblo ya sabía que había un dictador, que gobernaba la escolaneta o la flauta, pues todos nosotros hemos escuchado cantar aquello, que dice así:"Bartolo tenía una flauta con un agujerito sólo y su padre le decía: toca la flauta Bartolo".El dictador se queda con el nombre de padre en este caso, pero con Moravia tomaba el nombre de Rey,  con mayúscula.

¡Pobre futbolista Alexanco!,mira que acusarlo de violador...Si es verdad que las rubias descendientes de las exuberantes mujeres de Rubens se introducían en las habitaciones de los futbolistas cuando se estaban duchando, no me digan que no existe el acoso sexual femenino. El sacristán estaba no con la puerta abierta, sino sin puerta y si además ese sacristán es también el dictador Carolus Rex, pónganse la mano en el pecho y digan lo que hubieran hecho. A no ser que hubieran obrado como Santo Tomás, en caso semejante, es decir lanzándole a la mujer una tea encendida o actualmente el calentador de butano o la lámpara de la habitación. Claro que tal vez, los hubieran conducido a la comisaría.

Si añadimos a estas circunstancias que se trataba de un futbolista español, acostumbrado a aprovechar las opurtunidades de meter goles, llevado por su furia nacional, lo comprenderemos mejor. Al ser declarado inocente todos nos hemos alegrado, porque dicen que si ella se lo montó, que fue un montaje.

A propósito de montajes, hagamos un juicio salomónico, acordándonos del  "Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando", y saquemos la conclusión de que cada uno hizo lo que pudo, aclarando que si   Alexanco salió mal, peor salió Fernando con su reino aragonés, del que salieron más "fornicados".

A la robusta moza rubeniana, si hubieran echado el cerrojo de la ducha, como suele hacer la Real Sociedad con la portería, "pa" días le meten gol.

martes, 21 de agosto de 2012

A partir de este momento eres el médico del Batallón

Hospital de Campaña (Siétamo)

Hace escasos días, vino a mi casa de Siétamo, don Juan Atenza Fernández, con el fin de que le proporcionara datos de su difunto padre, que en los años de la Guerra Civil, sirvió de Practicante a los componentes del Ejército Republicano y a los  de las Brigadas Internacionales. Venía de Talavera de la Reina, allá en la provincia de Toledo, donde Juan Atienza se acordaba de aquellos sangrientos años de la Guerra Civil. De tan lejanas tierras, iba recorriendo aquellas por  las que su padre Giné Atenza Vázquez, Practicante, recorrió tratando de curar las enfermedades y las heridas producidas por la Guerra Civil en aquellas personas arrastradas por los idearios de los políticos. Unos, en los combates, fueron heridos y otros muertos, sin posibilidad de ser curados, y  otros hombres, mujeres jóvenes y mayores, que plantados en el lugar donde habrían de ser enterrados, desde luego muy superficialmente,   fueron el objetivo de los tiros del fusil, que contra ellos  disparaban. La inyección de las balas en sus cuerpos no eran las mismas que Juan Atenza inoculaba en los cuerpos, que eran destinados para seguir viviendo en la Sociedad. En la Guerra, en Teruel murió objeto de la lucha, mi primo Narbona Almudévar, otros dos primos míos de casa Vallés Almudévar de Fañanás, y   su madre  Encarnación Almudévar, que ya viuda, fue sacada a la carretera de Bespén junto con un hijo de unos dieciséis años, y fusilados.  En la parroquia de Siétamo, están gravados los nombres de treinta y siete fusilados por los “rojos”, pues es difícil creer que hombres republicanos y demócratas, quisieran  hacerlo. Pero también es difícil olvidar el recuerdo que los triunfantes de la Guerra, que cometieron con la vida de otros, también treinta y tantos, a los que también fusilaron. En la Guerra dominaba el odio, pero después de la Guerra, debió triunfar el amor. 

Juan Atienza Fernández no podía soportar estas situaciones crueles y salvajes y se consolaba, tratando de devolver la salud a aquellos que le traían a su presencia. Juan pertenecía al Ejército Republicano, del cual,  una compañía estaba acampada en  la sombra de los árboles del  río Guatizalema, pero no eran ellos solos los que tenían que combatir, sino que también debían hacerlo los miembros de unos catorce Sindicatos Internacionales. Al frente del Ejército estaba el Coronel  Villalba, con sede en Barbastro y al frente del Sindicato de la UGT, estaba Durruti, que por escaso tiempo, puso su oficina en mi casa de Siétamo. Un comisario de los “rojos”, como llamaban a los comunistas, anarquistas y demás sindicatos, fue  a ver al capitán del Ejército Republicano, diciéndole que porque no atacaban al pueblo de Siétamo,  para conquistarlo y le contestó que tenían que esperar a recibir órdenes de sus superiores. El comisario marchó indignado, por la indisciplina de un militar, ante su Sindicato, cuando sus miembros   no admitían la disciplina militar y no querían que los oficiales fueran tratados como jefes. ¿Quien gobernaría el País, cuando los sindicatos alcanzaran el Poder?. Ya se planteaban problemas de este estilo, cuando a Orwell, que fue herido en Monflorite, es para mí opinión seguro de que pasaría por las manos de Juan Atienza Fernández. De Monflorite lo trajeron a unas naves de madera, que habían levantado para acoger a los heridos en el frente. Orwell pasó por dicha primitiva clínica, donde  Juan era el practicante de aquel frente. De Siétamo fue conducido a Barcelona. Hemos visto la rivalidad que había entre los miembros del Ejército Republicano y los milicianos de Durruti, pero no eran esas las únicas rivalidades entre unos y otros, porque cuando salió del Hospital de Tarragona, se vio amenazado por los comunistas   por pertenecer a la UGT y tuvo que abandonar España, para evitar su fusilamiento. Más tarde  hemos visto como el Comunismo ha perdido el Poder en la Unión Soviética, porque sus Jefes, se dieron cuenta de que no podían someter al pueblo a la miseria,  mientras ellos estaban cada vez más ricos. Entonces, ¿por qué hicieron morir y sufrir al pueblo, durante tantos años, llevando la lucha entre los miembros del  pueblo, a todos los países de la Humanidad?.  

Giné  Atenza, el padre de Juan, seguía las directrices de su conciencia y sufría por ver como iban los sublevados ganando la Guerra Civil , poco a poco, porque,  ¿en qué situación se encontraría, al acabar la lucha?. Juan se acordaba de su padre y de los trabajos que realizó y de los apuros que tuvo que pasar y yo me acuerdo siempre de las víctimas de la lucha, de la ruina que se apoderó de todo Siétamo y de cuando con Rafael de Bruis y Antoñito del herrero, recogíamos por el suelo los abundantes balines de fusil, que se dispararon en aquellos días tan crueles. Mi primo Jesús Vallés Almudévar, me regaló un libro escrito por él, en que cuenta como, cuando tomaron mi pueblo los rojos, después de soportar el fusilamiento de su madre y escuchar las explosiones de las bombas de artillería y de la aviación,  quería con sus casi infantiles años, comprobar la destrucción que habían efectuado, dichos enormes y destructores “zambombazos”. En el camino, se escapaban al verlo, a él y a sus compañeros, los cuervos, que devoraban los cadáveres de los muertos en la lucha.  

En España hablan de la Guerra Civil entre los  republicanos, que deseaban gobernar democráticamente, pero que se lo impedían aquellos con los que estaban unidos, más bien desunidos de los “rojos”, comunistas,  a su vez desunidos de los anarquistas. ¿ Qué unión mantenían los miembros de unos catorce sindicatos, como la CNT, la FAI, la UGT,etc.,etc.?. ¿Qué unión existía entre el Coronel Villalba de Barbastro y Durruti, que tuvo que luchar, para morir, en el frente de Madrid?.

En Alcalá del Obispo estuvo el padre de Juan, es decir Giné Vázquez, Practicante, que ya había sido nombrado teniente, acompañando a su capitán Médico y al Comisario Político, del que no se sabe a que Sindicato pertenecía; éste les dijo a ambos que lo acompañaran para inspeccionar una posición de guerra. Al doblar un recodo de la trinchera, se oyeron dos disparos, que dejaron muerto al Médico. El Comisario al encontrarse casi sólo, se dirigió a Giné Vazquez y le dijo:” a partir de este momento, eres el Médico del Batallón”.

Me hubiera gustado que Juan me narrara anécdotas de la vida de esta buena persona, Giné Vazquez, pero me dijo que tenían prisa con sus acompañantes y se fueron. Yo le prometí que le mandaría alguna fotografía de la Guerra Civil, pero a él,  por lo visto, tampoco le quedó tiempo para proporcionarme otras, que me dijo una camarera de la Posada, que había enseñado a otras personas.

Pocos días después de esta agradable visita, he recibido comentarios de Juan Atenza y yo le prometo leer lo que contiene en el apartado que me comunica. ¡Gracias!.

sábado, 18 de agosto de 2012

Emilio, ciudadano adulto e ingenuo, al mismo tiempo



Tiene sesenta y tres años y es un ciudadano limpio, noble, servicial y amante de la Naturaleza. Pasó su niñez en un pueblo de los, entonces, secos Monegros, Ontiñena, cerca de la zona del Bajo Cinca. Pertenecía a una familia numerosa, de la que él era el cuarto hermano y sus padres también habían nacido en los Plenos Monegros de Ontiñena. Entonces aquella tierra era dura, seca y no como ahora, en que el agua ha convertido aquellas  tierras en hermosas huertas, como si se hubiera convertido en un paraíso. El padre de Emilio trabajaba con ardor y criaba a sus hijos e hijas, con amor,  pero con un gran sacrificio. En Ontiñena murió,  y a su madre, cuando ya tenía una edad mayor, la llevaron sus hijos a vivir con ellos a Huesca. Emilio iba a la Escuela, donde se aplicaba para gozar de una vida mejor, pues su temperamento era muy rebelde, tal vez porque no estaba de acuerdo con aquellos vientos secos, fríos y fuertes que  les mandaba el Cierzo del Noroeste y en verano era un calor ardiente el que los envolvía y los abrasaba. Y para combatir ese calor tenía que ir a buscar el agua a una balsa.

Con sólo trece años de edad, muy pocos ahora, pero entonces con esos escasos años ejercía de  camarero y practicando su trabajo aprendió a ser disciplinado con los clientes y a obedecer. Estuvo trabajando en diversos oficios y por fin a los veintiún años, tuvo que dejar sus trabajos para  hacer la “Mili” o cumplir el Servicio Militar.  ¡Qué destino tuvo el pobre Emilio al nacer en los entonces desérticos espacios  monegrinos y ahora, cuando cumplía veintiún años, época en que  a otros les llegaba una época de felicidad, a él le tocó ir a hacer su Servicio Militar en Africa, en Villa Cisneros, enclavado en un gran desierto de   arena, que empeoraba todavía  más el clima, que el de su pueblo natal, a saber Ontiñena. Pero no sólo era el clima el que  le hacía dura la vida, sino la ausencia de las costumbres españolas,  sustituidas  por los usos morunos. Le tocó incorporarse en las Tropas Nómadas de Regulares y él pasó a la Legión. En ésta la disciplina era estricta, porque sus soldados eran unos hombres disciplinados. Lo que se les veía en sus propias figuras, cuando caminaban por las calles. El capitán de su Compañía se llamaba Don Francisco Lobo García y era un hombre amante de su bandera y de la disciplina que él y sus soldados debían practicar en honor de dicha bandera. Estaba Emilio en el Sahara Español, cerca del pueblo de Villa Cisneros, rodeado por las aguas marinas y escasos de agua potable.

Pasaban calor sobre la arena, durante el día, pero por las noches, incluso en el verano bajaban las temperaturas a dos o tres grados sobre cero, y se  humedecía el ambiente y esa humedad no conseguía hacer brotar la hierba en la arena desértica. Sólo se veía alguna acacia, que las cabras de los habitantes del desierto, acudían a comer sus hojas. El capitán Lobo era un hombre de una gran disciplina y no podía ver que sus legionarios tomaran alcohol ni amaba a los que dilapidaban el dinero,  no sólo el suyo,  sino también el ajeno. En general no toleraba  licencias en el comportamiento de los legionarios. Gozaba  Emilio de cuarenta y cinco días de  permiso y en lugar de subir a Huesca a convivir con sus hermanos, se quedaba en Villa Cisneros, donde pasaba su tiempo libre, gastando parte del dinero que le habían pagado en la Legión. En ella cobraban tres mil pesetas mensuales, que en aquellos tiempos, suponían dinero.  Había quien con tal paga no tenía suficiente dinero para emborracharse o para organizar sus juergas y se sentía obligado a apoderarse de dinero ajeno. Emilio con lo que ganaba, tenía dinero suficiente para subir a Huesca, pero aquel que era un malgastador, se tenía que quedar en el campamento, hasta que tuviera el dinero necesario para pagarles a aquellos, a quienes debía. Estuvo en Villa Cisneros unos catorce meses de legionario, soldado de una disciplina cercana a la perfección. Lo propusieron ascenderlo a Cabo Primero, pero él no aceptó, porque él no quería en su corazón, ser vigilante de nadie, “porque él amaba la humanidad y la libertad del hombre,  que no debe ser vigilado y dominado por otros hombres”. Emilio había comprendido y amado una vida sacrificada, pero dominada por un espíritu  limpio,  en el que su capitán les decía que había que odiar el alcohol y el derroche. Les decía también el capitán que si alguno se descuidaba en el cumplimiento de su deber, las pasaría mal. Emilio tuvo ocasión de comprobar la teoría del capitán, pues un compañero suyo amante del alcohol, gastaba su dinero y lo pedía prestado, lo que le llevó a prolongar su Servicio Militar durante largo tiempo.

Emilio pasó una vida sacrificada por su espíritu limpio, en un ambiente en el que su capitán , fomentaba el odio al alcohol y al derroche y con ese espíritu de rectitud y disciplina, volvió a Huesca, donde trabajó unas veces en la construcción, otras en la hostelería y gracias a su disciplina, se instaló en un bar de su propiedad.

Hoy en día,  se ha instalado en una hermosa casa con sus jardines, en un pueblo del Somontano, donde pasa acompañado por su esposa, días tranquilos, en que se olvida de las acacias desérticas, para contemplar los cipreses,  las encinas y los laureles.

Ahora, la juventud se esta alejando de la disciplina y algunos, van " de botellón" con sus botellas de alcohol a consumir sus meriendas en los campos. Les resulta difícil el no ganar dinero, pero no aprenden a economizar, como lo ha hecho Emilio, pero sin embargo yo conozco jóvenes ejemplares, que se  auto disciplinan, para alcanzar,  como Emilio un porvenir feliz.

Me lo encuentro,  a veces, paseando por las orillas del río, contemplando al mismo tiempo aquellos picos de la Sierra y respirando el aire puro entre aquellos grandes árboles ,que alegran la Naturaleza.

“Las ruinas de mi convento”



Leí de niño “Las ruinas de mi convento” y desde entonces toda ruina me ha hecho meditar, unas veces porque su aspecto me recuerda el de un anciano, como si fuera un edifico humano en decadencia y caminando torpemente. Para el clásico las ruinas carecían de belleza, porque en ellas se unían deterioros, ya del tiempo o vandálicos, que quebrantaban la perfección buscada. La ruina humana, terminal, tiene imposible restauración, aunque su parte espiritual, busque ansiosa una inmortalidad; la ruina de la piedra monumental tiene también espíritu: el del arte, el de la historia e incluso, en ocasiones,  el de la religión o el mito. Ese paralelismo entre la ruina humana y la arquitectónica nos lo sugieren en nuestra Edad de Oro, Francisco de Quevedo en un soneto y en sus “Ruinas de Itálica”, el buen Rodrigo Caro. Quevedo en su soneto, escribía: ”Miré los muros de la patria mía, - si un tiempo fuertes, ya desmoronados; de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía”. Y me acuerdo de aquellos versos de Rodrigo Caro, que estudié en mi niñez, dedicados a las ruinas de Itálica y que así se expresan: ”Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora-campos de soledad, mustio collado,- fueron en otro tiempo Itálica famosa;-aquí de Escipión la vencedora –colonia fue, por tierra derribado, -yace el temido honor de la espantosa- muralla, y lastimosa reliquia es solamente-de su invencible gente-.Estas poesías son lamentos de poetas que asocian los destinos tristes de los famosos monumentos y del hombre. Caro, concretamente los reduce a la categoría de “lastimosas reliquias solamente”,  que deben ser guardadas, como guardamos las reliquias de los santos, de igual manera que un anciano conserva los cabellos de la mujer que amó, o aquella vieja que venera el ombligo de un hijo que perdió, hace ya lustros numerosos. Ya en el siglo XVIII, muchos miraban a las ruinas con ojos de poeta y proliferaban los pintores, que integraban dichos restos como elementos románticos del paisaje. Si algunos han llegado a tal estado por la acción de los hombres vandálicos y lamentan poéticamente tales actos,  otros regresan, poco a poco, al contemplar la destrucción por  obra de implacables reglas, que la Naturaleza impone y que complementan las obras vandálicas de algunos hombres.   Por obra de los hombres o del tiempo, los monumentos van cayendo y con ellos, se marchan nuestra historia, el sentido de que somos un pueblo, que tuvo un peso específico y se pierden también las ocasiones de que estudien los restos nuestros arqueólogos y nuestros arquitectos. Puede existir también un uso por el pueblo, a la vez que lúdico, cultural, como ocurre con Leire, Loarre, Covadonga,  Monserrat y como parece ser que ahora se va a hacer con San Juan, allá  en la Peña. En cambio en Montearagón se hacen reconstrucciones en la Iglesia  y se dejan sin terminar las reconstrucciones de torres, muros, celdas y comedores. Hay quienes quieren, tan sólo, conservar las ruinas, que como antes he escrito,  “su aspecto, les recuerda el de un anciano, como si fuera un edificio humano en decadencia y caminando torpemente”, igual que  si en esas ruinas fuera imposible la restauración, como no puede darse en  muchos ancianos ya envejecidos. ¿Cómo va a quedar Montearagón, después de tantas reparaciones, que siempre lo dejan como una vieja ruina?. Hay ruinas cancerosas, destrozadas que ya no volverán a ser jóvenes, lo que constituye una vergüenza para pueblos y gobiernos, que no se llegue a  restaurarlas en todo su esplendor. Esplendentes quedaron muchas pequeñas y gloriosas iglesias mudéjares en la zona de Sabiñánigo, que mueven el amor a Aragón en los que van a visitarlas. ¿Cuándo podremos los aragoneses estudiar nuestra historia en los actuales restos arqueológicos de San Victorián, de Montearagón y de las mismas murallas de Huesca?. Porque como escribió Rodrigo Caro (1573-1647): ”Por tierra derribado-yace el honor de la espantosa- muralla, y lastimosa- reliquia es solamente de su invencible gente” y  los oscenses viven en la nostalgia, que hace que su piel se ponga de carne de gallina ¡ para nada!, cuando escuchan : “Sierras de Gratal y Guara-Ruinas de Montearagón- Fuentes de Marcelo y Jara,- Huesca de mi corazón.” Aunque ahora les consuela la restauración de la Ermita de Jara, gracias, entre otros, a Daniel Calasanz.   


jueves, 16 de agosto de 2012

Fiestas de Arbaniés


Es el pueblo de Arbaniés más antiguo de lo que pensamos, pues está en una zona fronteriza entre el Abadiado de Montearagón y el Somontano de Huesca. Si miras hacia el Norte, parece que te encuentras en la misma Sierra de Guara. Si miras al Oeste, ves las ruinas del Castillo- Monasterio de Montearagón, que llenan los corazones de tristeza. Cuando vas al cementerio, al Este, aparte de recordar a aquellos vecinos tan nobles y trabajadores de Arbaniés, te impresiona, después de haber contemplado  campos fértiles y grandes,  el enorme barranco lleno de piedras, que parece que la Sierra quiere bajar hacia Liesa. Hay caminos que bajan al fondo, pero que quieren subir a Ibieca y trabajadas por los hijos de tal pueblo, se encuentra unas cincuenta hectáreas de Arbaniés. Me acuerdo de Luciano Used, que fue concejal conmigo y  que se preocupaba del aprovechamiento de esas huertas, pero la emigración las dejó abandonadas. El mismo Luciano emigró a Huesca. Por el Sur se llega  a Castejón de Arbaniés y a Siétamo. Y hoy se ha hecho una  carretera entre Castejón y Arbaniés,  pero antes era un camino por el que a veces pasaba yo mismo para ir a buscar al Médico. Otras veces, cuando llovía, tenía que ir a dar la vuelta por el Estrecho Quinto. Yo fui alcalde durante unos veinticuatro años y tuve dificultades para poder construir esa carretera. El río Guatizalema corre por Arbaniés, hacia el Oeste y allí acuden jóvenes a bañarse. Pero aparte del ambiente geográfico, lo principal es el núcleo del pueblo, porque cuando subes de Siétamo, te encuentras en primer lugar una ermita derribada, en cuyo interior hay una losa en que se pueden leer textos antiguos. Poco después ves la piscina, cuyo terreno lo regaló al pueblo una buena señora, cuya casa se ve enrejada al llegar a pueblo. A la derecha se contempla una iglesia que llama la atención por su belleza, pero es de admirar su antigüedad,  ya que es del siglo XII. A su lado se alza un frontón de piedra, uno de los mejores de los que quedan en nuestra provincia. Quedan frontones,  pero ya no quedan “pelotaires”, porqe ya no queda casi gente en los “lugares”. Quedan muchas casas pero ya casi no quedan habitantes A mí, personalmente me impresiona Casa Azara, fundada por un hermano de un antepasado mío de Siétamo. Conocí a su dueño que era un hombre simpático, casado con una señora de Sasa del Abadiado, de casa Latorre y de los que queda una hija, en la Residencia de la carretera de Jaca. En casa de Azara, el último infanzón que allí quedó tuvo seis hijas, que se casaron algunas en Loporzano y se acabó la familia Azara en Arbaniés. Pero los Lasierra eran nobles y pusieron en la fachada de su casa un mosaico, en el que se lee CASA AZARA. Hay varias casas, como casa Lera, casa del Trujano, casa de mis parientes de Javierre de Castejón, que bajaron de Arbaniés y casa Monje,   donde Julio Barreu se casó con la hija de Sanchón de Siétamo. Hay otras casas de las que en estos momentos no me acuerdo de sus nombres, pero de las que tengo recuerdos, pues además de alcalde he sido veterinario de Arbaniés. No puedo olvidarme de Casa Ciria, pues tenía una buena amistad con el abuelo,  casado con una Trisán de Fañanás. Su hijo el heredero está casado con una señora de Fañanás y tienen un sobrino en Huesca, que es una gloria de Aragón porque canta jotas, como los ángeles y se ha hecho famoso. Hoy, día 15 de agosto de 2012, seguramente cantará en Arbaniés,   donde escucharlo es un privilegio, porque está rodeado por la Sierra de Guara, por Montearagón y sus sonidos son escuchados por la iglesia con sus pinturas románicas y por el frontón.
Hoy, en la carretera que va Huesca, he encontrado un programa de las Fiesta de Arbaniés y en el Bar he visto algunos otros programas. Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de la Asunción y se celebra la Fiesta en su día exacto, y es triste recordar que Antonio Cano, que ya se ha despedido de esta vida hace muy poco tiempo. Era un personaje humilde, pero noble de Arbaniés  y estaba indignado porque algunos años se cambiaba la fecha de la celebración de la Fiesta, debido a que coincidía la Fiesta de Arbaniés con la terminación de las Fiestas de San Lorenzo en Huesca. Por eso cambiaban la fecha festiva del día quince de Agosto o de la Asunción al próximo fin de semana. Esto a Antonio le parecía mal y decía que si algún día del año apedreaba o caían lluvias excesivas,, sería debido al cambio de fecha de las fiestas porque con tal cambio se ofendía a la Virgen de la Asunción. Este año se celebran las fiestas en su fecha, lo que promete ”buen año para el que viene”. Por eso todos los años serán iguales porque esta año se ha usado la fecha festiva  auténtica, pero otros años se volverán a cambiar las fechas verdaderas.
Por eso los de Arbaniés, no se fían de estos datos para saber si el año será bueno o malo y por eso el día uno de Agosto, se preocupan de comprobar si la noche ha sido seca o húmeda, y esta humedad indicaría que el año siguiente no habría “sequero” o sequía. En cuanto a las olivas, el día de la Virgen de Marzo, día en que se “empreñan” o florecen las oliveras, se levanta una piedra cercana al río, o  “clorizco”, como llaman a esta piedras en el Somontano y se comprueba si sale la tierra húmeda, es una señal de que ese año habrá olivas. Pero olvidándose de esos problemas, después del baile, Falces el pastelero, obsequiará todos los asistentes a las Fiestas con un “delicioso chocolate”.
Se van acabando los viejos labradores, en Arbaniés y hay que investigar en los pocos que todavía viven, por ejemplo a Francisco San Román o Paco el Panadero. Este hombre es un poeta que ha compuesto a lo largo de su  vida poesías de sus viajes por los pueblos del Somontano,  donde repartía el pan de cada día. ¡Cómo amaba a su esposa , que ya se fue!. A mí ya me va resultando cada día más difícil hablar con él, porque antes de sufrir un accidente con su coche, lo encontraba muchos días en el Bar de la Arboleda de Siétamo. Pero me acuerdo de los relatos que me contaba de su barrio de Arbaniés, hoy totalmente despoblado y que se encuentra en la carretera  que sube a Bandaliés. El vivía en casa Miguelico, encima de cuya puerta,  se exhibía y todavía se puede contemplar un “lauburu”,que no sólo era vasco, sino también aragonés. Alrededor de él estaban “charrando” los vecinos de casa Amarca, de Casa Pepe, al que murió en la guerra civil y todos ellos han desaparecido del barrio y de Arbaniés.
¡Que bien suena escuchar los nombres de las casas, como la de Truján,  de Lera , de Falces, de Miguelico y de tantas otras que parecen estar olvidadas por los hombres, pero que siempre estarán recordadas por los pocos que quedan en Arbaniés y de aquellos, que por HUESCA, van con sus jotas y su corazón obligando a sus oyentes a que se acuerden de Arbaniés.