lunes, 31 de diciembre de 2012

El enterrador

Verderol
 
 
Canta una antigua canción: “Era Simón en el pueblo, el único enterrador” y explica como llevaba a su hija a enterrar al cementerio, porque la  llevaba, acompañado por otros amigos, sobre uno de sus hombros, pero lo que más le dolía, era su corazón. Así, cantando lo manifestaba, cuando  dándose a conocer,  decía : “Soy enterrador y vengo de enterrar mi corazón”.
En cierta ciudad, conocí a otro enterrador, con el que tengo una gran amistad. Cuando nos saludamos, aprecio que la piel que cubre sus manos, es  áspera y dura, en contraste con el cutis que cubre su rostro, que es alegre y en armonía con su sonrisa. Hablamos de diversos temas, pero no sólo de  difuntos, de los que  unos,  entierra en sus nichos y a otros en mausoleos, en tanto a otros los entierra en plena tierra o lanza al aire o a la tierra los polvos que han quedado de la incineración de sus cuerpos. Ya dicen los Miércoles de Ceniza cuando la imponen sobre nuestras cabezas: “acuérdate hombre de que eres polvo y en polvo te has de convertir”. Tarda muchos años la conversión del cuerpo en ceniza, pero el hombre moderno quiere adelantar los hechos e incinera a sus difuntos. Ahora nos damos más prisa en quitarnos de delante a los difuntos. Pero está claro que antes también  las hubo, como la que puso en práctica un enterrador, que conducía los caballos negros del Hospicio y que se llamaba Pascual Montenegro. Y así lo tengo escrito en mi libro “Retablo del Alto Aragón”: “ Así  como Simón en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un  coche de caballos mortuorio, como una carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente… Pascual iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del Flor  o del Universal y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la carroza…allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al cementerio”.
Los había que no respetaban ni la muerte. Como “Carrusco”, que en cierta ocasión, cuado iba a ser introducido el féretro en la carroza, arreó a los caballos, que se arrancaron veloces”. El malintencionado, engañó a los caballos, a los que Pascual Montenegro amaba profundamente, ya que cuado tomaba café, les hacía lamer el azúcar a la que él renunciaba.
Pero mi amigo el enterrador de manos ásperas y cutis fino, también amaba con locura a un nieto suyo, pero así como a los caballos se les perdió la elegancia de su paso y de su trote, a su nieto, “ Lorenzín”,  una enfermedad, le hizo perder su salud. A los caballos de Pascual Montenegro les gustaba el azúcar y al nieto de mi amigo le gustaban los pájaros. Por eso su abuelo, al darse la fecha en que el niño hubiera cumplido cuatro años, fue al cementerio  y le llevó un pájaro de colores, que compró en una juguetería. Al llegar la comitiva familiar al frente del nicho y mostrarle el pajarico, otro pajarico se puso a cantar sobre una rama próxima. Mi amigo, el de las manos duras, sintió reblandecerse su corazón al escuchar cantar al verderol y de sus ojos salieron lágrimas de felicidad.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Daniel Montorio

Daniel Montorio



¡Como pasa el tiempo!; dentro de dos años tendrá lugar el centenario del nacimiento de Daniel Montorio, que ocurrió en Huesca, en la calle Zalmedina en 1.904. He visto una fotografía, que sacaron en 1.913 en el Colegio de los Salesianos. En ella estaban el que fué Rector Mayor de la Comunidad, Padre Albera y otros salesianos en primera fila y en las siguientes una banda de música, formada por los alumnos oscenses del Colegio, entre los que en última fila se encontraba Daniel Montorio, con nueve años de edad, tocando una flauta. Me llenó de emoción tal contemplación porque, aparte de haber asistido de niño a dicho Colegio, los recuerdos que tengo de tal músico son muchos y algunos emocionantes y su fama en España se hizo general.Comenzó sus estudios de Música en Huesca y su Maestro fue Don Alejandro Coronas, que le dijo que avisara a su madre para que viniera a verlo, porque quería hablar con ella, que se puso muy inquieta, porque creyó que tal vez le iba a dar noticias de algún mal comportamiento. Pero ¡oh sorpresa!, porque lo que le comunicó que él ya no era capaz de enseñarle más música, porque se sabía casi todo y que interpretaba mejor que él mismo. Le aconsejó que lo mandara a Madrid a estudiar en el Conservatorio y así  lo hizo, sacando Daniel al fin de su Carrera, Sobresaliente en Piano, adjudicándosele el año 1924 el Diploma de Primera Clase. En sus estudios tuvo ayuda de la Diputación Provincial, bien merecida. El profesor don Alejandro Coronas tuvo muchos alumnos en Música, entre ellos al Maestro Coronas, casado con la hermana de los músicos populares “los ciegos de Siétamo”, pero todos ellos felices porque sus espíritus gozaban con los sonidos musicales. En otra de las fotografías que pude ver, se encuentra Daniel Montorio, formando parte de los Músicos Alabarderos del Rey, en cuya misión alcanzó el grado de capitán. Se casó dos veces, la primera con Teresa Vigas que murió en el año 44, dejándole dos hijas, que por desgracia también murieron de niñas. El año 52 se volvió a casar con la hija de Antonio Paso, escritor de obras de Teatro. Se quedó sin hijos,  pues con la segunda mujer no los tuvo y la música fue lo que le sirvió para consolarse de su soledad, pues constantemente sonaba en su cerebro y la transmitía al pueblo en obras como “La Dolorosa”, película que se fundaba en una zarzuela del Maestro Serrano o en “El negro que tenía el alma blanca”, película de Benito Perojo, colaborando con el cantor Angelillo y luego con Antonio Molina. Era emocionante escuchar:”soy enterrador y vengo de enterrar mi corazón”.De la misma forma que Simón enterraba a su hija, el Maestro Montorio tuvo que poner emoción en esa música, puesto que él también había enterrado a sus dos hijas. A Huesca, aparte de venir a ver a su querida madre y a su apreciada hermana Pilar, persona de una bondad inmensa y muy conocida mía, llegó en alguna ocasión a representar alguna de sus obras, por ejemplo en el año 47, en el Olimpia donde vieron los oscenses: ”Róbame esta noche”, así como “Tabú” y “Eres un sol”. El año 52 vino al  mismo teatro a estrenar la revista “Tentación”, en que salía aquel pasodoble que decía:”Ay Ros-Marí,  fantasía de mujer, ¡ven por mí!”. Pero yo de lo que más me acuerdo es de cuando vino al Olimpia a presentar el Himno a Huesca, que a la mayor parte de la gente le gustó y le emocionó su melodía, quedando alguno un poco descontento. .Pero su letra manifestaba un gran amor cuando decía: ”Huesca querida, mi sertoriana, con alma y vida te quiero yo cantar” y lo que más emocionó fue la asistencia de su hermana Pilar al patio de butacas. Era una mujer de gran simpatía y todos los días venía a los almacenes de Angel Escartín, a traernos el Diario.  Murió el año 84, desapareciendo poco después su hermana. El día 8 de Junio de 1997, escribió mi amigo Julio Brioso Mairal un precioso artículo animando a la ciudad de Huesca a dedicarle un homenaje a este hombre “que se hizo a sí mismo, con gran fuerza de voluntad, tesón y talento”, llegando a crear noventa y cinco obras teatrales y más de cien películas de cine. No le hicieron caso, pero Daniel es un gran oscense en el cine español.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

A DON JOSE CLAVER LOPEZ DE ZUAZO Y A SU ESPOSA DOÑA MARIA PILAR BETRAN FONCILLAS, AMBOS DE ILUSTRE ORIGEN Y QUE VIVEN EN CASA BELTRAN DE SIESO.




Son muchos los años que subo al pueblo de mis antepasados, Sieso, donde aparte de sentir una sensación del pasado, parece que en mi interior resucitan multitud de hombres y mujeres de  los Almudévar y aunque no puedo verlos  en mí, o yo verme en ellos, me alegro o me apeno, por un pasado unas veces alegre y muchas más triste. A veces me alegro al recordar al Bayle de Almudévar, que  procedía del Bearn, después de la conquista de esta Villa por el Rey Alfonso el Batallador, acompañado por los bearneses o del Cura Beneficiado Salvador Almudevar, de la Seo  de Huesca, natural de Sieso. Su hermano Miguel Almudevar de Sieso, que se casó con Antonia Puértolas de Barluenga, y el tercer hermano Martín, casado con Pascuala López de Zamora, de cuya unión fueron saliendo las casas Almudévar de Casbas, Castilsabás y de Loporzano.

Al Bayle Almudevar, según costumbre de aquellos tiempos, el nombre de la Villa conquistada, le sirvió de sobrenombre, pasando entre sus sucesores, a quedarse en apellido. Pero los Claver, tuvieron un importante papel en la conquista de Huesca, pero no sólo en esta aventura, sino que participaron más tarde en las luchas marinas en el Mar Mediterráneo. Estas aventuras marinas están representadas talladas en piedra en el pórtico de la Iglesia Parroquial de Sieso.  Representa esta labor pétrea de la fachada de la parroquia de Sieso la aventura que vivió Don Roberto Claver y Capdevilla en uno de sus viajes a las Indias, en que estuvo tres días luchando con las aguas en una tabla, hasta que un barco ruso lo salvó.

El primer CLAVER que sale en la historia es GUILLERMO, que en 1094, militaba bajo las órdenes de PEDRO I  DE Aragón,  tomando parte en la batalla del Alcoraz. Son abundantes los nombres ilustres de personas, como Valentín Claver, que asistió a las Cortes de Aragón en 1490. Su hermano Juan Claver, fue también militar, esposo de la catalana Doña Ana Sobocano, con la que trajeron al mundo a San Pedro Claver.

Antes de aparecer los hermanos Mosen Salvador Almudevar, su hermano Miguel Almudevar, que se trasladó de Sieso a Barluenga y se casó con Antonia Puértolas y de Martín Almudevar I, que se casó con Pascuala López de Zamora, aparece en 1311, en Archivos de la Corona de Aragón, reg. 208, f. 115.un escrito en que el Rey Jaime II, da licencia a Juan Almudévar para reedificar un molino de viento en Almudévar. Esto y los primeros escudos de la Villa y de los infanzones, demuestra que Juan Almudévar perteneció a los antecesores de los Almudévar de Sieso.

La Abadesa de Casbas, pone en la Prueba Instrumental Cronológica del Arbol, que ella Dueña Temporal de Sieso, reconoce por Hidalgo, y como tal exento del   pago de Maravedí a Juan ALMUDEVAR, (que no va en el Arbol actual), nombrándolo entre los demás  Infanzones y Escuderos del  Pueblo. Notario Bernat de  Motas.14 de Junio de 1498.Fol. 61.

Por el año de 1549, aparecen los hermanos citados, a saber Mosen Salvador Almudévar, que fue Beneficiado y Cura de la Catedral de Huesca. Su hermano Miguel Almudévar, se trasladó desde Sieso al pueblo de Barluenga, donde se casó con Antonia Puértolas, y en dicho lugar, todavía se conserva la Casa con su escudo, igual que el que ya existía en Sieso.   Por aquella época en que se marchó de Sieso a Barluenga, Miguel Almudévar, Infanzón de Sieso, “VIOLANTE ALMUDEVAR”, que es de suponer, sería hermana de Miguel, “se casó con MIGUEL  CLAVER, alias VALETA, que era de Pueyo,  pueblo del Valle de Tena, allá por el año 1515”. Como  apodo  tenía el de VALETA, que en lugar de pasar a ser su apellido, desapareció con el tiempo. “Violante Almudévar era de familia antigua e Infanzones notorios de Sieso. Su Casal, dice un escritor antiguo, está sito en la Plaza Baja, entre casa de Miguel Almudévar, hoy de la familia Claver y el huerto de Miguel Azara”.

 He subido desde Siétamo a Sieso, muchas veces, para tratar de localizar Casa Almudévar, he sospechado su situación, pero hasta que subí a veros, no lo pude lograr. Pero el día que os conocí a  ti,  José Claver y a tu esposa Pilar Betrán, un antiguo amigo me enseñó el pórtico de la casa, convertido en parte de la pared, que se encuentra entre casa Claver y casa Nasarre, frente a la Plaza Baja. Me llama la atención la presencia en aquellos lugares del huerto de Miguel Azara.  Apellido Azara, con el mismo escudo consistente en un ave erguida, que los Azara de Barbuñales, que tantos hombres y una ilustre mujer dieron a la Historia de España. Ese escudo  también lo poseían los Azaras de Siétamo, como se ve en una alacena el ave erguida junto al escudo de los Almudévar. Una sobrina del cura fundador,  con mi antepasado Josep  Almudévar Altabás, de la Capilla, a la que se entra por la iglesia, con parte de su superficie, entregada a la Cofradía del Cristo, por los Azara, en la que hasta el año 1936 se exhibía el escudo de los Azara. No es extraño que  el sucesor de Miguel Almudévar,  Joseph Almudevar Altabás, nacido en Barluenga, fuera elegido para esposo de una Escabosa Azara. Como acabo de decir en un  armario del salón de mi casa, están en una puerta, el escudo de Almudevar,  al lado del de los Azara.

El 13 de Febrero de 1536, firma Miguel Claver el testamento a favor de doña VIOLANTE ALMUDEVAR y en 1540 “deja testificado como Señora mayorada y usufructuaria a la referida VIOLANTE su mujer”. Tuvieron cuatro hijos, a saber NICOLAS  CLAVER alias VALETA, Miguel, Pascual y Mateo, pero no nombran a ninguna hija.

El citado Casal de los Claveres de Sieso, había sido anteriormente de los Almudevar de Sieso, pues MIGUEL  CLAVER, alias Valeta, fue natural de Pueyo del Valle de Tena y por los años de 1515, bajó a Sieso y se casó con VIOLANTE ALMUDEVAR, de la que dice en la página 99 del Libro de los Claver, que guarda don JOSE CLAVER Lopez de Zuazo, que “VIOLANTE ALMUDEVAR, familia muy antigua y de infanzones notorios de dicho lugar, cuyo casal hoy se conserva en la familia CLAVER, está sito en la Plaza Baja, entre la casa de Miguel Almudevar y huerto que fue de los Juncós y ahora de Miguel Azara”. En el Testamento de MIGUEL CLAVER “deja a su Señora mayorada y usufructuaria a la referida VIOLANTE su mujer, testificado en 12 de Mayo de 1540”.

NICOLAS CLAVER y ALMUDEVAR, hijo de MIGUEL  CLAVER, ALIAS VALETA, heredó “el citado Casal que había sido  anteriormente  de los ALMUDEVAR de Sieso”, que pagaban los impuestos, como dicen que se puede comprobar ya “que se hallan en Zaragoza en la segunda pieza del Archivo Real…en el que se habla del citado Casal heredado por los Claveres de Sieso”. “Después de lo referido en Julio de 1558 el Notario Pedro Vicente de Roda de Huesca, COLAU CLAVER, (el nombre de Nicolás  lo popularizan como Colau) y MARTIN ALMUDEVAR vecinos del lugar de SIESO, renovaron dicha ANTIPOCA como sucesores de los bienes del mencionado Casal, que fueron de DAMIAN (¿) y VIOLANTE ALMUDEVAR ….De cuyos actos claramente se convence que NICOLAS CLAVER sucedió a la mitad de los bienes de dicho Casal por hijo y sucesor de VIOLANTE ALMUDEVAR casada con MIGUEL CLAVER ALIAS VALETA”. ANTIPOCAR, según el Diccionario General de don Roque Barcia de 1880, es palabra aragonesa que quiere decir “reconocer un censo con escritura pública, obligándose a la paga de sus réditos. Volver a hacer alguna cosa que es de obligación y había estado suspensa por mucho tiempo”. El hecho de que MARTIN ALMUDEVAR, tercer hermano del Beneficiado Salvador de la Catedral de Huesca, de Miguel que se casó en Barluenga y este Martín que se quedó en Sieso y dio origen a las casas de Almudevar de Castilsabás y de Loporzano, descubre su parentesco con VIOLANTE, pues Nicolas o Colau Claver, con Martín Almudevar “renovaron dicha ANTIPOCA como sucesores de los bienes de dicho Casal, que fueron de DAMIAN( ¿) y VIOLANTE ALMUDEVAR”. (¿Quien fue Damián?).

“Nicolás CLAVER ALIAS VALETA, casó con Antonia de Juncós de familia muy antigua de dicho lugar de Sieso cuyo matrimonio está probado en el proceso de infanzonía en propiedad de los Claveres de Sieso el que se dio sentencia en el año 1664”.

Vicén Do Río en su obra de infanzones aragoneses, escribe de “Los Claver de Sieso: D. Miguel Claver, (alias Valeta) trasladó su residencia al lugar de Sieso de Huesca para celebrar matrimonio con Dª VIOLANTE de la linajuda familia de los Almudévar, levantando Casal en la Plaza Baja junto a la casa- palacio de los Almudévar y dando origen a esta nueva rama. Celebraron entronques con las linajudas familias de los Aniés, Seral,  Alamán,Monter y Viñuales.

Asistieron a las Cortes celebradas en los años 1613,1626 y 1646”. En cuanto a los  Claver de Tena, escribe: En el lugar de Pueyo, en el valle de Tena, tuvieron heredamiento los hermanos VALENTIN y JERONIMO CLAVER, tenidos como legítimos infanzones en todo el valle, asistieron a las Cortes de Zaragoza del año 1490. De esta rama salió a Verdú, (que se encuentra en Cataluña), el tronco al que perteneció D. Pedro Claver y Sobocano y apóstol de las Indias Occidentales y que subiría a los altares con el nombre de San Pedro Claver. Ambos hermanos, debido al privilegio que les concedió el REY Don ALFONSO V de ARAGON, después de la BATALLA DEL ALCORAZ, pusieron un escudo cortado con una CRUZ llana de Gules, con cuatro cabezas de moro, de sable, ceñidas con una cinta de plata. Debajo siguió el león rampante que sostiene en sus manos una llave. Del nombre latino de llave,  a saber “clavis”, surge el apellido de CLAVER.

De la rama de D. Jerónimo saldrían los vástagos que entroncarían con el Conde de Aranda y el Conde de Berbedel”.

De los Claver, descendientes de un Embajador del rey de Aragón Don Fernando en Inglaterra, de “Don Juan Claver embajador de los Reyes Católicos y militar aguerrido,  que gozó de la confianza del Gran Capitán”, salió el citado MIGUEL CLAVER, alias VALETA, que fue a residir a Sieso, casándose con Doña VIOLANTE  ALMUDEVAR y fueron tronco de los Claver de Sieso. Tuvieron cuatro hijos. Fue NICOLAS  CLAVER y ALMUDEVAR, el que  continuó dirigiendo el Casal de los Claver de Sieso. Este NICOLAS CLAVER Y ALMUDEVAR, se unió en matrimonio con Doña Antonio Juncos y tuvieron seis hijos.  MIGUEl CLAVER  y  JUNCOS se casó con Doña ISABEL DE ANIÉS, hija de la familia de los (opulentos) SEÑORES DE ANIES, de San ROMAN DE MORRANO, que tenían la residencia en el Castillo. Tuvieron ocho hijos. Hoy en día, para recordar a los Señores de Aniés, conozco,  con noventa años (2011) a don Alfonso Buil Aniés, que ha sido Guarda Forestal). Su padre fue Jefe Provincial de dichos guardas y gran amigo de Joaquín Costa.¡Cómo se conserva el apellido Aniés en la actualidad!.

 MIGUEL CLAVER Y JUNCOS, con su esposa DOÑA ISABEL de ANIES, tuvieron ocho hijos.

Miguel Claver y Aniés, asistió a las Cortes en 1626 y casó tres veces. La primera con Doña María Alamán y no tuvo sucesión; la segunda con Doña Juana Seral de Loporzano , de la que tuvo a Miguel Claver Seral; la tercera se casó con Doña María Monter, de Laluenga.

El hijo tercero del tercer matrimonio, Miguel Claver y Monter, se casó tres veces, la última con Doña ANA ALMUDEVAR, natural de SIESO, de la que no tuvo sucesión. Entre otros hijos tuvo a ANTONIO CLAVER  y VIÑUALES,  que se casó con Doña TERESA ALMUDEVAR y tuvieron a MANUEL MIGUEL CLAVER Y ALMUDEVAR, que se unió con Doña JACINTA MANCHO, natural de Torres de Montes. De esa unión sobrevivió una hija llamada: TERESA CLAVER Y MANCHO. Esta fue esposa de Jerónimo Español y los dos fueron padres de Teresa Español y Claver, mujer de José Correa y Abió.

Dice el escrito que “aquí se pierde la varonía del apellido Claver”. Este fin se  refiere al apellido Claver en Torres de Montes, pues son numerosos los descendientes del apellido Claver.

Miguel Claver y Aniés tuvo como tercera esposa a Doña Martina Monter de Laluenga. Tuvieron como hijos a Isabel,Martín, Miguel y Juan Francisco,que asistió a las Cortes de Zaragoza en 1613. MIGUEL CLAVER Y MONTER es el continuador del  tronco de los Claver en Sieso, asistiendo  a las Cortes de Zaragoza en 1646.Estuvo casado también tres veces y la tercera con Ana Almudévar de Sieso, sin tener hijos. El segundo matrimonio lo realizó con Engracia Viñuales de Angüés y tuvieron ocho hijos.  Su hermano “don Roberto Claver y Capdevilla, fue militar, y en uso de sus viajes a las Indias naufragó el barco, salvándose en una tabla por la devoción que le tenía a la Virgen del Pilar, cuya capilla de la parroquial de Sieso pertenece a los Claver,  estando tres días luchando con las aguas en la tabla hasta que un barco ruso le salvó y en acción de gracias por su salvación, al regresar a su pueblo natal mandó labrar a sus expensas la portada de la iglesia y los dos cuadros que existen en el presbiterio dedicados al nacimiento de Nuestro Señor el uno y el otro a la adoración de los Santos Reyes”.

 ACLARACION DE LA GENERACION DE LOS CLAVER CAPDEVILLA: MIGUEL CLAVER MONTER, de su primer matrimonio con Doña Petronila Ribas de Alcalá de Gurrea, quedó el hijo llamado MIGUEL-DANIEL. “Este casó en el mismo pueblo con TERESA CAPDEVILLA y USSON de Sieso. Y tuvo seis hijos. Uno de los hijos Miguel Claver y Capdevilla  murió en 1711, graduándose de Doctor en el Colegio Imperial de Santiago de Huesca. Su hermano “ Don Roberto Claver y CAPDEVILLA,fue militar, y en uno de sus viajes a las Indias ( como he escrito unas líneas anteriores), naufragó el barco,salvándose en una tabla por la devoción que le tenía  a la Virgen del Pilar, cuya capilla de la parroquial de Sieso pertenece a los Claver, estando tres días luchando con las aguas en la tabla hasta que un barco ruso le salvó y en acción de gracias por su salvación, al regresar a su pueblo natal mandó labrar a sus expensas la portada de la iglesia y los dos cuadros que existen en el presbiterio dedicados al nacimiento de Nuestro Señor el uno y el otro a la adoración de los Santos Reyes”.

El pequeño ANTONIO CLAVER Y VIÑUALES se casó con TERESA ALMUDEVAR. Fueron padres de MANUEL MIGUEL CLAVER Y ALMUDEVAR, que se casó con Doña JACINTA MANCHO; natural de TORRES DE MONTES. DICEN QUE AQUÍ ( como ya he dicho) SE ACABA LA VARONIA DEL APELLIDO CLAVER, en el Casal de los Claver en Sieso.

 

Se queda uno admirado y pobre de entendimiento al leer esta Historia de los Claver, entretejida con parte de los Almudevar, principalmente que con alguna de sus mujeres, especialmente VIOLANTE,  se unieron en matrimonio,  unas tres veces. Y rindo un homenaje al Claver que escribe:” YO JOSE MARIA DE CLAVER y LOPEZ DE ZUAZO, PRIMOGENITO De DON LEON de CLAVER Y ALLIOD y DE DOÑA CARMEN LOPEZ DE ZUAZO Y ELIZALDEZ; DEJO CONSTANCIA DE TODO LO ESCRITO”.

No sólo se acabó “la Varonía del apellido Calver, en el casal Claver de Sieso”, sino que también se acabó la sucesión directa, del hermano  de Mosen Salvador, Beneficiado de la Seo de Huesca y  de Don Miguel Almudévar I, Infanzón de Sieso, casado con Antonia Puértolas, A. MARTIN ALMUDEVAR, casado en Sieso con Pascuala López de Zamora y “Possehedor” del Casal de ALMUDEVAR de SIESO. El séptimo sucesor de ANTONIO MARTIN ALMUDEVAR del número I con la letra G se casa en Sieso con Ana de Aysa el 13 de Enero de 1706.Folio 173. En cuanto a Joseph Almudévar,  “poseedor” del Casal de los ALMUDEVAR de Sieso, sólo he podido encontrar que “El ayuntamiento de Sieso, confesó otro tanto ( que no aclara), en cuanto al de la letra H”; y también el   monasterio de Casbas, Dueño Temporal de SIESO, es  decir “JOSEPH ALMUDEVAR, Possehedor del Casal”.  A continuación ya no aparece ningún sucesor.

  Se acabaron las líneas genealógicas de Claver y de Almudevar, en Sieso y en Siétamo, pero siguen existiendo Claveres y Almudévares en España y en el mundo.

En nuestra provincia de Huesca,aquellos antepasados nuestro participaron en grandes conquistas,pero ahora han desaparecido multitud de aldeas y de pueblos y ha aumentado la población de las ciudades. El porvenir no sabemos cómo se resolverá, pero ahora, empieza a fallar la producción de alimentos en el mundo y nosotros, como hablaron Joaquín Costa con el Forestal Mayor de la Provincia de Huesca, señor Buil, padre de Alfonso Buil  Aniés, pertenecientes al Castillo Señorial de San Román de Ponzano, emparentado con los Almudévar y con los Claver, que en la provincia de Huesca había más agua que en el resto de España ,con la que se podrían originar multitud de alimentos en el Alto Aragón, pero así como fallaron las líneas  de los  Claveres de Sieso y la de los Almudévar del mismo pueblo, han fallado los planes de riego del Alto Aragón.

martes, 25 de diciembre de 2012

La joven mujer, leyendo un libro, apoyada en un árbol



Esta noche es Noche Buena y antes de esconderse el sol, en un corto día que busca la noche, como si tuviera deseos de que durante ella, naciera el Niño Jesús, voy paseando por delante  del  Polideportivo y me encaro, caminando, con el paseo construido sobre la vieja vía de ferrocarril.  Esta separa el campo de la ciudad y uno contempla, por su izquierda las piezas campesinas con sus trigos recientemente nacidos, con un lejano  fondo, como un telón que nos separa de las tierras que nos envían el viento cierzo y por el cielo nubes cortadas que, en parte muestran sus bellos dibujos y  por su parte azul, nos acarician, los últimos rayos del sol que está ofreciendo el día, que precede a la Noche Buena. Por la izquierda se alzan edificios modernos,  unos elevados y otros más coquetos, con su categoría de chalets.

Uno va caminando lentamente y se acuerda de aquel artículo que escribí,  hace ya tiempo,  en el que digo: ”¡ Que rueden los cielos allá arriba, en silencio casi siempre y con “ruido de ronca tempestad”, en el verano!; qué lluevan las nubes sobre el justo y sobre los niños que cantan: ¡qué llueva, qué llueva, la Virgen de la Cueva!. No parece que el salmo sea muy  piadoso, cuando pide que llueva, sólo sobre el justo. No cae la lluvia sobre los desiertos y sin embargo, no creo que sus escasos habitantes sean injustos. Tal vez lo fueran sus antepasados con respecto al árbol que talaron e hizo posible que avanzaran las dunas arenosas”.

A la orilla del paseo, con los chalets a la derecha y los campos a la izquierda, después de pasar unos viejos almendros de abundantes ramas oscuras, por no haberlos  limpiado de ellas, hace ya muchos años, apareció o más bien lo hicieron dos seres vivos unidos en el amor entre ellos, como miembros de la vida. Era un árbol de varios troncos que se extendía por el aire, brotando de la tierra y en uno de ellos se apoyaba una dulce y joven mujer, que estaba leyendo un libro de misterios de esta vida. Parecía que se amaban y se contemplaban y ella intentaba respirar el oxígeno que por sus hojas que salen en primavera.  El árbol,  ordinariamente olvidado por los paseantes, estaba callado, agradecido y en sus ramas lucía unos dibujos que parecían que eran  corazoncicos  humanos, con los que rompía el árbol su deseo de hablar con otras criaturas.

Yo, me parece que un tanto descarado por interrumpir aquella  mutua  contemplación entre dos seres que se amaban, me atreví a preguntarle que conversación mantenía entre ella y el silencioso árbol.  

Para contestarme, me dejó el libro y éste describía situaciones, en que los hombres y mujeres se tratan, pero no con maldad, sino por circunstancias de la vida moderna, en que muchos individusl, caen en situaciones violentas, que algunos jueces no se atreven a castigar como violencias voluntarias . Es igual con los hombres que caen en pecados, a los que el Niño Jesús, que nacerá esta noche, les perdona todos sus pecados.

La joven señora se consolaba con el árbol porque se había separado de su marido y su hijo le parecía que no la amaba.

Ella, que había sido discípula del sabio profesor chino, que daba sus clases de psicología humana  y vegetal en los pinos del Parque, y había consultado con su sucesor el Doctor Don Daniel Carmen, buscaba ahora, en este árbol de troncos múltiples, pero más menudos que el tronco del pino, el consuelo del mal carácter de su hijo hacia ella, pero no encontraba culpa en su comportamiento.

A mí,  como no me ha pedido consejos, le comunico las palabras de apoyo a su comportamiento vital con el árbol,  que escribí en mi artículo “El árbol y el agua”, que dicen: ”Seamos amables con el árbol que se alza en nuestros campos y plantemos nuevas vidas vegetales, que regaremos con el agua del pozo, de la fuente, de la acequia o del canal y esas umbría piadosas nos tornarán copiosa el agua de las nubes, los frutos del Otoño, sus sombras estivales y el calor de la leña en las jornadas invernales”.

¡Sigue, amiga, festejando con el árbol del Paseo, que sube al pueblo de Alerre!.  

domingo, 23 de diciembre de 2012

Antiguas Navidades



Nacimiento de Jesus por Murillo


El tiempo va pasando y nos vamos olvidando de nuestros antepasados que eran gente sencilla o ilustrada, como por ejemplo de Ana Francisca Abarca de Bolea, que trabajó hace ya cerca de cuatro siglos, es decir en el siglo XVII, en la cultura del pueblo aragonés, en el que no existían todavía escuelas para todos. En el año 1979 se cumplió el tercer centenario de la publicación de un libro, escrito por Ana Francisca Abarca de Bolea, titulado “Vigilia y Octavario de San Juan Baptista”, del santo que anunció la venida del Señor, que en los días de Navidad, tanto preocupa a los hijos de Siétamo.

Hasta hace pocos años se creía que había nacido esta ilustre mujer en el Castillo-Palacio, que se levantaba en esta Villa y que era propiedad de la familia aragonesa de los Abarca de Bolea. La profesora doña Angelines Campo, muerta hace muy poco tiempo, demostró que había nacido en Zaragoza, en 1602. Era tía de Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, Barón de Siétamo, Marqués de Torres y  Conde de Aranda, título que heredó  de una noble familia de Epila.  Amaba a su familia, y a su Casa-Palacio de Siétamo, pero tenía casas en Huesca, en Zaragoza y por todo Aragón, pues como dijo su sobrino Don Pedro Abarca de Bolea, Aragón era una nación. Pero no sólo estaba pendiente de los asuntos aragoneses, sino de los de España, ya que participó, siendo muy joven, en la guerra de Italia, fue embajador en Moscú, en Polonia  y en París. ¡Qué tiempos aquellos tan lejanos! pero ¡cómo en las Estados Unidos de América, recuerdan a Don Pedro Abarca de Bolea, porque intervino en ayudarles a conseguir la independencia de Inglaterra ! .

Su tía Ana Francisca buscaba la paz y como descendía de Sancho Garcés, Rey de Navarra y Conde de Aragón, al tiempo que llevaba dos abarcas en su escudo civil, se preocupaba de componer obras literarias sobre la Navidad y de cantar villancicos, acompañados por instrumentos musicales. Su sobrino se preocupó de que lo enterrasen en San Juan de la Peña, pero ella, siendo todavía una niña pequeña, de tres años y medio, ingresó en el Monasterio de Casbas. Ella misma confesaba “el amor que se cobra, a los puestos donde uno recibe la primera enseñanza” Mucho le costó llegar a convertirse en monja, porque estudiaba y consideraba la posibilidad de casarse, ya que los hombres despreciaban la lucidez del cerebro de las mujeres y por eso, en aquellos tiempos, la mujer no tenía conocimientos y la convertían en analfabeta.

“Ella, junto a su candor y espíritu religioso, al tiempo que aumentaba su cultura, pues ella misma se autoeducada leyendo una colección de “libros sagrados, espirituales, historiales y de todo genero de buenas letras, entendiendo el latín como si ex profeso lo hubiera estudiado. Llegó a adquirir la destreza en todo género de música, así de instrumentos como de voz, y   a permitirla en decentes recreos de religión, ya encaminada a sagrados cultos”.Decentes recreos de religión eran aquellos en que hasta el baile se practicaba, como ocurrió en Valencia en 1438, en que para celebrar una fiesta religiosa,”hasta los frailes de San Francisco salieron por las calles saltando y bailando” (La Inmaculada del padre Juan Mir,S.J.,pág.128). Siempre ha inquietado la cultura a los de Siétamo, como preocupó a Ana Francisca. Yo me acuerdo de la Escuela de Siétamo, antes de la Guerra, en que Don José Bispe, los sábados nos miraba la limpieza de nuestras manos y de las uñas para que nos cuidáramos de la limpieza de nuestro cuerpos, en tanto el Cura Don Marcelino Playán, se preocupaba de enseñarnos la Doctrina. De ahí salieron,  no sólo agricultores, sino hombres cultos como el Cardenal Javierre. Escribió Ana Abarca, en la página 48 de “Catorce vidas de santas de la Orden del Cister”: “El estudio y la música hacen admirable consonancia, y más allá de ser esta ocupación tan plausible, es crédito de buen gusto”. Me acuerdo de Mariano Cabrero, padre del sacerdote José María, párroco de Alquézar y también padre del entonces Marianito, que también cantaba en latín, pero ahora que ya jubilado, se ha convertido en Marianaz porque es un hombre al que hay que añadirle el aumentativo aragonés, ya sigue participando en los conciertos y coros que se celebran y cantan en la Iglesia, como lo hizo en vida de su padre el señor Mariano.   Estábamos también los malos cantores, porque Marianito, en el coro, me hacía callar. Allí estaban también, el señor Andrés de Lobateras y otros que “tenían tanto aprecio a esta liberalísima arte, que entre los de Siétamo, el no ejercitarla con particular cuidado se tenía por negligencia,  muy culpable. No aprendían a cantar para vivir desatentos, sino para el recreo del ánimo y alivio de sus mayores ocupaciones y trabajos”. Siempre ha cultivado Siétamo la Música, aún en aquellos tiempos de pobreza, en los hermanos Burgasé, conocidos como “Los Ciegos”, tocaron la música y cantaron por toda la Provincia de Huesca.

Poseía su familia varias casas en Huesca, a donde iba con cierta frecuencia a la bulliciosa y ardiente actividad académica aragonesa, donde alrededor del prócer oscense Don Juan Vicencio de Lastanosa, se juntaban Baltasar Gracián, Juan de Salinas, Ustarroz y tantos otros ,como ella misma.

Y yo, como nacido en Siétamo, recuerdo a Ana Francisca de Bolea, cuando veo “el extremo de la meseta sobre la que se asienta este pueblo, que está presidido por el Castillo, que saludaba  la Fondura, que riega la fuente de los seis caños; dicho Castillo-Palacio fue donde nació Ana Francisca. Colgada en una pared yo veía colgada una antigua cuna familiar, donde puede ser que la niña soñase sus primeros sueños”.

Nunca pudo olvidar la “fabla” aragonesa, que escuchó a los empleados de su Castillo. Desde Siétamo a Casbas se ve al Norte la Sierra de Guara, sobre la que escribió una poesía, de la que escribe al llegar el frío invierno: “Mas, ¡ay!, que tu amenidad, hoy se llega a reducir, a verte ajada y marchita por un invierno civil”. Pero luego le dice a la Sierra, que no desespere, que luego vendrá una nueva Primavera:”Muy compasiva te aviso no te procures el fin, que si se ha visto tu oriente, pronto vendrá tu nadir”.

No se olvidaba la poetisa  sietamense  de las distintas conmemoraciones, que se hacían a lo largo del año y escribió “El baile pastoril al nacimiento”, en el que expresa los dichos del pastor Blas:”Dende que ha plegato, lo cuento a os hermanos. Hoy ha nachito en Belén, según el anchel lo dijo, porque habez  paz en a tierra, no en puede sino está Cristo y así sapez que ese Dios, feito hombre, ye tan niño, que entre trapez, dice Lucas, le trovarez escondido”. También escribió “La albada al Nacimiento”, en la que escribe:”Media noche era por filos, las doce daba el reloch, quando ha nacíu en Belén, un mozardet como un sol. Nació de una hermosa Niña, virgen adú que parió y diz que dexó lo cielo por este mundo traidor. A su madre y a Chusepe, pus lo merecen los dos, dársele la norabuena, diste fillo que tenión”.

No hay que olvidar las tradiciones populares, como ocurrió con mi padre, que escribió en los años cuarenta un cuento en fabla, que decía :”María y José marchan de camino-Van con asperanza-De que un ser devino,-Que mora n’a entraña, de ra Virgen pura,-Alcuentre un asilo, palacio u cabaña-Que haga menos dura, ra triste chornada………..Les avisó a ros pastores,- Y ascape fueron llegando-Repatanes y mairales,-Craberizos,vaciveros, - Yegüerizos y duleros-Mocetas dixas que cudian –os pavotes y os verracos-Y mientras filan estambre,- apacientan os rezagos.- todos veneran contentos y todos trayeban algo- Pa ofrecelené a Jesús-Y al mesmo tiempo adoralo.-Trayeban figos de Fraga.- Orejones d’Estadilla- Y pasas d’ixas qu’escaldan-En Lascellas y en Velillas.- Vino de Castilsabás-Y corderotes d’Albero-Billota de Banastás-Y conejos de Pebredo-Tortas d’aceite d’Ayerbe-Turrón guirlache de Jaca,- Castañas de mazapán-Dá zucrería Lasala,-Tortadas de Berbegal-Y pan moreno d’Angúés-Pedos de monja de Casbas.-Juguetes de Bandaliés.-Entre gente tan humilde-Tan humilde como güena.- Quiso el Redentor del Mundo- presonase aquí en a tierra,- Era pa danos ejemplo- Que toda su vida dio-…Y nos llevará t’al cielo”.

Hemos visto como se mantiene y ahora se refrescan las tradiciones de este pueblo con la llegada a nuestras casas, de modernos aragoneses, entre los que se encuentran músicos,”que saben cantar la gala musical a los cielos”.

Pero noté que en el paso de los portadores de la Cruz, en Semana Santa, se han perdido los instrumentos que lo acompañaban, incluidos los tambores, pero el pueblo quiere formarse para acompañar sus pasos con su tan-tarantán-tan.

¡Qué bello es marcharse de un pueblo, que trata de resucitar sus costumbres!.

Los hombres hacen la guerra y la guerra deshace a los hombres

 




Siétamo, Estrecho Quinto, Fornillos y Huesca se vieron envueltos en una Guerra Civil, que destruyó, además de otros pueblos, a Apiés y deshizo a Siétamo. Después de acabada esa guerra criminal, íbamos con un carrico a Huesca por el Estrecho Quinto pero no podíamos pasar por el puente que estaba deshecho y entonces bajábamos por un camino y pasábamos el río por medio del agua. La burreta torda de la que tengo tantos recuerdos iba la primera delante de una mula, pero se negaba a pasar  el agua del río. ¡Hasta la burra tenia  pánico a los destrozos de la Guerra!. Gila era un humorista que narraba numerosos chistes de la Guerra Civil, que en muchas ocasiones, ¡eso si, con humor!, no hacía mas que reflejar la realidad. Así Tomás Galindo, natural del Almudévar,  me dijo que multitud de esos chistes provenían de lo que sufrió el Estrecho Quinto, en que cayó un general ruso, que estaba contemplando con anteojos, la ciudad de Huesca. En cierta ocasión, en la pantalla de la Televisión, se  vio a Gila, coger el teléfono y se le oyó exclamar:¿oiga, es el enemigo?, le dijeron que sí y él siguió preguntando ¿cuántos van a venir?.  Del otro lado le contestaron”¡pues unos quinientos!” y Gila exclamaba: ¡Aibá, que no tenemos balas para todos!. Esta expresión humorística de Gila, es sencillamente una narración de la escasez de balas y de medios que tenían los republicanos para lanzarse a realizar un avance tan rápido y tan lejos de Barcelona. Pero hay que considerar la misma escasez en el ejército que se había sublevado contra la República, para detener los continuos ataques de los izquierdistas extremistas no sólo en las grandes capitales, sino en todos los pueblos de España. Está claro que fueron  hombres los que provocaron aquella catástrofe, que llevó a toda España  a pasar una época de miseria, pues si los “extremistas de izquierda” armaban líos  en los pueblos,  los de extrema derecha luchaban contra ellos. Lo que hicieron unos y otros es introducir en la catástrofe de la Guerra todo el pueblo, que no tenía intención de provocarla. En Bolea obligaron a Lizana a ir a la Guerra, pero él contestó que quien la empezó, la acabase y se refugió en la Sierra. En Huesca, por ejemplo, murió el republicano Santamaría, concejal honesto y buen cristiano, arrastrado por el odio que unos y otros crearon. En Siétamo fue terrible la sangre que corrió, derramada por unos y por otros, pues fueron unos treinta y tantos los que murieron en manos de algunos “izquierdistas” y otros tantos, en manos de los sublevados. Pero no fueron sólo estos los que murieron, pues está todo el monte lleno de restos humanos. Hace poco tiempo se ha  descubierto el lugar donde fusilaron a un fraile del que poseemos la fotografía y murió como un santo. Yo pienso que habría que levantar una ermita dedicada a todos los muertos durante la Guerra en Siétamo, en el lugar donde murió este “Padre Jesús”, cerca del río Guatizalema.

El palacio del Conde de Aranda fue destruido por unos y por otros, unos por ser su dueño Conde y los otros porque decían que era masón. Entonces obligaron a mi padre a vender la Plaza de los Caidos. Mi padre daba gracias a Dios por no haber sufrido ninguna muerte en su familia y no le dio importancia a la obligada venta de la Plaza del Palacio o de los Caídos, en un pueblo donde tantos hombres habían sido sacrificados. Otros estuvieron presos, otros trabajando y muchos huyeron a Francia, donde acudieron, como se ve en fotografías, por ejemplo de Bielsa, cansados y helados de frío. En Francia estuvo Antonio Bescós, conocido en Siétamo como Trabuco. De Almudévar marchó a Francia el padre de Tomás Galindo y éste fue a verlo, después de haber trabajado algunos años en Almudévar y otros en Barcelona y me cuenta lo que vio en alguna de esas reuniones que hacían los refugiados españoles. Ahora estamos en “Crisis”y es preciso que miremos por nuestros compatriotas y no excitemos la injusticia, no vaya a ocurrir que las huelgas y las luchas que de ellas se derivan, vuelvan a crear un ambiente de odio, que conduzca a una nueva guerra. Si levantáramos la ermita, acudiríamos a buscar en ella la Paz. 



 

lunes, 17 de diciembre de 2012

José Borruel Oliva, que de niño jugaba conmigo en Siétamo y ahora es un sabio Maestro




A  Laguna cuyo nombre e historia aprendí, ya hace más de cincuenta años, en el alto pueblo  de  Bolea, lo quisieron obligar a luchar en la Guerra Civil diciéndole, que para arreglar el bienestar de España. Pero él que tenía el cerebro lleno de sentido común, adquirido en aquella terraza que se asoma desde un  gran terrizo, que desprendido del Pirineo, se asoma a la Plana de Huesca,  les dijo a sus  “cazadores”, que el que comenzó la Guerra, la acabara, que él no dispararía ni una sola bala de fusil. Y no fue a la Guerra, sino que se refugió en la Sierra, para no matar a nadie ni ser un muerto de tantos.

Pasó la Guerra Civil y tanto en el monte como en los alrededores y en el  mismo núcleo de Siétamo, como escribió mi primo Don Jesús Vallés de Fañanas, con motivo de su excursión a este pueblo, al que vino atraído por el silencio, que reinaba en él, ya acabada la Guerra,  mi primo Vallés, describió  aquel triste paisaje, en qué  a sus pasos por el monte, escapaban los negros cuervos de su banquete asqueroso de carne humana. Porque Jesús Vallés, ante aquel horrendo espectáculo, sentía dolorido su corazón por aquellos muertos en una Guerra, en la que fusilaron en Fañanás, a su madre y a su hermano.

 Después de la Guerra, tanto José Borruel, como yo y los demás niños de Siétamo, nos divertíamos recogiendo  balines, los recuerdos metálicos y tristes, que habían quedado  por las calles, en las que abundaban más que los guijarros de piedra.

En aquel pueblo de Siétamo murieron cientos y cientos de seres humanos, pero los niños nos divertíamos, escalando las ruinas de las casas y descubriendo por el monte, cadáveres sin enterrar o semienterrados.

José Borruel Oliva acompañado por sus hermanos Domingo, Paquito y Toñín, se aplicaba en estudiar en la Escuela y a medida que iba creciendo, se le desarrollaba la inteligencia, aspirando a ser un buen Maestro. En Siétamo era preciso huir de aquella época negra de muertes, de destrucción de viviendas, de falta de trabajo y los niños tenían que pensar con la razón y no con las ideas políticas. El pueblo debía pensar no en arreglar los problemas por medio de las armas, idea que enfadaba a Lizana, sino por la cultura. José estudiaba para difundir esa cultura entre los niños, que han acudido a sus clases y ahora, muchos de ellos han conseguido hacer llegar a España a  un buen nivel de prosperidad. Pero   se ha extendido un deseo de ganar dinero y más dinero, lo que ha hecho que hayamos entrado en una sociedad medio corrompida.

José Borruel Oliva ha comprendido esta situación a la que hemos llegado, pero él sigue con sus pensamientos transcendentales, que le han llevado a escribirme estas reflexiones:”Alianzas y convergencias en la unidad trasversal de los pueblos, de siempre, y el contexto del respeto mutuo, dentro de nuestro País, que ha sido el que nos explicaron y se aprendió como bueno y que yo también enseñé como maestro-profesor, sin dudas, inquietudes, remordimientos, ni comparación ni menoscabo de las inmensas mejoras estructurales, que mejoramos ahora y que pueden ayudar a comprender el sentido transcendental del ser humano”.

Estos pensamientos le han brotado en el cerebro  al copiar con óleo el Cuadro del Compromiso de Caspe, pintado por el gran pintor Marín Bagüés.  A José Borruel le ha complacido, como él mismo afirma, “haber pintado al óleo un lienzo, copia  del de Marín Bagüés, que reúne a los Compromisarios que pusieron fin a la incertidumbre de la Corona de Aragón, en la sucesión de Martín I”. No me extraña contemplar el cuadro de mi amigo José Borruel, pues es Maestro de EGB y Especialista en Dibujo Técnico  y Artístico, entre otras varias especialidades. Además goza de la ayuda y de la compañía de su esposa Mary Baseca Peralta, también Maestra Nacional de EGB.

José Borruel Oliva, con su cerebro racional y con sus manos llenas de arte pictórico, con su Canto patriótico a la unidad de España, por medio de su arte dedicado al Compromiso de Caspe, nos ha dado una lección de patriotismo. Porque de la misma forma que Lanuza de Bolea no quería participar en la Guerra, ”los selectos comenderos de los estados de Aragón, Cataluña y Valencia (Baleares, Cerdeña y Sicilia),en lugar de luchar, tuvieron dos meses de asambleas, razonamientos, arengas, proclamas y oraciones”,  para alcanzar una idea común a todos.

Porque, ahora, se revuelven los separatistas y los egoístas para romper todos los comportamientos racionales de los ciudadanos de Aragón de aquellos tiempos, que tenían por divisa llevar,  unidos con los “Peces del mar Mediterráneo”, las barras rojas y amarillas de Aragón.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Hortales y balsas

Cepren para sacar agua en los hortales




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Estos días se ven colas de hortelanos en la huerta de Barbereta y en la de Pedro Oliván. Es que los cultivadores de los huertos van a buscarse la planta de broquil de diversas variedades, de col, de grumo y de pella, de berzas y de esquerola, para plantarlas en sus huertos y así, en invierno tendrán verdura cruda y cocida, que no faltando “recau” acompañado de vino, de alguna “pizca” y “bel güego”, pasarán un buen invierno.

Pero no todo son huertos que admiten ser cultivados en invierno y en verano; están los pobres “hortales”, que con el agua de balsa, que se saca de la misma con un “ceprén”, son más propios de cultivos que se plantan en Septiembre. Los “ceprenes” son como máquinas primitivas, formadas por un soporte construido con tres estacas, que se clavan en la tierra, separadas entre sí por abajo y unidas por arriba y atadas para que no se muevan; en dicho soporte se pone, en su parte media  un largo y estrecho madero, en uno de cuyos extremos se coloca un cubo o pozal, que al inclinarlo se mete dentro de la balsa y se llena de agua, mientras desde el otro extremo, donde se ata una piedra o un trozo de madera que tenga un cierto peso, se presiona o “ceprena” para levantar el pozal y volcar su contenido acuoso en la tierra, donde están las verduras, para regarlas.   Son propios del Somontano y demuestra esta costumbre del hortal, que con un poco de riego, sin grandes masas de agua, esta tierra se tornará de pobre en agradecida y mantendrá a sus gentes dignamente, con pequeños regadíos, que no piden inversiones colosales. Hoy me ha contado una chica que ha visitado el hortal que cultivara su abuelo: “hoy he vuelto al hortal, que desde hace muchos años no cultivan los viejos de la casa. Me he sentado bajo la pared de piedras, que una a una recogieron del monte y los piqueros colocaron con barro; salvaban las coles y las berzas de las cabras y de los jabalís que bajaban de la Sierra, pero hoy hay muchas piedras en el suelo y entran alimañas que se acuestan al amor de las oliveras, que no han muerto todavía, pero que viven lánguidas, añorando la vuelta del abuelo, que se sentaba a su sombra, bebía de la bota u consumía su merienda.

Me he recostado en su tronco retorcido a recordar viejas costumbres y parece que las hojas se han alegrado y se han movido al vuelo silencioso del mochuelo que se ha escapado al notar mi presencia.

La balsa está aterrada y donde el agua verde mantenía las tencas y asilaba a las ranas, hoy crecen verdes juncos y zarzas; en ellas se oculta algún conejo y lo acecha en la noche la raposa, amagada en el hueco tronco del olivo.

¡Qué feliz el abuelo reponía en su sitio la piedra que caía al suelo, cuidándose, al marchar, de que la puerta quedara bien cerrada!. Me produce tristeza contemplar los abuelos de hogaño, tomando el sol junto a la pared de Hacienda, pensando en lo cortas que se quedan sus pensiones, en tanto que mi “agüelo” nunca volvía a casa sin leña, sin verdura, sin olivas o sin almendras, sin gazpachos o sin leche de la cabra”.

Hoy he visto a muchos hombres esperando la planta en casa Barbereta, que despacha en el “cobajo” de la Calle San Martín y en casa de los hijos del señor Oliván que atienden a la gente frente al matadero; hoy me ha contado una muchacha recuerdos de su abuelo y yo también he recordado los humildes hortales de nuestro Somontano, con su “ceprén” y su balsa a la que dirigían las aguas de la calle o del camino en los días de lluvia. El hortal y la balsa, la balsa y el “ceprén”, la cuerda y el pozal, el abuelo y la burreta;  la burra con su albarda, el agua de la lluvia y el camino, el abuelo y la nieta: la muchacha del cuento.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Recuerdos del artista oscense, José María Lanzarote


Pintado por J.M. Lanzarote

Se nos ha marchado de Huesca el amigo verdadero, José María Lanzarote. ¡Qué apellido tan noble el tuyo, José María!, porque siempre lo he admirado, cuando lo pronunciaban los oscenses o simplemente, cuando tenía la oportunidad de conversar contigo. Pero no sólo te admiré por el bello y sonoro nombre de Lanzarote, Caballero de la Tabla Redonda, sino por tu nobleza que era suave y atraía a las personas que lo necesitaban. El Caballero Lanzarote fue protagonista de bellas aventuras y José María Lanzarote fue el pintor protagonista de miles de cuadros, que representaban la belleza de la Naturaleza con sus paisajes, con la arquitectura y el aire  de las mujeres y hombres ansotanos, con los que substituyó  las bellas aventuras de los Caballeros de la Tabla Redonda. Los caballeros eran duros en sus luchas, pero José María, era admirable porque su carácter era suave y atraía a las personas que lo necesitaban.

Yo lo conocí, hace ya muchos, muchos años, en el Taller de Carpintería, cuando tanto se nombraba la Plaza del Justicia, nombre muy aragonés, como áquel con que la llamaba el pueblo oscense, diciéndole La Plaza de los Tocinos. Ese nombre les resultaba a algunos un tanto vulgar, cuando esos animales en esa Plaza, depositados en cajones por los vendedores y sacándolos de ellos los compradores campesinos, gruñían y  les daban alegría y esperanza de que se hicieran bien gordos. Con cariño se los llevaban los compradores, con ilusión de alimentarlos muy bien para que  desde  pequeños,  se tornasen gruesos. Porque  aquella alimentación a los tocinicos, iba a ser la base de su propia alimentación, con su rico jamón  y con los guisos sabrosos que prepararían sus esposas en los hogares de sus casas. José María  todos los lunes, en que tenía lugar “La  Feria de los tocinos”,  los veía y escuchaba, desde su taller. A él acudían algunos vecinos de los pueblos cercanos y del mismo Huesca, para que le hiciesen algún mueble de carpintería, como mesas, sillas, para  en ellas comerse  los cerdos, con la comodidad que buscan aquellos que comen a placer.

Yo conocí, no sólo a José María, sino también a su padre, hombre muy simpático y amigo, ya entonces, de mi abuela Agustina Lafarga, viuda del Diputado Provincial Ignacio Zamora Blasco. Lo conoció en un piso del Coso Alto, donde hoy se encuentra el Colegio de Santa Ana, donde Cornelio acudía y más tarde José María, a colocar o a restaurar algún mueble. No es extraño que se trataran con mi abuela, pues en tiempos pasados, cuando todavía vivía mi abuelo Ignacio, que murió en 1914, vivía en una casa encima de la Carpintería de Lanzarote.

Nuestra relación y amistad nos unió en la restauración de muebles, que íbamos a usar en Siétamo. Ahora, cuando contemplo una alacena que José María convirtió en armario, me parece que José María con el armario construido por él, está ofreciendo a los que lo miran, la visión de los escudos de Almudévar y Azara. Pero yo me acuerdo de que el Caballero Lanzarote, fue más popular y mucho más antiguo que los Azara y que los Almudévar.

Se ha marchado José María Lanzarote y ha dejado a su esposa Lourdes , que Gracias a Dios no se queda sola , porque  la acompaña   el hijo de ambos, Historiador, que viaja por Roma y por París, de la misma forma que su padre José María Lanzarote, viajó por todo el mundo ,con multitud de cuadros artísticos.   

martes, 11 de diciembre de 2012

Del viejo Paseo de la Alameda


Lucas Mallada
 
Por el sol saliente rodea a Huesca la Isuela, nombre de un río con reminiscencias ibéricas, hoy el río pudiera ser llamado la Cloaca, que lanza emanaciones putrefactas.

La Isuela era un río; yo me acuerdo de pescar con caña en él y tenía a sus orillas un paseo: La Alameda. Sigue la Alameda al río desde el Puente de San Miguel y hasta el otro puente que cruza cerca de Santo Domingo. En medio está el Puente del Diablo, pues en esta tierra nuestra, santos y diablos se mezclan en místicas peleas, orgías y romerías, tal como Goya las pintó en sus aguafuertes. Lame el río la Alameda por su ribera izquierda y por la derecha se alzan las murallas romanas y moriscas. A la izquierda de la Alameda se eleva el Pueyo de Don Sancho, la Ermita de las Santas Nunila y Alodia  y el cementerio donde reposa Manolín Abad. Alineados los álamos formaban la Alameda, que era el Paseo elegante de Huesca. Allí, a la sombra de los pópulos albus y tremulus, las señoritas de blancas pamelas, botines de cañas finísimas y mirada picaresca, paseaban su porte y temblaban sus corazones de amor,  por primera vez.

Florinda con sus amigas llegaba a la Alameda por el puente de Santo Domingo, después de haberse tomado su horchata de trufas, para iniciarse en las lides del amor.

De Flora decían que si había pasado o no el puente del Diablo a altas horas de la noche. Tal vez se la quiso “llevar al río creyendo que era mozuela” o tal vez tuvieran que ver “las lenguas de doble filo”, pero “nadie supo de fijo saber” si en alguna torre, Flora había comido churros con chocolate. Tuvo lugar un duelo bajo las Murallas para aclarar el honor de Flora y los álamos que eran los únicos que sabían la verdad, estiraban sus copas, curiosos. Por el puente de San Miguel, cruzaba Floripondia, que bajaba de la calle La Malena con su corte ruidosa, porque se iban a las choperas a beber cazalla y ron. Las choperas son las Alamedas, pero en basto y en ellas no hay que guardar etiquetas para beber en sus fuentes, ni para folgar en sus sombras.
Floripondia  guisaba, Floripondia cantaba, alcahueteaba  y engordaba y los días veintinueve de cada mes, una vela encendida le ponía a San Miguel. ¿Qué hace San Miguel a la orilla de un río?, porque San Miguel Arcángel es más propio para un monte altivo. Pero ¡oh paradoja!, tiene un puente alado  y entrañable donde los soldados rompen el paso marcial al pasar y debajo el puente es como una cueva, más propia de San Martín. Allí se alojan gitanos y gitanas. Encima del puente un azud retiene la corriente, para desviarla hacia el Almériz. En el remanso se mira la luna blanca y en ese remanso se reflejan las caras negras de las gitanas y las caras tordas de burros y de mulas. Pasa de noche Don Pepe, caballero en su jaca castaña por encima del puente, ladran los perros, se inquietan las bestias y para calmarse beben el agua de la “badina”, se mueve el agua, riela y ríe la luna en la cara del río, la gitana se mueve, brilla el blanco de sus ojos negros en la enramada. La jaca vuelve por el camino de las tres cruces y tres sombras se confunden en una. Yo les he preguntado a los peces del río, a los chopos del soto y a la luna lunera. Los ladridos del perro se los llevó el aire, a los peces de plata se los llevó el agua, las hojas del chopo se fueron con el Otoño, pero siempre ha existido una respuesta de gitanillos rubios. ¡Cuántas cosas pasaban por el puente y la alameda, por el río y el puente, por el puente y la Ermita, por la Ermita y las eras, por éstas y la cuevas!. Se oía un silbar de sílfides en el río( hoy léase ratas),de silfos en los chopos, de flechas de sátiros, de ságitas de Cupido y de arcos matadores, como el que hirió a Don Sancho .¡Alameda, hoy te recuerdo, pero no te reconozco!.