sábado, 23 de noviembre de 2013

Ana María Palacio de Pertusa

Pertusa.

Maruja, nombre que con gran cariño, utilizaban desde  su familia a todos los numerosos amigos y amigas con los que convivió durante toda su vida, ha muerto a los setenta y tres años de edad. Era natural de Pertusa y, como dijo mi esposa  “de pies a cabeza” y tenía razón, porque cuando nombraban este pueblo, te acordabas de su hija ejemplar, que repartía alegría  con su buen humor, que tenía   ganas de recorrer mundo y de visitar a todos sus parientes y conocidos, estuviesen en Bilbao, en Fraga o en la playa mediterránea. En Bilbao hizo feliz a su  marido bilbaíno Joaquín Lázaro, pero no sólo a él sino que allí donde se encontraba, alegraba la vida de todos los que con ella convivían. No tuvo hijos,  pero amó como tales a sus sobrinos, fue hermana de todos y de todas, repartiendo felicidad a todo el mundo.
Cuando en Bilbao murió María Pilar, la esposa de mi hermano Luis, ella se preocupaba y le comunicaba a mi esposa las distintas fases de su enfermedad. En los buenos tiempos nunca se olvidaba de llamar a sus amigas para que fuesen a pasar temporadas en el apartamento que tenía en la playa. Pero como Maruja era de Pertusa de “pies a cabeza”,siempre colaboraba con sus paisanos en la celebración de las fiestas, de las comedias y de los actos religiosos en el gran templo herreriano Desde allá abajo en medio de la pequeña península, donde se encuentra la Parroquia,  parece que la cúpula de su torre, de vez en cuando se mira hacia la Ermita de la Virgen de la Victoria y en aquellos “coricos” de la Ermita, cantaba Maruja, armonizando con otros fieles, sintiéndose uno como escuchando música, que tal vez proceda, no de la tierra, sino del cielo.

Cuando asistimos con mi esposa a la boda de su sobrino con Jisela, visitamos el monte de la Virgen de la Victoria, limpio  y con césped bien regado, me dijo Maruja Palacio:”La Virgen de la Victoria-Ni es comprada ni es vendida-Es bajadita del cielo- Y en Pertusa aparecida”. 

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