miércoles, 25 de diciembre de 2013

De Pilar Almudévar a María Antonia Vázquez



Yo,  con mis ochenta y tres años, he conocido personajes, portadores del apellido Llanas. Pero sin embargo he conocido también, no los cuerpos señoriales de los Llanas que vivían en  la  noble  Villa de Fonz, en que atendió una Farmacia el boticario Llanas, sino que  he oído hablar de ilustres portadores de este apellido, en las conversaciones, que de niño escuchaba en la rebotica de Huesca. Por eso, cuando entraba a escuchar las palabras, que pronunciaban  los conversadores, yo me quedaba admirado de ver a la  persona de Don Anselmo Llanas con su elegante chaqueta y su chaleco, desde cuyo pequeño bolsillo, asomaba una cadena de oro. Vestía de negro, calzado con sus zapatos también negros. Era oscuro el color negro de su ropaje, que contrastaba con el cabello albo como la nieve de sus cabellos y de su barba. En la citada rebotica Don Feliciano Llanas, él, su farmacéutico, daba explicaciones al señor Joaquín Santafé y Don Anselmo Llanas, que añadía su humor en el problema del que hablaban, con su sonrisa satírica. José María Llanas Aguilaniedo, gran escritor, cuya fotografía pertenece al tipo de Don Anselmo y de Don Feliciano, con su cabeza, cubierta por un sombrero oscuro y lanzando al aire sus bigotes, también negros como el pelo que aparece en su fotografía, debajo de su sombrero. 



Este Don José María Llanas Aguilaniedo, era diferente de los otros Llanas, ya que aquellos portaban unos cabellos blancos como la nieve y él los portaba negros. Pero no sólo era esa la diferencia que lo distinguía de su hermano Feliciano y de su primo Anselmo, sino que José María fue un gran escritor en lengua castellana. El mismo Rubén Darío, que fue un admirador de su obra, declaró su inclinación “al divino imperio de la música, música de las ideas, música del verbo”. José María escribió “Alma Contemporánea” en la que habla de la vejez, de la edad adulta, de la juventud y de la niñez.

Su inteligencia me ha recordado aquel matrimonio de Feliciano Llanas con Pilar Almudévar Casaus, el día 20 de Febrero de 1906 y la edad adulta de Pablo, de José Antonio, de Lorenzo y de Lurdes, la niñez  de María Teresa, de José Antonio, de Lorenzo, Pablo, Feliciano y María Pilar. Y hoy, durante la Noche Buena, en homenaje a María Antonia, con sus noventa años de edad, recordamos con un nuevo banquete, los viejos tiempos de Pilar Almudévar casada con Feliciano Llanas. Feliciano Llanas que recogió a los hermanos Cardús Llanas, que se quedaron huérfanos. La humanidad de Feliciano Llanas, al enterarse de que su hermano José María Llanas Aguilaniedo, estaba enfermo, lo llevó consigo a su casa de Huesca, donde murió en 1921. En esta casa oscense, fue respetado por todos sus miembros y querido por Joaquín Santafé, que murió con más de noventa  años, hace muy poco tiempo. Joaquín era mancebo de la farmacia desde los trece años, hablaba con José María, que también lo amaba y Joaquín le contaba, las conversaciones que hacían en la rebotica.     






María Antonia tiene ya muchos años, pero ha seguido la labor de su madre política, mi tía Pilar Almudévar Casaus. ¡Qué belleza tenía Pilar, que con su esposo Feliciano formaban una pareja ideal !. En casa de Llanas está escondida la tradición, en cada rincón, además de permanecer en  sus corazones, y hoy en que la Noche Buena, nos recuerda el pasado,  el presente y el futuro, a la hora de la cena, contemplamos, esta imagen, presidida por  una belleza femenina,  debajo de la cual está escrito: ENLACE de la señorita Pilar Almudévar Casaus con Feliciano Llanas Aguilaniedo. El día 20 de Febrero de 1909. Viene a continuación la  MINUTA, que  relaciona Entremeses con Ostras, Consomé de la Reina, Jamón en dulce, Agujas hojaldradas de ternera, Galantina de pavo trufado, Langosta, Quesos helados de coco imperial, Mandarina al Ron, Crema de cacao y Piña de América.

En los Postres cita Tostadas de almendra, Conchas de huevo hilado y Dulces finos variados.

Entre los Vinos de Rioja, Jerez, conmueve mis recuerdos el vino de Siétamo, que en la Guerra Civil,  acabó emborrachando a los que peleaban,  muchos para morir. Acaba la relación  con el Champagne Möel Chandón y Codorníu. Remata la Minuta con Café, tabacos u licores.

En esta cena de Noche Buena que hoy consumimos, gozamos de los buenos platos que ha dispuesto mi sobrina Pilar Llanas Vázquez y reflexionamos sobre el público, que como en aquellos horribles días de la Guerra Civil, está pasando hambre. ¡María Antonia haz sonar el piano, acompañado por lastimosas quejas de aquellos que no pueden cenar  como lo hacemos nosotros!.



Han pasado muchos años y María Antonia Vázquez Añón, no conoció al padre de José Antonio, su esposo, que murió en el año de 1936, pero se identificó con los Llanas, de los que conserva fotos y cuadros.  Hace pocos años la veía yo en lo más alto del Coso, donde vivía Joaquín, al que iba a visitar, pero hace muy poco tiempo, la encontraba entrando o saliendo de la misma casa, en la que se hizo de más de cien años su esposa. ¡Dios mío, qué identidad tan intensa era la de María Antonia con el trabajador y ayudante de los enfermos Joaquín Santafé!  

A Feliciano Llanas no lo conoció María Antonia, aunque yo lo fui a visitar, acompañando a mi padre, en el lecho en el que esperaba la muerte, el año de 1936. José Antonio, pertenecía a una raza de señores, elegantes e intelectuales y María Antonia era la figura perfecta de mujer, para continuar la raza de caballeros Llanas. Conocí a sus padres, que estuvieron en Huesca y vinieron a Siétamo, con una hermana, que Cardús, conducía en su bello coche azul. Eran unos auténticos señores los padres de María Antonia. Eran figuras, que me hacían recordar aquellos gallegos sentimentales, que hablaban unas veces en castellano y muchas en gallego.

 Rubén Darío comenta de José María Llanas Aguilaniedo, su inclinación “al divino imperio de la música, música de las ideas, música del verbo”. Y María Antonia, cuando me ve en su casa, se sienta en el piano y me hace escuchar recuerdos musicales de Galicia y de Huesca, leyéndote después sus ideas, sobre los ratos pasados por la vida.

Ya tiene María Antonia más de noventa años de edad y ha acompañado por la vida la niñez de sus hijos, su juventud, su madurez y está ya apunto de acompañar a su hija María Teresa, por la edad antigua. ¡Cómo ha llegado esta María Teresa a tan alta edad, con un humor, en el que goza de los placeres de la vida, de las tristezas de alguna compañera y la humorística sátira, que se produce entre los humanos!.

En su obra “Alma contemporánea”, escribe Jose María Llanas Aguilaniedo, de la vejez, de la edad adulta, de la juventud y de la niñez y María Antonia ha superado la niñez de sus hijos, su juventud, está llegando a igualar su edad adulta, por ejemplo la de José Antonio y está igualando su “vejez” con la que le llegará a su hija María Teresa. 



Hemos comentado numerosos periodos de tiempo que la familia Llanas ha vivido, pero María Antonia, vive y vivirá muchos más años, para cumplir la misión que el Señor le ha encomendado, que es la de igualar su propia “vejez” a  la que llegará  su hija María Teresa. Y así como está cumpliendo la misión de madre de una hija, a la que el Señor la privó de agilidad en su cuerpo y con una inteligencia superior, tendrá que hacerse muy mayor para cumplir perfectamente su misión. Parece un milagro el  ver que María Antonia además de madre, se está convirtiendo en hermana de María Teresa. Esta además de su inteligencia tiene muchas ganas de vivir y de divertirse con la gente, cuando todos los veranos marcha a Andalucía, donde con su madre conviven y se divierten con las alegres gitanas andaluzas.

María Antonia se acordaba de su antiguo mancebo de Farmacia y de su esposa, como pude comprobar con mi observación, por tanto también recordará a Elena y a su esposo, dos rumanos piadosos, que trabajan por María Teresa, por ella misma y por Pilar, con un gran interés y amor.



La hermana menor de José Antonio Llanas Almudévar y de María Antonia, se llama  Pilar. Además de muy trabajadora y de amar a su hijo Javier, su comportamiento familiar recuerda el de su abuelo Feliciano Llanas que acogió en su casa a los hermanos Cardús y a su mismo hermano el sabio José María Llanas Aguilaniedo, porque en su propio chalet está pendiente de María Antonia, su madre y de su hermana mayor María Teresa. Ya me confundo y no sé si decir que son hermanas María Antonia y María Teresa o si también lo es  Pilar.

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