domingo, 2 de febrero de 2014

Un marroquí en el Bar de Valentín Artero


En el mostrador del Bar-Restaurante de la Fabla Aragonesa, conocí al  marroquí Mohamed Chtioui, de nombre árabe. Tenía una edad de unos cuarenta y seis años, con su rostro moreno, como lo tienen muchos marroquíes que vienen a España. Hay que tener en cuenta que no todos los rostros de los marroquíes son morenos, sino que muchos no se distinguen del rostro de los españoles. Incluso se encuentran algunos  marroquíes con sus cabellos rubios. En la parte montañesa de Marruecos viven los bereberes, que trajeron la rubicundez de sus cabellos en una emigración racial, procedente del Cáucaso.  Pero ese aspecto claro de sus cabellos, no viene sólo directamente de Europa, sino que muchos godos, también rubios,  se hicieron musulmanes en España y al ser expulsados de nuestra nación, fueron a parar al Norte de Africa. Cuando los musulmanes conquistaron la península, derrotando al Rey Don Rodrigo  de raza visigoda, en la Batalla de Guadalete, bastantes godos o visigodos se convirtieron a la Religión Musulmana. Los godos eran rubios y cuando los moros fueron expulsados de España, muchos de ellos, pasaron  al Norte de Africa. Quedaron en Marruecos rubios procedentes de una emigración caucásica, muy antigua, viviendo con los rubios  godos, que ocuparon España. ¿Ya se habían convertido en bereberes?.  Por lo menos así lo  ha parecido durante siglos.
Eran dos las razas principales que vivían y siguen viviendo en Marruecos, a saber la árabe y la bereber.
Ambas hablaban su lengua, pero en Marruecos hay muchos que hablan las dos lenguas. Hay teorías que dicen que el vasco y el bereber tienen el mismo origen, tal vez procedente del Cáucaso. El francés se habla mucho en Marruecos, así como el español en el Riff, al Norte y en el Sur,  al lado del Sahara que fue español. Como acabo de escribir, las lenguas antiguas son el árabe y el bereber. Repasando la Historia se queda uno sorprendido de que muchos bereberes han sido personas de gran inteligencia, como el norteafricano San Agustín.
Todas estas lenguas que se hablan en Marruecos, como en España, donde se cultiva  también el vasco, pariente del bereber, el catalán, el gallego y varias otras, revelan  que los hombres están evolucionando, para llegar a hablar en una lengua universal. ¡Es tan corta la vida de los hombres que se tardará mucho tiempo en que el dominio del inglés y el castellano,  por ejemplo, o el chino y el árabe,  sean los más hablados en el Mundo. No hay que despreciar que cada grupo humano conserve sus lenguas primitivas, que alegran sus corazones, pero para facilitar toda la vida común de la humanidad, tiende la humanidad a restringir tantas lenguas y dialectos. Todas las lenguas, que se hablan en Marruecos y en España, indican que los hombres están evolucionando, para hablar, principalmente, una lengua universal.
Ha sido curioso el comprobar en mi conversación con Mohamed Chtioui, los pensamientos de un hombre de origen árabe, sobre la comunicación entre los hombres,  por medio de palabras.
No sé si se acordará de la filosofía antigua, que aprendería escuchando a algún antepasado suyo o la ha aprendido, trabajando en España, donde en lugar de mirar de resolver los problemas con luchas sociales, él querría conversar con sus patronos, compañeros y compradores, para resolver esos problemas. El medio era la palabra, que usaba mucho con su patrono, mi amigo el Veterinario y empresario de una gran empresa de construcción y hoy que ya estaba en paro, debido a una gran crisis. Le he preguntado cómo se arreglaba estando en paro,  para vivir y me ha contestado que cuando trabajaba, seguía una política conservadora y  ahorraba dinero. Conserva el recuerdo de su trabajo y de la autoridad moderada de Valentín Artero, y con su cerebro, no para de pensar. Con esos pensamientos se da cuenta de que los hombres son superiores a los animales, porque sus cerebros crean las palabras, de las que unas actúan como sujetos y otras como verbos. Dice que hay que usar las palabras, unas veces, sujetos y otras verbos, con medida. Si, hay que usarlas con medida, para que el hombre, use una autodisciplina, que lo siga manteniendo cómo un ser superior, cercano a Dios. Los animales no evolucionan, ni suben moralmente en la vida, sino que siempre actúan como seres autónomos y con unas costumbres iguales en la vida. La vida es una palabra nominal y Dios ha dado al hombre medios para acrecentar su bondad, dando al hombre libertad para que use las palabras con rectitud. Dice Mohamed: “la vida es un verbo bueno y se permite actuar usando el verbo vivir”. Pero el hombre, encuentra en su pensamiento unas palabras buenas y otras malas. Por tanto tendrá que usar los verbos buenos, pero cada uno en su tiempo, en su lugar y sin pasar los límites. Si nos limitamos a usar las palabras buenas, a saber sujetos y verbos, viviremos correctamente y en esta vida reinará la Paz, practicando el respeto, la lealtad, la libertad y la igualdad, (como dicen en una comunidad de musulmanes de la India), pero si cambiamos las palabras, es decir los nombres o sujetos y los verbos por otras que hacen brillar el mal, entraremos en la CRISIS. Cuando decimos, “los hombres amamos a los otros hombres, sentimos la simpatía, la generosidad, la compasión y la generosidad”, pero cuando cambiamos el verbo amar por el verbo odiar, entramos en la crisis de la buena relación entre los humanos. Me dijo el moro Mohamed,  que si hablando, cambiamos las palabras que hacen de sujetos y los verbos buenos, que las deben acompañar, se pierden la lealtad, la libertad, la igualdad y el respeto.
Cuando vamos a misa, el sacerdote, después de leer el Evangelio, dice ¡Palabra de Dios!, y el pueblo le contesta: Alabamos a Dios.

Si en lugar de usar las buenas palabras, se usan las órdenes tajantes, en lugar de venir la Paz, vendrá la Guerra.

1 comentario:

  1. Estupenda disertación sobre el lenguaje que utilizamos los humanos , no somos conscientes del uso que hacemos a veces de las palabras , tenemos un dón que la mayoría no sabemos utilizarlo , la palabra puede convencer al mas irracional de nuestros congéneres pero hemos perdido la dulzura de la palabra y nos empeñamos en transmitir sentimientos negativos a los demás sin darnos cuenta que nosotros mismo nos destruímos..
    Un abrazo y siempre adelante.
    Rafael

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