domingo, 30 de marzo de 2014

Disminuidos psíquicos, pero felices


Después de varios años, en qué visité este Centro de seres humanos, con capacidad psíquica disminuida y que Atades levantó al lado de la carretera de Jaca, junto al Santuario de Nuestra Señora de Cillas, he vuelto al vivero de que disponen para buscar plantas de pequeños cipreses para ponerlas en un jardín. El día veintidós de Noviembre de este año de 2006, llegué a dicho vivero a las nueve de la mañana, pero no lo abren hasta las diez. Entonces pasé a recordar aquella inauguración del monumento, que se levanta cerca de la entrada del edificio redondo, que fue el primero que se edificó en el Centro de Atades, pero ahora  se alzan varios edificios, algunos también redondos, separados por verdes prados y en ellos se alzan altivos pinos y redondos olivos y todos ellos, a saber, los edificios , los prados y los árboles, forman como un pueblo de esos que se representan en los cuentos de enanos y en el que viven los disminuidos psíquicos, cuidados por Atades.
Parecen estos árboles criaturas de Dios, como lo somos los hombres y mujeres, porque al mirar la afilada copa de los pinos, éstos nos señalan del cielo; en cambio los olivos con sus retorcidos troncos y el color verde-blanco de sus hojas, están coronados por unas copas esféricas, que nos recuerdan los trabajos que realizan los hombres y mujeres en el mundo y nos invitan a visitar los varios edificios, también redondos muchos de ellos, que imitando al Doctor Don Manuel Artero, que tiene colgado su retrato en el vestíbulo, otras personas, en escasos años han ampliado la extensión del Centro, desde el día en que se levantó el monumento hasta el día de hoy.
Es que esas personas se preocupan  de todas las necesidades de las otras personas necesitadas, porque sus facultades han recibido algún recorte. Pasé por el comedor, donde estaban los disminuidos desayunando con apetito y con comodidad en un ambiente agradable, al que contribuía la calefacción. Estuve esperando que abrieran el vivero, en el recibidor, por el que pasaban algunos mozos de enorme volumen y también mozas diminutas de cuerpo, pero que creo que tenían un alma gigantesca. Un grupo de mozos y de mozas estaban esperando que los llevaran a la piscina municipal para bañarse, en este mes del Otoño, en tanto que otros con sus bolsas esperaban la hora para empezar sus diarias prácticas de trabajos manuales. Yo, como ellos, también estaba esperando que abriesen el vivero a las diez de la mañana, para coger alguna  planta, como algún muchacho esperaba para, en el mismo vivero, prestar sus servicios a la belleza de sus jardines.
En resumen, todos estábamos allí esperando, como están todos los hombres y mujeres en este mundo, pero los inquilinos  habitantes de este pueblo, no de enanos sino de disminuidos psíquicos, que se creó en Huesca sólo para ellos, también esperaban solamente pasar los ratos felices que se les iban a proporcionar a lo largo del día. En tanto la gente de la calle espera también pasar ratos de felicidad, pero tienen que aguantar desgracias, que surgen espontáneamente a lo largo de la vida.

Hay que agradecer a las personas que han creado este Centro y que trabajan por los disminuidos psíquicos, para que sean felices, ya que si ellos faltaran seríamos enormemente desgraciados sin su obra.

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