domingo, 6 de abril de 2014

Mosen Martín Cavero, Retor de Siétamo



Esta carta fue escrita en el mes de Febrero y día once del año 1807, por el párroco de Siétamo, Mosen Martín Cavero, retor de Siétamo,  al Excelentísimo Señor Duque de Ijar (Hijar),Conde de Aranda mi Señor. Este mosen Martín Cavero de Siétamo fue tío de don Manuel Almudévar y Cavero, padre de don Manuel Almudévar Vallés, abuelo de mi padre don Manuel Almudévar Casaus y bisabuelo de Ignacio Almudevar Zamora y de sus hermanos y hermanas.
“Exmo.Señor:
Voz del Señor deben ser los Párrocos, y ésta, en acabando de sonar, dexa de ser. Digolo, porque VXª.  me  honre con la clemencia de oírme sin causarle admiración, verme introducido en asuntos seculares, que   sabe Dios, si soy capaz de cumplir con los eclesiásticos, como los más sagrados de mi estado y obligación.
Algunos meses há,  que encierro dentro de mi corazón el sentimiento que me cuesta la crítica y triste situación de estos vasallos de V.Xª. y  feligreses míos; pues es tan grave, por las funestas consecuencias que amenaza, que huyéndose de mi juicio, solo se concede a mi dolor. El amor de próximo, y la obligación de Pastor, me precisan ya a romper el silencio, suplicando a V.Xª. se digne atenderme, porque también es equidad  en los Grandes Señores permitir al dolor algún desahogo. No es posible, Exmo. Señor, que la amable clemencia de V.Xª. esté verdaderamente noticiosa del trabajos y persecuciones que padece este  Pueblo por su Administrador Don Josef de Irigoyen; porque a saberlo, no podía suceder el consentirlo, y mucho menos V.Xª.,que siempre amante de la equidad y justicia, jamás supo volver los ojos a la razón de mandar executarlo.
Todo observante y nada compasivo, pretende Irigoyen labrar sus aciertos a costa de rigurosas y atropelladas execuciones, hijas de su poca edad y fogosidad de su genio. Si la indigencia de un pobre jornalero le obliga al socorro de un fajo de leña del Carrascal, y sin causar daño alguno en él, inmediatamente lo delata al Subdelegado de Huesca, y tiene que contribuir con la pena rigurosa que le impone, muy superior a sus débiles fuerzas. Este y otros hechos que omito a V.Xª., por no serle molesto, han dado motivo a una juventud inconsiderada, con el mayor sentimiento de lo principal del Pueblo,  y señaladamente del Exponente, que conoce, y sabe mejor que otro alguno, las funestas  consecuencias, que de necesidad se han de seguir, a hacer demostraciones de venganza contra el dicho Irigoyen con piedras y con el escaño a las puertas de palacio. Yo, que soy testigo de estos desórdenes, lo soy también del  Recetor y cuatro Fusileros que acaban de llegar a este Pueblo de orden de la Sala, y a instancia del dicho Irigoyen, con tolerancia  o consentimiento de su Cuñado Don Pedro Bezares, Administrador General de V.Xª., para la justificación de los hechos que acabo de exponerle, y para proceder a las prisiones respectivas de los Reos, que de ella resulten Yo no sé, si los citados Bezares e Iigoyen pretenderán hacerse singulares, conseguir la duración de sus empleos y la perpetuidad en sus interese propios, hablando y obrando del modo que agradan, y no como sienten.
Si esto pudieran lograr sin conocida destrucción y alboroto de estos vasallos de V.Xª. y  feligreses míos, yo sería el primer coronista de sus aciertos: Pero, Señor Excelentísimo ¿puede ser en ningún tiempo buen servicio de Dios, ni de V.Xª.,  la total desolación que amenaza a este Pueblo?. ¿La evidente ruina de sus vecinos y la común congoja de las familias?. ¿Con qué animo podrá trabajar un Labrador sabiendo que su sudor le fatiga y no aprovecha? ¿Qué amor a VXª podrá engendrarse en el corazón de un Vasallo, que diariamente experimenta tributos penales de una leve culpa, y las persecuciones de un Administrador dominado de un espíritu vengativo?. Señór Excelentísimo, es evidente, que la antigua nobleza de Vuestra Casa, y las pingües rentas que goza, dependen del sudor del jornalero, pues ¿por qué habiéndole de limpiar  la piedad, le ha de sofocar el rigor?.
Bástale al infeliz su desdicha, sin quererla duplicar con el desprecio y abatimiento: y así, Excelentísimo Señor, espero firmemente, que la piedad de V.Xª., ha de dar crédito a a estas experiencias de mi reverente buena  ley, y humilde amor a VXª, tomando las providencias que fuere servido para el remedio: y que mediante él, quedó tranquilo el piadoso y magnánimo corazón d  e V.Xª.,  el de estos sus amados vasallos y feligreses míos, y el de Irigoyen.  V.Xª. no tenga por desembarazo la realidad de mi explicación, si no créala, por eco preciso de la voz, de quien más le reverencia y desea el mejor servicio de Dios, la mayor gloria de V.Xª., y menos fatiga de estos sus cadentes vasallos: A este fin aplico mis oraciones y sacrificios , y en todos pido a Nuestro Señor guarde a su Exma.persona muchos años.
Siétamo y Febrero 11 de 1807.
Exmo. Señor  A. L. P. de VXª
Martín Cavero Retor de Sietamo.
Excelentísimo Señor Duque de ijar, de Aranda, mi Señor


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