jueves, 1 de mayo de 2014

Isuela


Río  Isuela (Huesca)

Un domingo de este Otoño de 1999,tan frío,tan lluvioso y tan nebuloso,a las diez de la mañana, no se ve gente por la calle, precisamente por el frío, por haber llovido los días anteriores y porque la Sierra está  nevada. Pero a pesar de estas dificultades, yo no puedo estar en la cama y me lanzo a oír misa en la Catedral y después de oírla, me bajo a la iglesia de San Miguel, observando como el río Isuela baja crecido y mientras lo observo, me encuentro con dos viatores, ya jubilados que han salido a pasear con el fin de contemplar la nieve de la Sierra de Guara. Les pregunto por Rafael, el oscense viatoriano que ha cantado misa estos días y me dicen que está  en la Parroquia de Santiago, lo que me mueve a constituirme en peregrino a Santiago, el titular de dicha Parroquia y al llegar a ella me encuentro con Rafael.

Cuando estuve en Santiago,un sacerdote me pasó a una oficina, desde la cual se escuchaban las campanas que sonaban pacíficas y piadosas,las voces de unos niños, que tal vez fueran monaguillos ahora ya casi desaparecidos, y el pueblo tal vez unido por lo eterno, permanece en su mayoría, en sus casas, mientras un notable número de fieles está  ocupando los bancos de la iglesia, para escuchar la misa. Entretanto los sacerdotes, cada vez más viejos, se preocupan del toque de las campanas, de los quehaceres ordinarios de la parroquia, de los bautizos, de los entierros, en tanto que la paz preside los locales eclesiásticos. Vi a Rafael escaso tiempo porque iba a decir misa y me fuí;al salir me di cuenta de que los monaguillos no eran tales, sino monaguillas, vestidas con sus albas blancas. Me fui pensando en que la escasez de sacerdotes, se fuera tratando de arreglar con la ayuda femenina en las obras piadosas de la Iglesia, porque desde ella se pide el bienestar del pueblo y la unión entre sus miembros y, por fin, la Unión Eterna con Dios.     

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