miércoles, 7 de mayo de 2014

Las abejas antes y ahora

Ahumador de abejas.


En las paredes del corral de mi casa y de un pajar en la era de la trilla, habían creado las abejas tres colmenas. Como mi hijo Manolo no puede hacerse cargo de la cría de dichas colmenas, quiso que se hiciera cargo de ellas un  mielero  del vecino pueblo de Fañanás  y le avisó,  para que viniera a buscarlas. Este aficionado a la creación de miel, se llama Santiago Aliaga Escario y tiene una edad de unos cuarenta y dos años. Hoy día, en que casi toda la población emigra a las ciudades y abandona la producción en los pueblos, Santiago está entusiasmado con las abejas y las cuida y  coloca las colmenas o “arnas” en puntos del monte, en que no sufren molestias de otros seres agresivos. Pero a mí me viene a la cabeza la idea de que las flores de las aliagas, de las que él ha tomado su apellido, son amarillas y son cortejadas por las abejas,  para fabricar miel. Tal vez, su propio apellido le acerca a la vida de las abejas, fabricantes de dulce miel .Pero no puede olvidar a un señor de Osera de Ebro, ya difunto, que cuando venía a Fañanás, se unía con él, entonces el niño Santiago, e iban a observar a las abejas que tenía en este monte. No era tan sólo Fañanás el lugar donde poseía colmenas, porque las cuidaba también en numerosos puntos de  Aragón. De niño se fijaba en las maniobras del señor de Osera de Ebro y su imaginación trabajaba al mismo  tiempo que las abejas. No podía Santiago evitar su recuerdo,  y hace unos seis años, se puso a ejecutar las faenas que había aprendido del señor de Osera y para ello, compró en Egea de los Caballeros una docena de colmenas. Colocó las colmenas o arnales, en la paridera de Casa Acín de Fañanás y más tarde colocó otras colmenas por distintas zonas de huerta y de secano. Yo conozco varias colmenas de Santiago en el secano de Fañanás, por donde yo paso con cierta frecuencia y siempre me he preguntado de quien serían dichas colmenas. Hoy me enterado al ver a Santiago, que trataba con las abejas como  amigas, como lo hacía con todos los que acudían a contemplar sus faenas. Yo también, me iba a ver a estas tan trabajadoras abejas. Creció en mí la curiosidad por unos insectos tan solidarios y trabajadores para producir la rica miel y cuando podía me iba a Pertusa a hablar con Mosen  Bibián, gran amigo mío, de los éxitos y de los actuales peligros que tienen, en estos tiempos. Este sacerdote, originario de Siétamo, es un SABIO de las colmenas, de su vida, de su producción y de sus enemigos. Lo he visto trabajar en el Convento de Santa Teresa, que se encuentra en la carretera de Zaragoza, con colmenas que traía de Pertusa.
Al ver trabajar a Santiago con sus ropas y con su fuelle, con el que ahuma, apartando las abejas de su persona, protegida por guantes y escudos de tejidos formando redes que cubren su cabeza,  sus ojos y su rostro, y me he acordado del aparato de más de cien años, que tengo guardado en el hogar de mi casa. Comparando  el fuelle de Santiago con el férreo aparato, para lanzar humo a las abejas, se ve que hay una diferencia material entre el moderno fuelle, con el antiquísimo aparato, que usaron en viejos tiempos, para manejar las abejas. Me vienen ganas de comparar el aspecto de hierro primitivo del  ahumador  de abejas, con el objeto volador, que se detuvo encima del Portal de Belén, donde  había nacido el Niño Jesús. Dicen que el profeta  Ezequiel,  habló con el conductor de un objeto volador, y que el miembro de la NASA, Bhumrich,  ha tomado notas interesantes,  para los actuales aparatos voladores. Los antiguos no tenían los medios técnicos actuales, pero fabricaban aparatos muy eficaces, a pesar de su aspecto no moderno, pero eficaz. A mí me pareció oportuno enseñárselo  a Santiago, y fui a buscarlo, quedándose Santiago  admirado de su funcionamiento.
José Otín Nasarre, nacido en Alberuela de Laliena, me ha explicado como en casa de su abuelo en Otín, cuidaban colmenas, que las fabricaban con cañas y rebozaban de barro, mezclado con estiércol o “boyiga” de vaca o de buey, para que no se apoderase el frío del invierno de las abejas. Tenían dichas colmenas dos extremos,  uno más delgado, que orientado hacia el Sur, permitía a las abejas, entrar y salir del tubo de caña,  barro y estiércol de vaca; por el otro extremo  abrian,  para sacar la miel, que creyeran conveniente. De esas colmenas obtenían miel, cera y agua, con el gran sabor de la miel.   
El valor económico de las  abejas, es una de las bendiciones de Dios sobre la Naturaleza, porque  sin ellas no habría polinización en las plantas y casi desaparecería la agricultura.
Pero yo estaba pendiente de Santiago, que en esta ocasión  colocó tres colmenas modernas, cada una frente a cada colmena  silvestre, con lo cual se invitaba a las abejas a hacer el trasiego de las mismas a las colmenas  modernas. Las colmenas que trajo eran de forma cuboide, con su techo, cubierto con aluminio o con zinc, que evitaba la humedad de la lluvia y que se podía abrir para meter y sacar los panales de cera, donde las abejas iban depositando la miel. Por la parte de abajo, se encuentra la entrada de los insectos en la colmena y para estimular su paso de la pared a su nuevo lugar de producción,  les  lanzaba de vez en cuando, impulsos de humo, a la salida de la colmena rústica.  Los inteligentes insectos,  parecía que se daban cuenta de la comodidad de la colmena que se les ofrecía y poco a poco, iban pasando una tras otra,  a su moderna fábrica de miel.
En las colmenas rústicas suelen producir las abejas unos quince kilogramos de miel y en las modernas,  poseedoras de los panales de cera, pueden crear hasta unos cuarenta o cincuenta kilogramos. Cuando el sol se iba a esconder, ya habían pasado bastantes abejas a su nueva morada y por la noche, con el fresco se iban reteniendo en sus movimientos. Me dijo que todavía tendría  que dejar las colmenas próximas a las rústicas, unos doce días, para que su acomodo resultara completo. En colmenas que están preparadas para iniciar el comienzo de un nuevo enjambre, para constituir una nueva colmena, la reina antigua sale de la colmena con su enjambre a buscar  otra y la nueva reina permanece en la colmena.  Pero si se trata de sacar de una colmena rústica, la labor de la reina,  parece resolverse muy pronto, porque  la abeja destinada para ser reina, a la semana de nacida, alimentada con jalea real, ya realiza un vuelo de fecundación rodeada de zánganos, que la hacen fértil. Como las colmenas que se va a llevar Santiago, las deja al lado de la colmena rural, durante doce días, hay suficiente tiempo para que el  mielero,  se pueda llevar una colmena fecunda.
Santiago cuida con cariño las abejas, pues son la mayor parte de ellas, obreras que producen miel, polen, jalea real,  propoleo, cera y otras materias apícolas. Embriológicamente , las reinas tienen un origen idéntico al de las obreras. Son ambas  procedentes de unos huevos, depositados en la colmena por una reina, pero la alimentación con jalea real, durante su etapa de larva  de seis días,  hace que  a la semana de nacida, esa nueva reina, se lance al cielo, volando para ser fecundada por los zánganos que la rodean en el aire. A veces, en Primavera, se marcha de la colmena una reina, rodeada de obreras y zánganos, dejando a una reina más joven encargada de la colmena, ya de nueva generación.
Yo no sé qué pasará en las rústicas colmenas, pero la primavera ya se ha puesto en marcha, dentro de las colmenas, que se llevara Santiago a otros colmenares.
 La producción de miel es una, en la alimentación principalmente, de las actividades más buscadas por el hombre,  que se preocupa de colaborar con las abejas. Éstas son insectos sociales y han buscado desde siempre la alimentación de los hombres. Pero en estos tiempos, al tornarse el Globo en una aldea, se trasladan por él, y dadas las facilidades de traslado, varias razas de  insectos que les perjudican, llegan a sus colmenas para perjudicar a las trabajadoras obreras.  El hombre tiene que defenderlas, porque si no, desaparecerían muchas especies, unas animales y otras  vegetales, que se cultivan en el mundo y se vería en peligro la alimentación de la humanidad y tal vez, también la medicina.
De la misma forma que aparecieron especies vegetales y animales, en Europa, después del Descubrimiento de América, fueron a las Américas los caballos y las ovejas. Ahí tenemos a las patatas, al cacao, a los tomates, al maíz  y a otras especies, que han facilitado la conservación de los europeos. En 1554, fueron traídas las patatas a España, como una curiosidad vegetal, pero a finales del siglo XVI, ya era un alimento corriente en Italia, Alemania, Polonia y Rusia. En el siglo XVIII, se dieron hambrunas en Galicia,  por falta de patatas, igual que ocurrió en Irlanda en 1840. Hasta que llegó la patata, en nuestros pueblos ya existían los “arnales” o colmenares y la miel daba un rico alimento a sus habitantes, pero no se podían acaparar cantidades enormes de miel y tal vez por esa causa, eran necesarias las patatas. A principios del siglo XIX, Napoleón I, reunió cantidades ingentes de patatas, para que sus ejércitos no murieran de hambre en las guerras de Rusia y en la Guerra de la Independencia en España.
Aquellos años en que vivió la Familia Azara en Siétamo, donde llegaron a vivir en 1588, son aquellos, en que  se trajeron patatas a España, como una curiosidad vegetal;  En 1554 trajeron las patatas y en 1588, vino la familia Azara a vivir a Siétamo.En 1783 ya estaban casados Francisca Escabosa Azara con José Almudévar de Barluenga, la úlima Azara  de la familia y el primer Almudévar, de la Casa Azara-Almudévar. En fecha de 1730 a 35, fecha casi coetánea con la del matrimonio de Almudévar con Azara, los gallegos combatieron el hambre con las patatas. En Irlanda un año de mala cosecha de patatas, pasaron los irlandeses un hambre feroz.
En todos los pueblos había colmenares y en casa Azara-Almudévar poseían dos, el colmenar grande y el pequeño. Yo no sé si enriquecerían la cocina de la patata, añadiéndole miel y en ocasiones mostaza con miel, que le daban a las humildes patatas, un sabor celestial.
Lo que se sabe es que en cuestión de herencias José Almudévar Altabás, junto con su señora María Francisca Escabosa Azara, tuvieron sus líos, pues Mateo Escabosa Azara,hermano de Francisca Escabosa Azara, y su esposa Rosa Sipán, levantaron un pleito que parece ser acabó de buena manera, pues en la escritura Apoca de 1776,dice:”confesamos haber recibido de María Francisca, de Azara, nuestra Madre y Señora, la cantidad de doscientas y treinta libras Jaquesas…a más confesamos y otorgamos haber recibido de nuestra madre, los doce Basos de Abejas o Colmenas, que por la misma Escritura de Dotación me mandó y señaló”. Esto ocurrió en el año de 1773.  “Siendo  a todo ello  presentes por testigos Don Antonio Los Arcos, Cadete del Regimiento de Dragones del Rey, residente en la ciudad de Huesca, y Antonio Morcate, Labrador, residente en el Lugar de Siétamo”
En Zaragoza y en el año de mil setecientos ochenta y siete, el Abogado Don Pascual de Azara, dice haber convenido, que “los dichos Pablo Segura, Don José Almudévar  y Doña María Francisca Escabosa  y Azara, me han de entregar a mí, el Doctor Don Pascual de Azara o los habientes mi Derecho, la cantidad de cien Libras Jaquesas, las que he recibido luego, y de presente, y otorgo Apoca en la debida forma; y además la Canal de un Zerdo de cien o más libras de peso, que deberán entregar para la Navidad del Señor del presente año de Mil Setecientos Ochenta y Siete; y con dicha cantidad recibida, y el referido Zerdo y doce vasos de miel, yo dicho Don Pascual de Azara me separo, y aparto de cualesquiere pretensiones, que me pertenecen, y puedan pertenecer en cualesquiera manera a los Bienes de dichas Herencias, renunciando como renuncio de todas ellas a favor de la dicha María Francisca Escabosa y Azara”.
“En estos papeles que yo, Ignacio Almudévar, he revuelto, salen los alimentos de aquellos años de los siglos XVIII y XIX, como la miel que poseían los Azara y los Almudévar, en aquel Colmenar de la Costera y también se puede observar el interés del Abogado zaragozano de la familia Azara, por la canal de un cerdo. 
La miel, ahora de Santiago Aliaga y antes de los Almudévar Azara de Siétamo, envuelve la miel con otros alimentos, como hemos visto con el cerdo del Abogado Azara y cómo podemos ver en la carta que escribió el Alcalde de Siétamo en 1813, en que todavía duraba la Guerra de la Independencia, que dice: “Señor de Jaso, muy Señor mío, me hará Vd., el favor de decirme cuanto es cada ración de carne, en dinero, cuantas raciones por cada fanega de judías, cuanto de Guijas, por ver si podemos completar el número de legumbres, a causa de haber dado 4.000 raciones en carne. Favor que espera de Vs. Su afto. Q.B.S. M. ¿No se tratará de abastecimientos obligatorios para las tropas, en estos años de la Guerra de la Independencia?”. Vicente Benedé, Alcalde, añade: “Un señor llamado Bederrain, contrata con las siguientes palabras, cada ración en dinero es tres reales, y son en legumbres, 36 raciones por fanega, no siendo admisibles las arvejas o guijas”. Se ve como los encargados de la alimentación de los soldados era cuidadosamente cuidada por sus jefes, pues las guijas, prohibidas, no se admitían en aquellas raciones.

Tampoco se daba miel en dichas raciones, pero todavía quedan idealistas, que buscan una alimentación selecta a base de miel. Hay que felicitar a Santiago Aliaga por la preocupación que muestra de buscar un alimento selecto, como la miel, para que sus paisanos vivan muy felices.                                         

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