domingo, 23 de noviembre de 2014

Cecilia con su canción, dio ”Gracias a la vida”



Cecilia, el día veintiséis de Agosto de mil novecientos setenta y seis,  murió en accidente de tráfico, a los veintisiete años de edad, en la carretera de Benavente, en la provincia de Zamora. Está enterrada en el cementerio de La Almudena.  Su padre fue José Ramón Sobredo y Rioboo, que fue Marino y Diplomático,  muriendo a los ochenta y siete años y su madre María Dolores Galanes, muerta a los noventa y siete, el año de 2013.
Evangelina  Sobredo  Galanes nació  en  1948 y murió en  1976 y en 1971 adoptó, como Cantautora, el nombre de Cecilia.
Su vida fue corta, pero amplia en consideraciones eternas y en sentimientos humanos y quiso el Señor, que su marcha de este mundo, no fuese una  puñalada para su cerebro y para su corazón, porque pasó de esta vida a la otra, estando dormida y al recibir el golpe del accidente del automóvil en el que viajaba, con un carro de bueyes,  no se dio cuenta de que era arrebatada de esta vida. Parece que ella tenía un deseo de vida impregnada por la bondad y antes de morir, con su canción, daba  al Creador “Gracias a la vida”, ya en el año de 1970.
Cecilia creía más en el corazón, que en el cerebro humano y lo manifestó con la siguiente frase: “Un error común al género humano, es expulsar del cerebro lo que sale del corazón”.
Viajó por diversos países formando parte de una familia diplomática. Hablaba el inglés con la misma facilidad que el castellano y una monja en los Estados Unidos, la animó a tocar la guitarra. En las fiestas y en los finales de curso, cantaba, lo que fomentó su conversión en una cantautora. Cantó canciones en inglés, pero  sus obras en castellano, estuvieron  llenas de poesía y literatura. Su afición a la música la hizo abandonar sus estudios de la Carrera de Derecho. En su afición se inclinó,  a veces, a corrientes existenciales y a la canción protesta femenina, pero poseyó un carisma absoluto, compaginando el inglés europeo y americano con la literatura española.
 En medio de aquel mundo que recorrió, Cecilia amaba a España, como demuestra con su canción: “Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra….quiero ser peregrino en los caminos de España… quiero ser tu tierra, quiero ser tu yerba, cuando yo me muera. Quiero ser peregrino en los caminos de España, ¡quiero ser tu tierra, quiero ser tu yerba, cuando yo me muera!...  ¿Dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?. Quiero ser tu tierra, quiero ser tu yerba, cuando yo me muera.  
Pero el destino quebró tus sueños y un  carro con sus bueyes y sin luz, era arrastrado por la carretera y tu chófer corría y corría con exceso de velocidad y causó tu muerte y la de otros ciudadanos que circulaban por esa carretera. En un segundo coche, detrás del que causó la muerte de Cecilia, iba mi amigo Valentín, que acompañaba en sus conciertos a Cecilia y se quedó con su espíritu muerto, que aún siente el dolor de ver muerta a Cecilia.
Te vino la muerte y tú profetizaste el futuro inmediato de una sociedad podrida, con tu canción “Dama Dama, de alta cuna y de baja cama, señora de tu señor, querida de un individuo y esposa de tu señor,  que hace lo que le viene en gana”.
 Tú acabaste atropellando el chofer de tu automóvil   un carro y muchos hombres actuales, unos políticos y otros buscadores de oro, atropellan al pueblo con su economía corrupta, como hacía el señor con su querida, acompañado por la Dama  Dama, de alta  cuna y de baja cama.
Entre sus canciones se ve como la ama  un desconocido, que “le enviaba versos y le mandaba flores por primavera, las flores sin tarjeta, con un ramo de violetas. En Noviembre, como siempre, ni tarjeta le mandaba,  sólo un ramo de violetas”.

Pero Cecilia cantaba : “Mi querida España, esta España viva, esta España muerta, ¿dónde están tus ojos, dónde están tus manos, dónde tu cabeza?.  ¡Quiero ser tu tierra, quiero ser tu yerba, cuando yo me muera!.  

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