miércoles, 24 de diciembre de 2014

La joven en el Campo de Fútbol. (1980)



He acudido al Campo de Fútbol, a  seguir el juego de los futbolistas. Pero ha llegado una joven, que ha despistado mi atención de la marcha del balón, porque  mostraba hacia arriba el negro de su paraguas, por abajo, sus botas rojas y en medio un arco-iris que exhibía los distintos colores de sus ropas. Llovía sobre el campo, sobre los jugadores y sobre aquellos que estaban discutiendo, ridículamente, de si las botas eran elegantes o más bien vulgares. Uno de los que discutían tenía la razón, situación muy frecuente en sus pensamientos, porque las botas eran de materia sintética y de color rojo artificial, que nunca alcanzó la pureza roja de la amapola, como el caucho de su calzado, nunca alcanzará la vital finura de su piel.
Pero yo, abandonando el curso de la discusión, pensaba que no son los botines de París, ni los modelos de un gran sastre los que hacen a la  dama. Yo creo que es la dama la que transciende y traspasa su elegancia a lo que toca. Y tú sin  pamela,  con paraguas negro, sin enaguas, con vaqueros, afirmada, erguida  sobre tus piernas como columnas de alabastro vivo, y que se basan en tus botas rojas, reinas en el ambiente rústico, deportivo como una reina de la lluvia.
Tú tenías razón, siempre me parece que la has tenido, porque esas botas calzando pies vulgares, permanecerían en la vulgaridad o en la cochambre, en una feria de mal gusto.
Pero, ¿por qué cubriendo ciertos pies, se transforma su vulgaridad en elegancia?. Hay talismanes fríos de preciosas piedras que dan suerte; también existen piedras de alquimistas que dicen que convierten hierro en oro.  ¿Qué talismán, qué alquimia hay en tu cuerpo qué                              convierte el caucho sintético en algo vivo y bello?.

Tú tenías razón, siempre la tienes pero ¿por qué ocurría ese milagro?. ¿Por qué, por qué, POR QUÉ………………………………….?.

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