sábado, 28 de marzo de 2015

Santo Domingo y la Semana Santa



Todos los años, al llegar la Semana Santa,  me acuerdo de la parroquia de Santo Domingo, que fue Convento de los frailes Dominicos y del muy cercano Convento de Santa Rosa, de las monjas del mismo Santo. Hoy el convento de frailes se ha convertido en Parroquia y el convento femenino, se convirtió en Colegio y más tarde en Oficina Pública. La primera vez que me encontré en este lugar  llamado Plaza de Santo Domingo, que casi a su lado exhibe el antiguo Convento de Santa Rosa, ambos, entonces conventos, con la blanca luz de los hábitos de los frailes y las monjas y el color claro de sus fachadas, me causó una impresión profética. Don Ricardo del Arco, escribió que en el Desfile del Santo Entierro, aparecen Isaac, Abrahan, Melquisedec, Moisés, Aarón y el Rey David, vestidos con sus magníficas ropas de época, diseñadas por el pintor oscense, Hermano Jesuita, Martín Coronas. También diseñó los vestidos de  las sibilas, esas jóvenes profetisas paganas. También llaman la atención las niñas hebreas con sus graciosas ropas.
En aquel ambiente de Semana Santa, en que los profetas, los soldados romanos y los portadores de los pasos de Cristo y de la Dolorosa, entraban y salían de la Iglesia, me acordaba del Rosario en sus Misterios Dolorosos, donde además de las rosas místicas y gozosas, las rosas dolorosas, recordaban a Jesús sufriendo, en la Pasión de la Semana Santa.
Este entrar y salir en la iglesia de Santo Domingo, nos hacía recordar a todos los vecinos de Huesca, el Paso de Jesús, yacente  en el Sepulcro, pero a varios hombres y mujeres, que conocían la historia de la Fundadora del Colegio de Santa Rosa, a saber  la Madre Berride, les venía su recuerdo, y miraban la tumba, donde fue enterrada, mi pariente. Era en esta iglesia de Santo Domingo, donde yacía su cuerpo, objeto de gran devoción. En cierta ocasión abrieron la lápida y se encontraron, que habiendo caído agua de lluvia en su rostro, había hecho desaparecer la claridad de su cara. Por esta lluvia tormentosa, se trasladó su cadáver al cercano Convento de Santa Rosa.



 Cuando las monjas de Santa Rosa, construyeron un Colegio Nuevo,  vendieron el antiguo y trasladaron su tumba y las de otras dos Hermanas al nuevo Colegio, donde están descansando  El Convento Beaterio de Santa Magdalena y de Santa Rosa, se fundó en 1725. Y Sor María Lay, lo hizo una realidad, al morir la madre Berride. Este Edificio en su parte antigua lo compró y lo edifico el párroco del pueblo de Santa Eulalia la Mayor, Mosen López de Zamora, pariente de la Madre Berride y de mi abuelo materno, Don Ignacio Zamora Blasco.
¿Qué relación tenía el Convento de los Dominicos, con el Convento Beaterio de Santa María Magdalena y de Santa Rosa, hasta el punto de enterrar a la venerable Madre Berride, en la misma iglesia del Convento masculino de Santo Domingo?; simplemente eran los Dominicos de la misma Orden Religiosa de Santo Domingo. Los Dominicos escuchaban las enseñanzas de las Hermanas del Beaterio de Santa Magdalena y las Hermanas admiraban los Pasos esculturales, que se guardaban en Santo Domingo, representando todos los sufrimientos de Cristo.


El sacerdote Don Pedro López Franco, hace ya muchos años, escribió sobre la Madre Berride, lo siguiente:”Sucedió muchas veces, que iba entre siete y ocho de la mañana a la iglesia de Santo Domingo, se confesaba, oía misa, ponía se de rodillas, en oración, y en esta misma postura se quedaba estática y arrobada el alma, el cuerpo inmóvil como una estatua, por muchas horas y a veces hasta la tarde, sin recordar, ni mover el sentido, ni tomar desayuno”. Esta visión milagrosa todavía la he contemplado en los rostros de hombres y de mujeres oscenses, que llenos de fe, entraban o salían por el Pórtico de Santo Domingo.
Esta Plaza de Santo Domingo representa un lugar en la Historia de Huesca, a lo largo de los siglos, desde la dominación romana, hasta el día de hoy. Frente a la Iglesia, en varias de las últimas casas del Coso Bajo, han aparecido los restos de un Teatro Romano, del que se ignoraba su existencia, al lado de la Muralla.


Pero, dicho Teatro, que estaba oculto por paredes propias de los Almacenes de Escartín y por la Muralla de Huesca, al ser reformado, ha hecho aparecer, como he escrito, columnas de un Teatro Romano, con un sótano, donde se guardaban las fieras, que intervendrían en aquellos espectáculos romanos. Aquel Templo fue, un lugar de recreo, donde está escrito en lengua latina este nombre pagano:”Genius Loci”. ”Aquí han pasado veinte siglos de historia de Huesca”. Efectivamente, han pasado XX siglos de Historia, y en aquel Teatro pusieron las Murallas de Huesca y se batieron batallas entre moros y cristianos. Entonces estaba la entrada en la ciudad abarrotada por  una multitud de hombres y de mujeres romanos, y hoy, durante la Semana Santa, pasa lo mismo.
Después se abrió una antiquísima iglesia, donde siguieron los romanos con sus cascos, sus lanzas, entrando y saliendo de dicha iglesia, como lo hacen ahora por el Pórtico de Santo Domingo, a hacer guardia al cuerpo yacente de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora, en Semana Santa, entran los oscenses vestidos de romanos en el templo de Santo Domingo, pero en tiempos pasados, en el citado Templo Romano, debajo de la Muralla, oscense, dicen que existió una iglesia antigua, donde se veneraba la Cruz y allí, los participantes en la procesión de Semana Santa, como soldados romanos, profetas, portadores de pasos, acudían a su alrededor a tomar su almuerzo, acompañándolo con algún trago de vino.


Esto pudo ocurrir antes de la construcción del convento de Santo Domingo o cuando éste se derribó hacia 1650, para ser bendecido en 1695.  
Cerca de Santa Rosa, a orillas del Isuela, se encuentra la iglesia de Santa María in Foris, que en otros tiempos perteneció al Convento de Agustinos y más tarde, protegió a la Residencia del Hospicio. En esta Iglesia, escribió Fray Malón de Chaide, en 1580, el “Libro de la conversión de la Magdalena”, a cuya santa mujer la denominaban como patrona del Convento de Santa Rosa y del de Santa María in Foris.


 Según Menéndez y Pelayo, este libro fue el más brillante y compuesto de nuestra literatura devota”. Fray Malón de Chaide describe la vida de la Magdalena, en la Pasión de Cristo, elegida como consuelo por sus compañeras de los sufrimientos de Cristo. En ninguna otra religión se trata con tanto respeto a las santas mujeres como en el cristianismo. Así se ve en la liturgia de la Iglesia, como se canta y se escucha con emoción  el “Stabat mater Dolorosa, juxta Crucem Lacrimosa, dum pendebat Filius”, que en castellano dice: “Estaba la madre Dolorosa, junto a la Cruz con lágrimas en los ojos, en tanto colgaba su Hijo de la Cruz”. ¡Cuántas mujeres se encontraban, con María de Cleofás y María Magdalena, sufriendo los mismos dolores que la Virgen Dolorosa.


¡Cuántas mujeres han sufrido en esta vida, los mismos dolores que Jesús sufrió en su Pasión!. Pero no fueron sólo las mujeres, las que tuvieron un interés místico por la Pasión de Cristo, sino que el Santo Oscense y Patrono de Huesca, San Lorenzo, antes de entregarles a los paganos de Roma, el Santo Grial, lo mandó a Huesca, donde en el Monasterio de San Juan de la Peña, sobre un altar, se exhibe una reproducción de dicho Santo Grial.


En la época romana, por los años trescientos cincuenta, una monja gallega, llamada Etheria, que era Abadesa o Superiora del Monasterio del Bierzo, hizo una peregrinación a Tierra Santa. España fue uno de los países que en aquellos antiguos tiempos, se hicieron cristianos. Basta ver, como la monja Etheria, siguió su devoción a Cristo e hizo una peregrinación a Egipto.


 Escribió un libro que tituló “Itinerarium ad loca Sancta”, que hoy lo llaman “Peregrinación a Tierra Santa”. También es conocido como “Viaje de Etheria”. Dicen que Santiago Apóstol evangelizó Galicia desde Palestina y Etheria le devolvió, la peregrinación desde Galicia a Jerusalén y por todo el Oriente Medio. En el camino que conducía al Oriente medio, dominaba la “Pax Romana” y Etheria se alojaba, tal vez en algún monasterio, de los que en aquella época, se conoce muy poco, pero existían muchos anacoretas ,entre los cuales vivía Etheria, que recorrió el mar Rojo, el Monte Sinaí, Alejandría y Tebas y más tarde recorrió Antioquía, Edesa, Mesopotamia,  el río Éufrates y Siria, de donde volvió a Constantinopla. Etheria encontraría facilidades, en ocasiones, por tener antecedentes romanos, pues en algunos documentos, se le atribuyen parentescos con nobles del poder romano. El recuerdo de Roma todavía se conserva en Huesca y en otros muchos puntos de España, como en el pueblo navarro de Mendigorría, cercano a Pamplona.


Cada año, este pueblo por el mes de Junio, saluda al César Romano, diciendo: ¡Ave Caesar, yo te saludo!. Se viste una gran parte de la población con túnicas romanas y celebran una cena, en la que lo hacen postrados en sus literas, como lo hacían los antiguos romanos. Además preparan luchas entre gladiadores y representan obras de Teatro Romano. En un pueblo de Galicia, celebran cada año la llegada de los romanos a la tierra en que nació Etheria. En Huesca y en gran número de poblaciones españolas, en Semana Santa se ven por las calles caballeros e infantes romanos. Llegaron los bárbaros y más tarde los musulmanes y estallaron las Cruzadas y aquella “Pax Romana, desapareció. Pero esperemos que de la misma forma que los de Mendigorría se acuerdan de la Paz de los romanos, los pueblos del Este y del Sur del Mar Mediterráneo, se olviden del fanatismo religioso y podamos venerar en paz a Etheria en Palestina y en Egipto. Pero han vuelto a salir romanos por toda España, incluidas Huesca y Mendigorría. En este pueblo se puede subir a cruzar los Pirineos, para llegar a Francia  y seguir los caminos que llevan  a Tierra Santa. Es fácil que la Monja Etheria, cuando fue desde el Convento de el Bierzo a Jerusalén, pasara por Mendigorría, cerca de Pamplona.
En Huesca, la Cofradía de Santiago Apóstol o de la Enclavación, venera el paso de Coscolla, que se inauguró el año de 1928.Cada Cofrade es portador de una Cruz de madera, con una pequeña vasija de calabaza y una vieira o concha, que representa a Galicia.


Van caminando detrás del Paso de la Enclavación, obra de Felipe Coscolla, que representa todos los detalles de la enclavación de Cristo. Son cerca de los dos mil años, que hacen recordar la peregrinación de la Monja Etheria desde Galicia a Jesusalén y las procesiones de Semana Santa, a lo largo de los siglos, en los que intervienen los peregrinos de Santiago es admirable la conservación de la Fe, a través de tantos siglos. Etheria tenía ya grandes conocimientos bíblicos, ya que estuvo en el Monte Sinaí, igual que algunos oscenses actuales. También visitó la Tumba de Job. Entonces llegaría a Palestina a visitar a los distintos lugares sagrados, unas veces andando y otras montada en algún asno o en algún camello.
Pero los recuerdos que expone en su libro titulado “Peregrinación a Tierra Santa”, sobre la muerte de Cristo, unos en ciudades, otros en montes o en ríos y otros litúrgicos, con los que conmemoraban la Muerte de Cristo, eran iguales a los que se celebraban en el Monasterio del Bierzo o en la ciudad de Huesca, como lo siguen siendo ahora. La tierra gallega del Bierzo y las Vías Romanas, por las que han recorrido y siguen peregrinando los romeros, para reflexionar sobre la Pasión de Cristo, han colocado vieiras metálicas en el suelo , para recordar los pasos de los peregrinos.   


Hay aspectos antiguos en las Procesiones de Semana Santa, que hacían acudir a los fieles a contemplar los romanos montados en caballos como las chispas que brotaban de las herraduras de los animales, cuando chocaban con los adoquines que pavimentaban los Cosos. Lo mismo ocurría con los romanos que iban a pie,  que también coincidían en hacer saltar chispas, con las conteras de las lanzas, al golpear el suelo de los mismos adoquines. Ahora ya no es tan frecuente el contemplar como saltan las chispas de los pavimentos. Pero han aparecido el año de 2010 sistemas para contemplar, no las chispas que saltaban del suelo de las calles, sino lo que yo mismo he visto, desde la Plaza del Museo, a saber, Nubes Artificiales, ancladas en el cielo.


Y ahora, que se quieren hacer desaparecer las imágenes bellas, como las mismas de Cristo, que antes eran colocadas en crucifijos, en los pechos del pueblo y en las paredes de las habitaciones. Pero unos en lugar de odiar a Cristo, buscan por medio de esas bellas imágenes, que se veneran en las procesiones de Semana Santa, ponerlas en  las nubes, para que nos indiquen a los cristianos españoles, el Camino por el que llegaremos a Santiago de Compostela. En la exhibición en los cielos de esas nubes que nos señalan el Camino de Santiago, se encontraban cofrades  de la Cofradía del mismo Santiago, en la plaza del Museo y con los que tuve la suerte de comunicarme. Esas nubes artificiales, sobre las que aparecen relatos audiovisuales, permitiéndonos recorrer el Camino de Santiago, se veían en Huesca, como se ven en otras nubes, que suben hacia arriba, colocadas  por  otros amigos de Santiago y de la Semana Santa. Unas se ven en Vic, otras de Logroño, en Pamplona, Vitoria, Oviedo,  Vigo, en León y en Santiago de Compostela. El día once de Julio de 2010, encontré a varios amigos de Huesca, instalando la “amplia memoria de una nube”, en la Plaza del Seminario, del Viejo Hospital y del Majestuoso palacio de los Reyes de Aragón, hoy convertido en Museo. Allí contemplé nubes de material plástico blanco, que iban a elevarse y a “caminar sin piernas”, por el aire, todas ellas con imágenes del Camino de Santiago y de sus caminantes. Ahora, desde la visión de la nube, me acordaré de los peregrinos que van a venerar a Santiago Apóstol y contemplan como las nubes crecen, se deshacen, haciendo que multipliquen los sueños, las imágenes, que hoy  exponen en sus reproducciones de plástico, a todos los que por aquellos Caminos Sagrados, van en busca del porvenir eterno. Me acorde, al contemplar aquella nube de plástico de la poesía de Juan Ramón Jiménez, que dice así: “Mi amor tiene un ritornelo del agua, que sin cesar, en nubes sube hasta el cielo, y en lluvia baja hasta el mar”. He recordado a León Felipe, cuando habló de la “repulsa y el distanciamiento entre la España peregrina y la oficial”. No hay que olvidar a esos sencillos peregrinos, que elevan la mirada de sus nubes a los cielos, otras veces observan como los campesinos recogen el trigo y alimentan el fuego en el invierno, y son esos peregrinos, los que elevan la canción. Se ven imágenes de grandes Catedrales y de Aspas de Orfeones, como se ven las marchas de los peregrinos, haciendo sonar guitarras y tambores, txistus, bandurrias y gaitas por los caminos de los peregrinos. Por eso,  en Huesca, en la Procesiones de Semana Santa, podemos ver y escuchar a los Ministriles con sus caras ocultas, que hacen sonar sus clarinetes, acompañados por el ruido de un tambor, anunciando la llegada de la muerte de Jesús.  


Y aquí estáis los Hermanos de la Cofradía de Santiago, Apóstol de la ciudad de Huesca, que no os conformáis, como escribe Antonio Machado, ”con ir pidiendo escaleras- para subir a la Cruz”. Y como aquel que canta su poesía, no os conformáis con permanecer inactivos, sino que cantáis “No puedo cantar, ni quiero- a ese Jesús del madero,- sino al que estuvo en el mar”. Y ahora, vosotros ya estáis buscando caminos por las nubes.
Desde que la Abadesa Etheria, hace unos veinte siglos, peregrinó a la Tierra Prometida, hasta el día de hoy, los cristianos hemos venerado a Cristo, con ceremonias de la Semana Santa, que todavía hoy celebramos los cristianos y todavía se sigue persiguiendo a nuestros hermanos en el Oriente y en la misma Europa. Los cristianos nos hemos preocupado  de ampliar esa veneración a Cristo, estudiando su amor, allá arriba, por medio incluso de las nubes, en tanto siguen cayendo en el suelo, los mártires y sus almas subiendo al cielo. Todavía quedan en el Mundo “dioses -hombres”, que en sus turbias mentes se creen todopoderosos, intentando en el ya antiguo cristianismo, apagar la fe. Pero los olivos dan Paz, los cipreses reflexión en los cementerios, que nos defienden la fe, y las columnas, mantienen el equilibrio de Cristo en las Catedrales, por casi todo el Mundo. A lo largo de los siglos, se van sucediendo doctrinas opresoras de los hombres, pero nuestra Doctrina Cristiana, permanece en los corazones de los Hermanos de las Cofradías y brotan las lágrimas de las santas mujeres y en los de las buenas gentes y los niños, aunque no se hace caso de ellas, en los corazones de los poderosos.
Aquel comportamiento de ridiculización de la Doctrina de Cristo y de otras Religiones, con el “permiso” de la Libertad de Expresión, ha producido un execrable atentado en París. El Papa  “condenó inmediatamente y sin paliativos”, la muerte de aquellos periodistas del humor.  Esta sentencia del Papa no se la han criticado, “pero cuando se ha hecho mención al respeto que se debe tener a las creencias religiosas (a todas, no sólo a las suyas), ha faltado tiempo para rasgarse las vestiduras, escandalizarse y arremeter contra él”. Todos condenan la muerte de los asesinados, pero los innumerables fieles, han lamentado y se quejan de los insultos que ha lanzado alguna revista contra la Religión y contra otras religiones, que no practican todos los hombres y mujeres. Se ha sentido y se siente en la Europa Cristiana una vuelta a la Fe, que si no se vuelve a amar a Cristo, volverá el Mundo a las terribles guerras invasoras, y derramamientos de sangre. Estas procesiones de la Semana Santa son muy antiguas, pero son comprendidas por el pueblo, que siente su necesidad.  
 Pero, a pesar de estas persecuciones a la fe en Cristo, ese paso de Procesiones y Peregrinaciones, durante veinte siglos, ha hecho que siquiera esa fe en Cristo, dirigiendo el  comportamiento de las gentes sencillas, que están cada año, peregrinando y viendo pasar las Procesiones de Semana Santa, disminuya su devoción, a Jesucristo. Pasa la Coronación de Espinas y me acuerdo del respeto de los niños a las golondrinas; no dejábamos de niños, ni un nido sano, hasta que nuestros viejos padres nos advertían de que era un pecado atormentar a tan bellas aves.


Eran veloces esas aves, como seres sagrados, las amábamos porque nos contaron nuestros antepasados, que habían liberado a Cristo de las crueles espinas que se habían apoderado de ellas,  cuando intentaban quitárselas a Cristo de su cruel Corona de Espinas.
Esas sencillas peregrinaciones, durante siglos, aquella caridad con el prójimo, han hecho que la fe cristiana se conserve durante siglos y ahora, que parecía que iban a acabar con el Cristianismo, todo el pueblo cristiano europeo ha reaccionado, contra el hecho de producir nuevos mártires, para terminar con la Fe del pueblo sencillo, es decir con la Fe en Cristo.
Son en el Cristianismo iguales en su amor a Cristo, los hombres y las mujeres, pero en esta Pasión de Cristo, aparecen las mujeres más numerosas en demostrar ese amor a Cristo. Pero el amor a Jesús lo demuestran también los hombres que se han unido en la Cofradía de Santiago Apóstol, que con un espíritu peregrino, han unido a todos los  que por venerar a Cristo, han facilitado la llegada de romeros desde Europa a Santiago de Compostela.
Estaba la Virgen Dolorosa, junto a la Cruz lacrimosa y Magdalena a su lado, cuya vida escribió Fray Malón de Chaide, en la iglesia de Santa María in Foris. Y la Escritora Etheria, una de las primeras peregrinas a la Tierra Santa, en los principios del Cristianismo, describe la Semana Santa, que transmitió de Jerusalén a todo el Mundo. También acompañó a Cristo, la Dominica Madre Berride con sus hermanas Son María Lay y Sor Victoria de Leza, con el hábito de Santo Domingo, en la Iglesia de Santa Rosa, en que estuvo enterrada, después de haber orado tanto en la Parroquia de Santo Domingo.


Pero cerca de la Cruz de Cristo no sólo estaban, su Madre Dolorosa, la esposa de Cleofás y María Magdalena, sino que estaban también, muchas mujeres humildes y piadosas, como la Verónica, que se acercó a limpiarle el rostro, en tanto que los hombres huían, como por ejemplo algunos discípulos de Cristo o unas veces los maltrataban algunos soldados romanos y otras le daban consuelo, acercándole el agua en un paño mojado, a su boca. Es seguro que había no sólo algunas mujeres, sino muchas, que trataban de un modo o de otro, de ayudar a Cristo en su cruel camino. Unas lloraban, otras le daban agua para calmar su sed o limpiaban su rostro y sus manos ensangrentadas. A través de la Historia se ve como las mujeres, teniendo más ternura y más valor que el  hombre, han sido maltratadas por él.
Esta tradición nos ha proporcionado obras de piedad y de arte, como el Velo de la Verónica, con el rostro de Jesús grabado, al limpiarle el rostro. Pero no hay que excluir a los hombres del amor a Cristo, pues también aparece un hombre ayudando a Cristo a soportar el madero de la Cruz y a levantarlo, cuando se le caía. Este simón Cirineo fue forzado a ayudar a Jesús y con esa ocasión profunda, se encontró con el dolor de Cristo y lo amó para siempre.




Se van contemplando estampas en la apoteosis del dolor, pues van pasando el Ecce Homo, tallado por Marqués y pasa el Nazareno del escultor Orduna, oprimido por el peso de la Cruz. Los claros clarines quieren anunciar la muerte del condenado, y no saben que están anunciando su triunfo sobre la muerte, a pesar de la crueldad del furioso golpear de conteras de lanzas sobre el pavimento de las calles. Y golpea, reiterativo, el dolor a Cristo, que cae en la Cruz a cuestas y la masa humana que contempla su dolor, aquellos hombres que hace tan sólo cinco días, lo aclamaban con ramos y con palmas, ahora callan. Cristo ha empezado a reinar en nuestros corazones y el Cirineo le ayuda, a pesar de exponerse a ser mal visto por el poder, en tanto que Verónica, pone su delicada nota femenina, que alivia la existencia de los hombres y Cristo, además de Dios y de hombre verdadero, poeta ensangrentado, artista e inspirador de artistas, que deja plasmado su rostro, dejándole a ella y a nosotros un recuerdo,
Pende Cristo del Árbol de la Cruz y parece que está diciendo:”Pueblo mío, ¿qué te hice o en qué pude contrariarte?. A lo largo de la Historia parece que el pueblo, en ocasiones, no responde, lo que hace sentir sólo a Cristo, pero hay en el Mundo golondrinas, que vuelven cada Primavera, y muchas de esas golondrinas están abandonadas, que son como otros Cristos, que cada día recorren su Calvario. Pero otras de esas “golondrinas” humanas son sencillamente algunos Cirineos y muchas Verónicas, que responden al dolor de Cristo. 



jueves, 26 de marzo de 2015

Al ritmo



La vieja hilaba, el tejedor tejía, la gallina escarbaba, el ciego tañía y la niña cantaba al bebé: ”Teje, teje ,tejedor, garras, garras de traidor”. El tejedor llevaba su teje-maneje, pero desde luego que no tenía garras ni manos de traidor. El niño pequeño que todavía era menos traidor, agitaba sus manos como si tejiese, alternaba el movimiento de sus pies, como si estuviese moviendo el telar por medio de pedales y mostraba una gran alegría,  al oír eso de “Garras, garras de traidor”. El contraste entre la infinita inocencia del niño y la acusación de traidor que repetía gozoso el ritmo del cuneo, provocaba la risa de todos. Risa esencial,  risa natural, risa existencial. Todo era ritmo en el carasol, el subir y bajar del uso, el teje –maneje del tejedor, el escarbar de la gallina, el tañer del ciego y el cri-cri  de la cigarra en el árbol. El burro atado a una herradura  clavada en la pared, parecía dirigir la orquesta, pero no con una batuta, sino con dos que eran sus largas orejas. Se posaba un tábano en su oreja izquierda, lo espantaba con su movimiento y se posaba en la oreja derecha, en una constante pugna tábano-  asnal, en la que no había ni vencedor ni vencido, pero si movimiento continuo. Zumbido del tábano y ritmo en las orejas del asno. Música de ciego en el ambiente y ritmo en el cuneo de la cuna y en el sube y baja del uso de la vieja. El tejedor teje y una anciana desteje una toquilla para hacerle “peducos” al nieto “repatán”. Tejer y destejer, todo es hacer. Suena mi transistor y se oye tejer a Luis Amstrong acordes metálicos en su larga trompeta, que desteje con sonidos bajos disonantes, pero todo con un ritmo que su raza morena heredó del Africa. Cuando siento el dance guerrero de los Danzantes de Huesca, se me pone la carne de gallina. Pero quisiera que alguien tejiera y destejiera una música, con un ritmo antiguo y aldeano, que me hiciera olvidar, siquiera por un momento o por el tiempo que tarda en consumirse un disco, el ruido sin ritmo de la capital. 

domingo, 22 de marzo de 2015

A José María Puyuelo,que ha muerto en Barcelona



Cuando voy paseando por la calle Alta, siempre te veo ¡querido José María! leyendo y mirándote los grabados de algún libro y el otro día, hará unos dos o tres, me acerqué por curiosidad y me descubriste el hermoso ejemplar que estabas leyendo, me lo enseñaste y me dijiste: Se trata de un tema aragonés en el que se ven desde el Pilar de Zaragoza hasta alguno de los pueblos más pequeños, que ya han desaparecido o están a punto de hacerlo. 
Es que ¡José María! tú, como la mayor parte de la juventud de Siétamo, en aquellos tiempos en que todavía se conservaban aquellos pueblos desaparecidos o a punto de hacerlo, tuvisteis necesidad de realizar aquella triste palabra, que realizaron los aragoneses, es decir emigrar.
Tú estabas enclavado en Siétamo y habías sufrido como todos sus vecinos desgracias, que trajo consigo la Guerra Civil, como fue la destrucción de tu casa, llamada Casa Cabalero, donde vivían tus padres y hermanos. Estaba situada dicha casa frente a casa de Antoñito el Herrero y cerca de la de la señora Juana, madre de “Siña” Concha, a la que yo, antes de la Guerra iba a llevarle algún pan, que ella agradecía de corazón y como obsequio me invitaba a tomar agua con azúcar.
Tu casa se llamaba de Cabalero, palabra que algunos usan como apellido y otros como reflejo de la dedicación que tenían a crear un caudal, unos con ganado, otros cortando leña, algunos prestando algún dinero, etc.,etc.
En esa casa nacieron varios hermanos, como el padre de Ramonito de Felipe Cavero, pues se casó con una señorita de casa Cavero, como había hecho mi tatarabuelo, que dio origen a mi bisabuelo Manuel Almudévar Cavero y aquel hermano con el que yo tuve más amistad fue tu padre, a saber el señor Joaquín de Cabalero, cuyo verdadero apellido fue Puyuelo Sipán. No sé si su madre vendría de casa Sipán, con una de cuyas hijas se casó un hermano de un antepasado mío. ¡Qué mezclas de sangre tenemos los vecinos de Siétamo! que no sabemos si somos consanguíneos o no lo somos.
Más tarde tú te fuiste a vivir a la antigua casa de Lobateras que éste vendió a Lacambra, que tuvo que emigrar a Francia, con motivo de la nombrada y maldita Guerra que ya he citado. Después sé que tú con alguno de tu familia la compraste y en ella todavía se puede ver a la hija de Joaquín Puyuelo, alias Cabalero, en lengua aragonesa. Allí estaban tus padres y digo allí equivocadamente, porque no es allí donde se encontraba dicha casa, sino que era aquí mismo, al lado.
Después de la Guerra era tu padre buscado por casi todo el mundo, incluso por el Cura Don Marcelino Playán, que en una ocasión se vio solicitado por una hermosa mujer, viuda de un guardia civil, muerto en la Guerra, que le pedía ayuda para encontrar el cadáver de su marido. Venía acompañada por un individuo y el mosen creyó que lo que quería era desenterrarlo, hacerle una misa y volverlo a enterrar en el cementerio. Don Marcelino llamó al señor Joaquín y al sacristán Trabuco. El señor Joaquín era una de las personas más “agudas” del pueblo y después de ligeras explicaciones adivinó donde estaba enterrado. Allá se dirigieron y el señor Joaquín cogió una azada y a muy poca profundidad (cosas de la Guerra) encotró el cadáver, que al quedar descubierto, se lanzó el acompañante de la bella viuda y metiendo los dedos en el pequeño bolsillo del casi deshecho pantalón del difunto, sacó un pequeño y hermoso reloj, que le entregó a la viuda. El Cura y Joaquín se miraron a la cara y después el individuo les dijo que se iban. El cura no cobró el entierro, Trabuco no cobró la propina de monaguillo y el Señor Joaquín vio su cabal o caudal disminuido y se enfadó enormemente, pero al marcharse los parientes del muerto, le entraron ganas de reírse y de olvidarse de ellos.
Un lugar donde trabajaba mucho era el Molino Viejo, donde se juntaban dos cuadrillas, una de mujeres y otra de hombres, para sembrar judías y habas y plantar tomates, pimientos, berenjenas, etc., etc. Estas actividades se realizan en estos tiempos en muchos pueblos del Este y del Sur de España y entonces, aquí en Siétamo se realizaban de una forma constante. Incluso recogían fruta como ahora lo hacen, por ejemplo en Fraga. Entre las mujeres estaba Pilar de Puyuelo, prima hermana tuya, Apolonia Bibián, que se distinguía por su buen humor, Ramona Lerín, que luego pasó a ser alguacila y Joaquina Larraz, muy trabajadora, cantante de jotas y de buen humor. Entre los hombres destacaba tu padre Joaquín Puyuelo, que estaba acompañado por el Valenciano, por Joaquín Bruis, esposo de Joaquina, llegando con frecuencia los hermanos José María y Luis Bibián, hijos de Triguero. El amo, sobre todo cuando recogían fruta les hacía cantar, según me dijo el señor Joaquín, para que no se la comieran y ellos cantaban multitud de canciones, entre las que recuerdo haber oído una, en cierta ocasión que bajé al Molino Viejo y que decía así : ”carrascal, carrascal, qué bonita serenata, carrascal, carrascal, ya me estás dando la lata”.El señor Joaquín no era muy cantador, al contrario que el señor Pedro, el Valenciano que no paraba de hacerlo con su tono valenciano. Allí se reían y contaban cuentos sin fin, a lo que el señor Joaquín, a veces ponía límites a tanta juerga.
Era un “tío” muy simpático, plantándome a mí el almendreral del Torno y un día me ofreció una suerte con la que aumenté la extensión de dicho almendreral. No lo digo por avaricia, pues de nada me ha servido dicho almendreral, pero fue la simpatía con que me trataba lo que me más me agradaba, ya que unos pocos hijos del pueblo, aunque acudí a Siétamo a mi destartalada casa, no tenía una perra, aún me tenían envidia. Yo volvía a Siétamo, como tu vuelves ¡José María ¡, porque te acuerdas de todas las calles en las que jugabas, quemabas leña para las fiestas e ibas de procesión, igual que yo que ayudaba en algún bautizo a Don Marcelino, y le llevaba un pan a la Señora Juana.
En la fechada de tu casa estaba, en el buen tiempo tu buena madre doña Eladia Palacio Bravo, que era una mujer que no llevaba toca en la cabeza, como siña Concha y era seria, educada y elegante y se sentaba a coser en la silleta pequeña, en la que ahora todavía lo hace su hija la divina Divina, por la que no han pasado los años. También tenía su medio de aumentar el cabal o caudal, acudiendo a las fiestas de ciertas casas de los pueblos de alrededor, en que preparaba unas comidas, con la que se quitaban el hambre de seis meses.
Tienes, José María,  además de una hermana, que vive en Valencia, un hermano que lo hace en Zaragoza, que se llama igual que tu padre y que se arregló una bonita casa en la calle Alta, porque siente el mismo ímpetu que tú de volver a Siétamo, en el que tantos años vivió y que trabajó en la Fábrica de Harinas.
Pero pasaron aquellos tiempos viejos, unas veces tristes y otras alegres en las fiestas e incluso en el trabajo y sigue pasando el tiempo, porque tú José María, acabas de cumplir los setenta años de edad y recuerdas con cariño lo pasado y vives con la ilusión de los tiempos futuros, ya que no puedes menos que acordarte de tu hija Nieves, que ya está casada con su marido, que algunas veces viene por Siétamo y que tienen un hijo, que se llama Héctor, que es vuestro nieto, tuyo y de Palmira, que tiene un carácter tan agradable y unas cualidades heredadas de ti y de tu guapa esposa, que os preocupáis que las desarrolle, allá en Barcelona, donde él tiene su porvenir. A mí  me da pena verlo cada año pasar menos tiempo en Siétamo, porque me da la ilusión de ver descendientes de familias de Siétamo, que se van catalanizando y se están olvidando de su estirpe aragonesa. 
Pero tienes que dar gracias a Dios, porque os hace volver cada año a Siétamo, a recordar y revivir aquellos antiguos y pasados tiempos y os hace acordar a ti de este pueblo o lugar y a tu esposa del suyo, también aragonés y que es un modelo de arquitectura para que puedan ir a verlo los turistas y gozar de su belleza. Y es bonito considerar la situación de los dos hermanos Puyuelo y de tu hermana Divina, ya que los tres coincidís en el amor a este pueblo y que aquí os juntais.
Miradme a mí, que con seis hermanos y con cinco hijos, a veces nos vemos solos con mi mujer, ya que no vienen los hermanos porque no pueden hacerlo, aunque tengan ganas de venir. Yo ya soy más viejo que tú, pero estoy alegre por contemplar tu historia y por habernos invitado a cenar en esta casa nueva, a tus primos, a tus amigos y a mi esposa junto conmigo.
¡Gracias!.

domingo, 15 de marzo de 2015

La caza



Estaba sentado en la cadiera del hogar mirando como ardía la leña y surgían de ella unas llamas juguetonas, acompañadas por unos sonidos agradables, que venían por la chimenea y que eran como los trinos de un pájaro, que daban encanto a  aquella contemplación. Esos trinos no eran de ningún ruiseñor ni de ningún canario, sino que los emitía un estornino de plumaje tordo, como pude comprobar más tarde y que se había quedado prisionero dentro de la chimenea. Pensando en lo mal que lo podría pasar el pájaro en medio del humo, apagué el fuego y cerré las placas metálicas que se ponen para que los estorninos alcahuetes, no puedan pasar al interior de las habitaciones. Me marché, pero al volver a la habitación donde está el hogar, el estornino tordo volaba de ventana en ventana y yo lo seguía para cogerlo.  Al fin lo logré y me dieron ganas de matarlo para que no volviera a entrar a llenar los suelos de excrementos y a rasgar las cortinas con las uñas de sus patas. Si hubiera sido yo más joven, lo hubiera metido en una  jaula de esas en las que antes encerraban las perdices para llevarlas de reclamo a las excursiones de caza. Me acordé de aquellos cazadores, que vivían en los pueblos, que controlaban los animales del monte, viendo unas veces nacer las crías y otras mandando al matadero a sus padres, que ya estaban de buen ver, para que no faltase “el pan nuestro de cada día “ a los humanos. Ahora la masa de la población se ha marchado de los pueblos y vive en las grandes ciudades, pero ya no conocen la Naturaleza, ni a los animales, sino es por los dibujos animales en la televisión y en los tebeos, que les hacen reírse con el pato Donald o con el corzo Bambi. Ya no tienen necesidad de ir a buscarse la carne de las piezas de caza, que corren o vuelan por el monte, sino que se la venden preparada en los supermercados. Como es natural les repugna aquello de la caza, en la que sólo ven violencia. Hemos perdido el contacto con la Naturaleza y no tenemos ocasión de ver lo que pasaba en mi pueblo, en el que yo veía como aquellos insectos que metamorfoseaban su color del marrón al verde y que sobre sus largas patas delanteras, oteaban sus alrededores para ver si llegaba alguna hembra de su especie. Algún insecto, del que más tarde aprendí que era la Mantis religiosa, después de cubrir a su ¿amor? , era devorado por la hembra a la que había cubierto,
Aquellos cazadores de antes, además de proporcionar proteínas animales a su familia, vendían patos o conejos entre sus vecinos. Otros bajaban de la Sierra los jabalíes, sobre sus costillas y los salaban para guardarlos en su despensa. Yo, con el estornino, podía haberme dedicado a suministrarle alimento y a jugar con él, amaestrándolo y enseñándole a hablar, pues dichos animales, como los loros son capaces de aprender a expresarse. Ahora el cazador noble debe imponer limitaciones en su actividad venatoria, porque si se avanza en técnicas para matar animales, éstos no avanzan en la desigualdad entre sus capacidades físicas y las ventajas que ha alcanzado la técnica moderna en el hombre.

La carta de un amigo mío de Binéfar, Fernando Altaba me dio oportunidad de ver como, los hombres se divierten honradamente, en la que hace la descripción de una partida de caza de jabalíes, a la que asistió en Benabarre: “Con los gritos-retirada hay que tocar- y contar nuestras hazañas- y comentar quien se lleva el más grande ejemplar”. Todos juntos comeremos –con una enorme amistad”, Habla también sobre las jaurías de perros, sobre la agresividad de los jabalíes, sobre los disparos, los gritos y sobre todo de la comida colectiva, en que cada uno expone su habilidad, su valor o explica el peligro que le ha amenazado. Comen y beben y se olvidan de los disgustos pasados durante la semana y vuelven al trabajo con buen humor y con ilusión”.

viernes, 13 de marzo de 2015

El pelo.- (año 2004)




Caminaba yo por la calle y llevaba  en mi cabeza una pelambrera, en lugar de un buen pelo y al pasar por una peluquería pensé: más valdría que aprovechara la ocasión para esquilarme, ya que aquí hay un peluquero que es capaz de cortarle los pelos al diablo y si así sigo, luego me saldrán pelos en el corazón.
Entré en dicho establecimiento y el artista de los cabellos me saludó con gran amabilidad y cuando acabó de rasurar a un cliente, empezó a hacerlo conmigo, al mismo tiempo que preguntaba si yo había sido rubio o castaño. Por este detalle me di cuenta de que estaba ante un auténtico profesional, pues su conversación giraba en torno a los cabellos de sus clientes, que eran los que él, siempre se había dedicado a higienizarles. Total que con tal conversación, nos lo pasábamos los dos “al pelo”.
Yo le dije: por aquí te habrán pasado melenudos, como leones y otros de cabello crespo y rizado y algunos rubios de cabellos sedosos y finos. Asintió a mi observación, añadiendo: también he atendido a barbudos, a bigotudos, a calvos a los que hay que arreglar a unos sus barbas y a otros los bordes de pelo que se apoderan de sus cuellos. Hay personas que como los calvos no poseen pelos en la cabeza, pero no tienen un pelo de  tontos y algunos no tienen ni un pelo en la lengua. Hay algunos que lo hacen todo a pelo, como subir en su caballo o en su burra a pelo o a contrapelo. ¡Qué difícil debe de resultar  relucirle el pelo a quien lo tiene implantado en varias direcciones o a quien lo tiene como sí fuera pelusa  de melocotón!.
El peluquero o barbero tiene un ilustre nombre, pues se llama Augusto, como el César Augusto que inmortalizó a Zaragoza, capital de Aragón y en tal Autonomía nació, siendo hijo de otro peluquero  y barbero de Fraella, Tramaced y Marcén. No fue el famoso Barbero de Sevilla, pero ha sido y es todavía un augusto barbero y peluquero de la Urbs Victrix Osca. ¡Cómo atravesaba aquellas distancias unas veces andando y otras en bicicleta!,  aunque  al principio tenía que hacerlo sobre una burra, montándola a pelo.Cortaba el pelo a las mujeres a las que aplicaba el estilo “garsón” y a muchos hombres les cortaba el cabello a la parisién.
El pelo era sagrado, pues muchas jóvenes se dejaban una larga trenza, que sólo se cortaban cuando iban a casarse y luego la colgaban en el salón o en la “sala güena” de su casa, donde la guardaban para que sus descendientes la contemplaran y se acordaran de ellas en sus oraciones. Pero hace pocos días, encontré en un anticuario un cuadro con la fotografía de una pareja matrimonial, que a pesar de ser ya de cierta edad adulta, estaban manifestando su felicidad, pero entre el cristal y el marco y rodeando sus figuras, daba la vuelta al cuadro una trenza, que pertenecía a la esposa, que después de llevarla colgada durante muchos años, al cortársela, la enmarcó con su persona y la del ser amado. En alguno de esos cuadros que se hacían nuestros antepasados, aparece el matrimonio con su aspecto de felicidad y rodeados por una estela capilar o trenza de la señora en su juventud, que les da a ambos miembros de la pareja,  un nimbo que recuerda y que desea una vida de sacralidad. ¡Oh, inefables cabellos!.
Pero no sólo eran las mujeres las que hacían tan larga ceremonia con sus pelos, sino los toreros que se dejaban su coleta, que recogían en su nuca, debajo de la montera. Su tradición todavía no se ha perdido, porque ahora, aunque no llevan su coleta natural, se la ponen artificial cuando tienen que torear. Y los grandes toreros, cuando llegan a su retiro, si no han sido corneados y mandados a la gloria, en la corrida de toros que corren cuando celebran su jubilación, se cortan la coleta, no sé sí ellos mismos o por la actuación de algún famoso peluquero.
La fuerza no sólo la de los músculos, sino la de la inteligencia si no vienen de los pelos, con ellos están relacionadas. El famoso poeta gallego Don Ramón Del Valle-Inclán, llevaba colgada de su cara una larguísima barba, que era como una antena que le hacían captar la poesía y componer los ritmos literarios. En la enorme cabeza de Einstein brotaba una grandiosa melena, completada con su bigote y por aquellos cabellos entraban los cálculos matemáticos que le condujeron a emitir la Teoría de la Relatividad. Y las mujeres con sus melenas han dado pruebas de su fuerza física y del poder de su amor; hace unos días se vio en la televisión a una hermosa mujer, engancharlas en el tiro de un enorme autobús y ella agachada sobre una escalera, hacía presión con sus manos y sus pies sobre las escalas y lo arrastraba. Pero leyendo la Biblia, la bella Dalila, en el siglo VIII antes de Cristo, tenía unos cabellos prodigiosos no sólo para enamorar, sino para traicionar al gran Sansón, un hombre fornido, que triunfaba sobre los filisteos; éstos que se veían perdidos encargaron a Dalila que lo enamorase y se enterase del misterio de sus fuerzas. Y es que Sansón tenía una pelambrera descomunal, que le llevaba a vencer a cualquier enemigo que se le resistiese, por ejemplo dicen que cogió con sus manos un melenudo león y le descoyuntó sus mandíbulas. Pero con Dalila el problema era diferente, porque sus cabellos le encendían su corazón en amor, al entrar en contacto con los abundantes, bellos y perfumados de Dalila, que llegó a darse cuenta del misterio capilar de su enamorado y le cortó el cabello. Entonces Sansón perdió sus fuerzas y cayó en manos de los filisteos sus enemigos, que se ensañaron con él y le sacaron los ojos. Estuvo atado en una columna del gran salón donde ellos se reunían y no previeron que el pelo crece y que aunque aquellos “pelillos fueran a la mar”, volvían a desarrollarse, como lo tiene comprobado Augusto, cuando después de un mes o de dos, vuelven a sentarse en su sillón aquellos a los que había cortado el pelo. Y a Sansón le crecieron los pelos de su cabeza y cuando él mismo calculó que ya tenía bastantes energías para desarrollar sus fuerzas, se agarró a una de las columnas a las que estaba atado, la forzó e hizo caer el edificio sobre él mismo y sobre los numerosos filisteos que dentro de él estaban.
Estaba un calvo escuchando nuestra conversación y un poco mosqueado por nuestras alusiones a los calvos, exclamó: todos los burros tienen buenas pelambreras, porque yo no conozco ninguno calvo. Augusto le contestó: yo tampoco conozco ningún melón que tenga pelos.
Ser calvo, en estos días no supone ningún inconveniente, porque muchos que no lo son, se afeitan la cabeza y ya es raro ver a alguien que se ponga una peluca. Además, sin llevarla, muchos lo aparentan porque su pelo se lo pintan de vistosos colores, que no tienen nada que ver con la naturaleza humana y uno ya duda si la fuerza física y la fuerza de la inteligencia y del espíritu tienen que ver algo con los pelos.
Pero, leyendo a Antonio Machado, comprobé como también él, sentía la luz de los cabellos, cuando se expresa así: ”Quiso el poeta recordar a solas,- las ondas bien amadas, la luz de los cabellos- que él llamaba en sus rimas rubias olas”.

Aquellos pelos estaban relacionados no sólo con la inteligencia y la poesía sino con la propia vida, porque en épocas que yo todavía he conocido, los barberos eran los practicantes de los pueblos y daban inyecciones a los enfermos y hacían sangrías y vendajes. Yo me acuerdo del señor Valeta, que en el Coso Alto de Huesca, se ocupaba de la higiene y de la belleza del pelo de sus clientes, al mismo tiempo que cuidaba su salud. Lo mismo hacía el Señor Jorge de Siétamo, que además de ser barbero, después de la Guerra y vestido con su blusa negra, igual que la que llevaban los tratantes, inyectaba a los habitantes de mi pueblo y a mí, me cosió una brecha que me hice en la cabeza, cuando sobre una burreta torda, subía montado de la fuente, a pelo sobre ella y me tiró al suelo. 

miércoles, 11 de marzo de 2015

Grecia, de la belleza a la pobreza



En uno de estas días en que se habla tanto, de la pobreza del País, que  tanto  le hace sufrir, después de tanto pensar, filosofar, de crear historias mitológicas  de los dioses del Olimpo, de las musas, de los  divinos hombres y caballos, de los legendarios centauros, al mismo tiempo, que  los  minotauros,  ahora los griegos tienen que pensar en el nivel de vida, que es el problema que preocupa  a los  ciudadanos,  en los tiempos modernos.
La cultura de Grecia ha sido un modelo para los pueblos, a medida que iban ascendiendo en su nivel de vida. Desde la Filosofía de Aristóteles hasta el deporte de las Olimpiadas, han inquietado los espíritus y los cuerpos de los ciudadanos.
Hoy he entrado en un local, dedicado  a sacar fotocopias. Al entrar en él, a la izquierda del mostrador, colgaba  un cuadro de gran belleza. Representaba esa belleza de la cultura griega, con un edificio, mutilado por los siglos, a las orillas  del mar Egeo, que con sus ondas baña aquel paisaje. Debajo de esa arquitectura, que exhibe la antigua belleza de Grecia, aparecen los capiteles, unos dóricos, muy sencillos,  otros jónicos y debajo de ellos, los un tanto rebuscados  capiteles  corintios. Al lado de esta exposición arquitectónica, hace  sonreír  al que contempla esta visión, una rosa de color sonrosado, que parece adornarse a sí misma con pequeños ramos de rosal. Aquel ramo se unía con su atracción  natural, con la arquitectura creada y  levantada, ya hace siglos, por los griegos.
 Han pasado los siglos y las invasiones turcas  y las guerra europeas, han casi destruido el clasicismo helénico. Al mismo tiempo la vida moderna ha buscado el bienestar, destruyendo  el capital  moderno,  como el tiempo con sus guerras, destruyó casi su arquitectura.
En la parte inferíor del cuadro, se muestra una jaula de perdiz, con la que el antiguo pueblo cazaba las sabrosas perdices. Esta jaula representa  la modesta economía de los griegos unida a la ganadería y a la pesca y a su lado gira alrededor de sí mismo un ramo de un bello vegetal, que ha perdido la frescura de la rosa, que representa la frescura de la vida del hombre.
En el ángulo derecho e inferior del cuadro, de una maceta brota una planta de bellas flores, que ha perdido su lozanía y a su lado hay una corona tal vez real, que en su desaparecido cerebro portador, vivió la belleza de la Arquitectura griega, de sus naves comerciales y de sus filósofos.
Ahora permanece, quieta, tal vez esperando que de una fuente artística, con sus dos asas laterales y la superior de su cubierta, sean abiertas por el pueblo griego y salgan de ella, las viejas virtudes de ese  pueblo,  que fue sabio.

La parte inferior del cuadro, muestra un texto latino, en el que, en cierta fase, se lee :” Quam rationem  eleganter  explicat  Philo in libro de mundi oficio, ubi  sic ait : ut igitur  convivadores nupcias  ad  coenam  vocat”. ¡Que el mundo moderno que se está formando en Europa, llame a Grecia a su Gran Cena!.

martes, 3 de marzo de 2015

José María Mur, oscense de origen y de vida



José María Mur Coronas, cuando tenía veintitantos años de edad, fue Presidente del Equipo de Fútbol de Huesca. Tuvo una dedicación incansable a este grupo deportivo  de Huesca, que le hizo estar pendiente de él,  hasta el punto de levantar, debajo de la Ermita del glorioso San Jorge, un hermoso Campo de Fútbol, para seguir con paz y con alegría, la lucha milenaria que enfrentó al Santo con los invasores africanos. Si, quería José María seguir luchando en favor de la ciudad de Huesca, capital de la Provincia, pero no, haciendo brotar sangre de los cuerpos humanos, sino produciendo alegría en los oscenses, en tanto sus defensores, los futbolistas, hacían brotar sudor de sus cuerpos. José María quería la paz y la alegría en los oscenses, pues él que tenía la carrera de Maestro Nacional, no quería la guerra, como aquella que se produjo en España, cuando él nació. Vino al mundo el día quince del mes de Diciembre de 1937, día en que Huesca fue bombardeado, con una crueldad salvaje. Este bombardeo que me ha descrito José María, no lo conocía por no poder acordarse de aquellas fechas tan oscuras, en las que vino al mundo, sino por los recuerdos que le contaron más tarde, su padre y sobre todo su madre. Entonces acompañaban a José María, el niño recién nacido y ahora, en 2015, el entonces pequeño niño,  me lo está contando a mí, que lo acompaño. Los padres de José María, tuvieron que salir corriendo de su  casa, en la Calle de San Justo y Pastor y se refugiaron en una oscura bodega, cercana a su domicilio.
 La matrona que asistió a su madre fue la señora doña Anita, casada con el militar Fuertes, con uno de cuyos hijos acudí yo al  Colegio. Vivían en el Coso Alto, frente al número 61, al lado de Santa Ana, por lo que nos apreciamos mucho.
Pero no fue solamente el fuego de la terrible Guerra, el que los amenazaba frecuentemente, como el cañonazo que cayó en una pequeña ventana, debajo de un balcón del Coso Alto, número 61,  que dejó aterrados a mi padre y a mi hermano Jesús, el pequeño, bomba que no explotó. Tuvo suerte la familia Mur, de que no les alcanzaran las metrallas, pero como acabo de decir, no fue sólo el fuego de las armas, el que amenazó a la familia Mur, sino que también se echaron sobre ellos, las amenazas políticas, porque hubo alguien que amenazaba a su padre de hacer señales luminosas a los aviones, que volaban sobre la ciudad. Acusaron a su padre y los que defendían la ciudad, fueron a su casa de la Calle de San Justo y Pastor, pero todos los habitantes del Barrio,  acudieron a defender al señor Mur. ¡Qué crueldad tienen las guerras, que destruyen las casas, donde se acogen los ciudadanos, los edificios religiosos y civiles, que acogen a la sociedad!. Destruyen las vidas de la humanidad y de los animales, hacen que penetre en los corazones el odio y en los estómagos el hambre y la miseria. Y para lograr estos criminales fines, se valen de todas las armas, de aviones, de artillería, fusilería, hambre y sed, acompañadas con el abandono de los hospitales. Pero la acusación que le hicieron algunos de los voluntarios que defendían Huesca, diciendo que el padre de José María, hacía señales a los aviones enemigos, le hicieron la misma, en el pueblo de Fañanás, a la madre de mi primo, el sacerdote Jesús Vallés Almudévar, diciéndole, que con  unas linternas, sin pilas, se comunicaba con los aviones nacionales. Se trataba de una guerra civil y se utilizaban las mismas acusaciones, en ambos bandos. A mi tía y a su hijo, de quince años, los fusilaron muy cerca de Bespén. Se utilizaban en la Guerra, las armas del espíritu, como la mentira, que no respetaba absolutamente, la dignidad humana.   

A la familia de José María Mur, no le pasó nada,  pero ante aquellas amenazas se fueron a Zaragoza. Pero, durante aquella Guerra, para llegar a esa Ciudad, tuvieron que subir por Ayerbe en un taxi, con su parte izquierda blindada contra las balas, que disparaban los gubernamentales, que se hallaban muy próximos a la carretera de Jaca. Una vez en Ayerbe, se dirigían los coches a alcanzar la carretera de Zaragoza, por Zuera. ¡Qué situación de cerco tenía Huesca!. Muy apurada se vio la ciudad, durante la Guerra, porque los Mur estuvieron en Zaragoza durante tres o cuatro años, y el año de 1940 ó 41, se volvieron a Huesca. 
¡Otra guerra le llegó a España el año de 1936, pero no es nada extraño que, como dice Quiñonero: “España lleva varios siglos sobreviviendo y saliendo del hoyo donde la meten regularmente las manías cainitas de sus élites gobernantes”. Tiene que ser muy fuerte España, para salir viva del “Duelo a Garrotazos”, que pintó Goya. Esas palizas recibidas, a las que el glorioso pintor representó, hace falta eliminarlas, “para renovar la arquitectura espiritual y cultural de España”. A renovar ese espíritu por medio de la cultura, entró José María Mur el día de su entrada en la Escuela Nacional del Parque de Huesca, entre otras razones por el cariño que recibió de la Maestra Nacional,  que lo trataba con ese gran cariño. Se llamaba doña Julia, y era la esposa del policía secreto, Señor Pano, nacido en Monzón, hombre elegante, que se cubría con un hermoso sombrero. Eran doña Julia y él, los padres de mi compañero en el colegio de San Viator y  amigo mío, de cuyo apellido me acuerdo con respeto.  
José María, recibió su formación en la Escuela del Parque, que convivía con la Escuela del Magisterio y con el Instituto de Segunda Enseñanza, Ramón y Cajal. Siempre asistió José María Mur a la Escuela Nacional y por tanto no asistió a ninguna Escuela de pago. Acabó la Carrera de Magisterio en 1956, pero de momento, ya no ejerció, porque habiendo sacado las oposiciones, pidió la excedencia. Habiéndose revestido de cultura, prefirió seguir el camino de su padre Don Ventura Mur, contratista de obras. Pero no fue un acompañante de lujo, para su padre, sino que actuó incluso de Albañil, y le ayudaba en todos los desplazamientos, que realizaba  por las diversas obras que emprendía. Ventura Mur se encargó de construir todas las obras que le ordenaba Don José Porta Callén. Levantó la Fábrica de Harinas, en la Carretera de Zaragoza, el Molino de Casayús y las distintas granjas, que hizo aparecer por la Hoya de Huesca.
El constructor don Ventura Mur, si viviera, sufriría enormemente, al ver como en estos últimos años, ha sido derribada por el suelo la grandiosa Fábrica de Harinas de Porta, elevada por él y destruida por una enorme tormenta veraniega y por máquinas destructoras. A mí también me ha causado pena contemplar las vallas metálicas que rodean su solar. Me recibía Don José Porta  en su despacho y teníamos conversaciones sobre su larga carrera de producir harina, para que el pueblo consumiera pan. En su despacho colgaba un pequeño cuadro, que hacía reflexionar sobre el ambiente que se vivía en un despacho de Harinas de Trigo. Ese cuadro lo recordaba don José, así como me hablaba de su pintor, mi cuñado Don Luis Tesa Ayala.
Ventura Mur también realizó, frente a la Fábrica de Harinas de Porta, el Parque de Deportes de Almazán, que con un hijo suyo acudí al Colegio de San Viator. A aquel Parque de Deportes, iba a contemplar los partidos de Baloncesto, en los que me llenaba de alegría el ver a mi primo Roberto Pérez Almudévar, gran jugador y gran fotógrafo de casi todos los rincones de la Provincia de Huesca. Era Roberto uno de los primeros oscenses que jugaba en Huesca, al Baloncesto. Al lado del Parque de los Deportes, se extendía el Campo de Fútbol y ambos han desaparecido, como solares de nuevos edificios. Pero a José María Mur, no le parecía bien dejar a Huesca sin su Campo de Fútbol y creó otro nuevo, al oeste del Cerro de San Jorge, cuando tenía unos veintitantos años de edad, y siendo, al mismo tiempo Presidente del Club de Fútbol de Huesca. 
Era José María Mur un hombre lleno de optimismo y  como Maestro  procuraba enseñar a los jóvenes a hablar, con un lenguaje limpio para  que no se escaparan palabras soeces, de las bocas de aquellos jóvenes. Como Maestro, buscaba la perfección de los hombres, empezando por su lenguaje, para que no ensuciaran sus bocas con aquellas sucias palabras, que trataban de imponer a los humanos, en aquellas películas, los artistas de cine endiosados en las películas. Y el poder político mundano, contribuía a tener a los hombres obsesionados por medio de películas de corrupción, como “El último tango”, interpretado por Marlon Brando y por  María Schneider. El Mundo con el Demonio y la Carne, no proyectaron “El último tango” contra la corrupción del sexo, sino para aumentar los deseos sexuales mezclados con  las violaciones.  Al prohibir que se representara en España, unos dos millones de españoles, hartos de sentirse sometidos sus pensamientos, se lanzaron, a Biarritz, a contemplar la degeneración erótica del “Último tango de París”. En esta película puede verse como el personaje masculino viola a la mujer, por conductos de residuos fecales, valiéndose de cierta cantidad de mantequilla, como lubrificante. ¿Buscarían aquellos hombres el mal, que con el Demonio, el Mundo y la Carne, esclavizaba su vida? o más bien, José María y su compañero Maestro Nacional Luis Zaborras, querían alejar de la juventud, aquella propaganda de la corrupción.    
El Maestro José María, como educador de los niños, buscaba en los mismos, la práctica del deporte, principalmente el del fútbol, al contrario que el Gran Capital buscaba la corrupción de los jóvenes  por medio del Cine. Cuando se anunció en Biarritz, que se iba a proyectar la película “El último tango”, tuvo la necesidad de ir a contemplarlo, acompañado por su colega Luis Zaborras, no para complacerse con su contemplación, sino para tratar de oponer a los vicios, un espíritu deportivo, para fomentar una juventud sana de cuerpo y de espíritu. 
Pero José María, al bajar desde Canfranc por el Bearn francés, quedó impresionado de ver la descomunal riada de españoles, que acudían como él, a contemplar “El último tango”. Aquella circulación de vehículos, formaban una especie de peregrinación desde España a Biarritz, para homenajear la corrupción del sexo, que trataba de oprimir los cuerpos y las mentes de los españoles. Parece que una profecía se estaba anunciando a los españoles, porque cuando iban a llegar a la altura del Puente del Estanguet, una enorme nube de polvo se alzaba al cielo desde el puente, que se caía o tal vez lo estaban derribando. Polvo era aquella nube, como si fuera un “polvo litúrgico”, como dice la liturgia:  ”polvo eres y en polvo te has de convertir”. José María y Zaborras, bajaron del automóvil Seat-1500, para contemplar el espantoso derribo  de aquel puente, que se estaba convirtiendo en polvo. José María se puso a meditar sobre aquella cremación y pensó que los Pirineos fueron en otro tiempo un País, disputado entre España y Francia. Carlomagno fue derrotado cuando volvía de Zaragoza y en aquellos momentos Francia, derribaba su  comunicación  con la península y con Marruecos, al que se pensaba en abrir  un túnel por debajo del Estrecho de Gibraltar. Ahora hace unos cincuenta años que Francia derribó el puente y se negó a restaurarlo. Y Aragón está con casi toda España incomunicado con Francia y con Europa, por esas montañas pirenaicas, como si ese Aragón no existiera. Ahora las tropas españolas se retiran de la Montaña y bajan a Zaragoza, que es un futuro paso obligado de la Península a Europa. José María quedó horrorizado de aquella enorme polvareda que causó la caída de aquel puente sobre el río…Su corazón se sintió triste, al contemplar dicha pérdida, cuando él,  lo que buscaba era la solución al problema que iba a traer a los humanos, la búsqueda de la felicidad por medio del deporte, que iba a provocarle  la proyección de esa película: “El último tango”. El principal actor de ella, fue Marlon Brando, que debía representar el amor, pero que representó el odio a una hermosa mujer, llamada María Schneider que acabó su vida, en un hospital psiquiátrico. Tal vez, una vez vista la película se dio cuenta del odio de Francia a España, cuando tantos españoles tenemos nuestro origen en el Bearn. En el Pilar de Zaragoza está enterrado un Conde del Bearn, que conquistó Almudévar y Zaragoza. Menos mal, que en los tiempos actuales, los franceses del Bearn, están restaurando la Vía Ferroviaria, que volverá a unir España con Francia.    
Esta es la película que no pudo llenar de gozo a los que la contemplaron, como se ve en el fin de su actriz María Schneider. Tal vez José María, pensara más en el porvenir europeo de España, con el ferrocarril restaurado de Canfranc  a Pau y la autovía interrumpida de Zaragoza a Toulouse.
Pero sobre todo estaba pendiente José María, del AMOR, que después de tantos años le hace todavía soñar en la señorita de Almudévar, en cuya casa lo he visto meditar muchos años después de muerta. Su difunta esposa se llamaba Carmen Laclaustra Oliva y todavía conserva en Almudévar, José María, la gran casa, en la que pasaban temporadas. Cierto día, me mostró su casa matrimonial, de la que no puede olvidarse y en algunos periodos, va a acordarse del  amor de Carmen. Me emocionó la visión de aquel caserón, con su biblioteca, sus dormitorios y su salón, en el que escuchaba en tiempos ya pasados, la música de aquellos instrumentos, provocada por unas pequeñas agujas de acero, que giraban sus discos, con amor. En aquellas gramolas, con sus grandes altavoces, estaba un pequeño perro blanco, que al lado de ellos, escuchaba la música.
Aquel ambiente y aquella música, le hacían recordar la historia de los actuales habitantes del Alto Aragón y pensaba en el origen francés de su apellido, igual que yo me acuerdo de mi origen bearnés. José María recuerda que su apellido Mur, es de origen francés, pues de Mur viene la palabra Muro o pared. De este origen les ha venido a los Mur, la afición a construir edificios. Venían los miembros de la familia de José María Mur del pueblo de Bolturina, del que sólo permanece la iglesia, pero en este pueblo apareció el Santuario de Torre  Ciudad, entre Graus y el Grado. ¿Cómo a los miembros del Opus Dei, no les da por conservar la fe en la pequeña iglesia de Bolturina, de la cual nació el Santuario del Opus Dei?. Esta obra es una de las grandes obras realizadas en España. Sería hermoso contemplar la prolongación de la fe de los albañiles y herreros de Bolturina, en el Gran Santuario, en el que se puede ver el respeto, que los opusianos han conservado en las rejas de la Catedral de Huesca. 



Aprovecharon las antiguas rejas de la Catedral para alabar a Dios,  y amar a su Madre, de la misma forma que los viejos postes de gas, de Barcelona, los aprovecharon para convertirlos en faroles, desplazados por las explanadas del Santuario.
Igual que Arguis, pueblo de la Montaña  se asoma a la Plana de Huesca, al llegar a Nueno, los Mur bajaron de la Montaña, para vivir en nuestra capital. Desde esta capital, José María Mur, se fijó en Francia, donde recibió la profecía del Puente de L´Estanguet, en Torreciudad, en el Cerro de San Joge de Huesca, donde levantó el Campo de fútbol y en todas las localidades, donde ha viajado, acompañando a los jugadores del equipo de fútbol de Huesca.
Es que José María tiene un cerebro que se fija en la historia del Alto Aragón, pues conserva la casa, antigua y moderna, que le dejó su esposa, en el pueblo del Sabio o Saputo,  Pedro de Almudévar. Así como este corrió toda la provincia de Huesca, su “amigo” José María, pasa temporadas en la casa de su querida y amada esposa Carmen Laclaustra Oliva, a la que va con frecuencia y donde vivió el amor, que le tenía a Mari Carmen. Todavía se lo tiene, porque, al verlo sentado, en varias ocasiones en algún Bar de Almudévar, yo me preguntaba: ¿en qué estará pensando este hombre, que conoce la provincia de Huesca con todo detalle? Me he dado cuenta de que no era sólo el ambiente del gran monte de Almudévar, sino el recuerdo que conserva en su mente y en su corazón, de su amada Mari Carmen. 
Pero era un cúmulo de pensamientos, los que le llenaban su memoria. Basta simplemente recordar aquella ocasión, en que me prometió que me enseñaría un maletín lleno de papeles, en los que se van nombrando unos quinientos pueblos de la provincia de Huesca, que ya no    existen, porque han ido desapareciendo. Basta recordar el pueblo de Bolturina, en cuyo monte se encuentra el Santuario de Torre Ciudad. Pero José María no podrá olvidarse de ese pueblo de nombre tan curioso, porque en él nacieron sus antepasados. Hoy de Bolturina, sólo queda su antigua parroquia, entre Graus y El Grado. ¡Cómo a los del Opus Dei les dio por acrecentar la fe de aquella minúscula parroquia de Bolturina, levantando un Santuario, que con sus grandes obras, incrementa la fe por toda España!. Aprovecharon aquellos adornos, que otros abandonaban, como las rejas férreas de la fachada de la Catedral de Huesca. De la misma forma aprovecharon los antiguos postes de gas, de Barcelona, para convertirlos en farolas, dispersas por la  explanada  del Santuario.
José María Mur, representa ahora la vida del Alto Aragón y con su nacimiento en la bombardeada ciudad de Huesca, su huida a la capital de todo Aragón, la creación en su pueblo de origen Bolturina, la desaparición de cientos de pueblos, su viaje en el que contempló la destrucción del Puente de L`Estanguet, le hacen lamentar la falta de comunicación de Aragón con Europa por Canfranc. Este ferrocarril haría el milagro de que Aragón fuera la comunicación desde Marruecos y de casi toda la Península con Europa, sueño perdido con la muerte del Emperador Carlomagno. Hay épocas en las que se ven circular numerosos coches de toda España, por la carretera, ahora casi acabada de convertir en Autopista, que van a Torreciudad. Con esas comunicaciones se unirían no sólo el progreso material de Aragón, acompañado por España, sino le fe, uniendo El Pilar de Zaragoza, el Santuario de Torreciudad y la Virgen de Lourdes. ¿No se contribuiría a crear un círculo comercial e industrial entre Zaragoza y Toulouse?.
Ahora en España, se habla de los dos lados del Pirineo, como estados independientes. ¿Es que quieren castrar a la Península?. Aragón lo puede evitar, comunicando a la Península con Europa.
Me encuentro, con cierta frecuencia con José María Mur, y tomamos un café en el Bar del Hotel Abba, que está muy próximo a su domicilio. Hoy  hemos estado  unidos en esta agradable Bar, hablando de la vida y el “porvenir” de Aragón,  uniendo Europa con España. Hace escasos días, lo contemplé y escuché en la televisión, hablando y dando explicaciones de la pequeña historia de Huesca, en un programa de fútbol. 
José María conoce a “tout le mond” de los Pirineos franceses y españoles y todo el mundo lo conoce a él. En nuestras conversaciones hablamos de nuestros conocidos y últimamente que mi hermano Luis y él mismo,  fueron dos amantes de la vida y del trabajo. Nació José María en Huesca en 1937, en plena Guerra Civil y mi hermano Luis, nació en Siétamo en 1932.Fue feliz en Siétamo,  pero no llegó a asistir a su Escuela. Llegó la Guerra y así como José María, vivió su niñez en Huesca y en Zaragoza, Luis vivió su niñez en Huesca. Tuvo que huir con nuestra familia a Jaca y a Ansó. Al acabar la Guerra, volvieron a Huesca y Luis asistió al Colegio de San Viator, mientras José María acudía a la Escuela Pública, hoy Escuela del Parque. Cuando acabó el bachillerato, estudió el magisterio en la Normal. Se conocieron con mi hermano Luis, a través de la familia de Feli Nasarre, que ha muerto este mismo año de 2015, cerca de los cien años de edad. Feli fue amiga íntima de  Mariví, hermana de Luis y mía.  Con los Mur tenían un trato familiar y subían a visitar a la familia de Feli Nasarre, que ha muerto en esta año de 2015, y que cultivó una gran amistad con mi hermana Mariví. Estaban, hace ya muchísimos años, los Nasarre viviendo en la hermosa aldea de Badain. Estuve yo,  en cierta ocasión, a visitar la encantadora aldea, en la que vivieron Feli con sus padres. Era una aldea pequeña, pero con un gran encanto. Su padre era encargado de un grupo eléctrico y vivía con su esposa y con su hija Feli, felices en aquel pueblo de hermosos balcones de madera, al lado de una iglesia, en uno de cuyos lados se encontraba el cementerio. En aquella altura de los Pirineos, miraban al cielo y a la tierra, en la que crecían bellos árboles, como cerezos. Eran felices en aquel ambiente, donde gozaban de la vida y respetaban la muerte, que dormía en aquel pequeño fosal. No les producía terror la muerte de aquel cementerio, sino que les ayudó a prolongar sus vidas,  durante muchos años. El padre de Feli con su esposa y con la niña,  bajaron a vivir a Huesca, donde en una escalera, en cuya parte alta se ve un mosaico, donde aparecen Santa Nunila y Alodia, abrieron una tienda de frutas y de hortalizas, desde la que se subía a la Catedral.
En mi artículo titulado “Barain”, escribo : “Se entraba en el cementerio entre la tumbas, casi todas ella adornadas con flores y con plantas ornamentales y mirando los nombres de aquellos difuntos, como estarán los nuestros cuando el Señor lo disponga, veías apellidos altoaragoneses, que ocupan todo Aragón, porque los hermanos de sus antepasados, bajaron a vivir en la Tierra Baja y muchos aragoneses marcharon a Francia y allí estaba  la tumba de  uno de Badain, en la que ponía:”De ton frère”. Aquellas tierras vivieron unidas muchos años con los franceses y más tarde en el Alto Aragón, recibimos muchos de ellos y a Francia pasaron numerosos montañeses”.
Los Pirineos han formado siempre un País y España con Francia los han dividido, pero cuando estuve en un Molino de harinas, cercano a la frontera francesa, y su molinero me hablaba del amor que sentía en su corazón, con los franceses que acudían a su molino. Se sentían los habitantes del Pirineo, con sus fablas, como un mismo pueblo. Pero los políticos, unas veces franceses y otras, españoles, han obrado con el Pirineo, como en el río Ebro, en el que no han actuado limpiando su cauce, por no atacar a la Naturaleza. Consecuencia han sido las inundaciones causadas por el río, que han hecho salir de sus casas a miles de ciudadanos. Dicen que hace unos años, fue mayor el caudal de agua, que discurrió por el Ebro y sin embargo, no  se  inundaron tantas hectáreas.
 Como ocurre en el Pirineo Aragonés, donde por gozar de su belleza, no han querido nuca comunicar España con Francia, con lo que han conseguido, que si no por motivos turísticos, ya estaría desierto el Pirineo Aragonés. Siempre han cruzado la frontera, unas veces los españoles hacia Francia  y otras los franceses hacia España. Ahora, que España ha entrado en el Mercado Común Europeo, se le siguen cerrando las puertas de comunicación de Zaragoza con Toulouse.  
Pero José María sueña con la educación y con el fútbol del Alto Aragón. En una carta de José María Mur Coronas, en la que escribe “la vinculación existente entre educación y fútbol”, se refiriere a los ejes de su vida, que junto con la gestión empresarial, han sido y son el fútbol y la educación. En numerosos años, ya pasados, escribió a la autoridad para que dejara entrar gratuitamente a los niños, en los partidos de fútbol, gracia que no le fue concedida.
José María Mur sufrió porque su pensamiento, le decía: “El fútbol es educación, deporte, sociología, economía, matemáticas y geometría política”.