viernes, 29 de mayo de 2015

Conversación en el salón.-(Año 2003)


Muere a los 103 años Pepín Bello


Hace aproximadamente unos siete años, estaban en Huesca, su ciudad natal, llamados por sus sentimientos y sus recuerdos infantiles de los pueblos de Quinzano, de Siétamo, de Chimillas, de Almudévar y de algunas  personas,  Pepín Bello, María Teresa Bescós Lasierra,  que ha muerto hace muy poco tiempo, con cien años de vida, después de su hija, también llamada María Teresa Alamán y Bescós de segundo apellido y bastante más tarde que su hermana la escritora María Cruz Bescós.
Aquí, en nuestra capital, se encontraban con otros partícipes de su vida, con los que su familia convivió,  José Antonio Llanas, casado con  María Antonia Vázquez, gallega, como los antepasados del señor Bello y en cuyos corazones existe una sensibilidad por la nostalgia y  saudade y este Llanas Almudévar que, con su segundo apellido tenía su origen en Siétamo, como Kosti, cuyo auténtico nombre era Manuel Bescós  Almudévar. Ambos fueron alcaldes de Huesca y escritores, que mantenían el interés de los oscenses sobre sus relatos, serios y a veces solemnes los de Silvio Kosti y más humorísticos y costumbristas los de José Antonio Llanas.
Pepín Bello, primo de María Teresa Bescós Lasierra y que como ella, en menos de un año alcanzará los cien, ha sido amigo íntimo de pintores, como Dalí, de cineastas, como Buñuel, de escritores, como Lorca  y conocedor de filósofos como Aragón y ha sido un conversador eterno y además  no cultivó ningún  oficio en toda su vida. Al preguntarle un periodista que cual era su profesión,  siendo amigo de tantos seres humanos, que se distinguieron en la ciencia y en el arte, él contestó”: Yo soy amigo de mis amigos “. Y esa amistad y esa afición a la conversación lo llevaba  a reunirse, unas veces en el Aéreo Club o,  por ejemplo en casa de José Antonio Llanas Almudévar.
Y   me han dejado una cassette,  que tiene gravada una conversación entre todos los personajes citados anteriormente y algunos más.
 En la casete que me dejaron están las voces de los conversadores citados más arriba y el primero que habla es el gran Pepín Bello, que parece afirmar, porque no están bien grabadas las palabras: “¡Hay que decir nuestras memorias y sentimientos Hay que decirlos, hay que decirlos!”.Tenía ganas de hablar y ya estaba en el salón de José Antonio Llanas Almudévar y se veía como si estuviera entre las “mámparas” o mamparas de la Codorniz, con sus bastidores escritos, unidos por goznes, que se abrían, se cerraban y se desplegaban, haciendo las palabras los mismos juegos que los biombos o cancelas. Y hablaba de que había que divertirse y divertir a los demás, hablando y hablando. Y María Teresa recordó los buenos ratos que le proporcionaba la lectura de la Cena de Baltasar Gracián, en la cual se divertía el autor y divertía a sus lectores.  Entonces alguien manifestó el deseo de que se hiciera una antología de lecturas divertidas, diciendo José Antonio que algunas de esas obras estaban en el Indice, como unas fábulas de un fabulista moral, creo que Samaniego, que escribió otras completamente inmorales. Yo las tuve, pero las di porque no cayeran en manos de mis hijos, entonces niños.
Pepín  exclamó:”¡ yo estoy a todo, menos a la razón!” . No sé si él creía en la teoría de Aragón, es decir en el surrealismo, que se interroga  ¿qué clase  de  pensamiento es aquel que justifica una guerra con un millón de muertos?, ¿son esas muertes justicia válida para la humanidad?. Después de afirmar que estaba a todo, menos a la razón, decía: ”esto parece insensato, absurdo”; parece una invitación, que diga a los hombres y mujeres : “¡el caso es pecar!, pero yo le digo que cante poco”, ¡jo, jo, jo!, !que no ,que no!”;ese escaso cantar parece un consejo de Pepín para  que no pequen mucho, es decir que no lleven el surrealismo, ¿o que lo lleven?, a situaciones exageradas.  Pepín busca algo más real en la conversación, algo surrealista, algo más real que lo real, algo que signifique que habla por encima de la realidad.
Su amigo Dalí dijo que “el surrealismo, será el único istmo que subsistirá” pero parece ser que le pasará como a todos.
No se que tendría que ver   Rafael Bescós con estos asuntos, pero dice Pepín: “hay que reconocer que Rafael  estuvo también”, en una época en que atacaban la religión y “se marcharon todas las monjas”; añade que sus hermanas una vez fueron a estudiar con una señorita, que, “¿sabes quien la conoció?, Emilio Castelar” .Una voz femenina añade que “era simpática y sabía francés, dándonos la clase en casa “. Otra voz femenina afirma: ” tú sabes, en vuestra casa las torres las forzaron y había una especie de arquillo…y me quedé muy triste”. Han girado los biombos de la conversación y se queda uno ayuno de que torres se trataba y cual era el arquillo, que las adornaba.
En estos momentos a través de las mamparas se oían menos ruidos y menos las risas claras y alegres de Teresa Bescós Lasierra, mezcladas con la palabra optimista y sonora de Pepín Bello Lasierra y acompañadas por sonidos de cucharas que golpeaban en los vasos y en los platos, pero comenzaron de nuevo las mamparas a girar, a abrirse y cerrarse repartiendo ráfagas de buen humor, cuando todos los asistentes se pusieron a contar el caso del gran perro mastín, que era de los militares y cuando éstos asistían a la misa de campaña, se ponía al lado del altar y lloraba ladrando, imitándolo Pepín, José Antonio y su hija María Teresa, reproduciendo sus ladridos :uuuuuh, uuuuuh, mientras reía María Teresa Bescós y María Antonia, que estaba con la taza y la cuchara en las manos, dándole helado a su hija, golpeaba la cucharilla contra la taza, como aquella que quiere animar más el movimiento de la mampara.
Se quedó un poco cortado José Antonio, al recordar  lo que le pasó, con esta expresión: ”el tontolaba que estaba en la radio se me quedó las cintas”. Pero, aunque perdió alguna cinta, se acordaba de infinidad de anécdotas y a continuación de hablar del perro sacristán, contaba que “se ponía el perro de Mompradé en medio del patio y le iba a buscar el periódico”.
Y casi al mismo tiempo, Pepín y José Antonio hablaban de las magníficas fotografías que del Pirineo,  Compairé se dedicó a crear una gran colección, que ha hecho que los oscenses descubrieran el arte fotográfico.
Y José Antonio recordando sus años infantiles habla de los santeros de las ermitas, ya que al santero de Salas lo conocía porque iba a la farmacia de su padre con la “capilleta” de las Vírgenes, a recordar a la gente que hicieran oración y de paso, que le echaran una limosna en la caja petitoria, para poder vivir como ermitaño y en la ermita, donde “la gente no sabe la existencia en los santuarios de comedores y cuartos para dormir. Y los santeros esperaban el día en que hacían la romería las Cofradías, porque los cofrades los sentaban a comer con ellos”. Pero José Antonio cuando, con sus amigos iba a Salas a coger regaliz de palo, se encontraba al santero, que les daba agua de su botijo y era de agradecer porque por allí el agua no era potable.  
Recuerda el monasterio de Loreto,  la ermita de Cillas, cuyo santero cura tenía éxtasis, el santuario de San Cosme y San Damián, que fue tal vez el último de ellos, que tuvo santero, pagado por los condes de Guara y la de Santa Lucía, pero dice que en los años cuarenta, apareció por Huesca, una mujer pidiendo limosna para la Virgen de Torreciudad. ”Decía que se levantaría una iglesia enorme y que acudiría todo el mundo y la gente ignoraba la existencia de ese santuario”.
Efectivamente: ”la casa desmontada, la casa montada”, pero ese pensamiento también acariciaba las mentes de los tertulianos, porque José Antonio preparó el desmontar su casa y montar otra en Huerrios, en la que parece que tuvo lugar esta conversación. Y Pepín habla de la casa que hizo su hermano en Almudévar, “con cocina de leña, esa era una cocina”, porque no cerraban las puertas y ” luego se cierran las puertas y está el candado y se cierra, como una salamandra”, al marcharse y añade “son bastardas, no son mejor que en Madrid”. Sigue José Antonio y dice:”en la torre Casaus era la chimenea de piedra tallada”;  miraba a su alrededor y le interrumpían las mujeres: "si, si, si”. Se alegra la habitación. Se ríe María Teresa entre las risas de las mujeres, ante las palabras que pronuncia José Antonio”. Entre tanta alegría, se escuchan los ruidos de los platos.


Recordaron los asistentes al salón, a Antonio Bello, cuando en el Aero-Club, se acercó a un grueso señor y le explicó que había comprado unos cocodrilos, que tenía en su finca de Almudévar y que ahora no sabía que hacer con ellos, ya que le estorbaban; a lo que le contestó: no se preocupe porque simplemente con un cuchillo, se desangran los cocodrilos. Bello le dijo: ¡el caso es sangrarlos bien! y  además tenerlos que matar, ¡pobres animales!. Y Pepín repetía :”el caso es sangrarlos bien!”. El señor consultado, conmovido exclamó: ¡bueno, ya iré a sangrarlos!.
Ahí, estaba el problema, porque José Antonio repitió: ¡el caso es sangrarlos bien!.

No los sangraron, porque realmente no existían los cocodrilos.

Asesinato del cura de Colungo (1936)

Pintura rupestre de la cueva Arpan L, Asque- Colungo-(Huesca)


Hoy, día veinticinco de Mayo del año dos mil quince, cuando el pueblo se olvida de lo que pasó en España por los años de 1936 al 1939, mi amigo Antonio Mur, con cerca de noventa, me ha recordado a Mosen Custodio Acín, párroco de Colungo, en que nació y me ha dado detalles sobre la vida y la muerte violenta de este sacerdote altoaragonés.
Antonio Andreu Mur nació en Colungo, muy cerca del río Vero, a cuyas orillas seguían cultivando una huerta, que hoy día ya está yerma. Pero no está completamente vacío el paisaje, porque la tierra yerma de la huerta se encuentra cerca de un “camping”, en activo y de un viejo Molino, abandonado como tal , aunque a veces lo han habitado grupos de hombres a apartados  de la situación económica. Como Molino ya no funciona, pero en otros tiempos daba riego a muchos huertos de Alquézar y de Colungo, que se encuentra en el monte de Alquézar. En este bello pueblo, todavía había otro Molino, que estaba en el camino que conduce desde Alquézar a Aspe. Por ese camino todavía caminan multitud de aficionados al senderismo, y que gozan del recuerdo de aquellos lugares, en que todavía se encuentran los cultivos de los huertos y el moler del molino.
Cuando después de la Guerra Civil, inutilizaron los Molinos para controlar el trigo, prohibiendo moler, los molineros trabajaron ilegalmente por las noches. Este Molino de Abajo, en el monte de Alquézar y a orillas del río Vero, estaba regido por un molinero, al que habían quitado una pieza los miembros de la Fiscalía de Tasas, para que no pudiera moler. El padre de Antonio Andreu Mur, llamado León Andreu, le propuso al molinero, hacer una pieza de carrasca para sustituir la que se habían llevado.El molinero que era muy hábil, hizo la pieza y siguió moliendo por las noches, de “estraperlo”. Me dice Antonio que todavía  quedan en Colungo, viejos que recordarán todas estas aventuras.
León Mainer, con una cantidad de aceite  iba a moler por la noche, con dos mulas y dos asnos y una linterna. Era esta linterna una caja cuadrada de cristal, con una mecha de tela, impregnada de aceite, y como éste era abundante, duraba mucho tiempo. De esas lamparillas se usaban en la iglesia, para recordar la presencia de Cristo.

Hablando de la iglesia, Antonio me recuerda, la figura de Mosen Custodio Acín, párroco de Colungo y nacido en Alberuela de Laliena. Era un hombre piadoso, pues Antonio dice que para la Guerra Civil, fue un día a comunicarle por orden de su padre, que había escuchado hablar por la radio,las palabras de Queipo de Llano, que hablaba con optimismo. Entró Antonio en la iglesia y se encontró a Mosen Custodio Acín, de rodillas delante del altar, en un reclinatorio. Era de noche oscura y solitaria. Antonio le comunicó que la Guerra parecía que la iban a ganar los amigos de la iglesia y el Mosen, le dio las gracias. Allí se quedó don Custodio Acín y al llegar los rojos a Colungo, lo hicieron subir en un camión con el Maestro de Huerta de Vero y en el cementerio, los fusilaron.    

miércoles, 27 de mayo de 2015

Presentación del “ Retablo del Alto Aragón en Siétamo”



En el Retablo que yo he escrito, figuran hijos de Siétamo ,desde caballeros como el Conde de Aranda y otros miembros de su familia ,que fueron Barones de Siétamo,Marqueses de Torres y por fin Condes de Aranda, pasando por hombres como Antonier de Rafaeler  y mujeres como la señora Juana,madre de “siña” Concha,hasta el río Guatizalema ,que tanto atractivo ha ejercido a lo largo de los años,unas veces en la paz y otras en la guerra,como por ejemplo el año 1936, el ejército nacional y los voluntarios de catorce organizaciones ,se detuvieron a sus orillas, gozando del fresco de sus aguas y sin querer oponerse a los rivales que estaban en el pueblo .Allí murió el “Padre Jesús”, al que así llamo porque no sabe nadie su nombre ,a pesar de hacerlo aparecer fotografías suyas en revistas y periódicos

Pero de todos los que aparecen en este retablo, quiero destacar la figura ilustre ,conocedora del teatro , de la religión, del latín ,del canto gregoriano y de los cantos populares de aquellos tiempos. Pero sobre todo, se destacó en sus cualidades de escritora , dándose la en ella una virtud que casi nadie pasó a cultivar ,ya que se trata de sus escritos en lengua aragonesa ,es decir en nuestra Fabla. Esta mujer que apenas era conocida en los tiempos actuales era la hija de don Martín Abarca de Bolea y de Doña     Mur, hija de los condes de Pallaruelo.Se creía que había nacido en Siétamo ,pero la Catedrática Angelines Campo encontró su partida de bautismo en Zaragoza. Es que su familia ,aunque vivía de un modo ordinario en Siétamo ,su nobleza la hacía recorrer desde la capital aragonesa ,donde tenían casas hasta numerosos pueblos de Aragón. En uno de esos viajes ,su madre dio a luz a Ana Francisca Abarca de Bolea.Ella amaba a su pueblo y recordaba el Castillo de Siétamo ,donde vivió unos pocos años en su niñez y cuando firmaba añadía entre sus apellidos el de Castro, que fue el poseedor antiguo del castillo-palacio.     

lunes, 25 de mayo de 2015

La terraza de casa Zamora, en Coscullano



Lorenzo Zamora Blasco no necesitaba terraza para estudiar las vistas del Norte, del Sur, del Este y del Oeste, de Coscullano. No las necesitaba porque a la madrugada, unos días subía a la Sierra de Coscullano, que es la de Guara y veía los pinos que se elevaban hacia arriba, y unas veces hablaba con el pastor de las ovejas y otras veía el caudal del río Formiga, con cuyas aguas iba a llenar el terreno cercado  por el monte y la presa del Pantano de Calcón. A veces, caminaba o subía montado en una mula o en un tractor, para llegar al huerto, que regaba con las aguas de la Fuente de Siscal. Cuando circulaba hacia el Occidente, unas veces llevaba a los Molinos de Sipán olivas, para suministrar de aceite, a su esposa Aurita y a sus hijas Paz y Carmen. Un círculo de laderas, que hacían de murallas , le quitaban la vista del Sur, aunque no totalmente, porque cerca de la parte más sureña, se ve el pueblo de Arbaniés, debajo el de Castejón y todavía más abajo, cuando llega la noche, se dejan ver las luminosas farolas de Siétamo. Mientras tuvo Lorenzo fuerzas suficientes para cultivar el huerto, lo cultivó con cariño y con el agua de la Fuente, que acumulaba en una balsa. Se le acabó la fuerza y tuvo que recurrir a la terraza, que edificó hace años y que la aprovechó para observar el Norte, con el Pico de Guara, llenos de ovejas y de vacas de Fernando, al tiempo que juzgaba si vendría alguna tormenta, desde Nocito, a través de la Sierra. Otras veces se miraba hacia el Sur, para observar el pueblo, en que su hija se había casado con mi hijo Ignacio. Pero si miraba al Occidente, se acordaba de los entierros a los que siempre acudía y le hacían pensar, pues en el Camino de Arbaniés, me enseñó restos de tiempos pasados, de los que quedaban sólo algunos pequeños huesos humanos, que se habían guardado en la tierra de las márgenes.

Cuando miraba el huerto y el Pantano de Calcón, no los veía, porque la cadena de carrascales, le impedían ver las suertes que él, con sus vecinos de Coscullano, habían puesto en cultivo. Tampoco veía el huerto, con el que dio de comer tantos años a sus hijas. Pero hoy, su esposa Aurita y sus hijas, han puesto en riego de aspersión un pequeño  huerto, que les sigue suministrando judías y tomates.  Pero al mismo tiempo les hace recordar con un gran amor, a Lorenzo Zamora Blasco, esposo de Aurita,  padre de Paz y de Carmen y abuelo de Belén, con su eterna sonrisa.

sábado, 23 de mayo de 2015

Presentación de Teresa Ramón de la Calle de San Martín.



Señoras y señores, les doy en primer lugar muy buenas tardes, antes de presentarles a la oradora, que va a hacerles pasar uno de los mejores ratos de su vida, simplemente escuchándola. Se trata de Teresa Ramón Palacio, que es una ilustre escritora altoaragonesa, pues nació en esta ciudad de Huesca, el día 16 de Diciembre de 1922.El apellido Ramón le viene de Huesca y el de Palacio lo heredó de su padre, que era natural de Agüero. En sus orígenes se juntan la poesía de la Calle de la Campana, donde nació en esta capital, con la que se vive en Agüero, donde se respira el aire puro de sus  mallos  y se contempla la belleza de su iglesia parroquial, al tiempo que uno se extasía mirando la sublime ermita antigua y enorme del Señor Santiago.
Cuando llegaban las fiestas de San Martín a su barrio, en el que se encuentra la calle donde nació Teresa, como afirma la jota siguiente: ”En la Calle La Campana-nació Teresa Ramón-una mañica con temple-orgullo de mi Aragón”, el entusiasmo estallaba en sus vecinos, con la leyenda o historia de Ramiro el Monje, que abatido por el comportamiento rebelde de sus nobles, ordenó que se les cortaran sus cabezas y en el actual Museo de la Plaza del Seminario, dispusieron en redondel dichas cabezas y en la cúpula de la Sala de la Campana, se colocó colgada la cabeza del más rebelde de dichos nobles, a modo de badajo de tan tétrico y sonoro instrumento. 
Y parece que a la calle de Campana, Huesca le puso tal nombre para recordar aquellos trágicos hechos y es que en dicha calle estaba y sigue estando la casa de la fragatina  familia Solanes, en la que, cuando llegaban las fiestas del Barrio, que eran las de San Martín,”se preparaban las cabezas que recordaban a las que cortara Ramiro el Monje y contrastaban con las fragantes flores que llevaban las mozas”, entre las que se encontraba Teresa Ramón, que describía así aquellos recuerdos felices, de los que dice en una jota:”Ay barrio de San Martín-ay calle de la Campana-recuerdos ya muy lejanos- de los años de mi infancia”, al tiempo que aseguraba sobre aquella casa que era: el  lugar preferido de toda la chiquillería de mi calle para jugar”. ¿Qué recovecos para practicar el escondite y qué bondad la de los moradores de la casona para soportarnos”. Y hace unos pocos días, me enteré, de que todavía se conservan en dicha casa las cabezas artificiales de los rebeldes nobles, estando su dueño muy animado a seguir celebrando estos festejos. Y sigue Teresa escribiendo: “El pozo misterioso y atrayente, donde iban a buscar agua los vecinos, también sigue ahí impasible a los adelantos de los frigoríficos y de las aguas cloradas. En la calle era de rigor ir con pozal o pozalico, según la estatura del crío portador, a sacar agua del fondo, para refrescar el botijo y el porrón de las comidas y cenas veraniegas. Ten la seguridad de que el antiguo pozo ha hecho con su frígido contenido las delicias de todos los vecinos de la Campana…En nuestra imaginación infantil, el pozo del Fragatino, era como una gran pila de agua, poco menos que bendecida”. Y doy la razón a Teresa en eso de los pozos misteriosos, porque venas ocultas, más que las acequias, llevan agua a los pozos y forman una pupila cristalina que refleja las verdes plantas asidas a las grietas de las piedras doveladas, para formar un aro horizontal, no un arco vertical. Es el pozo ojo de mirada profunda que sólo mira hacia arriba, esperando que al brocal se asome la luna llena, los rubios rayos del sol, la cara de la hortelana, los ojos tristes del viejo o los curiosos y atónitos de los niños. Por la carrucha, chirriando, subía y bajaba el pozal, que al desbordarse el agua, producía un sonido de cristal y es que Teresa Ramón ha sido toda su vida una buscadora del agua de la poesía y de la ciencia, que en el Alto Aragón se ha producido a lo largo de los siglos, haciendo sonar con su literatura un sonido como de un cristal lírico, como podemos comprobar leyendo su Poesía del Ciprés, que escribió, no hace muchos años y que es como la que escribió aquel monje benedictino, abad del Monasterio de Silos. Pero además tiene publicado un libro de Poemas, editado en Ibercaja, donde uno se pasaría feliz el tiempo, leyendo y viviendo sus poesías. Es que además Teresa pasa de la poesía lírica  más refinada a la poesía popular, componiendo letras de jota, que son sublimes y  perfectas, de modo que cada año forma parte del Jurado que premia a las mejores jotas que se componen en el Alto Aragón.
He hablado de las cualidades investigadoras de Teresa, demostradas con la publicación de su libro sobre el cuadro de la Virgen de la Clemencia. Este cuadro extraordinario se encuentra en este edificio de la Diputación Provincial, en el despacho de su presidente y es de estilo bizantino, como demuestra nuestra presentadora, para lo que tuvo que investigar largamente el incluso viajar a la Ciudad Eterna de Roma, cambiando impresiones, entre otros con el Cardenal Javierre. Y ¡cómo gozaríamos leyendo sus escritos sobre la Virgen de la Carrodilla, que se encuentra elevada en la Sierra del mismo nombre, allá en Estadilla y subida sobre un carro!.
Ella vivió en dicho pueblo, donde estuvo casada con Emilio Rosico, maestro como ella y alcalde del pueblo y con el que tuvo un hijo y dos hijas y ahora varios nietos. Tienen una casa en la que me llama la atención un “voladizo” o galería asentada, cruzada sobre la calle y desde la que se contempla el paso de las vaquillas, el día de San Lorenzo. Ya lo dice la jota que reza así “Estadilla, Estadilla-ya puedes estar contenta-te llevaste la jotera- de la calle la Campana”.
Y es que Teresa ama tanto a San Lorenzo, que de Huesca pasó a Estadilla, de donde también el glorioso santo es su patrón, porque “Un tirano sobre el fuego-te quiso martirizar, a tí te mandó a la gloria- y a Huesca la hizo inmortal”.
¿Cómo hubieran podido elegir otra presentadora mejor de los danzantes de nuestro patrono, que llegó a escribir la jota siguiente:”Quisiera ser flor de albahaca-el diez de Agosto en tu altar-y marchitarme al calor-de los besos que te dan?”.

Y no puedo seguir hablando de nuestra oradora, por escuchar su palabra, pues para presentarla hubiera bastado la jota de Montse, amiga de Teresa y que dice así:”Si no sabes lo que es Huesca-ni conoces Aragón-habla un ratico, si puedes- con Teresita Ramón”.

jueves, 21 de mayo de 2015

Grecia, de la belleza a la pobreza



En uno de estas días en que se habla tanto, de la pobreza del País, que  tanto  le hace sufrir, después de tanto pensar, filosofar, de crear historias mitológicas  de los dioses del Olimpo, de las musas, de los  divinos hombres y caballos, de los legendarios centauros, al mismo tiempo, que  los  minotauros,  ahora los griegos tienen que pensar en el nivel de vida, que es el problema que preocupa  a los  ciudadanos,  en los tiempos modernos.
La cultura de Grecia ha sido un modelo para los pueblos, a medida que iban ascendiendo en su nivel de vida. Desde la Filosofía de Aristóteles hasta el deporte de las Olimpiadas, han inquietado los espíritus y los cuerpos de los ciudadanos.
Hoy he entrado en un local, dedicado  a sacar fotocopias. Al entrar en él, a la izquierda del mostrador, colgaba  un cuadro de gran belleza. Representaba esa belleza de la cultura griega, con un edificio, mutilado por los siglos, a las orillas  del mar Egeo, que con sus ondas baña aquel paisaje. Debajo de esa arquitectura, que exhibe la antigua belleza de Grecia, aparecen los capiteles, unos dóricos, muy sencillos,  otros jónicos y debajo de ellos, los un tanto rebuscados  capiteles  corintios. Al lado de esta exposición arquitectónica, hace  sonreír  al que contempla esta visión, una rosa de color sonrosado, que parece adornarse a sí misma con pequeños ramos de rosal. Aquel ramo se unía con su atracción  natural, con la arquitectura creada y  levantada, ya hace siglos, por los griegos.
 Han pasado los siglos y las invasiones turcas  y las guerra europeas, han casi destruido el clasicismo helénico. Al mismo tiempo la vida moderna ha buscado el bienestar, destruyendo  el capital  moderno,  como el tiempo con sus guerras, destruyó casi su arquitectura.
En la parte inferíos del cuadro, se muestra una jaula de perdiz, con la que el antiguo pueblo cazaba las sabrosas perdices. Esta jaula representa  la modesta economía de los griegos unida a la ganadería y a la pesca y a su lado gira alrededor de sí mismo un ramo de un bello vegetal, que ha perdido la frescura de la rosa, que representa la frescura de la vida del hombre.
En el ángulo derecho e inferior del cuadro, de una maceta brota una planta de bellas flores, que ha perdido su frescura y a su lado hay una corona tal vez real, que en su desaparecido cerebro portador, vivió la belleza de la Arquitectura griega, de sus naves comerciales y de sus filósofos.
Ahora permanece, quieta, tal vez esperando que de una fuente artística, con sus dos asas laterales y la superior de su cubierta, sean abiertas por el pueblo griego y salgan de ella, las viejas virtudes de ese  pueblo,  que fue sabio.
La parte inferior del cuadro, muestra un texto latino, en el que, en cierta fase, se lee :” Quam rationem  eleganter  explicat  Philo in libro de mundi oficio, ubi  sic ait : ut igitur  convivadores nupcias  ad  coenam  vocat”. ¡Que el mundo moderno que se está formando en Europa, llame a Grecia a su Gran Cena!.


martes, 19 de mayo de 2015

José Otín Nasarre, el Forestal jubilado

Ermita de San Fructuoso , Bierge (Huesca)


José Otín Nasarre, tiene dos apellidos  derivados de los pueblos de Otín y de Nasarre, que  están deshabitados. Tiene sus dos apellidos, iguales a los nombres de los dos pueblos, que están en la cuenca  del Barranco de Mascún,  en Pleno Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Están separados  pero  no muy distantes,  Otín  y Nasarre,   por un  Barranco donde había un puente,   que permitía a los niños de Nasarre, asistir a la escuela de Otín.  Desde Rodellar  se accede directamente por dos senderos diferentes,  actualmente  bien señalizados o también con vehículos todo-terreno por Las Bellostas, pasando por la Pardina de Ballabriga, San Hipólito (San Poliz) y Letosa.  La iglesia de Nasarre es románica de finales del   siglo XI, y su  templo es de nave única, con ábside de tambor, de estilo serrablés.  Se restauró en 1999. 
El bisabuelo de José, Ramón Otín, era  del pueblo del que había heredado su nombre, a saber  Otín y como no podía José olvidar ese pueblo, donde éste había nacido ni a sus  ancestros, acompañado por su abuelo,  desde Alberuela  de Laliena (Albargüela), donde vivía, se montaron en un asno ; y se subieron a  Otín, a vivir unos días en el pueblo, en compañía de la familia que allí, aún les quedaba.  Su familia consistía en la señora María, prima  hermana de su abuelo y su hijo soltero Tomás, que más tarde murió en la Residencia de Ancianos, que se encuentra en la carretera de Sangarrén.  ¡Qué vida tan montañera llevaban sus parientes, acompañados por todos los habitantes del pueblo, que todavía no habían emigrado!.  La luz de sus casas no era eléctrica, sino que en el hogar, llegada la noche,  encendían una “tieda”, es decir una tea y en sus habitaciones se alumbraban con un candil. José y su abuelo, cuando se iban a acostar,  soplaban sobre la llama del candil y la apagaban. Ya he dicho que este pueblo, no hace tantos años, allá por los cincuenta, estaba habitado, porque aún estaba abierta la Escuela Nacional Mixta, llegando a sus pupitres a aprender, los niños del pueblo de Nasarre. Además de éstos, acudían también los niños de Letosa y de Bagüeste. Yo conocí a Leandro Campo de Nasarre, que estuvo como su paisano San Urbez, en la Sierra cuidando su ganado lanar, bajando como su Patrono  al pueblo de Ola. Si se va a Otín por la carretera que sube a Monrepós, una vez alcanzado el pueblo de Bara, para pasar desde él a los pueblos de Otín y de Nasarre, había  que cruzar el cauce del río Alcanadre, por puentes de  madera. Pero no sólo tenían que pasar por el Alcanadre,  sino que en casos de entierros en alguno de aquellos pueblos, había que cruzar por el río Mascún. Ahora ya no quedan habitantes en aquel pueblo de Nasarre, pero este año de 2014, han descansado mi hijo Ignacio,  con un compañero, devotos ambos de San Urbez, en la iglesia de Nasarre. Estuvieron con gran respeto y le rezaron al Señor, por medio de San Urbez. Por aquellos puentes no podían pasar los coches, porque en los años cincuenta, no podían ni llegar a ellos. Nasarre y Otín eran dos pueblos hermanos y cercanos y en el primero se levanta una iglesia románica del siglo XI. En la casa en la que nació Leandro, sobre la dovela de la puerta, está,  ahora ya no lo sé si está o estaba, una hermosa flor, al lado de la fecha de construcción. Además rezaban en dicha iglesia los vecinos de casa Laliena y de casa Español.
Entre aquellos pueblos se comunicaban,  unas veces para comprar y vender y otras para asistir a algún entierro o a algún bautizo. En Nocito estaba el tendero Mariano Ortas, que con una caballería iba de visita por los distintos pueblos, para venderles ropa o comprarles pieles de reses o de conejo y llevarles encargos, que le habían hecho. El pan lo traían de Bierge y lo compraban más cerca, es decir en Rodellar.  José ,en cierta ocasión, que bajó a dicho pueblo, desde Otín, se encontró con numerosas personas que montadas en mulas, en burros o asnos, que iban, unos a Rodellar y otros que venían, para comprar el pan nuestro de cada día. Eran unos panes de unos dos kilos y de dos moños, que sin secarse, se conservaban una semana.
Estuvo José de Guarda Forestal en la Solana de Burgasé,  que es una bella comarca, que ahora pertenece al Municipio de Fiscal y que estos años del dos mil y pico, ha visto mejorada su comunicación con Sabiñánigo.  En la Solana de Burgasé había varios pueblos,  como Campol, San Felices y otros. En sus faenas, José Otín, fue un día a San Felices y durante la  comida, que consumía en cierta casa, la abuela de la misma, lo saludó. Se acordó José de que había conocido en el pueblo en que se encontraban,  es decir en San Felices, una Maestra,  que era de Alberuela de Laliena y su marido era de casa Aguilar de Alberuela, llamado Clemente, al que todavía visitó José muchas veces en Huesca, cuando lo llevaron a las Hermanitas de los Pobres. Este Clemente, marido de la Maestra,  hacía con frecuencia como los mozos de los recados, pues vendía y compraba mercancías a la gente  de aquellas latitudes. Se parecía a José, que quería tanto a sus paisanos, que cuando ya estaban en las Residencias de Ancianos, los iba a ver. Luego, tal vez,  no se acordará nadie de aquellos vecinos, que entonces vivían, pero mientras viva José,  se acordará de todos los montañeses con los que ha vivido.   Clemente, el esposo de la Maestra de Alberuela,  proporcionaba ropa interior, ovillos de lana, agujas de coser y de hacer calcetines, les compraba pieles de conejo, de cordero,  de cabrito  y de reses mayores.
Cuando José tenía veinticuatro años, fue destinado de Guarda Forestal, a la Comarca de la Ribera del río Ara, con residencia en Sarvisé. Tenía, entre otros compañeros, a uno que residía en Fiscal, llamado Antonio Lacasta  y se arreglaban mutuamente, para hacer trabajos en conjunto en los Montes del Valle de Broto, Ribera del Fiscal, La Solana de Burgasé, Fanlo y parte del Sobrepuerto. Me estaba contando José Otín, diversos hechos de su historia,  pero de repente  exclamó: “En Fiscal, me acuerdo de que en una ocasión festiva, llegaron los “músicos” con aparatos eléctricos muy modernos, que iban a estrenar en esa fiesta, que se celebraba el  día de la Virgen de Agosto. En Fiscal se producían ellos mismo la electricidad con un aparato, que al mismo tiempo, que suministraba luz al pueblo, hacía moler piensos para dar de comer a los animales. Al enchufar los músicos sus aparatos,  se les estropeó todo el material eléctrico”. En los pueblos de al lado de Fiscal, hemos visto como usaban la “tieda” y los candiles para iluminarse, pero en Fiscal, por su técnica eléctrica no muy desarrollada, sufrieron una derrota técnica, que al año siguiente ya habían arreglado.
Me dice José Otín que en el pueblo de Laguarta, hace unos ocho años que se iluminan con energía eléctrica y al recordar esto, se preguntó: ¿cómo puede ser que una Provincia como la de Huesca, exportadora de energía eléctrica, padezca estas carencias?. Parece ser que gran parte de la energía producida, se lleva al País Vasco y a Cataluña. Esto explica que estos países, donde se da con tanta ilusión,  el Nacionalismo, conviertan a Aragón en un País sin tren,  que lo comunique con Francia. Parece mentira cómo se llevan las obras de arte, por ejemplo las de Villanueva de Sigena y la luz y ya no sería extraño que  se  llevaran  la iglesia de Nasarre, como se llevaron las piedras de Casa Carderera de la capital oscense.

Me dice José Grasa, que cuando va por la Montaña,  le acuden lágrimas a sus ojos al ver los portales de muchas casas, sin piedras armeras, porque se da cuenta de cómo de dichos pueblos, han volado muchos escudos, así como los crismones y piletas de agua bendita de las iglesias.

lunes, 18 de mayo de 2015

Ana, la “libre pensadora” o la “hippi” aristocrática



He estado leyéndole a Ana, los sufrimientos, que durante la Guerra Civil, pasó en Lérida y en Tarrasa, su madre, Doña Carmen, que ya está en los ochenta y cinco años de edad y que me ha contado, durante estos días, con gran sentido del humor, en las termas de Comarruga.  Ana, que es hija de Doña Carmen y que había venido a buscarla,  desde Lérida,  me ha cortado para aclararme la idea que me había formado, sobre las aventuras de su madre. Y me ha dicho, al leerle la marcha de las dos niñas de catorce y de doce años, sobre los peldaños por los que se subían a los vagones del tren, contándome  a su vez, que su madre también subía a los vagones de mercancías y abría sus compuertas y rajaba los sacos de carbón o de alimentos, para que la gente necesitada, pudiera recoger carbón para calentarse, y habas o habichuelas, para poder comer. ¡Dios mío!, esta Ana, mucho más joven que las personas mayores que acudimos a las Termas de Comarruga, también tiene conocimientos sobre lo que pasó el pueblo en esa Guerra Civil. Pero ella piensa y reflexiona sobre la actitud  humanitaria de su madre y te abre el pensamiento sobre el papel protector de la mujer hacia sus hijos, hacia su esposo y no sólo hacia ellos, sino hacia toda la sociedad, como deduce de  la labor distribuidora de calor  para las cocinas y para las estufas, y de calorías para los cuerpos. Actuó su madre abriendo las puertas de los vagones y rajando los sacos; estaban abriendo y repartiendo  amor a sus prójimos. Pero la mujer, al acabar periodos oscuros, abre sus pensamientos libremente para repartir la felicidad entre los espíritus de los hombres, como se ve claramente en el comportamiento de Ana, con los hombres y mujeres, que acuden a lavar sus cuerpos con las aguas medicinales de Camarruga.  A todos los escucha, a todos les hace caso y procura distraerlos en las  sesiones de baile, en las que ella misma baila con soltura y con una gracia, que llena de alegría los corazones de los, que hoy día, renuevan su vida con el baile; no como antes  cuando tenían que ir a buscarse el pan de cada día.
Lleva a sus “protegidos” a la Vil-la de Pau Casals, donde les hace gozar del arte, les recuerda aquellos ya viejos cuartos de baño, que a mí me producen tristeza, pero casi todos, el ver la bañera y los grifos de Paul Casals, les alegra los corazones y les da esperanza de un futuro grato. Un futuro del que hablaba Pau con “el lenguaje universal” de la música del violonchelo. Pero Ana no sólo goza con los bosques, los pájaros cantando, sino que me ha hecho reflexionar sobre la actitud de varias mujeres, durante su larga vida, que calladas  y con humildad, hicieron que Pau Casals fuera como un rey del violonchelo, y al mismo tiempo acogido por los reyes y políticos del mundo.
Estoy convencido de la inteligencia de Ana, que pensando libremente, llega a la conclusión de llamarse a sí misma, la “librepensadora”.Pero su pensamiento no le da un aspecto de mujer sabia y retraída en sus reflexiones, sino que siempre está acompañada por una actitud sonriente, acogedora e incluso bailadora y es que es una fémina, es una dama moderna y eterna.
Parece ser Ana, una explicación de la oración bíblica, que así reza :”Envía, Señor , tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra. Es como si su espíritu o su inteligencia estuviera todo el día, buscando la creación del bienestar de los cuerpos de las personas mayores y el arte para sus corazones, Así ella busca la renovación de la faz de la Tierra.
Yo,  Ignacio Almudévar, veo a Ana, como una figura librepensadora y aristocrática, al mismo tiempo, pero un hijo suyo, la ve como una “hippi aristocrática”. Es joven el muchacho y tiene razón en llamar a su madre, la “hippi” en inglés, porque cuando baila en la sala con la nariz roja de un payaso, como tal se identifica.

Si, pero su aspecto es aristocrático, por su elegancia y por sus reflexiones de una mujer “librepensadora”. 

viernes, 15 de mayo de 2015

Ciudadanos del mundo



Yo soy de Siétamo y Siétamo es mi pueblo. Estoy en mi pueblo y soy de él ,como él es mío, porque yo me he arreglado para identificarme con él, como también  lo han hecho mi vecino Rafael o mi vecina Joaquina. Casi todos los días exploro con la vista los alrededores y miro al norte y veo Guara, Santolaria, Castilsabás, Castejón de Arbaniés, Arbaniés y Coscullano, entre otros puntos.
Ana Francisca Abarca de Bolea, paisana mía, Abadesa de Casbas en sus tiempos, le escribió un romance a la Peña de Guara, en el que dice:”Ya se ha despertado Guara,/ya se va a medio vestir/previniendo tocas largas/ por la muerte del Abril”.”Lo mal que te pague el tiempo /no quieras vengarle en mí/ dando por paga a mi amor/ mucho hielo que sentir”.A lo largo de este romance, Ana Francisca va uniendo la primavera al invierno a través de Guara.
De Santolaria me acuerdo de ver una pata de jabalí clavada en la puerta de cierta casa;de Castejón de Arbaniés he visto la morada de Arnal, suegro de mi hermano, a la que subía el agua desde el río Guatizalema por medio de un ariete hidráulico, de Arbaniés recuerdo Casa Azara, pariente de los Azara con los que emparentó José Almudévar en 1767 y en Coscullano vive mi consuegro Lorenzo Zamora Blasco, con los mismos apellidos que mi abuelo materno Don Ignacio.
Mirando al Oeste,veo Ola y el Saso y si me oriento al Este, contemplo la pequeña ermita románica de Santa María del Monte y también el pueblo de Ibieca. Al Sur están Pueyo de Fañanás, la ermita de Bureta y Alcalá del Obispo. Todos son puntos queridos y entrañables, donde tienes parientes, amigos, conocidos y lugares históricos y …cementerios.
Pero, después de mirar lo conocido, uno siente deseos de mirar desde puntos más altos y entonces me voy a lo más elevado de Siétamo y veo Montearagón,Velillas, Angüés, Berbegal, la Virgen del Pueyo y el Moncayo. Ha aumentado mi ligazón, mi unión al mundo y no es extraño que quiera subir a Montearagón, al Pueyo y al Moncayo, en cuyas estribaciones se realizó la obra teatral y aragonesa de Ana María Abarca de Bolea.
Los jóvenes de Siétamo y muchos de Huesca han subido a Guara y se han sentido unidos a todos los habitantes de las zonas que han observado.Yo me he limitado a subir al Pueyo,a Montearagón y a Gratal y me ha invadido,al estar en estos lugares, un enorme vacío, un gran deseo de comunicarme con las gentes que moran y mueren en las zonas a las que he dirigido mi mirada, pero no he tenido valor para subir a Guara ni al Moncayo, ni a Peña Forca ni a la Maladeta ni al Aneto.
No, yo no he subido y muchos como yo tampoco han subido, pero admiro el espíritu de Javier Escartín, de Lorenzo Ortiz y de Javier Olivar, que siempre tuvieron el deseo de subir, la necesidad de conocer las zonas vírgenes que no han experimentado la huella del hombre agrícola, pero desde ellas se domina el mundo, con sus zonas congestionadas de gente y al subir se sienten universales.
Empezó Escartín en Huesca, escaló el Moncayo, subió a la cumbre de diversos montes españoles, subió a los Alpes europeos, a los Andes americanos y se mostró primero oscense, luego aragonés, más tarde español, europeo y luego unió Europa y América y cuando el año 1991 estuvo a punto, casi a punto de alcanzar el Everest, se mostró hombre, un hombre universal.
Se le ve, en el video pasando por los templos budistas, donde lo bendicen los lamas y los serpas que les llevan sus objetos pesados rezan para que la expedición tenga éxito, como en efecto lo tuvo.
Habíais triunfado en el K-2, habíais alcanzado alturas de más de 8.000 metros, debíais ser felices en el momento en que el aire salvaje se puso en movimiento y en esos instantes de felicidad, apareció una sonrisa en vuestras bocas, la sonrisa del hielo y de la muerte.
Descansáis ahora en las blancas sábanas de las nieves eternas y sois ciudadanos del mundo y el mundo es vuestro. 


  

martes, 12 de mayo de 2015

Duques de Villahermosa y Condes de Guara


Palacio de los Duqes de Villahermosa (Huesca)

He visitado el antiguo, pero en estos momentos, moderno Palacio de los Duques de Villahermosa, que  además de muchos otros títulos ostentan también el tan oscense de Condes de Guara. En lo alto del techo que cubre las escaleras, se observan numerosos escudos de tan ilustre familia, entre los que destaca multitud de veces, el de las cuatro barras rojas de Aragón. Cuando convertían en moderno el Palacio, encontraron una aljama, que me recuerda el bello maderamen que ocupaba el techo de la sala del Monta Tanto…que se encuentra en el palacio episcopal, junto a nuestra Catedral. Entre los escudos de tan histórica familia, ligada a la historia de Huesca y de todo Aragón se repiten las “podaderas” que están representadas en el escudo de los Condes de Guara. El colorido de este techo de madera, reforzado por los mismos clavos, con qué sus autores unieron unas piezas con otras de aquella vieja madera, alegra los corazones de los que conocimos esta arquitectura, pero que ignorábamos la existencia de aquellas figuras humanas y animales, que hacían resaltar la nobleza de los escudos nobiliarios de Aragón y de Huesca.
 Y es que Huesca está en los estribos de la Sierra de Guara y no puede hacer menos que cantarle esta jota,que reza así: ”Sierras de Gratal y Guara,-Ruinas de Montearagón,-Fuentes de Marcelo y Jara.- Huesca de mi corazón”, porque en Ibieca se encuentra la ermita de San Miguel de Foces y de la familia de Foces se descuelga la que poseía el apellido Azlor de los condes de Guara. Y siguiendo la ruta hacia las cuevas de Bastaras y de Chaves,llega uno a Ponzano, donde se encuentra la casa, que poseían los Condes de Guara y en la que se encuentra el escudo de los Azlor ,condes de Guara.
Pero en el recinto del Palacio, no pude evitar un recuerdo de la Condesa de Bureta, perteneciente a la citada familia Azlor, que tuvo un comportamiento heroico en Zaragoza por los años de 1808 y 1809,que recibió de manos del Rey Fernando VII el título de heroina en la Guerra de la Independencia. Se guardan memorias de ella en el palacio de su segundo marido el Barón de Ric, en Fonz.
Villahermosa es el nombre con que es conocido el Palacio y conociendo su historia de origen aragonés ,han hecho muy bien las autoridades en exigir la conservación de su fachada, porque ya en 1476,Alfonso de Aragón ,siendo ya Conde de Ribagorza recibió el título de duque de Villahermosa. Más tarde lo nombraron Duque de Luna. Y siguiendo su historia nos encontramos en 1730 con Don Juan Pablo de Aragón y Azlor, que se casó con Manuela  Pignatelli .Tuvo relación en París, entre otros con D’Alembert y con Voltaire y dejó escritas varias obras literarias.Siendo sobrino del canónigo Pignatelli,colaboró con él, financiando  la creación del camino real a Pamplona y trabajó por la Sociedad de Amigos del Pais , que tanto intervino el los riegos de Aragón.
Todas estas observaciones nos hacen ver como los Villahermosa miraron siempre por la cultura de la sociedad y así siguieron modernizándose, dejando su palacio a los Viatores, para que fuera un centro de enseñanza de la cultura. Por cierto a mí también me tocó participar en los estudios, que allí se desarrollaron. Por eso al ver tantas y tantas pantallas de ordenadores en diversas salas, en mis tiempos aulas, me doy cuenta de la evolución de la enseñanza, porque a mí un profesor me enseñó a manejar el teclado de una antigua máquina de escribir y ahora me sirve aquello para manejar mejor los ordenadores y con estos van a aprender a escribir,  a dibujar, a calcular y a mil otras ocupaciones los que ahora son niños. El día de mañana yo, ya no veré los resultados, como no  ven los Duques que su obra cultural ha venido continuando. Quizá la Caja de Ahorros llegue a colocar las obras de Don Juan Pablo de Aragón en la magnífica biblioteca que han colocado de el Palacio.

En el aula magna o clase más amplia del antiguo colegio, un domingo nos representaron una película muda de Charlot y los niños reíamos y alegrábamos nuestros genios, escuchando sonar el piano en el que tecleaba el profesor Don Félix. En medio de cambio tan enorme pude localizar el espacio en el que se encontraba dicha sala, pero ahora no se escucharán las conferencias ni se admirarán los sonidos de un concierto en la misma, sino que abajo, en un magnífico salón, se cultivarán todos los procedimientos destinados a ver más felices a los hombres.   

jueves, 7 de mayo de 2015

La Fiesta del pueblo y las elecciones

Ventana del despacho de Durruti en casa Almudévar de Sietamo (Huesca)


El día veintinueve de Abril se  celebran en Siétamo las Fiestas Mayores, en las que San Pedro de Verona, presidía y sigue presidiendo las celebraciones religiosas, en las que el padre de Mosen José María Cabrero y Andrés de Lobateras, acompañados por otros, cantaban aquellas músicas medievales en el Coro.  La música, producida en el violín y en la guitarra de los Burgasé o  Ciegos de Siétamo, alegraba los corazones y acompañaba por las calles a los niños y a los jóvenes, que paraban en cada casa, para cantar jotas a sus habitantes y especialmente a sus mozas. Allí recogían tortas para endulzar su vida y contaban el dinero, que recibían, para pagar entre otros,  a los Músicos Ciegos, de Siétamo. Hoy,  los tiempos han pasado y sólo se escuchan y bailan jotas, cuando colaboran los grupos de joteros modernos, que tienen sus centros en las capitales. Pero entonces, humildes mozas, como la señora María Mora o mozos con su apellido Ferrando, bailaban espontáneamente, sus apasionantes jotas.
Este año de 2015, las cosas han cambiado y uno se da cuenta de que estamos en otros tiempos, con otras costumbres y con nuevas generaciones de seres humanos. Antes, en los pueblos se jugaba a la pelota, pues no se pasa por ninguno de ellos,  que no conserve el frontón o restos de alguno, pero  hoy día, se sigue jugando en los pueblos grandes y en las capitales. Se organizaban carreras pedestres y se jugaba con premios, como pollos, por ejemplo. Ahora, en cambio ya no  saltan las niñas con las combas, sino que ahora abundan los coches eléctricos de caballos o de saltos alrededor de figuras de plástico y venden turrones, caramelos y dulzainas, espadas de juguete, anillos y collares.
Pasan caravanas de asnos o borricos, a cuyos  jinetes, se les cobra dinero seguro y abundante, cuando antes, casi en cada casa tenían su borrico, para ir al monte o a Huesca o para acarrear agua desde la Fuente
 En aquellas casas en las que vivían abundantes asnos, ahora no viven casi ni sus dueños, que se fueron a la Ciudad, haciendo desaparecer los asnos. Pero el dinero ha buscado asnos por todas partes y son explotados por nuevos hombres de negocios, que alquilan breves paseos por las calles de los pueblos en fiestas.
Hoy iré a mi pueblo y es seguro que ya no veré a ninguno de los pocos vecinos, que todavía viven en él. Pero estos tres días anteriores, eran multitudes de asistentes a las nuevas fiestas  casi mecánicas actuales. Esas Fiestas se han mecanizado, como las cuadras de mulas, de asnos y de caballos, que se han convertido en garajes para encerrar a los mecánicos tractores, con los que los escasos labradores labran y cultivan los campos.
No queda gente en el pueblo, pero durante los tres días de Fiesta, se llenan las Plazas, Calles y Bares, de parejas humanas, que acompañan a sus niños a subirse en los carruseles y en los burros. Los comediantes de Binéfar, alegran el ambiente, recuerdan hechos y aventuras antiguas y desfilan por las calles haciendo sonar la música de una gaita aragonesa y un Salterio, heredado de la ciudad de Jaca y del Bearn. Este salterio es un instrumento trapezoidal, que tiene dos entrantes curvilíneos, uno a cada lado  y en su frente dos orificios circulares, por los que resuenan sonidos, acompañados, por otros sonidos que se producen en seis cuerdas de tripa de animales, que se golpean con la mano izquierda con un batiente de unos cuarenta centímetros. Con la mano derecha se hace sonar un “chiflo”, que convierte al Salterio en un instrumento musical, que mezcla varios sonidos.
Y con esa música desfilan los artistas de Binéfar, que bailan, representan comedias, cantan y alegran los corazones de los espectadores, y entre tanto unos escuchan y cantan y participan en el juego festivo, otros se sientan alrededor de las mesas, en las que les sirven, abundante comida y animosas bebidas.
Debajo mismo de la ventana de una habitación, de Casa Almudévar, en que se alojó el anarquista José Buenaventura Durriti, se dispusieron mesas para que el público regase con buen vino, aquellas sabrosas costillas, que felizmente consumían. Desde esa ventana Durruti vigilaba la Plaza Mayor, de Siétamo, visión en la cual no se le presentaba la Gran Cruz, que en su centro, presidía dicha Plaza. Ahora la presidía Durruti cuyos acompañantes, habían derribado la Gran Cruz. Poco tiempo permaneció Durruti en tal despacho y la Guerra lo llamó para luchar en Madrid, donde al poco tiempo, no se sabe si se murió o lo mataron.
 Durruti, ocupaba  el cuarto de costura de mi casa, tras la ventana en la que, había colocado su despacho. Yo desde la silla en la que cenaba, con los dueños y el hijo de la ´Abadía´ de la Calle Alta, la familia de mi hijo Ignacio, su hija acompañada por el novio, las hermosas mujeres, una de las Islas Portuguesas de Africa y otra de las románticas tierras costeras de Galicia y de la doctora, amiga de mi nuera Paz, y escuchaba las palabras románticas que pronunciaba la Galleguiña, sin dejar de mirar la ventana, tras la cual se abrasó el Templo de Siétamo,  se derribó la Cruz de la Plaza Mayor y se mandaron al otro mundo los espíritus de muchos hijos del pueblo.
En aquel ambiente amistoso y feliz, estaba yo, ya fuera del tiempo de las Fiestas de Siétamo del día de San Pedro de Verona, pero veía más tristes las cosas porque aquella ventana, por la que se miró Durruti el año de 1936, encima mismo de nosotros, me recordaba los miserables hechos ocurridos en aquella miserable Guerra Civil. Yo no les decía nada de ella, a mis compañeros que cenaban felices, porque me daba cuenta de que yo era un anciano, que estaba recordando aquellos lejanos tiempos de 1936.
Me acordaba de que no había que pensar en hechos tristes, sino de hacer felices a los niños, como por ejemplo mis nietos Luis y María, que gozaban montando en los camellos y en los carruseles.
En cambio los niños de entonces, como mi primo Jesús Vallés Almudévar, sufrían la Guerra, en que fusilaron a su madre y a su hermano de Fañanás, cerca de Bespén, al ser conquistado Siétamo,  organizó “peregrinaciones” desde Fañanas, para ver sus ruinas . Y recuerda Jesús que “un enjambre de muchachos, revolvían entre los escombros, buscando cápsulas, balines, trozos de metralla”. No acabaron de recoger todo, porque cuando había terminado la Guerra,allí estaba yo con Rafael Bruis,muerto en este año de 2015,buscando aquellos malditos restos”.
En el fin de un artículo, escribo que se debe a Durruti la pérdida de cientos de vidas, las pérdidas de viviendas y del Glorioso Castillo Palacio del progresista Conde de Aranda, que en el siglo XVIII, ya les dio retiro a sus obreros que en Valencia,le fabricaban mosaicos. El Castillo del Conde de Aranda no fue respetado ni por los rojos, por ser su dueño un noble, pero ahora,setenta y seis años después de aquellas catástrofes, no se respeta la existencia del Almacén y Granero del Palacio,  donde tantas veces  los Borruel y yo mismo, hemos acumulado pacas de veza y cahices de trigo en su interior, hasta ahora, en que cayó un muro, que lo paralizó.
Y después de más de setenta años, torciendo las reglas democráticas, sigue dicho Almacén sin restaurar.
Cuantas personas conocí en Siétamo desde que nací, pero ahora, al llenarse de nuevas gentes en las fiestas de 2015, ya nos saludamos con muy pocas, porque  no nos  conocemos. ¿Por qué?, yo creo que es porque las personas se van muriendo poco a poco y son jóvenes y niños los que acuden a la fiesta. Quedamos algunos viejos, que le pedimos al Señor: ¡Dios mío, buena muerte y poca cama!.


Eso lo pedimos para nosotros, pero para la humanidad le rogamos “que se amen los unos a los otros,  como Cristo nos ha amado”

miércoles, 6 de mayo de 2015

José Buenventura Durruti, ( 1896 a 1936)




Yo, en el año 1936, iba a la Escuela con el Maestro Don José Bispe, que al entrar en ella, nos ordenaba, apoyados en la pared, mostrarle nuestras manos, y  si estaban limpias las manos del primer alumno, pasaba al siguiente, pero si no lo estaban, golpeaba con su regla en las palmas de sus manos. Allí estábamos Rafael Bruis y yo, vecinos de casa y de la misma edad, jugando en el patio de recreo, con tierra a la que mojábamos con nuestra orina y construíamos, no sé si eran casas o acequias de riego. Éramos felices con nuestros juegos, con la Fiestas, en las que entre otros como Bastaras, tío de Mosen Cabrero, actual Párroco de Alquézar y Escartín,  que me regaló una onda, con la que de niño mataba gorriones, jugaban a la pelota en la fachada del Ayuntamiento. El destino, entre tanto preparaba la Guerra Civil. A Bastaras lo fusilaron los rojos y Escartín ha muerto hace escasos días, este año de 2012.En las elecciones, nos llevaban nuestro padres, al aula donde el Maestro nos enseñaba a leer y a escribir. Unos votaban y algunos jóvenes, como Graseta, escalaban las columnas de hierro pintadas de negro, subiendo alguno, hasta el techo de la Escuela. Allí se veían caras de hombres que soñaban subir al poder local y otros, que, acaso, temían  bajar fusilados, debajo de la superficie de la tierra.
Llegó el mes de Julio de 1936 y yo no temía nada, pero veía a mi familia preocupada. Mi tío José María, siempre soltero, sentado en la cadiera del hogar, bromeaba poniendo su rostro, inclinado y apretando sus labios, imitando la figura del fascista Musolini, como pronosticando una lucha múltiple entre conservadores, fascistas y anarco-comunistas. Si, se presentó una Guerra cruel, no entre dos ejércitos, uno real y otro republicano. Con el Ejército, colaboraron  los falangistas y los requetés, acabando por la Dictadura de Franco, unidos.  Contra el Ejército sublevado, se alzó la Revolución, formada por los comunistas  y los anarquistas con los que el Ejército en la zona roja, fue dominado por los comisarios.
Pero aquella vida feliz, se acabó uno de los últimos días del mes de Julio de 1936. Entraba yo en casa de mis padres y de repente se oyeron ruidos producidos por cañonazos acompañados por continuos silbidos de balas de fusil. No pude entrar en casa porque desde el patio, me aterrorizó el derrumbamiento de la habitación de mis padres, al Este, de donde caían los cañonazos. Sería la media mañana y a los pocos minutos, ya estábamos mi madre con mis otros cinco hermanos y por varias familias de la que recuerdo a la de Bruis, con mi amigo Rafael, que lloraba, en un cuarto bajo de la iglesia. De vez en cuando, mi tía Luisa, hermana de mi padre, salía hacia casa para buscar alimentos y bebida para aliviarnos aquella cruel prisión. Duró aquel bombardeo hasta que empezó a caer la tarde. Salimos del refugio y bajamos a la carretera, al lado de casa Ribera, donde nos subieron en un camión, que nos llevó a Huesca. Paró el camión en la Plaza de Santo Domingo,  a la entrada de Huesca, Allí nos esperaba mi primo hermano de quince años, José Antonio Llanas Almudévar, que se llevó a su casa a mi tío José María y mi tía Luisa. Con sólo quince años, José Antonio se presentó voluntario en el Ejército, pero lo mandaron a su casa, porque estaba débil y veía muy poco, aunque la dignidad y el valor le sobraban. Nosotros fuimos al Coso Alto a casa de mi abuela materna, Agustina Lafarga  Mériz, viuda de Zamora. Este fue el principio de una fuga de la muerte, pues fuimos primero a Jaca, después a Ansó y mi padre y mi abuela, estuvieron en Zuriza, para ver la posibilidad de emigrar a Francia. No hizo falta.
Cayó Sietamo el día 31 de Agosto y el dos de Septiembre lo recuperaron los nacionales. Siguió Siétamo resistiendo hasta el día trece de Septiembre, en el Castillo del Conde de Aranda y en la torre de la iglesia, de donde escaparon por una ventana enrejada y pequeñísima. El Sargento de la Guardia Civil, apellidado Javierre, se vio negro para salir, pero al fin lo hizo, quitándose incluso la ropa interior. Marchó a Huesca,  pero a los pocos días había vuelto a seguir defendiendo el pueblo de Siétamo, donde murió por los balazos de una ametralladora. Fue este señor,  padre del Cardenal Javierre y  de su hermano, sacerdote y gran escritor. Del Castillo,   una tarde noche se retiraron, hasta el Estrecho Quinto. En lo alto del Estrecho Quinto, lo pasaron muy mal los refugiados. Allí estaba el médico Coarasa, nacido en el pueblo de mi esposa, Torralba de Aragón, Pepita de Casa Sipán y queriendo los revolucionarios que se rindieran, les mandaron a la señora Concheta Ferrando, que fue andando por medio de la carretera, que de Siétamo va a Huesca, con una bandera blanca. Llegó al lugar donde estaban los que no podían salir de tal punto, pero no volvió,  sino que se quedó con ellos, hasta que escaparon como pudieron a Huesca. A Concheta le debe mi familia la conservación de nuestra casa de Siétamo, porque un día vio  a varios revolucionarios, que iban quemando los figuras de madera de la iglesia e iban a abrasar nuestra casa de al lado de la iglesia. Entonces Concheta, les gritó: ¿para que quieren destruir esa casa, si no tendrán donde cobijarse?. Se llevaron todo lo que había dentro,  pero gracias a Concheta, todavía está la casa en pie.
¿Quiénes eran los revolucionarios?. Hay que fijarse en el escritor inglés George Orwell, que vino a España a escribir artículos sobre los acontecimientos que estaban ocurriendo en ella, pero se impresionó con el clima revolucionario que ardía en Barcelona. Escribe: “Yo había ido a España con la vaga idea de escribir artículos para los periódicos, pero había ingresado en la milicia casi inmediatamente después de llegar, porque en aquella época y en aquella atmósfera parecía que esto era lo único concebible. Los anarquistas aún dominaban virtualmente Cataluña y la revolución se encontraba en su apogeo”. Efectivamente Orwell, veía colectivizados hasta los cafés y en las fachadas se veían bandera rojas y negras, la hoz y el martillo y todas las iniciales de los partidos revolucionarios. Se veían iglesias destrozadas, porque eran demolidas por bandas de obreros. Todos decían: ”Salud en vez de Buenos días”. Ante aquel ambiente Orwell se quedó absorto o tal vez conmovido y se apuntó al POUM (Partido Obrero Unificado Marxista). Aquel ambiente no podía ser duradero, porque el pan estaba muy escaso y después de luchar como miliciano en el pueblo de Monflorite, muy próximo a Huesca, fue herido y recogido en un Hospital de Urgencias en Siétamo, que era de madera,  pero todavía queda parte de su suelo de cemento. A última hora, tuvo que escapar de España, después de haber luchado,  por las amenazas recibidas del Partido Comunista, que no admitía “herejes”, escapados del auténtico Comunismo.  De Siétamo  lo llevaron a Tarragona y después desde Barcelona huyó a Francia, porque entonces los del Poum eran perseguidos por los comunistas puros.
La Dolores Ibarruri, dijo que el setenta por ciento de aquellas gentes que dominaban Barcelona eran anarquistas. Los distintos partidos y sindicatos antes de organizar el Ejército Popular, lo hicieron con las milicias, siempre buscando la igualdad, cobrando la misma paga los oficiales y los soldados, con los mismos uniformes y sin saludos especiales.
Los anarquistas fueron los primeros que formaron columnas internacionales. La primera que salió de Barcelona hacia Aragón y fue dirigida por Buenaventura Durruti, el veintitrés de Julio de 1936. 
Fue Durruti un anarquista famoso, por su espíritu revolucionario anarquista. Nació en León y murió en Madrid. Salió de Barcelona la primera Columna  de Milicianos, el 24 de Julio de 1936, formada por unos dos mil hombres. Eran anarquistas y revolucionarios como su Jefe Durruti. Este era casi adorado por las muchedumbres anarquistas,  en Barcelona, y su deseo  era ir a Huesca, a Teruel y a Zaragoza. A esa  primera Columna de Milicianos, la llamaron Columna Durruti, en la que iban unos dos mil y pico  hombres. Salieron otras columnas,  como por ejemplo la de Ortiz Ramírez, a la que llamaron más tarde Columna Sur del Ebro y después salió otra dirigida por el altoaragonés  Ascaso, que se orientó hacia Huesca. Los Ascaso eran del pueblo de Almudévar y allí me contaron que después de acabada la Guerra, uno de ellos, estuvo en su pueblo de Almudévar, durante una Semana Santa y desde un balcón frente a la Iglesia, la mente y su  corazón de uno de los hermanos, pues el otro había muerto en Barcelosa, se llenaban de tristeza, viendo el paso de Cristo acompañado por la Dolorosa. En Ibieca, pueblo muy próximo a Siétamo, enseguida se fundó en España, la primera Cooperativa de la tierra, en que trabajaban los que sabían antes manejar el lapicero, y actuaban en los expedientes, aquellos que no sabían a penas escribir,  por manejar hasta ese día los arados. Iban orgullosos, viendo como trabajaban los antiguos “ricos”, exhibiendo sus pistolones. Los anarquistas de Durruti habían hecho una realidad, la propiedad colectiva en el Somontano de Huesca. Uno de los hermanos Arilla de Ibieca, que ha permanecido soltero toda su vida, escribió una historia de este negocio ruinoso. Me lo dio,  pero no lo encuentro.
Todas las Columnas estaban compuestas por hombres que pertenecían a la C.N.T. anarquista. Durruti era una persona que se oponía a la militarización de dichas columnas.  Estas teorías se comprobaron, cuando llegaron los revolucionarios a la entrada de Siétamo y estaban acompañados por tropas del Ejército. Aquellos querían a toda costa conquistar el pueblo de Siétamo, en tanto las tropas de una compañía de soldados, descansaban,  acostadas en las orillas del río Guatizalema,  gozando de las sombras de los árboles ribereños. Los campos estaban ya segados y sobre ellos yacían las fajinas. Yo recuerdo que unos días anteriores a la llegada de tropas y de anarquistas, me llevaron a contemplar la buena cosecha que se esperaba recoger. Yo cogí un “cuco” grueso y lo metí en mi pañuelo, para llevarlo a mi casa. El “cuco” manchó mi pañuelo y yo lo abandoné, metido en dicho pañuelo. Al mediodía traían a mi familia el abandonado pañuelo. ¡Qué contraste de vida entre el caso del “cuco” y del hombre que me  recuperó el pañuelo y la violencia de los revolucionarios y de las tranquilas tropas que a los pocos días, estaban a la orilla del río. Estas tropas estaban mandadas por el Coronel Villalba de Barbastro, que tuvo la intención de sublevarse con el Ejército contra aquel ambiente Revolucionario. Después de ver el ambiente anarquista que dominaba en Barcelona, debió pensar en guardar su vida y a orillas del río Guatizalema, a su paso por Siétamo,  no atacaba, sino que dejaba a los revolucionarios que se las arreglaran. Hemos visto como Durruti se oponía a la militarización de las columnas.  A la entrada de Siétamo, se representó la siguiente anécdota: un Comisario le preguntó al capitán de los soldados: ”Qué hacen ustedes aquí?; le contestó: “Tomando el fresco”. El Comisario le dijo: “El coronel Villalba (de Barbastro), me ha encargado transmitirle la orden de tomar el pueblo. Respondió el militar: ”Nosotros estamos aquí para proteger a los paisanos. El Comisario, en plan irónico le dijo: ”Y ¿cómo piensa hacerlo?, ¿durmiendo a la vera del río?. El capitán le aseguró: “Yo no recibo órdenes de un paisano”. Y el comisario le contestó: “Este paisano se limita a transmitirle las de su jefe”. Continuó el capitán diciéndole: “le repito que no recibo órdenes de un paisano” y acabó el Comisario diciendo: ”Pues aténgase a las consecuencias”.
Después de este diálogo, el Comisario ordenó a los milicianos  atacar al pueblo, pero el Capitán: ”Mandó formar a la compañía, aparentemente para cooperar a la acción de los milicianos, en realidad para irse con los suyos, para desertar”. El Comisario fue organizando a sus milicianos, pero les disparaban desde lo alto del Castillo” y de “los huecos de la torre de la iglesia, convertidos en troneras”. Al comisario le pegaron un tiro. Lo trasladaron a Sariñena, a Lérida y después a Barcelona. ”El consejero doctor Alguader parecía el designado para despedirnos sanos y recibirnos estropeados. Estaba en la estación y al verme, dijo: Ja, Robusté?. Ja –respondí-M´estaven esperant”.
Algo parecido ocurrió con el famoso escritor mundialmente conocido, a saber Orwell, que herido en Monflorite,  lo trajeron a Siétamo y de su hospital provisional, lo llevaron a Lérida, luego a Tarragona y por fin desde Barcelona, huyó de los comunistas que lo querían hacer desaparecer. Igual que estaban distanciados los militares y los milicianos, Orwell, que se había apuntado en las Milicias anarquistas, se vería más tarde perseguido por los comunistas.
Durruti fue un “profeta” de su fanática doctrina, pues afirmaba que “al capitalismo no se le discute, se le destruye”, “nuestro campo de lucha es la Revolución”. Parece el caso del militar profesional, discutiendo con el comisario Robusté, el cumplimiento de su profecía. Siempre se opuso Durruti a la militarización de las milicias, y sus discípulos fueron cumpliendo su doctrina que decía: ”la única iglesia que ilumina es la que arde”, como ardieron tantas en Barcelona y la única que presidía la Parroquia de Siétamo, en la que abrasaron todos los santos que se veneraban en ella. Sacaban a la Cruz central de la Plaza Mayor, a Cristo Crucificado, lo quemaban, para después derribar esa Cruz que presidía la Plaza Mayor del Pueblo. Su oposición a la militarización de sus milicianos, hizo posible, mientras el capitán militar, que con sus soldados descansaba a las orillas del río Guatizalema,  que hirieran al comisario Robusté, en el ataque a Siétamo. Pero no fue éste el último herido ni el único muerto, pues  al “ Padre Jesús”, de unos veintitantos años, que siguiendo las ideas de Durruti, lo fusilaron, sobre el Río Guatizalema.  Durruti debía de tener un sentido práctico, pues tuvo en su compañía al cura de Aguilaníu,  Mosen Jesús Arnal, que en lugar de fusilarlo como hacían con todos los curas, que caían en sus manos, pensó que le sería,  como le fue, más útil como escribiente. Este sacerdote en 1971, escribió un libro, en el que cuenta esa aventura sangrienta de Durruti, manifestando sin una crítica fuerte, su opinión desfavorable a su revolución y una amistad hacia aquel, que le había salvado la vida. Me hubiera gustado conversar con el sacerdote, pero ahora no podría, porque hace bastante tiempo que se ha muerto. Durruti en el cuarto de costura de mi casa, instaló su oficina, que por cierto debió permanecer en el mismo, muy poco tiempo. Cuando entró en tal oficina, me entra la tristeza, que se sufrió en España en aquellos tiempos.
Mi doble pariente Jesús Vallés Almudévar, de Fañanás, se hizo sacerdote en Huesca y no habló jamás de la Guerra, en que mataron a su madre y a su hermano, pero poco tiempo antes de morirse, me regaló sus memorias. En ellas escribe:” El 31 de Julio se escuchaba en Fañanás, un tiroteo impresionante. Estaba producido por los cañonazos que cañoneaban el pueblo cercano de Siétamo, para seguir siendo bombardeado por la aviación”. A Jesús le gustaba “oír esos pájaros grandes que dominan el espacio”, “pero oír las descargas sobre Huesca y Siétamo, pensando que mis hermanos y tanta familia y conocidos están allí, aguantando, esperando a que les hieran o les maten sin poder defenderse, sin poder hacer nada”, eso no lo podía aguantar. Entre tanto su madre  “se pone a rezar, palidece y tiembla, con un sufrimiento callado e intenso”. Hace coincidir el estado del tiempo físico con la tragedia que se aproximaba, cuando dice: ”El cielo está cubierto de pesados nubarrones de verano y empiezan a caer algunas gotas gordas”.
A Jesús le decía el capitán Moreno, que tendría que ir a Rusia a formarse para ayudar al gobierno comunista. Jesús se escapó de Ola y se libró de pasar lo que han sufrido los entonces niños que a Rusia llevaron. Ahora no comprenden aquellas doctrinas comunistas, en las que ya no creen, ni siquiera en Rusia. El día trece de Agosto de 1936 entraron los rojos en Siétamo y enseguida organizaron “peregrinaciones” para ver las ruinas de aquel pueblo. Y en mi artículo sobre Jesús Vallés Almudévar, sigo : “Y Jesús que había sufrido las pérdidas de su madre y de su hermano, el día 20 de Septiembre, con trece años cumplidos estuvo en Siétamo, de donde habíamos huido sus dobles parientes”. ”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado….Había todavía cadáveres sin enterrar, tostando sus huesos, casi mondos al sol. Las calles estaban como un museo en día de fiesta… lo recorrían todo, contemplando, preguntando,  admirando. Se fijaba uno en las casas, de las que no quedaba ni una casa entera, estaban todas comunicadas por dentro por medio de boquetes, hechos por los “fascistas” para no tener que salir a la calle”. Recuerda Jesús que “un enjambre de muchachos, revolvían entre los escombros, buscando cápsulas,  balines, trozos de metralla. Cogiendo aquellos aparatos, a Pepe Ferrando, que fue durante muchos años cartero después de la Guerra, le explotó un explosivo y lo dejó con dos dedos solamente en su mano derecha,
No acabaron de recoger todo, porque cuando ya había terminado la Guerra, allí estaba yo con Rafael Bruis buscando aquellos malditos restos.
Ya  habían  conquistado las Milicias principalmente el pueblo de Siétamo y quedaba la ciudad de Huesca, cercada casi completamente, pero no pudieron con ella y no cayó en manos de las tropas provenientes de Barcelona. Aquellos milicianos querían ocupar Aragón y se puede conocer por la enorme cantidad de libros publicados, la historia de los acontecimientos que tuvieron lugar cerca de Zaragoza, que como Huesca, tampoco  cayó en su poder, cuando Teruel tuvo que sufrir una guerra y una ocupación terribles. Pero yo encontré unas hojas de papel, que en su cabecera estaba escrito el título de “Rojos y blancos” y a su lado, aparecía escrito a mano por un desconocido; no sé que desconocido sería cuando  pone en el escrito a mano,que se  llamaba, Francisco Vitalla de Lupiñén. Faltan,  al principio de esta historia, trece o catorce hojas de papel y otras muchas a lo largo de la misma. Con estos escritos se acaba el cerco de la ciudad de Huesca. En su relato dice que “la unidad a la que pertenecía, estaba en la Sierra de Gratal ( que se ve desde Huesca),donde con mis compañeros permanecimos juntos hasta el final de la Guerra”. En el pueblo de Arguis, por donde hoy pasa la autovía que sube a Jaca, a Francia y a Pamplona, recibió una carta de unos paisanos suyos, de Lupiñén, que estaban prisioneros en Barcelona. Acudió Vitalla y los liberó.
Como faltan hojas en esta historia, no sé si fue con motivo de esta liberación, de la que comenta Vitalla: “Fui recibido por Durruti y me hizo entrega de las credenciales como Jefe de la Centuria y Mando de la misma, así como me entregó él, un plano de como y por donde se tenía que iniciar una operación como contraofensiva. A mi lado destinó (siguiendo su teoría anti militar) a un Teniente Profesional, como técnico,  pero sin mando y la operación estaba dirigida por el propio Durruti, yendo él mismo en primera línea”. Llegaron los milicianos a las proximidades de Zaragoza, donde “sus posiciones se hicieron perpetuas hasta el fin de la Guerra”.
No pone fechas en su historia de cuando ocurrieron aquellos avances hacia Zaragoza de Durruti, pero se deduce que como dice Vitalla “sucedió en Madrid, la trágica muerte de Durruti”. Esas fechas las deduzco de aquella reunión de la C.N.T., que se celebró el día nueve de Noviembre de 1936,en que se pidió a Durruti que fuese a Madrid, para que hiciera que la resistencia se animara , así como la moral de los combatientes.
¿Coincide la muerte de Durruti con el cambio de las fuerzas políticas y  sindicales, en fuerzas del todo militares?. El cura Arnal, que fue su escribiente, investigó mucho sobre si la muerte de su Jefe, se debió a un accidente o a un asesinato. No sería de extrañar una u otra forma de morir, en aquellas circunstancias. En la Hoja 14, escribe Vitalla :”ya en Madrid había empezado el enfrentamiento entre fuerzas leales a la Junta de Casado y principalmente los de filiación comunista, que se declararon contrarios a la misma. Desde Madrid y por orden del Estado Mayor del Ejército y por supuesto de la Junta, hicieron un llamamiento a todas las unidades que quisieran unirse a la defensa de esa Junta como Ejército Popular y en contra de los Comunistas, que en algún momento estaban decididos a la total destrucción de Madrid, mediante la dinamitación del mismo, sino corregían sus desastrosos planes”. Ante la lucha tan elevada entre el Partido Comunista y los Milicianos, incorporados en el Ejército Popular no es de extrañar que dudaran en asesinar a Durruti, enemigo de la militarización de las Milicias.  Este acto sería cruel, pero no tanto como el propósito comunista de dinamitar todo Madrid.
Julián Casado era un militar del Ejército Republicano. Fue un gran enemigo de los comunistas y se hizo cargo de organizar las Brigadas Mixtas del Ejército Popular Republicano. Al acabar la Ofensiva de Cataluña, se dio cuenta de que estaban a punto de perder la Guerra y reflexionó que no era justo que  se prolongara, porque morirían muchos civiles y soldados. Si seguían luchando, el beneficio sería para la Unión Soviética. En marzo de 1939, se había dado cuenta de que el presidente Negrín deseaba la toma del poder por los comunistas. Entonces se unió con los moderados del Partido Socialista Obrero Español, a los que dirigía Julian Besteiro y también pactó con los desilusionados líderes de los anarquistas (desilusionados entre otras mucha causas por la muerte de Durruti) y con la mayor parte de los Jefes del Ejército Popular Republicano. El día diez o el doce de marzo de 1939, huyeron a Francia los líderes del P.C. E.
Aquella Guerra Civil, repito,  no fue una lucha entre dos bandos, sino que lucharon en ella, la Monarquía con la República, el capitalismo y el comunismo, el orden y el anarquismo, la religión y la indiferencia, el orden y  el desorden, el egoísmo con la generosidad. Se encuentran en esta Guerra, las múltiples guerras secundarias, que derraman la sangre de los españoles, pero se ven ejemplos de buen comportamiento en el casi desconocido miliciano Vitalla, el Maestro republicano de Siétamo y el Coronel Casado, al que el pueblo español le debe el ahorro de sangre y de angustia, que todavía les esperaban.

Siétamo le debe a Durruti la pérdida de cientos de vidas, la pérdida de viviendas y del Glorioso Castillo Palacio del progresivo Conde de Aranda, que en el siglo XVI, ya les dio retiro a los obreros que en Valencia, le fabricaban mosáicos. El Castillo del Conde de Aranda no fue respetado ni por los rojos, por ser noble ni por los nacionales, porque decían que era masón.