lunes, 27 de julio de 2015

¡Mambrú se fue a la Guerra!, y siempre tendremos más guerras



Yo nací antes de la Guerra Civil, y tal vez los niños de Siétamo, tuviésemos un aviso profético  de que no faltarían nunca guerras en este Mundo. Cantábamos la canción que así se expresa: “Mambrú se fue a la Guerra, Mambrú se fue a la guerra, no sé cuando vendrá”. No he podido desde 1930 hasta el año actual de 2015, olvidar ni la letra ni la música de esta canción infantil. ¿Cómo iba despreciar la realidad de las guerras, escuchando la canción   de la Guerra de Mambrú, cada vez que me daba cuenta de que explotaban la Guerra de 1936, la Europea ,la Mundial y las que todavía no han acabado?. Teniendo en cuenta de que casi cada día estallan otras, no nuevas, sino envejecedoras  de la vida humana   Yo inocente niño con mis cinco años, estando sentado en el hogar  de Siétamo, escuchaba las conversaciones de mi tío José María, que acompañaba sus palabras, con gestos airados, imitando la cara airada de Musolini, como las que  exhiben los fundadores de  las guerras. En la Escuela Nacional cantaba con otros niños y niñas aquella canción guerrera que se expresaba  así: ”Mambrú se fue a la guerra, qué dolor,  qué dolor, qué pena. Mambrú se fue a la guerra, no sé cuando vendrá, ay, ay, ay, qué dolor qué pena, no sé cuando vendrá. Vendrá para la Pascua, qué dolor,  qué dolor,  qué pena, si vendrá para la Pascua o por la Trinidad.  La Trinidad se pasa, ¡qué dolor, qué dolor,  qué pena!, la Trinidad se pasa, Mambrú no vuelve más”.
Estaba la gente esperando noticias de nuevas guerras y por el camino vieron llegar a un paje y le preguntaron qué  noticias traía y él con su dolor,  siguió cantando el romance, en el que decía:  “Que Mambrú ya se ha muerto, que dolor,  que dolor, que pena, que Mambrú ya se ha muerto y lo llevan a enterrar, que do-re- mi, que do-re- fa, lo llevan a enterrar”.
A Mambrú, el querido Mambrú, ya “lo llevan a enterrar, que do –re-mi, do-re fa, ya lo llevan a enterrar”, ”en caja de terciopelo, y tapa de cristal. Que do-re-mi.que do-re- fa, y tapa de cristal”. 
En mi pueblo los niños estaban alegres, cantando tan triste canción y comenzaban a morir los niños y los mayores, al estallar la Guerra Civil. Y son muchos los muertos, de los que unos treinta,  tienen sus nombres esculpidos en una lámina de mármol, en el pórtico de la iglesia. Faltan otros tantos en el mismo portal, pensando todos, a su manera, en un mundo justo,  pero todos haciendo la guerra. Cientos de cadáveres quedaron repartidos por los campos.
“En Huesca conozco a un enterrador, que amaba,  con locura,  a un nieto suyo y por eso, al darse la fecha de que el niño hubiera cumplido cuatro años, fue al cementerio y le llevó un pájaro de colores, que compró en una juguetería. Al llegar, con la comitiva familiar al frente del nicho y  mostrarle el pajarico, otro pajarico vivo, se puso a cantar sobre una rama próxima. Mi amigo, el enterrador de las manos duras, sintió reblandecerse su corazón al escuchar cantar al verderol y de sus ojos salieron lágrimas de felicidad”.
¡Qué bien representa “Mambrú se fue a la guerra” la vida alegre de los políticos, que entristece  la triste de los guerreros,  y que necesitan los niños cantar la gloria guerrera de los que como Mambrú, van a la guerra!. Sí, porque con la música, lloran y se alegran al mismo tiempo, cantando la diaria historia de los hombres. Tenemos como los pajaricos del cementerio en que trabajaba mi amigo, el enterrador del cementerio de Huesca, una sensibilidad, que nos hace cantar la muerte de los vivos. Al escuchar al verderol, se reblandeció su corazón, hasta derramar lágrimas por sus ojos.
¡Qué sensibilidad tenía el corazón del que creó cantando “Mambrú se fue a la guerra”, porque los  pajaritos del cementerio, como el verderol de Huesca, “detrás de la tumba, ¡qué dolor ,qué pena!, y detrás de la tumba, tres pajaritos van. Do-re- mi-do-re-fa, tres pajaritos van. Cantando el pío-pío, ¡qué dolor, qué dolor, qué trío!, cantando el pío. Pío, cantando el pío–pa. Qué do-re- mi, qué do-re-fa, cantando el pío –pa.
LA PAZ, el sueño de la paz, ha tratado de calmar los ardientes deseos de odio y de guerra en el Mundo. Por eso el romance de “Mambrú se fue a la Guerra”, sigue conmoviendo sobre todo a los niños, que no quieren guerra. Es un romance, que se compuso después de la batalla de Malplaquet (1709), que se llevó a cabo, durante la Guerra de Sucesión española, entre ingleses y franceses. Murió el inglés  John Churchill, duque de MARLBOROUGH, que equivale al nombre de Mambrú, en español. “La música de Mambrú se fue a la guerra”, parece ser antiquísima ya que dicen que proviene de la música árabe, que trajeron los Cruzados. Dicen que del pueblo llegan las canciones a los nobles y en este caso, que a una nodriza de un delfín de Luis XVI, la escucharon éstos y pasó luego a oírse por todo el Pais. Se empezó a cantar en Francia,  Inglaterra y España y luego  se cantó  en América, desde Méjico, pasando por Centroamérica, por la República Dominicana, por Colombia, llegando a propagarse por la Argentina.
En el Uruguay, en el año de 2003, los artistas de ese Pais Rubén Rada y Horacio Buscaglia, buscando la Paz, como siempre la había buscado el “Mambrú se fue a la guerra”, escribieron lo siguiente: “Mambrú no fue a la guerra”. ( ¡Oye Mambrú!-No vaya a la guerra.- ¿pa qué  va a ir allá? , ¡y quédate aquí con nosotros de fiesta!”. Y entre otros deseos, manifiestan, que:  “Mambrú no fue a la guerra-porque no quieren odiar….a mambruces, mambrucitos, -porque sean diferentes y no piensen igual.La Paz es como un beso de mamá y de papá.Es un juguete nuevo, un gol de media cancha, en las vacaciones y la Navidad. La paz es una casa, que vas a estrenar. La paz es tu sonrisa y la de los demás. ¡¡¡La Paz somos nosotros que vamos a cantar!!!.”
Y en un estribillo, van cantando: “¡¡¡ Mambrú, Mambrú no fue a la guerra!!!. ¡¡¡Mambrú quiere la Paz!!!.
( Oye,Mambrú!.Tú si que lo sabes todo,¡eh!.
¡Suéltame la paloma!) “. 

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