domingo, 3 de enero de 2016

Al compás



He presenciado y escuchado una entrevista  con el torero Rafael de Paula y al serle preguntado cómo pudo alcanzar, allá en Sevilla, la perfección del Arte de Cúchares, mediante pases calificados de sublimes, contestó que siguiendo el compás, sencillamente.
Se acompasaba, ya  al salir  a dar el paseíllo por la arena; se acompasaba con el toro mirándole a los ojos para obtener el ritmo, la cadencia y la medida de los pases.
¿Quién marca a los toreros el compás?. Tal vez exista un duende del toreo, mas yo creo que además de duendes colectivos, cada torero tiene el suyo.
Madre Natura es el gran compás, que marca ritmos a la Biología, a la Física y a los hombres. Las plantas se visten al llegar la Primavera y se despojan en Otoño. Giran los planetas alrededor  del sol marcando los años, los días y las noches. Ruedan y ruedan los electrones en torno a su núcleo, y a los monjes les marcan las campanas, su ritmo espiritual, al soldado se lo marcan marcialmente los tambores y,  las Musas al poeta.
Si el compás que rige el Mundo se acelera, al punto surge el caos, estallando brutalmente desde el átomo a la estrella. Igual ocurre con el toreo y Ortega Cano ha sido  atravesado  por los cuernos del toro, del que se había desacompasado. El hombre es libre y puede acomodar su ritmo a aquel compás que, en su interior, le parezca conveniente. Repasando la Historia, sin embargo, observaremos, que siempre se ha marcado al hombre su compás, que ha llegado, en estos tiempos, a marcarnos un ritmo insoportable.
No entraron los gitanos, como Rafael de Paula, jamás en ese ritmo, y nosotros nos hallamos al borde del infarto, que como nuevo cataclismo, enturbia nuestros cuerpos y al espíritu lo mantiene esclavo.

¿Quién, en Huesca, será capaz de acompasar al mismo ritmo a una raza que nunca quiso que nadie le enseñara su  batuta, con los payos que han entrado en un ritmo de vértigo?.   

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