viernes, 5 de febrero de 2016

Antillón, pueblo del Somontano




El pueblo de Antillón, se encuentra debajo de Angüés, que está en la carretera N-240, al lado de la autovía Huesca- Tarragona. De la N- 240, arranca una carretera secundaria hacia el Sur.  Se puede repetir la marcha sobre Antillón, bajando, ya en Siétamo, por Alcalá del Obispo, por Fañanás Pueyo de Fañanás y salir por Blecua,  para llegar a Antillón.
Es un lugar de unos 163 habitantes, que se encuentra a 513 metros de altitud. Desde Huesca,  por Alcalá del Obispo se encuentra  a unos 27  Kms., un poco menos, que desde Huesca, se llega a Antillón, por la Carretera General, N- 240.
Su agricultura produce un vino de la Comarca del Somontano, que tiene fama de ser delicioso, pero que poco a poco ha ido disminuyendo su cultivo. En cambio ha aumentado el cultivo de las almendras.
Pero Antillón, ha vivido su Historia a través de los siglos, en ese paisaje pacífico y arbolado de carrascas, de almendros y de productoras viñas, pero no puede uno olvidar su participación en la Historia de las Tierras de los Pirineos.
La herejía de los Albigenses o hijos de la ciudad del Midi francés de Albi, obtuvo mucho éxito y muchos adeptos en Languedoc, territorio en el que el Reino de Aragón poseía grandes intereses. El rey Pedro II, poco después de vencer en España, acompañado por los demás Reyes Cristianos, en la Batalla de las Navas (1212), tuvo que luchar en el Norte, es decir en el Languedoc, el año de 1213, donde  murió el citado rey Pedro II y el Señor de Antillón.
Pedro II era católico, pero en sus dominios franceses, los herejes albigenses eran sus súbditos y los franceses y discípulos del Papa Inocencio III, tenían que luchar contra la Herejía. Iban a entrar en lucha los intereses materiales del Rey de Aragón y los dogmas y fines religiosos del Papa Inocencio III. Este convocó un concilio en Lavour, para buscar la Paz. Pedro II, ofendido por encontrar la intransigencia del clero francés, se dispuso a luchar, tomando el mando de su ejército, asistido por los condes de Tolosa, Foix y Commingges, se encaminó a cercar el Castillo de Muret, a orillas del río Garona, cerca de Tolosa. Este Castillo de Muret, lo fortificó Simón de Monfort, que actuaba bajo el mandato del Papa. Los prelados, que acompañaban   a Simón de Monfort, trataron de separar a los aragoneses de aquellos condes excomulgados. Entre otros acompañantes, estaba Santo Domingo de Guzman, que trataron de apartar al ejército, obediente a las teorías del Papa, es decir de luchar a muerte, con las tropas de Pedro II.  No consiguieron alcanzar la Paz y Simón de Monfort, atacó con una gran fortaleza, al escuadrón del Rey de Aragón. Cuando las tropas catalanas y del Languedoc se dieron cuenta de que los aragoneses lo iban a pasar mal, huyeron sin combatir.
Después de tantos siglos, el Languedoc, desde el siglo XIX, todavía piensa en normalizar el  ferrocarríl por Canfranc, que nos volvería a abrir la convivencia entre él y Aragón, pero los catalanes han rechazado la obra tan europea de Aragón, porque no quieren que el ferrocarril de Canfranc, se abra otra vez, sino que propusieron aumentar la comunicación de Cataluña con Francia, por vía marítima.
Pedro II, el Católico, que se sentía rey de Cataluña, tuvo diferencias con Ramón VI de Tolosa en cuanto al peligro de luchar contra los cruzados del Papa. Tenía Pedro II un ejército fuerte, pero su organización era inferior a la de los Cruzados, dirigidos por Simón de Monfort. Este Simón de Monfort era normando, nacido en año de 1165, hombre fuerte y de actos de crueldad destacados. A pesar de disponer de un ejército menos poderoso que el del Rey Pedro II, era un hombre muy bien organizado, escogiendo a treinta de sus mejores guerreros, con el fin de localizar a Pedro II y asesinarlo. Pedro II se defendió con mucho valor, pero cayó muerto, con lo que su ejército huyó a la desbandada y se acabaron las aspiraciones de dominio de Cataluña y Aragón, sobre la Occitania. Cuando las tropas catalanas y del Languedoc, al darse cuenta de la derrota de los aragoneses, huyeron sin participar en la lucha. No quisieron verse parte de una situación tan desastrosa, pues muchos hombres fueron acuchillados o se ahogaron en el caudaloso río Garona.
Repasando la Historia, se da uno cuenta de la inteligencia de Simón de Monfort y de su crueldad al leer el siguiente pasaje en La Historia de los Cataros, cuando escriben sobre él, lo siguiente: ”Una de las crueldades protagonizadas por SIMON de MONFORT, ocurrió en la conquista de la ciudad cátara de Bram, que no consintió entregar sus muros a pesar del trágico fin de Beziers, por lo que Simeón capturó a los supervivientes de Bram, sacándoles los ojos, amputándoles, manos, nariz, orejas y labio superior, menos uno de ellos , al que sólo dejó un ojo, a fin de poder guiar a sus compañeros de infortunio, hasta Lastours y poder así explicar lo ocurrido en Bram, a modo de advertencia hacia los Cátaros que optaron por resistirse a los Cruzados”.
Castillo de Sietamo (Huesca).

En aquella batalla, quedaron muertos los cuerpos  del rey Pedro II y de los ricos hombres aragoneses Aznar Pardo y de su hijo Pedro Pardo, Gómez de Luna y Miguel de Luesia, y de muchos otros caballeros, entre los que se encontraba el SEÑOR de ANTILLÓN.
Al rey lo condujeron muerto al Monasterio de Sigena, y lo enterraron al lado de su madre la reina Doña Sancha, pero tras una pared interior, sin entrar su cadáver en la Iglesia. El Languedoc se perdió para Aragón y Cataluña.  Por fin Aragón y Cataluña se vieron separadas por el Pirineo, que fue el que ha levantado  la frontera. No debió quedar la cosa muy clara, porque, años más tarde, todavía ganó Francia el Rosellón y el Franco Condado.
La estación ferroviaria de Canfranc, ha intentado siempre, como una cabeza humana, mantener una buena relación entre Aragón y el Laguedoc, a través del Condado del Bearn. Esperemos que, ahora,  con el Mercado Común Europeo, se consiga unir a Aragón con Francia, para que Europa siga prosperando y se acaben aquellas luchas salvajes. 
Pero aquí, entramos en la Historia de ANTILLÓN, que fue despreciado como un pequeño pueblo, pero no sólo él, sino toda la Comarca altoaragonesa, que con sus hombres participó en aquella  guerra tan cruel. Los vencidos en aquel combate, recogieron el cuerpo del rey Pedro II y lo llevaron al Monasterio de Sigena y lo sepultaron junto a su madre, la reina Doña Sancha.  

El segundo lugar en que se encuentra un sepulcro notable del Señor de Antillón, es la fachada de la Torre de la iglesia de este noble pueblo. Ese Señor de Antillón, era hermano de sangre de Pedro II de Aragón, llamado Fernán Sánchez de Castro. Su sepulcro se alza en el exterior de la iglesia, en la fachada de la Torre. Murió en Muret,  pero se le negó el enterramiento en el interior de la iglesia, por haber defendido a los cataros en la batalla de Muret,  junto a su pariente consanguíneo, el rey Pedro II de Aragón. A éste lo enterraron en el Monasterio de Sigena, pero no dentro del templo, sino en unos muros exteriores.

Se le nota a este pueblo su historia, con los restos de su muralla en el Sur y en el Este y que conserva una puerta de medio punto. Hay otras teorías sobre quien está enterrado en el Pórtico de Antillón, pero es esta la que conserva el amor de los escasos habitantes de este pueblo.

Jaime I de Aragón nació en 1208 y murió en 1276 y reinó desde 1213 hasta 1276. Pedro II murió en 1213, como he dicho en Muret y reinó su hijo Jaime I, de 1213 hasta 1276. El hijo de Jaime I, fue Pedro III, el Grande
Y el fin de la historia del hijo de Antillón, que está enterrado en el pórtico de su iglesia, en el exterior,  se encuentra al lado de la  Puerta de la Parroquia de Antillón. La iglesia parece del siglo XVI, pero quedan restos del siglo XIII, en el que fue construida. Y en este siglo, en la Batalla de Muret, en el año de 1213, el Señor de Antillón, “hermano de sangre de Pedro II murió junto a él y al Señor de Lizana, que apoyaron a los albigenses”. Como he dicho, Pedro II fue enterrado en el Monasterio de Sigena, en un muro, fuera de la iglesia y el Señor de Antillón, fue enterrado en el Pórtico del templo de Antillón, fuera también de la iglesia. A causa de su excomunión por defender a los albigenses. Esta Batalla tuvo lugar el año de 1213.
El rey Pedro II, muerto en la Batalla de Muret, fue el padre legítimo de Jaime I el Conquistador.
Este rey niño, fue atendido por los aragoneses en el Castillo de Monzón. Tuvo como hijos legítimos a Pedro III el Grande, a Don Jaime que le sucedió en Mallorca, al Arzobispo de Toledo y a su hija Violante,que se casó con el Rey Alfonso X de Castilla.
Como hijo bastardo tuvo a Fernán Sánchez, al que reconoció como hijo, al que dio a luz Doña Blanca de Antillón, que fue hija de Sancho de Antillón y de Doña Ozenda. Este hijo  de Doña Blanca de Antillón, fue Barón de Castro, que dio origen a la genealogía de la Real Casa de Castro. Estuvo luchando en las Cruzadas en Palestina, pero acaudilló la sublevación de los nobles catalano-aragoneses, contra su propio padre, el Rey Jaime el Conquistador, y contra su hermano Pedro III el Grande, que lo capturó en el Castillo de Monzón y lo arrojaron a las aguas del río Cinca. Cerca del lugar, donde se dice que fue arrojado al río Cinca Fernán Sánchez de Castro, donde encontró la muerte, por orden de Pedro III, su hermanastro.
¡Qué triste resulta recordar la Historia de nuestros pueblos altoaragoneses!. Nos vamos olvidando de ella, pero yo, cuando recuerdo los años de mi niñez, vuelve la Historia a recordarme el pasado. Iba, de niño, con mi padre al pueblo de Ola a Casa de Otal y allí me encontraba con señores de nuestro Somontano y Tierra Baja. En aquellas Fiestas, se asistía a Misa, se comía opíparamente y se jugaba a las cartas. Allí acudía un caballero de gran volumen físico, pero poseedor de un gran espíritu. Este era RUFINO de ANTILLÓN. Era el dueño de Casa Sánchez, que se encuentra detrás de la Muralla y se pasa por el Arco de la Muralla. Estuvo casado muchos años con mi pariente Carmen Otal Escabosa de Ola. Me escribió hace  unos días, con un gran cariño, como aquel que se despide de sus parientes, con los que pasaba  muchos ratos en las Fiestas de Ola. Era Rufino un descendiente de aquellos Sánchez, que participaron en los hechos de aquellos siglos pasados y él seguía viviendo en Antillón en CASA SÁNCHEZ (el viejo nombre de Sánchez, que ya tenía en tiempos del hijastro de Jaime el Conquistador), como he dicho, detrás de la Muralla, para lo que tenía que pasar por el Arco de la misma.
Sentado en una silla con labradores del Somontano, como Ciria de Aguas, Ciria de Ayera y tantos otros de la comarca, jugaban a las cartas y conversaban durante horas y horas, porque tenían que abandonar el juego, cuando al acabar la noche, sonaban las campanas para celebrar la misa. Yo no seguía los comentarios sobre el juego, pero me enteraba de su vida. Su vida, que pasó por la Guerra Civil de 1936, como la pasaron sus antecesores por aquellas Guerras criminales de Muret, en Francia y a las orillas del río Cinca. El no era un hombre guerrero, sino hombre pacífico, porque en la Guerra en la que yo mismo ,con mi familia estuve presente, demostró su amor al prójimo. En Siétamo salvo de un cruel fusilamiento a muchos, que iban a ser fusilados. Lo contrario que pasó en Francia con Simón de Monfort, que acuchilló a multitud de aragoneses y les sacó los ojos.
Doña Blanca de Antillón, tuvo un hijo, llamado Fernán Sanchez, que nació en 1242. Los bienes de esta Casa Sánchez de Antillón, su padre Jaime el conquistador, se los donó muy pronto a la Baronía de Castro, a saber los Castillos de Castro, Pomar, Borjamán y Estadilla, que se convirtió en la capital de la BARONÍA de CASTRO. El patrimonio del Señorío de Castro fue aumentando, pero en Antillón quedó la CASA, que se fue trasmitiendo a través de miembros de la familia, que hoy se denomina igual que en aquellos tiempos tan viejos, a saber Casa Sánchez, que la heredó Rufino de Antillón, por parentesco. Ahora dicha Casa la gobiernan una hija de Don Antonio Otal de Ola, llamada Elena Otal Otal, casada con un labrador, llamado José, modelo de agricultor de Esquedas, que contribuyó a convertir su monte en una Cooperativa.
Estos recuerdos de la CASA SÁNCHEZ de Antillón, nos hacen ver como la tradición continuó en tal Casa, con los sucesores de Doña BLANCA de ANTILLÓN, que tuvo un hijo ilegítimo con el rey Don Jaime el Conquistador, a saber Fernán Sánchez, el año de 1242. El rey les creó el Patrimonio de CASTRO, pues había prometido a doña Blanca, delante de su hijo el Infante Don Pedro, que llegó a ser rey con el nombre de Pedro III, la devolución de los castillos  a su propietaria. Esta disposición del rey no agradó al Infante Pedro, que llegó a ser el tercer rey de Aragón. Según dice la enciclopedia libre Wikipedia “El infante Pedro entró en Aragón y atacó el castillo de Antillón, y al que Fernán Sánchez de Castro se dirigió rápidamente para intentar levantar el sitio, pero fue derrotado y tuvo que huir al desaparecido castillo de Pomar, que el infante Pedro, su hermanastro, se propuso tomar al asalto. Viéndose perdido Fernán huyó disfrazado de pastor mientras sus hombres se enfrentaban a los de su hermanastro, pero fué capturado cuando intentaba atravesar el río Cinca. El futuro Rey Pedro III ordenó la muerte de su hermanastro, disponiendo que fuera ahogado. Tal hecho sucedió en una noche de 1275”.
Pero los Barones de Castro, siguieron en la Historia, porque aparecen en el Castillo de SIÉTAMO el año de 1348, que lo debieron heredar de Jerónimo de Sigena. Habitaron el Castillo los Señores  o Barones de Castro. Tuvo dos hijas, una casada en Sesa y otra llamada Jerónima de Castro y Pinós, que se casó con el Marqués de Torres de Montes, que años después heredaron el título de Condes de Aranda. Yo, conservo los papeles, en los que el Señor de Castro, poseedor del Castillo de Siétamo, vende a su hija Jerónima de Castro y Pinós, todos los bienes que poseía. ¿Por qué le vendía el Barón a su hija, todas sus propiedades?. Sencillamente para verse bien dotada, y casarse con el marqués de Torres, del cual vendría en años posteriores el Conde de Aranda. No fueron los Aranda los primeros habitantes del Palacio, que se elevó durante siglos al lado de la Vía-Romana, por la que iba desde Huesca hasta Alquézar. Doña Jerónima de Castro y Pinós, con todos los bienes que poseía, se casó con Bernardo Abarca de Bolea y Portugal, hijo de Iñigo Abarca de Bolea y Portugal , casado el año de 1502.
Yo conservo los papeles,que rescató a mi padre,el señor TRISÁN de Fañanás, en la Guerra Civil. En este papel pone lo siguiente:”In Dei nomine amen. Sea a todos manifiesto que el noble Don Pedro de Castro y Pinós, Señor de los Castillos y lugares de Siétamo, Olivito, Loscertales, Clamosa, Puy de Cinca y Torres de Montes, con otros lugares infrascritos de grado y muy cierta ciencia, certificado bien y plenariamente de mi derecho en todo y por todo….cedo, transporto y desamparo a vos  la noble señora  doña Isabel (Jerónima) de Castro y Pinós.”fiya suya”, los castillos y lugares y sus términos en el Reyno de Aragón”.
En este Castillo de Siétamo, vivieron los descendientes de los Abarca de Bolea y de los Castro y Pinós, descendientes de Doña Blanca de Antillón hasta que murieron los dos hijos del Conde de Aranda.
“Un dieciocho de Noviembre me encontré en Huesca con la sietamense doña Josefa Lasierra Jabierre, prima del Cardenal del mismo apellido y nacido en Siétamo y acordándome de que ella vivía en el Castillo, antes de la Guerra Civil, le pregunté qué cuantas familias residían en el mismo. Me contestó que a última hora, sólo residía la suya, pero que habían llegado a vivir catorce”.
Yo tengo recuerdos del Castillo, pues subíamos a la terraza más elevada y veíamos por arriba la Sierra de Guara, por abajo la Huerta con su balsa. Al llegar el invierno mi tío José María, hacía desaparecer los nidos de las palomas, para evitar necesidades a los pichones, que no podrían alimentar las palomas, durante la escasez de alimentos invernal.
Ramón J. Sender, ha dejado escritas las siguientes líneas:”Realmente es un enorme caserón con más de Palacio Señorial que de Castillo Guerrero, desde donde fue el Conde, fundador de la fábrica de porcelana y cerámica de Alcora, que convirtió en casa de labor”. Juan Ramón Sender, en la página 64 de su libro “Monte Odina”, escribe:”Me habría gustado a mí, ser un infanzón de solar conocido…” y en la página 66, dice:”Incluso en sitios tan  tardíamente   recuperados, como Siétamo,  cerca de Huesca, con los Bolea, Aranda, Abarca…y últimamente de amigos míos. Digo últimamente pensando en tiempos anteriores a la Guerra Civil”, cuando su padre dirigía el periódico “La Tierra”, de los agricultores y Ramón J. Sender escribía en dicho periódico.
Hace pensar a uno, cuando mira Antillón, Sigena y recuerda el Castillo de Siétamo en tiempos de Paz, pero no puede uno evitar el pesimismo que  acarrean a tu cerebro las guerras del Languedoc, las de los hermanastros Pedro III contra Fernán Sanchez de Castro, hijo de Jaime El Conquistador y de doña Blanca de Antillón, la Guerra Civil, las tumbas de Antillón y la de Pedro II,  y cada día, las ruinas del Castillo.
 Sender reflexiona sobre las causas de las guerras, pero no encuentra soluciones para que nos gobierne la Paz. Parece ser que encuentra causas de guerra, cuando dice, que hay algo de locura en aquel comportamiento (guerrero), con estas palabras: “El ego de los españoles es de veras satánico y para estudiarlo no valen los textos de psiquiatría, esquizofrenia y la paranoia españolas, que no son sólo la locura, sino que tratan de imponerse, y a veces lo consiguen, como una especie de razón superior, de consagración del super-ego”. ¿Tiene razón Sender cuando dice:”el ego de los españoles es de veras satánico”?.

  

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