jueves, 17 de marzo de 2016

Amor eterno entre Eusebio y Paula



A los de León en su Historia les pasa algo parecido a lo que le pasó a Huesca, pues fue León un Reino Medieval, que acabó siendo parte de Castilla. Así le ocurrió también  al Altoaragón, que constituyó un solo Reino con Navarra, pero cuando conquistó Zaragoza, ésta se constituyó en Zaragón y al casarse Doña Petronila ,hija de Ramiro  I   el Monje con Ramón Berenguer IV de Barcelona, Navarra ya no quiso saber nada más con el Altoaragón.
Eusebio y Paula no conocían estas cosas y no les importaban ,pues ellos se querían y lo que deseaban era hacerse felices entre ellos, se casaron y trabajaron de un modo indomable ,que ellos me cuentan ,pero que no haría falta que me dijeran nada porque yo lo he visto a lo largo de varios años ,aquí ,en el pueblo de Siétamo, porque compraron una llamada huerta cerca del río Guatizalema, que disponía de una tierra que había sido muy poco cultivada y estaba llena de “cascajos” ,es decir piedras de río. Trabajar allí era difícil y duro, pues el difunto Carmelo Puyuelo, persona extraordinaria, le decía a Eusebio: ya puedes labrar, que no harás nada con esta huerta. Pero ahora, basta que uno se mire la parte cultivada ,que parece un huerto del Edén y la compare con el trozo de tierra que está plantado al lado del seto del camino, que es bonito, pero no se puede cultivar por no haberla trabajado el mismo Eusebio.
Tuvieron dos hijas, una Carmen Luz y otra Tere, por las que hicieron Paula y Eusebio todo lo que pudieron, con la colaboración de los abuelos de León, ya que con el coraje y el amor de Paula, no tuvieron miedo de marchar a las Américas como emigrantes. Aquí las niñas estudiaron y ellos, que como he dicho no conocían la Historia de León y de Aragón con mucha profundidad , conocían lo que pasaba en América y veían venir lo que ahora en tales países está ocurriendo. Prefirieron venir a España y la boda de su hija, los trajo a Huesca y a la bendita huerta, en la que  poco a poco empezaron a construir hasta que levantaron un magnífico chalet, donde Paula, que tenía una abuela  santa,  es como Santa Teresa pues goza del paisaje y de los cantos de los pájaros y va a buscar agua a la fuente, que mana un agua casi bendita, porque no está contaminada y está fresca.
Y este milagro de vida los ha hecho gozar de su compañía, habiendo celebrado ya hace muchos años en la iglesia de Huesca de Santo Domingo y San Martín, sus Bodas de Oro.Tenía entonces su hija Carmen Luz una joven de Almudévar, que le ayudaba en las faenas de su casa, pues tiene dos hijos y una hija, modelos de jóvenes, como lo han sido sus padres y sus abuelos Paula y Eusebio y esa joven era una gran cantadora aragonesa, nacida en la Villa de Almudévar y allí en la iglesia de Santo Domingo ,con sus compañeros del pueblo, les cantaron una misa baturra, que conmovió a toda la familia, derramando Paula sus lágrimas y Eusebio casi no las pudo contener. No quisieron cobrarles ni un céntimo, con lo que Pili, la joven, demostró que quería a la familia de Paula y de Eusebio, que se vieron obligados por su generosidad a darles un “vino”español. Pero no acabó aquí la fiesta  pues cuando terminó el festival, cantaron:”Se marcharon  de León- y se vinieron a Huesca-a esta notable ciudad-que a todo el mundo enamora”.
Han pasado diez años desde sus Bodas de Oro y Paula ,que ha conmemorado estos días su cumpleaños ha querido celebrar un nuevo aniversario, para volver a su sagrado chalet, en el que gozan de la paz, que en otros tiempos no les acompañó.
Cuando uno se cansa o se aburre, baja a gozar de la compañía de ambos benditos y casi eternos esposos y escucha sus palabras y a veces, también dice sus más o menos convenientes palabras, siempre bien acogidas y baja al río, donde entre las sombras de los elevados árboles, escucha cantar las aguas del río y se siente también acompañado por los sonoros cantos de los pájaros a los que su hija Carmen Luz, ha colocado en los pequeños árboles comederos ,a los que las escasas veces que allí acuden, por su ejercicio entre otras cosas de pintora ,va echándoles alimento. En la terraza, guarnecida por persianas, crían unas golondrinas, que no se asustan de convivir con los dueños y salen volando y entran y no se cansan, pero cada año se van a las Africas, para volver de nuevo en primavera.
Allí todo vuela, porque lo hacen las nubes, lo hacen las hojas de los árboles que se agitan en los chopos, vuelan los alimoches y toda clase de pájaros, mientras suenan las aguas de la superior acequia, cuando riega y el gato pardo, enorme, les hace compañía, mientras Eusebio lo acaricia .

Aquí, como he dicho, todos vuelan, con su ilusión y recuerdan el pasado, y gozan del presente y miran con  confianza el porvenir, que no sólo será de ellos, sino también de sus nietos Alfredo, Pedro y Paula. Es el mundo que Dios así ha dispuesto.

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