miércoles, 2 de marzo de 2016

Dientes agresivos



Esta noche he soñado con un papel o más bien con un pergamino y hablo de pergamino, porque por su aparente vejez y por su color, me ha parecido un documento muy antiguo. Pero no puedo opinar sobre la diferencia entre el papel y la  piel de un animal preparada para escribir en ella, ya que estando dormido, los razonamientos no suelen ser muy concretos. En definitiva, no sé de qué asunto  trataba ese  documento, pero en su esquina superior izquierda, se veía escrita una palabra, que me pareció un nombre propio de mujer-bruja o de diosa –mujer y que se llamaba  MERKE. Debajo de tal nombre estaba escrita, con menuda letra, la frase siguiente:  “
Los dientes blancos y enteros, tienen un poder soberano”. Vi que el texto del  documento continuaba en su parte más baja y ante tal sorpresa, medité, sobre el espacio vacío del mismo, que no decía nada u ocultaba las razones con qué demostrar el uso de los agresivos dientes para ejercer el poder soberano.
Enseñar los dientes lo hacen algunos perros, no sé si instintivamente o por la mala educación que les han dado sus dueños. Cuando pasas por las redes de  los jardines en las que se apoyan plantas trepadoras, en unos te ladran y enseñan  los dientes, mientras otros, te observan pacíficamente. Los perros no son seres totalmente libres, como el hombre y sin embargo vemos algunos,  que respetan al hombre y éste que es completamente libre, a veces, cae en la pérdida de toda libertad y de toda autonomía.
Orwell, estuvo  herido en una nave sanitaria, de madera,  en un huerto de nuestra casa de Siétamo y me ha inspirado con sus palabras; así como el perro no puede pensar en su evolución, el hombre “va gobernando la naturaleza de una manera cada vez más profunda y acabada. Nadie sabe y nadie puede saber, si para la técnica del hombre habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”. Consideremos la diferencia entre un llamador o  “trucador” de tiempos ya pasados y un ordenador –teléfono.
Al hombre lo ha hecho el Señor inteligente y vemos como muchos hombres van a la luna y tratan de ir a otros planetas, como si estuvieran buscando sus caminos, para imitarle y hacer verdad lo que dice Orwell: “si habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”.
El hombre ha progresado y seguirá haciéndolo, pero unos “dientes agresivos”, le han amenazado, para controlar técnicamente “las conductas individuales,  y en último extremo la de  la naturaleza humana”. Esos “dientes agresivos” son de aquellos hombres que, creyéndose dioses, amenazan a toda la humanidad y le dicen a sus miembros: “vuestra inteligencia dejará un día de ser imaginativa y creadora, se limitará al simple ejercicio de entender que “dos y dos son cuatro”. No saben tales dioses como el hombre ha sido creado a imagen y semejanza del Señor, al que en la oración al Espíritu Santo se le canta: “Envía, Señor, tu Espíritu y serán creadas todas las cosas y renovarás la faz de la Tierra”. Orwell  ya debía creer algo así, pues vuelvo a repetir lo que dice en su  obra “1984” : ”Nadie sabe y nadie puede saber si para la técnica del hombre habrá algo que al fin sea absolutamente imposible”. Más aún: “respecto al mundo físico, todo parece ser técnicamente posible”.Pero los dientes blancos y enteros, con los que yo soñé, amenazan a  Dios y al  hombre, para ser ellos los que gobiernen el mundo. Esto explica la existencia de los demonios, que actúan como si ellos “hubieran creado la naturaleza humana”. A veces aquellos de los grandes dientes agresivos, después de tratar de anular la inteligencia de los hombres, han ordenado que  amasen al “gran hermano”
 Pero la humanidad aunque en ocasiones ha atacado sus deberes morales, “ha seguido existiendo y progresando sin perder la conciencia de su interna libertad”, a pesar de ser forzada y atacada por “dientes agresivos”.
George Orwell, en su libro sobre “Recuerdos de  la Guerrra de España”, escribe: “El asunto es simple: ¿debe o no permitirse que la gente como aquel soldado italiano viva la vida decente, plenamente humana, que la técnica hace posible hoy?. Personalmente creo, quizá sobre bases insuficientes, que el hombre común ganará esta batalla tarde o temprano, y quisiera que fuese más temprano que tarde: en algún momento, digamos dentro  de los próximos cien años, y no dentro de diez mil. Eso era lo que estaba auténticamente en juego en la Guerra de España, y en la última guerra, y quizá también en otras guerras por venir.”


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