sábado, 30 de abril de 2016

Pilar Cativilla, desde los 12 años a los 94


Muralla y Cruz de los Caidos . Sietamo (Huesca).


Llegó el día dieciocho de Julio del año de 1936 y pocos días más tarde, estalló en Ola y en Siétamo la Guerra Civil, empeñada en destruir las vidas humanas y los edificios, desde el Palacio de los condes de Aranda hasta la casa de la “siña” Juana, madre de Concha Ferrando. Esta Concha Ferrando escapó de las tropas republicanas, que habían conquistado Siétamo, pero marchó en plena Guerra, con tranquilidad. Si, fue desde Siétamo hasta el Estrecho Quinto, donde se refugiaron las tropas y parte del pueblo sencillo de Siétamo y pacífico. En dicho lugar, estuvieron cercados, desde el día doce de Septiembre hasta el día treinta del mismo mes. Un dí de estos, el Coronel Villalba, coronel del Ejército en Barbastro, envió una carta a los huidos de Siétamo, para arreglar esa situación y para enviar la carta al Estrecho Quinto, usó a la señora Concha, que caminó por la carretera  provista de una bandera blanca, Y con ella llevaba un mensaje a los rebeldes, para que se rindieran. Una vez llegada al Estrecho Quinto, su jefe no quiso ni leer el mensaje de los republicanos, y en presencia de la “siña” Concha, quemó los papeles que les pedían su rendición. La señora Concha, no quiso vover a Siétamo, pues buscaba su liberación en Huesca. Concha como su madre la señora Juana, llevaban sus cabezas cubiertas con unos grandes pañuelos negros, y Concheta tenía además a su hermano  el simpático y cariñoso el “Zurdo”. Después de la Guerra, con la iglesia destruida, el cura celebraba la misa en la Calle Alta, al lado de su casa-abadía. En el balcón colgaba una rueda metálica de un camión, de la que había desprendido su neumático y golpeando la parte metálica de la rueda, con un martillo, la hacía sonar como una campana, que imitaba  a la vieja y auténtica de una iglesia. Entonces acudían los fieles a escuchar la misa. Al acabar, en la calle, agrupados los asistentes cantaban una canción, que no recuerdo lo que decía. Los guardias, algunos escarmentados de la muerte de muchos de sus compañeros, se dieron cuenta de que el “Zurdo” no cantaba. Cuando acabó aquel acto medio religioso, medio político, se enfrentaron los guardias al hermano de Concheta, porque no había cantado y le obligaron a cantar a él sólo, la canción, que no se sabía si la abría aprendido, en lo poco que hacía que había acabado la Guerra.
Castillo de Sietamo (Huesca).


 Empezó el año de 1936, la destrucción del Castillo  Palacio, donde nació el Conde de Aranda. Todavía no ha terminado, porque en el año de 2.016, se siguen cayendo el Almacén y el Granero, que quedaron elevados, y no se sabe  cuánto  durará su ruina total, pues el alcalde no dio permiso para reparar, el envejecimiento del local. Este Almacén agrario, lo levantó el conde de Aranda en 1747,  pues aunque él, vivía  haciendo la política y dirigiendo el curso de las  guerras europeas, no dejaba de preocuparse del desarrollo de su  patrimonio de cerámica industrial en Valencia y el agrario en muchos pueblos de Aragón como  en Siétamo, donde había nacido.  Y para mejor cultivar la tierra, construyó este Almacén y granero, al  lado de su Castillo o Palacio, en el que había nacido.
El Castillo fue destruido el año de 1936 por la Guerra entre  republicanos y nacionales y después, terminada  ésta, los sublevados, que ganaron la lucha, derribaron sus muros, pues de sus tejados no quedó ninguno sano, para volver a levantar pueblos  destruidos,  como Chimillas y como el mismo Siétamo.
Antes de empezar la Guerra Civil, vivían en el Castillo varias familias, como la del  señor Lasierra, Guarda de Monte de Siétamo, cuyas hijas eran Lucía y Josefa, casadas con los hermanos, llamados uno Joaquín y del otro, no recuerdo su nombre. Eran ambas hermanas enormemente simpáticas, pues siempre te daban conversación y te sonreían. Después de la Guerra marcharon a Barcelona y por fin, estuvieron viviendo en Siétamo, al lado de Casa de Trabuco, hombre que fue siempre sacristán, después haber sido soldado de la República, de la iglesia de Siétamo  frente al cuartel de la Guardia Civil. Cuando fue nombrado el Cardenal Javierre, nacido en Siétamo, le llevó a Roma una caja de “Castañas de mazapan”. Fue Antonio Bescós un miembro del Ejército Gubernamental, ¿quién le iba a explicar a Pablo Bescós, alias “Trabuco”, quienes era los buenos y los malos en esta Guerra?.   
 Según del Doctor Cardús, primo hermano de los hermanos Llanas Almudévar, llegaron a vivir en tiempos de Paz, en el castillo, hasta diez familias. Yo esos años antes de la Guerra, acompañaba a mi tío José María, cuando se acababa el Otoño, a cautivar pichones de paloma para guisarlos en casa Almudévar y retirar cuando el invierno llegaba, los nidales de las palomas, para que cuando éste arreciaba, no pudieran criar por el frío y la falta de alimento, que las parejas de palomas adultas, no podían encontrar por el monte, para alimentar a los pichones.
Yo sufría al aprisionar a los pichones, para sacrificar sus vidas y consumir sus cuerpos, igual que iba a pasar con muchas vidas de los vecinos del Castillo de Siétamo, con sus cuerpos semienterrados por el monte. Estos, como los pichones al llegar al invierno pasarían hambre, al no encontrar alimentos y los ciudadanos del pueblo, la volvieron a pasar, al llegar este tiempo de Guerra, que intentó acabar con todo lo vivo en el ambiente. Al entrar los republicanos en la bodega del Castillo, se bebieron todo el vino que pudieron soportar sus cuerpos y el resto se derramó o más bien lo dejaron que se estropease por el suelo, entre la sangre de los heridos y de los muertos.

Plaza Mayor de Ola (HUesca).

Al llegar aquellos tiempos, se respiraba el conflicto de la Guerra Civil  y la niña PILAR CATIVILLA  de OLA, huyendo del pueblo de Ola, donde había nacido, llegó a Siétamo a casa de sus parientes, para huir del miserable ambiente de la Guerra Civil. Al llegar la Guerra, tenía trece años y cumplió catorce, al llegar el día 17 de Noviembre de 1936, con la Guerra comenzada.
Esta protagonista entre las víctimas de la Guerra del año 1936, que nació en Ola, pueblo muy cerca de Alcalá, la conocí años más tarde, siendo Veterinario, en Alcalá del Obispo, donde estaba casada. Dios protegió a PILARÍN, porque, después de acabada aquella Guerra Civil tan cruel y tan asesina, se conoció y se casó con Agustín Malo de Alcalá del Obispo, pueblo muy cercano a aquel en que nació PILARÍN  llamado OLA. A este hombre lo conocí, cuando estuve de Veterinario de Alcalá del Obispo. Era Agustín un hombre íntegro y honrado. Cuando el Señor  Artero, agricultor de Alcalá del Obispo, ordenaba siempre a Agustín, que se colocara detrás de la máquina sembradora y éste, siempre estaba pendiente de los mandos de la sembradora, para que surgieran bien las semillas de trigo, que iba sembrando. Así como carecía de habilidad para hablar, tenía un cerebro que pensaba con gran acierto y conseguía que el Señor Artero, recogiera una excelente cosecha de Trigo. Cuando yo iba por Alcalá conversaba con Agustín, pues aunque tenía dificultades para hablar, tenía un cerebro privilegiado, que hacía posible que él y yo, nos entendiéramos maravillosamente. Recuerdo las escasas veces que yo tenía la suerte de comunicarme con el señor Agustín, siendo Veterinario de Alcalá del Obispo.
Nació PILARÍN en casa Cativilla de Ola, donde vivió con su hermano Fernando Cativilla Seral, padre de Fernando, amigo mío, pero como su padre había enviudado, volvió a casarse, teniendo otra hija, que tuvo otro segundo apellido que su hermano Fernando.
Nada más llegar la Guerra a Siétamo, a medida que avanzaba el Ejército Republicano, éste se iba apoderando de las casas vecinas, en que se resguardaban  los que estaban con la niña Pilar Cativilla, que tenían la necesidad de agujerear la pared de la casa donde estaban, para pasar a otra, más cercana al Palacio de los Condes de Aranda. ¡Qué procedimiento más salvaje el de los conquistadores de Siétamo!, porque para ganar tiempo, incendíaban las casas, para llegar a conquistar el Palacio. En estos tiempos la que entonces era la niña Pilar, me ha contado con sus noventa y ocho  años, los sentimientos de su corazón, tan sensible entonces como ahora, y comentándome aquellos días, me dijo: “al incendiar todas las casas, los cerdos y las burras, chillaban de horror, pidiendo auxilio”. Es que la niña Pilar, de la misma forma, estaba también muerta de miedo, ante aquella situación próxima a la muerte, como me declaró a mí, en la misma ocasión.
Por fin, llegaron las tropas del Ejército y los milicianos al Palacio o Castillo del Conde de Aranda, pero no fue esa llegada un triunfo sobre los sentimientos dolorosos de las familias, que huían de la muerte. Allí, según me dijo la que entonces era la niña PILAR, : “estaba dirigiendo la defensa,  el Teniente Soto. Todos creíamos en él y lo seguíamos como si fuésemos corderos”. El teniente Soto, cuando ya no encontró esperanza en la victoria de su lucha, pensó en escapar del Castillo y gritó: ¡Que se salve, quien pueda, y que me siga!. ¿Quiénes estaban allí?. Estaban muchos defensores de Siétamo y gente sencilla llena de horror. Pero entre ellos estaba Mosen Marcelino Playán, párroco de Siétamo y nacido en Antillón, del que la prensa “roja”, anunció varias veces haberlo matado, pero que, acabada la Guerra, siguió de Párroco en Siétamo. No me extraña que hiciera cantar sólo al “Zurdo”, después de misa en Siétamo, acabada la Guerra. La Guerra vuelve locos a todos los que se ven envueltos en ella. Estuvo un doctor Médico, llamado el Doctor don Luis Coarasa, que fue amigo mío, nacido en el pueblo de mi mujer, es decir en Torralba de Aragón. Todavía vive una señora, llamada Pepita, que su madre cansada de la marcha por el mote y horrorizada por el miedo, abandonó a su hija en aquel espacio, dominado por el fuego de las balas, pero Don Luis Coarasa, el médico, se la hizo recoger y todavía está llena de vida. El cura y el médico animaron a los huidos del Castillo de Siétamo, y entre carrascales y el barranco, los guiaron hasta que llegaron al Estrecho Quinto.
Una vez en la altura del Estrecho Quinto, los soldados bajaban a buscar de los huertos de Quicena, lo que podían cargar en ellos. Los pobres soldados tenían sus rostros morados y sus cabezas llenas de piojos.
La zona de Estrecho Quinto,compatida entre Siétamo y Loporzano, fue el lugar en que se estableció durante bastante tiempo, el frente entre los republicanos y los huidos de Siétamo. Desde aquel extremo de los Sasos de Loporzano, a una altura considerable, se observa una visión panorámica, de la Siera de Guara, con la presencia al Sur de ella del Castillo-Monasterio de Montearagón, entre los mallos de Salto Roldán. Al fondo se exhibe la ciudad de Huesca. Desde este punto de observación del paisaje, en este extremo de Estrecho Quinto, convertido en un punto de lucha, los refugiados de Siétamo estuvieron luchando un tiempo, desde el doce de Septiembre, hasta el día treinta del mismo mes.
Y este punto de la Cruz del Estrecho Quinto, es un observatorio desde el Somontano de Siétamo-Loporzano, de la Sierra de Guara. En el año de 1936, el Ejército Republicano, encontró en dicho punto, una resistencia de los militares franquistas y de los paisanos, entre los cuales estaba PILARÍN CATIVILLA, que huían del terror de los fusilamientos. Fue el lugar de Estrecho Quinto, un punto de resistencia de los vecinos de Siétamo, ayudado por escasos militares, que evitó la inmediata toma de la capital de Huesca, por parte de los milicianos.
En el “Homenaje a Cataluña”, escrito por George Orwell en 1938, acusa al Partido Comunista (PCE)  y a la Unión Soviética del Anarquismo español, que supuso el triunfo de los falangistas.  
Pilarín Cativiella de Ola, estaba sufriendo una Guerra cruel, realizada por diversas ideas políticas y ella como casi todo el pueblo español, ignoraba los motivos de esta matanza de los años desde 1936 hasta 1939. Luis Coarasa, el médico, que salvó la vida de la pequeña niña Pepita, estaba en todo momento pensando en la forma de salvar las vidas de los huidos de Siétamo, pero  Pilarín  de Ola, sufría el hambre y su pensamiento, intentaba consumir alimentos, para su cuerpo de pocos años.  Dijo el periódico La Vanguardia que trescientos hombre y unos cien vecinos de Siétamo, permanecían a aire libre, en lo más elevado del Estrecho Quinto, pasando hambre hasta el día 29 de Agosto de 1936.Salieron de Siétamo el día doce de Septiembre, para ocupar el Estrecho Quinto. El día treinta del mismo mes de 1936, con grandes dificultades se retiraron a Huesca.
En aquella retirada iban Pilar Cativilla de Ola y Concha Ferrando de Siétamo, que no quiso volvez a su pueblo natal,  hasta que se acabó la Guerra, Igual que Pliarín Cativilla que vovió a Ola y de ahí fue a casarse a Alcalá del Obispo.
De la misma forma que hoy, día del mes de Abril de 2016, he venido a esta Edificio de la Caridad, en Huesca a visitar a Pilar Cativilla, recuerdo que también en otros tiempos, acudí a esta Residencia de “Las Hermanitas de los Pobres”. ¿A quién fuí a ver hace ya bastantes años a esta Residencia?. A la “Siña” Concha, que antes de la Guerra, nos cuidaba a mis hermanos menores que yo, Luis y Jesús y a mí mismo. Arrimado a la cama de su muerte, me acordaba de cuando tenía cinco años, en Siétamo y antes de la Guerra. Me cogía de las manos y me gritaba:”Hijo mío, ¡ladrón!, tú tendrás cien años de perdón”. “De lo que se deducía que  aquí, en España, ya había muchos que aspiraban a ser ladrones de gobierno, porque a mí mismo,  me decía: ”Inacier, tú serás ladrón de Gobierno!. No lo consiguió, pero veía un buen porvenir en esa profesión, pues hasta los rusos, se llevaron el oro de España”. Ahora, en el año de 2016, siguen saliendo ladrones cerca del gobierno de España. “Como he dicho, iba a verla al lecho donde había de morir y me cogía de la mano y no la soltaba. Ya nos había salvado la casa de Siétamo de un incendio, donde Durruti, encontró su despacho, al conquistar Siétamo y ahora le dolía tener que separarse de mí. Yo creo que algún día, nos volveremos a ver en la otra vida”. Por fin salieron de Estrecho Quinto, la “siña” Concha y la casi niña Pilarín Catevilla, acompañados de los que habían, hasta entonces escapado de la muerte.

En Huesca volvió Concheta a convivir con mis tíos los de Casa Llanas y Pilarín con su hermano Fernando Cativilla Seral, padre de mi amigo Fernando, que había podido escapar a Huesca capital. Pilar se casó más tarde con el buen Agustín Malo de Alcalá y allí conocí a sus hijos buenos y trabajadores. 

sábado, 23 de abril de 2016

LAUBURU en Vascongadas y en Aragón



Los aragoneses al lauburu, lo conocen algunos con el nombre de “relligada”, que quiere decir “atada”, como si se hubieran ligado ente sí, como forzadas, las cuatro hojas circulares o extremos, de una cruz gamada o lauburu.
Ahora se hace una enorme propaganda de los lauburus vascos, y están casi olvidadas las “relligadas” aragonesas, que son los mismos instrumentos antiquísimos y que casi nadie los venera, con tal nombre  de “lau”, que significa cuatro y “buru”, que quiere decir cabeza. Hay quien conoce al lauburu como Cruz Vasca o esvástica y hay quien les dió el nombre de “relligadas”, cuando el idioma vasco se prohibió usarlo en Huesca, según Don Federico Balaguer, el año de 1350. En Aragón  es extraño que además se busquen otros nombres de distinto  origen,  cuando los  lauburus,  se han denominado como tales, durante siglos, en Aragón. ¿Quieren los vascos y muchos aragoneses, olvidar el nombre de lauburu, cuando en pueblos aragoneses  y vecinos de Navarra, conservan los nombres vascos de Alerre, Ayerbe y Chabierre o Jabierre y Ligüerri?. Arbaniés está debajo de la Sierra de Guara y en esta misma Sierra se encuentran los restos del pueblo de Isarre, así como cerca de la navarra Sangüesa, se encuentra el aragonés pueblo de Isuerre.
 El lauburu lo han convertido en un símbolo, como el más  significativo  de la identidad vasca.
 Este símbolo se aprecia en todo el País Vasco, principalmente en Pamplona, con el que quieren identificar algunos la política, y la mayoría de  la identidad y de la cultura vasca.
En tanto los aragoneses que poseemos multitud de lauburus por todo nuestro territorio, no nos acordamos de él y muchos aragoneses ya no saben si existe la Cruz de las cuatro cabezas, como algunos recuerdan a aquellas cabezas moras, que había en la Plaza del Castillo de Pamplona, enterrados bastantes moros. En el escudo de Aragón se exhiben  cuatro cabezas cortadas de moros. El lauburu es hoy uno de los símbolos, que caracterizan la identidad de Vascongadas., y los aragoneses nos olvidamos de tal símbolo. No es raro pensar en las cabezas de los moros, en aquellos tiempos de la Reconquista, en que algunos identificaban cuatro cabezas moras en un lauburu  y en algún escudo.
El lauburu es una cruz con brazos curvos, que a veces se han representado cuatro (lau) con sus cabezas (burus), que en otros tiempos algunos han identificado con los lauburus vegetales o trébol de cuatro hojas.
Francisco San Roman en Arbanies (Huesca).
Pero yo no me puedo olvidar de tales signos, porque en el pueblo de Arbaniés, de nombre casi exactamente igual al de Arbuniés de Navarra, en una casa donde ya no vive nadie, porque se va  despoblando Arbaniés, pueblo en el que vivió, el todavía vivo señor Francisco San Román. Antes de la Guerra Civil, cuando todavía era un niño, repartía el pan por los pueblos cercanos, como Castejón de Arbaniés, Loscertales y Coscullano. En Coscullano, en el armario de una vivienda se exhibe un lauburu, tallado en madera. Y a la casa de Arbaniés, en la que nadie vive, le saqué una fotografía, delante del portal. En la piedra clave del arco pétreo, que sujeta la puerta de madera de la casa, está tallado  un hermoso lauburu. Está comunicado con la punta de un corazón tallado también  en piedra, que parece sostener el lauburu con su punta inferior, convertida en superior, pero éste no tiene sus cuatro hojas inclinadas hacia la derecha, sino hacia la izquierda.
¿Qué querrían decir los que en aquellos tiempos tan remotos, hacían girar unas veces las extremidades del lauburu, hacia la derecha y otras hacia la izquierda?
Desde luego que los usuarios de los lauburus, los usaban  como unos instrumentos sagrados, que servían a los hombres para regirse, por el tiempo de las lluvias y por las épocas de sequía y por los fenómenos, no sólo atmosféricos, sino del  pasado y del  futuro.
 La forma geométrica representada por una cruz gamada, es y ha sido un símbolo muy antiguo, que se ha usado en muchas culturas, extendidas desde Extremo Oriente, el Tibet, y que se ha registrado en Europa ,como en Finlandia, la Europa Occidental, sin olvidarse,  incluso  de la América del Norte.     
Yo, casi todas las veces que paso por Arbaniés, paro el coche y me pongo a contemplar el hermoso y original lauburu de piedra, que se alza en el vértice del arco central del portal, de una casa.
Un día cualquiera  subí a mi amigo Francisco, a contemplar el lauburu de la casa de Arbaniés, donde vivió antes de la Guerra, durante ella y unos años después. Se fijó en el huerto con su balsa, sus higueras, sus manzanos y membrilleros,  donde ya no había verduras ni frutos, porque hacía ya muchos años que ya no cultivaba nadie su escasa tierra. Arbaniés está al pie de la Sierra  de Guara, como el pueblo de San Román de Panzano, donde nació Francisco y su corazón estaba embriagado del recuerdo de su vivienda, conocida como casa Bosque, donde había nacido. Pero lo que recordaba con emoción  más vieja era el viejo lauburu,  como si fuera un escudo, como tantos se exhiben por el Somontano de la Sierra de Guara, que todavía luce en el arco de piedra. Producía en el cerebro de Francisco esa vejez del lauburu, una confusión que ya le había hecho perder, el arte de distinguir un lauburu de un escudo de los infanzones. Le pregunté si recordaba el laububu, que presidía el portal de su casa natal. Me dijo que recordaba dicha piedra esculpida, como uno más de los numerosos escudos, que se alzan en el Somontano de Guara, pero que en su memoria no se conocía la existencia de aquellos antiquísimos lauburus, navarro- aragoneses. No tenemos los aragoneses en nuestro cerebro el recuerdo de esa riqueza cultural, pero el corazón de Francisco estaba bañado por la historia y por el amor a su olvidada tierra. Hoy se encuentra solo el lauburu en Casa Bosque, como llamaban a la de Francisco y este señor  vive en Huesca. Estaba dicha Casa Bosque, muy cerca de la  Casa del cucharero, que tallaba las cucharas en madera. A su lado estaba Casa Marco, que se dedicaba a la agricultura, labrando la tierra con una yunta de vacas. En Casa Bosque, Francisco convivió con el señor Pablico y su señora María. Hoy en día el lauburu  está solo, pero antes se formaban corros de amigos, en la puerta debajo del lauburu, y hoy en día, ya no aparece por sus cercanías ningún vecino, pues los que no murieron se marcharon a Francia. Y en el pueblo de Arbaniés del Ayuntamiento de Siétamo, se acabará su relación, con el lauburu totalmente, pues a pesar de tenerlo en la puerta de  Casa  Bosque, durante muchos años, ya no se conocía el habitante de la casa y su lauburu. Dicho lauburu es el más bello del Somontano oscense. Cerca de él,  en Coscullano, se encuentra otro, tallado en la puerta de un armario. En Velillas se exhibe, otro esculpido en piedra y en Torres de Montes hay dos parejas,  de los que uno gira hacia la derecha y otro hacia la izquierda.
Al acabar la Guerra Civil, hay quien afirma que   emigró  un setenta por ciento de su población. Francisco tuvo también que emigrar a la provincia de Gerona, donde permaneció unos sesenta años.   
¡Qué pena, que Francisco, hijo de la Sierra de Guara, no supiera que lo que él creía un escudo, era sencillamente algo más antiguo, un lauburu!. Porque en las proximidades de Arbaniés, no están solamente, el lauburu, por debajo del cual entraba y salía en su vivienda durante muchos años, el de Coscullano, el de Velillas y los de Torres de Montes, sino que por el Norte y el Oeste, se alzan una gran cantidad de lauburus.

Mi amigo Francisco, es poeta y siente en su mente los recuerdos, que le proporciona su casa de Arbaniés,pues afirma en una de sus poesías:”Arbaniés,este es mi pueblo, aquel que sufrió la guerra- de terrenos muy ariscos, y el llano junto a la Sierra,- con gentes trabajadoras, sin riqueza,en esta Tierra- con sus campos de secano y esasa casas con miseria”.Su corazón entristecido como aquel en que está depositado el lauburu,piensa: “Mi voz debe de sonar,debe sonar,mientras viva- y pensar que mi familia nunca abandone mi Tierra.-Mu voz debe de sonar, a música mañanera-de guitarras y bandurrias y los cantos de mi Tierra”.
En el pantano de Vadiello, por donde pasa el río Guatizalema, que continúa por Arbaniés , se encuentran los Mallos de Vadiello, entre los que se encuentra el Mallo de Ligüerri y los Llanos de Larri. Forman todos los Mallos que se alzan como grandes paredes, aisladas alrededor de Vadiello, como una muralla alrededor del pantano. El río Guatizalema discurre por debajo de los mallos de Ligüerri, y se van encontrando con el río, los Barrancos de Escometere y de Lazas. Entre aquel paisaje original, a escasos kilómetros de Huesca capital, se encuentra el Barranco de Isarre junto a los Mallos de Ligúerri y por los mallos de Lazas. Esco,  en vasco quiere decir pan, pues es un pueblo muerto a orillas del Pantano de Yesa. En Vadiello se une la palabra “esco”, unas dos veces, con otras palabras
En el vocablo latino, al lauburu se le llama lábaro. Han sido también utilizadas esvásticas curvilíneas con cuatro o más brazos, en Aragón. En algunos pueblos pirenáicos, llaman “cuatro fuellas” o “religadas”, a estos lauburus. Puede también tener su origen el lauburu en el trisquel y el tetrasquel, encontrados en Vizcaya.
 La Humanidad siempre se ha preocupado de la Creación del Hombre y se ha preocupado de su origen y de su porvenir y el hombre se ha preocupado en todos los lugares de la Tierra, de comunicarse con Dios o con los dioses. Y el ser humano se ha preocupado de conocer a Dios, identificándolo, a veces, con el sol, para conocer las edades de la Humanidad. Y se preocupó con los lauburus, de conocer la vida y la muerte. Si el lauburu gira a la derecha, representa la vida, y si gira a la izquierda, representa la muerte. Es también un símbolo de la energía o nulidad masculina y un profeta a de la debilidad femenina.
“Cuatre fuellas”,aparece escrito en un lauburu de Casa Casalera, en la Montaña oscense. Ha sido el lauburu un instrumento que ayudaba a pensar en hechos religiosos o históricos, con recuerdos pasados por la sociedad y con profecías. Para eso la imaginación del hombre, dispuso de varios instrumentos, como el  lábaro o él lauburu, para tratar de aclarar su pasado y su destino. Su origen en la Historia es insondable, pero el lauburu  sirve de asociación del pensamiento humano entre cristianos y paganos, pues ambas mentalidades han pensado y piensan en el pasado y en futuro. Se usaba el lauburu como un amuleto, ya en tiempos prehistóricos, considerándolo como un símbolo del Sol. Dicen que las cabezas de la vertical dan a mostrar la expresión femenina o los elementos del fuego o del agua. Las cabezas horizontales representan la energía masculina, unas veces mental y otras físicas y también las acciones del aire y de la Tierra.
La antigüedad representa que al lauburu no se le conoce la fecha de su nacimiento y que estos signos primitivos, representan a toda la Humanidad, que tiene un origen común.
Está Aragón lleno lauburus, como hemos visto, alrededor de Siétamo, pero es muy fácil encontrar otros por toda la Provincia. He comenzado por el lauburu de Casa Casarela del pueblo de Pueyo de Tena y repasar los de Susín Biscarrués, Biel, Larués, Orés, Santolaria de Gallego, Piedra Morrera, Ardisa y Valpalmas.

A toda la Humanidad representan los lauburus o esvásticas, como ve en esas cruces, que en su interior, se ven cruces cristianas.

Cruz de Bidarray (Francia)

En Francia, al lado mismo de la frontera con Huesca se encuentra Bidarray, en la Baja Navarra y en su Cementerio se encuentra una Cruz, con un lauburu en su centro.


Cruz de Fanlo (Huesca).

Pero el mismo caso se presenta en Fanlo de Sobrarbe, con una Cruz de Piedra, en cuya cara, se exhibe un Lauburu. 
Piedramorrera (Huesca)
En Piedramorrera se encuetra otra cruz, con un lauburu incorporado a ella.
Pila Bautismal de Fago (Zaragoza).
Y en la Pila Butismal de Fago en Zaragoza, se manifiesta con gran claridad y buen gusto un lauburu.
Esta pila bautismal puede servir para volver a Aragón los lauburus que derraman los navarros. Y si antiguamente las pilas bautismales, se utilizaban para dar a los humanos un porvenir cristiano, hoy tendrán que señalar además el porvenir material del pueblo aragonés.

lunes, 18 de abril de 2016

Cuando las casas hablan



Justamente donde la Urbe oscense se acababa, hace de esto unos sesenta o setenta años, subiendo por el Coso Alto y allí donde tan noble calle o avenida se bifurca, en su lado izquierdo comienza la Avenida de Monreal y en ella se encontraba la casa de la madre de mi amigo López. El Coso Alto se separa en dos calles, una la Avenida de Monreal y otra por la Calle Costa.  Se pusieron carteles donde están señalados los nombres de ambas calles y separados el uno del otro, a unos tres metros y medio.
El nombre del Coso Alto se puede leer en el límite de la última casa de tal calle, que está como nueva, y el cartel en que está escrito el nombre de la Avenida de Monreal, pende de la primera casa del lado izquierdo de dicha Avenida. La casa que soporta dicho cartel no está nueva, porque yo al recordar otros tiempos, en que acudí a ella acompañando al hijo de su dueña, se me representan en la memoria la belleza de dicha dueña y el carácter arquitectónico de la entonces hermosa casa.
Tendríamos ambos amigos, Toñín y yo, unos diez años y unas ganas enormes de jugar, de ver los animales, de amar y ser amados por otras personas y de contemplar la originalidad de la arquitectura de los edificios, como la  de aquel,  que estaba construido como la primera casa de la Avenida de Monreal.
En la casa, propiedad de la madre de Toñín,  que viéndola entrar en su piso, me dejaba anonadado por su belleza, su elegancia y por otra parte su soledad, porque ya no vivía su querido esposo. Parecía estar esperándolo, dentro del piso y por eso no estaba, cuando yo iba acompañando a su hijo, con su ropaje descuidado, sino que iba  muy bien vestida y con su peinado impecable, que rodeaba aquella cara hermosa y triste al mismo tiempo. Al entrar su hijo parecía que su rostro se iluminaba y a mí, me trataba con cariño. Poco tiempo estábamos en la vivienda pues luego, bajábamos del piso por una escalera al jardín y al huerto. Otras veces entrábamos directamente al huerto, por un portal, que hoy está tabicado, como si fuera una puerta falsa, por la que  podían pasar carros y parejas de mulas para labrar y llevar estiércol. Por esa puerta entrábamos a recorrer el jardín y el huerto, aquel exhibiendo sus flores y éste sus lechugas, coles, pepinos y calabazas, que el hortelano regaba con la acequia por la que corría el agua. Al lado de la acequia unas viejas higueras te invitaban a comer algunos de sus dulces higos. Desde los cristales de la ventana posterior del piso, se veía el paisaje descrito, que resaltaba a la casa, dándole el doble aspecto de su elegante arquitectura, acompañada o adornada por la Naturaleza, que con sus aguas regaba las flores y las frutas.
Entonces no estaban todavía construidas las casas que ocupan sus lados, ni las de enfrente, pero la casa de mi amigo Toñín resultaba agradable al mirarla  y al contemplarla.
Toñín era generoso y cogía para sus amigos huevos de la pequeña granja, que estaba al lado del huerto, para que el olor, los cacareos de las gallinas  y los insectos no molestaran a los habitantes de la casa y aquellos huevos, haciendo una pequeña hoguera, los cocía y transformaba en huevos duros, que con gran placer nos comíamos, acompañados con unas hojas de lechuga.
No  sé en qué  año se construiría la casa  ni quien la hiciera, pero al pasar por delante de ella en estos años primeros del 2.000, en mi corazón se han juntado el recuerdo de su bella señora viuda, dueña del edificio y de su hijo, gran amigo mío, que siempre iban elegantemente vestidos, con la desagradable presencia de la vejez, que se llevó a la señora y que se ha apoderado de su fachada, que al mirarla me produce una horrible congoja.
En la mitad del siglo XIX, se buscó una arquitectura guiada por la tecnificación, en la que había que destacar una racionalidad constructiva, en la que dentro de la belleza, se buscara la comodidad y el aprovechamiento del terreno, pero generalmente se tendió a la proliferación de la plasticidad de las fachadas, recargándolas de elementos decorativos.
Esos elementos decorativos ya no estarían basados en la piedra y en los mármoles, sino en el cemento, con el que están construidos  las puertas y ventanas, los balcones y los  “canetes”  del alero. En la fachada se ven geométricamente unos mosaicos verdes con una flor en el centro. Encima del balcón hay una figura de cabeza femenina, que a mí me recuerda a la dama viuda, hermosa, madre de mi amigo y sueño que cuando derriben la casa, alguien la guarde, la recomponga y exponga en un lugar agradable de su casa.
Así como el puente colgante de San Miguel, construido en 1917, contrasta con la piedra de la iglesia del convento, la casa de la dama ha mirado desde que la construyeron a la Casa del Barco, donde se encontraban los jardines del Señor Abarca, con su noble escudo, que se conserva en el jardín de la casa de Don Eliseo Carrera.
En Huesca hemos acabado con numerosas obras  arquitectónicas como el Convento de San Bernardo, la Sinagoga de Barrio Nuevo, la casa de Carderera, el Teatro principal y estamos viendo cómo se arruinan las murallas y la casa de la Avenida de Monreal.
No sólo hemos de tener presente el respeto a las piedras, sino también el amor a las personas que crearon  esos monumentos, unos con su trabajo manual y otros con su esfuerzo intelectual. Me acuerdo en estos momentos de mi tía Pilar Carderera Almudévar, que con sus ropas antiguas, con su mantilla y apoyada en su bastón, la encontraba caminando por esas calles oscenses y otras veces me recibía en su casa noble y bella. En aquel patio encontraba a sus porteros, él gran músico que dirigía la enseñanza de tal arte y su físicamente gruesa, amable y siempre sonriente esposa, que eran ambos naturales de mí y de su pueblo de Siétamo.   

Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente para Él. Los hombres debíamos también tener presentes a nuestras mujeres y a nuestros hombres del pasado juntamente con sus monumentos.

viernes, 15 de abril de 2016

Biscarrués y Ardisa, a orillas del Río Gállego

Castillo de la Ballesta , Ardisa (Zaragoza)

El verano pasado del año 2011, me llevó Antonio Ballarín, nacido en Velillas,  al lado mismo de mi pueblo de Siétamo, a una plantación de manzanos, que plantó, a orillas del Gállego.  Antonio ama a su pueblo, donde pasó gran parte de su niñez y a veces, siendo un hombre de eterna sonrisa, al recordarme alguna aventura, pasada en Velillas, se le pone el corazón, como si fuera una esponja, que mojada por  aquel pueblo, tan alegre, tan triste, entonces tan poblado y ahora casi desierto, parece que quisiera derramar ese exceso de agua de su corazón, en forma de lágrimas. Yo, del vecino pueblo de Siétamo, fui a estudiar a Zaragoza la carrera de Veterinario, para acudir a secar las lágrimas que la Guerra con sus cañonazos, que en mi pueblo, habían producido en mi persona.  Quizá por esa coincidencia, un día que me invitó Antonio a subir a su plantación de manzanos, situada en la orilla izquierda del Rio Gállego, frente al zaragozano pueblo de Puen de Luna, que se encuentra en la orilla derecha de dicho río , en la provincia de Zaragoza, acepté rápidamente. Fuimos por Almudévar y subimos desde  Puen de Luna, después de cruzar el Gallego, hasta el frondoso bosque cultivado con técnicas modernas, como el riego por aspersión, las redes de telas de plástico, que libran a las deliciosas manzanas que en él, se crían, de las tormentas que crueles, lanzan sus piedras de granizo. Por  su parte alta, corre un canal que toma las aguas del río Gállego, en la presa de Ardisa, con el que van goteando los manzanos. Al otro lado del canal, se alzan unos montes, revestidos de carrascas y de pinos, a los que así llamo, porque   creo que son mayores que los clásicos tozales. En este viaje nos introdujimos por ellos y contemplamos unos campos cubiertos de yerbas secas, porque estábamos en Enero, en lo más crudo del invierno y pasamos por uno de ellos, de secano, que si estuviera en Velillas o en Siétamo, todos los años lo sembraríamos de trigo. Pero allí, que es una zona de canales, sólo se aprecia para cultivarla,  la tierra regable. En otros tiempos la hubieran “corrido” para pastarla, los  rebaños de ovejas, que ya no quedan por esas hermosas,  pero deshabitadas tierras. A un momento dado apareció ante nosotros un espacio de cierta extensión, que estaba labrado,  pero no con las tejas que arrastran  los tractores ni las mulas, sino por los colmillos de los jabalíes, que tienen en aquellos montes, vestidos de enormes pinos, un refugio privilegiado. Ahí reina la paz, porque en un carasol, oculto para los que pasan por la carretera, unas cien colmenas de abejas, que son las reinas obreras, más felices, en aquellas montañas.
Bajamos después a ver al encargado de podar, de labrar y de regar los árboles frutales, que estaba recogiendo las tijeras “podaderas”, movidas por la electricidad, acumulada en una batería. Era el primer habitante de las Cinco Villas, que pude ver durante esta excursión. Tenía escasos  años, pero su cabeza reflejaba con sus palabras sabias, los pensamientos, que le inspiraban aquellos manzanos, que por el Este ascendían hacia la montaña y por el  Oeste, bajaban, precipitados  hacia abajo, es decir hacia las orillas del río. Estaba sólo casi todo el día, o más bien acompañado por los árboles y se sentía feliz,  porque en Zaragoza,  que es una gran ciudad,  no lejana de la finca que él cultivaba, muchos jóvenes no encontraban trabajo, escuchando músicas y ruidos, a veces repugnantes, mientras él oía los cantos de los numerosos pájaros, que cantaban en los árboles, que él estaba podando. Tomó Antonio una pieza averiada para llevarla a un taller mecánico,  que se encuentra en  Piedratajada, en la provincia de Zaragoza. Yo observé el rostro del muchacho, porque se ven en sus habitantes rasgos vasco-ibéricos, pero en su cara asomaban unas pecas, que marcaban algunos orígenes de los visigodos, que ocuparon estas tierras y las de la vecina Navarra.
Marchamos felices a Piedratajada,  y allí en un amplio espacio, estaban la casa y a su lado el taller de un mecánico, de aspecto joven, con su pelo de color rubio, que como el tractorista, encargado de la finca de los manzanos, hacía pensar en las diversas razas que ocuparon estas tierras. Estaba trabajando,  con su guardapolvo de color verde. Le dio Antonio el encargo y después nos pusimos a hablar y a hablar, sin que faltaran motivos para comentar. Yo al ver los carteles, escritos al lado de la puerta del taller, le hice observar lo semejante que era su profesión, con la de los médicos, que procuran reparar a los individuos urbanos, mientras él trataba de mantener fuertes las máquinas, que el hombre ha inventado para facilitar sus trabajos. Los médicos observan el corazón que reparte la sangre por todo el cuerpo mientras él, cuida el motor que con el gasoil  impele la marcha del tractor. Y en aquellos momentos subía por la carretera un tractor verde con dos vecinos del dueño del taller; si, un tractor, que parecía alegre como alegres sonreían los dos vecinos de Piedratajada, que lo manejaban. E iban alegres porque en el remolque, asomaban leñas secas de varios  árboles del pueblo, como las ramas  de una vieja noguera, que aquella noche iban a quemar para honrar a San Fabián y a San Sebastián. ¡Que alegría vivimos los tres vecinos de Las Pedrosas, Antonio el de Velillas y yo Ignacio, el de Siétamo!. Yo, contagiado por aquel espíritu abierto de aquellos  cincovillenses, me puse a gritar :”VI VA SAN FA BIAN Y  SAN  SE BAS TI AN”  y Antonio  completó la letra de coplas de picadillo. En tiempos pasados se quemaban las hogueras, en varios barrios y el más viejo de los que encendía una, gritaba: ”¿Quien es más agudo, el que come queso o el que come pan?” y los vecinos de otra hoguera, contestaban: ”El que come queso” y los que se estaban calentando el cuerpo en otras hogueras, calentaban los ánimos de todos los vecinos de Piedratajada,  gritando :”En el culo me des un beso” y si les habían contestado que era más agudo el que come pan, le respondían: ”En el culo te muerda un alacrán”.
Estos dos santos son patronos de los médicos y fueron martirizados en los primeros tiempos del cristianismo. ¿Desde entonces se cantan alrededor de las hogueras ,cantos en su honor?. No , porque ya se celebraban  ceremonias de esta índole, en plena Naturaleza, desde antes de que nacieran estos santos, pues los hombres primitivos ya encendían hogueras, para adorar a los dioses y entregarse a ellos ,corriendo descalzos, por encima de las brasas, que quedaban después de arder las hogueras. Dicen que en un pueblo de Soria, todavía pasan sus habitantes sobre las brasas. Y esto es una verdad, porque yo me acuerdo de que en mi pueblo de Siétamo,  antes y algunos años después de la Guerra Civil, pasaban varios hijos del pueblo, descalzos sobre las brasas y algunos como un mozo de casa Trullenque, acomodaba a un niño sobre sus hombros y, tal vez, sin darse cuenta estaba adorando al Creador y deseando un buen porvenir para el niño,  que sobre él, participaba en el misterio del fuego.

Los vecinos de Piedratajada, generosos y amantes de las tradiciones, nos invitaron a quedarnos a participar en la quema de la hoguera y a su alrededor gozar de una espléndida cena.¡Que me perdonen ,porque yo debía haber respetado su comunicación con los santos, a los que querían acercarnos!. Aquellos benditos vecinos de Piedratajada están cerca de la gran urbe zaragozana, pero están todavía más cerca de Dios, porque conservan las primitivas relaciones de sus antepasados con el Creador de la Naturaleza.  

martes, 12 de abril de 2016

Sancta Maria, Mater Dei

Virgen del Viñedo (Huesca).


Al rezar el Ave María, le pedimos a la Virgen : Ora pro nobis pecatoribus. La humanidad se conoce como una especie débil, que cae con frecuencia en el pecado. En la Primera Epístola Universal de San Juan Apóstol (I Juan, 4), dice : “Dios es amor” y “el que permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza en el día del juicio”. Porque Dios nos ama, nos perdona nuestros pecados.
Estamos en el mundo y observamos distintos animales, unos nos complacen  y otros nos parecen nuestros enemigos. Unos vuelan como las golondrinas, otros viven en el agua, otros nos son útiles y otros están siempre atemorizando a los hombres. Pero los animales permanecen en el mundo por su anatomía y su fisiología y parece que por un principio de amor, pero no tienen una mente libre, que les de facultades para obrar el bien o el mal. Cuando uno observa las golondrinas, en sus nidos, en la Ermita del Viñedo, al lado de Huesca, ve en ellas una creación del amor de Dios.
Nos damos cuenta de las virtudes de unos y de otros animales, pero NO PIENSAN con profundidad, y uno saca la conclusión de que han sido formados a base de materia y que han sido creados para que el hombre aprenda sus costumbres y sus usos, como la natación, el vuelo, etc.  Los hombres observando el vuelo de las golondrinas, ha imitado al Creador, consiguiendo volar sobre nuestros cabezas.
En los animales se ve su composición más material, que en el hombre, pues San Pablo, en la controversia de Antioquia, dijo: “El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo”(Rm 14,17). En esta afirmación de San Pablo se adivina que la naturaleza del hombre es superior a la de los animales, cuya vida está totalmente dedicada a alimentar materialmente sus cuerpos, en cambio el hombre, además de alimentar su cuerpo, “tiene una misión superior, porque el Reino de Dios se basa en la fe en Cristo y se concreta en el servicio a sus hermanos. Estas actividades se hacen no con la materia, sino con el espíritu”. Nosotros encontraremos “el núcleo más profundo de la Ley: el amor a Dios y al prójimo”. El hombre será LIBRE cuando “ame a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”.
Pero en Mat.26; 26, pone: “y mientras comían, tomó Jesús el pan y lo bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad y comed; esto es mi cuerpo”. Pero la composición del Cuerpo de Cristo “ no es comida ni bebida, sino JUSTICIA,  y  PAZ  y GOZO en el Espíritu Santo) ,(Rm 14, 17).km.
 “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Juan 6:51-58).En el 58, dice: “Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre”.
El hombre está investigando la antimateria, la materia oscura y la energía también oscura.”Todavía no se han encontrado totalmente las partículas de Dios o bosones de Higgs, pero tan pronto se encuentren, dará lugar a una Física nueva, que nos llevará más allá del Modelo Estándar, a la Materia Oscura, igual que al origen del Universo”.
 De la misma forma que una persona es un sistema y dos un proceso, en que se activan una persona con otra, Dios quiere ser con su autoridad, parte de un proceso, que está organizado entre Él mismo y la humanidad y en ese proceso el hombre aprende a colaborar con Dios, igual que descubrió el vuelo en los aviones, mirando el vuelo de las golondrinas.
“Teilhard de Chardin sostiene que la materia del Universo está organizada en una larga cadena de complejidad creciente. La cadena comienza con las partículas elementales, sigue con los átomos, las moléculas, las células y los organismos individuales, se extiende finalmente a los agrupamientos complejos  constituidos por las asociaciones humanas”. Con los Bosones de Higgs,  no se ha encontrado todavía su misión, pero parece que Teillhard de Chardin, estaba dándose cuenta de que el conocimiento pleno de dichos Bosones, iba a dar la aparición de una Física Nueva.
Dice Teilhard de Chardin , “que por educación y formación intelectual, yo pertenezco a “los hijos del cielo”. Pero por  temperamento y por estudios, yo soy “un hijo de la Tierra”. Dice Teilhard de Chardin que: ”Entre las infinitas modalidades en que se dispersa la complicación vital, la diferenciación de la substancia nerviosa se destaca…..como una transformación significativa. Da un sentido, y por consiguiente demuestra que hay un sentido en la evolución”. La  Evolución nos lleva hacia una etapa de  espiritualización de la humanidad. Este es el sentido de la frase, que se expresa asi´: “El hombre que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día”. Estas palabras nos llevan a un sentido de espiritualización humana, pues el cristianismo es una religión natural. Hay profecías bíblicas que predicen una etapa de espiritualización humana, que hablaban de una Segunda Venida de Cristo, que equivale a la Parousia, pues Cristo dijo: “Yo soy el alfa y la omega, el primero y el último…”
Ahora vemos como coinciden la “Revelación” del Apocalipsis, con la preocupación que ha traído al hombre, junto con las situaciones de felicidad, lo mismo que ha pasado con el hallazgo del Bosón de Higgs.
El Apocalipsis prevé lo que ahora dicen que puede ocurrir con el conocimiento perfecto del Bosón de Higgs, que dará lugar a una entrada de Física Nueva. Con esta Física se podrá llegar a la perfección en la vida humana. Se podrá encontrar una vida mejor, entre otras cosas porque se  crearán “agujeros negros”, de un tamaño que permitiría echar basura en ellos. Se facilitaría el acceso a los planetas, ya que se podría usar la “gravedad artificial”. De la misma forma que los Fotones carecen de masa y pueden viajar a la misma velocidad que la luz, con los Bosones se podrá alcanzar la misma velocidad. Se podrá hacer uso de la “Gravedad Artificial”, con la que se podría acceder a los planetas. Pero se pueden esperar situaciones dolorosas.
El Apocalipsis y el encuentro total del Bosón de Higgs, crearán un mundo invisible, ”separado de nosotros como un vidrio, que es opaco de nuestro lado, pero transparente del lado invisible”. El Apocalipsis es un libro profético, que anuncia el Bien, con beneficios para la humanidad, pero avisa de persecuciones de los hombres buenos por parte del Mal y Higgs es como un profeta, que sobre un sencillo papel y un lapicero, anuncia bienes para el hombre, pero que deja prever un temor a la bomba de los Bosones, que puede causar grandes males.
¿Será el Mundo un Reino de Justicia y de Gracia, un Reino de amor y de paz?.El Mundo se perfeccionará con las profecías del Apocalipsis,que previene futuras acciones de persecución de los hombres buenos por parte del Mal y Higgs habla de la pequeña bomba de los Bosones.

Y los hombres nos acordamos al principio del artículo,  que dice: “Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis pecatoribus” y para acabar del “Regina Caeli”, que reza : “Reina del cielo, alégrate, aleluya. Porque el que mereciste llevar en tu seno, aleluya, resucitó como dijo, aleluya. Ruega a Dios por nosotros,  aleluya.

lunes, 11 de abril de 2016

Fray Pedro Malón de Chaide, Agustino

Iglesia Santa María Inforis (Huesca).


Este fraile agustino, escribió en Huesca, el Libro de la “Conversión de la Magdalena”, en la actualmente  restaurada iglesia de Santa María In Foris, al Este  del edificio que fue hace algunos años, Hospicio y después Residencia de Niños, para alojar y educar a los niños pobres y abandonados. Fue construido este templo en el siglo XIII. Dicen que a su lado había una pequeña cárcel, para recluir a las brujas. En el siglo XVI, los Padres Agustinos se hicieron cargo de la iglesia de Santa María de Foris, para fundar un Convento de Agustinos, al que pusieron el nombre de San Agustín.



Fr. Pedro Malon de Echaide Santuario Virgen del Romero , Cascante (Navarra)

Fray Malón de Chaide, nació en Cascante (Navarra) en año de 1530 y murió el de 1589. Residió en Huesca en el convento de la iglesia de Santa María de Foris o de San Agustín, desde 1578 hasta 1583, en la cual escribió su gran obra de la “Conversión de la Magdalena” y editó años más tarde en Barcelona en 1588.
 Al cerrarse el llamado Hospicio o Residencia de Niños, el Gobierno de Aragón y la Diputación de Huesca, el año de 2003, cedió este espacio a la Universidad de Zaragoza, para que hiciese uso académico. Hoy este espacio universitario, comprende también la iglesia de San Agustín, antigua iglesia de Santa María In Foris. En sus inmediaciones se hallan la Plaza de la Constitución, las piscinas del Almériz y el entorno universitario oscense.
Yo estuve en la Diputación Provincial, de Vicepresidente,  acompañando al Presidente, Don Aurelio Bierge, y fuimos a visitar a la Religiosa Directora, para hablar con ella, sobre el fin de la Diputación de Huesca en su actuación educativa y en la enseñanza de artes y oficios a los jóvenes abandonados, pero en realidad, lo que querían los opositores, era suprimir el Hospicio o Residencia de Niños. Se suprimió  dicha Residencia y esa voluntad  ejerció su actividad, unas veces en la Imprenta, otras en la Carpintería e  incluso,  todavía algunos oscenses nos acordamos de un hombre original y extraño, que con los mismos caballos que impulsaban los vehículos funerarios, de diversas categorías, con los que se transportaban los difuntos oscenses al Cementerio y cultivaban la huerta, en la que cultivaban verduras y patatas. Había auténticas carrozas funerarias, arrastradas también por caballos negros, más o menos adornadas, pero todas pintadas de color de luto, es decir negro. Los carros negros, de categoría inferior, lo mismo que las carrozas funerarias, iban desde las iglesias,  donde se hacían los funerales hasta los Porches, en compañía de los amigos y parientes de los difuntos. Allí se paraban y reemprendían una velocidad ligera, hacia el Cementerio. Yo me acuerdo de ver  dos entierros, que se detuvieron ambos en los Porches de Galicia. Uno fue un entierro de lujo, en que se conducía al Cementerio el cadáver de Don Pedro Sopena, dueño de la finca de  secano  de Castejón, que se encuentra en la carretera de Jaca, desde Alerre, hasta cerca de Esquedas. Paró el séquito funerario en los Porches de Galicia y se hicieron sonar músicas funerarias, de sonido antiguo, pero saludando con ellas, la llegada a su nueva vida, para unos o para su muerte, según otros.El segundo entierro que me impresionó, portaba en un coche negro, sin ningún lujo, a un oscense, de cuyo nombre no me acuerdo. Bajaba por el Coso Alto, lentamente sin sones musicales y lo acompañaban tres jóvenes mujeres, a las que no pude resistir a preguntarles, porque iban detrás del  difunto, rezando y tratando de vencer la vergüenza de acompañar a un pobre muerto, prácticamente desconocido para el público.
Iban dominando su vergüenza por acompañar a un pobre, y se abrazaban unas a otras, para romper su debilidad, por acompañar a un pobre difunto.¡Oh, iglesia de Santa María In Foris,  que desde el siglo XIII, se ocupó de las brujas y cuidó el Convento de Santa María IN FORIS, donde Fray Malón de Chaide, recibió acogimiento, es decir un lugar apropiado para el vivir de los escritores religiosos. Sobre los años de 1578 y 1583, escribió Menéndez y Pelayo, sobre “El Libro de la Conversión de la Magdalena”, del que dijo que fue un “halago ponderable de los ojos”. Menéndez Pelayo sintió su corazón sensible y escuchaba los valores populares, la devoción de sus oraciones en lengua castellana y su devoción, viendo estos valores populares, opuestos a esos otros, como los de Boscán y Garcilaso, que parecían frívolos y perniciosos, oyéndoles cantar los salmos en lengua latina. Pero Malón de Chaide, “escribió sus poesías en castellano, amenizando su fina prosa con las galanuras de la poesía”. Vencía Fray Malón de Chaide, el apuro de escribir en castellano puro, olvidando la lengua latina. ”Igualaba a Fray Luis de León, tanto por su estilo que por su manera”. Desde 1589, en que Fray Malón de Chaide, se fue a Barcelona, se publicó en Castellano su obra, tardándose varios años en defender las dificultades que la impresión presentaba a serlo  en Castellano.
 La obra de la Magdalena, la hace toda ella sensible, pues Fray Malón, que  pintaba tres situaciones  de la Magdalena, describiéndola en cada uno de sus tres estados, uno de pecadora…otro de penitente ,,, y otro de gracia y amistad de Dios. El autor del libro de “La Conversión de la Magdalena” nació en Cascante (Navarra) en 1530 y murió en Barcelona en 1589. En Huesca residió en el convento de Santa María In Foris, es decir fuera de la muralla. En 1585, tomó parte en la fundación del Monasterio de Santa María de Loreto, donde en época romana, entonces una casa de campo, vivió San Lorenzo. En Santa María de Foris escribió en castellano el libro de la Magdalena, “que expone los aspectos de la vida espiritual de las almas cristianas, a saber: inocencia, pecado, arrepentimiento y estado de Gracia”. En la Universidad de Huesca obtuvo el grado de Teólogo en 1562. Adornó su escritura, con salmos latinos e incluso con obras de antiguos escritores latinos, como Virgilio.
En cambio “critica los libros de caballería y de los profetas profanos, sin excluir a Boscán y a Garcilaso”. Para combatir los “libros lascivos y profanos”, escribió en castellano sus obras “amenizando su fina prosa con las galanuras de la poesía”. Fue discípulo de Fray Luis de León, lo que se manifiesta en sus escritos. Menéndez y Pelayo, manifestó que “el más brillante, compuesto, el más alegre y pintoresco de nuestra literatura devota, libro es todo colores vivos y pompas orientales, halago perdurable para los ojos”. El tono general del libro es “de un empaque y de una  majestad  auténticamente clásicas y del mejor metal literario”, encontrándose cerca de los escritos de San Juan de la Cruz o de Santa Teresa de Jesús.
Es el libro de religión cristiana y ascetismo, mejor de la Literatura Española.
Fuera de la zona oscense de la Muralla de Huesca o en sus espacios colaterales, se encuentra la iglesia de Santo Domingo; dentro de la Muralla estuvo una capilla, y en ella, antes, un Teatro Romano; sigue la Muralla hacia arriba o hacia el Norte y a su lado se encuentra la iglesia del Convento de Santa María Magdalena, del siglo XIII. En esta misma iglesia escribió Fray Malón de Chaide “El libro de la conversión de la Magdalena”, en 1580, a cuya santa proclamaron, como patrona del Convento de Santa Rosa y del Monasterio de Santa María in Foris.
El Convento de Santa Rosa, fue fundado por las monjas dominicas María Lay, Sor Victoria de Leza y acabado de fundar, murió la Madre Berride. Fray Malón de Chaide, murió en Barcelona en 1589 y el Colegio de Santa Rosa, se fundó en 1725.
Al desaparecer los Agustinos de Huesca, siempre se destinó el tiempo, a darle gracias a Dios y cuando se creó el Hospicio de Huesca, se  dedicó su destino a colaborar con el templo de Santa María  In Foris. La Historia de esta iglesia de Santa María In Foris, desde el siglo XIII, hasta el actual siglo XXI, está llena de personas y personajes. Fray Malón de Chaide, el más poético, celestial y mejor escritor en poesía religiosa de España, en esa iglesia, compuso el ”Libro de la conversión de la Magdalena”. 
Es impresionante como Huesca representaba el paso de la vida a la muerte, en sus parroquias, en sus calles y cómo se despedía de los ciudadanos que morían. Fray Malón de Chaide, amaba el espíritu y procuraba separarlo de la materia, con textos escritos en su libro de la “Conversión de la Magdalena”, como el siguiente: ”Arrebátase en espíritu, y como si ya fuera vecina del cielo, y como si se desnudara su cuerpo mortal, de que estaba vestida, así tan libremente dejando la tierra, se subía donde vive su amado….Resonaba por aquellos ricos palacios una música que su dulzura desmaya, causada de la suavidad de las voces angélicas, que alaban al gran príncipe del mundo, sin cesar un punto”.
Pero después de los cantos poéticos sobre el espíritu, escritos por Fray Malón de Chaide, me acuerdo de Pascual Montenegro, cuyo rostro era el color oscuro de su piel, que rimaba con el negro de la muerte. Es que Pascual Montenegro, pasaba a los oscenses de la vida a la muerte. Fue él, el último enterrador de Huesca, como “era Simón en el pueblo, el último enterrador”.


 En mi artículo: “Pascual Montenegro y sus caballos negros”, escribo:” Así como Simón era en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada esa carroza por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus negras orejas. Pascual iba revestido de negra librea, con alamares dorados, que concordaba con su rostro macerado y taciturno”.

Así como la pecadora María Magdalena convirtió su espíritu y lo convirtió en un espíritu, amigo de Dios y protector de los humanos, el moreno Pascual Montenegro, era amigo de sus caballos, a los que guardaba el azúcar de los cafés que se tomaba por los bares y de su perro tuerto, “que se entrecruzaba entre las patas de en movimiento de los caballos y nunca las rozaba”. Dormía, como los ermitaños, debajo de las patas de los caballos, que nunca le rozaron su cuerpo. María Magdalena amaba a los seres humanos y Pascual Montenegro quería los caballos y a su perro tuerto. Pero existían otros hombres y mujeres, que en aquellos entierros clasistas, en que a los más desgraciados, “los introducían en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, que no conducían en Carrozas, sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que sólo hacía ruido por la noche, y rodaba sin ningún cortejo”.”Bien se vale que mosen Santa María, con esa humanidad y humildad que le caracterizaba, los esperaba en el Cementerio, para rezarles un responso y darles la postrera bendición. “El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, Don Benito Torrellas y “dio” el salto a la Eternidad”. ¡Pocos pecados tendría que perdonarles el buen Dios!.

martes, 5 de abril de 2016

Las grullas en la Alberca de Marmoré de Montmesa.




En el pueblo de Montmesa, en sus orillas, se encuentra el Pantano de la Sotonera. Cuando yo estuve de  veterinario en Bolea, bajaba en ocasiones a Montmesa y contemplaba su iglesia  Mudéjar, de un bello y noble estilo árabe y a su alrededor se alzaban las casas de los agricultores, conocidos por mí. Vivían sus vecinos y cantaban, dicen que como unas doscientas especies de aves, que siempre permanecían  en aquellas tierras y otras,  como las grullas, descansaban en sus emigraciones en la Alberca de Alboré. Era un pueblo fecundo, pues no sólo criaban en él, las aves y los peces, sino que incluso existía una Parada de solípedos. Ahora no se ven recios caballos, y yeguas que llevaban a cubrirlas, porque  todo el cultivo es mecánico. En casa de Sarasa he visto fotografías de caballos y de yeguas. Al pasar por delante de una nave, donde depositan los labradores, la yerba y la paja, he visto dentro de ella un asno, que su  dueño conserva, como un recuerdo vivo de tiempos pasados.
Las personas con las que más nos hemos  tratado, eran Ernesto San Martín Campo, nacido el día cinco de Mayo de 1935, con el que estuvimos juntos en Huesca, haciendo el Servicio Militar, por el año de 1955. Somos además lejanos parientes, a través de los Vallés de Castilsabás.  Al llegar a Montmesa, te acuerdas de aquella época, en que hacíamos el Servicio Militar, hoy desaparecido, con Ernesto San Martín Campo y admirabas a su esposa María Teresa Reula, amiga de  Feli, mi esposa.  Siempre fue bella María Teresa y simpática con una sonrisa que hace felices a los que la rodean. Es hermana de Reula,  fuerte labrador y cosechador de ese medicamento sanitario,  al que muchos toman por placer, y que se llama manzanilla. Recuerdo también a Antonio Borderías Rasal,  que tenía un cuerpo grande y fuerte y un temperamento noble, y yo imaginaba  que esas cualidades provenían de alguna montaña, de las que se elevan  por allá arriba, por el Norte. Convivía toda la familia con la joven  María Pilar, que poseía una belleza singular, pero  que murió en plena juventud. ¡Qué recuerdos tan hermosos por un lado y tan tristes por el otro!.
Caminando desde casa de Ernesto, casado con Teresa Reula  pasaba por delante de la noble e infanzona casa de Omiste. Al llegar a ella, que se encuentra cerca de la casa  de Borderías, se ve uno admirado, porque el 27 de Marzo de 2016, me recordé de los padres del Veterinario Militar, Omiste, que amablemente me invitaron. Después de muchísimos años me acordé de mi compañero el Veterinario, que murió en accidente automovilístico, y tuve el triste recuerdo de un amigo desaparecido, no sólo de Montmesa, sino del mapa de los hombres vivos.
 Pero esta casa histórica de Fernando Omiste el día 27 de Marzo del año de 2016, exhibe al pasar por su fachada, medio pórtico, que descubrieron, pues estaba antes borrado por mezclas de yesos  que alguna construcción, hace poco tiempo y quedé sorprendido por su belleza y por aquellos casi olvidados recuerdos de los “lauburus” y otros diversos adornos de tres y de dos cabezas. Un “lauburu” es una palabra vasca, que significa “cuatro cabezas”. Se han encontrado “lauburus” en Aragón, sobre todo por la provincia de Huesca.  Por ejemplo yo los he visto en Coscullano, en Arbaniés, en Torres de Montes, en Velillas y en otros lugares de los que ahora, no recuerdo. Por ejemplo se exhibe uno en Casa Casalera en Pueyo de Broto. Se les ha dedicado más atención en el País Vasco, en su parte española y francesa, pero abundan en Aragón. Es un lauburu, una cruz de los brazos curvilíneos. Se han encontrado tetrasquetes  y trisquetes y otras variedades, como me quedé encantado cuando vi  que estaban algunas de ellas en la fachada de Casa Omiste. Omiste es una palabra vasco-aragonesa como puede verse en el antiguo libro de la familia de Omiste de Chimillas y  le dan al “lauburu” un origen vasco, que por su difusión por el Mundo, se ve que son de origen indo europeo. En latín identifican a los “lauburus” con los lábaros.
Recordé al veterinario Omiste, que siempre había tratado en aquellos primeros años de ejercitar mi carrera y agradecía al Señor, la unión de su defunción con los “tetrasquetes y trisquetes” de piedra que adornaban las puertas de su casa, haciendo una común unión entre el alma y la vida corporal  de los hombres.
El actual Fernando Omiste tiene un origen histórico, y sigue con él, pues es Alcalde del Ayuntamiento y además su apellido viene de varios lugares de la provincia de Huesca. Por ejemplo de Omiste, encima de Guara, como escribió Durán Gudiol, al que coloca a mitad del camino, en línea recta entre Anzánigo y Rasal. Le da  el sabio Durán Gudiol una fecha en la que estuvo vivo dicho pueblo, que es el siglo XII. Así mismo hay un despoblado, convertido en una explotación ganadera, en los términos de Montmesa. Hay una paridera, que fue un poblado a 462 metros de altura. Se encuentra el despoblado de Omiste, que conserva un oratorio, hoy ocupado por una explotación agropecuaria, integrada en los términos de Montmesa y Biscarrués.
Pero no sólo tiene un pasado histórico, sino que cultiva el futuro de Montmesa, porque ha construido un centro de interpretación ornitológica por la gran abundancia de grullas y otras especies, que visitan Montmesa, cada año. Fernando Omiste quiere evitar por procedimientos, que no perjudiquen a las grullas, los perjuicios que cada año hacen en algún lugar, en que duermen las aves. Y sigue Fernando Omiste trabajando por el desarrollo de las emigraciones de las grullas, por las orillas de Montmesa, apoyado por Ernesto San Martín, Presidente de la Sociedad de Alboré.
Al bajar al centro del pueblo, hemos ido a visitar a los dueños de Casa Sarasa de Montmesa. Han sido sus amos una familia, con la que siempre nos hemos tratado, porque el hermano mayor de su actual dueño, estudió en Huesca y en Zaragoza, acompañado por mi hermano Manolo, para ser Médicos. Tenía el médico Sarasa una gran amistad con mi hermano mayor. Manolo, que al akcabar la carrera, después de especializarse en Psiquiatría, marchó a los Estados Unidos. Pero su amigo Sarasa, se escribía con él y le preparó el camino para que cruzara también el Océano y trabajara en los Estados Unidos. Mi hermano desde América, quiso que antes de marchar a tal lugar, aprendiera inglés, pero no lo hizo, pero al poco tiempo, aprendió el inglés. Varias veces, cuando ha venido a España, hemos conversado y en cierta ocasión, el Médico Sarasa  vino a Siétamo, a darnos el pésame, cuando mi hermano Manolo, murió.  Como he escrito más arriba, ¡qué recuerdos tan hermosos por un lado y tan tristes por otro!. El tiempo va pasando, pasando y mientras viva, me podré acordar de mis amigos, todavía vivos y de los amigos y hermanos, que ya se fueron de este mundo.
He salido impresionado del viaje, que me ha dado mi esposa, hasta Montmesa,  porque  los campos, casi llanos, con las montañas que corren por el Norte, son de un intenso color verde y de una gran extensión;  yo creo que esta impresión ha sido producida por la Concentración Parcelaria, que se ha realizado, estos años anteriores.
La casa de Ernesto y de su esposa es de gruesas paredes, como son las casas antiguas de los pueblos, que defienden su interior del calor y del frío. El día de los últimos del mes de Marzo era caluroso y en el interior de la casa, se estaba fresco.
Se queda uno impresionado por una casa, que ha visto transformarse sus cuadras para alojar y cuidar a  los machos y mulas, con los que se labraban aquellas tierras, en que se unía la belleza de las aguas que las rodeaban y el cielo y las orillas de Alboré, donde millares de aves, volaban y cantaban. Eran y ahora son más grandes aquellas casas, con la transformación de las cuadras en salones, donde cuelgan instrumentos de los antiguos labradores, desde cabestros de cuero, adornados con clavos dorados, con los que escriben las iniciales de los nombres de los dueños de aquellas caballerías.  Se llena uno de optimismo al contemplar los viejos carteles que anunciaban las fiestas del pueblo  y otros de las corridas de toros en Huesca, capital.
Al otro lado de casa, se encuentra un huerto, del que están restaurando sus paredes de piedra, alguna tallada a mano y se levantan orgullosas unas acelgas verdes y altas, que se guardan en plena naturaleza, para el consumo de Ernesto y de Marité.
Al salir de su casa, se encuentra un edificio, que refleja el optimismo de aquellos hijos de Montmesa,  que levantaron,  hace ya una multitud de años.  En su fachada pone: “Fábrica de caramelos”. Hoy da tristeza ese afán por alcanzar un dulce porvenir, que se pasó y no volverá.
En una mesa de nogal y rodeados de antiguas rejas artísticas de hierro forjado, Marite Vitalla, esposa de Ernesto, nos hizo dar un delicioso bocado y un trago de buen vino, que duerme desde hace una multitud de años, en aquellos toneles, que hacen recordar a sus antepasados.


Salimos de su casa para dirigirnos a la de Sarasa y al pasar por la casa muchas veces cerrada de Omiste, descubrí  aquellos “lauburus” antiquísimos, que proclaman,  aunque casi nadie les hace caso, el paso de los eternos tiempos, en que el hombre buscaba y sigue buscando sus orígenes. Pero yo, fijándome en estos “lauburus”, en la desaparición de las cuadras, en la concentración parcelaria de los campos, y su color verde por el riego de sus cereales, los toneles de vino rancio, las acelgas del huerto, y en la que fue Escuela de Montmesa, donde se muestra un Centro de Interpretación de la Naturaleza y el deseo ardiente de los hijos de Montmesa, de conservar su iglesia Parroquial de estilo Mozárabe, me voy dando también cuenta de la disminución de la población, que vivía en Montmesa, pero me alegro enormemente de la  presencia de Sarasa con su esposa Pili y de Ernesto con la suya, Tere, que el año pasado nos juntamos en la Playa de Comarruga  y este año, volveremos a hacerlo..
Nos encontramos delante de la casa de los Sarasas y ante tal edificio, se me fue el recuerdo de la playa de Comarruga, al entrar en dicha casa, que era simplemente un gran palacio. Estaban salones enormes, en uno de los cuales, en su centro, estaba una gran mesa redonda, sobre cuyo tablero, y unos centímetros más alto, daba vueltas uno de menor tamaño. Era una obra de la imaginación humana, en la que no sabía uno si pensar en una mesa de algún juego, o de una mesa secundaria, sobre la cual darían vueltas con el  impulso de los invitados, los ricos platos de ternasco y las múltiples botellas y botellines de licores.  Era tan inmensa la riqueza de lo que en tal casa se guardaba, que al querer el dueño Sarasa de esta casa-palacio, seguir mostrándome otros muchos tesoros de la artesanía y del arte, yo le dije, que me quedaba muy agradecido a su interés por que yo conociera tanta obra del hombre, paro que ya no me sentía capaz de admirar más objetos, unos útiles y otros bellos.
Ernesto, al salir de la casa de Sarasa, abrió la antigua Escuela, convertida en un kauténtico Museo de un mundo de la Naturaleza del pueblo de Montmesa, con sus cielos, en ocasiones, llenos de grullas y generalmente, de pájaros cantores en número de unas doscientas especies, de aves, algunas tan sencillas y de tantos colores con la cardelina o jilguero.
Al montar en el coche,  para volver a nuestra casa, quedé enamorado de la torre mudéjar de la iglesia, que recibió desde hace siglos los recuerdos de paz y de guerra de otros tiempos y ahora parecía que nos saludaba amorosamente, diciéndonos que volvamos en alguna otra ocasión.
Pero aparte de recibir la bendición de una torre tan bella, sentimos en nuestros corazones, la alegría de habernos encontrado con la feliz pareja dueña de casa Sarasa, que cada vez que los veo,  me acuerdo de mi difunto hermano Manolo. También nos llenó de alegría el recuerdos de aquellos años, en que hicimos el Servicio Militar con Ernesto, en esos momentos acompañado por su alegre esposa María Teresa.

¡Luego estaremos juntos en Comarruga, recordando desde el Mediterráneo, la Alberca de Marmoré!.