jueves, 18 de agosto de 2016

Antonio Andreu Mur, se acuerda del cura asesiado en Huerta de Vero



Hoy, día veinticinco de Mayo del año dos mil quince, cuando el pueblo se olvida de lo que pasó en España por los años de 1936 al 1939, mi amigo Antonio Mur, con cerca de noventa, me ha recordado a Mosen Custodio Acín, párroco de Colungo, en que nació y me ha dado detalles sobre la vida y la muerte violenta de este sacerdote altoaragonés.
Antonio Andreu Mur nació en Colungo, muy cerca del río Vero, a cuyas orillas seguían cultivando una huerta, que hoy día ya está yerma. Pero no está completamente vacío el paisaje, porque la tierra yerma de la huerta se encuentra cerca de un “camping”, en activo y de un viejo Molino, abandonado como tal , aunque a veces lo han habitado grupos de hombres a apartados  de la situación económica. Como Molino ya no funciona, pero en otros tiempos daba riego a muchos huertos de Alquézar y de Colungo, que se encuentra en el monte de Alquézar. En este bello pueblo, todavía había otro Molino, que estaba en el camino que conduce desde Alquézar a Aspe. Por ese camino todavía caminan multitud de aficionados al senderismo, y que gozan del recuerdo de aquellos lugares, en que todavía se encuentran los cultivos de los huertos y el moler del molino.
Cuando después de la Guerra Civil, inutilizaron los Molinos para controlar el trigo, prohibiendo moler, los molineros trabajaron ilegalmente por las noches. Este Molino de Abajo, en el monte de Alquézar y a orillas del río Vero, estaba regido por un molinero, al que habían quitado una pieza los miembros de la Fiscalía de Tasas, para que no pudiera moler. El padre de Antonio Andreu Mur, llamado León Andreu, le propuso al molinero, hacer una pieza de carrasca para sustituir la que se habían llevado. El molinero que era muy hábil, hizo la pieza y siguió moliendo por las noches, de “estraperlo”. Me dice Antonio que todavía  quedan  en Colungo, viejos que recordarán todas estas aventuras.
León Mainer, con una cantidad de aceite  iba a moler por la noche, con dos mulas y dos asnos y una linterna. Era esta linterna una caja cuadrada de cristal, con una mecha de tela, impregnada de aceite, y como éste era abundante, duraba mucho tiempo. De esas lamparillas se usaban en la iglesia, para recordar la presencia de Cristo.

Hablando de la iglesia, Antonio me recuerda, la figura de Mosen Custodio Acín, párroco de Colungo y nacido en Alberuela de Laliena. Era un hombre piadoso, pues Antonio dice que para la Guerra Civil, fue un día a comunicarle por orden de su padre, que había escuchado habalr por la radio, las palabras de Queipo de Llano, que hablaba con optimismo. Entró Antonio en la iglesia y se encontró a Mosen Custodio Acín, de rodillas delante del altar, en un reclinatorio. Era de noche oscura y solitaria. Antonio le comunicó que la Guerra parecía que la iban a ganar los amigos de la iglesia y el Mosen, le dio las gracias. Allí se quedó don Custodio Acín y al llegar los rojos a Colungo, lo hicieron subir en un camión y con el Maestro a Huerta de Vero y en el cementerio, los fusilaron.    

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