miércoles, 31 de agosto de 2016

La caseta de los pobres de Siétamo

                     
     

   Artículo traducido de mi libro en aragonés:”Beyendo chirar o sol
Se ha derrumbado una noche de este invierno lluvioso de los años de 1980, la Caseta de los Pobres. Fue levantada hace ya ¿más de cien años?, para que los caminantes pobres y los que no querían gastar dinero, se cobijasen por las noches, bajo su bóveda. No les faltaba paja, en la que se echaban, y que con su envoltura, despachaban el frío de su anatomía y de su fisiología, combatiendo  ese frío, que dominaba el ambiente sobre todo, por las noches.
Por dentro de la Caseta, dominaba la oscuridad, pero por fuera se veía su pared de piedras, no muy bien picadas y unidas unas con otras, en lugar de con cemento, con barro o cemento del pobre, no sólo del pobre mendicante,  sino usado también en la construcción de muchas casas y pajares. ¡Qué ingenio tenían aquellos albañiles en tiempos tan lejanos!, porque el tejado de dicha caseta, no tenía maderos ni tejas. Evitaban el buro o arcilla que entrase el agua de lluvia, en el interior de dicha Caseta, un ábside de piedras, que formaban una bóveda, tapadas con los citados  buro o arcilla, que sin estar cocido, como se hace con los ladrillos y las tejas, hacía resbalar el agua de lluvia, del tejado al suelo.
Durante siglos acogía a los pasajeros pobres y a otros que no lo eran tanto, pero querían evitar el gasto. En el verano era una buena “mosquera” y en el invierno encendían hogueras en el interior de la Caseta pues el humo, salía por una pequeña chimenea, que manifestaba la presencia, en su interior, de caminantes. Cuando esto ocurría, bajábamos los niños a la caseta para ver con curiosidad a los pobres. Entre estos había tipos de diversas formas: unos eran pobres solitarios e insociables, otros que caminaban por el mundo agrupados, para hacer más soportable su miseria. Unos eran poetas alocados, otros violineros sin fortuna y  otros comediantes acompañados por canes domados…Los niños, si hacía frío, les traían algún fajo de leña y alguna toza, pero si había niños pobres en aquella cuadrilla, les daban además su merienda, que solía ser un trozo de pan mojado con vino y azúcar, en algunos casos.
Cada vez que se marchaban de su Caseta o refugio, aquellos pobres,resultaba más negra por dentro,tan negra como su fortuna. Se iban amontonando dentro de la Caseta,deformes botas y zapatos,que ya tenían separada su suela por la punta , que parecía que abrían sus bocas como si tuviesen tanta hambre, los zapatos como los que los habían abandonado. Dejaban en la Caseta , latas, en las que habían cocido patatas, pero que a última hora, como el cántaro que va a la fuente,se quebraban.
Los vecinos del pueblo no solíamos entrar, porque allí no había nada útil que sacar,pues allí sólo se podía sacar alguna “mascarada negra”,botas abiertas y latas viejas.
Pasó, no sé cuando,que se cayó la chimenea y el agua de lluvia, a fueza de días,noches, meses,  estaciones y meses, en una palabra de años, hizo su labor destructiva.¡Quien no acude a la gotera, acude a la casa entera!.
Pocos días antes de derrumbarse la Caseta,se refugió en ella el último pobre , que se rfugió en ella. Ya acudían a refugiarse en ella muy pocos y a veces se les pagaba el autobúas, para que acudiesen al Refugio Municipal de la capital , que reunía mejores condiciones.pero había pobres a los que gustaba más,quedarse n el ambiente de la Caseta de los Pobres,que era más libre porque  estos pobres amaban más la libertad.
Ya no podrán permaneces aquí. Por esto tengo tristeza, pero mi gozo hubiera sido infinito, si con la Caseta de los Pobres,se hubieran acabado totalmente loas miserias de la pobreza.
Me parece difícil, pues ya hace muchos años,escuché decir a un pobre.”Se han empeñado en matar a los pobres, pero se “choderán”, porque cada vez abundarán más”.

Si no se equivocaba, será una desgracia para todos los hombres y mujeres.

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