miércoles, 26 de octubre de 2016

Negros de cuerpo y negros de alma

Federico Garcia Lorca.


Estuvo García Lorca los años 1929-1930, como estudiante en la Universidad de Columbia, situada en Nueva York. Y yo venía al mundo el año de 1930, a Siétamo, junto al río Guatizalema y cuando me llevaron, a mis cinco años a la finca de Las Valles, para ver a los segadores, la luna rielaba en sus aguas  y “alzaba en blando movimiento, olas de plata y azul”, como  se expresa Esponceda en su poesía. Pero la luna mostraba no sólo las olas de plata y azul, sino que “hacía brillar el horizonte y el cielo estaba azul”. Y así como Federico García Lorca estuvo en la  Columbia University de Nueva York, el año de 1930 y escribió su obra “Poeta en Nueva York”, yo nacía.  Y al llegar a ver la siega en el mes de julio de 1936, visitando el Campo de Las Valles de Siétamo, “la tierra que pisaba, aparecía con los campos amarillos” y “cacé un insecto verde y lo guardé, envuelto en mi pañuelo”. ”Volví a abrirlo y vi el insecto, que impregnaba el color verde en mi pañuelo”.
Y llegado el mes de Julio de 1936, nos esperaba el cambio del color verde del campo y del insecto por el rojo y el azul, en tanto a Federico García Lorca, lo  esperaba la muerte por tiros de fusil, la mañana del 18 o del 19 de Agosto de tal año, en el barranco de Viznar en Granada, para que olvidara los recuerdos grises de los hombres negros, nacidos en los barrios de Nueva York, que veían correr sobre la basura, las ratas, y carecer de la visión por los niños negros de los gorriones, por las mañanas. En esos enormes núcleos urbanos de Nueva York, abundan los vecinos de casas sucias y viejas. A lo lejos les surgen rascacielos y grúas potentes y el cielo sobre esta ciudad es obscuro. Y yo quedé absorto ante el color verde del insecto, que recogí y así como a mí, me repugnaba el color verde,  Federico le cantaba a tal color: “Verde, que te quiero, verde – Verde viento, Verdes ramas.- El barco sobre la mar-Y el caballo en la montaña.- Ella sueña en su baranda,-Verde carne, pelo verde,-Con ojos de fría plata.- Verde que te quiero verde”.
 ¿Federico García Lorca identificaba el color verde con la verde “libertad sin ira”, que esperaba que llegara a los negros de esos núcleos urbanos?. Tal vez trataba de guardar su miedo en espera de la libertad de esos modernos esclavos, que en el siglo XX,  componían “un canto angustiante, con ecos de denuncia social, contra la civilización urbana y la mecanización de hoy”.
En Siétamo, al aparecer la “sangre verde” del insecto, daba la impresión de que se iba a perder el color también verde de los cereales, para dar lugar al amarillo de la mies  y otro color, que era “el verde rama”, del que escribe Federico. Ese verde de los cereales  se extendió por la finca “Las Valles”, pero otros dos colores quisieron destruirse mutuamente, y habiendo  llegado el tiempo de la trilla, es decir el mes de Julio, en que se pierde el color verde, esos dos colores, el rojo y el azul aparecieron, al desaparecer el verde de los campos, en el mes de Julio de 1936.
Los hombres de color rojo luchaban contra los hombres de color azul.
“Muchos de “los rojos” gritaban a todos los hombres: ¡Rojos, os  quiero rojos!. Otros gritaban a  los hombres que con ellos convivían :¡ Azules quiero que seáis!.
El rojo acechaba al azul y el azul al rojo y se creó una Guerra Civil endiablada entre unos hombres que eran gobernados por los rojos y otros que lo eran por los azules.
Y los azules fusilaron a Federico García Lorca, en tanto que los rojos, hicieron lo mismo con “El Padre Jesús”, que es conocido por una fotografía que le sacó un fotógrafo judío europeo, llamado Hans Gutman, en el lugar de su fusilamiento. Después se nacionalizó español y pasó a llamarse Juan Guzmán. Después de leer el libro de Don Damián Peñart y Peñart “La Diocesis de Huesca y la guerra de 1936-1939”, se impone  que el “Padre Jesús” era el sacerdote, ordenado el 6 de Junio de 1936 y nacido en Alquézar, llamado Antonio Vilellas Juste.  
Los colores se organizan en un Arco-Iris y evitan el reñir unos contra otros, y con su belleza hacen agradable el mundo y muestran la Paz al Mundo. En cambio los rojos y los azules se amenazaban y entraron en una lucha sangrienta entre distintos colores políticos.
 Federico García Lorca, que no pertenecía a ningún Partido Político fue  considerado como un enemigo, por los jefes de otro Partido Autoritario y la mañana del día 18 ó 19 de Agosto del año de 1936, lo fusilaron en el Barranco de Viznar, en Granada.
El “Padre Jesús”, a los veinticuatro años de edad fue fusilado, cuando hacía aproximadamente un mes que había sido ordenado  sacerdote.
Esa fotografía parece representar “Un minuto antes de ver a Dios”, al sacerdote, que se daba cuenta  de la presencia del Señor, pues recuerda ver a Jesús con sus ropas humildes, sus cabellos alterados, su barba, que no se podría afeitar por carecer de instrumentos para ello. Lleva los brazos hacia atrás, lo que da la impresión de que sus muñecas irían atadas, lo que no le ponía cara de tristeza, sino que la carretera en su “miliar Séptimo” le hacía recordar los siete pecados capitales de aquellos que lo iban a fusilar, pues en su cara no se veían síntomas de soberbia ni de avaricia, ni de lujuria, mi de ira, ni de envidia y ni siquiera de pereza y la cara es el espejo del alma”.
Así como los siete colores del Arco-Iris, son distintos pero están unidos, los colores políticos  se odian y luchan entre sí, pero Federico García Lorca, amaba todos los colores, porque su amor a los hombres, era capaz de respetar el comunismo, la monarquía y la anarquía, tratando de hacerlos compatibles con el catolicismo. El no comprendía el odio ni la guerra entre los hombres. El desde niño amaba a Cristo impulsado por el Corpus granadino y más tarde por el Corpus toledano y se preocupaba de los pensamientos y sentimientos líricos y etílicos.
El periodista Alfredo Amestoy, escribió en el ABC del día 4 d Junio de 2015, en su artículo “El último “Corpus” de García Lorca, las opiniones del oscense Bello. Y escribe: “Pepín Bello, otro miembro de la Residencia y de la Orden de Toledo, es el que consideró a Federico “el poeta místico del siglo XX”. Bello conoció mejor que nadie a García Lorca. Y Bello fue el que recibió, y luego puso en manos del Primado toledano la carta desde Nueva York donde le cuenta que “hoy he salido dando vivas al portentoso, bellísimo catolicismo español… Ahora comprendo el espectáculo fervoroso, único en el mundo, que es una misa de España. La lentitud, la grandeza, el adorno del altar, la cordialidad en la adoración del Sacramento, el culto a la Virgen son en España de una enorme poesía”.
Bello, en defensa del “misticismo” lorquiano, escribe, escribe que “se ha querido desconocer la angustia de la Fe que latía en la profundidad de Federico y que dejaba asomar sin ninguna prevención”.    
El día del Corpus, Federico se quiere marchar de Madrid y tomando un taxi en la Gran Vía, le llamó la atención la presencia de dos mujeres jóvenes. Entonces mandó al taxista parar el coche y dirigiéndose a ellas, les ofreció llevarlas al lugar que era su destino. A Federico le llamó la atención una pequeña maleta. Picado por la curiosidad les dijo: “¿y para que llevan ustedes una máquina de escribir?”. Y dominadas por la bondad de aquel señor que las llevaba a su punto de destino, le dijeron: “Aquí llevamos al Señor”. Y el periodista, “sin dudarlo un instante, conturbado, Federico se pone de rodillas en el taxi y se santigua, como lo hacía desde niño siempre que se cruzaba en la calle con el Viático”.
El “Padre Jesús” fue fotografiado en el momento en que iba a ser fusilado y el fotógrafo judío, mandó su foto a un Cardenal y Federico, pocos días antes de su muerte, fue despedido por el Señor.

No se han encontrado los restos mortales de ninguno de los dos amigos de Jesús, pero setenta y nueve años después de su fusilamiento nos acordamos de Federico y del “Padre Jesús”. 

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