viernes, 14 de octubre de 2016

Santiago y su educación familiar



Santiago , nació en la Provincia de Zaragoza, en el pueblo de San Juan de Mozarrifar, donde sus padres estaban encargados del cultivo de una finca agrícola. Allí respiró el aire rústico, que hace al hombre sentir un cariño especial por la Agricultura. Esa llamada del Campo la escuchaba su padre, pues desde esa finca de San Juan de Mozarrifar, al oír  la llamada de la tierra del “Castillo de San Luis”,  marchó su padre Bernardo, con toda su familia a esa finca cercana a la capital de Huesca, por arriba casi se ve esa capital y por abajo la villa de Almudévar.  Su padre , miraba el porvenir de su esposa Visitación y de sus hijos e hijas Santiago, Toño, Marta y Ester, y acompañado por ellos, se situaron en dicha Torre o Castillo. Ese nombre de San Luis, no era un nombre español, sino que procedía de un noble francés, devoto de ese santo. Su amor a San Luis procedía de su propia Patria, es decir de la “DOUCE FRANCE”. Era un noble francés y con gran sentido del porvenir de la economía, se enamoró de ese monte, que se encuentra a unos cien kilómetros de su patria francesa. El tenía una gran visión del porvenir del cultivo de las uvas, para obtener  el vino, que en Francia es tan apetecido como un licor que da energía a los franceses, entre otras cosas para luchar por su Patria y en estos momentos por Europa  con atención al porvenir de la Humanidad. Se daba cuenta el francés de que en el norte de Africa, por ejemplo en Argelia, se producía mucho vino, para el consumo de los franceses, pues dicho vino no estaba bien aceptado, por los pobladores mahometanos de Argelia. Tenía otro inconveniente, porque su traslado a Francia, resultaba económicamente  caro y al encontrar la Finca de San Luis, a sólo cien kilómetros de Francia, veía un gran porvenir para su economía, para elaborar el vino en San Luis y trasladarlo a Francia a través de Canfranc.
El noble francés creó un edificio que en Aragón llaman “Castillo”, al lado de la carretera, después convertida en autopista, que comunica Zaragoza con Huesca, para continuar su camino hasta Francia. Es un edificio original, pues su arquitectura es modernista, en medio de una tierra rodeada por una finca rústica, con árboles en los que anidaban,  en aquellos tiempos, cuervos negros con manchas irisadas,  semiocultas,  de varios colores. Los hijos de Bernardo amaban la naturaleza y en lugar de molestar a las aves, que por aquellos  árboles volaban y criaban en las ramas de los árboles, en aquellas soledades cultivaban sus corazones con esos cuervos, llegando a poseer una gran amistad con ellos. Convivían ,  pues les colocaron  a una pareja de ellos, un cascabel en una de sus patas y así , siempre se veían, al avisarles a sus dueños, haciendo sonar sus cascabeles. En verano, en la entrada a la vivienda de la familia de Santiago, que era un patio muy fresco, su madre cuidaba la cocina y sentados en sillas y bancos, alrededor de una mesa, echaban algún refresco, para combatir el calor veraniego. Allí entraban a hacerle compañía a la familia de Santiago, los  dos cuervos, que no eran malqueridos, sino amados por su familia, presidida por su abuelo, que descansa, hoy día, en el cementerio de Huesca, frente a los nichos de mis abuelos maternos, de mi madre y de mi tía Rosa y mi hermana Mariví.
Cuando llegaban los que con sus furgonetas, suministraban los alimentos y productos para la higiene del Castillo,  allí descansaban y se les invitaba a consumir algún bocado,  refrescado por alguna bebida. Era una vida de hospitalidad, en que se recibía e invitaba al que llegaba, a consumir algún producto, que buscaba además de su alimentación, la convivencia entre los “castilleros “ y los comerciantes, que por allí llegaban. ¡Qué ambiente tan fresco y tan agradable reinaba en dicho “recibidor”. Un día llegó al “castillo”, un chofer con su furgoneta llena de los productos necesarios para mantener a la familia de los dos esposos y sus hijas e hijos. Se le invitó, como era usual en aquellas ocasiones y la “dueña” le sirvió al chófer productos agradables al paladar, pero como conocía el vicio que tenía el chófer, le dio cerveza en lugar de vino. Aquel chófer era un alcohólico y se enfadó con la señora, que no quería que tuviese algún accidente a consecuencia de sus tragos de vino. Se levantó de la silla en que se había sentado al lado de una mesa y empezó a gritar, protestando porque la señora Visitación, no le acompañaba los bocados por ese vino, que hace unas veces felices a los hombres y otras los emborracha. Noé en la Biblia se dice que se emborrachó y el chófer quería, empujado por su enfermedad alcohólica, satisfacer su vicio. Pero el Señor busca la justicia y los dos cuervos negros , adornados con sus reflejos de los colores del arcoíris, no pudieron aguantar el enfado del chófer y se lanzaron contra él, picándole en sus espaldas y en su cabeza.
El abuelo de la familia de Bernardo, tuvo que intervenir en la pacificación del ataque de los cuervos, contra el alcohólico y los hizo retirar. El abuelo sólo quería paz y mandó a sus nietos, que mataran a los dos alegres y después enfadados cuervos, para evitar el sufrimiento del chófer.
¡Pobre abuelo, que prefirió que el alcohólico no sufriera a que fueran sus nietos los que perdieran el amor a la Naturaleza, manifestado  por el amor a sus dos cuervos, leales en su defensa de la familia de Bernardo y de Visitación!.
Los niños y niñas, perdieron además de sus amigos volanderos, el regalo que les estaba preparando su familia, que quedó anulado. ¡Pobre chófer alcohólico, pero causante de el derrame de lágrimas de los niños y niñas, provocado  por el sentido de Justicia y de caridad al enfermo de  alcoholismo, de su querido abuelo!.

Yo , cuando paso por la carretera, yendo a Almudévar, me miro al Castillo para intentar contemplar  a los cuervos negros y con colores irisados, haciendo sonar sus cascabeles.  

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