domingo, 2 de octubre de 2016

Un poeta jienense en Cataluña


Lleva viviendo en Cataluña cincuenta y tres años y todavía no ha olvidado el modo de pronunciar  que usan los andaluces, que lo llevan no sólo en la garganta y en la lengua, sino que lo llevan dentro de su corazón. No odia a ninguno de los hombres, que viven en los distintos mapas y según él mismo se expresa, sino que ama a los catalanes, que según él mismo “son gente magnífica, sencilla y muy trabajadora, quizá demasiado”. Se identifica con los catalanes por su amor a la poesía, al arte y concretamente a la música, pero no fue menos trabajador que ellos, porque me dijo que había cotizado a la Seguridad Social, treinta años de su vida, desde que cumplió los catorce. Estando sentado en un velador, sacó una armónica sonora y endulzó mis oídos. Esa armónica la compró su “papá”, como él lo dice en San Roque de Cadiz, cuando venía de Ifni, de hacer el Servicio Militar. Ama la música como ama ahora ama  su armónica, que conserva, usándola, haciendo sonreír sus notas, lo mismo cuando la lleva consigo, que a cualquier hora del día o de la noche. Se aloja por las noches, en un equipo de juegos infantiles y si encuentra a alguien, lo recrea con su música. El mismo jienense me cuenta que estas noches pasadas, se aproximaron a los citados juegos infantiles,  unos italianos, no analfabetos,  sino con sus carreras acabadas, otros eran artistas, todos ellos como confesaba el andaluz, con un corazón enorme y acompañados por un perro cariñoso, que les daba alegría y compañía.
Estamos sentados en un velador, en  Comarruga, población catalana, donde se escucha hablar en catalán y en castellano y se ve de vez en cuando una bandera de cuatro bandas roja y otras amarillas, que es una bandera común con Valencia, Aragón, Baleares y Cataluña, que no inspira antipatía , sino amor. El jienense habla además del castellano,  el catalán donde encuentra un paraíso, porque por las tardes, cuando el sol se va a esconder, hay familias que habiendo comprado su comida en los bares y tiendas de alrededor, la parte que no han comido, se la dan al andaluz y a sus amigos.
Al enamorado de la belleza de Comarruga, le encanta la Naturaleza de la Costa Mediterránea y va caminando  descalzo por la playa, a veces desde Sitges hasta el Alcocebre de Castellón.¡Qué suerte ha tenido el jienense con sus treinta años trabajando, convirtiéndolos  en compatibles con su vida de Amante de la Naturaleza!. Me explica su marcha lenta por la vida, porque si uno camina muy deprisa, se pierde los puntos en los que su vista podría recrearse, y si va despacio, aumenta  su diversión y la contemplación de las cosas curiosas de la Naturaleza.
Conserva el dinero, porque no ambiciona el gasto abusivo. Su madre, le quiere mandar dinero, pero él,  le dice: ”mamá, no me mandes más dinero, que todavía me queda del que me mandaste hace quince días”.


No me cabe la menor duda de que este trabajador- turista es un tipo especial, porque no bebe vino ni productos alcohólicos, en cambio,  mi amigo el turista sin hotel, ama el Arte, como Gaudí y la Música,  como Pau Casals, pues  lleva consigo y muy cuidada, la armónica que le compró su “papá”. Allá,  en Comarruga, se encuentra el Chalet Musical de Pau Casals, que recuerda mi amigo, el andaluz, como los catalanes, guardan el arte de Picasso. 

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