miércoles, 2 de noviembre de 2016

Monasterio de la Oliva



En la Ribera de Navarra, a orillas del río Aragón, ya muy próximo a la geografía aragonesa, se encuentra el último pueblo navarro de Carcastillo, limitando con el aragonés Sadaba. En aquella tierra, que limita por el sur las tierras de las Bárdenas Reales, se dan los cultivos de huerta regados con aguas del río Aragón y se contemplan los rebaños de ovejas, pero lo que me llamó la atención fue el Monasterio de La Oliva, que se fundó el año 1134, en pleno siglo XII. Su iglesia consta de tres naves, con cinco capillas en la cabecera; llaman la atención sus bóvedas de crucería  y su claustro gótico del siglo XV.
Me  atrajo de  tal manera que me acerqué al monasterio y lo visité, fijándome en su escudo, que representa un olivo; es curioso que viniendo de Pamplona a Egea, se pasa por Olite, nombre derivado de Oligito e impuesto por los visigodos, en un núcleo en el que luchaban contra los vascones. En Aragón existe el nombre de Olivito, por ejemplo en Siétamo.
Una vez en el Monasterio, el andar por esos suelos dibujados con guijarros, formando arcos y cuadriláteros, saliendo a los jardines presididos por cipreses, que están junto a paredes cubiertas por plantas trepadoras de hojas de color rojo y sentarse en unos bancos de piedra, impone la paz en los espíritus. Esa paz se consolida y se convierte en tranquilidad espiritual, escuchando la música con que los frailes acompañan su cantos, por ejemplo aquel salmo que dice: ”In éxitu Israel de Egipto-Domus Jacob de populo barbaro”, acompañados por música gregoriana. Otros oscenses se han sentido atraídos por este ambiente y el difunto profesor de educación física, señor Solinis, allí iba a pasar largas temporadas.
Ya son nueve los siglos que han pasado por este Monasterio y todavía sus monjes cistercienses, siguen alabando a Dios. A pesar de tanta paz y de tanto amor, parece ser que están disminuyendo las vocaciones religiosas y vemos como se cierran otros monasterios, como el Casbas, en la provincia de Huesca.
Pero en las calles de nuestras ciudades, cada día se observa una mayor desconexión con el mundo del espíritu, sobre todo entre los jóvenes. Siempre se han dado las tentaciones, pues los demonios se convirtieron en tales porque se dejaron llevar por la idea de ser dioses, orgullosos de su belleza y en la Sagrada Escritura, es decir en el Evangelio de San Mateo,4,1 pone:”Entonces Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo”.

Siempre han luchado los diablos,  pero ahora se ven más ayudados por las doctrinas materialistas, dirigidas  por los demoniacos, es decir los hombres totalmente opuestos a esos frailes que todavía están en el Monasterio de la Oliva. Esos nuevos maestros, que sólo atienden el consumo y que hacen que los jóvenes busquen el poder, el dinero y el placer. Tratan de desmitificar los aspectos espirituales de nuestras vidas, creando nuevos mitos y creando sectas que tratan de confundir el psiquismo con lo espiritual y tienen sojuzgados a muchos jóvenes con las drogas. Pero así como hemos hablado de la música espiritual que se oye en el Monasterio de la Oliva, los jóvenes buscan la música con la esperanza de que sus sonidos llenen sus vidas y la “nueva sociedad” ya les tiene preparada la música rock. Los jóvenes tienen sed de música y al quitársela, les hacen sonar el rock,  que tantos casos provoca de violencia, alcohol, drogas e incluso de suicidio. Pero no todas las estrellas y canciones de Rock son malas, sino  el mal uso que se hace de dicha música. Los jóvenes no buscan el mal por el mal, pero los Beatles dijeron: ”Nuestra música puede causar una inestabilidad emocional, un comportamiento patológico, incluso la rebelión y la revolución”.       

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