sábado, 18 de febrero de 2017

Juan Peralta, Camarero



Esta es la historia de  un individuo, nacido en la República Dominicana, de apellido Peralta, del cual un  antepasado suyo, ya había hecho el viaje contrario, es decir de España a la dicha República. Y hoy lo he encontrado en Huesca capital, tierra en la que ya existía y sigue transmitiéndose,  el apellido Peralta. En nuestra provincia se eleva el Pueblo de Peralta de la Sal, del que probablemente proceden los apellidos Peralta.
Tenía Juan, treinta y un años, cuando vino a España, contratado por medio de un documento, que le daba derecho a ejercer de Camarero en nuestro suelo.
Es que los camareros nacidos en la República Dominicana, tienen un sentido del ritmo muy especial, porque su sonido lo producen acompañando el ritmo que produce la bebida en su cuerpo, con el las notas musicales, que alegran su espíritu. Es que de los instrumentos musicales que hacen sonar, surgen con una gran alegría, como por ejemplo de las guitarras, tambores y de esos instrumentos cilíndricos, al que arrebatan los músicos dominicanos, rozándolos con una especie de batuta metálica, que les hace vibrar sus cuerpos con el roce metálico de ese instrumento, que al principio será producido por los músicos dominicanos, hasta convertirlo en un “volcán” de “ritmicos sonidos”. Esos sonidos que hacen vibrar sus cuerpos en armonía con sus espíritus.
Hablé con Juan y me di cuenta de que era un camarero, compuesto de cuerpo y de alma y estaba viviendo su vida, igual que yo, es decir, gobernando o gobernado su alma o espíritu y su cuerpo. Hablaba con toda sinceridad, pues contaba los acontecimientos de su vida, sin ocultar nada que a otros les produce vergüenza y él piensa en que la vida del hombre, está regida por el espíritu y por el cuerpo, pero no siempre gana el bien en nuestra conciencia, sino que a veces, caemos en el pecado, ya sea venial o mortal. ¡Es la voluntad del hombre directora de la realización buena o mala de nuestras faltas!.
Tiene Rafael seis hijos y dice que de varias mujeres. Yo no sé si sería un ser libre al procrear a sus hijos, pero se ve en él,  un hombre libre, que confiesa con toda sinceridad, los hechos que ha creado. Es un hombre completamente libre, porque se inclina en la vida por que no falte a sus hijos el dinero que hace falta para darles alimento a su cuerpo y a su inteligencia. El se da cuenta de que sus hijos, no tienen la culpa de la libertad sexual, que empuja a los hombres y mujeres por la vida.
Vive contento, fuera de Santo Domingo, porque de las obras creadas por su voluntad, no puede ir a su Patria, porque se gasta el dinero en alimentarlos, poniendo su dinero a su disposición. Piensa que sus hijos no tienen la culpa de su libertad sexual, que le empujó por la vida.

Juan  no es un desgraciado,  sino que está contento y piensa cuando podrá volar desde Huesca hasta Santo Domingo. ¡Qué puedas escuchar la música en tu Isla natal que te recogió, cuando naciste!

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