miércoles, 12 de abril de 2017

María Naya Alastrué, casada con Francisco Bescós





María Naya Alastrué, nació en Panzano, en una casa grande de figura cúbica, en la que un antepasado mío, se casó con una Escabosa Azara, hermana de Francisca, última de las Escabosa Azara, que se casó con José Almudévar Altabás, nacido en Barluenga y proveniente de Sieso. Ambos fundaron la Casa Almudévar de Siétamo.
Se casó mi lejana pariente de Panzano, María Naya Alastrué con Francisco Bescós, que fue otro pariente mío por pertenecer a la misma familia que el escritor Silvio Kosti o Manuel Bescós Almudévar
 La casa donde nació María Naya,  ha estado habitada durante muchos años, después de su matrimonio con Francisco Bescós, por su madre y por su hermano Antonio. A Antonio lo veo con cierta frecuencia en Huesca y en Angüés, pues al quedarse soltero, se fue a vivir a una Residencia en este pueblo.
Yo, siendo Veterinario de Loporzano, subía con frecuencia a Panzano a vacunar lechones, que en distintas casas criaban. Pero  era el  marido de mi antigua pariente María Ana Francisco, es decir Francisco Bescós el que era campeón del pueblo en dicha actividad de granjero de lechones. Después de realizada la faena, me invitaban a su casa, donde María nos atendía  con su extraordinaria simpatía  y me hacían tomar un café con leche, acompañado por un trozo de torta. Estábamos acompañados por sus suegros, con los que manteníamos agradables conversaciones y en ellas me hablaban de la Cueva de Solencio, que a veces  se llenaba de agua y salía de improviso por su boca, como una catarata enorme. Me contaban que en la Cueva de Chaves, vivieron hombres primitivos y más tarde lo habitaron las brujas, que una vez a un vecino de Bastaras, no sé si sería Martín Cebollero, le salió de la Cueva un fraile, que resultó ser una bruja enmascarada.
Yendo yo todavía a Panzano,  tuvieron un niño hermoso, al que  llamaron Javier, que era rubio. Ahora que el tiempo ha pasado, ya está casado con Mónica. Cuando yo ya no subía a Panzano, tuvieron otro niño rubio, al que pusieron de nombre Toño.
Ahora vivían en Huesca, pero volvían con mucha frecuencia  a aquel pueblo serrano de Guara, porque allí se vive con una paz inmensa y un ambiente puro, porque cuando uno mira hacia la Punta de Guara,  a veces descubre que se ha puesto un manto blanco de nieve, como si fuera una monja del vecino Monasterio de Casbas. La Madre Pabla Bescós,  Fundadora con la Madre Rafols, de la Comunidad de Hermanas de Santa Ana, quiso ir a Casbas, pero acabó favoreciendo a la Comunidad de Santa Ana. Esta Madre Bescós era tía de Francisco Bescós, esposo de María  y pariente de los Bescós de Huesca, entre los que se encontraba Silvio Kosti o Manuel Bescós Almudévar. Si su marido era pariente de los Bescós de Huesca, ella era pariente mía, como se demuestra con un viejo documento, en que una Escabosa Azara se casó en casa de Naya de Panzano, mientras que su hermana, también  Escabosa Azara,  lo hizo con un Almudévar de Barluenga, y crearon la Casa Almudévar de Siétamo.
Los vecinos de Panzano suben todos los años al Castillo e Iglesia de Arraro, allá en la Sierra de Guara y allí respiran profundamente la vieja historia del antiguo reino de Aragón, cosa que también pueden hacer en Panzano, porque en este pueblo, está presente la antigua residencia de los Condes de Guara.  El año pasado subió María, que quería a la Virgen de Arraro, llena de fe y de optimismo, pero este año ya no pudo, dada la enfermedad que padecía.
Francisco Bescós y su hijo Toño, estuvieron  de vigilantes en la Sierra de Guara, pues siendo  forestales, conocieron todas las formas de vida antigua de la Sierra y las vegetales y las misteriosas cuevas  de desde aquellas cumbres se acordarán de María, su esposa y madre, cuando vean la románica iglesia de Arraro o cuando miren a lo lejos el pueblo de Panzano.   Francisco Bescós, que se quedó viudo de María Naya Alastrué, tuvo con ella dos hijos, uno de los cuales trabajó de Forestal con su padre. En algún viaje que hago a Santa Cilia de Panzano y a este pueblo, también llamado Panzano, alguna vez me he encontrado con los dos hermanos, hijos de Francisco.  Yo salí de la plaza de Veterinario en Loporzano y perdí de vista las actividades de Francisco Bescós. Pero me enteré de que con su hijo Toño se pusieron de Guardas forestales en la Sierra de Guara.
Y ahora he vuelto a ver a Francisco en la Televisión, caminando por la Sierra de Guara, donde explica la existencia de una tumba primitiva, habla sobre marcas picadas en las rocas, que servían para el culto pagano. Además nos relata la proliferación de plantas serranas, que están mirando, allá arriba, al Cielo.
Para mí es una satisfacción volver a ver y a escuchar a Francisco en esa grandiosa Sierra, con sus cuevas subterráneas. Me acuerdo de su esposa, pariente mía llamada María Naya,  con la que tuvo dos hijos, que de pequeños eran guapísimos y ahora trabajadores como su padre. Francisco, el padre que,  gracias a Dios está acompañado por otra esposa de la misma tierra y que vive en Barbastro. ¡Qué el Señor no ha querido dejarlo sólo y lo hace feliz con ella!
Así como María Teresa con sus cien años subía con su hija Teresa Alamán Bescós a Panzano, para respirar los aires de su familia y del Convento de Santa Ana, fundado por su pariente de la Comunidad de Santa Ana, Francisco Bescós corría la Sierra y amaba a sus dos hijos, a los que conocí siendo muy niños con su padre y con su madre.

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