miércoles, 7 de junio de 2017

Caldearenas y su comarca del río Gallego



Me he encontrado en Siétamo, con el abuelo, llamado Laurentino Artero Piedrafita, de dos hermosos niños gemelos. Y siendo yo otro abuelo de seis nietos, en mi pueblo de Siétamo, nos hemos puesto a hablar,  no de cosas futuras, sino pasadas. Me contó, en primer lugar que había nacido en el pueblo que se ve muy bajo, desde lo alto del Puerto Montañés de Monrepós a mil y doscientos sesenta y dos metros de altura. He dicho que sólo sabemos hablar los viejos o ancianos de cosas de antes y efectivamente, Laurentino me ha explicado la historia de la antigua Fábrica de Harinas de Caldearenas.  Fábrica,  que no quisieron deshacer, ya que tenían una llamada del futuro, que les daba esperanza y se dieron cuenta de que en una zona de Montaña tan abrupta, esa Fábrica  podía ser un síntoma de un buen  futuro. Efectivamente,  ese porvenir,  se basaría en la unión por medio de Autopistas, de Sagunto, en el Mediterráneo con el Atlántico, circulando los trenes por las laderas montañosas de Caldearenas, perteneciente al Ayuntamiento de Sabiñánigo, que hasta ahora han presentado una circulación irregular en la carretera, desde el kilómetro 603, en Caldearenas,  hasta el 506, en Arguis.

En nuestra conversación entre Laurentino Artero y un servidor, se encendían ideas progresistas de futuro, porque,  como si ocurriera un milagro, al escuchar  tal conversación, los niños, sonreían.

Aquella zona está quebrada o rota, pues parece difícil la construcción de una autopista, que supere  el Monrepós, desde los I2O2 metros de altura del mismo Puerto de Monrepós, hasta el nivel mucho más bajo en que se asienta el nivel del cauce del río Guarga. Es de esperar que cuando se acaben las obras, sea dulce circular por esta Autovía. El río Gallego  pasa por el lado de la citada Fábrica de Caldearenas. Para endulzar el paso tan quebrado por la autovía, se levantan pistas elevadas, de cemento y numerosos puentes.

Ya no se utiliza la Fábrica de Caldearenas  como molino de trigo, sino que, con muy buen criterio se conserva utilizable, para ser un  estímulo del futuro. Desde la Fábrica llevaban los sacos de cien kilos de harina de trigo al muelle de la Estación de Ferrocarril. Este ferrocarril forma parte del que va de Zaragoza a Canfranc, más quebrado que la carretera. Esta Fábrica no funciona pero puede hacerlo, porque han convertido este Molino en un Museo.

Vemos como se ha hablado, hasta ahora, de acontecimientos pasados, pero los dueños de la Fábrica, que no  quisieron acabar con ella, tenían una llamada del futuro y se dieron cuenta de que una zona de Montaña tan abrupta, tendría un porvenir. Y este porvenir se basaría en la unión del Mediterráneo, desde Sagunto pasando por Canfranc, hasta el  puerto de Burdeos,  por sus laderas montañosas, que, como he dicho, hasta ahora han presentado una circulación irregular desde el kilómetro 603, en Caldearenas, hasta el kilómetro 596, en Arguis.

En nuestra conversación entre Laurentino Artero y  un servidor, parecen encenderse ideas progresistas de futuro, pues al escuchar aquella conversación, los dos niños, sonreían, como aquel que se da cuenta de un porvenir feliz. Aquellos niños, parecían presidir la conversación entre Laurentino Ascaso Piedrafita y yo, tal vez porque eran profetas de ese feliz porvenir, a pesar de que  aquella zona está quebrada desde los mil doscientos sesenta y dos metros de altura hasta  el bajo nivel de Caldearenas, al nivel del cauce del río Gállego. Es de esperar que cuando se acaben las obras, será dulce circular por esta autovía.  El río Gállego pasa por un lado de la Fábrica y sus aguas molían el trigo. La presa era de piedra y me dice Laurentino que la llamaban,  no sé si sería en lengua aragonesa, Matral.  En aquellos pueblos no había luz, hasta el año de 1929, pero hace ya más de setenta años se puso una turbina,  que dio luz a Jabierrelatre,   con su embalse, a Caldearenas, a Aquilué, San Vicente y Serué, que se ve desde el Puerto de Monrepós. Subiendo por Orna de Gallego, se alcanza Abena, Ara, Binué y torciendo,  a la izquierda se puede llegar al Oroel de 1770 metros de altura cerca de la Virgen de la Cueva. Está toda esta Comarca llena de los misterios del Oroel y de la virgen de la Cueva     El año de 1942, el padre de Laurentino era muy labrador y arrendó la Pardina de Camporés, cerca de Ara y de Abena, camino del Monte Oroel. Por el Norte, llega la cordillera hasta Bailo, Botaya, Bernués, Ara. Por el Este, Sabiñánigo se acerca  a orillas del río Gallego. Por el Oeste se encuentran Salinas de Jaca, Agüero,  Anzánigo, para unirse con Caldearenas. Parece que caminas por una tierra sagrada, con el Monte Oroel, al que el pueblo de Bailo te invita a subir a San Juan de la Peña, y en Agüero contemplas la Iglesia de Santiago, donde parece ser que hay en la piedra, un escrito en vasco. Los nombres de esta zona recuerdan el vasco con los nombres de Jabierrelatre, Latrás, Orna de Gallego, Arto, Ara, Abasa, Navas y muchos otros.

El río Gallego te va llevando a Murillo de Gallego, que por Ayerbe, va bajando hacia el río Ebro, encontrándose con la Carretera de Jaca. Hay en este espacio límites por el Norte con la Peña Oroel y San Juan de la Peña, por el Sur con la Sierra que eleva el Puerto de Monrepós, por el Oeste con la carretera de Jaca y por el Este con la nueva Autovía , que sube a Sabiñánigo y que esta ciudad baja. La de Sabiñánigo se preparó para la Guerra Civil, para comunicar a Huesca con Sabiñánigo  y que luego convirtió la aldea de Sabiñánigo en un Centro Industrial.

Pasado el túnel superior de la Autovía hacia Sabiñánigo,  al nivel inferíor de las corrientes de las aguas,  encontramos a la derecha el río Guarga,  circulando por su precioso y casi abandonado Valle, acompañado por una carretera que nos conduce al Serrablo. ¡No quedan casi personas en aquel Valle y en el vecino de Nocito, pero permanece un recuerdo espiritual y humano de San Urbez!. Pero quedan pequeños  pueblos y restos de ellos, como Ordovés, Abenilla, Molino de Villovas y Villobas,Yéspola ,San Esteban de Guarga, Lasosa….Aineto y otros más.

En el lado izquierdo de la Autovía, que sube, buscando el Norte, hacia Sabiñánigo, con Caldearenas al Sur y los pueblos de Aquilué, San Vicente y Serué, se asienta a orillas del río Gallego, con su Fábrica de Harinas, que no se acaba,  aunque no muele, pero aparecen por la primitiva zona del monte de Caldearena, señales de futuro, como cuatro túneles y trece viaductos, que facilitan el paso hacia Sabiñánigo.  Aquella,  hoy olvidada zona, ya estudió en otros tiempos su comunicación con Jaca, pasando  desde Caldearenas por el Embalse de Jabierrelatre, Latrás, Orna de Gallego, Arto, Ara, Abena y Navasa, entre otros pueblos, para llegar a Jaca.

Nace el Gallego en el límite con Francia, pues su nombre de Gallego o Galaico, viene de las Galias, pasa el Pirineo y baja por Sallent, Panticosa y Biescas, para pasar por Sabiñánigo, donde el Gallego hace un “codo”, que se mete  por Orna de Gallego, para pasar por Caldearenas y cerca de  Jabierrelatre, va a parar a Triste, discurriendo  por Murillo de Gallego, Santa Eulalia de Gallego y acabar desembocando en la provincia de Zaragoza. De ese “codo”, sale el río Gallego, que da unidad a todo él, hasta Salinas de Jaca. Cuando se construyó la Carretera de Sabiñánigo,  se separó de la de  Jaca. Y esta obra creó el desarrollo de Sabiñánigo.  No ha perjudicado esta nueva carretera a Jaca, que ahora verá acrecentada su actividad turística, favoreciendo al mismo tiempo  el porvenir industrial de Sabiñánigo y de esa zona desde el Oroel hasta Monrepós y el Valle del Serrablo.

Siguiendo desde el cruce del río Guarga con la autovía, se va hacia Sabiñánigo,  pasando por Lanave, por el Hostal de Ipiés, por Ipiés, y  por el lado del embalse de Jabarrella, se llega a Sabiñánigo, después de abandonar el encuentro del  Valle del Serrablo, con la Autovía.

Sabiñánigo, a cuyo Ayuntamiento pertenece Caldearenas, ha sido un ejemplo de aldea convertida en una Ciudad Industrial, que ha dado esperanza a Aragón, unido desde Francia hasta Zaragoza por el río Gallaico. Estaba construida la carretera de Jaca, pero se acertó al inaugurar la de Sabiñánigo. En aquella zona desde Jaca y Sabiñánigo hasta Monrepós y Ayerbe y desde la autopista en construcción, que pasará por Lanave, Ipiés y Hostal de Ipiés hasta Agüero y Ayerbe, hay monumentos como Santiago de Agüero, la parroquia de San Miguel de Orna de Gallego, que pertenecen a la Pedanía de Sabiñánigo, que se encuentra sobre una meseta, a orillas del río Gallego, que se construyó en el siglo XI, con los estilos lombardo y jaqués.   

En nuestras conversaciones con Laurentino  Gallego, parecen presentarse ideas de progreso de la zona del Gallego, cuando me citaba emocionado la fábrica de harinas de Caldearenas, que todavía puede funcionar y aunque no lo hace, parece que espera, que esté en marcha la cercana Autovía, que comunicará Sagunto con Francia, por Canfranc.  Sus nietos, pequeños niños, se reían al  oírnos.  Al lado de San Juan de la Peña, se encuentra Botaya, de donde tengo antepasados y en el Monasterio está enterrado el Conde de Aranda, hijo como yo de Siétamo, que fue un genio del desarrollo de Aragón, que quería crear como Puerto Marino de Aragón, la desembocadura del río Ebro  en el Mar Mediterráneo. Menos mal que ahora estaremos unidos con el Mediterráneo, desde Sagunto hasta Europa.

Laurentino Ascaso Piedrafita, el que está sentado en un banco de la Plaza Mayor de Siétamo, tiene un recuerdo que le une con las tierras que cruzan las aguas del Gallego, al que recuerda con un gran cariño. El año de 1942, hará unos setenta y tres años, cuando él sólo tenía seis, lo subieron con toda su familia a la Pardina de Camparés, de arrendadores, para cultivarla. Desde ella se veía la Peña Oroel y estaba cercana a Ara y a Abena. Parecía aquel monte un terreno bendecido por el Cielo, pero  era un lugar de inmensa soledad., pues estaban a unos siete kilómetros del pueblo de Ara. No tenía porvenir en dicha Pardina y cuando fue un poco mayor se puso a trabajar con Cáncer y Cebrián, que fabricaba los camiones Pegaso y en tal trabajo estuvo unos treinta años. También trabajó en el desaparecido pueblo de Salinas de Jaca, donde obtenían sal para la industria.

Hoy, sentado conmigo en un banco, contemplando a sus dos nietos gemelos, se acuerda de la soledad de la Pardina de Camparés, pero está lleno de cariño, contemplando a  sus dos nietos, que sonríen por un porvenir, que alegrará la Autovía en Caldearenas y  los pueblos por los que se corre el río Gallego.


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