domingo, 30 de julio de 2017

Casa Gaspar de Sieso





Sobre la puerta de entrada, en esta casa, se exhibe una losa de piedra arenisca, en la que se lee: “Casa Gaspar”.  Sieso es un pueblo pequeño del Somontano Oscense,  a una distancia de un kilómetro de Casbas, con un arte arquitectónico, instalado debajo de la Sierra de Guara, y que mira al Sur, como aquel que busca encontrar una vida feliz, proporcionada por un lado por el clima serrano y por el Viejo Monasterio de las Monjas de Casbas, donde estuvo de Abadesa Ana María Abarca de Bolea, tía de Don Pedro Abarca de Bolea, Marqués de Torres y Conde de Aranda. Una tía suya,  a saber Ana María Abarca de Bolea, nacida en Zaragoza,  pero de la Familia de los Marqueses de Torres de Siétamo, fue Abadesa de dicho Monasterio.

Pero ya  está desaparecida la vida espiritual, la vida litúrgica y musical, además de los “lamines” o agradables dulces  del Monasterio de Casbas y que el pueblo sencillo los llamaba “Pedos de monja”, que se repartían entre los fieles que por ahí acudían.

En Sieso de Huesca se alza la Iglesia de San Martín, con partes de ella que son de Arte Románico. Los Claver, tuvieron un importante papel en la conquista de Huesca a los moros, y sobresalieron en la Batalla de San Jorge, pero no sólo en esta  heroica  intervención,  sino que participaron más tarde en las luchas marinas del Mar Mediterráneo.”Estas aventuras marinas están representadas talladas en piedra, en el Pórtico de la Iglesia Parroquial de Sieso de Huesca. Representa esta labor pétrea de la Iglesia Parroquial de Sieso, la aventura que vivió Don Roberto Claver y Capdevilla en uno de sus viajes a las Indias, en que estuvo tres días luchando con las aguas en una tabla, hasta que un barco ruso lo salvó”.

El 13 de Febrero de 1536, firmó Miguel Claver el testamento a favor de Doña Violante Almudévar y en 1540 “deja testificado como Señora mayorada y usufructuaria a la referida VIOLANTE ALMUDÉVAR, su mujer” Tuvieron cuatro hijos a saber Nicolás Claver alias Valeta, Miguel Pascual y Mateo, pero no nombran a ninguna hija. 

Pero en Sieso además del pueblo sencillo, siempre existió el Arte de fabricar armas e instrumentos de Paz, como lámparas, calderas para hacer limpia la matacía de los cerdos y sillas y sillones férreos, para descansar las personas, e instrumentos de guerra, usados entre otros muchos,  por  el noble Miguel Claver, de una familia de la Montaña, que luchó en Huesca en la Batalla de San Jorge.

Han pasado los siglos y un día cualquiera del año  2.017 me encontré en Casa de Juan Nicolás, dueño de la Casa,  que había alojado la Herrería de su cuñado Eusebio Bernués, dedicado a este noble Oficio de Herrero. Se encuentra este antiguo Taller, convertido en Museo de la Herrería, y del que no se hace ninguna propaganda. Es tan sólo una casa vecinal, en la que hay que introducirse, para contemplar muchos objetos, unos militares, otros ornamentales, objetos que se han empleado durante siglos para el sacrificio de “tocinos”, con cuyos jamones, embutidos y “tocino” graso se alimentaban aquellos vecinos de Sieso. Existían también muebles de gran nobleza, como sillones, llenos de adornos férreos, que usaban los dueños de  casas nobles e infanzonas.

 Se encuentra este antiguo Taller en la Calle que sube hacia la pequeña Plaza, en que se asienta el solar de aquella  Casa antiquísima de los Almudévar, mis antecesores. Ya no tiene tejado, pero se observa el Arco pétreo de la antigua puerta de entrada en dicha casa. Iba yo a preguntar por la familia que es poseedora de las ruinas de Casa Almudévar y al no encontrar a nadie, me dirigí por la dirección contraria, es decir hacia el Norte y frente a Casa de Gaspar, que reúne multitud de obras de forja, trabajadas por el Herrero Eusebio Bernués. Estaba el dueño de Casa Gaspar, pues su cuñado el Herrero ya había muerto hace unos años.

El Herrero Eusebio Bernués tenía unos brazos fuertes, para golpear el hierro, que calentaba en una Forja y luego a base de golpes con  grandes martillos, golpeados  con fuerza y con habilidad, transformaba las piezas de hierro, en Obras de Arte, porque además de la fortaleza de sus brazos, tenía la sensibilidad artística de su corazón.

He llegado a esta casa de Gaspar, donde trabajaba el Herrero Eusebio Bernués y me ha introducido en el patio maravilloso, donde se dulcificó mi corazón, por la vista de dos Pilas de Aceite de 1.500 litros de capacidad, cada una de ellas. Entre ambas hay una puerta,  que no es grande de tamaño, pero engrandece el espíritu, por contener detrás de ellas un buen aceite de oliva, procedente de las oliveras del pueblo de Sieso. Aquel patio mostraba hierro por todas sus partes, convertido en una sala, en que se exponen Obras de Arte, ejecutadas por el Herrero Emilio Bernués. En lo alto del patio de esta casa, se alza un Arco Románico, que sujeta los maderos que sostienen el piso superior. Existe el Arco férreo que sostiene el piso de Arriba, pero entrando a la derecha, para subir al segundo piso, asciende una barandilla artística con adornos de hierro trabajados a lo largo de ella.
Pero aquel Herrero en unos tiempos en que casi no existían los ascensores, fabricó uno, que tiene un aspecto antiguo por el que subí al piso alto. Era una cabina de chapa metálica, en la que introducido con Nicolás Pérez, cogió éste un trozo metálico, forrado con cuero, lo manejó y suavemente nos subió hacia arriba.

De este Herrero no sé los años que hacen de su muerte, pero se intuye un cerebro, que buscaba la Paz, pues no quería las luchas del Cerro de San Jorge, sino los instrumentos de hierro, que se utilizan en la Paz. Y adelantando su inteligencia a los tiempos en que vivía, construyó un ascensor,  que todavía asciende a su hermana al piso, donde tiene su lecho para descansar, desde el espacio de tertulia que se da en la Calle.

Entra uno en el Patio y puede admirar y sentarse en uno de los dos sillones de hierro, que allí pasan su larga y fuerte vida. Para subir por su propio pie al piso primero, se agarra uno con sus manos al férreo e inclinado apoyo que acompaña a las escaleras. En la pared izquierda está colgado un yugo, en el que se enganchaban dos asnos, uno macho y otro hembra, para tener continuidad en los seres que trabajaran en el campo y delante del yugo, cuelga una silla de caballo, en la que el Herrero montaba, para ir a visitar a los clientes que le pedían la fabricación de herramientas de adorno y de trabajo. El ascensor era una copia de alguno que habría visto en Barcelona, en tiempos pasados, y lo fabricó él totalmente. ¡Qué impulsos le hacían realizar el progreso de aparatos nuevos! Y ¡cómo lo lograba!.  

El Herrero Eusebio Bernués, soñaba y trabajaba en el progreso de la técnica industrial, pero al mismo tiempo, envejecía y disminuían los habitantes del Somontano de la Sierra de Guara y ahora, en Sieso de Huesca, ha quedado un Museo, abandonado por el público, donde Juan Nicolás goza de la vida, viendo el afán de progreso que tenía su cuñado.


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