domingo, 18 de diciembre de 2011

Don Cecilio Serena, Magistrado Jubilado y oscense sempiterno



Siempre he tenido un respeto a Don Cecilio y nos hemos tratado durante muchos años, primero con su padre, luego con él,  y con su hermano Ricardo, que fue compañero profesional mío, pues estudiamos la Carrera de Veterinaria, en Zaragoza. En cierta ocasión me llevó a una  taberna monumental, cercana a la Seo de Zaragoza, de la que me queda un recuerdo impresionante,  pero no creo que esté abierta, para ir a verla y recordar los ambientes pasados en ella, con mi amigo y compañero Ricardo Serena. Tenía unos techos altísimos, como si se tratara de una catedral del vino, y asentadas en el suelo subían unas cubas o enormes toneles hacia arriba,  tratando de alcanzar esos techos altísimos,  que acabo de nombrar. Nos sentamos en unas mesas de madera y nos sirvieron un vaso de vino, para cada uno de nosotros. Cuando estaba en el Cuartel, haciendo el Servicio Militar, cometí una falta y me obligaron a no salir de dicho Cuartel, durante unos días. Allí estaba Ricardo como Alférez  de las Milicias Universitarias,  se dio cuenta de lo que me pasaba y me acogió, dándome una litera en la que dormir. Total que gracias a Ricardo lo pasé muy bien. Ricardo acabó la carrera, sacó las oposiciones,  se casó con Anita, mujer simpática y buena, nacida en la parte oriental de la Provincia de Huesca y se fueron a vivir a Murillo de Gallego, donde fui a visitarlos. Tuvieron una hija, que imitando a su padre estudió Veterinaria. En la Plaza de Lizana, estaba el Bar Caserío Aragonés, en el que alternaba Ricardo, con mi tío el soltero José María, con el veterinario Gobantes,  con Farina, hijo del arquitecto que hizo el proyecto del edificio de Hacienda de Huesca y con el fontanero Vallés. Allí alegraba la tertulia el vecino de la calle de Pedro IV, al que llamaban, ”El Geta” de un gracioso humor, y yo llegaba muchas veces a gozar de aquel ambiente. De todos los que acabo de nombrar, sólo queda Farina y la hija de Ricardo Serena, que tanto amaba a su padre y le recuerda con sumo cariño.
Yo vivía en el Coso Alto, al lado del Colegio de Santa Ana y Ricardo, vivía en la parte de atrás. La casa de los Serena, que estaba y todavía lo está al lado de la entonces, puerta falsa del Teatro Principal, y en tal casa estuve en alguna ocasión con Ricardo Serena, comentando los libros y los apuntes de la Carrera de Veterinaria, en la  que ambos estábamos progresando. En alguna de esas visitas, traté con el padre de los Serena, hombre grueso y simpático. Otras veces era Ricardo, quien venía a mi casa, para consultar algún apunte tomado en la Facultad de Zaragoza. Así,  como yo, tenía amistad con Ricardo, su hermano Don Cecilio Serena Belloso, al que lo trato con este recuerdo de dignidad, al tiempo que familiar, de Don, por su sencillez, ya que inspiraba un gran respeto, al mismo tiempo un gran cariño, a todo el que lo trataba,  estaba unido por un largo período de sus vidas, con mi primo hermano José Antonio Llanas Almudévar.
El año de 1926, los Clérigos de San Viator, tuvieron dificultades y siguiendo el Camino de Santiago, vinieron a Huesca, pasando los Pirineos, en el ferrocarril de Canfranc, que, en aquellos tiempos ya unía a España y a Francia y que hoy es necesario volver a abrir. El nueve de Julio de 1926, desde Rodez, llegó a Huesca, el Hermano Víctor Devals,  al que yo, más tarde, llegué a conocer. Aquí, en Huesca, fundaron el Colegio de San Viator, en el Palacio del Duque de Villahermosa. En el artículo ”Los viatores siguen viandando por Huesca”, escribo: “Algunos de sus primeros alumnos fueron parientes y amigos míos, como José Antonio Llanas Almudévar y su hermano Feliciano, el primero farmacéutico, notable escritor y alcalde de la ciudad de Huesca durante algunos años, en tanto que el segundo, Don Ricardo Serena, fue, al mismo tiempo que  un hombre pacífico y de buen humor, un notable Jurista y Magistrado.  Don Cecilio Serena, hombre serio y justo, de virtudes antiguas y modernas, muchos años después, Magistrado jubilado, fue toda su vida  amigo íntimo de José Antonio Llanas. A estos se unían entre otros Vicente Domingo, con su hermano Mariano, boticario el primero, que ya no podían vivir más cerca del antiguo Palacio del Duque de Villahermosa, convertido en Colegio de San Viator, porque estaban en la casa de al lado, o casa de los Administradores de dicho Duque, y dentro de las bellas y  grandes rejas, instaladas sobre una base de piedra en la Calle de Villahermosa,  que sube de los Porches al Mercado. También entraron en el Colegio, mi más tarde cuñado, Luis Tesa Ayala, buen escritor y su hermano, también aficionado a la literatura, que según me contó Don Cecilio Serena “intervenía en un entremés cómico, donde salía cargado de libros, quejándose de su peso y lamentándolo, como ahora lo lamentan los actuales alumnos, que han tenido el recurso de comprar esos pequeños y cómodos carros, con los que llenos de cuadernos y de libros, van cómodamente al Colegio”. Recuerda otros compañeros Don Cecilio y me dice “que Vicente Domingo tiene unas fotos de aquellos alumnos con su correspondiente identificación, fotografía que alguno tendrá  que obtener, porque cada vez, van quedando menos recuerdos de los alumnos, que acudían al Colegio”.
Me dijo Don Cecilio Serena que un hermano de San Viator francés, les enseñó a leer, durante el Curso de 1926-27. El 28 de Diciembre de 1932, cesó en San Viator la Segunda Enseñanza. El año de 1933, el periódico “La Tierra”, del que mi padre era copropietario, homenajeó a los viatores, a los que se les había clausurado el Colegio.
Aquellas películas mudas del Oeste, a veces las proyectaban los viatores, en el salón grande del colegio No faltaba el sonido porque algún hermano, hacía sonar las teclas de un piano, cuyas notas acompañaban a las balas que disparaban los héroes del Oeste americano. Pero aquellos tiros “parecían ser un anuncio de los tiros reales que causaron la catástrofe de la Guerra del año 1936”. El día 12 de Junio de 1937 “una bomba del 15 y medio cae en el dormitorio y otra del siete y medio atraviesa el primer piso, deteniéndose en el colchón de un zapador”. El 20 de Junio, un capitán de zapadores conduce a los tres religiosos hasta Ayerbe y de allí pasan en tren a Vitoria”. El año 1939, reiniciaron el curso los viatores, con tres años de bachillerato.
Don Cecilio Serena y mi primo José Antonio, en aquellos tiempos de ¡maldita Guerra Civil!, estudiaban juntos en casa de Llanas, en una habitación, en la que al salir, entraron balas de fusil y no murieron porque Dios les concedió la vida. El padre de José Antonio, murió muy poco tempo antes de estallar la Guerra. Una vez superada la Guerra, siguieron estudiando. José Antonio se hizo farmacéutico y Cecilio estudió Derecho y se hizo Juez, jubilándose de Magistrado. Ambos se casaron y asistieron a las dos bodas. José Antonio se caso con María Antonia Vázquez en Puente Ceso,  en la Coruña y Cecilio se casó con Antoñita, en la Catedral de Barbastro. María Antonia dio a luz a dos hijas y cuatro chicos y Antoñita a cinco hijos. De dos auténticas damas vinieron al mundo todos esos hijos, pero la hija mayor de José Antonio Llanas, María Teresa, que con su delicado cuerpo, piensa elevadas ideas, ha sido una preocupación para ambos amigos,  a saber para su padre José Antonio y para su amigo Don Cecilio Serena, porque me dijo Teresa, que cuando Cecilio fue destinado a Cervera, con su esposa Antoñita, se la llevaron un mes para que lo pasara con ellos, “a ver si se curaba”.
 Parece mentira que un hombre que estuvo trabajando en Cervera, en Ejea de los Caballeros, en Palma de Mallorca y en Madrid, pudiera preocuparse tanto de los problemas de Huesca, como él  hizo. En 1982, lo nombraron Presidente de la Audiencia Provincial Unido con Federico Balaguer y luchó por la cesión del Palacio de Villahermosa. Federico Balaguer fue Archivero Municipal y Cronista Oficial de la Ciudad. La Duquesa Doña María del Pilar Azlor de Argón, cedió en usufructo sine die, gracias a la gestión de Don Ceciio Serena, su Palacio de Villahermosa.La prudencia y moderación de Don Ricardo, se tradujeron en dos posturas: conciliación y continuismo.
Se jubiló, en Madrid de Magistrado y volvió una vez jubilado, a Huesca.
El mes de Noviembre pasado de este año de 2011, recibí la triste noticia que Cecilio Serena había muerto. Yo no esperaba que muriese de una forma tan rápida, porque hacía tan sólo unos ocho días, vino, acompañado de su hijo, a Siétamo, no sé si a verme a mí o a recordar las veces que estuvo en Siétamo con José Antonio Llanas Almudévar, antes de la Guerra Civil. Paró el coche en la puerta de mi casa y mientras su hijo subía a ella, acompañado por mi esposa, estuvimos sentados tomando un sol agradable. Tenía un buen aspecto y le temblaban ligeramente sus palabras. El escaso tiempo que pasó conmigo, constituyó para él un gozo enorme, porque le pregunté por Antoñita y por sus hijos y él me nombró a José Antonio Llanas  y me habló de las numerosas ocasiones, que hablaba conmigo, en aquellos largos paseos que,  unas veces con Antoñita y otras con un joven amigo,  de cuyo nombre no puedo acordarme, se encontraba conmigo.
Me emocioné al enterarme de la triste noticia de su muerte, pues hacía un tiempo escaso, que habíamos estado sentados en la puerta de mi casa de Siétamo, recordando noventa años de la Historia de Huesca, de la que fue un notable protagonista. Cuando marchó, nos agitábamos mutuamente nuestras manos, como aludiendo a tiempos de guerra, de paz y de grato retiro en Huesca capital. Debemos recordar tus dos posturas, que en otros tiempos utilizaste, a saber: conciliación y continuismo, que ahora van a hacer falta.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La humanidad en La Almunia del Romeral



Joaquín Borruel Buil es un descendiente de Caborbaya, albañil que edificó Casa Almudévar de Siétamo el año de 1853.Me habla de su  padre, cuando pasa gran parte del año en Siétamo, pero no recuerda menos a su madre, Francisca Buil Albero, a la que yo  conocí. Los recuerdos de su madre le llenan de sentimientos su corazón, de tal manera que los manifestaba describiéndome su vida entre las bellezas sobre las que se asienta La Almunia del Romeral. No pude pasar sin acordarme de las vivencias que pasé ejerciendo mi profesión de veterinario y de vivir los sentimientos de Joaquín Borruel y decidimos una tarde calurosísima del mes de Agosto, subir por las orillas del Río Guatizalema, desde Siétamo hasta el verdor, que manifiestan los litoneros, los romeros y las oliveras. El primer punto al que nos dirigimos fue a casa Escario, que fue de la madre de Joaquín y allí encontramos la puerta de hierro del corral, que estaba toda rodeada de una parra, que ofrecía unas uvas rojizas, de las que Joaquín no se atrevió a probarlas, pero yo, sumido en aquel ambiente somontanés del río Guatizalema, en la ladera del monte Miscón y desde donde se divisa Santolaria, con su atalaya restaurada e iluminada por la noche, cogí un grano de aquella uva para comulgar con aquella tierra que conduce el agua a Huesca capital y a los pueblos del Somontano, con su campo de aviación de Alcalá-Monflorite. Esos espejos producen una luz, que nunca apagan las boiras, que en invierno alcanzan a los pueblos próximos. Nos daba la impresión de que no íbamos a ver a ningún ser humano, pero nos encontramos con una pareja, que habita en Casa Sastre y formada por la señora Ester Loriente Abadías y por su marido José Ferrando Trallero. Ferrando ha sido cartero de la Sierra durante treinta y cinco años y yo lo conocí en casa de Lorenzo Zamora de Coscullano y su esposa Ester de una casa en que durante cuatro generaciones tuvieron sastrería y más de cien arnales, emigró a Barcelona, donde trabajó y estudió, pues al hablar con ella, noté la claridad de sus palabras y la lógica de sus ideas, hasta que Joaquín me reveló que era Licenciada por la Universidad de Barcelona. Pero la miel de aquel “Jardín de romeros”, como llamó a la Almunia Don Fernando de Aragón, Abad de Montearagón, había influido en su corazón porque fue  toda  amor y caridad, ya que se llevó con ella a Barcelona a su madre y a cuatro tíos suyos. Cuando volvió a La Almunia se trajo los restos de sus difuntos  y no pudo menos que enseñarme su parroquia y el cementerio, donde duermen sus seres queridos. A Santo Domingo de Guzmán y a la Virgen del Rosario los sacan todos los años en procesión y en aquella tierra serrana, aunque están casi todos muertos, les cantan José Ferrando con su esposa Ester. Para San Vicente, celebran la Fiesta Pequeña  y en medio de la plaza encienden una hoguera, en la que asan panceta, longaniza  y tortetas, acompañadas por el vino de sus botas. El río Guatizalema baja de Nocito y es un punto, desde luego muy profundo. El punto más estrecho que me hizo contemplar Ester, subiéndome a la “demba” de Casa Aniés, fue el paso de Bolituero. Antes, cuando iban a Santolaria, colocaban varios maderos, fajos de “buchos” y barro, pero cuando llegaba una riada, lo arrastraba todo. Encima de Bolituero hay una presa para conducir el agua a Huesca y más arriba, por un túnel, corre el agua al Campo de Aviación de Monflorite y a los pueblos de abajo. Hay una zona más profunda que tenía un molino, una explotación de cobre y una papelera y cruzaban el río por unas vías ferroviarias que allí instalaron. La factoría de cobre se llamaba Martinete y en ella fabricaban calderos de cobre, tan usados en aquellos pueblos. Era La Almunia una potencia industrial gracias al río. Pero no sólo tenía la industria sino también la agricultura, que producía gran cantidad de aceite y por allí pasaba la ruta del vino y del aceite. Había dos rebaños,  uno de ovejas y otro de cabras, pero destacan las colmenas de abejas, que producían una miel transparente y clarísima, como la que destilan de su corazón las personas de La Almunia, donde todavía se encuentra  la llamada zona  de los arnales..

Los buenos y los malos ratos


Buenos ratos y otros malos componen nuestras vida, pero no sólo las nuestras, sino todas las de los que nos proporcionaron la nuestra y tuvieron  que abandonar la suya. Estoy en el piso y suena el timbre, al que llama un hijo mío para llevarse a su madre a la casa grande, de la que vinimos muchos Almudévar y a la que llegaron otros con el mismo apellido y que eran más “madrugadores” que los actuales, aunque también  hemos tenido que madrugar, para llegar al mundo antes que nuestros nietos.
Vamos a pasar un” buen rato” en Siétamo, los padres, hijos ,”jóvenes” , nietos y nietas, tal vez lleguen también algunos de mis hermanos, consuegros, al tiempo que añoraré a mis padres, abuelos, hermanos ,sobrinos y parientes más lejanos. Y todos ellos me harán recordar a mis,  ya  lejanos,  pero próximos antepasados. La casa al vernos llegar, parece que se alegra y que vuelve a vivir con emoción todos los ratos pasados y en aquel rincón del hogar,  parece que está hablando mi abuelo Manuel Almudévar Vallés con Manuel Bescós Almudévar, que se firmaba en sus escritos, con el seudónimo, que él mismo se puso de Silvio Kosti.  Aparecen por todas partes las figuras de mi tío José María,  de mis tías Pilar, madre de los Llanas, Teresina  y Luisa, que acompañada por sus sobrinos echaba una yerba,   que mataba a los “pedilluelos” que parasitaban a las gallinas. Mi padre en aquel colgador,  se ponía unas veces la boina y otras la gorra visera, y cogía el bastón, para darse vuelta por los campos sembrados. Y en la alcoba donde yo dormía, aparece la señora Concha, que me arrrascaba  las espaldas, mientras exclamaba:¡”ay, “jo mío”, ladrón, tu serás ladrón de gobierno¡” . Por todas esas cosas y muchísimas más, se me alegraba el corazón al ver como mi hijo Ignacio venía a buscar a su madre, mientras su hija Belén, con su primo Pablo, allá en Siétamo, hacían sonar el piano de su tía Natalia. Entre tanto los  primos  pequeños,  María, Ignacio y Luis, recogían los periódicos y revistas,  las colocaba en los cristales de las puertas de las alcobas y se ponían a venderlos.
Estoy esperando a mi hija Elena que con su esposo Santiago y con su hijo e hija, lleguen de Pamplona, para acompañarlos en su visita para recordar Siétamo, donde tantas veces nos hemos sentado en los bancos del hogar y donde otra multitud de veces nos sentaremos y se volverán a sentar, para tostar tajadas de pan y comerlas con ajo y aceite.¡Qué ratos más buenos y sencillos se pasaban y se pasan y se pasarán sentados en aquel hogar!.
Estos pensamientos sobre los tiempos  presentes, pasados y futuros me hicieron recordar aquella frase que dice:   “Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente”.Ese pensar en el tiempo y en los tiempos, tratando de unificar él o los que ya pasaron, con el presente, que es aquel en que vivimos y con el futuro, al que mirábamos como miramos los horizontes lejanos, me ha llevado a considerar las teorías del inglés de origen americano, T.S. Eliot. Meditando sobre ellas se intuye que los tiempos presente y pasado están presentes en el tiempo futuro y el futuro entrelazado con el tiempo actual. Basta fijarse en la cultura japonesa porque ha conservado los dioses de sus antepasados y ha hecho surgir novedades tecnológicas modernas. De los buenos y malos ratos en nuestras vidas, debemos conservar los valores antiguos, pero a base de que ellos sean el motor y la energía de los cambios sociales, científicos y culturales, con sencillez y sin violencia.


Fernando Patxot, autor de “Las ruinas de mi convento” y “las de Montearagón”

Nació este historiador balear-catalán y escritor romántico de nobles sentimientos, parece ser que en Mahón en 1812 y murió en Monserrat en 1859. Mi recuerdo de tan ilustre narrador de la matanza de frailes por los años de 1835 y de la desamortización de novecientos conventos, por Mendizábal en 1836, se debe a la triste situación, que reinaba en España el año de 1835, igual que la del año de 1936, cien años después, en que nos vimos oprimidos en España. Mi querido padre Manuel Almudévar Casaus, vio como se fusilaba a “tout le mond”, a gentes sencillas de una y de otra idea y a curas y frailes, como al Padre “Jesús”, cuya fotografía ha impresionado a los españoles y a los rusos, cerca del río Guatizalema. Pero,  al mismo tiempo  se acordaba del incendio que produjo en el Monasterio de Montearagón, el comprador del Monasterio en el año aproximado al de 1835,   cuyo brillo y sus nubes de humo, se contemplaron desde Siétamo. A Siétamo acudió, al huir del convento, después de refugiarse en Loporzano, el que fue primero  fraile  y luego Mosen o sacerdote,   uno de ellos, llamado, Mosen Perote, que ayudaba al Párroco y que vivía en casa de Lobaco. Dicen que el pueblo lo veía en la ventana, cuando vivía,  pero también los espíritus impresionados por tales desafueros, lo contemplaban en la misma ventana,  después de muerto. La anciana señora Juana, me contaba cosas pasadas y mi padre me hacía ver los salvajes acontecimientos de 1835, hacía cien años, con los que se repitieron el año de 1936 y me recordaba la similitud o más bien la total equivalencia entre “Las ruinas de mi convento” y las ruinas del Monasterio de Montearagón, construido por el Rey de Aragón y de Navarra, Sancho Ramírez, del siglo XI, para conquistar Huesca a los moros en el año 1011. Todos lo días  veo esas ruinas y todos los días me miro un cuadro en que se ve arder Montearagón, como en Calasans, cerca de Barcelona, ardió  el convento del Carmen. Aparece ardiendo tal convento en el libro de Patxot, “Las ruinas de mi convento”. Las mismas escenas se dieron  en 1834, en Madrid, donde  se produjo una gran matanza de frailes.  En ella  fueron asesinados 73 y otros once resultaron heridos durante la jornada del 17 de Julio, cuando reinaba el cólera, del que   se corrió la voz de que tal enfermedad había sido provocada por unas cigarreras a las que los jesuitas les habían proporcionado unos polvos de veneno, contagioso. Pero dicha epidemia la provocó el Ejército de Isabel II, que adquirió en la frontera con Portugal. El motivo de los motines en que se sacrificaba a los frailes y a las monjas y se destruían los conventos, algunos dicen que no era religioso, sino debido a las necesidades que el pueblo estaba pasando y que creía que se resolvería con la destrucción de los conventos, de sus comunidades y de las tierras que poseían. Mendizábal crea la Ley de la Desamortización y se empieza a ejecutar en 1836 y 1837.Parece ser que los políticos de arriba, querían que los bienes desamortizados, fueran parte de una Caja de Amortización, pero a pesar de esta idea, muchas propiedades fueron dilapidadas, pues se pusieron muchas a subasta pública, con lo que se aprovecharon de los bienes de las “manos muertas”,  otras “manos criminales”, que como el que se apoderó del Monasterio de Montearagón, dispersó gran parte del patrimonio cultural y luego, le prendió fuego al Castillo-Monasterio. Hay quien dice que los políticos no tuvieron la culpa de aquellos crímenes, pero, cuando se asaltaban los conventos, el Ejército no intervenía en calmar a la multitud agresora. Si esta intervención no se daba en aquellos años de 1835, lo mismo pasaba en el año de 1936, en que la República se daba el nombre de Democracia y estaba descompuesta por los políticos gobernantes, que no se oponían a alguno de los poco más o menos,  catorce sindicatos, que hacían lo que querían, como matar a los civiles y a los curas y frailes. En Siétamo, en el año de 1936, el Ejército, a las órdenes del Coronel Villalba, que residía en Barbastro, se recreaba tomando el sol, a las orillas del río Guatizalema. Su superior militar, Villalba, estaba sometido a la duda y al miedo de si podría parar una revolución tan salvaje y tan fuerte de los milicianos. Estos milicianos no se sometían a la disciplina militar y tuvieron que sufrir y hacer sufrir a todos los españoles, envueltos en una Guerra Civil cruel y salvaje. Entre aquellas tropas de milicianos se encontraba el “Padre Jesús”, huido de su convento y que siendo obligado a gritar “Viva la República”, exclamó: ”Viva Cristo Rey” y cerca de las orillas del río Guatizalema, lo fusilaron. Sólo queda del “Padre Jesús”, una fotografía conmovedora, que está extendida por toda España. Y todavía dicen que aquello era una Democracia, donde una vida humana no merecía el respeto de la Sociedad y el funcionamiento de la burocracia, ni  para poder conservar el nombre  de la víctima y conocer algo de su vida civil y religiosa. A escasos kilómetros de Siétamo,  se encuentra Fañanás y allí fusilaron a la madre de Jesús Vallés Almudévar y a su hermano de pocos años. Un comisario, en una reunión del pueblo, dijo que aquellas personas que no trabajaban, no tenían derecho a comer y por tanto habría que eliminarlas. La madre tenía mucho trabajo con sus hijos y el hermano de Jesús Vallés, con sus quince años, estudiaba, pero los mataron. El pueblo yo creo que no tuvo la culpa de esos fusilamientos, pues no había estudiado, tenía grandes necesidades y carecía de cultura. En el próximo pueblo de Blecua, gracias a un Maestro Nacional, llamado Cavero, todos poseían una mente culta y no mataron a nadie durante la Guerra Civil. Parece que estoy escribiendo como si los hechos de crímenes salvajes, ocurridos en nuestro País, hubiesen sucedido todos en el año de 1936, pero también ocurrieron en 1835. Y esta confusión se explica  porque en España, no había crecido la cultura en el pueblo en cien años. En 1835, en el Convento del Carmen, situado en la costa mediterránea, cerca de la colina de Calasans, escibe Manuel, el único superviviente del libro, cuyo autor es Fernando Patxot en “Las ruinas de mi convento”, que “Apenas pasaba día sin que las cercanías de nuestra morada fuesen teatro de alguna escena sangrienta. Ya era un moribundo que imploraba los socorros santos, y a quien acudíamos para desatar de su alma los lazos con que la humana ira la sujetaba. Y luego los enemigos de aquella víctima llamaban a nuestras puertas con imprecaciones, y nos hacían furiosos cargos porque habíamos dado acogida y socorrido en sus últimos momentos a un desventurado. A lo mejor entraban tropas desbandadas, se apoderaban de nuestros comestibles y de  cuanto lienzo encontraban, y por despido destrozaban nuestras camas y todos nuestros muebles. El Padre José, por aquel tiempo guardián, reunía entonces en el templo a todos los religiosos, y mientras en los patios y en los corredores resonaban la gritería, los pasos, el ruido de las armas, y los juramentos de nuestros huéspedes, se elevaba al Eterno, nuestro canto grave implorando su benignidad y sus consuelos”. Un día de aquellos,  les llegó un oficio de la autoridad, para que abandonaran el Colegio. Les ordenaban  a los frailes  desocuparlo  y trasladarse a la capital del Principado, para evitar la pérdida de sus vidas. Pero no evitaron con este traslado la persecución y la muerte.
Ya en el nuevo convento al que los obligaron a vivir y más tarde a morir,  Manuel recordaba lo que allí  ocurrió : ”Quince años han pasado, y aún me parece que tengo delante aquella desolación terrible. Yo vi a unos desgraciados, a quienes cegaba el furor, complacerse destruyendo aquellas moradas por las que sus hijos suspirarán en vano. Navegantes de un piélago proceloso que harían desparecer los puertos por los cuales clamarán mañana. Aquel espectáculo me pareció un sueño horroroso. No quise huir. Las tumbas, que creía destinadas para recibir mis huesos, dieron asilo a ese cuerpo que es un cadáver vivo, y acaso por la primera en ellas se sintieran de un cadáver los latidos. ¿Es un delito haber permanecido velando junto a las cenizas de mis hermanos?. “¡Pobre Manuel!, que es el protagonista que permaneció vivo, ”cuenta su propia historia, sus tiempos de borrascas, sus días serenos, las persecuciones de que fue blanco, quiere bien a sus perseguidores, y no culpa a nadie”.
Pero al mismo tiempo que en Calasans, me contaba mi padre que  del Castillo-Monasterio de Montearagón, al lado de Huesca, huyeron algunos frailes descolgándose con sogas desde las ventanas y si no murieron, ¿no sería fue por haber huido de tal forma?.  En mi artículo “Arciprestazgo de Montearagón” escribo: “Desde el año 1835, en que se desamortizó Montearagón, iban desapareciendo las piedras que lo componían, al tiempo que desaparecían generaciones humanas. Como desapareció de esta vida el monje y sacerdote, que tenía Perote por apellido, al que después de muchos años, veían algunos, como si se tratase de un santo, a través de una ventana de casa Lobaco. Al morir dejó a una señora, en cuya casa descansaba, un relicario del que dicen contiene sangre de Cristo y que actualmente está en posesión  de una familia de Quicena. En mi casa guardaban,  con respeto, unos simples tirantes del monje Perote”. Los restos del Rey Alfonso el Batallador, quedaron en el Monasterio durante poco tiempo después del incendio, pues los llevaron a la iglesia de San Pedro el Viejo. Mosen Perote, todavía vivo recordaba los huesos del Monasterio de Montearagón, igual que Manuel en el subterráneo cementerio del convento catalán, andaba como si fuera un cadáver, entre los huesos de sus hermanos conventuales y de otros, de los que alguno tal vez sea conocido por la historia. 
“Jesús Vallés Almudévar, sacerdote, que era doble pariente mío, me proporcionó un documento referido a Montearagón en 1789, que me aproxima a dicho Monasterio, porque en el contenido de este documento habla de José Almudévar Altabás”, que era soltero y hermano del antepasado, que bajó de Barluenga a Siétamo. Murió a los cuarenta y dos años de edad, era cuidador de los intereses del Monasterio de Montearagón, al que amaba con locura. El Vicario de Sasa del Abadiado, escribió lo siguiente:”Que es cierto que después de su muerte, Don Antonio Almudévar y Altabás, en la misma casa de Don Judas Narciso, dueño  de ella, el día antes de morir le dijo al declarante, Don Antonio, de que inmediatamente que muriese se llevase un arca que el dicho difunto tenía con bienes propios y papeles de distintos asuntos” y que la dejaba en propiedad del Monasterio. Amaba al Monasterio porque le dejó, además de los documentos, sus propias monedas de oro y de plata.
Huesca tiene que devolver al Monasterio muchas cosas, pero yo no podré devolverle los tirantes, que guardábamos en mi casa, que eran del antiguo monje, Mosen Perote. No creo que se los llevasen, sino que harían como con todo lo que caía en manos de aquellos que en la Guerra, lo tiraban todo. Tiraban la cultura, que ya estaba por los suelos, en España, en 1835 en Calasans, y en 1936,  tiraban a los hombres a otra vida por medio de la muerte y quemaban los conventos, como el del Carmen en Cataluña y el de Montearagón en Huesca.
Casi todos los días de mi vida he contemplado las ruinas de Montearagón y en estos días he leído “Las ruinas de mi convento”, obra traducida a muchas lenguas europeas por su realismo,  su belleza y por las lágrimas que ha producido en muchos corazones humanos. Esta obra está traducida a varias lenguas europeas.
Uno contempla la historia y ve como en el año 1835 llegaron “Las ruinas de mi  convento”, escritas por Fernando Patxot, y las ruinas del Castillo-Monasterio de Montearagón, pero cien años más tarde, ardieron el Castillos del Conde de Aranda en Siétamo y su iglesia parroquial.
¿Cuál es la causa de esta destrucción generalizada en gran parte de España?. Yo me fijo en el abandono en que en España se ha tenido de la cultura del pueblo y esta causa se ve en la obra de José María Llanas Aguilaniedo, que fue un gran escritor de multitud de temas y que ha sido olvidado, como la cultura por los españoles. Rubén Darío, poeta genial, lo elogió diciendo que creía haber descubierto en él,  a un seguro valer literario, pero,  a pesar del pensamiento de este genio, efectivamente se ha olvidado España del escritor Llanas y de la cultura de los españoles. En aquellos años del mil novecientos nueve, cuando Llanas escribió una de las mejores novelas de su época, se debían haber entretenido los gobiernos de España,en interrogar a la Ciencia del cambio de siglo y buscar las motivaciones “que empujaron a muchos coetáneos al propósito de higienizar el campo social y el espíritu humano”, incluyendo el arte, que fue perseguido y destrozado en Monteargón y en tantos lugares de España.En las obras de Llanas se encuentra ”una extraña mezcla de ciencia, de arte,activismo social se entretejió en las producciones de esta farmacéutico”.
Ahora parece que el porvenir amenaza con otras revoluciones, pues la cultura no está difundida para el pueblo, por medio de muchos periódicos y el arte se está sustituyendo por otras muchas diversiones, como por ejemplo la droga.

domingo, 4 de diciembre de 2011

En la Ermita del Viñedo, ha cumplido noventa años la señora Consuelo





En la soledad en que dejaron a Cristo en su crucifixión, estaban tres piadosas mujeres para aliviarla, acompañándole y dándole consuelo. Estas eran la Virgen María, la Magdalena y  María de Cleofás. Y después de veinte siglos, eres tú, Consuelo la que te has dedicado a acompañar a la Virgen María. A lo largo de la Historia del Somontano, ha habido numerosos intentos de eliminar de sus gentes el nombre de Cristo y han desaparecido las monjas del Monasterio de Casbas, debajo de la Sierra de Guara.  En él fue Abadesa Doña Ana Francisca Abarca de Bolea y  escribió los siguientes versos:”Ya se ha despertado Guara, ya se ve a medio vestir,- previniendo tocas largas por la muerte del  abril”.  Más tarde fue también Abadesa, la tía del Cofrade de la Virgen del Viñedo y actual vecino del Batán de Los Molinos de Sipán, José Buil, que de niño acudía al Monasterio para ayudar a las monjas, igual que las tres santas mujeres acudieron a consolar a Cristo.   Y José Buil acudía, no a hacer turismo, sino a trabajar en obras de reparación de los objetos con los que preparaban los suspiros de monja, que le indicaba su tía,  la Abadesa. Y así como las tres piadosas mujeres acompañaban a Cristo, Consuelo, nacida en Castilsabás, se dedicó a acompañar a la Virgen del Viñedo y a colaborar con ella. Y siguieron su ejemplo muchos cofrades de la Virgen, como José Buil, acostumbrado desde niño a ir a apoyar a la Virgen de Casbas, acudió a trabajar por la cercana Virgen del Viñedo, su  madre espiritual. En dicha Cofradía se ocupa, entre otras cosas  “del buen vino que se llevan los que a esta feliz Ermita del Viñedo, acuden”. 
Si porque a ella han acudido desde su fundación numerosos Cofrades de los pueblos del Somontano, pues las romerías, unían a sus pobladores, unos desde la Almunia, en que los miembros de casa Martinete, obsequiaban a todos los vecinos con tortas de anís o de aceite. Acudían al Viñedo como he dicho, dos veces los habitantes de la Almunia, una vez el ocho de Diciembre y otra el uno de Mayo, acompañados por los fieles de doce pueblos del Somontano. Allí se cantaban jotas y canciones, como aquella que dice así: ”Santolaria está en lo alto, Castilsabás más abajo y la Virgen del Viñedo, en medio del olivar”.
Si por el Este se acabó la vida religiosa del Monasterio de Casbas, por el Oeste abrasaron el Monasterio de Montearagón. De este enorme Monasterio nació la artística,  pero pequeña Ermita de la Virgen del Viñedo. Fue  construida en 1728 y como escribo en mi artículo sobre dicha Ermita:   ”está construida con piedra de sillería y en la parte alta con ladrillo. El campanario está cubierto, no con líneas rectas, sino con una graciosa curva y debajo de la ventana donde suena la campana,  se encuentra el reloj de sol, aunque en este lugar parece que no corre el tiempo”. Y la prueba de esta afirmación la vemos todos los que a esta Ermita acudimos, en su “santera” Consuelo, que con sus noventa años, parece que está llena de juventud. Así como el reloj de sol no corre para la Ermita, parece ser que tampoco lo hace para la Ermitaña, que siempre la vemos igual de joven, de alegre, simpática y sonriente.  Ya lleva Consuelo Miranda, que fue esposa de Pablo, nacido como ella, en Castilsabás, madre de un hijo y de dos hijas, abuela de varios nietos y bisabuela de sus biznietos, cincuenta y ocho años y en Enero va cumplir cincuenta y nueve. 
  
Debajo del reloj de sol y “A continuación del pórtico de la iglesia con bancos de piedra a sus dos lados, se abre un a modo de claustro, en cuyo interior han colgado las golondrinas unos dieciocho nidos, porque en el claustro han hallado la paz”, como  encuentran esa misma paz, los que suben a ver y a rezarle a la Virgen del Viñedo. “Dentro de su pequeño volumen, da la impresión de ser un enorme Monasterio dedicado por el pueblo del Somontano a la Virgen del Viñedo”. Parece que la limpia devoción del pueblo del Somontano, ha hecho de esta poco voluminosa Ermita, una sucesora del enorme Monasterio de Montearagón, en un todavía más enorme Monasterio, dedicado por el pueblo del Somontano a la Virgen del Viñedo, que se encuentra, presidiendo el altar mayor en un magnífico retablo, reconstruido por el notable artista, Julio Luzán. En las paredes se encuentran pintadas dos santas mujeres, una Santa Lucía y otra Santa Bárbara, que  hacen compañía a la Gran Señora y humilde Madre de Cristo, que también acompañó a Jesús Crucificado. Uno se conmueve al contemplar los cuadros que se exponen dentro del pequeño, pero, como he dicho enorme “Monasterio del Pueblo”. En uno de ellos se encuentra la letra de un romance, que cuenta los milagros de la Virgen y en otro, escrito en Fabla Aragonesa, narra diversas circunstancias de la iglesia. Este es un detalle que del que nadie ha pretendido hacer propaganda, sino que salió, ya hace muchos años de los cofrades de la Virgen del “VIÑERO”. Da que pensar este detalle, porque nunca había visto en una iglesia, escritos en Fabla Aragonesa. Pero no me extraña que en la Ermita de la Virgen del Viñedo, ”Monasterio del Pueblo”, se halle un cuadro escrito en su propia fabla o lengua. En el cuadro de los milagros de la Virgen del Viñedo, falta uno, pues para mí, lo fue, el milagro que ocurrió el año de 2010, en el empalme de la carretera de Loporzano con la carretera nacional 240. En ese punto chocamos, sin hacernos daño ninguna de las personas, que íbamos en los dos coches. ¿Qué ocurrió?, sencillamente el famoso Doctor Don Luis Chiva, cuyas teorías expone a cualquier hora por medio del ordenador, residente en la Capital de España, subía por el Estrecho Quinto, acompañado por su esposa y sus numerosos hijos y yo bajaba con el cofrade de la Virgen del Viñedo, Joaquín Borruel y con mi nieto Pablo, de venerar a esta Virgen y de conversar con Consuelo, la Santera hoy homenajeada, que me prometió rezar para que no me ocurriese ningún daño. Tuvimos un pequeño roce y al parar al lado de la carretera, dio el Doctor Chiva, gracias a la Virgen de Torre Ciudad, a la que iba a venerar. Allí estaba el milagro, pues a los dos peregrinos nos protegió la Virgen. Al  Doctor Chiva por su defensa del nacimiento de los niños, para que las madres no aborten y a mí, más pecador porque la acompañante de la Virgen del Viñedo, me había encomendado a ella. Como también es un milagro el tiempo, que parece ser que no pasa por el Monasterio del Pueblo, sino que allí siempre reina la paz. Cuando alguien le pregunta a Consuelo que si pasa miedo, aparentemente sola, ella siempre contesta que  no, porque no está sola, sino que así como ella cuida a la Virgen del Viñedo, ésta siempre la acompaña.  Pero ¡Consuelo, tú!, siempre te sientes acompañada, no sólo por la Virgen, sino por todos los cofrades de la Ermita, que a rezarle acuden y que durante más de cincuenta y ocho años, has recibido a los peregrinos que a rezarle a esta Virgen, acudían. Y después de oír y cantar la misa y de rezarle oraciones a la Virgen, gozan de la alegría, con la que cantan, acompañada de almuerzos y estimulada por los tragos de vino, que producen en la viña propia y por el que consigo traen,  de los pueblos vecinos.
En un artículo que escribí sobre la Ermita del Viñedo, expongo: ”Por un corto camino, pero con un encanto especial por los ramajes y sombras por ellos producidas, se llega, como en otros tiempos llegarían las caballerías  cargadas de sacos de olivas, a molerlas al Molino. Entrar en este edificio, te hacía sentir admiración por  los hombres trabajando, para obtener el aceite de oliva y te emocionaba el sentimiento producido por el trabajo excesivo de aquellas gentes, que dormían en el mismo local, para no perder un minuto de tiempo. Allí están los algorines o depósitos de olivas de Pedro Calvo de Santolaria, de mi pariente José Vallés de Castilsabás, de Juan Ordás y de varios otros dueños del Molino,  que en aquellos tiempos lejanos, constituían una Cooperativa.“Estos  dueños del Molino, lo dieron a la Ermita, donde convivían el  sentimiento religioso y el amor al trabajo. Allí se encuentra todavía el “redol”, al que una caballería le hacía dar vueltas a la piedra, muela o “roello”,  que hacía brotar el orujo, separado por las esteras, que colocaban para después sacarlas, someterlas a presión y obtener el aceite. Llama la atención la Prensa de Libra que de madera tiene unos catorce metros y que con el trabajo de los molineros aceiteros presionaba para que saliera el aceite. En aquel enorme madero, uno de aquellos molineros escribió lo siguiente: ”si es que logro con tesón, darle al madero función, como salida de un pobre, he de dar gracias a la Madre de Dios”.En este Molino trabajaban y oraban los vecinos de aquellos pueblos, pero la pobreza que causó la Guerra Civil, hizo que como en todo el Alto Aragón, emigrara un sesenta por ciento de su población, lo que ha hecho que Castilsabás y su ermita, quedara casi despoblada. Pero ese “casi despoblada”, lo ha combatido Consuelo, que no ha querido nunca abandonar a esta Virgen y a su hermosa tierra. Su permanencia ha estimulado entre los altoaragoneses, el amor a la Virgen y el recuerdo de aquel Molino, que en viejos tiempos los hombres de aquella tierra, creasen una Cooperativa Aceitera. Igual que las golondrinas ponen los huevos en el claustro de la ermita, aquellos, ya difuntos señores, crearon la idea que ahora se está realizando en otras zonas de España. Y esta idea, la he visto en tierras navarras de Tudela, donde en doscientas hectáreas de tierra han creado un Cooperativa, dedicada a la producción de aceite de oliva. Aquí ya casi no queda nadie, pero los que quedan, son devotos de la Virgen, disciplinados y trabajadores. Aunque esos hombres y mujeres, no ganasen dinero  al principio de esta obra, a la larga resolverían el problema que ha producido el abandono de Ermitas y Molinos.   
 
Pero, si volvieran los hombres en forma de cooperativa, a hacer funcionar el Molino, igual que cada primavera, vuelven las golondrinas a colgar en el Claustro, sus nidos, unos dieciocho,  que con su dulzura, alegran con sus cantos agudos, el ambiente de aquel lugar, volvería el amor al trabajo de aquellos antiguos habitantes del Viñedo. Se encuentran las golondrinas, a la entrada de la oficina turística, como si ellas fueran atraídas por la Virgen,  por su ermita, por la Sierra que corta los soplos del cierzo, por el sol  y por Consuelo, que encima de ellas, vive, reza, sueña y atiende a sus visitantes, entre los cuales acuden sus nietos y biznietos, a verla los domingos. Tal vez alguno de esos nietos, se acuerde de la poesía de Bécquer, que poco más o menos, así recita:”Volverán las oscuras golondrinas-en el claustro sus nidos a colgar,-y otra vez, con el ala en tus cristales-jugando llamarán”, pues se acuerdan de ti, al contemplar la Ermita y la bendita casa, donde tú moras, ¡santa Santera del lugar!. Como dicen otros versos: “Las golondrinas se van volando-se ve van muy lejos y se llevan su canto,-las golondrinas se van volando-mientras la tierra se va enfriando”, pero tú no te vas, porque la Virgen que se encuentra al pie de Castilsabás no te ha abandonado jamás y tú la quieres tanto y te hace tan feliz, que mientras vivas, estarás con ella. Las golondrinas se van porque llega el frío del invierno, pero volverán, en el claustro de debajo de tu casa, sus nidos a colgar, porque no pueden abandonaros a la Virgen y a ti, como tampoco pueden abandonaros los Cofrades, que tuvieron que emigrar, pero sienten la necesidad de volver a rezarle a la Virgen, de hablar contigo, ¡Consuelo!, y de hacer funcionar una cooperativa del antiguo y bello Molino. Esa idea la llevan los Cofrades en su mente y en su corazón, porque ya hace años, alegran los corazones de los fieles, con vino del Viñedo, producido por ellos. ¡Consuelo, tú vas a vivir todavía muchos años y todos te deseamos que veas  la comunión que existe entre tu Virgen del Viñedo y su Molino!


     

viernes, 25 de noviembre de 2011

A Jesús Vallés Almudévar (1-IX-2004)


No sé si mi primo Jesús Vallés Almudévar hubiera resultado un trotamundos, si no hubiera ocurrió en su temprana edad lo que a él le pasó, pero no me cabe la menor duda de que ha resultado un peregrino a lo largo de su vida, es decir, como un trotamundos elevado, que siempre va caminando en busca de su prójimo, para ayudarle, como queriendo dar lo que él no recibió en su niñez. Siendo todavía niño iba a Fañanás, volvía a Huesca, volvía a Fañanás, pero la última vez que llegó a este pueblo estalló la Guerra Civil y se quedó en unos instantes sin madre y sin uno de sus pequeños hermanos. Se quedó solo, como la Virgen de la Soledad, aunque alguna persona trató de cuidarlo, pero en realidad estaba sin norte, sin dirección, sin aquel cariño materno que tanto necesitan los niños. Y siguió su peregrinación de trotamundos porque lo llevaron a Ola, fue a Siétamo, a la montaña, a Ordesa, hasta que acabó la guerra. Y tanto como viajaba su cuerpo, viajaba su alma, como buscando su corazón y su tempranamente el mandato y los sentimientos de su madre y la compañía de su hermano,pero al acabar la guerra, su cuerpo siguió el viaje a Huesca, donde se encontró con sus hermanos y con su hermana, que era toda bondad, y que lo querían, ya que habían sufrido tanto tiempo con su ausencia y su soledad. Siguió usando sus pies, sin pisar nunca el acelerador de un coche, pero él sentía la necesidad de convertir su trotamundismo en peregrinaje, porque sentía la llamada de su madre y de sus hermanos, que le recordaban las palabras del Miércoles de Ceniza: “Memento homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”. Así se impregnó su vida en unos ideales a los que su corazón y su mente se sometían como obedeciendo el mandato de su madre y de su hermano. Le acompañaban el resto de sus hermanos, su buena hermana que lo adoraba, su sobrina que lo quería, y sintió la necesidad de ingresar en el Seminario. Ha estado muchos años al servicio de la Iglesia, celebrando hace muy pocos años el cincuenta aniversario de su consagración.
Sus últimos años ha estado al servicio de la Parroquia de San Pedro el Viejo, donde ha inspirado la disposición de la capilla de la Torre de la Iglesia y parece recordar a sus hermanos en las bellas imágenes de San Justo y San Pastor, rodeados de custodias y cálices, que tanto ha reverenciado él durante sus largos años de servicio en los altares. Con esa cúpula, esos arcos y las luces que entran por las bellas ventanas de esa capilla románicogótica, parece unir en la Gloria a su madre y a sus hermanos con Cristo, con la Virgen de la Soledad y con los santos Justo y Pastor. Durante su vida siempre calló la muerte de los suyos, pero pensaba en ellos. Contemplar esta historia es como si estuviéramos escuchando la unidad, durante toda la eternidad, entre Dios y los hombres.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

La Enciclopedia de la sabiduría y el oro negro del petróleo


He ido a visitar al señor de noventa años, don Alfonso Buil Aniés y me ha mostrado una Enciclopedia de Química Industrial, dirigida por un profesor alemán y publicada hace ya más de sesenta años. Es un libro de doce gruesos tomos, que se publicó en Alemania, con texto en castellano, pues hizo su versión un profesor español, de cuyo nombre no me acuerdo. Alfonso Buil se pasa la vida viajando por América y por Europa.  En Alemania esa tierra de cerebros filosóficos, que además de estudiar y crear filosofía, han creado y crean inventos industriales, que les hacen trabajar y no quedarse convertidos en un país arruinado, sino que después de una Guerra Mundial, que arruinó a Europa, Alemania salió de esa ruina y ahora, en el año 2012, trata de evitar que los otros países europeos, caigan en la miseria. Alfonso Buil, aragonés de debajo de la Sierra de Guara, quiso antes de la Guerra Civil española, hacerse jesuita en el Monasterio de Veruela, allá en el Moncayo, pero tuvo que ir a pasar los crueles años de dicha Guerra en San Román de Morrano, donde con sus escasos años, evitó la miseria de su familia y de los vecinos de su pueblo. Con sus catorce años, casi un niño, sembró de trigo los campos de su familia, a mano,  es decir, echando la semilla, de línea en línea, que antes había dibujado sobre la tierra. En Alemania no se preocupó de divertirse, sino que compró esos doce tomos de la Enciclopedia de Química Industrial, escritos con letra pequeña y con dibujos de máquinas industriales y se los trajo a España en el avión en que volvía a su País. Aquellos tratados sobre estudios de Química Industrial, para aplicarlos a la Química Orgánica y a la Inorgánica, hablan de metalurgia, minería, cerámica, electroquímica e incluso de explosivos. Dedica el mismo interés por los comestibles, alumbrado, explotaciones forestales, productos agrícolas, alimenticios y medicamentos. Luego llega a hablar de la tintorería, curtidos, del arte textil y de las artes gráficas.
Se atribuye la fecha de la publicación de la Enciclopedia Industrial, al año 1950, pero,  al pasar algunas páginas de este libro tan conocedor del progreso de los hombres, que consta de doce tomos, no se ve ninguna fotografía, sino dibujos industriales, de los que algunos proceden de mil seiscientos y pico,  de mil setecientos y otros de mil ochocientos. En aquellos,  ahora lejanos años, se hicieron grandes inventos y Alemania fue campeona en el desarrollo industrial. Aquí, en esta época,  se ve como ya hace trescientos años,  se hablaba de las energías renovables, incluso de viajar a la luna. El francés Julio Verne ya escribió su libro “De la Tierra a la luna”, que  algunos creyeron que era una aventura de locos y ahora ya se ha ido a ella y se ha vuelto de nuestro satélite. En aquellos lejanos años, ya se estudiaban los helicópteros y los barcos a vapor. En Huesca nació y vivió Campaña, dueño del Campo Eventual, donde hasta hace muy poco tiempo, se guardaban restos de uno de los planeadores que circularon por el aire. Claro que estas hazañas estaban asediadas por numerosos peligros, pues ya Campaña, para las Fiestas de San Lorenzo, haciendo una exhibición ante una multitud de oscenses, cayó en la Alberca de Loreto. En mil seiscientos doce, ya inventaron el coche de vapor, ideado en China por varios padres jesuitas. Los chinos admirados por la capacidad de estos hombres, los colocaron en un “Congreso”,  para que siguieran inventando aparatos industriales. Entonces ya pensaban en el desarrollo  de China, como por ejemplo el Padre San Francisco Javier, que no pudo entrar en ella, pero ya había preparado la entrada de los inventores del coche de vapor. Los chinos, al dejar a los inventores jesuitas en el “Congreso”, preveían su progreso,  que ahora está apoderándose de todo el mundo. En aquellos tiempos lejanos,  ya los chinos inventaron el papel y los explosivos. ¿Qué pasaría con aquel coche de vapor?.  Un francés, en el año 1742 tuvo que luchar durante cinco años en inventar otro coche de vapor de tres ruedas, que se estrelló en una cuesta. No se podía llegar a inventar todas  las  artes  industriales al mismo tiempo, pues aún ahora, se están estudiando los secretos de los frenos. Total que en el año de 1742, tuvo lugar el primer accidente de automóvil y siguen dándose accidentes en que los hombres pierden sus vidas, pero sin embargo, son menos frecuentes, cada vez los accidentes en la aviación. Pero va creciendo el miedo a los accidentes en la Energía Atómica, pues en el Japón se ha dado un accidente horrible. Ahora los hombres están mirando el problema de obtener energéticos renovables, que nos libren de la destrucción de los hombres y están pensando en eliminar las Centrales Nucleares. Pero para ello hace falta perfeccionar las Energías Renovables. Porque desde que se inventaron los velocípedos y después las bicicletas, en que se substituía la gasolina por los pedales, hasta que se empezó a usar la energía eléctrica, han pasado muchos años. Yo me acuerdo del Velódromo de Huesca, en que se encontraron restos de planeadores de madera y de lona, en el que se veían velocípedos, de los que también usó Campaña, pero que no he visto usar, con sus conductores encima de ellos y dándoles impulso a su enorme rueda delantera. Pero,  como dice Alfonso Buil, hace ya siglos que se inventaron maquinas útiles al hombre. Ya los renacentistas italianos hicieron  inventos geniales. Leonardo da Vinci nació en 1472 y murió en 1519 y su capacidad de inventar era enorme, tanto es así que sus contemporáneos no tuvieron capacidad de crear lo que su capacidad inventiva, les iba planteando. Por ejemplo planeó un planeador alado, que imitando las alas de los murciélagos,  volaba por las alturas y un vehículo autopropulsado, que caminaba con muelles y ruedas dentadas. Así mismo creó un barco movido con palas, escafandras para bucear e incluso un submarino. Un aparato tan senillo como el compás, lo ideó él mismo. Gutemberg en 1450, inventó la imprenta, que con el papel que hacía siglos habían creado los chinos, se produjo un adelanto de la ciencia. Benjamín Franklin inventó el pararrayos e Isaac Newton inventó el telescopio reflector y formuló la Ley de la Gravitación Universal. Edison, allá por los años de 1879, perfeccionó la luz con la bombilla eléctrica. El español Isaac Peral, nacido en 1887, realizó el submarino eléctrico. El alemán Karl Benz, nacido en 1844, trabajó en el  automóvil  y le puso ruedas cubiertas de caucho. Fernando Von Zeppelin, creó esos globos de envoltura metálica, es decir el dirigible. Von Braun, nacido en 1912, diseñó cohetes para la NASA.
Pero llegó la comercialización del petróleo, que dividió al mundo en dos partes, una la parte dueña del petróleo y otra la necesitada del mismo. Se había encontrado una energía económica, que resolvía el funcionamiento de los distintos motores, lo mismo de los aviones, de los barcos, de los camiones, automóviles, tractores y coches. No tenía un precio muy elevado, pero cada día va subiendo por aumentar la mecanización de todo el mundo, llegando a sacrificar al transporte, a la aviación y a la agricultura. Cuando el petróleo llegó a ser casi el único combustible, se dejaron casi de inventar nuevos aparatos, aunque se siguió perfeccionando los antiguos motores de explosión. Los países que producen el petróleo con abundancia, se han encontrado con qué poseían la riqueza, que cada día quieren aumentarla. No se ha pensado más que en el dinero para unos cuantos,  en lugar de pensar en las necesidades de los hombres, pues si se hubiera seguido trabajando en el descubrimiento de nuevos energéticos, que no contaminaran y hubieran guardado el petróleo encerrado en el mundo, se hubiera resuelto el problema de la alimentación, ya que con el petróleo, se pueden fabricar alimentos para la humanidad.
No sólo se dejó de preocuparse de crear energías alternativas, sino que en numerosos casos, el petróleo,  convertido en dinero, ha destruido la labor de aquellas personas inteligentes y humanitarias que siempre han buscado soluciones para inventar aparatos que funcionaran con hidrógeno, electricidad, imanes y tantos aparatos que funcionaran con nuevas energías, porque los dueños de petróleo , es decir del dinero, les han comprado sus inventos y los han anulado. Alfonso Buil Aniés, en cierta época quiso construir un automóvil movido por imanes. Los fue a comprar a la ferretería, que entonces se encontraba a la salida de la Plaza de Navarra, hacia Zaragoza, pero alguien más poderoso, le sacó la idea y dejó su invento.
Ahora, cuando la economía mundial está sufriendo, se ven por los montes torres productoras por el impulso del viento de energía eléctrica. Es un aparato inventado hace siglos y usado como molino de viento. En Huesca en Wolskan, trabajan en el aprovechamiento del hidrógeno, pero se encuentran muchas dificultades y el petróleo sigue subiendo su precio.
El pueblo no piensa en estos problemas de las nuevas energías luchando con el petróleo, pero Antonio el camarero de Zizur, ya ha notado la crisis y escribe:”Vivimos un momento dulce, pues ya ha llegado un gobierno nuevo, nuevas ideas van a mejorar nuestra situación. Cuando vas a cualquier Hiper, todo te incita a comprar. Por ejemplo ese televisor, lo mejor de mercado como ese mueble y cuando ya tu cabeza, está reventando de tanta publicidad, coges y pones en el carro un poco de todo. Acabas la carrera empujando el carro, llegas a la caja y cuando pasas la vista, no tienes saldo. Ahora despiertas del dulce sueño del mundo de la realidad y descubres que todo es mentira”. Pero al acabar no se sabe si Antonio busca la soledad, cuando dice:”se tú mismo” o busca una nueva vida de penitente conventual, cuando dice :” métete en ese convento “ y no te hará falta nada más”.
Hay que animar a los que están buscando soluciones a esta crisis moral y energética, para que solucionen esta terrible situación. Alfonso Buil Aniés, está interesado en la eliminación del poder contaminante del carbón, del que ya no explotan muchas de sus minas y por otro lado está interesado en un tratamiento del purín de los cerdos, para obtener un gas, que se convierta en una energía alternativa y evitar que, utilizado como abono, no estropee la tierra cultivable, sino que sea un sustituto válido del abono de dicha tierra, con lo que se producirán alimentos, en estos momentos de crisis.

La sequía por falta de lluvia y de hombres

  Cuando estos días del mes de Agosto, circula uno por las carreteras del Somontano o de la Tierra Baja, se da cuenta de como el monte está ...