martes, 27 de octubre de 2020

Antonio Porta Labata.-

 



Ya son varias las ocasiones en que me encuentro a Antonio en una churrería, comprando chocolate con churros, para dar el desayuno a sus nietos. Hablé con él y me acabé de dar cuenta de que es un hombre al que es preciso ponerle delante el título de don, Si, porque don en su origen romano quiere decir “dominus” o señor y ahora que ya se está perdiendo el uso del don, hay que reconocer que es más necesario que nunca. No sólo es señor porque en medio del trabajo que le dan sus empresas, él se acuerda de sus nietos, de unos niños a los que ama, porque vienen de él y de su esposa, hija de Barraca, nacido en Santa Eulalia de Gállego. Sí, se acuerda de los niños, ahora que tiene nietos, pero se ha acordado siempre de las personas mayores, porque nunca ha podido estar parado en este mundo, sino trabajando en múltiples actividades y cuando se le ocurría alguna actividad,  no decía : “voy  a hacer”, sino “vamos a hacer”. El se acordaba de los hijos de los entonces poseedores de un buen patrimonio de tierra, que a sus hijos no les buscaban trabajo, pero él en aquella empresa de Piensos Porta, buscó trabajo para ¿miles? de  personas, “hombres y mujeres juntamente”. El ponía su nombre delante de la empresa,  pero a su lado trabajaban multitud de personas, por las que luchaba para conseguir su bien y no sólo el suyo, porque a él le basta con poco para ser feliz, ya que viendo a un hijo suyo arreglar un coche o repartiendo chocolate entre sus nietos es la persona más feliz del mundo. El nació en el pequeño pueblo, próximo a Huesca,   de Lascasas y se acuerda de mamar en las ubres de una cabra, a la que cogía cuando volvía de pacer con el ganado, pero no ha abandonado tan rústicas aficiones,  porque todavía cultiva tierras,  a las que riega y se preocupa de ellas, hoy día que el campo está tan  abandonado. Hoy parece que está retirado del trabajo y no es cierto,  porque se preocupa de la empresa Orusa y de la economía no sólo de ella, sino de la de Aragón y aunque siempre sonríe, sufre cuando ve los peligros por los que pasa, la economía de nuestra tierra.

Aquí en Aragón, no nos acordamos de los hombres que han hecho méritos y conseguido el progreso de su tierra, pero a él no le preocupa esa circunstancia, sino que piensa en el bien de los aragoneses, en sus estudios, en sus trabajos y en su porvenir. ¡Ojalá surjan en Aragón muchos patronos como Don Antonio Porta Labata!.

¿Hay poesía en las grandes ciudades? (Escrito de mi libro Claroscuros)

                      


     


  

Yo he vivido siempre en ambientes rurales y de pequeñas ciudades. Cualquier cosa en estos medios resulta entrañable e invita a la poesía. De las grandes ciudades sólo tengo noticia por los periódicos, por las revistas y por haber pasado someramente por ellas. Y la verdad es que su imagen me resulta deprimente. Me pregunto: ¿será posible que en las megalópolis no exista poesía?. En las películas americanas se ven caer hombres y mujeres, desde lo alto de los rascacielos, unos impulsados por su propia desesperación y otros por una mano, cuyo dueño se esconde en las sombras. Las novelas describen con toda serie de detalles, cómo cuatro muchachos de catorce  años, arrastran fuera del paseo, hacia los árboles, a una enfermera vestida de blanco, de unos dieciocho años. En el barrio de Harlem las ratas viven o sobreviven en compañía de los negros, que no hacen más que eso, sobrevivir.

De  París tenía una imagen romántica; me había creído a Maurice Chevalier cuando cantaba “Ma pomme”. Indudablemente él y otros trataban de descubrir a los parisinos  algún aspecto poético de París. Y sacaban a la luz la Ciudad “Lumière” a los “clochards sous les Ponts de Paris”. Yo fui a París a tratar de descubrir estos aspectos poéticos, pero sólo  descubrí  alineadas a lo largo de algunas calles, mujeres blancas, negras y amarillas, que se ofrecían al último postor. También había seres humanos de sexo indefinido  y pechos turgentes, que ofrecían su artificio a hombres y mujeres indistintamente.

Había negros de la negritud francófona, que extendían sobre las aceras sus pobres mercancías, consistentes en collares de semillas y pequeños “tam-tams” y era lamentable ver como eran arrojados de sus puestos de venta por la policía.

En los escaparates las maniquís humanas, inmóviles, imitaban a las muñecas articuladas y éstas, a su vez, casi se identificaban con las humanas. ¡Qué morbosa competencia!.

Los “clochards” van cambiando las bóvedas de los puentes por lo menos románticas, pero más cálidas del Metro.

Sentados unos y acostadas otras sobre los bancos de la estación, bromeaban borrachos, escondiendo sus botellas a la sed de sus compañeros. Era un día de elecciones y uno de los discípulos de Baco, levantando su botella en actitud de brindis, exclamó: ”Yo  he votado a  la derecha, porque la izquierda dice que los vagabundos tienen que acabarse”. Este fue el único canto a la libertad que escuché en París.

Estos días, hasta nuestro divino Dalí ha salido desengañado de la capital del Arte. Su exposición ha sido boicoteada por una huelga. Se ha marchado  exclamando : “Paris c’est fini”.

Pero a pesar de estos cuadros, que he intentado describir, no me resigno a creer que no existe la poesía en las grandes ciudades.

Me acuerdo de aquel negro americano que hizo amistad en la celda de su prisión con un ratón con el que compartía su queso. Y me viene a la memoria el preso medieval, pobre cuitado, que ni  sabía  cuando era día, ni cuando las noches eran, sino por un pajarillo. No me extraña que el negro fuera amigo de un ratón, pues yo, de niño, era amigo del “Ratón Pérez” y hoy a mi hija Pilar se le ha caído un diente y el mismo ratoncito le dejará un pequeño regalo. Y también me imagino a “ Mickey Mouse” haciendo felices a los niños americanos. Y el borrachín del Metro parisiense, brindando a la libertad, pone una nota de ilusión en mis tristes pensamientos. Y deduzco que allí, donde haya seres humanos, parece existir poesía.

lunes, 26 de octubre de 2020

Curro Jiménez, Diego Corrientes y el Cucaracha

 


El bandido "El cucaracha".


Todos hemos visto en la televisión la vida de Curro Jiménez. Fue éste uno de tantos bandidos, llamados por el pueblo, generosos, porque decían que robaban al rico y socorrían al pobre. Algunos de ellos, como Diego Corrientes, no cometieron delitos de sangre, pero cuando cayeron en manos de la justicia, murieron descuartizados. Los bandidos que  más fama alcanzaron en España fueron andaluces, pero en el Alto Aragón tuvimos al Cucaracha, cuyo recuerdo permanece en la memoria de las gentes de nuestros pueblos.
Los aragoneses no somos dados a airear nuestros propios asuntos y, sin embargo, con la vida de nuestro bandolero,  el Cucaracha, se podría filmar una película que no le tendría envidia a la de Curro Jiménez. Casi hemos destruido la jota y la fabla, hemos olvidado a nuestros hombres famosos por sus valores intelectuales, literarios  o por su mito. Bien se vale que mosen  Rafael Andolz,   publicó su libro sobre la vida de nuestro personaje.
El Cucaracha tenía sus escondrijos en la Sierra que va de Tardienta  a Alcubierre y otras veces se ocultaba en las cuevas de la Serreta que va desde Piracés hasta Alberuela, pasando por Tramaced, Fraella y Marcén. Grañén en el llano, quedaba casi en el centro geográfico del mapa de sus correrías. Alguna vez se alejaba de esta comarca, llegando hasta Colungo, donde con su cuadrilla asaltó una casa muy rica. Dicen que todavía alguien de la “redolada” conserva una clueca de oro con sus “polletes”. Si es verdad, yo creo que ya habrá prescrito el delito, porque estas fechorías tuvieron lugar a fines del siglo pasado.
En Senés, la víspera de San Bartolomé, se puso un bandolero en cada boca de calle y el Cucaracha se llevó lo que quiso sin ninguna violencia.
En Torralba los pinos bajaban de la Sierra hasta el  Pilar y escondiéndose entre ellos, llegó un secuaz hasta una casa, en que llamó, miraron desde una ventana y viendo de quien se trataba, le tiraron una gruesa piedra, le dieron en la cabeza y lo dejaron muerto. En Callén dicen que el Cucaracha mató al amo de casa Bercero, pero el pueblo dice que fue un criado infiel, buscando descargar su crimen en el bandido.
En toda película tiene que salir una bella mujer amada por el protagonista y el que nos ocupa dicen que tenía una amante en Torres de Barbués. También los bandidos tienen su corazoncito. Si, el Cucaracha tenía buen corazón y a los labradores pobres les daba dinero para comprar dos, tres o cuatro cahices de trigo para sembrar. También demostró su generosidad con “Siña Olaria”.
“Cuatro titinas  teneba a viella Olaria n’o  corral. Una con a gorguera pelata, sin plumas, con a pelleta muy roya, muy roya y cotaza de tanto aparar a frigor d’a nuey al raso, penchada en una figuera. ”Otra tenía la cresta granada como una granada; otra era negra como la toca, la toquilla, las sayas y las alpargatas de su dueña y la más pequeña era enana, pero la que más gozo le proporcionaba. Se le ponía en los hombros cuando se acomodaba en la silleta de ir a misa y le picaba en las cabecicas negras y redondas que le sujetaban el moño. Estaba viuda  y como no tenía dinero, no podía pagar la contribución. El recaudador, que tenía la conciencia más negra que la gallina del mismo color de la señora Olaria, se le llevó la negra, la pelada, la de la cresta granada y la enanica.
El Cucaraca que se enteró, le regaló ocho gallinas y dos sacos de trigo para que les diese de comer.
Pero el bandido generoso estaba condenado a muerte y estando asando un cordero en una paridera, mandó al “repatán” a buscar vino. Cogieron al muchacho y en su bota le pusieron un soporífero, para que se durmiera el Cucaracha. Estando durmiendo llegó la justicia y le dispararon.  Aún tuvo tiempo de incorporarse y de disparar un trabuco de boca de campana, antes de caer muerto. Sus enemigos muy contentos, cantaban: “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caminar”.

“Siña Olaria”, a pesar de sus escasas posibilidades, le mandó decir una misa y le rezaba por las noches el rosario y lloraba, lloraba.

La cucaracha.-

 

               


                                                    

La pobre cucaracha está desprestigiada, no llega a alcanzar ni la categoría de cuco. Hay cucos muy simpáticos. ¿Quién no recuerda las mariquitas o  coccinelas, semiesféricas, de color rojo intenso y con sus siete puntos negros?. Cuando caía en nuestras manos una de ellas, después de dejarla correr libremente por nuestro dedo índice, la invitábamos a recobrar su libertad, diciéndole: “Marieta de Dios, levanta las alas y vete con Dios”, consiguiendo de esta manera verla marchar, pero no con Dios , sino a devorar a otros cucos de color verde casi transparente: los pulgones a los que conocíamos como “vaquetas de hormiga”. Nos hacía una ilusión enorme ver a estas “vaquetas” alimentándose en los brotes  tiernos de los rosales; pero era todo un espectáculo observar a las hormigas que de la misma manera que los vaqueros suben a la Montaña a ordeñar a sus vacas, ascendían por el tronco y las ramas del rosal a libar el néctar de sus “vaquetas”.

Los hombres explotamos a las vacas como las hormigas y las mariquitas a los pulgones; al fin y al cabo también somos unos cucos, claro, que unos más que otros. De la misma forma que de la palabra cuco parece deducirse el  despectivo  cucaracha, aplicado a escala zoológica, igual se deduce la palabra cucaracho aplicada a la especie humana. Toda regla tiene su excepción, ya que al más famoso bandolero del Alto Aragón lo llamaban Cucaracha, en lugar de “Cucaracho”. ¿Por qué lo llamaban así?. Tal vez porque no era muy malo, según me comunicó un viejo pastor. Salía por la noche, se arrastraba entre la maleza, robaba con su trabuco como las cucarachas con sus trompas y se refugiaba en los agujeros de la Sierra. Poco más o menos, como las cucarachas, salvando la diferencia de que el bandido era generoso y las cucarachas asquerosas.

Me acuerdo de que en mis tiempos de estudiante, cuando me levantaba por la noche, al encender la luz veía una fila de cucarachas, que subiendo por una pata de la mesa entraban por el cajón a emponzoñar mis escasas provisiones. Después de dispersarse, con la luz, la negra procesión, pude comprobar cómo acudían s refugiarse debajo de la fregadera. ¡Qué asco de pensión!. No os riais porque el otro día me dijo un estudiante que en su piso había piojos de dos clases. Hemos adelantado en cambiar la pensión por el piso, pero estamos igual con respecto a los inquilinos. Antes, las viejas se ponían en círculo para despiojarse mutuamente. Yo , cuando me veía en estas lides  cucarachiles, llamaba a mi compañero, que se armaba, con un periódico doblado y se liaba a dar mandobles contra el asqueroso enemigo, al que producía multitud de muertos y heridos. Con la escoba despejábamos el campo de batalla, haciendo algún acto en su manejo para cantar aquello de : La cucaracha, la cucaracha, ya no puede caiejaminar, porque la faltan, porque no tiene las dos patitas de atrás”.

El humor infantil disipaba así el frío, el hambre y la náusea. Ahora los insecticidas son armas mejores que los periódicos y escobas, pero todavía, de vez en cuando, por algún mostrador de Bar, se ve correr alguna.

Entonces yo no puedo menos que acordarme de la vieja patrona de Zaragoza y de la tía del dueño del dueño del Bar. A pesar de los insecticidas aún quedan cucarachas  y cucarachos. Los debían de hacer selectivos. Los debían hacer selectivos, para que mataran sólo cucarachos y cucarachas y dejaran en pasa a las “ Marietas de Dios” y a las personas.

 

 

domingo, 25 de octubre de 2020

Contacto infernal de un huérfano del Hospicio de Huesca.

 


                                                     

Yo, Ignacio Almudévar Zamora, nací en la Villa de Siétamo, el año 1930. Allí iba a la Escuela, donde también acudía el muchacho que ha llegado a ser Cardenal Javierre, entre otros muchos. Mi primer maestro fue Don José Bispe, hombre sensato y bueno.

Las circunstancias nos hicieron vivir a mi familia y a mí en Jaca ,en Ansó y más tarde en Huesca, donde fui al Colegio de los Salesianos y al de San Viator. Luego estudié en Escoriaza (Guipúzcoa),donde caí en la cuenta de que desde Lérida a Navarra se habló el vasco-ibérico. En Zaragoza estudié la carrera de Veterinario

Siempre me gustaron las catedrales, los puentes, los ríos, los montes y las alamedas y escribí mis artículos y di conferencias, de los cuales he seleccionado algunas para componer este Retablo del último tercio del siglo XX. Ya me habían editado dos libros  de los que ya no queda ninguno en las librerías, a saber . uno en “fabla” aragonesa y titulado Beyendo  chirar o sol y otro en castellano, que tiene por título Claroscuros.

Este libro describe en algunos artículos a los ciudadanos del Alto Aragón, que han soñado con el porvenir de su tierra y de sus pueblos, pero como decía Don Federico Balaguer: Si son pocos los habitantes de un país, poco pueden alcanzar y yo añado pero tenemos que alcanzar el triunfo.    

Encuentro este escrito el día 27 de Septiembre del año 2005 y pienso en los inmigrantes, que están llenando España. Pienso en lo que escribió Jesús Llanas Aguilaniedo, que decía que todas las grandes culturas del mundo han caído por obra de hombres primitivos. Así ocurrió en Roma, en Egipto, en Grecia y ahora puede ser que ocurra en Europa. Hay que considerar que en Francia viven unos once millones de norteafricanos, que son contrarios a los viejos pensamientos de los franceses.

Aquí en España sus habitantes no se conservaban en gran número porque no se reproducían y se cerraban escuelas y ahora se están abriendo en las capitales y vuelvo a repetir: ”tenemos que alcanzar el triunfo, pero será un triunfo distinto al que durante siglos ha sido la causa de que el español se hablara en tantas partes del mundo”.

Pero, en la actualidad, a ese triunfo va unido un fracaso mundial de la Salud, que es difícil de superar y que no se sabe como saldrá la humanidad de este fracaso mundial del  Progreso.

Progreso total que no era realizado como un acontecimiento triunfal de gloria por generaciones humanas, que iban desapareciendo, unas en los montes y otras en los cementerios. Pero eran progresos de la Humanidad, que dividida en generaciones, lanzaba a lo largo de los años, un progreso que iba quedando para las siguientes.

Se veía progresar a la Humanidad y retroceder a la vida animal, obra selecta de Dios, por l o que no debe el hombre acabar con los animales.

Pero está todavía pendiente el porvenir de los hombres, que después del cementerio, sus almas suben al cielo, dejando un Mundo progresivo.

Yo creo que las sepulturas humanas, nos recuerdan el progreso de la Humanidad, que cada día se encuentra más cerca de Dios.

Pero esta llegada de la “Peste de los hombres”, hace surgir nuestra conducta en una inmensa duda del comportamiento de los hombres, unos discípulos de Dios y otros de Satanás.

Muchos no creen en Satanás, pero yo me acuerdo de un acogido en la Diputación Provincial de Huesca, huérfano que se reunía alrededor de una mesa con otros muchachos, que invocaban a Satanás. Escuchaban sus palabras y mi joven amigo, sintió tal crueldad, que horrorizado abandonó al diablo y se hizo un discípulo correcto de la Diputación Provincial de Huesca, por ser un huérfano, recogido en el Hospicio.

No quiso nunca contarme los detalles de aquel infernal contacto y se paseaba con su novia por los Porches y por la Plaza de Zaragoza. Pero hay gente que habla con el demonio.

ANSO

 


Ansó(Huesca).

Después de unos sesenta años, te voy a saludar Ansó, con la misma frase que entonces, desde lo alto de una Peña, que hay a la derecha de la carretera que sube a Zuriza, diciéndote :"Ansó yo te saludo, no eres Ansó, eres Ansotania".¿De donde me sacaría yo tal frase? no me acuerdo, no me alcanza tanto la memoria. Sólo sé que en aquellos momentos, mi  ánimo estaba como encantado, como enamorado de esta Villa, poseído por su belleza y la de su entorno, que me llevaba a considerarme en un país de las maravillas, que mi imaginación infantil definía como Ansotania.
Luego he meditado mucho sobre mi saludo y he llegado a la conclusión de que nunca he dicho mayor verdad, porque Ansó reúne todas las características necesarias para ser un país con una recia personalidad, porque recias y luminosas son sus montañas y sus puertos, recios son los tejidos con que están confeccionados sus trajes de nobleza impresionante, y recia es su fabla tan gráfica, tan sonora y tan bella, recia es su jota aragonesa, más serena aquí y más embravecida en los secanos de la Tierra Baja y recia y bien lanada es su raza ovina ansotana.
Entonces, ¿es Ansotania un país?. Quizá  haya exagerado en mi apreciación dejándome llevar de mis nostalgias infantiles y de mi pasión aragonesista. De esta pasión deriva mi calificativo de país para Ansó, porque en él se reúne la flor y nata del aragonesismo, porque es el origen de Aragón, junto con las comarcas vecinas y donde más tiempo se han conservado sus valores.
En pocas palabras Ansó, me parece una síntesis de la identidad aragonesa.
Cuando, siendo niño, subí a Ansó lo hice en la caja de un camión y me impresionó la Foz de Biniés, como una inmensa puerta que daba acceso a la villa que nos iba a acoger. Nos alojamos al principio en el Hotel de la Plaza, de donde pasamos a una casa de la Calle Mayor, donde comenzó mi integración en la vida del pueblo.
Cerca de donde yo vivía, había una placeta, en una de cuyas casas la dueña vestía, habitualmente, la toca y los atavíos ansotanos. Su bello rostro recordaba el de una madona, cuya blancura resaltaba enmarcada por la toca. Parecía una gran señora, pero además lo era, porque mi hermano menor Jesús, que tenía tres años le mató unos pollitos y cuando fuimos a pedir excusas y a pagarlos, no sólo no nos quiso cobrar, sino que disculpó la travesura del niño. Ahora doy más importancia al hecho, porque a más de un ansotano le han hecho pagar daños, que han causado media docena de ovejas en un trigo, que a lo mejor estaba sembrado en una cabañera.
Y volviendo a los pollos, entonces los criaban las dueñas con el mimo producto con que hoy se cría a un niño, es decir pan con leche. En esos carasoles, la vieja hilaba, el tejedor tejía la gallina escarbaba, el ciego tañía y la niña cantaba al bebé:¡teje, teje, tejedor, garras, garras de traidor!.
El tejedor llevaba su teje-maneje, pero desde luego que no tenía garras y menos de traidor. El niño pequeño que todavía era menos traidor, agitaba sus manos como si tejiese, alternaba el movimiento de sus pies, como si estuviese moviendo el telar por medio de pedales y mostraba una gran alegría al oír eso de :"garras, garras de traidor".El contraste entre la inocencia infinita del niño y la acusación de traidor, que se repetía gozosamente al ritmo del cuneo, provocaba la risa de todos. Risa esencial, risa maternal, risa existencial.
Todo era ritmo en el carasol, el subir y bajar del uso, el teje-maneje del tejedor, el escarbar de la gallina, el tañer del ciego y el cri-cri de la cigarra en el  árbol. El burro, atado a una herradura clavada en la pared, parecía dirigir la orquesta, pero no con una batuta, sino con dos, que eran sus largas orejas. Se posaba un tábano en su oreja izquierda, lo espantaba con su movimiento y se posaba en la oreja derecha, en una constante pugna tábano-asnal en la que no había vencedor ni vencido, pero si movimiento continuo. Zumbido del tábano y ritmo en el cuneo de la cuna y en el sube y baja del huso de la vieja. El tejedor teje y una anciana desteje una toquilla para hacerle peducos al nieto "repatán".
Tejer y destejer, todo es hacer.
Ahora se oyen muchas músicas ruidosas, pero yo quisiera que alguien tejiera y destejiera una música con un ritmo antiguo y aldeano, que me hiciera olvidar siquiera por un momento o por el tiempo que tarda en consumirse un disco, el ruido sin ritmo de la capital y recordar el ritmo ansotano de la placeta carasolera, próxima a la
casa donde vivía.
Pero volvamos a los pollos, que entonces, como antes he dicho, criaban las dueñas con el mimo con que hoy se cría a un niño. La clueca les daba su calor maternal, y si éste era poco en las heladas noches, les ponía una botella de agua, que previamente habían calentado en el hogar, dulce hogar, aunque oliese a humo. Humo, que por otra parte, al salir por las chimeneas al clarear el alba, procedente de la leña seca y diluirse en el aire puro de la mañana, más bien parecía aromático que molesto, no como ocurre hoy con el humo procedente de las calderas de las calefacciones y de los tubos de escape de los automóviles. Entonces, y perdonen mi reiteración, hasta el humo era humo. Durante el día, cuando la vieja de la casa salía con su silleta de iglesia a tomar el sol a un lugar carasolero, sacaba con ella el cajón de madera donde cobijaba a la clueca con sus pollitos. El sol desentumecía los cansados huesos y crujientes articulaciones de la vieja y fortalecía los tiernos huesos de los pollitos y proporcionaba calorías ecológicas a la agotada gallina. Los pollitos corrían de aquí para allá  como niños que salen al recreo y a la voz de :¡titines, titines! acudían a recoger las migajas que caían de la "crosta" de pan que la dueña estaba "esmiquetando".¡Pobres viejas, que cuando decían que iban a "esmiquetar una crosta de pan", se les reía el señor Secretario porque hablaban mal, cuando en realidad hablaban una fabla bella y tan diáfana que hasta la clueca y los pollitos la entendían.
Y no sólo las aves, sino el conejo al que convocaban a la voz de: ¡sancho, sancho! "y a la cabra a la que llamaban: "¡mona, mona!, la oveja que acudía a la voz de:¡quirrina, quirrina!, mientras que al cerdo le decían: ¡gulín, gulín! sí era pequeño y: ¡gulo, gulo!,si era gordo.
Con tales cuidados los pollos luego se hacían tomateros, y supongo que los llamaban tomateros porque habían llegado a un desarrollo que les hacía aptos para ser condimentados con el rojo fruto procedente del huerto familiar.
Costituía un acontecimiento en la casa, cuando a los pollos les salía cresta, como lo era cuando al niño le salían dientes. Y si la cresta era granada, en lugar de aserrada, lo iban a comunicar a las vecinas, como van a comunicarles que se han comprado unas cortinas nuevas o un tresillo.
Aquellos pollos no consumían pienso compuesto, comían las semillas que quedaban en las granzas del trigo de la era, a donde los trasladaban durante la trilla, a gozar de un verano natural, de una comida natural y de un agua fresca que sacaban del pozo con sus pozales.
En años de escasez, y cuando el novio de la hija tardaba mucho en llevársela al altar, mataban todos los pollos, luego las gallinas, después el gallo y si el futuro era tan reacio, tenían que matar hasta la clueca. Tal vez alguna futura suegra hubiese hecho bien en matar primero la clueca, a ver si el novio se ponía clueco y se casaba, sacando de casa el consiguiente gasto. Si esto ocurría o los pollos eran numerosos, había que guardar alguno para caponar,  palabra más modosa que su sinónima castellana.¡Oh el capón, gran señor, digno de veneración!,como decía Baltasar del Alcázar de la morcilla. Toda casa que se considerase, tenía que disponer de capones para Navidad, unos para el propio consumo, palabra todavía no adulterada, y otros para regalar a los parientes de la capital y a los señores a los que se debía, o de quienes se podía esperar algún favor.
El caponar era todo un rito, y en todos los pueblos había una matrona que lo supiese celebrar. Era una especie de matriarcado, que se transmitía de madres a hijas. Había que concertar la fecha y la hora para dejar a los animales en ayunas con antelación, igual que se hace ahora cuando una persona va a sufrir una operación. Se acomodaba a la operadora lo mejor posible, se le ofrecían toda clase de facilidades, se le preparaba agua "apañada", e invariablemente se le decía que no tuviese miedo a matar algún pollo, porque la olla estaba preparada al lado del fuego eterno del hogar. El marido y los tiones, ocultamente, estaban deseando que esto ocurriera, pues hacía tiempo que no habían comido pollo y entonces el pollo era pollo. La operación, efectivamente, conllevaba riesgos pues las aves, más elegantes que los bípedos implumes, son criptórquidas y por tanto llevan sus atributos masculinos ocultos dentro del abdomen. A estos atributos los llamaban criadillas y fritos con ajo constituían "bocatto di cardinale".
Yo invitaría a las feministas a hacer una "lifara" de esta índole para vengarse del machismo que durante siglos las ha oprimido.
No hay nada nuevo bajo el sol y aquellas matronas así lo hacían entre bromas más o menos picarescas.
Con el agiornamiento y la desmitificación de los ritos desapareció esta costumbre ancestral y los capones ya no se ven en nuestras mesas navideñas. España y los españoles somos así.¡Qué le vamos a hacer!.
Mientras tanto los franceses siguen caponando pollos y, lo que es más sofisticado, siguen caponando pollas para convertirlas en "poulardes".Y como en España somos imitadores de lo extranjero, nos engañan como antes engañaban a los chinos.¿Cómo?,sencillamente haciéndonos propaganda de poulardas que no son tales, sino pintadas o Gallinas de Guinea, con lo cual nos dan gato por liebre, que se parecen entre sí, poco más o menos, como las pintadas a las poulardas, aunque si la cocinera es buena, después de condimentada, casi no se nota la diferencia.
Otro engaño que padecemos es el de los capones fabricados artificialmente con hormonas femeninas. Es engaño porque un capón quirúrgico es un ser asexuado y el capón hormonal es un travesti.¡Pobres mujeres que dan este bocado a sus maridos, porque corren el peligro de convivir con otra mujer en lugar de con un hombre!. 
Al hablar de pollos travestis no me considero original, pues basta leer la obra del aragonés Sender,  titulada :"Las gallinas de Cervantes",para enterarse de lo que le pasó a la esposa del genial autor del Quijote. Simplemente se le fue convirtiendo en gallina, y se quedó sin mujer. Transmito literalmente la descripción que del tema hace otro genio, el  aragonés Sender:"Su esposa, cuando se desnudaba para ir a dormir y se obstinaba en hacerlo en el cuarto de Cervantes, quedaba en cueros, llena de plumas, gallina como cualquier otra gallina, pero tan grande que causaba asombro. Conservaba, como dije antes, la cofia y la pañoleta por no se sabe qué razón. Cervantes no se atrevía a preguntárselo"."Lo más curioso sucedió después. Doña Catalina quiso entrar en el gallinero sin lograrlo y cuando comprobó que la puerta no era bastante ancha para ella, desistió y acurrucándose en un rincón del cobertizo puso un huevo".Dice Sender que después cacareó con una fórmula muy aragonesa,:"­¡Por por por por por...poner!".Las consecuencias las describe Sender así:"Y Cervantes salió aquel día de Esquivias y no volvió nunca".
Me ha preocupado mucho la causa que pudo producir tal transformación. Entonces no pudo ser el consumo, como ahora podría ocurrir con los maridos. Yo digo, si al no tener hijos, se puso clueca accidentalmente y se quedó así para siempre.
Claro está  que doña Catalina no seguía las costumbres ansotanas, ni cuidaba pollitos, ni tejía en aquella placeta carasolera, próxima a la casa en que yo vivía.
Tampoco se hablaba fabla, aunque Sender dice que "El barbero debía ser aragonés", porque en una partida de cartas, pronunció la palabra "arto", una zarza en tierras de Aragón.
Es esta una palabra vasca que se usa en el lenguaje ordinario, pero como tantas otras, como nombres de lugares, como el propio de Ansó. Arto quiere decir maiz, en ocasiones, pues cuando se introdujo dicha planta en España, ya se usaba la palabra hacía muchos años, pero lo que seguramente significa es encina o carrasca. Podemos verlo en Artasona (carrasca buena), en Artieda (carrascal).
Pero doña Catalina, como dice Sender al acabar su novela, no se sabe donde está.  "Lástima" no poderla ver en la placeta carasolera de Ansó o en los bosques de Zuriza.

sábado, 24 de octubre de 2020

Recuerdos de tiempos pasados.

 

               Mayte Pérez Consejera de Cultura de Aragón.


He sido convocado a este antiguo Instituto, al que asistieron, siendo niños, muchos oscenses, entre los cuales, se encontraba el hermano de mi padre, José María. Luego fue cuartel y hospital y más tarde fue convertido en Museo. Hoy, me acuerdo de que hemos sido llamados a este Palacio, que fue centro de la Reconquista y en otros de la sabiduría, al  convertirlo en Instituto de la Enseñanza, Hospital y Cuartel. Ahora, cerca del antiguo seminario y vigilado por el busto del Nobel, Ramkón y Cajal, es un Museo Provincial, donde se contemplan y recuerdan la Historia y el Arte de esta Provincia de Huesca. En éste el Rey Ramiro el Monje, mostró a los rebeldes la Campana de Huesca y aquí se escuchan campanas históricas del Alto Aragón y escuchando su sonido, aquí nos presentamos hoy, Mariví y yo, sin olvidarnos de Ramiro el Monje ni de Ramón y Cajal, y hemos sido recibidos, la poetisa Mariví Nicolás, nacida en el año 1939 y yo, para recibir  el galardón “ex equo”, del primer Premio de Literatura Aragonesa,”Chuana Coscujuela”. 

Después de muchos años, me vuelvo a encontrar con Mariví, lejos de Hecho, en que ella, convirtió  su vida en  Poesía, su memoria en Madre y Maestra y se declaró discípula del poeta cheso, Veremundo Méndez. ¡Mariví!:”Has sido como una libélula en Hecho, donde las hierbas son buenas en los prados y en las selvas y las que no son buenas, son bellas. Tu espíritu poético ha flotado por el lugar de Hecho, como los humos que surgen de chimeneas elegantes y gigantes y “prexinan una vida”, cuando la luz s´en ye ida, y la calor, pues sólo restan purnas y purnallos, que cansos,  s‘aposientan”. ”La brasa se apaga y ves con tristeza, sólo la ceniza esparcida en tierra”. ”El humo todo lo impregna y la libélula vuela y se revuela, aquel en el invierno y ésta en el verano, formando parte de la poesía, de tu poesía, que igual que la savia lo hace por los troncos, así circula por tus venas y como “las chispas, plumas y bolisas” brincan de esos mismos troncos, así brotan de tu boca, las palabras altoaragonesas, expresando belleza y dignificando la “Fabla” aragonesa. “Mariví identifica su poesía con la presencia omnipresente de la Luna, acompañada por el sol y las estrellas. Estos seres desde el cielo, le recuerdan la tristeza, la melancolía, la añoranza y los bienes perdidos y sólo la Luna con su brillante fulgor, es como su confidente”.

En el paraíso lingüístico de Hecho, conocí a Mariví y alcancé el “Onso de Plata”, como Premio Literario, llamado “Val d´Echo de 1982”, con la narración de “O ritorno de Chorcher”.                                                           

Pero a mí, además de hablar con Mariví, me tocó la responsabilidad, de presentar en Adahuesca la Obra de “CHUANA COSCUJUELA”, “A Lueca”, ante los habitantes de aquella zona del Alcanadre.

 Chuana, “Naxié  en 1910 en Furnel, Lot et Garonne (Francia), ta do eban íu os suyos pays, feba  ya un póquer de tiempo. A poco de naxer, se´n tornan en ta Aragón y ta o lugar suyo, ADAHUESCA. Astí pasa l´autora os suyos años de nina y rememora tiempos pasatos. La añada 2.000, puyará t´al atro mundo.      

 “Y en iste mundo, cada añada, s´en ricordará, cada begata más, a suya obra “A Lueca”, con os polletes al redol  d´era, que menchaban os granetes de trigo, como agora, con as suyas parabras, nos recreamos  os homes,  leyendo a suya vida”. E ista moceta, filla  de familia tan probe,  nacié en Francia por a emigración obligata dos suyos pays. Pero o suyo pay sintié a necesidad de tornase en ta Adahuesca, pa vivir en a Ermita de Treviño, a d´as Mártires de Huesca Santas Nunila y Alodia, un póquer luen do lugar. Pero al morise o suyo pay, tenié  que emigrar en ta  Barcelona.

No en ye ista, a primera begata, que ritorno  a rendir homenaje a Juana Coscujuela, porque la añada de 1980, en la Iglesia Parroquial de Adahuesca, ante una multitud de oyentes, le hice la presentación de su obra literaria “A Lueca  (A historia d´una moceta d´o Semontano)”, que escribié a o remate de la añada de 1970. Fue este el primer libro que se editó en aragonés del Somontano. La nombraron Consejera de Honor del Consello d´a Fabla Aragonesa y también ganó el Premio Arnal Cavero del Gobierno de Aragón, el año de 1992. Arnal Cavero estuvo de Maestro en Alquézar, muy próximo a Adahuesca, y “como buen Maestro de Escuela de aquellos tiempos, vivía muy cerca del pueblo y describe como el hombre y el medio formaban un ciclo, en el que el hombre se daba a la tierra y  ésta al hombre. De todas formas el hombre se daba todo y la tierra,  al ser pobre, daba lo poco que podía dar. Esta afirmación la demuestra la actitud de Arnal Cavero de poseer un interés especial por la Fabla, que escribe con más fidelidad que López Allué y Salvador María de Ayerbe, ambos relacionados con la tierra próxima a Adahuesca. Del pueblo, también recibimos noticias por vía oral, de aquel género de vida, pero el pueblo escribía poco, porque lo consideraba cosa de oficiales y siente vergüenza de poner de manifiesto lo poco que escribe”. El “Concello d´a Fabla Argonesa”,  dirigido por Francho Nagore, tiene el mérito de haber dado a luz, obras de la Tierra Aragonesa, como las de  José Gracia, y de Cleto Torrodellas, (Ferrero de Estadilla), ambos hombres sencillos”.

Pero, agora, caye uno en a cuenta de que  a nina Chuana Coscuyuela, emprencipié a suya vida, redolando por Francia, donde nacié en 1910; fue también tener que ir a vivir ta Huerta de Vero, dimpués t`al Hospicio de Huesca, pa tenese que ir, mirando una nueva vida, ta Barcelona. Su obsesión ha sido siempre la de volver, heredada  ya de su padre, que regresó de la Guerra de Cuba. Su padre tornó de dicha  Guerra,  pero ella no pudo ya volver a Adahuesca  “con su cuerpo pequeño pero cereño”, pero dejó escrita su obra en la Fabla de su tierra, en  un libro que describe la vida de las gentes de su pueblo”. En Barcelona, donde ha permanecido incontaminada su identidad  somontanesa, con su Fabla, que es el espíritu de un pueblo, y con la que describe la terrible lucha por la vida, que llevaban los hombres, las mujeres y sobre todo los niños y las niñas de nuestros pueblos.” Cuando leí por primera vez “A Lueca”, tengo que manifestar que lo hice de un tirón, cosa que me ha ocurrido pocas veces. Esta obra está redactada con la espontaneidad con que brotan los coscollos en nuestra sardas, con la sencillez de una niña que a los nueve años tenía como únicos compañeros a las ovejas y a los corderos, con la ingenuidad de una personita, cuyo único deseo consistía en ser tratada como “persona con modos”, como decía ella de la educación y con “amorosidá”, como ella llamaba a la amabilidad. Cuando fueron a Francia sin pasaporte, su padre tiraba del ronzal del burro y metidos en las argaderas iban su madre, su hermano Mateo y su hermana Nunileta. Iban a Francia porque en aquel País se comía carne, pizca, como dice Juana, todos los días, pues “todos eran fiesta” y en Adahuesca se comía sólo en las grandes solemnidades. Juana no ha vuelto en persona de Cataluña, pero ha vuelto, con su libro en Fabla Aragonesa. ¡Qué originales hemos sido, cuando los vascos llamaban maketos a los que no hablaban en euskera y los catalanes charnegos a los que no hablaban en su lengua, en tanto nosotros hemos llamado paletos a los nuestros!.

En la ermita del Treviño, en aquellos lejanos años no había luz eléctrica. Esta circunstancia hacía que la oscuridad y la distancia a Adahuesca, hacía que aquellas gentes, oyesen y viesen fantasmas por todas partes. Cuando el padre de Chuaneta, la mandaba a buscar tabaco al pueblo, por la noche, su hermano le decía:”Yo que tu, no m‘en iría, l´atra noite le salió a fulano, de dezaga  d´os pallars, un fantasma que la fue siguiendo más de medio campo. Juaneta para no sentir a os fantasmas, se tapaba as orellas con as manos y correba tot  o que podeba, de cara en ta suya casa”.

 

Pero, yo he conocido la Fabla desde niño en casa de mis padres, pues el año, en que no se respetaba en Aragón, nuestra Fabla, mi padre nos compuso este villancico para la Navidad y nos lo recitó, en la cena de Noche Buena.

“María y José, marchan de camino                                              

Van con asperanza de que un Ser devino,

Que mora n‘antraña de ra Virgen Pura.

Alcuentre  un asilo, palacio u cabaña

Que haga menos dura, ra triste chornada,

De ro viello esposo y ra esposa amada.

Ra Virgen teneba frío

Y San Chosé, se chelaba,

Caminando, caminando,

A  burreta resollaba.

Llegaron en ta Belén

Un lugar mu chiquirrín

De ros qu´ay en os belenes,

Feitos de zurio y serrín.

Iban pidiendo posada,

Trucando de puerta en puerta

Y ninguno les ne daba.

Ra Virgen qu´era mu güena

Mu santeta y conformada

Le diciba a San Chosé,

Que no mirara ya,  nada,

Que aunque fuera en un rincón,

De pajar u de tinada

Se pasarían a nuey

Pa guardasen d´a chelada.

S´en fueron ta ras afueras,

Y alcontraron un Portal,

Que sirvía de cubijo,

A ros bajes d´o lugar.

En as pallas d´un pesebre,

Ascape s´acomodaron,

Y una muleta y un güey,

Alinto y calor les daron.

Y dando gracias a Dios

Se quedaron adormidos.

Pues de tanto caminar,

S´alcontraron mu rendidos.

Pero a iso de media nuey

Sintieron una mosica

Y d´encima d´o Portal,

Se posaba una estrelica,

Preguntó que qué sería,

San José todo asombrau

Y le respondió María:

Es qu´e o tiempo ya a llegau

De complise a profecía

De que tot un Rai d´os Cielos,

A iste tiempo bajaría,

Pa rediminos a toz,

D´os pecaus y as herejías.

Mientras isto iba dijendo

Como si fuera un milagro

Un zagaler mu bonico,

Se refirmaba n´os brazos;

Este yera el Niño Jesús,

Que en cuanto abrió ros ojetes,

Desanchado ros bracetes,

Fizo a fegura de Cruz,

Y golviéndose a sus padres

Con cariño y con amor,

Levantando ra maneta

A ros dos los bendició.

Ra Virgen y San José

Al inte s´arrodillaron,

Lo besaron como a fillo

Y como Dios lo adoraron,

María lo cogió  ambrazos

Y con gran veneración,

Lo ofreció a Nuestro Señor,

Para nuestra redención.

Un angelico de Dios

Con os güellos como soles,

Les avisó a ros pastores,

Qu´e había pos alredoles,

Y ascape fueron llegando

Repatanes y mairales,

Craberizos,vaciveros,

Yeguas, erizos y duleros,

Boyateros y zagales

Mocetas díxas que cudian

Os pavetes y os verracos

Y mientras filan estambre,

Apacientan os rezagos.

Todos veniban contentos

Y todos trayeban, algo

Pa ofrecelené a Jesús

Y al mesmo tiempo adóralo.

Trayeban figos de Fraga,

Orejones d´Estadilla

Y pansas d´ixas qu´escaldan

En Lascellas y Velillas,

Vino de Castilsabás

Y corderetes d´Albero

Billotas de Banastás

Y conejos de Pebredo

Tortas d´aceite d´Ayerbe

Turrón guirlache de Jaca,

Castañas de mazapán

D´a zucrería Lasala,

Tortadas de Berbegal

Y pan moreno d´Angüés,

Pedos d´as monjas de Casbas,

Juguetes de Bandaliés.

Entre gente tan humilde,

Tan humilde como güena,

Quiso´l Redentor del Mundo

Presonase aquí, en a Tierra,

Era pa danos ejemplo

Que toda su vida dió

D´humildad y de pacencia,

De mansedumbre y amor.

Y aquí remata o relato,

Venida del Hombre –Dios

Que nuestro Señor del Cielo

Por Padre nos envió.

Y si Cristo es nuestro Padre,

San José, si somos güenos,

Nos tratará como a nietos

Y n´os llevará t´al cielo.

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