lunes, 2 de marzo de 2015

Badain

Badaín (Huesca)


Cuando estuve en el Pais Vasco y más tarde en Navarra, me encontré con numerosos pueblos con la terminación de su nombre en –ain, como por ejemplo Andoain. Pero también en el Alto Aragón se encuentran lugares con nombres que acaban igual y esto es una prueba de que aquellos habitantes de la Montaña eran vascuences, igual que los navarros; más abajo, desde Lérida a Huesca eran ilergetes, que hablaban  el vasco –ibérico. En nuestra provincia se encuentran el pueblo de Gistain, el de Escuain y la aldea de Badain. Esta se encuentra en la salida del valle de Gistain hacia Bielsa o hacia Ainsa, según uno vaya hacia Francia o hacia Huesca y desde la carretera se ve allá arriba, encima de una elevada colina, con su torre de la iglesia indicando las mayores alturas del cielo, rodeada de árboles, entre los que se encuentran numerosos nogales. Subimos a contemplar de cerca la belleza de aquel lugar con un nombre tan eufónico o biensonante. Una vez arriba aparcamos en una Plaza, en la que se encontraban unas tres o cuatro casas y más adelante, pasada otra casa con un pequeño jardín, en el que las flores alegraban el ánimo de las personas, que por ahí llegábamos, con sus variados colores y su lozanía, se alzaba una torre de piedra fuerte y con unas escaleras que daban acceso a un refugio turístico. Contrastaba la seriedad de dicha torre con la alegría que producía ver a su lado una puerta, a través de cuyas rejas, se veía un cementerio y en su parte alta estaba escrito en un cartel: Entrada a la Iglesia. Este “fosal” no tenía paredes que lo cerraran, pues entrando en él,  a la izquierda, se veía un desnivel, que daba a la carretera por la que habíamos subido y a la derecha, estaban los muros de la iglesia.
Se entraba en el cementerio entre las tumbas, casi todas ellas adornadas con flores y con plantas ornamentales y mirando los nombres de aquellos difuntos, como lo estaremos nosotros cuando el Señor disponga, veías apellidos altoaragoneses, que ocupan todo Aragón, porque los hermanos de sus antepasados bajaron a vivir en la Tierra Baja. Muchos marcharon a Francia y allí estaba la tumba de uno de Badain, en la que ponía: De ton frère. Aquellas tierras vivieron unidas muchos años con los franceses y más tarde, en el Alto Aragón, recibimos muchos de ellos y a  Francia pasaron numerosos montañeses. Entrar en aquella iglesia  llevaba consigo un misticismo en el que se hermanaban la vida con la muerte y no podías hacer otra cosa que recordar con cariño a aquellos dos jóvenes sacerdotes, allí enterrados el año 36 y a los abuelos de Feli Nasarre. Al lado de la puerta había un gran cuaderno en el que algunos habían escrito sus sentimientos y sus devociones y como el lugar era un refugio del espíritu, estaban las tarjetas postales que recordaban a Badain y otras en las que estaban representados santos,  como San Visorio o la Virgen montañesa de la Peña.

Al salir de la iglesia, continuamos interesados en terminar de ver el pueblo y delante de ella, mirando al Norte, había un espacio con forma de media elipse y rodeada en sus extremos por una pequeña pared de piedra, en la que muchos se sientan y observan los altos Pirineos y mirando hacia abajo se ven correr las aguas del río Cinca, pues el afluente que se llama el Cinqueta, se acaba al salir del Valle de Gistau. Desde allí se ven los blancos tubos de las compañías eléctricas que bajan de lo alto a lo bajo las aguas que producen energía eléctrica. Y allí, en Badain vivían  los abuelos de Feli Nasarre y en ese pueblo debió de nacer. Su abuelo era de la compañía eléctrica que regía aquellas instalaciones y Feli se acuerda entusiasmada de Badain, de las nueces y del paisaje, que desde este punto detrás de la iglesia, se divisa, igual que yo me acordaré de un balcón, que todavía se conserva,  a pesar de ser de madera y de tener cientos de años, con su cubierta y su solar formado por dos tablas. Tres familias vivían en Badain, que recuerda la copla que dice: Tres cosas hay en España- que no las tiene Madrid,¡casa el mesón, casa el Baile- y el Galán de Badain!.     

domingo, 1 de marzo de 2015

Bandas de música



La música es una lengua universal, no como las lenguas que hablamos los hombres para que nos entiendan aquellos que las conocen. La música la entiende todo el mundo.
El día veintisiete del mes de Noviembre de este año dos mil cuatro y la Comisión de Certámenes de bandas de música de Huesca, ayudada por la Cámara de la Hoya de Huesca, nos ha enviado a Siétamo, a las cinco de la tarde, la Banda de música “El Guante Blanco” de Tardienta y a la Banda de Música de Garrapinillos,que hacen sonar desde la música clásica hasta el jazz.
¿Qué comunican dichas bandas a los que escuchan su música?. En algunos casos producen entusiasmo, en otras sentimientos a veces de amor a las personas y otras a la tierra. En unos provocarán sonrisas y en otros harán brotar las lágrimas. Unos auditores llevan el ritmo de lo que escuchan con la cabeza, otros con los pies y algunos, como yo mismo descubrí al escucharlos, lo llevaba con las manos.
Todos los seres vivios producen música. Los pajarillos con sus encantadores cantos y con más gravedad los mamíferos, pero el hombre tiene espíritu y su música expresa todas las inquietudes de este mundo y de aquel, que un día nos ha de llegar y manifiesta su alegría y su tristeza, su amor, pasión e inquietudes por todo lo que nos afecta mientras vivimos.

En las capitales escuchan a menudo a las orquestas, en los pueblos nos limitamos a escuchar a los pájaros, a la radio y a la televisión, que nunca producen el mismo efecto que el de los seres humanos que tenemos entre nosotros. Por eso es de agradecer que nos manden orquestas de categoría, como las que el día veintisiete vinieron a darnos el gozo de su actuación, pues allí estaban la orquesta de Tardienta, dirigida por el afamado Don Sixto Carrión y la de Garrapinillos,con la que se identificaba un joven maestro llamado Carlos Roldán,que para mantener unido a Aragón hizo sonar los sonidos de un hermoso himno dirigido a esta gran Tierra.

jueves, 26 de febrero de 2015

Tomás y Jesús del pueblo de Arguis


Pantano de Arguís.

Tomás Castán Malo, de apellidos altoaragoneses, nació hace ya unos noventa y tres años, en el pueblo de Arguis. ¡Arguis!, pueblo de la Montaña, a escasamente a escasamente doce kilómetros de Nueno, ya asomado a la Tierra Baja. En este pueblo se acumulan las aguas en el pantano más antiguo de la provincia de Huesca. A Tomás le llamaba la atención ese pantano, levantado en el siglo XVII, del que bajaba agua a la capital y hoy, gracias a Dios y al que lo planteó, el señor Artigas, catedrático de la Universidad Sertoriana, sigue bajando. Así como el agua descendía por la fuerza de la gravedad, a él, ya muy niño, le atraía la Tierra Baja. El agua, que le llamaba la atención por sus deseos de bajar, se acumulaba al lado de su casa, que llamaban Mesón de Foz y que ahora ha ascendido a la categoría de Restaurante de Foz. Cerca está la Peña, al lado de una tremenda Foz, como si sus rocas hubiesen sido cortadas con una enorme hoz, para dar paso a las aguas del río Isuela. De niño iba a la Escuela y vivió en Arguis unos treinta y pico años. Pero esta vida feliz, a pesara de la escasez de medios que en aquellos tiempos se daban en Arguis, como en cualquier otro pueblo de la provincia, la vio interrumpida por la Guerra Civil del año de 1936. En el pueblo, a pesar de que unos eran de derechas y otros de izquierdas, no querían la Guerra y además los alcaldes, uno conservador, llamado Matías y otro de izquierdas, llamado Miguel, eran buenas personas y no querían la violencia. La prueba es que en Arguis, no mataron a nadie, ni unos ni otros, pero en el frente murieron tres, que seguramente no irían gustosos a la Guerra. Cierto día llegaron al pueblo algunos vecinos de Nueno y de Apiés y colocaron una bandera de color rojo en la Torre de la Iglesia, cambiándola más tarde por otra de color más oscuro, de la C.N.T. Entonces llevaron a los jóvenes del pueblo, para ingresarlos en el Ejército Republicano, a Barbastro. De allí los pasaron, parece ser que con poca preparación, a enfrentarse con los nacionales al frente de Madrid, cerca de la Ciudad Universitaria. Allí exclamó Tomás que ¡mataban a la gente como moscas! Y “no la sabe usted bien como era aquello!”. En Alcalá de Henares había campo de concentración, cárcel y penal.
Por lo visto, algunos regresaron, después de cierto tiempo, a Barbastro y al poco tiempo, se oía por todas partes esclamar: ¡vienen los fascistas y nos van a matar a todos!. Unos se escaparon a Francia y los jóvenes como Tomás y Jesús Banzo de Banastás, se fueron por el monte. Tomás estuvo con otros compañeros en una caseta, pasando hambre y Jesús, en otra caseta en Lascuarre, donde le dio de comer, una señora de este pueblo. Tomás y compañía decidieron bajar a Barbastro y en el camino los pararon unos requetés, les pidieron declaración y los acompañaron al nombrado Barbastro, juntándose en la Plaza de Toros, más de mil jóvenes milicianos. Los subieron en camiones a Huesca, al Cuartel de San Juan y allí les dijeron que el que tuviera alguna persona de prestigio conocida, que los llamaran para reconocerlos. En seguida vinieron unos para unos y otros para otros, se abrazaron al encontrarse y soltaron a casi todos. Al poco tiempo de estar en su casa, los volvieron a llamar, para ir a cumplir el Servicio Militar, que a Tomás le duró unos dieciocho meses, por ser hijo de viuda, pero a Jesús lo retuvieron durante siete años. De Huesca, antes de ingresar en el Ejército, los llevaron  al Campo de Concentración de Zamora, donde estuvieron, según Tomás, dieciocho días y según Jesús, un mes aproximadamente. Aquello, según expresión de Tomás, era un “zurriburri”, lleno de moros, alemanes, rusos, etcétera, que dormán apretados unos junto a otros por falta de mantas y “con más piojos que lleva un perro de gallinero”.
Así como de Arguis, murieron tres mozos en la Guerra, de Banastás de nueve, fueron ocho los muertos, y así como Tomás estuvo dieciocho meses en el Ejército, Jesús tuvo que estar siete años.

Jesús y Tomás se encuentran en el Parque Municipal,con sus más de noventa años, recuerdan aquellas penalidades de la Guerra, aunque por su alrededor no hay jóvenes que escuchan esas aventuras, que los escarmentarían de empezar otra Guerra.

martes, 24 de febrero de 2015

“España llega tarde a todas partes…” (Blas Otero).





“España llega tarde a todas partes…” aunque  en cuestión de Autonomías actuó con mucha rapidez,  pues dejó muy pronto   de ser una Nación Autónoma.  Esto lo escribió Blas de Otero y y yo, al leerlo, me fijé  que España  y su pueblo, al dividirse en naciones o regiones autónomas, ya no es dueña totalmente  de sí misma. Hay naciones como Cataluña o como el País Vasco, de donde salió el nombrado escritor Otero y está Aragón, que según el Conde de Aranda era una nación.
Y  ahora,  Blas Otero, exclama: “Por tierras de Aragón, oigo sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, abiertos entre las sombras que aún perduran”. En su libro que trata de España, nombra poco a Aragón, pero cuando oye sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros, parece referirse al Arbol de Sobrarbe, presente en el Escudo de Aragón, con la Cruz de Iñigo Arista elevada en la copa del Arbol. Iñigo Arista jefe común de Navarra, de Aragón y del Sobrarbe, aparece también en el Escudo de Aragón. Cuando Otero nombra aquellas viejas hojas secas del árbol de unos libros, me recuerda aquellas,  que nombra Madoz , en su “Libro geográfico, estadístico e histórico”. Caen aquellas hojas de los árboles de las orillas del río Ara, que corre por el Sobrarbe y Madoz  habla de ellas, al verlas salir por el caudal de la   Fuente del río Mascún, cerca de Rodellar.  ¿Son esas, que bajan por simas excavadas en la Sierra, desde el río Ara hasta el Barranco de Mascún,  las viejas  hojas secas del Arbol de Sobrarbe ?.
Va nombrando Blas Otero  a Castilla y a León y a Francia con su capital parisina y a China y a Cuba, pero a Aragón lo nombra de una forma breve. Parece que busca el porvenir de la sociedad española, pero a Aragón,  le “hace soñar en las viejas hojas secas del árbol de unos libros”, que parecen referirse al Arbol de Sobrarbe.
Históricamente  Aragón fue la nación que formó,  bajo el gobierno de Fernando el Católico, con Cataluña, Valencia y Baleares, una potencia que se unió a España. Y ahora Aragón se siente humillado,  ante los territorios que ponen de manifiesto  que son naciones.  Sí,  se proclaman, como si lo fueran, por ejemplo con sus ferrocarriles que pasan por Port Bou o por Irún, como si ellos, vascos y catalanes, fueran sólo ellos, vecinos con Francia.  Aragón, queda olvidado,  como un rincón, que no tiene porvenir. Parece que  quieren aislarlo   de Francia, para ser los vascos y los catalanes, los que gobiernen  el tránsito de la península con Europa.
Aragón  parece no acordarse del ferrocarril del Canfranc  y de la autopista que desde Zaragoza, llega hasta la frontera francesa. En “Aquellos libros abiertos en medio de las sombras,  que aún perduran,  escritos por Joaquín Costa, “se oyen  sonar las viejas hojas secas del árbol de unos libros” y los oigo, como se ven las hojas caídas de los árboles  del río   Ara,  que por debajo de la tierra, en corrientes de agua subterráneas, llegan hasta Mascún. Aquí, en Aragón,  los ferrocarriles no pasan  nunca a Francia, pues por lo visto ya lo hicieron bastante en tiempos pasados y por las carreteras, se circula a veces, y pasan con muchas dificultades. Dice Otero.”España llega tarde a todas partes…en su concepto histórico, único que queda de ella, no es una nación autónoma, dueña de sí”. No es España autónoma, pero lo son casi todos sus  territorios. Blas Otero murió en 1979 en el centro de España y nació en el País Vasco el año de 1916, pero él quería a toda España, cuando  ahora,  los que gobiernan, no buscan la Autonomía para toda España, sino que  quieren algunos vascos y catalanes, una vez conseguida su propia autonomía, su propia independencia. Piensan y  obran muchos, que quieren esa independencia, porque “en su concepto histórico, único que queda de ella, (de España) no es una nación autónoma, dueña de sí”.  Esto lo escribió el vasco –español, Blas Otero, en unos versos dedicados a Aragón. Añade el poeta:”Dime lo que el pueblo come, y te diré el papel que desempeña en la historia”.  ¿Cuántos aragoneses viven y comen en su tierra?.  Son muy pocos, porque en Teruel están desapareciendo sus escasos habitantes, como pasa también en los pueblos de Zaragoza y de Huesca. La capital de Aragón, Zaragoza tiene más habitantes  que el resto de Aragón,  pero está esperando que se abran los pasos de los PIRINEOS  y entonces será el corazón, del comercio y el turismo entre España y Europa.  Y hace Blas Otero, esta observación:”Dime lo que el pueblo come y te diré el papel que desempeña en la historia”. Anima el poeta, diciendo: “transformaremos, este río seco en río vivo y corriente”. Ya lo intentó Carlomagno, hace muchos siglos. Y ya lo dijo Joaquín Costa y lo escribe Blas Otero en su poesía sobre Aragón: “Escuela y despensa, despensa y escuela”.   
Me he quedado emocionado de leer las obras de Otero, el vasco,  que sentía España en su corazón, pues dice: “Claro que el mundo no es España. Ez significa en euskera, no. ¿ Sabemos acaso  qué es España?.  Meditemos. ¿Es un cielo? ¿una historia?”.
 Otero vivió tres etapas en su vida, siendo la primera la religiosa, pues era cristiano practicante y creía en las doctrina de la Iglesia Católica. En el año de mil novecientos cuarenta y cinco, pasó de la etapa religiosa a la existencial, porque al verse vacío del consuelo religioso, lo buscó en la poesía existencial. La pérdida de su fe, le hizo buscar a Dios, como ocurrió con su “Cántico espiritual”,  con el que Blas Otero buscaba el amor a lo divino. Pero no lo alcanzaba y llamaba al Señor, con gritos, que le daban, al escucharlos una impresión de soledad, lejos de conseguir la paz de su alma. Se sentía aislado y sólo, llamando a Dios y no sintiendo su respuesta. Esta falta de unión con Dios, le hizo pensar en que esa deseada unión, la encontraría en la muerte.
En estas fases de abandono y soledad, se puso a  pensar, en diferenciar el “ser” del “existir”. Se fijaba en los objetos, que no tienen ninguna acción derivada del pensamiento, del que carecen y se ve claro,  que allí “están”.  Pero, en cambio, el hombre “existe”, porque  tiene un alma, que tiene un fin espacial y tiene a su vez un cuerpo,  que ”es”, simplemente, una cosa más. Los cuerpos humanos han sido incluso venerados, pero en los tiempos actuales, esos cuerpos son abrasados, convertidos en polvo. Los cadáveres del hombre en distintas épocas prehistóricas y también en otras épocas históricas, ha sido quemado, desde luego por procedimientos lejanos a la técnica actual. 
El cuerpo “es” y va desapareciendo, pero sigue “existiendo” el alma que tiene aspiraciones a la eternidad. Esta Etapa del Existencialismo, llamada la segunda etapa del pensar de Otero, la asumió el año de 1950 y  le hizo sufrir, porque llamaba a Dios y no le contestaba.
Y se encontró en una Etapa Social, en la que se pasaba  del “yo” de la persona, al “nosotros”. Blas Otero pasó de su primera Etapa Religiosa, a una  segunda Etapa con ideas que le producían  la poesía existencial, que con la doctrina existencialista, le hacían buscar  a Dios. Se sentía el hombre aislado y sólo y buscaba a Dios, pero se dio cuenta de que la única forma de alcanzar esa unión con Dios, es la muerte. Y en esta Etapa Existencial que le llegó en 1950, piensa en las diferencias que se dan entre el “ser” y el “existir”. Los objetos que “son”, no protagonizan ninguna acción. El espíritu del hombre  existe, porque la muerte, aparta del conjunto humano su cuerpo,  que “es” una cosa, pero permanece su espíritu, que tiene un fin especial, porque “existe”. El espíritu humano del hombre, tiene un fin en los espacios, después de vivir contenido en su cuerpo. Antes de morir tenía el hombre, una aspiración a la eternidad. El hombre que tiene un cuerpo que “es” y un alma que “existe”, con ese espíritu,  aspira a la eternidad.
Ya sus pensamientos le llevaban a darse cuenta de que la existencia abarca la Etapa Social del hombre. En 1955 su poesía convirtió el “yo”  en el “nosotros”, uniéndonos a todos los hombres, en cuya solidaridad busca una religión, basada en  la libertad y el amor. Debo preguntarle a San Agustín si existió en aquellos siglos una religión de la libertad y del amor.
Esta Epoca de poesía social, comienza en el año de 1955 y el camino que buscó en la religión, lo busca en la solidaridad de los que sufren. Sus sentimientos sobre España, le proporcionan,  amor y dolor. Con el dolor evoca un pasado lejano, pero también un pasado cercano: el odio, la guerra, la sangre. Con esos sentimientos, a la vez lejanos y también próximos, conoce estas tierras españolas. Tuvo el poeta un extraño sentimiento  de odio y amor simultáneamente, que lo llevó a ir a París. Ese sufrimiento causado en él,  por su lucha interior entre del amor y el odio, lo desvió a afiliarse en el año de 1952, en el Partido Comunista. Pero no fue una filiación política, sino por afinidad, porque en sus doctrinas veía concretos sus ideales humanistas.
Se le estaban presentando problemas y buscaba soluciones a esos problemas humanos. Blas Otero estaba encontrando una solución al problema de la lucha entre el amor y el odio y a él y a muchos hombres,  les parecía que el verso se había convertido en el medio de hacer desaparecer el odio entre los hombres.
En los últimos años de su vida se convirtió en misionero del pueblo llano, pues “convivió y trabajó con mineros, recorrió los pueblos del interior de Castilla y León, sin apenas dinero, viviendo del trabajo y de lo que le ofrecían los amigos que iba haciendo por el camino”.

Parece ser que buscaba a Dios, como Cristo, Dios y hombre verdadero, como el “nosotros” y el “yo” de la doctrina existencialista. Blas Otero se queda con Dios y con “nosotros”. Y yo me quedo con Cristo, que también es Dios, ”que sin apenas dinero, caminaba por el Mundo, Pidiendo la paz y la palabra”.

viernes, 20 de febrero de 2015

Julio Casabona, veterinario de Sariñena, en Mauthausen

Monumento a las victimas de Mathausen en Almeria.


Yo no conocí a Don Julio Casabona y Gracia (1882-1961), veterinario de Sariñena. Su padre era de Monegrillo y dicen que cualquiera tiempo pasado fue mejor, porque en ese pequeño pueblo fue feliz con su familia y con su esposa, nacida también en Monegrillo. Se casó con ella en 1904, es decir con Ascensión Marías Allué,  con la que tuvo sus dos hijos Antonio y Julio. Con ellos estuvo luchando en la Guerra Civil del año de 1936, luego en la Guerra Mundial y a estas servidumbres se añadieron largos años de reclusión en Mauthausen. Pero conocí a un hijo suyo, llamado Julio como su padre, y de apellido Casabona Marías, que fue también Veterinario, pero no conocí a su hermano Antonio, que después de huir de Mauhausen, murió en Montevideo.
 Julio, nació en Sariñena el año de 1919 y fue hijo, como he escrito, del Veterinario Don Julio Casabona y Gracia. Imitó a su padre, estudiando para Veterinario en Zaragoza. A éste lo conocí en la Torre Casaus de Huesca, a donde acudió, llamado por Laureano Ciprés, agricultor y ganadero, para operar los cascos delanteros a dos grandes y jóvenes mulas. En este encuentro, cuando yo tenía unos treinta años,  se produjo alrededor de 1960. Yo admiraba la pericia del veterinario, para hacer la operación a los animales, pero no pensaba en sacarle a Julio,  la historia de su vida en las guerras y en su prisión en Mauthausen. Yo no sabía nada de su personalidad y me llamaba la atención su continuada sonrisa y la atención que tenía conmigo,  para responder a mis preguntas profesionales. Tardé años en saber el origen de este veterinario, de Sariñena y lamento no haber podido hablar de las guerras, los trabajos en la línea Maginot, su abandono por los ingleses, su navegación por el río Rhin y por el Danubio. No pude preguntarle por los equipos de fútbol, en que él fue portero, que jugaban en Mauthausen, ni por su labor humanitaria, que con los animales porcinos salvó él, la vida de muchos compañeros, con su padre,  su hermano y los compañeros de la terrible prisión.
Siempre guardé un recuerdo de su imagen serena, su sonrisa, acompañada por escasas palabras. Ahora tengo un recuerdo de armonía con un compañero de profesión, que había luchado por la humanidad e incluso por los animales.
Tenía el joven Julio el ejemplo de su padre Don Julio Casabona Gracia, que trató a un caballo del jefe nazi  Ziereis y con sus conocimientos y práctica,  que llevó a cabo en Sariñena, lo salvó. El nazi Ziereis, sorprendido de los conocimientos de Don Julio, le nombró jefe  del cuidado de los cerdos, que mantenían en unas porquerizas de Mauthausen.
Era el veterinario Don Julio Casabona y Gracia un hombre que sólo aspiraba a la paz y a la armonía entre los hombres, como estaba ya acostumbrado, siendo veterinario, al orden que tenían las caballerías en el trabajo, los caballos con los caballeros y las vacas produciendo leche, las gallinas, huevos y las ovejas lana para que se vistiera el hombre y se abrigara en sus lechos. Estaba destinado Don Julio Casabona y Gracia, nacido el año 1882, a sufrir, no sólo durante su vida libre, en Monegrillo y Sariñena, sino durante la Guerra Civil, como en la Guerra Mundial contra los Nazis, en el criminal presidio de Mauthausen, y acabar su vida en el destierro en Montevideo. Pero él ya preveía que algo malo iba a llegar, porque “el día 14 de Julio de 1936, escribía a D. Diego Martínez Barrio, lamentando, entre otras cosas, el asesinato de Calvo Sotelo y comentándole la tensa situación que se vivía en Sariñena…recordando una carta que,  un año antes, había dirigido a su compañero y correligionario, el veterinario Félix Gordón Ordás, sobre el desprestigio de la clase política española”. Le recordaba también la “necesidad de imponer la autoridad y el cumplimiento de la Ley”, que él, como veterinario, había procurado imponer armoniosamente entre los animales, cuando labraban o cuando los jinetes o conductores de carros y de coches, educaban a sus caballos o mulos.
Don Julio Casabona Gracia, nacido en Monegrillo el año 1882, y muerto en 1961, se casó con la hija de Sariñena, doña Ascensión Marías Allué tuvieron dos hijos Antonio y Julio. Al poco tiempo, se vieron envueltos  en plena Guerra Civil, el año de 1936.  Don Julio Casabona Gracia,  fue incorporado como alférez en el Ejército y sus dos hijos también participaron en la contienda. Salieron vivos de ella, para entrar en la Segunda Guerra Mundial, unos hombres de temperamento pacífico. Fueron apresados por los nazis, y encerrados en el campo de exterminio de Mauthausen.
El año de 1939, se acabó la Guerra Civil y el padre y sus dos hijos pasaron a Francia, donde trabajaron en la línea Maginot. A finales del año de 1940, en un campo de concentración francés, se vieron rodeados por las tropas británicas en las playas de Dunquerque. En este “milagro de Dunquerque”, los ingleses que habían desembarcado en Francia,  volvieron a embarcarse hacia Inglaterra, pero dejaron abandonados a los españoles, creando el poco amoroso “milagro de Dunquerque”. Los tres hermanos entre los prisioneros de los nazis, tuvieron que sufrir una nueva pasión, como la de Cristo, ya que tuvieron que atravesar toda Bélgica en tres días, para llegar en suelo holandés a la desembocadura del río Rhin. En Holanda los embarcaron en una barcaza y navegando por el río Danubio, llegaron a la ciudad alemana de Emmerich. Allí los hicieron pasar frío y hambre,  pues les daban solamente un poco de pan y agua. A los prisioneros los mandaban a trabajar en la agricultura o a picar piedra en una cantera. En su prisión estaban los Casabona mezclados con belgas, ingleses, franceses, holandeses, todos europeos ciudadanos de los países que luchaban contra el nazismo. Allí sufrían hambre y aguantaba el que podía, hasta que en el mes de Diciembre de 1940, los hicieron subir en un tren de mercancías y durante tres días, fueron amontonados, hasta que llegaron a Mauthausen, el año de 1941.
Después de sufrir, en diversos trabajos quedaron el padre con más de sesenta años, próximo a la muerte y su hijo Julio tuvo congelado el  dedo de un pie, pero Don Julio era veterinario y curó al caballo del jefe de Mauthausen, Ziereis. Al darse cuenta dicho jefe, de la valía de Don Julio Bonacasa Gracia, le encargó del cuidado de los cerdos que se criaba en  Mauthausen. A medida que los cerdos engordaban, los presos enflaquecían y Don Julio, desde su nuevo puesto, procuraba alimentar a los “pobres esclavos”, obteniendo alimentos destinados a los cerdos. La ilusión de don Julio era cuidar de la salud de todos ellos y el estar unido a sus hijos.
¡Qué fortaleza tuvieron los presos de Mauthausen, para formar un equipo de fútbol, en el que Julio, fue portero!.Los sufrimientos les hicieron buscar la serenidad en el fúbol, para olvidar su esclavitud.
En relato de la vida dura de la familia Bonacasa, hemos escrito del padre y del hijo pequeño, a saber de Julio, pero no de Antonio, que llevaba una vida de esclavo, casi ya no le quedaba la esperanza de salir vivo de aquel infierno. Su peso estaba casi desaparecido pues sólo pesaba 38 kilos. Con la curación del caballo del jefe de Mauthausen, éste llamó a Julio y le entregó el cambio de Antonio de su cruel trabajo a la estancia con su padre y con el mismo Julio. Antonio se fue recuperando y así llegó  junto a su padre y a su hermano a obtener la libertad, después de tantos años de sufrimiento
Pero el día cinco de Mayo de 1945, llegaron las fuerzas americanas a Mauthausen y les dieron la libertad. Aquel lugar era un horror, porque en él estaban 109.400 encerrados y en una situación desesperada, porque en Mauthausen, ya se habían muerto o más bien habían asesinado 109.000.
Un español que también había sufrido en Mauthausen, con una inspiración poética, llamado Fc. Ortiz, dedicó este poema a Mauthansen. Así escribió: ¡”Campo de Mauthausen!,-tus muros bañados en sangre- una mortandad a palos- y otros murieron de hambre”.
¡Qué ilusión les produjo la deseada vuelta a Sariñena!, pero fue imposible porque en su patria no los admitían!. Tuvieron que emigrar al Uruguay. En el periódico de Huesca, Diario del Alto Aragón, don Jesús  Inglada Atarés, profesor de Historia en el IEES, situado en la Pirámide de Huesca, escribió lo siguiente : “Como recordó, Ignacio Almudévar, en este mismo periódico, don Julio murió en Montevideo, en 1961, a los setenta y nueve años” y su hijo Antonio, se fue también de este mundo como su padre.
Julio veterinario, como su padre, sentía en todo momento la llamada de su tierra y de su pueblo monegrino de Sariñena, al que regresó desde Montevideo. Encontró la felicidad con su trabajo, como yo mismo comprobé, el día que estuve con él en la Torre de Casaus, que se encontraba al Este de la Clínica de la Seguridad Social, en Huesca. Y completó su felicidad, casándose con su paisana María Cruz Anoro Barrieras. Esta era viuda con cuatro hijos y cosa rara en aquellos pasados años, era taxista en Barcelona. Los dos esposos, que habían sufrido tanto, alcanzaron la paz y el amor.

Como escribió  Jesús Inglada “No duró mucho la dicha, pues Julio Casabona Marías murió en Sariñena en 1994, a los 75 años. Después de tanto batallar, descansaba por fin en paz en su tierra natal”. 

miércoles, 18 de febrero de 2015

A JOSE ANTONIO LLANAS


Jose María Llanas Aguilaniedo

José María Llanas Aguilaniedo escribe en su libro publicado en Huesca por Leonardo Pérez, el año 1899.”Alma Contemporánea” y en el capítulo IV, hablando de los literatos regionales, lo siguiente: “Pereda en la Montaña (por más que este costumbrista tiene sobradamente demostrado que no sólo describe escenas montañesas”, Méndez Vellido en Granada los escritores gallegos, sevillanos y los valencianos en sus provincias respectivas, Basela en Zaragoza y Medina en la huerta de Murcia, sobre saturantes del ambiente de su tierra, nos hablan de él con entusiasmo y con la espontaneidad en la producción, que para sí quisieran los intelectuales del gran centro, en cuyas obras como es lógico, predomina lo artificial. La mayoría de los regionales revisten sus ideas con una forma muy castiza, cosa que nada tiene de extraño”.
Don José María era soltero y vivió sus últimos años en casa de Llanas, con su hermano Feliciano y sus sobrinos, entre los que se encontraba José Antonio Llanas Almudévar y esto nos explica por aquello de que “De raza le viene al galgo”, que de la misma forma que el galgo hereda la velocidad de sus antepasados, José Antonio tuvo algo que heredar de Don José María, que tal vez no se daba cuenta de que uno de esos sobrinos, sería un gran escritor regional o mas bien local, como ha demostrado con su programa radiofónico semanal y últimamente, casi cien años después de que don José María publicara su “Alma Contemporánea”. José Antonio ha editado por medio del IEA. ,”La pequeña historia de Huesca”. En ella saca a la luz todos los personajes de Huesca, a todas las personas protagonistas de su vida y costumbres, hablando de las escuelas, colegios, iglesias, procesiones, ferias, tabernas, ayuntamientos, etc.etc.  Escribía de las casas familiares, de las casas religiosas o de la iglesia y de la casa municipal, decir del Ayuntamiento, en cuyos escritos después de sacar a relucir todos los hechos y aventuras de sus moradores, hablaba hasta de los perros, como el sábado, día 5 de Julio, fecha en la que murió y trataba su programa radiofónico de una perra a la que le ponían una cesta en la boca con una nota de lo que querían sus amos e iba a comprar y de un perro que acudía a misa a San Lorenzo, donde en cierta ocasión al escuchar un sonido del que los hombres no nos damos cuenta, el pobre perro lanzó un aullido y escapó corriendo. En la página 95 de su libro “La pequeña historia de Huesca”, escribe: “Otro dato que fundamenta mi aserto es el hecho de existir en la nómina de las catedrales el oficio de azota perros, especie de portero que vestido de túnica  negra y unos azotes o palo en la mano, se dedicaba a expulsar del templo a cuantos canes pretendían entrar en él”.”Ahora los perros pueden asistir tranquilamente a los oficios de la catedral… y, a pesar de tener entrada franca y sin azotes, rarísimamente pisan la iglesia”.

El 18 de Mayo de 1973 escribía: ”Ya no puedo celebrar la fiesta de San Matías en la solemne misa mayor de la catedral, como hice hasta hace pocos años, pues esta misa se ha suprimido. Con ello me queda un poco más de tiempo para contemplar el sol de San Matías y rezarle usando el refrán de mi abuela “que decía: para San Matías sale el sol por las umbrías, calientan las aguas frías, tan largas son las noches como los días y cantan las totovías”; ”este refrán con poco trabajo se convierte en oración, para pedirle que siga haciendo llegar el sol a las umbrías”. A él le gustabas oír cantar a las totovías y dice que es bueno para el hombre oír de vez en cuando cantar a los pájaros”.

martes, 17 de febrero de 2015

Músicos y joteros del Altoaragón



Estando de tertulia con Sorribas, en su finca, al lado del Montearagón, llegó su cuñado Lorenzo Pardina para echar un cortado en su camino al pueblo de Adahuesca. Estábamos hablando de músicos y de joteros y al escucharnos, se despertó su memoria y comenzó a hablarnos de la vida musical, que vivió en su juventud y que ahora  lo llenaba de  encanto,  porque se acordaba de aquellos tiempos, que ya no volverían y tal vez porque dentro de sí mismo estaba escuchando los sonidos de su violín y su propia voz, cuando cantaba acompañado por la orquesta. Animado por esos recuerdos se puso a hablar de los Ciegos de Laborda, que se encuentra encima de Aisa. En tal pueblo funcionaba una excelente Orquesta de Ciegos, a los que Lorenzo Pardina conocía, ya que en numerosas ocasiones les hacía la competencia con su violín Stradivarius, que todavía conserva, y con su voz. Reconoció entonces que aquellos ciegos eran mejores músicos que los que formaban orquesta consigo  mismo. Reconoció que por ser ciegos tenían un oído  de gran sensibilidad, que tal vez compensaba la pérdida de su vista, con una agudización de su oído musical. Le pregunté a Lorenzo cuales eran las canciones que en aquellos viejos tiempos cantaba y él me contestó que en Barbastro, había interpretado a los ciegos de Laborda aquella canción que decía  así: ”La hija de Don Juan Alba-dicen que quiere  meterse   monja- y su novio no la deja y ella dice, que no importa”. Ante aquella memoria de los Ciegos de Laborda, no pude menos que recordarles a los Ciegos de Siétamo. Así llamaban “a dos mozos sietamenses, de los cuales el mayor se llamaba Eduardo Burgasé Artero y era ciego; tañía las cuerdas de la guitarra, en tanto su hermano Pedro Antonio veía, aunque con gafas y con su pelo  rubio y tocaba el violín. El padre de los ciegos era de Casbas, donde un año en que allí subieron a segar, se encontró con un ciego que era Maestro de Música, llamado Manuel Colomina. El hombre se dio cuenta de que si sus hijos aprendían a tocar, se ganarían la vida y si iban juntos los dos hermanos, se defenderían para  ganársela mejor. Comenzaron a actuar por los años de mil novecientos veinte. Antonio se casó con Teresa Cuello, hermana del Maestro de Música Eduardo Cuello, que fue muchos años profesor  de Música y murió en Casa de Carderera. Unas veces cantaban canciones para divertir a la gente, como: ”carrascal,  carrascal, qué bonita serenata, carrascal, carrascal ya me estás dando la lata”, pero otras cantaban canciones sentimentales, como aquella que decía: ”Ay, Maricrú, Maricrú, maravilla de mujer, del barrio de Santa Cruz tú eres un rojo clavel y por jurarte yo eso,  me diste en la boca un beso, que aún me quema, Maricrú”. Sorribas, se acordó de lo que le contaba su padre,  allá en Ibieca, en los años veinte y se expresó así: Guitarrillo de Siétamo le vendió una carga de leña al Maestro de Fañanás y como nunca le pagaba, bajó una noche y le cantó esta jota:”Señor Maestro de niños-del pueblo de Fañanás-aquella carga de leña-¿cuándo me la pagará?”. Sorribas me emocionó porque la letra de esta jota, la expresó cantando, con un noble sentimiento aragonés,  pues convirtió la música en oración y como estaba  rezando, le salía la jota  del corazón.  

La sequía por falta de lluvia y de hombres

  Cuando estos días del mes de Agosto, circula uno por las carreteras del Somontano o de la Tierra Baja, se da cuenta de como el monte está ...