lunes, 11 de diciembre de 2017

De la materia al espíritu o de la Guerra Civil al Monasterio de Sigena



¡Con qué facilidad se hunden los hombres y mujeres en la materia y con qué facilidad se elevan sus almas y sus corazones al espíritu!.  Y fuiste tú, amigo Eliseo, el que hoy, día uno de Febrero del 2010, el que, por un tiempo indefinido, transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, todo gozoso de la armonía musical de aquellas voces, que cantaban en canto gregoriano :  ¡Ave, María, gratia plena!, al mismo tiempo que mis ojos contemplaban la belleza arquitectónica de diversos aspectos del Monasterio de Sigena y de sus pinturas, de un colorido que me hacía ver el cielo. Hace unos días, “contemplando la Sierra, que nos guarda del frío del Norte, me di cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino también el espíritu, que muchas veces desconocemos  y despreciamos”. Aquellas cumbres de la Sierra me aleccionaron para distinguir la materia del espíritu y me hicieron pensar en una cena que se celebró en el Restaurante “El Faro de Sepes”, situado en la Zona Industrial de Huesca. En aquel Restaurante, en una cena, se reunieron la materia y el espíritu, haciendo reflexionar  a los comensales, sobre el placer que sentíamos los hombres y mujeres con la materia de un cerdo guisado, a través de aquellos platos que servían en las mesas, los camareros .Aquella cena se convocó para auxiliar a las personas recogidas por los Hermanos de la Cruz Blanca. Tenía la cena, por tanto, un sentido espiritual, como la que reunió Jesús a sus discípulos en la sagrada Mesa, el día de la última cena. Estaba representado el espíritu por los Hermanos de la Cruz Blanca, allí presentes, y que buscaban recoger la “materia necesaria” para mantener a aquellos hombres y mujeres, que acogen en sus residencias, después de ser despreciados por la sociedad. En aquella caritativa cena .el cocinero del “Faro de Sepes”, nos hizo experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las del tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas, de tal manera que al consumir las migas, me acordé de rezar:”El pan nuestro de cada día , dánosle hoy”. ¿Quién me iba a decir a mí, que las cumbres de la Sierra, apuntando al cielo, me iban a enseñar el espíritu, que los simples camareros, nos mostraron en aquella cena de un cerdo , pero ,desde luego, cena sagrada.
Hemos pasado de la materia al espíritu, pero en tu pueblo, Sigena, fueron los que destruyeron el Monasterio,  los que quisieron tornar toda la Historia de Aragón del espíritu a la más execrable materia. Fueron tu padre y tu madre, las dos personas aragonesas y concretamente de Sigena, las que me abrieron los ojos para ver y aborrecer la revolución del mal. Tu padre fue un hombre de una enorme personalidad y tuvo en cuenta en su vida, así en Barcelona como en Huesca, de la materia y del espíritu, temas ambos de difícil concordancia, pues al ver tratar a un hombre sobre los trabajos manuales, piensa que ese hombre no cree en la otra vida. Pero yo vi en él a una persona que, aunque a veces pronunciara palabras fuertes, dentro de su corazón reinaba una gran sensibilidad. Estando en su casa, en la que guarda en piedra las armas de los Abarca de Bolea, encontradas por él,  me aclaró lo que significaba un cuadro pintado por él mismo y que representa la corriente del Río Alcanadre que pasa por Sigena, arrastrando los “testículos “, del caballo de Roldán. ¡Cómo une la historia de la Osca capital con la de Sigena, donde se alza el Monasterio de la Virgen del Coro!. ¡Cómo da explicación al espíritu de los aragoneses por medio de los testículos materiales, arrastrados por las aguas del río, igual que los revolucionarios,  por llamarlos de alguna forma, arrastraron el espíritu del pueblo y del Monasterio de Sigena, intentando convertirlos en asquerosas heces materiales!.
No es tan sólo mi testimonio el que tiene ideas del espíritu de Eliseo, sino que el año 1960, la última Priora  del Monasterio,  a saber Doña Presentación Ibars, escribía lo siguiente, refiriéndose a Eliseo y a Carmela, que la llevaron con la hermana Angelita,  a Barcelona:”Fuisteis buenos, simpáticos y caritativos con estas dos religiosas que jamás podremos olvidar tanta atención y desvelo. Infinitas gracias por todo,el Señor os lo recompensará todo, ya que nosotras no podemos. Angelita hace suyo cuanto digo yo y os saluda con afecto. ¡Qué buenos sois!”.
Tu madre, Carmela, como escribo en mi artículo “Villanueva y el Monasterio de Sigena”, está identificada con dicho Monasterio de Sigena, no sólo con su obra, sino todavía más con su espíritu. Está todavía identificada, a sus ochenta y siete años, pues sufrió un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que casi lo destrozaron por entero, durante la Guerra Civil.
Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo,  Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas. ¡Cómo se acuerda del Monasterio!, porque entonces sólo tenía catorce años, pero todavía le parece que lo está viendo, tanto que se acuerda de que en cierta ocasión, llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería de nogal, por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces  la Priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería que deba tener tantos años como el propio Monaterio. En el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril, acompañadas por el sonido del armonio, acudían a cantar las niñas del Coro de Villanueva, entre las que se encontraba Carmela. La tiple, doña Aurora Riazuelo,  esposa de don Julián Arribas, les enseñó la a cantar la misa de Perosi, para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó doña Carmela: ¡era preciosa!, con varias voces, pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda la mía(es decir la de Carmela), la tercera formada por tres voces del Coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón.
Al empezar a escribir este artículo, afirmo que fuiste tú, Eliseo, el que transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, con aquel trabajo maravilloso que me mandaste por el Ordenador. Allí se escuchaban los sonidos tranquilos y místicos del canto gregoriano, interpretando el ¡Ave María, Gratia plena!, al tiempo que se veían surgir las imágenes del Monasterio y aquellas pinturas deliciosas,  recogidas en el mismo Monasterio.
En el Restaurante El Faro de Sepes, el cocinero, convertía la carne material del cerdo en “bocatti de cardinali”, que nos llenaban de ilusión y con su placer, convertían nuestra materia en espíritus. Esa cena recuerda la Ultima Cena de Jesús, que convirtió a los judíos más o menso cultos, en apóstoles.
En Sigena, fue diferente, porque aquellos a los que algunos llamaron revolucionarios, no eran cultos, sino discípulos de unas teorías, partidarias de los diablos, que querían convertir el espíritu en materia. Por eso se ven aquellas fotografías de los cadáveres de las monjas milenarias, sacadas de sus sepulcros, con lo que profanaban la Historia, la vida y el espíritu del Monasterio. 
Esa magnífica proyección de las distintas partes del Monasterio, resucitaron mi fe, igual que las cimas de la Sierra de Guara, que señalaban y todavía lo señalan, que el mundo es un compuesto de materia y de espíritu, como he podido comprobar en el comportamiento de tu padre Eladio, de tu madre Carmela, a la que he visto guisar un enorme pollo y la he imaginado cantando en el Coro de Villanueva de Sigena, a San Juan. Y en ti, Eladio, he comprobado tu amor a tus padres, a Villanueva de Sigena y a las monjas que conservaron la espiritualidad del Monasterio, desde 1188 hasta que los materialistas quisieron destrozar el espíritu de los hombres,  en este caso aragoneses. 

Entre tanto los acogedores de aquellos monstruos, siguen reteniendo multitud de obras de arte, procedentes del espiritual Monasterio de Villanueva de Sigena. 

Vida nueva y el Monasterio de Sigena


A Don Eliseo Carrera, amigo mío y de la Historia de Villanueva de Sigena, cuya madre Doña Carmen, recuerda con una gran emoción, debido a su enorme sensibilidad. Tu sabes que intenté, ya hace unos meses escribir lo que pasó en Villanueva de Sigena, historia, que debía hacer meditar a todo Aragón. Entre otras muchas cosas sobre la devolución de tantas piezas antiguas procedentes del Monasterio.

Todo narrado por tu buena madre, hubiera emocionado a todo Aragón, pero como tú mismo me escribiste:”Para colmo, mi madre me dice que has estado varias veces en nuestra casa para hablar con ella del pasado en Villanueva, en la Guerra y otras cosas. Y a mí me parece muy bien y por eso te quiero ayudar. Puesto que mi madre, o bien por timidez o por vergüenza parce que no le apetece mucho. Pero yo la he insistido en que son memorias que ella tiene y que si no se reflejan en el papel, todo eso se perderá y tiene muchas cosas interesantes que contar”.

La modestia de tu madre me ha impedido continuar sus memorias, que son las de todo un Pueblo con su Monasterio y de una gran delicadeza en medio del salvajismo, que los destruyó. Pero hoy he encontrado una pequeña parte de lo que escribí, inspirado por tu madre y te lo mando  para que aprecies la figura de su gran corazón.  

Te quedo muy agradecido a tu deseo de ver acabados estos escritos, pero ahora ya soy mayor y estoy cansado de escribir.

 A continuación puedes leer lo poco que he escrito sobre los “Recuerdos de Doña Carmen en el Monasterio de Sigena”.

 

                                    Villanueva y el Monasterio de Sigena.-

Es una historia la del Monasterio, impresionante y antiquísima, si empezamos a considerarla desde que se fundó   en 1188. La Reina Sancha, hija de Alfonso VII de Castilla y esposa de Alfonso II de Aragón, primer monarca de la Corona Aragonesa, pues heredó el reino de Aragón de doña Petronila y otras zonas catalanas del Conde Ramón Berenguer IV de Barcelona, su esposo. Pero su historia no la  han  vivido sólo las religiosas de la Orden de San Juan de Jerusalén, sino también los mismos vecinos del pueblo de  Villanueva de Sigena. Yo me di cuenta de ello, cuando siendo Diputado Provincial tuve que bajar varias veces a las reuniones del Instituto de Estudios Sigenenses, y en una de esas ocasiones me impusieron la Medalla del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet  y en las conversaciones con varios habitantes de Villanueva, me contaron su participación en muchos actos del Monasterio. Los sijenenses han viajado mucho por el mundo, como el mismo Servet, que vivió en el siglo XVI y viajó por Europa, discutiendo los temas de la Teología y  presintiendo el fenómeno de la circulación de la sangre y por fin, odiado por Calvino, fue abrasado, después de su condena a muerte, que se llevó a cabo en Suiza.
En Huesca he conocido a Carmen Blecua, nacida el año 1921, es decir hace unos ochenta y siete años, pariente del sabio José Manuel Blecua, nacidos ambos en Villanueva de Sigena. Su esposo, ya difunto fue el industrial famoso Eliseo Carrera, que  también había nacido en Villanueva de Sigena, pero que antes de su estancia en Huesca, vivió en Cataluña, adquiriendo un acento catalán, pero sin olvidar nunca su amor a Aragón. Carmen ha sido siempre llamada Carmela, nombre que le inició su esposo y que siguieron llamándola de la misma forma todos sus parientes, hijos e hijas  y amigos. Eliseo Carrera nació el año 1920 y  murió el año dos mil cinco. La señora Carmela está identificada con el Monasterio de Sigena,  no sólo con su obra, sino todavía más  con su espíritu. Está todavía identificada con la belleza del Monasterio, sufriendo un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que  casi lo destrozaron por entero, para la Guerra Civil. Me cuenta que el Monasterio estaba presidido por la iglesia y ésta por la Virgen del Coro, que estaba esculpida en  madera y que desapareció, quemada por el fuego el año de mil novecientos treinta y seis. ¡ Qué desastre, Dios mío, porque después de desaparecer la patrona o matrona del templo, se perdieron casi todas las joyas artísticas que allí habían llevado,  a lo largo de los siglos,  los Reyes de Aragón,  los nobles y el pueblo!. Aquellas joyas alababan a Dios, pues las monjas de la Orden de Caballeros de San Juan y antes de Malta con esas joyas materiales y los sacrificios de sus espíritus veneraban a la Virgen, los vecinos del pueblo oraban y la contemplaban,  rodeada de tales joyas, y los numerosos turistas que por allí acudían, admiraban a la Virgen rodeada de tallas de madera, de monumentos pétreos  y de joyas, cuya razón era la de embellecer aquel ambiente de devoción a la Virgen del Coro. Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo, Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas.
¡Cómo se acuerda del Monasterio!.  Por qué entonces sólo tenía catorce años, pero parece que todavía lo está viendo. Con sus pocos años tenía un gran cariño a las religiosas doña Trinidad, a doña Presentación Ibarz y a doña Pilar Samitier, que era la Priora. Esas monjas conservaban el estilo antiguo y se trataban de doñas, porque descendían de las más nobles familias medievales de Aragón. Cada vez que acudían turistas, los acompañaba con otras amigas y entraban en el monasterio, donde visitaban la Sala Capitular, que fue creada en el siglo XIV y estaba decorada con bellas pinturas góticas, que fueron  destruidas y quemadas y sus restos fueron trasladados al Museo de Arte de Cataluña, que se encuentra en Barcelona. La iglesia, que me va describiendo Carmela o doña Carmen, a la que yo trato  como eran tratadas  las monjas del Monasterio, tenía en su interior,  una gran capilla,  presidida por   la Virgen del Coro, provista dicha capilla de sillas de nogal, pegadas a la pared, para que las religiosas cantaran los maitines, vísperas y demás horas de la liturgia.  En cierta ocasión llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería,  por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces la priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería,  que debe de tener tantos años como el propio Monasterio. Pero ¡pobre doña Pilar!, porque al llegar la Guerra, no solo vio desaparecer la sillería, sino todas las pinturas, esculturas e incluso el hermoso y gran armonio, que estaba en la Sala de la Virgen del Coro, donde se reunían las monjas para rezar y para cantar, tanto los maitines como las vísperas.  Efectivamente, acompañadas por el sonido de ese armonio, cantaban el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril. Allí acudían las niñas, entre las que se encontraba acompañada Carmela, que formaban el coro de Villanueva, a cantar durante la novena y el día de San Juan. La  tiple, doña Aurora Riazuelo, esposa  de don Julián Arribas, les enseñó a cantar la misa de Perosi  para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó  doña Carmela : ¡era preciosa!,  con   cuatro voces,  pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda mía, (es decir la de Carmela), la tercera formada por tres  voces del coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón. 
No pude acabar de relatar los recuerdos de Carmela, pero Carmela sigue recordando lo que allí pasó y espero que sus recuerdos, influyan en los corazones de los araoneses.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Al Doctor D. Carlos Tordesillas



Hay ocasiones en que yo acudo a su despacho, para que me dirija por el camino de la vida y yo acepto mis terminales ocasiones de prolongar mi vida y el Doctor juicioso, prudente, entendido, intelectual, sabiendo que todo tiene fin, se empeña en hacer durar mi vida con conocimiento. Yo sé que no se quedaría su sabiduría satisfecha de ver a un hombre, con su cuerpo todavía vivo, pero con un espíritu muerto. Yo, como veterinario, cuando veía a un hermoso caballo, con su vida perdida, convertido en un cadáver, me encontraba sólo en el mundo, y mi amigo el Doctor, cuando me ve perdiendo el significado de las palabras, parece empeñarse en que vuelva mi memoria a hacer de este hombre una persona, que se vaya prolongando por el calendario de la vida.  
Me acuerdo del caballo del Doctor Tordesillas, al que contemplé en mi pueblo de Siétamo, montado por él mismo. Iba con varios caballistas, haciendo una excursión desde Huesca. Abrevaron sus caballos en el  abrevadero  de  Siétamo y estuve unos momentos conversando con él, que estaba montado sobre su caballo, despejando su espíritu de los trabajos de medicina semanales. Me alegré de ver al Doctor Tordesillas sonriente, montado en su caballo y recordé cuando me veía a mí mismo, montado en otro caballo alazán, que ahora no podría montar con tranquilidad.
En  Agosto  de 1978, en mi artículo:” El ballet de los caballos”, introduje un antiguo verso, que así canta: “Ay, cuanto de dolor-Está presente- Al infante valiente, - a hombres y a caballos, juntamente”. “Ahora el Doctor Tordesillas, unas veces juntamente y otras separadamente, sufre los dolores de su caballo y los de sus clientes, pero no puede disimular el gozo que le produce, montar a su caballo” y añade “la compenetración entre dos seres vivos (caballo y caballero), para mí constituye una amistad muchas veces superior a la que existe entre dos personas”.
Parece que el Doctor, que es un caballero y su caballo, en la “Plaza de la Vida”, se unen amistosamente, para defenderse de los ataques del toro bravo, que parece identificarse con la “Patología negra que ataca al Doctor Tordesillas y a su amado caballo”, que es el negro toro.
En la arena de la Plaza de Toros y en la arena de la Vida, el Doctor y su caballo, se unen para defenderse del Toro Negro, portador de las heridas y de la muerte, que puede provocar al Caballo y a su Caballero, las enfermedades y la muerte. “Hasta el caballo tiene elegancia y coquetería, arqueando el cuello y la cola, con sus crines trenzadas”.    
Pero el Doctor Tordesillas, estuvo en el pueblo de su mismo nombre y no amaba el trato que en dicho pueblo vallisoletano, le daban a un toro, sacrificándolo en público, para divertirse. En sus fiestas, al Doctor Tordesillas, no le gustó esa falta de respeto al “Juramento Hipocrático”
“Este Juramento es un catecismo del ejercicio de la Medicina, que ha sido respetado por el Universo a través de cien generaciones”. Dice este Juramento: “Para el tratamiento me inspiraré en el bienestar de los enfermos, en lo que yo pueda y sepa, jamás en daño suyo, ni con mala  intención”. Y en el Capítulo 5, dice: “Pura y santamente viviré y ejerceré mi arte”.
Este Juramento de Hipócrates en favor del tratamiento amoroso a las personas, el DOCTOR TORDESILLAS lo extendía a los caballos, que con su nombre, forman con el hombre la unidad de los CABALLEROS.
El Doctor Tordesillas sigue cabalgando y yo voy  por la “Plaza de la Vida” y él se da cuenta de que poseo un desplazamiento lento, pero progresivo del cerebro, que afecta poco a poco mi memoria, mi capacidad intelectual e incluso mi comportamiento con él, que es un Doctor que piensa en el comportamiento del enfermo, ”para que su tratamiento se inspire en el bienestar de los enfermos, en lo que él pueda y sepa, jamás en daño suyo, ni con mala intención”.
En cambio yo, con mis ochenta y siete años, tengo un  trastorno  progresivo de mi cerebro, que afecta a mi memoria, a mi capacidad intelectual y ya habrá quien juzgue mi comportamiento.
Pero el Doctor Carlos Tordesillas se ha dado cuenta de que la “ribastigmina”, acompañada de otras fórmulas químicas, bloquea esas enzimas, ayudando a que aumente la acetilcolina en el cerebro, que afecta poco a poco, la capacidad intelectual, la memoria y el comportamiento.
Es un sabio Doctor Don Carlos Tordesillas y su sabiduría me transmita confianza en una larga vida, pero cuando me acuerdo del romance medieval , que dice: ”Ay, cuanto de dolor- Está presente- Al infante valiente,- Y a hombres y caballos, juntamente”, le deseo al Doctor Don Carlos Tordesillas, que siga siendo feliz, prolongando la vida de los hombres, y contemplando la vida de su caballo. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

A Don José Bispe mi primer maestro (1935)


Todo lo aplasta la prosa de la vida que va rodando como un alud creciente y aplastando implacable a su paso el olor de una rosa, el roce de los besos impalpable, la alegría del niño, el ideal del joven, la madurez fecunda de la mujer y el hombre,  la serena actitud ante la vida del anciano, que ya lo ha visto todo y está de vuelta de cuanto le rodea.
Hoy el niño está envuelto por la prosa, que contempla las cosas por su vulgar vertiente y por su aspecto más corriente. Se le muestra el amor anatómico cuando no su lado pornográfico, que le lleva a considerar a los humanos como objetos de placer inanimados, que se pueden cambiar por muñecos y muñecas de goma y de plástico.
Tal vez “Juanita o el niño bien educado”, fuera un tanto hipócrita y “repipí”; hoy conviene que el niño sea más sincero y espontáneo pero no que se convierta en un grosero, y agresivo, que se transforme, finalmente, en un vulgar gamberro.
Hay niños en las grandes capitales, que no conocen al gorrión humilde, al asno ya negro ya platero, ni a la vaca lechera, ni al pato ni a la oca, ni escuchado, jamás, el canto del gallo corralero.
El gorrión tan sencillo, con su pardo plumaje, igualmente se escapa del pueblo abandonado, que huye, como amigo del hombre al que ama, de multitudes grises formadas por individuos solos integrados en  masa.
Las fuentes de las aguas generosas esperan, vanamente, que las cabras, las aves y los niños sacien su sed en ellas; mientras, el barman de blanca chaquetilla deformado por la prosa del papel rectangular y el sonido del metal redondeado, niega el agua al pobre niño que con temor de la pide. A la prosa le gusta el volar de los papeles morados, verdes y marrones y el rodar de duros, pesos y doblones, pero como el niño no entra en este juego, se le niega el agua, asta que tenga una edad que le permita pagar un whisky, que el camarero le servirá sonriente, añadiendo si es preciso: “¡saca Cheli whisky para el personal!”.
Yo tuve en mi niñez un maestro poeta, vestido con prosaico guardapolvo, que guardaba su modesta ropa de polvos y lodo pueblerinos y vivía un poético vivir, que expandía poesía  a los niños campesinos.



domingo, 3 de diciembre de 2017

Amor desinteresado.- (20-I-81)




“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes  de Mayo y hacía calor, Mosen Marcelino creyó que aquella hermosa mujer, que preguntaba  por su difunto marido, acudía a la llamada del amor.
Pensó que se trataba de un amor puro, sin ningún interés, seguramente querría enterrar a su esposo en tierra sagrada, pues la señora le habría advertido que el cadáver estaba enterrado en el monte, debajo de una carrasca.
El cura estaba contento, además de por ser Mayo, porque se le ofrecía la oportunidad de complacer a una hermosa mujer, a cuyos encantos no es fácil ser inmune, aún siendo sacerdote y porque como corrían tiempos de penuria, tendría ocasión de cobrar un duro para él, una peseta para el sacristán y calderilla para los escolanos. Estos, por mandato del  sacristán, fueron corriendo a buscar al señor Joaquín Puyuelo, que por su profesión de podador y “leñacero”, conocía todas las carrascas del monte.
El mosen había recibido a sus visitantes en la “solanera” que tenía en su casa, pues en la sala tenía instalada una capilla y en el balcón colgaba una llanta de camión, que al golpearla con un martillo, sonaba como una campana. La iglesia parecía una venta robada pues, durante la Guerra, había sido usada como garaje e incluso había un foso para reparar vehículos.

He hablado de los visitantes y es que la señora venía acompañada por un caballero.
El señor Joaquín no tardó en llegar, se le explicó que se trataba de localizar el cadáver del  esposo de la hermosa y el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la carrasca. El podador, limpiador lo llamamos aquí, entró en su casa, que le venía de paso, a cogerse la “jada”. Parecía un entierro sin muerto, pero se trataba en realidad de un desentierro. Y poco le costó al señor Joaquín desenterrar al difunto, pues en las guerras se pierde poco tiempo en cavar, si no hay un negrero, que a fuerza de culatazos, te hace trabajar. Un gitano de Barbastro decía que lo pasó muy mal durante la Guerra, porque lo hicieron palear para enterrar muertos. El cadáver quedó patente, no tenía ni caja. El cura habló de la necesidad de ir a buscar unas parihuelas, para llevarlo al cementerio.
Aún no había acabado de hablar el cura, cuando el caballero acompañante, se lanzó sobre el muerto y se puso a buscar algo en el pequeño bolsillo del pantalón, bajo la cintura, en el que antes se llevaban los relojes, y en el que ahora al haber perdido su objetivo, algunos hombres esconden aquello que no quieren que vean sus mujeres, y sacó lo que buscaba: un hermoso reloj de plata repujada. Se lo entregó a la señora, que lo metió en su bolso al tiempo que, dirigiéndose a mosen Marcelino Playán, le decía:"es que sabe, este hombre es ahora mi marido”. Este, cogiendo del brazo a la bella y sin decir gracias ni adiós, se  fueron, como se iría cualquier bestia con su bella hembra.
Al desenterrador,  a pesar de ser un hombre endurecido por haber comido pan de mil hornos, le entraron ganas de llorar,  pero reaccionó y todavía me parece oír por las noches su mezcla de juramentos y de risas. Después echó tierra encima y “s’en fue”. El cura se quedó sin duro. El pobre ya murió. El sacristán,  a pesar de todo, siguió siendo feliz, pero con la pequeña frustación de que después de haber aprendido latín, el siguiente cura se puso a decir la misa en castellano. Los escolanos viven en la emigración, pero yo, a pesar de lo anteriormente narrado, no pierdo la fe en el amor. Y es que el primer amor, no se olvida nunca y siempre nos conmueve. El segundo marido o la bestia, como ustedes lo quieran llamar, también murió.
La doble viuda cobraba su pensión, pero descubrió que renunciando a la del segundo marido, podría cobrar la del primero, que iba a ser más sustanciosa y además los ¡larguísimos atrasos!.   Y dicen que ha hecho los  trámites para volver a su primer amor, que mientras no se demuestre lo contrario, es el verdadero.

Al menos, así lo cantan los poetas.  

jueves, 30 de noviembre de 2017

De la materia al espíritu o de la Guerra Civil al Monasterio de Sigena




¡Con qué facilidad se hunden los hombres y mujeres en la materia y con qué facilidad se elevan sus almas y sus corazones al espíritu!. Y fuiste tú, amigo Eliseo, el que hoy, día uno de Febrero del 2010, el que, por un tiempo indefinido, transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, todo gozoso de la armonía musical de aquellas voces, que cantaban en canto gregoriano : ¡Ave, María, gratia plena!, al mismo tiempo que mis ojos contemplaban la belleza arquitectónica de diversos aspectos del Monasterio de Sigena y de sus pinturas, de un colorido que me hacía ver el cielo. Hace unos días, “contemplando la Sierra, que nos guarda del frío del Norte, me di cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino también el espíritu, que muchas veces desconocemos y despreciamos”. Aquellas cumbres de la Sierra me aleccionaron para distinguir la materia del espíritu y me hicieron pensar en una cena que se celebró en el Restaurante “El Faro de Sepes”, situado en la Zona Industrial de Huesca. En aquel Restaurante, en una cena, se reunieron la materia y el espíritu, haciendo reflexionar a los comensales, sobre el placer que sentíamos los hombres y mujeres con la materia de un cerdo guisado, a través de aquellos platos que servían en las mesas, los camareros .Aquella cena se convocó para auxiliar a las personas recogidas por los Hermanos de la Cruz Blanca. Tenía la cena, por tanto, un sentido espiritual, como la que reunió Jesús a sus discípulos en la sagrada Mesa, el día de la última cena. Estaba representado el espíritu por los Hermanos de la Cruz Blanca, allí presentes, y que buscaban recoger la “materia necesaria” para mantener a aquellos hombres y mujeres, que acogen en sus residencias, después de ser despreciados por la sociedad. En aquella caritativa cena .el cocinero del “Faro de Sepes”, nos hizo experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las del tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas, de tal manera que al consumir las migas, me acordé de rezar:”El pan nuestro de cada día , dánosle hoy”. ¿Quién me iba a decir a mí, que las cumbres de la Sierra, apuntando al cielo, me iban a enseñar el espíritu, que los simples camareros, nos mostraron en aquella cena de un cerdo , pero ,desde luego, cena sagrada.

Hemos pasado de la materia al espíritu, pero en tu pueblo, Sigena, fueron los que destruyeron el Monasterio, los que quisieron tornar toda la Historia de Aragón del espíritu a la más execrable materia. Fueron tu padre y tu madre, las dos personas aragonesas y concretamente de Sigena, las que me abrieron los ojos para ver y aborrecer la revolución del mal. Tu padre fue un hombre de una enorme personalidad y tuvo en cuenta en su vida, así en Barcelona como en Huesca, de la materia y del espíritu, temas ambos de difícil concordancia, pues al ver tratar a un hombre sobre los trabajos manuales, piensa que ese hombre no cree en la otra vida. Pero yo vi en él a una persona que, aunque a veces pronunciara palabras fuertes, dentro de su corazón reinaba una gran sensibilidad. Estando en su casa, en la que guarda en piedra las armas de los Abarca de Bolea, encontradas por él, me aclaró lo que significaba un cuadro pintado por él mismo y que representa la corriente del Río Alcanadre que pasa por Sigena, arrastrando los “testículos “, del caballo de Roldán. ¡Cómo une la historia de la Osca capital con la de Sigena, donde se alza el Monasterio de la Virgen del Coro!. ¡Cómo da explicación al espíritu de los aragoneses por medio de los testículos materiales, arrastrados por las aguas del río, igual que los revolucionarios, por llamarlos de alguna forma, arrastraron el espíritu del pueblo y del Monasterio de Sigena, intentando convertirlos en asquerosas heces materiales!.
No es tan sólo mi testimonio el que tiene ideas del espíritu de Eliseo, sino que el año 1960, la última Priora del Monasterio, a saber Doña Presentación Ibars, escribía lo siguiente, refiriéndose a Eliseo y a Carmela, que la llevaron con la hermana Angelita , a Barcelona:”Fuisteis buenos, simpáticos y caritativos con estas dos religiosas que jamás podremos olvidar tanta atención y desvelo. Infinitas gracias por todo,el Señor os lo recompensará todo, ya que nosotras no podemos. Angelita hace suyo cuanto digo yo y os saluda con afecto. ¡Qué buenos sois!”.
Tu madre, Carmela, como escribo en mi artículo “Villanueva y el Monasterio de Sigena”, está identificada con dicho Monasterio de Sigena, no sólo con su obra, sino todavía más con su espíritu. Está todavía identificada, a sus ochenta y siete años, pues sufrió un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que casi lo destrozaron por entero, durante la Guerra Civil.
Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo, Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas. ¡Cómo se acuerda del Monasterio!, porque entonces sólo tenía catorce años, pero todavía le parece que lo está viendo, tanto que se acuerda de que en cierta ocasión, llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería de nogal, por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces la Priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería que deba tener tantos años como el propio Monaterio. En el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril, acompañadas por el sonido del armonio, acudían a cantar las niñas del Coro de Villanueva, entre las que se encontraba Carmela. La tiple, doña Aurora Riazuelo, esposa de don Julián Arribas, les enseñó la a cantar la misa de Perosi, para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó doña Carmela: ¡era preciosa!, con varias voces, pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda la mía(es decir la de Carmela), la tercera formada por tres voces del Coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón.
Al empezar a escribir este artículo, afirmo que fuiste tú, Eliseo, el que transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, con aquel trabajo maravilloso que me mandaste por el Ordenador. Allí se escuchaban los sonidos tranquilos y místicos del canto gregoriano, interpretando el ¡Ave María, Gratia plena!, al tiempo que se veían surgir las imágenes del Monasterio y aquellas pinturas deliciosas, recogidas en el mismo Monasterio.
En el Restaurante El Faro de Sepes, el cocinero, convertía la carne material del cerdo en “bocatti de cardinali”, que nos llenaban de ilusión y con su placer, convertían nuestra materia en espíritus. Esa cena recuerda la Ultima Cena de Jesús, que convirtió a los judíos más o menso cultos, en apóstoles.
En Sigena, fue diferente, porque aquellos a los que algunos llamaron revolucionarios, no eran cultos, sino discípulos de unas teorías, partidarias de los diablos, que querían convertir el espíritu en materia. Por eso se ven aquellas fotografías de los cadáveres de las monjas milenarias, sacadas de sus sepulcros, con lo que profanaban la Historia, la vida y el espíritu del Monasterio.
Esa magnífica proyección de las distintas partes del Monasterio, resucitaron mi fe, igual que las cimas de la Sierra de Guara, que señalaban y todavía lo señalan, que el mundo es un compuesto de materia y de espíritu, como he podido comprobar en el comportamiento de tu padre Eladio, de tu madre Carmela, a la que he visto guisar un enorme pollo y la he imaginado cantando en el Coro de Villanueva de Sigena, a San Juan. Y en ti, Eladio, he comprobado tu amor a tus padres, a Villanueva de Sigena y a las monjas que conservaron la espiritualidad del Monasterio, desde 1188 hasta que los materialistas quisieron destrozar el espíritu de los hombres, en este caso aragoneses.
Entre tanto los acogedores de aquellos monstruos, siguen reteniendo multitud de obras de arte, procedentes del espiritual Monasterio de Villanueva de Sigena.



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Aranda y su castillo-palacio

Torreón Castillo de Sietamo.

Un número del Heraldo de Aragón dice en un número del mes de marzo de 1992, lo siguiente:”En el sur de la Hoya de Huesca, a muy pocos kilómetros de la capital, varios castillos viven el abandono, la ruina o la restauración de urgencia para evitar su derrumbe. Las construcciones militares y defensivas de Siétamo, Monflorite, Novales, Barbués, Argavieso, Sangarrén, Corvinos…, ofrecen un variopinto panorama de este apartado del patrimonio aragonés. Desde el edificio al borde de la ruina al monumento en restauración, pasando por la construcción conservada en aparente buen estado, todos forman parte de la historia regional. Paradójicamente, la comunidad autónoma carece de un inventario de arquitectura militar, aunque todos los castillos de España fueron hace tiempo dotados del carácter de monumento nacional. La ley de patrimonio los convirtió automáticamente en bienes de interés cultural, por lo que gozan de la máxima protección legal y las instituciones regionales tienen, en teoría, la obligación de preservarlos de la ruina”. Y sigue Mariano García, ”En la parte sur de la Hoya de Huesca, en un puñado de kilómetros, se alzan varios castillos señoriales construidos en piedra durante el gótico tardío, siglos XV y principios del XVI. Las fortalezas de Siétamo, Monflorite, Novales, Barbués, Argavieso, Sangarrén  o Corvinos ofrecen un variado muestrario de la situación del patrimonio histórico aragonés. Hay castillos abandonados, en restauración, rehabilitados y ominósamente perdidos. Muchos de ellos no responden a las características típicas de los castillos. Se trata en muchos casos, de mansiones señoriales con diverso grado de fortificación, aunque en algunos de ellos se descubren restos de fosos y murallas”.
Muy poco se puede salvar del primitivo castillo de Siétamo. Unicamente queda en pié un largo lienzo de su barrera exterior, pero en él se encuentra un torreón cilíndrico con almenas apuntadas. Es un detalle arquitectónico importante, ya que es prácticamente único en la provincia de Huesca. Está a punto de desmoronarse…La construcción, dañada en la Guerra Civil, fue demolida años después para utilizar sus piedras en la reconstrucción de los pueblos de alrededor de Huesca, aunque es imposible recuperarlas, los trabajos arqueológicos resultarían muy interesantes, ya que la localidad recibe el nombre, por ser el “Septimum miliarium” de la vía romana de Osca. La presencia árabe en la población, avalada por varios documentos históricos, pervive también en algunos sillares del lienzo de la muralla. Según Julio Brioso, ”Que hubo sarracenos en Siétamo parece probado por el documento fechado el día 5 de Mayo de 1093, en que el rey Sancho Ramírez y su hijo Pedro dotan a la Real Casa de Montearagón con las iglesias de Siétamo, Olivito, Arbaniés, Castejón de Arbaniés y Alcalá, con todas sus décimas y primicias, así como sus mezquitas y todos los bienes de los moros
“Cristóbal Guitart asegura que era uno de los castillos más representativos de las baronías oscenses. En él nació Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, IX conde de Aranda y uno de los políticos más notables de la Ilustración. Guitart señala que era un palacio cuadrangular, de piedra y macizo, cuya torre miraba hacia la Plaza Mayor y conservaba sus matacanes continuos. Por un arco lateral se llegaba a una plaza de armas donde estaba la fachada principal, con puerta semicircular, balcones modernizados y una galería aragonesa de arcos semicirculares de ladrillo, posterior al edificio”.
En las almenas de los torreones de la muralla, en su cima había unas bolas de piedra, que uno no sabe dónde fueron a parar.
Don Antonio Naval Mas en el Diario del Altoaragón del 5 de marzo de 1995, en un artículo, escribe:”El palacio del Conde en fachada respondía a casa entre dos torres que al tiempo de su desaparición estaban desmochadas, si es que alguna vez fueron terminadas lo cual el lo más probable. Estas torres enmarcaban una galería de arquillos de ladrillo que recorría todo el alto de la fachada sosteniendo el alero según solución muy corriente en casa distinguidas aragonesas. Con toda probabilidad esta parte del edificio existía al menos a principios del siglo XVI. Los balcones serían abiertos con bastante posterioridad pues uno de ellos se interponía entre la entrada y el matacán o balconcillo defensivo, que fue colocado sobre ella para la protección del acceso. La casa-palacio estaba yuxtapuesta a una enorme torre que en el momento en que fue hecha la fotografía(Foto publicada en el libro”Huesca en imágenes”, editado por la CAZAR) todavía conservaba las ménsulas del matacán que rodeó todo su entorno. Obviamente sería la parte más primitiva, la medieval, que comenzaría estando exenta para despiués ser ampliada con la casa que se apoyó en ella.
“Todavía quedan las bases de esa torre, de la que se dice va a ser restaurada en algunos metros.
Don Ricardo del Arco escribió lo siguiente:”La gran torre es robusta, de fuertes sillares, ligeramente rectangular. Mide 20 metros de altura por once de ancho, su cara mayor. Tiene matacanes en lo  alto y estuvo almenada. Junto a ella hay un arco por el que se entraba al castillo desde el pueblo, pasando antes por otra puerta abierta en la muralla, sigue un típico pasadizo con dos arcos y se entra a un descubierto o plaza de armas. A mano derecha está el palacio que ostenta ventanas góticas con mainel, hoy cegadas y matacanes sobre la puerta de entrada…
La puerta de entrada a aquel es de arco circular; en el patio hay dos arcos robustos, uno de medio punto y otro ojival, que arrancan del pavimento y sustentan las vigas del techo…a mano derecha está la escalera. En su primer rellano hay una mazmorra. Acaba en otro rellano con galería arqueada y antepecho de yesería. Acaba en otro rellano con galería arqueada y antepecho de yesería. Estos son adición del siglo XVII. A la izquierda, una gran puerta de entrada a las habitaciones palaciales, espaciosas, aunque divididas hoy por tabiques. Enfrente de la escalera hay otras habitaciones. Se conserva la sala y la alcoba(con molduras doradas) donde nació el conde de Aranda, el célebre ministrote Carlos III. Hay otra del siglo XVIII también con azulejos en el zócalo y una chimenea”(La casa aragonesa, 1919,pág. 22).
El palacio tuvo su ruina a raíz de la Guerra Civil. Este edificio estaba habitado, según Cardús, por dos familias, pero según mi padre llegaron a vivir en él hasta catorce familias. Para la Guerra fueron bastantes los vecinos de Siétamo que allí se refugiaron, al ser atacado el pueblo de Siétamo por el Frente Popular, pero al quedar cercados huyeron por la huerta a la Costera y otros se quedaron en el pueblo. La fecha de su huída fue la del día del Santo Cristo de los Milagros. Los rojos se vengaron desvalijando el edificio y además lo incendiaron. Acompaño testimonio escrito de Isidro Artero que lo esenció desde su casa en la calle Alta. Después de la Guerra primero la casa y más tarde la Torre fueron empleadas para reponer de piedras a Siétamo, Apiés, Banariés, Chimillas,Huerrios y otros pueblos de la Hoya de Huesca ,que quedaron destruidos.
En este castillo vivieron unas seis generaciones de los Aranda, que tomaron posesión del mismo por la boda de un Abarca de Bolea con la hija del Señor de Castro, que trasmitió sus bienes a dicha hija y cuyos documentos poseo.
Los Condes de Aranda tuvieron casas en muy diversos lugares, como Epila, Zaragoza, Huesca, etc. En dichas casa pasaba largas temporadas y en la de Zaragoza nació, como ha descubierto Angelines Campo, Ana María Abarca de Bolea, que llegó a la categoría de Abadesa del  Monasterio de Casbas y a escritora y poetisa castellana y en aragonés.
En Huesca poseían varias casas, que no hay que confundir con la de sus parientes los Abarca, que estaba en la calle Sancho Abarca, sobre los almacenes Simeón, que derribaron el año 2002 y han edificado, imitando a la antigua.
La desaparición del castillo-palacio de Siétamo es verdaderamente lamentable, pero consecuencia de la Guerra civil y Antonio Garrigues Diaz-Cañabate dice de esa oportunidad:”La guerra civil no fue una cruzada, sino acaso dos cruzadas, una religiosa y otra laica. Y ambas impuras en cuanto a su fe respectiva, puesto que entraban y participaban en ellas otras pasiones e intereses humanos, bien humanos. Fue una lucha fanática, heroica, en la que se jugaban la vida o muerte dos formas de ser, dos ideales, dos
Credos, no sólo los consabidos de las dos Españas sino de otros muchos pueblos, que con eso vinieron a luchar y a morir  aquí, y a uno y otro lado de la cambiante frontera estratégica y la lucha por muchas cosas :dinero, fama, honra, prepotencia y otras mil vanidades, pero sólo se muere por unas pocas en las que se cree. Esas creencias, ya divinas  ya humanas, fueron el núcleo genésico de la Guerra Civil española. La marea universal de las publicaciones en todas las lenguas, revela que no se trató sólo de una guerra civil más entre las dos Españas, sino de algo muy profundo, muy universal. Esto es lo que da su grandeza, su sentido histórico, y, si hay-dudosamente –guerras justificables, su justificación.
En la Escritura de Capitulación matrimonial de Don Manuel Almudévar y Vallés  y Doña Pilar Casaus y López, vecinos del lugar de Siétamo, autorizada por el Notario de Huesca Don Pablo Linés y Sarrate, el día 24 de Julio de 1881, se dice en el nº 66, Tomo 146, Folio 3, Fº.n.166: Un edificio llamado el Palacio, sito en dicho pueblo de Siétamo
,en la calle baja, señalado con el número 16, de nuevecientos metros cuadrados de superficie, lindante por la derecha entrando con campo de esta herencia, y por la izquierda con camino y por la espalda con calle y casa de Ramón Laguarta: estimado en dos mil quinientas pesetas y no tiene cargas.
En la Escritura de Capitulación matrimonial de Don Manuel Almudévar Casaus con Doña Victoria Zamora Lafarga, ante el Notario de Huesca Don Félix Marquínez y Ruiz del Burgo, de fecha diecisiete de Febrero de 1923, viene la misma escritura.

En el Testamento de don Manuel Almudévar Cavero, a cuatro de marzo de mil  ochocientos setenta y tres, ante Don Pablo Linés Notario, se lee una escritura igual a las dos anteriores, pero a la que añade: Que dichas cuatro fincas(huerta de Palacio, Tapiado,  un Horno de pan cocer, que limita por la derecha entrando con casa y corral de Joaquín Aquilué, por la izquierda con casa y corral de Pascual Carilla y por la espalda con casa y corral de Ramón Laguarta y un edificio llamado Palacio) las adquirió el expresado Don Manuel Almudévar y Cavero por compra que de ellas hizo según escritura otorgada en veinticinco de octubre de mil ochocientos sesenta y cinco ante el Notario de Barluenga Don Sebastián Ferrer, la cual se halla inserta en el Registro de la propiedad del Partido, Tomo ciento cuarenta y seis, Libro tercero de Siétamo, Folio, tres, seis, doce y quince, Fincas número ciento sesenta y seis, ciento sesenta y siete, ciento sesenta y nueve y ciento setenta, Inscripción primera, con fecha nueve de Diciembre del mismo año(1865), según consta de la nota puesta al pie de su primera copia de la calendada escritura que se me ha exhibido.