lunes, 16 de julio de 2018

EL ORDENADOR, QUE DESORDENA LA MENTE




Estaba sentado con mi amigo Joaquín,  en la puerta de su casa, cuando en un Bar, que se ofrece frente a la nombrada puerta se han sentado, supongo que serían  dos parejas. Una la formaban un  matrimonio,  que tenían ambos sus cabellos morenos, que tenían oscura su cabellera como los pelos de su hijo. Yo supongo que éste, moreno como sus  padres,  iba  acompañando a una muchacha de delicados cabellos rubios y  supongo que era su novia.
Al  caminar  hacia  el  Bar, pasaron por delante de nosotros y tanto la pareja morena de mayor edad, como la rubia de la menor, nos saludaron con amabilidad, al llegar cerca de nosotros. Juaquin y yo, observamos que mientras el novio moreno, llevaba un ordenador, la bella rubia nos saludaba con simpatía. Pero su novio moreno, llevaba entre sus manos el citado “ordenador”, que manejaba con sus manos, en tanto sus pies iban caminando hacia el Bar. Yo no    si  utilizaba el “ordenador”  para ordenar los pensamientos de su cerebro, pues lo iba pulsando continuamente.  Yo  creo  que  en su desplazamiento al Bar, no nos miró ni nos saludó, sino que, descuidando los pasos que seguía por su ruta al mostrador, aproximaba a sus ojos, con sus dos manos, al “ordenador”, que yo no sé si aclaraba sus ideas o las confundía.
Mi amigo Joaquín al contemplar al muchacho moreno, se acordó de unas escenas, que había contemplado en una revista. En el primer dibujo, tres amigos pedían  en un Bar, una cerveza para cada uno de ellos. Se pusieron a beberla y en la segunda escena del chiste, dejaron de beber y enfrentaron, cada uno de ellos, sus ojos a su “ordenador”, al que miraban y escuchaban. Pero yo no sabían si atendían lo que les explicaba el aparato o lo rechazaban, pues sus rápidas respuestas, daban la impresión de no aclararles, su significado. Comían juntos y apenas acabada la ingestión de su merienda, cada uno sacaba su “ordenador” e intentaba obtener el resultado de su conversación, que ninguno de ellos conseguía comprender.
Yo, como mi amigo Joaquín, durante la comida de mi familia, intentaba mantener una conversación con mis hijos, pero ellos, entre sus dedos miraban su pantalla y escuchaban su conversación y yo me quedaba solitario pensando en mi familia, que parecía que ya no pensaba en sus problemas, sino que la máquina ordenadora, con aquellos sonidos, confundía mis pensamientos.  
Me di cuenta, observando el comportamiento de las dos parejas, qué en el Bar cercano, el matrimonio mayor y la señorita rubia, hablaban unidos y el joven moreno, estaba manipulando su “ordenador”. En tanto mi buen amigo Joaquín me hacía ver el paralelismo entre el comportamiento de los cuatro clientes del Bar y el que tenía lugar entre algún miembro de mi familia, con manejo del “ordenador”  y  yo  mismo,  que quería conversar en una común unión.
Entonces me di cuenta del significado del Internet  que  “es un conjunto descentralizado de redes de comunicación interconectadas”. Ese Internet supone que en el interior de la inteligencia humana hay espacios de ocio, de interacción y de construcción de la propia identidad. En aquellos cuatro individuos , dos en su cuerpo macho y otros dos en su cuerpo y espíritu femenino, se veían “espacios de ocio, de interacción y de construcción de su propia identidad”. En la pareja del padre con la madre y en la joven rubia, daba la impresión de que su identidad era normal, pero en el joven, daba la impresión de que su cerebro, con su continuo mirar y apretar las teclas de su ordenador, no se notaba que su identidad fuera normal, sino inquieta y dudosa, con lo que resultaría difícil encontrar su “propia identidad”. Daba la impresión de que al muchacho le era difícil encontrar su propia identidad.
Walt Witman  escribió:  “Había un niño que avanzaba de día, y el primer objeto al que miraba, en aquel objeto se convertía”… Pero cada niño tiene su propia responsabilidad, y los objetos que miraba, eran distintos según que niño fuera el que lo mirara. Pero mirar muchos niños ese objeto, se multiplicaba su número por otro infinito número de objetos de la red existencial.


sábado, 14 de julio de 2018

Muy cerca de Huesca, estaba George Orwell





Muchas veces son las que bajo a las casas que mi abuelo construyó, una para el médico y otra para el mariscal, como pone en un antiguo recibo de contribución y al lado de ellas está el huerto, donde hoy recojo judías y pepinos y donde el año mil novecientos treinta y seis construyeron los miembros del Ejército Gubernamental, un hospital en el mismo frente, como el que habían levantado, por ejemplo, en Monflorite.
El de Siétamo consistía en un barracón amplio, construido muy deprisa con madera. El él metían en la Guerra Civil del año mil novecientos treinta y seis a los heridos, pues a los muertos los enterraban o abandonaban en el mismo lugar que una bala enemiga les había alcanzado o aquella otra que los mismos que se hacían la guerra, se entretenían en dispararla para fusilarse mutuamente.
Uno de los múltiples heridos que al Hospital llevaron y de cuyos nombres ya no queda ni un recuerdo, fue George Orwell, nombre famoso en la Literatura Universal, pero que en realidad se llamaba Eric Blair, como se firmaba en muchas cartas que dirigía a sus amigos. Pero el nombre de Orwell, el que pasó a convertir su identidad en la de un clásico, es conocido en todo el mundo y se le nombra constantemente, y quizá con una frecuencia, tal vez, sólo superada por Cervantes y por Shakespeare.
Varias veces me han preguntado sobre dicho hospital pero sin embargo el recuerdo de Orwell ha aumentado en esto últimos años y fueron dos simpáticas señoritas inglesas, que llegaron a Siétamo las que me preguntaron que donde estaba el lugar donde lo hospitalizaron. Yo se lo enseñé y les hice ver en un extremo, donde se encontraba el barracón, el pequeño pedazo de suelo de cemento que se quedó sin eliminar para volver a cultivar el huerto, cuando acabó la Guerra. Hace poco tiempo que otros extranjeros también llegaron a Siétamo y preguntaron por el hospital, pero al no estar yo, parece que no fueron capaces de darles explicaciones. Últimamente, en esta fecha de dos mil cuatro, en que se cumple el centésimo aniversario del nacimiento en mil novecientos tres, de Orwell, me dijo un sietamense llamado Angel Puyuelo, que a su padre lo habían atendido en el citado hospital. Hace ya muchos años estaba Salvador Puy Carilla, sentado en el portal de su casa y acompañado por Miguel Arnal y se acercaron tres parejas y les preguntaron si eran de Siétamo, respondiéndoles ellos que sí; comenzaron una conversación en la que Salvador les dijo que en cierta ocasión estaba un tanque en la puerta de la iglesia y de repente recibió unos tiros de fusil en su motor y el que parecía ser el más importante de las tres parejas, se rió y entonces les dijo:”Yo estuve de Director de los Cirujanos de sangre en el Hospital de Guerra”. ¡ Qué lástima no saber el nombre del médico, para preguntarle por Orwell y por todos los heridos y muertos que por allí pasaron!.
¡Dios mío, qué contraste entre Orwell y todo el pueblo de Siétamo, del que ardieron desde el Castillo-Palacio donde nació el Conde de Aranda y la iglesia hasta las modestas casas de tantas familias, como las de la señora Juana y la de los Puyuelo!.Orwell fue herido a las cinco de la mañana del día veinte de mayo de mil novecientos treinta y siete en Monflorite, muy cerca de Huesca y lo internaron en Siétamo y en una carta a Rayner Heppenstall, en treinta y uno  de Julio de mil novecientos treinta y siete, él mismo describe que :”Mi herida no fue gran cosa pero es un milagro que no me costara la vida. La bala me cruzó  limpiamente el cuello y falló lo que se proponía encontrar excepto una cuerda vocal, o más bien el nervio del que depende, que está paralizado…Me alegro bastante pues creo que esto nos pasará a todos en un futuro próximo, de que una bala me haya herido…Lo que he visto en España no me hecho un cínico, pero me hace pensar que el futuro es muy tétrico”. Fue trasladado a Barcelona y allí consiguió escapar de la condena de Stalin al POUM, pero ,¿se daba cuenta de que muchos sietamenses forasteros  y extranjeros no se podrían alegrar nunca ,como él, de su curación de los balazos producidos por la guerra, ya que fueron eliminados por los fusilamientos?. El futuro ciertamente era tétrico, pero peor lo fue en Siétamo, cuando se podían encontrar por todas partes las tumbas, los cadáveres y los cementerios.
Lo llevaron después a Barbastro del que escribe:”Aunque quedaba muy lejos del frente, ofrecía un aspecto desolado y maltrecho. Enjambres de milicianos con andrajosos uniformes vagaban por las calles”. De allí fue su compañía “enviada en camión a Siétamo…Siétamo había sido atacado tres veces antes de que los anarquistas lo conquistaran por fin de Octubre, una buena parte de la población había sido destruida por las bombas y la mayoría de las casas mostraban huellas de fusil. Nos encontrábamos a unos quinientos metros por encima del nivel del mar. El frío era intensísimo y había densas nieblas que se arremolinaban como saliendo de la nada”. Vemos como el mismo Orwell describe las desgracias de Siétamo, a donde fue enviado con sus compañeros militares en camión y yo no creo que se diera cuenta del asesinato del “Padre Jesús”, porque él era humano y no le gustaba matar a nadie, como narra cuando una noche en Huesca, a unos ochenta metros de él vio pasar a un enemigo agarrándose los pantalones que parecía se le estaban cayendo, y esa situación le hizo recordar que se trataba de un hombre y no quiso dispararle.
No sé si se enteraría del asesinato a tiros del “Padre Jesús”, al que yo llamo así, porque nadie sabe su nombre y así lo bauticé porque hay que buscar un nombre a un fraile, que fue un modelo de cristiano en aquellos días de agosto del año mil novecientos treinta y seis, cuando Eric Blair se buscó el nombre y el apellido de Georges Orwell, sin necesitarlo, pues hubiera sido famoso mundialmente con cualquiera de los dos. No sé si se vieron, pero “el fotógrafo Juan Guzmán bajaba por la carretera y preguntó que quien era ese que llevaban” y le contestaron:”Un cura que hemos capturado”. Le dijeron al cura:”Grita ¡Viva la República!, a lo que él respondió con grandes voces: ”¡Viva Cristo Rey!”. “Por tres veces se repitieron los gritos, hasta que al fin lo llevamos  a un lado y lo  fusilamos, cuando tenía tan sólo veintisiete años. Los milicianos pertenecían a dieciséis agrupaciones como por ejemplo el POUM,que despreciaban la disciplina militar, pero por lo visto no respetaban la vida de un ser humano que no pertenecía a ninguna de las dieciséis agrupaciones que querían entrar en Siétamo. El mismo Orwell se dio de baja del POUM y se escapó de la Guerra Civil para evitar que su vida fuera eliminada por Stalin, como había sido la del “Padre Jesús”.

Escribió Orwell. “Muchas veces tengo la impresión de que el mismo concepto de verdad objetiva va desapareciendo del mundo”… ,”¿para qué luchan los obreros?; sencillamente por lograr una vida decente ”.Pero Orwell no encuentra apoyos al obrero, pues afirma “ que la política exterior de Stalin, en vez de diabólicamente lista como se pretende,ha sido sólo oportunista y necia”, pero añade que “uno de los problemas más difíciles de nuestros tiempos es saber si la clase dirigente británica es malvada” porque “la clase dirigente británica hizo cuanto pudo para entregar España a Franco y a los nazis”. “A mediados de febrero (1937) salimos del Monte Oscuro y nos mandaron, junto con todas las tropas del POUM a incorporarnos al ejército que asediaba a Huesca”. En aquellos ambientes no es raro que tuviera la cabeza llena de pensamientos y problemas, pero “ a cuatro kilómetros de nuestras nuevas trincheras, Huesca brillaba, pequeña y clara, como una ciudad de casa de muñecas. Meses atrás cuando se tomó Siétamo, el general que mandaba las tropas del Gobierno, dijo alegremente: mañana tomaremos café en Huesca. No tardó en demostrarse que se equivocaba. Había habido sangrientos ataques  pero la ciudad no caía, y mañana tomaremos café en Huesca se había convertido en una broma. Pero la ciudad de Huesca le había aliviado a Orwell el malestar producido en los Monegros por el Monte Oscuro, porque escribió:”Si alguna vez vuelvo a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca. Muchos oscenses aún lo esperamos, pero así como muchos mueren en la guerra, Orwell murió en la Paz.  

Tierras aragonesas y antes navarras





Hay una comarca de aspecto abrupto, ocupada por Sierras que no son muy elevadas y en otros tiempos abundaba en ella la ganadería trashumante, hoy casi desaparecida y sus tierras están escasamente cultivadas. Por el norte limita con la cuenca del río Aragón, que se introduce en Navarra por Yesa, encima de Sangüesa y de Sos del Rey Católico y por el Este la recoge el río Gállego, que baja a Ayerbe cerca del pueblo de Agüero y de Salinas de Jaca, el nuevo, pues el viejo ya desapareció hace algunos años. Salinas se despobló y uno de sus habitantes, Sebastián Grasa, vive hoy con sus ciento y un años en la Villa de Siétamo, como se están quedando casi sin habitantes Sos del Rey Católico y Longás. A Longás se puede ir por la carretera de Jaca, desviándose a la izquierda por un camino, poco antes de llegar a la ermita de Santa Bárbara. La Sierra de Santo Domingo con su cumbre a mil quinientos veintitrés metros de altura, arranca cerca de Salinas todavía en la provincia de Huesca y tiene en su vertiente Norte él pueblo zaragozano de Longás. En su monte nace el río Onsella, que pasa por Lobera de Onsella y por Isuerre. Es un casco urbano situado en la orilla izquierda del río Onsella y con un fondo de valles, hondonadas y montañas. Se encontraron en su monte materiales arqueológicos, que se exhiben en el museo de Pamplona. Más al Oeste pasa el río por Navardún y por Gordún, donde se eleva un castillo, que fue erigido a consecuencia de las invasiones de los navarros durante los siglos XIV o XV. Debajo del río Onsella, entre Isuerre y Navardún se encuentran situados dos enclaves navarros, con el pueblo que los preside de Pitilla de Aragón. Antes de llegar a Navarra, donde desemboca en el río Aragón, pasa por encima de Sos del Rey Católico. Esta villa fue en tiempos la capital de las zaragozanas Cinco Villas, pero ha ido poco a poco perdiendo sus habitantes y conviviendo con la próxima e industrial izada Villa navarra de Sangüesa. En 1452 se encontraba en dicho pueblo navarro la madre de Fernando el Católico y al darse cuenta de que luego iba a dar a luz, se trasladó urgentemente a Sos, para que su hijo naciese en Aragón. Llegó a casarse Don Fernando con Isabel la Católica,lo que traería la unidad a España. 


Es una Villa con notable arquitectura civil y religiosa, donde se encuentra la iglesia de San Martín de Tours, que fue la capilla privada de los señores navarros de Sada. 



La conversación con el señor Grasa, me ha obligado a pensar y a escribir esta pequeña descripción del Valle de Onsella y su comarca oscense, zaragozana y navarra, pero leyendo el Diario del Altoaragón del domingo veintisiete de Junio del año dos mil cuatro sale un artículo sobre “La escultura románica, seña de la identidad del Pirineo”, he visto cómo desde Olorón hasta Sangüesa estamos pisando el Camino de Santiago, que pasa después de Olorón, por Jaca, por San Juan de la Peña, por Sos del Rey Católico y por Sangüesa. La tradición señala a dicho camino de Santiago como un medio de comunicación, en aquellos tiempos, que condujo a que llegaran a España las tradiciones nórdicas, entre las que se encuentra la del hombre que luchaba con un león. Entre los capiteles fotografiados Pierre-Louis Giannerini en la Exposición expuesta en la Casa de la Cultura “María Moliner” de Jaca, figuran dos de la iglesia de San Esteban de Sos, “uno de los cuales representa a dos mujeres acuclilladas con la falda levantada, las piernas abiertas y mesándose los cabellos, el otro, una pareja de aves con los cuellos enlazados que se picotean las patas”. 



Están nuestros archivos y bibliotecas llenas de datos sobre la Historia de esta Comarca, incluyendo las Guerras Carlistas durante el siglo XIX, pero la memoria de las gentes ha perdido los datos que vivieron sus padres y abuelos; por eso me causó impresión lo que dijo el señor Sebastián Grasa, que ya tiene ciento un años de edad, sobre un caso ocurrido en su pueblo natal, ya desaparecido, Salinas de Jaca el viejo y desarrollado después por la ribera del río Onsella y terminado en la navarra Sangüesa. Yo había escuchado a mi padre relatarme algunos sucesos ocurrido en el siglo XIX, pero ya casi no me acuerdo de ellos, en cambio cuando oí hablar al señor Sebastián, tomé mucho interés por lo que contaba, porque este hombre conserva las tradiciones históricas, que ninguno de los actuales habitantes puede recordar, porque no las vivió ni oyó hablar a nadie de ellas. Para recordarlas haría falta que fuéramos más viejos que “los caminos” y como no lo somos hay que preguntarles por el pasado a aquellos que se aproximan a esa vejez. Por eso yo escuché con interés el relato de Grasa, que 



comenzó diciendo que un día llegaron a Salinas de Jaca unos carlistas que debían ir a Navarra y su padre que los vio, decía que apresaron al cura del pueblo y ataron a su casera en la cocina, en el mismo suelo, diciéndole que no gritara. Se llevaron al cura y cuando en el campo llamado Castillón encontraron a un hombre labrando con una vaca y un caballo, le quitaron el caballo y en él acomodaron al cura y se fueron hacia Navarra por el Valle del Onsella. El señor Sebastián no perdía detalle. en su narración y nos recordó a los que lo escuchábamos que él conoció al hijo del dueño del caballo robado. En la Sierra de Santo Domingo, donde se encuentra el pueblo zaragozano de Longás, abandonaron al cura. Este se encontró solo, pero se topó con un “pecero” apodo con el que llamaban a los habitantes de Longás, donde “la pez” se usaba abundantemente para marcar los ganados estaba el hombre cortando plantas de boj, para hacer cucharas de “palo” y al ver al mosen, lo llevó a Longás, donde se juntó con su párroco, que lo atendió y ya se marchó a Salinas, donde encontró a su casera todavía viva, cuando ella creía que el cura ya estaría muerto. 



Se preguntaba Sebastián: “¿para qué querrían al cura?, porque no lo mataron pero lo abandonaron en la Sierra de Santo Domingo”. Y o le dije que tal vez se lo llevarían para que no los persiguieran, ante el temor de que si lo hacían, matarían al capturado mosen. Además, le dije al Señor Sebastián: aquellos carlistas, hartos de cantar “Somos los voluntarios del Rey Don Carlos, ¡vivan sus fueros y religión!”, no podían resistirse a practicar la violencia ,que consigo llevan las guerras. 



El caballo lo utilizaron hasta que llegaron a Sangüesa, donde lo dejaron abandonado, pero unos pastores lo vieron y dieron cuenta. Avisaron los de Sangüesa a los pueblos vecinos y se fue corriendo la voz, de tal manera que el dueño del caballo fue a buscarlo y se lo entregaron. Parece ser que tardó bastante tiempo en aparecer el caballo. 



Cuando acabó el relato de los hechos ocurridos en el Valle de Onsella, me insistió en contarme la cantidad de contrabandistas que iban por Navarra y Aragón, diciéndome que durante las Guerras Carlistas pasaban mucho por aquella zona las partidas militares y guerrilleras y los contrabandistas, que tenían un control en el pueblo de Milagro en Navarra, donde estaban cuarenta carabineros. Traficaban con oro y con seda que traían de Francia. Cuando eran pocos los contrabandistas, los carabineros los cogían, pero en cierta ocasión iban cien machos, cada uno con su carga, para repartirla a partir de Zaragoza. Iban conducidos por hombres que llevaban un trabuco cada uno. Los vieron los carabineros, pero dijeron :”Esto vamos a dejarlo porque si no, convertiremos esto en un reguero de sangre”.Es que los contrabandistas con sus trabucos no tenían miedo. 



Vi confirmada la idea tradicional de Grasa al leer en el libro del Doctor Ramón Guirao, titulado El Altoaragón durante la Guerra Realista (1821), en el que trata de los contrabandistas de Naval y dice: “En esta época el contrabando es un medio habitual de vida y de él no escapan los habitantes de Naval... en la que gran parte de sus autoridades son de ideas realistas y están asociadas para la práctica del contrabando”.En esta época de guerras, cuando un hombre no era guerrillero, se convertía en contrabandista. 



El padre de Sebastián murió en 1927, a los cincuenta y ocho años de edad lo que nos indica que nació en mil ochocientos sesenta y nueve. La última Guerra Carlista acabó coincidiendo con la apertura de las Cortes con el fin de debatir la Constitución de mil ochocientos setenta y seis. Decía Sebastián que su padre entonces era un “zagal” y si nació en 1869 y la Guerra acabó en el año 1876, tendría entonces unos siete años. 



Pasó el señor Sebastián más guerras durante su larga vida y todavía andan los hombres luchando unos contra otros.¿Cuándo llegará la paz al mundo?



lunes, 9 de julio de 2018

Luces y lucetas




¡Hágase la  luz!.  Y la luz se hizo. Se encendió la luz a nivel cósmico y a velocidades de trescientos mil kilómetros por segundo, aún dicen que va viajando y viajando y no acabará de llegar a todas partes. Entonces creo que estamos aún en plena Creación, pues si para Dios no hay ni pasado ni futuro, sí todo está presente, es de esperar que nos llegue más luz. Tal vez no estuviese tan descaminado el filósofo, cuando en su lecho gritaba: ¡luz, más  luz!. Hay poca luz y por eso ¿mi cerebro no ve?. ¿ O es mi cerebro tan pobre que queda deslumbrado y no ve?. Ojalá tuviera en mi sesera los ojos que tenía en su cara el viejo pescador de Hemingway. Dice el escritor en su novela “El viejo y el mar”, que su protagonista podía mirar al sol sin lentes, un eclipse. El escritor atribuía esa fortaleza ocular a la vitamina A, que asimilaba el pescador comiendo los hígados de los peces. Esta anécdota me recuerda que Tobías recobró la vista poniéndose en los ojos el hígado de un pez. Para soportar la luz solar y fortalecer mis ojos puedo tomar aceite de bacalao, pero ¿cómo  fortalecer  los ojos  de  mi  mente?. Escucho música y por mi  cerebro  viajan  nubes  luminosas, ya bailarinas, ya solemnes, pero nunca se definen y concretan.
Como no alcanzo a ver la luz que deseo, procuro ver las múltiples luces  que  puedo  alcanzar con mi vista. Me gustan las múltiples luces de colores, o  las  blancas  que se cubren con papel de celofán y me place colgarlas en los pinos y en enebros, allá en Navidad. Me deslumbra el recuerdo de la pobre  luz  que,  ayudada por el hombre de la hoguera, iluminaba nuestro hogar. Cuando quería “Palacín”, venía, y cuando quería se marchaba. Porque era el viejo Palacín el que la luz eléctrica generaba. Mi tío José María no se alteraba, como pasa ahora, cuando la luz de la bombilla se marcha, porque siempre quedaba la luz de la lumbre del hogar; nos limitábamos a decir: ¡adiós Palacín!. Me gusta encender cerilleta el día de la Candelera, que  aunque ahora no es fácil de obtener y antes era de lo poco que en la iglesia daban. Siempre que puedo, en la rústica tienda lugareña me compro candeletas, para encenderlas flotando sobre aceite. Lo que pasa es que mi mujer, más práctica que yo, me las tira a la basura.
También dominan mis ojos la luz de las estrellas y la luna y en las noches de  Agosto el paso de cometas. Me da envidia la luciérnaga de luz, que encontró su propia luz y la lleva a cuestas. Más moderno, ahora, voy comprando linternas, que se oxidan y se quedan ciegas.
No he conseguido ver las luces de San Telmo, ni los fuegos fatuos del fosal. Si me gustara el vino, bebería y  cantaría  “apaga luz, mariposa, apaga luz, que yo no puedo dormir con tanta luz”. “Los borrachos en el cementerio, juegan al Mus”.

domingo, 8 de julio de 2018

A los esposos Llorens y a su hija


1.       


  Para  Para Dios no hay ni pasado ni futuro, todo está presente.  Él  es  Todopoderoso,  pero nosotros,  nacemos, crecemos y morimos y por tanto, vivimos el presente, recordamos el pasado y estamos pendientes del futuro. Tu esposa y tú, criasteis un hijo y una hija, que os acompañan y os hace que tengáis un consuelo en esta vida, pero el hijo se fue, porque Dios lo llamó y desde el más allá, os ama y os protege y mira por vosotros, recordando que vosotros mirasteis por su porvenir en esta vida. Ya no tiene oídos para escucharos ni boca para hablaros, sin  embargo  está en compañía del Señor Todopoderoso y participa de su Presente y Eterno reinado sobre el Mundo.
Cuando voy al Convento de San Miguel, me acuerdo de vuestro hijo, porque al entrar en su pórtico, veo y me parece que al que está mirando este Arcángel Santo, representado en un hermoso cuadro, es a vuestro hijo. Al entrar desde el Pórtico en el gran pasillo acristalado de los claustros, me encuentro con un enorme cuadro y de gran belleza, que representa a un enorme  y  piadoso  santo,  asistido  por  un  hermoso  Angel. Al contemplar su imagen me inspira la  santidad  de  este  piadoso  monje,  vestido con un hábito blanco. Sobre su cabeza vuela el Espíritu Santo en forma de paloma blanca.
Me acuerdo de cuando, en tiempos pasados, iba a visitar a las Monjas del Convento de San Miguel, del cuadro de aquel santo Monje, que no tenía marco y me enteré de que cuando la Guerra Civil, aquellas   Monjas,  al  mismo  tiempo  que  recibían  mujeres públicas de la Calle Pedro IV, para pedir al Señor la purificación de sus espíritus y la salud de sus cuerpos para que no les afectasen los cañonazos. Pero para comer las Monjas tenían que buscar algún céntimo, para comprar el pan de cada día y  le quitaban el marco a sus cuadros, para cobrar algún céntimo, con su venta.
San Miguel suele representarse en las alturas, pero la iglesia que lo venera, está colocada cerca de la Muralla de Huesca, en su parte baja, lo que hace suponer, que han colocado la imagen de San Miguel, en lo más alto del presbiterio, para que desde lo alto del altar mayor, proteja a las monjas, kal  muchacho  hijo  del  carpintero y a las buenas mujeres, que se refugiaban, durante la Guerra Civil, en la iglesia de San Miguel.
Cuando paso por la iglesia de San Miguel, le doy recuerdos para mi amigo, el hijo del Carpintero.       

jueves, 5 de julio de 2018

La Judaria o barrio judío






Yo vivía en casa de mi abuela Agustina Lafarga, en Coso Alto, al lado del Colegio de Santa Ana, en el número 61. Desde la alcoba donde murió mi buena abuela, desde ella se oían los cantos y la música con qué los acompañaban las Hermanas de Santa Ana, en la misma entrada al Barrio Judío. Hace ya, muchos años desde que se expulsaron de Huesa los judíos, en 1492 y son muchos años, pues entonces le pusieron a la Judería el nombre de Barrio Nuevo, para que Huesca olvidara la existencia de aquel nombre, como si fuera maldito   el nombre de la Judería, que limitaba con la Muralla de Huesca, en ese tramo actual del Coso Alto. Don Antonio Durán Gudiol escribe: “La Judaria o Barrio judáico estaba situada en el oeste de la ciudad de Huesca, extramuros, entre la puerta de Ramián y la iglesia de San Ciprián, en el actualmente llamado Barrio Nuevo, entre la muralla de piedra que circundaba el núcleo urbano  de Huesca y el muro de tierra que cercaba el recinto, donde habitaban los judíos”.  
Jaime I el Conquistador, ante los alborotos que organizaban los cristianos en la Judería, quiso cerrar las puertas de la misma, desde la noche del Jueves Santo hasta la mañana del Sábado de Gloria. Esto ocurrió en Abril de 1251. Pero a los judíos no se les perdonaba nunca cualquier cantidad de dinero, porque en una ocasión como ésta, de los destrozos realizados por los cristianos, tuvieron que pagar, para  evitar  la violencia, un tributo anual de 50 sueldos.
Los malos tratos a la Judería en el último siglo a la Judería en la Corona de Aragón y en Castilla el año de 1391, fueron acompañados por una matanza general de judíos en Aragón. Vino a continuación un periodo de prosperidad desde 1460  a 1488, pero que se acabó por la reinstalación de una Nueva Inquisición, este año de 1488, con una solución inesperada, con la Expulsión de los Judíos en 1492.
Existía una influencia entre el Monasterio de Montearagón y la Judería de Huesca, pero no monopolizaba las tiendas de los judíos, como se explica que en 1275, en que  se  citan  tiendas de total propiedad  judáica. La misma circunstancia se da con el monasterio femenino de Sigena, en que no se habla de propiedad de los judíos, pues parece darse un arriendo en 1275, de 8 sueldos a Azach abin Pizma.
Pero no sólo existían los comercios de los judíos, sino que de éstos poseían “médicos cirujanos, especieros, albarderos, pelliceros, sederos, plateros, tintoreros, sastres, zapateros, traperos, mercaderes y prestamistas”
Pero las actividades comerciales de los judíos se ejecutaban, no sólo en el Barrio Judío o Barrio Nuevo, sino, que había comercios abiertos en la Alquibla o morería, por  la  actual  calle de Lanuza o de San Martín. “Se conoce, por ejemplo la “Speciería” de los judíos conversos Fajol, de dos tiendas de tejidos y de una casa cerca de la mezquita”. Próxima a éstas, Manuel Fajol tenía, arrendada en San Martín, otra finca, que  en 1471, la arrendó esa “botiga e rebotica” a Jucé Xuen, por dos años continuos.
 El judío Manuel Fajol en 1470,  ¿fue quemado o lo fue “terminado el plazo el 28 de Enero de 1480,en que el mismo Manuel Fajol reconoció haber recibido la renta de alquiler y canceló, el contrato”. Fue padre de los judíos conversos JAIME Y MARTÍN, pero “el último siglo de la judería oscense se inicia con la matanza general de judíos de la Corona de Aragón y de Castilla en 1391, que origina un largo período de crisis y de recuperación, culminando en el cuarto siglo de prosperidad , que va de 1460 a 1484 y termina en el decenio de 1483 a 1492, que va de la introducción de la Nueva Inquisición en Aragón, a una solución final, la expulsión de los judíos en 1492”.La Judería de Huesca estaba situada en Barrio Nuevo, que estaba y todavía está situado entre la Muralla, que entonces cerraba la Plaza de Lizana. Esa Muralla de piedra rodeaba el Núcleo Urbano, que ocupaba el Monte sobre el que se asentaba la Catedral y allí donde ahora está el Colegio de Santa Ana, limitaba con un muro de tierra, que cercaba el Barrio Nuevo. Con estos límites entre cristianos y judíos, a mí me llama la atención, de que un estanco muy cerca ya de la Plaza de la Catedral, se pueden ver, ahora, las imágenes que fueron de veneración. El señor dueño de esta Sinagoga, me dio permiso para visitarla. Mi recuerdo de ella es maravilloso, pero me pregunto, ¿por qué una ciudad como Huesca, consiente la ignorancia del pueblo oscense de esta Sinagoga?.
Yo no he podido aclarar la fecha en que fue quemado el cuerpo de Manuel Fajol, pero eran conocidos sus dos hijos farmacéuticos Jaime y Martín Fajol. El último  siglo se comenzó con la matanza de judíos en Aragón, que dio lugar a un tiempo de crisis , al que siguió una recuperación de 1460 a 1484, pero muy pronto  llega una Inquisición en Aragón, que acarreó la Expulsión de los Judíos el año de 1492. “El día 5 de Septiembre de 1506  fecha  posterior  a  la  que fueron expulsados los judíos (1492), los dos hermanos farmacéuticos, presentaban al vicario general de Huesca, unas letras, en las que se dice que el padre de los dos boticarios oscenses y algunos de sus mayores, habían sido declarados herejes y apóstatas y que, en consecuencia, fueron quemados sus cuerpos. No obstante, el penitenciario pontificio declara a los dos hermanos Fajol no incursos en infamia y les reconoce las prerrogativas de los demás cristianos: derecho a dignidades y honores seculares, a montar caballos y mulas, a llevar armas, a vestir sedas y paños de cualquier color, a lucir joyas de oro, plata  y  piedras  preciosas, etc., como si ninguno de sus mayores hubiera incurrido en herejía o apostasía “. Después de estos actos antijudíos y ejecuciones, los hijos de Manuel Fajol,  a  saber  Jaime y Martín, que el Señor conocerá las causas de su conversión al cristianismo, se buscó la mayor perfección de la medicina judía, con estos dos médicos, antes judíos y después cristianos. La perfección del uso de las especias culinarias, en el siglo XIV, la causaron los monjes y los judíos, fenómeno del  que  escribe  Antonio Naval Mas.  Este historiador escribe de la Sinagoga Menor, en la Calle de San Jorge, junto al Instituto de Higiene y frente al Hotel en cuyo terreno se alzó la iglesia de San Ciprián. En frente al Hotel se encuentra un antiguo edificio, con aspecto de Sinagoga  y abandonada. Dicha calle de San Jorge se llamaba la Calle Mayor de la Judería o de los “argenteros”, por los plateros que en ella trabajaban. Antonio Naval Mas deduce que ese edificio fue la Sinagoga Menor. Este edificio es anterior a 1492, en que fueron expulsados los judíos. Pero bajando desde el Coso Alto y a la derecha de Barrio Nuevo, hay un taller de Fotocopiadoras Modernas,  que en sus alturas se contemplan esculturas judías, que hoy día están tapadas, porque aquel lugar, fue una Sinagoga. Yo no    si fue la Mayor o si hubo una tercera, que se ignora si fue ella o la que presenta estas impresionantes esculturas con racimos de uva. Yo he contemplado un bella Sinagoga, antes de llegar a la Catedral, subiendo de la Plaza donde se  encuentra  la  Telefónica y un Colegio Religioso enfrente de la misma.
En la vida de los judíos en Huesca, destacaba como su principal lugar el Barrio Nuevo, pero como hemos visto, se salían los comercios a la entrada de la Calle de San Martín, donde tuvo comercios el judío Manuel Fajol, en cuya vida y muerte por sacrifico humano, y la conversión de sus dos hijos al, cristianismo y ser iniciadores del cristianismo con su correspondiente progreso en la Medicina, dan noticia de la división de los judíos españoles en dos ramas: una que emigró a Europa, a Marruecos y a las Américas. Puede que la religión judía perdiese el número de sus fieles, pero la sangre judía permanece todavía entre nosotros. A lo largo del tiempo, ha permanecido oculta su estancia entre nosotros, que casi nadie sabe si por sus venas corre todavía sangre judía.
“ Según Ricardo del Arco, basado en fuentes del municipio, los judíos oscenses vivían en 108 casas a principios del siglo XIV. Baer afirma que a mediados de esta centuria la aljama se componía de 150 miembros y que vivían en la judería unos 300 varones de 15 o más años, cifra que supondría, según este mismo autor, un total de 200 familias y una población de 1000 a 1.500 judíos.
El comisario Ramón de Sigena,entre el dinero de su propiedad y el que sacó a los judíos,que empezaron a salir a últimos de Julio o primeros de Agosto, “salieron de Huesca y pernoctaron en Ortilla, en la Sotonera, a unos 16 kilómetros de Huesca”. Les acompañó Pedro Cavero, prior de los jurados del concejo. Hay que tener en cuenta que este apellido de Cavero era un apellido que habían elegido algunos judíos y hacerse cristianos. En su desventurado viaje, fueron explotados sus bienes.
¿Cuántos fueron los judíos expulsados de Huesca en Julio de 1499?. Se sabe que salieron de Huesca desterrados a Europa de 91 a 94 casas. Esto indica que salieron de Huesca unos cuatrocientos hombres, mujeres, ancianos y niños. Según Baer, a mediados de  1498 ,vivían en la Judería unos 300 varones de 15 o más años, que supondría una población de 1.000 a 1.500 judíos.
Según Baer supondría la población de la Judería de Huesca, un total de 200 familias y una población de 1.000 a 1.500 judíos y salieron de Huesca al exiio, unos 450 hombres, mujeres y niños. Esto indica que se quedaron en Huesca muchos judíos convertidos o simulando su conversión, como  los dos hijos de Manuel Fajol, ya que su padre fue asesinado.
Han pasado muchos años de estos hechos, pero yo conocí en el Coso Bajo, a un judío rumano al que habían asesinado en Ucrania a sus padres. Fue recogido por Israel y después de aventuras guerreras en Palestina, se marchó y llegó a Huesca. Hablaba varios idiomas y sólo buscaba que Jehová, le buscara una casa, en la que poder morir.

sábado, 30 de junio de 2018

Se fueron de Almudévar





En la calle  Escuer, que desde la de Miguel Servet, sube  a la calle Mayor,  a su izquierda y en sus principios se encuentra una casa de estilo aragonés. Es de ladrillo “caravista” y en su parte alta, debajo del  alero se encuentran unas ventanas arqueadas, que ocupan unas al lado de las otras, toda la fachada. No abundan en Almudévar edificios de este estilo, como por ejemplo se pueden ver abundantes en el pueblo de Fonz. Esta fachada es de un estilo perfecto, pero está alterada por la colocación, hace ya muchos años de un balcón, que parece ser se empezaron a usar en el siglo XVIII.  Por eso convendría conservar este edificio, para que la historia aragonesa de Almudévar,  igualmente se conservara y se cultivara, en una época en que parece ser que la industria ha encontrado asiento en dicha Villa.
Un día observé como un hombre, acompañado de niños, se despedía de una señora, que vive frente a la casa citada y manifestaba una nostalgia enorme al recordar los tiempos, que su familia había pasado en aquella casa aragonesa, de la que eran dueños en aquel entonces. Le pregunté por esa familia  a la señora, vecina de Almudévar  y que la despedía. Me dijo que eran una buena gente y que se marcharon a Cataluña porque en Almudévar no había trabajo; se vendieron la casa y se quedaron a vivir en Cataluña. Pero en ellos se lee el amor que le tienen a la villa que tuvieron que dejar, como se lee el amor que se tienen las palomas, observándolas en la parte alta de la casa. Esas palomas, como los emigrados, se quejan de la ausencia demasiado larga de uno de los miembros de la pareja. No hacen los hombres arrullos como el palomo macho, que hace jru-jrú o jru-jruá cuando echa de menos la presencia de su pareja, pero se les ve llorar en lo profundo de su alma, cuando vienen, ¡tan pocas veces!,  a  Almudévar. Se ve y se oye a las parejas,  arrullar con notas sordas y guturales, que suenan “makuhuhurú” y giran los machos  alrededor de su hembra y sacuden su cabeza, como movidos por el amor que sienten por la que va a ser madre de sus hijos. Cuando el macho ya tiene conquistada a la paloma, se hacen caricias entrañables y cuando se verifica su amor, corren los palomos orgullosamente de un lado para otro y echan a volar, jugueteando en el aire y cuando vuelven al palomar, que hay detrás de la casa aragonesa, asean pulcramente su plumaje, usando para ello sus picos.
Y van pasando distintas generaciones de palomas, unas detrás de otras, como también pasan, pero más lentamente las vidas de aquellos saputos, que se fueron a Barcelona. Los palomos lo pasan bien en la casa aragonesa de Almudévar, pero aquella familia, que tanto me impresionó, habrá pasado por momentos agradables y desagradables,  pero siempre ha estado añorando los años que vivió en la Villa de Almudévar.