viernes, 6 de noviembre de 2026

El gato pardo




No conozco exactamente el número de habitantes, que en mi pueblo residen,  pero ahora tengo más dudas que nunca, porque desde lo que  he observado estos días en un entierro, he de considerar también como vecinos moradores, a aquellos seres, no humanos, que manifiestan  su cariño  a otros seres vivos, como por ejemplo los gatos y no solamente a los seres humanos.
Hace unos ocho meses murió el tendero de  Siétamo, al poco tiempo de retirarse de tal oficio, con el que tenía a la gente del pueblo muy contenta y satisfecha. Era ya mayor y como se encontraba con la única obligación de cultivar su  huerto, de cuya faena le sobraba mucho tiempo, se dedicó a arreglar su casa, dejándola muy elegante y arreglada, a tomar el sol y a cuidar a su gato con más mimo que cuando su trabajo se lo impedía. Casi  yo, ni conocía al gato, porque casi no salía de casa, donde supongo que tendría algún rincón, para acostarse sobre alguna almohada, se subiría a alguna de las numerosas ventanas para tomar el sol y estaría siempre satisfecho de los alimentos que le daría, su dueño para alimentarlo.
¡Qué feliz vivía el gato pardo!,   pero   casi por sorpresa, le enfermó su dueño, tuvo que espabilarse  para comer y por fin, vio jaleos por su casa, enterradores por el pueblo, hasta que  el coche mortuorio llegó  a la iglesia, mientras él se fijaba y nadie se daba cuenta de su nerviosismo. Después de enterrado, en poco rato desapareció la gente y todo el movimiento del entierro y ya no volvió a ver más a su querido compañero de la vida.
Yo, que antes no conocía casi al gato pardo, lo empecé a ver con más frecuencia, pues cuando  en las  puertas de algunas casas, estaba alguien, acudía  a pedir, con cariñosos maullidos, que le dieran comida y muchos se la daban, porque no se sabían resistir  al cariño con que el animal la pedía. Otras veces, cuando me marchaba del pueblo, ya no lo veía.
Pero aproximadamente,  a los ocho meses del entierro del tendero, hubo otro  en mi pueblo, el de una señora muy mayor y muy respetada por todos, tanto es así que al mismo acudieron más de treinta sacerdotes. Se congregó en la Plaza Mayor, una enorme multitud, de tal forma que no todos los asistentes pudieron entrar en la iglesia. Al ir a entrar yo mismo en ella,  vi al pobre gato pardo, entre toda la gente y al salir, se había subido sobre el respaldo de piedra de los bancos de la Lonja, donde tristemente maullaba como si recordase el entierro de su antiguo dueño y esperase tal vez volverlo a ver.
 La gente,  extrañada lo miraba con cariño al ver que no se asustaba de la multitud y uno me  preguntó:  ¿qué hace aquí este gato pardo? Y yo le contesté: es que hace poco se murió su dueño y  le parece que lo va a encontrar resucitado.

jueves, 5 de noviembre de 2026

Vuelos sin motor



Monflorite


Siendo veterinario de Alcalá del Obispo, fui a su Campo de Aviación  de Monflorite y vi aterrizar un velero, que al posarse se tornó, de móvil y gracioso, en torpe; se ladeó y quedó como queda varada una barca en la arena. Me vino a la memoria otro caso de aterrizaje forzoso de un velero, en la finca del Tapiado, cerca de la carretera de Huesca a Tarragona; ocurrió un día en que se celebraban las fiestas de Siétamo. Me recuerda su vuelo el de las águilas reales por su elegancia y por su porte; evoluciona en círculos aéreos sin estela, cual la dejan los ruidosos reactores y me recuerda también el vuelo de los buitres, que pierden su elegancia al pisar el suelo, donde se vuelven torpes.
Después de cumplir con mi obligación de vacunar al perro, el director, que llevaba fama de ser un gran Maestro de Vuelos sin Motor, me invitó a volar en un velero, pero sentí miedo; luego pensé que perdí la ocasión de aproximarme al cielo, a la serena paz que inspiran allá arriba, el éter y abajo las sardas y los sasos del Somontano oscense, donde corren las liebres y se ocultan las perdices y conejos; en medio las brisas amorosas juegan y se recrean mutuamente con aves altaneras; son compañeros en el aire los aviones de madera y lona, sin motor, con los gaviones y otras aves de altura; se acompañan pacíficamente la técnica y la vida y el hombre vuela como un nuevo ICARO sin quemarse las alas y acercándose al cielo.
No he querido volar y me arrepiento de que mi cuerpo no pudiera elevarse como se elevan las ideas perdiendo por un rato la gravedad, que nos atrae al suelo, a la rutina, a caminar por pistas ya trazadas, con curvas, con “stops” y servidumbres crueles.
Que me perdone el maestro que me invitó a subir, porque quisiera, cuando llegue el fin, subir en un velero y que un huracán, que el dios Eolo con su soplo insufle, lo arrebate entre estrellas y sistemas solares, donde la paz se extiende. ¡Así subiría desde Alcalá- Monflorite al cielo!.

lunes, 2 de noviembre de 2026

Quijotes de la Mancha, hay muchos


Don Quijote de la Mancha, obedeciendo  la locura de su cerebro, quiso imponer la justicia en el Universo. Para ello se montó en su caballo Rocinante y  su humilde Sancho Panza, sobre un asno y se lanzó a recorrer las distintas tierras españolas, desde la Mancha, Aragón y Cataluña. Tal vez quisiera Cervantes, con la aventuras del Quijote, buscar una sociedad “justa, equitativa y saludable”.
Han pasado muchos años y pasarán siglos y todavía Don Quijote de la Mancha no ha conseguido que haya justicia en los políticos, en los organismos sindicales y que vivan con salud de sus cuerpos y de sus espíritus, todos los ciudadanos.
Pero no sólo existía y existe una sociedad injusta y abusiva, allá donde viven los españoles, sino que  en todo el Mundo, se dan esos malos abusos entre los hombres.  Y ha llegado una época, en que muchísimos hombres, blancos, negros, morenos y amarillos, se han desplazado desde sus lugares de origen hacia tierras en que decían que se había progresado en justicia y en nivel de vida.
Aquí en España, quedamos admirados de las turbamultas de inmigrantes, que iban llegando a convivir con nosotros. Los españoles ya emigraron a las Américas e incluso Cervantes, el Gran Escritor del “Don Quijote de la Mancha”, en su tiempo pidió permiso, con un brazo de menos para desplazarse a América. No lo dejaron que se fuera.
 Pero,  volviendo a los actuales tiempos, entre esos pobres hombres que vinieron a buscar en esta sociedad española, las cualidades necesarias para  hacer felices a todos hombres, yo he conocido a Ishtiaq  Hussain. Vive en un antiguo Bar del Tubo de Huesca. Sí, este ciudadano pakistaní, unido a otros veintiocho vecinos de Islamabad, decidieron, como el Quijote, correr por el Mundo, para encontrar trabajo en zonas que gozaran de progreso. En 1996,  iniciaron su marcha desde la capital de Pakistán. Limita esta nación, por el Sur con el Mar Arábigo, por el Oeste con Agfanistán y  su zona Norte, donde se encuentra Islamabad, perteneció a la Cachemira, hoy dividida entre La India y el Pakistán. Por el Norte limita con una larga zona, perteneciente al Agfanistán, que lo pone en contacto con el Imperio Chino.
Hussein y sus compañeros tenían que pasar de la zona Sur de Asia, es decir la tierra ocupada por los Ingleses, a saber La India y Afganistán, atravesando el Hinmalaya, al Turquestán ocupado por los rusos, gobernados entonces por el Zar Alejandro II. Estaba ese Turquestán ocupando el Asia Central. Tenían que pasar Ishtiaq Hussain y sus compañeros del Pakistán al Sur de Asia, de antiguo dominio inglés  al Turkestán  o Asia Central, de dominio ruso.
Y caminando,  caminando, pasaron por el Pakistán al Afganistán, y por su provincia de Nurestán, pasaron a la de Baghián, para llegar a la provincia fronteriza de Kandoz. Por Pakistán y Agfanistán no les cobraban por dormir en alguna casa, pero tenían que pagar la luz eléctrica que gastaban. Saliendo de la provincia de Kandoz, de Agfanistán,  pasaron a la provincia de Khatlón,  con su capital Qürghonteppa, perteneciente al Tajikistán, parte del antiguo Turkestán. Habían llegado a la parte norteña de la Ruta de la Seda, porque en su capital natal,  a saber Islamabad, capital del Pakistán, ya pasaba una carretera, que llaman de Pakistán a China. Pero Hussein y sus compañeros no iban hacia el Este, es decir a China, sino que querían alcanzar Europa, cogiendo su camino por el Oeste. Por esa ruta de la seda, desde trescientos años antes de Cristo, hasta el siglo XVI, habían circulado desde Grecia a Moscú. Por ella entraron en Europa,  procedentes de China, además de la seda, el papel, la pólvora y la porcelana. Por la Ruta de la Seda, el Comerciante Marco Polo, entabló unas relaciones comerciales, desde Italia hasta China. China se quedó aislada, pero ahora se están extendiendo los chinos por todo el mundo.
Bajo la tiranía de Stalin, fueron creadas cinco repúblicas soviéticas a saber: Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Tayikistán, que más tarde fueron declaradas Repúblicas independientes. Durante siglos, estas tierras han sido recorridas por caravanas y  nómadas, donde en medio de desiertos y estepas inacabables, que circulaban por la Ruta de la Seda y no existían fronteras, creadas por el hombre,  sino impuestas por la Naturaleza en forma de desiertos y estepas, por algún río o por las montañas. Por aquellas tierras libres circulaban conquistadores como Gengis Khan, Tamerlán y otros.
Son famosas las grandes y antiguas ciudades, que han sido destruidas y reparadas en numerosas ocasiones. Tenemos las ciudades de Tashkent y actual capital de Uzbekistán, Khiva, donde nació un matemático del siglo X, Bukhara, que es una ciudad santa del Islam y donde nació Avicena, médico famoso de la Edad Media. En tal ciudad se encuentra un magnífico minarte del siglo XI, al que Gangis Kahn indultó de su destrucción. Está también Samarkanda, a la que, en tiempos de Alejandro Magno llamaban la Marakanda. Esta ciudad tiene una arquitectura musulmana que deja cegados los ojos del que la contempla.
Samarcanda, está situada al Norte de Afganistán y era,  prácticamente, el centro de la Ruta de la Seda,  estando esa ruta provista de lugares apropiados para asentar lugares para  descanso de las caravanas, lugares en que se podía comer, descansar, y lugares en que se ponían los musulmanes a orar.
Unos venían de la India,  otros  de Xian, la capital del Imperio Chino y desde Samarcanda podían elegir el camino hacia Bizancio o Estambul, a Venecia como Marco Polo, otros a Viena y muchos a Moscú. Todas esas rutas confluían en Samarcanda y seguían hasta Bukhara, por donde unos circulaban hacia Bizancio y otros, más por la primera ciudad, hacia Moscú.
Por esta Ruta se encontraban hombres de muchas de las razas de este mundo, los kirghises, los uzbecos, los rusos, los mongoles,  los chinos, etc., etc. Y aquí llegaron Hussain y sus compañeros, desde Islamabad, buscando el trabajo para todos y sus beneficios para ellos y para el Mundo.
Este movimiento racial, buscando la unidad de las razas humanas en convivencia y unión, conmovió el arte musical de del ruso Borodin. Siendo este señor georgiano, fue un nuevo Cervantes,  que compuso el Quijote, buscando la aplicación de la justicia a todos los hombres. Borodín, fue un nuevo Cervantes musical del Asia Cental. Borodin hizo melodías de la canción popular rusa, unidas a la de las del folklore del Uzbequistain. Produce emoción escuchar su música, mientras la caravana va circulando entre los desiertos de Samarkanda y de Bukhara, acompañada por sonidos misteriosos y melancólicos, en ese medio oriental, donde se mezclan con sonidos de pasos de caballos y de camellos, que se acercan o se alejan.
A esta tierra llegaron los ciudadanos de Islamabad, nuevos quijotes, con el ideal de encontrar trabajo para mantener a sus hijos y desarrollar la producción de los trabajadores del Mundo. Estos ciudadanos emigrantes que venían de Islamabad, parecían formados por Cervantes, que buscaba apartar al hombre de la alienación. En mi artículo “Don Quijote, antes y ahora”, escribo lo siguiente: “A Don Quijote lo interferían gigantes, que eran molinos de viento y a los hombres, en sus sueños, los interfieren también gigantes que son todo poderosos en sus torres del castillo del poder:”burocracias de hierro, automación y la deshumanización de la maquinaria estatal, social, científica, económica y técnica, cuyo objetivo es hacer que el mundo funcione sin tener en cuenta al hombre”. Como hemos visto a Cervantes, discriminado,  cuando se le negó el permiso de emigrar a América.
Hussain y sus compañeros, tenían que salir de esa tierra fría y montañosa, para llegar a los montes Urales, pero no había trenes porque el Transiberiano circulaba mucho más al Norte. Pero en tres días llegaron a los Urales, porque alquilaban automóviles.  Cuando se encontraban a la Policía, salían del apuro pagándoles veinte dólares. Por lo visto hasta la policía rusa, pasaba apuros económicos. Al otro lado de los Urales encontraron trenes, pero en Rusia tuvieron que estar durante tres meses, en Pyandan. Después de liberados, llegaron a Kiev, capital de Ucrania. Desde Ucrania, fueron por Checoeslovaquia, donde permanecieron durante cincoo días, encerrados en un vagón de ferrocarril.  Al llegar a Alemania los esposaron durante dieciocho días y la policía los tuvo, todavía tres meses detenidos.  
Cuando fueron liberados, Hussain marchó a Portugal, donde le ofrecieron trabajo, en avión el año 2001. Después ,igual que Don Quijote, no podía permanecer en ningún rincón de la Mancha, Hussain, estuvo trabajando en Italia, en Inglaterra y por fin en España. En Huesca lo conocí, en un pequeño local, dedicado a suministrar comidas baratas a los emigrantes. Este local lo tiene arrendado un compatriota suyo y como hemos visto que en el viaje por Pakistán y por Agfanistán, no les cobraban por dormir, aquí, en Huesca, se acogen mutuamente con sus compatriotas.
En algunas ocasiones, me acerco a este Bar, tomo un café cortado y me siento a escuchar y a ver, la pantalla de la televisión, en la que aparecen programas de alegres canciones y acompañamientos musicales del Pakistán.
Desde 1996 hasta hoy, en que corren los días del mes de marzo de 2013, han pasado ya muchos años, durante los cuales Hussain, ha trabajado en Europa, desde la que envía dineros a su esposa y a sus hijos en Islamabad.
He ido al Bar y mi amigo, que estaba gozando de la hospitalidad de sus compatriotas, sin despedirse, se ha marchado de Huesca a trabajar en otra provincia, más lejana. Siento no haberme despedido de su persona, pero espero encontrarlo algún día,  en algún lugar del Mundo, pues es un hombre que ,como Don Quijote, no para de correrlo. 

domingo, 1 de noviembre de 2026

No hacen pie

Cuadro de Monet

Siempre, es decir a lo largo de nuestra vida, han existido jubilados, pero no tantos como ahora, pues es raro que alguien, al llegar a la edad próxima a la vejez, no perciba la jubilación. Hace poco, se encontraron  dos de éstos, más o menos felices señores, según la cantidad de retiro que les quedara, y hablando de lo bien que lo pasaban, uno  de ellos exclamó:”¡ Sí que vivimos bien, pero esto debía durar , por lo menos, veinticinco años!”. La jubilación tiene lugar, normalmente a los sesenta y cinco o setenta años, a los que añadiendo veinticinco, resultaría que  tendríamos que vivir de noventa a noventa y cinco años.
Estos casos que ocurren todos los días y , al parecer, desde hace siglos, ponen de manifiesto que el hombre quiere vivir bien y mucho tiempo y aunque algunos lo alcanzan, a otros en la vida  “los llevan como trapos, que no hacen pie”, según una expresión manifestada por una señora de Angüés. ¿Qué quería decir  la buena señora?. Pues sencillamente , que hay personas  que recuerdan a los trapos, porque ni ellas ni ésta tienen peso, ni tienen vigor, ni energía, ni pueden actuar por su cuenta, pues como añade en su frase “no hacen pie”, no pueden tenerse en pie, ni andar ni desplazarse por donde les apetezca, ni crear algo en su vida.
Es decir,  que podemos vivir mucho  o poco tiempo y podemos vivir bien o sufrir mucho y después de una clase de vida a otra, moriremos. Ya nos lo recuerdan el Miércoles de Ceniza cuando nos dicen “memento homo quia pulvis es et in pulverim reverteris”.
Pero si miramos el cuadro de nuestras vidas, veremos los bueno ratos pasados, de los que a veces nos acordamos, casi de repente, como si se abriera en nuestra conciencia un telón, que nos impedía verlos. Si,  aquello ha pasado, pero igual que otros recuerdos tristes o creativos entraron  a formar parte de nuestra historia. En casos creativos que hacen que hacen evidente nuestra historia. En actos creativos que hacen evidente nuestra historia, como son nuestros hijos y nuestras obras, nuestro trabajo, concretado en  edificios, plazas,  carreteras, parques , etcétera, la labor  visible, dice algo al ciudadano. Los años que hemos vivido,  podemos recordarlos y juzgarlos, por ejemplo, pensando en la ausencia de la ciudad de Huesca al otro lado de la vía del tren y juzgando que ahora que la ciudad se asienta allí, ¿cómo sigue la vía férrea separando  la ciudad en dos partes?.( ahora ya se ha desalojado la vía férrea por el centro de la ciudad).
Pero a nuestras memorias particulares se suman las de todos nuestros antepasados, cuyo conjunto forma la memoria histórica, a la que tenemos que ser fieles, tratando de conservar y crear los proyectos de dicha memoria, como conservaron la Universidad de Quinto Sertorio, que nos fue arrebatada, pero siendo fieles a ella, debemos reconstruir, porque si somos infieles  a la Historia, caeremos en el suicidio colectivo. Y es que el tiempo pasado existe, como un recuerdo, en el presente y si tratamos de olvidar ese pasado, perderemos lo que ahora, en el presente, ha de hacer que Huesca sea Ciudad Vencedora: Urbs Victrix. No debemos olvidar el pasado, pero debemos  hacer que llegue  la comunicación con Francia, que ya Carlomagno apeteció.
Y existen grandes altoaragoneses, unos alumnos de nuestra Universidad, como los Azara, y otros que estudiaron en Huesca, como Ramón y Cajal, como Costa, que se murieron pero han impregnado nuestra Historia,  nuestras vidas, de una ideas y de unos ideales que permanecerán entre nosotros, de los que muchos altoaragoneses son parientes, aunque no lo puedan demostrar, de esos hombres famosos y de otros que también han contribuido a formar nuestra memoria histórica. Unos vivieron largo tiempo, otros murieron jóvenes, a veces con sus cuerpos  como  ”trapos que no hacían pie”, como por ejemplo Costa, pero colaboraron en la formación de nuestra historia.
Los hombres fueron los que realizaron los acontecimientos históricos y crearon Montearagón, el Temple y su barrio y en Montearagón se hacían rogativas, bajo el patronazgo de San Victorián, para regar los campos y cada vez que uno pasa por la carreteraN-240, se lamenta de su fin, pro la memoria histórica nos lleva a crear algo que siga haciendo Montearagón  lo que hacía hace siglos, que es riego y por eso Huesca pide su pantano.
Montearagón se quemó y las palas excavadoras tiraron los restos del  temple y ahora en él  y en su zona se ven los “trapos  que no hacen pie” de su construcción, que se juntan con los “trapos” que formamos muchos de los hombres viejos y es necesario que se arreglen esas situaciones para confirmar que el tiempo ha pasado, pero creando otros edificios nobles que sustituyan a aquellos que lo fueron. Así demostraremos los oscenses que,  además de dejar al tiempo futuro obras visibles y tangibles y que fomenten la memoria histórica de nuestra ciudad.

sábado, 31 de octubre de 2026

Los engañapastores



Un texto medieval de cuyo contenido no me acuerdo, acaba de esta forma:”ésto lo dijo uno que es de Alcalá”. Poco explícito se muestra el autor, que no revela su nombre, pero el que me lo contó, además de ser de Alcalá, me dijo que se llamaba Luis Aso y yo añado que no sólo es de Alcalá, sino que es de Alcalá del Obispo.
Mi amigo, allá por la primavera del año mil novecientos ochenta y uno y sería por el mes de Abril, cuando se siembra el girasol, al enganchar el arado, escuchó un pío-pío. No hizo al principio mucho caso, pero como continuaran los “piulidos”, empezó a sentirse intrigado porque por más que miraba, menos veía. Llegó a pensar en brujas, hasta que al fin descubrió que en un agujero del tractor y debajo del asiento, había cinco crías de pájaro acomodadas en su nido y se sintió feliz.
Subió al tractor y se dio cuenta como una pareja de engañapastores le seguía, unas veces volando y otras se posaba en la reja de arriba del arado reversible, otras en el faro trasero que sirve para iluminar el surco y a veces en la barra de la trailla. Cuando arrastrando el remolque con su tractor iba a Loscertales, donde también cultivaba la tierra, los pájaros se posaban en los laterales. Dicen que los engañapastores hacen eso, engañar a los pastores, pero al moderno tractorista no lo engañaban porque se habían hecho amigos y compañeros.
A José Luis le gusta llevar limpio el tractor y pasaba por descuidado al no lavarlo. ¡Cómo lo iba a hacer si los  pajaricos  hubieran muerto al ser regados con la manguera!. Al gaucho lo llamaban “abandonao” porque no engrasaba los ejes de su carro, cuyo sonido le gustaba escuchar. A José Luis el engañapastores le seguía, unas veces volando y otras se posaba en la reja de arriba del arado reversible, otras en el faro trasero que sirve para iluminar el surco y a veces en la barra de la trailla. 
Hay testigos de este caso, entre los que se encuentra Serafín el herrero de Pueyo de Fañanás, al que José Luis le llevaba los aperos a reparar. Seráficamente, cual nuevo San Francisco de Asís, observaba como la pareja subía al árbol vecino, un peral que sigue ahí y daba de comer a las crías: dentro de la dureza de su oficio, procuraba no asustar a las avecillas.
Todo el mundo no conocía el pequeño acontecimiento, porque si se divulgaba, los curiosos tal vez lo hubieran interrumpido.
Llegó la primavera del año mil novecientos ochenta y dos, que como todas las primaveras la sangre altera, incluyendo la de los engañapastores, que revoloteaban alrededor del tractor y acarreaban pajitas y hierbas al nuevo nido.
Amado Baus, vecino de José Luis, estaba esperándolo sentado en una pared y vio como el engañapastor, sobre un montón de arena, que allí estaba, engañaba a la engañapastora. Yo me imagino una danza de plumas en el aire, de volteretas graciosas y enamoradas, de reverencias elegantes del engañador a la engañada y de elegantes saludos a la amada y por fin el tremolar de plumas en éxtasis de amor.
A los pocos días la pajarica empezó a poner huevos en el nido del tractor hasta el número de cinco.
Cuando José Luis, por la mañana iba a ocupar el tractor para ir a labrar, se agachaba y miraba a la pájara y ésta se lo miraba a él, sin asustarse. Había surgido la amistad. Alguna vez al cerrar con fuerza la puerta de la cabina, salía la madre, pero volvía a incubar los huevos. Labraba los campos y se sentía acompañado por la pareja que revoloteaba a su alrededor. Salieron del huevo los pajaricos un domingo y otro domingo, a los quince días justos de su nacimiento, se lanzaron a volar.
José Luis los observaba como algo suyo y veía como los padres buscaban alimento en los surcos y  se lo llevaban a sus hijos. Al principio hacían pocos viajes en busca de cebo, pero los tres últimos días casi no daban abasto.
A pesar del traqueteo del tractor las crías vivían felices en el nido; solamente cuando labraba por las laderas empinadas, se asomaban como presintiendo un peligro.
Al llegar el año mil novecientos ochenta y tres a la siembra del girasol, el tractorista otra vez observó las evoluciones de los engañapastores, que volvieron a fabricar su nido y a poner huevos, pero un día se dio cuenta desconsolado que no había nada dentro de él.
¿Quién tuvo la culpa del desastre?. ¿Algún vecino que metió las manos donde no debía o fue un pobre gato de su propia casa?. Nunca más se supo de los engañapastores.
Hay quien dice que las aves también evolucionan hacia nuevas formas de vida, pero nosotros, ¿las dejamos seguir esa marcha evolutiva?.

jueves, 29 de octubre de 2026

Teófilo García y su perro navarro



Cuando Teófilo García, nacido en el pueblo navarro de Asarta, en el camino que conduce desde Pamplona al Valle de Berrueza, que muga con la Sierra de Santa Cruz de Campezo y que sirve de límite entre Navarra y Alava, se fue a pasear por el monte, acompañado de su perro pachón navarro, con el que en otros tiempos de atrás, salía a cazar. En esta ocasión se querían tanto, que simplemente se acompañaban el uno al otro. El sabía que por aquellos terrenos, habían estado cazando varios alaveses, que habían arrendado aquel monte para cazar jabalíes. Cuando ambos compañeros volvían de pasear toda la tarde y empezando  a oscurecer, de repente a Teófilo le sorprendió la presencia de un enorme jabalí, que surgió de un zarzal, en el que estaba escondido; pesaría el animal más de cien kilos y como estaba herido, usó el comportamiento, que dichos animales tienen por costumbre, cuando por sus cercanías se aproxima alguna persona. Iban por un camino, en cuyos lados proliferaban encinas y bojes y como acabo de relatar surgió de repente de un zarzal muy espeso un jabalí con su boca abierta, que dejaba contemplar, asustando a Teófilo, unos grandes colmillos, que parecían navajas agresoras. Ante tan cruel amenaza, se cayó el que iba a ser atacado por la fiera y lanzó un grito de desesperación,  al verse indefenso y con su vida en auténtico peligro y con la perspectiva de sufrir crueles mordeduras.”"Chin” su fiel perro, al escuchar tal grito, acudió en defensa de su amo o más bien de su compañero y se lanzó sobre el jabalí, mordiéndole en las orejas y en el cuello y jugándose su vida por defender la de su compañero. El dueño tumbado seguía en el suelo, temblando de pánico y contemplando la dura pelea que mantuvieron los dos animales, hasta que el perro logró hacer huir al atacante, quedándose Teófilo libre de una muerte terrible. Pero la emoción no acabó con esta huída del jabalí, sino que se hizo más emotiva con el comportamiento de su compañero el heroico perro  navarro, “Chin”, que se acercó a su dueño y le lamía la cara, como queriendo aliviarle el sufrimiento que había padecido. Hoy, día veintiuno de Noviembre del año 2004, me encontré con ambos compañeros, paseando por un camino entre Zizur Mayor y Zizur Menor y el perro, al verme lejos ya empezó a ladrarme; yo permanecí tranquilo y su dueño lo llamó y en consecuencia, nos hicimos amigos con el dueño y con el perro. Teófilo estaba lamentando los trece años, con que ya cuenta su pachón navarro y me recodaba sus cualidades de cazador de toda clase de especies, como, concretamente de las codornices,  a las que marcaba de un modo clarísimo, llegando a cogerlas con su boca antes de ser abatidas por la escopeta. Todavía me ha recordado la amistad que tuvieron él y su perro con una de esas codornices, que la tuvo en su casa y compartía sus juegos con “Chin”, hasta que su mujer la mató y no la quiso comer Teófilo,  pero tampoco su fiel amigo, el perro pachón navarro, al que Teófilo ha identificado toda su vida con el  gracioso nombre de “Chin”.   

miércoles, 28 de octubre de 2026

A Javier Osés, Obispo de Huesca, en el 25 aniversario de su muerte.



Bajando de Pamplona a Zaragoza, después de pasada la Sierra, se llega a una zona de polígonos industriales, que es la zona industrial de Tafalla. Estamos en una comarca de clima submediterráneo y para contemplar dicha comarca y las que le rodean, lo mejor es subir a Ujué, pueblo elevado, con una iglesia –castillo con sus torres, que alberga una Colegiata. Con unos prismáticos se observa todo el piedemonte de Tafalla-Olite y también se divisan las Bárdenas y el Moncayo. Al bajar, yendo hacia la izquierda llegamos a Tafalla, donde no soplaba el aire tan frío como en Ujué y allí me dio la impresión de haber llegado a la capital de la Comarca por su clasicismo y por su desarrollo industrial; éste lo comprobamos al bajar de Pamplona, pero su clasicismo lo notamos al pasar por su gran Plaza, al lado de la carretera, un poco sobre ella y a la que se sube por unas escasas escaleras. Subimos por ellas y contemplamos los enormes porches o arcos que la rodean, cubriendo una calle con locales de comercio, bares y garitas, donde vendían obsequios para niños. Me llamó la atención un magnífico restaurante, en el que entré y la dueña en lugar de distanciarme, me atendió maravillosamente, explicándome, como si de un museo de categoría se trataran, los cuadros religiosos, todos ellos antiguos, representando obispos e imágenes sagradas, otros del pasado siglo, representando pianistas y compositores, que pendían de la pared, sobre pianos con cola o sin cola y armonios, se veían esculturas, unas de carácter sagrado y otras paganas. Al marcharme la felicité por poseer tal mundo artístico, pero sobre todo me fui por no distraerla de su pesado trabajo. Fuera del cubierto de los arcos paseaba acompañado de varias elegantes damas, un señor, vestido de negro con un largo abrigo y, cosa extraña de no tratarse de Navarra,  cubierto con una enorme y elegante boina, porque más al Sur, ya por el Ebro, el cierzo, pasearía las boinas por el aire. Daba la impresión de tratarse de un patriarca, que habría vivido siempre él y sus antepasados en Tafalla. En el Restaurante vi unos cuadros de gallardos carlistas también con grandes boinas, pero no totalmente negras, sino adornadas con ciertos coloridos. Al ver tal signo de tradición y conservadurismo, me acordé de otro hijo de la misma ciudad, también de gran tamaño corporal y sobre todo espiritual, que fue un progresista entre los obispos españoles. Se trata de Don Javier Osés Flamarique, enterrado en la Catedral de Huesca, donde después de tanto tiempo muerto, todavía le ponen flores en su tumba. Hay clasicismo en la Plaza y progresismo en la Casa, que se le ha levantado a la juventud, para aglutinar toda clase de actividades. Al pasar por Navarra, queda uno impresionado por el número incalculable  de “navarrerías”, que uno contempla y escucha.  
La hermana que convivía con Don Javier, reside en Tafalla y éste descansa en la Catedral de Huesca en una capilla, donde de un modo ordinario no luce el sol, pero sin embargo en primavera, durante dos o tres días, observé como brillaba el sol sobre su tumba, en cuya base todavía hay quien  coloca  flores. Su alma sin embargo en lugar de recibir sol durante unos pocos días, lo recibe eternamente. Otro día vi como dos de sus hermanas, que habrían venido de Tafalla, estaban rezando en la capilla funeraria.
Ellas ya saben qué aunque no vengan, su hermano, desde Huesca y desde el cielo, se acordará de ellas.

El gato pardo

No conozco exactamente el número de habitantes, que en mi pueblo residen,  pero ahora tengo más dudas que nunca, porque desde lo que  he obs...