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| Gral |
Escritos de Ignacio Almudévar Zamora
viernes, 3 de julio de 2026
La Eternidad contada por el “Grial” desde Lucifer y por el Santo Grial desde el Paraíso.-
jueves, 2 de julio de 2026
TORO IBERICO
martes, 30 de junio de 2026
Salto de Roldán u Osca
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| Salto de Roldan |
lunes, 29 de junio de 2026
Cados
Acabo de mirar en el diccionario manual de la lengua castellana, la palabra cado. No la encuentro y si usted la pronuncia, fuera de Aragón, no sabrán lo que quiere decir. Si la miramos en otros diccionarios, la encontraremos con el significado de madriguera y en alguno especifica que cado es aragonesismo.
Nosotros llamamos cado a la madriguera de los conejos, donde acuden los huronadores con “o forín”, para hacerlos salir, esperándolos con una red que los aprisiona y enreda o con la escopeta, los mata. Yo encuentro cruel esta práctica, aunque me parece justificada cuando los conejos se convierten en plaga para el campo, como lo son los franceses para la Sierra de Guara (según dice alguno) y cuando los conejos se unen para repoblar estos lugares.
Pero con la palabra cado no se acaba nuestro léxico aragonés, relativo a los refugios cunícolas, porque tenemos la palabra doliquera. ¿Qué diferencia existe entre ambas denominaciones?. El cado es la madriguera de otros animales, como tejones o un conjunto de grietas en las rocas areniscas, que aprovecha el conejo para encadarse. La doliquera se la construye el mismo conejo en la tierra y consiste en un pasillo en cuyo término hay una zona más ancha y redonda donde pare la coneja y cría sus gazapos. El hecho de encadarse no es propio, únicamente de los conejos.
El bebedor se encada en el bar, el delincuente tiene cados que algunos llaman pisos francos y hay mujeriegos que conocen pisos francos y hay mujeriegos que conocen magníficos cados de bellas mujeres, unos más ocultos que otros. Hay cados para todos como Vds. Habrán oído de boca de los campesinos, que dicen : esa casa es un cado de ratas, aquella es un cado de alcahuetas y ¿por qué no decirlo?. Hay casas que son un cado de m…..
A mí, me dan pena las doliqueras porque al estar excavadas en tierra deleznable son atacadas por los jabalíes, que se comen a los pobres gazapos. Donde aumenta el jabalí, disminuyen los conejos.
Entre los hombres hay jabalíes, qué sin colmillos, navajas o “cartirons”, que también atacan a los niños metiéndolos en el mudo de la droga, de la que existen tantos cados.
domingo, 28 de junio de 2026
Del viejo Paseo de la Alameda
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| Iglesia de las Martires, encima de la Alameda |
Por
el sol saliente rodea a Huesca la Isuela, nombre de un río con reminiscencias
ibéricas, hoy el río pudiera ser llamado la Cloaca, que lanza emanaciones
putrefactas. La Isuela era un río; yo me acuerdo de pescar con caña en él
y tenía a sus orillas un paseo: La Alameda. Sigue la Alameda al río desde el
Puente de San Miguel y hasta el otro puente que cruza cerca de Santo Domingo.
En medio está el Puente del Diablo, pues en esta tierra nuestra, santos y
diablos se mezclan en místicas peleas, orgías y romerías, tal como Goya las
pintó en sus aguafuertes. Lame el río la Alameda por su ribera izquierda y por
la derecha se alzan las murallas romanas y moriscas. A la izquierda de la
Alameda se eleva el Pueyo de Don Sancho, la Ermita de las Santas Nunila y Alodia
y el cementerio donde reposa Manolín Abad. Alineados los álamos formaban la
Alameda, que era el Paseo elegante de Huesca. Allí, a la sombra de los pópulos
albus y tremulus, las señoritas de blancas pamelas, botines de cañas finísimas
y mirada picaresca, paseaban su porte y temblaban sus corazones de amor,
por primera vez. Florinda con sus amigas llegaba a la Alameda por el
puente de Santo Domingo, después de haberse tomado su horchata de trufas, para
iniciarse en las lides del amor. De Flora decían que si había pasado o no
el puente del Diablo a altas horas de la noche. Tal vez se la quiso “llevar al
río creyendo que era mozuela” o tal vez tuvieran que ver “las lenguas de doble
filo”, pero “nadie supo de fijo saber” si en alguna torre, Flora había comido churros
con chocolate. Tuvo lugar un duelo bajo las Murallas para aclarar el honor de
Flora y los álamos que eran los únicos que sabían la verdad, estiraban sus
copas, curiosos. Por el puente de San Miguel, cruzaba Floripondia, que bajaba
de la calle La Malena con su corte ruidosa, porque se iban a las choperas a
beber cazalla y ron. Las choperas son las Alamedas, pero en basto y en ellas no
hay que guardar etiquetas para beber en sus fuentes, ni para folgar en sus
sombras. Floripondia guisaba, Floripondia cantaba,
alcahueteaba y engordaba y los días veintinueve de cada mes, una
vela encendida le ponía a San Miguel. ¿Qué hace San Miguel a la orilla de un
río?, porque San Miguel Arcángel es más propio para un monte altivo. Pero ¡oh
paradoja!, tiene un puente alado y entrañable donde los soldados
rompen el paso marcial al pasar y debajo el puente es como una cueva, más
propia de San Martín. Allí se alojan gitanos y gitanas. Encima del puente un
azud retiene la corriente, para desviarla hacia el Almériz. En el remanso se
mira la luna blanca y en ese remanso se reflejan las caras negras de las
gitanas y las caras tordas de burros y de mulas. Pasa de noche Don Pepe,
caballero en su jaca castaña por encima del puente, ladran los perros, se
inquietan las bestias y para calmarse beben el agua de la “badina”, se mueve el
agua, riela y ríe la luna en la cara del río, la gitana se mueve, brilla el
blanco de sus ojos negros en la enramada. La jaca vuelve por el camino de las
tres cruces y tres sombras se confunden en una. Yo les he preguntado a los
peces del río, a los chopos del soto y a la luna lunera. Los ladridos del perro
se los llevó el aire, a los peces de plata se los llevó el agua, las hojas del
chopo se fueron con el Otoño, pero siempre ha existido una respuesta de
gitanillos rubios. ¡Cuántas cosas pasaban por el puente y la alameda, por el
río y el puente, por el puente y la Ermita, por la Ermita y las eras, por éstas
y la cuevas!. Se oía un silbar de sílfides en el río( hoy léase ratas),de
silfos en los chopos, de flechas de sátiros, de ságitas de Cupido y de arcos
matadores, como el que hirió a Don Sancho .¡Alameda, hoy te recuerdo, pero no
te reconozco!.
sábado, 27 de junio de 2026
Sanjuanarse
viernes, 26 de junio de 2026
Junzano

Junzano, está situado, al lado derecho, mirando al Este, de la carretera que sube de Angüés a Casbas, el pueblo donde ha estado abierto el Monasterio de Nuestra Señora de la Gloria desde el año 1170 al 2004. Su separación de esta ruta, hace que sean pocos los que paren en Junzano a conocerlo. Tiene tan sólo treinta y ocho habitantes, que han poseído las mismas viejas costumbres que los demás pueblos que se asientan por debajo de la Sierra de Guara. Se ha cerrado el Monasterio de Casbas, donde compuso sus poesías Ana Francisca Abarca de Bolea y describió la Venerable y amada Sierra. Ya se encargó el tiempo de cerrar la ermita del siglo XII, en Junzano, de Nuestra Señora de Saliellas, a la que los de Junzano, también llaman la Iglesieta de los Moros. El pueblo no conoce en que época estuvieron cohabitando con los cristianos y les atribuyen la iglesieta, que construyeron, cuando los moros fueron derrotados. Ellos seguían su historia y su vida más o menos dolorosa. No veían, los de Junzano, ningún santo en la iglesieta, pero encontraban sepulturas primitivas, prehistóricas con formas antropológicas y sacaban huesos que creían ser de moros, pero que eran mucho más antiguas. Era igual para sus vidas, porque sólo sabían que el hombre nace y muere. Como mueren también las obras arquitectónicas, lo mismo da que sean romanas o que sean iglesietas románicas. Y esta iglesuela se iba muriendo y los habitantes del pueblo tenían que vivir y diviertirse, jugando a la pelota, pues eran vasco-ibéricos. Para hacer vivir el frontón del pueblo aceleraron la muerte del templo y sacaron las piedras y las transportaron a la Plaza Mayor para levantar el frontón. Lo hicieron y jugaban con gran entusiasmo, pues me dijo ayer, uno de Mayo del 2011, que un amigo suyo llevaba sus manos hinchadas de lanzar y relanzar la pelota contra la pared del frontón. No se ha muerto el frontón, pero en el Alto Aragón se está muriendo el juego de pelota, como ha ocurrido en Junzano. Por desgracia con sus treinta y ocho habitantes está el frontón sin usar.Tienen los junzanenses otra ermita, dedicada a Nuestra Señora de Torrulluala. Aman a esa Virgen con todo su corazón y me cuenta José que en la fachada de la Ermita había un banco de piedra. En ese porche se refugiaban cuando llovía y lo llenaban de gente, además entraron en el grupo una cabra con dos cabritos, un burro y dos perros. Cayó un rayo y murieron todos los animales y ninguna persona. La señora Marieta estaba dentro de la iglesia y contempló a todos los animales muertos y a todas las personas vivas. La señora Marieta murió hace unos cuarenta años largos, pues el que me cuenta este caso, que se llama José Paul, tiene ahora setenta y dos años y decía :me recuerdo de ver a Marieta, unas veces cogiendo almendras y otras trabajar en el huerto. De la Virgen dicen que hay una fuente, a casi un kilómetro, que descubrió un pastor ya antiguo, al que se le moría el ganado de sed. El pastor le pidió de rodillas a la Virgen que le proporcionara agua y esta se le apareció, y le dijo: levanta una piedra, que te saldrá agua, la levantó pero no le salió nada, pero le dijo la Virgen, que después de levantada la tercera piedra, le saldría mucha agua. Así fue y me dijo José Paul, que se ha puesto a beber agua varias veces y nunca le ha hecho ningún daño ni a él ni a nadie. Hay gente que tiene fe y cuando van a la fuente, llenan las garrafas de agua para combatir las enfermedades en la ciudad y dicen que les va muy bien
A esta Virgen parece ser que en otros tiempos se la llevaron, desde algún otro pueblo, pero ella se las arregló para volver a la ermita de Torrolluala. Cuando se ponía a “apedregar”, acudía la gente a pedirle ayuda a la Virgen y ésta, detenía las pedreadas. Otras veces la sacaban para pedirle agua de lluvia, que siempre caía. La llevaban en sus hombros y cantaban:”Virgen de Torrolluala-esperamos que mande agua –para amparo de los trigos- de lo contrario los “agüelos” de hambre se morirían- y los niños, sin culpa lo pagarían”. Una tal Juanita escribía estos versos, los repartía y los iban cantando, en las procesiones, por la calle.
Erminio, un vecino de Siétamo, nacido en Junzano, vivió feliz en este pueblo, donde ha dejado dos hijos, uno de los cuales tiene un niño pequeño y rubio como su madre. Me dijo mi amigo José Buil, de Junzano, que Erminio prometió el regalo de su huerto, a aquel que le proporcionara una buena novia, para casarse. Lo consiguió, se casó con la buena sietamense y le dio el huerto al que le buscó la novia. Ahora, me comunicó José, que más tarde se vendió el huerto que le regaló Erminio.
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