jueves, 20 de agosto de 2026

El gato pardo



No conozco exactamente el número de habitantes, que en mi pueblo residen,  pero ahora tengo más dudas que nunca, porque desde lo que  he observado estos días en un entierro, he de considerar también como vecinos moradores, a aquellos seres, no humanos, que manifiestan  su cariño  a otros seres vivos, como por ejemplo los gatos y no solamente a los seres humanos.

Hace unos años murió el tendero de  Siétamo, al poco tiempo de retirarse de tal oficio, con el que tenía a la gente del pueblo muy contenta y satisfecha. Era ya mayor y como se encontraba con la única obligación de cultivar su  huerto, de cuya faena le sobraba mucho tiempo, se dedicó a arreglar su casa, dejándola muy elegante y arreglada, a tomar el sol y a cuidar a su gato con más mimo que cuando su trabajo se lo impedía. Casi  yo, ni conocía al gato, porque casi no salía de casa, donde supongo que tendría algún rincón, para acostarse sobre alguna almohada, se subiría a alguna de las numerosas ventanas para tomar el sol y estaría siempre satisfecho de los alimentos que le daría, su dueño para alimentarlo.

¡Qué feliz vivía el gato pardo!,   pero   casi por sorpresa, le enfermó su dueño, tuvo que espabilarse  para comer y por fin, vio jaleos por su casa, enterradores por el pueblo, hasta que  el coche mortuorio llegó  a la iglesia, mientras él se fijaba y nadie se daba cuenta de su nerviosismo. Después de enterrado, en poco rato desapareció la gente y todo el movimiento del entierro y ya no volvió a ver más a su querido compañero de la vida.

Yo, que antes no conocía casi al gato pardo, lo empecé a ver con más frecuencia, pues cuando  en las  puertas de algunas casas, estaba alguien, acudía  a pedir, con cariñosos maullidos, que le dieran comida y muchos se la daban, porque no se sabían resistir  al cariño con que el animal la pedía. Otras veces, cuando me marchaba del pueblo, ya no lo veía.

Pero aproximadamente,  a los ocho meses del entierro del tendero, hubo otro  en mi pueblo, el de una señora muy mayor y muy respetada por todos, tanto es así que al mismo acudieron más de treinta sacerdotes. Se congregó en la Plaza Mayor, una enorme multitud, de tal forma que no todos los asistentes pudieron entrar en la iglesia. Al ir a entrar yo mismo en ella,  vi al pobre gato pardo, entre toda la gente y al salir, se había subido sobre el respaldo de piedra de los bancos de la Lonja, donde tristemente maullaba como si recordase el entierro de su antiguo dueño y esperase tal vez volverlo a ver.

 La gente,  extrañada lo miraba con cariño al ver que no se asustaba de la multitud y uno me  preguntó:  ¿qué hace aquí este gato pardo? Y yo le contesté: es que hace poco se murió su dueño y  le parece que lo va a encontrar resucitado.

lunes, 17 de agosto de 2026

El enterrador


Canta una antigua canción: “Era Simón en el pueblo, el único enterrador” y explica como llevaba a su hija a enterrar al cementerio, porque la  llevaba, acompañado por otros amigos, sobre uno de sus hombros, pero lo que más le dolía, era su corazón. Así, cantando lo manifestaba, cuando  dándose a conocer, decía : “Soy enterrador y vengo de enterrar mi corazón”.
En cierta ciudad, conocí a otro enterrador, con el que tengo una gran amistad. Cuando nos saludamos, aprecio que la piel que cubre sus manos, es  áspera y dura, en contraste con el cutis que cubre su rostro, que es alegre y en armonía con su sonrisa. Hablamos de diversos temas, pero no sólo de  difuntos, de los que  unos,  entierra en sus nichos y a otros en mausoleos, en tanto a otros los entierra en plena tierra o lanza al aire o a la tierra los polvos que han quedado de la incineración de sus cuerpos. Ya dicen los Miércoles de Ceniza cuando la imponen sobre nuestras cabezas: “acuérdate hombre de que eres polvo y en polvo te has de convertir”. Tarda muchos años la conversión del cuerpo en ceniza, pero el hombre moderno quiere adelantar los hechos e incinera a sus difuntos. Ahora nos damos más prisa en quitarnos de delante a los difuntos. Pero está claro que antes también  las hubo, como la que puso en práctica un enterrador, que conducía los caballos negros del Hospicio y que se llamaba Pascual Montenegro. Y así lo tengo escrito en mi libro “Retablo del Alto Aragón”: “ Así  como Simón en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un  coche de caballos mortuorio, como una carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente… Pascual iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del  Flor  o del Universal y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la carroza…allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al cementerio”.
Los había que no respetaban ni la muerte. Como “Carrusco”, que en cierta ocasión, cuado iba a ser introducido el féretro en la carroza, arreó a los caballos, que se arrancaron veloces”. El malintencionado, engañó a los caballos, a los que Pascual Montenegro amaba profundamente, ya que cuado tomaba café, les hacía lamer el azúcar a la que él renunciaba.
Pero mi amigo el enterrador de manos ásperas y cutis fino, también amaba con locura a un nieto suyo, pero así como a los caballos se les perdió la elegancia de su paso y de su trote, a su nieto, “Lorenzín”,  una enfermedad, le hizo perder su salud. A los caballos de Pascual Montenegro les gustaba el azúcar y al nieto de mi amigo le gustaban los pájaros. Por eso su abuelo, al darse la fecha en que el niño hubiera cumplido cuatro años, fue al cementerio  y le llevó un pájaro de colores, que compró en una juguetería. Al llegar la comitiva familiar al frente del nicho y mostrarle el pajarico, otro pajarico se puso a cantar sobre una rama próxima. Mi amigo, el de las manos duras, sintió reblandecerse su corazón al escuchar cantar al verderol y de sus ojos salieron lágrimas de felicidad.

domingo, 16 de agosto de 2026

Ramón Acín, noventa años desde su fusilamiento



He encontrado entre mis antiguos papeles el programa de la Exposición de la V Bienal de Pintura “Ciudad de Huesca” y ya hace tiempo, a saber el año de 1982, presentó el Instituto de Estudios Aragoneses la Exposición de Ramón Acín
En el prólogo del folleto de la V Exposición de Pintura, escribía José Antonio Llanas Almudévar que “en época en que Huesca vivía un tanto de espaldas al arte, su nombre( a saber el de Ramón Acín), tácitamente omitido durante años y las circunstancias políticas, han hecho que la figura de Acín, esta interesante figura, no solamente no se haya valorado en su verdadera dimensión, sino que mas bien sea totalmente desconocida para la mayoría de los oscenses que no peinan canas”-
Yo, que ya las peino tengo que reconocer que mi conocimiento de Ramón Acín, como artista, se limitaba a su obra “Las Pajaritas” del Parque y sólo tardíamente me enteré que tal monumento era producto de su arte, pero aunque luego he conocido lo polifacético de su talento; sólo dos pajaritas bastaron para que Ramón Acín, hiciera mella en mi sensibilidad, tanto que en cierta ocasión escribí:”Aquí en Huesca no podemos enseñar la Sirena Varada de Copenhague, pero cuando iba al Parque, me fijaba en las Pajaritas paradas.¡Qué difícil es ver a un niño o a un pajarito parados! ; mal augurio si esto sucede: o están enfermos o muertos. Pero en Huesca hay una pajarita, ¿una o son dos? que se paró en el parque y se encontró tan placentera, que determinó no marcharse nunca. Coqueta ella, eligió un lugar visible al fondo de la plaza donde juegan los niños, como si fuese una mairalesa de la ilusión o la gran “vedette” de un teatro infantil al aire libre.
Me preguntaba antes, si eran una o dos. Hay dos figuras idénticas, tanto que parecen una, que trata de conocerse a sí misma en eterna interrogación. Las líneas curvas de la biología pajaril, se han vuelto de una rectitud geométrica.
Unamuno en el Café, en sus ratos de ocio se entretenía haciendo pajaritas de papel y quizá por este azar, las pajaritas, perdido su vitalismo, se ponen a pensar. Parece como si estuviesen en un largo diálogo racionalista. Las ideas suben por sus líneas verticales, bajan por las inclinadas y reposan en las horizontales. La evolución va cambiando el aspecto de los seres vivos, pero parece como si el hombre quisiera acelerar esa transformación hasta convertir la vida en muerte; porque muerte es la sustitución de los pies por ruedas, de las plumas de los pájaros por alas metálicas, de las laringes de las personas y de las siringes de los pájaros por discos y “casettes” y para colmo de los cerebros por computadoras.
¿No quiso tal vez Ramón Acín o Fray Acín como gustaba llamarse, hacer crítica irónica del escamoteo de los derechos y del encorsetamiento de las libertades?. Pero si tal era su intención lo hizo al estilo de otro Fray, Fray Francisco de Asís, con pajaritas metálicas, que siguen siendo poéticas y que posadas en el ambiente natural del Parque, siempre tendrán ocasión de renacer ellas y las libertades que representan, no de sus cenizas como el Ave Fénix, sino de su pedestal, rodeado de follaje, seco en otoño y verde en primavera.
Según García Guatas, es como escultor, como se puede entender lo mejor del arte de Ramón, pero es tan variopinto el arcoiris de las artes que cultiva, que ante cualquiera de sus manifestaciones se queda uno pensativo y reflexiona ante el óleo de la Feria, en el que no sólo diversos estilos y un conjunto luminoso estamos contemplando, sino que hay un mensaje, hay un pueblo numeroso, individualizado por personas, que visten de múltiples maneras, representando cada una su papel y están todos ante aparatos inmensos, que tal vez representen “ aparatos oficiales” de los que bajan todos en posiciones desairadas, irónicas algunas y resignadas las que más. El Pim-Pam-Pum preside el cuadro y son sus golpes al muñeco el trato que tantas veces ha recibido el individuo por parte de los aparatos que montara el Poder.
¿Cuántos monumentos a la chatarra se encuentran repartidos por las ciudades, que parecen un homenaje a los vehículos que, de repente, se tornan chatarra en un accidente?.Es fácil con la chatarra hacer monumentos a hierros viejos, es más difícil con esos hierros hacer sentir, estéticamente, la miseria del hombre agarrotado por vil garrote. La piedad del Crucificado se talló en madera y mármol, pero la del vil agarrotado la hizo Ramón con la chapa metálica, con la que consiguió también crear un Cristo, que despierta su amor a quien lo mira. Hay quien del hierro hace chatarra y quien a ésta eleva a la categoría donde está el arte.
¿No has ido Katia, alguna noche de verano, acompañada de tu nieta a ver si se ponían a cantar en la glorieta de tu padre Ramón Acín?. Puso a las Pajaritas en el parque p orque las quería libres, porque él amaba la libertad y un detalle en la fotografía del matrimonio Acín lo denota, pues en la jaula que a su lado aparece hay un pájaro de papel, como si le repugnara encerrar un pájaro vivo. Están mejor las Pajaritas en la glorieta del Parque, glorieta, pequeña gloria de Ramón Acín, que a partir de ahora los oscenses y empezando por esta exposición de sus obras, hemos de elevar a la categoría de Gloria de Ramón Acín. Artículo anterior resumido por la muerte de Katia Acín el día trece de Diciembre de 2004.-

sábado, 15 de agosto de 2026

Fonz, espléndido pasado, hoy casi olvidado

             Casa Baron de Valdeolivos (Hererdada por el Gobierno de Aragón y recien restaurada)


He estado varias veces en la Villa de Fonz y me causaba su contemplación el sueño de estar en un lugar sagrado de Aragón. Resultaba sagrada la impresión que producía contemplar aquella maravillosa arquitectura de Fonz, nombre que viene del latín Fontes y que la Villa lo celebró, con una fuente pública, que lanza el agua por seis caños. Fue construida en 1567, con su escudo, con seis caras y una marmota. En esta fuente se alzan también columnas redondas, capiteles corintios y una inscripción artística en latín. Es que Fonz destaca la raíz de la vida humana del agua, con sus fuentes, al mismo tiempo que pregona su categoría arquitectónica alrededor de la iglesia de Nª Sª de la Asunción, del siglo XVII, en una altura, aunque calla el despojo que sufrió en la Guerra Civil, al desaparecer su retablo mayor. Mi emoción histórica se acrecentaba a medida que iba contemplando las doce casas- palacio, que a pesar de necesitar alguna de ellas, una reparación, van recordando a los visitantes el esplendor de su pasado. Estas casa infanzonas están construidas en el estilo aragonés, consistente en unos bajos de piedra de sillería y los pisos de ladrillo, y toda coronada por amplios aleros de madera tallada. Aparte de las casas nobles, tenemos el Ayuntamiento, construido en un estilo que difícilmente se puede superar en la arquitectura civil aragonesa. Allí residieron los obispos de Lérida hasta que tuvo lugar la desamortización. Pero aquellos edificios si fueron notables por su arquitectura, lo fueron tanto o más por los ilustres personajes que en ellos nacieron, como los del apellido Gómez- Alba, el arabista Francisco Codera, vecinos de casa Guilleuma, los de casa Camón y los de Bardaxí y de Capri. La casa de Cerbuna vio nacer al fundador de la Universidad de Zaragoza,Don Pedro Cerbuna.En Fonz se encuentra casa Montroset,en la que nació Irene Montroset que inventó la mercromina. Esta casa la posee actualmente mi amigo Jorge Doz,que pasó su niñez en Fonz, conociendo infinidad de detalles, no sólo en los actuales tiempos, sino a lo largo de la Historia. Podría narrar hechos de la casa Ric y del Archivo-Biblioteca de los Barones de Valdeolivos, pero me sedujo un hecho que me contó Jorge y voy a tratar de exponerlo a los que admiran la identidad de Fonz.He considerado el arte, pero no he hablado de la Literatura,que procedente de Fonz, inculcó en mí, José Antonio Llanas Almudévar, regalándome el libro Pitiusa, escrito por su tío José María Llanas Aguilaniedo(1875-1921).Nació este genio en Fonz y fue uno de los primeros modernistas españoles, como aquel que quisiera renovar la gran cultura de viejos siglos de Fonz. Su obra ha sido muy valorada por Cejador y Clarín, pero al perder la razón en 1912, fue olvidado y vivió retirado en casa de mi primo hermano José Antonio Llanas de Huesca. Entre sus novelas principales se encuentran Navegar pintoresco y Pitiusa. Esta obra es una de las mejores de la literatura española. José María hizo llegar el modernismo a España, notándose su adelanto hasta en la Medicina y en la Cirugía.Y la demostración de este adelanto me la reveló Jorge Doz. El con un grupo de muchachos recorría los parajes semiabandonados de aquellas antiguas casas nobles y en una de ellas encontraron una mano de madera. Dice Jorge que aquella, perteneció a un embajador español en Filipinas, al que le faltaba una mano. Nadie les explicó que destino tenía, pero ellos jugando, apretaban en la muñeca una señal y se subían sus dedos, apretaban otra y se cerraban. Ahora si es necesario implantarle una mano a una persona que le falta, se le transplanta, pero en aquellos tiempos, era imposible. Sin embargo ya pensaban en hacerlo y con esa mano de madera de Fonz, era lo que intentaban. Fonz no es recordado como se merece su pasado, pues la mano de madera está olvidada, como casi lo está la maravillosa obra literaria de José María Llanas Aguilaniedo.

Finalizadas las obras de restauración del Palacio de los Barones de Valdeolivos en Fonz


viernes, 14 de agosto de 2026

LA CUCARACHA



La Cucaracha de Kafka era rara, como lo eran las que caminaban por las paredes del dormitorio de la pensión de Zaragoza, donde yo dormía cuando en dicha Ciudad estudiaba. Al escritor centroeuropeo Kafka, un hombre se le convirtió en una enorme cucaracha, que colocada sobre la cama en decúbito supino, meneaba las patas impotente. No podía caminar, no podía progresar el negro coleóptero, porque como dice el refrán  se hace camino al andar. Le pasaba a la cucaracha de Kafka lo mismo que a la cucaracha española que nosotros, al menos mis compañeros de pensión y yo conocimos, porque al golpearlas por la noche, después de  encendida  la luz, algunas morían pero otras ya "no podían caminar porque les faltaban las  patitas de detrás", como se cantaba en aquellos tiempos. Si, se cantaba: "La cucaracha ,la cucaracha ya no puede caminar, porque le faltan, porque no tiene las dos patitas de atrás" y tal vez sufrieran la pérdida de sus patitas a causa de las marchas  cucarachiles  por los caminos de las paredes y los suelos, pues como dice no se quien, esas marchas además de proporcionarles las ventajas de la consiguiente concurrencia, en la que se sentirían felices, les han hecho sufrir los padecimientos de la persecución,  que llevaba consigo el tránsito de sus tropas por las viviendas del país que recorrían; si, del país habitado por los hombres y recorrido por las cucarachas. Pero parece ser que esta canción mejicana comparaba a los hombres con las cucarachas, como cuando dice :"Pancho Villa cuando viaja, necesita dos vagones, uno para su equipaje, y otro para sus talones” .Y el tránsito  de tropas sería el de los humanos que se defendían, contra el tránsito de las marchas cucarachiles, cuando todavía no existían los insecticidas, con alpargatazos y otros golpes violentos y otras veces el tránsito de Pancho Villa y sus guerrilleros, más pesados que las pulgas y que las cucarachas.

Hemos vencido a los insectos, pero sigue el tránsito de tropas, que no cojean sino que vuelan en aviones para trabajarse otros países que se quedarán patas arriba como la cucaracha de Kafka y negros de luto como ella y otros sin poder caminar, como le pasaba a nuestra cucaracha.

Durante estas noches de Enero, otro insecto me ha machacado la cabeza, como un compresor que con su cri-cri continuo y monótono me comunicaba y me hacía escuchar las explosiones en el Medio Oriente, allá  en Irak, en la Europa Central,  allá  en Kosobo o en Sierra Leona, en el  Africa  Occidental; tal vez fuera ese crí-crí  el grillo de la radio, que antes alargaba la noche con sus músicas nostálgicas. Y yo escuchaba ese crí-crí sonoro, que se extendía "sur toute la Vallée du coeur endolori", sobre todo el valle de mi corazón dolorido...y ahora todavía con el corazón más dolorido que el mío, el pueblo escucha los crí-crís de todas las emisoras, que no se limitan a poder ser oídos "sur toute la Vallée", sobre todo el Valle ,sino que se escuchan por todo el mundo.

jueves, 13 de agosto de 2026

El amor de Guati y de Zalema



Muchas veces escuchamos con gusto lo que ocurre lejos de nuestra tierra y no nos interesamos por lo nuestro, que no valoramos. Hemos leído relatos y visto películas sobre Romeo Y Julieta, italianos, que se amaron tanto, que murieron por su amor. Así lo relata la canción:” No somos ni Romeos ni Julietas, aquellos que murieron por su amor…”, que con su pegadiza música nos recuerda aquella historia de amor.
Como aragoneses todos conocemos los amores de Diego e Isabel, los amantes de Teruel, que los llevaron a una trágica muerte. El pueblo, que está en posesión del sentido común, los recuerda con simpatía, pero piensa que todos los excesos son malos y lo explica diciendo, ”los amantes de Teruel , tonta ella y tonto él” y es que el amor entre un hombre y una mujer, debe conducir a la vida y no a la muerte.
Como he dicho, conocemos muchas historias de amor, pero no sabemos nada de la que sucedió entre Guati, cristiano de Siétamo y Zalema, mora del pueblo de Argavieso. Ahora ya la conocemos, gracias a una novela histórica, de autor desconocido. El río Guatizalema se presta a los amores, como habéis podido comprobar al recorrer durante el verano sus orillas. Y esa misma cualidad de nuestro río intuyó  el autor de la dicha novela histórica, cuando escribía: “¿Cómo era posible, decía yo, que entre estos sitios tan amenos, tan pintorescos, tan poéticos, dejasen de amarse locamente sus habitantes en aquellos siglos románticos y caballerescos?.  ¡Ya lo creo que se amaron los ribereños del río Guatizalema, pues lo hicieron hasta la muerte!.
La fe en Dios por parte de Guati y la fe en Alá por parte de Zalema, ha hecho que vivan juntos en el cielo. Bueno sería que esa fe monoteísta en un Sólo Señor, nos sirviera para convivir con judíos y moros, no sólo en el cielo, sino aquí abajo, pues nuevamente regresan a España, después de ser expulsados, hace quinientos años, cuando aquí en Siétamo, todavía persiste un cementerio musulmán, que mira al Oriente.

miércoles, 12 de agosto de 2026

El gato sobre los hombros de una joven



Paseando entre las ajardinadas balsas del Parque de Huesca, paisaje en el que se contemplan los cisnes negros, los patos grandes y pequeños, unos volanderos y otros que no saben volar , pero nadan con más facilidad que las canoas, y que conviven con los niños. Los ánades al verlos llegar a las orillas, con sus cuellos parece que los saludan, como pidiéndoles que les echen algunas migas de pan. Pero hoy, al mismo tiempo que observaba este juego de la Naturaleza entre los niños y los patos, he contemplado un espectáculo maravilloso. Sí, maravilloso, porque cerca de las balsas ornamentales, alrededor de las cuales, cada día varios gatos abandonados, esperan que alguien les dé de comer, pasó una jovencita de unos veinte años, que no sólo amaba la Naturaleza, sino que se identificaba con ella. Y ¿cómo?, pues sencillamente porque pasaba airosa, con su hermoso cuerpo juvenil y su amoroso aprecio a la paz de los seres de la Naturaleza, y además se identificaba con ella, llevando sobre uno de sus hombros un gato rubio, con su collar y una campanilla, para conocer siempre su presencia, cuando en su casa, se esconde debajo de los sillones y de las camas. Me fijé que al gatico le faltaba la mitad de su cola y al preguntarle la causa de tal pérdida, me dijo que lo encontró  en la calle cerca de su casa, atacado por un cruel perro, que le mordía de tal forma que le hizo perder su rabo. Sabina que así se llama la joven, amante de la paz, cogió el gato y tanto lo contempló, que lo ha convertido en su compañero, con el que pasea por el Parque. En tiempos de los faraones, adoraban a los gatos y ahora Sabina es el trono amoroso de un gato rubio. 

El gato pardo

No conozco exactamente el número de habitantes, que en mi pueblo residen,  pero ahora tengo más dudas que nunca, porque desde lo que  he obs...