martes, 22 de septiembre de 2026

Música



 Para todo hay que tener cualidades. Yo, de pequeño estudié música y fracasé. Pido perdón, ¿a quien? a mí mismo, porque pensando correctamente, yo no tenía cualidades para cantar ni para tocar armonios ni pianos. Sin embargo escuchar música me produce un gozo infinito. Ahora se escuchan muchos discos, pero de música popular, ¡qué poca!.
Me acuerdo de oír el canto llano gregoriano, que ha volado, cuando la humanidad más necesidad tiene de escucharlo, aunque sólo fuese para compensar los ruidos y "ruideras" que produce la música moderna y los artefactos industriales.
Quedan rincones monásticos a los que sería necesario ir a pasar algunos días, sobre todo a los ejecutivos para que no se les produjese el infarto y para luchar contra las agonías que lleve consigo el "mundanal ruido".¡Oh, si estuviese vivo el monasterio de Montearagón con sus antiguos frailes agustinos!.Se podría subir a escucharlos y de paso echar un traguito del licor, parecido al "benedictine" que ellos fabricaban. Conocía a unos muchachos que se compraron un "casette" de Solesmes, para escucharlo, en tanto fumaban "codetes". Hasta a los drogadictos les gusta el gregoriano. Este canto da un cambio al canto popular. Sus frailes cantaban unidos, todos igual, no subía la voz de uno de ellos más alta que otra voz: "un fraile, dos frailes, tres frailes en un coro, hacen la misma voz que un fraile sólo".
Los cantantes de los lugares, en un entierro, cantaban como diablos el "Dies irae", mejor dicho como ángeles. Parecía que estabas escuchando "radio moros", pero pensando me pareció que lo que estaba escuchando era música mozárabe. Mi hermana María escuchó en Monreal unas canciones folklóricas sefarditas y me dijo que sonaban como cuando escuchaba a los señores Andrés de Lobateras y a Mariano Cabrero, hijos de Siétamo. ¡Qué sentimiento ponían en sus cantos!.Yo me puse una vez a cantar con ellos y Marianer de Cabrero me hizo callar porque yo no daba las notas improvisadas como los negros las dan en su música de Jazz. Hoy Mariano canta en la Coral oscense y yo soy un fracasado, no tengo perdón.
¡Hoy estudiamos la música y hay gente preparada para recibir esta música!.¡Por favor, haced un disco, un casette o lo que sea, en algún pueblo donde se cante así, si es que queda!.Yo no tengo perdón, ya lo he dicho, ¡pero mira que por decreto destruir la música que durante siglos ha cantado la gente!. El pueblo no entendió este destrozo, pero no he escuchado comentarios sobre la música destruida; el pueblo no subió más al coro de la iglesia y en paz.
Pero cuando a los santos (que mientras no se demuestre lo contrario, fueron muy cristianetes) los echaron de las iglesias, escuchas alguna "dijenda". Un mosen puesto al día, destruyó en la lonja de la iglesia un santo de yeso de poco valor artístico a fuerza de "mallazos". Un hombre que por ahí pasaba, dijo: ¡qué vueltas da el mundo!, mi padre las pasó canutas por hacer lo mismo. Y se marchó con su jada al hombro y con sus pensamientos.
Yo creo que aún se puede rescatar para la posteridad la música del pueblo. ¿Quien será  su salvador?. Creo que los aragoneses le deberán respeto, admiración y ¡ música celestial!.              

Del Pirineo al bosque tropical




Mi amigo Manolo nació en un pueblo de nuestra Montaña altoaragonesa, uno de esos lugares siempre verdes, de un verde fresco, tan verde que sólo deja de serlo para tornarse blanco, con la más fresca nieve invernal. Nuestros montañeses han sido grandes andarines; basta ver las largas zancadas que dan cuando caminan por nuestros cosos, típicas calles del Alto Aragón. Pareces tipos postizos, pues se nota que no se hallan en su medio ambiente habitual. Desde que dejaron de ser necesarios para repoblar otras zonas de Aragón, tuvieron que buscar otros lugares a los que emigrar. Los hijo segundones, no herederos, que no se conformaron con permanecer en sus casas natales como “tiones”, atravesaron la frontera y se establecieron en Francia, otros cruzaron el charco y aparecieron en las Américas, mientras otros se fueron a Cataluña. Hubo una época en que les dio por ir a trabajar a la Guinea, antes española; entre estos estaba mi amigo Manolo, el de la tierna sonrisa, el bonachón sempiterno. ¿Qué trabajo le  aguardaba? , eran dos y no uno. El primero el cambio de clima. De los verdes y frescos prados  que he nombrado y con nieves perpetuas en el horizonte tuvo que pasar al bosque tropical de un verde extraño y un calor húmedo y agobiante. Pero no fue este su peor trabajo, sino otro,  que dado su carácter no le podía ir  menos: el de negrero. A su rostro sonrosado, siempre rodeado de color verde ambiental, le iba mejor ver en el horizonte la blanca cara de su Montaña, que las caras negras de sus pupilos, cuando tenía sed. En su pueblo bebía leche fría y en Guinea bebía café. Por cierto que cuando así lo hacía, se acordaba de la canción que tantas veces había oído en sus fiestas patronales: ¡Ay, mama Inés, ay mama Inés, todos los negros en Cuba, tomamos café!. De tanto sudar y de tanto tomar café ya era casi un negro más. Se acordaba de las vacas de su casa y se le criaba lo mismo que a ellas, pero mala. Cuando los bubis nativos y los ibos, inmigrados de Nigeria, se lo miraban con sus ojos blanquísimos y con su odio negrísimo, se le ponía mal café, porque él no odiaba ni había odiado nunca. Y mucho menos cuando se trataba de mujeres, fueran éstas blancas, como la leche o negras como el café. Manolo se cansó de tomar  tanto café y de criar mala leche y se vino a Huesca. Lo podéis ver por el Coso dando grandes zancadas y con su recobrada sonrisa en los labios, que nuca abandona.   

sábado, 19 de septiembre de 2026

La fuente de Marcelo


Fuente de Marcelo(Km 3)



Hace un tiempo, en la antigua Plaza del Mercado, me encontré con un joven oscense de unos treinta y tantos años, y lo vi con síntomas de catarro, que le hacían entre otras cosas, presentar una nariz completamente roja. Se lo dije y él exclamó: ¡Si, igual que un payaso!. Trató de explicarme los motivos de su catarro, cuando yo le dije: ¡Ya lo habrás cogido en Jara!, porque con mucha frecuencia va a visitar esa bella ermita. Y me contestó:: “ Si, el sábado a las ocho y media de la mañana, hacía frío y yo con solo la camisa, me dirigí a la ermita que has nombrado y por la tarde, como creo que soy buen oscense, me fui a la fuente de Marcelo, debajo del Kilómetro Tres”. Se puede ir a dicha fuente por la carretera de Arguis, pero también se puede ir por el Pedregal, que está señalado con estacas, la fuente de Marcelo. Este Pedregal se puede coger por debajo del Convento de las Miguelas, cerca del huerto de Gambau. Pero él no fue por ninguno de estos dos caminos, sino que marchó caminando por la orilla del río y se entretenía en levantar algunos ladrillos del agua, les tapaba los agujeros y sacudiéndolos  salían dos o tres cangrejos, que según él,  eran “entreveraus”, es decir que ya habían perdido la antigua raza de los cangrejos autóctonos. Luego él, como no es amigo de “fartase”, los volvía a soltar, porque además tiene un gran sentido de la Ecología, que le hace respetar hasta a los cangrejos, porque se acordaba de que cuando era niño, iba con otros a soltarlos al río. Me dijo que estaba enamorado de las perdices, a las que contempla cuando hacen sus escapadas, unas veces andando, otras corriendo y alguna volando y le gusta escuchar sus cantos que le vuelven loco. Me habló de una pequeña liebre, que había cogido en un hueco que estaba en el tronco de una olivera, y al mirarme hacia él, vi que llevaba colgada de su chaqueta una pequeña figura de liebre que creí era para acordarse de aquella que cogió en sus años infantiles. Al legar a Marcelo, se mojó la cabeza con el agua tan fresca, que sale por sus caños y se echó unos tragos descomunales y cuando hubo gozado de la frescura del agua, de la belleza del paisaje, que él dice que es precioso y para confirmarlo añadió: ”Nunilo también te lo puede decir!”; allá a las siete de la tarde se volvió hacia Huesca, andando otra vez por las orillas del río. Allá a las siete y media llegó a su casa y no notó nada, pero el domingo, al levantarse, le dolía la cabeza y tosía. ¿Había cogido un catarro oscense, que por ser tal es mejor que el actual y grave catarro, que los chinos, tan viejos, han traído a este mundo?. Me dijo que él tenía la culpa de haber cogido la gripe, pues se podía caminar por la orilla del río, sin mojarse los pies, pues hay dos pequeños puentes, uno a principio del camino y otro en la misma fuente, que es una obra de ingeniería de los hijos del pueblo, como Berdié, que arregló el camino y las fuentes de Marcelo y Jara, con su dinero. El puente de Marcelo cambia su posición cuando baja una riada, pero se hace girar sobre su eje y se vuelve a la posición anterior. ¿Qué clase de puente es éste?. ¿ Por qué no es colgante, ni es fijo, sino giratorio?. Es que es un puente giratorio de Marcelo, es de Huesca. Después de contarme todas estas cosas, me llevó a ver la fuente de Marcelo, que yo había conocido de niño, pero ahora está transformada porque el río se ensucia más abajo, ya que allí tiene las aguas puras y limpias, llenas de madrillas  y de “zapateros”. Las aguas bajan por cuatro caños, tres casi juntos y otro el del “Gallo”, que está un poco más alejado. La primera fuente se llama la del Pez, la segunda la del Toro y la tercera la de Marcelo y sus aguas se van al río, donde antes iba todo Huesca a bañarse en sus badinas y a su alrededor  hay esas con sus bancos, en los que se puede merendar, comer y pasar el día; es un lugar limpio, con zonas de sol y de sombra, producida esta última por los árboles, como los chopos, y los robles o cagicos. Presidiendo el paisaje estaba levantado un cubierto, rodeado en su interior de cómodos bancos, en los que estaban sentados varios veteranos de Huesca, como el “ingeniero” Berdié, que parece que goza por allí de su vida, con numerosos otros oscenses, presididos todos por Pascual Ascaso, que igual que distrae en el periódico a los oscenses con sus artículos, lo hace en la fuente de Marcelo, con su conversación.

viernes, 18 de septiembre de 2026

EL HUMOR ALTOARAGONES




Una chispa en unos casos enciende un placentero cigarro y en otros un incendio. Pero para que haya humor tiene que saltar la chispa de ese humor. Si no hay chispa no funciona, como le pasó al alcalde de Albero, que estaba frente al Correos, dale que te pego, al pedal de la moto y no se ponía en marcha. Al preguntarle un guasón que le pasaba a la moto, le contestó el de Albero: ¡qué ha de pasar, que no "espurnia"!.
En el humor salta la chispa del roce o contraste entre lo serio y lo ridículo y el buen observador ve  saltar la chispa, simplemente, mirando el contraste. En la vida, entre el sentido común y el humor, tantas veces irracional, absurdo o ridículo, se goza del humor vital.
Una de las definiciones del humor, dice que consiste en presentar de un modo serio a alguien o a algo ridículo, como hacía aquel sacristán que de una mujer “pintarrojeada”, super acicalada y super ataviada, vestida con ropas que pretendían ser originales, cuando en realidad parecía un espantapájaros, decía : !parece una madama!.
Una madama en nuestros pueblos era una señora vestida elegantemente.
Ese fijarse, con sus redondos ojos, aparentemente ridículo de la lechuza que anidaba en La Compañía, lo cambiamos por esos ojos escrutadores de Unamuno y habremos hecho humor, como cuando a este señor lo caricaturizaron de lechuza, pero con su sentimiento y resentimiento trágico de la vida dijo: "Eso que se llama por ahí humorismo, el legítimo ni ha prendido en España apenas, ni es fácil que en ella prenda".

jueves, 17 de septiembre de 2026

Las golondrinas




Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, debajo de los maderos y allí, cuando criaban, uno  podía ver y oír a las crías, que al recibir de sus padres el alimento, piaban y sacaban sus cabezas de los nidos, abriendo sus fauces para recibirlo. Es la golondrina un ave elegante que en el Otoño se marcha al Sur, pasando al Africa del Norte y al llegar la primavera, alegraba los corazones de los habitantes del Somontano, que la amaban y no las perseguían ni deshacían sus nidos. Las respetaban, ya que de niños les habían contado que cuando Cristo estaba colgado en la Cruz, ellas revoloteaban a su alrededor y le quitaban la corona de espinas, que cruelmente se clavaban en su cabeza, amargando más los ya pesados dolores, que había sufrido y estaba todavía sufriendo.
Por eso se originó el refrán que dice: ”el que mata una golondrina, mata a su madre”.Al oír sus cantos, se sentían los somontaneses  inclinados a la paz e imitaban dicho canto, diciendo: ”mosquito comí, comí, mosquito comí, comí, a otro que no a mi”, dando el sonido a estas palabras igual al  del canto de las bellas golondrinas.
Me contaba una mujer joven del Somontano que estuvieron en la cuadra de su casa, haciendo obras para transformarla en un hermoso y amplio salón de estar y se encontraron que en los nidos había “crietas de golondrina”.Estuvieron a punto de interrumpir las obras hasta el Otoño, pero al fin cogieron dichas pequeñas golondrinas y, con cuidado las depositaron en otros nidos, que se hallaban cerca de los de la cuadra. Triunfaron porque criaron muy bien aquellas golondrinas a las pequeñas, que les habían echado los dueños del salón.
Todos los años las esperan para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos de barro y lanzando al aire sus bellos sonidos, para alegrarse por haber  creado nuevas generaciones de su especie.
Este verano he observado más de lo que acostumbro, la emigración de las aves pertenecientes al género Hirudo, del que forman parte las golondrinas. Me habían dicho que el veinticinco de Agosto se marchaban de nuestra tierra, las “falcetas”, ”falciños” o vencejos y me sorprendió que marcharan en tal fecha, pero, cada año compruebo que se van volando con sus poderosas alas. En cuanto a la golondrinas clásicas, que anidan en Siétamo, se solían por ir el quince de Septiembre, todavía en verano, pero yo el día once ya no la ví; sin embargo mi afición a unas aves tan románticas y útiles por su eliminación de insectos como mosquitos, me hizo observar el cielo y hasta el día catorce seguí viendo pequeños grupos de ellas. Desde ese día ya no ví más, pero el día veintitrés de Septiembre, ya en el Otoño, a la hora del mediodía, pude observar un grupo de ellas, detrás de mi casa; se posaban en los cables de la luz unas cuantas, en tanto las otras volaban y giraban por el aire cazando insectos, luego se posaban y eran las otras las que se lanzaban a buscar su alimento.
Estas golondrinas pertenecen a la especie clásica que viene a Siétamo desde no se sabe cuantos años. Tienen el pecho blanco y el dorso azul oscuro totalmente, al contrario que otra especie muy parecida a ella, que lleva la parte posterior del dorso de color blanco. Hay quien no distingue ambas especies, pues son casi ta iguales y se bañan en las balsas y piscinas en pleno vuelo. Yo había visto a estas golondrinas que vienen a Siétamo, desde hace pocos años, en Monflorite, concretamente, haciendo sus nidos de barro, en los edificios, casi completamente cerrados, excepto un agujero que les sirve de entrada y salida en su nido. Ahora, en la calle alta de Siétamo,están sus nidos , unos al lado de otros, cuando antes para ver nidos de golondrinas, digo de las clásicas, había que mirarlos en el interior de los edificios, casas, cubiertos, etcétera, abiertos por completo por su parte superior y que nadie tocaba, porque tenían a las golondrinas como unas aves sagradas, que le quitaron a Jesús su corona de espinas. Por eso se originó un refrán, que dice así: ”El que mata una golondrina, mata a su madre”. Y es que al oir sus cantos, se siente uno inclinado a la paz. Este canto que también la gente interpreta, también cantando, poco más o menos, con estas palabras: ”Mosquito comí, a otro que no a mí” Hay personas  que tienen un gran oído e imitan, dando sonidos a estas palabras, el canto de las bellas golondrina. Aquellas que aparecieron por detrás de casa, posándose en los cables eléctricos por espacio de unas dos horas, ¿de dónde vendrían y a dónde irían?. No lo sé,  pero han dejado en mí su recuerdo y el de todo el género Hirudo. Las esperaré, para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos, en los que crían nuevas generaciones de su especie y aquí , en nuestros cubiertos o debajo de nuestros aleros, dejan de recuerdo sus nidos de barro.
Esperando que lleguen, observaré a los estorninos, que se posan en los mismos cables en que se posaban las golondrinas, aunque de vez en cuando se ven masas de ellos, que vuelan, unas veces con palomas, otras con cuervos y solos cuando van a los olivares o a dormir a las altas arboledas.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Banderillas




Yo no podré  olvidar nunca la Torre de Casaus, hoy toda ella convertida en el Barrio de San Jorge, a cuya ermita subían el día en que se celebraba su conmemoración, casi todos los oscenses. Pasaban unos por delante de la Torre, junto a su tapia, por la carretera de Zaragoza y otros por detrás, por el camino, que todavía se conserva, que cruzaba por la vía del tren, yendo después  por el Campo de Deportes y por último se pasaba por el lugar donde hoy se encuentra el moderno edificio del Baloncesto, para llegar por fin, al Cerro del Santo. Entre ambos caminos, se situaba la Torre. A nosotros los niños, en la era, mirando al Norte nos devolvía su mirada el Pico de Gratal; al Este se veía Huesca, que ha invadido después toda la Torre, sin olvidarse de la era; por el Sur en el edificio donde estaban las viviendas de mis tíos José -María y Luisa, acompañados por la casa de Laureano Ciprés, de su esposa Amanda y de sus hijos. Colocábamos unas sillas para que en ellas se sentaran las chicas, hermanas, primas y amigas nuestras, para que  presidieran  las corridas de toros que íbamos a celebrar y al oeste, nos presidía  realmente y nos bendecía durante toda la corrida, desde su elevada y próxima ermita, nuestro patrono San Jorge.

 La corrida era un juego de niños, sentándose las niñas en la presidencia, en tanto que los niños organizábamos la corrida. Para ello nos hacíamos matadores con nuestras gorras y espadas, otros se convertían en banderilleros, que tenían que clavar las banderillas encima de las espaldas del carrico  que hacía de toro empujado por un niño, ayudado por otros. Uno de nosotros, cogía las manillas del pequeño carrico, considerándolo como un toro; empujábamos acometiendo al que hacía de torero, que se esmeraba en dar pases artísticos. El hoy difunto, Pablo Ciprés, primo hermano de Gil Fernando  era el que mejor ponía las banderillas, de tal modo que en cierta ocasión, al ver al dicho Pablo tan torero, se asustaron y en lugar de hacer fuerzas para dominar al carro que hacía de toro, se echaron sobre él y a mí, el carrico, se me cayó  al suelo. San Jorge nos libró de que nos hiciéramos daño, dándole al mismo tiempo el premio al banderillero Pablo Ciprés, al convertir a su hijo, Pablito, en un notable banderillero oscense.

martes, 15 de septiembre de 2026

JUAN BACHOCAS, ALIAS CORAZON SECO


Añón de Moncayo.


Juan Bachocas "no en teneba d'enemigos", cosa rara en estos tiempos y en todo tiempo y lugar. Las cosas raras no lo son tanto, pues cada día que pasa, ocurren rarezas sin cuento. Entre los ancianos del pueblo, era famoso, pero yo nunca me enteré de la vida y aventuras de este hombre y decidí saber y transmitir algo de la misma. Al paso que vamos, me parece que lo normal será  lo anormal y se dará  raramente aquello que siempre fue rutina y cotidianeidad o ¿ es que las bachocas o vainas de las judías, habas y garbanzos, no constituyen la rutinaria repetición diaria de ser comidas por nuestros campesinos?. He tratado de analizar las causas por las que Chuan Bachocas no tenía enemigos. Al principio pensé que sería un filántropo, que amaba al hombre por el hombre mismo o tal vez un buen cristiano que amaba a su prójimo por amor de Dios. Me intrigaba este enigma, más que aquella extraña palabra que te falta para dar fin, con éxito, a un crucigrama. Subí al coche y me dirigí a la Villa de Almudévar, donde se había desenvuelto una vida tan hermosa y tan olvidada, con el fin de preguntar a las gentes sobre el héroe que me preocupaba. Preguntando, preguntando no saqué ninguna conclusión, porque todos ponían cara de extrañeza. Debía ser porque nadie había dado importancia a una vida que consideraban vulgar. Yo también debí parecerles un excéntrico y me marché, sin dar explicaciones, por donde había venido. Pero mi cabeza seguía dando vueltas al asunto y me decía: todos nacemos con agresividad, que puede llegar a ser dominada o desarrollarse hasta términos "nucleares". Si Juan Bachocas dominó tal agresividad, supongo que en tanto lo conseguía, daría a alguien oportunidad para que por lo menos le tuviera ojeriza; es fácil que tuviese algún pequeño enemigo aunque no fuese declarado. Hay quien ofrece la paz y le declaran la guerra. Pero Juan Bachocas consiguió vencer la violencia y ganar la paz, porque comía a diario las bachocas de las habas y de las judías, que poco a poco lo iban convirtiendo en un hombre que descuidaba las riñas con sus vecinos, convirtiéndose en un ser buenazo, llano, ajeno a toda consideración, que crease  violencia.             
Llegué a descubrir que Juan  Bachoca no era agresivo, porque, pensando en las bachocas, me di cuenta de que estaba identificado con el consumo de vainas de unas legumbres, como judías o alubias, habas y garbanzos. Y ese consumo era un factor que creaba en el hombre, la paz. ¿Cómo no iban a repartir la paz aquellas bachocas, que son sencillamente, las vainas de unas alubias ya granadas y maduras, que se conservan  todavía de tal forma, con un tenue verdor?. ¿Cómo iba a tener el corazón seco Juan Bachocas, con esas vainas de judías, que comía y que todavía conservaban “ un tenue verdor”. Aumentan la paz de los que consumen esas bachocas, trozos de cebolla, dientes de ajo,  tomates  maduros y pimientos. Y una copa de vino blanco alegra y da aroma a todo el que todavía consume tal guiso, al que se le añadía el sabor de los “boletos edulis”o con champiñones, que se  echaban en el plato. Desde el Moncayo, cantado en las poesías de mi paisana Doña Ana Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda, se consumen las bachocas por Aragón. Desde Siétamo, en días despejados, se divisa el Moncayo y en todos los pueblos se consumen las bachocas del dicho y contemplado Moncayo. Se consumen varios platos de judías, como las pochas o Bachocas. En Alberite de San Juan, todo el pueblo goza del encanto del Moncayo, que consumen, llenando sus vientres de bachocas, que a veces, les hacen disparar ventosidades, no agresivas, sino pacíficas. En Alcorcón consumen las bachocas, con la vaina húmeda, que conserva todavía el frescor de los huertos, donde se han cultivado. En numerosos pueblos guisan las pochas con codorniz, plato exquisito acompañado por el vino de Aragón. En Lecera de Zaragoza, el día de San Cosme y San Damián, consumen bachocas, cuyas propiedades sanitarias, están confirmadas por esos dos santos médicos. No me cabe el pensamiento de que las bachocas no fueran un buen medicamento, pues se ve que dulcificaban psíquicamente el temperamento de los que lo consumían. El gran escritor aragonés, Don Pedro Arnal Cavero, que fue Director de las Escuelas Públicas Joaquín Costa, en Zaragoza, escribió el Vocabulario del Alto del Alto –Aragonés de Alquezar y pueblos próximos), y otros variados títulos, como el de “Refranes, dichos y mazadas, en el Somontano y montaña oscense”. Nació Don Pedro Arnal Cavero en Belver de Cinca, pero se considera como una gran figura del pueblo de Alquezar. Nació en 1884 y murió en 1962. En su “Vocabulario del Alto Aragón-Aragonés de Alquézar y pueblos próximos”, habla de la palabra esbachocar y de las bachocas. Estas costumbres gastronómicas se conservan también en el Alto Aragón.  Yo tengo interés por Arnal Cavero y he mantenido conversaciones sobre él con su sobrino Fernando Arnal, que estudiaba conmigo Veterinaria en Zaragoza. Luego ejercimos los dos en la provincia de Huesca, siendo ambos Diputados Provinciales.  Tengo que agradecerle, que en cierta  ocasión, me  avisó  de que en Zaragoza trataban de castigarme por un escrito de protesta de los veterinarios interinos. Algunos de éstos, me pidieron que firmase con ellos un escrito de protesta a la Diputación General y así lo hice, pero los crueles y aprovechados que me pidieron mi firma, no firmaron ninguno más de ellos, con lo que me vi amenazado con un traslado a un puesto lejano. Gracias a él y al Director de Sanidad de Huesca, me liberé de tal castigo. No sé si me salvaron las bachocas a través del sobrino inteligente y recto de Don Pedro Arnal Cavero. Me he acordado de Juan Bachocas, pero, ahora, al acabar este artículo, me acuerdo de Mosen Bachocas, recuerdo lejano, pero que sin duda procede de algún párroco aragonés, que era dueño de un temperamento pacífico y agradable. Lamento no acordarme de él, pero pido a algún lector ,que haya oído algo de él, que me lo comunique, que entre los dos resucitaremos una persona aragonesa, que ya ha sido olvidada.

Música

 Para todo hay que tener cualidades. Yo, de pequeño estudié música y fracasé. Pido perdón, ¿a quien? a mí mismo, porque pensando correctamen...