Escritos de Ignacio Almudévar Zamora
martes, 24 de febrero de 2026
¡Rosa!, está linda la mar.- (De mi libro Claroscuros)
lunes, 23 de febrero de 2026
Literatura pastoril, de Ana Francisca Abarca de Bolea
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sábado, 21 de febrero de 2026
La pobre cucaracha está desprestigiada
La pobre
cucaracha está desprestigiada, no llega a alcanzar ni la categoría de cuco. Hay
cucos muy simpáticos. ¿Quién no recuerda las mariquitas o coccinelas, semiesféricas, de color rojo
intenso y con sus siete puntos negros?. Cuando caía en nuestras manos una de
ellas, después de dejarla correr libremente por nuestro dedo índice, la invitábamos
a recobrar su libertad, diciéndole: “Marieta de Dios, levanta las alas y vete
con Dios”, consiguiendo de esta manera verla marchar, pero no con Dios , sino a
devorar a otros cucos de color verde casi transparente: los pulgones a los que
conocíamos como “vaquetas de hormiga”. Nos hacía una ilusión enorme ver a estas
“vaquetas” alimentándose en los brotes
tiernos de los rosales; pero era todo un espectáculo observar a las
hormigas que de la misma manera que los vaqueros suben a la Montaña a ordeñar a
sus vacas, ascendían por el tronco y las ramas del rosal a libar el néctar de
sus “vaquetas”.
Los hombres
explotamos a las vacas como las hormigas y las mariquitas a los pulgones; al
fin y al cabo también somos unos cucos, claro, que unos más que otros. De la
misma forma que de la palabra cuco parece deducirse el despectivo
cucaracha, aplicado a escala zoológica, igual se deduce la palabra
cucaracho aplicada a la especie humana. Toda regla tiene su excepción, ya que
al más famoso bandolero del Alto Aragón lo llamaban Cucaracha, en lugar de
“Cucaracho”. ¿Por qué lo llamaban así?. Tal vez porque no era muy malo, según
me comunicó un viejo pastor. Salía por la noche, se arrastraba entre la maleza,
robaba con su trabuco como las cucarachas con sus trompas y se refugiaba en los
agujeros de la Sierra. Poco más o menos, como las cucarachas, salvando la
diferencia de que el bandido era generoso y las cucarachas asquerosas. Me
acuerdo de que en mis tiempos de estudiante, cuando me levantaba por la noche,
al encender la luz veía una fila de cucarachas, que subiendo por una pata de la
mesa entraban por el cajón a emponzoñar mis escasas provisiones. Después de
dispersarse, con la luz, la negra procesión, pude comprobar cómo acudían a
refugiarse debajo de la fregadera. ¡Qué asco de pensión!. No os riais porque el
otro día me dijo un estudiante que en su piso había piojos de dos clases. Hemos
adelantado en cambiar la pensión por el piso, pero estamos igual con respecto a
los inquilinos. Antes, las viejas se ponían en círculo para despiojarse
mutuamente. Yo , cuando me veía en estas lides
cucarachiles, llamaba a mi compañero, que se armaba, con un periódico
doblado y se liaba a dar mandobles contra el asqueroso enemigo, al que producía
multitud de muertos y heridos. Con la escoba despejábamos el campo de batalla,
haciendo algún acto en su manejo para cantar aquello de : La cucaracha, la
cucaracha, ya no puede caminar, porque la faltan, porque no tiene las dos
patitas de atrás”. El humor infantil disipaba así el frío, el hambre y la
náusea. Ahora los insecticidas son armas mejores que los periódicos y escobas,
pero todavía, de vez en cuando, por algún mostrador de Bar, se ve correr
alguna. Entonces yo no puedo menos que acordarme de la vieja patrona de
Zaragoza y de la tía del dueño del Bar. A pesar de los insecticidas aún quedan
cucarachas y cucarachos. Los debían de
hacer selectivos, para que mataran sólo cucarachos y cucarachas y dejaran en
paz a las “ Marietas de Dios” y a las personas.
La Cruz de San Pedro Mártir
En 1613 fueron expulsados los moros de España, marchando los que en Siétamo servían a los Condes, que eran los dueños del Palacio. Aquellos moros tenían su cementerio, debajo de aquel, en que ahora, los cristianos, son enterrados. Estaba sin paredes en una zona rodeada de carrascas y en la que pueden verse varias tumbas, revestidas de piedras y en las que hemos podido encontrar alguno de sus huesos. También fueron expulsados los moros de Ola y Olivito. En Ola vivían catorce familias musulmanas y dejaron un hermoso recuerdo consistente en un arco árabe, en el acceso al agua del pozo y fueron rápidamente substituidas por otras catorce familias cristianas, procedentes de los Pirineos. Muchos de esos apellidos son montañeses, como Otal, Guarga, Aysa, etc. Los de Siétamo vivían en su población, que estaba dentro de la muralla, de la que todavía quedan diversos tramos. Los cristianos estaban fuera de la muralla, con su parroquia en la casa de don Antonio Andrés, que en la ejecución de su garaje se encontraron tumbas de cristianos. Mi difunto amigo, Julio Brioso afirmaba que dicha iglesia era de origen visigótico y yo creo que habría que investigar las imágenes que se encuentran en la cara Sur de la Iglesia. Coincide aproximadamente la marcha de los moros, con la construcción de la Parroquia, pues la mandó erigir don Bernardo de Bolea, Señor de Siétamo, en 1572, siendo su constructor el maestre Martín de Zabala de Huesca. Esta fecha aparece en una obra de don Ricardo del Arco. En ella está enterrado, si no lo desenterraron durante la Guerra Civil, un antecesor del Conde de Aranda, tal vez el citado don Bernardo de Bolea. Quedan en el muro Sur de la Parroquia, dos tallas de piedra, consistentes una, en un “angelico” y la otra en una tiara, no sé si es episcopal o pontificia. Pero cuando se hicieron las excavaciones para suministrar de agua a las casas, apareció una piedra de las que sostenían el alero de la ya desaparecida iglesia, cercana a la Cruz de San Pedro, que tiene tallada en su parte más exterior, una cabeza de fiera monstruosa. Como consecuencia de aquella expulsión de los musulmanes, se adjudicaron el pueblo de Olivito para Siétamo y Quinto para Loporzano y todavía se conservan los papeles en que se acordó entre ambos pueblos el reparto de sus tierras. Ambos pueblos han desaparecido. Entre los restos de Quinto había teselas romanas, restos de vasijas romanas y apareció una piedra, ya olvidada, que parece ser que señalaba el miliar quinto. En ella estaba labrada una V que indicaba la situación del quinto miliar.
Entonces comenzó a brillar por todo Siétamo la Señal de la Cruz, porque hasta entonces el llamado Camino de las Procesiones corría más lejos de la nueva Iglesia y más próximo a la del camino de Ola. En la Plaza Mayor, colocaron una gran Cruz sobre una base, a la que se sube por escaleras pétreas. Esa base está formada por dos piedras labradas y empalmadas y sobre ellas se elevaba una columna alta, también de piedra, en cuya cima se asentaba la Cruz. De la misma forma en que ahora se trata de eliminar las cruces de los lugares públicos, el año 1936, no se consentía la presencia de ellas en plazas, calles ni en iglesias ni siquiera colgadas en los pechos de los seres humanos. Ahora cuando va uno a Francia, se encuentran cruces de Cristo en las plazas y caminos. Pero en España, concretamente en Siétamo, derribaron la larga columna de piedra, que hacía de sostén de la cruz de hierro. Aquel piadoso monumento quedó derribado por el suelo, como gran parte del pueblo de Siétamo, empezando por el Castillo y siguiendo por las casas de Puyuelo, de Juana Periga con su hija “Concheta” y de tantos otros vecinos, que se vieron obligados a reclamar que les repusieran su vivienda. Todavía yace derribada la casa, que se encuentra lindando con la bodega o almacén del Palacio, propiedad de Tomás Santolaria. En su fachada orientada al Este, se ve un agujero redondo producido por un cañonazo, cuando en la parte de Huesca, es decir por el Oeste, no poseían armas de gran poder destructivo.
En tanto los niños, acompañaban a Companys, endulzados con caramelos, en su marcha hacia el Castillo y después de la Guerra, los niños como Antoñito del Herrero, Rafael Bruis y yo mismo, íbamos replegando los millares de balines y bombas, que habían dejado en su lucha, unos y otros. Pepe Ferrando, habla poco, pero se acuerda de la bomba que al explotar, se le llevó tres dedos de su mano. Pero el alcalde Juan José Ribera, pensó en restaurar la pacífica Cruz de la Plaza y el albañil Emiliano Boira, levantó sobre la ménsula de piedra una columna de ladrillos de cara vista, con un adorno en su parte superior y en una esfera de cemento clavó una antigua Cruz, que preside la vida del pueblo, mirando al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. Cada vez que me fijo en la Cruz, me acuerdo del Alcalde Juan José Ribera y del buen albañil Emiliano Boira.
Pero el pueblo devoto de la Cruz, puso otra al arrancar el Camino de las Eras. Quedaba esta Cruz, aproximadamente, donde sale una calle, que yendo por encima del Parque, antiguamente Demba de López, va a parar al primer grupo de viviendas que se construyeron últimamente en Siétamo. Esta Cruz, como todo lo que tuviera un sentido religioso, fue también destruida. El Alcalde don Antonio Barta Viñuales, la arregló el año 1944 .Al ensanchar la carretera de Castejón el entonces alcalde Vicente Benedet la subió más arriba, colocando piedra por piedra, igual que estaba cuando la reconstruyó Antonio Barta y la colocó cerca de donde se entra en el chalet y el jardín de Soler. Desde ese lugar, la Cruz mantendría el amor de los vecinos de Siétamo. La columna vertical en el que asienta la Cruz es de cemento, aunque por los años que está cumpliendo su misión, a lo lejos, parece de piedra. Esa Cruz hace recordar al pueblo los problemas de su historia, con los hechos de la Guerra y acordarse también de las personas que como los entonces, alcaldes Antonio Barta y Vicente Benedet, la repusieron.
Pero quizá la Cruz más antigua de Siétamo, sea la llamada “Cruz de San Pedro Martir”, que por el Norte, la contemplan las Sierras de Guara y de Gratal, por el Sur la sierra de Alcubierre, por el Este parece la protectora de la Villa de Siétamo y por el Oeste, en tiempos antiguos, sobre Ola, se verían apacentar su rebaño a San Urbez, que siguiendo el curso del río Guatizalema, bajaría desde Nocito hasta Ola, donde en casa de Otal se conserva una losa de piedra sobre la que dormiría el santo. Desde el elevado punto sobre el que se asienta la “Cruz de San Pedro”, veía subir a los vecinos de Siétamo desde la iglesia parroquial, rezando el Via Crucis y en una vieja fotografía se conocen varioa hijos de pueblo, entre los que se encuentra José de Gabardilla, hermano del antiguo alcalde Antonio Barta. !Cuantas veces hemos subido a rezar los vecinos a la Cruz !. Y mirando al Oeste se distingue la recta carretera que parece dirigirse a Monte Aragón y se contemplan las fincas de Siétamo de Olivito, del Saso, hasta que se unen con las de Loporzano. Esta Cruz fue destruida como todas las demás, pero los vecinos del pueblo se preocuparon de restaurarla y Rafael Palacio, retocó todas las piedras que forman la base de la Cruz y la columna, y Domingo Borruel colocó el cimborrio con la cruz.
Pero no disminuye en Siétamo, la devoción a la Cruz de Cristo, sino que todos los Jueves Santos, se saca en procesión la conmovedora talla de Cristo. Cuando durante la Guerra Civil, fueron destruidas las distintas obras civiles y religiosas de Siétamo, parece ser que se recrearon en la Capilla abierta por los dueños de la casa, que se encuentra al lado de la iglesia. Ella era la sede de una Cofradía del Santo Cristo y fue toda ella destruida. Pero al acabar la Guerra Civil, el Aparejador Pérez Loriente, tío de mi difunto amigo, también aparejador, Pepe Pérez Loriente, quiso tallar una nueva imagen de Cristo y tomó como modelo para tallar su cara de sufrimiento, la de la joven hija de Siétamo, Antonia Benedet, que en su rostro de gran belleza, manifestaba un enorme dolor, producido por haber sido operada su columna vertebral. Murió la joven a los veinte años y llenó de emoción a los vecinos de Siétamo y al autor del Cristo, en cuyo rostro quiso representar el dolor de los seres humanos, en este caso concreto el de la bella joven Antonia Benedet. Este Cristo empezó a deteriorarse con el tiempo y por iniciativa del alcalde Vicente Benedet, lo restauró el artista Aquilué, dejándolo de un gran aspecto. Ante tal figura se sacó en las procesiones del Jueves Santo, con gran solemnidad y acompañado de músicos. Desde siempre salía en dicha procesión un trío de fieles, portando una Cruz y marcando un antiguo paso. Iban con hábitos y capuchas sobre sus rostros y ese paso da que pensar que en otros tiempos iría acompañado por algún instrumento musical y desde luego con un tambor, pues los pasos de los portadores lo daban a entender, ya que parecían obedecer a un “pan-pataplán- plan”, repitiéndose este movimiento que parece acompañado por algún tambor. Yo creo que se debían investigar instrumentos antiguos, cuyos sonidos se debían reintroducir en los pasos emocionantes de aquellos jóvenes que los ejecutan.
Siétamo realiza la adoración de la Cruz, como se realizaba en Jerusalen en el siglo IV, pues en ella, exclamaba un sacerdote: Ecce lignum crucis”, es decir “He aquí el signo de la Cruz del que estuvo colgada la salvación del mundo”. Y el pueblo colocó cruces por las distintas partes del pueblo y en la procesión del Jueves Santo, dice “venid, adorémosla”.
Venancio Fortunatus en su canto “Crux Fidelis”, dice ¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!.
viernes, 20 de febrero de 2026
La cucaracha
La Cucaracha de Kafka era rara, como lo eran las que caminaban por las paredes del dormitorio de la pensión de Zaragoza ,donde yo dormía cuando en dicha Ciudad estudiaba. Al escritor centroeuropeo Kafka ,un hombre se le convirtió en una enorme cucaracha ,que colocada sobre la cama en decúbito supino ,meneaba las patas impotente .No podía caminar ,no podía progresar el negro coleóptero ,porque como dice el refrán se hace camino al andar .Le pasaba a la cucaracha de Kafka lo mismo que a la cucaracha española que nosotros ,al menos mis compañeros de pensión y yo conocimos, porque al golpearlas por la noche ,después de encendida la luz ,algunas morían pero otras ya "no podían caminar porque les faltaban las patitas de detrás" ,como se cantaba en aquellos tiempos .Si ,se cantaba: "La cucaracha ,la cucaracha ya no puede caminar ,porque le faltan ,porque no tiene las dos patitas de atrás" y tal vez sufrieran la pérdida de sus patitas a causa de las marchas cucarachiles por los caminos de las paredes y los suelos ,pues como dice no se quien ,esas marchas además de proporcionarles las ventajas de la consiguiente concurrencia ,en la que se sentirían felices, les han hecho sufrir los padecimientos de la persecución, que llevaba consigo el tránsito de sus tropas por las viviendas del país que recorrían ;si , del país habitado por los hombres y recorrido por las cucarachas .Pero parece ser que esta canción mejicana comparaba a los hombres con las cucarachas ,como cuando dice :"Pancho Villa cuando viaja ,necesita dos vagones ,uno para su equipaje ,y otro para sus talones” .Y el tránsito de tropas sería el de los humanos que se defendían ,contra el tránsito de las marchas cucacarachiles, cuando todavía no existían los insecticidas ,con alpargatazos y otros golpes violentos y otras veces el tránsito de Pancho Villa y sus guerrilleros ,más pesados que las pulgas y que las cucarachas.
Hemos vencido a los insectos ,pero sigue el tránsito de tropas ,que no cojean sino que vuelan en aviones para trabajarse otros países que se quedarán patas arriba como la cucaracha de Kafka y negros de luto como ella y otros sin poder caminar ,como le pasaba a nuestra cucaracha.
Durante estas noches de Enero ,otro insecto me ha machacado la cabeza ,como un compresor que con su cri-cri continuo y monótono me comunicaba y me hacía escuchar las explosiones en el Medio Oriente, allá en Irak , en la Europa Central , allá en Kosobo o en Sierra Leona ,en el Africa Occidental; tal vez fuera ese crí-crí el grillo de la radio ,que antes alargaba la noche con sus músicas nostálgicas .Y yo escuchaba ese crí-crí sonoro ,que se extendía "sur toute la Vallée du coeur endolori",sobre todo el valle de mi corazón dolorido...y ahora todavía con el corazón más dolorido que el mío ,el pueblo escucha los crí-crís de todas las emisoras ,que no se limitan a poder ser oídos "sur toute la Vallée",sobre todo el Valle ,sino que se escuchan por todo el mundo.
martes, 17 de febrero de 2026
Conversación en el salón.-(Año 2003)
Hace aproximadamente unos siete años, estaban en Huesca, su ciudad natal, llamados por sus sentimientos y sus recuerdos infantiles de los pueblos de Quinzano, de Siétamo, de Chimillas, de Almudévar y de algunas personas, Pepín Bello, María Teresa Bescós Lasierra, que ha muerto hace muy poco tiempo, con cien años de vida, después de su hija, también llamada María Teresa Alamán y Bescós de segundo apellido y bastante más tarde que su hermana la escritora María Cruz Bescós.
Aquí,
en nuestra capital, se encontraban con otros partícipes de su vida, con los que
su familia convivió, José Antonio Llanas, casado con María Antonia Vázquez,
gallega, como los antepasados del señor Bello y en cuyos corazones existe una
sensibilidad por la nostalgia y la saudade y este Llanas Almudévar que, con su
segundo apellido tenía su origen en Siétamo, como Kosti, cuyo auténtico nombre
era Manuel Bescós Almudévar. Ambos fueron alcaldes de Huesca y escritores, que
mantenían el interés de los oscenses sobre sus relatos, serios y a veces
solemnes los de Silvio Kosti y más humorísticos y costumbristas los de José
Antonio Llanas.
Pepín
Bello, primo de María Teresa Bescós Lasierra y que como ella, en menos de un
año alcanzará los cien, ha sido amigo íntimo de pintores, como Dalí, de
cineastas, como Buñuel, de escritores, como Lorca y conocedor de filósofos como
Aragón y ha sido un conversador eterno y además no cultivó ningún oficio en
toda su vida. Al preguntarle un periodista que cual era su profesión, siendo
amigo de tantos seres humanos, que se distinguieron en la ciencia y en el arte,
él contestó”: Yo soy amigo de mis amigos “. Y esa amistad y esa afición a la
conversación lo llevaba a reunirse, unas veces en el Aéreo Club o, por ejemplo
en casa de José Antonio Llanas Almudévar.
Y
me han dejado una cassette, que tiene gravada una conversación entre todos los
personajes citados anteriormente y algunos más.
En
la casete que me dejaron están las voces de los conversadores citados más
arriba y el primero que habla es el gran Pepín Bello, que parece afirmar,
porque no están bien grabadas las palabras: “¡ Hay que decir nuestras memorias
y sentimientos Hay que decirlos, hay que decirlos!”.Tenía ganas de hablar y ya
estaba en el salón de José Antonio Llanas Almudévar y se veía como si estuviera
entre las “mámparas” o mamparas de la Codorniz, con sus bastidores escritos,
unidos por goznes, que se abrían, se cerraban y se desplegaban, haciendo las
palabras los mismos juegos que los biombos o cancelas. Y hablaba de que había
que divertirse y divertir a los demás, hablando y hablando. Y María Teresa
recordó los buenos ratos que le proporcionaba la lectura de la Cena de Baltasar
Gracián, en la cual se divertía el autor y divertía a sus lectores. Entonces
alguien manifestó el deseo de que se hiciera una antología de lecturas
divertidas, diciendo José Antonio que algunas de esas obras estaban en el
Indice, como unas fábulas de un fabulista moral, creo que Samaniego ,que
escribió otras completamente inmorales. Yo las tuve, pero las di porque no
cayeran en manos de mis hijos, entonces niños.
Pepín
exclamó: ”¡ yo estoy a todo, menos a la razón!” . No sé si él creía en la
teoría de Aragón, es decir en el surrealismo, que se interroga ¿qué clase de
pensamiento es aquel que justifica una guerra con un millón de muertos?, ¿son
esas muertes justicia válida para la humanidad?. Después de afirmar que estaba
a todo, menos a la razón, decía: ”esto parece insensato, absurdo”; parece una
invitación, que diga a los hombres y mujeres : “¡el caso es pecar!, pero yo le
digo que cante poco”, ¡jo, jo, jo!, !que no ,que no!”;ese escaso cantar parece
un consejo de Pepín para que no pequen mucho, es decir que no lleven el
surrealismo, ¿o que lo lleven?, a situaciones exageradas. Pepín busca algo más
real en la conversación, algo surrealista, algo más real que lo real, algo que
signifique que habla por encima de la realidad.
Su
amigo Dalí dijo que “el surrealismo, será el único ismo que subsistirá” pero
parece ser que le pasará como a todos.
No
se que tendría que ver Rafael Bescós con estos asuntos, pero dice Pepín: “hay
que reconocer que Rafael estuvo también”,en una época en que atacaban la
religión y “se marcharon todas las monjas”; añade que sus hermanas una vez
fueron a estudiar con una señorita, que, “¿sabes quien la conoció? ,Emilio
Castelar” .Una voz femenina añade que “era simpática y sabía francés, dándonos
la clase en casa “. Otra voz femenina afirma: ”tú sabes, en vuestra casa las
torres las forzaron y había una especie de arquillo…y me quedé muy triste”. Han
girado los biombos de la conversación y se queda uno ayuno de que torres se
trataba y cual era el arquillo, que las adornaba.
En
estos momentos a través de las mamparas se oían menos ruidos y menos las risas
claras y alegres de Teresa Bescós Lasierra, mezcladas con la palabra optimista
y sonora de Pepín Bello Lasierra y acompañadas por sonidos de cucharas que
golpeaban en los vasos y en los platos, pero comenzaron de nuevo las mamparas a
girar, a abrirse y cerrarse repartiendo ráfagas de buen humor, cuando todos los
asistentes se pusieron a contar el caso del gran perro mastín, que era de los
militares y cuando éstos asistían a la misa de campaña, se ponía al lado del
altar y lloraba ladrando, imitándolo Pepín, José Antonio y su hija María
Teresa, reproduciendo sus ladridos :uuuuuh, uuuuuh, mientras reía María Teresa
Bescós y María Antonia, que estaba con la taza y la cuchara en las manos,
dándole helado a su hija, golpeaba la cucharilla contra la taza, como aquella
que quiere animar más el movimiento de la mampara.
Se
quedó un poco cortado José Antonio, al recordar lo que le pasó, con esta
expresión: ”el tontolaba que estaba en la radio se me quedó las cintas”. Pero,
aunque perdió alguna cinta, se acordaba de infinidad de anécdotas y a
continuación de hablar del perro sacristán, contaba que “se ponía el perro de
Mompradé en medio del patio y le iba a buscar el periódico”
Y
casi al mismo tiempo, Pepín y José Antonio hablaban de las magníficas
fotografías que del Pirineo, Compairé se dedicó a crear una gran colección, que
ha hecho que los oscenses descubrieran el arte fotográfico.
Y
José Antonio recordando sus años infantiles habla de los santeros de las
ermitas, ya que al santero de Salas lo conocía porque iba a la farmacia de su
padre con la “capilleta” de las Vírgenes, a recordar a la gente que hicieran
oración y de paso, que le echaran una limosna en la caja petitoria, para poder
vivir como ermitaño y en la ermita, donde “la gente no sabe la existencia en
los santuarios de comedores y cuartos para dormir. Y los santeros esperaban el
día en que hacían la romería las Cofradías, porque los cofrades los sentaban a
comer con ellos”. Pero José Antonio cuando, con sus amigos iba a Salas a coger
regaliz de palo, se encontraba al santero, que les daba agua de su botijo y era
de agradecer porque por allí el agua no era potable.
Recuerda
el monasterio de Loreto, la ermita de Cillas, cuyo santero cura tenía éxtasis,
el santuario de San Cosme y San Damián, que fue tal vez el último de ellos, que
tuvo santero, pagado por los condes de Guara y la de Santa Lucía, pero dice que
en los años cuarenta, apareció por Huesca, una mujer pidiendo limosna para la
Virgen de Torreciudad. ”Decía que se levantaría una iglesia enorme y que
acudiría todo el mundo y la gente ignoraba la existencia de ese santuario”.
Efectivamente
:”la casa desmontada, la casa montada”, pero ese pensamiento también acariciaba
las mentes de los tertulianos, porque José Antonio preparó el desmontar su casa
y montar otra en Huerrios, en la que parece que tuvo lugar esta conversación. Y
Pepín habla de la casa que hizo su hermano en Almudévar, “con cocina de leña,
esa era una cocina”, porque no cerraban las puertas y ”luego se cierran las
puertas y está el candado y se cierra, como una salamandra”, al marcharse y
añade “son bastardas ,no son mejor que en Madrid”. Sigue José Antonio y dice:
”en la torre Casaus era la chimenea de piedra tallada”; miraba a su alrededor y
le interrumpían las mujeres: "si, si, si”. Se alegra la habitación. Se ríe
María Teresa entre las risas de las mujeres, ante las palabras que pronuncia
José Antonio”. Entre tanta alegría, se escuchan los ruidos de los platos. Recordaron
los asistentes al salón a Antonio Bello, cuando en el Aero-Club, se acercó a un
grueso señor y le explicó que había comprado unos cocodrilos, que tenía en su
finca de Almudévar y que ahora no sabía que hacer con ellos, ya que le
estorbaban; a lo que le contestó: no se preocupe porque simplemente con un
cuchillo, se desangran los cocodrilos. Bello le dijo: ¡el caso es sangrarlos
bien! y además tenerlos que matar, ¡pobres animales!.y Pepín repetía :”el caso
es sangrarlos bien!”. El señor consultado, conmovido exclamó: ¡bueno, ya iré a
sangrarlos!.Ahí, estaba el problema, porque José Antonio repitió: ¡el caso es
sangrarlos bien!.No los sangraron, porque realmente no existían los cocodrilos.
¡Rosa!, está linda la mar.- (De mi libro Claroscuros)
Te voy a contar un cuento.” ¿A dónde irá ese barquito que cruza la mar serena?, “un...
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