miércoles, 10 de junio de 2026

Julio Casabona, un veterinario aragonés en Mauthausen



Cuando uno visita los cementerios, no oye el sonido de las palabras ni los lamentos ni las risas de los seres humanos, allí enterrados, pero uno, sin embargo, escucha los amores, las alegrías y las penas de la vida de aquellos que ahora están muertos. He pasado por el camposanto de Sariñena, donde está enterrado con su esposa María Cruz Anoro Barrieras, Julio Cesáreo Casabona Marías. ¿Quién era este Julio Casabona? Era el hijo del veterinario Julio Felipe Casabona y Gracia, nacido en Monegrillo, en 1882. Ingresó en 1896 en la Escuela de Veterinaria de Zaragoza, acabó la carrera y estuvo ejerciéndola en Sariñena. Ahora parece extraño que los estudiantes que querían hacerse veterinarios fuesen a estudiar a centros denominados Escuelas. A mí no se me hace extraña tal denominación, porque aunque estudié toda mi carrera en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, me matriculé en el edificio donde se asentó dicha Escuela y que estaba cerca de las ruinas de la Puerta del Carmen. Dicen que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero yo creo que nuestras vidas están llenas de risas y de lágrimas, que se hacen eternamente presentes al Señor. Esto le pasó también al veterinario Julio Casabona, porque fue feliz en Monegrillo en la casa de labrador de su padre y de su madre, después se casó, en 1904, en Sariñena con Ascensión Marías Allué, en tal pueblo nacida, con la que tuvo dos hijos, a saber, Antonio y Julio Cesáreo.


Como a tantos y tantos españoles, nos estaba llegando la profecía del poeta, que dice así: “Españolito, que al mundo vienes, te guarde Dios, que una de las dos Españas, ha de helarte el corazón”. Daba igual que uno fuera monárquico o republicano y el veterinario Julio Casabona Gracia, “el día 14 de Julio de 1936 escribía a D. Diego Martínez Barrio, lamentando, entre otras cosas, el asesinato de Calvo Sotelo y comentándole la tensa situación que se vivía en Sariñena ... recordando una carta que, un año antes, había dirigido a su compañero y correligionario, el veterinario Félix Gordón Ordás, sobre el desprestigio de la clase política española”. Le recordaba también la “necesidad de imponer la autoridad y el cumplimiento de la Ley”. A los pocos días llegó la Guerra Civil y fue incorporado en el Ejército como Alférez Veterinario y sus dos hijos también participaron en la contienda y acabada ésta, huyeron a Francia y estuvieron internados en un campo, a orillas del Mediterráneo. ¡Bienvenido mal, si vienes solo!, pero no les llegó sólo el mal de nuestra guerra, sino que en la segunda Guerra Mundial y siendo voluntarios en los servicios de la Línea Maginot, fueron detenidos por los nazis y enviados al campo de exterminio de Mathaussen. En este campo había unas porquerizas, donde al tiempo que los humanos adelgazaban, tenían que engordar los cerdos. Su propietario era el comandante Ziereis, que cuando se enteró de que había un veterinario prisionero, lo puso al frente de la granja. Al darle tal encargo le dijo al veterinario Julio: “La vida de un prisionero español me importa muy poco al lado de uno de mis hermosos cerdos. Para mí, un cerdo de éstos está muy por encima de cualquiera de vosotros, porque sois unos subhombres”. No era Julio un subhombre, sino un hombre entero, pues ayudado por sus dos hijos y por su amigo Cabezas, se dedicó, durante los cinco años que estuvo sometido al terror de ese campo de muerte, a organizar un grupo de auxilio a sus compañeros, salvándoles la vida a muchos. Encargó a su hijo llamado como él, Julio, que transportara patatas y remolachas, destinadas al alimento de los cerdos, a un escondrijo de las porquerizas para dar de comer a los compañeros más extenuados, evitándoles la muerte. Al acabar la Guerra, se dispersaron por el mundo, muriendo Don Julio en Montevideo el año de 1961. Su hijo Julio Cesáreo no pudo resistir a la llamada de volver a España y regresó, desde Montevideo a Sariñena, donde murió el año de 1994. Allí está en el cementerio y no se le oye hablar, pero uno escucha los gestos nobles de unos aragoneses monegrinos, amigos de la humanidad y Julio, como veterinario, de los animales.

martes, 9 de junio de 2026

El humor absurdo de un aragonés



Un día de San Lorenzo, del que ya han pasado unos cuantos años, al salir de su iglesia en forma de parrilla, me encontré con Pablito Llanas y con su buena esposa y nos sentamos en el banco que se encontraba en la parte anterior de la antigua casa de la Navalesa, en uno de cuyos balcones, durante muchos años vivió un lorito, frente a casa de Llanas. ¡Qué recuerdos me trae a la cabeza la visión de dicha casa de Llanas, donde nació Pablo y a la que iba yo con mucha frecuencia a ver a mis primos, el mayor Pablo, tío de mi acompañante, el segundo José Antonio, farmacéutico, que llegó a ser gran escritor y Alcalde de Huesca, el tercero Lorenzo, que se fue al cementerio a los veintiun años y por el que reza con frecuencia un gitano amigo mío, que se acuerda de él y la cuarta Lourdes, que me regaló una medalla, que todavía llevo colgada en mi cuello!.Mi pobre sobrino Pablo, no podía entrar en su vieja casa y no había encontrado todavía a su hermano José Antonio. Al contarme el pesar que sentía por ello, se puso a hablar del humor aragonés y me decía las siguientes absurdas palabras:”Maigando patatas, te vi la liga. Como era colorada se espantó el macho. El cura que lo vio, vendió la burra y el campanario. ¡Ridiós ¡, quedó conforme”. Después de la absurdez de sus palabras, me dio la impresión de que se quedaba tan tranquilo.

En aquellos momentos llegó por ahí mi amigo el herrero artista Fernando Bergua,que me entregó unos viejos papeles del año 1919.En ellos se dejaba ver la formación que se daba a la piedad de los niños, entre otros, con estos versos: ”Quien tuviera lengua de ángel/ para cantar tu bondad/, ¡oh Corazón Sacratísimo!, de amor inmenso volcán”. ”Te diré ,Corazón Santo/ que esta casa siempre fue tuya/,Jesús amoroso de María y de José”.”Sus amigos ,San Antonio/ y el Arcángel San Miguel,/ San Lorenzo , San Viente,/ Lucía y Santa Isabel”. Pablo ,emocionado de escuchar tales palabras, dijo que había oído hablar de la señora que las escribió, para bendecir su casa. Dijo también que dicha señora, le había llevado a nuestra común tía Luisa a la Torre de Casaus, un patito para que se lo guardara en la piscina. Al día siguiente lo encontraron muerto y Pablo renovando su absurdo estilo aragonés, se expresó así: ”La pollita natatoria está más tiesa que doña…,cuyo nombre me abstengo de escribir”.

En otro papel pedían las niñas Pepita, Loreto e Isabel a los Reyes Magos “un cuarto de baño de juguete para las tres”, despidiéndose así: ”Esperamos será tanta vuestra amabilidad que nos haréis la merced que os pedimos, por lo cual, os anticipamos nuestro sincero agradeciiento. De todos modos recibiremos contentas vuestra superior resolución”.

No me parece muy absurdo el lenguaje con que alguna persona mayor escribía estas cartas y consagraciones, que se parecían a las todavía más humorísticas y de escaso sentido de Pablo, pero me parece más natural, más comunitario y unificante, para practicar la fe cristiana, desfilar en la procesión del oscense San Lorenzo, los niños con sus trajes regionales, los danzantes con sus espadas, los músicos con sus instrumento musicales, los timbaleros con su timbal y con sus clarines, los clérigos con sus correspondientes ornamentos y la juventud en general, con su pantalón y camisa blancos, estrechando sus cuellos con una pañoleta verde.

lunes, 8 de junio de 2026

El ballet de los caballos




Ay, cuanto de dolor

Está presente

Al infante valiente,

A hombres y caballos

Juntamente.

En las fiestas de San Lorenzo, se han hecho clásicas las corridas “a caballo”;para mí, éste es el mejor de todos los espectáculos que tenemos ocasión de contemplar. Y por muchos motivos. No hay caballero sin caballo, pues una vez apeado el jinete “motu propio” o ha sido apeado por el noble bruto, se convierte en caminante o peatón.

¡Qué simbiosis hacen caballero y caballo!.Incluso la mitología la ha consagrado, creando la figura del centauro. Los aztecas creían que los jinetes españoles eran un solo ser, con su caballo. La compenetración entre dos seres vivos(caballo y caballero), para mí constituye una amistad muchas veces superior a la que existe entre dos personas.¡Cómo se unen los dos, caballero y caballo, para defenderse de los embites y ataques del toro bravo de afiladas astas!.Estamos contemplando una posible tragedia; de todas formas tragedia real porque es preciso que uno muera. Pero en tanto se produce la muerte, estamos en el ambiente de un ballet, de una elegancia difícilmente superable. Hasta el caballo tiene elegancia y coquetería, arqueando el cuello y la cola, con las crines trenzadas.

Nunca la máquina podrá superar al caballo. Sería hermoso que la gente pudiera tener caballo, pero es imposible en la vida moderna. En las casas se hacen aparcamientos, pero sin pesebres y a los caballos es necesario darles de comer todos los días. Además el pienso es un problema y caro, pero esto no supone el último triunfo de los automóviles, porque aunque se hacen garajes, no se crean los necesarios, llenando todos los lugares de la ciudad. Sólo beben cuando circulan, pero esa bebida es cara y dicen que se acabará. El “estiércol”sale por el tubo de escape, en forma de dióxido de carbono, etc., y contamina la atmósfera de las ciudades, que se van tornando invisibles. De todas formas la batalla está ganada, de momento, por las máquinas, que han hecho imposible la convivencia del hombre con los animales. Pero ¡cuidado! porque en esta guerra, las próximas víctimas seremos los hombres. Los hombres, que nos hemos masificado, que hemos sido gobernados por reflejos, ante las mismas situaciones y que nos vamos tornando en máquinas-robots. Si van desapareciendo nuestros compañeros de convivencia cósmica, es decir los caballos, ya podemos poner nuestras barbas a remojar. Por eso, id a contemplar ese espectáculo, que es un retornar hacia un pasado, donde era posible la convivencia :¡si, de hombres y caballos juntamente!.

domingo, 7 de junio de 2026

Las Pajaritas









El Monumento a las Pajaritas, que se alza entre los frondosos árboles del Parque de Huesca, lo diseñó Ramón Acín Aquilué el año de 1930.¡Cuántos admiradores de tales aves volanderas, lo han contemplado y en sus cerebros ha provocado multitud de bellas ideas!. A mí me ha llamado la atención el pensamiento del aviador Luis Ferreira Escartín, con el que se imaginaba ver las Pajaritas, no sólo estáticas contemplándose mutuamente, sino volando libres sobre los cielos de la Hoya de Huesca. Él, acostumbrado a volar en los planeadores que comenzaron a lanzarse al aire por aquellos años, soñaba en contemplar la belleza de aquellos paisajes, acompañado en su vuelo por las Pajaritas. ¡Qué feliz se sentía, soñando, como ascendería por aquellos espacios, que unen el Cielo con la Tierra!.

Estaban Ramón y su esposa Concepción, sentados, hablando de las pajaritas, encerradas dentro de una jaula. No se encontraban plenamente felices, porque se sentían ambos prisioneros sobre sus sillas, como las Pajaritas se contemplaban una a otra, sobre el Monumento. Les debió parecer triste el no verlas volar por el espacio, como años después los pilotos de los planeadores oscenses, soñaron con volar unidos a ellas, por el espacio de la Hoya de Huesca.

sábado, 6 de junio de 2026

El Skylab

 



Igual que al mejicano, según explica el corrido, se le acabó la fuerza de su mano derecha, a todos nosotros se nos acaba la energía que mueve nuestros coches. El caballo del mejicano debía tener la boca fuerte, y sólo con su mano izquierda, el caballero tenía dificultades para dominarlo, con lo que corría el peligro de que lo descabalgara violentamente.

Si se acaba la gasolina, ya no se desbocará ningún automóvil, aunque nuestras manos, derecha e izquierda tengan capacidad sobrada, para girar el volante a la izquierda y a la derecha. ¡Qué bien se lo pasarán los niños!. Se subirán a bordo de los coches, abandonados a lo largo de las avenidas y a lo ancho de las plazas y girarán sus volantes, al mismo tiempo que harán pedorretas con sus labios, para imitar el sonido perdido de los tubos de escape. Los muchachos formarán equipos integrados por el piloto y por los empujadores-boys, que subirán los trasto móviles o empuja móviles a la plaza de la Catedral, desde donde bajarán en punto muerto, en una velocidad que no será la primera, ni la segunda, ni la directa, sino la endiablada, para detenerse, no con el freno de mano ni con el de pie, sino con el de pared.

Algún campesino, que por error haya conservado su burro, le pondrá la vieja collera, que tenía colgada en la falsa llena de telarañas y con unos tirantes de soga o de cadena, lo enganchará al coche y con este nuevo vehículo, al que llamarán burromóvil, llevará las verduras o la leche al mercado.

Los gitanos que casi habían perdido su identidad como chalanes, encontrarán una nueva edad de oro, pues sacarán burros de debajo de las piedras, y si no, los traerán de morería. Sugiero a los que tienen familia en los Pirineos españoles y sobre todo en los franceses, que se procuren dos mastines, que para arrastrar a un coche ligero sustituirían perfectamente a un burro. Estos solípedos quedarán ennoblecidos, porque los coches se medirán por burros reales en lugar de calibrarse por caballos fiscales. Si se consigue el aislamiento térmico de los automóviles, tal vez se alivie el problema de la vivienda. Se podrían poner cara al sol de mediodía con los cristales cerrados y al llegar el ocaso, convendría echar unas persianas, que evitarían la pérdida de calor solar.

Durante la noche, el aliento de los asnos o los perros provistos de caretas y dirigido por un tubo al interior del coche, mantendría una temperatura agradable. Si se quiere aumentar el calor, me dijo una vieja que con “un pedo y una bufa, la cama como una estufa”.

De todas formas no creo que suceda nada de lo que he imaginado, pues el Skylab, el satélite que dicen que va a caer por aquí, ha detectado yacimientos de petróleo sin cuento.

Habrá que tener cuidado, porque si nos cae el satélite ese en las costillas, igual nos puede dar que haya automóviles, como que haya burromóviles.

viernes, 5 de junio de 2026

Pablo Neruda







La Vida me va resultando como un espectáculo en el que ya de niño veía a mi maestro revestido con un guardapolvo, con sus gruesas gafas y su boina, que casi nunca se quitaba y luego con otros niños hacíamos barro orinándonos en la tierra y creábamos huertos imaginarios. Empezaba a ver la vida en los “cucos” que envolvía en un pañuelo, en la burreta torda de mi casa y de la que todavía guardo su pesebre y en mis compañeros de la Escuela de Siétamo y empecé a ver la muerte, al enseñarme el cuerpo de un muchacho que se agarró a un camión con su bicicleta y lo aplastó. Estaban los fieles dentro de la iglesia y el difunto dentro de su fúnebre caja, bajo los arcos de la Lonja y un joven, ante mi curiosidad, la abrió y una moza me levantó y vi su figura yerta, pero bella. De estas contemplaciones de hechos cotidianos o, según Unamuno “intrahistóricos”, antes de cumplir los seis años pasé en un instante a verme introducido en los hechos históricos de la Guerra Civil. Un día, que sería del mes de Julio o de Agosto, un cañonazo sonó cerca de mí y a continuación no cesaron de oírse los tiros de los fusiles y los traqueteos de las ametralladoras. A mi padre le pidieron las llaves del sótano del Palacio del Conde de Aranda, para meter en ellos a los detenidos, pero mi padre se negó porque aquel lugar le parecía tenebroso y cruel. Luego el jefe de la zona le dijo que se fuera a Huesca con su familia y tuvo que ir por la provincia de Huesca hasta Zuriza, con intención de pasar a Francia. No hizo falta tal emigración, pero me acuerdo de cómo otros, por ejemplo Pablo Neruda hizo viajes más atractivos y más curiosos por todo el mundo. Cien años se han cumplido del nacimiento de este poeta y cerca de setenta hace que fui con mi familia en peregrinación por Huesca, Jaca, Ansó y Zuriza. Por aquellos años de mil novecientos treinta y cuatro estaba Neruda en Madrid, donde parecía que el ambiente olía a una próxima Guerra Civil, que cuando llegó, le hizo escribir: ”Creo que esa época va a ser revalorizada históricamente en forma independiente a las pasiones políticas. Y va a asumir una categoría que hasta ahora no se reconoce…porque tuvo tales dimensiones que fueron …sumergidas en la sangrienta guerra que conocemos, que naturalmente los españoles todavía no se han detenido en el examen de sus pérdidas y de sus valores”. Los hechos que durante ella ocurrieron, tocaron su corazón de poeta, lo que le llevó a repetirse: ”Creo que esa época va a ser revalorizada históricamente en forma independiente a las pasiones políticas” y se dio cuenta de que España podía “sentirse orgullosa de aquella época” del 27 y sintió el dolor de la muerte de aquel Miguel Hernández que “hasta entonces era un genial aprendiz de poeta”; tuvo que llorar la muerte de Federico García Lorca, que ”era uno de los poetas más extraordinarios...en que está unida toda vida física y la biológica con los menesteres del alma y de la poesía”. El concepto que Neruda tenía de España iba unido a su amistad con sus poetas y no es un recuerdo como el que aparece en 1935, cuando publicó su obra: Residencia en la Tierra, en la que escribe las experiencias que había vivido en sus misiones diplomáticas en Ceilán, Birmania y llegando a ser cónsul en Colombo y en Singapur. El mundo musulmán y el hindú le inspiraron versos que recuerdan la geometría musulmana, a la que podemos admirar contemplando los mosaicos de sus mezquitas, incluidos los mudéjares que están revistiendo algunas capillas de nuestra catedral oscense. Neruda, al escribir su memorial de la Isla Negra, hace un canto al “desencanto” de todo lo humano, deja sólo la ilusión de los árboles, los ruidos que producen los insectos en la selva y el ruido inmenso de la naturaleza, lo que hace que en él no permanezca la verdad del hombre y no mezcla “la vida física y la biológica con los menesteres del alma y de la poesía”, como él mismo escribió que hacía García Lorca. El recuerda las batallas de los indios chilenos o araucanos y le lleva a cantar la gloria de Alonso de Ercilla, pero se abstiene de cantar la gloria del vencedor español y canta el heroísmo de los araucanos. Y Neruda se concentra en la recolección de todas las cosas que encuentra y de otras que pierde, como yo al ensuciar mi pañuelo aquel insecto con su “sangre “ de color verde, tiré dicho pañuelo, pero un segador, un hombre íntegro, me lo trajo luego a mi casa. Yo en las más cercanas salidas de mi pueblo, recogía también “esquilas con su cañabla”, caracolas, botes de farmacia, insectos, aparejos de caballerías, candiles de aceite y abarcas. Pero Neruda además se recogía lupas, mascarones de proa, vajilla procedente de bares y de tabernas, etc, etc, que exhibía en sus residencias, como en la de la Isla Negra, donde se oyen y se ven las olas poderosas del Océano Pacífico. Allí contemplaba sus objetos, lo que tal vez le impedía subirse a hablar con el Creador. En los libros de Neruda de los que dispongo, trata poco del hombre y mucho de las mujeres, recordando sus contactos con ellas, con versos como estos: ”Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,-te pareces al mundo en tu actitud de entrega”. El nombra el alma de García Lorca, pero no recuerda demasiado el alma humana. Tampoco cita mucho a los animales, pero canta a la madera, al fuego, a la lluvia, al aire, al tomate, a la zanahoria y a la alcachofa, en la que ve las formas humanas de un guerrero. Yo desde mi casa de Siétamo veo Fraixinito o Fraxineto, el pico y el tozal de Guara, que nos separan el Somontano de la Montaña y tengo, como Neruda colgadas las abarcas, los cepos y los hierros del caldero del hogar, donde los campesinos se unían alrededor del fuego y contaban sus trabajos y sus aventuras con el uso de los cepos. También entre mis recuerdos cuentan los de mi hermano el marino, como mapas y cartularios. Pero el poeta tenía el inconveniente de que su padre le era hostil y tal circunstancia le llevó a cambiarse el apellido paterno de Reyes por el del escritor checo Neruda. Neruda, al llegar el ocaso se asomaba hacia el océano y hacia los Andes y veía el grandioso espectáculo del crepúsculo: ”grandiosos hacinamientos de colores, repartos de luz, abanicos inmensos de anaranjado y escarlata”.¿No tendría Neruda algún proceso psicológico, al ver tales maravillas, que lo llevaría a olvidarse de su padre y de su apellido?.El poema diez de su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en su final dice hablando del crepúsculo: ”siempre, siempre te alejas en las tardes-hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas”, como si ese crepúsculo le borrase la idea de Dios. Hay quien asemeja a Neruda con Picaso, pues ambos dedicaron parte de su arte a Stalin; Neruda le cantó con su poesía y Picaso le ofreció un retrato. Ambos fueron premiados con el premio de la Paz, en la Unión Soviética. Neruda tuvo un compromiso político con el paraíso comunista y esa poesía política es lo peor de la obra de Neruda. Aquel hombre tan poético en sus cosmologías se torna vulgar y pasado de tiempo en sus panfletos, que él querría convertir en divinos. No hizo como Sartre, también comunista que al estar próximo a su muerte, escribió: ”He luchado denodadamente por un mundo en el que no me gustaría ser ciudadano”, pero Neruda dio un nuevo cambio, volviendo a la poesía dedicada a los objetos corrientes, a esas vulgares cosas que tienen, muchas veces, la virtud de devolver la alegría perdida. Pero siempre me acordaré del poema número veinte, que dice así: : “Puedo escribir los versos más tristes esta noche.-Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,- y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.-El viento de la noche gira en el cielo y canta.-Puedo escribir los versos más tristes esta noche.-Yo la quise, y a veces ella también me quiso.”

jueves, 4 de junio de 2026

Campanas en Madrid


A mí me suenan todavía las campanas, unas veces alegres, cuando empiezan las fiestas y otras tristes, cuando llevan el cuerpo de una persona al cementerio. Ese din-don-din-din, que sale de las distintas campanas, llena de alegría los corazones de los habitantes de los pueblos y les induce a bailar moviendo sus piernas, acompañadas con los movimientos de sus brazos y de sus manos. Ese lento dommm-dommm que acompaña al cortejo fúnebre, mueve las glándulas lagrimales de las mujeres, de los niños y de los hombres, que sienten el alejamiento del difunto, pero cuando el dommm-dommm parece que se acaba, se llenan de esperanza sus corazones, al lanzar la campana un nuevo dommm-dommm, que renueva la esperanza.


Yo me lamentaba de ver como en los pueblos ya no quedan campaneros y como en las ciudades, suenan las sirenas, pero las campanas ya casi no se hacen sonar. Parece que la vida moderna se va olvidando de las campanas, como si tratara de hacer a los humanos inmortales; lo somos y no tenemos que olvidar el uso de las campanas, que nos lo recuerdan. Hoy he escuchado sonar el bronce, golpeado por sus badajos, de unas campanas en la moderna catedral de la Capital de España y he comprendido como el hombre agrupado en las grandes ciudades, todavía siente el lenguaje de la campanas. Antes cantaban aquellas coplas que decían: “Campanitas de la aldea, din -don, que llamáis al amor mío, din.don-din-don, ¿por qué llamáis tan temprano, que hace frío, mucho frío?”. El amor del que cantaba la copla le hacía respetar el bienestar de su amada y le dolía el temprano sonar de las campanas, porque le haría pasar frío. Pero las campanas que hoy, día Once de Marzo se han escuchado en Madrid no producirían frío en los que las oían, sino que provocaban calor en sus corazones y esperanza en sus inteligencias, porque estaban silenciosos y no decían nada, pero comprendían mucho la lengua, que pronunciaban esos sonidos porque los madrileños se acordaban de sus padres, de sus hijos, de sus amigos y de sus órganos lesionados o perdidos. Algunos parece que entendían al poeta Federico García Lorca, en el decir de las campanas: Dim-dom ¡un hijo!,dim-dom, “¡un hijo,” dim-dom “¡un hijo, que no era más que suyo”, dim-dom, “porque era su hijo!”. Dim, dom ¡su hijo!, dim-dom ¡su hijo!dim-dom ¡su hijo!. Parecía, sin embargo que aquellos muertos eran hijos y hermanos de todos, porque todos lloraban y a mí, también, me caían las lágrimas de los ojos.

Julio Casabona, un veterinario aragonés en Mauthausen

Cuando uno visita los cementerios, no oye el sonido de las palabras ni los lamentos ni las risas de los seres humanos, allí enterrados, pero...