domingo, 26 de julio de 2026

El Santo Cristo en su capilla, adorado por la Madre Berride


 

Dijo el Señor Obispo Don Javier Osés  en la misa gregoriana de la Catedral, el día uno de Marzo de 1997 : ”Todo es templo para alabar a Dios. El Templo lo habitamos todos, en esta Catedral de piedras, como nosotros somos piedras de la Iglesia”. Efectivamente, todo es templo para alabar a Dios, pues muchos oscenses, que son piedras de la Iglesia, lo alaban cuando caminan por los montes y  por su misticismo se sienten hijos de Dios en todos los lugares por donde pasan. Y si alguno no se siente unido con Dios, de repente siente que  le pregonan la presencia del Ser Supremo desde la Catedral , que se contempla desde grandes distancias o desde San Lorenzo, Santo Domingo o por  la pequeña capilla de San Antón de Casa Güerri, en la Calle de San Lorenzo, por la que camina.  Por la parte oriental de la capital enseguida se observa el antiguo Castillo-Monasterio de Montearagón  y cerca de Loporzano,  debajo del Pantano de Vadiello, se ve, rodeada de olivos, la Ermita de la Virgen del Viñedo. Si sube por el Norte puede meditar sobre el convento de San Miguel y sobre la Virgen de Cillas o pedirle a Santa Lucía que le conserve la vista. Si va caminando por el Poniente desde la histórica Ermita de San Jorge, acaba su paseo  en  la Ermita de Loreto.   Y por el Sur verá la románica Ermita de los Dolores de Monflorite, unida en otros tiempos al Convento de frailes que ocupaban el edificio,  que más tarde se convirtió en la Zona. Vayas por donde vayas, te encontrarás oscenses que visitan esas ermitas y presidiendo desde arriba en la Capilla de la Catedral, está el Santo Cristo de los Milagros, “ardiente llamarada “, como lo llama el profesor Buesa, que reparte la luz sobre todos los templos que he citado y como dice Don Javier Osés, sobre “Todo el Monte de Huesca que es templo para alabar a Dios”. Pero no sólo en la actualidad los oscenses van de ermita en ermita alabando al Señor,  como los romeros, sino que he visto romerías y peregrinaciones de las gentes de Huesca y de su Comarca. Unas veces iban a Loreto, que casi llegó a encontrarse en ruinas, hasta que lo restauraron y otras  a la Ermita de Jara,  reconstruida totalmente, movidos por la devoción  del hortelano Daniel Calasanz y de otros oscenses. Pero ya casi no nos acordamos de antepasados oscenses, que recorrieron todas las ermitas citadas y tenemos en los años ya lejanos de 1.658  a la Madre Berride,  nacida en la Plaza de San Martín en una casa que tenía  una terraza y desde ella,  se veía la Ermita de Salas. Tenía por entonces la ilusión de ir a despedirse de la Virgen de Salas y su hermana se vio en la obligación de ayudarle a subir a la terraza, para despedirse de la Virgen y  rezarle una oración. Por la cara norte, miró hacia la Catedral, para decirle al Santo Cristo : ¡hasta pronto!. Es que la madre Berride amaba tanto a Cristo, Dios y Hombre Verdadero, que en la iglesia de Santa María de Foris, que también está en restauración, había un hermoso Niño Jesús  y ella se lo quería llevar consigo.  Su madre le dijo que Jesús se había entregado a toda la humanidad y ella podría amarlo siempre. Así ocurrió porque si de niña amaba al Niño Jesús, de mayor estaba unida al Santo Cristo de los Milagros, al que pedía por la paz durante la Guerra de Sucesión y para que lloviera, para que se fructificaran  las cosechas, que evitaran pasar hambre a los oscenses. En cierta ocasión acudió con el pueblo de Huesca a la Ermita de Loreto, para pedir la lluvia. Esta cayó tan copiosa que las autoridades, se quedaron a dormir en Loreto, pero la Madre Berride, aguantando la lluvia volvió caminando a su casa de la Plaza de San Martín. Cuando hay que ir a rezar al Santo Cristo, acuden a su capilla multitud de oscenses y de vecinos del Somontano y en cierta ocasión cuando por la noche caminaban de romeros algunos vecinos de Siétamo, al llegar a las Casetas de Quicena, cayó una fuerte tormenta. Se refugiaron los peregrinos bajo los aleros de una de las casetas del Barrio, pero salió uno de sus dueños y los hizo entrar en su domicilio. En otras circunstancias iba a visitar al Santo Cristo de los Milagros a su Capilla y entraba en éxtasis, en que pasó en algunas ocasiones, varias horas. Gozó desde niña del Niño Jesús, en la Iglesia que está al lado del antiguo Hospicio, hasta vivir éxtasis, acompañando al Santo Cristo de los Milagros en la Catedral. Pero, como buena oscense, recorrió la Ermita de Santa Lucia, la de Los Dolores de Monflorite y entre muchas más, la del Virgen del Viñedo, en Castilsabás. Según los racionalistas, cuando se acaba la razón comienza el sinsentido, pero Don Javier Osés, se daba cuenta de que, empieza el misticismo. Lo mismo le ocurría a la Madre Berride porque ella se daba cuenta de que  el fin de la racionalidad no conduce al sinsentido, porque, con su misticismo    veía que no se acababa la vida de la humanidad con la muerte de los que a sí mismos se llamaban racionalistas. Murió Cristo,  pero resucitó.  Y como creía en la continuidad de la vida humana, paralela a la vida eterna, profetizó que se crearía un convento de Dominicas Terciarias, que enseñaría y educaría a las niñas. Efectivamente sus seguidoras, como  la Madre María Lay, a los trece años de su muerte, abrieron el convento de Santa Rosa, pues un sacerdote, pariente de mi abuelo  Ignacio Zamora Blasco, dio el dinero para comprar una casa.    La razón no se ha perdido porque el Señor es la Razón Absoluta y se hizo hombre, se hizo el Redentor de los hombres y es venerado por los oscenses en el Santo Cristo de los Milagros, porque el misticismo ayuda al hombre a alcanzar, algún día la Razón. Esto parece que expresa la oración al Espíritu Santo, cuando dice: “Envía, Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”. Y entre los oscenses la mística los acerca a  la ermita  de   Los Dolores de Monflorite, a la iglesia de Santo Domingo, a la Virgen del Viñedo Somontanés, a la hermosa ermita de Salas y a Loreto, como la madre Berride, acudía a todas ellas a venerar a la Virgen y amarla como ella la amaba.  Porque la Madre Berride sentía en su corazón místico, una llamada, que la llevaba “a comulgarse a la iglesia Catedral y le infundió un especial amor a la Capilla”, donde los oscenses adoramos al Santo Cristo de los Milagros.


viernes, 24 de julio de 2026

Los pueblos se acaban



La vida de los pueblos se va acabando poco a poco, porque en el Ayuntamiento de Siétamo quedan en el núcleo de Arbaniés muy pocos habitantes, ya ancianos y muchos se han muerto, como la señora Carmen, dueña de una hermosa casa con unas rejas de forja artística. Le dio al pueblo un céntrico y hermoso lugar para construir una piscina. En Castejón de Arbaniés, que prácticamente se está acabando, pero a pesar de su terminación, van acudiendo castejonenses, a la vieja Escuela, que convirtieron en un hermoso salón, donde acuden a conversar algunos antiguos habitantes, que se marcharon a Huesca y no pueden olvidar su hermoso pueblo, Castejón, desde el que se contempla la Sierra de Guara. Allí va con mucha frecuencia la que fue buena Alcaldesa de Siétamo, Marina Viñuales. Hacia el Este de Siétamo se alza el noble pueblo de Liesa, que en siete pórticos de siete casas, se exhiben siete escudos infanzones. Dentro de una iglesia, en la que se ven hermosas pinturas, tal vez románicas y saliendo hacia Ibieca, se pasa por debajo de la Ermita de Santa María, de donde se llevaron un cuadro románico, que representaba el juico y martirio de San Vicente, a Huesca capital. He conocido en Liesa a muchos, entonces ancianos, que se fueron a otro mundo y hoy, cuando llegas al pueblo, ya no tienes con quien recordar tiempos pasados. En Siétamo, con el Castillo-Palacio desaparecido, se hicieron numerosos chalets de los que unos están poblados, pero muchos vacíos de vecinos. Son dos las partes de su población, una la antigua y otra la más moderna, que compraron sus numerosos chalets y a ellos van a dormir muchos y otros acuden a comer o a cenar y a llevar sus hijos a la Escuela. La población clásica, va como la de Arbaniés, Castejón y Liesa, desapareciendo poco a poco, en tanto la población nueva, una parte de ella, sigue viviendo en Siétamo con constancia, en tanto otra parte va desapareciendo, en algunos casos vendiendo sus recién compradas viviendas. La gente antigua se trata, conserva la amistad, pero a pesar de sus costumbres, tiene cerradas las puertas de sus casas, que antes siempre mantenían abiertas, y han hecho desaparecer las gateras, por las que entraban y salían los gatos. Los nuevos habitantes, en su mayoría, han hecho amistad con los clásicos moradores de Siétamo, en tanto bastantes no se comunican ni con los viejos ni con los nuevos. Les parece que están poblando un pueblo dormitorio. Ya van quedando menos labradores y ganaderos, que sienten que los nuevos digan que sus animales ensucian y hacen que huela mal el ambiente. Yo,  en esta tarde lluviosa y oscura, he acudido a ver a la señora Joaquina de Bruis, de apellidos Larraz y Latre. He venido a verla porque se ha caído y se ha roto un brazo. Al entrar en el patio de casa, he encontrado un gato que quería salir de casa, pero no podía por carecer de gatera para hacerlo. Los gatos necesitan entrar y salir, pero sin gatera ven su vida entristecida. He subido a la sala, donde se nota un agradable calor, producido por un hogar en el que arden tizones de carrasca, como ardían en esos hogares, ya hace siglos. Pero alrededor del hogar, que con el fuego de la leña, reparte el calor y en su alrededor, estaban mujeres y hombres con apellidos de toda la vida, a saber, Borruel Caborbaya, Lobateras Arnillas, Carmen de Gaspar y yo con el apellido Almudévar Zamora. Los viejos pobladores de Siétamo nos necesitamos los unos a los otros  y Joaquina es la mujer de Siétamo más ligada con la amistad de todos los habitantes, los antiguos y los nuevos. Es una mujer que ha trabajado toda su vida, unas veces conduciendo la “tocina” a Castejón a cubrirla con el verraco, que allí mantenían, otras veces trabajaba en el Molino Viejo, cogiendo verduras y frutas. También recogía dulces, litones, fajos de leña por el monte, cuidaba las gallinas y los pollos, que todavía conserva y cuando iba a la playa, se traía pichones blancos, que en dicha playa le regalaban los guardias municipales. Joquina ha sido aficionada a la literatura del pueblo, pues sabe un romance compuesto por su padre, de los bueyes que llevaban a “apajentar” por cerca del río. También se acuerda de las letras de numerosas jotas que cantaba su padre. Es pariente del cantor humorístico Carlos Latre, que en Barcelona cultiva lo que Joaquina ha cultivado toda su vida. El padre de Joaquina compuso y cantaba este romance: ”El oficio de boyero es un oficio muy chulo/ toda la semana labra y el domingo, lo primero./ Lo primero es ir a misa, lo segundo es almorzar/lo tercero es el pensar, dónde hay que ir a hacer mal./ allí en las huertas del Piojo, hay un alto panizar. / ¡Entra negro y entra blanco!, porque allí,  os podréis hartar./Nos sacamos la baraja, nos ponemos a jugar./Mora se jugaba un duro, Labarta sólo un real,/ Moreta el pan de la alforja, por no llevar capital. Ahora en que los pueblos van cayendo poco a poco, se podría volver a cantar la misma jota, con la que se quejaban, después de la Guerra Civil: ”Siétamo ya no es Siétamo/Siétamo de mucha fama,/ un labador sin cubierta/ y una torre sin campanas”.

jueves, 23 de julio de 2026

LAS CORBETAS


Corbetas en el nido

He oído, desde la galería, alboroto en el corral; me he animado y un coro de graznidos ha herido mis oídos. En lo profundo del corral, una pareja de pequeñas cornejas o corvetas va andando torpemente  y mirando hacia arriba, sobre las bardas del corral, a don cornejo y doña corneja con la cabeza del color de la ceniza, que avizoran a sus hijos para bajarles el cebo, sin que corran peligro. Tienen su nido en la bóveda de la iglesia, donde entran por una pequeña ventana de arco, que para ellas es la puerta de su casa; pequeña casa y rústica de palos y yerbas secas, pero segura y abrigada contra las inclemencias del "orache", por un inmenso tejido, tejido de vigas, de maderos, de cañizos y de tejas. No son los únicos inquilinos de tal mansión pues conviven con lechuzas y palomas; con estas no mantienen relaciones de buena vecindad, pues se comen sus huevos suculentos y tratan de desplazarlas de esos lares. Con las lechuzas no parece que sus relaciones sean mejores, pero han llegado a un modus vivendi, porque sus horarios no coinciden. Durante el día, cuando luce el sol, bajo la arcuación de la pequeña ventana, que para las aves de que hablo es la puerta de su casa, son las cornejas las que se asoman, toman el sol, otean el horizonte y entran y salen; allí también alborotan como esas viejas, vestidas de negro, lo hacen bajo el arco de piedra de la puerta de sus casas somontanesas, pero por la noche, quien ocupa el portal es la reina de la obscuridad, de enormes ojos, la que todo lo mira y lanza su monótono chist-chist, como si fuera una monja de hábitos blancos encargada de imponer el silencio en el convento, en este caso el convento enorme del Valle del Guatizalema, lleno de lamparitas estrelladas y presidiéndolo todo una enorme lámpara que es la luna, que se refleja en el río, en los charcos y en las balsas y que a veces traiciona el sigilo de la lechuza, a la que se ve su plumaje sedoso y blanco y el movimiento curioso de su cabeza y de sus ojos enormes y redondos. Las crías de las aves nocturnas y diurnas, cuando son volanderas, se asoman con frecuencia al exterior, agitan sus alas, como entrenándose para iniciar su lucha por la vida, a veces caen al suelo al ser empujadas por sus hermanas de nidada y otras veces su impaciencia juvenil las hace bajar antes de hora de su nido familiar. Al caer al corral, sus paredes les impiden el vuelo rasante, único que su falta de entrenamiento les permite realizar. Si no son víctimas de alguna gallina clueca, que ve en las pequeñas cornejas enemigos de sus pollitos o de alguna oca de pico enorme, sus madres las alimentan por unos días, hasta que saben volar hacia las bardas de la pared del corral, que les sirve de rampa de lanzamiento en su vuelo hacia la libertad.
En el caso de mis dos corvetas, tuve la satisfacción de comprobar como salían airosas de la torpe aventura juvenil, que las había puesto en peligro.
Si hubiesen sido pichones no sé si se hubieran escapado de acabar en una cazuela, guisados con cebolla.

miércoles, 22 de julio de 2026

Sobre Félix de Azara



El profesor Julio Contreras, de la Universidad Nacional de Pilar, ciudad del Paraguay, en la conferencia que pronunció en la Diputación Provincial de Huesca, dijo que más que pronunciar alabanzas y odas a los grandes hombres, lo que se debe hacer es ocuparse de su tarea, de su forma de ser y de su comportamiento y de su obra. Ahora los aragoneses estamos admirando su obra y no a él o a sus familias preocupan los acontecimientos de su vida, pero ya hace años que yo bajaba al pueblo donde nació Félix de Azara a ver la casa donde nació. Un señor, que supongo sería el encargado de la casa y del patrimonio de la familia descendiente de los Azara, me dio explicaciones sobre el ya antiguo coche de caballos, que descansaba en el patio de la casa, sin prisas de largos viajes, que su hermano José Nicolás, embajador en Francia, hacía a París tirado por caballos, que como seres vivos, se habrían muerto y nadie tenía memoria de ellos. Aquella casa ha sido después reformada y desde la antigua saldría José Nicolás hacia Huesca, pasaba por el pueblo donde había nacido su buen amigo el Conde de Aranda y con cierta frecuencia visitaba al compañero que con él,  convivió en París y con quien se escribía cartas. Según escribe Severino Pallaruelo:”Se detenía en el palacio de los condes. Admiraba los salones. Allí había libros y estampas, telas exóticas y muebles hermosos…ambiente donde desarrollar…debates acerca de la felicidad el género humano”. Estas palabras se encuentran en el libro “Bardaxí”, que estuvo casado con la única hermana de Félix y de José Nicolás. No sé si viajaría alguna vez Félix con su hermano, porque casi no tuvieron tiempo de conocerse en sus años jóvenes, pero se cumplieron los deseos familiares  al volver de América, ya que viajó a ver a su hermano a París. Yo, que de niño antes de la Guerra contemplaba el patio, las escaleras y algún salón del Palacio de los Condes, ahora veo las ruinas de dicho Palacio, del que conservo una mesa y dos sillas y he visto como desaparecía una gran cuna colgada en un muro del Castillo. Vivió Félix veinte años en la selva que hoy pertenece a Brasil, a Paraguay, a la Argentina y a Uruguay y en ella conoció multitud de hermosos y raros animales y plantas, cuyas vidas estudió, en lugar de dedicarse a hacer fortuna. Cuando marchó sentía en su corazón el separarse del río Paraná, de las plantas, de los indios mayás y de los guaraníes y de animales como los tuís y de los ñandús. Corrigió algunos errores del Conde de Bufón y fue un maestro de los naturalistas europeos, pero a medida que iba avanzando por el océano hacia España, recordaba aquellas bandadas de aves de colores y aquellas cascadas y se mezclaban sus recuerdos con los del paisaje del Somontano, desde Barbastro hasta Huesca, pasando por Barbuñales. Fue amigo de Goya, que dejó un magnífico retrato de Félix de Azara. El catedrático don Julio Contreras, nacido en Argentina y de origen catalán, resalta la cultura aragonesa, tratándola de prototípica de España y tal vez le inclinó por los aragoneses el nombre de la ciudad paraguaya  donde trabaja y que se llama Pilar. Cita a los almogávares y después a Goya, a Luzán, a Laín Entralgo, a los Azaras, a Ramón y Cajal, a Sender y a los Sauras, entre los que yo recuerdo. Dice que tal vez se entiende esta afirmación por la dureza del clima y de las rocas, esa vegetación magra, que influirían, por ejemplo en Ramón y Cajal y en Félix de Azara. Recordaba la visita que hace poco tiempo hizo junto con otros amigos a la tumba de Félix de Azara, que se encuentra en la cripta de los hermanos Lastanosa. Le pareció un lugar triste porque había poca luz y la tumba era pequeña y estaba al lado de dos enormes estatuas de los hermanos Lastanosa. Hubiera quedado más alegre  su tumba si hubiera estado en el territorio de Barbuñales, más iluminado por el sol, ya que hubiera recordado ese sol brillante que luce en el Paraguay. Una  impresión parecida le produjo a mi difunto amigo Angel Claver. ¡Que los jóvenes sigan el ejemplo de Félix de Azara!

martes, 21 de julio de 2026

Recuerdos de Fañanás


Vista aérea de Fañanas

Fañanás, que vives a las orillas del río Guatizalema, como Siétamo y entre ambos pueblos, bajando la meseta de los Planos, repartida entre los dos, todavía se aprecian restos del muro sobre el que se apoyaba una iglesia; ésta presidía  ese pueblo de Abrisén como una atalaya, desde la que se divisaba la llanura en la que había entrado el río Guatizalema. ¡Abrisén, que recuerda  el uso de las aguas, en sus orillas, por donde los hombres las sacaban, para regar sus campos y las mujeres para lavar las ropas! .Y ahora, con la presa de Abrisén, con acequias nuevas, para conducir el agua y es que  los de Fañanás se cuidan del aprovechamiento del agua. ¡Dios mío, qué visión se divisa desde el punto en que se asentaban las casas, al lado de la Iglesia!. En primer lugar se divisa la Ermita de Bureta, que parece un monasterio elevado sobre un tozal y presidido por la santa Madre de Dios y de sus hijos, los que habitan en el pueblo de Fañanás. Acudir en romería a visitar a la Virgen es un recuerdo imborrable para el qué alguna vez ha acudido y una señal de su fe, en aquellos que cada años han acudido y siguen acudiendo a contemplar a su patrona. Primero impresiona el ver a una Virgen tan bella y tan adornada, después uno admira la veleta donde un hombre está dirigiendo un arado, tirado por una pareja de bueyes, a los que guía una mujer. ¡Oh, la mujer y el hombre, unidos por hacerse felices mutuamente y educar a sus hijos!.Yo, en Fañanás, he conocido muchos ancianos y ancianas, que eran trabajadores y  piadosos y más tarde he tratado con jóvenes, que han seguido su ejemplo por la vida, en este mundo. Cuando uno sale de la ermita contempla la casa, que refugió durante muchos años a los santeros de la ermita y hoy invita a los peregrinos a encender el fuego en su hogar para calentarse y para asar sus alimentos. Después sobre la placeta que mira a Fañanás se alza una cruz de piedra, que ha rescatado el pueblo de los que quisieron destrozarla. Desde allí se ve el  pueblo, con su monumental Iglesia, que parece reunir en ella, los misterios de la tierra, en cuyos fondos quedan restos de monumentales bodegas, de las que los fañanenses, meditando, elevan por medio del templo a la torre, donde suenan las campanas, que alegran los corazones en los días de fiesta y recuerdan la vida eterna, en los de entierro.
 Al recordar esta situación privilegiada a las orillas de un hermoso río y protegidos por la Virgen de Bureta, comprende uno porque este pueblo no puede desaparecer y se alegra al ver las numerosas edificaciones que en él se hacen para que nunca esté sola la Virgen y sus hijos.      
Os he recordado en mi libro y por eso quiero felicitaros con motivo de la Navidad o Nadal, como decían nuestros antepasados, deseando que seáis muy felices y que conservéis esas sanas costumbres, que durante tantos años habéis practicado.

lunes, 20 de julio de 2026

El tren resulta bello en los Pirineos



Recuerdo cómo, cuando era un niño, subía en el viejo tren de vapor, a Canfranc, acompañado por las nubes de humo, que desprendía su locomotora. Otras veces me quedaba en Ayerbe, durante el verano, para gozar con el baño en las aguas del río Gállego. Los bancos en que nos sentábamos eran de dura madera, pero sin embargo me producían placer, en la compañía de los amigos que conmigo viajaban y de los compañeros de viaje, con los que enseguida entablábamos conversación. Aquellos humos tenían el inconveniente de introducirte en el ojo,  alguna carbonilla, que te molestaba en  sus mucosas.  Aquel ruido monótono, pero agradable te hacía olvidar de la carbonilla, para acompañar con nuestros juegos infantiles, la monótona música del cha-cha- cha, que producían las bielas del tren. En verano, cuando subía a la Villa de Ayerbe para bañarme en compañía de mis amigos, en el río  Gállego, a veces dejábamos los cristales de las ventanas abiertos, para que pasara el aire y nos aliviara del calor. En invierno, cuando desde las ventanillas se contemplaba el paisaje blanco pintado por la nieve, nos tapábamos con abrigos y bufandas y las ancianas y ancianos, se envolvían en mantillas, mantones y mantas. ¡Qué bello resulta el elevado paso  del tren, cuando  baja desde la altura de Murillo de Gállego, a la inferior altura del Pantano de la Peña!. Y dicen que por los Pirineos que nos separan, en lugar de unirnos con Francia, la instalación del Tercer Paso del Ferrocarril Europeo, que subiría de Marruecos a Toulouse, afearía el paisaje. Mis recuerdos de los viajes que hice por esos montes, son románticos y me acuerdo de las conversaciones que intercambiaban los viajeros y la ilusión que inundaba a los niños y niñas, viajando por aquellos precipicios.
Pero no son sólo los viajes que hice por el Sur de los Pirineos, sino los que he recorrido por el Norte de los mismos, como los que  me que han hecho, estos días, contemplar el “tren enano” de Laruns, que se observa como asciende a lo alto  del   pico de Laruns, lo mismo desde Fuenterabía u Ondarribía, como desde Hendaya.  Admira la belleza de este pequeño tren escalando a lo alto de la Montaña, pero más hace su ascensión gozar a sus viajeros, al contemplar como las alturas  pirenaicas bajan a mojarse en el mar Cantábrico.                     
Hace unos pocos años, subimos con mi nieto Pablo, desde el Formigal, pasando por el Puerto de Portalet, para llegar a la cola del Lago de Artouste, al que se le hizo una presa de granito en 1924, a dos mil metros de altura. Produce energía eléctrica y para construirla elevaban los materiales con el “petit train”, que en lugar de desarmarlo al acabar las obras, lo modernizaron para aprovecharlo con fines turísticos. Se sube al tren en esta parte próxima a Portalet y se hace el recorrido. Para llegar a la entrada, que utilizan los franceses, desde Pau y Lescun, se llega al lago de  Fabréges y  por una telecabina se sube a la estación del tren de Artouste. Este pequeño tren de Artouste dicen que es el que más alto que circula por Europa, porque lo hace por una montaña glaciar, es decir de hielos eternos, a unos dos mil metros de altura. Desde aquellas alturas se divisan todavía más elevados el Pico del Midi d´Ossau de 2884 metros de altura o el de Balaitous de 3.144. En aquel paisaje que aproximan las mentes a lugares más altos, propios del espíritu, se ven aves de rapiña, marmotas y animales que recuerdan a los sarrios.
Ahora se dice que pasar el ferrocarril que unirá a Africa con Europa, a través de los Pirineos,  que afearía tales montes, pero los mismos franceses, buscando la energía eléctrica pusieron un presa al lago de Artouste. Fueron inteligentes, porque, al acabarla, hicieron de su obra un complejo turístico envidiado por el mundo.
¿Por qué han de oponerse hora a la construcción del Tercer Paso Pirenaico, del ferrocarril, cuando ellos siempre han buscado el comunicarse a través de la ciudad de Toulouse con Zaragoza?. En Huesca y en otros puntos del Alto Aragón y de Navarra, el nombre del Conde Roldán, está expuesto a la vista de los viajeros, como por ejemplo con el Salto de Roldán. Ese nombre que entra en la historia del Pirineo, que separa a España de Francia, debe continuar dando su nombre al gran túnel, que se piensa que atraviese esa cordillera. Si en Francia la construcción de la presa del lago Artouste, dio como consecuencia el gozo turístico del pueblo, el Tercer Paso en ferrocarril por los Pirineos, dará un progreso comercial e industrial a toda Europa. Toulouse y Zaragoza podrán unir sus zonas industriales, conservar sus relaciones históricas y aumentar sus relaciones humanas.
Mi amigo Eliseo Carrera, me mandó unas fotografías de trenes circulando por lugares de un paisaje maravilloso, sonando al mismo tiempo una música que nos recuerda que los viajes en tren constituyen un reflejo de nuestro  paso  por la vida. Dice este trabajo delicioso que nunca sabremos en que estación nos apearemos ni en cual desaparecerán nuestros hijos y amigos. Nació Eliseo Carrera en Villanueva de  Sigena, donde también vino al mundo un “viejo europeo”, llamado Miguel Servet. Nosotros nos apearemos del tren de la vida, pero siempre trataremos de vivir unidos y con amor y amistad con todos los miembros de género humano. En la estación de la eternidad veremos satisfechos, como los hombres cruzan los Pirineos por el Tercer Paso Central, sentados y satisfechos de viajar juntos, desde el  Africa  hasta Europa.

domingo, 19 de julio de 2026

Zapatero remendón



Me he acercado a una zapatería, donde apañan o arreglan los zapatos, sandalias e incluso zapatillas. El zapato con que calzaba mi pie derecho, tenía una rotura en los hilos que lo tenían completamente abierto, y ahora, me acudían pensamientos de deshacerme de él y naturalmente de su compañero “zapatil”, que todavía conservaba su fortaleza,  para defenderme a mí,  como caminante, del frío,  del calor, de los golpes que generalmente, con el tiempo, se convierten en callos. He llegado a la zapatería y el buen zapatero, me ha dicho que tendría que dejar el zapato en su taller, para poder arreglarlo y entregármelo, por la tarde. Yo me había despojado del zapato herido o enfermo y lo había depositado en el mostrador de la Zapatería. Dejé pasar a dos o tres señoras, a alguna de las cuales, en el acto les reparó el calzado que le llevaba para arreglarlo. Por lo visto, era un señor sensible, que le producía una pena, dejarme abandonado y ensartando un trozo de hilo en su máquina de coser, en pocos segundos, me dejó mi zapato nuevo. Yo pensé, este señor no debía haber sido zapatero remendón, sino un político, dedicado a gobernar a su prójimo o próximo, porque demostró sensibilidad, tratando de eliminar molestias en sus clientes, que es este caso serían sus gobernados. No sería como ahora son muchos políticos, que miran sus propios intereses, despreciando la sensibilidad del pueblo gobernado. El zapatero también miraba sus intereses, que consistían en mantener a su esposa y en educar a sus hijos, pero no soñaba con obtener pingües beneficios para comer opíparamente o beber vino o licores, como lo hizo Noé, el del Arca. Y de acuerdo con lo que necesitaba para ser feliz,  sin abusar de nadie, me cobró una cantidad tan pequeña, que uno se quedó más feliz por su económico precio, que por el buen aspecto de su zapato. Tanta era su honradez y su generosidad, que a una señora, que le llevó una zapatilla, para hacerle una mejora, no le cobró nada. Pero hubiera sido un político amante del prójimo, porque al entregarme mi zapato, acercándome su mano, me dijo: ahí tiene mi mano para levantarse de la silla, porque si se apoya en esa tabla, tal vez se caiga. Yo me sentía feliz de tan agradable comportamiento y ya me marchaba, cuando el Político en que se había convertido el Zapatero remendón, me recordó que en la silla me dejaba una bolsa, que contenía una máquina eléctrica de afeitar, que venía de arreglar, después de pagar un buen precio. ¿Por qué no elegimos políticos como el zapatero, que además de ser amables, gobiernan la economía con honradez y hacen ver al pueblo un porvenir próspero?.

El Santo Cristo en su capilla, adorado por la Madre Berride

  Dijo el Señor Obispo Don Javier Osés  en la misa gregoriana de la Catedral, el día uno de Marzo de 1997 : ”Todo es templo para alabar a ...