martes, 24 de marzo de 2026

Salto de Roldán u Osca



Cuando uno pasea por la Calle del Desengaño, la más larga de Huesca ,antes de llegar al edificio conocido por el Amparo, hay un espacio libre de construcciones, que te invita a apoyarte en la pared que hace de límite del observatorio en que se ha convertido y sobre la antigua muralla oscense, te miras hacia la Sierra y aparece delante de tí un impresionante paisaje que es el Salto de Roldán, la puerta del Somontano y de la Plana de Huesca o la osca o apertura en vasco, por la que entran hacia nosotros los aires del Pirineo, las aguas del río Flumen, las palomas zuritas, que tienen su palomar en las paredes de la Peña Men y por donde pasaron los cristianos a crear el Castillo-Monasterio de Montearagón, para conquistar la capital del Alto-Aragón.

Y es el Salto de Roldán el que da el nombre de Osca o apertura, a la ciudad de Huesca y allí se quedó la palabra vasco-ibérica, como muchas otras, que se fueron mezclando con las latinas, como Flumen o río y celtas y bárbaras. Los ilergetes estaban unidos a los oscenses y hablaban también el vasco-ibérico y por eso llaman Osca a la ciudad de Huesca, muchos de sus descendientes, hoy catalanes.

En otros lejanos tiempos, gobernados por el Emperador Carlomagno, su caballero Roldán, montando su caballo dio un enorme salto entre la Peña de Men o Amán con 1.124 metros de altura y según unos desde el aire se le cayeron las herraduras y según otros los testículos; don Eliseo Carrera me enseñó un cuadro en el que se ven los dos órganos testiculares, circulando por el río Alcanadre a la altura del Monasterio de Sigena. ¡Dios mío, qué salto tan mítico, que llegó de desde la Peña del Castillo de Roldán hasta los Monegros, pasando todo el Somontano. El nombre primitivo de Huesca fue Osca, como he dicho, ya que así se encuentra en el Diccionario Vasco-Castellano, que se encuentra en nuestra Biblioteca Municipal. Porque esta coyuntura vasca no se encuentra sólo en el lugar en que estamos tratando, sino que en la sierra que está encima de Agüero, hay una apertura en su línea montañera, que se llama la Osqueta, pero no sólo se emplea tal palabra en nuestra geografía, sino que nuestros ganaderos de ovino hacen, desde hace siglos unas aberturas en las orejas de sus animales, para marcar su propiedad y que llaman osquetas.

Hemos visto como las aguas del río Flumen entran por la apertura de Salto Roldán y esas aguas han pasado por el pantano de Belsué, que se “tresminó”, como decía el montañés Mairal que iba a ocurrir, pero hoy ya están levantando más abajo el Pantano de Montearagón, que es de esperar que no se “tresmine” o filtre. Las aguas sostenidas por el Pantano serán una riqueza para Huesca u Osca, que debía haber sido levantada muchos años antes, pero nuestra escasez de inversiones y el comercio de la huerta en Valencia, Alicante y Almería, quieren llevárselas a sus tierras, y como hemos visto que el agua va muy lejos, como por ejemplo cuando llevaba los testículos del caballo de Roldán, allá por el Monasterio de Sigena, luego llegaría hasta Almería.

Pero aquí en el Alto-Aragón no han faltado las ideas, como demostraron Mallada, el padre Avellanas de Bonansa y que trabajó en Casbas y sobre todo del Gran Joaquín Costa.

José María Oliván nació en el próximo pueblo de Santolarieta, en castellano Santa Eulalia de la Peña y se ve desde el observatorio a sus 1060 metros de altitud y a 18 kilómetros de Huesca, conjuntamente con el castillo de Sen o de la Peña de San Miguel en estado de ruina y con un torreón de planta rectangular y más abajo se encuentra la ermita de San Miguel, con una nave de ábside semicircular del siglo XIII, que está en estado ruinoso y por todos esos lugares ha estado recorriéndolos multitud de veces el dicho José María Oliván, pues fue casi toda su vida pastor del pueblo, donde había nacido. Como pastor conoció la marca de las ovejas haciéndoles osquetas con navaja y allí en las Peñas del Salto Roldán u Osca, como los jabalíes y las cabras recorrió aquellos terrenos y, ”desenrallando” algunas de ellas, que se habían “enrrallado” en alguna “ralla” de las rocas y colgado en una cuerda que sostenían su padre y algunos primos.

Otras veces le tuvo que ayudar su pariente Anselmo Santolaria, que ahora, en el 2003.tiene ochenta años y es el dueño del campo sobre el que se asienta la ermita de san Miguel.

Y José María Oliván me recodaba las ideas de Costa y del padre Avellanas, cuando me contaba que había observado agujeros barrenados a uno y otro lado de las dos Peñas, que forman el Salto de Roldán o la osca o apertura, que está en los escudos antiguos de Huesca. Por algo pone en dicho escudo Vrbs Victrix Osca, porque aquellos hombres eran heroicos y leales al porvenir de Huesca.

Sigo mirando hacia la Sierra y además de ver las Peñas de Sen y de Amán ,que ya pertenece al monte de San Julián diviso el peñón del “flaire” y la Punta de Piacuto, que está a unos 1.200 metros de altura, desde donde se lanzan los aficionados al parapente, llegando algunos hasta Apiés o hasta Nueno.

Forma allí la Sierra un conjunto de montañas del Prepirineo, que invitan a los hombres a volar, pues ya Roldán con su caballo traspasó los aires de la puerta de Huesca, las palomas volanderas zuritas anidan en sus laderas y ahora los parapentistas siguen volando y volando.

Miro hacia abajo y cerca de mí, contemplo la iglesia oscense de San Miguel y le pido que los que gustan del Salto Roldán, se preocupen de restaurar la ermita del mismo santo situado en la Peña Sen.

sábado, 21 de marzo de 2026

LOS GITANOS



Los gitanos llegaron a España, al parecer, en el siglo XV y más tarde se ocupa Cervantes de ellos en La Gitanilla. ¿De dónde venían? ; igual que de la Parrala unos decían que de Cádiz y otros que de Cartagena, de los gitanos se dice que si venían de Egipto, que sí de la India lejana. Tienen porte de señores como los indios morenos y “llevan sangre de reyes en la palma de la mano" y son como faraones por ser primo-hermanos del Rey Faraón.

Cuando vinieron a España eran como caballeros, traían bulas papales y se hacían llamar condes con el título de Egipto."Pero nadie supo de fijo saber de donde venían" tan notables condes. Y ¿cómo pasaron de ser potentados a ser miserables?. Tal vez no supieron hacerse al ambiente, tal vez se excedieron en querer ser libres y no se amoldaron a nuestra cultura y modo de ser. El gran Unamuno dice del Quijote:"A un pueblo de arrieros y tahures y logreros, dictaba lecciones de caballería".Tal vez los gitanos grandes caballeros al modo oriental tuvieron fracasos inmensos como Don Quijote y de los caballos tuvieron que bajar al burro de Sancho Panza. De reyes les circulaba la sangre por la "parma de sus manos", pero fueron libres durante centurias, viviendo y muriendo por esos caminos de España tan largos y tristes, y siempre expulsados de todos los pueblos sin tener más techo que el cielo español.

¿Dónde enterraste a tu viejo, gitanico caminero?, ¿debajo tierra sagrada, bajo el polvo del camino, bajo las estrellas mudas o en la femera el Amparo?. ¡Qué descanso " pa" la burra dejar al viejo en el suelo!, se revulcaba de gusto, coceaba, se sacudía los tábanos con el rabo y soltaba pedorretas. Tu padre cogió el bastón y se lo colgó del cuello de la chaqueta, para tener libres las manos y aparejar a la burra, por continuar el camino.

La vieja se lamentaba, se arrascaba la piojera, el "chaborró" se arrumbaba y el gitano se miraba en el “reló”, mientras cantaba llorando:"a la luna lunera cascabelera“ y se mueren los gitanos mientras la burra pede y calcea.

Hoy no hay cena y la gitana preñada se va al huerto del vecino para coger una col, allí le entran los dolores y un pulgarcito gitano viene al mundo lavándose con rocío de las hierbas, las acelgas y los cardos. Miles de lunas chiquitas se reflejan en las gotas del rocío, para ver al gitanico que lo envuelven en pañales vegetales y en puñaladas de frío. ¿Qué te dio la vida gitanico "chaborró"?. Aquella noche la luna y al día siguiente el sol. A la orillita del río la muchacha de diez años estaba encendiendo el fuego, con leña verde y mojada de ramas que arrastra el río, surgen columnas de humo, que se meten por los ojos y hacen llorar a los viejos, a los hombres y al pobre recién nacido y le cantaba la vieja: "qué pronto mi dulce amor, aprendes lo que es el dolor". Llegan lágrimas al río que se mezclan con el agua, la que beben los gitanos y los burros, sin cloro pero con plata que deja la luna llena al bañarse en la badina. Esa agua que sabe a luna, a cantares de las ranas, a babas de los borricos y a escamas de las madrillas, es como un agua bendita que dio paciencia a la raza y fuerzas para sufrir durante siglos afrentas, persecución y palizas.

Y la orillita del río era el único camino que estaba sin propietario y os ofrecía abundosas, además de frescas aguas, frescas sombras en verano y leña pobre en invierno, si llovía, el solo techo eran los arcos del puente y brotaban hasta flores "pal" pelo de las gitanas y las sargas y mimbreras para tejer como artistas, argaderas, canastillas, cestas, canastas, canastos, cuévanos e incluso caracoleras.

Tu largo calvario, ¡oh! pueblo calé ¿cuando acabará?. Hoy vives estante en nuestras ciudades, pero falta mucho para que te integres en la Sociedad. No dejes los “chaborrós” criarse en la calle, que vayan a las escuelas y a los talleres de los payos.

Vale más que consigáis el “manró” de cada día con el sudor de la frente, que en las orillas del río con el frío de la muerte. Conservad vuestras virtudes, sed elegantes con todos en vuestro trato diario, como Ramírez Heredia, lo es en las Cortes de España, no sea tan sólo airoso vuestro porte de la raza y conservad para siempre el culto de la familia, el amor que os ha inspirado la palabra libertad y conservad orgullosos el patrimonio gitano de respeto a los ancianos y a vuestra lengua caló.

viernes, 20 de marzo de 2026

Las fuentes de Marcelo y Jara



Hace un tiempo, en la antigua Plaza del Mercado, me encontré con un joven oscense, de unos treinta y tantos años, y lo vi con síntomas de catarro,que le hacían, entre otras cosas, presentar una nariz completamente roja. Se lo dije y él exclamó:¡Sí, igual que un payaso! Trató de explicarme los motivos de su catarro, cuando yo le dije: “¡Ya lo habráscogido en Jara!”, porque con mucha frecuencia va a visitar esa bella ermita. Y me contestó: “Sí,el sábado a las ocho y media de la mañana, hacía frío y yo con sólo la camisa, me dirigí a la ermita que has nombrado y por la tarde, como creo que soy buen oscense, me fui a la fuente de Marcelo, debajo del Kilómetro Tres”. Se puede ir a dicha fuente por la carretera de Arguis, pero también se puede ir por el Pedregal, que está señalado con estacas, la fuente de Marcelo. Este Pedregal se coge por debajo de las Miguelas, cerca del huerto de Gambau. Pero él no fue por ninguno de estos dos caminos, sino que marchó caminando por la orilla del río y se entretenía en levantar algunos ladrillos del agua, les tapaba los agujeros y sacudiéndolos, salían dos o tres cangrejos, que según él eran “entreveraus”, es decir que ya habían perdido la antigua raza de los cangrejos autóctonos. Luego él, como no es amigo de “fartase”, los volvía a soltar, porque además tiene un gran sentido de la Ecología, que le hace respetar hasta a los cangrejos, porque se acordaba de que, cuando era niño, iba con otros a pescarlos al río. Me dijo que estaba enamorado de las perdices, a las que contempla cuando hacen sus escapadas, unas veces andando, otras corriendo y algunas volando y le gusta escuchar sus cantos que lo vuelven loco. Me habló de una pequeña liebre, que había cogido en un hueco que estaba en el tronco de una olivera, y al mirarme hacía él, vi que llevaba colgada de su chaqueta una pequeña figura de liebre que creí era para acordarse de aquélla que cogió en sus años infantiles.
Al llegar a Marcelo, se mojó la cabeza con el agua tan fresca que sale por sus caños y se echó unos tragos descomunales y cuando hubo gozado de la frescura del agua, de la belleza del paisaje, que él dice que es precioso y para confirmarlo me añadió: “¡Nunilo también te lo puede decir!”; allá a las siete de la tarde se volvió hacia Huesca, andando otra vez por el río. Allá a las siete y media llegó a su casa y no notó nada, pero el domingo, al levantarse, le dolía la cabeza y tosía.
¡Había cogido un catarro oscense, que por ser tal es mejor que el actual y grave catarro, que los chinos, tan viejos, han traído a este mundo! Me dijo que él tenía la culpa de haber cogido la gripe, pues se podía caminar por la orilla del río, sin mojarse los pies, pues hay dos pequeños puentes, uno al principio del camino y otro en la misma fuente, que es una obra de ingeniería de hijos del pueblo, como Berdié, que arregló el camino y las fuentes de Marcelo y Jara, con su dinero. El puente de Marcelo, cambia su posición cuando baja una iada, pero se hace girar sobre un eje y se vuelve a su posición anterior. ¿Qué clase de puente es éste? ¿Por qué no es colgante, no es fijo, sino giratorio? Es un puente de Marcelo, es de Huesca. Después de contarme estas cosas, me llevó a
ver la fuente de Marcelo, que yo había conocido de niño, pero ahora está transformada porque el río se ensucia más abajo, ya que allí tiene las aguas puras y limpias, llenas de madrillas y de “zapateros”. Las aguas bajan por cuatro caños, tres casi juntos y otro el del Gallo, que está un poco más alejado. La primera fuente se llama la del Pez, la segunda la del Toro y la tercera la de Marcelo y sus aguas se van al río, donde antes iba todo Huesca a bañarse en sus badinas y a su alrededor hay mesas con sus bancos, en los que se puede merendar, comer y pasar el día; es un lugar limpio, con zonas de sol y de sombra producida esta última por los árboles, como los chopos y los robles o cagicos. Presidiendo el paisaje estaba levantado un cubierto, rodeado en su interior de cómodos bancos, en los que estaban sentados varios veteranos de Huesca, como el “ingeniero” Berdié, que parece que goza allí de su vida, con numerosos otros oscenses, presididos todos por Pascual Ascaso, que igual que distrae en el periódico a los oscenses con sus artículos, lo hace en la fuente de Marcelo, con su conversación.

jueves, 19 de marzo de 2026

Vadiello con sus cabras, recuerda su pasado





Este verano pasado del año 2008, subimos cuando ya se acababa el mes de Agosto a Vadiello, para que contemplaran el Pantano mi hija, su marido y los dos nietos, que viven en Pamplona. Pero no sólo contemplaron las aguas del pantano, sino que se encontraron en un panorama todo él creado con piedras y rocas, formando una ciudad de paredes unas veces verticales y otras redondeadas y todas ellas con cuevas o abrigos, unos enormes, que albergan a veces, ermitas como la de San Cosme y San Damián, y en otras ocasiones parideras, mientras en otros refugios, duermen o pasan la noche las cabras y en otras cavidades menores, acomodan sus arnales, las abejas. Esas masas de piedra, las llamamos en Aragón “Mallos”, entre los que se encuentran el “Puro” y el “Huevo” de San Cosme y San Damián. Para ir a la ermita de dichos santos, cruzamos el río Guatizalema por la presa, subimos por un camino y en unos veinte minutos encontramos un desvío y después de cuarenta y cinco minutos más, llegamos a la Ermita de San Cosme y San Damián. Allí recordé a mi familia los catorce años que pasó de Capellán en la Ermita el tío de mi abuelo materno, Carmelita del Convento, que estaba en la Plaza dela Cárcel y que la Desarmortización de Mendizábal lo cerró como a tantos otros. Les hablé de la proximidad del pueblo vasco-ibérico de Isarre, despoblado ya hace muchos años, como la aldea de Vadiello, cuyos restos fueron inundados por las aguas del pantano. No era una zona muy poblada pero en ella se vivía la ruta hacia Nocito del vino y del aceite y se vivía un ambiente espiritual a la sombra de San Cosme y San Damián. Ahora nos encontramos con un paisaje maravilloso, pero que recuerda los desiertos de la Montañas Rocosas. Pero no estábamos solos, porque había cambiado la población humana por la de las cabras, a las que veíamos vivir salvajes en lo alto de aquellas rocas, haciendo equilibrios por una senda inclinada, por la que se dirigían a una cueva, en la qué parecía les apetecía ir a pasar la noche. Igual que estas “peñaceras” iban por las alturas, otras “esberrecaban” al lado mismo de las aguas del pantano. Estas cabras se tornaron salvajes en poco tiempo, pues sus dueños, uno de los cuales era el amo de Casa Sánchez de Santolaria, además de Calvo, Vallés de Castilsabás, no las pudieron recoger. En cierta ocasión iba mi hijo acompañado por un muchacho de Siétamo, que conoce su “fabla” y tiene parientes en Nocito, por aquellos parajes y cerca del Huevo de San Cosme, el joven le hizo ver a mi hijo que allí cerca había unos cabritos pequeños y podrían coger alguno. Pero mi hijo sintió respeto, al ver sobre una roca un “buco lambreño” o macho cabrío de color negro por arriba y royo por debajo, que recordaba los que tenía Anselmo, el tío de José Luis Grasa de Siétamo. Verdaderamente era un espectáculo fuerte el ver al buco con sus pelos erizados, como se les ponen a los gatos cuando les estiran la cola, subido en lo alto de una roca y amenazando con sus enormes cuernos, y con su barba mostrando una señal de su poder. Con sus patas escarbando, tiraba piedras por la ladera y a veces se escuchaban sus voces dirigidas a las hembras, con sonidos como ese”pro-po-pro –po” con el fin de seducirlas. Ignacio cuando lo oyó o “sintió” “buquir” y soplar, con un marcado cerro de pelos erizados sobre el espinazo, se quiso marchar, mientras su amigo se reía del ciudadano, valiente para conducir tractores y automóviles de los que era amigo, como él demostró serlo de los bucos, cabras y cabritos. Contó que en aquellos rebaños de cabras había un buco, que era el gran jefe, pero acompañado de uno más por cada diez cabras. Esos bucos peleaban y se hacían daño, poniéndoles huevos o “cagandóseles” las moscas en las heridas y acabando muchos de ellos muertos en el monte, donde abundaban los buitres. En el fondo del pantano, dicen que existía un pequeño poblado, que se llamaba Vadiello y yo no sé si al rellenarlo de agua, después de terminada la presa, sacarían antes los difuntos de su viejo cementerio o fosal, pero aún muertos, si allí siguen algunos de sus antiguos pobladores, gozarán de ver aquellas cabras, que son felices, como lo fueron ellos en el pantano y en las rocas de alrededor.




lunes, 16 de marzo de 2026

Santa Cilia de Panzano en la Sierra de Guara









En el mes de Septiembre del año 2010, he subido a mi hija Elena, casada con Santiago Adiego y sus dos hijos, Pablo y María, a Santa Cilia de Panzano, situada en la ladera Sur de la Sierra de Guara. Tiene ésta dos cimas de las que la de Guara mide 2076 metros de altura y su “hermana” a la que en Santa Cilia la conocen como Tozal del Cubilar, que tiene 1945. Se ha hecho famosa Santa Cilia, porque, cuando se prohibió lanzar a los campos de los pueblos los cadáveres de las caballerías, vacas y bueyes, cabras y ovejas, con el fin de recogerlas con camiones para la industria de la obtención de proteínas de los cadáveres, se abrió para que las aves carroñeras pudieran seguir viviendo, en la Sierra de Santa Cilia, un comedero, al que acudieran a comer los restos que se les proporcionan. Yo conocía desde hacía años el pueblo de Santa Cilia y a su vecino, entonces pueblo de Bastaras, que pertenecían al Partido Veterinario de Alcalá del Obispo y de Loporzano. Entonces adquirí una gran amistad con Gonzalo Bescós, pariente de los Bescós que vivieron en Bastaras y de donde proceden el Ingeniero Francisco Bescós Lascorz, casado con una hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés. Fue este Francisco padre del escritor Silvio Kosti o Manuel Bescós Almudévar. Al llevar a mi familia a contemplar el hasta hace poco tiempo casi abandonado pueblo, en que sólo quedaron catorce habitantes, su iglesia en cuya fachada se dejan ver varios capiteles medievales, la casa de los buitres o museo ,situado en la bóveda donde se puede contemplar toda la vida de las aves carniceras. Arriba se contempla el pico del Cubilar y en sus laderas acuden las aves a comer en una zona rocosa, casi llana con una ligera inclinación hacia abajo, a la que acude desde hace treinta años Manuel Aguilera, un enamorado de la Naturaleza, empujando carretillos para llevar al comedor los restos carniceros de los mataderos, para que se alimenten las aves carroñeras. En aquel pueblo, situado debajo del Tozal del Cubilar, convivieron siempre las bandas de aves carroñeras, con los rebaños de ovejas. Y ahora es mi pariente Gonzalo Bescós el que se dedica a criar corderos o ternascos. Antes subían en verano a apacentar a sus rebaños en los llanos de Cupierto, desde donde se contempla la majestuosidad de los Pirineos, en los que domina en muchas épocas un ambiente delicioso. Está el terreno lleno de dolinas donde brotan los “buchos”, los “erizones” y mucha yerba de pastos. Los ternascos de Gonzalo son auténticos corderos de carne tierna, porque les deja mamar del “braguero” de sus madres hasta que los lleva a Huesca a una carnicería. Y en aquel paisaje conviven los buitres con las ovejas y corderos. Verdaderamente es un paisaje idílico, porque cuando abro la ventana de mi casa de Siétamo, que asoma al sol saliente y miro hacia el oriente por donde sale el sol, contemplo toda la Sierra de Guara, empezando por su pico más alto de unos 2.076 metros, hasta el Tozal del Cubilar, que por escasos metros no llega a los dos mil. Desde esa ventana, me fijo todos los días con más frecuencia que años pasados y veo la enorme mole de piedra, donde se encuentran los restos de un iglesia de la Virgen de Arraro. Aparecen también los restos del Castillo, entre los cuales se ven esas saeteras, “mirillas” o miradores, desde los que observaban el movimiento de los moros por el Sur de la Sierra, a los que más tarde expulsaron de la Comarca. Pueblo era el de Arraro, más elevado que Santa Cilia, pero ahora éste pueblo ha adquirido una gran categoría de punto turístico. Gonzalo invitó a mi familia a merendar en un Restaurante, que una buena señora enamorada del paisaje de Santa Cilia, en la Sierra con los buitres y los corderos, ha levantado en aquellas bellas laderas. Desde la ventana de mi casa no se ve Santa Cilia, por que por escasos metros la oculta algún tozal de la Sierra, pero al fondo se ven unos caminos por Bastaras,en forma de eses,que llaman la atención y resulta desagradable mirarlas porque parecen un castigo impuesto por algún dueño del pueblo, con tractores mecánicos. Además han desaparecido los restos prehistóricos que estaban por exploran dentro de la Cueva de Chaves. Dos pueblos que están situados uno junto a otro y Santa Cilia aumenta cada día la belleza de la Sierra de Guara y Bastaras afea sus parajes. Gonzalo Bescós me explicó como los pobladores de pueblos como Nasarre,que se encontraban en la parte Norte de la Sierra, bajaban con sus fuertes mulas, aparejadas con hermosas sillas, atadas con correas y con sus cabestros, llevando sobre sus aparejos patatas, que vendían en Santa Cilia, en Bastaras y en Yaso ,para que la gente las sembrara en sus huertos Y subían otra vez a sus pueblos con pellejos de vino o con aceite, productos que no se criaban en el Norte de la Sierra. En casa de Gonzalo está presente sobre el portal el escudo de los Bescós,con un corazón,que aunque es de piedra,representa el suyo que es sensible y “amoroso”. Me dejó leer la Infanzonía del noble escudo de los Bescós.

domingo, 15 de marzo de 2026

Los agricultores y la Luna



Escuché, hace ya unos años, a varios labradores, explicando cómo tenían en cuenta a la Luna, para llevar adelante la siembra de los cereales, en sus campos.

Decía uno que la Luna Cuquera, nace en Septiembre y dura, no recuerdo si son veintiséis o veintiocho días. Durante dicha “Luna Cuquera”, los “cucos” o parásitos son los que se lanzan sobre la semilla y la parasitan, dejándola “cucada”, lo que hace que la cosecha futura, quede reducida. Pero este período tan malo para sembrar, se acaba en Octubre, cuando nace la Luna Menguante.

Desde siempre se ha considerado que la mejor época para sembrar es la de la Mengua de Octubre y Valentín Puyal de Bandaliés, pequeño pueblo muy cerca de Huesca, todavía piensa lo mismo y lo considera y sigue practicando la siembra de sus campos en esta época de Octubre, que dura desde que la Luna, en el mes de Octubre se pone llena, con lo que mata a la Luna Cuquera, hasta veintiséis o veintiocho día después de su plenitud.

Decía otro que la mejor época de siembra en la que se debe realizar ésta, siempre que sea posible, es durante la mengua del mes de Octubre. Cuando la luna está llena, se puede empezar a sembrar con la convicción de que se está haciendo en la mejor época, porque al día siguiente de encontrarse llena, ya empieza la mengua. Estos labradores con su conversación, hicieron evidente que la mengua es la mejor época de la siembra. Pero no es la única influencia de la Luna en los agricultores, pues con ella saben cómo tienen que utilizarla para que sus vinos tengan solera. Hasta en el pelo de los hombres y mujeres influye la luna, pues cuando te cortas el pelo en cuarto menguante, tiene poco impulso para volver a crecer y s i te lo rapas en cuarto creciente, ese pelo crece más y con más vigor. Por todas estas cosas, los gitanos cuando contemplan la luna, admiran su belleza y reverencian su poder y cantan: ¡ay luna ,luna lunera, lunita cascabelera!.

Pero no son sólo los gitanos los que admiran a la Luna, porque Espronceda escribió:”La luna en el mar riela,-en la lona gime el viento-y alza en blando movimiento-olas de plata y azul”. Y todos los ciudadanos se han enterado del Monasterio de Saint Michael, en las costas entre Bretaña y Normandia, en que se halla sobre una alta roca separada de la tierra firme por un camino creado por los hombres, pero que cada veintiséis o veintisiete horas se inunda con las aguas de la mar. Entretanto en sus habitaciones, una persona, al mirar por las ventanas puede ver cómo ha desaparecido el camino por el que ha entrado. La Luna hace que en esa zona las mareas sean diarias, porque con su poder de atracción eleva las aguas del mar. Y ¿qué decir del amor?, cuando a la luz de la Luna, se besan y se adoran los enamorados, animados por la belleza de la Luna. Algo lunar conmueve los corazones de los enamorados, no se sabe si es por los cascabeles o reflejando su figura en dichos corazones, como hace reflejándola en el agua, donde las ranas croan y croan, como entusiasmadas por esa Luna. Stephen Hawking dice que hay que emigrar a un planeta lejano, pero la humanidad siente más cariño por la Luna.

sábado, 14 de marzo de 2026

Ermita de Santa Elena, en la “cabañera del aire”


El pasado día ocho de Diciembre, me subió a Santa Elena el nieto del “agüelo”, ya difunto, Mariano Bercero. Desde esas alturas, tuve la dicha de contemplar esa Sierra legendaria e histórica, que va desde Tardienta hasta Alcubierre. Y desde este último pueblo hasta la ermita de Santa Quiteria, en Torralba, en viejos tiempos, San Caprasio visitaba los santuarios de San Simón y de la Virgen de Magallón, de la que son tan devotos los hijos de Robres, subía después a Santa Elena y acababa su romería en Santa Quiteria de Tardienta. En aquella elevada meseta de Santa Elena, contemplaba los Pirineos desde el Monte Perdido, el Turbón y otras múltiples cimas blancas por la nieve, que me hicieron reconocer que Torralba es, sin duda, Aragón. ¡Cómo se contempla la división del Alto Aragón entre la Montaña y la Tierra Baja!. Sí, porque desde estas alturas se ve perfectamente la “Osca” o puerta para pasar de la Montaña a la Plana de Huesca, que es, sencillamente, el Salto Rodán. Osca es palabra vasco-ibérica que significa puerta o apertura, de las que tantas se hicieron en aquella Sierra por los pastores en las orejas de las mansas ovejas. Por su pequeño tamaño se denominan “osquetas”. Allí al contemplar el Salto de Roldán, se piensa en el Emperador Carlomagno, que bajó hasta Zaragoza y el caballero Roldán, saltó con su caballo desde la Peña Men o Amán, al otro lado del río tan latino, el Flumen, a la Peña Sen o de San Miguel. Más allá pasa el río ibérico Isuela y más allá todavía los ríos de nombres árabes Guatizalema y Alcanadre. Los moros dejaron también su recuerdo en la torre Mudéjar de Torralba y llaman también Autovía Mudéjar, a la que sube desde el Ebro en Zaragoza hasta Francia por la Montaña. Y todo eso se ve desde el Santuario de Santa Elena en la Sierra de Torralba. Pero no sólo se puede meditar, en esas alturas, de las guerras y en las invasiones del pasado, sino que en estas quebraduras del terreno y estas parideras, hicieron una revolución por la justicia y el bienestar del pueblo los “bandidos generosos”, que llenaron de historias y leyendas toda la inmensa comarca de los Monegros, que desde Santa Elena se divisa. Todo esto lo narra muchas veces el cura don Rafael Andolz, en las aventuras del bandido Cucaracha. En aquellas quebraduras de la Sierra, crecen las carrascas, los pinos, las sabinas, los sauces, romeros, ontinas, tamarices y multitud de yerbas leñosas, como la barrilera que rueda y rueda, impulsada por el aire. En aquellos terrenos quedan multitud de parideras, hoy día, casi vacías, pero en esa “cabañera del aire”, no se dejan escapar la producción de energía, por medio de aquellos altos y recios postes, con sus aspas girando para producir energía eléctrica. Mi sobrino Marianer tiene como novia a Begoña y antes recorría la Sierra con sus ovejas y ahora corre por aquellos caminos para vigilar el funcionamiento de los “molinos movidos por el viento”. En Torralba siempre han sentido inquietud por el progreso, como se da uno cuenta al escuchar a Mariano Bercero, hijo del “agüelo”, cantar la jota, que reza: ”No te cases en Torralba,- ni te cases en Senés- vete a casar a Tardienta-que verás pasar “o” tren”. Y el nieto Marianer, ha visto cuidando las ovejas: el riego, la torre de la iglesia restaurada, la autovía Mudéjar y ahora ha dejado las ovejas, para ocuparse de los molinos de viento que crean energía. Por eso se sienten felices los de Torralba y cantan:”Torralba ya no es Torralba-que se ha vuelto capital-tenemos buenas piscinas – y a comer al Restaurán”.

 


Salto de Roldán u Osca

Cuando uno pasea por la Calle del Desengaño, la más larga de Huesca ,antes de llegar al edificio conocido por el Amparo, hay un espacio libr...