Escritos de Ignacio Almudévar Zamora
sábado, 14 de febrero de 2026
El cerdo-hucha
viernes, 13 de febrero de 2026
Reacciones contra la crisis.-
Este mes de Junio del año 2010, he visitado un gran almacén de comercio de materiales eléctricos. Su fundador me reconoció rápidamente y yo me alegré al identificar a dicho señor, que conocí sencillamente cuando era un muchacho joven. No me extraña que haya llegado a extender la energía eléctrica, obra de Dios, como hemos visto tantas veces al sorprendernos el brillo de los rayos en las tormentas, que se daban en verano. Hombres como éste, hacen falta en la sociedad actual, para que todos tengan trabajo y les llegue “el pan nuestro de cada día”.En la provincia de Huesca ha habido siempre muchos hombres y mujeres, que han influido en la religión, en la sabiduría, en la literatura, en la medicina, en la agricultura y en la ingeniería. Aquí, en estos momentos, me encuentro con un hombre, que con su sonrisa ilumina a los que con él se encuentran, en su espíritu y en su vida diaria, como ocurre con la energía eléctrica, que también mueve las cocinas, las lavadoras, las máquinas industriales y que ahora interviene en el problema del petróleo, haciendo que los automóviles circulen, movidos por la electricidad. Ente esos hombres se encuentran San Lorenzo y San Vicente, Miguel Servet, San José de Calasanz, el escritor Llanas, Ramón y Cajal, Costa, y en estos momentos trabajan para el pueblo Arenas, Carlos López Otín, Barluenga y tantos otros. Entre las mujeres, no puedo olvidar a la poetisa Ana María Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda. Pero ahora, los jóvenes necesitan guías, que los iluminen y despierten en ellos el deseo del trabajo, de la prudencia y del buen obrar.
Antes, en el Seminario de Huesca, llegaron a estudiar dos mil setecientos seminaristas, desde 1951 a 1970. Estos eran “hijos de hombres de bien, de buena habilidad y bien inclinados” y luego instruidos y dirigidos por aquellos sacerdotes, que desgraciadamente van desapareciendo de nuestra vida. No sólo estudiaban, sino que los jueves y los sábados, iban a las cabañeras de Apiés, a jugar al fútbol y allí iban andando y volvían al seminario, corriendo. Iban también al río Isuela, cerca de la Ermita de Santa Lucía y de las fuentes de Marcelo y Jara. Entonces aquellos ríos y fuentes eran de aguas limpias, no como ahora, que están contaminados. En aquellas fuentes saciaban su sed, que les daban vida y ánimos para trabajar en sus estudios y en sus diversiones.
Entre las normas para seleccionar seminaristas, estaban las palabras de San Alfonso María de Liborio, que dijo: “mejor pocos y buenos que muchos y malos e inútiles”.
En el Seminario se organizaban veladas artísticas, musicales, actos de magia e ilusión y sobre todo el canto musical. Hacían excursiones, como peregrinaciones a la Virgen del Viñedo, a Siétamo, a Bellestar, pero “corriendo”, no caminando lentamente. Se levantaban todos los días a las seis y media de la mañana y se acostaban a las diez de la noche, lo que formaba sus cuerpos en la disciplina y en la grandeza de su espíritu.
Varios de estos antiguos seminaristas no han podido olvidar sus años de formación y decidieron publicar un libro, que relata la verdad de algunas historias y anécdotas de la vida vivida en el Seminario.
Este libro no se ha publicado, pero en estos momentos de crisis moral y económica, serían un ejemplo a seguir por los jóvenes actuales, para que este país no cayera en la indisciplina, la droga, la corrupción y en el abandono de la moral y del trabajo, que traen la injusticia entre los hombres.
Ese libro demuestra que “la filosofía es útil en tanto mantenga una innovación de las imágenes fundamentales que ilumina el sistema social”. Esto lo escribe Arias de la Canal, pero lo han practicado los ex seminaristas, que con el dueño del gran almacén de productos eléctricos, escribieron el libro sin publicar, después de varios años de estudiar filosofía y que él me mostró con el nostálgico recuerdo de su vida de seminarista.
jueves, 12 de febrero de 2026
Lluis Companys visitando Aragón , en Siétamo

Al entrar en la Biblioteca Municipal de Siétamo, entre otras varias fotografías de la Guerra Civil del año 1936, hay una que me hace recordar, la devolución tan esperada por Aragón de los ciento trece objetos sagrados, que se llevaron algunos catalanes , a Lérida. Es una foto que trae a la memoria los tristes recuerdos de la ya ,hace tantos años, pasada guerra, porque en la calle Baja, que conduce hoy, a las ruinas del Palacio donde nació Don Pedro Pablo Abarca de Bolea, conde de Aranda, se ve , a la altura de casa Catevilla, por un lado y por el otro de casa Polonia , un grupo de gente , la mayoría militares y milicianos ,acompañando a Don Lluis Companys, que van caminando hacia el Castillo- Palacio del citado Conde. Companys, presidente de Cataluña, en medio de aquella gente mal vestida, iba como revestido con un traje casi blanco, de chaqueta cruzada, con un elegante sombrero, su corbata y en el bolsillo superior izquierdo de su chaqueta, se inclinaba hacia delante un limpio pañuelo blanco. Los militares iban con sus uniformes, los milicianos con sus monos y la gente, como podía, porque el único que llevaba sombrero, era de segador y no llevaba camisa. ¡Qué contrastes producía en el ánimo de los españoles la guerra!. Como dice en el libro de Raymon Carr y Juan Pablo Fusi en la página 121 de la Guerra Civil : “La exaltación revolucionaria convirtió a Barcelona en una ciudad donde era imprudente llevar sombrero y un traje decoroso”. En Siétamo, en lugar de acosarlo, lo acompañaban y eran seis los niños que caminaban junto a la primera fila, presidida por Companys y yo reconocí inmediatamente a Miguel Arnal, que todavía vive y es agradable y simpático con la gente y también reconocí a un hijo del señor Fillat, herrero del pueblo; por desgracia este muchacho ya murió hace algunos años. Están, casi a su lado, las hermanas de Miguel, a saber Teresa y Nati con Francisqueta Mairal, ya difunta, pero vive su marido catalán Joan, gran persona. Allí está también Jesús Jordán, que ahora ,en 2006, tiene ochenta años y que me dijo el día veinticuatro de Junio, que allí habían acudido los niños porque les habían dado caramelos; también estaban Trullenque y “ Palomo”, hijo de la señora Polonia de casa de Polavieja. A los lados se ven casas ya sin tejados o quemadas o bombardeadas y al fondo la iglesia parroquial, sin campanas y con el cuarto de la maquinaria de dichas campanas, destrozado. Han pasado unos setenta años desde que el señor Companys o camarada para algunos, Presidente de Cataluña, visitara Aragón, concretamente Siétamo, hasta que Marcelino Iglesias, Presidente de la Autonomía de Aragón, fuera a visitar en Barcelona, al actual presidente señor Maragall. La recepción que le hizo Siétamo, fue triste, porque habíamos sido despojados de todo, incluso carecíamos de campanas, porque se las habían llevado para hacer cañones y ya no se podía alegrar con su sonido al señor Companys, pero los niños, chupando caramelos, parecían intentar transmitir su alegría a los demás; sin embargo la acogida que le hizo el señor Maragall a nuestro presidente Iglesias, como dice el Diario del Alto Aragón ”tampoco logró desbloquear el litigio”.El litigio, en su fondo, consiste en que ciento trece objetos sagrados y artísticos, que poseían varias parroquias aragonesas, se las quiere quedar Cataluña. La política interviene en todos los aspectos de la vida y al crearse las autonomías, se hicieron desaparecer de Aragón, primero la diócesis de Seo de Urgell y más tarde la de Lérida. En Lérida recogieron objetos sagrados en su diócesis y ahora, después de separada de la diócesis de Barbastro, quieren conservar el arte, que los leridanos habían gozado junto con los aragoneses y no quieren entregar aquellos bienes. También les hubiera gustado que los aragoneses se hubieran quedado unidos a los catalanes, pero hablando catalán y dejando casi de ser españoles. Aragón era un reino cuando reinaba en él Ramiro I el Monje y Cataluña era una serie de condados, pero Aragón siempre luchó por la unidad de España, a pesar de que sabemos por la Historia, que los castellanos han dicho que la labor de Isabel la Católica fue superior a la de Fernando, cuando todos sabemos que a pesar de que han rebajado su comportamiento político, éste fue superior o por lo menos igual al de su esposa. Cuando ésta murió, a Fernando el Católico parece ser que lo que los castellanos hicieron con su esposo, fue echarlo de Castilla, como así se llevó a cabo, después de todo lo que había creado y Don Fernando el Católico, se casó otra vez con Germana de Foix. Tampoco a los catalanes los dejó Castilla intervenir en Hispano- América, en unos momentos en que en lugar de llamar a nuestra patria España, le decían Las Españas. La hija de Ramiro el Monje, doña Petronila, se casó con el Conde Catalán, Ramón Berenguer IV y así Cataluña entró en el Reino de Aragón, que luego ampliaron unidos, conquistando Valencia y las Islas Baleares. También el Reino de Aragón conquistó Murcia, pero para los castellanos. Pero, como vemos en los ejemplos citados, a pesar de su Historia, Aragón ha sufrido injusticias, cometidas por unos y por otros. Cuando se marcaron los mapas de las Regiones, a Aragón se le quitó la desembocadura del Ebro, a la que bajaban las almadías aragonesas, que abastecían de madera para la construcción y para botar barcos; yo no sé si protestó la nuestra, pero poco ruido de protesta se debió escuchar en Madrid. Todavía queda algún recuerdo de este hecho, porque estando yo de vicepresidente de la Diputación Provincial de Huesca, llegó a ésta, una carta de un pequeño pueblo de aquella zona, en la que pedían a Aragón que se adjudicara la autoridad sobre él. La Diputación ni siquiera contestó a dicha carta. En la desembocadura del río Ebro, estaba prevista la instalación de un puerto de mar, para que Aragón desarrollara su comercio y su industria. No hacía falta porque Aragón y Cataluña, fueron parte del mismo Reino. Nuestra nobleza nos ha impedido, desde siempre, el protestar contra injusticias de este orden. En cambio Cataluña envió a Companys a Siétamo, pero hace ya pocos años, subió el Presidente Jordy Pujol al Aneto; no dijo nada, pero fue un acto de acercamiento a dicho monte a su Región, nación o como quieran llamarla, porque el Conde de Aranda, a cuyo castillo- palacio natal se dirigía Companys, también dijo que Aragón era una nación. La realidad es que estas “naciones” eran Las Españas. España o esas Españas tendían a la unidad y Aragón luchó siempre por ella, pero ahora parece ser que algunos quieren separar nuestra nación y mientras la lengua castellana está progresando en el mundo y en el estado más poderoso, es decir Norteamérica, aquí están enseñando el vasco en pueblos que no lo hablaban ya hace cantidad de años, como Sangüesa, que está al lado de Sos del Rey Católico, donde nació el Rey Fernando el Católico y se pretende enseñar el catalán y extenderlo en nuestra parte oriental. Al conde de Aranda no lo querían los de derechas porque decían que era masón y los de izquierdas tampoco lo querían, no sabe uno si porque era rico o iba bien vestido, sin renunciar nunca a su españolidad. He dicho que ahora quieren aprovecharse de la parte oriental de Aragón, como han intentado hacerlo con Valencia, pero los valencianos dicen que su lengua no es exactamente el catalán y tienen razón porque los aragoneses entraron también en Valencia con su lengua aragonesa que se mezcló con el catalán, formando una lengua parecida al él, pero sin serlo. Es que los valencianos se dan cuenta de que, dentro de España, son una de las variadas Españas y quieren ser gobernados no, por el gobierno catalán, sino por el suyo. Barcelona ha sido una capital mediterránea, con una gran cultura y se han interesado por el arte de los aragoneses, y, naturalmente se han ido llevando a su tierra muchas obras de arte aragonesas. Por ejemplo el pórtico de la iglesia de El Tormillo, que acoplaron a una iglesia en Lérida. Y con las obras del Monasterio de Sigena, ¿qué pasó?, sencillamente, lo mismo. Cataluña iba desarrollándose y Aragón iba disminuyendo su papel en España y se empobrecía, lo cual lo convertía en una zona donde había que rescatar lo que mereciera la pena. Pero esta labor, no sólo la hacían algunos catalanes, sino hasta los americanos y por desgracia, los mismos aragoneses. Hubo algunos como Costa que sufrieron y pelearon por el desarrollo de Aragón y en su caso sobre todo por medio de los riegos. Huesca y Lérida se entendieron con ellos y Cataluña salió aprovechándose del agua de nuestros ríos, pero no se veía aquel comportamiento como una colonización, sino como un comportamiento de buena vecindad entre dos zonas, que a lo largo de la Historia habían sido hermanas. Otros, que no tenían las ideas de Costa, evitaron que se regara toda la zona de los castillos del noroeste de Huesca y otros, por ejemplo tomaron la puerta de la iglesia de la Trinidad de Bolea y la pusieron en una casa del pueblo. Ahora parece ser que se va reaccionando, ya que dicho pórtico se ha vuelto a poner en la ermita de la Trinidad. De Pompenillo, un obispo de las Islas Baleares, se llevó algún cuadro artístico, proponiendo como compensación la mejora del edificio parroquial, y allí se exhibe, en Mallorca o en Menorca. El pueblo catalán goza de un gran sentido común y no mira apoderarse de lo ajeno, sino de comerciar con todos y ganarse una peseta, porque Cataluña no era una tierra rica, pero eso de venir Companys por Siétamo, da la impresión de que tal vez se sintiera copropietario de Aragón. Se llevaron todo lo que pudieron porque en Siétamo, además de las campanas, se apoderaron de sesenta y tres cuadros, de unos libros magníficos, por ejemplo los Anales de la Corona de Aragón de Zurita y de todo ello, nunca más se supo y nadie ha dicho nada de devolverlos. Como acabo de decir el pueblo de Cataluña es sensato, pero algunos parecen ser los descendientes directos de aquellos comerciantes fenicios, que hace siglos llegaron a las costas de Gerona. Piensan esos aparentemente fenicios que “lo mío es mío y lo tuyo de los dos”; basta mirar como han reconquistado la documentación de Salamanca, que era de ellos y como se han apoderado de los objetos artísticos de Huesca, que eran y son de Aragón. Y aquello que es de todos, es decir de aragoneses, catalanes, valencianos y baleares, parece ser que debía ser siendo de todos, ya que hablan de la unidad del antiguo reino de Aragón, pero ellos han tomado para sí “los fondos propios de Cataluña”. Marcelino Iglesias quiere recurrir este tema como inconstitucional, ya que pretenden la “gestión unilateral” de fondos del Archivo, que es común con otros, como por ejemplo Aragón. Ahora se pretende unificar a Europa, mientras en España, se busca la nacionalización de las Regiones. ¿Qué pasa en España?. En la fotografía de Siétamo vemos a Companys caminando, tal vez para hablar de los problemas españoles con el Conde de Aranda. Va rodeado de militares y de milicianos, pero el pueblo está ausente; sólo lo acompañan los niños inocentes, que van chupando los caramelos que les han dado. Vemos como el pueblo, igual que los niños se lo pasan bien con los caramelos, se lo pasa en grande con el fútbol del Campeonato Mundial, mientras los escasos políticos, se divierten con el porvenir de España. No queremos caramelos, sólo queremos lo nuestro.
martes, 10 de febrero de 2026
El pasado y el futuro
El
día dieciséis de Julio de este año de 2010, he asistido en el Monasterio de
Casbas a unos actos de presentación al pueblo de la reconstrucción que se
inició, poco tiempo después de ser abandonado por las monjas. Al llegar a
Casbas, he recorrido por el Este el Monasterio, luego por el Norte y por fin
por su fachada principal y la contemplación de su paisaje, me ha recordado la
descripción que José María Llanas Aguilaniedo, escribió en la introducción de
su obra “Alma Contemporánea”, editada en un libro que yo guardo, editado en
1899 por la Imprenta de Leandro Pérez, en la ciudad de Huesca. Así escribía:”El
sol, a medio poner, ocultaba poco a poco su gran disco rojizo tras las lomas de
Poniente; una larga hilera de naranjos verdeabaen la opuesta orilla, sobre las
tapias de una posesión, y el cielo azul verdoso, los árboles, los barcos,
edificios y yerbajos de las márgenes reflejándose en las aguas sosegadas de la
ría, producían el efecto de un cuadro inacabado”. Esta era una parte de la
descripción de las orillas del río Guadalquivir, allá en Sevilla, pero yo me
encontraba en Casbas de Huesca, alrededor de su glorioso y abandonado
Monasterio y pude contemplar un paisaje presidido mirando al Norte, por la
Sierra de Guara. Impresiona contemplar toda la Sierra desde Santolaria hasta el
río Alcanadre, viéndose debajo de ella la aldea de San Román de Morrano, en la
que vive una sola familia y en el lado Norte de esa Sierra, se encuentran
Nocito, Used, Bara y pueblos desaparecidos como Zamora, que a tantas familias
aragonesas ha dado su nombre. Luego vienen Acín, Nasarre, hasta llegar al
Barranco de Mascún. El “Alma contemporánea” de Guara, parece que ha
desaparecido, al marchar sus habitantes, como ha ocurrido con la desaparición
de las Monjas Cistercienses del Monasterio, que en el siglo XII, fundó la
Condesa Oria de Pallars. Esas monjas trabajaron en la repoblación y
colonización y una de ellas, que contemplaba cada día la Sierra, la hizo vivir
con su Romance de Guara. Pero después de ver aquel, ya casi apagado pueblo de
San Román de Morrano y las largas y casi ruinosas paredes de la huerta del
Monasterio, me acordé de que la Abadesa del dicho Monasterio y tía del Conde de
Aranda, Señor de Siétamo, era la escritora Doña Francisca Abarca de Bolea.
Cuando habla de “las nieblas y nublados invernales”, los identifica con las
tocas monjiles, que portaban las monjas en el Monasterio, que está encarado a Guara.
Y así lo comprenden los que han abierto dicho Monasterio para que lo contemple
el pueblo, pues han colocado en las paredes del Claustro las coplas que
componen tal romance. Dice uno : ”Ya se ha despertado Guara-ya se ve a medio
vestir,- previniendo tocas largas por la muerte del Abril”. Y han acabado
diciendo:”Escarmienta, si eres cuerda,- lo vano procura huir,- que te lo jura
el Enero-con toca larga y monjil”. Así como José Llanas Aguilaniedo describe
las orillas del río Guadalquivir, Ana Francisca Abarca de Bolea, nacida en 1623
ó 24, hija del Barón de Siétamo, Don Martín Abarca de Bolea, pinta con su
romance la Sierra de Guara, revestida por los fenómenos ambientales de las
cuatro estaciones del año. ¡Qué extraño que en el siglo XVII una mujer se preocupara
de los pastores y pastoras, cuando en su novela pastoril sobre el Moncayo,
quiere casar a las mozas pastoras con alguno de aquellos nobles, para igualar
su condición social !. Se quejaba también, a pesar de que ella sabía latín, de
que las monjas del Monasterio de Casbas, tuvieran que leer los salmos en esa
clásica lengua, sin habérsela enseñado, lo que las molestaba. Este “Romance a
Guara” refleja el pensamiento de Ana Francisca Abarca de Bolea, en su obra o
novela pastoril “Vigilia y Octavario de San Juan Baptista”, que abarcaba la
religión y la convivencia de los habitantes de Aragón desde el Moncayo hasta
Guara. Escribe como la zagala Marica “puesta en una alta roca, cantó un
romance, dándole vejamen a la sierra de Guara, que se divisaba desde el Moncayo
con capirote de nieve”. No es raro que una mujer del siglo XVII, tuviera esas
inquietudes, porque el hijo de Fonz, José María Llanas Aguilaniedo, del que me
acordé al contemplar el bello paisaje del Monasterio, en su obra “Alma
Contemporánea”, decía que existían y siguen existiendo dos clases de obreros o
trabajadores, uno el obrero mecánico y “el de la inteligencia, por otra”. Y
ambos aragoneses se preocuparon por los problemas sociales, añadiendo: “Ambos
obreros son exaltados, que viven rindiendo culto apasionado al ideal,
constituido para unos por la justicia, y por el Arte o la Ciencia”, todas ellas
ideas supremas del Señor. ”Alma contemporánea”, estudia a estos hombres, pero,
hoy ciento nueve años después, sigue existiendo esa alma contemporánea y más
ahora con la crisis económica que nos ha llegado. Ana Francisca en el siglo
XVII y José María Llanas Aguilaniedo en siglo XX, piensan en el obrero manual y
en el intelectual, pero el mundo sigue con las revoluciones violentas, porque
los obreros de entonces o no sabían leer o escasamente conocían el alfabeto. La
verdad es que los aragoneses olvidaron la existencia de José María y de Ana
Francisca Abarca y todavía casi se desconocen sus escritos. Si hubiese dominado
la cultura, no hubiese llegado la Guerra Civil. Había dos clases de obreros,
unos, los manuales, que en Casbas todavía están representados por las paredes y
puertas con las iniciales de la CNT, sindicato anarquista, que participó en la
Guerra Civil Española y otros los intelectuales, como Ana Francisca Abarca de
Bolea que se preocupaba por los zagales y zagalas pastores y de la cultura
literaria en Casa de Lastanosa y de la música en el Monasterio y del bienestar
de los humildes pastores, que la llevaron a escribir la novela pastoril del Moncayo.
Los obreros españoles, como dice José María Llanas “son exaltados, que viven
rindiendo culto apasionado al ideal, constituido para unos por la justicia y
por el Arte o la Ciencia”. Así lo reconocieron hace muy poco tiempo unos
especialistas alemanes, que acudieron a la Fábrica de Luna y se quedaron
admirados de las máquinas que fabricaban los obreros españoles, a veces
solamente con un “martillo”, sin los medios con que en Alemania fabricaban los
mismos productos. Paseando por Casbas, piensa uno en la lucha absurda, en la
que sufrieron sus consecuencias las monjas, los vecinos y los que pintaron
aquellas negras pinturas.¡Cómo lucharon las ideas de unos y las de otros, pues
uno se da cuenta en la descripción que José María Llanas va haciendo de los obreros
y de los burgueses, a los que tanto se opusieron los de la CNT, prefiriendo la
anarquía al gobierno de dichos “burgueses”. En 1899, como escribe Llanas “el
pobre odia al rico por el mero hecho de serlo… sin tener en cuenta que a la
cabeza de estos últimos, figuran hombres que disfrutan menos de su dinero y
trabajan sin interrupción y a diario como el último de los desheredados”. Al
obrero se le enseñó a llamar burgués a todo aquel que parecía tener en la
sociedad el papel de privilegiado. A algunos les parecía que las monjas del
Monasterio eran burguesas, cuando se vieron en la necesidad, en algunas
ocasiones de vender el retablo artístico de la iglesia cisterciense. José María
Llanas explica como al obrero “se le fatiga en fábricas, cuyos ruidos y trajín
enervan y arruinan su sistema nervioso” y como “la constancia o interrupción de
los jornales, constituidos en preocupación continua, son motivo de inquietud y
de agotamiento”. Los obreros, que viven el culto a la justicia, el Arte o la
Ciencia, pues basta fijarse en la belleza de una piedra de molino o de un
rollo, que ellos picaron, consideran a los burgueses “como obstáculo
insuperable para el restablecimiento e imperio del ideal sobre la tierra”. Los
obreros sienten “animosidad contra todo aquel que a sus ojos se presenta como
superior”, individuo que ataca todos “los principios de igualdad y de justicia”
y al que le han enseñado a llamar “burgués”. El “burgués” no siente los ideales
del obrero, sino que los suyos son totalmente materiales. Dice Llanas : “
puesto a la mesa y en plena digestión del primer plato, siéntese filántropo”
pero el encanto y la agradable emoción, desaparecen, cuando se sienta en la
mesa y goza de la comida y de otros vicios que le excitan. Esas formas de vida
tan amorfas no van luchar para conseguir “la suprema manifestación del Arte y
de la Ciencia”, en cambio la vida de las monjas cistercienses del Monasterio de
Casbas, estuvieron esperando “la luz de un nuevo día”, con el canto de los
salmos, la música que las unía con Dios y con los hombres y el trabajo
constante. Ana Francisca Abarca de Bolea fue una literata notable. El también
aragonés Baltasar Gracián testifica que en 1648 ya había escuchado “muchos y
elegantes poemas”. Sin embargo en los romances alegres “emplea el lenguaje de
la Montaña, como si hubiera nacido en ella”. Ese lenguaje era la Fabla
Aragonesa, con sus orígenes en la Montaña, en la que los tuvo Ana Francisca.
Lastanosa le regaló a Ana Francisca el “ Discreto” de Gracián, cuando recibió
una colección de poemas suyos. Una señora recordaba su estancia en el
Monasterio y admiraba con sus palabras la sala de costura, en la que creaban
prendas delicadas y bellas. Durante la visita a los distintos departamentos del
Monasterio, llegamos los visitantes al Coro conventual. Allí rodeaban las
paredes, sillas de noble madera, y con tallas representando figuras humanas y
de animales, donde se sentaban las monjas para cantar los salmos. Allí coincidí
con un niño llamado Javier Domingo Piquero y ambos de mutuo acuerdo nos sentamos
en dos sillones adjuntos, donde nos fotografió su padre. Este es descendiente
de la familia Domingo de Casbas, que administraba la Sierra de Guara, soltando
en ella novillos de Navarra y de las Cinco Villas. Allí estábamos sentados el
pasado representado por mi persona y el futuro, que se está preparando con
Javier y sus estudios. El verá el porvenir y después de la relación con el
Monasterio, no olvidará los cantos de las monjas, ni sus trabajos y tal vez se
acuerde de los “suspiros de monja”, que alguna vez, antes de marcharse las
monjas, habrá probado. El Físico actual Stephen Hawkins, dice que en la tierra
resulta difícil la vida de los hombres y que hay que buscar otros planetas en
los que vivir. Pero en 1899, José María Llanas escribía: ”La tierra resulta ya
muy pequeña;…y no hay que esperar, si no vienen de otro planeta, que de su seno
salgan los hombres devastadores llamados a demoler un edificio de tan amplia
base”. Se ha destruido la vida conventual en el Monasterio de Casbas, acabando
con su sistema de elección democrática de las abadesas, cada cuatro años,
destruyendo “la gran ley del trabajo, único sostén y alegría de nuestra
existencia”. Para Dios no hay pasado ni futuro, todo está presente, en cambio,
para nosotros en el presente hemos caído en una enorme crisis, porque siguen
existiendo los “burgueses”, pues muchos de ellos son políticos. Al contemplar
el recorrido del sol, vemos la belleza de su amanecer y la de su puesta y
parece ser, que pensando contra la Naturaleza, miramos con más esperanza la
puesta del sol que su amanecer.
La poesía
lunes, 9 de febrero de 2026
La Cruz de San Pedro Mártir
En 1613 fueron expulsados los moros de España, marchando los que en Siétamo servían a los Condes, que eran los dueños del Palacio. Aquellos moros tenían su cementerio, debajo de aquel, en que ahora, los cristianos, son enterrados. Estaba sin paredes en una zona rodeada de carrascas y en la que pueden verse varias tumbas, revestidas de piedras y en las que hemos podido encontrar alguno de sus huesos. También fueron expulsados los moros de Ola y Olivito. En Ola vivían catorce familias musulmanas y dejaron un hermoso recuerdo consistente en un arco árabe, en el acceso al agua del pozo y fueron rápidamente substituidas por otras catorce familias cristianas, procedentes de los Pirineos. Muchos de esos apellidos son montañeses, como Otal, Guarga, Aysa, etc. Los de Siétamo vivían en su población, que estaba dentro de la muralla, de la que todavía quedan diversos tramos. Los cristianos estaban fuera de la muralla, con su parroquia en la casa de don Antonio Andrés, que en la ejecución de su garaje se encontraron tumbas de cristianos. Mi difunto amigo, Julio Brioso afirmaba que dicha iglesia era de origen visigótico y yo creo que habría que investigar las imágenes que se encuentran en la cara Sur de la Iglesia. Coincide aproximadamente la marcha de los moros, con la construcción de la Parroquia, pues la mandó erigir don Bernardo de Bolea, Señor de Siétamo, en 1572, siendo su constructor el maestre Martín de Zabala de Huesca. Esta fecha aparece en una obra de don Ricardo del Arco. En ella está enterrado, si no lo desenterraron durante la Guerra Civil, un antecesor del Conde de Aranda, tal vez el citado don Bernardo de Bolea. Quedan en el muro Sur de la Parroquia, dos tallas de piedra, consistentes una, en un “angelico” y la otra en una tiara, no sé si es episcopal o pontificia. Pero cuando se hicieron las excavaciones para suministrar de agua a las casas, apareció una piedra de las que sostenían el alero de la ya desaparecida iglesia, cercana a la Cruz de San Pedro, que tiene tallada en su parte más exterior, una cabeza de fiera monstruosa. Como consecuencia de aquella expulsión de los musulmanes, se adjudicaron el pueblo de Olivito para Siétamo y Quinto para Loporzano y todavía se conservan los papeles en que se acordó entre ambos pueblos el reparto de sus tierras. Ambos pueblos han desaparecido. Entre los restos de Quinto había teselas romanas, restos de vasijas romanas y apareció una piedra, ya olvidada, que parece ser que señalaba el miliar quinto. En ella estaba labrada una V que indicaba la situación del quinto miliar.
Entonces comenzó a brillar por todo Siétamo la Señal de la Cruz, porque hasta entonces el llamado Camino de las Procesiones corría más lejos de la nueva Iglesia y más próximo a la del camino de Ola. En la Plaza Mayor, colocaron una gran Cruz sobre una base, a la que se sube por escaleras pétreas. Esa base está formada por dos piedras labradas y empalmadas y sobre ellas se elevaba una columna alta, también de piedra, en cuya cima se asentaba la Cruz. De la misma forma en que ahora se trata de eliminar las cruces de los lugares públicos, el año 1936, no se consentía la presencia de ellas en plazas, calles ni en iglesias ni siquiera colgadas en los pechos de los seres humanos. Ahora cuando va uno a Francia, se encuentran cruces de Cristo en las plazas y caminos. Pero en España, concretamente en Siétamo, derribaron la larga columna de piedra, que hacía de sostén de la cruz de hierro. Aquel piadoso monumento quedó derribado por el suelo, como gran parte del pueblo de Siétamo, empezando por el Castillo y siguiendo por las casas de Puyuelo, de Juana Periga con su hija “Concheta” y de tantos otros vecinos, que se vieron obligados a reclamar que les repusieran su vivienda. Todavía yace derribada la casa, que se encuentra lindando con la bodega o almacén del Palacio, propiedad de Tomás Santolaria. En su fachada orientada al Este, se ve un agujero redondo producido por un cañonazo, cuando en la parte de Huesca, es decir por el Oeste, no poseían armas de gran poder destructivo.
En tanto los niños, acompañaban a Companys, endulzados con caramelos, en su marcha hacia el Castillo y después de la Guerra, los niños como Antoñito del Herrero, Rafael Bruis y yo mismo, íbamos replegando los millares de balines y bombas, que habían dejado en su lucha, unos y otros. Pepe Ferrando, habla poco, pero se acuerda de la bomba que al explotar, se le llevó tres dedos de su mano. Pero el alcalde Juan José Ribera, pensó en restaurar la pacífica Cruz de la Plaza y el albañil Emiliano Boira, levantó sobre la ménsula de piedra una columna de ladrillos de cara vista, con un adorno en su parte superior y en una esfera de cemento clavó una antigua Cruz, que preside la vida del pueblo, mirando al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. Cada vez que me fijo en la Cruz, me acuerdo del Alcalde Juan José Ribera y del buen albañil Emiliano Boira.
Pero el pueblo devoto de la Cruz, puso otra al arrancar el Camino de las Eras. Quedaba esta Cruz, aproximadamente, donde sale una calle, que yendo por encima del Parque, antiguamente Demba de López, va a parar al primer grupo de viviendas que se construyeron últimamente en Siétamo. Esta Cruz, como todo lo que tuviera un sentido religioso, fue también destruida. El Alcalde don Antonio Barta Viñuales, la arregló el año 1944 .Al ensanchar la carretera de Castejón el entonces alcalde Vicente Benedet la subió más arriba, colocando piedra por piedra, igual que estaba cuando la reconstruyó Antonio Barta y la colocó cerca de donde se entra en el chalet y el jardín de Soler. Desde ese lugar, la Cruz mantendría el amor de los vecinos de Siétamo. La columna vertical en el que asienta la Cruz es de cemento, aunque por los años que está cumpliendo su misión, a lo lejos, parece de piedra. Esa Cruz hace recordar al pueblo los problemas de su historia, con los hechos de la Guerra y acordarse también de las personas que como los entonces, alcaldes Antonio Barta y Vicente Benedet, la repusieron.
Pero quizá la Cruz más antigua de Siétamo, sea la llamada “Cruz de San Pedro Martir”, que por el Norte, la contemplan las Sierras de Guara y de Gratal, por el Sur la sierra de Alcubierre, por el Este parece la protectora de la Villa de Siétamo y por el Oeste, en tiempos antiguos, sobre Ola, se verían apacentar su rebaño a San Urbez, que siguiendo el curso del río Guatizalema, bajaría desde Nocito hasta Ola, donde en casa de Otal se conserva una losa de piedra sobre la que dormiría el santo. Desde el elevado punto sobre el que se asienta la “Cruz de San Pedro”, veía subir a los vecinos de Siétamo desde la iglesia parroquial, rezando el Via Crucis y en una vieja fotografía se conocen varioa hijos de pueblo, entre los que se encuentra José de Gabardilla, hermano del antiguo alcalde Antonio Barta. !Cuantas veces hemos subido a rezar los vecinos a la Cruz !. Y mirando al Oeste se distingue la recta carretera que parece dirigirse a Monte Aragón y se contemplan las fincas de Siétamo de Olivito, del Saso, hasta que se unen con las de Loporzano. Esta Cruz fue destruida como todas las demás, pero los vecinos del pueblo se preocuparon de restaurarla y Rafael Palacio, retocó todas las piedras que forman la base de la Cruz y la columna, y Domingo Borruel colocó el cimborrio con la cruz.
Pero no disminuye en Siétamo, la devoción a la Cruz de Cristo, sino que todos los Jueves Santos, se saca en procesión la conmovedora talla de Cristo. Cuando durante la Guerra Civil, fueron destruidas las distintas obras civiles y religiosas de Siétamo, parece ser que se recrearon en la Capilla abierta por los dueños de la casa, que se encuentra al lado de la iglesia. Ella era la sede de una Cofradía del Santo Cristo y fue toda ella destruida. Pero al acabar la Guerra Civil, el Aparejador Pérez Loriente, tío de mi difunto amigo, también aparejador, Pepe Pérez Loriente, quiso tallar una nueva imagen de Cristo y tomó como modelo para tallar su cara de sufrimiento, la de la joven hija de Siétamo, Antonia Benedet, que en su rostro de gran belleza, manifestaba un enorme dolor, producido por haber sido operada su columna vertebral. Murió la joven a los veinte años y llenó de emoción a los vecinos de Siétamo y al autor del Cristo, en cuyo rostro quiso representar el dolor de los seres humanos, en este caso concreto el de la bella joven Antonia Benedet. Este Cristo empezó a deteriorarse con el tiempo y por iniciativa del alcalde Vicente Benedet, lo restauró el artista Aquilué, dejándolo de un gran aspecto. Ante tal figura se sacó en las procesiones del Jueves Santo, con gran solemnidad y acompañado de músicos. Desde siempre salía en dicha procesión un trío de fieles, portando una Cruz y marcando un antiguo paso. Iban con hábitos y capuchas sobre sus rostros y ese paso da que pensar que en otros tiempos iría acompañado por algún instrumento musical y desde luego con un tambor, pues los pasos de los portadores lo daban a entender, ya que parecían obedecer a un “pan-pataplán- plan”, repitiéndose este movimiento que parece acompañado por algún tambor. Yo creo que se debían investigar instrumentos antiguos, cuyos sonidos se debían reintroducir en los pasos emocionantes de aquellos jóvenes que los ejecutan.
Siétamo realiza la adoración de la Cruz, como se realizaba en Jerusalen en el siglo IV, pues en ella, exclamaba un sacerdote: Ecce lignum crucis”, es decir “He aquí el signo de la Cruz del que estuvo colgada la salvación del mundo”. Y el pueblo colocó cruces por las distintas partes del pueblo y en la procesión del Jueves Santo, dice “venid, adorémosla”.
Venancio Fortunatus en su canto “Crux Fidelis”, dice ¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!.
domingo, 8 de febrero de 2026
Hazte donante
Me he encontrado en los Porches de Galicia, con Ernesto, con el que nos conocemos desde hace muchos años. No habíamos hablado de la vida y de la muerte, hasta el momento en que nos vimos delante de la mesa, en que se exponían folletos de la Federación Alcer de Aragón. En ellos se leían afirmaciones, como la siguiente: ” La donación es fuente de vida”. Le dije a Ernesto, ¿qué te parece esta frase? Y él me contestó que era la pura verdad, pues él vivía porque le trasplantaron el riñón de una persona, que no se sabía si era hombre o mujer, que estaba abandonando poco a poco su vida, pero soñando que un ser humano, como él, siguiera gozando de la misma. Y este donante, dentro de Ernesto, parece ser que también goza, por lo menos de una parte de la vida. Entonces le dije: ahora comprendo por qué razón, estás siempre alegre y pendiente de los demás. Si, es verdad, me dijo, lo que tú dices, porque en cualquier ocasión tengo la oportunidad de leer frases como ésta:”hazte donante y regala vida!, y aunque yo no he dado nada, me siento gozando de una vida regalada.
Y parece ser que entre los que viven con riñones o con un corazón, provenientes de otras personas, entre éstas, que han sido donantes y los que han recibido tan vivíficos dones, hay una convivencia alegre, que los lleva a visitar, por ejemplo la ciudad de Teruel, para contemplar las actividades de trasplantes de corazón, que en tan noble ciudad se realizan. El año 2009, hicieron una ofrenda de flores a la Virgen del Pilar. Viven alegres las Navidades y contemplan los belenes, en los que conviven los pastores, las ovejas, las ocas, los canes y las hogueras, convirtiéndolos a ellos en criaturas sencillas que conviven en este mundo.
En el Editorial de la Revista de la Federación Alcer de Aragòn, su presidente la compara con un concierto musical, pues dice:”En música es bueno escuchar a un buen solista, pero cuando suena una orquesta, la cosa se convierte en sinfonía. En esta ocasión la sinfonía de nieve, vida, agujas, taxis, médicos, enfermeras, guardias…ha sonado claro y alto”.
Después de leer tan maravillosa descripción del ambiente en la vida de los miembros de esta Asociación, me han entrado ganas de hacerme donante.
El cerdo-hucha
¡Dios mío, que casualidad que mi amigo en su viaje a la capital de España, encontrara y se trajera al alto Aragón, un cerdo alado !. Nunca h...
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Siétamo es un municipio en la provincia de Huesca, que pertenece a la comarca de la Hoya, situado en la N-240 sobre una suave colina cerc...
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Arnal es un apellido aragonés de origen vasco-ibérico; Arnal en aragonés es el nombre que se da a una colmena. En el escudo,...
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