viernes, 5 de junio de 2026

Pablo Neruda







La Vida me va resultando como un espectáculo en el que ya de niño veía a mi maestro revestido con un guardapolvo, con sus gruesas gafas y su boina, que casi nunca se quitaba y luego con otros niños hacíamos barro orinándonos en la tierra y creábamos huertos imaginarios. Empezaba a ver la vida en los “cucos” que envolvía en un pañuelo, en la burreta torda de mi casa y de la que todavía guardo su pesebre y en mis compañeros de la Escuela de Siétamo y empecé a ver la muerte, al enseñarme el cuerpo de un muchacho que se agarró a un camión con su bicicleta y lo aplastó. Estaban los fieles dentro de la iglesia y el difunto dentro de su fúnebre caja, bajo los arcos de la Lonja y un joven, ante mi curiosidad, la abrió y una moza me levantó y vi su figura yerta, pero bella. De estas contemplaciones de hechos cotidianos o, según Unamuno “intrahistóricos”, antes de cumplir los seis años pasé en un instante a verme introducido en los hechos históricos de la Guerra Civil. Un día, que sería del mes de Julio o de Agosto, un cañonazo sonó cerca de mí y a continuación no cesaron de oírse los tiros de los fusiles y los traqueteos de las ametralladoras. A mi padre le pidieron las llaves del sótano del Palacio del Conde de Aranda, para meter en ellos a los detenidos, pero mi padre se negó porque aquel lugar le parecía tenebroso y cruel. Luego el jefe de la zona le dijo que se fuera a Huesca con su familia y tuvo que ir por la provincia de Huesca hasta Zuriza, con intención de pasar a Francia. No hizo falta tal emigración, pero me acuerdo de cómo otros, por ejemplo Pablo Neruda hizo viajes más atractivos y más curiosos por todo el mundo. Cien años se han cumplido del nacimiento de este poeta y cerca de setenta hace que fui con mi familia en peregrinación por Huesca, Jaca, Ansó y Zuriza. Por aquellos años de mil novecientos treinta y cuatro estaba Neruda en Madrid, donde parecía que el ambiente olía a una próxima Guerra Civil, que cuando llegó, le hizo escribir: ”Creo que esa época va a ser revalorizada históricamente en forma independiente a las pasiones políticas. Y va a asumir una categoría que hasta ahora no se reconoce…porque tuvo tales dimensiones que fueron …sumergidas en la sangrienta guerra que conocemos, que naturalmente los españoles todavía no se han detenido en el examen de sus pérdidas y de sus valores”. Los hechos que durante ella ocurrieron, tocaron su corazón de poeta, lo que le llevó a repetirse: ”Creo que esa época va a ser revalorizada históricamente en forma independiente a las pasiones políticas” y se dio cuenta de que España podía “sentirse orgullosa de aquella época” del 27 y sintió el dolor de la muerte de aquel Miguel Hernández que “hasta entonces era un genial aprendiz de poeta”; tuvo que llorar la muerte de Federico García Lorca, que ”era uno de los poetas más extraordinarios...en que está unida toda vida física y la biológica con los menesteres del alma y de la poesía”. El concepto que Neruda tenía de España iba unido a su amistad con sus poetas y no es un recuerdo como el que aparece en 1935, cuando publicó su obra: Residencia en la Tierra, en la que escribe las experiencias que había vivido en sus misiones diplomáticas en Ceilán, Birmania y llegando a ser cónsul en Colombo y en Singapur. El mundo musulmán y el hindú le inspiraron versos que recuerdan la geometría musulmana, a la que podemos admirar contemplando los mosaicos de sus mezquitas, incluidos los mudéjares que están revistiendo algunas capillas de nuestra catedral oscense. Neruda, al escribir su memorial de la Isla Negra, hace un canto al “desencanto” de todo lo humano, deja sólo la ilusión de los árboles, los ruidos que producen los insectos en la selva y el ruido inmenso de la naturaleza, lo que hace que en él no permanezca la verdad del hombre y no mezcla “la vida física y la biológica con los menesteres del alma y de la poesía”, como él mismo escribió que hacía García Lorca. El recuerda las batallas de los indios chilenos o araucanos y le lleva a cantar la gloria de Alonso de Ercilla, pero se abstiene de cantar la gloria del vencedor español y canta el heroísmo de los araucanos. Y Neruda se concentra en la recolección de todas las cosas que encuentra y de otras que pierde, como yo al ensuciar mi pañuelo aquel insecto con su “sangre “ de color verde, tiré dicho pañuelo, pero un segador, un hombre íntegro, me lo trajo luego a mi casa. Yo en las más cercanas salidas de mi pueblo, recogía también “esquilas con su cañabla”, caracolas, botes de farmacia, insectos, aparejos de caballerías, candiles de aceite y abarcas. Pero Neruda además se recogía lupas, mascarones de proa, vajilla procedente de bares y de tabernas, etc, etc, que exhibía en sus residencias, como en la de la Isla Negra, donde se oyen y se ven las olas poderosas del Océano Pacífico. Allí contemplaba sus objetos, lo que tal vez le impedía subirse a hablar con el Creador. En los libros de Neruda de los que dispongo, trata poco del hombre y mucho de las mujeres, recordando sus contactos con ellas, con versos como estos: ”Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,-te pareces al mundo en tu actitud de entrega”. El nombra el alma de García Lorca, pero no recuerda demasiado el alma humana. Tampoco cita mucho a los animales, pero canta a la madera, al fuego, a la lluvia, al aire, al tomate, a la zanahoria y a la alcachofa, en la que ve las formas humanas de un guerrero. Yo desde mi casa de Siétamo veo Fraixinito o Fraxineto, el pico y el tozal de Guara, que nos separan el Somontano de la Montaña y tengo, como Neruda colgadas las abarcas, los cepos y los hierros del caldero del hogar, donde los campesinos se unían alrededor del fuego y contaban sus trabajos y sus aventuras con el uso de los cepos. También entre mis recuerdos cuentan los de mi hermano el marino, como mapas y cartularios. Pero el poeta tenía el inconveniente de que su padre le era hostil y tal circunstancia le llevó a cambiarse el apellido paterno de Reyes por el del escritor checo Neruda. Neruda, al llegar el ocaso se asomaba hacia el océano y hacia los Andes y veía el grandioso espectáculo del crepúsculo: ”grandiosos hacinamientos de colores, repartos de luz, abanicos inmensos de anaranjado y escarlata”.¿No tendría Neruda algún proceso psicológico, al ver tales maravillas, que lo llevaría a olvidarse de su padre y de su apellido?.El poema diez de su obra Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en su final dice hablando del crepúsculo: ”siempre, siempre te alejas en las tardes-hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas”, como si ese crepúsculo le borrase la idea de Dios. Hay quien asemeja a Neruda con Picaso, pues ambos dedicaron parte de su arte a Stalin; Neruda le cantó con su poesía y Picaso le ofreció un retrato. Ambos fueron premiados con el premio de la Paz, en la Unión Soviética. Neruda tuvo un compromiso político con el paraíso comunista y esa poesía política es lo peor de la obra de Neruda. Aquel hombre tan poético en sus cosmologías se torna vulgar y pasado de tiempo en sus panfletos, que él querría convertir en divinos. No hizo como Sartre, también comunista que al estar próximo a su muerte, escribió: ”He luchado denodadamente por un mundo en el que no me gustaría ser ciudadano”, pero Neruda dio un nuevo cambio, volviendo a la poesía dedicada a los objetos corrientes, a esas vulgares cosas que tienen, muchas veces, la virtud de devolver la alegría perdida. Pero siempre me acordaré del poema número veinte, que dice así: : “Puedo escribir los versos más tristes esta noche.-Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,- y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.-El viento de la noche gira en el cielo y canta.-Puedo escribir los versos más tristes esta noche.-Yo la quise, y a veces ella también me quiso.”

jueves, 4 de junio de 2026

Campanas en Madrid


A mí me suenan todavía las campanas, unas veces alegres, cuando empiezan las fiestas y otras tristes, cuando llevan el cuerpo de una persona al cementerio. Ese din-don-din-din, que sale de las distintas campanas, llena de alegría los corazones de los habitantes de los pueblos y les induce a bailar moviendo sus piernas, acompañadas con los movimientos de sus brazos y de sus manos. Ese lento dommm-dommm que acompaña al cortejo fúnebre, mueve las glándulas lagrimales de las mujeres, de los niños y de los hombres, que sienten el alejamiento del difunto, pero cuando el dommm-dommm parece que se acaba, se llenan de esperanza sus corazones, al lanzar la campana un nuevo dommm-dommm, que renueva la esperanza.


Yo me lamentaba de ver como en los pueblos ya no quedan campaneros y como en las ciudades, suenan las sirenas, pero las campanas ya casi no se hacen sonar. Parece que la vida moderna se va olvidando de las campanas, como si tratara de hacer a los humanos inmortales; lo somos y no tenemos que olvidar el uso de las campanas, que nos lo recuerdan. Hoy he escuchado sonar el bronce, golpeado por sus badajos, de unas campanas en la moderna catedral de la Capital de España y he comprendido como el hombre agrupado en las grandes ciudades, todavía siente el lenguaje de la campanas. Antes cantaban aquellas coplas que decían: “Campanitas de la aldea, din -don, que llamáis al amor mío, din.don-din-don, ¿por qué llamáis tan temprano, que hace frío, mucho frío?”. El amor del que cantaba la copla le hacía respetar el bienestar de su amada y le dolía el temprano sonar de las campanas, porque le haría pasar frío. Pero las campanas que hoy, día Once de Marzo se han escuchado en Madrid no producirían frío en los que las oían, sino que provocaban calor en sus corazones y esperanza en sus inteligencias, porque estaban silenciosos y no decían nada, pero comprendían mucho la lengua, que pronunciaban esos sonidos porque los madrileños se acordaban de sus padres, de sus hijos, de sus amigos y de sus órganos lesionados o perdidos. Algunos parece que entendían al poeta Federico García Lorca, en el decir de las campanas: Dim-dom ¡un hijo!,dim-dom, “¡un hijo,” dim-dom “¡un hijo, que no era más que suyo”, dim-dom, “porque era su hijo!”. Dim, dom ¡su hijo!, dim-dom ¡su hijo!dim-dom ¡su hijo!. Parecía, sin embargo que aquellos muertos eran hijos y hermanos de todos, porque todos lloraban y a mí, también, me caían las lágrimas de los ojos.

miércoles, 3 de junio de 2026

El Mediterráneo o Mare Nostrum






En el viaje o peregrinación de Egeria, desde el año 381 al 384, a los Lugares Santos del Oriente Medio, aparece el mar Mediterráneo, con un conjunto de pacíficos pueblos alrededor de sus aguas. Todas las costas estaban dotadas de Vías Romanas, por las que se podía viajar, desde España a Jerusalén por las actuales Francia, Italia, Yugoslavia, Turquía, Siria y Palestina. La peregrina española de la zona gallega, pudo regresar a España por Egipto, donde estuvo y seguir por Libia, Argelia Túnez, Marruecos y entrar en la Península, de nuevo. Pero volvió por donde había ido, es decir por Bizancio. Debió pensar que por Libia, Túnez y Argelia, tal vez no encontraría tanta gente con sabiduría, para poder hablar y comunicarse. Pero también había sabios y paz en el Norte de Africa y a aquella paz que unía a tantos pueblos, la llamaron Pax Romana. Pero ahora, en esos países de Argelia, Libia y Túnez, parece que ha aparecido una locura, debida a un deseo de libertad, pues el pueblo añora una democracia, de la que carece y se ha sublevado contra los dictadores de siempre. Entonces en la ciudad de Hipona, estaba uno de los Doctores de la Fe Cristiana, es decir el Obispo San Agustín. Con él hubiera podido conversar sobre la claridad de la doctrina de Cristo, para aclararse la mente de las numerosas sectas cristianas, que confundían las ideas. Ya decía San Agustín: ”Errar es humano, permanecer el error es diabólico”. ¡Qué feliz se hubiera sentido Egeria al escuchar las sabias palabras de San Agustín!. Porque este obispo fue uno de los que construyó la filosofía cristiana, creando la Teoría Patrística. Combatió la doctrina maniquea, la controversia donatista, las teorías de Pelagio y en sus últimos años, llegó al Norte de Africa el arrianismo. Nació San Agustín el 13 de Noviembre del año 354 en Tagaste y murió en Hipona el 28 de Abril del año 430. Fueron contemporáneos San Agustín con Egeria, pues ésta viajó a Palestina del año 381 al 384, ya que la gallega peregrinó a Jerusalén, cuando el santo tenía unos treinta años de edad. Uno se queda absorto al contemplar la Historia de la Humanidad. Porque ver el mapa del Imperio Romano, lleno de paz, comunicado por las vías romanas y luego seguir la invasión de los vándalos, la extensión de la doctrina musulmana, la colonización por parte de Francia, España e Inglaterra y ahora la masiva revolución de los jóvenes contra la dictadura y contra la administración, que enriquece a los poderosos y atormenta al pueblo, es un contraste rotundo. Cuando camino por las calles de la ciudad o por las de los pueblos, se me aparecen en mi cabeza las figuras de multitud de ancianos, de hombres y mujeres maduros, ya muertos, o la alegría perdida de niños y niñas, que ya se fueron. Ves cementerios y tierras en los campos que muestran huesos de personas de otros tiempos, de otra religión y de otra historia. Por ejemplo en Siétamo se ven tumbas de aquellos musulmanes de raza bereber, árabe o ibéricos convertidos. Quedamos en el mundo los actuales ciudadanos, que como los anteriores, también desapareceremos. ¿Quién nos gobierna hoy en día? y ¿quién nos gobernará cuando ya no pertenezcamos a este mundo?. Contemplamos la Pax Romana, pero comprobamos como las distintas sociedades se dedicaban a la lucha por sus religiones, por sus lenguas, por sus costumbres y olvidaban que la humanidad unida, es un ser social y debía ejercer esa sociabilidad. Ahora tienden los humanos a mezclarse en el globo, por medio de la emigración, y a veces olvidan tratar de adaptarse a las sociedades donde se instalan, para buscar prosperidad y bienestar.

Parece que los norteafricanos han coincidido, con el también africano, San Agustín en sus ideas, pues los primeros dicen que para que haya bienestar y prosperidad, deben dar la libertad a todos los hombres, en política, en religión, en lenguaje y en poder elegir los lugares donde se prefiera residir. San Agustín, expuso sus ideas sobre las relaciones que deben existir entre dos sociedades, que han existido en las distintas épocas, a saber la Ciudad de Dios y la Ciudad del Mundo. La ciudad de Dios, la he contemplado caminando por las calles y por los yermos, pero sigue siendo necesaria la Ciudad del Mundo. La sociedad terrenal ha sido siempre insegura y esto se explica por las diferentes culturas de los pueblos e incluso las diferencias que surgen por medio de herejías, ideas políticas, lenguas y luchas por el poder. San Agustín creyó en gobiernos, para combatir en la lucha contra los errores y contra el hambre. Así como Tertuliano, escritor cristiano de Cartago, quería separar totalmente el cristianismo del paganismo de Grecia y del Imperio Romano, San Agustín, animó el pensamiento de Platón, valiéndose de la razón, que percibía la unión entre aquellos muertos, que yo recordaba en mis paseos y el mundo actual lleno de vida. Un movimiento social nos empuja a ayudar a los libios, que están sufriendo con toda su vida. ¿Será posible que se regenere el “Mare Nostrum”?. El ser humano es un ser social y debe serlo, adaptándose a otras sociedades, donde puedan buscar el bienestar y la prosperidad, pero como dijo San Agustín:”Errar es humano; permanecer en el error es diabólico”. ¿Es humano ayudar a los libios, dueños de petróleo? o ¿es diabólico dejar que se maten en el Congo aquellos hombres de color que carecen de él?.

lunes, 1 de junio de 2026

A San Urbez, padre de las lluvias









Desde hace cerca de mil doscientos años, se ha venerado a San Urbez y se han escrito numerosos temas sobre su vida y milagros. Son conocidos los libros de don Mariano Orús Villacampa y del Obispo don Damián Iguacen. Pero yo conozco temas de la vida, la muerte y la quema de su cuerpo el 17 de Octubre de 1936. Los conozco salidos de las siguientes fuentes de hijos de Nocito y de todo el Somontano. Hace unos días me encontré en el Hospital de San Jorge a Segundo Nasarre, natural de Nocito y seguidor ferviente de San Urbez. En cierta ocasión en Hostal de Ipiés atropelló con su camión a un niño, al que en el Hospital daban por muerto y Segundo con su esposa se despojó de los zapatos y andando subió al Santuario de San Urbez, para rogar por la salud del niño. Cuando bajó ya había pasado el peligro y sanó como si hubiera nacido otra vez. Siempre han creído los montañeses en los milagros de su patrono montañés y le han pedido la lluvia cuando la sequía amenazaba las cosechas. A los pocos días me encontré a Urbez Nasarre, hijo de Simón Nasarre Lardiés, “santero” toda su vida de la iglesia dedicada a San Urbez, en Nocito. Este escribió el día quince de Julio de 1962, una carta a Don Mariano Orús, que residía en Barbastro, explicando lo que allí hicieron unos “autores que no eran conocidos”, pero su madre estuvo viendo toda la quema que encendieron sus autores, “pues la hicieron estar allí hasta que se marcharon”. Al acabar la carta dice de “San Urbez que es el patrono de la Montaña y Abogado de la lluvia, que muchas veces le vinieron a pedir agua y siempre fuimos socorridos, cosa que me lo vi yo”. Me preguntó el amigo Urbez si yo iba a asistir a fin de Julio a los actos que se van a celebrar en honor del Santo. Le dije que mi hijo asistiría seguramente, pues además de ser gran devoto del santo, éste estuvo en Olivito, pequeño pueblo entre Siétamo y Ola. En casa Otal de Ola guardan una piedra en la se acostaba San Urbez y dicen en el pueblo que en cierta ocasión ante la necesidad de agua para beber el ganado, lanzó en el Saso su vara, que se clavó en la tierra y surgió una fuente en la zona denominada El Señorío, que todavía suministra agua a los de Ola. En el entierro de Antonio Otal de Ola, me recordó su hijo José Mari estos hechos. Me dijo Urbez que su padre y su abuelo eran santeros en el Santuario de San Urbez y que su hija tenía un libro escrito por su abuelo sobre el Santo. Este acto de quemar al Santo tuvo lugar el 17 de Octubre de 1936. Hablando con un joven, nacido en Siétamo hijo del matrimonio de Vicente Benedet con la señora Nieves Izquierdo Nasarre, me dijo que en su casa tenían una placa con la que podía oírse a la señora de Nocito, Germana Albás( Ortás) de casa Lardiés y a su hija Joaquina, que era la madre de Nieves Izquierdo y abuela suya. Me dijo que esa placa estaba grabada en 1980, cuando Germana tenía noventa y ocho años y que murió a los cien. Esta señora era la madre de siete hermanos y hermanas, entre los que se encuentran el que antes he citado, a saber Segundo Nasarre y Joaquina madre de Nieves Izquierdo Nasarre, que es la poseedora de la placa sonora. Interrogaba a la abuela Germana Albás y a su hija Joaquina, un bisnieto de la primera y nieto de la segunda y contestaban a cada pregunta haciendo ver la influencia de San Urbez en la caída de las lluvias, sus períodos de devoción popular alrededor de la Sierra de Guara y del desprecio que recibió el santo y sus fieles devotos cuando lo abrasaron. Describe como en cada rogativa de lluvia, acudían desde Bierge y de Rodellar, pueblos que poseían cada uno su bandera y para agitarla hacía falta la fuerza de dos hombres. Dice Germana que “ni Angüés, ni Serrablo ni Nocito” tenían bandera. En cierta ocasión, mirando desde Nocito a la “punteta de Guara”, se veían las procesiones que venían a rogar al Santo” y cuando entraba la última procesión, ya llovió”, “ en Angüés llovió dos veces y a los dos días volvió a llover”. Con tales lluvias “los de Rodellar, Angüés y Bierge, se quedaron a dormir dentro de la iglesia y les mataron tres corderos para darles de comer. Marcharon al otro día, después del mediodía. Los repartieron también por las casas”. En la carta de Simón Nasarre a Don Mariano Orús Villacampa, de Barbastro, explica que su madre estuvo todo el tiempo que duró la sacrílega cremación de San Urbez, pero uno no se aclara si asistió alguien más. Pero de la placa sonora de la señora Germana Albás, se deduce que estuvieron cuatro mujeres, una, ella misma, otra su hija Joaquina y dos mujeres más, una de “casa Alta y otra de casa Baja”. También asistieron algunos niños, como por ejemplo Segundo Nasare, hijo de Germana y hermano de Joaquina. Pero hay que tener en cuenta que fueron tres los intentos de abrasar al Santo. Y del primero dice Joaquina, madre de Nieves izquierdo y casada con Vicente Benedet de Siétamo, que posee la placa sonora, que “los rojos lo sacaron del arca y salieron volando dos palomas”.”No tuvieron valor de tocarlo y lo dejaron como estaba”. Joaquina dice que lo quemaron en el prado de Ariel, frente al templo de San Urbez, el día 17 de Octubre de 1936. Una segunda vez intentaron quemarlo, pero al preguntarle a la señora Germana, quienes fueron, ésta contestó: ”No se sabe, cuatro espellejaus”. Pero ¿Quién lo quemó?, “eso no se sabe”. El pueblo sabía y sabe muchas cosas sobre tal suceso y unos dicen que los “espellejaus”, que lo abrasaron lo hicieron porque su jefe los emborrachó y más tarde dicen que murieron también abrasados algunos de ellos. Pero se acabó la Guerra Civil y Joaquina, madre de Nieves Izquierdo, casada en Siétamo, sigue narrando en la placa sonora, como se pusieron varias mujeres a recoger los restos de la quema, como por ejemplo la “rodeta” metálica con un ruedo de oro, que el cuerpo de San Urbez tenía en una rodilla, para que la besaron los fieles, ya que todo su cuerpo estaba amortajado con siete capas de tela. ”Cuando estaba el cuerpo convertido en cenizas, en el prado, recogió las reliquias, a saber huesos y polvo”. Añade “Recogí las macetas de la Purísima Concepción y otras cosetas de la Virgen”y “las guardó dentro d’o pajar”. Cuando llegó a Nocito mosen Vicente, al que salvó la vida, al avisarle de que llegaban “espellejaus”, el cura en agradecimiento por las reliquias y tal vez por su propia vida, le compró un rosario de nácar y se lo regaló. Estamos en plena celebración de la fiesta del agua en Zaragoza, pero falta recordar con más entusiasmo a San Urbez. Cuando uno ha visitado Santa Cruz de la Serós o San Juan de la Peña y visita Nocito, a uno le entra una gran pena, porque Nocito tiene su encanto y dentro de él, se encuentra uno con el placer de vivir en plena Naturaleza, sin aglomeración. Zaragoza dentro de sus museos, puentes y corrientes de agua, debía haberse acordado de San Urbez, Sol de la Montaña y Padre de la Lluvia. Así como el pueblo sencillo recuerda la historia de San Urbez, Aragón debía hacer una carretera por Vadiello, para que se conocieran más su vida y milagros.

En Siétamo, estuvo herido Orwell

 


Eric Arthur Blair, era el verdadero nombre de este gran escritor. Nació en la India; estudió en el Ethon College en Ingalterra, ejerció de policía en Birmania y más tarde fue granjero, maestro y librero; se hizo voluntario del

POUM en la Guerra Civil, hiriéndolo en el pueblo de Monflorite y fue acogido en el Hospital de Campaña de Siétamo. De aquí marchó a Cataluña y al verse perseguido por los estalinistas, marchó a Francia. Es uno de los mejores escritores de todo el mundo, pero acabó su vida como un pobre. Desde que nació en 1903 hasta su muerte en 1950, ocuparon su cabeza todos los problemas humanos, sobre los que escribió y definió, en sus obras “Rebelión en la granja” y “1984”, el totalitarismo que se apoderó de Rusia y quiso apoderarse de todo el mundo, dirigido por Stalin. Orwell cuando estaba en Barcelona se apoderaba de él, un temor a que lo “vaporizaran”, como ocurría con los anarquistas y los miembros del POUM, que fueron perseguidos por Stalin. El tenía una forma de expresión de categoría literaria,opuesta a la inexpresión de El Gran Hermano, que exponía mensajes por el mundo en su “neo lengua”, creada para que la plebe no pensara. Mi pariente Jesús Vallés Almudévar, escribió que en la iglesia de Fañanás, cerca de Huesca, la turba cantaba insultos, unos en castellano y otros en “latínajos”, mientras se revestían con las casullas y con las capas pluviales, destruyendo y quemando las imágenes de Cristo y de los santos. Orwell en su Homenaje a Cataluña explica esas juergas, que allí completaban con el asesinato de monjas y de frailes. Se casaban por meses o por otros periodos de tiempo, sin pensar en el porvenir. No sólo ocurrió esto en Fañanás, sino también en el cercano pueblo de Siétamo, mientras fuera de las iglesias mataban a todo el que no entendía su “neo lengua” y convencidos de que la guerra es la paz, destruían edificios e iglesias. Anais Nin, franco-americana e hija de un cubano, pasando por España, observó los males de la Guerra Civil y en su “Diario III” (1939-1944), escribe, cuando huyendo de la Guerra Mundial, iba de París a Portugal, lo siguiente: “En Irún hubo un rato de espera, un cambio de trenes. Di un paseo. Había una pared detrás de una iglesia, en la cumbre de una colina. Me volví para mirar a la iglesia. Sentí dolores en mi espalda. Me di la vuelta. De repente noté que la pared estaba llena de agujeros de bala. Alguien que pasaba dijo: aquí ejecutaron a miles de españoles. A mí alrededor todo está lleno de vestigios de destrucción. Unos niños juegan en las ruinas de los edificios”. El catalán Andrés Nin López, que era anarquista, fue apresado en Jaca por Orlov, el coronel Ortega y varios otros españoles, que lo secuestraron , lo atormentaron, lo desollaron, arrancándole la piel y lo asesinaron en el mes de Junio de 1937. Este crimen cometido con este hombre que desobedeciendo al Gran Hermano, mostraba sentimientos inofensivos, desprestigió para siempre a la República. Moscú no mandaba armas a España, pagadas con sobrados precios y de antemano, con el oro del Banco de España. No es extraño que Churchil, en Inglaterra no contribuyera a derrotar a los rebeldes contra la República, porque ésta, estaba infiltrada por todas partes por comunistas y hombres totalitarios. Escribió su novela satírica “1948”, sobre el totalitarismo de Moscú. Este estaba gobernado por el Gran Hermano, que era como un policía que controlaba hasta el pensamiento y la lengua del pueblo, que convirtió en una neo lengua. Los hechos que narra en su libro, ocurrieron el año de 1948. Divide a los humanos en dos clases, una formada por los miembros del Partido Unico y la Masa de gente pobre, que malvivía horrorizada y apartada de la política, en la que no podía ni pensar. Orwell relata la terrible historia de los protagonistas Winston Smith y su amor, Julia, que intentan escapar de una fórmula política en que la intimidad y el libre pensamiento estaban prohibidos. Tuvo que desaparecer el amor entre ellos, para ser substituido por el amor al Gran Hermano. Describe Orwell esta política que se trataba de implantar en España, en su obra “Homenaje a Cataluña”, en que narra muchas experiencias políticas. Pero al vivir la cruel Guerra Civil y comprobar las luchas entre comunistas, troskistas, múltiples sindicatos, partidos democráticos y totalitarios, y la miseria de los pueblos, como Siétamo, donde “la artillería lo había reducido en parte, a escombros y la mayoría de las casas estaban marcadas por las balas”, se preguntaba a qué partido político habría que obedecer por defender al pueblo. El mismo Orwell escribe:”Comenzaron a despertarse en mi mente vagas dudas acerca de esta guerra en la que, hasta ahora, la cuestión del bien y del mal me había parecido bellamente simple”.Se puso voluntario en el POUM y en un camión lo llevaron a Siétamo y de ahí a Alcubierre y escribe “Al evocar mis primeros dos meses de guerra, nunca puedo evitar el recuerdo de las costras de excrementos que cubrían los bordes de los rastrojos”. Más excrementos se extendían por las mentes del Gran Hermano, que asesinó a Andrés Nin y en Siétamo, los milicianos fusilaron al “Padre Jesús”. Debajo de Siétamo, entre Bespén y Blecua fusilaron a la madre y a un hermano de unos dieciséis años, de Jesús Vallés Almudévar, como se lee en las páginas de su Diario. A finales del mes de Agosto de 1936, se lee en ese Diario:”No había amanecido todavía, cuando fueron a por ellos”. Subieron a un coche y en “un barranco, entre Bespén y Blecua se detuvieron”. Dicen que el piquete estaba formado por guardias civiles y por dos mozos del pueblo. ¡Dispararon!. Cayeron. Luis no se movió. Mamá intentó incorporarse, una nueva descarga se lo impidió. Después llegaron los del comité. Rociaron los cadáveres con gasolina y les prendieron fuego”. De Blecua fueron unos hombres a enterrar sus restos”. Y Jesús con trece años cumplidos “estuvo en Siétamo y cuenta en su Diario:”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado……”. A Orwell, estando en Monflorite, le llamaba la atención la anulación de la colocación de cruces en los cementerios y la falta de ritos religiosos en los enterramientos de los difuntos, pero él pensaba que esas costumbres volverían como “volverían los jesuitas”. Del lenguaje o neo lengua del Gran Hermano se deduce esta ignorancia, ya que no dejaba ver que esas cruces eran unos de los objetos religiosos más amados por los españoles, en general. En cambio decía a la Masa que lo único válido eran la hoz y el martillo. En el cerco de Huesca tomó parte en el ataque al Manicomio, luchó en la Granja de la carretera de Sariñena y por fin, según escribe Orwell:”sentí…es muy difícil describir lo que sentí, aunque lo recuerdo en forma muy vivida. Con este balazo de fusil, el médico lo mandó a Siétamo.”Los hospitales de Siétamo eran barracas de madera, apresuradamente construidas, donde los heridos sólo permanecían unas pocas horas”. En Tarragona se comprobó como una de las cuerdas vocales estaba paralizada, pero al fin logró comunicarse con los demás. Vivió en Barcelona y “el quince de Junio la policía arrestó a Andrés Nin. Entonces no le quedó otra solución que huir de aquel ambiente contra los anarquistas y el POUM. Companys, presidente de Cataluña, que también visitó Siétamo, ”declaró riendo unos pocos días antes de la toma de la Central Teléfónica, que los anarquistas se avendrían a cualquier cosa”. Estuvo también en Siétamo Durruti, que tuvo un despacho en mi casa y que era violento con respecto al Poum. Como se deduce de estos recuerdos en esa democracia, abundaban los “intelectuales”, que imponían sus pensamientos a la Masa y de allí vinieron las derrotas bélicas, que le hicieron perder la guerra y a Orwell, le dejaron experimentar la historia triste, que se dio en España y que después se ha repetido por todo el Mundo.

domingo, 31 de mayo de 2026

La prisa








Sobre la esfera del reloj de pared se lee: ”Tempus fugit”, y el tiempo va huyendo lento, lento, al ritmo que le marca el sonoro tic-tac de su péndulo. No tiene prisa el reloj de forma semihumana con cabeza que, por cabellos, se corona con adornos barrocos, su cara es blanca, redonda y numerada, con saetas que no inciden sobre un corazón que no posee, sino sobre la frialdad de unos números romanos, que recorren, periódicamente, una y otra vez con la monotonía con que la luna cumplimenta, día y noche, las fases que aparecen en los calendarios. Su pecho y su vientre de guitarra se transparenta a través de un cristal, dejando ver cómo el péndulo alterna su movimiento pendular. El tiempo huyó definitivamente para el varón que lo escuchaba y contemplaba, pero la dama quebró la sincronía con el tic-tac sonoro y no supo, ya más, escuchar la dulce sonería de campanas que el reloj, cada hora, al aire regalaba. Se fijó la señora solamente en lo fatal de la sentencia de la esfera y aquel “tempus” que “fugit” se le clavó cruelmente en su cerebro y en su corazón, cuyos latidos, siendo vida, no le decían nada. El reloj se recrea con el tiempo que tiene concedido y la dama, en lugar de gozarlo, lo consume, lo quema, lo derrocha; huye de él y huye de sí misma sin parar un instante a gozar de la vida que Dios le concediera. Va y viene, sube y baja, sin hacer un alto en el camino y el tic-tac del péndulo de su vida queda despendolado, con pérdida del ritmo armonioso, que pudo ser placer y ahora es huida.

Párate sin parar, como el reloj, para escuchar el ritmo de la vida, para oír el sonido de las campanas, de músicas, de palabras bellas, y para ver las fases de la luna, los paisajes y tantas cosas que adornan la existencia.

¡Párate, templa tu ritmo pendular y manda sobre ti , como la rueda Catalina en su reloj!, ¡como Marcial Lalanda convertía en ballet la prisa de la fiera !.

¡Párate como Teresa la Andariega, en las Moradas del alma y de la calma!.

viernes, 29 de mayo de 2026

Sonaban las campanas de San Pedro el Viejo







La víspera de San José, a las siete y media de la tarde, me encaminé a escuchar las Completas gregorianas, que desde hace siglos, los carpinteros le han dedicado, para que les ayudara en su vida de trabajo. Entonces, cuando yo era un niño, salían los sacerdotes de la Parroquia, revertidos con una vestimenta, sobre sus hombros a modo de una joroba, que el Papa había impuesto a los eclesiásticos de Aragón, por haber sido fieles al Papa Benedicto XIII; se sentaban en las sillas trabajadas artísticamente, y reunidas detrás de la reja posterior de San Pedro, donde suena el órgano y con música gregoriana ensalzaban al Señor. Cantaban: Deus in adjutorium meum intende, y otros contestaban: Domine, ad adjuvandum me, festina. Con estos cantos rezaban para que el Señor acudiese en su ayuda y que lo hiciese rápidamente.

José Antonio Llanas, vivía en una casa, vecina a los Clautros de San Pedro y desde niño, oyendo el canto gregoriano, se enamoró de él y toda su vida acudió, no sólo a las Completas, sino también a los Laudes y Vísperas. Se sentaba con los sacerdotes que muy amables lo recibían y con ellos, cantaba. Su hijo José Antonio, ha heredado el amor a estos cantos y viviendo en Madrid, acude cada año a participar con el párroco y dos sacerdotes más a cantar las Completas. Los carpinteros, ya casi todos muy ancianos acuden y gozan con esas músicas, que conmueven los espíritus. Después, en el Claustro románico de San Pedro, toman un trago de vino acompañado por sabrosa tortas. Ellos siguiendo el ejemplo de las oraciones, con las que piden ayuda, se dedicaban a repartirla entre los carpinteros enfermos, lesionados y en ayudar a las viudas. Yo acudí a ver y a escuchar a mi sobrino José Antonio cantando las Completas y al pasar por la Plaza del antiguo Mercado, se oyó sonar el dulce dim-dom, dim- dom de las claras campanas de la torre de la iglesia de San Pedro. No pude menos que acordarme de aquellos pasados tiempos en que la alegría era general, pero al escuchar aquel sonar de las campanas, que eran capaces de hacer vibrar el cielo del barrio, yo al menos, participé de su sonoro encanto. La Cofradía de San José y Santa Ana, erigida canónicamente en la Iglesia Parroquial de San Pedro el Viejo de Huesca, manda a todos sus socios el programa de Solemnes Cultos Religiosos y este año el Reverendo Don Manuel Barrio, se la ha mandado a trescientos veinte cofrades. Allí en la Parroquia encontré a muchos amigos, como a don Luis Gracia Del Arco, de noventa años de edad, que fue carpintero de la Diputación Provincial y que tiene el número dos de la lista de los Cofrades. Al saludarlo me acordé de la mesa que me preparó hace ya muchos años, para escribir y dibujar. Entró en la Cofradía el año de mil novecientos cuarenta y cuatro. Me contó que cuando en sus años mozos, ingresaba en la Cofradía, el Decano de la misma, le dijo, entregándole un madero: toma esta madera, quítale todo la que le sobre y de lo que quede, saldrá un San José. Pero el cofrade que me ha hecho acudir a las Completas, ha sido José Antonio Llanas, que tiene el número siete, ingresado el año mil novecientos cincuenta, impulsado por su padre, mi primo José Antonio Llanas Almudévar, farmacéutico, que vivía en una casa al lado de la parroquia. La verdad es que en aquellos claustros me sentía acompañado de todos los oscenses actuales y los del pasado, pues en dos capiteles está inscrito el nombre de un Almudévar, que trabajó en obras artísticas de la iglesia y de su esposa, allí enterrados. Yo creo que mi primo el sacerdote de San Pedro Jesús Vallés Almudévar, desde allá arriba contemplaría satisfecho la alegría de mi sobrino José Antonio Llanas.

Pablo Neruda

La Vida me va resultando como un espectáculo en el que ya de niño veía a mi maestro revestido con un guardapolvo, con sus gruesas gafas y su...