martes, 29 de septiembre de 2026

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite


Belchite (Zaragoza)
En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Cavero, se refugiaban por las noches varios vecinos de Siétamo, entre los que se encontraba Estebané Bescós, ya difunto y Joaquina Bruis, viuda de Joaquín Bruis y madre de Antonio Bruis Larraz. Todavía Joaquina me repite con frecuencia durante este año de 2013, el hambre que pasaban en la cueva, por la noche, en tanto bombardeaban el Pueblo de Siétamo. A pesar de sufrir el hambre, Estebané ansiaba acudir a la cueva, para dormir tranquilo y alejado de la explosión de las bombas de la aviación. Entonces se pasaba hambre, no sólo en Madrid y en Barcelona, sino en aquellos puntos en que la guerra ardía y tenía a los ancianos y a los niños, con sus estómagos vacíos.
Belchite quedó convertido en una ruina macabra, como Siétamo, pero mucho más extensa, tanto que no se han restaurado sus viviendas, ni sus iglesias ni conventos. A penas un pequeño grupo de casas han permanecido de pie. El año de 1937, los Republicanos arrasaron el pueblo de Belchite, al que defendían los Nacionales. Fue tan terrible la lucha, acompañada por los mutuos fusilamientos entre unos y otros, que unos seis mil hombres y mujeres entre soldados y civiles murieron en pocos días. El control republicano duró escaso tiempo, pero ya no duraban las vidas de sus paisanos ni de los soldados y milicianos que en Belchite luchaban. Lo único que podían hacer era como han hecho ver los psicofonistas,  hablar y gritar en la oscuridad de la noche,  en aquellas calles muertas y silenciosas. En 1946, los más   afortunados, ocuparon nuevas viviendas  en Belchite y en 1960 se acabó la entrega de casas.
Dicen que cada año diez mil personas visitan Belchite, unos como aquellos que recuerdan un pasado tan terrible, otros como turistas que sienten curiosidad por los terribles hechos ocurridos en dicho pueblo   y muchos atraídos por las leyendas que se cuentan de las almas, de los que en esa guerra salvaje murieron, pues algunos de ellos dicen los psicofonistas que caminan todavía por sus calles.
Yo me acuerdo y he recordado siempre a mi primo José María   Narbona de Siétamo, que murió en aquellas luchas con diecisiete años de edad, cuyo cuerpo trajo al cementerio de Huesca su primo Buisán. Alguno quedó con vida, como Natalio Baquero, de los últimos habitantes de Belchite, que el mismo día en que partió del pueblo,  escribió en la Iglesia Vieja,  lo siguiente: “Pueblo viejo de Belchite, ya no rondarán zagales. Ya no se oirán las jotas, que cantaban nuestros padres”. Me acuerdo de José María, que antes de la Guerra Civil le daba clases a mi hermana mayor Mariví.  Era muy amable y sonriente, pero ya no le he oído cantar jotas ni salmos, desde que lo vi,  antes de dicha Guerra, pero mi corazón lo contempla, sonriente, a pesar de su destino cruel.
No se me ha muerto el triste recuerdo de la destrucción de Belchite, porque el día cuatro de este mes de Octubre de 2013, escuché las más repugnantes noticias, que se produjeron en dicha lucha inhumana. En un Bar de Jaca, situado próximo a la Estación de Autobuses, conversé con un hombre alegre y simpático, que tenía unos sesenta y cinco años de edad. Se llama dicho señor Eloy Bordonava y era del pueblo  de Sinués, que se encuentra al lado de Aisa, desde donde ve correr el río Estarrún, desde los campos que cultiva. Estaba comiendo un buen bocadillo, pero esa satisfacción de su apetito, le debió recordar el hambre que pasó su padre Francisco Bordonava, allá en la Guerra Civil, en Belchite. ¿Cómo se cruzaban las ideas del hambre con la satisfacción de comerse ese apetitoso bocadillo?. Me dijo Eloy que su padre casi no hablaba de aquellas desgraciadas horas pasadas entre ruinas y entre difuntos, pero en las reuniones con personas mayores, les contaba negras aventuras de esa guerra tan cruel y odiosa por parte de los dos bandos. Y en ciertas ocasiones dejaba ver a sus paisanos, aquella situación tan difícil, sin ningún grado de humanidad que pasó él y sus compañeros en aquella lucha. ¿Qué situación le produjo el peor recuerdo de Belchite?. Sencillamente, el contemplar a unas personas, abriendo las heridas de los recién caídos el suelo por las balas de fusil ,por la metralla de las bombas que  lanzaban los aviones y los cañones, y aproximar sus labios a la sangre que derramaban, para beberla , para matar el hambre, que los estaba acabando de dejarlos vivir, cruelmente, pero vivían todavía.
¡Qué comunión tan negra la que se realizó en Belchite, pues en la comunión de Cristo, es necesario que se amen los unos con los otros!.
Natalio Baquero escribió en la Iglesia Vieja: ¡Pueblo viejo de Belchite ya no rondarán zagales. Ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres!. Hay que aprender de la Historia para que muchos niños actuales no vuelvan a pasar hambre, como ya la pasan en muchos lugares de España.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Música






 Para todo hay que tener cualidades. Yo, de pequeño estudié música y fracasé. Pido perdón, ¿a quien? a mí mismo, porque pensando correctamente, yo no tenía cualidades para cantar ni para tocar armonios ni pianos. Sin embargo escuchar música me produce un gozo infinito. Ahora se escuchan muchos discos, pero de música popular, ¡qué poca!.
Me acuerdo de oír el canto llano gregoriano, que ha volado, cuando la humanidad más necesidad tiene de escucharlo, aunque sólo fuese para compensar los ruidos y "ruideras" que produce la música moderna y los artefactos industriales.
Quedan rincones monásticos a los que sería necesario ir a pasar algunos días, sobre todo a los ejecutivos para que no se les produjese el infarto y para luchar contra las agonías que lleve consigo el "mundanal ruido".¡Oh, si estuviese vivo el monasterio de Montearagón con sus antiguos frailes agustinos!.Se podría subir a escucharlos y de paso echar un traguito del licor, parecido al "benedictine" que ellos fabricaban. Conocía a unos muchachos que se compraron un "casette" de Solesmes, para escucharlo, en tanto fumaban "codetes". Hasta a los drogadictos les gusta el gregoriano. Este canto da un cambio al canto popular. Sus frailes cantaban unidos, todos igual, no subía la voz de uno de ellos más alta que otra voz: "un fraile, dos frailes, tres frailes en un coro, hacen la misma voz que un fraile sólo".
Los cantantes de los lugares, en un entierro, cantaban como diablos el "Dies irae", mejor dicho como ángeles. Parecía que estabas escuchando "radio moros", pero pensando me pareció que lo que estaba escuchando era música mozárabe. Mi hermana María escuchó en Monreal unas canciones folklóricas sefarditas y me dijo que sonaban como cuando escuchaba a los señores Andrés de Lobateras y a Mariano Cabrero, hijos de Siétamo. ¡Qué sentimiento ponían en sus cantos!.Yo me puse una vez a cantar con ellos y Marianer de Cabrero me hizo callar porque yo no daba las notas improvisadas como los negros las dan en su música de Jazz. Hoy Mariano canta en la Coral oscense y yo soy un fracasado, no tengo perdón.
¡Hoy estudiamos la música y hay gente preparada para recibir esta música!.¡Por favor, haced un disco, un casette o lo que sea, en algún pueblo donde se cante así, si es que queda!.Yo no tengo perdón, ya lo he dicho, ¡pero mira que por decreto destruir la música que durante siglos ha cantado la gente!. El pueblo no entendió este destrozo, pero no he escuchado comentarios sobre la música destruida; el pueblo no subió más al coro de la iglesia y en paz.Pero cuando a los santos (que mientras no se demuestre lo contrario, fueron muy cristianetes) los echaron de las iglesias, escuchas alguna "dijenda". Un mosen puesto al día, destruyó en la lonja de la iglesia un santo de yeso de poco valor artístico a fuerza de "mallazos". Un hombre que por ahí pasaba, dijo: ¡qué vueltas da el mundo!, mi padre las pasó canutas por hacer lo mismo. Y se marchó con su jada al hombro y con sus pensamientos.
Yo creo que aún se puede rescatar para la posteridad la música del pueblo. ¿Quien será  su salvador?. Creo que los aragoneses le deberán respeto, admiración y ¡ música celestial!.              

martes, 22 de septiembre de 2026

Del Pirineo al bosque tropical




Mi amigo Manolo nació en un pueblo de nuestra Montaña altoaragonesa, uno de esos lugares siempre verdes, de un verde fresco, tan verde que sólo deja de serlo para tornarse blanco, con la más fresca nieve invernal. Nuestros montañeses han sido grandes andarines; basta ver las largas zancadas que dan cuando caminan por nuestros cosos, típicas calles del Alto Aragón. Pareces tipos postizos, pues se nota que no se hallan en su medio ambiente habitual. Desde que dejaron de ser necesarios para repoblar otras zonas de Aragón, tuvieron que buscar otros lugares a los que emigrar. Los hijo segundones, no herederos, que no se conformaron con permanecer en sus casas natales como “tiones”, atravesaron la frontera y se establecieron en Francia, otros cruzaron el charco y aparecieron en las Américas, mientras otros se fueron a Cataluña. Hubo una época en que les dio por ir a trabajar a la Guinea, antes española; entre estos estaba mi amigo Manolo, el de la tierna sonrisa, el bonachón sempiterno. ¿Qué trabajo le  aguardaba? , eran dos y no uno. El primero el cambio de clima. De los verdes y frescos prados  que he nombrado y con nieves perpetuas en el horizonte tuvo que pasar al bosque tropical de un verde extraño y un calor húmedo y agobiante. Pero no fue este su peor trabajo, sino otro,  que dado su carácter no le podía ir  menos: el de negrero. A su rostro sonrosado, siempre rodeado de color verde ambiental, le iba mejor ver en el horizonte la blanca cara de su Montaña, que las caras negras de sus pupilos, cuando tenía sed. En su pueblo bebía leche fría y en Guinea bebía café. Por cierto que cuando así lo hacía, se acordaba de la canción que tantas veces había oído en sus fiestas patronales: ¡Ay, mama Inés, ay mama Inés, todos los negros en Cuba, tomamos café!. De tanto sudar y de tanto tomar café ya era casi un negro más. Se acordaba de las vacas de su casa y se le criaba lo mismo que a ellas, pero mala. Cuando los bubis nativos y los ibos, inmigrados de Nigeria, se lo miraban con sus ojos blanquísimos y con su odio negrísimo, se le ponía mal café, porque él no odiaba ni había odiado nunca. Y mucho menos cuando se trataba de mujeres, fueran éstas blancas, como la leche o negras como el café. Manolo se cansó de tomar  tanto café y de criar mala leche y se vino a Huesca. Lo podéis ver por el Coso dando grandes zancadas y con su recobrada sonrisa en los labios, que nuca abandona.   

sábado, 19 de septiembre de 2026

La fuente de Marcelo


Fuente de Marcelo(Km 3)



Hace un tiempo, en la antigua Plaza del Mercado, me encontré con un joven oscense de unos treinta y tantos años, y lo vi con síntomas de catarro, que le hacían entre otras cosas, presentar una nariz completamente roja. Se lo dije y él exclamó: ¡Si, igual que un payaso!. Trató de explicarme los motivos de su catarro, cuando yo le dije: ¡Ya lo habrás cogido en Jara!, porque con mucha frecuencia va a visitar esa bella ermita. Y me contestó:: “ Si, el sábado a las ocho y media de la mañana, hacía frío y yo con solo la camisa, me dirigí a la ermita que has nombrado y por la tarde, como creo que soy buen oscense, me fui a la fuente de Marcelo, debajo del Kilómetro Tres”. Se puede ir a dicha fuente por la carretera de Arguis, pero también se puede ir por el Pedregal, que está señalado con estacas, la fuente de Marcelo. Este Pedregal se puede coger por debajo del Convento de las Miguelas, cerca del huerto de Gambau. Pero él no fue por ninguno de estos dos caminos, sino que marchó caminando por la orilla del río y se entretenía en levantar algunos ladrillos del agua, les tapaba los agujeros y sacudiéndolos  salían dos o tres cangrejos, que según él,  eran “entreveraus”, es decir que ya habían perdido la antigua raza de los cangrejos autóctonos. Luego él, como no es amigo de “fartase”, los volvía a soltar, porque además tiene un gran sentido de la Ecología, que le hace respetar hasta a los cangrejos, porque se acordaba de que cuando era niño, iba con otros a soltarlos al río. Me dijo que estaba enamorado de las perdices, a las que contempla cuando hacen sus escapadas, unas veces andando, otras corriendo y alguna volando y le gusta escuchar sus cantos que le vuelven loco. Me habló de una pequeña liebre, que había cogido en un hueco que estaba en el tronco de una olivera, y al mirarme hacia él, vi que llevaba colgada de su chaqueta una pequeña figura de liebre que creí era para acordarse de aquella que cogió en sus años infantiles. Al legar a Marcelo, se mojó la cabeza con el agua tan fresca, que sale por sus caños y se echó unos tragos descomunales y cuando hubo gozado de la frescura del agua, de la belleza del paisaje, que él dice que es precioso y para confirmarlo añadió: ”Nunilo también te lo puede decir!”; allá a las siete de la tarde se volvió hacia Huesca, andando otra vez por las orillas del río. Allá a las siete y media llegó a su casa y no notó nada, pero el domingo, al levantarse, le dolía la cabeza y tosía. ¿Había cogido un catarro oscense, que por ser tal es mejor que el actual y grave catarro, que los chinos, tan viejos, han traído a este mundo?. Me dijo que él tenía la culpa de haber cogido la gripe, pues se podía caminar por la orilla del río, sin mojarse los pies, pues hay dos pequeños puentes, uno a principio del camino y otro en la misma fuente, que es una obra de ingeniería de los hijos del pueblo, como Berdié, que arregló el camino y las fuentes de Marcelo y Jara, con su dinero. El puente de Marcelo cambia su posición cuando baja una riada, pero se hace girar sobre su eje y se vuelve a la posición anterior. ¿Qué clase de puente es éste?. ¿ Por qué no es colgante, ni es fijo, sino giratorio?. Es que es un puente giratorio de Marcelo, es de Huesca. Después de contarme todas estas cosas, me llevó a ver la fuente de Marcelo, que yo había conocido de niño, pero ahora está transformada porque el río se ensucia más abajo, ya que allí tiene las aguas puras y limpias, llenas de madrillas  y de “zapateros”. Las aguas bajan por cuatro caños, tres casi juntos y otro el del “Gallo”, que está un poco más alejado. La primera fuente se llama la del Pez, la segunda la del Toro y la tercera la de Marcelo y sus aguas se van al río, donde antes iba todo Huesca a bañarse en sus badinas y a su alrededor  hay esas con sus bancos, en los que se puede merendar, comer y pasar el día; es un lugar limpio, con zonas de sol y de sombra, producida esta última por los árboles, como los chopos, y los robles o cagicos. Presidiendo el paisaje estaba levantado un cubierto, rodeado en su interior de cómodos bancos, en los que estaban sentados varios veteranos de Huesca, como el “ingeniero” Berdié, que parece que goza por allí de su vida, con numerosos otros oscenses, presididos todos por Pascual Ascaso, que igual que distrae en el periódico a los oscenses con sus artículos, lo hace en la fuente de Marcelo, con su conversación.

viernes, 18 de septiembre de 2026

EL HUMOR ALTOARAGONES




Una chispa en unos casos enciende un placentero cigarro y en otros un incendio. Pero para que haya humor tiene que saltar la chispa de ese humor. Si no hay chispa no funciona, como le pasó al alcalde de Albero, que estaba frente al Correos, dale que te pego, al pedal de la moto y no se ponía en marcha. Al preguntarle un guasón que le pasaba a la moto, le contestó el de Albero: ¡qué ha de pasar, que no "espurnia"!.
En el humor salta la chispa del roce o contraste entre lo serio y lo ridículo y el buen observador ve  saltar la chispa, simplemente, mirando el contraste. En la vida, entre el sentido común y el humor, tantas veces irracional, absurdo o ridículo, se goza del humor vital.
Una de las definiciones del humor, dice que consiste en presentar de un modo serio a alguien o a algo ridículo, como hacía aquel sacristán que de una mujer “pintarrojeada”, super acicalada y super ataviada, vestida con ropas que pretendían ser originales, cuando en realidad parecía un espantapájaros, decía : !parece una madama!.
Una madama en nuestros pueblos era una señora vestida elegantemente.
Ese fijarse, con sus redondos ojos, aparentemente ridículo de la lechuza que anidaba en La Compañía, lo cambiamos por esos ojos escrutadores de Unamuno y habremos hecho humor, como cuando a este señor lo caricaturizaron de lechuza, pero con su sentimiento y resentimiento trágico de la vida dijo: "Eso que se llama por ahí humorismo, el legítimo ni ha prendido en España apenas, ni es fácil que en ella prenda".

jueves, 17 de septiembre de 2026

Las golondrinas




Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, debajo de los maderos y allí, cuando criaban, uno  podía ver y oír a las crías, que al recibir de sus padres el alimento, piaban y sacaban sus cabezas de los nidos, abriendo sus fauces para recibirlo. Es la golondrina un ave elegante que en el Otoño se marcha al Sur, pasando al Africa del Norte y al llegar la primavera, alegraba los corazones de los habitantes del Somontano, que la amaban y no las perseguían ni deshacían sus nidos. Las respetaban, ya que de niños les habían contado que cuando Cristo estaba colgado en la Cruz, ellas revoloteaban a su alrededor y le quitaban la corona de espinas, que cruelmente se clavaban en su cabeza, amargando más los ya pesados dolores, que había sufrido y estaba todavía sufriendo.
Por eso se originó el refrán que dice: ”el que mata una golondrina, mata a su madre”.Al oír sus cantos, se sentían los somontaneses  inclinados a la paz e imitaban dicho canto, diciendo: ”mosquito comí, comí, mosquito comí, comí, a otro que no a mi”, dando el sonido a estas palabras igual al  del canto de las bellas golondrinas.
Me contaba una mujer joven del Somontano que estuvieron en la cuadra de su casa, haciendo obras para transformarla en un hermoso y amplio salón de estar y se encontraron que en los nidos había “crietas de golondrina”.Estuvieron a punto de interrumpir las obras hasta el Otoño, pero al fin cogieron dichas pequeñas golondrinas y, con cuidado las depositaron en otros nidos, que se hallaban cerca de los de la cuadra. Triunfaron porque criaron muy bien aquellas golondrinas a las pequeñas, que les habían echado los dueños del salón.
Todos los años las esperan para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos de barro y lanzando al aire sus bellos sonidos, para alegrarse por haber  creado nuevas generaciones de su especie.
Este verano he observado más de lo que acostumbro, la emigración de las aves pertenecientes al género Hirudo, del que forman parte las golondrinas. Me habían dicho que el veinticinco de Agosto se marchaban de nuestra tierra, las “falcetas”, ”falciños” o vencejos y me sorprendió que marcharan en tal fecha, pero, cada año compruebo que se van volando con sus poderosas alas. En cuanto a la golondrinas clásicas, que anidan en Siétamo, se solían por ir el quince de Septiembre, todavía en verano, pero yo el día once ya no la ví; sin embargo mi afición a unas aves tan románticas y útiles por su eliminación de insectos como mosquitos, me hizo observar el cielo y hasta el día catorce seguí viendo pequeños grupos de ellas. Desde ese día ya no ví más, pero el día veintitrés de Septiembre, ya en el Otoño, a la hora del mediodía, pude observar un grupo de ellas, detrás de mi casa; se posaban en los cables de la luz unas cuantas, en tanto las otras volaban y giraban por el aire cazando insectos, luego se posaban y eran las otras las que se lanzaban a buscar su alimento.
Estas golondrinas pertenecen a la especie clásica que viene a Siétamo desde no se sabe cuantos años. Tienen el pecho blanco y el dorso azul oscuro totalmente, al contrario que otra especie muy parecida a ella, que lleva la parte posterior del dorso de color blanco. Hay quien no distingue ambas especies, pues son casi ta iguales y se bañan en las balsas y piscinas en pleno vuelo. Yo había visto a estas golondrinas que vienen a Siétamo, desde hace pocos años, en Monflorite, concretamente, haciendo sus nidos de barro, en los edificios, casi completamente cerrados, excepto un agujero que les sirve de entrada y salida en su nido. Ahora, en la calle alta de Siétamo,están sus nidos , unos al lado de otros, cuando antes para ver nidos de golondrinas, digo de las clásicas, había que mirarlos en el interior de los edificios, casas, cubiertos, etcétera, abiertos por completo por su parte superior y que nadie tocaba, porque tenían a las golondrinas como unas aves sagradas, que le quitaron a Jesús su corona de espinas. Por eso se originó un refrán, que dice así: ”El que mata una golondrina, mata a su madre”. Y es que al oir sus cantos, se siente uno inclinado a la paz. Este canto que también la gente interpreta, también cantando, poco más o menos, con estas palabras: ”Mosquito comí, a otro que no a mí” Hay personas  que tienen un gran oído e imitan, dando sonidos a estas palabras, el canto de las bellas golondrina. Aquellas que aparecieron por detrás de casa, posándose en los cables eléctricos por espacio de unas dos horas, ¿de dónde vendrían y a dónde irían?. No lo sé,  pero han dejado en mí su recuerdo y el de todo el género Hirudo. Las esperaré, para verlas felices, cazando insectos, haciendo sus nidos, en los que crían nuevas generaciones de su especie y aquí , en nuestros cubiertos o debajo de nuestros aleros, dejan de recuerdo sus nidos de barro.
Esperando que lleguen, observaré a los estorninos, que se posan en los mismos cables en que se posaban las golondrinas, aunque de vez en cuando se ven masas de ellos, que vuelan, unas veces con palomas, otras con cuervos y solos cuando van a los olivares o a dormir a las altas arboledas.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Banderillas




Yo no podré  olvidar nunca la Torre de Casaus, hoy toda ella convertida en el Barrio de San Jorge, a cuya ermita subían el día en que se celebraba su conmemoración, casi todos los oscenses. Pasaban unos por delante de la Torre, junto a su tapia, por la carretera de Zaragoza y otros por detrás, por el camino, que todavía se conserva, que cruzaba por la vía del tren, yendo después  por el Campo de Deportes y por último se pasaba por el lugar donde hoy se encuentra el moderno edificio del Baloncesto, para llegar por fin, al Cerro del Santo. Entre ambos caminos, se situaba la Torre. A nosotros los niños, en la era, mirando al Norte nos devolvía su mirada el Pico de Gratal; al Este se veía Huesca, que ha invadido después toda la Torre, sin olvidarse de la era; por el Sur en el edificio donde estaban las viviendas de mis tíos José -María y Luisa, acompañados por la casa de Laureano Ciprés, de su esposa Amanda y de sus hijos. Colocábamos unas sillas para que en ellas se sentaran las chicas, hermanas, primas y amigas nuestras, para que  presidieran  las corridas de toros que íbamos a celebrar y al oeste, nos presidía  realmente y nos bendecía durante toda la corrida, desde su elevada y próxima ermita, nuestro patrono San Jorge.

 La corrida era un juego de niños, sentándose las niñas en la presidencia, en tanto que los niños organizábamos la corrida. Para ello nos hacíamos matadores con nuestras gorras y espadas, otros se convertían en banderilleros, que tenían que clavar las banderillas encima de las espaldas del carrico  que hacía de toro empujado por un niño, ayudado por otros. Uno de nosotros, cogía las manillas del pequeño carrico, considerándolo como un toro; empujábamos acometiendo al que hacía de torero, que se esmeraba en dar pases artísticos. El hoy difunto, Pablo Ciprés, primo hermano de Gil Fernando  era el que mejor ponía las banderillas, de tal modo que en cierta ocasión, al ver al dicho Pablo tan torero, se asustaron y en lugar de hacer fuerzas para dominar al carro que hacía de toro, se echaron sobre él y a mí, el carrico, se me cayó  al suelo. San Jorge nos libró de que nos hiciéramos daño, dándole al mismo tiempo el premio al banderillero Pablo Ciprés, al convertir a su hijo, Pablito, en un notable banderillero oscense.

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite

Belchite (Zaragoza) En la cueva tal vez ibérica, que se encuentra cerca de la Autovía, que viene de Barbastro, cerca ya de la Torre de Caver...