lunes, 9 de febrero de 2026

La Cruz de San Pedro Mártir





En 1613 fueron expulsados los moros de España, marchando los que en Siétamo servían a los Condes, que eran los dueños del Palacio. Aquellos moros tenían su cementerio, debajo de aquel, en que ahora, los cristianos, son enterrados. Estaba sin paredes en una zona rodeada de carrascas y en la que pueden verse varias tumbas, revestidas de piedras y en las que hemos podido encontrar alguno de sus huesos. También fueron expulsados los moros de Ola y Olivito. En Ola vivían catorce familias musulmanas y dejaron un hermoso recuerdo consistente en un arco árabe, en el acceso al agua del pozo y fueron rápidamente substituidas por otras catorce familias cristianas, procedentes de los Pirineos. Muchos de esos apellidos son montañeses, como Otal, Guarga, Aysa, etc. Los de Siétamo vivían en su población, que estaba dentro de la muralla, de la que todavía quedan diversos tramos. Los cristianos estaban fuera de la muralla, con su parroquia en la casa de don Antonio Andrés, que en la ejecución de su garaje se encontraron tumbas de cristianos. Mi difunto amigo, Julio Brioso afirmaba que dicha iglesia era de origen visigótico y yo creo que habría que investigar las imágenes que se encuentran en la cara Sur de la Iglesia. Coincide aproximadamente la marcha de los moros, con la construcción de la Parroquia, pues la mandó erigir don Bernardo de Bolea, Señor de Siétamo, en 1572, siendo su constructor el maestre Martín de Zabala de Huesca. Esta fecha aparece en una obra de don Ricardo del Arco. En ella está enterrado, si no lo desenterraron durante la Guerra Civil, un antecesor del Conde de Aranda, tal vez el citado don Bernardo de Bolea. Quedan en el muro Sur de la Parroquia, dos tallas de piedra, consistentes una, en un “angelico” y la otra en una tiara, no sé si es episcopal o pontificia. Pero cuando se hicieron las excavaciones para suministrar de agua a las casas, apareció una piedra de las que sostenían el alero de la ya desaparecida iglesia, cercana a la Cruz de San Pedro, que tiene tallada en su parte más exterior, una cabeza de fiera monstruosa. Como consecuencia de aquella expulsión de los musulmanes, se adjudicaron el pueblo de Olivito para Siétamo y Quinto para Loporzano y todavía se conservan los papeles en que se acordó entre ambos pueblos el reparto de sus tierras. Ambos pueblos han desaparecido. Entre los restos de Quinto había teselas romanas, restos de vasijas romanas y apareció una piedra, ya olvidada, que parece ser que señalaba el miliar quinto. En ella estaba labrada una V que indicaba la situación del quinto miliar.
Entonces comenzó a brillar por todo Siétamo la Señal de la Cruz, porque hasta entonces el llamado Camino de las Procesiones corría más lejos de la nueva Iglesia y más próximo a la del camino de Ola. En la Plaza Mayor, colocaron una gran Cruz sobre una base, a la que se sube por escaleras pétreas. Esa base está formada por dos piedras labradas y empalmadas y sobre ellas se elevaba una columna alta, también de piedra, en cuya cima se asentaba la Cruz. De la misma forma en que ahora se trata de eliminar las cruces de los lugares públicos, el año 1936, no se consentía la presencia de ellas en plazas, calles ni en iglesias ni siquiera colgadas en los pechos de los seres humanos. Ahora cuando va uno a Francia, se encuentran cruces de Cristo en las plazas y caminos. Pero en España, concretamente en Siétamo, derribaron la larga columna de piedra, que hacía de sostén de la cruz de hierro. Aquel piadoso monumento quedó derribado por el suelo, como gran parte del pueblo de Siétamo, empezando por el Castillo y siguiendo por las casas de Puyuelo, de Juana Periga con su hija “Concheta” y de tantos otros vecinos, que se vieron obligados a reclamar que les repusieran su vivienda. Todavía yace derribada la casa, que se encuentra lindando con la bodega o almacén del Palacio, propiedad de Tomás Santolaria. En su fachada orientada al Este, se ve un agujero redondo producido por un cañonazo, cuando en la parte de Huesca, es decir por el Oeste, no poseían armas de gran poder destructivo.
En tanto los niños, acompañaban a Companys, endulzados con caramelos, en su marcha hacia el Castillo y después de la Guerra, los niños como Antoñito del Herrero, Rafael Bruis y yo mismo, íbamos replegando los millares de balines y bombas, que habían dejado en su lucha, unos y otros. Pepe Ferrando, habla poco, pero se acuerda de la bomba que al explotar, se le llevó tres dedos de su mano. Pero el alcalde Juan José Ribera, pensó en restaurar la pacífica Cruz de la Plaza y el albañil Emiliano Boira, levantó sobre la ménsula de piedra una columna de ladrillos de cara vista, con un adorno en su parte superior y en una esfera de cemento clavó una antigua Cruz, que preside la vida del pueblo, mirando al Norte, al Sur, al Este y al Oeste. Cada vez que me fijo en la Cruz, me acuerdo del Alcalde Juan José Ribera y del buen albañil Emiliano Boira.
Pero el pueblo devoto de la Cruz, puso otra al arrancar el Camino de las Eras. Quedaba esta Cruz, aproximadamente, donde sale una calle, que yendo por encima del Parque, antiguamente Demba de López, va a parar al primer grupo de viviendas que se construyeron últimamente en Siétamo. Esta Cruz, como todo lo que tuviera un sentido religioso, fue también destruida. El Alcalde don Antonio Barta Viñuales, la arregló el año 1944 .Al ensanchar la carretera de Castejón el entonces alcalde Vicente Benedet la subió más arriba, colocando piedra por piedra, igual que estaba cuando la reconstruyó Antonio Barta y la colocó cerca de donde se entra en el chalet y el jardín de Soler. Desde ese lugar, la Cruz mantendría el amor de los vecinos de Siétamo. La columna vertical en el que asienta la Cruz es de cemento, aunque por los años que está cumpliendo su misión, a lo lejos, parece de piedra. Esa Cruz hace recordar al pueblo los problemas de su historia, con los hechos de la Guerra y acordarse también de las personas que como los entonces, alcaldes Antonio Barta y Vicente Benedet, la repusieron.
Pero quizá la Cruz más antigua de Siétamo, sea la llamada “Cruz de San Pedro Martir”, que por el Norte, la contemplan las Sierras de Guara y de Gratal, por el Sur la sierra de Alcubierre, por el Este parece la protectora de la Villa de Siétamo y por el Oeste, en tiempos antiguos, sobre Ola, se verían apacentar su rebaño a San Urbez, que siguiendo el curso del río Guatizalema, bajaría desde Nocito hasta Ola, donde en casa de Otal se conserva una losa de piedra sobre la que dormiría el santo. Desde el elevado punto sobre el que se asienta la “Cruz de San Pedro”, veía subir a los vecinos de Siétamo desde la iglesia parroquial, rezando el Via Crucis y en una vieja fotografía se conocen varioa hijos de pueblo, entre los que se encuentra José de Gabardilla, hermano del antiguo alcalde Antonio Barta. !Cuantas veces hemos subido a rezar los vecinos a la Cruz !. Y mirando al Oeste se distingue la recta carretera que parece dirigirse a Monte Aragón y se contemplan las fincas de Siétamo de Olivito, del Saso, hasta que se unen con las de Loporzano. Esta Cruz fue destruida como todas las demás, pero los vecinos del pueblo se preocuparon de restaurarla y Rafael Palacio, retocó todas las piedras que forman la base de la Cruz y la columna, y Domingo Borruel colocó el cimborrio con la cruz.
Pero no disminuye en Siétamo, la devoción a la Cruz de Cristo, sino que todos los Jueves Santos, se saca en procesión la conmovedora talla de Cristo. Cuando durante la Guerra Civil, fueron destruidas las distintas obras civiles y religiosas de Siétamo, parece ser que se recrearon en la Capilla abierta por los dueños de la casa, que se encuentra al lado de la iglesia. Ella era la sede de una Cofradía del Santo Cristo y fue toda ella destruida. Pero al acabar la Guerra Civil, el Aparejador Pérez Loriente, tío de mi difunto amigo, también aparejador, Pepe Pérez Loriente, quiso tallar una nueva imagen de Cristo y tomó como modelo para tallar su cara de sufrimiento, la de la joven hija de Siétamo, Antonia Benedet, que en su rostro de gran belleza, manifestaba un enorme dolor, producido por haber sido operada su columna vertebral. Murió la joven a los veinte años y llenó de emoción a los vecinos de Siétamo y al autor del Cristo, en cuyo rostro quiso representar el dolor de los seres humanos, en este caso concreto el de la bella joven Antonia Benedet. Este Cristo empezó a deteriorarse con el tiempo y por iniciativa del alcalde Vicente Benedet, lo restauró el artista Aquilué, dejándolo de un gran aspecto. Ante tal figura se sacó en las procesiones del Jueves Santo, con gran solemnidad y acompañado de músicos. Desde siempre salía en dicha procesión un trío de fieles, portando una Cruz y marcando un antiguo paso. Iban con hábitos y capuchas sobre sus rostros y ese paso da que pensar que en otros tiempos iría acompañado por algún instrumento musical y desde luego con un tambor, pues los pasos de los portadores lo daban a entender, ya que parecían obedecer a un “pan-pataplán- plan”, repitiéndose este movimiento que parece acompañado por algún tambor. Yo creo que se debían investigar instrumentos antiguos, cuyos sonidos se debían reintroducir en los pasos emocionantes de aquellos jóvenes que los ejecutan.
Siétamo realiza la adoración de la Cruz, como se realizaba en Jerusalen en el siglo IV, pues en ella, exclamaba un sacerdote: Ecce lignum crucis”, es decir “He aquí el signo de la Cruz del que estuvo colgada la salvación del mundo”. Y el pueblo colocó cruces por las distintas partes del pueblo y en la procesión del Jueves Santo, dice “venid, adorémosla”.

Venancio Fortunatus en su canto “Crux Fidelis”, dice ¡Oh Cruz fiel! El más noble de los árboles; ningún bosque produjo otro igual en hoja, ni en flor, ni en fruto. ¡Oh dulce leño, dulces clavos los que sostuvieron tan dulce peso!. 

domingo, 8 de febrero de 2026

Hazte donante



Me he encontrado en los Porches de Galicia, con Ernesto, con el que nos conocemos desde hace muchos años. No habíamos hablado de la vida y de la muerte, hasta el momento en que nos vimos delante de la mesa, en que se exponían folletos de la Federación Alcer de Aragón. En ellos se leían afirmaciones, como la siguiente: ” La donación es fuente de vida”. Le dije a Ernesto, ¿qué te parece esta frase? Y él me contestó que era la pura verdad, pues él vivía porque le trasplantaron el riñón de una persona, que no se sabía si era hombre o mujer, que estaba abandonando poco a poco su vida, pero soñando que un ser humano, como él, siguiera gozando de la misma. Y este donante, dentro de Ernesto, parece ser que también goza, por lo menos de una parte de la vida. Entonces le dije: ahora comprendo por qué razón, estás siempre alegre y pendiente de los demás. Si, es verdad, me dijo, lo que tú dices, porque en cualquier ocasión tengo la oportunidad de leer frases como ésta:”hazte donante y regala vida!, y aunque yo no he dado nada, me siento gozando de una vida regalada.

Y parece ser que entre los que viven con riñones o con un corazón, provenientes de otras personas, entre éstas, que han sido donantes y los que han recibido tan vivíficos dones, hay una convivencia alegre, que los lleva a visitar, por ejemplo la ciudad de Teruel, para contemplar las actividades de trasplantes de corazón, que en tan noble ciudad se realizan. El año 2009, hicieron una ofrenda de flores a la Virgen del Pilar. Viven alegres las Navidades y contemplan los belenes, en los que conviven los pastores, las ovejas, las ocas, los canes y las hogueras, convirtiéndolos a ellos en criaturas sencillas que conviven en este mundo.

En el Editorial de la Revista de la Federación Alcer de Aragòn, su presidente la compara con un concierto musical, pues dice:”En música es bueno escuchar a un buen solista, pero cuando suena una orquesta, la cosa se convierte en sinfonía. En esta ocasión la sinfonía de nieve, vida, agujas, taxis, médicos, enfermeras, guardias…ha sonado claro y alto”.

Después de leer tan maravillosa descripción del ambiente en la vida de los miembros de esta Asociación, me han entrado ganas de hacerme donante.

viernes, 6 de febrero de 2026

Secorún, a orillas del río Guarga

Yo he llegado muchas veces hasta el río Guarga, subiendo por la carretera, que ahora están convirtiendo en Autopista, desde Huesca a Sabiñánigo. Al llegar, bajando desde el Puerto de Monrepós, hasta el Valle de la Guarguera, por el que corre el río Guarga, puede uno seguir hacia Sabiñánigo o marchar hacia la derecha, a Boltaña. Se pasa por numerosos pueblos, ahora ya abandonados. A la derecha subiendo hacia Boltaña, subí en cierta ocasión, a Belarra, con Mariano Malo, pero entonces no había puente y lo hicimos por un vado, que nos permitió acceder al pueblo de nombre tan vasco-ibérico. Belarra, se encuentra al pie de la Sierra de su mismo nombre; allí conocíamos al cartero, que nos recibió muy amable. Al volver, para salir otra vez a la carretera de la Guarguera, se resbaló el coche en el vado y no pudimos cruzar el río. Tuvimos que apearnos e intentar continuar caminando hasta Sabiñánigo, pero pasó un coche, que paró al vernos tan apurados y nos condujo hasta Sabiñánigo. Ahora, que ya no queda nadie en ese pequeño pueblo, han levantado un puente. Después, a la derecha de la carretera, yendo a Boltaña, se encuentran los desvíos que suben a Arraso, Grasa y Gesera. Más adelante se encuentra el desvío que sube a Lasaosa y cerca de ella, en el Sur nace el Río Guatizalema, que pasa por Nocito, con las reliquias de San Urbez, que abrasaron para la Guerra Civil. El río Guatizalema, pasando por Vadiello, corre por el monte de mi pueblo, Siétamo. Después al lado de la carretera se alza el Molino Escartín y pasando por el mismo se llega a Aineto y a Solanilla. Ya estamos cerca de Secorún y desde éste se alcanza a poca distancia, antes del Puerto del Sarrablo, el pueblo de Matidero. Tengo recuerdos de este lugar porque de él bajó a Siétamo la familia de Losfablos, compuesta por tenaces montañeses, que conservan su amor al ganado vacuno al que siguen explotando, subiéndolo en verano a Matidero y bajándolo a Siétamo en el invierno. Con frecuencia José María transporta terneros a San Sebastián. Una vez pasado el Puerto de Sarrablo, ya quedan Boltaña y L’ Ainsa, bastante próximos. Son ambos pueblos las capitales del pacífico Sobrarbe. La familia infanzona de los Villacampa poseía muchos bienes en el Serrablo y la ribera del Fiscal.En su poder estaba la tercera llave de la urna en que se conservaba el cuerpo de San Urbez.Yo tuve amistad con el Villacampa que tenía en Huesca un almacén de piensos compuestos y lo recuerdo cada vez que voy a Nocito. En esta familia hubo un Diputado a Cortes y General, hace más de un siglo, que fue condenado a muerte, pero no lo ejecutaron por los grandes méritos de guerra que había ganado. El Valle de Nocito está adosado por el Norte con la Guarguera. El Molino de Gillué fue explotado por descendientes de la familia Villacampa. La Pardina de San Juan, en el Cuello del Sarrablo, fue propiedad del ya difunto señor Don José María de Villacampa. Hoy está arrendada y explotada por vaqueros

En tanto a la izquierda de la carretera, subiendo a Boltaña, se encuentran Ordovés, Villobas con su molino, Bescós a la altura del Molino de Escartín y frente a la subida que conduce a Aineto. Pasado Escartín, se sube a Gillué. Poco después, frente a Secorún se entra en Cañardo y pronto se llega a Laguarta. En este pueblo de Laguarta nació mi amigo Angel Allué. Dicho pueblo tiene diez o dice habitantes. Lo preside una hermosa iglesia, que tiene algo de estilo románico y está recién restaurada, al contrario que la de Secorún. Se encuentra a veintitrés kilómetros de Boltaña y a cuarenta y dos de Sabiñánigo. Jesús Allué es de casa Pablo y bajó a Huesca el año 1972, donde vive con soltura, pero conservó en él, el cariño a las ovejas, que apacienta en Laguarta y va a cuidarlas a cualquier hora. Está debajo del monte Gabardón con dos mil metros de altura y antes de llegar al Puerto de Sarrablo. Esas contantes subidas a Laguarta, le hacen vivir feliz, identificando su vida en la Guarguera, con sus actividades en la ciudad de Huesca.

Aineto y Secorún están próximos y Aineto dio origen a numerosos apellidos aragoneses, como el propio de Aineto, que resuena en los oídos, pero en Secorún, también vivían nobles, aunque la vida moderna ha pretendido quitarles importancia, como el de los López, procedente de Sobás y que en el siglo XVIII, llegó a Sabiñánigo, a Secorún y a Sandiniés. Formaban Secorún veintitantas casas, era cabeza del partido y tenía abierta una Escuela. Entonces se levantaba en medio del pueblo una preciosa iglesia, que al quedar abandonada, se fue demoliendo, quedando toda revestida de yedra y ahora queda la torre y dentro de ella, se encierran unos caballos y vacas con ovejas, que dicen llegan desde Nocito. Yo conozco a la familia López de Secorún y a sus dos hijas Celia de Gil y a Elvira de Buil. Cuando tenía Celia cinco años y Elvira uno y medio, sus padres fueron requeridos a abandonar el monte de Secorún, para repoblarlo de pinos. Fueron despedidos con crueldad los habitantes de Aineto, Secorún, Artosilla, Abenilla, Bescós, Villacampa, Gillué, Espín, Fablo, etc., etc. Le decían a la gente natural de la Guarguera: “Cuidado con las cabras, que estropean los pinos y os tendremos que llevar a la cárcel”. Pero esta era una mentira, pues las cabras no perjudican a los pinos, sino que son los animales que ha creado el Señor, para guardar a los bosques de pinos. Ahora divulgan propaganda para que suelten cabras en aquellos inmensos bosques, que tienen aquella comarca invadida de madera y de leña, pero no sé si lo conseguirán. Los corazones se llenaron de tristeza, pues Celia se acuerda con gran lástima de aquel abandono y Elvira, no puede acordarse, porque tenía sólo un año y medio. Los padres tuvieron que comprar en Huesca, en la Cruz del Palmo, una torre, llamada entonces de Vicén, con sus pajares y sus cuadras y que ahora se llama Torre de López, en la que quedan el recuerdo de Secorún y de los numerosos trabajos que toda la familia realizó en dicha torre. Se murieron sus padres, uno hace treinta y siete años y su madre hace doce años, pero siguieron su vida y sus trabajos. Celia casada con José Luis Gil y Elvira con Joselín Buil, nacido en el Batán de Los Molinos de Sipán, proveniente del Castillo de San Román de Morrano. Sus costumbres eran montañesas, igual que las que habían seguido los López de Secorún, pues su padre subía las ovejas cerca de Bara, de Used y de Zamora, que tantos apellidos ha dejado a los oscenses. No están en Secorún , pero viven en un hermoso paisaje de huerta y poblado de árboles. Parece que viven solos y a muy poca distancia se encuentran envueltos en la vida de la ciudad de Huesca

En Secorún están en ruina la iglesia y el pueblo entero, pero en tiempos pasados la familia López, regaló a la parroquia alhajas y ornamentos con su escudo de armas. Ese amor y respeto al Señor, se ha conservado hasta nuestros días. Efectivamente el Padre Alfonso López López, nacido en Secorún en 1878, fue fusilado durante la Guerra Civil. Lo han proclamado Beato y después de cincuenta años, Secorún acogió la celebración de la Eucaristía para gozarse con el Beato Alfonso. Se hizo la misa en las inmediaciones de la destruída iglesia. Asistieron personas de Secorún y del Serrablo, incluso alguno que había sido bautizado con el Beato.

A mí lo que me gustaría es ver lucir el escudo de los López de Secorún, presidiendo el letrero que dice Torre de López.

Mantillas y velos



Los moros fueron expulsados de España en 1613 y ahora están volviendo, aunque ya no recuerdan el lugar del que entonces marcharon sus antepasados. Ahora, después de cuatrocientos años, es fácil observar, como las costumbres y usos de moros y cristianos, se han conservado. En muchos pueblos de toda España, se practican, durante las fiestas, guerrillas y bailes de Moros y Cristianos, disfrazados con los ropajes que entonces se usaban. En la casa que levantaron los hermanos Escar de la Torre Justo, en el ensanche Este de Huesca, apareció una noria, con la que los moros regaban el huerto y entre las piezas, con las que se subía el agua, estaban unas vasijas de barro, que me regaló mi gran amigo, el aparejador, Pepe Loriente. Dejaron entre nosotros obras de sus albañiles y arquitectos, como el arco de herradura, que se conserva en la Catedral de Huesca, variedades de mosaicos de colores en los muros de las capillas y en el pozo de agua del pueblo de Ola, se instaló en el acceso a él, otro arco del mismo estilo. ¡Cuántas palabras árabes se conservan en nuestras huertas, como alcachofa o albahaca! Y ¡cuántos dulces o “lamines o laminerías”, se siguen elaborando en la Península y en Marruecos!. En el norte de Africa se conservan escritos con el alfabeto árabe, pero en la lengua castellana. También quedan en España individuos con antepasados árabes, descendientes de moros convertidos al cristianismo. Pero hoy en día se está discutiendo sobre las ropas de mujer de los moros, como por ejemplo sobre el burka y el niqah. Algunos atribuyen a estos velos un origen religioso. Unos los combaten y dicen que ¡cómo se los persigue”, igual que a los crucifijos. Pero la historia de tales velos y mantillas, aunque sin duda va unida a la religión, es más bien una lucha del poder masculino contra el poder de las mujeres. Y de lo que no se puede dudar es de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Este reconocimiento de derechos va avanzando lentamente en el mundo. Antes, en España, las monjas de los conventos de clausura, no dejaban ver sus rostros, como yo mismo pude comprobar, durante mi carrera de veterinario. Estuve, en cierta ocasión, ya hace muchos años, en el Convento de San Miguel de la ciudad de Huesca, a castrar unos pollos para convertirlos en capones. Llamé a la puerta y escuché la voz de una monja, que fue la que me abrió la puerta. Entré y vi como su cara estaba tapada con un velo, que impedía conocer su rostro. Con ella iban otras dos monjas o tal vez novicias, de las que una agitaba una campanilla, para avisar a las demás hermanas del convento, de que por sus pasillos andaba un “hombre”. Llegamos al corral donde se criaban los pollos y mientras yo les cortaba los tejidos, las monjas, alrededor de la escena, miraban hacia abajo. Cuando yo levantaba la mirada hacia arriba, las monjas echaban sobre sus caras el velo, que para mejor contemplar la operación, habían levantado. Entonces y no hace muchos años, se tapaban la cara las monjas de clausura, como se lo tapan actualmente un corto número de moras, ya sea con el burka o el niqad. No sé si la ley puede cortar esas costumbres, porque van desapareciendo poco a poco, introduciendo otras, que unas veces son mejores, pero otras son peores. Muchos hombres y mujeres hemos visto desaparecer la toca y el pañuelo, con los que las mujeres se cubrían la cabeza, sus corpiños y sus largas sayas. También nos hemos dado cuenta de que todas las mujeres, han abandonado las mantillas, con las que iban a misa. También existía y todavía dura el uso de la mantilla española, en que sobre un alto peine, se sujeta una enorme mantilla, que unas veces es blanca y otras de un color cualquiera. El culto frenético a la religión trajo estas consecuencias, pero como escribe Juan Manuel de Prada:”se considera vejatorio que la mujer se tape la cara y, en cambio, no se considera vejator que la mujer enseñe el culo”

jueves, 5 de febrero de 2026

Calcón y Vadiello


Estamos en Aragón luchando por defender nuestros riegos, sobre todo los del río Ebro, cuando en nuestra provincia de Huesca no dependemos de dicho río, sino mas bien lo alimentamos y no luchamos ordenadamente para regar con los nuestros y repartirnos el agua con justicia Otras regiones más progresistas que nuestra provincia, aprovechan ese abandono de nuestras aguas y quieren que nos desprendamos de nuestra última gota de agua. Aquí en Aragón, es necesario que un Término Municipal haya hecho la Concentración Parcelaria, para poder ser transformado en regadío, pero en Navarra la Diputación Provincial ha tomado el acuerdo de que el pueblo que quiera regar, tiene solamente que reunirse y determinar la zona que hay que regar y concretar como ha de ser el reparto de la nueva huerta, dejando la realización de la Concentración Parcelaria para más adelante si quieren realizarla o no les interesa. Aquí, en cambio no quieren la Concentración en muchos pueblos susceptibles de entrar en riego, como Fañanás, Pueyo de Fañanás,Alcalá del Obispo y Argavieso ,con lo cual están perjudicando su propio porvenir y por tanto el de Aragón. Están catalogados dichos pueblos para ser regados con el pantano de Vadiello, pero como tienen en el río una presa ,que se alimenta del pantano a través del río ,se sienten bastante bien y no luchan ni para mejorar ellos su riego ,ni para que rieguen Loporzano y Siétamo, que son bañados por el mismo río y por "boquera",les toca regar antes. Menos mal que hay un hombre con gran interés para resolver estos problemas y está tratando de que los agricultores pidan la Concentración Parcelaria. ¿ Qué pasa con el pantano de Calcón?.Pues sencillamente que al ser poco caudaloso, pues tiene escasamente tres hectómetros cúbicos, los pueblos que con él habían de regar, a saber Angüés , Casbas, Sieso, etc. consideraban tan escasos sus beneficios ,que no pedían el riego con sus aguas. Se enteraron los agricultores de Castellón de la Plana y las pidieron.¡ Qué diferencia de interés entre los somontaneses y los vecinos de la Plana de Castellón ¡. Menos mal que al enterarse de este hecho el alcalde de Loporzano , donde se está construyendo uno de los lados del Pantano de Montearagón, la pidió para su comarca, con la idea de que no se la llevaran. A Loporzano, en las proximidades del pantano, le van a conceder el riego por elevación de cuatrocientas hectáreas, pero dicho pueblo, es decir su término municipal tiene derecho a beneficiarse del riego a que va dar origen dicho pantano, por haber puesto sus tierras a disposición para su creación. Se merecen el riego por elevación de las cuatrocientas hectáreas ,pues basta ver como los de Barluenga, contemplan su "Lecinar" o bosque de encinas destruído y como los de San Julián han puesto a disposición de los construcctores cantidades enormes de grava, que van a llevar al pantano por una carretera que han construído por dicho pueblo. Pero esta ventaja no debe impedir el riego normal, ya que elevado es más caro. Pero no ocurre que los ayuntamientos y sus habitantes, no hayan querido regar nunca, pues el pueblo de Siétamo dispone del documento original que se firmó en 1817,para convertir el monte en huerta, como se canta en la jota, tan conocida que dice:"Los señores de Siétamo-pusieron el monte en huerta-y "pa" la Virgen de Nunca-pasa el agua por la acequia".Y de vez en cuando, alguno de los que la escuchaban, gritaba :" Ay ,que me mojo!".Pero siempre han sido las mismas dificultades las que han impedido las obras en los pueblos, pues otra jota añade:"Almudévar y Cavero -se pusieron los primeros-lo tuvieron que dejar -porque se acabó el dinero".Los pueblos de Loporzano tuvieron que sufrir con la concesión del agua a Huesca, que me parece muy bien ,pero siempre que la capital hubiese dejado usar sus propias aguas a los vecinos de Loporzano y Sasa del Abadiado, por ejemplo. Pero se han concedido varios caudales de agua, gracias al interés tomado por Don Aurelio Bierge, a saber 6O Htros. cúbicos procedentes del Gallego y 4O Hctos. del Alcanadre. Entre otras soluciones está la de traer aguas del Alcanadre al Guatizalema, con lo que la ciudad de Huesca, podría enriquecer sus caudales de agua, para su suministro. El año 1915,todos los pueblos del Guatizalema, acordaron el uso de sus aguas, por medio del pantano de Vadiello. Este se levantó ,pero todavía sus pueblos están esperando el riego. Han convertido a Loporzano y a Siétamo en Comarca de Huesca y todos sabemos que la comarcalización está prevista para que se enriquezca y se trate bien a toda la Comarca, pero aquí pasa lo contrario, pues se llevan a Huesca el agua de Vadiello ,de la que el cuarenta por ciento se pierde en el camino y algunos alcaldes de la Hoya ,dicen que no hay que regar nada en la parte del Somontano ,convertida en Hoya de Huesca. Los del Guatizalema no nos oponemos a que se lleven el agua de Vadiello a Huesca ,para beber, pero exigimos que se cuente con nosotros para regar ,como se cuenta con todo el resto de dicha Hoya. El Alcalde ya propuso, hace años que "se incluyan dentro de la denominada "Delimitación definitiva de la zona regable del Canal de la Hoya de Huesca",las tierras de la margen derecha del Guatizalema y que dicha inclusión sea tenida en cuenta a la hora de encargar el proyecto de regulación del Flumen y conducción de agua para el nuevo regadío de la margen izquierda del mismo que podría ser común para ambas zonas". Hay posibilidades para encontrar soluciones al problema y el Alcalde va a tratar de reunir a todos los pueblos posibles beneficiarios del riego del Pantano de Montearagón ,que en gran parte es posesión del Ayuntamiento de Loporzano , para meditar sobre el tema y repartirse el agua con justicia, para que se pueda regar en toda la Comarca de la Hoya de Huesca. Todavía estamos a tiempo de evitar los daños de la sequía en el Somontano, hoy Hoya de Huesca, a saber Angüés, Casbas, Sieso ,etc.,a orillas del Alcanadre y en los que están bañados por el Guatizalema, a saber Loporzano, Siétamo,Alcalá del Obispo ,Fañanás y Argavieso.

martes, 3 de febrero de 2026

La caza


Estaba sentado en la cadiera del hogar mirando como ardía la leña y surgían de ella unas llamas juguetonas, acompañadas por unos sonidos agradables, que venían por la chimenea y que eran como los trinos de un pájaro, que daban encanto a aquella contemplación. Esos trinos no eran de ningún ruiseñor ni de ningún canario, sino que los emitía un estornino de plumaje tordo, como pude comprobar más tarde y que se había quedado prisionero dentro de la chimenea. Pensando en lo mal que lo podría pasar el pájaro en medio del humo, apagué el fuego y cerré las placas metálicas que se ponen para que los estorninos alcahuetes, no puedan pasar al interior de las habitaciones. Me marché, pero al volver a la habitación donde está el hogar, el estornino tordo volaba de ventana en ventana y yo lo seguía para cogerlo. Al fin lo logré y me dieron ganas de matarlo para que no volviera a entrar a llenar los suelos de excrementos y a rasgar las cortinas con las uñas de sus patas. Si hubiera sido yo más joven, lo hubiera metido en una jaula de esas en las que antes encerraban las perdices para llevarlas de reclamo a las excursiones de caza. Me acordé de aquellos cazadores, que vivían en los pueblos, que controlaban los animales del monte, viendo unas veces nacer las crías y otras mandando al matadero a sus padres, que ya estaban de buen ver, para que no faltase “el pan nuestro de cada día “ a los humanos. Ahora la masa de la población se ha marchado de los pueblos y vive en las grandes ciudades, pero ya no conocen la Naturaleza, ni a los animales, sino es por los dibujos animales en la televisión y en los tebeos, que les hacen reírse con el pato Donald o con el corzo Bambi. Ya no tienen necesidad de ir a buscarse la carne de las piezas de caza, que corren o vuelan por el monte, sino que se la venden preparada en los supermercados. Como es natural les repugna aquello de la caza, en la que sólo ven violencia. Hemos perdido el contacto con la Naturaleza y no tenemos ocasión de ver lo que pasaba en mi pueblo, en el que yo veía como aquellos insectos que metamorfoseaban su color del marrón al verde y que sobre sus largas patas delanteras, oteaban sus alrededores para ver si llegaba alguna hembra de su especie. Algún insecto, del que más tarde aprendí que era la Mantis religiosa, después de cubrir a su ¿amor? , era devorado por la hembra a la que había cubierto,

Aquellos cazadores de antes, además de proporcionar proteínas animales a su familia, vendían patos o conejos entre sus vecinos. Otros bajaban de la Sierra los jabalíes, sobre sus costillas y los salaban para guardarlos en su despensa. Yo, con el estornino, podía haberme dedicado a suministrarle alimento y a jugar con él, amaestrándolo y enseñándole a hablar, pues dichos animales, como los loros son capaces de aprender a expresarse. Ahora el cazador noble debe imponer limitaciones en su actividad venatoria, porque si se avanza en técnicas para matar animales, éstos no avanzan en la desigualdad entre sus capacidades físicas y las ventajas que ha alcanzado la técnica moderna en el hombre.

La carta de un amigo mío de Binéfar, Fernando Altaba me dio oportunidad de ver como, los hombres se divierten honradamente, en la que hace la descripción de una partida de caza de jabalíes, a la que asistió en Benabarre: “Con los gritos-retirada hay que tocar- y contar nuestras hazañas- y comentar quien se lleva el más grande ejemplar”. Todos juntos comeremos –con una enorme amistad”, Habla también sobre las jaurías de perros, sobre la agresividad de los jabalíes, sobre los disparos, los gritos y sobre todo de la comida colectiva, en que cada un expone su habilidad, su valor o explica el peligro que le ha amenazado. Comen y beben y se olvidan de los disgustos pasados durante la semana y vuelven al trabajo con buen humor y con ilusión”.


El arte y los veterinarios



En compañía de antiguos compañeros, que nos matriculamos en la Facultad de Veterinaria de Zaragoza, el año mil novecientos cincuenta y uno, hemos acudido después de cincuenta y un años, al Colegio de Médicos y de Veterinarios de Pamplona. Este edificio es una obra de arte, financiado por un navarro, que emigrado a las Américas, creó una residencia en la que pensaba vivir feliz, conservando al mismo tiempo su amor a Navarra, en su corazón. Trató de conservar el arte, desde los tiempos de los clásicos griegos, pasando por los arquitectos que a Herrera admiraron. Quería el hombre inmortalizar la belleza, pero veía las dificultades que tiene el hombre para intentar eternizarse. Allí se ven columnas corintias, cubiertas por capiteles y que sostienen techos y tejados, que recuerdan los que cubren el Escorial. De la parte más elevada surge hacia arriba, una especie de flecha, que no se sabe si quiere representar la sabiduría divina, la humana o la fusión de ambas, como cuando dice la oración al Espíritu Santo:”Envía Señor tu espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”.

Pensando en la temporalidad del hombre y recordando aquellos ya pasados y sabios profesores, como Respaldiza o Luque, vimos un cuadro, que con la figura en él representada, nos recuerda no sólo nuestros pensamientos, sino los de toda la humanidad. Se exhibe dentro del marco una figura del edificio, hoy Colegio de Médicos y de Veterinarios, pero que no obedece las normas de las leyes de la gravedad, con sus paredes haciendo curvas y sin embargo no se derrumban ni esas paredes ni los tejados, de líneas horizontales, sino que permanece entera, debajo de un cielo cubierto por enormes nubarrones, que forman castillos, palacios obras arquitectónicas maravillosas, pero que duran escasos minutos, porque unas imágenes van borrando las anteriores.

En lo alto del cuadro se ven esas boiras, acompañadas por discretos muros gigantescos, obra de los hombres, que parecen querer dar estabilidad a las obras de los nubarrones.

Los hombres vamos pasando, pero los sanitarios con su sabiduría, que tratan de conservar y elevar en nuestros Colegios, colaboran en la renovación de la Faz de la Tierra.

La Cruz de San Pedro Mártir

En 1613 fueron expulsados los moros de España, marchando los que en Siétamo servían a los Condes, que eran los dueños del Palacio. Aquellos ...