jueves, 30 de abril de 2026

“Pastor “ de buitres de Miguel Angel Bueno.




Tenemos en Aragón  enormes  grupos de buitres,que siempre me han llamado la atención. Yo los observaba en enormes grupos de ellos en el espacio del Conde de Aranda,que poseía en Siétamo. En aquellas subidas y bajadas, que se elevaban en la Sierra,se contemplaban grandes piaras de unas serias aves, que desde aquellas inclinadas bajadas observaban el cielo, con el deseo de encontrar restos de animales de caza para resolver su apetito estomacal. Yo los observaba como vigilaban el horizonte para divisar restos de cadáveres tendidos por aquellas cuestas. Ahora ya resulta difìcil ver a los buitres esperar poder cazar piezas sabrosas en zonas donde no se organizaron lugares, porque ahora se han organizado sitios especiales par concentrar esos buitres, para alimentarse conjuntamente, como en las grandes reuniones de pueblos como en en el monte de MIGUEL ANGEL BUENO, donde ejerce de Cuidador de buitres, con un ánimo dándoles de comer, esqueletos de animales de ganado, como si estuviera cuidando a estos animales, con cariño.

Con frecuencia se ven volar “bandadas” de buitres por los cielos de nuestros pueblos del Somontano Oscense. Vuelan casi sin batir sus enormes alas porque están observando los campos, donde en otros tiempos veían desde muy lejos los cadáveres, como buenos carroñeros, pues sin la ayuda de estas aves,  no se podría establecer el equilibrio ecológico. Sin su concurso, las carroñas se convertirían en focos que servirían para la propagación de enfermedades y epidemias  de los animales domésticos.  Antes los cadáveres los echaban en unos campos, a los que llamaban muladares, cercanos cada uno de ellos a un determinado pueblo o a varios de ellos. Aquellos muladares ya desaparecieron hace muchos años. Yo recuerdo que cuando de niños nos llevaban los profesores del colegio de San Viator al llamado “campo eventual”, situado cerca de un barranco, en el Barrio del Perpetuo Socorro, íbamos a ese barranco y allí aparecía un muladar de “película”, lleno de cadáveres de mulas, unos completamente devorados y otros empezados a devorar por los buitres. Ahora ya no existe el muladar, ni el barranco sino un barrio moderno con su parroquia, sus escuelas e incluso su cuartel. Lo mismo ocurre en Jaca, donde se encontraba el “campo de los bueyes”. Desaparecieron los muladares, y cada ganadero  echaba los cadáveres de sus animales cerca de su granja. Todavía siguieron ganando en número los buitres, pues entre 1979 y 1995, los buitres leonados pasaron en España de 3.200 parejas a unas 10.000. Antiguamente se los perseguía, llegando en algunos lugares de nuestra tierra, a ponerles una “esquilla” colgada de su cuello, pasando, más tarde, a ser considerados como los mejores agentes sanitarios de nuestras tierras. Eso ha ocurrido hasta ahora, en que a este ejército sanitario  lo han castrado, no sexualmente, sino en  su misión, porque habiendo cerrado los muladares y obligado a los ganaderos a entregar los cadáveres de sus animales domésticos, a compañías industriales, que utilizarían sus restos, ya no tienen casi nada que hacer. Esta castración no es sexual, sino genética porque inutiliza la labor que la Naturaleza ha encomendado a las aves carroñeras. El hombre es libre y puede hacer lo que quiera, pero las aves y todos los demás animales obedecen a sus instintos, que el hombre no puede cambiar y si lo intenta, pasará lo que ha ocurrido en Loarre y es que los buitres obedeciendo a sus instintos han provocado la asfixia de doscientas ovejas. ¡Pobres ganaderos! , a los que se les dice que no se les puede indemnizar, porque para ello, sólo se contemplan los casos en que los animales causantes de daños, estén en peligro de extinción.  No se han extinguido los buitres, pero ¿quién es el culpable de la extinción de la vocación sanitaria de los buitres?. Es el hombre que ya gana dinero con la carroña, en tanto los ganaderos lo  pierden y los buitres lo pasan mal, ya que no pueden hacer sus viajes por el cielo ni sabemos si les dan suficiente carne para mantenerse bien. Mientras antes existían unas doscientas buitreras,  ahora se habla de la creación  de unos veinticinco muladares, de los que hasta la fecha, se han construido ocho. No se debía haber obligado a entregar los animales muertos, mientras no estuviesen preparados los veinticinco  muladares.

 Mi compañero veterinario Alvaro Franco,  en el Diario del AltoAragón, del día doce de Enero de este año de 2007,escribe sobre el Anteproyecto de Ley de Bienestar Animal y dice lo siguiente:” el anteproyecto recoge expresamente la prohibición de maltratar a los animales y de someterlos a cualquier práctica que les produzca sufrimientos o daños inútiles”.  A los buitres les han obligado a no hacer nada, a ser unos seres inútiles. 

Pero, señores y señoras, habiendo  castrado la  misión sanitaria de los buitres, alguien gana dinero y la ganadería de lanar, que ya está medio desparecida, al ser castrada económicamente, desaparecerá del todo. 

miércoles, 29 de abril de 2026

Ramón Arizón Duch, viator oscense


Por Osca o Huesca pasaron y pasan todavía, varias vías romanas y el que por ellas caminaba era calificado como viator o caminante por esas vías. Y Ramón nos ha salido doblemente viator, porque después de ser alumno del Colegio de Huesca, se hizo hermano de la Congregación que fundó este Colegio en el año 1926 y que le llevó a andar por el Nuevo Continente. Muchos antiguos alumnos lo conocían y conmigo y con nuestros hermanos, es decir los suyos y los míos, nos juntábamos a jugar en la Torre de Casaus. Yo, de muy niño estuve en su casa del Coso Bajo en alguna ocasión y conocí a su padre y a su madre, auténticos señores aragoneses. Su madre era hermana del oculista oscense Doctor Duch, del que el Doctor Barraquer de Barcelona, afirmó que era un sabio conocedor de la especialidad. Vivían en un piso de su misma casa dos tíos suyos a los que conocí cuando iban a pescar a Siétamo, en el río Guatizalema. Otros conocen a los Arizón por ser los dueños de la Torre de su mismo nombre. Su hermana mayor Clotilde,se casó con un catedrático del Instituto y siempre sonreía.Bernardo estuvo muchos años fuera de Huesca,trabajando de Ingeniero, pero volvió a vivir a Huesca y siente amor al al arte,porque me enteré de que era alumno del Centro de Retauración de las Capuchinas y Enrique ha estado ejerciendo de funcionarioen el edificio oficial ,que se encuentra cerca del Gobierno Civil.Ramón era el hermano pequeño poseyendo un carácter bondadoso, tratándose con todo el mundo y de su amor a la humanidad,se hizo Hermano de San Viator. Su figura oscense me recuerda la de aquellos españoles que caminaron por las tierras americanas,consiguiendo formar veinte naciones en el continente. En Norteamérica, a unas tierras ásperas como las nuestras de los altos de Monrepós o de Guara, las bautizaron con el nombre de Arizona, que como las citadas está llena de “erizones’.Los modernos viatores españoles sintieron la necesidad que sintieron sus hermanos franceses de extender su congregación por Canadá, de hacer lo mismo por América del Sur y fundaron su Congregación en Chile. Allí acudió Ramón, donde trabajó enormemente en cultivar la cultura que allí habían llevado los españoles y los altoaragoneses, ya que en las estribaciones de los Andes, se encuentra un templo dedicado a la Virgen de la Carrodilla, fundado por un altoaragonés, nacido en Estadilla. Yo he acompañado a un ilustre americano al Templo de la Carrodilla de Estadilla. Últimamente, impulsado por su vocación viatoriana, participó en la fundación en Bolivia de actividades que durante siglos llevaron a cabo los misioneros españoles y poco antes de su muerte, compró en dicho Pais, un edificio digno de ser un palacio por su destino religioso y cultural, que le recordó el palacio de los Duques de Villahermosa y Condes de Guara de Huesca, en el que el año 1926, empezaron su misión en dicha ciudad, los Clérigos de San Viator. ‘Ad mayorem Dei gloriam’ trabajó Ramón para conseguirla, pero hay que tener en cuenta que a su ciudad de Huesca le ha dado también honor y gloria.

martes, 28 de abril de 2026

Les Souffleurs










Esta dulce mañana de principios del Otoño, me he encontrado con un grupo, ¿de qué?. No lo he sabido hasta que me han invitado a sentarme sobre uno de los hermosos bancos de mosaicos árabes, dentro de la Rosaleda del Parque, en la que todavía lucen unas rosas amarillas y otras rojas.

Iban damas y caballeros vestidos de negro y con unos tubos, en sus manos, también negros, con los que apuntaban al cielo, otras veces a algún compañero o compañera, de tal forma que parecían representar un ejército en que sus miembros, se dominaran unos a otros. Pero no era así, porque me invitaron a sentarme en uno de los citados bancos y pusieron en comunicación los tubos negros, desde las bocas de unos pregoneros y pregoneras a los oídos de los demás.

En un momento dado un caballero me abanicó con un abanico también negro y ante tal signo, se pusieron en mis oídos sus palabras a través de los tubos. ¿Qué decían?. Eran auténticas poesías que hablaban de amor, lamentándose de la desaparición de las manos que acariciaban al que recitaba la poesía. Et toujours, avec ses parapluies ouberts, regardaint sur le ciel, quand une dame disait : siempre hay que apuntar hacia la luna porque, aún en caso de fracaso se llega a las estrellas. Si el hombre siempre las ha mirado y aspira a llegar a ellas, como ya ha llegado a la Luna y está estudiando la forma de llegar a Marte.

Dicen que el cielo está lleno de agujeros negros y por ellos desaparecerán aquellas estrellas que contemplaban mis amigos, cuya amistad nos ganamos mutuamente en escasos minutos.

Hoy día las artes y la poesía no proliferan en el Mundo, pero estos amigos de Les Souffleurs son poetas y poetisas vivientes, aunque van vestidos de negro.¡Tal vez lamenten con ese color con que en Europa se han vestido los sacerdotes cristianos, la posible desaparición de las estrellas, como desaparecieron las manos de la persona amada!.

lunes, 27 de abril de 2026

Conversaciones en Montearagón

Los Amigos de Montearagón han celebrado igual que todos los años, el primer domingo de junio, un acto de reclamación para que el antiguo castillo- monasterio, sea restaurado. He subido a la altura para colaborar con sus componentes en el logro de dicho fin y me he encontrado en ella, con muchos oscenses y con hijos de varios pueblos del Somontano. Hablé con muchos de ellos, pero el que más me impresionó con sus palabras, fue Enrique Arizón, Ingeniero Industrial, al que hacía ya muchos años que no veía porque trabajaba ocupando un alto cargo en la Hacienda Nacional y que ahora ya está jubilado. Jubilarse y venirse con su esposa Emilia a Huesca, ha sido todo uno, porque él que toda su vida había estado soñando con Huesca, donde su familia tenía y creo que todavía es suyo el Velódromo, en el que en tiempos pasados se celebraban carreras de velocípedos. Yo me acuerdo de haber estado en el entonces ya viejo Velódromo con su primo Maito Mallén Campaña y de haber visto algún velocípedo, que ya no se podía usar y alguna rueda enorme, que correspondía a la rueda delantera de uno de esos velocípedos. Me dice José Enrique que en una ocasión se empleó el terreno en campo de fútbol, pero más tarde se convirtió en un campo de cultivo de cierta droga, porque unos delincuentes saltaban las paredes y cultivaban dicha planta. Ahora parece que en un edificio ya de aspecto ruinoso se arreglan instrumentos metálicos.

Pero José Enrique creo que de estas cosas se enteraba de tarde en tarde, ya que no tenía tiempo de ir a ver dichos terrenos. El se acordaba más de su vida de niño y de joven, cuando estudiaba en el colegio y me contó que alguna vez subía al Castillo-Monasterio, donde se encontraba la iglesia convertida en paridera, con su suelo lleno de estiércol con una altura cercana al metro y estaban las ovejas con sus corderos, que daban señales de asustarse, al igual que los pastores, que cuando los veían llegar daban muestras de mal humor. José Enrique tendría por aquellos años de 1945 ,unos dieciséis o diecisiete años e iba a ver no se sabía si al Señor o las ovejas, acompañado entre otros por Carlos Albasini y por Desi. Penetraban por todos los lugares anejos a la iglesia y por el interior de la torre, entró él en cierta ocasión en el púlpito, que por cierto me dijo que entonces a pesar de las ovejas y de los pastores, estaba más bonito que hoy en día. Una vez en el púlpito se sintió orador y exclamó en latín:”¿Quosque tandem, Catilina,abutere pacienciae nostrae?”, que en castellano equivale a decir :¿Hasta cuando, Catilina, seguirás abusando de nuestra paciencia?.¡Dios mío, que sensibilidad tenías dentro de tí, que comunicabas a tus amigos en aquellos momentos de juventud!, ¡cómo sabías que aquella situación era el reflejo de una degeneración de la historia aragonesa!.En el momento que me explicabas tu actuación en el púlpito, estábamos en medio de aquel brillante Castillo-Monasterio, levantado en el siglo XI, unos diez o doce años antes de la conquista a los moros de la ciudad de Huesca en 1096 y sentía conmigo el consuelo de ver arreglada la iglesia, donde se dijo una misa y cantó un grupo de joteros de la Estirpe de Aragonia, dirigidos por mi amigo Julve, que con sus voces nos llegaban al alma y allí estaban los Amigos de Montearagón, reclamando una resurrección de los edificios que tienen comidas sus piedras y en su mayor parte ruedan esas piedras por los suelos.

¿Quién es la Catilina antiaragonesa que cuando se echaron los frailes del convento, hizo que algunos de ellos huyeran descolgándose con soga por las ventanas?. Pero no fue sólo esta la labor que realizaron ,porque en mi pueblo de Siétamo vivió de ecónomo no sé si fue un abad o un fraile de dicho convento, que dejó en casa de una señora un relicario que parece ser contenía sangre de Cristo. Pero aquella Catilina hizo que el que compró el Monasterio lo saqueara de sus ornamentos, libros y joyas sagradas para después prenderle fuego, de lo que se conserva un cuadro del que sale un humo escandaloso. Era escandaloso, porque mi padre me decía que cuando quemaron Montearagón, hasta Siétamo llegaban “las fumatas”. Altoaragoneses, ¡qué paciencia!.

domingo, 26 de abril de 2026

Montserrat



Monserrat es una oscense clásica, pues tan pronto la vemos sentada delante de una mesa en los Porches de Galicia, pidiendo ayuda para una obra humanitaria, como cualquier domingo en misa de nueve en la Catedral ,se encuentra con los miembros de la Cofradía del Santo Cristo de los Milagros; otras veces organizando la procesión del Viernes Santo o en la novena de San Lorenzo o celebrando en su iglesia en restauración, los diez tormentos del santo.

Ya tiene años, pues nació en Alcalá de Gurrea en 1925 y los oscenses del Casco Viejo quieren prestarle un homenaje el día veintidós de este mes de Junio, a las nueve y media de la noche, en los claustros de la iglesia románica de San Pedro el Viejo. Se lo quieren hacer porque nunca les ha negado un favor a sus instituciones ni a las personas particulares y porque como miembros del Casco Viejo, quieren manifestar las virtudes y cualidades de los vecinos del mismo, con los que han convivido.

Su madre era de Calatayud y se llamaba Isabel de Dios, siendo una jotera que cantaba como lo hacían entonces, es decir con autenticidad, sin quitarles nada a los nuevos joteros, que aprenden generalmente en sus asociaciones y entonces, era cada uno el que recogía la esencia de la jota oyéndola cantar en el campo, en las bodas y bautizos, en las comidas con que celebraban algún recuerdo histórico o vecinal y en las fiestas de los pueblos. Pertenecía a esos tiempos en que a la mujer no se le enseñaba mas que a coser, a lavar y a guisar y de esta forma de enseñanza reaccionaba la que llegó a ser Abadesa de Casbas, Doña Ana Francisca Abarca de Bolea que era autodidacta y aprendía con su esfuerzo a escribir poesías y a pintar, entre otras muchas cosas. Isabel de Dios trató de aprender lo que podía, como el canto de las jotas, de tal manera que cuando inauguraron el Olimpia, acudió nuestro tenor Fleta, al que le dedicó la siguiente jota:”Ya nacerá Salamanca-tan bonita como fué- se llevó la flor más bella –el tenor aragonés”.Es que la esposa de Fleta era de Salamanca y al casarse con ella “se llevó la flor más bella” que había en dicha ciudad .El cantor se emocionó tanto que abrazó a la cantora Isabel y a su hija Montserrat y los asistentes al acto rompieron en aplausos que se prolongaron durante mucho rato.

Nació Monserrat en Calatayud, pero con sus padres se fue a Alcalá de Gurrea, cerca de la cual, Aragón estaba haciendo el pantano de Tormos. Allí su madre trabajaba en la tienda, su abuela en el bar y su padre el señor Pardina era encargado de ochenta obreros.

Trabajaban en los Riegos del Alto Aragón, para lograr transformar en huerta nuestras tierras, cosa que todavía no se ha logrado, porque entre otras circunstancias se los llevaron a trabajar en Cataluña a la empresa Riegos y Fuerzas del Ebro. Más tarde llegó la Guerra Civil y cuando acabó, su padre que era de Labata, cerca de Casbas, llevó su familia a Huesca   y  Monserrat fue a trabajar a la Granja de la Diputación, cuando su producción era necesaria para alimentar a los niños de la Residencia Provincial. Ahora producen flores. Allí la conocí yo y a su marido Antonio lo veo haciendo encargos caritativos a las monjas de San Miguel.

La madre de Montse cantaba jotas como los ángeles y su hija no las canta, pero las compone y le han dado muchos premios por tal placer, causado por la facilidad con que le salen del alma. Por ejemplo la siguiente jota se la premiaron y dice así : ”¡Ay!, nacidos en mi Huesca-o en países extranjeros-que dicen que lloran siempre –el día de San Lorenzo”.Cuando me recitó esta jota, yo le pregunté :¿y tú ,no lloras? Y ella me contestó :si, también lloro el día de San Lorenzo, cuando me acuerdo de Federico Balaguer, de Marieta Pérez y de Don Vicente Ferrer, que fue Mayordomo de la Vera Cruz y cuando estaba paralítico en Zaragoza y lo traían para la Semana Santa, en una silla de ruedas, pedía a sus hijos que lo llevaran a ver a Montse, que estaba sentada en una mesa petitoria.

sábado, 25 de abril de 2026

Los gnomos de Abrisén

 



Cuando subo desde Fañanás a Siétamo y paso por Abrisén, que para algunos significa “bosque de encinas”, me encuentro solitario ante un magnífico paisaje, que lo fue mucho más en antiguos tiempos. Aquella zona está atravesada por el río Guatizalema, que con la presa o azud de Abrisén, riega la llanura aluvial, que sube de Fañanás hacia Siétamo, convirtiéndose en saso, que posee una tierra roya, llena de guijarros y casi en lo más alto de la cuesta, se ven los restos de la antigua iglesia de la población de Abrisén. Dicha torre era de planta cuadrada, de buen sillar, bien labrada, lo que indica que sus gentes vivían cierto estado de riqueza o con bastante holgura.

Abrisén es una palabra prerromana, que parece ser una combinación del vasco- ibérico con algún término celta; la letra A del celta, quiere decir altura y la sílaba ar o ara, en vasco significa río. En nuestra provincia tenemos el río Ara y el río Aragón, entre otros. El nombre de Abrisén coincide con la altura en que se encuentra y con la palabra río, en este caso el río Guatizalema, del que se suministraba de agua. Lo de brisén tal vez tenga algo que ver con la palabra celta briga, que significa cerro, monte o acrópolis.

Queda debajo del saso la terraza aluvial, donde se podían ver enterramientos de tébula o losa de los antiguos pobladores romano tardíos y los primeros cristianos visigóticos.

Al contemplar aquel paisaje tan hermoso y tan abandonado que se ha quedado prácticamente vacío, uno piensa en aquellos que en sucesivos tiempos lo poblaron.

Pienso a quien podía preguntarle por aquella tierra y por quienes la poblaron y por los conejos, los jabalís, las liebres, las perdices y las codornices, además de por los ánades que todavía yo he visto que criaban en las orillas del río Guatizalema. ¡Qué fácil me resultaría la solución si creyera en los gnomos, como un gran amigo mío que me dice que los ha visto y ha hablado con ellos en las cercanías de la Ermita de San Cosme y San Damián!.Yo le pregunto que es lo que comen y me dice que se alimentan con yerbas silvestres; afirma que tienen una vida, que se prolonga durante unos setecientos años. Otro amigo me mostró una fotografía de un paraje de la misma Sierra y en ella se adivinan numerosos rostros de esos seres tan simpáticos y uno no sabe si son espíritus o cuerpos materiales, pero no pueden ser cuerpos, pues no se ven por ninguna parte, ningún resto de sus ropas ni de sus cuerpos.

El gnomo es como un espíritu bromista, del que dicen que daba sustos y chanzas a los hombres o les sustraía pequeñas pertenencias a los transeúntes que pasaban por los bosques donde ellos habitaban. Al transitar por el término de un antiguo pueblo desaparecido, pensé que su actual belleza fue superior en tiempos pasados, pues los encinares ancestrales, actualmente espesos y lúgubres, lo serían más; lo serían tanto que transitar por ellos, durante las horas posteriores al crepúsculo, donde el miedo y la superstición de los primitivos habitantes hispanos, los hacían creer en espíritus, hadas, gnomos, meigas y súcubos o demonios. A tales seres creían verlos u oírlos en los diferentes movimientos que se producían como efectos de los diferentes accidentes atmosféricos y naturales, que se siguen dando, aún hoy en día y producen en toda la zona poblada por un denso y primigenio bosque.

Desde la altura de Abrisén, mirando al río, se ven en sus orillas unas escaleras picadas en la piedra de sus orillas y cerca de ellas hay como una balsa picada también en la piedra, en la que echaban el agua del río para beber los hombres y los animales. Parece ser que la subían usando el procedimiento que se usa todavía, para sacar agua de las balsas de los hortales; Sobre dos o tres pies de ramas de árbol se coloca una pértiga larga en su parte central y en un extremo se instala un contrapeso y en el otro un cubo, que se hunde en el agua y ayudados por ese contrapeso, los hombres sacaban el agua del río y la echaban en la balsa. Los gnomos prefieren estos sistemas energéticos que no envenenan el aire con óxido de carbono. Yo no sé si son ellos los que hacen propaganda de la energía eólica, en estos tiempos modernos.

Para los celtas y los celtíberos que vivían por los bosques españoles, las encinas eran sibilas sagradas, a las cuales acudían los druidas a sus reuniones y a recoger la planta sagrada del muérdago. Siempre que se iba a arrancar una encina, se realizaba una ceremonia sagrada, en la que pedían perdón al árbol y a la Naturaleza, antes del desarraigo de dicho árbol. Es que la encina proporcionaba a los habitantes de estos bosques la alimentación, pues de las bellotas se extraía la harina, con la que fabricaban el pan y con sus ramas se calentaban y en aquellos bosques se mantenían sus ganados. Entonces las abejas no tenían problemas que les dificultasen la vida y producían cantidad de miel, que aprovechaban aquellos primitivos iberos y celtas para su alimentación, pues con la miel hacían cantidad de platos y bebidas, algunas medicinales. Quedan en aquel saso unas cuatro colmenas, que se encuentran medio ocultas entre las carrascas y lejos de tierras de cultivo, donde se lanzan herbicidas y otros productos que las aniquilarían.¡Cómo conserva el dueño de las colmenas las aficiones de aquellos antiguos pobladores!. Igual que en Abrisén vivía un enorme bosque, en Blecua existía otro mayor y en dicho pueblo están esperando la investigación de un gran cementerio ilergete.

No les pregunté a aquellos seres tan inteligentes y tan amigos de la Naturaleza, pero pensando en ellos, se me abrieron varias respuestas a mis inquietos pensamientos. Yo lamentaba la escasez de arbolado, de hombres y de animales que quedaban en aquellas terrazas aluviales y en los sasos más elevados y resulta que aquellos gnomos, dicen que estaban en aquellas zonas para evitar la desaparición del hombre y de los animales y para ello intentaban introducir en las mentes de los humanos explicaciones de la conservación de la Naturaleza y aquellos primeros habitantes hacían caso a esas ideas que les comunicaban los gnomos, pero al llegar la invasión árabe de España y su Reconquista, con la política de tierra quemada, toda la riqueza arbórea se destruyó totalmente, tardando luego muchos años en repararlos y todavía no se ha conseguido la recuperación de esos numerosos bosques, como el que había en Abrisén.

En Huesca desde el año mil al mil cien, desde una línea que iba desde Agüero, Murillo, Sarsa-Marcuello, Loarre, con sus castillos, Aniés, Santolaria, Abizanda con sus torres de vigilancia, Ainsa, etc., hacia el norte estaban los cristianos y hacia el sur los moros.

Y la política de tierra quemada dio vida a la guerra, para llevar al mundo a su destrucción, abriendo caminos que llevan a la humanidad a su muerte. Llegaba la época de la siega y los cristianos obsevaban los campos ya “segaderos” y se lanzaban sobre ellos para segar la mies que necesitaban para comer el pan de cada día y tras de aquella siega, encendían los campos y los bosques. A veces ocurría el hecho contrario, cuando los moros estaban fuertes y acudían al norte a devolver la política de la tierra quemada, siendo Almanzor un maestro en el ejercicio de tan guerrera política.

Después de la Guerra Civil, han ido desapareciendo los habitantes y la fauna de esos territorios. Sigue pasando el río Guatizalema por el mismo cauce y mirando al sur y a la misma orilla del río, se ve el tozal sobre el que reina la ermita de Bureta, con su Virgen, a la que ya no puede saludar la Virgen que estaba en Abrisén, porque ha desaparecido.¡Memos mal que aunque ya casi no queda gente por aquellos términos, hay hombres y mujeres, que viven en Huesca y se acuerdan de ir a visitar a la Virgen de Bureta!.

viernes, 24 de abril de 2026

Pascual Montenegro y sus caballos negros



Pascual tenía por y Montenegro por apellido y haciendo honor a este apellido era cetrino de piel, tirando a negro. He intentado saber de donde era y así como de la Parrala unos decían que era de Moguer y otros que de Palos, no he logrado enterarme, aunque no creo que fuese tarea dificultosa el averiguarlo. Así como Simón en el pueblo era el único enterrador, Pascual fue en Huesca el último que condujo a los difuntos en un coche de caballos mortuorio, como una Carroza en la que se hacía el último viaje y no triunfal precisamente. Era tirada esa Carroza por un tronco de caballos negros con un penacho blanco entre sus cortas orejas. Pascual iba revestido de negra librea con alamares dorados, que concordaba con su rostro moreno y taciturno. A su paso por los Porches, la gente se levantaba de sus butacas del Flor, del Universal y de los varios bares, que allí estaban ubicados y unos inclinaban reverentemente la cabeza y otros hacían devotamente la Señal de la Cruz. Años antes el difunto era conducido a hombros hasta los Porches, donde se introducía en la Carroza, allí se disolvía el duelo y los más allegados iban al cementerio. Los había que no respetaban ni la muerte, como un cestero apodado Carrusco, que en cierta ocasión, cuando iba a ser introducido el féretro en la Carroza, arreó a los caballos que se arrancaron veloces. Los que iban en el duelo no vieron oportuno ponerse a gritar por no romper el silencio respetuoso que acompaña a tan tristes despedidas. Pascual emprendió el camino tan trillado por sus caballos y rutinariamente con su trote monótono alcanzó las puertas del Campo Santo, dio una voz al conserje gritando: ¡sacadme a ese, que tengo prisa!.No le faltaba razón pues en épocas de epidemias hacía conducciones a destajo por ser el único conductor de la única Carroza Funeraria de la ciudad. El conserje llamó a los enterradores, que acudieron presurosos y comprobaron atónitos que el muerto se había perdido y exclamó: ¡ya me ha jodido Carrusco!.Desde entonces muchos oscenses llamaban a Pascual el “Pierde Muertos”. Hizo volver rápidamente a sus corceles hacia la ciudad y cuando llegaba a la altura de la Fuente del Ibón, hoy paso a nivel del ferrocarril, divisó desde su pescante el cortejo funeral; los portadores del féretro avanzaban lentamente y cansados por el peso del muerto, uno exclamó: ¡ya era hora de que aparecieras y no vuelvas a perder más muertos!.

Montenegro quería mucho a sus caballos y dormía con ellos en la cuadra, cuando iba a los bares a tomar café les guardaba el azúcar y al volver a los establos que estaban en la huerta del Hospicio relinchaban de alegría, al tiempo que orientaban sus orejas al lugar por donde venía.

Eran los pobres animales muy bien aprovechados, pues en sus ratos libres labraban la huerta, la granja de la Diputación, acarreaban la leña y el carbón y llevaban el oxígeno al Hospital Provincial. En cierta ocasión el señor Antonio dio varios latigazos a uno de los caballos injustamente, pues lo había sobrecargado; el pobre animal trató de defenderse y se incorporó agitando sus manos sobre el agresor, como el caballo Furia de las películas; llegó entonces Pascual y le gritó: ¡Sultán, Sultán! Y este sé apacigüó y acudió mansamente a lamerle las manos. No tenía miedo a nada, ni a los muertos ni a la muerte; dormía debajo de las patas de los caballos, que tenían cuidado de no hacerle daño. Hasta las ratas que pasaban por encima de su cuerpo, le respetaban y no le mordían; sólo los hombres quisieron hacerle daño pues en cierta ocasión lo llevaron a fusilar y no protestó, ya que estaba tan acostumbrado al camino de la muerte que lo debió encontrar natural y si no se dan cuenta por terceros de que llevaban el reo cambiado, aquel día, hubiera sido el último de su vida.

No era amigo de los hombres vivos, solo lo era de los muertos y de los animales, quería a los gatos, a los perros y a los caballos Sultán y Lucero, que cuando recibían su orden de enganchar, enculaban solos en las varas de la carroza y agachaban la cerviz para recibir en sus cuellos las colleras. Era tan pacífico que a su perro tuerto, lo llamaba Ghandi, que por cierto se entrecruzaba entre las patas en movimiento de los caballos y nunca las rozaba.

Los entierros eran clasistas y se hacía notar la categoría del muerto, según las cortinas de la Carroza fuesen moradas, rojas o blancas, pero quedaban los parias, aquellas personas pobres y desamparadas, que después de introducirlas en cajas de chopo, desnudas y agrietadas, eran conducidas no en Carroza, sino en el Trum-Trum, carro negro y desvencijado, que pasaba por las noches haciendo un ruido como expresa su nombre, rápido y sin ningún cortejo. Bien se vale que Mosen Santamaría, con esa humildad y humanidad que le caracterizaba, los esperaba en el cementerio para rezarles un responso y darles la postrera bendición.

El pobre Montenegro se confesó con un sacerdote humilde y santo, don Benito Torrellas y dio “El Salto” a la Eternidad, que escribió el poeta León Felipe y que yo le dedico.

“Pastor “ de buitres de Miguel Angel Bueno.

Tenemos en Aragón  enormes  grupos de buitres,que siempre me han llamado la atención. Yo los observaba en enormes grupos de ellos en el espa...