viernes, 19 de junio de 2026

El ocaso en el Cerro de San Jorge de Huesca













Mi tía Luisa, Penélope para los leñadores, era amante de observar los ruiseñores en las yedras del jardín de la Torre de Casaus y aseguraba que, según opinión del gran pintor Zuloaga, las puestas del sol del Cerro de San Jorge, eran las más bellas en variedad de colorido de toda España. No tengo noticia de que llegara a conocer a tan eximio pintor; tal vez escuchara esa opinión de boca de su primo Don Manuel Bescós Almudévar (Silvio Kosti), pintor, además de escritor y rico en relaciones humanas de todo tipo.

De todas formas, no creo que se sacase la opinión de la manga, pues las mangas, por sí solas, constituían en aquellos tiempos una cuestión de moral conflictiva y que hacía que las pobres modistas unas veces tiraran de ellas para arriba, y otras para abajo. En aquellos tiempos, la moral se calibraba , se ponderaba escrupulosamente, y por tanto, el dejar al descubierto unos centímetros más o menso de tejido epitelial de las extremidades superiores, constituía materia de consulta en el confesonario.

En cuanto al tejido epitelial de las extremidades inferiores, más vale no “meneallo”, porque mi tía, se levantaría de su tumba para amenazarme como a los leñadores que talaban los corpulentos y copudos árboles de la carretera de Zaragoza. De esta anécdota le vino que su sobrino y primo mío José Antonio, la llamara Penélope por mal nombre; si se mete uno a redentor, sale crucificado.

¡Pobre tía Luisa, amante de la naturaleza y de la belleza visual y auditiva!. Tenía una borrachera de belleza ambiental cuando, a la puesta del sol refulgente, se unía la frondosidad de aquellos enormes árboles y, sobre ellos, el “triunfo de los pavos reales”, que con su rueda erótica, competían en color con el ocaso. Aquellos pavos reales fueron uno a uno, aplastados por el tráfico en aumento de los vehículos de motor; los enormes árboles, cuya tala no pudo evitar mi tía, cayeron estruendosos, víctimas de la sierra también de motor. En cambio su prima la escritor María Cruz Bescós, consiguió que se respetase el Plátano de Indias gigante, que todavía se alza frente a la puerta de su casa.

El ocaso sigue cada día teniendo lugar, y seguirá mientras exista el sol, pero su colorido espectacular y cambiante se ve oscurecido y como emborronado por el humo que vomitan las altas y negras chimeneas que por aquella zona proliferan. Me queda el consuelo que tantas veces, y en plan irónico, se aplican las gentes entre ellas: ¡ya vendrá el verano para que no se eleven esos humos negros, que velan la hermosura de nuestras puestas de sol en el Cerro de San Jorge!. Las más bellas de España.

La máquina de vapor o el malacate










He vuelto a estar en el Castillo de San Luis. La primera vez, como veterinario a visitar la granja de conejos, que allí tenía la señora Visitación, esposa del señor Bernardo, que estuvieron en dicho “castillo” durante quince años. Allí vivía el abuelo de Santiago , mi yerno. Este había recogido en su niñez dos cuervos, que parecían negros, pero en realidad eran de un color azulado, con reflejos de colores irisados en su plumaje. Hacían una vida libre, pero acudían a dormir al “castillo” y se apreciaban mutuamente con la familia del castillo. Cierto día un visitante alcohólico se enfadó, en uno de esos ratos de convivencia y los cuervos se lanzaron sobre él. Aquellos cuervos hijos de la Naturaleza sólo querían el orden y el progreso de los hombres. Aquel “castillo” tenía que ver mucho con el vino, pero con un vino que hiciera aprovechar los alimentos que el hombre comía, pero no aprobaba escenas como la de Noé, cuando perdió por un rato, la razón. En el fresco ambiente de aquel patio se respiraban recuerdos del año 1882 en que, una vez establecido el Barón Guy de Contenson, en el “castillo” de San Luis, lo bautizó con el nombre del patrono de su hijo, San Luis. Conocedor de las tierras de Huesca, quiso aprovechar el placer que producía en Burdeos y en París el buen sabor del vino español y pensó en producirlo y en facilitar las comunicaciones por ferrocarril entre Huesca y Canfranc, que parece que se duda de su nacionalidad española, cuando los motivos de tales dudas están más en Irún y en Gerona. Entonces se exportaba gran cantidad de vino a Francia. Por Siétamo pasaba un carro adaptado a llevar toneles de vino. Era de Casa Borau de Torres de Montes y está representado en un cuadro en el bar del Mesón, ya cerrado, con comentarios míos. Me contaba el difunto Borau, que cuando llegaban a la frontera, encontraban los franceses aquel vino tan fuerte, que tenían que retirarse y añadirle agua. En aquellos tiempos mi abuelo Manuel Almudévar de Siétamo, producía enormes cantidades de vino que guardaba en una bodega, granero y almacén, que había sido del Conde de Aranda, del que tratan de confundir la propiedad sobre su corral y terreno de sus alrededores. Son tantos los motivos del olvido de nuestro pasado, que añadiendo la Guerra Civil y en ocasiones la Dictadura, que han hecho perecer honor y propiedades de honrados hombres. En aquellos tiempos el Barón Guy de Contenson, trajo de Inglaterra dos locomóviles, que consistían en dos máquinas de vapor, que puestas a una distancia conveniente, arrastraban por medio de un cable un arado de vertedera. Trajo además el Barón a Thomas Noddings, como maquinista especializado en tales máquinas. Más tarde fue contratado por el Conde de San Juan, siendo asesinado en 1890. Yo recordaba que en el Cementerio Civil había una tumba de un inglés, allí me dirigí y contemplé una tumba de Mr. Thomas Nodding, fallecido en 1890. El señor Oliver, Conde de San Juan, perdió su finca en año 1895, por una deuda al Banco Hipotecario de España. En una fotografía de 1883, al lado de un arado de Oliver, aparece un labrador completamente vestido de aragonés, con su cacherulo incluido, pero a pesar de eso, han seguido acabándose los labradores. Aunque ellos también han luchado con el malacate, que es un cable tirado por motores eléctrico o sistemas hidráulicos con el que se arrastran cargas, como me contaba que hizo Torres de Ibieca para arrancar carrascas en un bosque que iba a cultivar. Yo no sé si tiraba de los cables con motores o con caballerías. La Duquesa de Medinaceli daba un banquete en honor de Oliver, Conde de San Juan y el Rey le recibía en audiencia privada, mientras el Barón de Contenson veía a Huesca a cien kilómetros de Francia y murió sólo siete años antes de inaugurarse la Vía internacional por Canfranc. Ahora ha entrado en el “castillo” mi amigo el varón, con minúscula, como yo, Luis Acín, al lado de la Autovía Mudéjar, que va a Francia. ¡Qué los cuervos irisados, hijos de la Naturaleza, te den suerte para que dicha autovía se abra a Francia, donde un aragonés como tú, tal vez pueda redimir a Aragón, más que el Barón de Contenson!.

miércoles, 17 de junio de 2026

Requien por un águila real



Yendo con mi amigo, un gran cazador, llamado Isidro Artero, vimos como caía un águila real, en las montañas de Nueno, desde el camino que conduce a Arguis. Cayó prisionera en un cepo y no se podía soltar. Isidro caminaba por la glera hacia la prisionera águila, por cuidar de soltarla. Las piedras que removía el animal agitando el cepo y todavía más con sus móviles alas, bajaban por la ladera y le hacían daño a Isidro en las piernas, donde le golpeaban. Aquel trofeo en lugar de ser real, al tratarse de un águila real, habría que llamarlo un trofeo vil, por atacar a un noble animal, rey de la Naturaleza. En el cepo se encepó el águila, e Isidro ya la iba a alcanzar, con la esperanza de liberarla de la prisión del cepo, cuando ya casi la tenía cerca de sus manos, pero el águila, con una pata de menos, se arrancó a volar. ¡Qué lástima, perdernos la contemplación del águila libre, viéndola volar y volar su vuelo real!. Pero la Virgen de Ordás, que se encuentra en una alta montaña, sobre la carretera, tal vez sonreiría, como casi todos nosotros hemos sonreído, al leer, como una lechuza, volando , volando a la Virgen “un ramo de olivo le traía”. Isidro y yo lamentábamos que el águila perdiera una de sus patas, pero a él se consolaba al ver que el cepo iba a quedar en su poder. Le serviría para cazar raposas y tejones, bichos astutos los primeros y torpes los segundos y luego vendería sus pieles, en aquellos tiempos en que el dinero era escaso y había que sacarlo de donde se pudiera. Además, agarrada al cepo, le quedó la garra con sus uñas aceradas y certeras y el viejo cazador, abriría sus dedos y en el pulpejo clavaría un clavo de herrar, para colocarla en la puerta de su casa. Las brujas no acudirían a su hogar, ante el temor que les inspira ese amuleto agresivo y real.

¡Qué habrá sido del águila?. Estaba un zagal de Erminio sentado bajo un olivo y observó cómo “sobre el olivar se vio un águila volar y volar” y vio como se lanzaba como una flecha sobre un conejo incauto, y en un cable de la luz, su vertiginosa velocidad la hizo golpearse, y el alambre de cobre, como un arco que se tensa, con crueldad la rechazó. Sobre el olivar, ante los ojos atónitos del zagal, quedó el cadáver del águila real. Sólo tenía una garra. El cepo de técnica rústica, se la había cercenado y el cepo de técnica elevada, le cercenó la vida.

Sobre el olivar cayó el águila. ¡Quién la pudiera resucitar!. En la tierra cayó una lágrima, una lágrima por el águila real, que a este paso se va a convertir en un ser mítico e irreal.

martes, 16 de junio de 2026

Don Quijote, antes y ahora



A Lope de Vega le mandó Violante hacer un soneto, por lo que se deduce al leer:”Un soneto me manda hacer Violante y en mi vida me he visto en tal aprieto, catorce versos dicen que es soneto, burla burlando van los tres delante”. Lope era Lope y claro, burla, burlando escribía un soneto; su fecundidad era proverbial, tanto que en menos de horas veinticuatro, no sé cuantas pasaron de las musas al Teatro. Además, en aquellos tiempos, en que el amor era el “primum movens” de aquellos caballeros, si se lo pedía Violante, lo que me extraña es que no escribiera cien sonetos en lugar de uno. A mí, no me mandan hacer un soneto, me ordenan escribir sobre el Quijote y con mayor motivo que Lope, “en mi vida me he visto en tal aprieto”. El que me manda meterme en libros de caballerías es como Don Quijote,”seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador”.El caballero tiene otras analogías con el de Cervantes; éste “se daba a leer libros de caballerías”,”y así llevó a su casa cuantos pudo haber dellos” y áquel, que me ha ordenado perorar, también tiene en su casa libros en abundancia, hasta de caballerías, ya que posee hasta el Quijote de Avellaneda. Este caballero es Don Federico Balaguer y cuando pienso que un sabio me manda escribir, me río y sólo me queda, como a Lope, pero en pequeño, tratar de burla burlando, llenar otros tres o cuatro folios, además del que ya llevo por delante. Yo creo que resultará sencillo, pues medio mundo se burla del otro medio, los cuerdos de los locos y estos de aquellos. Hay personas razonables, que como Don Federico Balaguer se dedican a “desfacer” entuertos históricos, o, como Miguel de Cervantes que dedica a su Don Quijote a deshacer los entuertos que causaban los libros de caballerías en sus tiempos. Esos libros estaban escritos por personas a las que la razón de su sinrazón, se les hacía razón. Ante tales desvaríos, no valía la fuerza de la razón; el único recurso que le queda al escritor para combatirlo es la ironía, la sátira y la burla. Unamuno nos hace ver que el Quijote es una burla de un género literario que hizo que al caballero, se le secase el cerebro,”de modo que vino a perder el juicio”. La era Gütemberg se había iniciado en el siglo XV y el invento de la Imprenta, que pudo transformar a todos los hombres en razonables y razonadores, llevó la sinrazón a Don Quijote y a otros muchos más. La misma Santa Teresa se tuvo que apartar de la lectura de los libros de caballerías, para poder llegar a hacer de la mística un esquema racional en “Las Moradas”. En la obra de Martín de Riquer, titulada “Introducción a Don Quijote” se lee que Alfonso de Fuentes, cuenta en su Summa de Filosofía Natural (1547), el caso de “un personaje que se sabía de memoria el Palmeril de Oliva y no se hallaba sin él, aunque lo sabía de cabeza”. En el Arte de Galantería de Don Pedro de Portugal, se describe como lloraba toda una familia porque se había muerto Amadís de Gaula; un gran señor italiano sé desesperaba al leer que Amadís hacía penitencia, como cuenta Lope de Vega en su novela Guzmán el Bueno. Hay quien se pregunta si Cervantes quiso en su obra afirmar que todos estamos locos. He hablado antes de personas razonables o cuerdas y de personas de la sinrazón o locos y el mismo Cervantes opone a la locura de don Quijote, el sentido común de Sancho Panza, pero la sabiduría popular afirma que de poetas, músicos y locos, todos tenemos un poco. Creo que sería tan disparatado ver por todas partes castillos encantados y sutiles Dulcineas como tener el concepto sanchopancesco de “muera Marta y muera farta” y el deseo de que todas las Martas se convirtieran en “fembras placenteras”. A lo largo de la obra se observa como Don Quijote se va haciendo más realista y como Sancho, por ejemplo, en la Insula Barataria, donde lo nombran gobernador, pronuncia frases que se apartan de lo concreto y entra en conceptos abstractos como la Justicia. Don Quijote es un insensato, no muestra sentido del humor, es un utópico y las utopías son como el onanismo y el insensato sueña en princesas y como utópico está separado del erotismo, que habitualmente ponen en acción los Caballeros andantes. Soñaban como locos, los caballeros andantes en princesas encantadas y defienden damas, que tal vez lo fueran por su posición social, pero que muy bien se pondrían a cantar la reciente y escandalosa canción que dice: ”Yo quiero ser una zorra”. Sancho Panza es excesivamente sensato y carece también del sentido del humor, haciéndole su realismo, creer solamente en aquello que tiene al alcance de la mano y se le escapa también el erotismo, para convertirse en posesión material. Los utópicos y quiméricos, en su vida particular o en la pública, si la ejercen, ven sus chifladuras desmoronadas ante la realidad, después de mostrarse violentos, ya ante los molinos de viento o ante los rebaños de ovejas, entes pacíficos por antonomasia y en los que ellos sólo ven fantasmas enemigos. Los absolutamente sensatos podrían pasar por bueyes embelesados en su ciencia. ¿Dónde está el mérito de Cervantes?. Yo creo que en la ironía con que nos conduce a la realidad de cómo debe ser la persona humana, tan alejada de Amadises y de Dulcineas como de Sancho Panza y Maritormes. No es el Don Quijote una simple sucesión de relatos chuscos, que constituirían una payasada, como ocurre en alguno de los que salen en el Avellaneda, como en el capítulo en que Don Quijote y Sancho, camino de Zaragoza, entran a expoliar un melonar y salen a palos. El payaso es un hombre alienado, no es un hombre auténtico, está enmascarado de listo o de tonto. El mérito de Cervantes es hacer ver, por la ironía, como no debe ser el hombre; es intentar apartar al hombre de la alineación; pero la grandeza de su obra es que es universal en el espacio (cientos de ediciones de sus obras en casi todas las lenguas) y en el tiempo. Si en la era Gütemberg fueron los libros de caballerías y de otros géneros alienantes, sigue habiéndolos en la era Mac Luhan. Mac Luhan era canadiense y ha muerto hace poco tiempo. Anunció el fin, quizá exagerando un poco de la letra impresa, sustituida por las computadoras, la televisión, los vídeos, etc. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pero yo me pregunto: ¿no será mejor una imagen acompañada de una hermosa y precisa descripción?. Estas palabras me recuerdan que Cervantes ironizaba los libros de caballerías, no sólo en su fondo, sino también en su forma. No otra es su intención cuando escribe: “apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos y apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían saludado con dulce y meliflua armonía la vanidad de la rosada aurora, que, dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero Don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso caballo Rocinante y empezó a caminar por el antiguo y conocido campo de Montiel”. Este texto, a pesar de ser una ironía contra el estilo literario de los autores de los libros de caballerías, a mí me encanta leerlo y releerlo y me gustaría acercarme en los escritos a su calidad literaria. Pero estaba hablando de la bipolarización que se plantea entre Gutemberg y Mac Luhan y yo creo que sigue siendo necesaria la lectura y que la del Don Quijote será siempre aleccionadora. La escritura hace pensar, los chinos representan con signos sus palabras monosilábicas, los fenicios sustituyeron los dibujos por consonantes y vocales, pero todavía podemos ver dibujadas las “ideas de las cosas”, en las cuevas primitivas. Con estas imágenes, si no las acompañamos de una descripción escrita, podemos volver al bisonte de Altamira. ¿Qué conclusión podemos sacar de este concurso?. Yo personalmente tengo la mía, que le agradezco a Don Federico por haberme mandado intervenir en este acto lo que me ha obligado a leer, como a los concursantes, textos del Quijote y a reflexionar sobre ellos. Estas lecturas y estas reflexiones nos han ayudado a comprender el mundo actual y a percatarnos del paralelismo entre Don Quijote con escritores actuales. La alineación que antes producían los libros de caballerías, las producen ahora el consumismo, la televisión, el cine, la masificación, los dogmatismos, los fanatismos y una vaga conciencia de inseguridad en el porvenir colectivo y en el de cada joven e incluso de cada persona mayor, como yo mismo. Se celebra estos días el aniversario de Ortega, que decía que los españoles consideraban “funesta la manía de pensar”. Algunos lo descalifican porque no pensaba como ellos, pero yo animo a los jóvenes a que piensen por sí mismos y ahora que han leído el Quijote que sigan leyendo otros libros. Kafka en su obra “El castillo”, habla de como en él se hallan hombres con poder, que tienen siempre palabras, buenas palabras, pero los hombres que están fuera, están inermes, desalentados e impotentes para alcanzar otra Dulcinea, que es un conjunto de sueños de felicidad y de libertad. José Luis Castillo Puche describe como Kafka ha sabido ”poner en alegoría no sólo el destino incierto del hombre”, ”sino que a través de sus personajes atónitos y acosados, alucinados o poéticos en medio de la grosera vulgaridad, ha dejado testimonio de la auténtica conciencia de nuestro tiempo”. A Don Quijote lo interferían gigantes, que eran molinos de viento, a los hombres, en sus sueños los interfieren también gigantes que son todopoderosos en sus torres del castillo del poder: ”burocracias de hierro, automación y la deshumanización de la maquinaria estatal, social, científica, económica y técnica, cuyo objetivo es hacer que el mundo funcione sin tener en cuenta al hombre”. El mismo Cervantes sufrió en sus carnes los vituperios del poder. Cervantes, en situación de pobreza envió al Consejo de Indias una serie de méritos que le podrían hacer merecedor de un empleo en América y aquellos méritos eran los siguientes, su pérdida del brazo en Lepanto, el cautiverio de Argel, la misión que desempeñó en Orán, los que tenía su hermano Rodrigo que había también peleado en Lepanto y el desamparo de sus hermanas. Se lo denegaron, pero su Don Quijote, como decía mucho antes Don Juan Manuel de los libros fue “melecina”, que con su bálsamo de optimismo y de ilusión ha curado muchas mentes humanas y las ha aliviado en el curso de los años.

domingo, 14 de junio de 2026

El Reino de los Mallos, antes y ahora


Bajando desde Jaca a Huesca, siempre veía al lado del modesto río Asabón, el desvío que conduce a Villalangua. Siempre que por ahí pasaba, imaginaba un aspecto rural o de abandono de tal pueblo, que tan pocas veces aparece en las historias. Pero un día, decidí entrar en él y quedé maravillado por encontrar un pequeño pueblo, que no tenía ruinas entre sus casas, con una bella iglesia y un Hotel-Posada, que en un alto acantilado sobre el río Asabón, ofrecía a la vista un verde valle, con una corona de Mallos, señalando el cielo, que recuerda los de Riglos, los de Agüero, de Loarre y todos los del viejo Reino de Doña Berta, que dominan el valle. Estábamos en invierno y no vimos a nadie, pero se adivinaba un pasado glorioso y tranquilo, cerca de Navarra, ya que por Biel se caminaba para ir a Pamplona, pasando por el primer pueblo navarro, es decir el de Sangüesa. En el mapa del antiguo Reino no aparece Villalangua, pero dicen que este pueblo, fue siempre un refugio de pastores, hasta el siglo XVII, en que se fundó el pueblo. Pertenece al Ayuntamiento de Riglos y como este pueblo exhibe sus mallos, palabra que en lengua vasco-ibérica significa “formación rocosa”. Son los mallos como columnas de piedra roja de distintas alturas, que se elevan al cielo y surgen de distintos puntos del Reino de los Mallos. Existió este Reino durante un escaso tiempo, ya que Pedro I, rey de Aragón y de Navarra e hijo del Rey Sancho Ramírez, muerto en la muralla de Huesca por las flechas de los moros, se casó el año 1097 con Berta, de la que se sabe únicamente que era italiana. Murió Pedro I en 1104 y le dejó como dote, entre otros pueblos Murillo de Gállego, Riglos, Marcuello, Ayerbe y otros, ya en la tierra llana. Ella era Reina y Ubieto Arteta le completó el nombre al Reino llamándolo el de los Mallos. No había tenido Pedro I hijos con su primera mujer y tampoco los tuvo con la Reina Berta. Allí quedó de Reina, y los nobles la observaban, para ver si daba síntomas de estar embarazada. No dio a luz y al poco tiempo, en 1110, desapareció del Reino, sin conocerse nada de su vida. ¡Dios mío, que tierras aquellas en que no nació ningún niño para ser Rey de Aragón, cuando de esas mismas tierras habían salido aquellos mallos, que en lugar de indicar la dirección de Zaragoza, señalan todavía el cielo!. Si, a Zaragoza se dirigió el hermano de Pedro I, que fue Alfonso el Batallador, como bajaban las aguas del río Gallego al Ebro. En el Reino nominal de los Mallos, permaneció Agüero, situado en un terreno legendario, pues en él está la iglesia de Santiago , donde se encuentra esculpido el Rey Sancho Ramírez y por aquellos caminos por los que iban a Navarra, se encuentra Villalangua y muy cerca el desparecido pueblo de Salinas de Jaca, donde vivió mi amigo Sebastián Grasa, que corrió aquellos parajes, llegando al pueblo navarro de Sangüesa, al que acudía al Notario. De Sangüesa a Sos del Rey Católico, tuvo que acudir la madre del Rey Fernado el Católico, para ser Rey de Aragón. A Salinas Viejo acudía a veces Sebastián Grasa pasando por la “osqueta” de la Foz de Salinas. Entre Salinas y Agüero se alza el monte de los Tres Obispos a 1224 metros sobre el nivel del mar; allí se reunieron tres obispos medievales, en una zona hermosa, que vive del turismo. Por Marcuello pasaba la Vía Romana y desde su castillo se observaba la tierra de la Sotonera. Está aquella tierra solitaria de hombres sin embargo es el reino de los buitres. Dicen que San Juan de la Peña es el panteón de aquellas tierras, Jaca la Catedral y subiendo por Marcuello, se llega a Loarre, que es el observatorio hecho por el hombre, para engrandecer a estas tierras de los Mallos. El río Gállego recorre dicho Reino y se guardan sus aguas en el Pantano de la Peña; saliendo de éste, se llega a Murillo de Gállego, donde se encuentran la Montaña con La Tierra Baja. Hace años subí a lo más alto del pueblo a visitar la mula de un pastor; allí mismo se encontraba una ermita que me inpresionó. Al lado del pastor vivía una señora viuda, con su vestido negro y su toca que le tapaba sus cabellos blancos y entramos en conversación y ella, en su soledad, me invitó a tomar agua fresca, que yo le agradecí y todavía me acuerdo de ella y de su obsequio. En la carretera hay una Bodega, productora de vino. Entré a ver a su dueño, que es amigo mío y le compré una botella de buen vino. Porque en Murillo empieza la Tierra Baja y en ella se encuentran viñas fecundas y abundantes. Desde la fachada de la Bodega, parecen expuestos a la vista de los vecinos de Murillo, los Mallos de Riglos que son un espectáculo maravilloso. Están Riglos y Murillo separados por el río Gállego o Galaico, porque nace en las Galias. Por este río navegan multitud de canoas, muchas de las cuales las traen del País Vasco. La abuela del “cobalto” de Murillo, al lado de una ermita, para mí, representa el pasado de Murillo y las aguas del Gállego, surcadas por las canoas, parece ser que buscan el progreso, camino de Zaragoza.

Se ven las llanuras de Ayerbe, desde Agüero, Murillo, Marcuello y Loarre. Era Ayerbe la capital del Reino de los Mallos. Desde este pueblo hay una carretera por la que se va, pasando por Biscarrués, a Fuencalderas y a Biel, al lado de Navarra. Se nota un ambiente de que Ayerbe iba a más, pero se ha quedado fuera de la autopista que va por Sabiñánigo y la ha dejado aislada de Pamplona. Por Erla y Egea de los Caballeros se llega a Sádaba, donde se alza un enorme Castillo y desde este pueblo al navarro Carcastillo, la carretera es buena hasta la provincia de Navarra, pero parece que a ésta no le interesa la comunicación con las Cinco Villas aragonesas, porque su parte de carretera es mala. El Reino de los Mallos quería imitar a Zaragoza, pero no puede salir de lo viejo más que de lo antiguo. Quedan los brujos de San Felices, las brujas de Salinas de Jaca, con las que convivió mi viejo amigo Sebastián Grasa y queda el recuerdo del Saltamontes de Murillo, pero el progreso de Zaragoza y de Navarra, que tiene el terreno de Pitilla de Aragón en las Cinco Villas y que en tiempos pasados hablaron el vasco, lo evitan los modernos gobiernos, que pueden decirse demócratas, pero olvidan la belleza del Reino de los Mallos y de su capital Ayerbe, en que vivió Ramón y Cajal y que es un lugar que nos comunicaría con el pueblo navarro, que de sus pantanos saca agua para todas sus comarcas, para beber sus habitantes y para industrializar las diversas zonas de Navarra.

sábado, 13 de junio de 2026

Amor desinteresado






“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes de Mayo y hacía calor, mosen Marcelino creyó que aquella hermosa mujer, que preguntaba por su difunto marido, acudía a la llamada del amor.

Pensó que se trataba de un amor puro, sin ningún interés, seguramente querría enterrar a su esposo en tierra sagrada, pues la señora le habría advertido que el cadáver estaba enterrado en el monte, debajo de una carrasca.

El cura estaba contento, además de por ser Mayo, porque se le ofrecía la oportunidad de complacer a una hermosa mujer, a cuyos encantos no es fácil ser inmune, aún siendo sacerdote y porque como corrían tiempos de penuria, tendría ocasión de cobrar un duro para él, una peseta para el sacristán y calderilla para los escolanos. Estos, por mandato del sacristán, fueron corriendo a buscar al señor Joaquín Puyuelo, que por su profesión de podador y “leñacero”, conocía todas las carrascas del monte.

El mosen había recibido a sus visitantes en la “solanera” que tenía en su casa, pues en la sala tenía instalada una capilla y en el balcón colgaba una llanta de camión, que al golpearla con un martillo, sonaba como una campana. La iglesia parecía una venta robada pues, durante la Guerra, había sido usada como garaje e incluso había un foso para reparar vehículos.

He hablado de los visitantes y es que la señora venía acompañada por un caballero.

El señor Joaquín no tardó en llegar, se le explicó que se trataba de localizar el cadáver del esposo de la hermosa y el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la carrasca. El podador, limpiador lo llamamos aquí, entró en su casa, que le venía de paso, a cogerse la “jada”. Parecía un entierro sin muerto, pero se trataba en realidad de un desentierro. Y poco le costó al señor Joaquín desenterrar al difunto, pues en las guerras se pierde poco tiempo en cavar, si no hay un negrero, que a fuerza de culatazos, te hace trabajar. Un gitano de Barbastro decía que lo pasó muy mal durante la Guerra, porque lo hicieron palear para enterrar muertos. El cadáver quedó patente, no tenía ni caja. El cura habló de la necesidad de ir a buscar unas parihuelas, para llevarlo al cementerio.

Aún no había acabado de hablar el cura, cuando el caballero acompañante, se lanzó sobre el muerto y se puso a buscar algo en el pequeño bolsillo del pantalón, bajo la cintura, en el que antes se llevaban los relojes, y en el que ahora al haber perdido su objetivo, algunos hombres esconden aquello que no quieren que vean sus mujeres, y sacó lo que buscaba: un hermoso reloj de plata repujada. Se lo entregó a la señora, que lo metió en su bolso al tiempo que, dirigiéndose a mosen Marcelino Playán, le decía:"es que sabe, este hombre es ahora mi marido”. Este, cogiendo del brazo a la bella y sin decir gracias ni adiós, se fueron, como se iría cualquier bestia con su bella hembra.

Al desenterrador, a pesar de ser un hombre endurecido por haber comido pan de mil hornos, le entraron ganas de llorar, pero reaccionó y todavía me parece oír por las noches su mezcla de juramentos y de risas. Después echó tierra encima y “s’en fue”. El cura se quedó sin duro. El pobre ya murió. El sacristán, a pesar de todo, siguió siendo feliz, pero con la pequeña frustación de que después de haber aprendido latín, el siguiente cura se puso a decir la misa en castellano. Los escolanos viven en la emigración, pero yo, a pesar de lo anteriormente narrado, no pierdo la fe en el amor. Y es que el primer amor, no se olvida nunca y siempre nos conmueve. El segundo marido o la bestia, como ustedes lo quieran llamar, también murió.

La doble viuda cobraba su pensión, pero descubrió que renunciando a la del segundo marido, podría cobrar la del primero, que iba a ser más sustanciosa y además los ¡larguísimos atrasos!. Y dicen que ha hecho los trámites para volver a su primer amor, que mientras no se demuestre lo contrario, es el verdadero.

viernes, 12 de junio de 2026

Tierras aragonesas y antes navarras


Hay una comarca de aspecto abrupto, ocupada por Sierras que no son muy elevadas y en otros tiempos abundaba en ella la ganadería trashumante, hoy casi desaparecida y sus tierras están escasamente cultivadas. Por el norte limita con la cuenca del río Aragón, que se introduce en Navarra por Yesa, encima de Sangüesa y de Sos del Rey Católico y por el Este la recoge el río Gállego, que baja a Ayerbe cerca del pueblo de Agüero y de Salinas de Jaca, el nuevo, pues el viejo ya desapareció hace algunos años. Salinas se despobló y uno de sus habitantes, Sebastián Grasa, vive hoy con sus ciento y un años en la Villa de Siétamo( ya muerto), como se están quedando casi sin habitantes Sos del Rey Católico y Longás. A Longás se puede ir por la carretera de Jaca, desviándose a la izquierda por un camino, poco antes de llegar a la ermita de Santa Bárbara. La Sierra de Santo Domingo con su cumbre a mil quinientos veintitrés metros de altura, arranca cerca de Salinas todavía en la provincia de Huesca y tiene en su vertiente Norte el pueblo zaragozano de Longás. En su monte nace el río Onsella, que pasa por Lobera de Onsella y por Isuerre,con un fondo de valles, hondonadas y montañas. En el Norte de la Sierra de Guara, cerca de Santa Eulalia la Mayor o Santolaria, como la llamamos en aragonés, se encuentran las ruinas de un pueblo, ya desaparecido, que se llama Isarre. Se encontraron en la Sierra de Santo Domingo, materiales arqueológicos, que se exhiben en el museo de Pamplona. Más al Oeste pasa el río por Navardún y por Gordún, donde se eleva un castillo, que fue erigido a consecuencia de las invasiones de los navarros durante los siglos XIV o XV. Debajo del río Onsella, entre Isuerre y Navardún se encuentran situados dos enclaves navarros, con el pueblo que los preside de Pitilla de Aragón. Antes de llegar a Navarra, donde desemboca en el río Aragón, pasa por encima de Sos del Rey Católico. Esta villa fue en tiempos la capital de las zaragozanas Cinco Villas, pero ha ido poco a poco perdiendo sus habitantes y conviviendo con la próxima e industrializada Villa navarra de Sangüesa. En 1452 se encontraba en dicho pueblo navarro la madre de Fernando el Católico y al darse cuenta de que luego iba a dar a luz, se trasladó urgentemente a Sos, para que su hijo naciese en Aragón. Llegó a casarse Don Fernando con Isabel la Católica, lo que traería la unidad a España.

Es una Villa con notable arquitectura civil y religiosa, donde se encuentra la iglesia de San Martín de Tours, que fue la capilla privada de los señores navarros de Sada.

La conversación con el señor Grasa, me ha obligado a pensar y a escribir esta pequeña descripción del Valle de Onsella y su comarca oscense, zaragozana y navarra, pero leyendo el Diario del Altoaragón del domingo veintisiete de Junio del año dos mil cuatro sale un artículo sobre “La escultura románica, seña de la identidad del Pirineo”, he visto como desde Oloron hasta Sangüesa estamos pisando el Camino de Santiago, que pasa después de Oloron, por Jaca, por San Juan de la Peña, por Sos del Rey Católico y por Sangüesa. La tradición señala a dicho camino de Santiago como un medio de comunicación, en aquellos tiempos, que condujo a que llegaran a España las tradiciones nórdicas, entre las que se encuentra la del hombre que luchaba con un león. Entre los capiteles fotografiados por Pierre-Louis Giannerini en la Exposición expuesta en la Casa de la Cultura “María Moliner”de Jaca, figuran dos de la iglesia de San Esteban de Sos, ”uno de los cuales representa a dos mujeres acuclilladas con la falda levantada, las piernas abiertas y mesándose los cabellos, el otro, una pareja de aves con los cuellos enlazados que se picotean las patas”.

Están nuestros archivos y bibliotecas llenas de datos sobre la Historia de esta Comarca, incluyendo las Guerras Carlistas durante el siglo XIX, pero la memoria de las gentes ha perdido los datos que vivieron sus padres y abuelos; por eso me causó impresión lo que dijo el señor Sebastián Grasa, que ya tiene ciento un años de edad, sobre un caso ocurrido en su pueblo natal, ya desaparecido, Salinas de Jaca el viejo y desarrollado después por la ribera del río Onsella y terminado en la navarra Sangüesa. Yo había escuchado a mi padre relatarme algunos sucesos ocurrido en el siglo XIX, pero ya casi no me acuerdo de ellos, en cambio cuando oí hablar al señor Sebastián ,tomé mucho interés por lo que contaba, porque este hombre conserva las tradiciones históricas, que ninguno de los actuales habitantes puede recordar, porque no las vivió ni oyó hablar a nadie de ellas. Para recordarlas haría falta que fuéramos más viejos que “los caminos” y como no lo somos hay que preguntarles por el pasado a aquellos que se aproximan a esa vejez. Por eso yo escuché con interés el relato de Grasa, que

comenzó diciendo que un día llegaron a Salinas de Jaca unos carlistas que debían ir a Navarra y su padre que los vio, decía que apresaron al cura del pueblo y ataron a su casera en la cocina, en el mismo suelo, diciéndole que no gritara. Se llevaron al cura y cuando en el campo llamado Castillón encontraron a un hombre labrando con una vaca y un caballo, le quitaron el caballo y en él acomodaron al cura y se fueron hacia Navarra por el Valle del Onsella. El señor Sebastián no perdía detalle en su narración y nos recordó a los que lo escuchábamos que él conoció al hijo del dueño del caballo robado. En la Sierra de Santo Domingo, donde se encuentra el pueblo zaragozano de Longás, abandonaron al cura. Este se encontró solo, pero se topó con un “pecero” apodo con el que llamaban a los habitantes de Longás, donde “la pez” se usaba abundantemente para marcar los ganados; estaba el hombre cortando plantas de boj, para hacer cucharas de “palo” y al ver al mosen, lo llevó a Longás, donde se juntó con su párroco, que lo atendió y ya se marchó a Salinas, donde encontró a su casera todavía viva, cuando ella creía que el cura ya estaría muerto.

Se preguntaba Sebastián: ”¿para qué querrían al cura?, porque no lo mataron pero lo abandonaron en la Sierra de Santo Domingo”. Yo le dije que tal vez se lo llevarían para que no los persiguieran, ante el temor de que si lo hacían, matarían al capturado mosen. Además, le dije al Señor Sebastián: aquellos carlistas, hartos de cantar “Somos los voluntarios del Rey Don Carlos, ¡vivan sus fueros y religión!”, no podían resistirse a practicar la violencia ,que consigo llevan las guerras.

El caballo lo utilizaron hasta que llegaron a Sangüesa, donde lo dejaron abandonado, pero unos pastores lo vieron y dieron cuenta. Avisaron los de Sangüesa a los pueblos vecinos y se fue corriendo la voz, de tal manera que el dueño del caballo fue a buscarlo y se lo entregaron. Parece ser que tardó bastante tiempo en aparecer el caballo.

Cuando acabó el relato de los hechos ocurridos en el Valle de Onsella, me insistió en contarme la cantidad de contrabandistas que iban por Navarra y Aragón, diciéndome que durante las Guerras Carlistas pasaban mucho por aquella zona las partidas militares y guerrilleras y los contrabandistas, que tenían un control en el pueblo de Milagro en Navarra, donde estaban cuarenta carabineros. Traficaban con oro y con seda que traían de Francia. Cuando eran pocos los contrabandistas, los carabineros los cogían, pero en cierta ocasión iban cien machos, cada uno con su carga, para repartirla a partir de Zaragoza. Iban conducidos por hombres que llevaban un trabuco cada uno. Los vieron los carabineros, pero dijeron :”Esto vamos a dejarlo porque si no, convertiremos esto en un reguero de sangre”.Es que los contrabandistas con sus trabucos no tenían miedo.

Vi confirmada la idea tradicional de Grasa al leer en el libro del Doctor Ramón Guirao, titulado El Altoaragón durante la Guerra Realista (1821), en el que trata de los contrabandistas de Naval y dice :”En esta época el contrabando es un medio habitual de vida y de él no escapan los habitantes de Naval …en la que gran parte de sus autoridades son de ideas realistas y están asociadas para la práctica del contrabando”.En esta época de guerras, cuando un hombre no era guerrillero, se convertía en contrabandista.

El padre de Sebastián murió en 1927, a los cincuenta y ocho años de edad lo que nos indica que nació en mil ochocientos sesenta y nueve. La última Guerra Carlista acabó coincidiendo con la apertura de las Cortes con el fin de debatir la Constitución de mil ochocientos setenta y seis. Decía Sebastián que su padre entonces era un “zagal” y si nació en 1869 y la Guerra acabó en el año 1876, tendría entonces unos siete años.

Pasó el señor Sebastián más guerras durante su larga vida y todavía andan los hombres luchando unos contra otros.¿Cuándo llegará la paz al mundo?.

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