
Al llegar a Marcelo, se mojó la cabeza con el agua tan fresca que sale por sus caños y se echó unos tragos descomunales y cuando hubo gozado de la frescura del agua, de la belleza del paisaje, que él dice que es precioso y para confirmarlo me añadió: “¡Nunilo también te lo puede decir!”; allá a las siete de la tarde se volvió hacia Huesca, andando otra vez por el río. Allá a las siete y media llegó a su casa y no notó nada, pero el domingo, al levantarse, le dolía la cabeza y tosía.
¡Había cogido un catarro oscense, que por ser tal es mejor que el actual y grave catarro, que los chinos, tan viejos, han traído a este mundo! Me dijo que él tenía la culpa de haber cogido la gripe, pues se podía caminar por la orilla del río, sin mojarse los pies, pues hay dos pequeños puentes, uno al principio del camino y otro en la misma fuente, que es una obra de ingeniería de hijos del pueblo, como Berdié, que arregló el camino y las fuentes de Marcelo y Jara, con su dinero. El puente de Marcelo, cambia su posición cuando baja una iada, pero se hace girar sobre un eje y se vuelve a su posición anterior. ¿Qué clase de puente es éste? ¿Por qué no es colgante, no es fijo, sino giratorio? Es un puente de Marcelo, es de Huesca. Después de contarme estas cosas, me llevó a
ver la fuente de Marcelo, que yo había conocido de niño, pero ahora está transformada porque el río se ensucia más abajo, ya que allí tiene las aguas puras y limpias, llenas de madrillas y de “zapateros”. Las aguas bajan por cuatro caños, tres casi juntos y otro el del Gallo, que está un poco más alejado. La primera fuente se llama la del Pez, la segunda la del Toro y la tercera la de Marcelo y sus aguas se van al río, donde antes iba todo Huesca a bañarse en sus badinas y a su alrededor hay mesas con sus bancos, en los que se puede merendar, comer y pasar el día; es un lugar limpio, con zonas de sol y de sombra producida esta última por los árboles, como los chopos y los robles o cagicos. Presidiendo el paisaje estaba levantado un cubierto, rodeado en su interior de cómodos bancos, en los que estaban sentados varios veteranos de Huesca, como el “ingeniero” Berdié, que parece que goza allí de su vida, con numerosos otros oscenses, presididos todos por Pascual Ascaso, que igual que distrae en el periódico a los oscenses con sus artículos, lo hace en la fuente de Marcelo, con su conversación.







