martes, 8 de septiembre de 2026

RELOJ





Le dedico este escrito al maestro de escuela, que en mi pueblo natal, me enseñó las primeras letras. Yo vivía feliz en mi pueblo, desconocedor de toda malicia. Un día, para mí, un día, no un día determinado del calendario, mi padre me cogió del brazo y me llevó a la escuela. Ese día, que para mí, era como todos, limitado por el alba y el ocaso, resulta que era la fecha, que el calendario señalaba como comienzo del curso escolar. Entonces me enteré de que el calendario era un tirano y no un cartón, en el que San Antonio sonreía a un niño gordito, y donde habían pegado un taco de hojas numeradas. Después de percatarme de esta servidumbre, empecé a notar la del reloj, que desde la torre de la vecina iglesia, me marcaba, cada día, la hora de entrar en la escuela. En ella, me enteré de que cada día tenía uno más y uno menos, en una palabra que los días estaban contados, porque el taco del calendario estaba numerado; cada día se arrojaba un papel al hogar, ardiendo presuroso y se iba tornando el taco más flaco con el paso de los días, como la abuela Juana se secaba con el paso de los años. Y volviendo al calendario, me incorporé al fin, resignado a su tiranía, llegando a colaborar en su dictadura, arrancando yo mismo las hojas y empecé a sentir curiosidad por el otro tirano que me marcaba la hora de entrar en la escuela: el reloj de la torre. Me hice amigo del sacristán, que me subía a la caseta de la maquinaria y allí  en lo alto de la torre, veía el engranaje de las ruedas, escuchaba el tic-tac sonoro y los golpes del martillo en la campana María y me admiraba que la campana se llamase así y de que una de las ruedas se llamase Catalina, como la luna y como una vecina. Me preguntaba como se movía aquel mecanismo y el sacristán me decía que las pesas, con su peso, hacían aquel milagro. El maestro en la escuela nos había explicado que no hay reloj sin relojero ni mundo sin Creador y yo amaba aquel mundo y trataba de relacionar el calendario con los días, las pesas con el peso de los años que hacían ir hacia atrás a los hombres y en cambio el peso de las pesas hacía caminar el reloj hacia adelante. Se mezclaba en mi imaginación la rueda Catalina con la Sra. María y esta con la campana María, el peso de los años de la abuela Juana con el peso de las pesas del reloj, el toque de las doce del mediodía con el paso de ese peso de las pesas del reloj y ese  toque de las doce del mediodía hacía brotar en las gentes sencillas,  el rezo del Ave-María y hacía recordar la mecánica del reloj dirigida por el relojero y el mecanismo del mundo por el Creador. Yo contaba estas cosas al maestro y él sonreía complacido y contribuía con sus palabras a hacerme ver el mundo por su lado amable y placentero.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Los pueblos se acaban



La vida de los pueblos se va acabando poco a poco, porque en el Ayuntamiento de Siétamo quedan en el núcleo de Arbaniés muy pocos habitantes, ya ancianos y muchos se han muerto, como la señora Carmen, dueña de una hermosa casa con unas rejas de forja artística. Le dio al pueblo un céntrico y hermoso lugar para construir una piscina. En Castejón de Arbaniés, que prácticamente se está acabando, pero a pesar de su terminación, van acudiendo castejonenses, a la vieja Escuela, que convirtieron en un hermoso salón, donde acuden a conversar algunos antiguos habitantes, que se marcharon a Huesca y no pueden olvidar su hermoso pueblo, Castejón, desde el que se contempla la Sierra de Guara. Allí va con mucha frecuencia la que fue buena Alcaldesa de Siétamo, Marina Viñuales. Hacia el Este de Siétamo se alza el noble pueblo de Liesa, que en siete pórticos de siete casas, se exhiben siete escudos infanzones. Dentro de una iglesia, en la que se ven hermosas pinturas, tal vez románicas y saliendo hacia Ibieca, se pasa por debajo de la Ermita de Santa María, de donde se llevaron un cuadro románico, que representaba el juico y martirio de San Vicente, a Huesca capital. He conocido en Liesa a muchos, entonces ancianos, que se fueron a otro mundo y hoy, cuando llegas al pueblo, ya no tienes con quien recordar tiempos pasados. En Siétamo, con el Castillo-Palacio desaparecido, se hicieron numerosos chalets de los que unos están poblados, pero muchos vacíos de vecinos. Son dos las partes de su población, una la antigua y otra la más moderna, que compraron sus numerosos chalets y a ellos van a dormir muchos y otros acuden a comer o a cenar y a llevar sus hijos a la Escuela. La población clásica, va como la de Arbaniés, Castejón y Liesa, desapareciendo poco a poco, en tanto la población nueva, una parte de ella, sigue viviendo en Siétamo con constancia, en tanto otra parte va desapareciendo, en algunos casos vendiendo sus recién compradas viviendas. La gente antigua se trata, conserva la amistad, pero a pesar de sus costumbres, tiene cerradas las puertas de sus casas, que antes siempre mantenían abiertas, y han hecho desaparecer las gateras, por las que entraban y salían los gatos. Los nuevos habitantes, en su mayoría, han hecho amistad con los clásicos moradores de Siétamo, en tanto bastantes no se comunican ni con los viejos ni con los nuevos. Les parece que están poblando un pueblo dormitorio. Ya van quedando menos labradores y ganaderos, que sienten que los nuevos digan que sus animales ensucian y hacen que huela mal el ambiente. Yo,  en esta tarde lluviosa y oscura, he acudido a ver a la señora Joaquina de Bruis, de apellidos Larraz y Latre. He venido a verla porque se ha caído y se ha roto un brazo. Al entrar en el patio de casa, he encontrado un gato que quería salir de casa, pero no podía por carecer de gatera para hacerlo. Los gatos necesitan entrar y salir, pero sin gatera ven su vida entristecida. He subido a la sala, donde se nota un agradable calor, producido por un hogar en el que arden tizones de carrasca, como ardían en esos hogares, ya hace siglos. Pero alrededor del hogar, que con el fuego de la leña, reparte el calor y en su alrededor, estaban mujeres y hombres con apellidos de toda la vida, a saber, Borruel Caborbaya, Lobateras Arnillas, Carmen de Gaspar y yo con el apellido Almudévar Zamora. Los viejos pobladores de Siétamo nos necesitamos los unos a los otros  y Joaquina es la mujer de Siétamo más ligada con la amistad de todos los habitantes, los antiguos y los nuevos. Es una mujer que ha trabajado toda su vida, unas veces conduciendo la “tocina” a Castejón a cubrirla con el verraco, que allí mantenían, otras veces trabajaba en el Molino Viejo, cogiendo verduras y frutas. También recogía dulces, litones, fajos de leña por el monte, cuidaba las gallinas y los pollos, que todavía conserva y cuando iba a la playa, se traía pichones blancos, que en dicha playa le regalaban los guardias municipales. Joquina ha sido aficionada a la literatura del pueblo, pues sabe un romance compuesto por su padre, de los bueyes que llevaban a “apajentar” por cerca del río. También se acuerda de las letras de numerosas jotas que cantaba su padre. Es pariente del cantor humorístico Carlos Latre, que en Barcelona cultiva lo que Joaquina ha cultivado toda su vida. El padre de Joaquina compuso y cantaba este romance: ”El oficio de boyero es un oficio muy chulo/ toda la semana labra y el domingo, lo primero./ Lo primero es ir a misa, lo segundo es almorzar/lo tercero es el pensar, dónde hay que ir a hacer mal./ allí en las huertas del Piojo, hay un alto panizar. / ¡Entra negro y entra blanco!, porque allí,  os podréis hartar./Nos sacamos la baraja, nos ponemos a jugar./Mora se jugaba un duro, Labarta sólo un real,/ Moreta el pan de la alforja, por no llevar capital. Ahora en que los pueblos van cayendo poco a poco, se podría volver a cantar la misma jota, con la que se quejaban, después de la Guerra Civil: ”Siétamo ya no es Siétamo/Siétamo de mucha fama,/ un labador sin cubierta/ y una torre sin campanas”.

domingo, 6 de septiembre de 2026

OLIVITO Y OLA



Hay personas, unas aragonesas y otras procedentes de esta zona aragonesa, que se apellidan Olivito. Todos queremos saber de donde venimos y a donde iremos a parar o a vivir eternamente. Yo soy nacido en Siétamo y siempre ( mi pequeño siempre) he conocido los campos que en otros tiempos formaban parte del desaparecido  pueblo de Olivito. Y yo observaba que en un campo, que se encuentra debajo del principio de la carretera, que baja desde Siétamo hasta Caspe, pasando por Alcalá del Obispo, Argavieso y Novales, donde se une con la carretera Huesca a Sariñena, se encontraban trozos de  mosaico, y partes de objetos de barro, destinados a utilizar en las casas de aquel entonces por las familias. En dos veces, encontramos con mi vecino y amigo Carmelo Puyuelo, ya difunto, las dos piezas de piedra, de forma redonda, de un molino de mano, que en tiempos primitivos, usaban para moler cereales, para hacerse el pan con que se mantendrían. También molieron bellotas, pero no creo que con este molino tan pequeño, se pudieran triturar. En ese campo, me parece, que  estuvo asentado el pueblo o más bien aldea de Olivito, porque está al lado  del camino o más bien cabañera, por su anchura, que baja desde Siétamo hasta el Barranco de La Ripa, para subir después a la meseta del Saso, que por el Este limita con Ola, con el Monte de Monflorite y con el monte de Tierz. Quedaba Olivito encima del Barranco, como se conoce ahora a este río poco caudaloso, que tiene otros dos nombres, uno de los cuales es río Botella. Viene de Bandaliés, cruza la Carretera General N-240, donde acababa el monte del pueblo, también desaparecido, de Quinto, baja después por el hoy monte de Siétamo,  antes de Olivito, para pasar por Ola, donde se ven dos cauces, porque en el siglo XVIII,  se desvió el barranco debido a unas enormes tormentas. Por la cabañera o camino que va de Siétamo al Saso, se ha levantado y se contemplaba, hasta hace unos seis o siete años, en el límite entre dicho camino y el solar,  un poco más elevado de Olivito,  una pared pétrea, muy bien levantada,  pero que al recibir un vecino la finca de Olivito por la Concentración Parcelaria, optó por derribarla. Era una buena tierra, llana y encima de ella todavía queda un pequeño tozal, poblado de carrascas, donde yo creo que estuvo situado Olivito. Con el arado redujo el pretendido solar, pero todavía se puede, sobre él, reflexionar de la larga historia de tan pequeño pueblo. Cuando se llega por la cabañera al fin, entonces de la pared de la finca, al lado del Barranco, he bebido varias veces agua en un manantial, que surgiendo de la pared, desaguaba en el Barranco. Aquella fuente no era fija, como tampoco el curso del Barranco,  que unas veces se desbordaba y otras en cambio se secaba. Mirando desde el valle, al Norte, se contempla el Monasterio-Castillo de Montearagón, cuyas campanas, cuando las hacían sonar, se escuchaba su sonido desde Olivito.Al Sur se encuentra Ola, al Este unos prolongados y elevados tozales, que acogen, al otro lado,   a Siétamo y al río Guatizalema y por el Oeste se eleva un Saso, del que Olivito tenía su parte. El cauce del Barranco es un tanto profundo y de sus orillas se desprende de vez en cuando algún trozo de tierra arcillosa. Se nota que no hace muchos años el cauce del agua era más elevado. Y esta visión me la confirmó mi padre, diciéndome que esto ocurrió,  cuando en Ola se hizo en dos el cauce del Barranco, por una enorme tormenta que excavó mucha tierra. Antes regaban cuando bajaba agua, pero desde que ocurrió la enorme tronada, se ha hecho difícil elevar el agua hasta los campos,  para regar. En la Historia de Aragón de Ubieto Arteta dice de OLIVITO, que es un despoblado cerca de Siétamo. Fue Lugar en 1495, perteneciente a la Sobrecullida de Huesca. ”En 1646 de encontraba en la Vereda de Huesca. En Marzo de 1099 Pedro I de Aragón dio al Monasterio de Mortearagón la iglesia de “Olevito. El 22 de febrero de 1389 era de Miguel de Gurrea”. “Fue fuego (1543); 1 fuego (1609); 1 fuego ( 1646). Después despoblado”. Se sabe que Ola estaba poblada por moros, que fueron expulsados por el año 1613. Se supone que lo mismo debió ocurrir en Olivito, donde al expulsar a los moriscos en aproximadamente los mismos años que en Ola. Estos  datos los da Ubieto  Arteta diciendo que en 1609, sólo existía en Olivito un fuego. Pero fue por aquellas fechas con ligeras diferencias, cuando fueron expulsados los moriscos de Ola. ¿Se fueron marchando de Olivito sus habitantes antes de dicho año de 1613?, o es que ya Olivito estaba casi despoblado. Encima de la vía romana, que de Huesca iba a Siétamo, se encontraba una casa de campo, en el antiguo término de Olivito y ahora en la partida del monte de Siétamo, también llamada Olivito. Se encuentra cerca del miliar sexto, antes de llegar al séptimo, que coincidía con Siétamo, cuyo nombre deriva del latín Septimus. Era de la familia de Emiliano Boira y su dueño, al acabar la Guerra Civil, vivió en Madrid, desde donde venía por Siétamo,  cada año. Cuando murió venía su elegante esposa. Fue destruida dicha casa y todavía se encuentra sus ruinas en la finca,  que compró Sebatián Grasa, que bajó de Salinas de Jaca, el antiguo, a vivir en Sietamo. Es difícil dilucidar si Olivito estaba al Sur de Siétamo, al lado del Barranco y con una fuente, como yo creo y como dice Ubieto Arteta, al lado de una vereda.  Yo creo que Olivito estaría mejor con su barranco,  con el que regaría y con su fuente, además muy cerca del pueblo de Ola, que parece ser que algo tienen que ver entre sí, la raíz de Ola y la de Olivito. En el Pirineo por el río Gallego, se encuentra Oliván, cuyo nombre también tiene que ver con los de Ola y Olivito. En la provincia de Huesca se ha hablado el vasco, el latín, lenguas visigóticas y árabe. Entre otras terminaciones de las palabras, se encuentran las de eto-eta, unas veces y en ocasiones se transforma eto en ito; y yo he experimentado en la Sierra de Guara, encima de Siétamo, que al Fragineto lo llaman también Fraxinito. Se llama antropónimo el nombre de una persona al cual se  añaden por ejemplo sus apellidos. Esto ocurre con el latín, pero no siempre las raíces de las palabras definen apellidos, por ejemplo Ola es el nombre de pila de Olit, Olite, Oliva, Oliván Y Olivito, que no corresponde a un apellido, sino que en vascón significa herrería. En el Valle de Echo se encuentra un nombre de Olidola, en que –ola en lugar de empezar la palabra, la termina, empezada por –oli, que es el comienzo de Olivito. En vasco se encuentran palabras que empiezan por Ola, como Olabarría y otras que acaban por –ola,  como Esnaola. Con Olivito parecen tener relación los nombres de Olit, Olite, Olive, Oliván. Son muchas las palabras, que en la Provincia de Huesca acaban en –ito  o en –eto, por ejemplo Nocito, Aineto, Cercito, Cheto y Echeto y Fragineto, según unos o Fraixinito,  según otros. Fraxín es una planta, pero yo ignoro los nombres adjudicados a las demás palabras. Tú,  que te llamas Olivito, busca con paciencia y constancia el significado exacto de tu apellido.

sábado, 5 de septiembre de 2026

El Santo Cristo en su capilla, adorado por la Madre Berride



Dijo el Señor Obispo Don Javier Osés  en la misa gregoriana de la Catedral, el día uno de Marzo de 1997 : ”Todo es templo para alabar a Dios. El Templo lo habitamos todos, en esta Catedral de piedras, como nosotros somos piedras de la Iglesia”. Efectivamente, todo es templo para alabar a Dios, pues muchos oscenses, que son piedras de la Iglesia, lo alaban cuando caminan por los montes y  por su misticismo se sienten hijos de Dios en todos los lugares por donde pasan. Y si alguno no se siente unido con Dios, de repente siente que  le pregonan la presencia del Ser Supremo desde la Catedral , que se contempla desde grandes distancias o desde San Lorenzo, Santo Domingo o por  la pequeña capilla de San Antón de Casa Güerri, en la Calle de San Lorenzo, por la que camina.  Por la parte oriental de la capital enseguida se observa el antiguo Castillo-Monasterio de Montearagón  y cerca de Loporzano,  debajo del Pantano de Vadiello, se ve, rodeada de olivos, la Ermita de la Virgen del Viñedo. Si sube por el Norte puede meditar sobre el convento de San Miguel y sobre la Virgen de Cillas o pedirle a Santa Lucía que le conserve la vista. Si va caminando por el Poniente desde la histórica Ermita de San Jorge, acaba su paseo  en  la Ermita de Loreto.   Y por el Sur verá la románica Ermita de los Dolores de Monflorite, unida en otros tiempos al Convento de frailes que ocupaban el edificio,  que más tarde se convirtió en la Zona. Vayas por donde vayas, te encontrarás oscenses que visitan esas ermitas y presidiendo desde arriba en la Capilla de la Catedral, está el Santo Cristo de los Milagros, “ardiente llamarada “, como lo llama el profesor Buesa, que reparte la luz sobre todos los templos que he citado y como dice Don Javier Osés, sobre “Todo el Monte de Huesca que es templo para alabar a Dios”.

Pero no sólo en la actualidad los oscenses van de ermita en ermita alabando al Señor,  como los romeros, sino que he visto romerías y peregrinaciones de las gentes de Huesca y de su Comarca. Unas veces iban a Loreto, que casi llegó a encontrarse en ruinas, hasta que lo restauraron y otras  a la Ermita de Jara,  reconstruida totalmente, movidos por la devoción  del hortelano Daniel Calasanz y de otros oscenses.

Pero ya casi no nos acordamos de antepasados oscenses, que recorrieron todas las ermitas citadas y tenemos en los años ya lejanos de 1.658  a la Madre Berride,  nacida en la Plaza de San Martín en una casa que tenía  una terraza y desde ella,  se veía la Ermita de Salas. Tenía por entonces la ilusión de ir a despedirse de la Virgen de Salas y su hermana se vio en la obligación de ayudarle a subir a la terraza, para despedirse de la Virgen y  rezarle una oración. Por la cara norte, miró hacia la Catedral, para decirle al Santo Cristo : ¡hasta pronto!. Es que la madre Berride amaba tanto a Cristo, Dios y Hombre Verdadero, que en la iglesia de Santa María de Foris, que también está en restauración, había un hermoso Niño Jesús  y ella se lo quería llevar consigo.  Su madre le dijo que Jesús se había entregado a toda la humanidad y ella podría amarlo siempre. Así ocurrió porque si de niña amaba al Niño Jesús, de mayor estaba unida al Santo Cristo de los Milagros, al que pedía por la paz durante la Guerra de Sucesión y para que lloviera, para que se fructificaran  las cosechas, que evitaran pasar hambre a los oscenses. En cierta ocasión acudió con el pueblo de Huesca a la Ermita de Loreto, para pedir la lluvia. Esta cayó tan copiosa que las autoridades, se quedaron a dormir en Loreto, pero la Madre Berride, aguantando la lluvia volvió caminando a su casa de la Plaza de San Martín. Cuando hay que ir a rezar al Santo Cristo, acuden a su capilla multitud de oscenses y de vecinos del Somontano y en cierta ocasión cuando por la noche caminaban de romeros algunos vecinos de Siétamo, al llegar a las Casetas de Quicena, cayó una fuerte tormenta. Se refugiaron los peregrinos bajo los aleros de una de las casetas del Barrio, pero salió uno de sus dueños y los hizo entrar en su domicilio. En otras circunstancias iba a visitar al Santo Cristo de los Milagros a su Capilla y entraba en éxtasis, en que pasó en algunas ocasiones, varias horas. Gozó desde niña del Niño Jesús, en la Iglesia que está al lado del antiguo Hospicio, hasta vivir éxtasis, acompañando al Santo Cristo de los Milagros en la Catedral. Pero, como buena oscense, recorrió la Ermita de Santa Lucia, la de Los Dolores de Monflorite y entre muchas más, la del Virgen del Viñedo, en Castilsabás.

 Según los racionalistas, cuando se acaba la razón comienza el sinsentido, pero Don Javier Osés, se daba cuenta de que, empieza el misticismo. Lo mismo le ocurría a la Madre Berride porque ella se daba cuenta de que  el fin de la racionalidad no conduce al sinsentido, porque, con su misticismo    veía que no se acababa la vida de la humanidad con la muerte de los que a sí mismos se llamaban racionalistas. Murió Cristo,  pero resucitó.  Y como creía en la continuidad de la vida humana, paralela a la vida eterna, profetizó que se crearía un convento de Dominicas Terciarias, que enseñaría y educaría a las niñas. Efectivamente sus seguidoras, como  la Madre María Lay, a los trece años de su muerte, abrieron el convento de Santa Rosa, pues un sacerdote, pariente de mi abuelo  Ignacio Zamora Blasco, dio el dinero para comprar una casa.    La razón no se ha perdido porque el Señor es la Razón Absoluta y se hizo hombre, se hizo el Redentor de los hombres y es venerado por los oscenses en el Santo Cristo de los Milagros, porque el misticismo ayuda al hombre a alcanzar, algún día la Razón. Esto parece que expresa la oración al Espíritu Santo, cuando dice: “Envía, Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra”. Y entre los oscenses la mística los acerca a  la ermita  de   Los Dolores de Monflorite, a la iglesia de Santo Domingo, a la Virgen del Viñedo Somontanés, a la hermosa ermita de Salas y a Loreto, como la madre Berride, acudía a todas ellas a venerar a la Virgen y amarla como ella la amaba.  Porque la Madre Berride sentía en su corazón místico, una llamada, que la llevaba “a comulgarse a la iglesia Catedral y le infundió un especial amor a la Capilla”, donde los oscenses adoramos al Santo Cristo de los Milagros.


viernes, 4 de septiembre de 2026

La vuelta a la pobreza, cantada con jotas




Estaba con un grupo de jubilados, que procuraban pasar mejor algunos ratos alegres en la vida, como en este día en que nos quedamos a almorzar en una casa de monte. Ya de los  veraneos que pasaban con sus hijos, algunos hablaban con tristeza porque  ya no volverían a gozar de las arenas soleadas de las playas, otros, no jubilados, comunicaban al grupo   que habían perdido su puesto de trabajo. Algunos comerciantes se quejaban de que ya no podían vender casi nada en sus tiendas. Para demostrarlo contaban los numerosos comercios  que muchos de ellos los están volviendo a abrir, pero uno de los jubilados, les hacía perder el entusiasmo a sus compañeros, diciéndoles que eran todos abiertos por ciudadanos de la Gran China Oriental. Algunos estaban alarmados porque en España había pocos matrimonios,  nacían muy pocos niños y cada vez había más jubilados,  como ellos y otros, ya super jubilados, pero al mismo tiempo, se daban cuenta de que cada día notaban la presencia de unos hombres y mujeres, a veces con algún niño de raza amarilla. No podían hablar con ellos porque no se entendían, pues  no conocían el castellano, pero los naturales de la Península tampoco conocían el chino. Uno de los asistentes al almuerzo contaba que había entrado en una de esas tiendas a comprar algún objeto, pero el comerciante chino tampoco lo entendía, pero sin embargo sobre el mostrador estaba extendido un periódico, escrito con esa, para nosotros misteriosa letra oriental china. Son discretos y no se comunican excesivamente con los blancos. Aman a su tierra, pues parece ser que aquí apenas mueren chinos,  porque cuando se hacen viejos, dicen que vuelven a la China a morir. Nos parece inmenso el número de chinos, pues dicen que son más de dos mil millones. Si mueren en España, supongo que los incinerarán y enviarán sus cenizas a su lejana patria. Aquí ahora con el bajo nivel de vida, dicen que también bajará la población, cuando en China les tienen prohibido que cada matrimonio tenga más de un hijo, pero supongo que ahora los nacimientos serán libres y en España harán lo que les guste. En este enorme País hay unos trescientos millones de ricos y en Europa doscientos cincuenta millones de habitantes. Ya están prestando dinero a los americanos, a los europeos y luego, si les conviene podrán comprar nuestras tierras, que ya casi están abandonadas. La gente se enfada e incluso se cabrea, cuando piensa que pueden llegar a cobrar los obreros, salarios chinos y además también chicos. ¿Qué va a pasar no sólo en Europa, contando con España,  que es una parte de ella?. Uno de los que estaban almorzando en la reunión, empezó a decir: nosotros estábamos cultivando la tierra allá en el pueblo, pero compramos un piso en la capital y otros se pusieron a vivir en chalets y ahora me desespera la situación en que quedarán mis nietos en la capital con sueldos de chinos. “Antonio Sorribas”, que presidía el almuerzo y que es un jotero de toda la vida, se puso a cantar “Tengo la abarcas rotas- y el pantalón sin culera- y el bolsillo sin dinero. ¡Vaya invierno que me espera!”. Pero su cabeza y su corazón, añoraban un buen pasar y se puso a cantar: ”Con patatas y judías- aceite,  pan y vino-no tengas miedo al invierno, si no te falta tocino”. Antonio ya se había dado cuenta de la posibilidad de pasarlo bien comiendo patatas y judías,  bien “apañadas” con aceite, pero quiso recobrar su alegría  y la de todos los asistentes al almuerzo y optó por cantar su tercera jota que dice  así: ”Por las calles abajo, un tocino dando botes, se sube por los tejados, por no disparar los cepos”. Se dieron cuenta de la mala situación que está llegando, pero se fueron contentos pensando en comer judías con patatas y viendo a un divertido tocino saltando por los tejados.

martes, 25 de agosto de 2026

Salto de Roldán u Osca

Salto de Roldan

Cuando uno pasea por la Calle del Desengaño, la más larga de Huesca, antes de llegar al edificio conocido por El Amparo, hay un espacio libre de construcciones, que te invita a apoyarte en la pared que hace de límite del observatorio en que se ha convertido y sobre la antigua muralla oscense, te miras  hacia la Sierra y  aparece delante de ti un impresionante paisaje que es el Salto de Roldán, la puerta del Somontano y de la Plana de Huesca o la osca  o apertura en vasco, por la que entran hacia nosotros los aires del Pirineo, las aguas del río Flumen, las palomas zuritas, que tienen su Palomar en las paredes de la Peña Men y por donde pasaron los cristianos a crear el Castillo –Monasterio de Montearagón,  para conquistar la capital del Alto-Aragón. Y en el Salto de Roldán que da el nombre de Osca o apertura, que pasó a la Ciudad de Huesca y allí se quedó la palabra vasco-ibérica, como muchas otras, que se fueron mezclando con las latinas, como Flumen o río y celtas y bárbaras. Los  ilergetes estaban unidos a los oscenses y hablaban también el vasco-ibérico y por eso llaman Osca a la ciudad de Huesca, muchos de sus descendientes, hoy catalanes.  En otros lejanos tiempos, gobernados por el Emperador Carlomagno, su caballero Roldán ,montando su caballo dio un enorme salto entre la Peña del Castillo de Sen o de San Miguel, que tiene una altura de 1123 metros y la de Men o Amán con 1124 y según unos desde el aire se le cayeron las herraduras y según otros los testículos; Don Eliseo Carrera me enseñó un cuadro en el que se ven los dos órganos testiculares, circulando por el río Alcanadre a la altura del Monasterio de Sigena. ¡Dios mío, qué salto tan mítico, que llegó desde la Peña del Castillo de Roldán hasta los Monegros, pasando todo el Somontano!. El nombre primitivo de Huesca fue Osca, como he dicho, ya que así se encuentra en el Diccionario Vasco-castellano, que se encuentra en nuestra Biblioteca Municipal. Porque esta coyuntura vasca no se encuentra sólo en el lugar de que estamos tratando, sino que  en la Sierra que está encima de Agüero, hay una apertura en su línea montañera, que se llama la Osqueta, pero no sólo se emplea tal palabra en nuestra Geografía, sino que nuestros ganaderos de ovino hacen, desde hace siglos unas aberturas en las orejas de sus animales, para marcar su propiedad y que llaman osquetas. Hemos visto como las aguas del río Flumen entran por la apertura de Salto Roldán y esas aguas han pasado por el pantano de Belsué, que se “tresminó”, como decía el montañés Mairal que iba a ocurrir, pero hoy ya están levantando más abajo el Pantano de Montearagón, que es de esperar que no se “tresmine” o filtre. Las aguas sostenidas por  el pantano serán una riqueza para Huesca u Osca, que debía haber sido levantada muchos años antes, pero nuestra escasez de inversiones y el comercio de la huerta en Valencia, Alicante y Almería, quieren llevárselas a sus tierras, y como hemos visto que el agua va muy lejos, como por ejemplo cuando llevaba los testículos del caballo de Roldán, allá por el Monasterio de Sigena, luego llegaría hasta Almería. Pero aquí en el Alto –Aragón no han faltado las ideas, como demostraron  Mallada, el Padre Avellanas de Almudévar y que trabajó en Casbas y sobre todo del Gran Joaquín Costa. José María Oliván nació en el próximo pueblo de Santolarieta, en castellano Santa Eulalia de la Peña y se ve desde el observatorio a sus 1060 metros de altitud y a 18 kilómetros de Huesca, conjuntamente con el castillo de Sen o de la Peña de San Miguel en estado de ruina y con un torreón de planta rectangular y más abajo se encuentra la ermita de San Miguel, con una nave de ábside semicircular del siglo XIII, que está en estado ruinoso y por todos esos lugares ha estado recorriéndolos multitud de veces el dicho José María Oliván, pues fue casi toda su vida pastor del pueblo, donde había nacido. Como pastor conoció la marca de las ovejas haciéndoles osquetas con su navaja y allí en las peñas del Salto Roldán u osca, como los jabalíes y las cabras recorrió aquellos terrenos y ”desenrallando” alguna de ellas, que se había “enrallado” en alguna “ralla” de las rocas y colgado en una cuerda que sostenían su padre y algunos primos. Otras veces le tuvo que ayudar su pariente Anselmo Santolaria, que ahora, en el 2003, tiene 80 años y es el dueño del campo sobre el que se asienta la ermita de San Miguel. Y José María Oliván me recordaba las ideas de Costa y del padre Avellanas ,cuando me contaba que había observado agujeros barrenados a uno y otro lado de las dos Peñas, que forman el Salto de Roldán o la osca o apertura, que está en los escudos antiguos de Huesca. Por algo pone en dicho escudo Vrbs Victrix Osca, porque aquellos hombres eran heroicos y leales al porvenir de Huesca. Sigo mirando hacia la Sierra y además de ver las peñas de Sen y de Amán, que ya pertenece al Monte de San Julián diviso el Peñón del “Flaire” y la Punta de Piacuto, que está a unos 1200 metros de altura, desde donde se lanzan los aficionados al parapente, llegando algunos hasta Apiés o hasta Nueno.
Forma allí la Sierra un  conjunto de montañas del Prepirineo, que invitan  a los hombres a volar, pues ya Roldán con su caballo traspasó los aires de la puerta de Huesca, las palomas volanderas zuritas anidan en sus laderas y ahora los parapentistas siguen volando y volando. Miro hacia abajo y cerca de mí, contemplo la iglesia oscense de San Miguel y le pido que los que gustan del Salto Roldán, se preocupen de restaurar la ermita del mismo santo situado en la Peña Sen. España y Francia han luchado durante siglos y el héroe Roldán, tuvo que sufrir dificultades para pasar los Pirineos, hasta que en el Salto de su nombre, murió heroicamente. Ahora ya no somos dos naciones rivales, sino dos pueblos europeos. Hagamos como hizo Roldán, un esfuerzo para que aquel Salto se convierta en uno nuevo, pero con su mismo nombre, que sea el Paso Central de los Pirineos.

lunes, 24 de agosto de 2026

Vivir como hermanos


                                    Colegiata de Bolea.
“¡Qué bueno y que alegre es que todos vivamos como hermanos!”.Esta exclamación bíblica es muy antigua, pero en realidad, sigue siendo hermosa como frase y mucho más cuando se lleva a la práctica.
En los tiempos actuales, unas veces por la escasez del espacio de los nuevos pisos, otras por el trabajo, al que tienen que acudir  lo mismo las mujeres que los hombres, es difícil que las familias convivan y se aumenta el problema de esa convivencia, unas veces por la cada día mayor ancianidad de las personas y otras porque esos ancianos muchas veces padecen la enfermedad de Alzheimer.
¡Cuántas personas están padeciendo dicha enfermedad!, pero aquellos que no tienen familiares que la sufran, no se enteran de los sufrimientos que acarrean dichos enfermos a su familia!. Por eso uno queda impresionado al leer la obra de Carmen Bailo, que entre multitud de anécdotas, escribe lo siguiente:”No sólo es la enfermedad la que agobia y duele, que ya es bastante, es también doble el gasto económico que hay que asumir. Exceptuando la medicación, los pañales y un alto porcentaje de la silla de ruedas, lo demás corría todo a cargo del enfermo, de mi madre, claro. Pocas ayudas para una enfermedad tan larga y, en muchos casos, para familias con pocos recursos. Nunca pensamos en llevarla a una residencia, pero de haberlo hecho, mi madre no hubiera podido hacer frente sola a semejante gasto. Tenía a sus hijas claro, pero había otras familias que carecían de este apoyo, e incluso teniéndolo no podían costearlo…”.
Y uno se acuerda de esas familias, que están unidas entrañablemente, al leer el siguiente párrafo, escrito por Carmen :” La doctora seguía tratando de animar a mi madre, pero no prestaba atención a sus ánimos, sólo lo miraba y tocándole la cara decía:”corazón,¿ por qué te has ido ahora que te iba a llevar a Bolea?…Mirándolo, volví a repasar todos los años de enfermedad: un total de ocho años, que acababan allí mismo. Años en los que estuvo bien, siempre alegre y con buen humor, siempre con sus tierras y sus campos, con las Lanas, su bodega, sus amigos, su familia y sobre todo sus nietos”. No puede uno hacer otra cosa que recordar a sus amigos, que vivieron en Huesca o en los pueblos, que tuvieron sus ilusiones, pero que murieron, como el padre de Carmen que ya “había muerto hacía mucho tiempo”.   
Yo creo que el libro de Carmen Bailo es una llamada a la Sociedad para que se acuerde de los que la necesitan, porque  no sería justo que se olvidara de aquellos individuos que vivieron en ella y con ella colaboraron, ya que “Mi padre era una persona alegre y optimista…Le gustaba la gente y no era nada introvertido…le gustaba tener gente en casa y compartir la bodega de casa con los amigos…Mi padre nos contaba anécdotas o nos hablaba del campo y, sobretodo, de los tres años de mili que le tocó hacer en Melilla”.
La Sociedad se sirvió de la juventud de un mozo de Bolea en Melilla; justo sería que cuando el anciano se vió en situación apurada, esa misma Sociedad, se acordara de él.
Yo me acuerdo de cuando estuve de Veterinario en Bolea, donde conocí al padre de Carmen, pero lo importante es que, su hija pudo acabar su obra, escribiendo.”Voy detrás del coche fúnebre, lleno de flores y coronas por la carretera camino de Bolea, y al llegar a la entrada, diviso, en lo alto de la loma, La Colegiata. Sonrío y te digo: Papá, ya estás en casa”.

RELOJ

Le dedico este escrito al maestro de escuela, que en mi pueblo natal, me enseñó las primeras letras. Yo vivía feliz en mi pueblo, desconoced...