viernes, 23 de octubre de 2026

Pastores y ovejas monegrinas

 


En la parte norte de Aragón abundaban los rebaños de ovejas, casi siempre acompañadas con ganado cabrío. En los Pirineos occidentales, en la comarca de Nocito, proliferaban las cabras, que destrozaban la maleza, como rosales silvestres, cardos y no dejaban crecer árboles pequeños que con su crecimiento impedían el paso por las arboledas. También pastaban cabras en los Monegros, pues, como dice Francisco, el señor Beltrán, en el Sisallar, tenía mil trescientas cabezas. Añade el pastor monegrino Francisco, que una vez que bajaba por Ayerbe en un autobús, vió cerca de este pueblo un rebaño de unas doscientas cabras. El Estado prohibió el pastoreo de las cabras, con lo que hizo desaparecer a las ovejas y  el monte de la comarca de  Nocito, quedó intransitable. Entre las ovejas dominaban las  ovejas ansotanas, redondas y bien lanadas, pues esa lana les cubría incluso el vientre. El ganado ansotano proviene de Ansó, Echo, Campo de Jaca, Canal de Verdún  y de Las Cinco Villas Altas. En el Valle de Tena tiene su origen la raza churra tensina, que vive principalmente por Sallent de Gallego, en cuyos puertos de Formigal, se ven, en determinados periodos, pastar las dichas  ovejas tensinas. Son de capa blanca, con manchas negras en general alrededor de los ojos, por la boca, orejas y por la cara. También tienen manchas por las extremidades. El vellón de lana,  deja libre la cabeza, el cuello, el vientre y las patas. La fibra de lana es gruesa, larga y poco ondulada.   En la Sierra de Guara, por Rodellar y demás pueblos, esas ovejas tensinas, habían disminuido de tamaño, pero criaban sus corderos de maravilla, en medio de una vegetación áspera, más propia de cabras. Un vecino de San Saturnino de Rodellar, aldea de tres casas, orientada al oeste y desde donde se contemplan el Cabezo de Guara y el Cubilar, segunda cima de la Sierra,  me trajo a mí,  unas treinta ovejas de esa clase, para guardárselas todo el invierno. Eran churras como las tensinas, pero como hijas de un monte de Sierra, no eran de tanto tamaño, pero  criaban de maravilla. En la orilla derecha del Alcanadre, muy cerca de San Saturnino, se encuentra el pueblo de Pedruel, desde el que se ven los Pirineos por el Norte y enormes extensiones del Valle del Ebro. Por todo ese terreno proliferaba el ganado lanar, acompañado de ganado cabrío. Desde  Pedruel se sube al pico Cabezo de Guara de 1870 metros de altura y en este pueblo se pensaba preparar un pantano, para echar las aguas del Alcanadre al inferior río Formiga, por el que se regaría el Somontano de Huesca. Pero el río Alcanadre separaba la raza ansotana y rasa en su orilla derecha de la tensina o churra, en su orilla izquierda, como, como las que yo custodié, procedentes de San Saturnino de Rodellar.

 Siguiendo el curso de este río, se llega a la aldea de San Román de Morrano y en ella nació Adolfo Buil Aniés, guarda forestal e hijo de un señor, que fue encargado provincial de todos los guardas forestales, hombre de una gran cultura, que con Joaquín Costa, cultivó una gran amistad. No es extraño que a Joaquín Costa, “profeta del agua en la provincia de Huesca”, le agradase conversar con un hombre, que en su casa-palacio de San Román de Morrano, experimentaba con ovejas navarras, cruzándolas  con unos grandes mardanos turolenses, haciendo en aquellos años la búsqueda de obtener partos de las ovejas de dos o más corderos. De esto, hace ya muchos años, porque él murió por los años treinta y nueve a cuarenta y su hijo Alfonso Buil, ya tiene noventa años de edad. Este hombre, joven de espíritu, ya de niño subía con los rebaños a las simas de la Sierra de Guara y corría hasta el Barranco de Mascún, muy cerca de San Saturnino de Rodellar .
  En el Somontano las ovejas eran una mezcla de rasas y ansotanas y con ellas, como en todos los rebaños, convivían cabras que daban paso por medio de las malezas, como aliagas, cardos, hojas de carrasca y de  robles, que producen bellotas.
Un día de Septiembre del año 2011, conocí al pastor jubilado, Francisco Elcacho, nacido en los Monegros,  en el pueblo de Ontiñena en 1933 y criado en Villanueva de Sigena, es decir hace ya setenta y ocho años. No pudo ir a la Escuela, porque se murió su padre y tuvo que trabajar ¡ya  desde niño!, para poder comer. Hasta los once años llevaba vacas a consumir broza por los sotos del río. Después lo incorporaron de “repatán “  o  rabadán en un ganado de ovejas. Poco tiempo ejerció tal actividad, pues como el amo lo vio activo, éste que era Francisco Naya, lo incorporó de pastor. Este señor, era carnicero  y poseía unas quinientas cabezas de ganado lanar. Pero al poco tiempo entró con los hermanos Murillo, naturales de Villanueva, que llegaron a tener unas cinco mil ovejas con varios pastores, que a veces se emborrachaban y se trataban “ a baqueta”, es decir violentamente. Francisco era pacífico y procuraba ir sólo con el rebaño y no juntarse con los demás pastores, lo que le permitió alcanzar una personalidad señorial, como si fuese un auténtico señor, sin saber ni siquiera leer y escribir. Sus “amos”, como se llamaba a los empresarios, eran los tres hermanos Murillo y su madre, a veces lo trataban bien y otras lo trataban mal, aunque Francisco con espíritu señorial, sin saber leer ni escribir, procuraba no darles motivos para que le riñeran, pero aún así, a veces le gritaban  y Francisco no les hacía caso ni les aguantaba los malos tratos y tenían que callarse.
Para la Guerra Civil tenía catorce años y estaba en Ontiñena y no se acuerda de ver arder el Monasterio de Sigena, pero al acabar la Guerra, lo vio y le produjo  una impresión desagradable, porque dice “que estaba aquello que daba pena”.
Se casó en Villanueva y tuvo seis hijos y cinco hijas, habiendo muerto alguno,  pero los demás todos tienen trabajo. Ahora vive en Huesca con su hija mayor. Y yo le digo, que usted   no sé si tiene algo que agradecer a la sociedad española y él me contesta que “agradecer al Estado, nada”, pero a pesar de eso no le ha faltado faena y pan para él y para sus hijos.
Este pastor monegrino,  con su fe en el trabajo y su comportamiento siempre honesto,  me hace recordar a otros pastores, que como Francisco, han sido un ejemplo en la vida. En mi artículo “Los pastores”, escribi  lo siguiente: “Yo tengo un recuerdo sagrado de los pastores con los que he convivido y es que Silvestre Bara (que descanse en paz), que estuvo de pastor en mi casa, antes de la Guerra Civil, y durante la misma, tuvo que separarse del dueño del ganado. Aunque separado del dueño, no se separó del rebaño, para que una vez acabada la trágica lucha, pudieran reunirse otra vez, en Siétamo, el dueño,  el pastor y las ovejas……¿Qué hizo a Silvestre volver, después de una guerra, a la antigua “tiña” o paridera de su amo, rodeado de ovejas?. ¡Qué fidelidad le tenía a su “amo” y qué amor a sus ovejas, pues siempre tenía una oveja “panicera”, a la que cada vez  que él comía, sentado debajo de una carrasca, le daba algún trozo de pan!. He conocido a otros pastores y todos ellos eran unos auténticos caballeros, no ricos en dinero  pero sí, en virtudes. Por ejemplo a Segundo Trallero de Nocito, a Antonié de Rafaeler y a tantos otros.
Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero con los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años de pastor. Naya era carnicero y tenía quinientas ovejas y sesenta cabras y dice que a los cabritos los sacaba pronto porque se subían por los “comederos” de las ovejas se cagaban y se meaban por la alfalfa que les echaba para que comieran. Francisco era todavía un niño,  pero ya sabía que un choto tiene ocho dientes en la mandíbula inferior. Francisco iba adquiriendo experiencia del “amo” Naya,  porque éste era capaz de contar el número de ovejas y de cabras, cuando ya estaban sueltas por el monte. Francisco en casa de Naya estuvo un año, pero en casa de los hermanos Murillo, estuvo veintiséis años,  desde el año mil novecientos sesenta y dos hasta el año mil novecientos noventa y dos. Siendo ya mayor la columna vertebral le fallaba, porque resultaba perjudicial pasar tantos años cogiendo cabras y ovejas, muchas veces para esquilar. El último año ya no le dejaron cogerlas. Vacaciones no tuvo ninguna. Se arregló el día cuatro de Agosto, se tomó cuatro días de permiso y ya no volvió a gozar de vacaciones. De los hermanos Murillo, que llegaron a tener siete mil ovejas, se fue a trabajar a una cerámica, pero le dejaron de pagar un millón ochocientas mil pesetas.
Los Monegros, la tierra donde pasó su vida Francisco, nos recuerda a muchos la sequía y la falta de árboles, pero Francisco me replicó que en los Monegros  abundan los pinos, de los que una señora presente en nuestra conversación, exclamó ¡ y muy bonitos!.Pero además existen las sabinas en los Sisallares, monte de Villanueva de Sigena, árboles que conoce muy bien Francisco, que dice que en los Sisallares, las sabinas tienen la corteza de color ceniza y algunas,  si son jóvenes la tienen blanca, pero al llegar a viejas destaca el color más rojo de su corteza. La sabina dice que tiene la hoja parecida a la albahaca y aguanta la sequía. En Villanueva, en “la valle” Juan  Ana, hay una sabina que tiene más de doscientos años y Francisco quería a esa sabina, y ésta le contestaba con su noble presencia,  ofreciéndole su sombra, pero sin palabras. Esta sabina se conserva muy bien, pero muchas sufren por las labores de los tractores, que cuando pasan cerca de ellas, cortan con los arados  sus raíces y al fin,  mueren. Pero  el que casi acabó con las sabinas fue la Escuadra Española, que luchó en la Batalla de Lepanto, pues con su fuerte poder,  sacó  de los Monegros, multitud de ellas, para combatir a los turcos.
Francisco tenía ganas de hablar de las ovejas y de las cabras, en cuya compañía pasó tantos años y me explicó que las ovejas que él cuidaba,  fueron casi siempre de raza monegrina, una variedad de la raza rasa aragonesa, que carece de lana en el vientre y son recias y  grandes de cuerpo. En los partos,  un amplio número parían dos corderos. En cierta ocasión una oveja parió cuatro corderos, uno de ellos negro y los otros tres blancos, pero esta oveja era de raza ansotana y no monegrina. Tenían varias parideras, una en el monte de Villanueva, arrendado y llamado  “El Moro”, pero tenía otro debajo de Lanaja y otro en el monte de “Los Negros”, que era de la señora Bastaresa, a la que así llamaban por derivación de su apellido Bastaras  de Lanaja, poseedora del gran Monasterio, que tiene una fresca fuente y dentro cuadros de Goya, que Francisco preocupado por el ganado, no entró nunca a verlos, aunque pasaba muchas veces por sus lados. Ese Monasterio, según había oído decir Francisco, lo tenía reservado para ella misma.
Arrendaban pastos de Colonización, porque el número de ovejas era enorme. Esquilaban a fin de Abril o a primeros de Mayo. En aquellos tiempos acudían esquiladores de Teruel, que ataban tres patas a las ovejas, aunque después llegaron los esquiladores polacos, que sin atarlas, casi no se movían y esquilaban con más rapidez que los esquiladores de Teruel. A veces le hacían algún corte a la piel de alguna oveja, pero les echaban polvos de carbón mineral y se curaban rápidamente. Lo peor era que se “cagase la mosca” en la herida, como les ponían huevos a los mardanos, a los cuales Francisco siempre les miraba la “guía”, para echarles Zotal rebajado. En las carnicerías, si no se les mataban las larvas que había puesto la “mosca”, se tiraban trozos de carne porque los mardanos se habían arrascado la “guía” y su zona, a causa de los parásitos. La vacunación se la administraban en la primavera contra la basquilla y otras contra el carbunco, que era la más eficaz, sobre todo para el ganado cabrío. En ocasiones se reunían tres o cuatro pastores para comer juntos y preparaban una caldereta, para almorzar y para cenar. Cocían en la caldereta patatas con pan, trozos de carne y algo que traían cada uno de los comensales.

Cuando voy por los montes, ahora ya casi no se ven rebaños de ovejas y de cabras. Se las han vendido porque ya los “amos” no encuentran pastores como Francisco. Alguien  les decía que no iba a quedar carne y ¿qué íbamos a comer?. Le contestaban: ¡ya compraremos!, pero ahora para comprar carne en el mundo, hace falta mucho dinero y éste, ¿dónde está?.    

jueves, 22 de octubre de 2026

Gusanos de seda



Hemos ido, con mi esposa, a visitar a nuestros nietos Pablo y María, que además de la lectura y de la música, sienten un gran cariño por dos tortugas, a las que cuidan ya hace unos seis o siete años y además tienen un amigo “hamster”, que les hace pasar unos buenos ratos. Al ver tales circunstancias, me acordé  de  que  mis hermanos y yo, cuando éramos niños, nos divertíamos criando gusanos de seda. Lamenté que ahora no se practique esa costumbre y más, al darme cuenta de que al lado de su casa, se alzan seis moreras.
Hace ya unos cincuenta años que no veo criar a los niños gusanos de seda, aunque me he enterado de que todavía hay quien los cuida. Yo fui un entusiasta amigo de tan bellos animales y digo bellos, porque a los gusanos, en general, se les tenía miedo por su aspecto, que producía diversas reacciones negativas en los niños; en cambio los gusanos de seda  atraían cuando uno los conseguía y se dedicaba a criarlos con  entusiasmo. Los podías criar desde cualquiera de las fases de su vida, es decir si obtenías capullos de seda, había que dejarlos en la caja donde con sus hilos de seda, los habían colgado los gusanos, para convertirse en mariposas y esperar que por un extremo del capullo se abriera un agujero de salida, por el que salía la mariposa. Dichas mariposas eran blancas de cuerpo y de alas, pero no volaban. Unas eran hembras y otras salían machos, que se unían para que al pones sus huevos, estuvieran fecundados. A mí me preocupaba que las mariposas no quisieran comer, pero es que su misión era la poner los huevos necesarios par perpetuar su especie. Empezaban a poner los huevos pequeños y en mis crianzas, amarillos, que quedaban pegados al cartón en que los ponían y a los pocos días ya morían las mariposas, que habían cumplido su misión de nacer, crecer, reproducirse y producir esos capullos de seda, que los hombres después de hervirlos, aprovechaban para obtener aquellos hermosos tejidos de seda, con que las mujeres y los hombres, que económicamente pudieran, se adornaban y vestían. Así como hay gusanos que son blancos y otros pardos, unos capullos eran amarillos, en tanto otros eran blancos. Cuando llegaba el calor,  ya en la primavera, después de brotar las hojas de las moreras, comenzaban a salir los gusanillos de sus huevos, y moviendo sus paticas, se acercaban al alimento, que nosotros les habíamos proporcionado y se ponían a comer, haciéndose con su crecimiento,  más grandes.¡Cómo se veían crecer! .Y cuando,  para mí, ya eran enormes, dejaban de comer y buscaban un lugar para empezar a sacar seda por su boca y se encerraban en su capullo, que se quedaba colgado, esperando convertirse, dentro de él, en mariposa, para fecundarse y perpetuar su especie.
Ibamos los niños a buscar los ramos de hojas a unas moreras, que se encontraban en el camino de Salas y si alguna vez carecías de ellos,  les dábamos hojas de lechuga, que los mantenía,  pero que no tenía la misma calidad.
Hace unos días fui con mis nietos al lado de su casa y vimos como se alzaban esas seis moreras,  que he citado. Entonces me puse a pensar que ahora no sé si alguien cría gusanos de seda, porque aquello era un lección de la Naturaleza, que nos responsabilizaba y nos hacía gozar  enormemente. Yo creo que se ha acabado de criar gusanos de seda por los niños, porque ha triunfado la época del plástico. Hay que plantar moreras en los caminos, en los jardines y en los parques, para que los niños no olviden la Naturaleza.

domingo, 18 de octubre de 2026

Migalón y la cabra




Se le había escapado una cabra a Migalón. Se le había espantado un perro y no sabía hacia donde había dirigido sus pasos. La cabra siempre tira al monte, pero al niño le tiraba más ir hacia aquellos lugares donde podría encontrar personas.
Llegó a las afueras de un pequeño pueblo y sobre las tapias de un huerto vio colgar de las ramas unas peras de agua, tan tentadoras para él, como las manzanas lo fueron para Eva. Tenía sed, subió a las bardas de la tapia,  escalando por las juntas de las piedras y después de meterse bien las faldetas de la camisa de cáñamo, dejando holgura suficiente como para formar anchura suficiente como para formar un poco de bolsa, se apretó la correa. Se soltó el botón de la tireta del cuello y el otro de más abajo y empezó a embolsar peras con una mano, mientras con la otra se llevaba una a la boca. De repente oyó el grito de una mujer que exclamaba: ¡furtaperas! Y vio como un hombre se dirigía rápido hacia él con una “forca” en la mano. Brincó de la pared, con la misma rapidez con que lo había hecho la cabra al ser atacada por el perro. Echó a correr y para poder hacerlo más deprisa se iba sacando la faldeta de la camisa, con lo que iba sembrando de peras el camino y aligerando su peso. Ahora no era sólo la mujer la que gritaba; se habían añadido el hombre y los hijos, formando un coro que sonaba.¡furtaperas, furtaperas!.
A él le dolía este insulto y sintió no haber encontrado la cabra para compensar de algún modo las peras con un cuenco de leche para los niños de los agresores.¡Cuántas veces cuando cuidaba sus cabras había ofrecido un trago a los caminantes!. Porque Migalón no iba a la Escuela, sino que se dedicaba a cuidar cuatro cabras y algunos corderos, pues su padre estaba viviendo sólo y él no podía permitirse el lujo de estudiar.
Cuando estuvo lo bastante lejos del huerto como para considerarse libre de sus dueños, se le planteó el dilema de volver a su casa sin la cabra o de seguir su odisea. Además, ¡cualquiera volvía a pasar por el pueblo de las peras!. Ante esta última reflexión decidió seguir caminando hacia abajo. Al caer la noche se metió a dormir en una caseta de campo, aunque no pudo hacerlo a gusto porque una lechuza le estuvo chistando toda la noche. Al salir el sol los pájaros cantaban de alegría, pero a él se le saltaban las lágrimas de tristeza. Siguió caminando y desde un tozal, al que se subió a ver si localizaba la cabra, divisó un pueblo muy grande,  del que subían al cielo cohetes que causaban un gran estruendo. Era Graus. Allí se dirigió. Aquello no era un pueblo, era una pequeña ciudad, que ardía en fiestas en sus calles. El lo miraba todo con ojos atónitos y tal vez por verlo tan sólo, unas mocetas le dieron torta y un trago de vino. Esto lo reconfortó y recorrió todo Graus; vio los danzantes, la Virgen de la Peña, etc., pero aquella plaza con esos pórticos le pareció la más bella del mundo. Claro que él no había visto mundo y malamente podía haber visto otra mejor. Si que había tenido ocasión de observar pinturas murales románicas en alguna ermita, pero al lado de aquellas alegorías neoclásicas le parecían monigotes.
Cuando más ensimismado y admirado deambulaba, vio un muñeco colgado al que hacían dar más vueltas que a una reinadera al mismo tiempo que gritaba la chiquillería: “¡furtaperas, furtaperas!”. No sabía si aquellos gritos se los dirigían al muñeco o a él. No tuvo tiempo de dilucidarlo,  porque echó a correr y no paró hasta que habiendo pasado el puente de la carretera que va a Capella, estuvo lejos de Graus.
Se volvía a hacer de noche y sobre un altozano divisó una ermita con un porche delante. Allá se dirigió. Atados a unas carrascas que alrededor de la Ermita les daban sombra, había cinco burros. Al llegar hasta ellos, apareció la dueña, mujer de aspecto tan rústico como una pastora de su pueblo con la que se juntaba algunas veces en el monte. El le daba media sardina y ella le daba olivas. Por eso no causó miedo la dueña de los burros someros.¿Qué haces por aquí?,le preguntó a Migalón que no había mentido nunca, lo hizo en esta ocasión, obligado por las circunstancias, diciendo: es que sabe, se murieron mis padres y como no tengo familia voy solo por el mundo. Y ¿qué comes? Le volvió a preguntar la buena mujer. Pues mire, según el tiempo, ahora se encuentran peras por ahí. Al nombrar las peras se le hizo un nudo en la garganta.
¡Ala, pues vente conmigo!, y ahora come algo pues te veo algo desvalido; al tiempo que lo decía, sacó de la alforja un pan, unas nueces y unos higos. Casca esas nueces, le dijo. Abrió los higos y metió dentro el fruto que Migalón había cascado. Cenaron tan frugal cena como los propios ángeles; ella se echó un trago de vino. De repente desde donde estaban los burros oyó el llanto, no sabía si de uno o de dos niños. Efectivamente, corrió la mujer y de unas "argaderas" sacó dos angelicos iguales.¡Vete a buscar agua! le dijo a Migalón, mientras le daba un puchero de barro. Bajó al río, subió con el agua y aquella mujer y aquel niño se dieron cuenta de que se necesitaban. Encendieron fuego, prepararon unas sopas bien aceitadas para los gemelos y ¡a dormir!.
Bien de mañanas, después de reprensar la reata con un poco de paja, la aparejaron y ¡en marcha!.Aquella mujer le contó que era viuda y que se dedicaba a subir aceite de la Ribagorza, donde se criaba el olivo, a la Ribagorza Alta, hasta Pont de Suert. Allí cobraba en dinero o en quesos y volvía a bajar.
El pobre Migalón quedó más compenetrado con la Ramona, pues su manera de obrar coincidía con su criterio de cambiar peras por leche y sardinas por olivas. El no era un furtaperas; no, no era un furtaperas. Con tan buena maestra se hizo comerciante y se quedó en Francia. Es el tributo de la emigración que la Ribagorza ha tenido que pagar desde siempre.
No cuento la vida de Migalón hasta que se hizo rico porque este cuento se convertiría en una novela.
Como la sangre no es agua, nuestro héroe ya mayor y con dinero, volvió a su pueblo. Conoció a sus cuñados y a sus sobrinos y sobrinas. El no se hacía a aquella vida tan pobre y decidió marcharse otra vez.
Y cuan ya s’en iba su tío, le ba di la moceta (la sobrina): “Compreme una craba pa yo, que m’en iré a bendé la leche a Graus”.y su tío la i ba comprá el día que s’en iba. Y como la moceta iba dicho en casa: ”m’en iré a vendé la leche a Graus”, ban pensá su pare y agüelo:”la de to-las crabas podría i a bendé esta moceta; mos tocarían buenos dinés”.Y la moceta ba di entonces:”Y a yo, ¿qué me darán de lleva-la?.
Marieta se llamaba la sobrina de Migalón. En un libro de Don Manuel Albar está su aventura en ribagorzano. Han podido comprobar las cualidades para el comercio de Marieta, pero le pasó como a la lechera del cuento, fracasó.
Su tío triunfó porque se fue de su tierra. Los ribagorzanos son emprendedores, no “furtan” nada. A ellos es a quienes les “furtan" el agua. Esta siempre ha bajado de arriba abajo y a la Ribagorza no le sabe malo que la aprovechen los demás, pero piensan como Migalón que quería compensar las peras con leche, las sardinas con olivas y las nueces de la arriera con trabajo.
Piensan que según esa regla de tres, sus pantanos debían ser compensados con energía eléctrica barata y con industrias cerca de las Centrales.
El pobre Migalón se fue a Francia por Pont de Suert y al volver a su pueblo hubiera deseado hacerlo por el túnel de Benasque.

¿A quien representa ese muñeco que en Graus llaman el “furtaperas”?.Desde luego que no a ningún ribagorzano. 

miércoles, 14 de octubre de 2026

Los agotes o cagots en Francia y España

Valle de Gistain (Huesca).
Como he afirmado otras veces, Los Pirineos son un País de la Naturaleza, al que no ha dejado evolucionar la Historia, quedándose dividido en dos partes, una para Francia y otra para España.Andorra es una parte,  que goza de su libertad,en medio de aquel mundo maravilloso, pero lleno de dificultades. Esas dificultades han sido continuas,  a través de los siglos,tanto que al llegar a los principios del siglo XX,en el Prólogo de “Bellezas delAlto Aragón” de LucienBriet, Bernardo Beltrán y Róspide,escribe que las maravillas de los Pirineos, ”atraen al curioso y ávido de contemplar las magnificencias de la Naturaleza y hoy son grandes las dificultades para viajar por estas tierras españolas, que figuran entre las que menos han progresado desde el punto de vista de las comunicaciones”.Apareció, en un reciente artículo mío, un articulo, sobre los Pirineos, titulado  “El Ferrocarril y la Autovía por Canfranc”, en el que expongo las dificultades que han tenido Los Pirineos paraser comunicados y ser tratados correctamente.
 De los agotes o cagots, no hice  más que nombrarlos y no puedo hacer más que acordarme de ellos.  Yo desde siempre he conocido en nuestros pueblos la existencia de agotes, que en nuestras tierras,tienen muchas veces el apellido de Godé, siendo también ordinarios los apellidos Gota.En los Pirineos franceses y españoles se encontraban esos “agots” o “agotes”.Estos también eran llamados ar-gotes o godos astutos y la palabra “cagot”, deriva de “canisGothi” o perro godo.Los “cagot” en Los Pirineos, no se sabe si procedían de su huida de los moros, o  de los soldados de Carlomagno, tras la retirada de la batalla de Siresa. Lucía Dueso y BizenDó Río, admitida la permanencia de los agotes en el Pirineo Central, donde constituyeron sus núcleos   como miembros de las “cagoterías”, estudiaron las semejanzas de éstos, con los actuales chistavinos. Estos agotes hablaban en lenguas germánicas, eran constructores y tenían un símbolo, identificativo,  basado en un ave  como una Oca. Sánchez Dragó, en la obra Gárgoris y Habbidis, dice que agotes poseían una cabellera rubia,ojos azules y “los chistavinos coinciden con los “cagots”en el color del pelo y de los ojos…es también muy numerosa la población con el occipucio plano y es frecuente entre los gistavinos,tener atrofiado el lóbulo de la oreja”. Lucía Dueso y Bicénd’o Río, están  seguros de que los agotes y los chistavinos,pertenecen o son de  la misma raza. La Historia nos hace ver a los agotes sobre nuestra tierra, pero si nos preocupamos de ver lo que ha ocurrido en ella, si abrimos nuestros ojos, nos damos cuenta  de numerosos detalles,que te acercan al pasado.En cierta ocasión mi consuegro Lorenzo Zamora Blasco,del pueblo de Coscullano, me llevó a ver algún resto de una iglesia visigoda, encima del pueblo, pero bastante más arriba,  en la Sierra de Guara.Yo no pude apreciar ningún detalle de tal templo, pero por aquellos días un amigo de Torralba de Aragón, descubrió  en las ruinas de la iglesieta de Coscullano,dos broches de un cinturón visigodo y una fíbula de disco perforada. Hoy he podido contemplarlas en el Museo de Huesca.Depositó en el Museo Provincial de Huesca estos objetos. Había  otros objetos del mismo origen, pues me llamó la atención una hermosa moneda de oro,llamada triente, que representa a Witiza. En el Alto Aragón, se  vuelve a venerar y se está restaurando,  el Monasterio de San Victorián, levantado por el  pueblo bárbaro. Este Real Monasterio de San Victorián, o de San Beturián, como lo llama el pueblo del Sobrarbe, se encuentra en Los Molinos, que pertenece al Ayuntamiento de El Pueyo de Araguás, debajo de la Peña Montañesa y a sólo catorce kilómetros de la Villa de Ainsa.Hay historiadores quedan el siglo VI, como fecha de origen del Monasterio de San Martín de Asán, reconociendo su origen como el del primer Monasterio creado en España. Llegó a convertirse en panteón de de los Reyes del Sobrarbe, que siguen siendo misteriosos. Allí descansa el legendario Iñigo Arista.
En 1452 es nombrado “Antonio Bardaxí”, como Señor Jurisdiccional de San Juan de Plan y Justicia de todo el Valle.En esta Val de Gistau,vivían los agotes en gran número, muy cerca de Los Molinos y del Pueyo de Araguas, donde vivían los Bardaxí. Tenían en su casa una capilla dedicada a San Victorián o San Beturián. En Graus se conserva una hermosa casa de Bardaxí de Puyarruego,cuyos miembros bajaron a vivir a ese lugar tan bello y tan noble, al casarse un Bardaxí con la hermana menor de los Azara de Barbuñales.
En Velillas, en la ermita de Santa Bárbara, situada, encima, en lo más alto del pueblo,   encontró hace unos diez o doce años,  una moneda de oro visigótica,un hijo del pueblo de Sasa del Abadiado y éste se lavendióa un particular. Se sabe que en el Tozal de Santa Bárbara, hubo un campamento ibérico. En el otro lado de la Autovía se alza la ermita de San Bartolomé. Antonio Bardají,el actual amigo mío, nacido en Velillas, del que no se conoce si era pariente o no de los Bardají del Pueyo de Araguás, y que todavía está enamorado del viejo monasterio de  Casa Ponz, establecido en Velillas por el Monasterio Francés de San Ponce de Tomeras, con  el cariño infantil que tuvo y que conserva con Velillas,  nació en Casa Ponz, que ya no tiene dueño de tal apellido. Pero  su casa o casa Ponz, es un antiguo convento, que fue donado  por el Monasterio francés de San Ponce de Tomeras, que  se  lo entregó el Rey Sancho Ramírez.  Todavía algunos saben,  por tradición, que  el nombre de Ponz, le viene de haber sido una fundación de los franceses aliados con los del Sur de los Pirineos, contra los invasores moros. Escribí en un artículo que “Por tradición, transmiten unas generaciones a otras, que en casa Ponz  (que es una abreviatura de San Ponce),cantaban los salmos algunos frailes,que es de suponer procederían del Monasterio de San Pedro de Tomeras”.
Los agotesse encontraban en Guipúzcoa, Navarra, El Bearn,Jaca, El Gistau yGacuña. Lucía DuesoLascorz, de la Val de Gistau, con la que conviví,escribiendo en Fabla Aragonesa;  por desgracia ya ha fallecido, pero que vivió con un interés por el Pirineo, extraordinario, enseñándonos la Fabla de los Pirineos, que era más íntegra que la del Somontano. Era una mujer sensitiva, culta, muy simpáticay poética. En un antiguo poema occitano, se da a entender que los “cagots, son los descendientes de los ostrogodos.Su segregación de la sociedad viene por ser de una razadistinta, como dice un poema occitano, que  se expresa así: “El país que los vio nacer,fue quemado otrora-por una horda sarracena, que despreciaba a Dios. Relegados entre nosotros son los restos de un ejército-que ya no podía avanzar”.Lucía Dueso, nos hace ver, que el origen de los agotes, viene, de la invasión sarracena de la Península, con lo que tuvieron, esos descendientes de los godos, que refugiarse en el Pirineo. Lucía Dueso y Bizénd’o Río, hablando de los agotes, ponen en su artículo la frase de F. Sánchez Dragó, en su obra Gárgoris y Habbidis, que dice:” Poseen cabellera rubia y abundante,tez endrina, ojos azules, orejas de lóbulo atrofiado, amplio cráneo,cuello rechoncho,breves piernas arqueadas,desaforada lascivia, dedos mañosos y occipucio trágicamente perpendicular.”Los agotes habitaban en el Pirineo, pero  ahora es más difícil observar una vida discriminada, en esos  Pirineos de Navarra  y de Aragón. Residían también en Francia, por ejemplo en Oloron-St.Marie,que está encima de Jaca, como también vivían en Saint- Lary, que coincide con Bielsa y Gistau.En estos lugares se encuentran lugares con nombres godos, por ejemplo en Gistain se encuentra El Llano de Arrio. Dice Lucía Dueso que en Gestavi se levantaban iglesias visigodas. A unos doce kilómetros de la Virgen de la Plana de Plan,se encontraba el  visigodo monasterio de San Pedro de Tomeras. El Rey visigodo Gesaleico, que reinó en España desde el año 505 al 511, iba a Tabernas para cazar. Cazando en Tabernas es de suponer que correría por los montes de Plan.Tabernas fue durante muchos años un centro espiritual del Aragón Oriental,principalmente en los principios de la Reconquista.Gistavi, fue Sede Episcopal, no se sabe seguro si en los tiempos de Recaredo. Hace notar Lucía Dueso que los santos patronos de las iglesias del Valle de Gistau,durante la época de los godos, son los mismos cuyas reliquias fueron traídas de Zaragoza, cuando sus habitantes huían de los moros. Esta dependencia entre el Pirineo y Zaragoza, ya se ve en el uso de las sagradas reliquias, en tiempos de los godos y nos hace recordar, como a lo largo de la Historia no se han atendido con un sentido práctico, además de convivencial, la comunicación entre la capital de Aragón y el Pirineo. Sería la principal puerta de España en Europa.
En 1621 el sacerdoteMartín Vizcay ,contaba que en el Bearn, Aragón y Navarra existía una raza de gentes,discriminada por los demás habitantes, de un modo absoluto,como si fueran leprosos y casi escomulgados.Aún ahora, como afirma lucía Dueso, que en cierta ocasión estrenó una niña en Plan , un hermoso vestido y su abuela ,exclamó: “¡mírala, la moza de la cagona!“Los cagotes eran buenos constructores de iglesias y se encuentran en Cauterets,Argles-Gazost,Gabarnie,Aragnouet y otros lugares del Pirineo francés y debajo de Aragnouet se encuentra la Val de Gistain ,en la que todavía queda el recuerdo de los que fueron   los agotes o cagots.  Ya no se sabe donde están, pero en esta España,invadida por tantas razas, están en su sangre y eso ha hecho posible que yo,conviviera en mi pueblo de Siétamo con los hermanos Godé, de un humor extraordinario.Uno de los hermanos era, sin duda alguna representante de la raza visigótica, que invadió España,hace muchos siglos. ¿Por qué lo sé?, sencillamente porque se llama Godé y porque tenía el pelo de un agradable color pelirrojo, que con los años, se ha vuelto cano y su piel estaba llena de dibujos, como producidos por unas manchas pecosas, que le daban un aspecto de los auténticos godos, que aquí vinieron. Yo no sé si lo sabe, pero para mí,  es un honor tener un amigo y compañero español, procedente de la raza de los visigodos. Ha sido taxista, pero es una vergüenza para él y para España, no haber podido circular con comodidad  pro una carretera que uniera de un modo cómodo y elegante a Francia con España. Los Pirineos han sido un paso de muchas razas humanas y ahora estamos sin poder comunicarnos comercial e industrialmente

martes, 13 de octubre de 2026

Virgen de Bureta



Por Ignacio Almudévar.15 de Agosto del 2001.-

Me he mirado al Sur, desde los restos del Castillo-Palacio del Conde de Aranda, y he visto, al lado del río Guatizalema, la blanca silueta de la ermita de la Virgen de Bureta.
Me ha llamado la atención una tan resplandeciente blancura, en medio de una inmensa mancha verde, con dos superficies: una más oscura, formada por las carrascas y otra de un verde, verde como el trigo verde. No he podido resistirme y he marchado a Fañanás y en su Plaza Mayor, donde los jóvenes estaban jugando a la pelota en su frontón, he tirado hacia arriba y he pasado por una hermosa Cruz, que en 1990 colocaron los fañanenses, al lado del camino de firme de hormigón. He llegado hasta el cementerio y he tenido por fuerza que acordarme de mis parientes, que en Fañanás vivieron y allí murieron.
Quedaba muy poco recorrido para subir al pequeño tozal, en cuya cima se alza la blanca ermita.
¡Qué bien eligieron aquellos viejos fañaneros el lugar donde había de residir una Madre tan querida por sus hijos!.Pero no sólo los antiguos la querían, sino también los actuales habitantes, porque estaban los albañiles trabajando, la cal en las paredes resplandeciendo y no sólo las carrascas, sino los pinos que hace unos pocos años plantaron, prometen una fresca sombra para este verano.
Pequeño es el tozal, pero está situado a la orilla derecha del río Guatizalema, mirando al cual, uno ve un enorme precipicio, no maldito sino bendito porque está todo poblado de vegetación arbórea.
Es un lugar muy propicio para orar en él y para contemplar el paisaje que lo rodea: mirando al Norte se  ve Guara, que en vasco llaman Gora (arriba), como aquí decimos Güerri en lugar de “gorri” o  la palabra Xabierre, la nombramos de tal forma, en lugar de decir, como en vasco “berri”(nuevo); por debajo de ella se encuentran restos de Isarre y más arriba Nocito, donde se instaló, ya hace muchos años, la ermita de San Urbez, santo no tan lejano de Fañanás, pues vivió en el pueblo, unido a él, de Ola (herrería en vasco).
Es que la palabra Bureta se repite en Aragón, pues existe en Zaragoza, el pueblo así llamado, con los Condes de Bureta, que recibieron tal título siendo ya Señores del mismo lugar.
“Buru” en vasco equivale a cabeza y puede que se encuentre tal nombre en Navarra, más bien a su lado, cerca de Tudela, y de Bureta, era Virrey uno de los Señores de Bureta, y la misma imagen primitiva de la Virgen de tal lugar, se sabe que vino de Navarra y que los navarros vinieron a buscarla para llevársela. Bureta pertenece al Campo de Borja y está situada, debajo y justamente, de la navarra Tudela, siendo conquistada lo mismo que Tudela , por Alfonso I el Batallador.La Industria Lorés, incluye
¿Cómo vino desde el Campo de Borja a Fañanás, la Virgen de Bureta?. Mi amigo, pariente delos Ausaberri de Siétamo y nacido en Fañanás me dice la letra de la siguiente canción:”Nuestra Virgen de Bureta- de Navarra, fue venida,-Al monte de Fañanás, en un tronco aparecida.-Los navarros no quisieron, perder tan hermosa joya. – Intentaron, muy devotos, no perder tan bella joya.- La Virgen les dijo que no se iba- y los de los cinco pueblos, intentaron muy de veras- levantarle una Ermita, para todo el que viniera”. Los cinco pueblos devotos de la Virgen de Bureta, que custodian su Ermita, son Pueyo de Fañanás, Fañanás, Alcalá del Obispo, Argavieso y Novales.
Bureta pertenece al Campo de Borja y está situada, debajo  justamente, de la navarra Tudela, siendo conquistada lo mismo que Tudela, por Alfonso I el Batallador. La Industria Lorés, incluye la producción de espárragos en la Denominación de origen “Espárragos de Navarra”. Estas dos circunstancias,  explican como de la Virgen de Bureta, en Fañanás, dicen que llegó a este pueblo,  desde Navarra.
Tal vez, al llegar a Fañanás, la Santa Virgen no quiso marcharse de un lugar tan pintoresco y acompañada por unos fañanenses muy devotos suyos. Allí se encontraba bien y durante muchos años fue la reina de la  paz, en una tierra donde vivían los moros, los judíos y los cristianos descendientes  de  los  vasco -ilergetes, de los celtas y de los godos. Esa circunstancia de ser sus tierras habitadas,  hacía siglos, por vasco- ilergetes, luego por moros, judíos  y cristianos se dio lo mismo en Bureta, debajo de Tudela que en Fañanás. El paso de las vías de Santiago Apostol, ocurrió por Tudela,  Tarazona y por el pueblo de Alcalá del Obispo y de Ola, al lado de Fañanás.
En el siglo I, existía una villa romana, donde  se construyó un torreón de vigilancia en la orilla del río Huecha, sobre el que se construyó el Palacio Condal de los Señores de Bureta. El título de Cande de Bureta, en 1784 pasó a Crisóstomo López Fernández Heredia, el sexto Conde y Señor de Bureta. Este Conde se casó con Consuelo Azor y Villavicencio, que fue “La heroína de Bureta, en Zaragoza, el año 1808.
Estando ya la Virgen de Bureta, morando en la Ermita de Fañanás, cuentan que en cierta ocasión unos moros fueron a buscar la puerta de la misma,  para usarla como tajadera en el río con el fin de regar las fincas, pero no pudieron descargarla de los hombros de uno de ellos que la llevaba sobre sus costillas. Entonces, arrepentidos, la devolvieron al lugar donde la Virgen vigilaba la paz, la honradez y respeto mutuo entre sus vecinos.
En Almudévar, antes Burtina se encuentra en su punto más alto la Virgen de la Corona y en Fañanás, en su corona, se encuentra la Virgen de Bureta, cuya imagen ya no es aquella de madera que trajeron o vino de Navarra, pero sus hijos la aman tanto que están restaurando su Ermita y la casa, donde vivieron sus santeros, porque es preciso conservar la paz y el amor, para que, entre otras cosas las aguas que pasan por debajo de la enorme costera que la separa del río Guatizalema, puedan ser aprovechadas por los habitantes de la hermosa comarca, por la que pasan sus aguas y que todos puedan regar, incluídos los moros, que podían hacerlo, pero que quisieron regar fuera de su turno.

¡Virgen Santa de Bureta, que tus hijos vivan en paz y armonía para que tú les prestes siempre tu ayuda y protección!.  

lunes, 12 de octubre de 2026

Arciprestazgo de Montearagón



Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino,  ahora convertida en Carretera Nacional-240, que viene desde Tarragona a Huesca. Los hombres, las mujeres y los niños la recorrían, unas veces andando y otras montados en asnos, en mulas o en caballos; también iban a veces subidos en carros o galeras, después en bicicleta o en moto y por fin en coches o autobuses. Cuando uno llega a la salida de Siétamo a la Carretera General, se presenta la Plana de Loporzano, a lo largo de varios kilómetros y allá ,en el horizonte aparece elevada la silueta del Castillo- Monasterio de Montearagón, que siempre resulta un atrayente objetivo para la mirada, al tiempo que hace recordar el pasado y  pensar en el futuro. A pesar de ser una ruina, desde la carretera se contempla como un elevado monumento. A veces adopta aspectos misteriosos, como cuando la niebla cubre el monte, sobre el que se asienta el Castillo- Monasterio y éste,  sin boiras, que lo oculten, da la impresión de ser una castillo etéreo. Desde el año 1835, en que se desamortizó Montearagón, iban desapareciendo las piedras que lo componían, al tiempo que también desaparecían generaciones humanas. Ahora, ya no desaparecen piedras, sino que las van colocando, aunque muy poco a poco. Sin embargo, se han seguido celebrando misas cada año, organizadas por pueblos del antiguo Arciprestazgo, como Loporzano y Quicena. Bastantes años después de la Guerra Civil, robaron la campana, que todavía colgaba en la torre de la iglesia. En Tierz encontraron un sello del Monasterio, en el que está representado San Juan Bautista. En Siétamo murió el monje y sacerdote, que tenía Perote por apellido, al que después de muchos años, veían algunos, como si se tratase de un santo, a través de una ventana de casa Lobaco. Al morir dejó a una señora de casa Ballarín, un relicario, del que dicen que contiene sangre de Cristo y que actualmente está en poder de una familia de Quicena. En mi casa guardaban, con respeto, unos simples tirantes del monje Perote. En Huesca se conserva el retablo de la iglesia y en San Pedro el Viejo, reposan los restos de Alfonso el Batallador, que estaban enterrados en Montearagón. Don Jesús Vallés Almudévar, sacerdote y doblemente pariente mío, me proporcionó un documento referido a Montearagón en 1789, que me aproxima a dicho Monasterio, porque en el contenido de dicho documento intervino mi antepasado José Almudévar Altabás. Sus hermanos fueron Judas Narciso el mayor, Miguel,  que estaba casado en Torres de Barbués con Raimunda Corz, Antonio, que murió soltero, siendo negociante y que dejó asignada el arca de sus bienes a Montearagón; después viene Joaquín, que se  casó en Blecua,  donde todavía tiene descendientes y el citado hermano menor se llamaba José, que más tarde, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa Azara   y de los que venimos mis hermanos y yo. Cuando ocurrieron los hechos que narra el papel citado, Antonio Almudévar Altabás   era soltero y   moriría con unos cuarenta y tres años de edad. Vivía en casa Almudévar de Barluenga, en compañía de sus padres y hermanos y sus actividades  se dirigían a los negocios, porque atendía las compras y ventas y  los intereses de los préstamos. En el pueblo de Sasa del Abadiado, la influencia de dicho Abadiado era notable y él cuidaba sus intereses y parece ser que amaba al Monasterio, porque el Vicario de Sasa escribió lo siguiente:”Que es cierto que después de su muerte Don Antonio Almudevar y Altabás, en la misma casa de don Judas Narciso, dueño de ella, el día antes de morir le hizo al declarante, Don Antonio, de que inmediatamente que muriese se llevase un arca que el dicho difunto tenía con bienes propios y papeles de distintos asuntos” y que la dejaba en propiedad del Monasterio. ¡Cómo amaba Antonio Almudévar Altabás al Monasterio!, porque le dejó, aparte de los documentos, sus propias monedas de oro. Huesca tiene que devolver al Monasterio muchas cosas, pero yo no podré devolverle los tirantes, que dejó en mi casa el antiguo monje, Mosen Perote; se los llevaron.

domingo, 11 de octubre de 2026

Quevedo habla de la vida y engrandece la muerte

 

Francisco Quevedo


Bécquer escribió la poesía siguiente: “Del salón en el ángulo obscuro-de su dueño tal vez olvidada- silenciosa y cubierta de polvo- veíase  el arpa.-Cuanta nota dormía en su seno- como el pájaro duerme en las ramas-esperando  la mano de nieve-que sabe arrancarla.  ¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio – así duerme en el fondo del alma,-y una voz, cómo Lázaro espera- que le diga: ”levántate y anda”!. Bécquer, poeta del siglo XIX, era amante de la belleza poética, de la pintura y de la música. Por eso al contemplar el arpa, abandonada, “durmiendo en el fondo de su alma”, soñó con hacerla sonar. Así como Quevedo, escritor satírico, insultaba a sus enemigos, por medio de la poesía, Bécquer se lamentaba con sus rimas, de la traición que le hizo su esposa, quejándose con sus poesías llenas de belleza. No insulta Bécquer a su esposa, con su poesía pura, como lo hace Quevedo con sus palabras rebuscadas. Veamos esta rima, en la que se lamenta de la traición amorosa, de su esposa, que  así dice: “La gota de rocío que en el cáliz-duerme de la blanquísima azucena, -es el palacio de cristal en donde,-vive el genio feliz de la pureza. Él, le da su misterio y poesía;-él,  su aroma balsámico le presta.- ¡Ay de la flor, si de la luz al beso-se evapora esa perla!”.
Los escritos de Quevedo son complicados, pero no hay que temer la lectura de sus obras, porque, además de obligarte a pensar, te hace unas veces reír y otras llorar, con sus obras satíricas y burlonas, porque no sólo  escribió la sátira, sino también poesía amorosa. A este amor corresponde su  soneto: “Amor constante más allá de la muerte”, que es famoso en la literatura universal, pues hay quien afirma que no se ha escrito nunca una obra de amor, tan real y tan sentida, en la lengua castellana.  Sí, es real su pensamiento, pero más difícil de comprender, en su primera lectura.
He aquí el soneto “Amor constante más allá de la muerte”: “Cerrar podrá mis ojos la postrera,- Sombra que me llevare el blanco día,- Y podrá desatar esta alma mía-Hora a su afán ansioso lisonjera;-Mas no, de esotra parte, en la ribera,- Dejará la memoria, en donde ardía-Nadar sabe mi llama el agua fría,-Y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido,-Venas que humor a tanto fuego han dado.-Medulas que han gloriosamente ardido:-Su cuerpo dejará no su cuidado;-serán ceniza, mas tendrá sentido;-Polvo serán, mas polvo enamorado”. Si,  es real el significado del amor a la vida, a pesar de haber muerto, pero, para comprenderlo, hay que pensar en el significado de las palabras, que escribe.  Se acuerda de cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día. Y trata de definir el viaje de su alma, para pasar de la Tierra al Cielo.  
Se queda uno, después de la lectura de este soneto, admirado ante sus cuartetos y tercetos en el número de once sílabas cada uno,  que componen su integridad de catorce versos, terminado cada uno con su sonora rima. Pero uno encuentra su sentido, que resultaba difícil de entender, y que a mi cerebro le ha aclarado la consulta  del más allá, en la mitología griega. Los griegos, al observar la separación del alma del cuerpo, se dan cuenta de que el alma tiene que circular por espacios, que ellos identifican con la Laguna Estigia, por la que el difunto navega, sobre la Barca de Caronte.
Al abandonar la ribera de la vida, parece que tendremos que olvidar cuantos recuerdos, hemos gozado o sufrido en ella. Pero Quevedo se subleva contra esa ley de los infiernos, que le obligan a abandonar totalmente, incluso el amor del que gozó en la vida. Y proclama que el cuerpo será ceniza, mas tendrá sentido y las medulas que llegaban a lo más profundo del cuerpo “polvo serán, mas polvo enamorado”.
Quevedo escribió pasajes festivos y burlescos, con gracia satírica, para recordar al pueblo la realidad humana. Y con esa poesía satírica y burlesca acusó a Góngora de exceso de sensibilidad, de vejez y de chochez, dedicándole el siguiente soneto:  
“Erase un hombre a su nariz pegado- érase una nariz superlativa- érase  su nariz sayón y escriba,-érase un pez espada, muy barbado,-era su reloj de sol, mal entonado,- érase una alquitara pensativa,-érase un elefante boca arriba,- era Ovidio Nasón más narizado.-Erase un espolón de una galera,-érase una pirámide de Egipto- los doce tubos de narices era.-Erase un naricísimo infinito,- mucha nariz, nariz tan fiera-que en la cara de Anás, fuera delito”. A Góngora, Quevedo lo maltrata como judío, que es corriente que tengan algún rasgo en su nariz, de la raza judía.
Se dirigía al pueblo, del que quería que fuese feliz, diciéndole: “¡Oyente, si tú me ayudas, con tu malicia y con tu risa, verdades diré en camisa, pero menos que desnudas”.
El estilo de Bécquer es más claro, en su poesía “Dios mío, qué solos se quedan los muertos”, pues así se explica:” La luz, que en un vaso,- ardía en el suelo,-al muro arrojaba- la sombra del lecho.- y entre aquella sombra- -veíase a intervalos- dibujarse rígida- la forma del cuerpo”. Después de esa visión, Gustavo se pregunta.”¿Vuelve el polvo al polvo?-¿vuela el alma al cielo?-¡Todo es vil materia,- podredumbre y cieno?. ¡No sé! Pero hay algo- que explicar no puedo,- que al par nos infunde-repugnancia y duelo,- al dejar tan tristes, -tan solos los muertos. La poesía de Bécquer es delicadísima, reflexiva, que se pregunta los mimos misterios que se plantea Bécquer.
Quevedo( 1580-1645), se acuerda de cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día y Gustavo, escribe : “la luz que en un vaso- ardía en el suelo- al muro arrojaba- la sombra del cuerpo”. Pero Quevedo, como Bécquer “explicar no puede que vuelva el polvo al polvo  y se pregunta ¿vuela el alma al cielo?. En este tema de la muerte del ser humano, se ve la descripción totalmente poética y delicada de Gustavo Adolfo Bécquer. También se nota la virtud poética de Quevedo, cuando dice: ”Cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día”, pero se subleva contra el abandono del cuerpo humano, poniendo patente su mal genio, con el que insulta al judío Góngora. Pero acaba su soneto, con una bella y potente poesía, al  decir: “Su cuerpo dejará no su cuidado-Serán ceniza, mas tendrá sentido; POLVO SERÁN,  MAS POLVO ENAMORADO”.
La sátira, que no aclaró el problema de la vida y de la muerte, a la que Quevedo, con genio vivo, no vio resuelta con su poesía:  “Amor constante, más allá de la muerte”, ya se cultivaba en la literatura antigua de Grecia y de Roma. Reinó en el ambiente en el siglo XVII, con Quevedo, pero no dejó de practicarla, Valle Inclán, muerto en 1936. La sátira de Quevedo y la comedia burlesca son muy semejantes al esperpento de este gran Valle Inclán, que parece ser que él mismo creó. Significa tal palabra color, olor, sabor, entre otros de almendra ideal, zurriaga y caricias. A pesar del paso de siglos entre el Siglo de Oro  con Quevedo  como autor del soneto “Amor constante, más allá de la muerte”, con la comedia burlesca y el siglo XX con Valle Inclán, que cultivó el teatro esperpéntico, no se despide el mundo de la sátira.
En el siglo XX, Valle Inclán reaviva las obras esperpénticas,  con sátiras sin la crueldad de las de Quevedo, que escribió:  “Yo te untaré mis obras con tocino-porque no me las muerdas, Gongorilla-pero de los ingenios de Castilla-docto en pulla, cual mozo de camino”. Acusa al mismo tiempo a Góngora de judaizante, además de plagiario. Y sale Valle Inclán,  que al tiempo que escribía sus esperpentos, hace a los lectores que se recreen con la poesía de su “Sonata de Otoño” y la de Invierno.
Valle Inclán reaviva la sátira , en forma esperpéntica, en el siglo XIX y XX, y me hace pensar en el fenómeno que yo en mi niñez, observé en las Ferias de los pueblos, cuando no había cines ni otras distracciones más modernas. Tal fenómeno, del que no recuerdo bien sus detalles, iban por las ferias a recrear al  público con obras de Quevedo, Las explicaban y leían a los espectadores y con voces de comediantes hacían ver el interés que ofrecían aquellos hombres y mujeres, unos cojos, otros mancos, otros ciegos o tuertos. No me enteré si Quevedo los exponía ante el público por ayudar a tan desgraciados seres humanos o era una especie de petición de justicia al cielo, parq que no permitiera que se diesen esos casos de miseia en unos hombres, en tanto otros gozaban y gozaban y atesoraban los dineros escondidos de la vida,  como los avaros. No sé si Quevedo veía la conciencia de Góngora, viciada con la avaricia o era una  acusación racial, que en aquellos tiempos inquisitoriales, las razas eran perseguidas.
Yo en pleno siglo XX, recuerdo un caso de que un comediante de la feria,  relataba una pequeña anécdota, diciendo que un campesino, gritaba :¿Qué vedo, qué vedo?, que lo identificaba con la expresión :¡Qué veo que veo!.  Quevedo estaba haciendo sus necesidades y al escuchar cono el campesino, gritaba ¡Quevedo, Quevedo!, éste  contestó : hasta por el culo me conocen.  ¡Lástima, que cuando era todavía un niño durara la moda de Quevedo de corregir vicios y que ahora ya estemos admirados de contemplar tanto negocio!. No puedo admirar el cuento relatado en mi niñez en una feria, pero ya estoy harto de ver, después de haber escuchado a los mariachis:”con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Porque en todas las organizaciones de la Nación, se van acumulando el dinero, que no creo que el judaizado Góngora, lo amontonara de tal forma, desde los altos cargos hasta las organizaciones de los obreros, no de los obreros que trabajan, sino de los “chupópteros”. Ahora haría falta un satírico como Quevedo que corrigiera al País de tanta corrupción. 

Pastores y ovejas monegrinas

  En la parte norte de Aragón abundaban los rebaños de ovejas, casi siempre acompañadas con ganado cabrío. En los Pirineos occidentales, en ...