Contemplando
la Sierra, que nos guarda del frío que viene del Norte, me doy cuenta de todas
las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos,
no sólo la materia, sino el espíritu, que, muchas veces, desconocemos y
despreciamos. Pero la noche del día dieciséis del mes de Enero del año pasado,
en este Restaurante “El Faro de Sepes, se celebró la “Fiesta del tocino
solidario”, conjuntamente, por los Hermanos de la Cruz Blanca, representando al
espíritu y por el “Faro de Sepes”, haciendo gozar al pueblo de la materia de un
tocino, cerdo, cochino y marrano. En aquel salón-comedor se unieron la materia
y el espíritu, recordándonos a los allí presentes que hay que trabajar para la
renovación de la Tierra. Sí, porque allí dominaba el espíritu del amor entre
los hombres y mujeres de este mundo, porque se repartían entre los comensales y
entre los miembros de la familia que crearon aquellos sabrosísimos platos, no
sólo sonrisas, sino deseos de ayuda mutua. Los “camareros” no vacilaban en servir
a los que pedían “pan, vino o tocino”, igual que los que gozaban del paté, de
los “calamares” de cerdo o del jamón o de las migas, plato humilde y con sabor
divino. Les ayudaban a alcanzar los platos, las fuentes y los vasos, a través
de aquellas mesas, en que se habían unido los colaboradores de los Hermanos de
la Cruz Blanca, como Jesús reunió a los apóstoles en la mesa de la Sagrada
Cena. Después de la cena, sorteaban regalos de distintos orígenes y todos se
alegraban y reían ante los premios que se iban concediendo por sorteo a los
asistentes y muchas veces, éstos demostrando una gran solidaridad, entregaban
su premio a la “Hucha” de los Hermanos de la Cruz Blanca. Entre los premios
figuraba un magnífico pavo, que había regalado uno de los que trabajan en el
“Faro de Sepes”, de los que cría en Monflorite y el comensal premiado, lo
regaló a los administradores de la “Hucha”, para ayudarles a repartir el “pan
con el sudor de su frente”. Se veía ese amor al trabajo, pues un hermano de la
Cruz Blanca, cuando había que entregar un saco de pienso compuesto a uno de los
premiados, lo levantaba con sus fuertes brazos, se lo cargaba sobre sus hombros
y lo llevaba a la entrada del comedor, para que el premiado no tuviera que
esforzarse. Hace ya bastante tiempo, mi amigo Sergio trajo de Madrid una
hucha-cerdo de hierro. Representaba un cerdo, pero con alas, pues el autor
quería hacer ver la virtud espiritual del ahorro, unida a la realidad material
del cerdo. Estaban representados en la figura de esta hucha, el espíritu de los
Hermanos de la Cruz Blanca de recoger la materia suficiente para dar de comer y
proporcionar una vida agradable a todas las personas, despreciadas por la
sociedad y esa materia estaba representada por el cerdo. Todavía quedan hombres
y mujeres que en los pueblos, poseen una hucha para pasar el invierno, que es
el cerdo, al que sacrifican en el Otoño y consumen durante el Invierno, con su
carne, sus jamones, las tortetas y las morcillas. En esta Fiesta del Tocino
Solidario, el cocinero del Faro de Sepes, nos ha hecho experimentar el paso de
la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las de
tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas y mostaza y jamón
fresco asado al horno. Al consumir las migas me acordé de pedir: “El pan
nuestro de cada día, dánosle hoy”. Esta oración evangélica, hace ver al Hermano
Javier, subdirector de la casa de los Hermanos de la Cruz Blanca, pensando que
todos los hombres y mujeres formamos parte de una enorme familia, porque en el
periódico “Huesca y la Hoya”, dijo: ”somos una familia numerosa”. El jueves por
la tarde entré con un amigo, en la Residencia y allí acudían muchas personas a
saludarnos y a vernos. Uno se emocionaba ante ese recibimiento y pensaba como
en el Padre Nuestro, pedíamos el pan de cada día, pero uno piensa que no se
debe pedir para nosotros mismos, sino para todos los seres humanos. Cuando veo
al Hermano Javier me doy cuenta de cuánto ha luchado él con los otros Hermanos
de la Cruz Blanca, para levantar ese auténtico Hotel para los pobres. Y pienso
también en la caridad de tantos cristianos que han aportado aquello qué han
podido, para lograr esa feliz estancia de los necesitados, en la Residencia,
donde algunos pintan o fabrican velas y hacen gimnasia, alimentándose como
dignos hijos del Señor. Por eso, por el amor a nuestros prójimos y nuestro
respeto a los Hermanos de la Cruz Blanca, hemos acudido a esta cena en que han
colaborado los dueños y personas de este Restaurante, para mostrarnos
solidarios con ellos, para que no se cansen de su esfuerzo y nosotros mismos
nos animemos a luchar por los necesitados, y más en esta época de crisis que
estamos sufriendo. Todo es necesario, la materia del tocino, con el que nos
alimentamos y el espíritu de los hermanos de la Cruz Blanca junto al de los
asistentes a esta cena, impulsados por la caridad y la justicia.
Escritos de Ignacio Almudévar Zamora
martes, 14 de abril de 2026
La materia y el espíritu
lunes, 13 de abril de 2026
Ignacio Almudévar Bercero (enfermo de párkinson)
Articulo publicado en el Periódico de Aragón
Ignacio Almudévar
(enfermo de párkinson): "Fue un mazazo, pero había que seguir
adelante"
Este empresario y
agricultor oscense convierte su experiencia con el párkinson en un relato de
superación, apoyo y compromiso con quienes conviven con la enfermedad
Zaragoza11 ABR
2026 7:00
"Fue un
mazazo. Al principio piensas en dejarlo todo". Así recuerda Ignacio
Almudévar Bercero el momento en que el médico le
comunicó que tenía párkinson, la enfermedad que daba sentido a los
síntomas que, de forma inexplicable, se iban asentando progresivamente en su
cuerpo. Un día se notaba fatigado y rígido; otro, sentía cómo la sonrisa se le
borraba del rostro; y algunas noches se despertaba cuatro o cinco veces y no
conseguía dormir. Acciones tan simples como vestirse, comer o escribir
se convertían en desafíos. Algunas señales eran visibles y otras más
silenciosas.
Hace casi siete
años le diagnosticaron esta enfermedad neurodegenerativa. Era un
viernes de primavera, en el consultorio de un pequeño pueblo de Huesca.
"Llegué a mi casa y le conté a mi familia lo que pasaba. Ese día tenía una
comida con unos amigos y quería suspenderla, pero luego pensé: ¿por qué no voy
a ir? Fue un momento de lágrimas y mucha emoción, pero allí empezó un
nuevo camino y había que tirar para adelante", reconoce.
"Se me
acababa la batería"
Ese viernes
de 2019 comprendió el verdadero motivo de los síntomas que llevaban
ocho años avisándole. "Hacía cosas que no eran normales.
No tenía ganas de salir con mis amigos, enseguida buscaba un sitio para
descansar, o estaba trabajando y a las once de la mañana ya quería irme a casa
porque se me acababa la batería", explica, lo que resultaba
extraño para alguien acostumbrado a madrugar y acostarse tarde, a no parar.
"Los síntomas van apareciendo poco a poco, pero el diagnóstico
tarda en llegar porque resulta difícil de identificar".
Cuando Ignacio
supo que padecía párkinson recuerda que tuvo que comenzar un "proceso
más profundo, más íntimo y más lento", que no es otro que "asumir
la enfermedad". "No hay que preguntarse ¿por qué a mí? Te llega y
tienes que asumirlo. Cuánto antes lo hagas, antes empezarás a vivir de nuevo,
aunque sea de otra manera”, recalca este ingeniero técnico agrícola.
Además de colaborar
con asociaciones, Ignacio Almudévar acerca el párkinson a los universitarios,
entre ellos los de Enfermería. / Servicio Especial
Fue entonces cuando empezó a marcarse retos, y así
nacieron los Jueves al sol. Cada jueves se cogía fiesta
para escaparse al monte, montarse en bici o simplemente estar en contacto con
la naturaleza. "El párkinson te frena, pero tú pones las condiciones.
No es un proceso fácil: hay que cultivar el esfuerzo, las ganas, la superación…
Yo estaba físicamente preparado, pero cuando sabes que esta enfermedad te
inmoviliza cada día más, hay que combatirla moviéndote y haciendo
ejercicio", reflexiona.
El párkinson
venció al covid
Hoy reconoce que
esa fortaleza le ayudó a vencer un nuevo revés que golpeó su cuerpo meses
después, sin avisar. El 12 de marzo de 2020, Ignacio fue uno de los primeros
ingresados por coronavirus en el hospital San Jorge de
Huesca. Estuvo 50 días, 35 de ellos en la UCI en estado crítico.
Paradójicamente, el párkinson le pudo echar una mano. "Estoy totalmente
convencido de que mi fortaleza me salvó; estuve entre la vida y la muerte. Eso
y, por supuesto, el trabajo de los profesionales y la energía que llegó del
exterior", dice agradecido.
Ignacio tiene 62
años y no ha dejado de trabajar. Siempre comprometido con ayudar a los
demás, el empresario y agricultor decidió escribir un libro
para contar cómo ha cambiado su vida y visibilizar la lucha contra el
párkinson. Un cuerpo rebelde, una vida infinita es
también un libro solidario, cuyos ingresos se destinan íntegramente
a cinco entidades sin ánimo de lucro: Asociación Parkinson Aragón,
Asociación Down Huesca, Asociación Pro Salud Mental-Huesca, Valentia y
Asociación Oscense de Esclerosis Múltiple. Todas ellas comparten un objetivo
común: mejorar la calidad de vida de las personas con diferentes capacidades.
Los síntomas,
señales en el camino
Recuerda Ignacio
Almudévar que el párkinson es una enfermedad compleja que va
más allá del temblor. Afecta al movimiento, pero también a la voz, la mente, el
ánimo y la autonomía. "Detrás de una mano temblorosa hay una vida
entera que cambia y una persona que lucha, se adapta y siente cómo su
cuerpo empieza a dejar de responder como antes".
"Detrás de
una mano temblorosa hay una vida entera que cambia y una persona que lucha, se
adapta y siente cómo su cuerpo empieza a dejar de responder como antes"
Entre los síntomas
motores pueden aparecer la marcha parkinsoniana con pasos cortos y
arrastre de los pies, bloqueo al andar, movimientos lentos, dificultad para
mantener el equilibrio, rigidez muscular o dolor musculoesquelético, y otros
como la falta de expresividad, dificultad para tragar alimentos o líquidos,
acumulación de saliva, voz baja y apagada, o una escritura más pequeña e
ilegible, entre otros.
A estos se suman
los síntomas no motores, menos visibles pero igualmente
relevantes: trastornos de la conducta del sueño, fatiga, alteraciones del
estado de ánimo, desorientación, disminución del sentido del olfato, pérdida
del gusto, sudoración excesiva, incontinencia urinaria y disfunciones sexuales,
así como problemas de memoria, lentitud de pensamiento o dificultades de
atención.
Cada síntoma se
manifiesta de forma distinta en cada persona, y no necesariamente aparecen
todos. Con el tiempo, emergen otras señales más silenciosas, pero
muy presentes en la vida diaria del paciente, como el insomnio,
la ansiedad, la rigidez emocional o la depresión.
El Teatro Olimpia
de Huesca acogió el pasado 20 de marzo la presentación del libro 'Un cuerpo
rebelde, una vida infinita'. / María Buesa
Un apoyo
multidisciplinar y familiar
Pero el párkinson no
es solo un diagnóstico y un listado de síntomas.
Ignacio habla de los efectos de la medicación y de tratamientos y
considera necesario abordar la enfermedad desde un enfoque
interdisciplinar. "Cada especialidad –neurología, psicología,
fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia…– tiene su lenguaje, su enfoque,
su técnica, pero todas comparten un objetivo: cuidar a la persona y
mejorar su calidad de vida", señala en uno de los capítulos.
Una semana después
de conocer el nombre de su enfermedad, Ignacio Almudévar se hizo socio de
la Asociación Parkinson Aragón. Desde entonces, ha tomado plena
conciencia de la valiosa labor, el apoyo y el acompañamiento que brindan
organizaciones como esta, que tienden la mano cuando una persona más lo
necesita. "Hay unos profesionales que conocen nuestros
problemas, nos ayudan, saben cómo tratarnos y nos sostienen el alma y
el ánimo", apunta.
'Un cuerpo
rebelde, una vida infinita' invita a la reflexión y a dar luz a una enfermedad
neurodegenerativa compleja y poco conocida por la sociedad
Caminando cada día
a su lado están
su mujer, Paz, su hija Belén y el resto de
su familia. Hace ahora un año también conoció a quien se
convertiría en otro de sus pilares: Alicia López Casaus. Esta joven
fisioterapeuta de 27 años le ha acompañado en su rehabilitación,
aportando no solo profesionalidad y vocación, sino también "el corazón
que tiene en las manos". Para el libro, la oscense ha recogido
los testimonios de pacientes y familiares, ofreciendo un retrato
cercano y humano del párkinson.
Luz a una
enfermedad "oscura"
Un cuerpo rebelde,
una vida infinita surgió en una noche de insomnio. Escrito
de manera sencilla y didáctica, este manual terapéutico pretende "poner
luz a una enfermedad oscura". "Detrás hay personas increíbles,
valientes y entregadas. Nada me hace más feliz que ayudarles y animarles para
que sigan adelante", sostiene. El libro cuenta además con las aportaciones
de Carlos López Otín, investigador y catedrático de Bioquímica y
Biología Molecular, y el doctor Jesús Porta Etessam, presidente de
la Sociedad Española de Neurología y jefe del Servicio de Neurología
del hospital Fundación Jiménez Díaz, para añadir una visión profesional y
rigurosa de la enfermedad.
Ignacio Almudévar
fue diagnosticado de esta enfermedad neurodegenerativa en 2019. /
Servicio Especial
Su lectura no solo
va dirigida a los enfermos de párkinson, familiares y profesionales de
salud, sino también a quienes se enfrentan a cualquier dificultad. "El
reto es que las personas que estamos enfermas o tenemos discapacidades, seamos
comprendidas y podamos vivir dignamente". Y allí es donde vuelve a crecer
la importancia del acompañamiento familiar y social. "Lo que
más necesitamos no es tanto hablar como ser escuchados. Y no ser escuchados
solo una vez, sino siempre. Incluso cuando la señal se apague y parezca que no
hay nada que decir", subraya el autor.
A través de su
vida, experiencia y reflexiones, Ignacio Almudévar ofrece un relato
íntimo y valiente que sirve como guía para pacientes con párkinson,
pero también de altavoz para que la sociedad comprenda mejor la enfermedad. No
solo narra la lucha diaria de quien la padece, sino que inspira a mirar
la vida con coraje, resiliencia y esperanza, demostrando que siempre hay
lugar para la superación y el apoyo mutuo. "Ninguna vida debería ser el
ejemplo de las demás, pero todos deberíamos tomar ejemplo de muchas vidas y,
sin duda, esta es una de ellas", revela Porta Etessam.
domingo, 12 de abril de 2026
Las ruinas de mi convento
Leí de niño “Las ruinas de mi convento” y desde entonces toda ruina me ha hecho meditar, unas veces porque su aspecto me recuerda el de un anciano, como si fuera un edifico humano en decadencia y caminando torpemente. Para el clásico las ruinas carecían de belleza, porque en ellas se unían deterioros, ya del tiempo o vandálicos, que quebrantaban la perfección buscada. La ruina humana, terminal, tiene imposible restauración, aunque su parte espiritual, busque ansiosa una inmortalidad; la ruina de la piedra monumental tiene también espíritu: el del arte, el de la historia e incluso, en ocasiones, el de la religión o el mito. Ese paralelismo entre la ruina humana y la arquitectónica nos lo sugieren en nuestra Edad de Oro, Francisco de Quevedo en un soneto y en sus “Ruinas de Itálica”, el buen Rodrigo Caro. Quevedo en su soneto, escribía: ”Miré los muros de la patria mía, - si un tiempo fuertes, ya desmoronados; de la carrera de la edad cansados, por quien caduca ya su valentía”. Y me acuerdo de aquellos versos de Rodrigo Caro, que estudié en mi niñez, dedicados a las ruinas de Itálica y que así se expresan: ”Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora-campos de soledad, mustio collado,- fueron en otro tiempo Itálica famosa;-aquí de Escipión la vencedora –colonia fue, por tierra derribado, -yace el temido honor de la espantosa- muralla, y lastimosa reliquia es solamente-de su invencible gente-.Estas poesías son lamentos de poetas que asocian los destinos tristes de los famosos monumentos y del hombre. Caro, concretamente los reduce a la categoría de “lastimosas reliquias solamente”, que deben ser guardadas, como guardamos las reliquias de los santos, de igual manera que un anciano conserva los cabellos de la mujer que amó, o aquella vieja que venera el ombligo de un hijo que perdió, hace ya lustros numerosos. Ya en el siglo XVIII, muchos miraban a las ruinas con ojos de poeta y proliferaban los pintores, que integraban dichos restos como elementos románticos del paisaje. Si algunos han llegado a tal estado por la acción de los hombres vandálicos y lamentan poéticamente tales actos, otros regresan, poco a poco, al contemplar la destrucción por obra de implacables reglas, que la Naturaleza impone y que complementan las obras vandálicas de algunos hombres. Por obra de los hombres o del tiempo, los monumentos van cayendo y con ellos, se marchan nuestra historia, el sentido de que somos un pueblo, que tuvo un peso específico y se pierden también las ocasiones de que estudien los restos nuestros arqueólogos y nuestros arquitectos. Puede existir también un uso por el pueblo, a la vez que lúdico, cultural, como ocurre con Leire, Loarre, Covadonga, Monserrat y como parece ser que ahora se va a hacer con San Juan, allá en la Peña. En cambio en Montearagón se hacen reconstrucciones en la Iglesia y se dejan sin terminar las reconstrucciones de torres, muros, celdas y comedores. Hay quienes quieren, tan sólo, conservar las ruinas, que como antes he escrito, “su aspecto, les recuerda el de un anciano, como si fuera un edificio humano en decadencia y caminando torpemente”, igual que si en esas ruinas fuera imposible la restauración, como no puede darse en muchos ancianos ya envejecidos. ¿Cómo va a quedar Montearagón, después de tantas reparaciones, que siempre lo dejan como una vieja ruina?. Hay ruinas cancerosas, destrozadas que ya no volverán a ser jóvenes, lo que constituye una vergüenza para pueblos y gobiernos, que no se llegue a restaurarlas en todo su esplendor. Esplendentes quedaron muchas pequeñas y gloriosas iglesias mudéjares en la zona de Sabiñánigo, que mueven el amor a Aragón en los que van a visitarlas. ¿Cuándo podremos los aragoneses estudiar nuestra historia en los actuales restos arqueológicos de San Victorián, de Montearagón y de las mismas murallas de Huesca?. Porque como escribió Rodrigo Caro (1573-1647): ”Por tierra derribado-yace el honor de la espantosa- muralla, y lastimosa- reliquia es solamente de su invencible gente” y los oscenses viven en la nostalgia, que hace que su piel se ponga de carne de gallina ¡ para nada!, cuando escuchan : “Sierras de Gratal y Guara-Ruinas de Montearagón- Fuentes de Marcelo y Jara,- Huesca de mi corazón.” Aunque ahora les consuela la restauración de la Ermita de Jara, gracias, entre otros, a Daniel Calasanz.
sábado, 11 de abril de 2026
Amor desinteresado


“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes de Mayo y hacía calor, mosen Marcelino creyó que aquella hermosa mujer, que preguntaba por su difunto marido, acudía a la llamada del amor.
Pensó que se trataba de un amor puro, sin ningún interés, seguramente querría enterrar a su esposo en tierra sagrada, pues la señora le habría advertido que el cadáver estaba enterrado en el monte, debajo de una carrasca.
El cura estaba contento, además de por ser Mayo, porque se le ofrecía la oportunidad de complacer a una hermosa mujer, a cuyos encantos no es fácil ser inmune, aún siendo sacerdote y porque como corrían tiempos de penuria, tendría ocasión de cobrar un duro para él, una peseta para el sacristán y calderilla para los escolanos. Estos, por mandato del sacristán, fueron corriendo a buscar al señor Joaquín Puyuelo, que por su profesión de podador y “leñacero”, conocía todas las carrascas del monte.
El mosen había recibido a sus visitantes en la “solanera” que tenía en su casa, pues en la sala tenía instalada una capilla y en el balcón colgaba una llanta de camión, que al golpearla con un martillo, sonaba como una campana. La iglesia parecía una venta robada pues, durante la Guerra, había sido usada como garaje e incluso había un foso para reparar vehículos.
He hablado de los visitantes y es que la señora venía acompañada por un caballero.
El señor Joaquín no tardó en llegar, se le explicó que se trataba de localizar el cadáver del esposo de la hermosa y el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la carrasca. El podador, limpiador lo llamamos aquí, entró en su casa, que le venía de paso, a cogerse la “jada”. Parecía un entierro sin muerto, pero se trataba en realidad de un desentierro. Y poco le costó al señor Joaquín desenterrar al difunto, pues en las guerras se pierde poco tiempo en cavar, si no hay un negrero, que a fuerza de culatazos, te hace trabajar. Un gitano de Barbastro decía que lo pasó muy mal durante la Guerra, porque lo hicieron palear para enterrar muertos. El cadáver quedó patente, no tenía ni caja. El cura habló de la necesidad de ir a buscar unas parihuelas, para llevarlo al cementerio.
Aún no había acabado de hablar el cura, cuando el caballero acompañante, se lanzó sobre el muerto y se puso a buscar algo en el pequeño bolsillo del pantalón, bajo la cintura, en el que antes se llevaban los relojes, y en el que ahora al haber perdido su objetivo, algunos hombres esconden aquello que no quieren que vean sus mujeres, y sacó lo que buscaba: un hermoso reloj de plata repujada. Se lo entregó a la señora, que lo metió en su bolso al tiempo que, dirigiéndose a mosen Marcelino Playán, le decía:"es que sabe, este hombre es ahora mi marido”. Este, cogiendo del brazo a la bella y sin decir gracias ni adiós, se fueron, como se iría cualquier bestia con su bella hembra.
Al desenterrador, a pesar de ser un hombre endurecido por haber comido pan de mil hornos, le entraron ganas de llorar, pero reaccionó y todavía me parece oír por las noches su mezcla de juramentos y de risas. Después echó tierra encima y “s’en fue”. El cura se quedó sin duro. El pobre ya murió. El sacristán, a pesar de todo, siguió siendo feliz, pero con la pequeña frustación de que después de haber aprendido latín, el siguiente cura se puso a decir la misa en castellano. Los escolanos viven en la emigración, pero yo, a pesar de lo anteriormente narrado, no pierdo la fe en el amor. Y es que el primer amor, no se olvida nunca y siempre nos conmueve. El segundo marido o la bestia, como ustedes lo quieran llamar, también murió.
La doble viuda cobraba su pensión, pero descubrió que renunciando a la del segundo marido, podría cobrar la del primero, que iba a ser más sustanciosa y además los ¡larguísimos atrasos!. Y dicen que ha hecho los trámites para volver a su primer amor, que mientras no se demuestre lo contrario, es el verdadero.
Al menos, así lo cantan los poetas.
viernes, 10 de abril de 2026
La caza

Estaba sentado en la cadiera del hogar mirando como ardía la leña y surgían de ella unas llamas juguetonas, acompañadas por unos sonidos agradables, que venían por la chimenea y que eran como los trinos de un pájaro, que daban encanto a aquella contemplación. Esos trinos no eran de ningún ruiseñor ni de ningún canario, sino que los emitía un estornino de plumaje tordo, como pude comprobar más tarde y que se había quedado prisionero dentro de la chimenea. Pensando en lo mal que lo podría pasar el pájaro en medio del humo, apagué el fuego y cerré las placas metálicas que se ponen para que los estorninos alcahuetes, no puedan pasar al interior de las habitaciones. Me marché, pero al volver a la habitación donde está el hogar, el estornino tordo volaba de ventana en ventana y yo lo seguía para cogerlo. Al fin lo logré y me dieron ganas de matarlo para que no volviera a entrar a llenar los suelos de excrementos y a rasgar las cortinas con las uñas de sus patas. Si hubiera sido yo más joven, lo hubiera metido en una jaula de esas en las que antes encerraban las perdices para llevarlas de reclamo a las excursiones de caza. Me acordé de aquellos cazadores, que vivían en los pueblos, que controlaban los animales del monte, viendo unas veces nacer las crías y otras mandando al matadero a sus padres, que ya estaban de buen ver, para que no faltase “el pan nuestro de cada día “ a los humanos. Ahora la masa de la población se ha marchado de los pueblos y vive en las grandes ciudades, pero ya no conocen la Naturaleza, ni a los animales, sino es por los dibujos animales en la televisión y en los tebeos, que les hacen reírse con el pato Donald o con el corzo Bambi. Ya no tienen necesidad de ir a buscarse la carne de las piezas de caza, que corren o vuelan por el monte, sino que se la venden preparada en los supermercados. Como es natural les repugna aquello de la caza, en la que sólo ven violencia. Hemos perdido el contacto con la Naturaleza y no tenemos ocasión de ver lo que pasaba en mi pueblo, en el que yo veía como aquellos insectos que metamorfoseaban su color del marrón al verde y que sobre sus largas patas delanteras, oteaban sus alrededores para ver si llegaba alguna hembra de su especie. Algún insecto, del que más tarde aprendí que era la Mantis religiosa, después de cubrir a su ¿amor? , era devorado por la hembra a la que había cubierto,
Aquellos cazadores de antes, además de proporcionar proteínas animales a su familia, vendían patos o conejos entre sus vecinos. Otros bajaban de la Sierra los jabalíes, sobre sus costillas y los salaban para guardarlos en su despensa. Yo, con el estornino, podía haberme dedicado a suministrarle alimento y a jugar con él, amaestrándolo y enseñándole a hablar, pues dichos animales, como los loros son capaces de aprender a expresarse. Ahora el cazador noble debe imponer limitaciones en su actividad venatoria, porque si se avanza en técnicas para matar animales, éstos no avanzan en la desigualdad entre sus capacidades físicas y las ventajas que ha alcanzado la técnica moderna en el hombre.
La carta de un amigo mío de Binéfar, Fernando Altaba me dio oportunidad de ver como, los hombres se divierten honradamente, en la que hace la descripción de una partida de caza de jabalíes, a la que asistió en Benabarre: “Con los gritos-retirada hay que tocar- y contar nuestras hazañas- y comentar quien se lleva el más grande ejemplar”. Todos juntos comeremos –con una enorme amistad”, Habla también sobre las jaurías de perros, sobre la agresividad de los jabalíes, sobre los disparos, los gritos y sobre todo de la comida colectiva, en que cada un expone su habilidad, su valor o explica el peligro que le ha amenazado. Comen y beben y se olvidan de los disgustos pasados durante la semana y vuelven al trabajo con buen humor y con ilusión”.
jueves, 9 de abril de 2026
Colungo

Colungo es un pueblo de la provincia de Huesca, donde con gentes amables, conviven numerosos pájaros, además de los de paso, todavía más abundosos.
Lo bonito del caso es que, hombres y animales viven en armoniosa compañía, si exceptuamos las tordas que cazan con gran pericia, como obedeciendo al refrán que dice "ave de paso, ¡cañazo!".
Colungo entra dentro del Parque Natural de Guara y esa armonía que he citado, debe ser ejemplo para que el hombre respete y goce de las aguas, de los animales, de los árboles y de la tierra con sus accidentes naturales. Puede ser tan profunda esa compenetración que en ocasiones hay hombres que dialogan con los ríos, con el viento y con los animales.
El hombre debe respetar la Naturaleza, pero el hombre nativo de la zona, debe ser respetado por los hombres de las ciudades y por los que ostentan el poder.
Conozco un pastor que, cuando se entera que en determinado puerto o pardina, están pastando unos caballos que han traído de Francia, se aproxima a ellos, se gana su confianza y a aquellos, de airosa línea, que se la entregan, los acaricia e incluso los besa, como en un éxtasis de comunión con la belleza natural.
Algo parecido les pasa a los habitantes de Colungo con los pájaros, cuyos cantos interpretan, aunque en un sentido más práctico que el del pastor. Cuando van a cazar, los cuervos, las picarazas y las chincharanas se constituyen en sus cómplices y con sus cantos, chillidos, su graznar o con el chinchín de la chincharana, les avisan de la proximidad de una raposa o de un bobón, craveret o de otra ave nocturna.
La golondrina les informa de lo que pasa en otras tierras cuando interpretan su canto de esta forma:"En mi tierra se cría canela y pimienta y aquí, mosquit, truit, truit".
Cuando el boyero o boyatero se dormía debajo de un árbol, el collorín intentaba despertarlo, cantándole :"Boyatero,chodito!,os “güeis” en “o” trigo,¿los sacas, los sacas?".
El cuco o "cúculo",que tiene fama de traidor, anuncia al sembrador o al picador de viñas, el cambio de tiempo diciendo:"Cú,cú", canto pícaro que advierte que el terreno está "por la mañana farto de humedad y por la tarde duro".
A veces los pájaros les toman el pelo a los labradores, pero ellos con gran experiencia, dicen: "Cuando la perdiz canta, nublado
viene, pero no hay mejor señal que cuando llueve".
Da gusto vivir en un pueblo, donde la gente siempre está en contacto con la Madre Natura, porque cuando quieren que llueva, cantan:"Que llueva,que llueva la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que llueva un chaparrón, con azúcar y turrón".
La gente cazaba unas veces para satisfacer sus necesidades y otras para venderse los pajarillos como si se tratara de canarios, como animales de compañía. Eran muy diversos los procedimientos de caza, unas veces con reclamo, otras a la espera, con lazos, en barracas con besque (liga),con losetas,con hicheruelos, lazos, cepos, y otras con arciellos(arquillos) o líneas. Cazaban conejos con hurones, tan perseguidos, pero no han sido ellos los que han acabado con los conejos, sino enfermedades traídas a nuestras tierras por el hombre.
¡Cuántos pájaros vivían y volaban por Colungo!, y todos ellos tenían su nombre como por ejemplo el ciquilín, el gurrión o gorrión, la aloda o alondra, el abellero, la chincharana, el carbonero, la cistra parda y la verde, el verderol, el pinchón, el petrer, el trincapiñón, la falciella, el codalgo, el subetroncos, el colorín y por no aburrir, acabo con el rey de la barza(zarza).Es curioso como conocen a los pájaros con sus nombres en fabla aragonesa, como también en dicha lengua citan a los árboles y arbustos, donde hacen sus nidos esos animalitos y por cuyas sombras caminan los de Colungo, cuando pastorean, cuando cazan o cuando van a buscar sus frutos. ¡Qué felices son cuando caminan por debajo de las oliveras, almendreras, avellaneras, caichigos, albares, chinipros, minglaneras, melocotoneros, albergeros y cereceras, llenas de frutos en su tiempo y de "pacharos", que acuden a ellos a comer dichos frutos con verdadera ansiedad!.
Conozco a un hijo de Colungo, que vive en Huesca, pero no puede olvidar sus raíces campesinas que le hacen acordarse de relacionar el canto de los pájaros con el tiempo y con su trabajo agrícola y es feliz al oír hablar por ejemplo del bobón, del esparvero(gavilán o esparvel) tordero o del esparvero perdiceromiércoles, 8 de abril de 2026
El agua en Aragón

Joaquín Costa, les decía a los muchachos de Graus:”escucháis el ruido que hace el río, pues son sus aguas las que lo provocan y que pueden convertirse en oro, porque haciendo presas y canalizaciones, esas correrían y podríamos regar Aragón”. El señor Hilario Mateo, al reflexionar sobre el significado de estas palabras, que su padre había escuchado a Joaquín Costa, explicaba con ellas el problema del riego en Aragón. Dicen que se quieren llevar el agua del Ebro a zonas lejanas, pero para mí, si no hiciera falta en las provincias aragonesas y en mi propio pueblo, Siétamo, me parecerían esos trasvases una colaboración con el bien común de España. Pero uno no puede aceptar que se lleven el agua, cuando en Siétamo han sido tres las ocasiones en que han fracasado los intentos de riego. La primera en el año 1822, se firmó un plan de riegos, entre Miguel Borruel, el constructor y veintitrés propietarios de tierras. Borruel decía:”El abajo firmado, me obligo, por el presente a dirigir una acequia para conducir el agua en el monte y término de este pueblo, empezando a abrirla desde el enfrente del molino del Lugar de Castejón de Arbaniés, llevarla por el terreno que crea conveniente en el monte de dicho Castejón, por la Rambla Carrascal de S. E. por encima del Torno, o , Molino de aceite de don Antonio Cavero, por detrás del Corral del Piquero, por Valdecán, a cruzar por una mina por detrás de la fuente alta, por detrás del huerto de don Felipe Banzo, por la Costera del Llano a desaguar al Pendón. Deberá proseguir la acequia por la falda de la cuesta de la morera, cuesta de Valdedona hasta la “buega” del monte del lugar de Bandalíés”. Explica a continuación las condiciones que pone para “la construcción de esta acequia, deberán darme y poner a mi absoluta disposición cuarenta hombres jornaleros diariamente y por el tiempo de cuatro meses y medio hasta llegar a desaguar al Pendón”.
Los veintitrés propietarios de las tierras, firmaron el contrato, que acababa con las siguientes palabras:”Y para que pueda servir esta obligación de Documento suficiente para hacer, se cumpla y execute en todas las partes que contiene, la firmamos en Siétamo hoy veinte y siete de Agosto de mil ochocientos veinte y dos”.
Los primeros que firman el documento son Esteban Almudévar y Antonio Cavero. Creo que fue una de las Guerras Carlistas, la que impidió la realización de estas obras. El día de la fiesta mayor, después de fracasada la obra, al salir de misa los vecinos de Siétamo, un vecino de Velillas, había colocado unas piedras imitando el paso por un río; se quitó las alpargatas, se las colgó en el cuello y empezó a cantar:”Los señores de Siétamo- pusieron el monte en huerta- y “pa” la Virgen de Nunca pasa el agua por la acequia”. Siguió con las coplas siguientes: ”Almudévar y Cavero , se pusieron los primeros-lo tuvieron que dejar- porque se acabó el dinero”. ¡Ay que me mojo!.
Intentó Siétamo de nuevo en 1918, en unión de los demás pueblos de la cuenca del río Guatizalema, regar sus tierras con el Pantano de Vadiello. Llegó la Guerra Civil y el Gobernador adjudicó el aprovechamiento de las aguas del pantano a la capital de Huesca.
El tercer intento fue el de regar desde Peraltilla los montes de Angüés, Velillas, Siétamo hasta Huesca con aguas procedentes del pantano del Grado, pero en una conversación entre tres hombres mayores, me he aclarado sobre este tercer fracaso del riego. Manuel Bagüeste, amigo mío, que vive en Huesca capital y que había escuchado a su padre, las palabras que pronunció Costa sobre el aprovechamiento de la aguas, afirmaba que en una finca de Buera, llamada Bachimaña, se llegaría a regar porque unos ingenieros, con los que había hablado en distintas ocasiones, mandaron colocar estacas por aquella zona , indicando el paso del Canal, pero “para la Virgen de Nunca, pasará el agua por la acequia”. Bagüeste me contó que un propietario desvió la acequia de Terreu para no regar su enorme finca, evitando de esta forma posteriores expropiaciones, pero dejó de secano a seis pueblos, entre ellos, Terreu y El Tormillo. Hilario Mateo,que trabajó en Auxini en la citada zona de Berbegal ( Monesma y Morillo),contempló como, para desviar el agua de la gran finca hacia otro lugar, hicieron un descenso por el que había de bajar el agua, con lo que se hubiera podido obtener electricidad para abaratar otros riegos por aspersión. Pedro Lalueza de Majones y hoy vecino de Huesca, dijo que viajando por San Lorenzo, Frula, Monte Susín, Orillena y otros, se quedó admirado de aquellas tierras, que antes eran desiertos, transformadas en vergeles. Menos mal que se han creado muchas zonas aprovechando el agua, pero Hilario Matías no puede olvidar cómo, cuando era niño, iban muchos por la calle cantando canciones que habían aprendido de sus padres, de las que una copla decía así:”El canal de los Monegros, no lo han hecho ni lo harán, porque los ricos no quieren, que los pobres coman pan”. Poco a poco van avanzando los riegos en los Monegros , pero cuando paso por Angüés, me dan ganas de llorar, cuando pasando por él, leo Calle de Don Joaquín Costa. Este pueblo agradecido, le dedicó a Joaquín Costa la Calle principal, pero ya no pasará nunca por allí, el Canal que les transforme el secano en regadío.
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