Siétamo es un municipio
en la provincia de Huesca, que pertenece a la comarca de la Hoya, situado en la
N-240 sobre una suave colina cerca del río Guatizalema. Su nombre hace mención sobre
su distancia a la Osca Sertoriana (7 millas, en dirección este, o lo que es lo
mismo unos 12 kilómetros) en la calzada que unía esta ciudad con Ilerda, la
antigua Lérida.
Es cuna de Pedro Pablo Abarca de Bolea y
Ximénez de Urrea, Conde de Aranda, dos veces Grande de España, ministro de
Carlos III y último noble inhumado en San Juan de la Peña.
También nació aquí Ana Francisca Abarca de
Bolea, escritora y poeta del barroco, una de las pocas escritoras que en su
obra ha utilizado la fabla aragonesa. El Premio “Villa de Siétamo” es un galardón
literario para obras en esta lengua propia, promovido por el Ayuntamiento de la
Villa con la colaboración del Gobierno de Aragón.
La toma de Siétamo fue
una larga operación militar, emprendida a últimos de julio de 1936 por los
bombardeos de la aviación republicana, en la que se estuvo forcejeando con
denuedo para conseguir ocupar Huesca. Los nacionales opusieron una pertinaz
resistencia y la villa del conde de Aranda cambió de dominio en manos de uno u
otro bando sin que ninguno de ellos obtuviese una conquista duradera. Como
tantos otros pueblos y ciudades, sufrió duramente los embates de los milicianos
que, procedentes de Barcelona, llegaron arrasándolo todo en su interés por
tomar la capital de la provincia desde el inicio de la guerra civil.
Al llegar la columna anarquista de Domingo
Ascaso, mandada por Durruti, a las inmediaciones de Sietamo, está la componían
una enorme fuerza de unos 7.000 hombres. Pronto Durruti tuvo diferencias con
los jefes anarquistas, por la forma de llevar la lucha en Aragón.
El día 28 de julio sale
la columna Ascaso desde Barbastro, a poner sitio a Almudévar en la carretera de
Huesca a Zaragoza, y a Siétamo situado en la que lleva desde Barbastro a la ciudad
oscense, así como por otras localidades con la intención de, formando una
tenaza, dejar aislada a la capital. Para facilitarlo, los bombardeos sobre la
ciudad de Huesca y la villa de Sietamo fueron continuos causando gran cantidad
de muertos y heridos.
El número de milicianos seguía siendo muy
superior respecto a los defensores de Huesca y sus alrededores. Aun así los
sitiados se dispusieron a mejorar la defensa de la ciudad y a dificultar los repetidos ataques republicanos a
poblaciones, como Siétamo, próximas a la capital provincial.
La resistencia nacional
en Siétamo la dirigió el teniente de la
Guardia Civil Manuel Lahoz el cual movió
sus tropas con mucha habilidad y gran decisión durante la noche y en la
madrugada del día 29 de julio, consiguiendo
poner en retirada a los republicanos cuando lograban ocupar las primeras casas
del pueblo, gracias a la convergencia de dos pequeñas columnas venidas desde
Huesca y Zaragoza y al valor de algunos civiles.
Los republicanos dejaron
en el campo de batalla una treintena de muertos, varias decenas de heridos,
numerosos prisioneros y la pérdida de un camión blindado y un variado e
importante material de guerra.
El día 31 de julio los
milicianos de Ascaso volverían a intentar la toma de Siétamo empleando en ello
cerca de unos 2.000 hombres, varias ametralladoras y algún vehículo blindado,
aunque de manera rudimentaria. El pueblo estaba defendido en ese momento por su
reducida guarnición de la Guardia Civil, los voluntarios de Acción Ciudadana y
algunos falangistas llegados el día anterior sumando en total no más del
centenar de hombres. El combate duraría todo el día y resultaría especialmente
cruento, resolviéndose por la tarde cuando desde Huesca logró llegar en auxilio
de sus defensores una columna de soldados, requetés y falangistas que
equilibraría la inferioridad de los defensores de Siétamo poniendo en fuga de
nuevo a los frentepopulistas que se retiraron a Angües.
Al día siguiente (1 de
agosto), reforzados con algún cañón tomado a los nacionales, volvieron los
milicianos a intentar la conquista. La situación de los defensores se hizo tan
lamentable al no recibir nuevos refuerzos que decidieron que la mayoría de sus
activos, escoltando a la población civil que estaba refugiada en una sacristía
posterior de la iglesia, abandonara el pueblo en dirección a Huesca, quedando
en él una decena de guardias civiles, una veintena de falangistas y algún
militar del Regimiento nº20 para cubrir
la retirada y retrasar, en lo posible, el seguro avance de los milicianos dando
tiempo a que desde Huesca se les socorriese
nuevamente o, sobre todo, a que la capital afirmara sus defensas. El
reducido grupo de defensores lograría aún atrincherarse en la iglesia del
pueblo desde cuya torre causarían fuertes bajas al enemigo gracias al certero
fuego que realizaron desde ella.
El 9 de agosto los
republicanos atacan de nuevo Siétamo, esta vez a las cuatro de la mañana, con
baterías de artillería en un feroz combate que duró hasta las cuatro de la
tarde. Aviones bombardean el pueblo, pero llegaron refuerzos de Huesca y los
milicianos tuvieron que replegarse a Barbastro. Se mantiene, sin embargo, la
situación y durante todo el mes no cesan los combates en forma de pequeñas
escaramuzas.
Hasta que el día 31 de
agosto el ejército republicano se lanza sobre la villa siendo uno de los días
más duros del asedio. Desde el amanecer y durante catorce horas, la artillería
bombardeó la villa y atacó con la infantería por todos los frentes. A la
columna Ascaso se había unido la Lenin y la segunda del POUM más el apoyo de
una sección motorizada de la columna Durruti, formada por mil hombres, ̶ que se
desplazó desde el sur de Zaragoza, seguramente Bujaraloz. En total, unos 3.000
hombres. Por este motivó los nacionales desplazaran desde Jaca 900 hombres del
Regimiento Galicia 19 y la villa resistió a pesar de que en el depósito del
armamento del cuartel solo se contaba con una caja de 1.600 cartuchos.
Al amanecer del día
siguiente, 1 de septiembre, la artillería republicana bombardeó de nuevo.
Presionaron sobre Alcalá del Obispo, Fañanás, Angües, Chimillas, Tierz, Siétamo
y la capital. Del mismo modo, trece aviones bombardearon lo que quedaba de
Siétamo y después lo hizo la artillería. El día 4 quedó incomunicado el pueblo
con la posición de Estrecho Quinto, defendida por los soldados del Regimiento Valladolid
20.
A pesar de los bombardeos
de artillería y de carros de combate sufridos hasta el día 13 en que reciben
orden de retirarse hacia Estrecho Quinto, Siétamo resistió con heroísmo, 46
días de duro asedio. Los últimos combates se desarrollaron cuerpo a cuerpo, la
artillería, al estar tan próximos los combatientes, tuvieron que utilizarla “tirando
a cero” y el pueblo tuvo que ser ganado a pulso, casa por casa. En estos
combates encuentran la muerte el Comandante de Puesto de la guardia civil,
Sargento Antonio Javierre Arnal de 47 años, padre de cuatro hijos: María,
Antonio, José María y Andrés.
Nos cuenta las
vicisitudes de este último enfrentamiento su propio hijo José María, años
después:
“El ejército republicano
volvió a la carga. De nuevo madre tuvo que refugiarse en la iglesia, mientras
que mi padre y mi hermano mayor se unieron a los que trataban de detener a los
asaltantes, parapetados tras una trinchera de sacos a la entrada del pueblo.
Los milicianos, que tenían sitiada la localidad y eran muy superiores en número
y medios, lanzaron un morterazo que acertó de lleno en el cuerpo de mi padre,
quien cayó herido de muerte a los pies de Antonio.” Y continua: “No puedo ni imaginar la
impresión de mi hermano. Sé que mi padre aún tuvo tiempo de decirle: Hijo mío,
yo he terminado; muero por Dios y por España. Ahora os toca a vosotros”.
Enloquecido, Antonio cogió el fusil de mi padre y salió a pecho descubierto
hacia donde estaban los atacantes; afortunadamente, pudieron retenerlo antes de
que lo mataran también a él”. “Antonio y mi madre lograron llevar a rastras el
cadáver hasta la iglesia y lo enterraron en una capilla. Los milicianos se
hicieron los amos de Siétamo y, enardecidos por el triunfo, acabaron con las
existencias del buen vino de la tierra. Ocasión que aprovecharon los que
estaban refugiados en la iglesia para escapar”.
Gracias a que pudieron
replegarse hacia Estrecho de Quinto, no vieron la salvaje respuesta de los
milicianos, sacaron el cuerpo del sargento
Javierre que con tanto esfuerzo habían enterrado en la iglesia Antonio y su
madre, lo arrastraron por las calles del pueblo hasta llevarlo a las afueras
donde le rociaron con gasolina antes de quemarlo y aventar sus cenizas.
Antonio María Javierre
Ortás hijo mayor de Antonio Javierre, nació en Siétamo (Huesca) en 1921. Salesiano,
participó en el Concilio Vaticano II y era cardenal desde 1988. Entre 1992 y
1996 presidió la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los
Sacramentos. Falleció el 1 de febrero de 2007 en Roma a causa de un infarto a
la edad de 85 años. Sus exequias fueron oficiadas por el Papa Benedicto XVI en
la Basílica de San Pedro.
Siétamo le debe a las
columnas anarquistas la pérdida de cientos de vidas, y de viviendas y la del Castillo
Palacio del Conde de Aranda, hombre que, adelantado a su tiempo, ya en el siglo
XVI.
Como en tantos otros
sitios, se llevaron todo lo que pudieron; además de las campanas, saquearon,
incendiaron, destruyeron totalmente la iglesia parroquial, robaron todos los
objetos de culto y archivos, sesenta y tres cuadros, unos libros magníficos,
por ejemplo, los Anales de la Corona de Aragón de Zurita; profanaron el
cementerio y procedieron al saqueo total de todo lo existente en las viviendas
de la localidad después de incendiar tres calles completas, 78 casas y 89
pajares.
Después de tantos días de
defender el terreno palmo a palmo, unos cuantos, aún con heridos, evacuaron la
villa y junto a otros civiles, también heridos, llegaron a la posición de Estrecho
Quinto, donde se continuó la lucha. Cuando al fin los republicanos se hicieron
con el lugar, cometieron 19 asesinatos en aquellas personas de ideología de
derechas que no pudieron retirarse hacia la zona nacional el día 13 tal como
les fue ordenado.
Por su estratégica
situación respecto a Huesca, aún destruida, la villa siguió siendo cabeza de
puente y punto de concentración de tropas hasta el 25 de marzo de 1938 en que,
con el avance del ejército nacional, fue liberada la zona. En este período
intermedio fue objeto del interés de fotógrafos, periodistas y políticos como
Companys, presidente de la Generalidad Catalana durante el conflicto. Se puede
distinguir vestido de blanco en el centro de la foto.
Ignacio Almudévar,
Costumbrista de Aragón nacido en Sietamo, relaciona la visita de Companys con
la secular afición de algunos políticos catalanes a considerar el Reino de
Aragón parte de “la nación catalana” y, por tanto, su derecho a apropiarse de
los bienes de Aragón: menciona el pórtico de la iglesia de El Tormillo, el
expolio de los bienes de Sijena o los cuadros de Pompenillo.
Del mismo modo, la zona
resultó muy atractiva para fotógrafos, Kati Horna, Roberto Capa, Oltra, Centcelles, Guttman,
pioneros de la cinematografía como Adrián Porchet, Pablo Willy, Félix Marquet o
Juan Pallejá y, desde luego, escritores. Por ejemplo,
George Orwell, que fue herido a las cinco de la mañana del día veinte de mayo
de 1937 en Monflorite, siendo evacuado al hospital de campaña de Siétamo (según
foto adjunta)
De ahí, fue trasladado a
Barcelona y de allí consiguió escapar de la condena de Stalin al POUM ,al que pertenecía
Orwell, evitando ser fusilado. Al regresar a su país escribió “rebelión en la
granja” de clara inspiración anticomunista. Ignacio Almudevar escribió en su
blog al respecto citando palabras del escritor: “Si alguna vez
vuelvo a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca. Muchos oscenses
aún lo esperamos, pero, así como muchos mueren en la guerra, Orwell murió en la
Paz”.
De los combates sucedidos
durante la guerra civil se conocen muchos y muy importantes, pero quizás
Siétamo no está incluido entre ellos a pesar de la dureza e importancia del
fragor de los enfrentamientos sufridos allí. Puede acercarnos a la situación
padecida, el hecho de que a pesar del tiempo transcurrido (83 años), se siguen
recuperando proyectiles sin estallar en las tierras de labor de los alrededores,
o en los edificios como este en la cara norte de la iglesia de Sietamo.
No conocía la historia. Franco hizo borrón y cuenta nueva pero soy de Belchite y comprendo y siento el horror, el sufrimiento y la valentía de ese pueblo, como siento la del mío. Ánimo a los familiares de aquellos defensores que nada tenían que ver con el politiqueo pero qué sufrieron los abusos de los de siempre y sus maldades. Desenterrar un cadáver, arrastrado, quemarlo y aventar sus cenizas es UNA GRAN MALDAD
ResponderEliminarApreciado D. Ignacio Almudévar Zamora: Leo con mucha atención lo escritos que muy amablemente me hace entrega en varias ocasiones cuando coincidimos tomándonos un cafe por los bares del barrio de San José .El último referido al asesinato del cura de Colungo (1936)que me transprta en buena parte a mi niñez. Algo similar a lo que usted narra en su escrito. Tenia yo entonces unos seis o siete años. y aunque no tuve conciencia realmente de lo ocurrido durante la guerra, pues nací en el año 1937, si que me contaron mis padres y mis tios las atrocidades que se produjeron durante dicha guerra
ResponderEliminar,tanto por parte de un bando como por el otro.Eso a mi corta edad, quedó marcado en mi mente y segira estando ahi de por vida.Fueron muchos los casos parecidos al Cura de Colungo,los subian a un camión y el final era lo que le ocurrió al cura de Colungo. Saludos D. Ignacio, es ud un genio con la mente muy clara , que con su edad, mas parece que tenga 40 años que la real en estos momentos.
segirá quise decir.
ResponderEliminarestos dedosssssss, queria decir SEGUIRA
ResponderEliminarComo no me gusta ser anónimo dire mi nombra: Luis Melero Bartolomé
ResponderEliminarHola. He buscado el motivo de la visita de Companys. No es porque se crea nada sobre su posesión de Aragón, sino porque visitaba a las brigadas 133, 134 y 135, todas creadas en Barcelona y alrededores, con personal catalán, comisarios catalanes... parte de la 31 División del Ejército del Este, con sede en Barcelona. Creo que es suficiente para hacer una visita.
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