miércoles, 31 de julio de 2013

El gato pardo



No conozco exactamente el número de habitantes, que en mi pueblo residen,  pero ahora tengo más dudas que nunca, porque desde lo que  he observado estos días en un entierro, he de considerar también como vecinos moradores, a aquellos seres, no humanos, que manifiestan  su cariño  a otros seres vivos, como por ejemplo los gatos y no solamente a los seres humanos.

Hace unos ocho meses murió el tendero de  Siétamo, al poco tiempo de retirarse de tal oficio, con el que tenía a la gente del pueblo muy contenta y satisfecha. Era ya mayor y como se encontraba con la única obligación de cultivar su  huerto, de cuya faena le sobraba mucho tiempo, se dedicó a arreglar su casa, dejándola muy elegante y arreglada, a tomar el sol y a cuidar a su gato con más mimo que cuando su trabajo se lo impedía. Casi  yo, ni conocía al gato, porque casi no salía de casa, donde supongo que tendría algún rincón, para acostarse sobre alguna almohada, se subiría a alguna de las numerosas ventanas para tomar el sol y estaría siempre satisfecho de los alimentos que le daría, su dueño para alimentarlo.

¡Qué feliz vivía el gato pardo!,   pero   casi por sorpresa, le enfermó su dueño, tuvo que espabilarse  para comer y por fin, vio jaleos por su casa, enterradores por el pueblo, hasta que  el coche mortuorio llegó  a la iglesia, mientras él se fijaba y nadie se daba cuenta de su nerviosismo. Después de enterrado, en poco rato desapareció la gente y todo el movimiento del entierro y ya no volvió a ver más a su querido compañero de la vida.

Yo, que antes no conocía casi al gato pardo, lo empecé a ver con más frecuencia, pues cuando  en las  puertas de algunas casas, estaba alguien, acudía  a pedir, con cariñosos maullidos, que le dieran comida y muchos se la daban, porque no se sabían resistir  al cariño con que el animal la pedía. Otras veces, cuando me marchaba del pueblo, ya no lo veía.

Pero aproximadamente,  a los ocho meses del entierro del tendero, hubo otro  en mi pueblo, el de una señora muy mayor y muy respetada por todos, tanto es así que al mismo acudieron más de treinta sacerdotes. Se congregó en la Plaza Mayor, una enorme multitud, de tal forma que no todos los asistentes pudieron entrar en la iglesia. Al ir a entrar yo mismo en ella,  vi al pobre gato pardo, entre toda la gente y al salir, se había subido sobre el respaldo de piedra de los bancos de la Lonja, donde tristemente maullaba como si recordase el entierro de su antiguo dueño y esperase tal vez volverlo a ver.

 La gente,  extrañada lo miraba con cariño al ver que no se asustaba de la multitud y uno me  preguntó:  ¿qué hace aquí este gato pardo? Y yo le contesté: es que hace poco se murió su dueño y  le parece que lo va a encontrar resucitado.




domingo, 28 de julio de 2013

EL HUMOR ALTOARAGONES




Una chispa en unos casos enciende un placentero cigarro y en otros un incendio. Pero para que haya humor tiene que saltar la chispa de ese humor. Si no hay chispa no funciona, como le pasó al alcalde de Albero, que estaba frente al Correos, dale que te pego, al pedal de la moto y no se ponía en marcha. Al preguntarle un guasón que le pasaba a la moto, le contestó el de Albero: ¡qué ha de pasar, que no "espurnia"!.
En el humor salta la chispa del roce o contraste entre lo serio y lo ridículo y el buen observador ve  saltar la chispa, simplemente, mirando el contraste. En la vida, entre el sentido común y el humor, tantas veces irracional, absurdo o ridículo, se goza del humor vital.
Una de las definiciones del humor, dice que consiste en presentar de un modo serio a alguien o a algo ridículo, como hacía aquel sacristán que de una mujer “pintarrojeada”, super acicalada y super ataviada, vestida con ropas que pretendían ser originales, cuando en realidad parecía un espantapájaros, decía : !parece una madama!.
Una madama en nuestros pueblos era una señora vestida elegantemente.
Ese fijarse, con sus redondos ojos, aparentemente ridículo de la lechuza que anidaba en La Compañía, lo cambiamos por esos ojos escrutadores de Unamuno y habremos hecho humor, como cuando a este señor lo caricaturizaron de lechuza, pero con su sentimiento y resentimiento trágico de la vida dijo: "Eso que se llama por ahí humorismo, el legítimo ni ha prendido en España apenas, ni es fácil que en ella prenda".





Montearagón, monasterio y pantano





He sentido la dicha, al pasar por el Estrecho Quinto de ver como coronaban, con su tejado, la iglesia del Monasterio. He sentido el dolor, ya presentido, de que el pantano colateral a Montearagón, ha parado sus movimientos constructivos. A lo largo de la Historia, ésta nos ofrece hechos bellos y justos y hechos lamentables; entre los primeros está el de que a Sancho Ramírez le viniera la idea de levantar el castillo de Montearagón a una legua de Huesca, lo que logró el año 1089. Entre los hechos lamentables es que a dicho rey, se le ocurriera dar la mezquita de Huesca a su propia obra, a saber al Castillo-Monasterio de Montearagón. Esta donación hizo que el día en que se conquistó Huesca, estallase una disputa entre el Obispo Don Pedro y Simón, primer Abad del Monasterio, tardando veinte días en conseguir la Mezquita para el Obispo, a fin de convertirla en catedral, entregándole al Abad la capellanía de la Azuda. Estuvo muy bien que Sancho Ramírez construyera el Castillo y fue lamentable la lucha entre los obispos y los abades por obtener beneficios y poder.
No siempre discreparon ambos poderes, pues dice Don Antonio Durán, citando un documento del siglo XII, lo siguiente: “Sería gracias a los buenos oficios del Rey, que el Obispo Esteban y el Abad Berenguer concordaron solucionar la colisión de derechos eclesiásticos en los nuevos riegos del Guatizalema y del Alcanadre”.
Es bonito repasar la Historia de Huesca  y ver como Montearagón, en una época medieval, con el fin de repoblar las cuencas de los ríos Guatizalema y Alcandre, ponían en riego las tierras de Burjamán,de Presidena, Cachicorba y de Juvierre, que tomaron el agua de la Almunia de la Reina. Resulta más feo contemplar como en la parte alta de estos ríos, por ejemplo en La Almunia del Romeral, que hoy está debajo del pantano de Vadiello, no se prosperó en mejorar los riegos de los árabes.
En 1918 se inauguró el pantano de Belsué, precursor del que ahora se pretende hacer en Montearagón, en el río Flumen. Cuando lo estaban construyendo ya profetizaba Mairal de Belsué, labrador, el escape de sus aguas, gritando a sus trabajadores, que lo conocían, que se parasen porque se hundiría su obra. Es fácil pensar que lo mismo pudiera suceder en el pantano de Montearagón y algo han encontrado, que les lleva a robustecer los cimientos y la presa y , además, están escarmentados por lo que está sucediendo en el pantano de Calcón, que también , al parecer pierde agua( ¿será verdad?.
Algo ha tenido que ver Montraragón, en fechas anteriores a la de la construcción de dichos pantanos con los riegos, como dice Don Antonio Durán en la anterior frase, que he citado sobre el concordato entre el Obispo Estaban y el Abad Berenguer, sobre los riegos del Guatizalema y del Alcanadre. “¿Qué  otros poderes han tenido que ver en los riegos de Aragón, quienes han influido en los riegos de Zaragoza y de la pobre Huesca, y como se ha procedido a hacer  lo contrario de lo propuesto en el proyecto de Vadiello?. Son preguntas importantes porque para que una ciudad sea importante, ha de tener agua abundante para su consumo, para su industria, para el turismo y para el riego de la tierra, pero no sólo para la capital, sino para las zonas, cuanto más amplias mejor, que la rodean. Debía de haber riego desde Ayerbe  hasta Almudévar, desde Apiés hasta Sesa y desde Arguis hasta Tardienta, para formar la gran zona de la capital de Huesca. Zaragoza se aprovecha desde el Ebro y su Canal Imperial, de los ríos Aragón y Gallego de Huesca y otros ríos de su provincia, hasta el punto de que algún bromista,  la llama “Zaragón”.En cambio a Huesca que está bajo Montearagón, la llaman “Huesqueta”.
Vadiello se promocionó en 1911 y se hizo un proyecto de riegos de toda su zona de influencia, paro se inauguró en 1973, que ya no podía suministrarse, en ocasiones a su población y se rompieron los proyectos de 1911. Resolvieron el problema temporalmente, pero se quebró el progreso en el Somontano oscense hasta Angüés, con el pequeño pantano de Calcón, que,  para colmo de males, dicen que se va.
Ahora se estaba construyendo el pantano de Montearagón, pero se  pararon sus obras; ¿por qué? , por falta de dineros o por el peligro de que fallasen sus estructuras.
Hemos visto como Montearagón se arreglaba con el Obispo de Huesca y coincidían en los riegos del Gautizalema. Después se ha roto la capacidad creativa de los gobernantes civiles para la zona de Huesca y veremos, si en adelante Siétamo, como cabeza del Arciprestazgo de Montearagón, consigue verse regado.
El 24 de Julio de 1996, dice el Diario del Altoaragón que los “municipios del Pirineo constituyen una asociación para defender sus derechos”. ”Se trata de reivindicar una política específica de Montaña, desde el Pirineo Aragonés, con el apoyo de todas las fuerzas políticas”, para conseguir participar de algún modo de los beneficios que producen sus aguas, en el resto de Aragón. Si los pueblos productores de agua, que casi no pueden regar, se unen para exigir derechos, Huesca y su comarca no aprovecharán los ríos que pasan por su zona, como el Gallego, el Flumen,el Guatizalema y el Alcandre, ni los pantanos ya creados, como Vadiello o los recientemente construidos, como el de Montearagón. Aragón baja del Pirineo y sus aguas de no aprovecharse en sus tierras, se escaparán a otras o al mar, por tanto hay que aprovecharlas. Si porque por la Montaña se ha de abrir el paso desde Europa hasta Africa, y los montañeses verán enriquecidos los Pirineos, con el tráfico desde Europa a España, para abonar los campos y de los alimentos de dicho campos, que se exportarán a Europa. Así lo soñó el aragonés Joaquín Costa.
Cuando veía reponer tejados en la iglesia de Montearagón, me preguntaba si se acabaría también su pantano. No sabe el pueblo lo que pasa con las filtraciones de agua que hacen que se pierda, pero un señor  del pueblo de Fornillos, proclama que el agua de la fuente que mana debajo del pueblo, nunca la acoge el fondo del pantano, porque mientras está bajando, se va filtrando.
Ya se ha colocado el tejado en la iglesia de Montearagón y uno se pregunta ¿se terminará el pantano sin fallos?. El Monasterio y el pantano son vecinos, pero no sé, si se han dado beneficios entre ambos, en los presupuestos.
Ahora no podemos seguir el consejo del escritor Manuel Huerta Marín, que dice: ”Descúbrete ante el Monasterio de Monte-Aragón, recinto de abades sapientes, albergue del saber, sede del Consejo de los Grandes y archivo de las crónicas gloriosas y “fazañas”, pero esperemos que Huesca reaccione con un nuevo pensamiento de sus dirigentes, para que Huesca se riegue y sus comarcas, entre otras las del Guatizalema y sus zona, teniendo como tiene acabado su pantano.    

Vuelos sin motor


Monflorite


Siendo veterinario de Alcalá del Obispo, fui a su Campo de Aviación  de Monflorite y vi aterrizar un velero, que al posarse se tornó, de móvil y gracioso, en torpe; se ladeó y quedó como queda varada una barca en la arena. Me vino a la memoria otro caso de aterrizaje forzoso de un velero, en la finca del Tapiado, cerca de la carretera de Huesca a Tarragona; ocurrió un día en que se celebraban las fiestas de Siétamo. Me recuerda su vuelo el de las águilas reales por su elegancia y por su porte; evoluciona en círculos aéreos sin estela, cual la dejan los ruidosos reactores y me recuerda también el vuelo de los buitres, que pierden su elegancia al pisar el suelo, donde se vuelven torpes.
Después de cumplir con mi obligación de vacunar al perro, el director, que llevaba fama de ser un gran Maestro de Vuelos sin Motor, me invitó a volar en un velero, pero sentí miedo; luego pensé que perdí la ocasión de aproximarme al cielo, a la serena paz que inspiran allá arriba, el éter y abajo las sardas y los sasos del Somontano oscense, donde corren las liebres y se ocultan las perdices y conejos; en medio las brisas amorosas juegan y se recrean mutuamente con aves altaneras; son compañeros en el aire los aviones de madera y lona, sin motor, con los gaviones y otras aves de altura; se acompañan pacíficamente la técnica y la vida y el hombre vuela como un nuevo ICARO sin quemarse las alas y acercándose al cielo.
No he querido volar y me arrepiento de que mi cuerpo no pudiera elevarse como se elevan las ideas perdiendo por un rato la gravedad, que nos atrae al suelo, a la rutina, a caminar por pistas ya trazadas, con curvas, con “stops” y servidumbres crueles.
Que me perdone el maestro que me invitó a subir, porque quisiera, cuando llegue el fin, subir en un velero y que un huracán, que el dios Eolo con su soplo insufle, lo arrebate entre estrellas y sistemas solares, donde la paz se extiende. ¡Así subiría desde Alcalá- Monflorite al cielo!.

miércoles, 24 de julio de 2013

Juan García en la autovía


Juan tiene por nombre y García por apellido y es el jefe de los movimientos de tierra en la autovía, que comunicará a Lérida con  Huesca y desde esta ciudad circularán los vehículos hasta Pamplona. Es andaluz, nacido en Cazorla, capital de aquella Sierra que recorrieron los caballeros y los bandidos andaluces y por la que también corren aguas minerales, que se beben en casi toda España. Ya hace cincuenta y siete años que le iluminó la luz brillante y fuerte de Andalucía. Asistió a la Escuela, pero después hizo el bachillerato laboral. Al acabar dichos estudios, trabajó de botones, pero interino y al perder su colocación, sus ganas de trabajar le hicieron emigrar a Barcelona,  a donde tantos y tantos otros andaluces habían acudido, para obtener, como Juan me dijo, las diarias habichuelas. La Guerra Civil promovió  la movilización de los paisanos de Andalucía hacia Barcelona, porque estaban hartos de esperar el cambio y el progreso industrial y político, pero los dormidos  y los moderados se despertaron después de la Guerra, que con desesperación se lanzaron a buscar las habichuelas. Ahora en Huesca hay muchos descendientes de aquellos andaluces, que se han integrado en su tierra. La señora María vino a Huesca  acompañando a su marido, prisionero de guerra, que trabajó en los tejados del Ayuntamiento, mientras ella cosía y cosía en distintos domicilios oscenses. Hoy están muertos, pero siguen vivos sus nietos. Juan marchó a Barcelona  más tarde, con sus estudios, pero sin trabajo y no podía olvidar aquellos pequeños detalles de su tierra, que luego ha convertido en realidades, que a mí me dejan deslumbrado, cuando contemplo desde una pequeña cueva excavada en la piedra y que ha quedado a una gran altura, el curso de  la  autovía. El padre de Juan era zapatero, allá en Cazorla, pero no sólo creaba nuevos modelos de zapatos, sino que se los arreglaba a aquellas personas, muchos de ellos padres o madres, que llevaban a sus hijos, que tenían algún  defecto en sus pies, para crearles un modelo de zapato, que no les impidiera andar con la elegancia que tienen los andaluces. El era muy curioso y observaba la Naturaleza, no desde la cueva de Lobateras de Siétamo,  que él ha tratado de defender contra la explosión de la dinamita, sino desde el suelo de su propia tierra, donde corrían las hormigas, unas detrás de otras, mientras el resto de componentes de su nido hormiguero, volvían en sentido contrario. Construían sus “cados”  o nidos debajo de la tierra y para ello sacaban a la superficie partículas  de tierra, que colocaban en montoncitos, que pretendían igualar los enormes montones de tierra que, ahora, depositan las palas hidráulicas en los campos próximos a  la autovía en construcción. Un día mató, sin querer, a una lagartija y al día siguiente, preocupado por el dolor de la muerte del reptil, fue a ver su cadáver y quedó admirado al contemplar un esqueleto maravilloso, del que las hormigas habían limpiado su piel,  sus músculos y todas sus vísceras. Las hormigas habían hecho aparecer una de las bellezas ocultas de las lagartijas, igual que las palas hidráulicas rompen las mesetas que separan Velillas de la “Fondura” de Siétamo con su río Guatizalema, sobre el que están levantando un enorme puente;  después vuelven las palas a deshacer otra meseta para comunicar la “Fondura” con el Monte de Ola, antiguamente llamado de Olivito. Las palas mueven la tierra y la cargan sobre los camiones que la llevan   a los montones de tierra o al cauce de la autovía, para elevar algún nivel. Le parece ver en aquellos camiones a los escarabajos peloteros, que allá, en Cazorla, montaban cada uno  sobre una bola de tierra mezclada con materia orgánica, procedente de las hojas desprendidas de los árboles e iban de aquí para allá. Circulaban lentamente, no como los camiones que bajan por cuestas a descargar la tierra, mientras otros suben vacíos para hacer la misma operación. Los escarabajos eran los chóferes de aquellas bolas, antecedentes de los vehículos rodados, como estos camiones, que no ruedan por las laderas en trágicas caídas, aunque, a veces parece que así podía ocurrir, sino que sus ruedas  se agarran a la tierra mientras dan vueltas incansables, para subir y para bajar. Juan García se acuerda de las buenas aguas que corren por la Sierra de Cazorla, pero no sé si habrá pensado algún técnico, en el problema que se crea en la mitad de la finca, que al partirla profundamente, no se sabe por donde se podrá conducir el agua para regar la parte más al sur de dicha finca. No es este el problema de Juan García sino de los elevados Técnicos, que hacen los planos para las obras humanas. No se trata de que las hormigas resuelvan el problema de los riegos, porque ellas se rigen por los instintos.
No se riega la parte sur de la finca, pero las hormigas siguen corriendo sus caminos, unos sobre la tierra y otras por debajo de ella. Los vehículos, como nuevas hormigas, corren por la hondura abierta por las palas mecánicas y con la tierra excavada la llevaban los enormes camiones a lugares apartados. Arriba, a los dos lados del puente, siguen creciendo los cereales, que a pesar de no poder regarlos, van creciendo y cada año, se van segando.