jueves, 8 de enero de 2015

Antonio Baso Andreu y sus amigos Federico García Lorca y Agustín Viñuales


Federico Garcia Lorca.

Hace ya una multitud de años, que conocí a Don Antonio Baso; por eso cuando en épocas festivas de Semana Santa o de Verano,  lo veo aparecer por las calles de Huesca, me lleno de emoción y me entran ganas de escuchar algún pasaje de la historia de Huesca. Es que vive en Madrid y verlo en Huesca, es como si te tocase entrar a escuchar una clase de historia. El conocimiento de ella lo empezó a adquirir hace ya más de noventa años y aunque yo ya soy muy mayor, viví pero no conocí aquellos tiempos de la Monarquía y de la República. Recuerdo que Antonio vivía en el Coso Bajo, muy cerca del Colegio de Santa Rosa, con cuyas monjas tenían una buena relación en su casa. Iba a empezar la Guerra Civil, de la que recuerdo como mi familia y muchos vecinos de Siétamo, nos hicieron huir a Huesca capital. El año de 1936, las monjas, en cuya iglesia estaba enterrada la fundadora del Convento de Santa Rosa, temían que su convento y colegio fueran arrasados, como estaba ocurriendo con otros numerosos lugares religiosos. Temían, no sé si era más por sus propias vidas o más bien por la conservación de los objetos sagrados, que guardaban de la Madre Berride, que  aparte de fundadora del Convento, era pariente de la familia de mi buena madre, y se los entregaron a la vecina familia de Antonio Baso Andreu. Cuando acabó la Guerra Civil se los devolvieron a las monjas. Ahora la Madre Berride está enterrada en la capilla del Nuevo Colegio de Santa Rosa, con la compañía de los objetos sagrados, que he citado.
Cuando nos vemos, nos sentamos en un velador de algún Bar de la calle y yo escucho sus historias, que me causan un gran interés. Al  marchar otra vez a Madrid, yo me pongo a leer algún trabajo  que Antonio ha escrito en la Revista Argensola, del Instituto de Estudios altoaragoneses, como “La iglesia aragonesa y el rito romano” o “La Tauromaquia de Goya”. Pero el último que he leído me ha impresionado y se titula “Agustín Viñuales Pardo y Federico García Lorca”.
Agustín Viñuales Pardo era un oscense y gozaba en Madrid, recibiendo la visita de otros ilustres oscenses,  como Andrés Sánchez Arbós o su hermana Marina, ilustre pedagoga del Magisterio español. El mismo  Antonio Baso  lo iba a visitar, cuando iba a la Gran Capital, desde Huesca, pues  le enviaban algún  recuerdo, sus primas doña Juana y doña Antolina Viñuales. Murió Agustín en 1959, cuando su gran amigo Federico García Lorca, murió sacrificado con los fusiles de la Guerra, el año de 1936. Desde 1936  al año 1959, estuvo añorando la poesía de Federico.
Agustín sacó las oposiciones de Economía Política y hacienda Pública de la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada, a los treinta y siete años de edad. Agustín y Federico, en Granada, no tardaron en conocerse. Igual que las matemáticas hacían crecer el pensamiento en el cerebro de Agustín,  la poesía, la prosas y el teatro hicieron llegar a Federico a  “ser uno de los poetas españoles de todos los tiempos”,  convirtiéndolo  en  “el escritor en lengua castellana de mayor resonancia universal”. El cerebro de Agustín Viñuales Pardo, llegó durante sus horas de enseñanza, a tratar con diferentes estudiantes, como  con Federico García Lorca y con el vecino de Huesca Cirilo Martín Retortillo. Yo conocí a Don Cirilo Martín Retortillo, casado con una Baquer,  amiga de mi familia materna. Era un intelectual del Derecho, pues fue Abogado del Estado, y su hijo Sebastián Martín Retortillo Baquer, compañero mío después de la Guerra Civil en los Salesianos de Huesca.  

Sebastian Martín Retortillo Baquer.

Ibamos a la misma clase y un día lo acompañé desde los Salesianos hasta casa de Retortillo, al lado del Casino Municipal y al volver a mi casa del Coso Alto, me perdí, ya que no sabía volver a ella. Pero, ya de mayor, volví a encontrarlo en Zaragoza en el Colegio Mayor Cerbuna. Un año fuimos  de excursión a la Ganadería de Tabernero,  en Salamanca y allí tuvo la oportunidad de escribir mis cualidades taurinas, que todavía guardo,  en el corral de la Ganadería. Pero Sebastián o “Chano”, como lo llamábamos, era un intelectual, que llegó a ser con el Gobierno de Suarez, Ministro de Hacienda.
“Agustín Viñuales Pardo, era un hombre muy cultivado…sensible a la pura expresión poética”. Y en el año de 1923, Federico ganó  la licenciatura en Derecho, y en el curso anterior recibió el aprobado en Hacienda Pública del profesor Viñuales  y “aunque entre ambos pudiera existir la natural distancia entre el catedrático y el alumno, lo cierto  era que desde hacía tiempo los dos mantenían una cierta inclinación, traducida en un afectuoso respeto hacia el maestro por el más joven y en una admiración de aquel hacia el poeta, alumno suyo, ya consagrado por la fama”. La prueba de esta amistad, la dejó escrita Federico García Lorca, cuando la usó para adornar  el bellísimo poema de ”San Gabriel”, en el “Romancero gitano”, dedicado a Agustín Viñuales Pardo. Esa música que emitía aquel poema, imaginaba la total vida humana, a la que el poeta trataba de conservar viva, ante el peligro de su propia muerte.  “Hasta el año de 1959”, quedó en el constante recuerdo de Agustín Viñuales Pardo. En el poema a San Gabriel, describe el contraste entre la vida del niño gitano y la muerte del mismo,  acompañada por la muerte de Federico y el abandono del oscense, Agustín Viñuales.


 Estas impresiones siento al  leer: ”Un bello niño de junco,/anchos hombros, fino talle,/piel de nocturna manzana,/boca triste y ojos grandes,/nervio de plata caliente,/ronda la desierta calle./Sus zapatos de charol/rompen las dalias del aire,/con los dos ritmos que cantan /breves lutos celestiales./En la ribera del mar/ no hay palma que se le iguale,/ ni emperador coronado /ni lucero caminante”.
  Antonio Baso sigue reflexionando sobre “el poeta que se fue, pero su poesía  hecha un cantar, ha quedado impregnada para siempre en muchos corazones, sirviendo ahora de educación sentimental de todos aquellos pueblos que saben valorar a los grandes genios de la literatura universal”. Esos textos del  poema de Gabriel hicieron profunda huella poética, que mantuvo suave su actividad profesional y lo mantuvo de un temperamento sencillo, respecto a sus promociones de alumnos. Y en aquellos tiempos en que se aproximaba la Guerra, fue moderado en su aspecto político. Su esposa con la que contrajo matrimonio el año de 1933, fue alemana de origen y llamada Graa Rüfenackt. Antonio Baso nos dice que “esta señora, ya viuda, en más de una ocasión nos comentó en su casa, que su esposo fue siempre un técnico dedicado a su profesión,  más que un político”.
Azaña, en cambio fue un “devorador de libros” y en 1897, sufrió una crisis religiosa, que le llevó a abandonar el colegio. No fue una consecuencia de la hostilidad ni del rencor, sino que la religión que había vivido de niño y de joven,  dejó de tener sentido para él, para regir el mundo político. El creyó,  por el año de 1900, que  no se había convertido en un dios, pero debía ser respetada la responsabilidad de las multitudes, cuando las multitudes alzaban la voz amenazando el orden, para reclamar algo, que casi siempre se les debe: la Justicia”. No es extraño que igual que si las multitudes alzaran sus voces, sería para reclamar Justicia, cuando Federico García Lorca recitaba sus versos, que decían:”a la mitad del camino cortó limones redondos, y los fue tirando al agua, hasta que la puso de oro”,  soñaba con liberar de la pobreza a los gitanos. Cuando el pueblo alzaba su voz para pedir Justicia, “era entonces Ministro de Hacienda don Juan Negrín, quien suscribió un decreto reservado sobre la seguridad del oro, obligando al Banco de España  que hiciese entrega de este metal en su poder, para ser depositado en lugar de mayor seguridad. No obstante, el Banco advirtió al Gobierno que la seguridad en sus cajas centrales era patente”. Así llegó el momento en que el oro, lo entregó el Banco de España, para obedecer a los que decían iban a depositarlo en un “lugar de mayor seguridad”. Ese lugar tan seguro fue Moscú, donde el oro español, alcanzó tal seguridad, que yo no se ha visto nunca mas tal tesoro por España. ”Ante tal situación, Flores de Lemus y Viñuales Pardo, como consejeros del Banco de España, sin temor alguno y al amparo de su prestigio profesional, emitieron en forma unilateral juicio contrario a que los agentes gubernamentales sacaran el oro y la plata guardados en las cámaras de la propia entidad bancaria”. A continuación surgieron una serie de amenazas sobre Lemus y sobre Viñuales, de tal manera que Indalecio prieto le dijo : Agustín, lárgate enseguida de España, pues tu vida corre peligro”.
Recuerdo ,como al llegar la Guerra Civil, los ciudadanos entregaron el oro de sus joyas en el Banco de España. Bastantes años después las devolvieron. Algún ciudadano no las aceptó, como José Antonio Llanas Almudévar,gran amigo de Antonio Baso, supongo que por patriotismo y creo que no estarán en Moscú y tal vez se encuentren en Madrid.
 A Azaña se le escapó el pensamiento, como se le había escapado el oro nacional, pues en su lucha contra la CEDA , dijo: Por encina de la Constitución, está la República, y por encima de la República, la Revolución”. A este Presidente de la República Española desde 1930,  (en que yo nací) hasta 1939, “le venía un temblor de emoción en la voz cuando evocaba las atrocidades de los insurgentes y el sacrificio del pueblo”. Llegó la Guerra Civil y en aquella revolución unos mataron  a Calvo Sotelo y otros mataron a Federico García Lorca, muerte “sentida por el mundo entero, desde aquel mismo momento”. ¡Cuantas muertes! trajo la Guerra Civil, dicen que hasta un millón de muertes, que yo, cuando era un niño, contemplé a  muchas de ellas, en el monte de Siétamo, cuando caminaba por él. Y ¡cuántas personas huyeron de sus casas!, como mi propia familia, que escapó a Jaca, a Ansó y se quedó a vivir en Huesca, porque en su pueblo, ya no se podía vivir en aquella casa. El exilio que vivió Agustín Viñuales, dice Antonio Baso “que no dejó  de ser un lamentable error…este mismo respeto y triste recuerdo merecen los muchos españoles desaparecidos en cualquier lugar, durante aquella contienda, para nosotros la más dramática de nuestro siglo”.
El más alto poeta de los gitanos, sin serlo él mismo, es decir Federico García Lorca, nos revela para siempre, la estampa fulgurante y precisa de los gitanos, cuando así se expresa :”Antonio Torres Heredia, / hijo y nieto de camboyos, /con una vara de mimbre/ va a Sevilla a ver los toros./Moreno de verde luna/ anda despacio y garboso/ sus esplendorosos bucles/ le brillan sobre sus ojos/ A la mitad del camino/ cortó limones redondos/ y los fue tirando al agua/ hasta que la puso de oro”.

“Desde entonces hasta ahora, siempre lo he considerado como un auténtico maestro en toda circunstancia humana”.  

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