miércoles, 30 de septiembre de 2015

En busca de la música



Estando acomodado en un Hotel de Comarruga, cuando salía de la habitación para usar  el ascensor, me fijaba,  cada vez que pasaba por delante del mismo, en contemplar apoyadas en la pared e implantadas en un recipiente, diez cañas gigantes. Llamaban la atención por su tamaño y por el brillo de su color negro y brillante. Son vegetales, que tanto en Africa, como en España, son cañas de bambú,  que llaman la atención por su tamaño. Pero en aquella ocasión me enteré de que golpeándolas con los dedos, lanzan sonidos musicales. Yo conocía aquellas cañas musicales, que usaban los indígenas de Africa, unas veces como lanzas,  con  las que se defendían   y cazaban los indígenas de Africa,  pero ignoraba que sus estructuras,  fueran capaces de producir  sonidos musicales.
Pero, un día cualquiera, al salir de la habitación del Hotel, me ha llamado la atención la escena entre una señora, que me daba la espalda,  frente a  las diez cañas de bambú,   a las que siempre había observado silenciosas, pero que ahora hacían sonar desde ellas notas musicales, porque la citada señora, que no me veía por estar de espaldas a mí, estaba golpeando con sus dedos, unas veces  elevados hacia arriba de las cañas y otras que los bajaba en las mismas cañas, que hacían sonar una música africana.
Se dio al fin cuenta de mi observadora presencia y se llevó una inesperada sorpresa.  Admirado de su amor al arte musical, después de saludarla, le pregunté cómo se llamaba y me contesto que Natividad, precioso  nombre, que precede a su noble apellido de Prieto.

Conservatorio  Fracassi , Buenos Aires.

Ese nombre se adapta muy bien a la música, confesándome que,  que en Buenos Aires,  en el “Conservatorio FRACASSI”, fue durante algún tiempo profesora de Música. Su rostro alegre y sus dulces palabras, confirmaban su pasado musical, pues sentía la belleza de los sonidos en aquel adorno  de cañas de bambú, en la escalera del Hotel.
Al confirmarme la naturaleza africana de estas cañas de bambú, que en su vida vegetal aspiran por un lado , a la defensa de las vidas humanas, convertidas  en lanzas  y por otro lado  Natividad  me estaba demostrando,  su capacidad de producir música tañendo esas cañas de bambú.  Recibí una lección,  sobre la armonía entre Natividad, hermosa mujer y las cañas de bambú, que estaban instaladas en el rellano de la escalera de un Hotel, para alegrar la vida de los humanos, de una forma tan espontánea,
Su condición de profesora de música, detuvo  mis pasos en el rellano de la escalera, al contemplar esas cañas de bambú, africanas y se puso espontáneamente,  a dar un concierto musical.  Ella, no sé si era argentina, lo que explica su curiosidad por todos los instrumentos, fundados  en la cañas,  incluso las  africanas, al recordar  los instrumentos musicales, fabricados también con cañas,  que alegran la vida de los sudamericanos. Aquellas ornamentales cañas de bambú, le recordaron aquellas flautas sudamericanas, fabricadas también con cañas que suenan,  por  ejemplo,  en Argentina.
Estaba la señora Natividad, buscando sonidos musicales en aquellas enormes cañas de bambú  y estaba haciendo lo mismo que toda la humanidad ha hecho desde hace ya muchos siglos.  
No sé si aquellas cañas de bambú eran flautas u otros instrumentos musicales. Pero las flautas tienen una antigüedad, la  mayor que se conoce, porque en Alemania queda una flauta  de hueso de unos  43.000 años. Desde entonces se han seguido construyendo  flautas, que en ocasiones eran simplemente silbatos, unas  de  hueso  y  las había de madera, de cerámica y de caña. Dicen que  la estructura más habitual  es un tubo de una sola pieza, cilíndrico  o ligeramente  cónico con embocadura, ventana, con la ranura en la cabeza, con siete orificios para los dedos (el último doble) y otro para el pulgar.  
Nos saludamos la señora Natividad  y  yo mismo y ella marchó a seguir su viaje por el mundo, sin abandonar su placer por la música.
Pero no me abandonó la curiosidad por la música, porque me vino a buscar al Hotel, el Maestro Jubilado Don Manuel Puerto y con nuestras esposas paseando por el pueblo de El Vendrell, nos sentamos en un banco en una pequeña Plaza, presidida por la estatua de Pau  Casals,  que estaba representado sentado en otro banco, haciendo sonar un  violoncello,  que estaba mudo, pero que imponía en los corazones sonidos admirables.
 Había pasado de la música primitiva de las cañas del Hotel a la divina música de Pau Casals. Entonces nos pusimos con Manolo Puerto a dialogar de nuestra experiencia musical. Y me explicaba como en las vallas, usadas en las obras,  había  visto,  en ciertas ocasiones, como ciertos individuos impulsados por la necesidad, que sentían de  escuchar la música, hacían agujeros en los tubos férreos y soplando por uno de ellos, hacían sonar la música. Pero no sólo se acordaba de esos instrumentos musicales rudimentarios, sino que  de niño, en una fiesta, en la que no se podía escuchar música, por falta de instrumentos musicales, un hombre que necesitaba oírla, cogió un embudo normal y se ponía en su boca la parte más estrecha  y soplaba. Con la palma de una de sus manos, regulaba el paso del aire  por su parte más ancha, tapándolo o abriéndolo y aquel soplar y resoplar,  se convertía en alegre música. Me explicó que con unos modernos bastones, en que en la parte de apoyo de los codos, continuada con la parte en que apoyaba la mano,  hacían algún agujero para dar paso al aire y al soplar, sonaba la música. El profesor Manuel Puerto, al hablar de la música producida por las cañas, se acordó de que en el pasado mes de Agosto,en la Plaza de delante del CIBOLIS, donde se encuentra la Escuela de Música del Vendrell, contempló un individuo, que hacía sonar cualquier instrumento, que encontrara. Por ejemplo, cogía un tubo de plástico, que se usaba para instalaciones eléctricas,  le abría unos cortes, para que corriera el aire, soplaba y hacía pasar el aire por el tubo y hacía sonar música.
No sólo en El Vendrell, sino incluso en mi pueblo de Siétamo, al lado de Huesca, los niños hacíamos flautas con cañas, para hacer sonar la música, que si no brotaba armoniosa, la ayudábamos a sonar bien,  lanzándola con nuestra garganta, a través de nuestra boca. 

Allí cerca está la escultura de Pau Casals, que empezó de niño a sonar la música, con un pequeño violín,  que el mismo creó con una pequeña calabaza, que lo ha hecho sentar en el banco musical de El Vendrell. Su música suena por todo el mundo. Pero siento que los visitantes oscenses, no puedan escuchar además del catalán, el castellano y ¿por qué no la fabla aragonesa?. De todas formas,escuchando aquella música casi divina,se entiende todo lo que pasa con las lenguas humanas.

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