domingo, 17 de mayo de 2026

Egeria, peregrina a Palestina, desde el año 381 al 384



La Historia hay que estudiarla para mejorar la situación de países, en los que el hombre y la mujer han de vivir. Pero los hombres, en lugar de prosperar, han buscado sólo sus intereses particulares, religiosos o ideológicos. Esta reflexión me viene al contemplar un mapa con el mar Mediterráneo en su centro, con vías romanas por todas sus costas, por las cuales Egeria noble mujer gallega, inteligente y creyente en Cristo, pudo viajar desde Galicia hasta Mesopotamia, con pequeñísimas dificultades. Esta época de “pax romana” tuvo lugar entre los años 29 a. C. y 180 d. C. Por esas vías romanas, viajó Eteria, desde Galicia hasta Jerusalén. Salió Egeria de Galicia, pasó a las Galias, siguió por Italia, para llegar a Constantinopla el año 381.De esta segunda Capital del Imperio Romano, entonces llamada Bizancio, partió hacia Jerusalén y así como los judíos hacía muchísimos años que habían regresado de Egipto a Palestina, ella visitó el mar Rojo, el Monte Sinaí, Alejandría y Tebas. Más tarde recorrió Antioquía, Edesa, Mesopotamia, el río Eufrates y Siria, de donde volvió a Constantinopla. Llama la atención el contemplar en tiempos tan pristinos, una mujer que utilizase su inteligencia para viajar y escribir el “Itinerarium ad Loca Sancta”, al que hoy llaman “ Viaje de Eteria”. En sus tiempos la doctrina del hijo de Gallaecia, Prisciliano, extendía sus ideas por España, especialmente por la parte Oeste. El año 396, tuvo lugar el Concilio de Toledo, en el que discípulos de Prisciliano abjuraron de sus ideas. Por todos estos motivos se dice por algunos que Egeria era priscilianista, mujer famosa por sus escritos llenos de sabiduría. Es cierto que las doctrinas priscilianistas admitían la igualdad de la mujer, pero Egeria, amante de Cristo, ¿se marcharía a la Tierra Santa para buscar salvarse de los errores a sí misma y a los cristianos?. Pero quedaron vigentes errores priscilianistas, pues en el siglo V, el monje bretón Pelagio, que pertenecía a los priscilianos, anunció el descubrimiento de la tumba de Santiago Apóstol. No cabe la menor duda de que Galicia ha sido un lugar lejano del Oriente, pero cercano a él, por su amor a Cristo y a sus discípulos, como Santiago Apóstol.

Se observa en el ambiente de aquellos viejos tiempos, que Roma era la que estaba cambiando la cultura. Egeria, parece ser que era de antecedentes romanos, porque en diversos documentos se le atribuyen parentescos con nobles del poder de Roma. Desde luego que ella buscaba el progreso de los hombres, pero se ven las dificultades que pusieron las ideas particulares, sectarias y religiosas y las invasiones de los hunos dirigidos por Atila, los ostrogodos de Teodorico, que sembraron el pánico en Constantinopla, entonces Bizancio, para arreglar la Historia del Mediterráneo. Entonces no se exigía al clero la separación con las mujeres y a Egeria se le atribuyeron ideas priscilianistas. Pero ella buscaba la verdad y por eso, tal vez como he dicho, iniciaría su viaje al Oriente Sagrado. En un escrito de Joan Perucho, cuenta que el griego Kosmas, que fue militar del Imperio, combatió los errores de los herejes, estudió derecho y se colocó en la Administración del Estado, llegando a controlar hasta un céntimo en todos los impuestos. En las Galias se encontró con Egeria, y ambos que habían viajado por el desierto de Nitria, en Egipto, conversaron sobre los anacoretas en su camino a Jerusalén”. Dice Perucho que Egeria escribió un libro titulado “Peregrinacio ad sancta loca”. Estos relatos de Perucho aclaran el modo de alojarse en sus largos viajes, en aquellos lugares, donde residían los anacoretas, con los que conversaba. En aquellos tiempos todavía no existían las monjas, pero sí, los y las anacoretas, entre las cuales se encontraría Egeria. Entonces existían los monasterios de los que se conoce poco, pero en ellos y en las casas de postas, se podría albergar Egeria, durante su viaje. No sé si esta extraordinaria mujer, como hizo Kosmas, visitaría cerca de Alepo a San Simeón, que estaba en lo alto de una columna de veinticinco metros.”Cuando Kosmas llegó, una muchedumbre rodeaba la columna del santo. Había griegos, armenios, sirios y negros africanos. Todo el mundo se hallaba postrado rezando”. La Historia se repite, pero con grandes cambios, porque en este mes de Febrero del año 2011, en El Cairo, una gran multitud, también postrada, reza para que Moubarac, señor que ocupa en su columna el poder desde hace unos treinta años, se baje de dicha columna y los deje en paz. A San Simeón, a pesar de las ayudas, entre otras las de Kosmas, no hizo falta echarlo, pues se murió. ¡Cómo cambia la Historia, pues aquella enorme superficie que ocupaba el Imperio Romano, se dividió en cristianos y musulmanes!.

El ambiente de la “Pax Romana”, aunque parece mentira, todavía es recordado en España, por ejemplo en Mendigorría, que se encuentra cerca de Pamplona porque viven el recuerdo de Roma, como escribo en mi artículo “La ciudad romana de Andelos, debajo de Mendigorría”, lo siguiente:”No me extraña que el pueblo de Mendigorría, guarde el recuerdo de Andelos. Cada año por el mes de Junio, saluda al Caesar romano, diciendo ¡Ave Caesar, yo te saludo!.”Se viste una gran parte de la población con túnicas romanas y celebran una cena, en la que lo hacen postrados como hacían los romanos Además preparan luchas entre gladiadores y representan obras de Teatro romano. En un pueblo de Galicia, celebran cada año la llegada de los romanos a la tierra en que nació Egeria. En Huesca y en gran número de poblaciones españolas, en Semana Santa se ven por las calles caballeros e infantes romanos. Llegaron los bárbaros y más tarde los musulmanes y estallaron las Cruzadas y aquella “Pax romana”, desapareció, pero esperemos que de la misma forma que los de Mendigorría se acuerdan de la paz de los romanos, los pueblos del este y del sur del Mediterráneo, olviden el fanatismo religioso y podamos venerar a Egeria en Palestina y en Egipto.

En el siglo VII, los pueblos bárbaros gobernaban en España y San Valerio de Astorga, escribió en una carta el viaje de Egeria. Se conservan en Europa, concretamente en Arezzo y Mario Ferotín, en el año 1903, adjudica a Egeria ser la autora de dicho relato del viaje a Jerusalén. ¡Cómo no se hacen películas y obras teatrales sobre la vida y los viajes de Eteria, pues a pesar de su antigüedad, representan mucho sobre la Historia del mundo!.

Hombres y caballos juntamente



Son protagonistas de la Fiesta Nacional el hombre y el toro principalmente, pero aquella poesía del Romancero nos recuerda:” ¡Ay, cuanto de dolor está presente, al infante valiente, a hombres y caballos juntamente!”. Con este bello recordatorio, “paro cuenta”, como dicen nuestros campesinos de que no sólo en el dolor, sino en la gloria, la belleza, la armonía de la luz con la música, el ballet del infante valiente con el toro y el del caballero-caballo con el astado, están presentes toros y ”hombres y caballos juntamente”.

Y como describe el romance: ”Para lancear un toro

Demanda licencia ufano

Un caballero cristiano”.

Es tan claro el panorama descrito del toro, caballero y caballo, que se puede empezar a recitar también por medio en lugar de por arriba, diciendo:”Demanda licencia ufano para lancear un toro, un caballero cristiano”, o empezar por abajo: ”Un caballero cristiano demanda licencia ufano para lancear un toro” o, ”un caballero cristiano, para lancear un toro, demanda licencia ufano”.

Caballeros a caballo fueron los primeros en torear al toro y ufanos demandaban licencia para lancear a ese toro, como ahora el “infante valiente” alzando la montera demanda licencia al Presidente más o menos ufano, pendiente de que esa montera, al lanzarla sobre la arena, caiga del derecho o del revés. Estamos ante un mito con su ritual que la razón no alcanza a comprender. La diosa Razón con su sumo sacerdote Voltaire no comprenden el sacrificio del toro a la divinidad, pero en el nombre de la divina Razón se cortaban cabezas en la guillotina y en tanto quieren suprimir la Fiesta, se llena Bosnia de fiestas sangrientas en las que el sacrificado es el humilde hombre, alcanzado ahora con ametralladoras.

El toro raptó a Europa y Europa quiere raptar al toro, para seguir sacrificando hombres, cuando el Señor paró la mano armada de Abraham, cuando iba a sacrificar a Isaac. Si el toro es la víctima en este sacrificio, “el hombre y el caballo juntamente” se constituyen en posibles víctimas, con lo que su papel en el rito taurino no sólo no es hipócrita, sino noble. Es menos vistoso el papel del picador con su pobre y pesado caballo a los que trata de proteger el Reglamento Taurino con tantos artificios y arneses. Así como el caballo de silla, como lo es el del rejoneador, va a más, el pesado caballo del picador desaparece poco a poco y al que queda se le vuelve ciego con una placa de plástico, con el pañuelo rojo o con belladona, para evitar peligrosos resabios del animal. Hay que ser comprensivo con picadores y caballos “juntamente”. El “dolor está presente” en tantos toreros alcanzados, en el negro caballo como el azabache del rejoneador Moura, que murió ,hace pocos años en la plaza de Huesca y los pobres toros cuyo sacrificio no siguió el rito del arte, la luz, la música y la estocada certera a la primera.

sábado, 16 de mayo de 2026

Ni morir en paz dejan



En Portugal, ya hace algunos años, no se hacían certificados de defunción a causa de una huelga de médicos. ¡Qué tragedia!. No dejaban vivir ni a los muertos o más bien no dejaban morir a los vivos. El poder de la burocracia se había endiosado, o más bien había endiosado al papel, cuando todos sabían, que esa celulósica lámina, era casi toda empleada para limpiarse las partes pudendas.

No se sabía si los huelguistas querían subir el precio de los certificados de defunción. Si era eso lo que pretendían, el pueblo, que intuía que eso era un sacaperras, transformaría esa intuición en certeza. Se darían cuenta de que la falta del papelico, no volvía a los difuntos a la vida, ya que no hablaban ya que estaban rígidos, fríos, del color del papel del que carecían, y de que luego empezaban a oler. Hace muchos años, una peste asoló Lisboa y murieron muchos de sus habitantes. Entonces no hacía falta, para enterrar a los difuntos, papel acreditativo de la defunción, ni papel moneda porque ésta era de metal. Así como el que no tenía padrinos no se bautizaba, el que no tenía moneda, no era enterrado. Las familias, como no podían tener a sus deudos difuntos en casa, los sacaban a la calle y ponían platillos delante del cadáver. Estos platillos tenían la misión de recoger limosnas, hasta que se alcanzase la suficiente cantidad de dinero para pagar la tarifa del entierro. El que era caritativo iba practicando a destajo la obra de misericordia de enterrar a los muertos. El que no lo era, iba echando dinero para sacudirse los muertos de delante. Alguna vez se daba el extraño caso de que un cadáver oficial, digo oficial porque poseía certificado con su póliza y todo, se levantaba de su ataúd ante el pasmo de las plañideras que lo rodeaban. Algunas tornaban sus llantos en risas, pero otras aumentaban su caudal lacrimoso. Ignoro si algún supuesto cadáver corrió a casa del que le expidió el certificado, para pedirle la devolución de su importe, y para que se hiciera cargo de los inútiles y fúnebres gastos que le había originado.

En antiguas civilizaciones, amantes de la Naturaleza, depositaban los muertos en una meseta a la que acudían los buitres y alimoches y ejercían de policías sanitarios. Aquellos portugueses pobres y rapiñados en vida, tendrían el consuelo de integrarse en aves rapiñadoras, con lo que conseguían una revancha por las múltiples humillaciones sufridas en su vida y en su muerte. Descansen en paz.

viernes, 15 de mayo de 2026

Al este de Huesca








Al Este de Huesca se encuentra Siétamo y al oeste de Pamplona se va ensanchando Zizur Mayor. Existe una gran diferencia entre Huesca y Pamplona, pues ésta es la capital del antiguo Reino de Navarra, que estuvo unido al de Aragón y ahora sigue siéndolo, mientras Huesca quedó estancada en su desarrollo. Cuando Ramiro el Monje permitió que se casase su hija Doña Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona, los navarros dijeron que no querían depender de tan lejanos lugares y siguieron formando el Reino de Navarra. El porvenir del Alto Aragón hubiera sido distinto si hubiera seguido buscándolo con dicho Reino, porque el río que dio nombre a nuestra nación aragonesa, corre por Navarra, como lo hace por Aragón y si aragoneses somos los de tan antiguo Reino, aragoneses son los navarros que viven por las vegas del río Aragón y la presa del pantano de Yesa, que como dice su nombre está en Navarra. En la provincia de Huesca están los pueblos de Navarri y el de Benabarre.

Había una inclinación entre ambas regiones hacia la unidad, pues la diócesis de Jaca estaba unida a la de Pamplona, en tanto que Tudela pertenecía a la diócesis de Tarazona. Pamplona se ha preocupado de comunicarse con sus vecinos, como Francia, Logroño, Vitoria, San Sebastián y Bilbao y si falta el crear la autovía de Lérida a Pamplona, no es por su culpa, pues en Navarra ya se trabaja en su construcción, en tanto que en Huesca todavía se discute si dicha autovía debe aproximarse al campo de aviación de Alcalá –Monflorite o no. Aquí parece que a la gente le importa poco que haya o no haya un campo de aviación, en tanto que en Pamplona, existe ya hace años y en Navarra se aproxima su población a los seiscientos mil habitantes, en tanto que en Huesca ha bajado a doscientos diez mil.

En Navarra hay ideas y solidaridad para llevarlas a cabo. En Navarra no hay problema con el trasvase del Ebro, porque sus habitantes van levantando los pantanos que necesitan y reparten sus aguas con justicia y equilibrio entre aquellas de sus zonas que pueden utilizarlas. Si después sobra agua, que les aproveche a aquellos que puedan alcanzarla, porque siempre dicha agua ha corrido de arriba hacia abajo.

Aquí hemos protestado contra el trasvase, pero entre tanto no hemos creado pantanos ni hemos puesto en riego zonas donde ésta se espera desde hace muchos años, de manera que cuando el trasvase se realice, aquí, ¿qué haremos?. En Siétamo se iba poner en riego su monte y una de las guerras carlistas lo impidió. Aún se canta aquella jota que dice así:”Los señores de Siétamo –pusieron el monte en huerta-y ” pa” la virgen de nunca –pasa el agua por la acequia”. En 1915 se previó hacer el Pantano de Vadiello, con el que estaba previsto regar el término de Siétamo, pero la guerra del 36 impidió su realización. Acabó la guerra y la Dictadura levantó el pantano y se lo entregó a la capital de Huesca. En Siétamo había bastante agua para usos domésticos con la que manaba de su fuente, se empezó a construir y se han paralizado los permisos para construir, hasta que llegue el agua del río Guatizalema. Llevamos unos cinco años con las tuberías instaladas hasta diversos pueblos de debajo de Siétamo, incluido el Campo de Aviación de Monflorite, pero la toma todavía no se ha puesto, con lo que ni el Campo de aviación puede ser ampliado ni se puede construir más en Siétamo. Al ver esta situación y compararla con lo que ocurre en Zizur, que desde el año 1970, cuando tenía mil nueve habitantes, hasta el año dos mil tres que tiene doce mil setecientos siete se explica uno como Huesca no crece, cuando otras provincias, se superdesarrollan. Huesca y Siétamo no crecen tanto, pero pueden hacerlo.

jueves, 14 de mayo de 2026

Arba de Luesia






Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a Longás y desde este pueblo, siguiendo el río Onsella, se llega a la navarra Sangüesa. A uno le quedan ganas de ir por ese camino, pero el miedo a los caminos desconocidos, te hace seguir adelante, para pasar por el puente sobre el río Aragón y tomar la carretera que por la Canal de Verdún te lleva por la cara norte del Pantano de Yesa, cuya presa ya se encuentra en Navarra. Por la cara sur se divisa la Sierra de Santo Domingo, desde la que se domina el camino del río Onsella, por el que había renunciado a pasar. En la Sierra de Santo Domingo nace el dicho río Onsella, que va a desembocar en el río Aragón, en Sangüesa(Navarra) y en la parte Sur brotan tres ríos Arba, palabra vasca relacionada con el nombre de Arbaniés a dieciséis kilómetros de Huesca. El nombre de Arbaniés también está relacionado con el del pueblo navarro de Arbuniés. En Luesia nace uno de los ríos Arba y corre hasta Biota, donde entra en la llanura de Cinco Villas, alimenta el pantano de San Bartolomé, en Egea recibe las aguas del Arba de Biel, desembocando cerca de Tauste en el río Ebro. Es hoy el centenario de un vecino de Siétamo, con origen en el desaparecido pueblo de Salinas de Jaca el Viejo, Sebastián Grasa Estallo, el que me contó estas cosas sobre los ríos Arba, de los que he nombrado dos, a saber el de Luesia y el de Biel, pero también me nombró un tercero, llamado río Arba de Uncastillo. Salinas de Jaca Viejo ya no existe desde los años cincuenta del pasado siglo XX, pues fue abandonado por los corrimientos de tierra que se daban con cierta frecuencia. Con su desaparición se borraron muchos siglos de la Historia de Aragón, pues de sus salinas se abasteció el Monasterio de San Juan de la Peña y tomó parte en las distintas etapas históricas, junto con los pueblos vecinos de Zaragoza y con Sangüesa de Navarra. Ahora están comunicados los pueblos viejo y el nuevo por un camino de herradura. Sebastián Grasa, vivió muchos años en Salinas el Viejo y como ganadero recorría territorios lejanos, como los de Almudévar y por tanto mejor conocía a los habitantes de Longás y de Luesia, entre otros, que eran vecinos de Salinas. En las Fiestas de Luesia, en la provincia de Zaragoza, pero en la misma comarca de la Sierra de Santo Domingo, que su propio pueblo, conoció a cuatro labradores, que formaban una peña de amigos. Los llamaban Chapalangarra a uno de ellos, Cometocino, a otro, Campanudo al tercero y El Pistolas al último. El Chapalangarra uno de los días festivos se fue a dar una vuelta por el monte, que se encontraba a unas tres o cuatro horas del pueblo y rodeado de un hermoso bosque en el que proliferaban las carrascas, los pinos y los “fayos” o hayas, pero llegó una furiosa tormenta, teniendo él que meterse en una caseta o borda. Cuando pasó la lluvia quiso salir, pero no pudo, porque todo el monte estaba inundado por el agua. Las gentes del pueblo fueron a buscarlo por la noche, mientras él escalaba por las rocas y peñas y saltaba sobre las paredes, que estaban llenas de zarzas. A última hora lo pudieron rescatar y montándolo en una mula, lo llevaron a Luesia muy apurado y herido. El río que tenía que recoger las aguas de la tormenta era el Arba de Luesia, dando lugar al agua de los barrancos, pasa por Luna y por todas la Cinco Villas, pero aquella tormenta arrancó un enorme pino, que se cruzó en una zona estrecha y no dejó pasar a otros que estaban talados y la retención del agua impidió que se arrancaran otros pinos, e impidió que Chapalangarra volviera a Luesia. Este aragonés con sus otros tres amigos tenían cada uno una finca en una Val, a la que llamaban Monte Ciberana, lleno de árboles como me ha dicho anteriormente. Cada uno tenía una caseta o borda, porque sobre todo en épocas de siembra o de cosecha tenían necesidad de permanecer allí. Vivían felices porque eran respetados en el pueblo y cuando estaban en el monte, además de labradores eran amigos y para obtener las proteínas que necesitaban para su alimentación, eran cazadores. Cada uno guardaba en su borda un botico de vino, del que se echaban buenos tragos cuando se juntaban. En una palabra, que estaban siempre contentos porque bebían, cantaban y bromeaban. Dice Sebastián que algunas veces se oían gritos a distancia, cuando se veían y decía el Cometocinos :¡Oye Pistolas!, ¿has traído el cepo? y este le contestaba :¡Campanudo y tú ¿lo has traído? ; al poco rato ya estaban juntos y marchaban a cazar. Necesitaban los cepos porque siempre que podían, iban a cazar y parece ser que no distinguían entre las distintas especies, porque no distinguían la calidad de la carne, por ejemplo del conejo con la de la raposa o “rabosa”; cazaban lo mismo este animal que el tejón. La causa de tal comportamiento habría que buscarla en las grandes caminatas que tenían que hacer para llegar al monte Ciberana y necesitarían proteinas cárnicas para dedicarse a la caza. Además como disponían de vino en sus bordas, al beberlo todas las carnes se volverían agradables a su paladar. Toda la tierra cultivable estaba rodeada de alturas, llenas de pinos y de matas de baja altura, como “buchos” o bojes, que a pesar de su calificación de “baja altura”, muchos alcanzaban dos o tres metros. Estaba el campo Fenero, que abundaba en yerba y más tarde en heno, ya que su dueño Don Telmo Lacasa, no lo cultivaba y nacía en medio de él una fuente, que no desviaba sus aguas hacia el Arba ,sino que discurrían hacia la pardina de Nofuentes, también de su propiedad, en la que disponía de tres casas. Este campo de Fenero era disputado por los vecinos de Biel, de la provincia de Zaragoza a Don Telmo, que estaba en Madrid por ser el presidente de los Ferrocarriles Españoles. Junto a la pardina de Nofuentes está la finca denominada La Ferrera, que pertenece a un salinero ilustre y que la tiene toda habitada por animales. Es de comprender que en aquellos lugares proliferaban multitud de buitres y de águilas y dice Sebastián el centenario, que un águila anidaba con su pareja allá arriba en la Peña de Santo Domingo y era por todos creído que tendría unos cien años. Todo el mundo la respetaba y la admiraban cuando la veían cazar. A propósito de ver cazar a las águilas, contaba Sebastián, que en Salinas vieron él y el practicante Señor Morlans, antecesor de los tan conocidos en Huesca, a un águila capturar a un cordero y elevarlo a las alturas, pero que no pudo con él y se le cayó, con lo que pudieron comer cordero. Pero un día los cuatro cazadores de Luesia perdieron su sentido común, quizá por estar medio bebidos, decidieron ir a cazarla. Subieron uno de los citados cepos, lo ataron a uno de ellos y con una soga, los otros tres compañeros, lo subieron cerca del nido; allí lo plantó y allí cayó el águila. Cazaron al águila, pero la naturaleza les dio una lección, que les hizo pensar en el mal que habían cometido ya que al cocerla tuvieron que estar dieciséis días atizando el fuego.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Muy cerca de Huesca, estaba George Orwell




Muchas veces son las que bajo a las casas que mi abuelo construyó, una para el médico y otra para el mariscal, como pone en un antiguo recibo de contribución y al lado de ellas está el huerto, donde hoy recojo judías y pepinos y donde el año mil novecientos treinta y seis construyeron los miembros del Ejército Gubernamental, un hospital en el mismo frente, como el que habían levantado, por ejemplo, en Monflorite.
El de Siétamo consistía en un barracón amplio, construido muy deprisa con madera. El él metían en la Guerra Civil del año mil novecientos treinta y seis a los heridos, pues a los muertos los enterraban o abandonaban en el mismo lugar que una bala enemiga les había alcanzado o aquella otra que los mismos que se hacían la guerra, se entretenían en dispararla para fusilarse mutuamente.
Uno de los múltiples heridos que al Hospital llevaron y de cuyos nombres ya no queda ni un recuerdo, fue George Orwell, nombre famoso en la Literatura Universal, pero que en realidad se llamaba Eric Blair, como se firmaba en muchas cartas que dirigía a sus amigos. Pero el nombre de Orwell, el que pasó a convertir su identidad en la de un clásico, es conocido en todo el mundo y se le nombra constantemente, y quizá con una frecuencia, tal vez, sólo superada por Cervantes y por Shakespeare.
Varias veces me han preguntado sobre dicho hospital pero sin embargo el recuerdo de Orwell ha aumentado en esto últimos años y fueron dos simpáticas señoritas inglesas, que llegaron a Siétamo las que me preguntaron que donde estaba el lugar donde lo hospitalizaron. Yo se lo enseñé y les hice ver en un extremo, donde se encontraba el barracón, el pequeño pedazo de suelo de cemento que se quedó sin eliminar para volver a cultivar el huerto, cuando acabó la Guerra. Hace poco tiempo que otros extranjeros también llegaron a Siétamo y preguntaron por el hospital, pero al no estar yo, parece que no fueron capaces de darles explicaciones. Últimamente, en esta fecha de dos mil cuatro, en que se cumple el centésimo aniversario del nacimiento en mil novecientos tres, de Orwell, me dijo un sietamense llamado Angel Puyuelo, que a su padre lo habían atendido en el citado hospital. Hace ya muchos años estaba Salvador Puy Carilla, sentado en el portal de su casa y acompañado por Miguel Arnal y se acercaron tres parejas y les preguntaron si eran de Siétamo, respondiéndoles ellos que sí; comenzaron una conversación en la que Salvador les dijo que en cierta ocasión estaba un tanque en la puerta de la iglesia y de repente recibió unos tiros de fusil en su motor y el que parecía ser el más importante de las tres parejas, se rió y entonces les dijo:”Yo estuve de Director de los Cirujanos de sangre en el Hospital de Guerra”. ¡ Qué lástima no saber el nombre del médico, para preguntarle por Orwell y por todos los heridos y muertos que por allí pasaron!.
¡Dios mío, qué contraste entre Orwell y todo el pueblo de Siétamo, del que ardieron desde el Castillo-Palacio donde nació el Conde de Aranda y la iglesia hasta las modestas casas de tantas familias, como las de la señora Juana y la de los Puyuelo!.Orwell fue herido a las cinco de la mañana del día veinte de mayo de mil novecientos treinta y siete en Monflorite, muy cerca de Huesca y lo internaron en Siétamo y en una carta a Rayner Heppenstall, en treinta y uno de Julio de mil novecientos treinta y siete, él mismo describe que :”Mi herida no fue gran cosa pero es un milagro que no me costara la vida. La bala me cruzó limpiamente el cuello y falló lo que se proponía encontrar excepto una cuerda vocal, o más bien el nervio del que depende, que está paralizado…Me alegro bastante pues creo que esto nos pasará a todos en un futuro próximo, de que una bala me haya herido…Lo que he visto en España no me ha hecho un cínico, pero me hace pensar que el futuro es muy tétrico”. Fue trasladado a Barcelona y allí consiguió escapar de la condena de Stalin al POUM, pero ,¿se daba cuenta de que muchos sietamenses forasteros y extranjeros no se podrían alegrar nunca ,como él, de su curación de los balazos producidos por la guerra, ya que fueron eliminados por los fusilamientos?. El futuro ciertamente era tétrico, pero peor lo fue en Siétamo, cuando se podían encontrar por todas partes las tumbas, los cadáveres y los cementerios.
Lo llevaron después a Barbastro del que escribe:”Aunque quedaba muy lejos del frente, ofrecía un aspecto desolado y maltrecho. Enjambres de milicianos con andrajosos uniformes vagaban por las calles”. De allí fue su compañía “enviada en camión a Siétamo…Siétamo había sido atacado tres veces antes de que los anarquistas lo conquistaran por fin de Octubre, una buena parte de la población había sido destruida por las bombas y la mayoría de las casas mostraban huellas de fusil. Nos encontrábamos a unos quinientos metros por encima del nivel del mar. El frío era intensísimo y había densas nieblas que se arremolinaban como saliendo de la nada”. Vemos como el mismo Orwell describe las desgracias de Siétamo, a donde fue enviado con sus compañeros militares en camión y yo no creo que se diera cuenta del asesinato del “Padre Jesús”, porque él era humano y no le gustaba matar a nadie, como narra cuando una noche en Huesca, a unos ochenta metros de él vio pasar a un enemigo agarrándose los pantalones que parecía se le estaban cayendo, y esa situación le hizo recordar que se trataba de un hombre y no quiso dispararle.
No sé si se enteraría del asesinato a tiros del “Padre Jesús”, al que yo llamo así, porque nadie sabe su nombre y así lo bauticé porque hay que buscar un nombre a un fraile, que fue un modelo de cristiano en aquellos días de agosto del año mil novecientos treinta y seis, cuando Eric Blair se buscó el nombre y el apellido de Georges Orwell, sin necesitarlo, pues hubiera sido famoso mundialmente con cualquiera de los dos. No sé si se vieron, pero “el fotógrafo Juan Guzmán bajaba por la carretera y preguntó que quien era ese que llevaban” y le contestaron:”Un cura que hemos capturado”. Le dijeron al cura:”Grita ¡Viva la República!, a lo que él respondió con grandes voces: ”¡Viva Cristo Rey!”. “Por tres veces se repitieron los gritos, hasta que al fin lo llevamos a un lado y lo fusilamos, cuando tenía tan sólo veintisiete años. Los milicianos pertenecían a dieciséis agrupaciones como por ejemplo el POUM,que despreciaban la disciplina militar, pero por lo visto no respetaban la vida de un ser humano que no pertenecía a ninguna de las dieciséis agrupaciones que querían entrar en Siétamo. El mismo Orwell se dio de baja del POUM y se escapó de la Guerra Civil para evitar que su vida fuera eliminada por Stalin, como había sido la del “Padre Jesús”.
Escribió Orwell. “Muchas veces tengo la impresión de que el mismo concepto de verdad objetiva va desapareciendo del mundo”… ,”¿para qué luchan los obreros?; sencillamente por lograr una vida decente ”.Pero Orwell no encuentra apoyos al obrero, pues afirma “ que la política exterior de Stalin, en vez de diabólicamente lista como se pretende,ha sido sólo oportunista y necia”, pero añade que “uno de los problemas más difíciles de nuestros tiempos es saber si la clase dirigente británica es malvada” porque “la clase dirigente británica hizo cuanto pudo para entregar España a Franco y a los nazis”. “A mediados de febrero (1937) salimos del Monte Oscuro y nos mandaron, junto con todas las tropas del POUM a incorporarnos al ejército que asediaba a Huesca”. En aquellos ambientes no es raro que tuviera la cabeza llena de pensamientos y problemas, pero “ a cuatro kilómetros de nuestras nuevas trincheras, Huesca brillaba, pequeña y clara, como una ciudad de casa de muñecas. Meses atrás cuando se tomó Siétamo, el general que mandaba las tropas del Gobierno, dijo alegremente: mañana tomaremos café en Huesca. No tardó en demostrarse que se equivocaba. Había habido sangrientos ataques pero la ciudad no caía, y mañana tomaremos café en Huesca se había convertido en una broma. Pero la ciudad de Huesca le había aliviado a Orwell el malestar producido en los Monegros por el Monte Oscuro, porque escribió:”Si alguna vez vuelvo a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca. Muchos oscenses aún lo esperamos, pero así como muchos mueren en la guerra, Orwell murió en la Paz.

martes, 12 de mayo de 2026

El paso del tiempo por la Fuente del Ángel




El día ocho de enero de 2010 me encontré a mi amigo Manuel Bescós Royán, en el parque, debajo de donde antes manaba la Fuente del Ángel. Hemos conversado de aquellas veces en que también nos encontrábamos caminando por el camino que comunicaba aquella fuente con Huesca y a ésta con otros que conducían, uno a Obras Públicas, otro a la Torre de Casaus y a la Torre de Bescós, donde vivía Manolo con sus padres y con sus numerosos hermanos, pues eran unos diez. Todos eran rubios o "royencos", palabra aragonesa equivalente a la castellana. Su madre tenía el apellido occitano de Royán, que se derriba del color rubiáceo de su familia. El padre de los hermanos Bescós, tenía la misma procedencia que María Cruz Bescós, escritora de una gran cultura e hija de Silvio Kosty, realmente llamado Manuel Bescós Almudévar, pues su padre ingeniero nacido en Santa Cilia de Panzano, se casó con una Almudévar, hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, de Siétamo. Manuel Bescós estaba poco informado del origen de su apellido, ya que su padre era huérfano desde los seis o siete años de su edad y fue la misma María Cruz Bescós la que le informó de que ella era su tía y le prometió que le daría el hermoso hogar de mármol, con cuyas brasas calentaba el piso. Murió, pero no le dio nada, lo llevó en alguna ocasión a tomar un café a su casa, frente a esos enormes árboles plataneros, que todavía se elevan hacia arriba, por la protesta que levantó María Cruz Bescós, cuando el Ayuntamiento los iba a talar. A mí tampoco me dio nada, pero José Enrique Palacio de Pertusa, acordándose de mi parentesco con la autora me entregó un libro de María Cruz, que le habían dado, cuando su autora murió. Cuando salías de Barrio Nuevo, por el Instituto de Higiene, ya se había acabado la ciudad, pues todo eran campos y por encima del Parque, siguiendo un camino llegabas a una depresión del terreno, donde se encontraba la Fuente del Ángel. Allí, durante la Guerra Civil, acudí yo alguna vez, acompañado por una familia que vivía frente a las Capuchinas, a buscar agua para beber, porque el suministro, estaba cortado. Cuando iba yo a ver a mis tíos a la Torre de Casaus, una vez pasada la vía del ferrocarril, a veces me encontraba con Manolo que iba a la ciudad, desde la Torre de Bescós, donde vivía. En esas caminatas, nos dábamos cuenta de que se iban construyendo nuevos edificios, como por ejemplo el de la Seguridad Social, donde en cierta ocasión, dijeron que habían encontrado una mina de mercurio. Parece ser que se trataba de algún aparato, quizá algún termómetro romano, que se rompió y allí quedó el mercurio. Pero no sólo quedaron restos romanos, sino que un peón, al que yo conocí, encontró muchas monedas medievales, que me parece recordar que eran de los moros. Estuvo el pobre hombre en la cárcel, pero al fin le pagaron alguna cantidad, que le correspondía por haber encontrado tal tesoro. Manolo después de más de cincuenta años, me recordó lo del mercurio y yo le recordé lo de las monedas. Manolo es pariente de Casa Claraco, cuyo dueño labrador oscense es un gran devoto de la Virgen de Jara, a la que dejó un campo para acoger a los oscenses cuando van de romería. ¡Cuántos años sin hablar de Huesca y qué alegría nos ha producido, la conversación de hoy! ¡Qué gran oscense de casta, el Manolo Bescós!

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