miércoles, 2 de abril de 2025

Juan Pablo II, transmite la fe.-

En el vigesimo aniversario de su fallecimiento (2 de abril de 2005)

 


Cuando en sus numerosos viajes, el Papa Juan Pablo II, además de celebrar ritos eclesiales, tiene que leer algún discurso, se encuentra con dificultades, que le obligan a sacrificarse, e incluso en ocasiones tiene  la necesidad de que lo acabe de pronunciar alguno de los cardenales u obispos que le acompañan.

Esta situación hace pensar a algunos hombres, que “ignoran la verdad del Evangelio”, que el Papa debía retirarse, porque pronto se quedará mudo y no será,  por tanto útil en la enseñanza de la Fe Cristiana. Pero lo que pasa es que dichos señores, hombres de poca fe, no se dan cuenta de que Juan Pablo II es un auténtico santo y no se dan tampoco cuenta de que los inútiles son ellos, por la ignorancia que manifiestan del Poder del Señor y de los favores que envía al Santo Padre; y por medio de esa ignorancia alimentan el gran deterioro mental de sus cerebros, tratando de transmitirlo a las cabezas de los fieles. Y eso es debido a que no comparan el amor a Dios que tiene el Papa y no sólo a El, sino también a sus hijos, con el escaso aprecio que ellos tienen por los hombres, que ya sean cristianos o pertenezcan a otras religiones, en las que se dedican a buscar la verdadera fe, una fe como la de Cristo, que nos hace iguales a todos los humanos.

El Papa, por su avanzada edad, se unirá al Señor  el día que Este lo ordene, pero mientras tanto, él pedirá como Cristo, cuando estaba pendiente de la Cruz y exclamaba”: ¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?.

Pero el Señor no abandonará al Santo Padre, como no abandonó a Cristo al que ayudó a pasar los tormentos de la Pasión, porque su actitud hará que se disuelva la aparente fortaleza de la arcilla, de que están compuestos los espíritus de sus enemigos, porque el Señor aprecia la fortaleza de la Fe de su Santidad, que no sólo la pone en práctica, sino que además la transmite a los fieles, con sólo su presencia, aunque esté callado, como Cristo cuando era interrogado por Poncio Pilatos.

Dicen que el Santo Padre quedará mudo y leyendo la pasión de Nuestro Señor Jesucristo, según San Juan (18 y 19), observa uno que “Cuando Pilatos oyó esta acusación, se llenó de más temor y volviendo a entrar en el pretorio, dijo a Jesús: ¿de dónde eres tú?. Mas Jesús no le respondió palabra. Por lo que Pilatos le dice:¿a mí no me hablas?”.

“Desde aquel punto Pilato buscaba como liberarle”.

Como vemos, hasta Pilatos quedó conmovido ante  la mudez de Cristo y de allí podemos deducir que también se conmoverán aquellos que dicen que Juan Pablo II, perderá la palabra.

De Carcastillo a Huesca por Alera,Sadaba y Egea

Alera (Zaragoza)

A setenta kilómetros de Pamplona se encuentra el pueblo de Carcastillo. Parece que por él pasa una ruta románica, que se ve y se vive en el Monasterio de la Oliva, del siglo XII. En esa ruta románica se va hasta la iglesia de Santiago de Agüero en la provincia de Huesca. Parece ser que esos edificios tenían influencia francesa que ha permanecido toda la vida de Navarra y Aragón. Por esta ruta que pasa por Carcastillo para llegar a Egea de los Caballeros, ciudad que rige las Cinco Villas, llama la atención la Virgen de la Oliva del Monasterio de Carcastillo, que fue también venerada en Egea y donde se quedó  su imagen. Por arriba se encuentra la antigua capital de Cinco Villas, Sos del Rey Católico, por la que bajaban los bearneses a conquistar Almudévar, Zaragoza y más tarde Valencia. Desde la carretera que desde Carcastillo conduce a Sadaba, a la derecha se ven las Bárdenas de Navarra y de Aragón, a cuyo lado se encuentran dos pueblos de Colonización, uno el navarro Figarol y otro el aragonés Alera. Están distantes uno de otro  unos cinco kilómetros, unidos por una carretera-camino. Desde Sadaba, con su sinagoga, su convento y su elevado castillo, sobre un tozal de roca, hay   siete kilómetros hasta Alera. Se encuentran esas obras en la ruta románica, que empieza en Carcastillo y pasa por Santiago de Agüero. Tiene Alera unos doscientos habitantes y se va a cumplir el cincuenta aniversario de su creación. Se inauguró en 1965.Sus habitantes proceden en buen número de las Cinco Villas, por ejemplo el padre de Javier Torralba, había nacido en Castilliscar y murió a los noventa y dos años de edad. Están Figarol y Alera a la vista muy próxima de las Bardenas y Navarra cobra del Estado, por usarse dicha comarca para ejercicios militares, y Aragón no cobra nada. Cerca de Alera se encuentran los Bañales, manantiales de aguas calientes, en los que se bañaba la gente, igual que ahora lo hacen en los balnearios. Estos baños antiguos se encuentran en el pueblo de Layana, donde nació la esposa de Javier. No hay iglesias antiguas ni ermitas en Alera, pero todos los años el día veinticuatro de Abril suben en Romería a visitar a la Virgen de Layana. Por aquellas tierras aragonesas, cerca de Alera, se encuentra un monte donde se crían vacas bravas, cuyos novillos los llevan a las fiestas de los pueblos, para divertir a la juventud. ¡Qué tierras tan parecidas son aquellas que unen a Navarra y a Aragón!. Para las fiestas de Carcastillo desvían la circulación que va a Sadaba, porque las calles del pueblo, están destinadas a correr con los novillos y vaquillas bravas. ¡Qué lástima que Navarra se aparte de Aragón, porque la carretera que corre por Aragón es estupenda, pero la parte navarra, está como despreciada, pues parece  que la industria navarra puede  perder actividad, comunicada con una tierra tan igual como las Cinco Villas. Antes se podía circular en Navarra a noventa kilómetros y ahora a setenta. El Castillo de Sadaba  fue reformado por Alfonso el Batallador, enterrado en la iglesia románica de San Pedro el Viejo de Huesca y fue el que conquistó Tudela. Fue Sancho VII de Navarra el que reformó dicho Castillo en 1223.Se encuentra Sadaba a noventa kilómetros de Zaragoza y a una distancia parecida de Pamplona. Fue Sadaba una población, que perteneció al mismo Reino Cristiano y cuando se separó, perteneció a Navarra, pero por la solicitud de sus habitantes, se entregó a Aragón el año de 1261. En 1283, atacaron esta población los soldados navarros y los franceses. Pero parece que Navarra siempre ha mirado a Sadaba como suya, porque en 1425, tuvo ataques de los navarros. Yendo a Pamplona veo como todavía dura un distanciamiento con Aragón, porque me llamaba la atención aquel abandono de la carretera en su parte navarra. Le pregunto a Javier Torralba, vecino de Alera y me dice que Alera y Sadaba son de Aragón.

lunes, 31 de marzo de 2025

Arellano y su villa romana














Subiendo desde Logroño a Pamplona por la autovía del Camino de Santiago, se da uno cuenta como debajo de Estella se encuentra la Villa romana de Arellano. Conocer este pueblo, que se ha convertido en un auténtico museo de la vida romana, entre otras muchas cosas sirve para evitar la facilidad de equivocarse con otros muchos Arellanos en España y en América. Es que la Historia de Navarra se extiende desde los primitivos vasco-ibéricos, pasando por la cultura de los romanos, y alcanzando ese nombre multitud de actividades, unas intelectuales, otras creativas y comerciales, en España y en América. Pero a mí lo que más me llamó la atención durante mi estancia en Arellano, fue que Roma cultivó el vino y lo elaboró y consumió en una bodega, en la que se mezclaron las actividades del culto al vino divino y humano. Si, allí se practicaba el culto a los dioses, unos los “lares” protectores de la casa y de la familia, otros los “penates” que protegían la conservación de los alimentos y por último los “manes”, que recordaban y hacían respetar a los antepasados. En cuanto al valor humano de esa bodega, se ha sacado la conclusión de que podría contener unos cincuenta mil litros. Apoyada en sus muros se ha encontrado un ara o altar de piedra donde se celebraban ceremonias religiosas paganas a los diosecillos, que acabo de nombrar. Se encuentra el pueblo de Arellano, en la Merindad de Estella, a unos sesenta kilómetros de Pamplona y ese nombre se deriva del romano Valerio o Valeriano, en que –ano significa propiedad y Valerius es el nombre del propietario. A unos seis kilómetros de Arellano se encuentra la Villa Romana de las Musas, hoy convertida en Museo en que se muestran las características históricas y costumbristas de Navarra en los siglos primero al quinto. Allí se pueden ver los antecedentes de Navarra, con una población vasco-ibérica, progresando por la civilización romana, pero que ha sabido mantener su personalidad conservando la lengua vasca y siguiendo el progreso industrial y agrario de sus tierras. En la ciudad de Andión, cuyo nombre dicen que es equivalente al de Andelos y que se encuentra en el término de Mendigorría, en el siglo primero antes de Cristo, se han descubierto restos de casas decoradas con parámetros de “opus signarium” y uno de ellos dicen que está escrito en el alfabeto ibérico. En Arellano procuraron los romanos tener el agua, para lo que excavaron en la roca una cisterna de unos ciento cincuenta metros cúbicos, reforzándola con una capa de argamasa. Pero esa agua no tuvo como único fin el suministro de líquido para beber, pues crearon, como he dicho una bodega, en que se mezclaron las actividades de la conservación del vino y las dedicadas al culto religioso. ¡Cómo aquellos romanos de religión pagana, intuían en el vino una unión con la otra vida, que conservarían los cristianos con el vino, bebido como la sangre de Cristo!. En el Museo de Pamplona se puede contemplar el mosaico de las Musas, con nueve compartimentos, en cada uno de los cuales, está representada una musa, acompañada por su maestro. Es una representación de la intelectualidad, que Navarra ha seguido. Pero Navarra, que ha sido la capital de la tauromaquia en el Norte de España, tiene aquí en Arellano un “Taurobolio”. De él queda una estructura de sillares de piedra y en sus dos extremos se encuentran dos aras o altares, en las que están gravadas dos cabezas de toro. En este templo se sacrificaba un toro y su sangre caía sobre un individuo como si estuviese recibiendo un bautismo de sangre; salía y se encontraba como un hombre nuevo. Estaba España en aquellos tiempos poblada por multitud de especies animales, pero las dos más importantes eran el caballo y el toro. El hombre quiso ganarse la amistad de ambos, pero no pudo ganarse más que la del caballo y todavía en Navarra, en la ciudad de Estella triunfa con sus caballos, Pablo Hermoso de Mendoza, que unido a sus caballos, representa imágenes artísticas. Pero el toro no pudo unirse al hombre, que tuvo que torearlo. Todavía quedan en Navarra dos razas de toros bravos, que son una la del karri-kirri y otra la Betizu, en peligro de extinción. Hace poco tiempo una vaca de esta raza, mató en un pueblo de Navarra a un campesino. Estas vacas de raza Betizu, pacen en libertad por las Sierras de Arteaga y de Sastoia, debajo del Pirineo. Del mismo origen pirenaico procedían el ganado bravo de otras regiones cercanas a Navarra, como la Rioja y Aragón. En las Cinco Villas de Aragón, había animales mezclados con el karri-kirri, que los castraban en los pueblos y los usaban como bueyes para labrar. En la creación en Egea de la “Casta bravo-aragonesa”, Bentura bajó del pueblo de Longás en la Sierra de Santo Domingo, los animales bravos que allí vivían. Pero si han conseguido o no los navarros bautizarse con sangre taurina, han estado a punto de bautizar a los toros en los famosos Encierros, con sangre humana. Este Taurobolio, con las dos cabezas de toro representadas en sus aras, es un símbolo de la hermandad, no lograda pero vivida por los navarros y los toros, que como todos los iberos trataron de hacer amistad con ellos. Pero no sólo tiene la villa de Arellano un pasado, sino que ofrece un porvenir en el futuro, pues los romanos establecían industrias por toda Navarra, como ahora hacen los navarros, que además de repartir el agua por todas las merindades, favorecen no sólo la industria sino también la agricultura y el turismo. Allí me entraron ganas de utilizar con la imaginación, el catavinos romano que está en uno de los numerosos mosaicos romanos, como los que aparecieron en el salón principal de 90 metros cuadrados, destinado a celebrar banquetes, pero no por beber sino por celebrar el cumplimiento de las profecías romanas, que se van cumpliendo.El salón principal tenía su suelo revestido de mosaico y en su parte circular se colocaban recostados los comensales. En el suelo se representan escenas de la mitología romana, como los esponsales de Attis, la despedida de Adonis cuando se marchaba a una cacería, en la que encontró la muerte. Destaca la imagen de Cibeles, matrona sentada en un trono. Pero el artista que creó esas imágenes, se acordó de dos animales amigos del hombre, a saber del caballo y de un perro, que tal vez participara en la cacería en que murió Cibeles.


domingo, 30 de marzo de 2025

La materia y el espíritu



Contemplando la Sierra, que nos guarda del frío que viene del Norte, me doy cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino el espíritu, que, muchas veces, desconocemos y despreciamos. Pero la noche del día dieciséis del mes de Enero del año pasado, en este Restaurante “El Faro de Sepes, se celebró la “Fiesta del tocino solidario”, conjuntamente, por los Hermanos de la Cruz Blanca, representando al espíritu y por el “Faro de Sepes”, haciendo gozar al pueblo de la materia de un tocino, cerdo, cochino y marrano. En aquel salón-comedor se unieron la materia y el espíritu, recordándonos a los allí presentes que hay que trabajar para la renovación de la Tierra. Sí, porque allí dominaba el espíritu del amor entre los hombres y mujeres de este mundo, porque se repartían entre los comensales y entre los miembros de la familia que crearon aquellos sabrosísimos platos, no sólo sonrisas, sino deseos de ayuda mutua. Los “camareros” no vacilaban en servir a los que pedían “pan, vino o tocino”, igual que los que gozaban del paté, de los “calamares” de cerdo o del jamón o de las migas, plato humilde y con sabor divino. Les ayudaban a alcanzar los platos, las fuentes y los vasos, a través de aquellas mesas, en que se habían unido los colaboradores de los Hermanos de la Cruz Blanca, como Jesús reunió a los apóstoles en la mesa de la Sagrada Cena. Después de la cena, sorteaban regalos de distintos orígenes y todos se alegraban y reían ante los premios que se iban concediendo por sorteo a los asistentes y muchas veces, éstos demostrando una gran solidaridad, entregaban su premio a la “Hucha” de los Hermanos de la Cruz Blanca. Entre los premios figuraba un magnífico pavo, que había regalado uno de los que trabajan en el “Faro de Sepes”, de los que cría en Monflorite y el comensal premiado, lo regaló a los administradores de la “Hucha”, para ayudarles a repartir el “pan con el sudor de su frente”. Se veía ese amor al trabajo, pues un hermano de la Cruz Blanca, cuando había que entregar un saco de pienso compuesto a uno de los premiados, lo levantaba con sus fuertes brazos, se lo cargaba sobre sus hombros y lo llevaba a la entrada del comedor, para que el premiado no tuviera que esforzarse. Hace ya bastante tiempo, mi amigo Sergio trajo de Madrid una hucha-cerdo de hierro. Representaba un cerdo, pero con alas, pues el autor quería hacer ver la virtud espiritual del ahorro, unida a la realidad material del cerdo. Estaban representados en la figura de esta hucha, el espíritu de los Hermanos de la Cruz Blanca de recoger la materia suficiente para dar de comer y proporcionar una vida agradable a todas las personas, despreciadas por la sociedad y esa materia estaba representada por el cerdo. Todavía quedan hombres y mujeres que en los pueblos, poseen una hucha para pasar el invierno, que es el cerdo, al que sacrifican en el Otoño y consumen durante el Invierno, con su carne, sus jamones, las tortetas y las morcillas. En esta Fiesta del Tocino Solidario, el cocinero del Faro de Sepes, nos ha hecho experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las de tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas y mostaza y jamón fresco asado al horno. Al consumir las migas me acordé de pedir: “El pan nuestro de cada día, dánosle hoy”. Esta oración evangélica, hace ver al Hermano Javier, subdirector de la casa de los Hermanos de la Cruz Blanca, pensando que todos los hombres y mujeres formamos parte de una enorme familia, porque en el periódico “Huesca y la Hoya”, dijo: ”somos una familia numerosa”. El jueves por la tarde entré con un amigo, en la Residencia y allí acudían muchas personas a saludarnos y a vernos. Uno se emocionaba ante ese recibimiento y pensaba como en el Padre Nuestro, pedíamos el pan de cada día, pero uno piensa que no se debe pedir para nosotros mismos, sino para todos los seres humanos. Cuando veo al Hermano Javier me doy cuenta de cuánto ha luchado él con los otros Hermanos de la Cruz Blanca, para levantar ese auténtico Hotel para los pobres. Y pienso también en la caridad de tantos cristianos que han aportado aquello qué han podido, para lograr esa feliz estancia de los necesitados, en la Residencia, donde algunos pintan o fabrican velas y hacen gimnasia, alimentándose como dignos hijos del Señor.

Por eso, por el amor a nuestros prójimos y nuestro respeto a los Hermanos de la Cruz Blanca, hemos acudido a esta cena en que han colaborado los dueños y personas de este Restaurante, para mostrarnos solidarios con ellos, para que no se cansen de su esfuerzo y nosotros mismos nos animemos a luchar por los necesitados, y más en esta época de crisis que estamos sufriendo.

Todo es necesario, la materia del tocino, con el que nos alimentamos y el espíritu de los hermanos de la Cruz Blanca junto al de los asistentes a esta cena, impulsados por la caridad y la justicia.

sábado, 29 de marzo de 2025

Ciudadanos del mundo




Yo soy de Siétamo y Siétamo es mi pueblo. Estoy en mi pueblo y soy de él ,como él es mío, porque yo me he arreglado para identificarme con él, como también  lo han hecho mi vecino Rafael o mi vecina Joaquina. Casi todos los días exploro con la vista los alrededores y miro al norte y veo Guara, Santolaria, Castilsabás, Castejón de Arbaniés, Arbaniés y Coscullano, entre otros puntos.
Ana Francisca Abarca de Bolea, paisana mía, Abadesa de Casbas en sus tiempos, le escribió un romance a la Peña de Guara, en el que dice:”Ya se ha despertado Guara,/ya se va a medio vestir/previniendo tocas largas/ por la muerte del Abril”.”Lo mal que te pague el tiempo /no quieras vengarle en mí/ dando por paga a mi amor/ mucho hielo que sentir”.A lo largo de este romance, Ana Francisca va uniendo la primavera al invierno a través de Guara.
De Santolaria me acuerdo de ver una pata de jabalí clavada en la puerta de cierta casa;de Castejón de Arbaniés he visto la morada de Arnal, suegro de mi hermano, a la que subía el agua desde el río Guatizalema por medio de un ariete hidráulico, de Arbaniés recuerdo Casa Azara, pariente de los Azara con los que emparentó José Almudévar en 1767 y en Coscullano vive mi consuegro Lorenzo Zamora Blasco, con los mismos apellidos que mi abuelo materno Don Ignacio.
Mirando al Oeste,veo Ola y el Saso y si me oriento al Este, contemplo la pequeña ermita románica de Santa María del Monte y también el pueblo de Ibieca. Al Sur están Pueyo de Fañanás, la ermita de Bureta y Alcalá del Obispo. Todos son puntos queridos y entrañables, donde tienes parientes, amigos, conocidos y lugares históricos y …cementerios.
Pero, después de mirar lo conocido, uno siente deseos de mirar desde puntos más altos y entonces me voy a lo más elevado de Siétamo y veo Montearagón,Velillas, Angüés, Berbegal, la Virgen del Pueyo y el Moncayo. Ha aumentado mi ligazón, mi unión al mundo y no es extraño que quiera subir a Montearagón, al Pueyo y al Moncayo, en cuyas estribaciones se realizó la obra teatral y aragonesa de Ana María Abarca de Bolea.
Los jóvenes de Siétamo y muchos de Huesca han subido a Guara y se han sentido unidos a todos los habitantes de las zonas que han observado.Yo me he limitado a subir al Pueyo,a Montearagón y a Gratal y me ha invadido,al estar en estos lugares, un enorme vacío, un gran deseo de comunicarme con las gentes que moran y mueren en las zonas a las que he dirigido mi mirada, pero no he tenido valor para subir a Guara ni al Moncayo, ni a Peña Forca ni a la Maladeta ni al Aneto.
No, yo no he subido y muchos como yo tampoco han subido, pero admiro el espíritu de Javier Escartín, de Lorenzo Ortiz y de Javier Olivar, que siempre tuvieron el deseo de subir, la necesidad de conocer las zonas vírgenes que no han experimentado la huella del hombre agrícola, pero desde ellas se domina el mundo, con sus zonas congestionadas de gente y al subir se sienten universales.
Empezó Escartín en Huesca, escaló el Moncayo, subió a la cumbre de diversos montes españoles, subió a los Alpes europeos, a los Andes americanos y se mostró primero oscense, luego aragonés, más tarde español, europeo y luego unió Europa y América y cuando el año 1991 estuvo a punto, casi a punto de alcanzar el Everest, se mostró hombre, un hombre universal.
Se le ve, en el video pasando por los templos budistas, donde lo bendicen los lamas y los serpas que les llevan sus objetos pesados rezan para que la expedición tenga éxito, como en efecto lo tuvo.
Habíais triunfado en el K-2, habíais alcanzado alturas de más de 8.000 metros, debíais ser felices en el momento en que el aire salvaje se puso en movimiento y en esos instantes de felicidad, apareció una sonrisa en vuestras bocas, la sonrisa del hielo y de la muerte.
Descansáis ahora en las blancas sábanas de las nieves eternas y sois ciudadanos del mundo y el mundo es vuestro. 

“La señora Concha"


Noventa y cinco años de humanidad somontanera, con su toca negra y todo, yacen en un lecho de la Residencia de Ancianos. Es Noche Buena y la primera vez que Concheta padece "os vetuperios" de la enfermedad. Al verme llegar con sus cansados ojos, exclama ¡ay Inacier, me quiero morir!. ¿Por qué? , le pregunto; me contesta: no he estado nunca enferma y ahora si no valgo para nada, ¿para qué  quiero vivir?.
Muy mal debe encontrarse esta mujer cuando se queja, siempre fue  muy sufrida y amaba  la vida más  que los pájaros. Me dice: ¡ay, verme yo así, que no paraba nunca, que espigaba más que ninguna, que hacía  saltar las piedras de la calle!. Me siento a un lado de su cama, me sujeta la mano y no la suelta, pero yo tampoco intento soltarme. Pregunta: ¿vendréis a mi entierro? ; pero Concheta  ¿no se da cuenta de que aún tendrá  que venir usted al nuestro?, le  respondo. ¡ No!, dice, que rezo para que Dios os de mucha salud.¡Bien!, le digo, si acaba usted antes que nosotros, iremos al entierro y la llevaremos sobre nuestros hombros.¿Me enronaréis?. No, Concheta que la pondremos en un nicho bien carasolero, para que no tenga frío y con tejado para que no se moje. ¡Así, así !, dice complacida,  porque  ¿sabes?, no  me gusta “a ruidera  d'os zaborros d'o  fosal, cuando trucan n’a s tablas d'o  atabul". Tus tías Luisina  y Teresina,  también están en nicho?. Si, Concheta, también. Pero, ¿ me llevareis "ta o  fosal de Sietamo?.¡ Claro que si,  mujer!. Pues ahora mismo estoy viendo la fuente de Siétamo con los caños, ¿cuántos "en tiene" ?. Siete,  le contesto. ¡ No! "qu'en tiene seis"  y otro más grande detrás.
¿Te acuerdas de mi madre?.¡ Ya lo creo!, ¡ pobre siña Juana!,  la  veo  rezar desde la ventana de la sala baja, en la entrada "do fosal viello". Y tu madre ¿ vive?, ¡ no, Concheta!. ¡Ay, pobre doña Victoria!. Te acuerdas que durante  a guerra me dieron un "propio" para llevarlo al Estrecho Quinto,"pa dalesné  a os qu'estaban  allí?;  me dieron una bandera blanca y me dijeron:  “Memojo, tira p'alante!".
¡ Concheta!, le digo:¿ toma las medicinas?."No en quiero denguna, quiero morime";¿ te acuerdas de casa mía?. ¡Ya lo creo!, está "rebutiente" de higos secos, de rastras de cerollas, de cerolicos  empapelados, de todo. Te has olvidado "d'a crabita". No me he olvidado, me acuerdo también del gato, de los conejos chinos y "d'a sala güena".Tenía el suelo de baldosa muy  bonica.
 En poco rato pasó  por mi imaginación la historia de su larga vida. Cuando llegué  a mi casa, encima de una repisa del  recibidor, estaban la  “esquilleta” de la "crabita" y un garrapito del cordero de Concheta . Los hice sonar y su sonido fue  el más evocador de cuantos he oído estos días de Navidad.  Antes se oía música en los entierros de los ricos y sonido timpánico de piedras, golpeando en ataúdes, convertidos  por el tiempo que tardaban en cubrirse de tierra, en macabros tambores, de gravísimas notas. Antes había cascabeles, campanillas y esquillas, que sonaban al trote de las mulas y al paso del ganado por los ámbitos campesinos. Hoy los nichos hacen imposible el impacto de las piedras en las cajas y los coches hacen inviables las calles y las rutas al ganado. ¿Se marchó  la alegría con la pena de los pueblos?. Todavía fue  más lejos la tragedia, pues tristeza y alegría son patrimonio de los hombres; fue   soledad la que sentía el  dominio en los pueblos de Aragón. Sus tristezas y alegrías fueron vida, en otro tiempo.  Verdad, ¿Concheta?.

viernes, 28 de marzo de 2025

Los “pelotaires” o pelotaris del Alto Aragón


Trinquete de Anso (Huesca).
Fronton de Velillas (Huesca).









He encontrado por todo el  Altoaragón, frontones de pelota o de “pilota”, como llamaban  a ese juego, en que  lanzando los mozos, con su mano abierta, contra ese frontón, la pelota o “pilota”, que habían fabricado en sus casas, cubierta con dos trozos de badana. Rebotaba la pelota en el frontón y volvía ponerse en la mano de su rival, y así seguían hasta que cometían alguna falta, como lanzarla, fuera de la zona de juego del frontón. En Siétamo vivía un gran “pelotaire”, que veía su mano derecha inflamada, por las veces que con ella, lanzaba la “pilota” contra el frontón. Se llamaba Escartín, que en el frontón del Ayuntamiento, triunfó muchas veces con su juego de pelota. No dibujaban las rayas, sino que las señalaban con guijarros o piedras del río, clavadas en el suelo. Cuando decidimos pavimentar las calles del pueblo, ya después de la Guerra Civil, siendo yo uno de los miembros del Ayuntamiento, desaparecieron las rayas pétreas del suelo de la Plaza Mayor. Antes de pavimentar el  frontón, el año de 1936,  llegó  la Guerra Civil;  huimos con mi familia a Jaca y después al pueblo montañés de Ansó, al lado de Navarra. Y allí encontré un frontón más grande, al que llaman Trinquete en Navarra o Trinquet en Francia. Este trinquete  me pareció un modelo de frontón de los que estaban distribuidos por gran parte de España y concretamente en Ansó, en la provincia de Huesca, pues estaba cerrado todo él, en un edificio único.  Durante el juego de pelota, que allí ejercitaban los ansotanos, golpeando el frontón, sonaban sus golpes,  que resonaban  en el ambiente  del citado trinquete.
Aquellos ruidos que producían los golpes de las pelotas, me recordaban los que había escuchado en la Tierra del Somontano, como los de Siétamo, donde la pelota,  de vez en cuando,  golpeaba contra  las contra- ventanas del frontón, que durante el juego, tapaban las aberturas de la fachada, y después al utilizarse como ventanas, se abrían otra vez. Había una diferencia entre el ruido que producía la pelota al golpear el frontón del trinquete en Ansó y el que producía la misma pelota, en el aire libre del frontón de Siétamo. En Ansó,  Hecho y en Jaca las salas de juego eran trinquetes y en los demás lugares, eran simplemente frontones. En Huesca capital hay un trinquete moderno. En los trinquetes hay espacios para que los asistentes se acomoden bien sentados. En estos trinquetes,  además de jugar a la pelota, se hacen conciertos, bailes y otras actividades de diversión.
 En el Somontano los frontones eran abundantes, pues los había en Siétamo, Arbaniés, Velillas, Fañanás y alejándote de Siétamo hacia el Noreste, hay un hermoso frontón en Alquézar. “Si, en el Alto Aragón y cerca de mi pueblo, he sentido el gozo de soñar, cómo en sus frontones, jugaban los jóvenes, como también comprobé el misterioso y antiguo lábaro, como también se puede ver en el País Vasco”.
Antonio Ballarín nacido en Velillas, en el antiquísimo Convento Francés de la Alta Edad Media, del que ya no se acuerda en estos tiempos actuales, casi nadie, con su rostro que expresa todos los sentimientos que siente su corazón, casi le salían lágrimas de sus ojos, al imaginarse el canto de aquellos frailes franceses, del Monasterio de San Ponce de Tomeras, pero al recordar el juego de pelota que ejercía todo el pueblo de Velillas, sonreía y reía, al recordar, aquellos años de su niñez. Pero también había en el frontón de Velillas, una “cueveta”, no se sabe si preparada por los  velillenses  o si fue un error en la construcción del frontón. Antonio Ballarín no lo sabe. Pero los pelotaris de los diversos pueblos del Somontano se encontraban “cuevetas” o defectos de nivel en la superficie de los muros, que se encontraban y se encuentran todavía, en el  frontón de Velillas. En Velillas tenían preparadas dos “cuevetas” en la fachada del frontón, para conseguir el desvío de la pelota de su curso,  pero en Siétamo,  no sólo había “cuevetas”, sino enormes cuevas en las ventanas, que se ocultaban durante el juego, para evitar sus huecos  en el frontón. Aquellas ventanas de madera hacían sobre la pelota el mismo efecto que la “cuevetas”, pues desplazaban su marcha,  haciéndola revotar de forma anormal, porque las ventanas de madera, siempre han sido más blandas que el cemento, que cubría las piedras picadas del frontón o las mismas piedras con qué se había construido el edificio de juego.
Antonio Ballarín, nacido en Vellillas, pueblo al que ama con todo su corazón, a pesar de estar acabándose la vida de tal pueblo, recuerda su niñez durante la cual, jugaba con otros niños, que siempre tenían a su disposición pelotas de mano. Con seis o siete años, comenzó a actuar en el frontón. Jugaba con Pabler, con Jesús Ballarín, con Esteban,  cuñado de mi colaborador agrario Bailo y entre otros de Tomaser Beltran, de los que no todos viven. Estaba también el señor de Santolaria, que era el esquilador de la zona. Se juntaban en el frontón, después de oír misa y también asistían personas mayores, que quisieran jugar, pero ellos se limitaba ellos a contemplar el juego, teniendo un porrón de vino, del que bebían unos tragos durante los partidos. Uno de esos hombres  que cuidaba el porrón, rayaba los tantos. Para que el público se enterara de quien ganaba el partido, por el número de puntos alcanzados a lo largo del partido, se dibujaba con tiza, una raya. En cada extremo se escribía el nombre de ambos rivales. Solían consistir los partidos en alcanzar los veinticuatro tantos, que a cada jugador se le apuntaban en cada uno de los dos extremos de la raya. Me dice Antonio Ballarín que cuando uno de los dos jugadores hacía su veinticuatro tanto, el que hacía de árbitro, gritaba “Veintitrés y no rallo” o en castellano puro, no rayo. Se daba ya por acabado el partido, pero no se ponía el tanto escrito en la raya, como un acto de respeto al jugador, que había perdido el juego.
Antonio Ballarín conserva en su memoria, su triunfo sobre Pabler, pues éste se creía el mejor “pelotaire” de Velillas y como si estuviese jugando aquel partido ya pasado, hacía ya muchos años, me hizo vivir aquel partido. Unas veces Antonio Ballarín reía y otras casi lloraba, cuando él creía que iba a perder. En la mitad del partido, se veía a sí mismo triunfante, pero hacia la mitad del mismo, se le introdujo el dedo meñique de la mano derecha, en el bolsillo y no sólo perdió el tanto, sino que  al ver correr su sangre, fue cuando casi se echó a llorar. Le dijo a Pabler que debían suspender el partido, pero el rival no quiso. Antonio casi se daba cuenta de que iba a perder el partido, pero animándose, en el último juego, pegó la pelota en una “cueveta” y Antonio Ballarín, salió triunfante, pues al rebotar  la pelota en la “cueveta”, la desvió y no pudo alcanzarla. No vi la sangre de Antonio correr por su mano derecha, pero me enseño la cicatriz que le dejó aquel fallo de mano enganchada en el bolsillo de su pantalón.

Ya no quedan niños en Velillas y por tanto ya no se juega a la pelota, pero el corazón de Antonio Ballarín, parece que está viviendo el juego de pelota que jugó hace aproximadamente unos cuarenta años, pero yo me di cuenta de que todavía le quedaba el placer de jugar con pelotas, pues al marchar del Bar, en que me contaba el juego con Pabler, me dijo que iba al Pabellón de la Escuela Municipal, a ver jugar a su nieto al Baloncesto con otra pelota más grande ,que aquella pequeña, con que jugó en Velillas.

Juan Pablo II, transmite la fe.-

En el vigesimo aniversario de su fallecimiento (2 de abril de 2005)   Cuando en sus numerosos viajes, el Papa Juan Pablo II, además de celeb...