sábado, 11 de abril de 2026

Amor desinteresado











“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes de Mayo y hacía calor, mosen Marcelino creyó que aquella hermosa mujer, que preguntaba por su difunto marido, acudía a la llamada del amor.

Pensó que se trataba de un amor puro, sin ningún interés, seguramente querría enterrar a su esposo en tierra sagrada, pues la señora le habría advertido que el cadáver estaba enterrado en el monte, debajo de una carrasca.

El cura estaba contento, además de por ser Mayo, porque se le ofrecía la oportunidad de complacer a una hermosa mujer, a cuyos encantos no es fácil ser inmune, aún siendo sacerdote y porque como corrían tiempos de penuria, tendría ocasión de cobrar un duro para él, una peseta para el sacristán y calderilla para los escolanos. Estos, por mandato del sacristán, fueron corriendo a buscar al señor Joaquín Puyuelo, que por su profesión de podador y “leñacero”, conocía todas las carrascas del monte.

El mosen había recibido a sus visitantes en la “solanera” que tenía en su casa, pues en la sala tenía instalada una capilla y en el balcón colgaba una llanta de camión, que al golpearla con un martillo, sonaba como una campana. La iglesia parecía una venta robada pues, durante la Guerra, había sido usada como garaje e incluso había un foso para reparar vehículos.

He hablado de los visitantes y es que la señora venía acompañada por un caballero.

El señor Joaquín no tardó en llegar, se le explicó que se trataba de localizar el cadáver del esposo de la hermosa y el cortejo fúnebre se puso en marcha hacia la carrasca. El podador, limpiador lo llamamos aquí, entró en su casa, que le venía de paso, a cogerse la “jada”. Parecía un entierro sin muerto, pero se trataba en realidad de un desentierro. Y poco le costó al señor Joaquín desenterrar al difunto, pues en las guerras se pierde poco tiempo en cavar, si no hay un negrero, que a fuerza de culatazos, te hace trabajar. Un gitano de Barbastro decía que lo pasó muy mal durante la Guerra, porque lo hicieron palear para enterrar muertos. El cadáver quedó patente, no tenía ni caja. El cura habló de la necesidad de ir a buscar unas parihuelas, para llevarlo al cementerio.

Aún no había acabado de hablar el cura, cuando el caballero acompañante, se lanzó sobre el muerto y se puso a buscar algo en el pequeño bolsillo del pantalón, bajo la cintura, en el que antes se llevaban los relojes, y en el que ahora al haber perdido su objetivo, algunos hombres esconden aquello que no quieren que vean sus mujeres, y sacó lo que buscaba: un hermoso reloj de plata repujada. Se lo entregó a la señora, que lo metió en su bolso al tiempo que, dirigiéndose a mosen Marcelino Playán, le decía:"es que sabe, este hombre es ahora mi marido”. Este, cogiendo del brazo a la bella y sin decir gracias ni adiós, se fueron, como se iría cualquier bestia con su bella hembra.

Al desenterrador, a pesar de ser un hombre endurecido por haber comido pan de mil hornos, le entraron ganas de llorar, pero reaccionó y todavía me parece oír por las noches su mezcla de juramentos y de risas. Después echó tierra encima y “s’en fue”. El cura se quedó sin duro. El pobre ya murió. El sacristán, a pesar de todo, siguió siendo feliz, pero con la pequeña frustación de que después de haber aprendido latín, el siguiente cura se puso a decir la misa en castellano. Los escolanos viven en la emigración, pero yo, a pesar de lo anteriormente narrado, no pierdo la fe en el amor. Y es que el primer amor, no se olvida nunca y siempre nos conmueve. El segundo marido o la bestia, como ustedes lo quieran llamar, también murió.

La doble viuda cobraba su pensión, pero descubrió que renunciando a la del segundo marido, podría cobrar la del primero, que iba a ser más sustanciosa y además los ¡larguísimos atrasos!. Y dicen que ha hecho los trámites para volver a su primer amor, que mientras no se demuestre lo contrario, es el verdadero.

Al menos, así lo cantan los poetas.

viernes, 10 de abril de 2026

La caza


Estaba sentado en la cadiera del hogar mirando como ardía la leña y surgían de ella unas llamas juguetonas, acompañadas por unos sonidos agradables, que venían por la chimenea y que eran como los trinos de un pájaro, que daban encanto a aquella contemplación. Esos trinos no eran de ningún ruiseñor ni de ningún canario, sino que los emitía un estornino de plumaje tordo, como pude comprobar más tarde y que se había quedado prisionero dentro de la chimenea. Pensando en lo mal que lo podría pasar el pájaro en medio del humo, apagué el fuego y cerré las placas metálicas que se ponen para que los estorninos alcahuetes, no puedan pasar al interior de las habitaciones. Me marché, pero al volver a la habitación donde está el hogar, el estornino tordo volaba de ventana en ventana y yo lo seguía para cogerlo. Al fin lo logré y me dieron ganas de matarlo para que no volviera a entrar a llenar los suelos de excrementos y a rasgar las cortinas con las uñas de sus patas. Si hubiera sido yo más joven, lo hubiera metido en una jaula de esas en las que antes encerraban las perdices para llevarlas de reclamo a las excursiones de caza. Me acordé de aquellos cazadores, que vivían en los pueblos, que controlaban los animales del monte, viendo unas veces nacer las crías y otras mandando al matadero a sus padres, que ya estaban de buen ver, para que no faltase “el pan nuestro de cada día “ a los humanos. Ahora la masa de la población se ha marchado de los pueblos y vive en las grandes ciudades, pero ya no conocen la Naturaleza, ni a los animales, sino es por los dibujos animales en la televisión y en los tebeos, que les hacen reírse con el pato Donald o con el corzo Bambi. Ya no tienen necesidad de ir a buscarse la carne de las piezas de caza, que corren o vuelan por el monte, sino que se la venden preparada en los supermercados. Como es natural les repugna aquello de la caza, en la que sólo ven violencia. Hemos perdido el contacto con la Naturaleza y no tenemos ocasión de ver lo que pasaba en mi pueblo, en el que yo veía como aquellos insectos que metamorfoseaban su color del marrón al verde y que sobre sus largas patas delanteras, oteaban sus alrededores para ver si llegaba alguna hembra de su especie. Algún insecto, del que más tarde aprendí que era la Mantis religiosa, después de cubrir a su ¿amor? , era devorado por la hembra a la que había cubierto,

Aquellos cazadores de antes, además de proporcionar proteínas animales a su familia, vendían patos o conejos entre sus vecinos. Otros bajaban de la Sierra los jabalíes, sobre sus costillas y los salaban para guardarlos en su despensa. Yo, con el estornino, podía haberme dedicado a suministrarle alimento y a jugar con él, amaestrándolo y enseñándole a hablar, pues dichos animales, como los loros son capaces de aprender a expresarse. Ahora el cazador noble debe imponer limitaciones en su actividad venatoria, porque si se avanza en técnicas para matar animales, éstos no avanzan en la desigualdad entre sus capacidades físicas y las ventajas que ha alcanzado la técnica moderna en el hombre.

La carta de un amigo mío de Binéfar, Fernando Altaba me dio oportunidad de ver como, los hombres se divierten honradamente, en la que hace la descripción de una partida de caza de jabalíes, a la que asistió en Benabarre: “Con los gritos-retirada hay que tocar- y contar nuestras hazañas- y comentar quien se lleva el más grande ejemplar”. Todos juntos comeremos –con una enorme amistad”, Habla también sobre las jaurías de perros, sobre la agresividad de los jabalíes, sobre los disparos, los gritos y sobre todo de la comida colectiva, en que cada un expone su habilidad, su valor o explica el peligro que le ha amenazado. Comen y beben y se olvidan de los disgustos pasados durante la semana y vuelven al trabajo con buen humor y con ilusión”.

jueves, 9 de abril de 2026

Colungo



Colungo es un pueblo de la provincia de Huesca, donde con gentes amables, conviven numerosos pájaros, además de los de paso, todavía más abundosos.

Lo bonito del caso es que, hombres y animales viven en armoniosa compañía, si exceptuamos las tordas que cazan con gran pericia, como obedeciendo al refrán que dice "ave de paso, ¡cañazo!".

Colungo entra dentro del Parque Natural de Guara y esa armonía que he citado, debe ser ejemplo para que el hombre respete y goce de las aguas, de los animales, de los árboles y de la tierra con sus accidentes naturales. Puede ser tan profunda esa compenetración que en ocasiones hay hombres que dialogan con los ríos, con el viento y con los animales.

El hombre debe respetar la Naturaleza, pero el hombre nativo de la zona, debe ser respetado por los hombres de las ciudades y por los que ostentan el poder.

Conozco un pastor que, cuando se entera que en determinado puerto o pardina, están pastando unos caballos que han traído de Francia, se aproxima a ellos, se gana su confianza y a aquellos, de airosa línea, que se la entregan, los acaricia e incluso los besa, como en un éxtasis de comunión con la belleza natural.

Algo parecido les pasa a los habitantes de Colungo con los pájaros, cuyos cantos interpretan, aunque en un sentido más práctico que el del pastor. Cuando van a cazar, los cuervos, las picarazas y las chincharanas se constituyen en sus cómplices y con sus cantos, chillidos, su graznar o con el chinchín de la chincharana, les avisan de la proximidad de una raposa o de un bobón, craveret o de otra ave nocturna.

La golondrina les informa de lo que pasa en otras tierras cuando interpretan su canto de esta forma:"En mi tierra se cría canela y pimienta y aquí, mosquit, truit, truit".

Cuando el boyero o boyatero se dormía debajo de un árbol, el collorín intentaba despertarlo, cantándole :"Boyatero,­chodito!,os “güeis” en “o” trigo,¿los sacas, los sacas?".

El cuco o "cúculo",que tiene fama de traidor, anuncia al sembrador o al picador de viñas, el cambio de tiempo diciendo:"Cú,cú", canto pícaro que advierte que el terreno está "por la mañana farto de humedad y por la tarde duro".

A veces los pájaros les toman el pelo a los labradores, pero ellos con gran experiencia, dicen: "Cuando la perdiz canta, nublado

viene, pero no hay mejor señal que cuando llueve".

Da gusto vivir en un pueblo, donde la gente siempre está en contacto con la Madre Natura, porque cuando quieren que llueva, cantan:"Que llueva,que llueva la Virgen de la Cueva, los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que sí, que no, que llueva un chaparrón, con azúcar y turrón".

La gente cazaba unas veces para satisfacer sus necesidades y otras para venderse los pajarillos como si se tratara de canarios, como animales de compañía. Eran muy diversos los procedimientos de caza, unas veces con reclamo, otras a la espera, con lazos, en barracas con besque (liga),con losetas,con hicheruelos, lazos, cepos, y otras con arciellos(arquillos) o líneas. Cazaban conejos con hurones, tan perseguidos, pero no han sido ellos los que han acabado con los conejos, sino enfermedades traídas a nuestras tierras por el hombre.

¡Cuántos pájaros vivían y volaban por Colungo!, y todos ellos tenían su nombre como por ejemplo el ciquilín, el gurrión o gorrión, la aloda o alondra, el abellero, la chincharana, el carbonero, la cistra parda y la verde, el verderol, el pinchón, el petrer, el trincapiñón, la falciella, el codalgo, el subetroncos, el colorín y por no aburrir, acabo con el rey de la barza(zarza).Es curioso como conocen a los pájaros con sus nombres en fabla aragonesa, como también en dicha lengua citan a los árboles y arbustos, donde hacen sus nidos esos animalitos y por cuyas sombras caminan los de Colungo, cuando pastorean, cuando cazan o cuando van a buscar sus frutos. ¡Qué felices son cuando caminan por debajo de las oliveras, almendreras, avellaneras, caichigos, albares, chinipros, minglaneras, melocotoneros, albergeros y cereceras, llenas de frutos en su tiempo y de "pacharos", que acuden a ellos a comer dichos frutos con verdadera ansiedad!.

Conozco a un hijo de Colungo, que vive en Huesca, pero no puede olvidar sus raíces campesinas que le hacen acordarse de relacionar el canto de los pájaros con el tiempo y con su trabajo agrícola y es feliz al oír hablar por ejemplo del bobón, del esparvero(gavilán o esparvel) tordero o del esparvero perdicero

miércoles, 8 de abril de 2026

El agua en Aragón



Joaquín Costa, les decía a los muchachos de Graus:”escucháis el ruido que hace el río, pues son sus aguas las que lo provocan y que pueden convertirse en oro, porque haciendo presas y canalizaciones, esas correrían y podríamos regar Aragón”. El señor Hilario Mateo, al reflexionar sobre el significado de estas palabras, que su padre había escuchado a Joaquín Costa, explicaba con ellas el problema del riego en Aragón. Dicen que se quieren llevar el agua del Ebro a zonas lejanas, pero para mí, si no hiciera falta en las provincias aragonesas y en mi propio pueblo, Siétamo, me parecerían esos trasvases una colaboración con el bien común de España. Pero uno no puede aceptar que se lleven el agua, cuando en Siétamo han sido tres las ocasiones en que han fracasado los intentos de riego. La primera en el año 1822, se firmó un plan de riegos, entre Miguel Borruel, el constructor y veintitrés propietarios de tierras. Borruel decía:”El abajo firmado, me obligo, por el presente a dirigir una acequia para conducir el agua en el monte y término de este pueblo, empezando a abrirla desde el enfrente del molino del Lugar de Castejón de Arbaniés, llevarla por el terreno que crea conveniente en el monte de dicho Castejón, por la Rambla Carrascal de S. E. por encima del Torno, o , Molino de aceite de don Antonio Cavero, por detrás del Corral del Piquero, por Valdecán, a cruzar por una mina por detrás de la fuente alta, por detrás del huerto de don Felipe Banzo, por la Costera del Llano a desaguar al Pendón. Deberá proseguir la acequia por la falda de la cuesta de la morera, cuesta de Valdedona hasta la “buega” del monte del lugar de Bandalíés”. Explica a continuación las condiciones que pone para “la construcción de esta acequia, deberán darme y poner a mi absoluta disposición cuarenta hombres jornaleros diariamente y por el tiempo de cuatro meses y medio hasta llegar a desaguar al Pendón”.

Los veintitrés propietarios de las tierras, firmaron el contrato, que acababa con las siguientes palabras:”Y para que pueda servir esta obligación de Documento suficiente para hacer, se cumpla y execute en todas las partes que contiene, la firmamos en Siétamo hoy veinte y siete de Agosto de mil ochocientos veinte y dos”.

Los primeros que firman el documento son Esteban Almudévar y Antonio Cavero. Creo que fue una de las Guerras Carlistas, la que impidió la realización de estas obras. El día de la fiesta mayor, después de fracasada la obra, al salir de misa los vecinos de Siétamo, un vecino de Velillas, había colocado unas piedras imitando el paso por un río; se quitó las alpargatas, se las colgó en el cuello y empezó a cantar:”Los señores de Siétamo- pusieron el monte en huerta- y “pa” la Virgen de Nunca pasa el agua por la acequia”. Siguió con las coplas siguientes: ”Almudévar y Cavero , se pusieron los primeros-lo tuvieron que dejar- porque se acabó el dinero”. ¡Ay que me mojo!.

Intentó Siétamo de nuevo en 1918, en unión de los demás pueblos de la cuenca del río Guatizalema, regar sus tierras con el Pantano de Vadiello. Llegó la Guerra Civil y el Gobernador adjudicó el aprovechamiento de las aguas del pantano a la capital de Huesca.

El tercer intento fue el de regar desde Peraltilla los montes de Angüés, Velillas, Siétamo hasta Huesca con aguas procedentes del pantano del Grado, pero en una conversación entre tres hombres mayores, me he aclarado sobre este tercer fracaso del riego. Manuel Bagüeste, amigo mío, que vive en Huesca capital y que había escuchado a su padre, las palabras que pronunció Costa sobre el aprovechamiento de la aguas, afirmaba que en una finca de Buera, llamada Bachimaña, se llegaría a regar porque unos ingenieros, con los que había hablado en distintas ocasiones, mandaron colocar estacas por aquella zona , indicando el paso del Canal, pero “para la Virgen de Nunca, pasará el agua por la acequia”. Bagüeste me contó que un propietario desvió la acequia de Terreu para no regar su enorme finca, evitando de esta forma posteriores expropiaciones, pero dejó de secano a seis pueblos, entre ellos, Terreu y El Tormillo. Hilario Mateo,que trabajó en Auxini en la citada zona de Berbegal ( Monesma y Morillo),contempló como, para desviar el agua de la gran finca hacia otro lugar, hicieron un descenso por el que había de bajar el agua, con lo que se hubiera podido obtener electricidad para abaratar otros riegos por aspersión. Pedro Lalueza de Majones y hoy vecino de Huesca, dijo que viajando por San Lorenzo, Frula, Monte Susín, Orillena y otros, se quedó admirado de aquellas tierras, que antes eran desiertos, transformadas en vergeles. Menos mal que se han creado muchas zonas aprovechando el agua, pero Hilario Matías no puede olvidar cómo, cuando era niño, iban muchos por la calle cantando canciones que habían aprendido de sus padres, de las que una copla decía así:”El canal de los Monegros, no lo han hecho ni lo harán, porque los ricos no quieren, que los pobres coman pan”. Poco a poco van avanzando los riegos en los Monegros , pero cuando paso por Angüés, me dan ganas de llorar, cuando pasando por él, leo Calle de Don Joaquín Costa. Este pueblo agradecido, le dedicó a Joaquín Costa la Calle principal, pero ya no pasará nunca por allí, el Canal que les transforme el secano en regadío.

martes, 7 de abril de 2026

La señora Juana y los gaticos

 



Hace setenta y un años, ocurrió lo que hoy he recordado. Iba yo, con mis cinco años, acompañado por mi amigo Rafaelito , que todavía vive y jugábamos por la plaza Mayor del pueblo , cuando encontramos dos o tres gaticos pequeños, que debían andar buscando a su madre y yo mismo ,acompañado por Rafael, nos pusimos a hacerles la vida imposible, molestándolos y dándoles golpes con los pies. En la cara Sur de la Plaza ,vivía la señora Juana, en una casa , ya desaparecida; Era una señora ya mayor, a las que entonces las llamaban, simplemente viejas. Vestía como una de ellas, es decir con unas faldas de color negro, que le llegaban hasta los pies, calzados con unas viejas alpargatas y cubriendo su tórax, una camisa amplia, también negra. Su cabeza la tapada con una pañoleta, atada o sujeta con un alfiler o imperdible, por debajo de su cuello. Sólo dejaba ver sus manos y su cara. No tiene, por tanto que extrañar el ver las mujeres musulmanas con sus cabezas cubiertas con telas que recuerdan las pañoletas que llevaban nuestras ancianas. Vivía sola en su casica, porque tenía ya a sus hijos casados. Era dulce y buena y tenía su modesta casa limpia, con un cántaro y un botijo, sobre un cantaral, en el patio. Subía uno arriba y se la encontraba cerca del fuego del hogar, formado por cuatro ramas de carrasca, que recogía en el monte, donde las iba a buscar. Al vernos maltratar a los gaticos, nos hizo reflexionar con su voz femenina y a mí me impresionó y dejé a los animales, que vivieran su vida. No me produjo resentimiento su actitud, sino, al contrario porque me acuerdo que un día le llevé un pan que cogí en la masadería de mi casa. Me trató con un gran cariño, porque me hizo sentar en una silla de anea, frente a una mesica y me obsequió con un vaso de agua fresca, en la que echó una cucharada de azúcar y me dio una galleta María, que yo mojaba en dicha agua y me la iba comiendo. Era yo un niño muy pequeño, pero me sentía como si fuera un embajador, recibido y agasajado por una vieja reina. Yo le tenía un gran respeto, entre otras cosas porque la había visto varias veces, desde una ventana de mi casa, que asoma a la finca llamada Valdecán y justo debajo de ella, estaba despojado de cruces y de flores un ya abandonado cementerio. En su puerta se ponía la señora Juana, mirando al norte y rezaba y recordaba a sus antepasados. Yo creía que estaba rezando por sus familiares difuntos, pero, muchos años más tarde su hija la señora Concha me dijo que desde tal puerta se veía Santolaria, donde había nacido su madre y por lo visto hablaba con la Virgen de Sescún, para pedir por su familia y por los niños, para que no fomentáramos el odio, que más tarde en el año 1936, haría que los españoles se mataran con crueldad. Ella ya no llegó a ver tal situación, pero dejó en mí un recuerdo imborrable. Eso ocurrió hace setenta años, pero hoy he visto una gata con su camada de seis gaticos, escondida en una acequia. Estaba asustada y cuando veían a algún ser humano, ella se escapaba y sus hijos se ocultaban. Llegaron dos niños y dos niñas y al darse cuenta de la presencia de los gaticos, hacia ellos se dirigieron, pero estos se escaparon. Sin embargo, ¡cual sería su amor a los pequeños animales, que estuvieron esperando a que salieran!; al fin lo hicieron y ellos se hicieron amigos de la madre y la tocaban y la acariciaban y fueron a buscarle algo para calmar su gana de comer; cogieron el jamón que sus padres habían preparado para que merendaran y fueron a dárselo. ¡Qué diferencia entre los niños de entonces y los de ahora!. ¿No será porque entonces abundaban los animales en los pueblos y ahora que la gente se ha marchado de dichos pueblos, ya no quedan casi animales!. Los niños en las ciudades no tienen ocasión de convivir con los gatos y cuando los ven, sienten amor por ellos, que pasan tanta hambre, mientras ellos siempre están “fartos”. Los animales se comportan de acuerdo con sus instintos y los hombres somos libres, porque yo de niño les pegaba a los gatos y sin embargo ahora, los tratan con cariño. Es preciso educar a los niños en el uso de la libertad, para que triunfe el bien y caiga el mal. Yo después de pegar a los gatos, me hice veterinario.

domingo, 5 de abril de 2026

Ermita de Santa Elena, en la “cabañera del aire”


 

El pasado día ocho de Diciembre, me subió a Santa Elena el nieto del “agüelo”, ya difunto, Mariano Bercero. Desde esas alturas, tuve la dicha de contemplar esa Sierra legendaria e histórica, que va desde Tardienta hasta Alcubierre. Y desde este último pueblo hasta la ermita de Santa Quiteria, en Torralba, en viejos tiempos, San Caprasio visitaba los santuarios de San Simón y de la Virgen de Magallón, de la que son tan devotos los hijos de Robres, subía después a Santa Elena y acababa su romería en Santa Quiteria de Tardienta. En aquella elevada meseta de Santa Elena, contemplaba los Pirineos desde el Monte Perdido, el Turbón y otras múltiples cimas blancas por la nieve, que me hicieron reconocer que Torralba es, sin duda, Aragón. ¡Cómo se contempla la división del Alto Aragón entre la Montaña y la Tierra Baja!. Sí, porque desde estas alturas se ve perfectamente la “Osca” o puerta para pasar de la Montaña a la Plana de Huesca, que es, sencillamente, el Salto Rodán. Osca es palabra vasco-ibérica que significa puerta o apertura, de las que tantas se hicieron en aquella Sierra por los pastores en las orejas de las mansas ovejas. Por su pequeño tamaño se denominan “osquetas”. Allí al contemplar el Salto de Roldán, se piensa en el Emperador Carlomagno, que bajó hasta Zaragoza y el caballero Roldán, saltó con su caballo desde la Peña Men o Amán, al otro lado del río tan latino, el Flumen, a la Peña Sen o de San Miguel. Más allá pasa el río ibérico Isuela y más allá todavía los ríos de nombres árabes Guatizalema y Alcanadre. Los moros dejaron también su recuerdo en la torre Mudéjar de Torralba y llaman también Autovía Mudéjar, a la que sube desde el Ebro en Zaragoza hasta Francia por la Montaña. Y todo eso se ve desde el Santuario de Santa Elena en la Sierra de Torralba. Pero no sólo se puede meditar, en esas alturas, de las guerras y en las invasiones del pasado, sino que en estas quebraduras del terreno y estas parideras, hicieron una revolución por la justicia y el bienestar del pueblo los “bandidos generosos”, que llenaron de historias y leyendas toda la inmensa comarca de los Monegros, que desde Santa Elena se divisa. Todo esto lo narra muchas veces el cura don Rafael Andolz, en las aventuras del bandido Cucaracha. En aquellas quebraduras de la Sierra, crecen las carrascas, los pinos, las sabinas, los sauces, romeros, ontinas, tamarices y multitud de yerbas leñosas, como la barrilera que rueda y rueda, impulsada por el aire. En aquellos terrenos quedan multitud de parideras, hoy día, casi vacías, pero en esa “cabañera del aire”, no se dejan escapar la producción de energía, por medio de aquellos altos y recios postes, con sus aspas girando para producir energía eléctrica. Mi sobrino Marianer tiene como novia a Begoña y antes recorría la Sierra con sus ovejas y ahora corre por aquellos caminos para vigilar el funcionamiento de los “molinos movidos por el viento”. En Torralba siempre han sentido inquietud por el progreso, como se da uno cuenta al escuchar a Mariano Bercero, hijo del “agüelo”, cantar la jota, que reza: ”No te cases en Torralba,- ni te cases en Senés- vete a casar a Tardienta-que verás pasar “o” tren”. Y el nieto Marianer, ha visto cuidando las ovejas: el riego, la torre de la iglesia restaurada, la autovía Mudéjar y ahora ha dejado las ovejas, para ocuparse de los molinos de viento que crean energía. Por eso se sienten felices los de Torralba y cantan:”Torralba ya no es Torralba-que se ha vuelto capital-tenemos buenas piscinas – y a comer al Restaurán”.


La torera



Antes era difícil contemplar una corrida de toros en la que las mujeres hicieran el oficio de matadoras, pero no sólo había dificultades para el sexo femenino en esta actividad, sino en muchas otras, como por ejemplo en la faena de cortar el pelo a los hombres. Es un placer ver a una matadora con su cuerpo serrano y su belleza, tender su capote ante las astas de un toro bravo. Se emocionan hasta los corazones al pensar en la posibilidad de que ese cuerpo tan bello, sea lacerado por las defensivas astas del cornúpeta. Y uno piensa que si la torera sufriera una herida, la multitud que asiste a la corrida, ofrecería ríos de sangre para compensar la por ella derramada.

¿Qué pasa con otras actividades humanas artísticas o vulgares?. A mí se me ocurre el caso que presencié el otro día en una barbería. El dueño rapaba y arreglaba el pelo de las cabezas de los que por ahí iban a cortarse sus melenas y en estas llegó una hermosa joven, que al cliente que le tocaba ser atendido, le hizo una llamada torera porque se colocó al lado de la silla giratoria, con el paño en su mano ,como si de una capa torera se tratase, le presentó el culo de silla para que acudiera a sentarse en él y así que tal ejercicio realizó, tomó ella sus armas, no de matar sino de hacer su faena y con su tipo torero y la agilidad de sus manos, empezó a disminuir la larga melena que su “gachó”, substituto del toro que se oponía a la mujer torera. Eran unos pases al son del choque de las hojas de la cortante tijera y uno contemplaba complacido tal espectáculo. Pero ,de repente, dejó de oírse el sonido tijeril, porque en un descuído, se había introducido la oreja del cliente entre las hojas de la tijera, que produjeron un corte, del que, como en una corrida de toros, se veía salir sangre. El cliente, no como un toro enfurecido, sino como un caballero, que monta su caballo de rejoneador, esperó a que le hiciera los apaños de la lesión que se había producido en su oreja. Le puso agua oxigenada y después una tirita y ya libre la cortadora de orejas de ninguna preocupación, acabó de arreglarle la cabeza por sus pelos externos, porque los pensamientos internos producían inquietudes nerviosas al cliente.

Por último tuvo lugar el acto de la paga, que en la torera debe ser notable la cantidad que cobra , pero en la peluquería según había observado el toreado señor ,cobraban diez euros, pero grande fue su sorpresa , al ver que le cobraba diez euros y ochenta céntimos, al parecer por la faena que tuvo que desarrollar la torera con el agua oxigenada y la colocación de una tirita. El rejoneador, me causó admiración al ver que le daba de propina además de los ochenta céntimos de euro, uno más con veinte céntimos.¡Ay que ver las mujeres toreras y alguna barbera que gran respeto le tienen a los euros y qué caballeros son algunos señores, rejoneados y rejoneadores en la barbería!.

Amor desinteresado

“Por el mes era de Mayo, cuando hace la calor, cuando los enamorados van en busca de su amor”. Como corría el mes de Mayo y hacía calor, mos...