viernes, 9 de enero de 2026

Arciprestazgo de Montearagón



Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino, ahora convertida en Carretera Nacional-240, que viene desde Tarragona a Huesca. Los hombres, las mujeres y los niños la recorrían, unas veces andando y otras montados en asnos, en mulas o en caballos; también iban a veces subidos en carros o galeras, después en bicicleta o en moto y por fin en coches o autobuses. Cuando uno llega a la salida de Siétamo a la Carretera General, se presenta la Plana de Loporzano, a lo largo de varios kilómetros y allá ,en el horizonte aparece elevada la silueta del Castillo- Monasterio de Montearagón, que siempre resulta un atrayente objetivo para la mirada, al tiempo que hace recordar el pasado y pensar en el futuro. A pesar de ser una ruina, desde la carretera se contempla como un elevado monumento. A veces adopta aspectos misteriosos, como cuando la niebla cubre el monte, sobre el que se asienta el Castillo- Monasterio y éste, sin boiras, que lo oculten, da la impresión de ser una castillo etéreo. Desde el año 1835, en que se desamortizó Montearagón, iban desapareciendo las piedras que lo componían, al tiempo que también desaparecían generaciones humanas. Ahora, ya no desaparecen piedras, sino que las van colocando, aunque muy poco a poco. Sin embargo, se han seguido celebrando misas cada año, organizadas por pueblos del antiguo Arciprestazgo, como Loporzano y Quicena. Bastantes años después de la Guerra Civil, robaron la campana, que todavía colgaba en la torre de la iglesia. En Tierz encontraron un sello del Monasterio, en el que está representado San Juan Bautista. En Siétamo murió el monje y sacerdote, que tenía Perote por apellido, al que después de muchos años, veían algunos, como si se tratase de un santo, a través de una ventana de casa Lobaco. Al morir dejó a una señora de casa Ballarín, un relicario, del que dicen que contiene sangre de Cristo y que actualmente está en poder de una familia de Quicena. En mi casa guardaban, con respeto, unos simples tirantes del monje Perote. En Huesca se conserva el retablo de la iglesia y en San Pedro el Viejo, reposan los restos de Alfonso el Batallador, que estaban enterrados en Montearagón. Don Jesús Vallés Almudévar, sacerdote y doblemente pariente mío, me proporcionó un documento referido a Montearagón en 1789, que me aproxima a dicho Monasterio, porque en el contenido de dicho documento intervino mi antepasado José Almudévar Altabás. Sus hermanos fueron Judas Narciso el mayor, Miguel, que estaba casado en Torres de Barbués con Raimunda Corz, Antonio, que murió soltero, siendo negociante y que dejó asignada el arca de sus bienes a Montearagón; después viene Joaquín, que se casó en Blecua, donde todavía tiene descendientes y el citado hermano menor se llamaba José, que más tarde, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa Azara y de los que venimos mis hermanos y yo. Cuando ocurrieron los hechos que narra el papel citado, Antonio Almudévar Altabás era soltero y moriría con unos cuarenta y tres años de edad. Vivía en casa Almudévar de Barluenga, en compañía de sus padres y hermanos y sus actividades se dirigían a los negocios, porque atendía las compras y ventas y los intereses de los préstamos. En el pueblo de Sasa del Abadiado, la influencia de dicho Abadiado era notable y él cuidaba sus intereses y parece ser que amaba al Monasterio, porque el Vicario de Sasa escribió lo siguiente:”Que es cierto que después de su muerte Don Antonio Almudevar y Altabás, en la misma casa de don Judas Narciso, dueño de ella, el día antes de morir le hizo al declarante, Don Antonio, de que inmediatamente que muriese se llevase un arca que el dicho difunto tenía con bienes propios y papeles de distintos asuntos” y que la dejaba en propiedad del Monasterio. ¡Cómo amaba Antonio Almudévar Altabás al Monasterio!, porque le dejó, aparte de los documentos, sus propias monedas de oro. Huesca tiene que devolver al Monasterio muchas cosas, pero yo no podré devolverle los tirantes, que dejó en mi casa el antiguo monje, Mosen Perote; se los llevaron.

miércoles, 7 de enero de 2026

Teorema del paso de la materia al espíritu



Hace pocos días me encontré a un joven amigo, que circulaba por Huesca en una silla eléctrica de ruedas. Me explicó muchas cosas, pero lo que me llamó la atención fue la resolución, por sus propios medios, de tres teoremas. Todos los que en otros tiempos estudiamos matemáticas, nos acordamos de los teoremas, pero hacía ya mucho tiempo que yo, no oía nada sobre ellos. El más conocido debe ser el Teorema de Pitágoras, que dice: en un triángulo rectángulo, la suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de la hipotenusa. Yo no sé qué teoremas serían aquellos que resolvió mi amigo ni quien se los planteó. No se lo pregunté, pero cuando lo vea, trataré de corregir mi torpeza, preguntándoselo. He tenido la ocasión de hablar con un catedrático madrileño de Física y quise saber si en las Facultades presentan teoremas al pueblo sabio, para que los resuelva y él me contestó que en su Facultad no existía el problema de los teoremas, entre otras razones porque los mismos no dependen de la Física, sino de las Matemáticas. ¿Es qué la Física estudia solamente los problemas materiales y las Matemáticas tratan sólo de problemas intelectuales o espirituales ?. Volví a encontrarme al profesor y le expliqué mis pensamientos y me dijo que es difícil dividir totalmente la Física y las Matemáticas, porque son ambas como ramas de una sabiduría superior. Es lo que yo había pensado sobre la materia y el espíritu, al escuchar aquel principio que dice ” la materia ni se crea ni se destruye , solamente se transforma”. En el Veni Sante Espiritus, se le pide al Espíritu Santo :”envía Señor tu Espíritu y todas las cosas serán creadas y renovarás la faz de la Tierra” y vemos como van apareciendo conocimientos sobre las cosas que nos rodean y recordando tiempos pasados antiguos y recientes, contemplamos como se han ido de una casa los abuelos, los padres y como ahora están los hijos jóvenes, porque la faz de la Tierra se va renovando. Se van relacionando la materia y el espíritu, a pesar del materialismo de Marx y gracias al espiritualismo de San Juan. Entonces se plantea ante uno mismo la resolución de un teorema, que demuestre como el espíritu y la materia tienen una coincidencia. Cicerón escribió que un teorema es “una demostración de una suposición sujeta al estudio especulativo”. Demostrar la conexión o unión entre la materia y el espíritu es difícil, pero verlo es fácil, por ejemplo mirando un rostro material de una gran belleza, parece ser objeto del reflejo de un espejo, que de la materia eleva el espíritu. Hay que especular para conseguir la demostración de algunas suposiciones para que sean auténticos teoremas. Por ejemplo el Teorema de Fermat, propuesto por el jurista y matemático francés del siglo XVII, haciendo proposiciones en 1670 que son ciertas, pero que no fueron científicamente demostrables, hasta que el año 1995, el inglés Wiles, presentó la demostración del Teorema “Enigma”. Son muchas las conjeturas que existen en la mente humana y se ve que son realidad, pero sin poderse demostrar, para pasar a ser teoremas.
En la vida ordinaria se ven casos como el que cuenta Ramón J. Sender en su obra “La muñeca en la vitrina”, en la que narra como muere una bella joven y la embalsaman, la visten lujosamente y van con ella al teatro. Con estos hechos niega Sender la muerte. Escribe Sender :” Viva o muerta, animada o no, la forma de aquella materia(que podía acabar naturalmente en podredumbre y cieno) le daba derecho a alguna clase de inmortalidad siempre gloriosa”. ”El padre pensaba : Sabemos algo del cuerpo humano, pero nada de esa alma que está viva en la forma corporal y que habla un idioma que entendemos muy bien aunque no con el entendimiento”.Se ve la verdad en las especulaciones de Sender, pero para demostrarla hace falta que mi amigo el de la silla de ruedas, se esfuerce en declarar la demostración del Teorema del contacto entre el espíritu y la materia y entre ésta y el espíritu.

Recuerdos del Hospital Viejo.-

    

                                                
Casi todos los días paso por la Alameda y no puedo dejar de mirar la fachada de un gran edificio, que además de su gran tamaño, tiene un aspecto noble y en lo alto de su pared, proclama la Salud. Se accede a él, desde la Alameda, por una avenida, que acaba en una doble  y larga escalera, acompañada por una pista por la que suben las sillas de ruedas. De lo alto de dicha escalera se entra en el recibidor del Hospital del Sagrado Corazón u Hospital Viejo, creado por la Diputación Provincial. Hay quien lo llama Hospital Viejo, cuando algunos oscenses hemos conocido otro todavía más antiguo, que se encontraba en la Plaza del Seminario, frente al Museo. Allí estaba de administrador el señor Del Cacho, que tenía  un hijo gran amigo de mi hermano el Psiquiatra muerto en Canadá,  Manuel  Almudévar. Allí, quizá se le despertara su vocación por la Medicina y aprendió a criar “crietas” de gorrión, que habían perdido a sus padres. En aquel Hospital las salas eran enormes y acogían en sus camas de hierro a enfermos y lesionados, pero en la Guerra Civil eran muchos los heridos y los muertos. Yo tengo mis recuerdos de dicho Hospital, pero cuando llegué al de la Alameda, para que me rehabilitaran mi brazo derecho, me saludó un empleado ,que es uno de los que más datos tiene de los doctores, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, comadronas, monjas y administrativos preocupados por la salud de los individuos y de la sociedad. Este empleado es un archivo vivo, que ha tenido la costumbre de acumular datos. Me contó, entre otras muchas cosas del antiguo Hospital de la Plaza del Seminario, pues de niño ya entraba en su interior, que una fuente presidía el centro del patio, acompañada de cuatro palmeras, una en cada esquina. Yo tenía un recuerdo de su persona, pero él lo tenía más claro que yo, pues me habló de mis visitas al Hospital, que yo hacía siendo diputado provincial.  Al llegar a recuperar los movimientos de mi brazo,  lo veía empujar  no una silla de ruedas,  sino dos, lo que hacía con gran habilidad. Un día lo encontré enfadado porque le había desaparecido un tajador o sacapuntas, con el que afilaba los lápices de los empleados de Rehabilitación y es que hacía diecisiete años que lo tenía al servicio de sus compañeros y lamentaba el no poder serles útil nunca más.
Parece ser que en el Hospital de la Alameda tuvieron que acoger a Don José Pla, Presidente de la Diputación. Era éste un señor auténtico, alto y delgado , que usaba sombrero y se servía de un bastón y además tenía un corazón noble, porque se dio cuenta de lo incómodos que tenían que estar los enfermos en salas de diez camas y más cuando a él tuvieron que añadirle una cama con la que se hacían once. Era natural de San Esteban de Litera. Estando yo en la Diputación lo conocí en cierta ocasión en que vino a Huesca y entró en ella para saludar a su Presidente. No se debió de sentir cómodo en la enorme sala y tuvo la idea de fundar un hospital más moderno. Así se hizo y el antiguo Hospital del Seminario se convirtió en Psiquiátrico.
Al principio la distribución de los servicios era completamente distinta de la actual Entrando por la puerta principal y a la izquierda estaban los rayos X,  servicios de laboratorio, urología, farmacia y consultas de pulmón, corazón y medicina en general.
Entrando por el otro lado, se  encontraba la Medicina Militar y de la Guardia Civil. En el primero estaba el piso para las compañías de pago e igualatorios.
Toda esta organización estaba dirigida por  unos doctores sabios y eficaces, como el Doctor Bragado en Cirugía, ayudado por don Jesús Recreo, hombre callado y bondadoso, que me operó a mí las glándulas tiroideas. En Traumatología estaba Don Luís Coarasa, gran amigo mío y de un buen humor, que un año para San Lorenzo en los toros, no lo dejaban entrar, siendo él médico traumatólogo. Le dije que debíamos ir a hablar con algún “mandamás” pero me dijo que se iba a su casa y que cuando lo necesitaran, lo llamarían y  ya iría a la Plaza. Tiene un hijo traumatólogo que ha intervenido en mi rotura del brazo derecho. ¡Gracias Luís!, junto con la doctora Sanz.
Me acordé de Don Tomás Lanzarote, de don José María Borrel, con el que hablé en la plaza de la Inmaculada. A don Daniel Carmen lo veo y nos hablamos en el Parque Municipal al que asiste a mantener la tranquilidad psíquica, con hombres y mujeres, orientados por un chino, que parece sabio. A don Manuel Fuentes Linás, doctor andaluz lo conocí en Siétamo, de donde era médico titular. En el laboratorio dirigía los análisis don Mariano Mallén, padre de mi amigo y compañero de estudios Maito Mallén, que creó los Laboratorios Mallén. En el Hospital Militar dirigía el cirujano y traumatólogo don Antonio Agüeras.
He hablado  de la alta función de los médicos, de los que he nombrado unos pocos, pero que en realidad fueron muchos más y eficaces los que trabajaron por la salud de los enfermos y enfermas, unos infecciosos  otros heridos o lesionados. Otros en cambio trabajaban por la perpetuación de la especie humana, ayudando  a venir al mundo a muchos niños y niñas. Estaban además los servicios antituberculosos, en cuyas salas estaban los infectados en sus camas, con las ventanas abiertas, aunque disponían hasta de seis mantas. Aparte se encontraban los Servicios de Maternidad, de los que me eligieron encargado en la Diputación. En cierta ocasión tuve que asistir a la entrega de un niño adoptado y al preguntarle al administrativo de la Diputación, señor Burgos, éste me contestó que no podía aclarar los orígenes del niño, a pesar de mi cargo oficial. En otra ocasión, haciendo una visita ordinaria, una monja de Santa Ana me presentó una cabecita cortada de una imagen de San José, envuelta con un escrito por un trozo de plástico cosido por sus bordes. Pone,  pues todavía conservo esa cabeza, que la había encontrado un oscense en mi casa de Siétamo y se la había traído a su esposa, que iba a dar a luz en la Maternidad. La monja sabía la historia de dicha imagen y yo, me di cuenta de que era la cabeza que una bala de fusil se la había cortado delante de mi padre. Me emocioné y la hermana me entregó la imagen que guardo en mi casa, como recuerdo de la misma  y de la casa de todos los oscenses, llamada Diputación Provincial.
Grandes figuras, la mayoría de ellas ya desaparecidas, pero que llenan nuestras mentes, como la García Bragado, que era un cirujano que con escasos medios, operaba incesantemente o como Cardús, que constantemente traía al mundo muchos ciudadanos y hay que tener en cuenta, que no sólo eran médicos aquellas personas entre las que existían los personajes, sino comadronas como doña Anita, de grueso cuerpo y de gran amor a las madres y a los niños. Más tarde acudió Pilar Puyuelo de Siétamo y  pariente mía, que siempre se está riendo. Recuerdo también a mi pariente Manolo Morlán, que trabajaba en la Farmacia, después de haberlo hecho durante muchos años en la Farmacia de Llanas. Me dice Miguel que a Manolo le pedían antiparasitarios, purgas, polvos para limpiar sus dientes y otra multitud de remedios, que él componía y que resultaban baratos. En aquellos primeros años se hablaba de las sulfamidas y no habían salido todavía los antibióticos. Los médicos visitaban a los enfermos de cama en cama, acompañados por las monjas, que se apuntaban los medicamentos que recetaban y luego los iban a buscar a la Farmacia y vigilaban su aplicación.
 Miguel trabajaba en todas las faenas ordinarias y extraordinarias, pues tenía que “escobar”  los suelos de los pasillos  y de las escaleras con  serrín  mojado con agua y con jabón. Dice Miguel que entonces se trabajaba más que ahora, pues para bajar a los enfermos a Rayos X, los tenían que coger entre dos personas y vencer a pulso la diferencia de altura entre la mesa de los Rayos y la camilla,  que entonces no llevaba ruedas. Con las monjas repartían las comidas. Empezaban a trabajar los enfermeros a las seis de la mañana y después de barrer todos los pasillos, repartían el desayuno y luego aseaban a los enfermos. Tenían que atender las llamadas de los enfermos que querían entrar, atender las salas por si lod enfermos querían agua o alguna otra cosa como medicamentos. Cuando moría algún enfermo, lo tenían que amortajar y lo llevaban al depósito, que estaba en la otra punta del Hospital, al lado de San Vicente de Paul y junto al crematorio. Por las noches, cuando llovía, se les agarraban los pies en la tierra mojada y notaban enormemente el peso de los difuntos. No tenían casi luz y tenían que caminar entre los pinos,  para llegar al depósito. Las monjas cuando sospechaban que alguien había muerto, le ponían un espejo delante de su boca y si no lo llenaba de humedad, era señal de que había muerto.
Allí, en el Hospital se daba la diferencia entre el optimismo y el pesimismo, entre la vida y la muerte, pero los médicos y empleados luchaban por la Salud de los hombres y mujeres. Algunas veces se introducían en la capilla de la iglesia y algunos rezaban por los enfermos y éstos por su porvenir eterno, La verdad era que aquella iglesia, con su arquitectura graciosa y bella, inspiraba optimismo.
Hoy, fuera de las diferencias entre la vida y la muerte, entre la juventud y la vejez, uno encuentra diferencias entre lo antiguo y lo moderno del Hospital, pues me reconocieron muchos empleados y sobre todo encontré alegría con Miguel , al que llaman el Pim-Pam –Pum y con don Javier Lera, con un título nuevo, elegante y eficaz, como es el de Fisioterapeuta. El mal llamado Pim-Pam-Pum no deja el buen humor y aunque ya no tiene el antiguo sacapuntas, parece ser que ya tiene otro y está dispuesto a afilar lapiceros de todos los funcionarios de Rehabilitación.
Don Javier Lera tiene una personalidad especial , pues es sobrino del autor de la canción aragonesa S`ha feito de nuey, que parece se está convirtiendo en un himno del Alto Aragón Parece ser que sin darse cuenta está él mismo dispuesto a crear una música profesional de los Fisioterapeutas Rehabilitadotes. Yo, en sesiones que me daba en mi brazo derecho, le oía producir sonidos bien sonantes, es decir que eran auténtica música y que consonaban o coincidían con los sonidos, dolores y choques interiores de mis músculos y tendones con mis huesos. Cuando a él le pregunté si sería capaz de escribir esas piezas musicales, parece ser que debió ver las mismas dificultades que yo encontré en ese problema, pero yo creo que sabrá resolverlo. Que tiene una personalidad extraordinaria es evidente, porque de vez en cuando, sin decir nada a nadie, aparece con un vendaje en uno de sus brazos, porque de tanto trabajar y hacer esfuerzos para devolver la misma fuerza a sus enfermos, se le lesionan sus brazos y hay que tener en cuenta que todavía es muy joven. Ama la Naturaleza, pues en el pueblo, bajo la Sierra de Guara, llamado Ibieca, cultiva un huerto con el que sueña y tiene una piscina, que cada año pinta  con pinturas, que le proporciona su íntimo amigo el almacenista de pinturas Sorribas. Con aquella pintura parece que pinta las rehabilitaciones, que acompaña con su mente y que hace en el Hospital.
Este Hospital ya no es el viejo ni el nuevo, sino que es un Hospital de la Seguridad Social y atiende a los enfermos con gran dedicación por parte de sus médicos y funcionarios, porque en aquella gran sala de rehabilitación ,cada día se trabaja y su directora se preocupa de reponer salud y vida en los enfermos y dirige y colabora con Javier ,  mientras Miguel, el Pim-Pam-Pum se interesa por todos los  funcionarios y enfermos, tanto que presumía el otro día de que también él, en otros tiempos y dirigido por un experto trataba de rehabilitar a los inhabilitados.  
El otro día en una conversación escuché que una enferma recibió la oferta de un médico de ser operada, pero la doctora de Rehabilitación le propuso que ella se encargaría de rehabilitarla.
¡Gracias, doctora y gracias a Javier y a Miguel por haberme rehabilitado!, ¿Cuánto tiempo durará?. No se sabe pues el tiempo y el paso del tiempo dan la solución a la vida y a la muerte, mientras yo me lo he pasado muy bien con la compañía de Javier y de Miguel y soñando con música rehabilitadota.

martes, 6 de enero de 2026

Agua limpia para Huesca (Verano de 2010)



Vadiello está casi agotado ;sólo quedan tres hectómetros cúbicos de agua y como dicha agua está destinada para el suministro de la capital oscense ,no pueden regar en las riberas del río Guatizalema. Es natural ,como también lo es que las aguas que llegan a Huesca ,huelen a lodo como las aguas de las balsas de ranas. No se muere la gente ,pero sufre y acepta el agua con repugnancia.
Muchos piensan en el escaso porvenir de desarrollo en una ciudad ,que carece casi de agua para beber y por tanto carecerá de ella para que funcione la industria.
Por lo dicho ,no tiene Huesca más solución que traer agua de algún lugar donde la haya y ya está trabajando en tal asunto ,construyendo el Pantano de Montearagón, pero hay que procurar que el agua no falte cuando el contenido del pantano se vaya quedando escaso.
Se van formando nuevas comarcas ,mientras van desapareciendo muchos pueblos ,por lo general por la falta de rentabilidad de la tierra, con lo que van quedando pocos labradores ,que se ven sin escuela para sus hijos y tienen también que marcharse. Otras zonas ,en cambio se van beneficiando con los riegos y se van industrializando ,lo que hace que sean pueblos que mantienen su vida. Esta vida la mantienen los pantanos que a veces hacen mal en algunos pueblos, pero en otros dan origen a zonas de recreo y de turismo y además se van creando otros nuevos.
Una comarca aragonesa ,que está creciendo es Zaragoza ,pues al venir hacia Huesca ,se ven numerosas industrias y estas siguen ,cuando uno llega a Villanueva de Gállego y siguen apareciendo por Zuera ,que da la sensación de que todavía uno está en Zaragoza capital; hay también industrias cerca de esta zona ,ya en la provincia de Huesca y en pueblos como Gurrea de Gállego y en Alcalá de Gurrea. Llegas a Almudévar y no sólo se ven industrias en funcionamiento ,sino que han abierto una zona industrial con amplios accesos.
Esta zona tiene agua para alcanzar tal desarrollo y está previsto llevarle más del Pantano de Yesa y del de Biscarrués, pero llega uno a Huesca y no encuentra más que una escasa industria y casi todos sus jóvenes tienen que emigrar o ir a trabajar a Zaragoza y volver a dormir a Huesca.¿Qué pasa para que no haya industrias en nuestra capital y en los pueblos de alrededor ,hasta Barbastro?.Es que no hay agua abundante, porque la zona que he comentado, tiene además del Ebro ,las aguas del Gállego y está dispuesta a llevarse las del río Aragón ,cuando esté aumentado el caudal del Pantano de Yesa.
La zona oriental de la provincia ,incluida parte de la de Lérida disponen de las aguas del caudaloso Cinca ,con sus afluentes del Vero ,del Esera y del Isábena ,del Ara y del río fronterizo con Cataluña ,a saber el Noguera –Ribagorzana.
Estas aguas hacen que la parte oriental de la Provincia ,desde Barbastro ,se asemejen mucho a la desarrollada Cataluña.
La zona central de nuestra provincia ,encabezada por su capital Huesca no tiene tanto caudal ,pero es que además ,no se aprovecha ,ni se trabaja para aprovecharla. Tiene a su disposición el Isuela ,el Flumen, el Guatizalema y el Alcanadre del que no hacen ni caso, porque haciendo un presa en Pedruel ,bajaría el agua hasta el pantano de Calcón, que se llena con un afluente del Alcanadre ,a saber el Formiga, encima de Angüés y se podría aprovechar tierra e industria en dicho pueblo y en sus vecinos y podría bajar agua a Vadiello ,que en épocas como la actual en que ,en Huesca se beben aguas de “baba de rana” ,se podría evitar y se aliviaría la escasez de agua que tenemos en esta zona. Angüés pertenece a la Comarca de Huesca y dicha Comarca tiene derecho especial para el aprovechamiento de las aguas del río Alcanadre. Basta bajar un poco más debajo de Angüés ,hasta Pertusa ,donde riegan con el acueducto que deja pasar el agua de El Grado y se oyen sonar ,al fondo las aguas del Alcanadre ,que corren hacia el Ebro.En tanto ,en Angüés tienen dedicada la Calle principal ,es decir la carretera ,a Don Joaquín Costa .¡Qué desprecio para Angüés y para toda la Comarca de Huesca!. Además parece que tenemos escrúpulos de traer aguas de lugares más lejanos, como por ejemplo de Yesa ,al mismo tiempo que las baje Zaragoza y empalmándolas por Ardisa con Huesca.
¿Cuál es la causa de esta situación en Huesca y su Comarca?.¿Son más inteligentes y más ricos en su parte oriental y en su parte occidental?. O es que somos más indiferentes con nuestro porvenir ,cuando en nuestro escudo pone V.V. Osca, Huesca ciudad vencedora.
Cuando dices alguna de estas cosas a ciertos encargados de poner en marcha los riegos, te miran con indiferencia o con desprecio o haciéndose el loco. Es que deben sentirse “infanzones” y la opinión del pueblo parece que la desprecian ,porque dicho pueblo no dice nunca nada,
Que el pueblo de Huesca no se conforme con el tiempo atmosférico ,para evitar las aguas de balsa y que haga y diga algo a los superiores ,para que mientras ellos beben agua mineral ,se preocupen para que el pueblo no tenga que beber esa “agua de balsa” o lodo, como las ranas.

lunes, 5 de enero de 2026

Santa Orosia de Yebra de Basa.-


Yebra de Basa.

El Himno a Santa Orosia, canta:  “Todos los pechos aragoneses- y los de Yebra en la Montaña, - a Orosia claman con frenesí”. Es verdad lo que canta el himno, pues yo de unos seis o siete años, en Jaca conocí la cabeza de Santa Orosia, que traían los de Yebra al templete, donde se veneraba a la Santa, en la Plaza Biscós y rogaban ellos, unidos a los de Jaca, por la paz y por los endemoniados, que iban acompañando a la Santa para verse libres del mal demoniaco. Era una batalla en la lucha del bien contra el mal, era una manifestación de los aragoneses unidos de Yebra de Basa con los de Jaca, contra el odio, que la Guerra Civil había traído por estas tierras. Conocí, en aquella ocasión, la personalidad secular de la santa centroeuropea, que vino a casarse con un Rey de Aragón, pero que fue martirizada por un Rey moro, que la deseaba para él mismo. Tuvo lugar dicho encuentro el día veinticinco de Junio del año 1937, en la procesión que cada año se celebra durante la Fiesta que tal día celebran en Yebra, en honor de la Santa. Acudimos los hermanos acompañados por mi padre y allí nos encontramos con el jacetano don Paco Ripa, primo hermano de mi padre, caballero del que todavía poseen su casa, sus nietos, después  de cien años de vida, en la Plaza Mayor, con su jardín y su capilla, dotada de piezas litúrgicas. Hace de este encuentro con Santa Orosia, setenta años, pero he descubierto la verdad del Himno a la Santa, porque en su rústica oficina, que Sorribas posee junto al Hotel  Monteargón,  lo he encontrado un día del mes de Julio, acompañado por Santiago Villacampa, natural de Yebra de Basa y allí llegué yo a conocer a un gran amigo de Santa Orosia. Durante tres generaciones tienen el salterio o chicotén, Alfonso Villacampa el padre, Faustino Villacampa el hijo y ahora está Rafael,  que sobrino de Santiago y nieto de Alfonso, es hoy día el músico que hace sonar el “chuflo” o el chiflo, en el Baile de Yebra.
Así como en Jaca hay una Hermandad de Santa Orosia, que ya dura siglos, descubrí por la conversación que mantenían el almacenista de pinturas Sorribas, con Santiago Villacampa de Yebra de Basa, que Ibieca,  pueblo que está al lado de Siétamo, en la Vía Romana, que iba desde Huesca hasta Alquézar,  veneraba a Santa Orosia, también desde hacía siglos. No en vano desde Ibieca, que está al Sur de Guara, se contempla dicha Sierra y desde el Norte de la misma Montaña, se observa mirando al Sur, desde la Cueva de Santa Orosia. Se celebra la Fiesta de la Santa el día veinticinco de Junio y poseen una reliquia de la misma. También cantan en Ibieca la canción de la Morena y la del Humo, como escuché al auténtico jotero Sorribas, cantarla emocionado.  Así como escuché a Sorribas recitar los versos de Santa Orosia, escuché a Santiago Villacampa, de una edad aproximada a la mía, los versos que componen los “Dichos de la Vida de la Santa”, como las canta  él, ya hace muchos años, en Yebra y que también se cantan en Egea de los Caballeros. Estuvo Santiago recitando unos larguísimos versos, que comenzaban  así : ”Santa Orosia tan pura y tan bella-de tus brazos venimos en pos-te alabamos ilustre doncella- que el martirio sufriste por Dios”. El “chicotén”  o salterio, que hacen sonar, recuerda por su forma una caja de un reloj de pared, pero de un metro y veinte centímetros de altura, y que en lugar de apoyarse en una pared, lo hace en el pecho de quien lo hace sonar. Tiene para hacerlas sonar, cinco cuerdas, sujetas por su parte superior por clavijas de madera y por la de abajo, con pletinas de hierro. Dicen que el instrumento musical “chiflo” o “chuflo” que usan es vasco-ibérico y que incluso de él, se deriva el Txistu. Yo no lo sé,  pero, viendo a Santiago Villacampa, me hace la impresión de ver y escuchar a aquellos altoaragoneses, en la época en que fue martirizada Santa Orosia. Decía Santiago que hay cerca de Yebra de Basa una montaña , que la llaman el Puerto de Santa Orosia, que está al aldo del Pico de Furia, de 1920 metros de altura. En esta montaña y en su seno, se encuentra una cueva, donde la Santa estaba refugiada para no ser capturada por el Rey Moro, que la pretendía, para casarse con ella. A ella suben los vecinos de Yebra, acompañados por sus danzantes y Santiago Villacampa que nació el año de 1933, recita los “Dichos y vida de Santa Orosia”, que se sabe de memoria y que nos recitó a José María Puyuelo Sorribas,  a Tomás Sanz, funcionario del Ayuntamiento de Huesca y a mí mismo. ¡Cómo no iba a saber tales versos, si durante años los ha recitado como Mayoral, con un enorme cariño!. En el Puerto y después de comer, actúan los danzantes y se explica la vida y el martirio de la Santa. Luego  bajan andando y al llegar a la primera ermita, implantan la Romería y entran en la Plaza de la Iglesia, donde hacen el ofertorio y veneran el cráneo de la Santa, actuando los danzantes. La música que acompaña a los danzantes se divide en la que producen el “Chiflo” y el “Salterio o Chicotén”.
Se goza en esta Romería de una música celestial y primitiva pues, como he dicho, el “chiflo” o  “chuflo” es un antecesor del Txistu de los vascos actuales, pues los de Yebra de Basa, son vasco-ibéricos, como el pueblo vascongado, dondecse encuentra el nombre de Ibero e Iberiu e incluso otro Viriato. Igual que penetraron los celtas en Aragón, en Vascongadas han penetrado, no sólo los celtas, sino muchos españoles de todas las provincias. Pero los de Yebra de Basa, sostienen en sus corazones, acompañados por el Salterio, Chicotén o Chuflo, su fe en Aragón, protegidos por Santa Orosia.

domingo, 4 de enero de 2026

El agua, los cántaros y las tinajas



El agua que la gente usa para beber y para limpiar las casas viene por sí misma desde el depósito municipal y sale por los grifos, pero antes al entrar en sus patios uno veía, tinajas en el patio, cántaros en el cantaral y un cazo colgado en la pared, para sacar el agua a los cubos o pozales, que se llenaban para vaciar en fregaderas, para dar de beber a los cerdos, gallinas y palomas; también para regar en el verano el patio de la casa y tal vez la parra, plantada en la fachada y que subía por el balcón y se extendía por la cara de la vivienda. Y ¿quien traía el agua a las tinajas, hoy vacías? ; la traían las mujeres, a las que he visto con un cántaro en la cabeza, donde se posaba con un trozo de tela plegado como si se tratara de una almohadilla o de una tela medianera entre dicha cabeza y el cántaro, y llevaba la misma mujer otro cántaro en su costado izquierdo, cuyo culo se apoyaba en la cadera femenina y por fin, con la mano derecha cogía un botijo de agua, para beberla fresca en su vivienda. Si eran varias las mujeres en la casa: una la abuela, otra la dueña joven y alguna hija, se llenaban mucho antes las tinajas y si, por desgracia, una señora estaba enferma o era vaga, el agua llegaba a faltar en su pobre casa. No faltaba agua en casa Rafaeler, pues la abuela María Berges, se cargaba en la cabeza dos cántaros llenos, enfrentados entre sí por la boca (boca con boca) y yo he probado a embocar dos vasos de agua y esta no se iba. En la fuente o en la balsa, en el lugar donde cogían el agua, conversaban las mujeres y al oscurecer, cuando el sol se escondía, algún hombre esperaba a alguna mujer y trataban de amor o de bodas, ocultos por paredes, árboles y sobre todo por la obscuridad de la noche. Pero en algunas casas no hacían tanto esfuerzo para llenar sus tinajas, pues tenían una burra, con sus "argaderas" de mimbre con cuatro recipientes donde se colocaban cuatro cántaros y con pocos viajes que hicieran, se subían mucha agua, que permitía tener las tinajas rebosantes.

En cierta casa, me acuerdo que tenían un carro con un depósito de madera, como un enorme tonel, que llenaban en la fuente y descargaban en un depósito alto de la casa, y el agua se distribuía por los grifos de los lavabos, fregadera y por los excusados.
¡Qué placer producía el sonido del agua al caer de los cántaros a las tinajas, que una vez llenas se tapaban con un tape redondo de madera con su asidero!.Hoy unos saludan a las tinajas y a los cantarales que todavía se conservan en algunas casas, donde, por otra parte ya no se usan, pero el recuerdo de haberlos llenado con el esfuerzo de su madre o de su abuela, impide que los saquen a la calle y guardan con ellos el recuerdo familiar de sus mayores.

viernes, 2 de enero de 2026

La raza maldita de los agotes aragoneses



Los agotes (al igual que los chuetas mallorquines, los vaqueros asturianos, los cretinos o incluso los payeses de remensa catalanes) constituyeron poblaciones absolutamente marginadas y subyugadas por la población autóctona repartidas por el Pirineo vasco, navarro, aragonés o francés. Según unas fuentes su procedencia vendría de los godos franceses, para otros podían ser cátaros y según otros serían musulmanes vencidos en Poitiers en el año 733. 

La primera mención se da en Francia en el cartulario de la Abadía de Luc en el año 1.000. A partir del siglo XVI se fueron promulgando con escaso éxito leyes para tratar de evitar la segregación a la que estaban sometidos pero todavía perduraría hasta entrado el siglo XX en el caso del barrio de Bozate en Navarra, el más famoso de los asentamientos agotes.

La raza de este pueblo maldito parece que era distinta del resto de la población. Pío Baroja dijo de ellos que algunos tenían un aire germánico y sin embargo otros recordaban a los gitanos.

Los agotes debían llevar bordado en rojo una pata de oca sobre fondo claro en su hombro izquierdo. Mucho se podría hablar sobre la simbología de la pata de oca, símbolo que podemos encontrar por ejemplo en los extremos de la cruz templaria, o en el crismón románico que son dos patas de oca superpuestas que forman la X y la P (iniciales de Cristo) y que se extendió por la península ibérica a partir de la catedral de Jaca. Es frecuente este símbolo a lo largo del camino de Santiago (camino espiritual divulgado a los no iniciados mediante el juego de la oca) y parece ser un símbolo iniciático usado por los constructores de esas iglesias románicas. Precisamente los agotes tenían fama de ser buenos constructores y se dedicaban a ser albañiles o carpinteros mientras que las mujeres trabajaban con la rueca.

El agote debía acceder a la iglesia franqueando una puertecilla vergonzante que le obligaba a entrar agachado. El agua bendita la recogía con la punta de un cucharón, asistía a misa en un rincón apartado destinado para ellos y el cura les daba la comunión en el extremo de una larga paleta. En su vida habitual, el agote debía abrevar en fuentes exclusivas para ellos, no podía dedicarse al comercio, solo podía cultivar campos de lino o cáñamo aunque se les permitía un pequeño huerto de subsistencia y no podían tener cabezas de ganado a excepción de un cerdo viudo y un asno. Eran acusados de llevar un estigma en su cuerpo, de transmitir la lepra, de oler mal (imagino que sería un mal común en la época y no solo entre los agotes), de no tener lóbulos en las orejas y de haber fabricado la cruz en la que murió Cristo. Por supuesto, estaban obligados a mantener la endogamia más absoluta, a vivir en barrios apartados y además eran enterrados en cementerios aparte.

 
Las comunidades agotes más importantes en Aragón se encontraban en los valles próximos a Jaca, valles de Echo, Ansó y Aragón y en el valle de Gistaín. Este último valle lo estudió la escritora chistabina recientemente fallecida Nieus L. Dueso Lascorz en su trabajo “Los agotes de Gestavi (Bal de Gistau)”. Este estudio está disponible en Pdf en la Universidad de la Rioja y se puede encontrar fácilmente con Google. Un indicio claro de la presencia de agotes es la existencia de una pequeña puerta en una iglesia por la que debían entrar humillados al templo. Según Bastian Lasierra podemos encontrar esas puertas en Ansó, Fago, Echo, Majones, Salvatierra, Sigüés, Berdún, Villanúa, Castiello, Barós y Plan.

Arciprestazgo de Montearagón

Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino, ahora convertida en Carretera Nacional-240, que v...