sábado, 16 de mayo de 2026

Ni morir en paz dejan



En Portugal, ya hace algunos años, no se hacían certificados de defunción a causa de una huelga de médicos. ¡Qué tragedia!. No dejaban vivir ni a los muertos o más bien no dejaban morir a los vivos. El poder de la burocracia se había endiosado, o más bien había endiosado al papel, cuando todos sabían, que esa celulósica lámina, era casi toda empleada para limpiarse las partes pudendas.

No se sabía si los huelguistas querían subir el precio de los certificados de defunción. Si era eso lo que pretendían, el pueblo, que intuía que eso era un sacaperras, transformaría esa intuición en certeza. Se darían cuenta de que la falta del papelico, no volvía a los difuntos a la vida, ya que no hablaban ya que estaban rígidos, fríos, del color del papel del que carecían, y de que luego empezaban a oler. Hace muchos años, una peste asoló Lisboa y murieron muchos de sus habitantes. Entonces no hacía falta, para enterrar a los difuntos, papel acreditativo de la defunción, ni papel moneda porque ésta era de metal. Así como el que no tenía padrinos no se bautizaba, el que no tenía moneda, no era enterrado. Las familias, como no podían tener a sus deudos difuntos en casa, los sacaban a la calle y ponían platillos delante del cadáver. Estos platillos tenían la misión de recoger limosnas, hasta que se alcanzase la suficiente cantidad de dinero para pagar la tarifa del entierro. El que era caritativo iba practicando a destajo la obra de misericordia de enterrar a los muertos. El que no lo era, iba echando dinero para sacudirse los muertos de delante. Alguna vez se daba el extraño caso de que un cadáver oficial, digo oficial porque poseía certificado con su póliza y todo, se levantaba de su ataúd ante el pasmo de las plañideras que lo rodeaban. Algunas tornaban sus llantos en risas, pero otras aumentaban su caudal lacrimoso. Ignoro si algún supuesto cadáver corrió a casa del que le expidió el certificado, para pedirle la devolución de su importe, y para que se hiciera cargo de los inútiles y fúnebres gastos que le había originado.

En antiguas civilizaciones, amantes de la Naturaleza, depositaban los muertos en una meseta a la que acudían los buitres y alimoches y ejercían de policías sanitarios. Aquellos portugueses pobres y rapiñados en vida, tendrían el consuelo de integrarse en aves rapiñadoras, con lo que conseguían una revancha por las múltiples humillaciones sufridas en su vida y en su muerte. Descansen en paz.

viernes, 15 de mayo de 2026

Al este de Huesca








Al Este de Huesca se encuentra Siétamo y al oeste de Pamplona se va ensanchando Zizur Mayor. Existe una gran diferencia entre Huesca y Pamplona, pues ésta es la capital del antiguo Reino de Navarra, que estuvo unido al de Aragón y ahora sigue siéndolo, mientras Huesca quedó estancada en su desarrollo. Cuando Ramiro el Monje permitió que se casase su hija Doña Petronila con Ramón Berenguer IV de Barcelona, los navarros dijeron que no querían depender de tan lejanos lugares y siguieron formando el Reino de Navarra. El porvenir del Alto Aragón hubiera sido distinto si hubiera seguido buscándolo con dicho Reino, porque el río que dio nombre a nuestra nación aragonesa, corre por Navarra, como lo hace por Aragón y si aragoneses somos los de tan antiguo Reino, aragoneses son los navarros que viven por las vegas del río Aragón y la presa del pantano de Yesa, que como dice su nombre está en Navarra. En la provincia de Huesca están los pueblos de Navarri y el de Benabarre.

Había una inclinación entre ambas regiones hacia la unidad, pues la diócesis de Jaca estaba unida a la de Pamplona, en tanto que Tudela pertenecía a la diócesis de Tarazona. Pamplona se ha preocupado de comunicarse con sus vecinos, como Francia, Logroño, Vitoria, San Sebastián y Bilbao y si falta el crear la autovía de Lérida a Pamplona, no es por su culpa, pues en Navarra ya se trabaja en su construcción, en tanto que en Huesca todavía se discute si dicha autovía debe aproximarse al campo de aviación de Alcalá –Monflorite o no. Aquí parece que a la gente le importa poco que haya o no haya un campo de aviación, en tanto que en Pamplona, existe ya hace años y en Navarra se aproxima su población a los seiscientos mil habitantes, en tanto que en Huesca ha bajado a doscientos diez mil.

En Navarra hay ideas y solidaridad para llevarlas a cabo. En Navarra no hay problema con el trasvase del Ebro, porque sus habitantes van levantando los pantanos que necesitan y reparten sus aguas con justicia y equilibrio entre aquellas de sus zonas que pueden utilizarlas. Si después sobra agua, que les aproveche a aquellos que puedan alcanzarla, porque siempre dicha agua ha corrido de arriba hacia abajo.

Aquí hemos protestado contra el trasvase, pero entre tanto no hemos creado pantanos ni hemos puesto en riego zonas donde ésta se espera desde hace muchos años, de manera que cuando el trasvase se realice, aquí, ¿qué haremos?. En Siétamo se iba poner en riego su monte y una de las guerras carlistas lo impidió. Aún se canta aquella jota que dice así:”Los señores de Siétamo –pusieron el monte en huerta-y ” pa” la virgen de nunca –pasa el agua por la acequia”. En 1915 se previó hacer el Pantano de Vadiello, con el que estaba previsto regar el término de Siétamo, pero la guerra del 36 impidió su realización. Acabó la guerra y la Dictadura levantó el pantano y se lo entregó a la capital de Huesca. En Siétamo había bastante agua para usos domésticos con la que manaba de su fuente, se empezó a construir y se han paralizado los permisos para construir, hasta que llegue el agua del río Guatizalema. Llevamos unos cinco años con las tuberías instaladas hasta diversos pueblos de debajo de Siétamo, incluido el Campo de Aviación de Monflorite, pero la toma todavía no se ha puesto, con lo que ni el Campo de aviación puede ser ampliado ni se puede construir más en Siétamo. Al ver esta situación y compararla con lo que ocurre en Zizur, que desde el año 1970, cuando tenía mil nueve habitantes, hasta el año dos mil tres que tiene doce mil setecientos siete se explica uno como Huesca no crece, cuando otras provincias, se superdesarrollan. Huesca y Siétamo no crecen tanto, pero pueden hacerlo.

jueves, 14 de mayo de 2026

Arba de Luesia






Cuando uno va a Pamplona, poco antes de llegar al Puerto, donde está la Ermita de Santa Bárbara, hay una señal que indica el desvío que va a Longás y desde este pueblo, siguiendo el río Onsella, se llega a la navarra Sangüesa. A uno le quedan ganas de ir por ese camino, pero el miedo a los caminos desconocidos, te hace seguir adelante, para pasar por el puente sobre el río Aragón y tomar la carretera que por la Canal de Verdún te lleva por la cara norte del Pantano de Yesa, cuya presa ya se encuentra en Navarra. Por la cara sur se divisa la Sierra de Santo Domingo, desde la que se domina el camino del río Onsella, por el que había renunciado a pasar. En la Sierra de Santo Domingo nace el dicho río Onsella, que va a desembocar en el río Aragón, en Sangüesa(Navarra) y en la parte Sur brotan tres ríos Arba, palabra vasca relacionada con el nombre de Arbaniés a dieciséis kilómetros de Huesca. El nombre de Arbaniés también está relacionado con el del pueblo navarro de Arbuniés. En Luesia nace uno de los ríos Arba y corre hasta Biota, donde entra en la llanura de Cinco Villas, alimenta el pantano de San Bartolomé, en Egea recibe las aguas del Arba de Biel, desembocando cerca de Tauste en el río Ebro. Es hoy el centenario de un vecino de Siétamo, con origen en el desaparecido pueblo de Salinas de Jaca el Viejo, Sebastián Grasa Estallo, el que me contó estas cosas sobre los ríos Arba, de los que he nombrado dos, a saber el de Luesia y el de Biel, pero también me nombró un tercero, llamado río Arba de Uncastillo. Salinas de Jaca Viejo ya no existe desde los años cincuenta del pasado siglo XX, pues fue abandonado por los corrimientos de tierra que se daban con cierta frecuencia. Con su desaparición se borraron muchos siglos de la Historia de Aragón, pues de sus salinas se abasteció el Monasterio de San Juan de la Peña y tomó parte en las distintas etapas históricas, junto con los pueblos vecinos de Zaragoza y con Sangüesa de Navarra. Ahora están comunicados los pueblos viejo y el nuevo por un camino de herradura. Sebastián Grasa, vivió muchos años en Salinas el Viejo y como ganadero recorría territorios lejanos, como los de Almudévar y por tanto mejor conocía a los habitantes de Longás y de Luesia, entre otros, que eran vecinos de Salinas. En las Fiestas de Luesia, en la provincia de Zaragoza, pero en la misma comarca de la Sierra de Santo Domingo, que su propio pueblo, conoció a cuatro labradores, que formaban una peña de amigos. Los llamaban Chapalangarra a uno de ellos, Cometocino, a otro, Campanudo al tercero y El Pistolas al último. El Chapalangarra uno de los días festivos se fue a dar una vuelta por el monte, que se encontraba a unas tres o cuatro horas del pueblo y rodeado de un hermoso bosque en el que proliferaban las carrascas, los pinos y los “fayos” o hayas, pero llegó una furiosa tormenta, teniendo él que meterse en una caseta o borda. Cuando pasó la lluvia quiso salir, pero no pudo, porque todo el monte estaba inundado por el agua. Las gentes del pueblo fueron a buscarlo por la noche, mientras él escalaba por las rocas y peñas y saltaba sobre las paredes, que estaban llenas de zarzas. A última hora lo pudieron rescatar y montándolo en una mula, lo llevaron a Luesia muy apurado y herido. El río que tenía que recoger las aguas de la tormenta era el Arba de Luesia, dando lugar al agua de los barrancos, pasa por Luna y por todas la Cinco Villas, pero aquella tormenta arrancó un enorme pino, que se cruzó en una zona estrecha y no dejó pasar a otros que estaban talados y la retención del agua impidió que se arrancaran otros pinos, e impidió que Chapalangarra volviera a Luesia. Este aragonés con sus otros tres amigos tenían cada uno una finca en una Val, a la que llamaban Monte Ciberana, lleno de árboles como me ha dicho anteriormente. Cada uno tenía una caseta o borda, porque sobre todo en épocas de siembra o de cosecha tenían necesidad de permanecer allí. Vivían felices porque eran respetados en el pueblo y cuando estaban en el monte, además de labradores eran amigos y para obtener las proteínas que necesitaban para su alimentación, eran cazadores. Cada uno guardaba en su borda un botico de vino, del que se echaban buenos tragos cuando se juntaban. En una palabra, que estaban siempre contentos porque bebían, cantaban y bromeaban. Dice Sebastián que algunas veces se oían gritos a distancia, cuando se veían y decía el Cometocinos :¡Oye Pistolas!, ¿has traído el cepo? y este le contestaba :¡Campanudo y tú ¿lo has traído? ; al poco rato ya estaban juntos y marchaban a cazar. Necesitaban los cepos porque siempre que podían, iban a cazar y parece ser que no distinguían entre las distintas especies, porque no distinguían la calidad de la carne, por ejemplo del conejo con la de la raposa o “rabosa”; cazaban lo mismo este animal que el tejón. La causa de tal comportamiento habría que buscarla en las grandes caminatas que tenían que hacer para llegar al monte Ciberana y necesitarían proteinas cárnicas para dedicarse a la caza. Además como disponían de vino en sus bordas, al beberlo todas las carnes se volverían agradables a su paladar. Toda la tierra cultivable estaba rodeada de alturas, llenas de pinos y de matas de baja altura, como “buchos” o bojes, que a pesar de su calificación de “baja altura”, muchos alcanzaban dos o tres metros. Estaba el campo Fenero, que abundaba en yerba y más tarde en heno, ya que su dueño Don Telmo Lacasa, no lo cultivaba y nacía en medio de él una fuente, que no desviaba sus aguas hacia el Arba ,sino que discurrían hacia la pardina de Nofuentes, también de su propiedad, en la que disponía de tres casas. Este campo de Fenero era disputado por los vecinos de Biel, de la provincia de Zaragoza a Don Telmo, que estaba en Madrid por ser el presidente de los Ferrocarriles Españoles. Junto a la pardina de Nofuentes está la finca denominada La Ferrera, que pertenece a un salinero ilustre y que la tiene toda habitada por animales. Es de comprender que en aquellos lugares proliferaban multitud de buitres y de águilas y dice Sebastián el centenario, que un águila anidaba con su pareja allá arriba en la Peña de Santo Domingo y era por todos creído que tendría unos cien años. Todo el mundo la respetaba y la admiraban cuando la veían cazar. A propósito de ver cazar a las águilas, contaba Sebastián, que en Salinas vieron él y el practicante Señor Morlans, antecesor de los tan conocidos en Huesca, a un águila capturar a un cordero y elevarlo a las alturas, pero que no pudo con él y se le cayó, con lo que pudieron comer cordero. Pero un día los cuatro cazadores de Luesia perdieron su sentido común, quizá por estar medio bebidos, decidieron ir a cazarla. Subieron uno de los citados cepos, lo ataron a uno de ellos y con una soga, los otros tres compañeros, lo subieron cerca del nido; allí lo plantó y allí cayó el águila. Cazaron al águila, pero la naturaleza les dio una lección, que les hizo pensar en el mal que habían cometido ya que al cocerla tuvieron que estar dieciséis días atizando el fuego.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Muy cerca de Huesca, estaba George Orwell




Muchas veces son las que bajo a las casas que mi abuelo construyó, una para el médico y otra para el mariscal, como pone en un antiguo recibo de contribución y al lado de ellas está el huerto, donde hoy recojo judías y pepinos y donde el año mil novecientos treinta y seis construyeron los miembros del Ejército Gubernamental, un hospital en el mismo frente, como el que habían levantado, por ejemplo, en Monflorite.
El de Siétamo consistía en un barracón amplio, construido muy deprisa con madera. El él metían en la Guerra Civil del año mil novecientos treinta y seis a los heridos, pues a los muertos los enterraban o abandonaban en el mismo lugar que una bala enemiga les había alcanzado o aquella otra que los mismos que se hacían la guerra, se entretenían en dispararla para fusilarse mutuamente.
Uno de los múltiples heridos que al Hospital llevaron y de cuyos nombres ya no queda ni un recuerdo, fue George Orwell, nombre famoso en la Literatura Universal, pero que en realidad se llamaba Eric Blair, como se firmaba en muchas cartas que dirigía a sus amigos. Pero el nombre de Orwell, el que pasó a convertir su identidad en la de un clásico, es conocido en todo el mundo y se le nombra constantemente, y quizá con una frecuencia, tal vez, sólo superada por Cervantes y por Shakespeare.
Varias veces me han preguntado sobre dicho hospital pero sin embargo el recuerdo de Orwell ha aumentado en esto últimos años y fueron dos simpáticas señoritas inglesas, que llegaron a Siétamo las que me preguntaron que donde estaba el lugar donde lo hospitalizaron. Yo se lo enseñé y les hice ver en un extremo, donde se encontraba el barracón, el pequeño pedazo de suelo de cemento que se quedó sin eliminar para volver a cultivar el huerto, cuando acabó la Guerra. Hace poco tiempo que otros extranjeros también llegaron a Siétamo y preguntaron por el hospital, pero al no estar yo, parece que no fueron capaces de darles explicaciones. Últimamente, en esta fecha de dos mil cuatro, en que se cumple el centésimo aniversario del nacimiento en mil novecientos tres, de Orwell, me dijo un sietamense llamado Angel Puyuelo, que a su padre lo habían atendido en el citado hospital. Hace ya muchos años estaba Salvador Puy Carilla, sentado en el portal de su casa y acompañado por Miguel Arnal y se acercaron tres parejas y les preguntaron si eran de Siétamo, respondiéndoles ellos que sí; comenzaron una conversación en la que Salvador les dijo que en cierta ocasión estaba un tanque en la puerta de la iglesia y de repente recibió unos tiros de fusil en su motor y el que parecía ser el más importante de las tres parejas, se rió y entonces les dijo:”Yo estuve de Director de los Cirujanos de sangre en el Hospital de Guerra”. ¡ Qué lástima no saber el nombre del médico, para preguntarle por Orwell y por todos los heridos y muertos que por allí pasaron!.
¡Dios mío, qué contraste entre Orwell y todo el pueblo de Siétamo, del que ardieron desde el Castillo-Palacio donde nació el Conde de Aranda y la iglesia hasta las modestas casas de tantas familias, como las de la señora Juana y la de los Puyuelo!.Orwell fue herido a las cinco de la mañana del día veinte de mayo de mil novecientos treinta y siete en Monflorite, muy cerca de Huesca y lo internaron en Siétamo y en una carta a Rayner Heppenstall, en treinta y uno de Julio de mil novecientos treinta y siete, él mismo describe que :”Mi herida no fue gran cosa pero es un milagro que no me costara la vida. La bala me cruzó limpiamente el cuello y falló lo que se proponía encontrar excepto una cuerda vocal, o más bien el nervio del que depende, que está paralizado…Me alegro bastante pues creo que esto nos pasará a todos en un futuro próximo, de que una bala me haya herido…Lo que he visto en España no me ha hecho un cínico, pero me hace pensar que el futuro es muy tétrico”. Fue trasladado a Barcelona y allí consiguió escapar de la condena de Stalin al POUM, pero ,¿se daba cuenta de que muchos sietamenses forasteros y extranjeros no se podrían alegrar nunca ,como él, de su curación de los balazos producidos por la guerra, ya que fueron eliminados por los fusilamientos?. El futuro ciertamente era tétrico, pero peor lo fue en Siétamo, cuando se podían encontrar por todas partes las tumbas, los cadáveres y los cementerios.
Lo llevaron después a Barbastro del que escribe:”Aunque quedaba muy lejos del frente, ofrecía un aspecto desolado y maltrecho. Enjambres de milicianos con andrajosos uniformes vagaban por las calles”. De allí fue su compañía “enviada en camión a Siétamo…Siétamo había sido atacado tres veces antes de que los anarquistas lo conquistaran por fin de Octubre, una buena parte de la población había sido destruida por las bombas y la mayoría de las casas mostraban huellas de fusil. Nos encontrábamos a unos quinientos metros por encima del nivel del mar. El frío era intensísimo y había densas nieblas que se arremolinaban como saliendo de la nada”. Vemos como el mismo Orwell describe las desgracias de Siétamo, a donde fue enviado con sus compañeros militares en camión y yo no creo que se diera cuenta del asesinato del “Padre Jesús”, porque él era humano y no le gustaba matar a nadie, como narra cuando una noche en Huesca, a unos ochenta metros de él vio pasar a un enemigo agarrándose los pantalones que parecía se le estaban cayendo, y esa situación le hizo recordar que se trataba de un hombre y no quiso dispararle.
No sé si se enteraría del asesinato a tiros del “Padre Jesús”, al que yo llamo así, porque nadie sabe su nombre y así lo bauticé porque hay que buscar un nombre a un fraile, que fue un modelo de cristiano en aquellos días de agosto del año mil novecientos treinta y seis, cuando Eric Blair se buscó el nombre y el apellido de Georges Orwell, sin necesitarlo, pues hubiera sido famoso mundialmente con cualquiera de los dos. No sé si se vieron, pero “el fotógrafo Juan Guzmán bajaba por la carretera y preguntó que quien era ese que llevaban” y le contestaron:”Un cura que hemos capturado”. Le dijeron al cura:”Grita ¡Viva la República!, a lo que él respondió con grandes voces: ”¡Viva Cristo Rey!”. “Por tres veces se repitieron los gritos, hasta que al fin lo llevamos a un lado y lo fusilamos, cuando tenía tan sólo veintisiete años. Los milicianos pertenecían a dieciséis agrupaciones como por ejemplo el POUM,que despreciaban la disciplina militar, pero por lo visto no respetaban la vida de un ser humano que no pertenecía a ninguna de las dieciséis agrupaciones que querían entrar en Siétamo. El mismo Orwell se dio de baja del POUM y se escapó de la Guerra Civil para evitar que su vida fuera eliminada por Stalin, como había sido la del “Padre Jesús”.
Escribió Orwell. “Muchas veces tengo la impresión de que el mismo concepto de verdad objetiva va desapareciendo del mundo”… ,”¿para qué luchan los obreros?; sencillamente por lograr una vida decente ”.Pero Orwell no encuentra apoyos al obrero, pues afirma “ que la política exterior de Stalin, en vez de diabólicamente lista como se pretende,ha sido sólo oportunista y necia”, pero añade que “uno de los problemas más difíciles de nuestros tiempos es saber si la clase dirigente británica es malvada” porque “la clase dirigente británica hizo cuanto pudo para entregar España a Franco y a los nazis”. “A mediados de febrero (1937) salimos del Monte Oscuro y nos mandaron, junto con todas las tropas del POUM a incorporarnos al ejército que asediaba a Huesca”. En aquellos ambientes no es raro que tuviera la cabeza llena de pensamientos y problemas, pero “ a cuatro kilómetros de nuestras nuevas trincheras, Huesca brillaba, pequeña y clara, como una ciudad de casa de muñecas. Meses atrás cuando se tomó Siétamo, el general que mandaba las tropas del Gobierno, dijo alegremente: mañana tomaremos café en Huesca. No tardó en demostrarse que se equivocaba. Había habido sangrientos ataques pero la ciudad no caía, y mañana tomaremos café en Huesca se había convertido en una broma. Pero la ciudad de Huesca le había aliviado a Orwell el malestar producido en los Monegros por el Monte Oscuro, porque escribió:”Si alguna vez vuelvo a España, no dejaré de tomar una taza de café en Huesca. Muchos oscenses aún lo esperamos, pero así como muchos mueren en la guerra, Orwell murió en la Paz.

martes, 12 de mayo de 2026

El paso del tiempo por la Fuente del Ángel




El día ocho de enero de 2010 me encontré a mi amigo Manuel Bescós Royán, en el parque, debajo de donde antes manaba la Fuente del Ángel. Hemos conversado de aquellas veces en que también nos encontrábamos caminando por el camino que comunicaba aquella fuente con Huesca y a ésta con otros que conducían, uno a Obras Públicas, otro a la Torre de Casaus y a la Torre de Bescós, donde vivía Manolo con sus padres y con sus numerosos hermanos, pues eran unos diez. Todos eran rubios o "royencos", palabra aragonesa equivalente a la castellana. Su madre tenía el apellido occitano de Royán, que se derriba del color rubiáceo de su familia. El padre de los hermanos Bescós, tenía la misma procedencia que María Cruz Bescós, escritora de una gran cultura e hija de Silvio Kosty, realmente llamado Manuel Bescós Almudévar, pues su padre ingeniero nacido en Santa Cilia de Panzano, se casó con una Almudévar, hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, de Siétamo. Manuel Bescós estaba poco informado del origen de su apellido, ya que su padre era huérfano desde los seis o siete años de su edad y fue la misma María Cruz Bescós la que le informó de que ella era su tía y le prometió que le daría el hermoso hogar de mármol, con cuyas brasas calentaba el piso. Murió, pero no le dio nada, lo llevó en alguna ocasión a tomar un café a su casa, frente a esos enormes árboles plataneros, que todavía se elevan hacia arriba, por la protesta que levantó María Cruz Bescós, cuando el Ayuntamiento los iba a talar. A mí tampoco me dio nada, pero José Enrique Palacio de Pertusa, acordándose de mi parentesco con la autora me entregó un libro de María Cruz, que le habían dado, cuando su autora murió. Cuando salías de Barrio Nuevo, por el Instituto de Higiene, ya se había acabado la ciudad, pues todo eran campos y por encima del Parque, siguiendo un camino llegabas a una depresión del terreno, donde se encontraba la Fuente del Ángel. Allí, durante la Guerra Civil, acudí yo alguna vez, acompañado por una familia que vivía frente a las Capuchinas, a buscar agua para beber, porque el suministro, estaba cortado. Cuando iba yo a ver a mis tíos a la Torre de Casaus, una vez pasada la vía del ferrocarril, a veces me encontraba con Manolo que iba a la ciudad, desde la Torre de Bescós, donde vivía. En esas caminatas, nos dábamos cuenta de que se iban construyendo nuevos edificios, como por ejemplo el de la Seguridad Social, donde en cierta ocasión, dijeron que habían encontrado una mina de mercurio. Parece ser que se trataba de algún aparato, quizá algún termómetro romano, que se rompió y allí quedó el mercurio. Pero no sólo quedaron restos romanos, sino que un peón, al que yo conocí, encontró muchas monedas medievales, que me parece recordar que eran de los moros. Estuvo el pobre hombre en la cárcel, pero al fin le pagaron alguna cantidad, que le correspondía por haber encontrado tal tesoro. Manolo después de más de cincuenta años, me recordó lo del mercurio y yo le recordé lo de las monedas. Manolo es pariente de Casa Claraco, cuyo dueño labrador oscense es un gran devoto de la Virgen de Jara, a la que dejó un campo para acoger a los oscenses cuando van de romería. ¡Cuántos años sin hablar de Huesca y qué alegría nos ha producido, la conversación de hoy! ¡Qué gran oscense de casta, el Manolo Bescós!

lunes, 11 de mayo de 2026

Los riegos en Huesca



Se ha hablado, durante este año, mucho y bien de Joaquín Costa y, no sé cuantos hace que se publicó un libro de Francisco de Los Ríos, en que se hace historia de su magnífica intervención en obras de nuevos regadíos. Los que, doctores ellos, tratan de Costa, está muy preocupados de su personalidad, discuten sobre sus ideas políticas, hablan de su estancia en Huesca capital, pero no defienden sus sueños sobre el agua, para que se sigan haciendo pantanos, balsas, desvíos de ríos, industrias derivadas de la Agricultura, suministros a poblaciones, mejoras de espacios públicos como parques y para que se sigan regando nuevas comarcas aragonesas. Algunos dicen:¨para qué vamos a regar si empieza la abundancia de cultivos y la sobra en el comercio mundial de sus productos?.Se dividen estos opositores en dos clases, unos europeos y otros españoles. Es muy sencillo contestar a los europeos, pues ellos,la mayoría,no necesitan riegos ya que su pluviosidad es elevada y no les importa nada encontrar a España seca. A los españoles, habría que dividirlos a su vez en dos clases, los primitivos a quienes molesta que su vecino de campo lo ponga en riego, pues además de "hacerse rico",le molestaría en el reparto de las aguas y los modernos, que del Ebro han hecho el trasvase a Santander, del río Zadorra, afluente del citado Ebro, han llevado aguas hacia el Gran Bilbao; han conducido aguas al Campo de Tarragona, ahora quieren hacerlo para Barcelona y además, no lo olvidemos, tienen que llevarse el agua del Ebro a Valencia y a Murcia.

En su libro, Don Francisco de Los Ríos "ha vuelto, por ejemplo, a sacudir muchas conciencias al recordarnos hasta que punto depende el desarrollo futuro de Aragón de sus ríos, cuan necesaria e inaplazable es la construcción de embalses, mal que nos pese, y cuanto esfuerzo nos resta aún para llevar el agua a miles de hectáreas de verdadero desierto". Con estas palabras nos recuerda que Aragón debe quedar, por ejemplo, a nivel de aguas, como Santander,Bilbao,Zaragoza y Tarragona,pero no nos recuerda que Huesca(donde nació el 11 de Agosto de 1913) tiene un gran ideal en sí misma y desde Ayerbe hasta Angüés, hasta Antillón,Sesa,Tardienta y Almudévar para despertar nuestros sueños y no sólo en los desiertos. En estos llueve unos 300 mms. por metro cuadrado al año y en Huesca y su Somontano de 500 a 600,que asegurarían sus cosechas de cereales;si esa lluvia fuera segura y regular su caída, lo que, ,además daría con seguridad el abastecimiento de agua a sus vecinos. Nos pide que recordemos "hasta que punto depende el futuro de Aragón de sus ríos, cosa necesaria e inaplazable es la construcción de embalses " y yo me acuerdo de que el río que pasa por mi pueblo, y no nos riega, tiene su pantano costruído,a saber, el Pantano de Vadiello.¿Qué quieren recordar a los habitantes del Somontano para que sueñen en los riegos del desierto?, cuando ellos podrían regar sin tantos gastos, con menos agua que en los Monegros, sin hacer pueblos de colonización, convirtiendo a Huesca en cabeza de una zona rica, industrializada, comunicada con las autopistas de Zaragoza a Canfranc y de Lérida a Navarra. Ya decía Costa que cuando se regara la zona de Barbastro, este se convertiríala en una pequeña Zaragoza. Se riega hace pocos años y Barbastro se extiende y se industrializa, como está, en la misma situación la parte regada de la provincia oriental.

Casi todos reconocemos el éxito de llevar el agua a los desiertos, pero ¿por qué‚ no protestamos de que la zona de Huesca vea pasar el agua de sus ríos hacia esos desiertos(viejos desiertos de Zaragoza),mientras nuestros escasos campesinos no tienen poder para desviarlas hacia sus tierras, las de los ríos Gallego, Isuela,Flumen,Guatizalema y Alcanadre?.De niño me llevaron a Zaragoza,en el tren, Don Joaquín Santafé‚ y mi prima Lourdes Llanas y se veía un paisaje gris, seco, que ahora ya es verde. Se acabaron las obras del primer tramo del Canal de Monegros que de la Sotonera conduce el agua hasta el acueducto de Tardienta,y se tuvieron que conseguir ayudas americanas para seguir las obras. Por esa escasez de dinero se desvió ese canal que pasó de encima de la carretera N-240 a su parte sur por Peraltilla, hacia Antillón y hacia Sesa, para llegar a Tardienta. Se quedaron sin riego Antillón ,Sesa,Angüés‚Siétamo,Loporzano y Huesca,entre otros pueblos.Menos mal que ahora se pretende, tímidamente,regar la zona da Angüés‚ con el pantano de Calcón,de muy poca cabida y yo digo:¿por qué‚ no se sigue la idea de Albasini de bajar desde Pedruel,a orillas del Alcanadre, agua a dicho pantano?.Y ¨porqué‚ el río Guatizalema,con su pantano construído, deja de regar las tierras, en las que Dios lo puso para eso, para regarlas?

Se tiene idea en Aragón de regar 445000 Has. mas de las que ahora se riegan y de construir 63 nuevos embalses; mirando la economía habría que favorecer el aprovechamiento de los pantanos construidos, como el de Vadiello y el de Calcón, trayendo al mismo tiempo agua a Huesca del río Gallego. Corren prisa estos proyectos porque la densidad de población en Aragón es de 25 habitantes por kilometro cuadrado, cuando en el resto de España es de 77; Don Federico Balaguer dice en el Altoaragón del día 27-11-1996: "si no hay demografía no hay riqueza, y bajo todos los regímenes, nunca se hace caso a los países despoblados". Las primeras obras hidráulicas, a parte de alguna hidroeléctrica se hicieron para regar, con el resultado que hoy vemos en la parte oriental de la provincia y en Lérida, donde se desarrolló el medioambiente, las industrias derivadas de la agricultura, al principio, y hoy toda clase de industrias. Hagamos los riegos de Huesca y Somontano antes de que desaparezcan todos sus habitantes, que después, además de regar, el progreso industrial y del patrimonio natural, quedarían asegurados.

domingo, 10 de mayo de 2026

Gusanos de seda



Hemos ido, con mi esposa, a visitar a nuestros nietos Pablo y María, que además de la lectura y de la música, sienten un gran cariño por dos tortugas, a las que cuidan ya hace unos seis o siete años y además tienen un amigo “hamster”, que les hace pasar unos buenos ratos. Al ver tales circunstancias, me acordé de que mis hermanos y yo, cuando éramos niños, nos divertíamos criando gusanos de seda. Lamenté que ahora no se practique esa costumbre y más, al darme cuenta de que al lado de su casa, se alzan seis moreras.

Hace ya unos cincuenta años que no veo criar a los niños gusanos de seda, aunque me he enterado de que todavía hay quien los cuida. Yo fui un entusiasta amigo de tan bellos animales y digo bellos, porque a los gusanos, en general, se les tenía miedo por su aspecto, que producía diversas reacciones negativas en los niños; en cambio los gusanos de seda atraían cuando uno los conseguía y se dedicaba a criarlos con entusiasmo. Los podías criar desde cualquiera de las fases de su vida, es decir si obtenías capullos de seda, había que dejarlos en la caja donde con sus hilos de seda, los habían colgado los gusanos, para convertirse en mariposas y esperar que por un extremo del capullo se abriera un agujero de salida, por el que salía la mariposa. Dichas mariposas eran blancas de cuerpo y de alas, pero no volaban. Unas eran hembras y otras salían machos, que se unían para que al poner sus huevos, estuvieran fecundados. A mí me preocupaba que las mariposas no quisieran comer, pero es que su misión era la de poner los huevos necesarios para perpetuar su especie. Empezaban a poner los huevos pequeños y en mis crianzas, amarillos, que quedaban pegados al cartón en que los ponían y a los pocos días ya morían las mariposas, que habían cumplido su misión de nacer, crecer, reproducirse y producir esos capullos de seda, que los hombres después de hervirlos, aprovechaban para obtener aquellos hermosos tejidos de seda, con que las mujeres y los hombres, que económicamente pudieran, se adornaban y vestían. Así como hay gusanos que son blancos y otros pardos, unos capullos eran amarillos, en tanto otros eran blancos. Cuando llegaba el calor, ya en la primavera, después de brotar las hojas de las moreras, comenzaban a salir los gusanillos de sus huevos, y moviendo sus paticas, se acercaban al alimento, que nosotros les habíamos proporcionado y se ponían a comer, haciéndose con su crecimiento, más grandes.¡Cómo se veían crecer! .Y cuando, para mí, ya eran enormes, dejaban de comer y buscaban un lugar para empezar a sacar seda por su boca y se encerraban en su capullo, que se quedaba colgado, esperando convertirse, dentro de él, en mariposa, para fecundarse y perpetuar su especie.

Ibamos los niños a buscar los ramos de hojas a unas moreras, que se encontraban en el camino de Salas y si alguna vez carecías de ellos, les dábamos hojas de lechuga, que los mantenía, pero que no tenía la misma calidad.

Hace unos días fui con mis nietos al lado de su casa y vimos como se alzaban esas seis moreras, que he citado. Entonces me puse a pensar que ahora no sé si alguien cría gusanos de seda, porque aquello era un lección de la Naturaleza, que nos responsabilizaba y nos hacía gozar enormemente. Yo creo que se ha acabado de criar gusanos de seda por los niños, porque ha triunfado la época del plástico. Hay que plantar moreras en los caminos, en los jardines y en los parques, para que los niños no olviden la Naturaleza.

sábado, 9 de mayo de 2026

Españolito que al mundo vienes



Cuántas veces hemos escuchado los versos que dicen: ”Españolito que al mundo vienes-te guarde Dios- que una de las dos Españas-ha de helarte el corazón!” Y efectivamente al recordar aquellos, ya viejos tiempos de los años 1936 al 1939, a uno se le hiela el corazón con sus recuerdos, viéndose a uno mismo rodeado de su familia y de sus vecinos, huyendo, al estallar la Guerra Civil, unos a Huesca, otros a Angüés y otros quedando sumergidos entre los tiros y el fuego en su propio pueblo. Aquel día de Julio del año 1936, con mis cinco años de edad, salía yo de casa y al llegar a la calle, mi padre me hizo volver a entrar rápidamente y una vez en el patio escuchamos un brutal estallido, cuya causa he desconocido siempre, aunque hace poco me dijeron que una bala de cañón había caído por detrás de la despensa. Ya no subí arriba, sino que otra vez nos sacaron de casa y fuimos llevados a la vecina bodega de la iglesia. Se llenó de gente y me acuerdo de mi tía Luisa con su delantal con unos amplios bolsillos, que constantemente entraba y salía, porque iba a casa a buscar alimentos y bebidas para la gente que allí estábamos. Me acuerdo de un niño de mi edad que ahí se encontraba con su madre, que le decía : “¡no llores miate a Inacier, que no llora!” y pensaba: yo no lloro pero tengo miedo y lo tenía, porque en toda la mañana y parte de la tarde, se escuchaba un continuo bombardeo, que nunca había oído. Por la tarde, cuando se paró de escuchar ese bombardeo, nos sacaron con lo puesto y nos llevaron, como he dicho antes, al camión, que nos llevó a Huesca. Pero ¡como cada día se engrosaba el número de muertos, unos niños y otros mayores!. El republicano Samblancat de Graus, decía “¡la guerra es el principio de todo mal”, pues las guerras traen malas consecuencias. Y tenía razón porque unos emigraron a Francia y otros a distintos puntos de España y el pueblo pasaba hambre, no como los distintos gobiernos que cuando ocupan el poder, lo reciben como un acto de cortesía. Ahora vuelve el hambre, después de una guerra, no de fusiles sino de poder, de ideas y de dinero y veo niños que están pasando hambre. Estos niños me traen el recuerdo de lo que yo también pasé y contemplo como ahora lo están pasando muchos niños.

Esta guerra, no de fusiles, sino de poder, de ideas y de dinero como acabo de decir, causada por el mundo político, recuerda el trato que Baltasar Gracián le dio en su obra “El Criticón” al político estúpido Andrenio que estaba en una isla con Critilo “que era un hombre héroe, discreto y político, el hombre que nunca combate, sino que gana la batalla con la prudencia”. Pero Andrenio, como he dicho era un político estúpido y “gobernaba todo lo que hay, bajo el instinto del hombre”.

viernes, 8 de mayo de 2026

Fumar o no fumar



Bajaba cierto día por las escaleras amplias de un edificio oficial y al llegar a uno de los vestíbulos de cualquiera de sus pisos, desde los que se penetra en alguna de las múltiples oficinas, acogidas por la gran casa, encontré a un viejo amigo que en ella trabajaba; me llamó la atención su actividad, que consistía en pasear con sus pies, con su mano acercar un cigarrillo encendido a su boca, por la que lanzaba olorosas humaredas y para otros, malolientes expulsiones de tabaco quemado.

Me llevé una sorpresa al contemplar el cambio de las modas y de las costumbres durante el no muy largo viaje que voy haciendo por la vida, pero comprendí lo que dicen las revistas o la televisión sobre lo molestos e incluso perjudiciales para su vida y para las ajenas, que resultan los fumadores.

Yo, bromeando le dije: ¡ay que ver, cómo antes era el ser fumador un orgullo y ahora, van y te despachan!.Pero él se acordaba de la canción que decía: “fumar es un placer, genial, sensual”,”fumando espero al hombre que más quiero” y él sin esperar a nadie o más bien a algún ciudadano que fuese a verlo para arreglar un documento, estaba contagiado por esa espera amorosa y esperaba, necesitaba esperar. Y ¿a quien esperaba?

El no lo debía saber, pero tal vez, estuviera expectante de la felicidad que todos los hombres y mujeres necesitamos. Y a esa necesidad se le añadía otra que era una dependencia que en su interior se había creado y que le hacía sentir ese “placer genial, sensual”, que trataba de sustituir esa busca de una felicidad humana que lleva consigo la filosofía de la vida, por otra, que le hacía suicidarse poco a poco. Se van los fumadores inmolando y tal vez sacrificando a sus compañeros, lo que me hace recordar a los que se queman en solitario y otros llevándose por delante a todo bicho viviente.

Yo también he sido un fumador suicida y a veces perjudicando a otros con los que estaba trabajando o pasando el rato. Me acuerdo de toser después de echarme un cigarrillo o una faria y del mal rato que pasaba el alcalde de Tamarite en una sala, que estaba como una niebla espesa y maloliente de humo de tabaco y que tenía que respirar forzosamente.

Si “fumar es un placer genial, sensual”, mayor es el bienestar que siente el que sin fumar respira profundamente y goza de la vida. Todos esperamos la felicidad, como lo hacía la mujer que cantaba “fumando espero al hombre que más quiero”, pero no es el fumar ningún substituto del amor a otros seres humanos.

jueves, 7 de mayo de 2026

Si cantan “os porpuz,quítate o capuz”


Llegaron al pueblo los “porputes o porpuz”, que es como llamamos en Aragón a las abubillas. Yo los miro con íntima alegría, porque son bellos y su llegada coincide con la de la primavera. Ellos, en cambio,me lanzan una mirada nada confiada y escapan rápidos como una “volada” de aire. ¿Qué les he hecho yo para asustarlos?. Reflexiono y me acuerdo de que cuando era niño, di un espejo de propaganda a cambio de un “porput”; lo metí en una jaula esperando que lanzase su pot-put-pot –put, canto que por onomatopeya ha dado nombre a tal avecilla. Además creía que iba a poner erecto el penacho de plumas de su cabeza, formando una cresta más gallarda que la de un gallo y que la cimera de estos cascos que coronan los escudos de las casa infanzonas del Somontano. Lo quise sobornar dándole insectos, pero su orgullo no “reblaba· como no rebla la dignidad de muchas personas ante el dinero.
Si no llego a darle la libertad, se hubiera muerto de hambre antes que hacer “momos y jeribeques”. Me dijeron que otros muchachos habían tenido una abubilla durante mucho tiempo y desprendía un olor inaguantable. Tal vez se tratara de una venganza contra su carcelero. Ahora que me gustaría gozar de la amistad de los “potpuz”, comprendo porque huyen cuando me ven. Por eso seguiré observando, escondido en la cuadra de mi casa, como saltan desde un nido de la pared a las bardas del corral, levantando sus crestas. ¡Qué bien cantan cuando enamoran su pot-put,pot-put!. Se parecen a los hombres, que son tan buenos cuando enamoran y ¡qué malos se vuelvan, después que logran!. Lo mismo pasa con las abubillas o putputes, que después de criar, tornan su agradable canto en un graznido malsonante y feo. Dice la poesía: “la primavera ha venido, nadie sabe como ha sido”, pero el observador conoce que ha sido pregonada por los putputes, de los que la gente ignora cómo han venido. Los libros dice que vienen de fuera pero los campesinos aseguran que pasan el invierno escondidos en el hueco de una pared, con el pico metido en su cloaca y dormidos. ¡Quien tiene la razón ,el pueblo o los libros?. La cuestión es que han venido y no importa cómo ha sido. Si no porque se me reirían, me compraría un capuz y cuando escuchase el primer pot-put, lo tiraría a la copa de un olivo para celebrar la primavera, en buena armonía con mis amigos los “porputes”.

martes, 5 de mayo de 2026

Huesca, desde Lamusa a Rectificados de Metal Duro



Yo no he sido industrial, pero siempre me ha llamado la atención en Huesca la Fábrica de Lamusa, que hoy se ha convertido en un club de personas mayores. Pero sin embargo en Huesca han crecido otras empresas, como la C.T. V., que está situada en el Barrio Industrial de Sepes. Siempre me ha llamado la atención el gran número de naves industriales que ocupan los distinto distritos de Huesca, pero sólo había entrado en aquellas relacionadas con la Ganadería o con los tractores y las máquinas agrícolas. Ayer me encontré con Antonio, uno de los tres socios de la C.T. V. y me explicó su funcionamiento. Hoy he acudido a observar sus formas de trabajo y ver las materias primas que allí se consumen para obtener piezas, que se pueden comparar con joyas auténticas. El mismo Antonio, dentro de la nave y con un ambiente limpísimo, me enseñó unas pequeñas piezas cuadradas, que parecían de hierro, con una perforación en medio de ellos. Pero esa perforación no tenía rosca como las tuercas y Sergio y Antonio, me aclararon que aquellos objetos no eran de hierro, pues eran mucho más pesados que él. Al preguntarles de que materia estaban compuestos, me contestaron que eran de un “metal duro”, más conocido como WIDIA, producto creado por esa marca alemana. Son una mezcla de cuatro o cinco metales, que son tungsteno, cobalto, titanio, tántalo y otros metales de nombres raros para nosotros, los que pensamos en otras cosas, que no tienen la importancia de dichos elementos, porque con ellos se pueden fabricar herramientas de corte de alta graduación, unas veces para el sector metalúrgico, otras para el automovilístico o para hacer cortes duros, etc. Estos tipos de material, cuyo principal componente es el Carburo de Tungsteno, los descubrieron los alemanes el año 1926 y hasta el treinta y seis, no se enteró el mundo industrial de la composición de esta materia. Dicen que cuando empezaron a trabajar, cogían el material originario con los dedos de sus manos y lo destruían como si se tratara de una tiza. En cambio ahora para tratar este material se utiliza el diamante industrial, en forma de bolas. El acero empieza a fallar a los mil grados que se alcanzan con el roce y Widia aguanta los mil grados, con ese roce, provocado por la penetración de las brocas y las fresas en el acero. Allí, en un expositor, aparecen como si presumieran, esas piezas tan agradables de contemplar, que raramente se rozarán, porque aparte de su fuerza, se les frota, si es necesario con titanio. Me han enseñado un conjunto de objetos de dicho material, que no los venden nunca, como si se tratara de chatarra, porque no los han encontrado perfectos en sus medidas, aunque ese material es de la misma composición que las joyas. Al principio, cuando los alemanes acudían a esta fábrica a comprobar la calidad de su producción, les decían los oscenses, que de allí no salía ninguna pieza que no fuera perfecta, porque como yo mismo he visto, las acumulaban en un cajón.Hoy en día, hay una crisis en el mundo laboral, pero estos trabajadores, sin ser ingenieros, harán que el trabajo no se acabe en España, porque han seguido el ejemplo del esfuerzo de los alemanes. 

lunes, 4 de mayo de 2026

¡Pobre Antonié!

 



Alonso ,Alonso-mira que t’arrempujo y te tiro a un pozo”.

Esta canción, la cantaba un andaluz, que estaba labrando en un cortijo. A Antonié no hizo falta tirarlo a ningún pozo, pues él mismo se tiró por su propia voluntad. ¿Estaría loco?,no simplemente era pastor y según el Evangelio, si un pastor pierde una oveja, deja las otras noventa y nueve y va a buscar la perdida. Claro que en este caso no se trataba de una oveja, pues era un carnero ,es decir un macho. El Evangelio y la poesía bucólica, son muy feministas en cuestión de ganado lanar; siempre hablan de las pacíficas y blancas ovejas, pero no recuerdan nada a los carneros o mardanos. Hago esta salvedad para tratar de introducir a los mardanos en su lugar, pues también ellos tienen los derechos del ganado lanar.

En el monte hay un pozo cerca de un camino, sin brocal ni nada y el pobre mardano fue a asomarse y cayó dentro del pozo como un sapo. Antonié , buen pastor, como el del Evangelio, sin encomendarse a Dios ni al diablo, se tiró dentro del pozo para sacar al carnero. Decía que no le había empujado nadie, pero reflexionando, veo que le empujó su propio sentido profesional. Pero bueno , le pregunté ¿para qué te tiraste en el pozo?, ¿no sabías que tú vales más que el mardano?. Me contestó, creo que sí pero como era del montañés de Salinas de Jaca…

¡Pobre Antonié!, porque si hubiera sido suyo el carnero, lo hubiera dejado ahogarse, pero como era de propiedad ajena, su amor propio lo empujó a hacer lo que no hubiera hecho por sus propios intereses. El buen pastor da la vida por sus ovejas, pero ¡mira que darla por un mardano o carnero ¡,siendo además de otra persona. Lo peor fue que después no podía ni sacar al mardano ni salir el mismo del pozo.

¡Escucha Antonio!, ¡pues ya las habrás pasado bien negras!. Calla, me respondió ,que nunca he visto un porvenir más negro. Era ya casi por la noche y el pozo estaba negro , además de por la falta de luz, porque recibía el agua las filtraciones de las heces de los cerdos, de la granja de al lado. Empezaba Antonié a subir y las paredes del pozo se caían, como el trigo cuando los niños suben por sus montones en las eras, para la trilla. Antonié tenía mucha pena por mí mismo y por el mardano, que “esberrecaba” con agonía y también me preocupaban las ovejas que encima del pozo se habían quedado solas , sin pastor. Me hacían casi llorar los perros pastores que se miraban desde el borde del pozo con ojos tristes. Parecía que iban a llorar. Cuando vio que le fallaban sus fuerzas, empezó a gritar y entonces acudió el granjero de la vecina granja. Este llamó a otros y entre todos lo sacaron a la superficie. Cuando me vi en tierra firme, grité ¡gracias a Dios ¡.Pero el granjero dijo: mejor que les des las gracias a los tocinos ,que estaban hartos, porque si llegan estar ayunos,¡para días salís del pozo!.Contestó Antonié de Rafaeler: de todas las formas ahora veo el porvenir más claro y aunque no llueva no me lamentaré, porque si he salido de este baño de estiércol de cerdo, igual saldré de las polvaredas de las sequías.

El granjero había echado el pienso a los cerdos el domingo por la tarde y el pastor iba cuidando el ganado lanar el mismo domingo también por la tarde. Ciudadanos, ¿cuántos hombres quedan en España de esta condición?. Pocos y en los pueblos. Todos sabemos nuestros derechos, pero ¿nuestros deberes?.

ANSO

Después de unos sesenta años, te voy a saludar Ansó, con la misma frase que entonces, desde lo alto de una Peña, que hay a la derecha de la carretera que sube a Zuriza, diciéndote "Ansó yo te saludo, no eres Ansó, eres Ansotania". ¿De dónde me sacaría yo tal frase?, no me acuerdo, no me alcanza tanto la memoria. Sólo sé que en aquellos momentos, mi ánimo estaba como encantado, como enamorado de esta Villa, poseído por su belleza y la de su entorno, que me llevaba a considerarme en un país de las maravillas, que mi imaginación infantil definía como Ansotania.Luego he meditado mucho sobre mi saludo y he llegado a la conclusión de que nunca he dicho mayor verdad, porque Ansó reúne todas las características necesarias para ser un país con una recia personalidad, porque recias y luminosas son sus montañas y sus puertos, recios son los tejidos con que están confeccionados sus trajes de nobleza impresionante, y recia es su fabla tan gráfica, tan sonora y tan bella, recia es su jota aragonesa, más serena aquí y más embravecida en los secanos de la Tierra Baja y recia y bien lanada es su raza ovina ansotana. Entonces ¿es Ansotania un país?. Quizá haya exagerado en mi apreciación dejándome llevar de mis nostalgias infantiles y de mi pasión aragonesista. De esta pasión deriva mi calificativo de país para Ansó, porque en él se reúne la flor y nata del aragonesismo, porque es el origen de Aragón, junto con las comarcas vecinas y donde más tiempo se han conservado sus valores. En pocas palabras Ansó, me parece una síntesis de la identidad aragonesa. Cuando, siendo niño, subí a Ansó lo hice en la caja de un camión y me impresionó la Foz de Biniés, como una inmensa puerta que daba acceso a la villa que nos iba a acoger. Nos alojamos al principio en el Hotel de la Plaza, de donde pasamos a una casa de la Calle Mayor, donde comenzó mi integración en la vida del pueblo. Cerca de donde yo vivía, había una placeta, en una de cuyas casas la dueña vestía habitualmente, la toca y los atavíos ansotanos. Su bello rostro recordaba el de una madona, cuya blancura resaltaba enmarcada por la toca. Parecía una gran señora, pero además lo era, porque mi hermano menor Jesús, que tenía tres años le mató unos pollitos y cuando fuimos a pedir excusas y a pagarlos, no sólo no nos quiso cobrar, sino que disculpó la travesura del niño. Ahora doy más importancia al hecho, porque a más de un ansotano le han hecho pagar daños, que han causado media docena de ovejas en un trigo, que a lo mejor estaba sembrado en una cabañera. Y volviendo a los pollos, entonces los criaban las dueñas con el mimo con que hoy se cría a un niño. En esos carasoles, la vieja hilaba, el tejedor tejía, la gallina escarbaba, el ciego tañía y la niña cantaba al bebé: ¡teje, teje, tejedor, garras, garras de traidor!. El tejedor llevaba su teje-maneje, pero desde luego que no tenía garras y menos de traidor. El niño pequeño que todavía era menos traidor, agitaba sus manos como si tejiese, alternaba el movimiento de sus pies, como si estuviese moviendo el telar por medio de pedales y mostraba una gran alegría al oír eso de: "garras, garras de traidor". El contraste entre la inocencia infinita del niño y la acusación de traidor, que se repetía gozosamente al ritmo del cuneo, provocaba la risa de todos. Risa esencial, risa maternal, risa existencial. Todo era ritmo en el carasol, el subir y bajar del uso, el teje-maneje del tejedor, el escarbar de la gallina, el tañer del ciego y el cri-cri de la cigarra en el árbol. El burro, atado a una herradura clavada en la pared, parecía dirigir la orquesta, pero no con una batuta, sino con dos, que eran sus largas orejas. Se posaba un tábano en su oreja izquierda, lo espantaba con su movimiento y se posaba en la oreja derecha, en una constante pugna tábano-asnal en la que no había vencedor ni vencido, pero si movimiento continuo. Zumbido del tábano y ritmo en el cuneo de la cuna y en el sube y baja del huso de la vieja. El tejedor teje y una anciana desteje una toquilla para hacerle “peducos” al nieto "repatán". Tejer y destejer, todo es hacer. Ahora se oyen muchas músicas ruidosas, pero yo quisiera que alguien tejiera y destejiera una música con un ritmo antiguo y aldeano, que me hiciera olvidar siquiera por un momento o por el tiempo que tarda en consumirse un disco, el ruido sin ritmo de la capital y recordar el ritmo ansotano de la placeta carasolera, próxima a la casa donde vivía. Pero volvamos a los pollos, que entonces, como antes he dicho, criaban las dueñas con el mimo con que hoy se cría a un niño. La clueca les daba su calor maternal, y si éste era poco en las heladas noches, les ponía una botella de agua, que previamente habían calentado en el hogar, dulce hogar, aunque oliese a humo. Humo, que por otra parte, al salir por las chimeneas al clarear el alba, procedente de la leña seca y diluirse en el aire puro de la mañana, mas bien parecía aromático que molesto, no como ocurre hoy con el humo procedente de las calderas de las calefacciones y de los tubos de escape de los automóviles. Entonces, y perdonen mi reiteración, hasta el humo era humo. Durante el día, cuando la vieja de la casa salía con su silleta de iglesia a tomar el sol a un lugar carasolero, sacaba con ella el cajón de madera donde cobijaba a la clueca con sus pollitos. El sol desentumecía los cansados huesos y crujientes articulaciones de la vieja y fortalecía los tiernos huesos de los pollitos y proporcionaba calorías ecológicas a la agotada gallina. Los pollitos corrían de aquí para allá como niños que salen al recreo y a la voz de: ¡titines, titines!, acudían a recoger las migajas que caían de la "crosta" de pan que la dueña estaba "esmiquetando". Pobres viejas, que cuando decían que iban a "esmiquetar una crosta de pan" se les reía el señor Secretario porque hablaban mal, cuando en realidad hablaban una fabla bella y tan diáfana que hasta la clueca y los pollitos la entendían. Y no sólo las aves, sino el conejo al que convocaban a la voz de: "¡sancho, sancho! ", y a la cabra a la que llamaban : "¡mona, mona!, la oveja que acudía a la voz de: ¡quirrina, quirrina!, mientras que al cerdo le decían :¡gulín,gulín¡, si era pequeño y: ¡gulo,gulo!, si era gordo. Con tales cuidados los pollos luego se hacían tomateros, y supongo que los llamaban tomateros porque habían llegado a un desarrollo que les hacía aptos para ser condimentados con el rojo fruto procedente del huerto familiar. Constituía un acontecimiento en la casa, cuando a los pollos les salía cresta, como lo era cuando al niño le salían dientes. Y si la cresta era granada, en lugar de aserrada, lo iban a comunicar a las vecinas, como van a comunicarles que se han comprado unas cortinas nuevas o un tresillo. Aquellos pollos no consumían pienso compuesto, comían las semillas que quedaban en las granzas del trigo de la era, a donde los trasladaban durante la trilla, a gozar de un verano natural, de una comida natural y de un agua fresca que sacaban del pozo con sus pozales. En años de escasez, y cuando el novio de la hija tardaba mucho en llevársela al altar, mataban todos los pollos, luego las gallinas, después el gallo y si el futuro era tan reacio, tenían que matar hasta la clueca. Tal vez alguna futura suegra hubiese hecho bien en matar primero la clueca, a ver si el novio se ponía clueco y se casaba, sacando de casa el consiguiente gasto. Si esto ocurría o los pollos eran numerosos, había que guardar alguno para caponar, palabra más modosa que su sinónima castellana. ¡Oh el capón, gran señor, digno de veneración!, como decía Baltasar del Alcázar de la morcilla. Toda casa que se considerase, tenía que disponer de capones para Navidad, unos para el propio consumo, palabra todavía no adulterada, y otros para regalar a los parientes de la capital y a los señores a los que se debía, o de quienes se podía esperar algún favor. El caponar era todo un rito, y en todos los pueblos había una matrona que lo supiese celebrar. Era una especie de matriarcado, que se transmitía de madres a hijas. Había que concertar la fecha y la hora para dejar a los animales en ayunas con antelación, igual que se hace ahora cuando una persona va a sufrir una operación. Se acomodaba a la operadora lo mejor posible, se le ofrecían toda clase de facilidades, se le preparaba agua apañada, e invariablemente se le decía que no tuviese miedo a matar algún pollo, porque la olla estaba preparada al lado del fuego eterno del hogar. El marido y los “tiones”, ocultamente, estaban deseando que esto ocurriera, pues hacía tiempo que no habían comido pollo y entonces el pollo era pollo. La operación, efectivamente, conllevaba riesgos pues las aves, más elegantes que los bípedos implumes, son criptórquidas y por tanto llevan sus atributos masculinos ocultos dentro del abdomen. A estos atributos los llamaban criadillas y fritos con ajo constituían "bocatto di cardinale". Yo invitaría a las feministas a hacer una "lifara" de esta índole para vengarse del machismo que durante siglos las ha oprimido. No hay nada nuevo bajo el sol y aquellas matronas así lo hacían entre bromas más o menos picarescas. Con el “agiornamiento” y la desmitificación de los ritos desapareció esta costumbre ancestral y los capones ya no se ven en nuestras mesas navideñas. España y los españoles somos así. ¡Qué le vamos a hacer!. Mientras tanto los franceses siguen caponando pollos y, lo que es más sofisticado, siguen caponando pollas para convertirlas en "poulardes". Y como en España somos imitadores de lo extranjero, nos engañan como antes engañaban a los chinos. ¿Cómo?, sencillamente haciéndonos propaganda de poulardas que no son tales, sino pintadas o Gallinas de Guinea, con lo cual nos dan gato por liebre, que se parecen entre sí, poco más o menos, como las pintadas a las poulardas, aunque si la cocinera es buena, después de condimentada, casi no se nota la diferencia. Otro engaño que padecemos es el de los capones fabricados artificialmente con hormonas femeninas. Es engaño porque un capón quirúrgico es un ser asexuado y el capón hormonal es un travesti. ¡Pobres mujeres que dan este bocado a sus maridos, porque corren el peligro de convivir con otra mujer en lugar de con un hombre!. Al hablar de pollos travestis no me considero original, pues basta leer la obra del aragonés Sender, titulada :"Las gallinas de Cervantes", para enterarse de lo que le pasó a la esposa del genial autor del Quijote. Simplemente se le fue convirtiendo en gallina, y se quedó sin mujer. Transmito literalmente la descripción que del tema hace otro genio, el aragonés Sender: "Su esposa, cuando se desnudaba para ir a dormir y se obstinaba en hacerlo en el cuarto de Cervantes, quedaba en cueros, llena de plumas, gallina como cualquier otra gallina, pero tan grande que causaba asombro. Conservaba, como dije antes, la cofia y la pañoleta por no se sabe qué razón. Cervantes no se atrevía a preguntárselo"."Lo más curioso sucedió después. Doña Catalina quiso entrar en el gallinero sin lograrlo y cuando comprobó que la puerta no era bastante ancha para ella, desistió y acurrucándose en un rincón del cobertizo puso un huevo".Dice Sender que después cacareó con una fórmula muy aragonesa:"¡ Por por por por por...poner!".Las consecuencias las describe Sender así: "Y Cervantes salió aquel día de Esquivias y no volvió nunca". Me ha preocupado mucho la causa que pudo producir tal transformación. Entonces no pudo ser el consumo, como ahora podría ocurrir con los maridos. Yo digo si al no tener hijos se puso clueca accidentalmente y se quedó así para siempre. Claro está que doña Catalina no seguía las costumbres ansotanas, ni cuidaba pollitos, ni tejía en aquella placeta carasolera, próxima a la casa en que yo vivía. Tampoco se hablaba fabla, aunque Sender dice que "El barbero debía ser aragonés", porque en una partida de cartas, pronunció la palabra "arto", una zarza en tierras de Aragón. Es esta una palabra vasca que se usa en el lenguaje ordinario, pero como tantas otras, como nombres de lugares, como el propio de Ansó. Arto quiere decir maiz, en ocasiones, pues cuando se introdujo dicha planta en España, ya se usaba la palabra hacía muchos años, pero lo que seguramente significa es encina o carrasca. Podemos verlo en Artasona (carrasca buena) y en Artieda(carrascal). Pero doña Catalina, como dice Sender al acabar su novela, no se sabe donde está. ¡Lástima no poderla ver en la placeta carasolera de Ansó o en los bosques de Zuriza!.

domingo, 3 de mayo de 2026

El tiempo


El día 30 de Mayo del año 2001,en el que nos vamos desenvolviendo, me encontré con mi amigo Sebastián, que tiene un concepto del tiempo, dados su noventa y ocho años, más claro que el mío, pues me recordó que en tal día se celebraba la fiesta de San Fernando, Rey y Patrono de España. Estos días, según dicen la televisión y nuestros asados cuerpos, han subido las temperaturas, a pesar de estar en primavera, más que en los veranos del recién pasado siglo XX, siglo que el veterano Sebastián Grasa, conoce mejor que el resto de los habitantes del pueblo de Siétamo, porque me dijo que nació en 1903 y para más detalle, el día dos de Noviembre. Al encontrarlo, nos pusimos a hablar del tiempo y me hizo observar unos nubarrones, de los que hacía unos días no se veía ninguno en nuestros cielos, pero aquel día treinta de Mayo, por la tarde y en pocas horas se habían ido situando por encima de las Sierras de Gratal y Guara y se comenzaba a notar el soplo de un aire que aliviaba el calor. Yo le dije: ¡cómo aciertan en sus pronósticos estos hombres y mujeres de la televisión! ; yo creo que mañana quizá se noten signos de tormenta y Sebastián me contestó: si, pero que no caiga alguna tormenta como aquella que nos fastidió en la pardina Ferrera, cercana a la Sierra de Santo Domingo, en la provincia de Huesca y que llega cerca del pueblo de Longás, en la provincia de Zaragoza. Añadió que estaban el 28 de Junio, labrando la tierra, que había estado sembrada de veza, ya recogida y observó como unas nubes blancas y otras negras, daban vueltas sobre la Sierra de Santo Domingo, "huegante" con el monte de Biel y exclamó : ¡me parece que va a caer piedra sobre nosotros y sobre nuestros bueyes ! y le contestó un boyatero: ¡calla, que tú siempre ves venir cosas malas!.Pero rápidamente llegaron aquellas boiras sobre la finca y empezó a caer una terrible "pedregada", con unas piedras redondas de hielo, como huevos de gallina, dándoles el tiempo justo para quitarles las clavijas a los bueyes y hacerlos entrar en el corral. Aquel maldito fenómeno atmosférico duró unos veinte minutos, que se hicieron eternos y al ir a mirar los trigos, vieron como no había quedado una sola espiga, ni siquiera paja, tan necesaria en aquellos tiempos, para echarles cama a los animales y para darles de comer. Al recorrer los campos pudieron ver como hasta los "buchos" se habían quedado sin hojas e incluso se vieron muertos algunos conejos, perdices e incluso liebres.

Entonces yo le pregunté : y esto ¿en qué año ocurrió ? y él me contestó que eso había pasado el dieciocho de Junio de 1930.Se sintió muy desgraciado, porque entonces no había seguros como ahora y tendría que pagar el arriendo de la finca, pero luego se le notó una reacción positiva ,porque dijo que el año siguiente ya cogió buena cosecha. Pero hacen ya setenta y dos años, que se dio cuenta de que, allá en Salinas de Jaca, no se podían comprar máquinas para cultivar la tierra ni había hombres para trabajarla y tuvo que emigrar a Siétamo. Allá sigue la finca, pero no cultivada, sino explotada por una sociedad de cazadores vascos. Hoy parece que está ocurriendo lo mismo en el Somontano y en la Tierra Baja. ¿Qué pasará con la agricultura dentro de no tantos años?. Ahora, allá, en Siétamo, lo tenemos con sus noventa y ocho años, con el viejo temor de que vuelva otra vez una "pedregada". Pero yo le pido al Señor que, aunque sea para que Sebastián llegue a los cien años sin sufrir, que estos días venideros refresque, pero que no caiga pedrisco.

viernes, 1 de mayo de 2026

Las Campanas








He pasado por Salinas de Jaca, por Hostal de Ipiés, por Orna, por Centenero, por Ena, y por Botaya y en alguno de esos lugares pude escuchar voces humanas, pero en otros ni se oían ni se veían seres humanos. Se van despoblando, poco a poco, los pueblos, como ya hace años se quedó sin habitantes el antiguo pueblo de Salinas de Jaca, para ser sustituido por otro más nuevo, al lado de la carretera.

En el antiguo estaba de campanero Mariano Bastarós, que hasta sus ochenta años hizo sonar las campanas, pero no se murió hasta los ochenta y seis. Las hacía sonar no muy deprisa, pero con un hermoso sonido, bandeando dos campanas simultáneamente.

Llegó más tarde, allá por los años cuarenta y cuatro, un cura del pueblo de Ena, que además de sacerdote era labrador, herrero, colmenero y carpintero. Se llevó el reloj de la torre, para arreglarlo, como él mismo afirmó, pero no pudo hacerlo porque le faltaba el repetidor, que quiso reconstruir, pero no pudo. Estaba dicho reloj en la torre de la iglesia y hacía sonar las campanas del campanario cuando daban las horas. En el pequeño pueblo de Lallana, muy cerca de Sádaba, pudo arreglarles un reloj; no le pasó como con el de Salinas de Jaca.

En el pueblo de Ena colocó un cable, que hacía sonar las campanas desde el altar.

Al quedarse viudo, se hizo sacerdote y se instaló de cura en Ena, cerca del pueblo de Orna, que también está próximo a Hostal de Ipiés, donde al fin se construyó una casa, en la vivió hasta su muerte. Se llamaba el cura, labrador, herrero, campanero, relojero y colmenero, Don Andrés Gavín. Todavía se acuerdan de él en los pueblos de Botaya, Orna, Hostal de Ipiés, Ena, Centenero y Bernués. Desde luego que son pocos los que lo rememoran porque, son pocos los que todavía viven en aquellos lugares. ¡Cómo se acuerda de él, el señor Sebastián Grasa, que en Octubre va a cumplir los cien años de edad!. ¡Cuantas generaciones han vivido en los citados pueblos, para que ahora queden tan pocos habitantes, que no repican como entonces las campanas, pero que en las fiestas acuden desde Barcelona o desde Zaragoza, para lanzarlas al aire, para que suelten bellos sonidos, que les recuerden su niñez y a las viejas generaciones!

Tenía un buen carácter y le gustaba comunicarse con todo el mundo y sobre todo tenía en cuenta aquella frase evangélica que dice: ”dejad que los niños se acerquen a mí”. Esa falta de orgullo, lo llevaba a conversar con cualquiera. Tenía siete toneles de vino y cuando llegaba alguno, tenía que probarlo de todas las añadas, incluso aquellos vinos, que ya eran como el coñac. Les decía: no tengáis miedo, que si os caéis, os cogeré yo.

En esos pueblos y en todos los de la provincia, sonaban las campanas cuando llamaban a los fieles a misa y al rosario o cuando se celebraban vísperas en algún pueblo, dedicadas a su santo patrón; para la Pascua de Resurrección, cuando quitaban los velos que tapaban los retablos, tocaban fuerte las campanas. Con un repique muy especial, sonaban los toques de difuntos, que eran muy tristes. Estaban los vecinos en los caminos y en los huertos y algunos cuando escuchaban las campanas, se emocionaban y alguno incluso lloraba. En ocasiones, cuando el difunto era algún niño o niña, tocaban a “mortichuelo” y lo hacían con cimbalicos o con otras campanas pequeñas. Acompañaba el sonido de las campanas a las procesiones y casi nunca faltaban los curas a decir misa en los pueblos más pequeños. Los mozos daban la paliza a las campanas haciéndolas sonar con motivo de las fiestas y no paraban de bandearlas o voltearlas durante mucho tiempo, pero no sólo eran los mozos los que las hacían repicar, sino que las mozas en día de Santa Águeda, eran las que subían al campanario y con un gran esfuerzo las repicaban e incluso les daban vueltas, bandeándolas. El Día de las Almas, que se celebra el día dos de Noviembre, cada dos horas tocaban las campanas.

Había campaneros en los pueblos y en las ciudades y a veces hacían sonar esas campanas con cuerdas o con cables, pero en las grandes ocasiones acudían los mozos a anunciar a todo el mundo que era fiesta. Cuando había incendios, sonaban las campanas con mucha fuerza y “aprisa, aprisa”, haciendo que todas las campanas fueran repicadas. Cuando venía una tronada, en los pueblos donde no había “esconjuradero”, algún valiente que vencía el miedo que le producían los rayos, se subía al campanario para que al escuchar el repique de las campanas, el Señor evitase que las nubes lanzaran sus terribles rayos.

En Biel estaba la campana de los perdidos e iba el sacristán y cuando se hacía de noche, tocaba, para que nadie se perdiera, lentamente: plon, plon, plon.

Antes, como hemos visto, con las campanas se comunicaba la gente, pero ahora, cuando pasas por uno de esos pueblos, no escuchas a nadie, pero dichas campanas también están calladas y no comunican la alegría de Pascua o de las bodas, ni las tristezas de los entierros, ni llaman a los hombres para apagar el fuego.

Las campanas unían al hombre con Dios, elevando los espíritus y convocándolos a todos y una prueba de esta afirmación, la tenemos en el pueblo de Siétamo, donde Antonio Larraz Barraca, nacido en 1892, cantaba “Las campanas de mi pueblo-si que me quieren de veras-cantaron cuando nací-y llorarán cuando muera”.

Y es que ese tocar y sonar, doblar, voltear y repicar y en aragonés “batear”, iba formando el corazón de aquellas gentes, recordándoles las ilusiones, su vida religiosa y los juegos, fuegos y trabajos y les llevaba a la conclusión de no eran la tierra, el silencio y la muerte la vocación del hombre, sino “el Ser, la Palabra y la Vida eterna”, porque veían la luz en las montañas y en la nieve, que con el brillo que le proporcionaba el sol, les hacía más fácil descubrir, más allá, el brillo de la eternidad.

El hombre vivía feliz comunicándose por medio de las campanas y cultivaba la cultura con el espíritu y la naturaleza con su cultivo y con el culto adoraba a Dios, facilitándole el sonido de dichas campanas la convivencia del culto, el cultivo y la cultura.

Estaba el ambiente de los pueblos y de las ciudades lleno de campaneros, de los que algunos eran simplemente artistas. Yo me acuerdo del campanero Hipólito Rivarés, que actuaba habitualmente en la Catedral y conocí y hablé con Pascual Calvete, que “bateaba” las campanas en la iglesia de Santo Domingo y ejecutaba actuaciones de campanero en otras iglesias, porque ya era él, casi el único que conocía el arte o el oficio. Tanto es así que escribió en los últimos años de su vida un libro sobre las campanas.

Todas las campanas, como si de personas se tratase tenían su nombre, como la Santa María, la Migueleta que estaba y supongo que allí seguirá sonando en San Miguel, Santa Paciencia en la Iglesia de San Lorenzo que tuve la suerte, el día del patrón de Huesca, de verla en el suelo, cuando la iban a subir al campanario.(2003). La campana Santa Bárbara, que no recuerdo si era de Siétamo o de Arbaniés, llevaba escritas estas palabras: “Santa Bárbara me llaman- más de cien arrobas sumo-si no lo quieres creer-me levantarás a pulso”.

Hemos visto como estuvo basada la vida del hombre en la naturaleza y en la fe y ahora buscamos la cultura y la libertad y al mismo tiempo que descubrimos el mundo y el Cosmos, nos vamos descubriendo a nosotros mismos y a Dios.

Ni morir en paz dejan

En Portugal, ya hace algunos años, no se hacían certificados de defunción a causa de una huelga de médicos. ¡Qué tragedia!. No dejaban vivir...