viernes, 3 de abril de 2026

Coscullano, un pueblo en la Sierra de Guara







Santuario San Cosme y San Damián

La Sierra de Guara, cuyo nombre tal vez venga del nombre vasco-ibérico“gora”, alto o arriba y en su pié, más debajo de Santolaria, quedan los restos del pueblo de Isarre, que también quiere decir parte baja. La Sierra por el Norte mira al Pirineo, pero en su caída hacia el Sur se convierte en un gran observatorio desde el que se ve la gran depresión del Ebro, empezando por el Somontano o tierra que está debajo del monte. Y como me dijo uno de sus habitantes, desde el Norte se observa, unas veces más que otras,el horizonte borroso, pero cuando miran los vecinos del Sur hacia el Norte, se ve todo claro. Eso me pasa a mí cuando miro desde Siétamo a Coscullano, pues lo veo muy nítido y muy próximo, con la blanca casa de Lorenzo Zamora Blasco como adelantada y cuando, desde la terraza de dicha casa miro para ver Siétamo, me cuesta reconocerlo, a pesar de suproximidad. Cuando desde Gratal se mira uno hacia Zaragoza, unas veces la ve y otras no, pero si no hay nieblas, desde la capital aragonesa siempre se ve el Gratal y la Sierra de Guara. Es la Sierra un monumento natural y así lo ha comprendido el hombre, pues la ha declarado Parque Natural de Guara. Ya se daban cuenta de su belleza muchos escritores aragoneses, como la tía del Conde de Aranda, Ana Francisca Abarca de Bolea, que llegó a ser Abadesa del Monasterio de Casbas y desde el cual se contempla toda la Sierra, sin obstáculos, en verano y en invierno. Ana Francisca no pudo resistir el impulso que la llevó a escribir un romance a Guara, que dice así: “Ya se ha dispertado Guara,/ ya se ve a medio vestir/ previniendo tocas largas/ por la muerte del Abril”. Salvador María de Ayerbe, en su obra “A través del Somontano”, escribe un capítulo dedicado a San Cosme y San Damián”, que debajo una peña están, como repiten los peregrinos que van a tal santuario. Cuenta cómo lo llevaban a San Cosme, a través de Angüés, por Carbas de Huesca, por Sieso y otras veces por Bierge, Labata, Yaso,Bastarás, Panzano y Aguas, recorriendo todo el pie de Sierra hasta la casa de las maderas, como la llamaban los habitantes de aquella zona tan boscosa,donde se hacía carbón vegetal.En aquella casa emprendían su camino hasta el santuario por “una serie de suaves pendientes y curvas pronunciadas,a trechos de camino real,en otros de herradura, que comienzan a deslizarse por un hoyo inmenso cerrado al poniente por un pequeño anfiteatro rocoso”. Ésta era también la ruta que usaban los somontaneses de Panzano, de Aguas y de Coscullano, para peregrinar el día de San Gregorio al Santuario de San Cosme y San Damián y cuando ya estaban cerca de él, veían su “blanca mole, tan adosada al rocoso muro grisáceo”, que explica la “añadienza” de “debajo de una peña están”. De la misma forma que a Salvador María de Ayerbe, le penetró la Fuente Santa en su corazón, pues escribe: “aun hoy subsiste para consuelo del creyente, deleite del artista, regalo del caminante y embellecimiento y poesía del sitio donde resuena, perenne, la plegaria mística de su cotidiano y manso deslizamiento”. ¡Cómo coincide la expresión poética del caballero con los sentimientos del pueblo de Coscullano y de Panzano, que ahora que están reparando la iglesia del Santuario, oyen la misa al aire libre, al lado de la Fuente Santa y si no tenían gran facilidad de expresarse en castellano como el poeta, porque lo hablaban mezclado con su fabla aragonesa, componían jotas que con cuatro versos de ocho sílabas, manifestaban sus sentimientos y su sensibilidad poética! Ramón J. Sender vivió la Sierra de Guara, llegando a titular uno de sus artículos “La sierra niña” y parece ser que se expresaba de tal forma, porque la amaba y la recordaba en San Diego, allá en California. En Balboa Park cuando “veía las ardillas... volaba con el recuerdo a la Sierra de Guara”, donde siendo casi un niño se recreaba mirando sus traviesos movimientos. Sender, aparte de la excursión a San Cosme y San Damián que hizo conducido en uno de sus coches por Bescós, que tenía su garaje de venta de coches, bajando a la estación de ferrocarril, se siguió trasladando a tan hermoso lugar. Escribió un artículo titulado “La Virgen de Fabana”, cuya ermita que se encuentra muy cercana al santuario de San Cosme y meditaba sobre la devoción a la Virgen, en las supersticiones “como el viento que canta por las gargantas o el sol que abrasa sin calor”. Las supersticiones se dan en el espacio de San Cosme, pues yo he conocido y tratado a uno de sus ermitaños, nacido en la parte oriental de la provincia, me contó que en cierta ocasión, estando cenando en la vivienda, varios señores oscenses, habiendo hecho una apuesta con ellos, tuvieron que salir corriendo del comedor, abandonando su opípara cena. Comentando con un vecino de Angüés, temas sobre el santuario, me expresó sus vivencias en sus alrededores, con numerosos gnomos. Yo le preguntaba qué era lo que comían y qué restos dejaban, pero él, que no había leído a Sender, creía ciegamente en los gnomos. El escritor no se limitaba a escuchar las campanas, cuando veraneaba en San Cosme, sino que “yo bandeaba las campanas los domingos, por detrás de la enorme loma rocosa por la que baja el Guatizalema, torrencial. Por encima vuelan las águilas”.Se mezclan en este lugar personajes variados, por ejemplo el Conde de Guara, que tiene allí su casa, igual que la tenía en Panzano, donde está su noble escudo, con el santero, que ahora duerme en Angüés y el que dirige la reparación del Santuario, que reside en Santolaria. Ahí van con frecuencia oscenses, entre los que se encuentra un gran jotero, que desahogan sus corazones cantando jotas, que a Sender le recordaban el Parsifal, porque “afirma que en Parsifal aparece la consagración del carácter aragonés típico, ya que la leyenda consiste en la exaltación del hombre puro y sin malicia”. Sender quería a aquellas personas sencillas, como su tía Jacinta, su abuelo el campesino y a la Hermana Adela, nacida en Chalamera, como me pasa a mí con los personajes que habitaron aquellos pueblos del pie de Sierra y de los que quedan tan pocos. Ya lo decía aquel profeta, nacido en Coscullano y que se llamaba Benedé, que afirmaba: “En este pueblo no va a quedar nadie” y así ha ocurrido. Por eso, cuando me encuentro con Lorenzo Zamora Blasco, que tiene los dos apellidos iguales que mi abuelo materno, lo venero, porque él no se quiere ir de Coscullano. Vive allí al pie de la Sierra, rodeado su monte por San Cosme, por la iglesieta, de la que ya no quedan casi ni restos, pero que en ella se encontró una pulsera visigótica, que está en el Museo, por el Castillo de Arraro, allá en Panzano y por el pueblo de Aguas, por el pantano de Calcón y por los olivos, a los que limpia cada año, por los “buchos” o bojes que adornan los montes y por las rojas “alborzas”. Cultiva su huerto, que se riega, con un ibón, que nace justamente encima del huerto. Está rodeado por personas a las que ama, como su esposa Aurita, sus hijas Carmen y Paz, su nieto Lorencito y su nieta Belén. Recuerda, como Sender, a sus padres, gente sencilla y buena, a su hermano Antonio, del que conserva una brillante biblioteca, de su hermana Maruja, que fue como la de Sender monja de Santa Ana y de su otra hermana Araceli, casada en Tierz. Así ocurrió con la Hermana Adela, de la que Sender escribió “Adela y yo” y si éste escribió sobre la monja, Lorenzo hizo que la enterraran en Coscullano, para que desde los cielos pidiera por sus escasos y sencillos habitantes. Se fueron sus hermanos, sus hijas y nietos, y viven en las ciudades, pero siempre que pueden van a visitar a sus padres y al pueblo de Coscullano, donde muchas veces te parece que estás escuchando Parsifal.

jueves, 2 de abril de 2026

El Instituto Ramón y Cajal, por los años cincuenta








Me he acordado del Instituto Ramón y Cajal de Huesca, al hablar con un amigo de mi hermano Jesús, con el que juntos estudiaban. He reflexionado sobre sus profesores, que formaban una cátedra de hombres y mujeres, que infundían un gran respeto por su sabiduría. Al oír pronunciar sus nombres me sentí impulsado a despojarme de la gorra, porque ¡Dios mío, qué respeto impone el ilustre nombre de Don Ricardo del Arco, que tantas obras escribió de la Historia de Aragón!. Me acuerdo de verlo pasear por el Coso, con su cabeza desprovista de cabellos, pero llena de ideas, con su cara redonda y con gafas de gruesos cristales. De Don Ramón Martín Blesa, me han recordado que era un hombre carismático, que buscaba el bien de los hombres y mujeres, sin olvidarse de sus tres hijos y dos hijas, cuyo porvenir le impulsó a ir a vivir en Zaragoza, para que pudieran realizar estudios universitarios. Su origen aragonés le inclinaba a vivir en Aragón, pues su primer apellido Martín se corresponde con el río que discurre por la provincia de Teruel, pasando al lado del pueblo de Blesa, con cuyos dos nombres coinciden sus apellidos. Su primera colocación la encontró en Mérida, donde conoció a Eulalia del Río que fue alumna suya. Logró ser destinado a Huesca, donde se encontraba muy bien y donde todavía, después de tantos años, hay muchos que se acuerdan de él y que lo quieren, como el farmacéutico don Francisco Almazán, que aparte de ser turolense, siguiendo los consejos de algún familiar de don Ramón Martín Blesa, se hizo una hermosa casa, en Chiclana, que se encuentra próxima a Cádiz. Allí convive muchas temporadas con su esposa e hijos, con la esposa de don Ramón, María Eulalia y con sus hijos, hijas y yernos. Para que sus hijos pudieran acceder a la Universidad, se vio atraído por la ciudad de Zaragoza, pero tuvo que bajar a vivir a la ciudad más sureña de España, es decir a Cádiz. En esta ciudad no se sintió desplazado porque era un hombre que se adaptaba con facilidad a todos los medios y a todas las personas, pues ya estaba acostumbrado a conocer distintos alumnos cada año. Alcanzó la cátedra de Termodinámica en la Escuela Náutica de Cádiz. Sacó también la cátedra de Química en Primero de Medicina. Se lo merecía porque antes de marchar de Huesca, ya le concedieron la Cruz de Alfonso X, el Sabio. .
En la finca de José María Puyuelo Sorribas, me encontré con el Coronel ya jubilado, Javier Martín Blesa y me asombré de encontrarme con un señor con los mismos apellidos que los de Don Ramón; le pregunté si era pariente suyo. Me dijo que era pariente un tanto lejano, pero que tenían un origen común en el pueblo de Blesa y en la cuenca del río turolense Martín. Pero aparte de recordar los orígenes en tierras de Teruel, me estuvo cantando la inteligencia de don Ramón, ya que todavía conserva su libro de Física, que él estudiaba en la Academia General Militar de Zaragoza. Cuando fue a la Academia de Toledo, siguió estudiando el mismo libro. Pero es curioso el placer que le producía estudiar temas tan serios, en un tan sencillo libro. Pero su cerebro no cesaba de crear ideas para traspasárselas a los jóvenes, pues sacó entre otras, la plaza de Química en el primer curso de Medicina. Javier Martín Blesa explicaba como todo el mundo hablaba maravillas de don Ramón, diciendo: ¡qué bueno era y qué buen profesor!. Se preocupaba de todo el mundo, como se preocupó de que sus hijos alcanzasen tres de ellos el puesto de catedráticos, como una hija suya alcanzó el cargo de Vicerrectora de la Universidad de Cádiz. Todavía seguían sonando los nombres de Don Virgilio Valenzuela, profesor de Filosofía, de Sánchez Tovar, que cuando te lo encontrabas, con su amabilidad, te contagiaba de la Historia de Aragón. El profesor de Lengua don Miguel Dolc, con su esposa Dolores Cabeza organizaron el año 1956 una obra teatral, que representaron en el Olimpia, titulada “La Santa Virreina”. Pero el año 1958, el día siete de Marzo, día de Santo Tomás, dirigidos por don Virgilio Valenzuela, los alumnos de sexto curso, entre los que se encontraban Francisco Almazán, Pardo , hijo del ferretero de la calle de Goya, Fernando Bagé, cuyo padre fabricaba básculas y la símpática chica María Fernanda Pesini, representaron la obra de Miguel Mihura, titulada “El caso del señor vestido de violeta”. Era el caso humorístico de un torero al que le entraba un complejo de “viejecita”, cuando se vestía de luces. El director del Teatro era don Virgilio Valenzuela, pero siempre estaba presente la colaboración del Director del Instituto Ramón y Cajal, don Ramón Martín Blesa, que intentando ayudar a sus alumnos, convertidos en actores, estaba entre los bastidores. Tenía inquietud por el cerebro de sus alumnos y trataba de guiarlos con las obras de Teatro, pero le preocupaba tanto la salud de sus cuerpos, pues formó un equipo de fútbol con el que se sentía unido, ya que se le veía correr por la banda del terreno de fútbol, animando y aconsejando a los jugadores. En dicho equipo jugaban, Ernesto Puertas, hijo de la profesora de dibujo, ”Fito” pariente mío de Santolaria, Antonio Escartín, casado hoy en día con la pintora, Maestra y poetisa Asunción Laplana, José María Franco, actual farmacéutico de la Farmacia Mingarro y entre otros muchos Carlos Auría que dirigió la Farmacia Auría.
Francisco Almazán jugaba al fútbol y ahora, desde Huesca, vive de los recuerdos de Don Ramón Martín Blesa, del que recibió formación y conserva una amistad, rayana con el parentesco de toda su familia.

MOLINO DE VIENTO



Molino de viento a Pedro Saputo.-

Bajo la dirección de S.Ramos Almodóvar se publicaba en Córdoba una revista mensual ilustrada, titulada "Letras Regionales" y en Febrero de 1928, Santiago Camarasa, escribía sobre el tesoro artístico español, el artículo "Gloriosos testigos del pasado". Trata de los molinos de viento y dice: "No importa que por el abandono pasado fueran desmoronándose bastantes molinos; no importa que éstos fueran antes muchos; lo que importa ya, y grandemente, es que los que quedan, los pocos que subsisten aún, se conserven, se restauren; que los que son ruinas dejen de serlo; que empiece efectivamente la defensa del molino de viento, volviendo a ser, no la riqueza de antes, porque la mecánica hizo conquistas extraordinarias desde su época y sería ridículo su aprovechamiento como entonces, pero sí el ornato de las llanuras manchegas, como lo fue antaño".Añade que la fuerza del aire que movía las piedras de los molinos, representa algo que supone el progreso de la Humanidad por ser los molinos los precursores de la fuerza motriz de cientos de caballos, que mueven los motores de las modernas fábricas que han hecho progresar al mundo. Este Almodóvar parece que veía venir los nuevos molinos de viento o molinos eólicos, que llenan nuestras tierras hermanas de Navarra, que la han hecho producir con ellos, toda la energía eléctrica que necesitan. Tanto es así, que como final de la operación de llenar los altos de sus tierras de molinos eólicos, han levantado uno clásico, no me acuerdo exactamente donde, para rendir homenaje a los antiguos molinos de viento, padres de los actuales. Pero mi casi homónimo, Almodóvar dice: "Son esos molinos (además de una reverencia a la fuerza motriz) la reverencia al gran Cervantes y propone que en aquellos lugares de las andanzas de Don Quijote, lo mejor que se podría hacer es levantar como monumento al Caballero de la Triste Figura, un molino de viento". Pero estamos en Almudévar, según el genial escritor Braulio Foz, patria de Pedro Saputo y según Don Rafael Gastón Burillo:"El símbolo de Pedro Saputo y de Almudévar, que es Aragón entero, puede iluminar con sus enseñanzas y deleitar con su belleza, áspera y rebelde cuanto grata, a todo el mundo".Y en el caso que me ocupa, ¿en qué debe consistir la enseñanza que deleite a todo el mundo?,pues sencillamente en levantar otro molino de viento como aquel que en siglos pasados entregara el Rey Don Jaime II a mi antepasado Juan de Almudévar, portador de dicha Villa. Esto último se puede leer en el número 38 del Argensola del año 1959 y ocurrió en 1311.(Angel Conte en la Encomienda del Temple de Huesca). "Es curioso observar la cantidad de molinos, que los templarios principalmente, dirigen en Aragón y casi todos ellos movidos por corrientes de agua, pero en Almudévar, al no correr aguas por su superficie, había molinos de viento". En el libro del Almudévarense o almudevano Aliod y de Gabriel Ponce en la página 48, dicen que el molino de viento lo dió el Rey a Juan de Almudévar, que además de portario "era un personaje influyente y cercano al Rey". Braulio Foz, nacido en Teruel, encabeza los diez primeros capítulos de su obra Pedro Saputo con las diez letras que forman su nombre, pero no escribió su novela sobre su provincia natal, tal vez por evitar alusiones a sus naturales y como dice Rafael Gastón Burillo, refiriéndose al protagonismo de Almudévar :"Si alguien creyera que la Villa de Almudévar pudiera sentirse molestada o menospreciada por la obra de Foz, grave error es el suyo. No es Almudévar ,sino Aragón; y no es menospreciada, sino elegida precisamente como símbolo de las tierras aragonesas para presentar en ellas la obra vivificadora de que son capaces". Si, porque a Braulio Foz le parecía ver que el espíritu aragonés iba decayendo y para evitar esa caída en el ideal de verdad y de justicia de lo aragoneses, con su obra de Pedro Saputo quiso darle unos latigazos (zurriagazos), para que "Almudévar, entre la montaña y la llanura, velase por el destino de los pueblos".(Rafael Gastón Burillo). La obra de Braulio Foz nos trae a la memoria el Quijote de Cervantes, porque Pedro Saputo(sabio) representa la "razón natural", para conducir a su pueblo al progreso, de la misma forma que Don Quijote fue un ejemplo de los ideales de los caballeros protagonistas de aquellas novelas. "Y así como don Quijote veía unos gigantes donde sólo había unos molinos, Pedro Saputo veía en Aragón convertirse en sólo molinos lo que pudieran ser gigantes". Es curiosa la situación histórica de la Villa de Almudévar, porque está por arriba y por abajo, rodeada de tierras regadas por ríos, donde los templarios y otros, construían molinos, pero al no ser regada en sus términos, construía molinos de viento y es en ella donde se fijó Braulio Foz para escribir su genial obra, tan poco aprovechada por los aragoneses,"Vida de Pedro Saputo". Braulio Foz escribió su obra para animar a los aragoneses a crear riqueza y así como los navarros han edificado un molino de viento, después de hacer multitud de molinos eólicos, los de Almudévar deben construirlo antes de que empiecen a situar en ella, los mismos molinos creadores de energía.

Coscullano, un pueblo en la Sierra de Guara

Santuario San Cosme y San Damián La Sierra de Guara, cuyo nombre tal vez venga del nombre vasco-ibérico“gora”, alto o arriba y en su pié, má...