miércoles, 6 de mayo de 2015

José Buenventura Durruti, ( 1896 a 1936)




Yo, en el año 1936, iba a la Escuela con el Maestro Don José Bispe, que al entrar en ella, nos ordenaba, apoyados en la pared, mostrarle nuestras manos, y  si estaban limpias las manos del primer alumno, pasaba al siguiente, pero si no lo estaban, golpeaba con su regla en las palmas de sus manos. Allí estábamos Rafael Bruis y yo, vecinos de casa y de la misma edad, jugando en el patio de recreo, con tierra a la que mojábamos con nuestra orina y construíamos, no sé si eran casas o acequias de riego. Éramos felices con nuestros juegos, con la Fiestas, en las que entre otros como Bastaras, tío de Mosen Cabrero, actual Párroco de Alquézar y Escartín,  que me regaló una onda, con la que de niño mataba gorriones, jugaban a la pelota en la fachada del Ayuntamiento. El destino, entre tanto preparaba la Guerra Civil. A Bastaras lo fusilaron los rojos y Escartín ha muerto hace escasos días, este año de 2012.En las elecciones, nos llevaban nuestro padres, al aula donde el Maestro nos enseñaba a leer y a escribir. Unos votaban y algunos jóvenes, como Graseta, escalaban las columnas de hierro pintadas de negro, subiendo alguno, hasta el techo de la Escuela. Allí se veían caras de hombres que soñaban subir al poder local y otros, que, acaso, temían  bajar fusilados, debajo de la superficie de la tierra.
Llegó el mes de Julio de 1936 y yo no temía nada, pero veía a mi familia preocupada. Mi tío José María, siempre soltero, sentado en la cadiera del hogar, bromeaba poniendo su rostro, inclinado y apretando sus labios, imitando la figura del fascista Musolini, como pronosticando una lucha múltiple entre conservadores, fascistas y anarco-comunistas. Si, se presentó una Guerra cruel, no entre dos ejércitos, uno real y otro republicano. Con el Ejército, colaboraron  los falangistas y los requetés, acabando por la Dictadura de Franco, unidos.  Contra el Ejército sublevado, se alzó la Revolución, formada por los comunistas  y los anarquistas con los que el Ejército en la zona roja, fue dominado por los comisarios.
Pero aquella vida feliz, se acabó uno de los últimos días del mes de Julio de 1936. Entraba yo en casa de mis padres y de repente se oyeron ruidos producidos por cañonazos acompañados por continuos silbidos de balas de fusil. No pude entrar en casa porque desde el patio, me aterrorizó el derrumbamiento de la habitación de mis padres, al Este, de donde caían los cañonazos. Sería la media mañana y a los pocos minutos, ya estábamos mi madre con mis otros cinco hermanos y por varias familias de la que recuerdo a la de Bruis, con mi amigo Rafael, que lloraba, en un cuarto bajo de la iglesia. De vez en cuando, mi tía Luisa, hermana de mi padre, salía hacia casa para buscar alimentos y bebida para aliviarnos aquella cruel prisión. Duró aquel bombardeo hasta que empezó a caer la tarde. Salimos del refugio y bajamos a la carretera, al lado de casa Ribera, donde nos subieron en un camión, que nos llevó a Huesca. Paró el camión en la Plaza de Santo Domingo,  a la entrada de Huesca, Allí nos esperaba mi primo hermano de quince años, José Antonio Llanas Almudévar, que se llevó a su casa a mi tío José María y mi tía Luisa. Con sólo quince años, José Antonio se presentó voluntario en el Ejército, pero lo mandaron a su casa, porque estaba débil y veía muy poco, aunque la dignidad y el valor le sobraban. Nosotros fuimos al Coso Alto a casa de mi abuela materna, Agustina Lafarga  Mériz, viuda de Zamora. Este fue el principio de una fuga de la muerte, pues fuimos primero a Jaca, después a Ansó y mi padre y mi abuela, estuvieron en Zuriza, para ver la posibilidad de emigrar a Francia. No hizo falta.
Cayó Sietamo el día 31 de Agosto y el dos de Septiembre lo recuperaron los nacionales. Siguió Siétamo resistiendo hasta el día trece de Septiembre, en el Castillo del Conde de Aranda y en la torre de la iglesia, de donde escaparon por una ventana enrejada y pequeñísima. El Sargento de la Guardia Civil, apellidado Javierre, se vio negro para salir, pero al fin lo hizo, quitándose incluso la ropa interior. Marchó a Huesca,  pero a los pocos días había vuelto a seguir defendiendo el pueblo de Siétamo, donde murió por los balazos de una ametralladora. Fue este señor,  padre del Cardenal Javierre y  de su hermano, sacerdote y gran escritor. Del Castillo,   una tarde noche se retiraron, hasta el Estrecho Quinto. En lo alto del Estrecho Quinto, lo pasaron muy mal los refugiados. Allí estaba el médico Coarasa, nacido en el pueblo de mi esposa, Torralba de Aragón, Pepita de Casa Sipán y queriendo los revolucionarios que se rindieran, les mandaron a la señora Concheta Ferrando, que fue andando por medio de la carretera, que de Siétamo va a Huesca, con una bandera blanca. Llegó al lugar donde estaban los que no podían salir de tal punto, pero no volvió,  sino que se quedó con ellos, hasta que escaparon como pudieron a Huesca. A Concheta le debe mi familia la conservación de nuestra casa de Siétamo, porque un día vio  a varios revolucionarios, que iban quemando los figuras de madera de la iglesia e iban a abrasar nuestra casa de al lado de la iglesia. Entonces Concheta, les gritó: ¿para que quieren destruir esa casa, si no tendrán donde cobijarse?. Se llevaron todo lo que había dentro,  pero gracias a Concheta, todavía está la casa en pie.
¿Quiénes eran los revolucionarios?. Hay que fijarse en el escritor inglés George Orwell, que vino a España a escribir artículos sobre los acontecimientos que estaban ocurriendo en ella, pero se impresionó con el clima revolucionario que ardía en Barcelona. Escribe: “Yo había ido a España con la vaga idea de escribir artículos para los periódicos, pero había ingresado en la milicia casi inmediatamente después de llegar, porque en aquella época y en aquella atmósfera parecía que esto era lo único concebible. Los anarquistas aún dominaban virtualmente Cataluña y la revolución se encontraba en su apogeo”. Efectivamente Orwell, veía colectivizados hasta los cafés y en las fachadas se veían bandera rojas y negras, la hoz y el martillo y todas las iniciales de los partidos revolucionarios. Se veían iglesias destrozadas, porque eran demolidas por bandas de obreros. Todos decían: ”Salud en vez de Buenos días”. Ante aquel ambiente Orwell se quedó absorto o tal vez conmovido y se apuntó al POUM (Partido Obrero Unificado Marxista). Aquel ambiente no podía ser duradero, porque el pan estaba muy escaso y después de luchar como miliciano en el pueblo de Monflorite, muy próximo a Huesca, fue herido y recogido en un Hospital de Urgencias en Siétamo, que era de madera,  pero todavía queda parte de su suelo de cemento. A última hora, tuvo que escapar de España, después de haber luchado,  por las amenazas recibidas del Partido Comunista, que no admitía “herejes”, escapados del auténtico Comunismo.  De Siétamo  lo llevaron a Tarragona y después desde Barcelona huyó a Francia, porque entonces los del Poum eran perseguidos por los comunistas puros.
La Dolores Ibarruri, dijo que el setenta por ciento de aquellas gentes que dominaban Barcelona eran anarquistas. Los distintos partidos y sindicatos antes de organizar el Ejército Popular, lo hicieron con las milicias, siempre buscando la igualdad, cobrando la misma paga los oficiales y los soldados, con los mismos uniformes y sin saludos especiales.
Los anarquistas fueron los primeros que formaron columnas internacionales. La primera que salió de Barcelona hacia Aragón y fue dirigida por Buenaventura Durruti, el veintitrés de Julio de 1936. 
Fue Durruti un anarquista famoso, por su espíritu revolucionario anarquista. Nació en León y murió en Madrid. Salió de Barcelona la primera Columna  de Milicianos, el 24 de Julio de 1936, formada por unos dos mil hombres. Eran anarquistas y revolucionarios como su Jefe Durruti. Este era casi adorado por las muchedumbres anarquistas,  en Barcelona, y su deseo  era ir a Huesca, a Teruel y a Zaragoza. A esa  primera Columna de Milicianos, la llamaron Columna Durruti, en la que iban unos dos mil y pico  hombres. Salieron otras columnas,  como por ejemplo la de Ortiz Ramírez, a la que llamaron más tarde Columna Sur del Ebro y después salió otra dirigida por el altoaragonés  Ascaso, que se orientó hacia Huesca. Los Ascaso eran del pueblo de Almudévar y allí me contaron que después de acabada la Guerra, uno de ellos, estuvo en su pueblo de Almudévar, durante una Semana Santa y desde un balcón frente a la Iglesia, la mente y su  corazón de uno de los hermanos, pues el otro había muerto en Barcelosa, se llenaban de tristeza, viendo el paso de Cristo acompañado por la Dolorosa. En Ibieca, pueblo muy próximo a Siétamo, enseguida se fundó en España, la primera Cooperativa de la tierra, en que trabajaban los que sabían antes manejar el lapicero, y actuaban en los expedientes, aquellos que no sabían a penas escribir,  por manejar hasta ese día los arados. Iban orgullosos, viendo como trabajaban los antiguos “ricos”, exhibiendo sus pistolones. Los anarquistas de Durruti habían hecho una realidad, la propiedad colectiva en el Somontano de Huesca. Uno de los hermanos Arilla de Ibieca, que ha permanecido soltero toda su vida, escribió una historia de este negocio ruinoso. Me lo dio,  pero no lo encuentro.
Todas las Columnas estaban compuestas por hombres que pertenecían a la C.N.T. anarquista. Durruti era una persona que se oponía a la militarización de dichas columnas.  Estas teorías se comprobaron, cuando llegaron los revolucionarios a la entrada de Siétamo y estaban acompañados por tropas del Ejército. Aquellos querían a toda costa conquistar el pueblo de Siétamo, en tanto las tropas de una compañía de soldados, descansaban,  acostadas en las orillas del río Guatizalema,  gozando de las sombras de los árboles ribereños. Los campos estaban ya segados y sobre ellos yacían las fajinas. Yo recuerdo que unos días anteriores a la llegada de tropas y de anarquistas, me llevaron a contemplar la buena cosecha que se esperaba recoger. Yo cogí un “cuco” grueso y lo metí en mi pañuelo, para llevarlo a mi casa. El “cuco” manchó mi pañuelo y yo lo abandoné, metido en dicho pañuelo. Al mediodía traían a mi familia el abandonado pañuelo. ¡Qué contraste de vida entre el caso del “cuco” y del hombre que me  recuperó el pañuelo y la violencia de los revolucionarios y de las tranquilas tropas que a los pocos días, estaban a la orilla del río. Estas tropas estaban mandadas por el Coronel Villalba de Barbastro, que tuvo la intención de sublevarse con el Ejército contra aquel ambiente Revolucionario. Después de ver el ambiente anarquista que dominaba en Barcelona, debió pensar en guardar su vida y a orillas del río Guatizalema, a su paso por Siétamo,  no atacaba, sino que dejaba a los revolucionarios que se las arreglaran. Hemos visto como Durruti se oponía a la militarización de las columnas.  A la entrada de Siétamo, se representó la siguiente anécdota: un Comisario le preguntó al capitán de los soldados: ”Qué hacen ustedes aquí?; le contestó: “Tomando el fresco”. El Comisario le dijo: “El coronel Villalba (de Barbastro), me ha encargado transmitirle la orden de tomar el pueblo. Respondió el militar: ”Nosotros estamos aquí para proteger a los paisanos. El Comisario, en plan irónico le dijo: ”Y ¿cómo piensa hacerlo?, ¿durmiendo a la vera del río?. El capitán le aseguró: “Yo no recibo órdenes de un paisano”. Y el comisario le contestó: “Este paisano se limita a transmitirle las de su jefe”. Continuó el capitán diciéndole: “le repito que no recibo órdenes de un paisano” y acabó el Comisario diciendo: ”Pues aténgase a las consecuencias”.
Después de este diálogo, el Comisario ordenó a los milicianos  atacar al pueblo, pero el Capitán: ”Mandó formar a la compañía, aparentemente para cooperar a la acción de los milicianos, en realidad para irse con los suyos, para desertar”. El Comisario fue organizando a sus milicianos, pero les disparaban desde lo alto del Castillo” y de “los huecos de la torre de la iglesia, convertidos en troneras”. Al comisario le pegaron un tiro. Lo trasladaron a Sariñena, a Lérida y después a Barcelona. ”El consejero doctor Alguader parecía el designado para despedirnos sanos y recibirnos estropeados. Estaba en la estación y al verme, dijo: Ja, Robusté?. Ja –respondí-M´estaven esperant”.
Algo parecido ocurrió con el famoso escritor mundialmente conocido, a saber Orwell, que herido en Monflorite,  lo trajeron a Siétamo y de su hospital provisional, lo llevaron a Lérida, luego a Tarragona y por fin desde Barcelona, huyó de los comunistas que lo querían hacer desaparecer. Igual que estaban distanciados los militares y los milicianos, Orwell, que se había apuntado en las Milicias anarquistas, se vería más tarde perseguido por los comunistas.
Durruti fue un “profeta” de su fanática doctrina, pues afirmaba que “al capitalismo no se le discute, se le destruye”, “nuestro campo de lucha es la Revolución”. Parece el caso del militar profesional, discutiendo con el comisario Robusté, el cumplimiento de su profecía. Siempre se opuso Durruti a la militarización de las milicias, y sus discípulos fueron cumpliendo su doctrina que decía: ”la única iglesia que ilumina es la que arde”, como ardieron tantas en Barcelona y la única que presidía la Parroquia de Siétamo, en la que abrasaron todos los santos que se veneraban en ella. Sacaban a la Cruz central de la Plaza Mayor, a Cristo Crucificado, lo quemaban, para después derribar esa Cruz que presidía la Plaza Mayor del Pueblo. Su oposición a la militarización de sus milicianos, hizo posible, mientras el capitán militar, que con sus soldados descansaba a las orillas del río Guatizalema,  que hirieran al comisario Robusté, en el ataque a Siétamo. Pero no fue éste el último herido ni el único muerto, pues  al “ Padre Jesús”, de unos veintitantos años, que siguiendo las ideas de Durruti, lo fusilaron, sobre el Río Guatizalema.  Durruti debía de tener un sentido práctico, pues tuvo en su compañía al cura de Aguilaníu,  Mosen Jesús Arnal, que en lugar de fusilarlo como hacían con todos los curas, que caían en sus manos, pensó que le sería,  como le fue, más útil como escribiente. Este sacerdote en 1971, escribió un libro, en el que cuenta esa aventura sangrienta de Durruti, manifestando sin una crítica fuerte, su opinión desfavorable a su revolución y una amistad hacia aquel, que le había salvado la vida. Me hubiera gustado conversar con el sacerdote, pero ahora no podría, porque hace bastante tiempo que se ha muerto. Durruti en el cuarto de costura de mi casa, instaló su oficina, que por cierto debió permanecer en el mismo, muy poco tiempo. Cuando entró en tal oficina, me entra la tristeza, que se sufrió en España en aquellos tiempos.
Mi doble pariente Jesús Vallés Almudévar, de Fañanás, se hizo sacerdote en Huesca y no habló jamás de la Guerra, en que mataron a su madre y a su hermano, pero poco tiempo antes de morirse, me regaló sus memorias. En ellas escribe:” El 31 de Julio se escuchaba en Fañanás, un tiroteo impresionante. Estaba producido por los cañonazos que cañoneaban el pueblo cercano de Siétamo, para seguir siendo bombardeado por la aviación”. A Jesús le gustaba “oír esos pájaros grandes que dominan el espacio”, “pero oír las descargas sobre Huesca y Siétamo, pensando que mis hermanos y tanta familia y conocidos están allí, aguantando, esperando a que les hieran o les maten sin poder defenderse, sin poder hacer nada”, eso no lo podía aguantar. Entre tanto su madre  “se pone a rezar, palidece y tiembla, con un sufrimiento callado e intenso”. Hace coincidir el estado del tiempo físico con la tragedia que se aproximaba, cuando dice: ”El cielo está cubierto de pesados nubarrones de verano y empiezan a caer algunas gotas gordas”.
A Jesús le decía el capitán Moreno, que tendría que ir a Rusia a formarse para ayudar al gobierno comunista. Jesús se escapó de Ola y se libró de pasar lo que han sufrido los entonces niños que a Rusia llevaron. Ahora no comprenden aquellas doctrinas comunistas, en las que ya no creen, ni siquiera en Rusia. El día trece de Agosto de 1936 entraron los rojos en Siétamo y enseguida organizaron “peregrinaciones” para ver las ruinas de aquel pueblo. Y en mi artículo sobre Jesús Vallés Almudévar, sigo : “Y Jesús que había sufrido las pérdidas de su madre y de su hermano, el día 20 de Septiembre, con trece años cumplidos estuvo en Siétamo, de donde habíamos huido sus dobles parientes”. ”Cuando llegamos a los alrededores de Siétamo, oímos graznidos de cuervos, que levantaban el vuelo al oír nuestros pasos y volvían de nuevo al festín, después que habíamos pasado….Había todavía cadáveres sin enterrar, tostando sus huesos, casi mondos al sol. Las calles estaban como un museo en día de fiesta… lo recorrían todo, contemplando, preguntando,  admirando. Se fijaba uno en las casas, de las que no quedaba ni una casa entera, estaban todas comunicadas por dentro por medio de boquetes, hechos por los “fascistas” para no tener que salir a la calle”. Recuerda Jesús que “un enjambre de muchachos, revolvían entre los escombros, buscando cápsulas,  balines, trozos de metralla. Cogiendo aquellos aparatos, a Pepe Ferrando, que fue durante muchos años cartero después de la Guerra, le explotó un explosivo y lo dejó con dos dedos solamente en su mano derecha,
No acabaron de recoger todo, porque cuando ya había terminado la Guerra, allí estaba yo con Rafael Bruis buscando aquellos malditos restos.
Ya  habían  conquistado las Milicias principalmente el pueblo de Siétamo y quedaba la ciudad de Huesca, cercada casi completamente, pero no pudieron con ella y no cayó en manos de las tropas provenientes de Barcelona. Aquellos milicianos querían ocupar Aragón y se puede conocer por la enorme cantidad de libros publicados, la historia de los acontecimientos que tuvieron lugar cerca de Zaragoza, que como Huesca, tampoco  cayó en su poder, cuando Teruel tuvo que sufrir una guerra y una ocupación terribles. Pero yo encontré unas hojas de papel, que en su cabecera estaba escrito el título de “Rojos y blancos” y a su lado, aparecía escrito a mano por un desconocido; no sé que desconocido sería cuando  pone en el escrito a mano,que se  llamaba, Francisco Vitalla de Lupiñén. Faltan,  al principio de esta historia, trece o catorce hojas de papel y otras muchas a lo largo de la misma. Con estos escritos se acaba el cerco de la ciudad de Huesca. En su relato dice que “la unidad a la que pertenecía, estaba en la Sierra de Gratal ( que se ve desde Huesca),donde con mis compañeros permanecimos juntos hasta el final de la Guerra”. En el pueblo de Arguis, por donde hoy pasa la autovía que sube a Jaca, a Francia y a Pamplona, recibió una carta de unos paisanos suyos, de Lupiñén, que estaban prisioneros en Barcelona. Acudió Vitalla y los liberó.
Como faltan hojas en esta historia, no sé si fue con motivo de esta liberación, de la que comenta Vitalla: “Fui recibido por Durruti y me hizo entrega de las credenciales como Jefe de la Centuria y Mando de la misma, así como me entregó él, un plano de como y por donde se tenía que iniciar una operación como contraofensiva. A mi lado destinó (siguiendo su teoría anti militar) a un Teniente Profesional, como técnico,  pero sin mando y la operación estaba dirigida por el propio Durruti, yendo él mismo en primera línea”. Llegaron los milicianos a las proximidades de Zaragoza, donde “sus posiciones se hicieron perpetuas hasta el fin de la Guerra”.
No pone fechas en su historia de cuando ocurrieron aquellos avances hacia Zaragoza de Durruti, pero se deduce que como dice Vitalla “sucedió en Madrid, la trágica muerte de Durruti”. Esas fechas las deduzco de aquella reunión de la C.N.T., que se celebró el día nueve de Noviembre de 1936,en que se pidió a Durruti que fuese a Madrid, para que hiciera que la resistencia se animara , así como la moral de los combatientes.
¿Coincide la muerte de Durruti con el cambio de las fuerzas políticas y  sindicales, en fuerzas del todo militares?. El cura Arnal, que fue su escribiente, investigó mucho sobre si la muerte de su Jefe, se debió a un accidente o a un asesinato. No sería de extrañar una u otra forma de morir, en aquellas circunstancias. En la Hoja 14, escribe Vitalla :”ya en Madrid había empezado el enfrentamiento entre fuerzas leales a la Junta de Casado y principalmente los de filiación comunista, que se declararon contrarios a la misma. Desde Madrid y por orden del Estado Mayor del Ejército y por supuesto de la Junta, hicieron un llamamiento a todas las unidades que quisieran unirse a la defensa de esa Junta como Ejército Popular y en contra de los Comunistas, que en algún momento estaban decididos a la total destrucción de Madrid, mediante la dinamitación del mismo, sino corregían sus desastrosos planes”. Ante la lucha tan elevada entre el Partido Comunista y los Milicianos, incorporados en el Ejército Popular no es de extrañar que dudaran en asesinar a Durruti, enemigo de la militarización de las Milicias.  Este acto sería cruel, pero no tanto como el propósito comunista de dinamitar todo Madrid.
Julián Casado era un militar del Ejército Republicano. Fue un gran enemigo de los comunistas y se hizo cargo de organizar las Brigadas Mixtas del Ejército Popular Republicano. Al acabar la Ofensiva de Cataluña, se dio cuenta de que estaban a punto de perder la Guerra y reflexionó que no era justo que  se prolongara, porque morirían muchos civiles y soldados. Si seguían luchando, el beneficio sería para la Unión Soviética. En marzo de 1939, se había dado cuenta de que el presidente Negrín deseaba la toma del poder por los comunistas. Entonces se unió con los moderados del Partido Socialista Obrero Español, a los que dirigía Julian Besteiro y también pactó con los desilusionados líderes de los anarquistas (desilusionados entre otras mucha causas por la muerte de Durruti) y con la mayor parte de los Jefes del Ejército Popular Republicano. El día diez o el doce de marzo de 1939, huyeron a Francia los líderes del P.C. E.
Aquella Guerra Civil, repito,  no fue una lucha entre dos bandos, sino que lucharon en ella, la Monarquía con la República, el capitalismo y el comunismo, el orden y el anarquismo, la religión y la indiferencia, el orden y  el desorden, el egoísmo con la generosidad. Se encuentran en esta Guerra, las múltiples guerras secundarias, que derraman la sangre de los españoles, pero se ven ejemplos de buen comportamiento en el casi desconocido miliciano Vitalla, el Maestro republicano de Siétamo y el Coronel Casado, al que el pueblo español le debe el ahorro de sangre y de angustia, que todavía les esperaban.

Siétamo le debe a Durruti la pérdida de cientos de vidas, la pérdida de viviendas y del Glorioso Castillo Palacio del progresivo Conde de Aranda, que en el siglo XVI, ya les dio retiro a los obreros que en Valencia, le fabricaban mosáicos. El Castillo del Conde de Aranda no fue respetado ni por los rojos, por ser noble ni por los nacionales, porque decían que era masón.

martes, 5 de mayo de 2015

De Carcastillo a Huesca por Alera,Sadaba y Egea


Alera (Zaragoza)

A setenta kilómetros de Pamplona se encuentra el pueblo de Carcastillo. Parece que por él pasa una ruta románica, que se ve y se vive en el Monasterio de la Oliva, del siglo XII. En esa ruta románica se va hasta la iglesia de Santiago de Agüero en la provincia de Huesca. Parece ser que esos edificios tenían influencia francesa que ha permanecido toda la vida de Navarra y Aragón. Por esta ruta que pasa por Carcastillo para llegar a Egea de los Caballeros, ciudad que rige las Cinco Villas, llama la atención la Virgen de la Oliva del Monasterio de Carcastillo, que fue también venerada en Egea y donde se quedó  su imagen. Por arriba se encuentra la antigua capital de Cinco Villas, Sos del Rey Católico, por la que bajaban los bearneses a conquistar Almudévar, Zaragoza y más tarde Valencia. Desde la carretera que desde Carcastillo conduce a Sadaba, a la derecha se ven las Bárdenas de Navarra y de Aragón, a cuyo lado se encuentran dos pueblos de Colonización, uno el navarro Figarol y otro el aragonés Alera. Están distantes uno de otro  unos cinco kilómetros, unidos por una carretera-camino. Desde Sadaba, con su sinagoga, su convento y su elevado castillo, sobre un tozal de roca, hay   siete kilómetros hasta Alera. Se encuentran esas obras en la ruta románica, que empieza en Carcastillo y pasa por Santiago de Agüero. Tiene Alera unos doscientos habitantes y se va a cumplir el cincuenta aniversario de su creación. Se inauguró en 1965.Sus habitantes proceden en buen número de las Cinco Villas, por ejemplo el padre de Javier Torralba, había nacido en Castilliscar y murió a los noventa y dos años de edad. Están Figarol y Alera a la vista muy próxima de las Bardenas y Navarra cobra del Estado, por usarse dicha comarca para ejercicios militares, y Aragón no cobra nada. Cerca de Alera se encuentran los Bañales, manantiales de aguas calientes, en los que se bañaba la gente, igual que ahora lo hacen en los balnearios. Estos baños antiguos se encuentran en el pueblo de Layana, donde nació la esposa de Javier. No hay iglesias antiguas ni ermitas en Alera, pero todos los años el día veinticuatro de Abril suben en Romería a visitar a la Virgen de Layana. Por aquellas tierras aragonesas, cerca de Alera, se encuentra un monte donde se crían vacas bravas, cuyos novillos los llevan a las fiestas de los pueblos, para divertir a la juventud. ¡Qué tierras tan parecidas son aquellas que unen a Navarra y a Aragón!. Para las fiestas de Carcastillo desvían la circulación que va a Sadaba, porque las calles del pueblo, están destinadas a correr con los novillos y vaquillas bravas. ¡Qué lástima que Navarra se aparte de Aragón, porque la carretera que corre por Aragón es estupenda, pero la parte navarra, está como despreciada, pues parece  que la industria navarra puede  perder actividad, comunicada con una tierra tan igual como las Cinco Villas. Antes se podía circular en Navarra a noventa kilómetros y ahora a setenta. El Castillo de Sadaba  fue reformado por Alfonso el Batallador, enterrado en la iglesia románica de San Pedro el Viejo de Huesca y fue el que conquistó Tudela. Fue Sancho VII de Navarra el que reformó dicho Castillo en 1223.Se encuentra Sadaba a noventa kilómetros de Zaragoza y a una distancia parecida de Pamplona. Fue Sadaba una población, que perteneció al mismo Reino Cristiano y cuando se separó, perteneció a Navarra, pero por la solicitud de sus habitantes, se entregó a Aragón el año de 1261. En 1283, atacaron esta población los soldados navarros y los franceses. Pero parece que Navarra siempre ha mirado a Sadaba como suya, porque en 1425, tuvo ataques de los navarros. Yendo a Pamplona veo como todavía dura un distanciamiento con Aragón, porque me llamaba la atención aquel abandono de la carretera en su parte navarra. Le pregunto a Javier Torralba, vecino de Alera y me dice que Alera y Sadaba son de Aragón.

viernes, 1 de mayo de 2015

Llorar y cantar, sufrir y ser felices



No lloraba la gitana, al lado de la  chabola, sino que sonreía y el gitano andaluz, lucía su elegante sombrero, en tanto que en otras ocasiones, cubría su cabeza, con un pañuelo de colores, que la envolvía. En su sesera en la que guardaba sus ideas con los colores de una pañoleta policromada,  hacía siempre gritar  al   gitano,  con olés y olés y en otras ocasiones con los dedos de sus manos, golpeaba rítmicamente sobre una tabla, como golpean los gitanos con sus pies, cuando bailan. Había recogido un hueso de un jamón,  ya consumido, pero que conservaba alguna brizna de aquel músculo, que había satisfecho a otros seres humanos. No sé si se lo habían regalado en una carnicería o la había recogido  en algún contenedor. El gitano, armado con un hacha, golpeando sobre un madero viejo, golpeaba sobre el hueso,  para obtener trozos de él,  que cociéndolos en agua, salía una rica sopa.
 Parecía que aquel gitano decía, “sólo quiero con el ruido de una taranta, repetir al mundo entero: yo soy minero”. Aquel gitano, que procedía de Almería, donde trabajaban sus hermanos de raza,  en aquellas minas, se acordaba de la taranta. Allí practicaban el “arte de un pueblo marginal”, que ¡cosa extraña!, recordaba un Romeo y Julieta gitano, por la repetición del amor entre un calé y una gitana. Tarantos llamaban a los habitantes de Almería y éstos con la taranta practicaban el arte del pueblo, porque esa taranta era una de las salidas  folklóricas del baile y el cante de los mineros.
Después de escuchar con gran placer a Antonio Molina, que decía: “La marca España son los escritores, poetas y directores de cine”. El creó películas de cine y cantó toda su vida cientos de películas como aquella que dice:”Soy minero, soy minero”. Antonio Molina, nació en la provincia de Málaga en 1928 y murió en Madrid en 1992. Dijo que la marca España son poetas y directores de cine y él inundó el mundo de coplas y de flamenco, que hizo sonar en muchos espectáculos teatrales y películas en que su voz elevada de tono, ejercía una gran influencia.
Ya muy joven marchó a Madrid, creando un gran espectáculo, que debutó en el Teatro Calderón. Con su numerosa colección de Coplas, toca todas las actividades de los españoles. La canción más recordada en España es la de “Soy minero, soy minero”, pero nadie se olvida de “Adiós a España”,”Soy un pobre presidiario”,  “Yo quiero ser mataor”, y ”Ni Alemania ni Francia”. También decía sólo quiero el ruido de una taranta para repetir al mundo entero “yo soy minero”, siendo un actor español, que iba por el mundo cantando coplas flamencas. Lo hacía con su elevada voz, con un tono alto y con un estilo que nadie podía imitar. El pueblo amaba contemplar sus espectáculos de teatro, así como las películas, en que su voz, pronunciaba con una habilidad vocal, que fue la principal llamada que atraía a ese pueblo. Murió de sesenta y cuatro  años de edad en 1992.
Hoy, en un Bar del Tubo de Huesca, he tomado café con el Almeriense o “taranto” José Martínez Nieto, alias el Wili. Se ha puesto a cantar una canción, que dice: ”Mi hermano está en Alemania-ganando buenos caudales-pero no olvida a su madre-ni olvida el nombre de España. La novia se desespera cuando –tardo en escribirle, porque siente los dolores, de la ausencia de su amante”. Y como en la calle no puede acompañarse con los zapatos en el suelo,  con sus dedos sigue el ritmo de su canción, acompañando la música que cantaba con su boca.
Este Almeriense Wili, es un hombre pobre en dinero,  pero tiene un espíritu, parecido al de Antonio Molina. Cuando le alabo sus  sentimientos, dice, “la vida es muy triste, pero es muy bonita, porque yo no he conocido a ningún hombre difunto, que me diera los buenos días”.
Cuando camino por la calle, siento la ausencia de personas, que tal vez estén trabajando y sólo se encuentra uno a parados y a hombres que ya tienen muchos años y yo me pregunto ¿esas personas lloran o cantan, son felices o sufren la carencia de calor en el invierno y de frescura en el verano o tal vez carezcan de alimentos que prolonguen su vida?.
Estos días  he contemplado la vida de esas personas, que viven al margen de la sociedad y a veces son despreciados por no bailar sardanas ni jotas, sino flamenco.
Francisco Ribera- Beleta, vio un paralelismo entre la pareja de Romeo y Julieta y otra pareja formada por calés de dos clanes  gitanos, que muchas veces se odian sin recordar los motivos. Y este Ribera- Beleta en 1966, creó la película “Los Tarantos”, con Carmen Amaya como actriz principal y Antonio Gades. Y la película “Los Tarantos” tuvo una nominación a los oscar en 1963.

Yo no veo a Antonio Molina ni escucho a Carmen Amaya, porque ya están muertos, pero me emocionó cuando oigo cantar, aquí en Huesca, al sensible Willi, acompañando el sonido con el ritmo de sus dedos.

martes, 28 de abril de 2015

Paco, entre el amor y la libertad, ¿está alejado del alcohol?



Paco es uno de los hijos de un hortelano de la capital. Tenía su padre la huerta, al lado de la Ermita de la Virgen de Salas. Eran felices en la huerta, porque vendían hortalizas en  la Plaza de López Allué, en el Mercado Viejo, todo él construido con madera, pintada de color verde, como el Mercado de Zaragoza. Los hermanos ayudaban a su padre, pero Paco, como era el menor de los seis hermanos, era considerado como “el vago” de todos ellos y no  iba siendo acogido  en  la vida de trabajo en común. Su padre  no quería ver vagos ni maleantes entre sus hijos, de tal forma que Paco a los catorce años,  ya se dedicó a vivir por su cuenta, pidiendo limosna, porque comía con la limosna que le daban. Pero siempre surge el amor, que ayuda al hombre, en este caso el amor materno, que a escondidas le proporcionaba alimentos e incluso y a veces lo dejaba dormir en un edificio de su calle de San Martín.  También quería a Paco una hermana, que ¡cosa rara!, en desequilibrios éticos como el presente, también le ayudaba.  
Aproximadamente a sus diecisiete años, lo encontró un hermano suyo, en la casa de todos los hermanos y cogiendo una silla, se la iba a estrellar contra la cabeza de Paco, pero éste reaccionó, porque cogió un cuchillo que se encontraba próximo,  y le hundió su corte en el muslo de su pierna derecha.
 Unos eran buenas personas y otros por las riñas y el odio creado por ellos, se volvieron malos, como dice la gente y según otros, cayeron en la culpa, aunque algunos de sus corazones volvieron a amar. La madre amaba, incluso a su hijo menor, Paco, pero aquel matrimonio era una unión entre un dictador y una sierva. De niño era feliz en la huerta que cultivaba su padre y sus hermanos, pero iba comprendiendo que con ella, no podrían vivir todos los hermanos. Yo no sé si a esa lucha que entre ellos se estaba despertado, un día a un hermano suyo, le clavó un cuchillo. No lo mató, pero los jueces lo enviaron a la Cárcel por “intento de asesinato” y allí permaneció durante seis meses. En la Cárcel lo pasó bien Paco, pues decían que la Cárcel de Huesca era como una guardería infantil. Pero tenía un gran inconveniente, que era la falta de libertad, que le hacía a Paco el estar siempre entre los muros de la cárcel. De la celda iba al patio y del patio a la celda. Aumentaba  su sensación de soledad el hecho de que ningún miembro de su familia lo iba a ver. Pero el amor es el que alivia la vida de los hombres, y es que su madre le mandaba giros postales, que le permitían comprar alguna chuchería o algún paquete de tabaco en el Economato. Los productos eran baratos, pues parece ser que la administración de la prisión,  no quería ganar dinero,  sino atender a los presos. Un café le costaba veinticinco céntimos. El dinero recibido se lo cambiaban por chapas, que eran un dinero de la cárcel, convertido para que gozasen los presos.
Al salir de la Cárcel,  parece que quiso ser un hombre libre de limosnas  y humillaciones y se fue a trabajar a Ayerbe, con un contratista, que según Paco era buena persona. Algo de amor de Dios y de prójimo debían existir en su corazón. Este contratista se dedicaba a reparar canales y trabajó también en Jaca y por varias centrales eléctricas. Trabajó con Lucán de Quicena y en el túnel grande de Monrepós. También trabajó con Claver de Apiés y en la Torre de Cavero de Siétamo.
A sus cuarenta años, dejó de trabajar porque ya estaba harto y cansado de tanto sufrir y quizá se acordó de cuando era niño, que hacía de mendicante. Los mendigos unas veces están saciados, hartos y otras carecen de casi todo lo necesario, pero prefería esta forma de vida a la de un prisionero, al que le pesan continuadamente los muros de la Cárcel sobre su cerebro. Aunque Paco había sufrido el odio de algún hermano suyo, se acordaba del amor casi clandestino,  que le guardaba su madre y una de sus hermanas. Y lo que él quería era la libertad y el amor, que a él no le tenían,  pero él amaba a su sobrino Pepe, hijo de su hermano con el que se odiaban y quería locamente a una pequeña sobrina. Yo soy testigo de lo que quería a la niña, porque sufriendo ésta de una infección en una muela, me encontré a Paco por la calle y con lágrimas me pidió diez euros para comprarle un medicamento. No se lo pude dar porque no llevaba dinero y Paco marchó corriendo a pedir a la gente. Cuando lo vi,  a los pocos días, me dijo que le había comprado la medicación y que la niña se había curado.
A él no lo amaban, pero él amaba a los sobrinos de un hermano, con el que lucharon a muerte, tanto es así que su sobrino Pepe, según su propia opinión, es su ojo derecho.
Paco vive en una “caseta” que se levantó él mismo, en la que tiene una cama y varios armarios con productos conseguidos de Caritas, “banco de la alimentación de los pobres”. Se da cuenta de que hay organismos dirigidos  por los corazones de los hombres, para dar de comer al hambriento. Vive en su caseta de madera, cubierta  con  tejidos impermeables,  que coloca sobre el techo de la caseta y a su lado tiene un cubierto de tablas y cañizos,  en el que se reúne con algún amigo. En su “campa”, como llama Paco a la “caseta” con el terreno que la rodea, goza Paco y no necesita demasiadas cosas para vivir, porque Caritas le proporciona  alimentos. Estos los guisa o calienta en un hogar, levantado por el mismo, con dos piedras y allí quema tablas abandonadas. Allí duerme por las noches y allí se refugia los días de lluvia.
Es feliz porque ama a sus sobrinos y vive libre como los pájaros, que se posan en los árboles, que dan sombra a su “caseta”. El  amor de sus padres y hermanos, que perdió de niño, lo ha recuperado en estos tiempos con sus sobrinos, como Pepe, que se ha convertido en su ayudante. La libertad en contra de la que se vio privado en la cárcel, la está gozando de una forma total. Todos los días en el ámbito de su “caseta”, Paco piensa  en esos espacios de libertad y de amor, que le parece que se acercan a él, cuando lo va a ver su sobrino: ¡algo tiene que haber, creado por el Creador  de la Humanidad, promovido por el amor y la libertad!.
Dice que siente una emoción por vivir en este lugar prehistórico y como sentir esa dulce  alegría, es mejor que vivir en una de esas viejas calles aisladas, sin ser abrigado por la sombra de estos árboles.
El hombre es un ser libre y por tanto, también tiene parte en conseguir o perder la felicidad. La última vez que fui a verlo, sintió un malestar que le oprimía el estómago, se retiró tras la caseta y devolvió, no sé si algún alimento o más bien, alcohol que tal vez ingirió durante la noche, fuera la causa de ese vómito. ¡Es mala la libertad que da el alcohol, porque es producida por la esclavitud a que éste somete a los hombres!.
El amor de su sobrino Pepe y de su sobrina le  ayudan,  pero la esclavitud del alcohol, tal vez contrasta con la libertad y el amor, que siente cada día.  


lunes, 27 de abril de 2015

Jotas de Picadillo y MAXIMO

Cooperativa Vigén de la Corona , Almudévar (Huesca).


Aquí en el Alto-Aragón, siempre hemos cantado jotas, unas veces solos y otras, cuando han salido dos joteros se han puesto a cantarlas de picadillo, pero no únicamente en las jotas, sino en todas las ocasiones en que se tratara de obtener alguna mejora para la provincia.
Basta comparar el comportamiento de algún jefe y de algún funcionario de Huesca, de otros tiempos, con los de nuestra hermana Navarra. Cuando  se separaron Aragón y Navarra, ésta siguió gobernándose a sí misma desde entonces hasta nuestros días; basta recordar cuando el gran ingeniero Sr. Susín, quiso hacer un plan de riegos uniendo las aguas del navarro río Irati con las del Gallego a través del pantano de Yesa. Los navarros se aprovecharon de las aguas de nuestro pantano, pero no quisieron que nosotros  aprovechásemos sus aguas. Navarra sigue ampliando su plan de riegos, mientras en Huesca vemos como fracasan planes, como el de riegos con el pantano de Vadiello, con cuyas aguas se pensaba regar la cuenca del río Guatizalema.
Y es que en Huesca, cuando nos dan algo, protestamos, como está  pasando con el dinero presupuestado para el campo de aviación de Monflorite. Lo principal es ir de picadillo, porque aunque no tenemos necesidad de un aeropuerto  grande y moderno no nos damos cuenta de que, tal vez a consecuencia de tenerlo, se mejorarían las comunicaciones entre Huesca y dicho campo, entre el mismo y la autovía, que traería  mercancías desde Lérida, Binéfar, Monzón y Barbastro, que  con el ferrocarril que va a Canfranc se establecerán  servicios de agua potable en él y en los pueblos por los que pase dicha agua. Se nos llenará  la provincia de turistas y esquiadores. Se moverán muchas empresas para hacer esas carreteras y esas obras nuevas que hagan falta en Monflorite. Como hay espacio entre  dicho pueblo y Alcala  del Obispo, se podrán seguir cultivando los vuelos sin motor y tal vez, se pueda crear algún espacio para la aviación militar, con lo que se crearían nuevos puestos de trabajo, que sustituirían a los perdidos con el traslado a Jaca del cuartel de Artillería, lo que ha supuesto cerca de mil habitantes menos en Huesca.
Tenemos muchos casos de abandono por parte de nuestras autoridades de nuestras obras, como le pasó a Máximo Semper, de Almudévar, cuando quiso fundar la Cooperativa Agraria. Se enteró el buen Máximo de que se había creado un Fondo de Protección al Trabajo, pero con exclusión del campo. Pensó que también era trabajo el de las Cooperativas Agrarias, que podían crear fábricas de productos de conservas del campo y decidió marchar a Madrid para tratar de obtener dinero para los agricultores. Allí  fue con su escaso dinero, pues tuvo doce hijos y se puso a hablar con el Director General de aquellos fondos. Llevaba ya una hora dando explicaciones y algo enfadado por no obtener su objetivo y levantaba la voz, caso frecuente entre labradores, de tal manera que pasando por la puerta de la oficina el Señor Ministro, lo oyó y algo curioso, le dijo al bedel que cuando saliese el agricultor, que lo pasase a su despacho.
Cuando salió Máximo se sintió sorprendido al escuchar al bedel, pero pasó inmediatamente a ver al Sr. Ministro y éste le preguntó que quien era y que era lo que quería y comenzó el hijo de Almudévar a decirle todo lo que había pensado para obtener locales  para la Cooperativa. El Ministro le escuchaba y después de un cuarto de hora le manifestó: ya veo que usted dice la verdad y por tanto le mandaré a Almudévar a varios técnicos para que me informen del problema y después que me informen desde Huesca.
Estuvieron los informantes del Ministerio en Almudévar y el ingeniero estaba entusiasmado por dicho pueblo. Después de esta visita Máximo se planteó el problema de ir a Madrid a ver los resultados de su gestión, pero antes fue a Huesca para ver si habían mandado el informe. No lo habían mandado, pero lo prepararon y lo metieron en un sobre cerrado y sellado y se lo dieron a Máximo. Este fue a Madrid, pero le pareció bueno entrar a ver al Ingeniero, que había estado en Almudévar. Le explicó todo y le enseñó el sobre con el informe oscense y él lo cogió, diciendo: ¡Me voy a jugar el puesto!, pero no consiento que estos oscenses le hagan la faena. Lo abrió, lo leyó y el informe era malo, porque como antes he dicho habían entrado en la Jota de Picadillo con Máximo, los poco oscenses funcionarios de Huesca. Pero el ingeniero hizo otro informe, imitando la firma de los informadores oscenses, lo metió en un sobre y se lo entregó a Máximo, que con él, fue a entregárselo al Sr.Ministro. El ingeniero no era aragonés, pero mereció el agradecimiento de todos los aragoneses, pues sin obtener ningún beneficio personal, se puso a cantar la jota al unísono con los de Almudévar,  con lo que a los diez o doce días se aprobaron para la Villa doce millones y medio de pesetas.
Fué a Almudévar el Jefe Nacional a entregar el dinero, acudiendo también el informante oscense, que había informado mal, pero no dijo nada. Esto ocurrió aproximadamente entre los años 1958 a los años sesenta.
A partir de entonces la Cooperativa empezó a funcionar bien, gracias a los esfuerzos del honrado Máximo, que había conseguido que casi todos los de Almudévar cantaran la Jota de Picadillo.


viernes, 24 de abril de 2015

Saber y pensar



La noche del día veinticinco de Septiembre, viendo la Televisión, salió Stephen Hawking y entre otras muchas cosas de pensamiento profundo, dijo que habría que buscar otro lugar distinto a la Tierra, para que los hombres pudieran habitarlo. Tenía razón porque en este mundo se está masificando la población, como vemos por ejemplo, con el pueblo chino, que se extiende por el mundo y parece ser que resultará difícil que la vida de los hombres sea justa y pacífica. Eso ya lo tenía bien pensado mucha gente, como mi amigo Carlos Torres, que va también en silla de ruedas e igual que Hawking tiene el cuerpo lento,  pero la cabeza rápida y con rapidez pensó que allá arriba o allá abajo o donde quiera que estuviese el hombre, volvería a reproducirse y a masificarse otra vez. ¿Por qué el hombre, que no ha de vivir mas que un pequeño espacio de tiempo a nivel  individual, se preocupa tanto de la Humanidad en su conjunto y de la conservación de su especie ?. Si nuestra vida es tan corta, que el porvenir de toda la Humanidad futura, no parece ser que nos afectará, tiene que existir al menos una solidaridad entre todos los hombres. ¿De qué  naturaleza?, ese es un tema para pensar. Yo pensé en el Diluvio Universal, porque de la misma forma que Hawking, se daba cuenta de que el hombre tiene que cambiar de planeta o de lugar para seguir su existencia, el Señor, creador del hombre, pensó en acabar con su especie, porque no se portaban bien. Dios perdía la paciencia de aguantar el mal comportamiento de los hombres a los que había creado libres para que eligieran entre el Bien y el Mal. Y pensó en el Diluvio Universal, pero su gran bondad se dio cuenta de que había hombres buenos, como Noé y por salvarlo a  él y a su familia, le sugirió el Arca. Sobre ella se salvó, pero en tiempo posterior, se volvió a masificar la población y esta volvió a comportarse contra las normas de comportamiento divinas, pues en el Génesis, pone que “bendijo Dios a Noé y a sus hijos y les dijo: ”Procread y multiplicaros y llenad la tierra”.Se volvió a masificar la población humana sobre la tierra y decidieron sus miembros levantar la Torre de Babel, para evitar ahogarse con otro diluvio.Y el Señor, según la Sagrada Biblia, exclamó:”He aquí que forman un solo pueblo y tienen todos una misma lengua…Ea, bajemos y confundamos allí su lengua, a fin de que nadie entienda el habla de su compañero” y cesaron de construir la ciudad”.”Sem tenía cien años  cuando engendró a Arpaksad, dos años después del diluvio. Y vivió Sem después de haber engendrado a Arpaksad, quinientos años”. Un estilo bíblico parecido debe tener Hawking, pues intentó que sus días durasen cuarenta y ocho horas y quería ir a descansar cada dos días“.Hawking dijo que a él no le importaba llevar unos cuarenta años soportando la enfermedad y Carlos Torres, el oscense, sentado en su silla de ruedas afirmaba, como buen estudiante de Matemáticas, que era más importante pensar que saber. En España se sabe lo que pasó con el diluvio y con la Torre de Babel, pero no se ha pensado que la multiplicación de lenguas, todas al mismo nivel, podrían acabar con España, como acabaron con la Torre de Babel. Sabemos que en el mundo se dio el diluvio, pero ha vuelto otro de abundante dinero, que todos los hombres deseamos y buscamos Los grandes constructores y los bancos se  preguntaron : ¿Cuánto gana un trabajador en toda su vida?.Para algunos calcularon que cincuenta millones de pesetas, para otros setenta y los constructores se los pedían a los que necesitaban piso y los bancos se las dejaban en su ciento por ciento y a veces más. Sabían la máxima cantidad de dinero que podrían obtener pero no pensaron que después subirían los intereses y se arruinarían los que habían obtenido tales créditos y algunos bancos también las iban a pasar mal. Hawking por eso, entre otros motivos dice que es necesario buscar otro planeta para que la Humanidad viva en paz y Carlos Torres, autor de un magnífico libro de Matemáticas, dice que no le importa sacar dinero de él, que lo que quiere es que lo estudien los sabios, para buscar un mejor futuro para la Humanidad.

martes, 21 de abril de 2015

El pueblo de Ola


Escudo del apellido Aysa.

A quinientos metros de altura sobre el nivel del mar, se encuentra el pueblo de Ola, al que en 1785 unos atribuían la categoría de aldea y otros la de lugar. La primera cita de Ola sale en la Concordia entre el Obispo de Huesca y el Abad de Montearagón en 1104, pero el mismo nombre de Ola indica que este pueblo era vasco-ibérico. Allí vivieron aquellos íberos y allí aproximadamente en los años de setecientos y pico u ochocientos, el santo aragonés San Urbez, pastoreó un rebaño de ovejas. No hay escritos que afirmen que San Urbez viviese en Ola, pero en casa Otal del mismo pueblo, me mostraron una lápida de piedra arenisca, en la que dicen que sobre ella durmió el santo. En la Iglesia Parroquial hay una imagen de San Urbez que regaló Antonio Otal , ya difunto. Antes de la Guerra Civil se veneraba otra antigua imagen de madera, que desapareció en aquellas luchas. En Ola me contaron que apacentando las ovejas en el Saso y careciendo de agua para que bebieran los animales, lanzó San Urbez su larga vara, que se clavó en tierra y a continuación comenzó a manar una fuente, que todavía sigue manando. Yo he leído la vida del Santo en la obra del Obispo Don Damián Iguacel y en ella no nombra a Ola. Por las bibliotecas no se encuentran relatos históricos, pero en el monte se encuentran trozos de vajillas ibéricas, alguna moneda de la misma época y pequeños molinos de piedra, que son dos losas planas y circulares, de las que una se encuentra debajo y la otra arriba y con un mango de madera, ya desaparecido, se hacía girar para moler el trigo con cuya harina amasaban el pan de cada día. Por todo el monte surgen bosques de carrascas, que producen bellotas, que comían los vasco-ibéricos, a veces después de molidas.
El Monte de Ola va de Norte a Sur y por arriba se ve el Fraxinito y a continuación el Tozal de Guara y desde Nocito,  al otro lado, bajó a Ola San Urbez. Por el Sur se ve el pueblo de Alcalá del Obispo. Por el Este se alza otro Saso que pertenece a Siétamo y por el Oeste se ve la altura de otro Saso, que va desde el Estrecho Quinto hasta Argavieso, dejando debajo el pueblo de Tierz.
Todo el monte está atravesado por el Barranco, al que algunos llamaban Pietaconera, en tanto otros lo denominan Río Botellac y que tiene dos trayectos, como me dijo mi padre, uno de ellos originado, hace ya muchos años, por una gran tormenta. A éste según me dijo Fernando Cativilla lo llamaban Barranco Segundo. En esta tierra se crían los cereales, donde casi nunca se dan malas cosechas.
Cuando voy al pueblo de Ola, que está situado debajo de Siétamo, a la derecha de la carretera que baja desde dicho pueblo hasta Caspe, pasando por Sariñena, me llama la atención una noble casa, casi toda de piedra y que está datada en mil seiscientos ochenta y cinco. Se trata de casa Guarga de Ola, a la que tantas veces he mirado, para recordar a los Guargas del mismo pueblo, entre los que se encontraba mi tía Concepción, del mismo apellido.
Son varios los parentescos más  o menos lejanos que tengo en Ola, como Escabosa, Otal, López de Zamora, además de Guarga. La casa Guarga, se llamó en otros tiempos casa Aysa y este nombre se cambió, no por abandono de los Aysas, sino por qué en una de de sus generaciones tuvo como heredera a una mujer, que se casó con un Guarda. La familia Aysa que es de origen vasco-ibérico y que quiere decir “buen pasar o bienestar” levantó su casa, y encima de la entrada al cubo, pone la fecha de 1659.
José María Almudévar, hermano de mi abuelo se casó con una chica de casa Sipán de Siétamo y tuvieron una hija a la que llamaron Martina. A esta tía Martina la conocí yo antes de la Guerra Civil y un día atizando el fuego del hogar de casa Almudévar, se cayó, pero no se hizo daño. Se reía con su pañoleta en la cabeza y con sus largas sayas. Al quedarse viuda vivió en la casa de su padre José María y viajaba a Lalueza a visitar y a ayudar a sus primas. Se casó con un Narbona y tuvieron un hijo al que llamaron José María Narbona Almudévar. Este se casó con mi tía Concepción Guarga de Ola de casa Aysa y tuvieron un hijo llamado José María Narbona Guarga, que estudiaba en el Seminario y murió en la Guerra Civil, en la Provincia de Teruel y gracias a su primo Buisán, lo trajeron al cementerio de Huesca. Tuvieron además una hija llamada Pilar, muy simpática que se casó con Jaume Vilaseca,  hombre también simpático y trabajador. Ambos tuvieron a Miguel y a Rosa. Miguel tuvo a Michael y a Marichel y Rosa, casada con Juan Padilla de origen aragonés, tuvieron a Irene, José Mari, Gema y Arancha.
La casa donde nació mi tía Concepción, fue  construida  por los Aysa, cuyo escudo figura en la fachada con cuatro cuarteles, en uno de los cuales hay tres ángeles, en otro un castillo, luego las cuatro barras de Aragón y por fin un brazo en cuya mano lleva una llave. Este escudo es el mismo que figura en casa Aysa de Huesca, con una diferencia, que consiste en que en el escudo de Ola, se descuelgan dos rasgos esculpidos que representan “ramas bastardas del Rey de Aragón”.  Ese signo era llamado de protección ya que revelaba el parentesco de los Aysa con la Casa Real. El palacio de los Aysa de Huesca ha sido modernizado, pero todavía no se utiliza por razones económicas.
En la fachada principal de casa Aysa, orientada hacia el Oeste, lucía con orgullo un balcón de hierro forjado, que desapareció cuando casa España todavía no se había convertido en la actual casa del oscense Lafarga. Por la cara Norte de la casa, se levanta una pared de una altura notable, como si tratara de un convento y dentro de ella estaba el corral, donde se criaban las gallinas y los cerdos y por donde pasaban las caballerías, pero hoy lo han convertido en un hermoso jardín. Esta sección Norte de la casa, forma un ángulo recto con su fachada y en el punto donde tiene el vértice dicho ángulo se encuentran dos arcos de piedra, de los que uno mira al Norte y otro al Oeste. En este espacio cubierto por dos arcos se halla el abrevadero de piedra y al otro lado una entrada al cubo, donde preparaban la cosecha de vino y encima de ella,  pone el año 1659.
Frente a casa Aysa, se encuentra un viejo cementerio, donde se conservan dos cruces. Una de ellas tiene tallada una calavera y debajo de la Cruz ,está representado un ciervo y entre las letras L y me parece que la N, está tallado un arado de aquellos en que se enganchaban las caballerías. Es curioso que este arado apareciera en tumbas ibéricas y tal vez fuese la tradición de los picapedreros la que los llevaba a seguir poniendo con carácter sagrado un arado, que el hombre utilizó durante siglos para el cultivo de la tierra. Al lado del cementerio se encuentra un edificio, hoy bodega de Otal de Ola, que era la casa donde se partían los diezmos y primicias. Este edificio revela que al marchar los moriscos, se estableció la iglesia y se deduce que debió ser edificado en mil seiscientos y pico, aproximadamente en fechas próximas a la de casa Guarga.
 En la Historia de Aragón de Ubieto Arteta pone que en 1609 habitaban en Ola individuos musulmanes en diecisiete casas, siendo expulsadas ochenta y siete personas el año 1610. en mil seiscientos cuarenta y seis ya estaban viviendo en Ola, dieciséis vecinos cristianos. No me cabe duda de que los Aysa y los Guarga fueron a vivir a Ola y a trabajar la tierra, cambiando a aquellos moros que probablemente tendrían sangre celtíbérica  por los vasco –ibéricos de la Montaña aragonesa.
Tengo que agradecer al señor don Fernnado Cativilla, que murió hace unos dos años  a los noventa y cinco años de edad, que me orientó en estas historias  y que me dijo que siendo vecino de casa Guarga, siempre  había conocido que tal casa estaba habitada por los Guarga. Era vecino de Cativilla un individuo de casa Lafragúeta y en los tiempos de una de las Guerras Carlistas estaban asando un cordero en el hogar de su casa, levantándose una nube de humo. Salió el dueño de la casa para no tener que soportar tal humareda y se encontró a una Compañía de soldados carlistas, dirigida por un oficial que iba a caballo y éste jefe le preguntó que por donde se iba a Quicena. No se quedó satisfecho con la contestación y lo hizo acompañarlos hasta su destino. Todos lo estaban buscando y cuando volvió exclamó ”más vale humo que ir a Quicena”.
Los moros dejaron ,en la fuente subterránea del pueblo, un arco de herradura. Según Antoio Naval Mas, ese arco árabe es una notable reliquia cultural “ ya que uno de los pocos arcos de herradura que existen en las tierras que fueron el borde superior o frontera del Al Andalus”.
El hijo de Cativilla me sacó una fotocopia de una escritura de 1898 en la que parece se hacían los repartos de aquellas  tierras de Ola. Después de la invasión de los musulmanes, cubrieron la propiedad de las tierras, entre otros Martín Pérez, al que en el año 1287, Alfonso III de Aragón, le obligó a restituir el pueblo de Ola a Pedro Ladrón de Bidaurre. En el siglo XVI eran las tierras de Carlos Heredia. En 1610 era el lugar de Martín Bolea. En 1785 eran de señorío secular. Cuando hicieron la escritura que me dejó Fernando Cativilla,  la necesitaban los habitantes cristianos de Ola.

De la misma forma que a los íberos les siguieron los romanos, que se hicieron cristianos, como podemos ver en la Historia de Aragón, viendo a  San Lorenzo que murió en Roma y a San Vicente en Valencia ,bajo el mandato romano. Luego llegaron los moros, hasta que fueron expulsados en 1613.Entonces volvieron los altoaragoneses a Ola, unos con el apellido Aysa,  otros con el de Guarga, el de Otal, el de Cativilla, el de La Noguera, Baylo,Lalaguna y varios otros. En estas casas fueron cambiando los apellidos, como hemos visto que ocurrió en casa Aysa, que se tornó en Guarga, después en España y ahora en Lafarga. 

El hambre que pasaron en la Guerra Civil, los de Belchite

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