lunes, 9 de mayo de 2022

En busca de la música




Estando acomodado en un Hotel de Comarruga, cuando salía de la habitación para usar  el ascensor, me fijaba,  cada vez que pasaba por delante del mismo, en contemplar apoyadas en la pared e implantadas en un recipiente, diez cañas gigantes. Llamaban la atención por su tamaño y por el brillo de su color negro y brillante. Son vegetales, que tanto en Africa, como en España, son cañas de bambú,  que llaman la atención por su tamaño. Pero en aquella ocasión me enteré de que golpeándolas con los dedos, lanzan sonidos musicales. Yo conocía aquellas cañas musicales, que usaban los indígenas de Africa, unas veces como lanzas,  con  las que se defendían   y cazaban los indígenas de Africa,  pero ignoraba que sus estructuras,  fueran capaces de producir  sonidos musicales.
Pero, un día cualquiera, al salir de la habitación del Hotel, me ha llamado la atención la escena entre una señora, que me daba la espalda,  frente a  las diez cañas de bambú,   a las que siempre había observado silenciosas, pero que ahora hacían sonar desde ellas notas musicales, porque la citada señora, que no me veía por estar de espaldas a mí, estaba golpeando con sus dedos, unas veces  elevados hacia arriba de las cañas y otras que los bajaba en las mismas cañas, que hacían sonar una música africana.
Se dio al fin cuenta de mi observadora presencia y se llevó una inesperada sorpresa.  Admirado de su amor al arte musical, después de saludarla, le pregunté cómo se llamaba y me contesto que Natividad, precioso  nombre, que precede a su noble apellido de Prieto.

Conservatorio  Fracassi , Buenos Aires.

Ese nombre se adapta muy bien a la música, confesándome que,  que en Buenos Aires,  en el “Conservatorio FRACASSI”, fue durante algún tiempo profesora de Música. Su rostro alegre y sus dulces palabras, confirmaban su pasado musical, pues sentía la belleza de los sonidos en aquel adorno  de cañas de bambú, en la escalera del Hotel.
Al confirmarme la naturaleza africana de estas cañas de bambú, que en su vida vegetal aspiran por un lado , a la defensa de las vidas humanas, convertidas  en lanzas  y por otro lado  Natividad  me estaba demostrando,  su capacidad de producir música tañendo esas cañas de bambú.  Recibí una lección,  sobre la armonía entre Natividad, hermosa mujer y las cañas de bambú, que estaban instaladas en el rellano de la escalera de un Hotel, para alegrar la vida de los humanos, de una forma tan espontánea,
Su condición de profesora de música, detuvo  mis pasos en el rellano de la escalera, al contemplar esas cañas de bambú, africanas y se puso espontáneamente,  a dar un concierto musical.  Ella, no sé si era argentina, lo que explica su curiosidad por todos los instrumentos, fundados  en la cañas,  incluso las  africanas, al recordar  los instrumentos musicales, fabricados también con cañas,  que alegran la vida de los sudamericanos. Aquellas ornamentales cañas de bambú, le recordaron aquellas flautas sudamericanas, fabricadas también con cañas que suenan,  por  ejemplo,  en Argentina.
Estaba la señora Natividad, buscando sonidos musicales en aquellas enormes cañas de bambú  y estaba haciendo lo mismo que toda la humanidad ha hecho desde hace ya muchos siglos.  
No sé si aquellas cañas de bambú eran flautas u otros instrumentos musicales. Pero las flautas tienen una antigüedad, la  mayor que se conoce, porque en Alemania queda una flauta  de hueso de unos  43.000 años. Desde entonces se han seguido construyendo  flautas, que en ocasiones eran simplemente silbatos, unas  de  hueso  y  las había de madera, de cerámica y de caña. Dicen que  la estructura más habitual  es un tubo de una sola pieza, cilíndrico  o ligeramente  cónico con embocadura, ventana, con la ranura en la cabeza, con siete orificios para los dedos (el último doble) y otro para el pulgar.  
Nos saludamos la señora Natividad  y  yo mismo y ella marchó a seguir su viaje por el mundo, sin abandonar su placer por la música.
Pero no me abandonó la curiosidad por la música, porque me vino a buscar al Hotel, el Maestro Jubilado Don Manuel Puerto y con nuestras esposas paseando por el pueblo de El Vendrell, nos sentamos en un banco en una pequeña Plaza, presidida por la estatua de Pau  Casals,  que estaba representado sentado en otro banco, haciendo sonar un  violoncello,  que estaba mudo, pero que imponía en los corazones sonidos admirables.
 Había pasado de la música primitiva de las cañas del Hotel a la divina música de Pau Casals. Entonces nos pusimos con Manolo Puerto a dialogar de nuestra experiencia musical. Y me explicaba como en las vallas, usadas en las obras,  había  visto,  en ciertas ocasiones, como ciertos individuos impulsados por la necesidad, que sentían de  escuchar la música, hacían agujeros en los tubos férreos y soplando por uno de ellos, hacían sonar la música. Pero no sólo se acordaba de esos instrumentos musicales rudimentarios, sino que  de niño, en una fiesta, en la que no se podía escuchar música, por falta de instrumentos musicales, un hombre que necesitaba oírla, cogió un embudo normal y se ponía en su boca la parte más estrecha  y soplaba. Con la palma de una de sus manos, regulaba el paso del aire  por su parte más ancha, tapándolo o abriéndolo y aquel soplar y resoplar,  se convertía en alegre música. Me explicó que con unos modernos bastones, en que en la parte de apoyo de los codos, continuada con la parte en que apoyaba la mano,  hacían algún agujero para dar paso al aire y al soplar, sonaba la música. El profesor Manuel Puerto, al hablar de la música producida por las cañas, se acordó de que en el pasado mes de Agosto,en la Plaza de delante del CIBOLIS, donde se encuentra la Escuela de Música del Vendrell, contempló un individuo, que hacía sonar cualquier instrumento, que encontrara. Por ejemplo, cogía un tubo de plástico, que se usaba para instalaciones eléctricas,  le abría unos cortes, para que corriera el aire, soplaba y hacía pasar el aire por el tubo y hacía sonar música.
No sólo en El Vendrell, sino incluso en mi pueblo de Siétamo, al lado de Huesca, los niños hacíamos flautas con cañas, para hacer sonar la música, que si no brotaba armoniosa, la ayudábamos a sonar bien,  lanzándola con nuestra garganta, a través de nuestra boca. 

Allí cerca está la escultura de Pau Casals, que empezó de niño a sonar la música, con un pequeño violín,  que el mismo creó con una pequeña calabaza, que lo ha hecho sentar en el banco musical de El Vendrell. Su música suena por todo el mundo. Pero siento que los visitantes oscenses, no puedan escuchar además del catalán, el castellano y ¿por qué no la fabla aragonesa?. De todas formas,escuchando aquella música casi divina,se entiende todo lo que pasa con las lenguas humanas.

viernes, 6 de mayo de 2022

Otoñear en Macondo.-(1986)



Ayer estuve en Macondo, ese país donde las palabras no quieren decir nada, donde los pájaros vuelan sin mover las alas y donde da igual que las cosas sean de un color u otro.
A aquel Macondo raramente llegaban forasteros; a este Macondo al que me refiero llegan veraneantes, naturalmente en verano, porque los invernantes se van a Canarias o a la Costa del Sol y los hibernantes se colocan debajo de las piedras, en las cuevas y en los troncos de los árboles.
La llegada masiva de forasteros da un tinte especial al pueblo, de tal manera que el que no lo conoce a fondo no cae en la cuenta de que se halla en Macondo.
Cuando llega el otoño todo cambia, en contraste con el Macondo de allá, donde nada cambia; llega una señora otoñal a otoñar u otoñear, que no sé si se  dice de ninguna forma, pero como debo contarlo, yo digo que otoñea doblemente, su propio otoño y el temporal. Si esto ocurriera en el de allá (Plus Ultra), es probable que los amerindios no dijeran nada; en este detalle descubro que hay diferencias entre allá y acullá, porque aquí, dicen: los macondos auténticos tal vez digan algo, pero lo deben de decir sin hablar, mas los macondos de acullá son más cachondos porque dicen las cosas diciendo, aunque lo que aquéllos dicen sin decir viene a no ser nada, como lo que  aquí dicen diciendo.
No son dicentes en ninguno de los dos Macondos, porque en áquel no dicen y en éste no es una persona concreta la que dice, ni lo que dice es tampoco concreto. Dicen que en el principio fue la Palabra y ésta saldría de las bocas como sale ahora de las bocas de los macondianos, primitivamente, sin obedecer a esquemas racionales.
La dama otoñal está inmersa en las dicencias, decires o “dijendas” y tiene los ojos atónitos, como atónito se queda uno al leer lo que pasaba o parecía que pasaba en el auténtico Macondo.
Ayer me habló la otoñal otoñadora y me dijo que tres, no me aclaró si hombres o extraterrestres, le habían dicho que otros tres, no se sabía tampoco si se trataba de extraterrestres u hombres, no dejaban pasar por el camino. Añadió que yo iba a hacer un puente.
Descubrí que aún soy joven porque conservo mi capacidad de asombro; sí, quedé asombrado al verme convertido en pontífice, hacedor de puentes, miré hacia arriba y un azul celeste intenso, increíblemente azul me hizo creer que estaba en un Macondo irreal.
Me quedé con ganas de hablar con alguien para poderle contar lo que estaba pasando en este Macondo irreal, para que ese alguien me volviera a la realidad. Fui al teléfono pero no había tal aparato, que se me antojó un puente más necesario que el del río, porque supongo que aquél que yo iba a hacer, habría que levantarlo sobre un río, no en la Plaza Mayor. Ese puente telefónico quizá haría desaparecer algún Macondo.

jueves, 5 de mayo de 2022

El león mata a la gacela y el toro se mata con los hombres




Cuando veo una de esas películas en que se proyecta la vida de los leones, parece que su proyector, está impresionado por la vida de esos “animales de poder”.    Si, el león es el Rey de la selva, pues su melena dorada nos recuerda los brillantes reflejos del Astro Rey, y desde lo alto de una colina, va mirando por los alrededores. Y con su mirada parece dirigir a las leonas, que lo observan, la dirección que tienen que adoptar para perseguir a sus víctimas y sacrificarlas de un mordisco en la yugular.  Los leones que vigilan el desierto desde las colinas, nos dan un ejemplo de actividad y de descanso, porque cuando el gran león, al llegar la noche, ordena la caza, y durante la luz del día, reposa y retoza la manada, buscando sombras, ya vegetales o rocosas. Este comportamiento de los leones adultos, hace pensar a nuestros cerebros en la crueldad de su vida, buscando la sangre de  los  ciervos  y  gacelas inocentes. Los cachorros me hacen pensar en su inocencia, que recuerda la semejanza con su interior de nuestros niños y la blancura de su espíritu.
Pero a pesar de ser hijos los cachorros de fieros leones, su inocencia les hace jugar para divertirse. ¡Qué contrariedad entre la inocencia de nuestro espíritu, que procura el hombre conservar  en  él,  durante  toda su  vida,  y otras, que hace caer a otros hombres en el desprecio del buen comportamiento!.  Pero los cachorros van perdiendo su inocencia, a medida que las leonas, buscan la carne de los antílopes con una gran ferocidad.
Algunos se admiran y se enamoran de la inocencia de los pequeños leones, otros no están conformes con su aparente crueldad, que no es más que buscar la necesidad de conservar la vida. Y es que el Creador ha creado la vida del mundo animal y a medida que sus especies van evolucionando, hasta llegar al hombre, a éste lo ha dotado de una ética o moral, que hace que unas veces busque solamente el bien y otras se entregue al mal.

El hombre también ha intentado domesticar al león, domándolo, por  ejemplo  en los circos por medio de los “domadores”, pero no se ha logrado en ellos, una disciplina modelo.  Hace miles de  años  que  al hombre, orientado en muchos casos, por la doctrina budista, le preocupó esa desigualdad de la ética entre los seres vivos y quisieron convertir a los enormes y bellos tigres en “gatitos cariñosos”. Miles de personas van al Templo Budista de los  Tigres,  en Tailandia, para poder ver e incluso abrazar a los felinos, que viven en dicho lugar. En este mismo espacio se pueden contemplar caballos, jabalíes y monos. Hay algunos miembros de organizaciones ecológicas, que  dicen  que en los monasterios budistas, dan a las fieras tratamientos contrarios a su naturaleza salvaje, pero no han acertado los lamas budistas amansar al hermoso león, porque se reconoce que es peligroso. En cambio  en  el Monasterio citado los turistas llegan a abrazar y a jugar con los tigres, porque dichos felinos se han convertido en seres mansos y cariñosos.

“La bióloga australiana Sybelle Foxcroft, que trabajó en este Templo durante varios años, dice que los tigres sufren una desnutrición severa, además de otras enfermedades provocadas por la dieta que siguen, en que no se incluye la carne roja”. Esta carne roja, llamado “plato fuerte”, suprimirla puede privar al cuerpo de productos vitales minerales y grupos de vitaminas. Pero en los auténticos leones resulta más difícil conseguir su mansedumbre. Se sospecha que debían haber hecho cualquier cosa con ellos,  que no iban a reaccionar en una, dos o tres horas”. No se ha acertado a encontrar la solución exacta de las pruebas que se hacen con los tigres.
De lo que no me cabe duda es de la voluntad generosa de esos budistas, que quieren hacer desaparecer de la vida, esos sacrificios que realizan unos animales con otros. Han investigado a través de siglos la forma de convertir la furia de los tigres en amor entre ellos y las otras especies que habitan el Mundo.

Los leones de piedra fueron utilizados por los antiguos para custodiar sus hogares de los malos espíritus y fantasmas, mientras que al mismo tiempo invita a la fortuna y buena suerte en sus vidas. (Imagen: NTD)

Al león lo llaman “Animal de Poder” y los budistas quieren unir a unos con otros, a los leones y tigres con los antílopes, para que vivan en Paz y felices. ¿No nos ha creado el Señor que ha puesto   en  actividad  el Universo, una conciencia pacífica, para que reine la Paz?. Si el principio de  la  Creación no ha alcanzado todavía esa deseada Paz, el Señor que ha dado libertad al hombre para adoptar el Bien o el Mal, ha dejado intentar a los budistas, en buscarla. Y aquellos templos del Oriente, exponen el intento de los budistas de convertir la crueldad de las fieras en Paz, que desean que llegue a ser eterna.
Si, la doctora australiana no ve en el intento de pacificar a los tigres y a los leopardos, una forma exacta de triunfo, que sería necesaria para alcanzar la perfección en convertir a los seres vivos en seres que se amaran entre sí, pero los Monjes budistas, lo han intentado durante siglos y no han alcanzado la perfección en sus proyectos, pero sus corazones han luchado y luchan en conseguir la perfección en su propósito de alcanzar la Paz, entre los seres vivos.


Pero no fueron los budistas, los únicos que han intentado crear la paz y la igualdad entre los seres vivos, sino que en el “Poberello” o Pobrecillo de Asís, ” libro bello y profundo, titulado “Las Florecillas”, canta al Señor, Creador de los bosques, de las flores, de los peces y de los pajarillos, así como de los lobos y de los corderos”.  En este artículo, que escribí  como  Veterinario para nuestra Fiesta de San Francisco, expongo que dicho Patron “ fue precursor con su literatura de los hoy ecologistas , añadiendo a sus doctrinas un componente místico”.
Sigo en mi artículo diciendo: “Quien maltrata a un animal, no muestra buen natural” y hoy en día, en las ciudades, donde los niños no viven en contacto con seres irracionales, resultan buenos amigos; muchas veces, pero por fortuna mejores amigos que algunos seres humanos. En aquellos viejos años, un lobo atacaba a los ciudadanos en la ciudad. San Francisco, lo llamó “hermano” y le pidió que amara a los hombres y no los atacara. El lobo tuvo un cambio de  su corazón de lobo, en corazón de cordero y siguió conviviendo en la ciudad con los niños.
El hombre siente y razona, pero sigue todavía, aquel principio de los clásicos,  que dice:  “primum est manducare et deinde filosofare”, y aún parece romperse el encanto del  respeto al lobo, al que San Francisco llamó Hermano”.
Nos hemos salido con los tigres, los leones, los monos, etc., del Oriente, pero al llegar al Occidente nos encontramos con el lobo, al que amó San Francisco de Asís y hemos pasado a la Península Ibérica, donde se une el caballo con su amigo el hombre, que intentaron amarse con el toro bravo. Si el hombre intentó por medio del caballo, formar un bello equipo con el toro bravo para darle, las bellotas, que lo hicieran más bello. Esos íberos, en su trato con los toros y montados en sus caballos, adquirieron un espíritu torero que los “hizo cantar y sonreír hasta la muerte”. Aquellos toros bravos que desde Navarra y Aragón hasta Andalucía y Extremadura,  siendo portadores de la fuerza, fueron venerados por cultos paganos. Y en alguna mente progresista pareció formarse la idea de un trío compuesto por el hombre, el caballo y el toro, que alcanzara la unión entre ellos, para conseguir el bien de la Humanidad.


Y según una leyenda  antiquísima : “la unión del hombre y el caballo, no fue la primera vez que se realizó, porque en la mitología pagana, llegaron a fundirse en un solo ser el hombre y el caballo, para crear el centauro”. El ardor del toro y del centauro son parecidos, porque si el ardor del centauro era un mito, el toro tiene “un trueno congelado en su cabeza- que coronan dos rayos afligidos rayos silenciosos, detenidos-por la muerte que rodea su fiereza”.
El hombre y el toro al darse cuenta del furor del toro, el primero no quiso ,impulsado por su arte y el caballo por su gran nobleza,no quisieron eliminar al toro con violencia, sino con arte,formando un arte formado por el arte del rejoneo. El rejoneo es un arte singular, en que el caballo se acerca y se escapa de las sangrientas púas del astado y el rejoneador se alza, se inclina y acomete, montado en su caballo, delante de las astas del toro, y lo desafía con sus banderillas,llenando de color el ruedo de la Plaza y hiere con su rejón al toro,que con este sangriento baile, sufre menos, que cuando lo separan de la majada, para transportarlo en el ferrocarril al lugar del sacrificio.
Hay enemigos de este espectáculo como se expresó un poeta castellano antiguo, que escribió: ¡Ay cuanto de dolor.está presente, al infante valiente, a hombres y caballos- juntamente”.

Y los observadores de la sociedad actual, tratamos de comprender el deseo de los tailandeses y  de los españoles, pero son problemas que superan nuestros deseos.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Gruta de Chaves y Caverna de Solencio



 GRUTA DE CHAVES       CAVERNA DE SOLENCIO
 EXPEDICIÓN 1-9-76  I. SOMERO J. ZAIDIN   LE GRAND
 M. SERRANO
En un guijarro casi esférico y de unos diez centímetros de diámetro, está escrito: “Gruta de Chaves” y debajo,” Caverna de Solencio”. En el espacio central pone:” expedición 1-9-76”. Se deduce que el año de la expedición a la Gruta de Chaves y a la Caverna de Solencio, a la que hace referencia la esfera pétrea, es el de 1876. Como componentes de dicha expedición señala el redondo zaborro, a “S. Somero, I.Zaidin, Le Grand” y debajo no se sabe si sería un componente más de la expedición o tal vez el organizador o guía de la misma, con la “M”. delante,  y el apellido “Serrano” por detrás. He querido interrogar a mis parientes sobre quienes eran esos señores, pero mis antepasados habían ya fallecido. Pero,  a pesar de ignorar su personalidad, guardo la pequeña y redonda  piedra, como un símbolo del posible progreso del Alto Aragón, que se ha diluido por el abandono.  Fue  Lucien  Briet, francés un  gran investigador de los Pirineos, pero nosotros tuvimos a Mallada(1878), que estudió sobre todo la provincia de Huesca  y a Pudaig y Larraz( 1896), que en “Cavernas y simas de España”, escribió de dos mil cavidades en la península. Los franceses, como Lucien Briet, estudiaron en profundidad  hasta lugares cercanos a Huesca y a Siétamo,  como Apiés, Garganta del Salto Roldán e incluso midieron las altitudes de Huesca y Barbastro. Pero no fueron sólo franceses los que se interesaron por las bellezas de las que Ricardo Beltrán y Rozpide, escribe:”Brechas, crestas, acantilados y circos que parecen fuertes, baluartes, murallones y plazas de armas de fortalezas que titanes labraron y defienden, paisajes maravillosos donde las enormes peñas y cantos rodados se amontonan”. “Esa zona de los Pirineos Aragoneses, que se extiende desde la divisoria de las aguas y la frontera hispano –francesa hasta la vertiente meridional de la Sierra de Guara” ha sido también estudiada por españoles como se ve en el “canto rodado” que yo poseo y en el que aparecen apellidos al lado de los franceses, españoles, como Serrano, que visitaron la Caverna de Solencio y la Gruta de Chaves. Los franceses organizaron excursiones colectivas pues en 1880,”unas treinta personas, turistas, guías y pastores, bajaron desde el Monte Perdido a la casa de Oliván…allí se reunieron con otro grupo que había venido de Bujaruelo y Torla”. El español don Ramón Arabia y Solana, tomó parte en esta expedición y escribió sus experiencias en el Anuari de L’Associació catalana d’Excursions. El oscense Mallada estuvo en Ordesa y en 1878: “El ingeniero D. Lucas Mallada, en su magistral obra sobre la provincia de Huesca, dice que el valle de Rodellar ofrece en su extremidad septentrional, las más caprichosas recortaduras de toda la cordillera”. ¿ Se han acabado en Francia, los aficionados  a los Pirineos españoles?.  Desde luego que no, sino que ha sido el abandono de las comunicaciones, pero a pesar de eso siguen los franceses viniendo a visitar los Pirineos. Ahora ya existe una carretera para poder llegar a Rodellar, pero no hay ferrocarriles en todo el Pirineo,  pues el del Canfranc, después de grandes sacrificios ha desaparecido. Antes se podían alquilar mulas en los pueblos y aldeas, pero también han desaparecido y la Autopista que sube de Zaragoza a Jaca, todavía no pasa a francia. Alfonso Buil Aniés, nacido hace noventa años, en San Román de Morrano,  al pie de la Sierra de Guara, guarda forestal e hijo del Jefe provincial de los guardas, ha recorrido todo el Pirineo y hace unos días, me contaba,  que siendo todavía un niño (ahora estamos en 2011), acompañó a su padre montado en una mula, a la que él, seguía andando, por Bara, Nasarre y compraron otra mula. Alfonso se puso a caballo y comenzó a correr por Nasarre mientras en el pueblo estaban preocupados por si hubieran caído al Barranco de Mascún, el niño jinete y la mula recién comprada. Al llegar a la altura del profundo corte, por el que corrían las aguas, se dio cuenta el jinete y la mula se paró al borde mismo del profundo barranco. La pudo intentar hacer pasar, como el Caballero Roldán en la Peña de Man, donde el caballo y caballero cayeron al río Flumen. Los franceses tenían dificultades, para ir montados en mula al Barranco de Mascún, pues éste se encuentra muy lejos del pueblo de Torla. Pero los de Torla, conocían muy bien el Pirineo, pues ya desde hacía tal vez siglos, bajaban, para reponerse de vino, a Morrano,  pueblo hermano de San Román de Morrano, en cuyo castillo nació Alfonso Buil Aniés. Así lo escribió Lucien Briet: ”las gentes de Torla son tanto más capaces de servir de guías, cuanto que muchas veces durante el año pasan a Rodellar, para surtirse de vino en los alrededores de Morrano”(página 286 de Bellezas del Alto Aragón). El Castillo de San Román de Morrano, donde nació Alfonso Buil Aniés, está en los alrededores de Morrano y se tiene que acordar de haber visto a algún turista francés, en aquellos lejanos tiempos.Si que se acuerda de las monedas de oro que en el castillo de San Roman, guardaba su abuelo del vino que vendia a Francia.Hay un cubo que filtra 150 "nietros"de vino.El oro ya no se sabe donde para.
Yo no entiendo de espeleología, pero me llama la atención la opinión de Lucien Briet y la coincidente de Alfonso Buil Aniés, que nació en el mismo pie de la Sierra de Guara, a la que ha subido, desde niño, a cuidar su ganado, a contemplar los Llanos de la parte norte de los picos de Guara y cumplir con sus viajes forestales, al ser Guarda Forestal, con sus obligaciones oficiales. Lucien Briet escribe: ”todo lo efectuado hasta la fecha en las dos faldas de la cordillera  pirenaica,  respecto al estudio e investigación de sus cavernas y de su hidrología, es insignificante comparado con lo que resta por hacer”. Dice que todavía faltan estudios e investigaciones sobre el conocimiento de las grutas y cavernas y de su hidrología y que es enorme lo que queda por descubrir. Acabó en 1913, el libro Bellezas del Alto Aragón, diciendo que cuando el primer espeleólogo acuda con nuevos datos,  se podrán  realizar grandes descubrimientos. Se deducirán de explorar el “encantado fondo de las grutas y el obscuro misterio de las simas”. Eso ocurría en 1913, pero aunque se ha descubierto algo sobre los ríos y sobre las aguas subterráneas, aún quedan sin explotar las del río Alcanadre. Cuando se hizo el Canal que sale del Pantano del Grado y llega debajo de Huesca al de Valdabra,lo cortaron en Peraltilla y dejó de pasar el agua por el Somontano de Angüés, Velillas, Siétamo y por encima de Huesca.
Alfonso Buil Aniés, nacido en San Román de Morrano, que se encuentra muy cerca de Bastaras, me dice que  en tal pueblo, ya deshabitado y en posesión de una sociedad privada, hay una gruta, que es la de Chaves, que contenía restos humanos y animales de épocas antediluvianas. Ahora dicen que han desaparecido todos los restos, que hubieran facilitado el estudio de las épocas prehistóricas. Unos metros más arriba, hacia el Norte, se encuentra la entrada de la Caverna de Solencio, que es un espacio enorme y hueco de la Sierra de Guara. Dice Alfonso Buil Aniés que toda la Sierra de Guara está hueca; se entra por Solencio y llega hasta las simas de Los LLanos de Guara, añadiendo que aquellos Llanos son tremendamente grandes. Mi amigo Bescós, que vive en Santa Cilia de Panzano, cerca de las ruinas del Castillo de Arraro y de su iglesia, me contaba que a esos Llanos subían durante el verano rebaños de ovejas, que en ellos se apacentaban. El Bescós pariente de Silvio Kosti, que vive en Santa Cilia,  muy próxima a esos Llanos, sigue cuidando ganado lanar, pero ya no sube a dichos Llanos ni él ni nadie más, que yo sepa. Desde Santa Cilia y al Este de la misma, se ven en la Sierra, excavaciones hechas con orugas metálicas, que forman caminos desastrosos por su fealdad y la que dan a toda la Sierra. Han estado inutilizados los caminos clásicos por los que bajaban los montañeses con sus grandes mulas cargadas de patatas para los pueblos del Somontano y para subirse aceite y vino a la Montaña. Yo creo que los nuevos dueños de Bastaras podrían comprar los campos a sus dueños, pero ¿fue legítima la posesión de los caminos y de la Gruta de Chaves y de la Caverna de Solencio?. Coincidió la desaparición de los caminos con la de los pueblos que bajaban patatas montañesas a Morrano  y se subían vino y aceite. Yo estuve de veterinario interino en los partidos Veterinarios de Alcalá del Obispo y de Loporzano,  en que entraba el pueblo de Bastaras.  Conozco a una familia de Bastaras, compuesta por dos hermanos y una  hermana, que fueron los únicos del pueblo que no quisieron vender su patrimonio, pero al fin, cambiaron las fincas que tenían encima de la carretera por otras que les dieron debajo de ella. El hermano mayor, que creo que ya ha muerto, labraba la tierra y algunos días iba con su tractor a Huesca, donde habían comprado una casa. Los veía con frecuencia y hablaba mucho con ellos,  pero hace varios meses que no sé nada de sus vidas e incluso de la muerte del hermano mayor. Al fin vendieron todas sus tierras a los miembros de la sociedad y me extraña como al comprar tierras de debajo de la carretera que va Morrano y a Bierge, no se quedaron con ella. Como no había animales o al menos los ciervos que tenían los habrían traído de “estraperlo”, yo no sabía nada ni por parte de los dueños absolutos del cercado ni de de las autoridades oficiales. Sin embargo tenía interés por lo que allí dentro ocurría y pregunté en varias ocasiones a alguien relacionado con el arte y la historia,  pero me decían que no ocurría nada y que todo se compondría con el tiempo. Van pasando los siglos y no nos enteramos de que Alfonso Buil Aniés, sigue diciéndome que  en aquellos Llanos se ven numerosas simas, que cuando llueve se tragan el agua, que va a la Caverna de Solencio. Esas simas son de tamaño  descomunal y muy profundas, son como agujeros tallados en las  rocas.  Ha habido quien ha bajado por ellas con escaleras y sogas, hasta el fondo de la misma oquedad, pero con obstáculos, como el de haber bajado a una galería alta de la que no se podía bajar a otras inferiores, porque sin las señales colocadas se perderían muchos  exploradores. Debían iluminarse con lámparas de carburo. Su experiencia sobre las simas es muy sencilla, pues en cierta ocasión en que estaba revisando sus ovejas e los Llanos de Guara, cayó una fuerte tormenta con abundante agua. Se refugió en una caseta de “levas” de tierra con raices,aprovechando  un hueco, en la que había que entrar arrastras y cuando salió,  ya no pudo contemplar ni un charco de agua. Se la habían tragado las simas. Cuando hablaba con los espeleólogos que bajaban, éstos le decían que era un mundo misterioso, donde se formaban estalactitas y estalagmitas,  rodeadas de huesos de personas y de animales, de todas las épocas. Alfonso no había bajado a la Caverna de Solencio por las simas, pero había penetrado muchas veces por su puerta y había gozado de las maravillas que encerraba. Por esa entrada sólo se pasaba en el verano, que ofrecía un suelo de grava, pues en invierno sale por la boca, el agua acumulada durante el estío, bajando por el río Formiga una ríada que dura tres o cuatro días.  En cierta ocasión  se introdujeron en Solencio, durante el invierno, varios espeleólogos catalanes, dijo Alfonso Buil Aniés: ¡éstos ya no saldrán!. Y efectivamente, salieron, pero ahogados. Este es un caso pero ha habido muchos más.
Aquí en la provincia de Huesca podrían haber preparado el mejor punto turístico de España pero se lo han dejado pasar y medio morir con la pérdida de la Gruta de Chaves, de los caminos, la pequeñez del pantano de Calcón,entre otras muchas cosas. Esto lo ha contemplado Alfonso Buil Aniés durante muchos años, pues por los años de 1960 fue a visitar al Midi francés las Cuevas de Betarrán, muy bellas, pero no como la Caverna de Solencio. Entonces ya cobraban de entrada cuarenta y cinco pesetas.

En 1913 dijo Lucien Briet, que cuando los espeleólogos descubran el “encantado fondo de las grutas y el misterio de las mismas”, se darán grandes pasos hacia adelante.
¡Tenía razón!, pues cuando ves la presas del Pantano de Calcón tan baja, te interrogas :¿cómo guardaremos el agua que se vacía en verano de la Caverna de Solencio?.Y cuando Costa, que sentía una gran amistad por el padre de Alfonso Buil Aniés, le dijo que el Alto Aragón utilizando sus aguas, sería la parte más rica de España. Basta mirarse por Sariñena, Pertusa ,Albero Alto y Bajo, las cosechas que cogen de trigo y de maíz. Y en unos momentos en que aprieta el hambre en el Mundo, todavía quedan fincas en el Somontano, por el Gállego y por la Tierra Baja, que no producen porque no se han hecho las cosas como se debiera.En otras tierras de huerta en Sariñena se producen 18.000 kilos de maiz por hectarea. 
Ana Francisca Abarca de Bolea, tía del Conde de Aranda escribió estos versos de la Sierra de Guara: “desperdicia por las peñas- las gotas de mil en mil” y nosotros los somontaneses, decimos que las aprovechen nuestras tierras.

martes, 3 de mayo de 2022

Aún nos quedan las ranas

 



No sé que tiene la rana, tan verde tan simpática, que cantando su cu-cú a las orillas del agua, hacía que el caballero con su capa y su sombrero, se descubriera ante ella. También se enfadó la rana, cuando pasó una señora, que iba comiendo “esquerola”; cuando le pidió una hoja, no la quiso dar; la cogió del moño y  la  echó a rodar. La llaman “grenouille” en Frania y en nuestras tierras oscenses la llamamos la “grenota”. En Ayerbe, no hace mucho, jugaban a la “grenota”; era una rana de hierro, de hierro de fundición y la pintaban de verde, dejando abierta su boca por la que echaban distantes, unos discos metálicos, que a fuerza de entrar en ella, le despintaban el rojo de sus fauces y su lengua. Las ancas de nuestras ranas son un plato muy sabroso y prestan su agilidad a los músculos humanos y hay quien dice, por aquello de que  “a veces las ranas se vuelven peces”, son útiles al hombre político, para sus metamorfosis. No conozco de este anfibio propiedades curativas, basadas en sus órganos, ni glándulas endocrinas, pero es notorio a las gentes que influye  en la curación de golpes, roces y heridas, que se producen los niños. Invocaban a la rana, aquellas viejas de antes, cuando los niños lloraban, aquejados por sus males, con esa copla sencilla que a todos enamoraba: ”Cura, cura, mal de rana, si no te curas hoy, te curarás mañana”. El mal seguía su curso, esperando ese mañana, pero los lloros cesaban como por arte de magia. ¡”Siña” Concha, ”siña” Concha, cuantas veces me cantaste esta coplilla, que reza: ”cura, cura, mal de rana!. Ha llegado ese mañana, un mañana muy lejano y aún me acuerdo de tu canto, y me sirve de consuelo y me ayuda a curar otras heridas, que no se dan en la piel, sino más bien en el alma. Las pobres ranas se acaban,  las que en las balsas saltaban, las que en el río croaban, amantes de los pobres renacuajos, “los cabezudos del agua”. El sapo canta el cro-cró y la rana su cucú. El sapo, más egoísta, está cantando ese cro, que es como un yo monótono, pero la rana amorosa, siempre está diciendo tú. Cuando llegue  la calor, acude al oscurecer, bajo los cielos nocturnos, tachonados por estrellas, a escuchar en el ranero de juncos y de espadañas, el cu-cú, cu-cú de miles de verdes ranas, que es como un himno sencillo, que le canta a la esperanza.

lunes, 2 de mayo de 2022

Arciprestazgo de Montearagón




Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino, ahora convertida en Carretera Nacional-240, que viene desde Tarragona a Huesca. Los hombres, las mujeres y los niños la recorrían, unas veces andando y otras montados en asnos, en mulas o en caballos; también iban a veces subidos en carros o galeras, después en bicicleta o en moto y por fin en coches o autobuses. Cuando uno llega a la salida de Siétamo a la Carretera General, se presenta la Plana de Loporzano, a lo largo de varios kilómetros y allá ,en el horizonte aparece elevada la silueta del Castillo- Monasterio de Montearagón, que siempre resulta un atrayente objetivo para la mirada, al tiempo que hace recordar el pasado y pensar en el futuro. A pesar de ser una ruina, desde la carretera se contempla como un elevado monumento. A veces adopta aspectos misteriosos, como cuando la niebla cubre el monte, sobre el que se asienta el Castillo- Monasterio y éste, sin boiras, que lo oculten, da la impresión de ser una castillo etéreo. Desde el año 1835, en que se desamortizó Montearagón, iban desapareciendo las piedras que lo componían, al tiempo que también desaparecían generaciones humanas. Ahora, ya no desaparecen piedras, sino que las van colocando, aunque muy poco a poco. Sin embargo, se han seguido celebrando misas cada año, organizadas por pueblos del antiguo Arciprestazgo, como Loporzano y Quicena. Bastantes años después de la Guerra Civil, robaron la campana, que todavía colgaba en la torre de la iglesia. En Tierz encontraron un sello del Monasterio, en el que está representado San Juan Bautista. En Siétamo murió el monje y sacerdote, que tenía Perote por apellido, al que después de muchos años, veían algunos, como si se tratase de un santo, a través de una ventana de casa Lobaco. Al morir dejó a una señora de casa Ballarín, un relicario, del que dicen que contiene sangre de Cristo y que actualmente está en poder de una familia de Quicena. En mi casa guardaban, con respeto, unos simples tirantes del monje Perote. En Huesca se conserva el retablo de la iglesia y en San Pedro el Viejo, reposan los restos de Alfonso el Batallador, que estaban enterrados en Montearagón. Don Jesús Vallés Almudévar, sacerdote y doblemente pariente mío, me proporcionó un documento referido a Montearagón en 1789, que me aproxima a dicho Monasterio, porque en el contenido de dicho documento intervino mi antepasado José Almudévar Altabás. Sus hermanos fueron Judas Narciso el mayor, Miguel, que estaba casado en Torres de Barbués con Raimunda Corz, Antonio, que murió soltero, siendo negociante y que dejó asignada el arca de sus bienes a Montearagón; después viene Joaquín, que se casó en Blecua, donde todavía tiene descendientes y el citado hermano menor se llamaba José, que más tarde, se casó en Siétamo con Francisca Escabosa Azara y de los que venimos mis hermanos y yo. Cuando ocurrieron los hechos que narra el papel citado, Antonio Almudévar Altabás era soltero y moriría con unos cuarenta y tres años de edad. Vivía en casa Almudévar de Barluenga, en compañía de sus padres y hermanos y sus actividades se dirigían a los negocios, porque atendía las compras y ventas y los intereses de los préstamos. En el pueblo de Sasa del Abadiado, la influencia de dicho Abadiado era notable y él cuidaba sus intereses y parece ser que amaba al Monasterio, porque el Vicario de Sasa escribió lo siguiente:”Que es cierto que después de su muerte Don Antonio Almudevar y Altabás, en la misma casa de don Judas Narciso, dueño de ella, el día antes de morir le hizo al declarante, Don Antonio, de que inmediatamente que muriese se llevase un arca que el dicho difunto tenía con bienes propios y papeles de distintos asuntos” y que la dejaba en propiedad del Monasterio. ¡Cómo amaba Antonio Almudévar Altabás al Monasterio!, porque le dejó, aparte de los documentos, sus propias monedas de oro. Huesca tiene que devolver al Monasterio muchas cosas, pero yo no podré devolverle los tirantes, que dejó en mi casa el antiguo monje, Mosen Perote; se los llevaron.

domingo, 1 de mayo de 2022

El engañapastores.




Un texto medieval de cuyo contenido no me acuerdo, acaba de esta forma:”ésto lo dijo uno que es de Alcalá”. Poco explícito se muestra el autor, que no revela su nombre, pero el que me lo contó, además de ser de Alcalá, me dijo que se llamaba Luis Aso y yo añado que no sólo es de Alcalá, sino que es de Alcalá del Obispo.

Mi amigo, allá por la primavera del año mil novecientos ochenta y uno y sería por el mes de Abril, cuando se siembra el girasol, al enganchar el arado, escuchó un pío-pío. No hizo al principio mucho caso, pero como continuaran los “piulidos”, empezó a sentirse intrigado porque por más que miraba, menos veía. Llegó a pensar en brujas, hasta que al fin descubrió que en un agujero del tractor y debajo del asiento, había cinco crías de pájaro acomodadas en su nido y se sintió feliz.

Subió al tractor y se dio cuenta como una pareja de engañapastores le seguía, unas veces volando y otras se posaba en la reja de arriba del arado reversible, otras en el faro trasero que sirve para iluminar el surco y a veces en la barra de la trailla. Cuando arrastrando el remolque con su tractor iba a Loscertales, donde también cultivaba la tierra, los pájaros se posaban en los laterales. Dicen que los engañapastores hacen eso, engañar a los pastores, pero al moderno tractorista no lo engañaban porque se habían hecho amigos y compañeros.

A José Luis le gusta llevar limpio el tractor y pasaba por descuidado al no lavarlo. ¡Cómo lo iba a hacer si los  pajaricos  hubieran muerto al ser regados con la manguera!. Al gaucho lo llamaban “abandonao” porque no engrasaba los ejes de su carro, cuyo sonido le gustaba escuchar. A José Luis el engañapastores le seguía, unas veces volando y otras se posaba en la reja de arriba del arado reversible, otras en el faro trasero que sirve para iluminar el surco y a veces en la barra de la trailla. Cuando arrastrando el remolque con su tractor, iba a Loscertales, donde también cultivaba tierra, los pájaros se posaban en los laterales del remolque.

Hay testigos de este caso, entre los que se encuentra Serafín el herrero de Pueyo de Fañanás, al que José Luis le llevaba los aperos a reparar. Seráficamente, cual nuevo San Francisco de Asís, observaba como la pareja subía al árbol vecino, un peral que sigue ahí y daba de comer a las crías: dentro de la dureza de su oficio, procuraba no asustar a las avecillas.

Todo el mundo no conocía el pequeño acontecimiento, porque si se divulgaba, los curiosos tal vez lo hubieran interrumpido.

Llegó la primavera del año mil novecientos ochenta y dos, que como todas las primaveras la sangre altera, incluyendo la de los engañapastores, que revoloteaban alrededor del tractor y acarreaban pajitas y hierbas al nuevo nido.

Amado Baus, vecino de José Luis, estaba esperándolo sentado en una pared y vio como el engañapastor, sobre un montón de arena, que allí estaba, engañaba a la engañapastora. Yo me imagino una danza de plumas en el aire, de volteretas graciosas y enamoradas, de reverencias elegantes del engañador a la engañada y de elegantes saludos a la amada y por fin el tremolar de plumas en éxtasis de amor.

A los pocos días la pajarica empezó a poner huevos en el nido del tractor hasta el número de cinco.

Cuando José Luis, por la mañana iba a ocupar el tractor para ir a labrar, se agachaba y miraba a la pájara y ésta se lo miraba a él, sin asustarse. Había surgido la amistad. Alguna vez al cerrar con fuerza la puerta de la cabina, salía la madre, pero volvía a incubar los huevos. Labraba los campos y se sentía acompañado por la pareja que revoloteaba a su alrededor. Salieron del huevo los pajaricos un domingo y otro domingo, a los quince días justos de su nacimiento, se lanzaron a volar.

José Luis los observaba como algo suyo y veía como los padres buscaban alimento en los surcos y  se lo llevaban a sus hijos. Al principio hacían pocos viajes en busca de cebo, pero los tres últimos días casi no daban abasto.

A pesar del traqueteo del tractor las crías vivían felices en el nido; solamente cuando labraba por las laderas empinadas, se asomaban como presintiendo un peligro.

Al llegar el año mil novecientos ochenta y tres a la siembra del girasol, el tractorista otra vez observó las evoluciones de los engañapastores, que volvieron a fabricar su nido y a poner huevos, pero un día se dio cuenta desconsolado que no había nada dentro de él.

¿Quién tuvo la culpa del desastre?. ¿Algún vecino que metió las manos donde no debía o fue un pobre gato de su propia casa?. Nunca más se supo de los engañapastores.

Hay quien dice que las aves también evolucionan hacia nuevas formas de vida, pero nosotros, ¿las dejamos seguir esa marcha evolutiva?.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...