viernes, 21 de febrero de 2025

Coscullano, un pueblo en la Sierra de Guara







Santuario San Cosme y San Damián

La Sierra de Guara, cuyo nombre tal vez venga del nombre vasco-ibérico“gora”, alto o arriba y en su pié, más debajo de Santolaria, quedan los restos del pueblo de Isarre, que también quiere decir parte baja. La Sierra por el Norte mira al Pirineo, pero en su caída hacia el Sur se convierte en un gran observatorio desde el que se ve la gran depresión del Ebro, empezando por el Somontano o tierra que está debajo del monte. Y como me dijo uno de sus habitantes, desde el Norte se observa, unas veces más que otras,el horizonte borroso, pero cuando miran los vecinos del Sur hacia el Norte, se ve todo claro. Eso me pasa a mí cuando miro desde Siétamo a Coscullano, pues lo veo muy nítido y muy próximo, con la blanca casa de Lorenzo Zamora Blasco como adelantada y cuando, desde la terraza de dicha casa miro para ver Siétamo, me cuesta reconocerlo, a pesar de suproximidad. Cuando desde Gratal se mira uno hacia Zaragoza, unas veces la ve y otras no, pero si no hay nieblas, desde la capital aragonesa siempre se ve el Gratal y la Sierra de Guara. Es la Sierra un monumento natural y así lo ha comprendido el hombre, pues la ha declarado Parque Natural de Guara. Ya se daban cuenta de su belleza muchos escritores aragoneses, como la tía del Conde de Aranda, Ana Francisca Abarca de Bolea, que llegó a ser Abadesa del Monasterio de Casbas y desde el cual se contempla toda la Sierra, sin obstáculos, en verano y en invierno. Ana Francisca no pudo resistir el impulso que la llevó a escribir un romance a Guara, que dice así: “Ya se ha dispertado Guara,/ ya se ve a medio vestir/ previniendo tocas largas/ por la muerte del Abril”. Salvador María de Ayerbe, en su obra “A través del Somontano”, escribe un capítulo dedicado a San Cosme y San Damián”, que debajo una peña están, como repiten los peregrinos que van a tal santuario. Cuenta cómo lo llevaban a San Cosme, a través de Angüés, por Carbas de Huesca, por Sieso y otras veces por Bierge, Labata, Yaso,Bastarás, Panzano y Aguas, recorriendo todo el pie de Sierra hasta la casa de las maderas, como la llamaban los habitantes de aquella zona tan boscosa,donde se hacía carbón vegetal.En aquella casa emprendían su camino hasta el santuario por “una serie de suaves pendientes y curvas pronunciadas,a trechos de camino real,en otros de herradura, que comienzan a deslizarse por un hoyo inmenso cerrado al poniente por un pequeño anfiteatro rocoso”. Ésta era también la ruta que usaban los somontaneses de Panzano, de Aguas y de Coscullano, para peregrinar el día de San Gregorio al Santuario de San Cosme y San Damián y cuando ya estaban cerca de él, veían su “blanca mole, tan adosada al rocoso muro grisáceo”, que explica la “añadienza” de “debajo de una peña están”. De la misma forma que a Salvador María de Ayerbe, le penetró la Fuente Santa en su corazón, pues escribe: “aun hoy subsiste para consuelo del creyente, deleite del artista, regalo del caminante y embellecimiento y poesía del sitio donde resuena, perenne, la plegaria mística de su cotidiano y manso deslizamiento”. ¡Cómo coincide la expresión poética del caballero con los sentimientos del pueblo de Coscullano y de Panzano, que ahora que están reparando la iglesia del Santuario, oyen la misa al aire libre, al lado de la Fuente Santa y si no tenían gran facilidad de expresarse en castellano como el poeta, porque lo hablaban mezclado con su fabla aragonesa, componían jotas que con cuatro versos de ocho sílabas, manifestaban sus sentimientos y su sensibilidad poética! Ramón J. Sender vivió la Sierra de Guara, llegando a titular uno de sus artículos “La sierra niña” y parece ser que se expresaba de tal forma, porque la amaba y la recordaba en San Diego, allá en California. En Balboa Park cuando “veía las ardillas... volaba con el recuerdo a la Sierra de Guara”, donde siendo casi un niño se recreaba mirando sus traviesos movimientos. Sender, aparte de la excursión a San Cosme y San Damián que hizo conducido en uno de sus coches por Bescós, que tenía su garaje de venta de coches, bajando a la estación de ferrocarril, se siguió trasladando a tan hermoso lugar. Escribió un artículo titulado “La Virgen de Fabana”, cuya ermita que se encuentra muy cercana al santuario de San Cosme y meditaba sobre la devoción a la Virgen, en las supersticiones “como el viento que canta por las gargantas o el sol que abrasa sin calor”. Las supersticiones se dan en el espacio de San Cosme, pues yo he conocido y tratado a uno de sus ermitaños, nacido en la parte oriental de la provincia, me contó que en cierta ocasión, estando cenando en la vivienda, varios señores oscenses, habiendo hecho una apuesta con ellos, tuvieron que salir corriendo del comedor, abandonando su opípara cena. Comentando con un vecino de Angüés, temas sobre el santuario, me expresó sus vivencias en sus alrededores, con numerosos gnomos. Yo le preguntaba qué era lo que comían y qué restos dejaban, pero él, que no había leído a Sender, creía ciegamente en los gnomos. El escritor no se limitaba a escuchar las campanas, cuando veraneaba en San Cosme, sino que “yo bandeaba las campanas los domingos, por detrás de la enorme loma rocosa por la que baja el Guatizalema, torrencial. Por encima vuelan las águilas”.Se mezclan en este lugar personajes variados, por ejemplo el Conde de Guara, que tiene allí su casa, igual que la tenía en Panzano, donde está su noble escudo, con el santero, que ahora duerme en Angüés y el que dirige la reparación del Santuario, que reside en Santolaria. Ahí van con frecuencia oscenses, entre los que se encuentra un gran jotero, que desahogan sus corazones cantando jotas, que a Sender le recordaban el Parsifal, porque “afirma que en Parsifal aparece la consagración del carácter aragonés típico, ya que la leyenda consiste en la exaltación del hombre puro y sin malicia”. Sender quería a aquellas personas sencillas, como su tía Jacinta, su abuelo el campesino y a la Hermana Adela, nacida en Chalamera, como me pasa a mí con los personajes que habitaron aquellos pueblos del pie de Sierra y de los que quedan tan pocos. Ya lo decía aquel profeta, nacido en Coscullano y que se llamaba Benedé, que afirmaba: “En este pueblo no va a quedar nadie” y así ha ocurrido. Por eso, cuando me encuentro con Lorenzo Zamora Blasco, que tiene los dos apellidos iguales que mi abuelo materno, lo venero, porque él no se quiere ir de Coscullano. Vive allí al pie de la Sierra, rodeado su monte por San Cosme, por la iglesieta, de la que ya no quedan casi ni restos, pero que en ella se encontró una pulsera visigótica, que está en el Museo, por el Castillo de Arraro, allá en Panzano y por el pueblo de Aguas, por el pantano de Calcón y por los olivos, a los que limpia cada año, por los “buchos” o bojes que adornan los montes y por las rojas “alborzas”. Cultiva su huerto, que se riega, con un ibón, que nace justamente encima del huerto. Está rodeado por personas a las que ama, como su esposa Aurita, sus hijas Carmen y Paz, su nieto Lorencito y su nieta Belén. Recuerda, como Sender, a sus padres, gente sencilla y buena, a su hermano Antonio, del que conserva una brillante biblioteca, de su hermana Maruja, que fue como la de Sender monja de Santa Ana y de su otra hermana Araceli, casada en Tierz. Así ocurrió con la Hermana Adela, de la que Sender escribió “Adela y yo” y si éste escribió sobre la monja, Lorenzo hizo que la enterraran en Coscullano, para que desde los cielos pidiera por sus escasos y sencillos habitantes. Se fueron sus hermanos, sus hijas y nietos, y viven en las ciudades, pero siempre que pueden van a visitar a sus padres y al pueblo de Coscullano, donde muchas veces te parece que estás escuchando Parsifal.

Recuerdos del artista oscense, José María Lanzarote


Pintado por J.M. Lanzarote

Se nos ha marchado de Huesca el amigo verdadero, José María Lanzarote. ¡Qué apellido tan noble el tuyo, José María!, porque siempre lo he admirado, cuando lo pronunciaban los oscenses o simplemente, cuando tenía la oportunidad de conversar contigo. Pero no sólo te admiré por el bello y sonoro nombre de Lanzarote, Caballero de la Tabla Redonda, sino por tu nobleza que era suave y atraía a las personas que lo necesitaban. El Caballero Lanzarote fue protagonista de bellas aventuras y José María Lanzarote fue el pintor protagonista de miles de cuadros, que representaban la belleza de la Naturaleza con sus paisajes, con la arquitectura y el aire  de las mujeres y hombres ansotanos, con los que substituyó las bellas aventuras de los Caballeros de la Tabla Redonda. Los caballeros eran duros en sus luchas, pero José María, era admirable porque su carácter era suave y atraía a las personas que lo necesitaban.
Yo lo conocí, hace ya muchos, muchos años, en el Taller de Carpintería, cuando tanto se nombraba la Plaza del Justicia, nombre muy aragonés, como áquel con que la llamaba el pueblo oscense, diciéndole La Plaza de los Tocinos. Ese nombre les resultaba a algunos un tanto vulgar, cuando esos animales en esa Plaza, depositados en cajones por los vendedores y sacándolos de ellos los compradores campesinos, gruñían y  les daban alegría y esperanza de que se hicieran bien gordos. Con cariño se los llevaban los compradores, con ilusión de alimentarlos muy bien para que  desde pequeños,  se tornasen gruesos. Porque  aquella alimentación a los tocinicos, iba a ser la base de su propia alimentación, con su rico jamón  y con los guisos sabrosos que prepararían sus esposas en los hogares de sus casas. José María  todos los lunes, en que tenía lugar “La  Feria de los tocinos”,  los veía y escuchaba, desde su taller. A él acudían algunos vecinos de los pueblos cercanos y del mismo Huesca, para que le hiciesen algún mueble de carpintería, como mesas, sillas, para  en ellas comerse  los cerdos, con la comodidad que buscan aquellos que comen a placer.


Yo conocí, no sólo a José María, sino también a su padre, hombre muy simpático y amigo, ya entonces, de mi abuela Agustina Lafarga, viuda del Diputado Provincial Ignacio Zamora Blasco. Lo conoció en un piso del Coso Alto, donde hoy se encuentra el Colegio de Santa Ana, donde Cornelio acudía y más tarde José María, a colocar o a restaurar algún mueble. No es extraño que se trataran con mi abuela, pues en tiempos pasados, cuando todavía vivía mi abuelo Ignacio, que murió en 1914, vivía en una casa encima de la Carpintería de Lanzarote.
Nuestra relación y amistad nos unió en la restauración de muebles, que íbamos a usar en Siétamo. Ahora, cuando contemplo una alacena que José María convirtió en armario, me parece que José María con el armario construido por él, está ofreciendo a los que lo miran, la visión de los escudos de Almudévar y Azara. Pero yo me acuerdo de que el Caballero Lanzarote, fue más popular y mucho más antiguo que los Azara y que los Almudévar.
Se ha marchado José María Lanzarote y ha dejado a su esposa Lourdes , que Gracias a Dios no se queda sola , porque la acompaña   el hijo de ambos, Historiador, que viaja por Roma y por París, de la misma forma que su padre José María Lanzarote, viajó por todo el mundo ,con multitud de cuadros artísticos. 
 

miércoles, 19 de febrero de 2025

Van desapareciendo nuestros pueblos


Armas de Almudévar    Armas de Azara


El día veintidós de Diciembre del pasado año de dos  mil seis, el escritor  de Puyarruego, que siempre manifiesta sus sentimientos y pensamientos aragoneses, le firmó su libro “José un hombre de los Pirineos”, a mi hijo Ignacio. Este lo leyó emocionado y me lo regaló. Yo también lo leí. Había leído otros libros suyos y en su obra “ Bardaxí” sobre “cinco siglos de historia de la pequeña nobleza aragonesa”, encontré como escribe sobre la familia Azara de Barbuñales, emparentada con los Azara de Siétamo, antepasados míos.”En Siétamo, no lejos de Barbuñales, alzaba sus muros de arenisca dorada el palacio de los condes de Aranda, amigos de la casa de Azara. Un tío de María Ana era canónigo de la catedral de Huesca. Cuando ( Azara) iba a visitarlo pasaba por Siétamo. Se detenía en el palacio de los condes. Admiraba los salones. Allí había libros y estampas, telas exóticas y muebles hermosos: todo el lujo tranquilo y claro, confortable y pulcro que promovían los ilustrados del siglo como ambiente donde desarrollar tertulias razonables, conversaciones interesantes y debates acerca de la felicidad del género humano conseguida por medio del desarrollo de la inteligencia y de la riqueza”. Esas palabras me impresionaron porque en mi casa quedan algunos muebles de los Aranda y unos bellos mosaicos, que mi padre recogió entre las ruinas del palacio. Aquellas piezas quizá fueran fabricadas en Valencia, donde el Conde de Aranda tenía unos talleres de mosáicos, donde a sus obreros les introdujo, en aquellos viejos tiempos una especie de seguridad social.
Una hija de la casa Azara de Siétamo se casó con un Almudévar Altabás, que bajó de Barluenga y originario este segundo apellido de Grañén, siendo parientes de los Azara y los Bardají  y María Ana Azara, la única hermana de los Azara de Barbuñales se había casado con Bardají. de Puyarruego. Todos aquellos eran gente noble, ya que Almudévar era infanzón como los Azaras y además uno de sus  antepasados fue Bayle en la recientemente conquistada Villa de Almudévar y otro fue Señor de Aniés, junto a San Román de Morrano. Escribe Vicén Dó Río en su obra “Linajes de Aragón”.Miguel Almudévar Guiral de Sieso,”celebraría matrimonio con Doña Paciencia de Aniés,heredera de este Señorío, pasado todos los derechos y posesiones a los Almudévar”. Es que estoy pasando de la alta nobleza de un aragonés, conde  y marqués,  y apellidado Abarca, a la  infanzonía aragonesa de José Castillón Peiret, que excepto su período de servicio militar, pasó toda su vida trabajando en la aldea de la Mula; se llamaba José Castillón Peiret y Severino Pallaruelo en su obra “Bardají”, dice que todos los altoaragoneses eran infanzones. En el año 1360 ”El rey Pedro IV de Aragón firmó el día 28 de Abril en Zaragoza, un privilegio reconociendo la infanzonía de todos los vecinos de Puyarruego”, con los de Sin, Muro de Bellós y Coscojuela de Sobrarbe”.
Severino Pallaruelo describe la historia de la familia Bardají y de todos sus vecinos, desde que tuvieron su residencia en Puyarruego con su capilla de San Victorián. Escribe del antiquísimo origen del Monasterio  del mismo Santo, que vino a las laderas de la Peña Montañesa por los años cuatrocientos y pico, donde había un convento, que habían fundado los visigodos. Pasaron después a Graus, donde en su casa estaba “el salón …. presidido por el busto del Azara presumido (como lo llamaba una descendiente suya), mientras caía el ocaso suave del estío ribagorzano”. Severino en su obra no habla mal de nadie pues sólo cuenta lo que ha visto en sus investigaciones  y que nos hace pensar en la dureza de la vida  de aquellas pobres gentes, en la crueldad de aquellos que convertían los sacrificios de la misa en sacrificios por  los que el pueblo tenía que empeñarse. Y corre la historia y vemos como pasan los franceses que se mean en las pilas de agua bendita, de los carlistas y por fin de la guerra civil del año 1936, en que se oía decir: “ni esa mujer es tuya, ni aquella mía, todas son de todos” y destruyeron  el Palacio de los Aranda en Siétamo.
Pero Severino siempre se ha acordado de la Peña Montañesa y del Monasterio de San Victorián y muy cerca de ambos encontró a José Castillón Peiret, al que ha conocido profundamente en la aldea de La Mula, donde, ahora, vive sola una hermana suya. La vida de José recuerda la de aquellos infanzones de Sin, Muro de Bellós y Coscojuela de Sobrarbe, cuando escribe Severino: ”En la Mula, en la vida diaria de José, permanecen vivos y en pie de igualdad todos los sentidos, se mantienen en la misma jerarquía del vocabulario que durante muchos siglos rigió la vida de nuestros antepasados. Los términos elementales ocupan el lugar primordial”. Efectivamente los vecinos de los tres pueblos tenían que aportar los alimentos  en una comida que celebraban juntos,  a saber “los de Cosculluela  hayan de proveer el vino necesario y los del Muro de Vellós y Puyarruego el pan y los del lugar de Sin la carne”.”Al obscurecer, cuando ya no quedaba pan, ni carne, ni vino recordaban el motivo de la reunión. Entonces…alguno de los reunidos sacaba el pergamino del viejo privilegio del Rey Pedro y después de leerlo en voz alta preguntaba a los demás si renovaban los acuerdos de hermandad”.
Igual que los de Cosculluela y Puyarruego cenaban al pie del hogar, José cenaba “sentado en la cadiera, cerca del fuego, el olor del humo y el crepitar de la llama”. Acompañado por perros y gatos “la obscuridad envuelve la casa perdida en los montes olvidados. Las estrellas están en el cielo. El humo asciende. La luna mira, con ojos de plata, los precipicios de la Peña  que se alza sobre la aldea. Y José, José de La Mula, cena sentado cerca del fuego”. Si, en la vida de José “permanecen vivos y en pie de igualdad todos los sentidos, como “fuego, ganado, casa, humo, noche, brasa, pan, agua” Y estos términos los expresaba José otras veces en su “fabla” aragonesa, que por desgracia va desapareciendo, ya que ahora es difícil poder escuchar a las gentes “fablar” o hablar en esa “fabla “ o lengua, que conmovía el corazón. A los habitantes de los pueblos les decían que hablar en “fabla “ era “hablar mal o charrar  basto” y éstos no han defendido el “conservar las formas puras y evitar el mestizaje lingüístico”, es decir su castellanización. ¡Cómo las iba a defender José, que vivía junto con su hermana, en medio de una inmensa soledad!, ya que unos doscientos pueblos y aldeas de Sobrarbe y Ribagorza han desaparecido. “Ahora sólo habla los martes”, porque como no escucha o “ascuita o trucar d’as astrals en os troncos d’os arbols”, ni  cada día la voz de los leñadores ni contempla subir el humo de los cuidadores de las colmenas, siente la necesidad de buscar algún lugar donde hablar con otros hombres y ese lugar es el pueblos de Ainsa, en que cada martes se celebra un mercado. Iba a dicho mercado pero no sólo a comprar sino a hablar con viejos conocidos, con los que había cortado bosques o les había vendido cañablas o miel. No podía aguantar esa soledad de su casa en la que no se escuchaba ni un “sacre”.
Severino Pallaruelo, examina su tarea etnográfica en la vida de José en el medio de la Peña Montañesa, en que se encuentran su propio pueblo Puyarruego,  el Monasterio de San Victorián y la aldea de la Mula y estudia los resultados de las obras de Violant y Simorra, de Andolz y de otros franceses o alemanes, de los que dice: “Entre el colorido vivo y cambiante de la realidad y los tonos ajados del viejo escenario de un teatro anacrónico, los etnógrafos suelen  optar por los segundos”.
Pero el libro de Severino Pallaruelo no es una obra de teatro anacrónico, sino que “todo es como la poesía o como la literatura en general: inútil pero necesario”. Es que Severino habló mucho con José, como dice cuando escribe: “habla de cualquier tema,  mezcla los relatos de viejos acontecimientos con las descripciones de trabajos, de paisajes y de sentimientos propios y ajenos”. La lengua en la que José se expresaba era la misma de Severino de Puyarruego: el aragonés.
Los “sentimientos propios y ajenos” llegaron a los corazones de los lectores de “José”,como me dice el catalán Antonio Segales Alegre,que ha vivido muchos años en Siétamo y en el Paraguay, cuando en una carta de 2006,me escribe “Con la lectura de la obra de Ignacio Almudévar “Retablos del Altoaragón” y la de Severino Pallaruelo, titulada “Bardaxí”, aseguro que se puede llegar a tener la pretensión de conocer bien, lo que ha sido y es todavía, la vida del Somontano y del Alto Aragón, con sus gentes de carácter firme y noble, con personalidad modelada por su entorno”. Conoció la obra de Severino porque es un consejero de una Asociación sobre  Don Nicolás de Azara
Mi hijo Ignacio Almudévar Bercero, ha viajado a la aldea de La Mula a recordar a José y a ver si podía conocer a su hermana, a la que tanto quería, porque no se vendía las ovejas, a pesar del cansancio que le producían, porque le entusiasmaban a ella. Al preguntarle si la había visto,  me contestó: su hermana se camufla  con el paisaje porque desaparece como los lagartos, como si estuviese mimetizada con la tierra y con las plantas. Ignacio guarda no sólo la poesía de La Mula, sino también una cuchara de madera, trabajada por José y numerosas fotografías que saca cuando sube al lugar donde nació ese aragonés ejemplar, al que Severino Pallaruelo ha dedicado un gran libro.
Cuando vea a Severino, le preguntaré por la querida y solitaria hermana de José.

Quevedo habla de la vida y engrandece la muerte

Francisco de Quevedo

Luis de Gongora.

Bécquer escribió la poesía siguiente: “Del salón en el ángulo obscuro-de su dueño tal vez olvidada- silenciosa y cubierta de polvo- veíase  el arpa.-Cuanta nota dormía en su seno- como el pájaro duerme en las ramas-esperando  la mano de nieve-que sabe arrancarla. ¡Ay!, pensé, ¡cuántas veces el genio – así duerme en el fondo del alma,-y una voz, cómo Lázaro espera- que le diga: ”levántate y anda”!. Bécquer, poeta del siglo XIX, era amante de la belleza poética, de la pintura y de la música. Por eso al contemplar el arpa, abandonada, “durmiendo en el fondo de su alma”, soñó con hacerla sonar. Así como Quevedo, escritor satírico, insultaba a sus enemigos, por medio de la poesía, Bécquer se lamentaba con sus rimas, de la traición que le hizo su esposa, quejándose con sus poesías llenas de belleza. No insulta Bécquer a su esposa, con su poesía pura, como lo hace Quevedo con sus palabras rebuscadas. Veamos esta rima, en la que se lamenta de la traición amorosa, de su esposa, que  así dice: “La gota de rocío que en el cáliz-duerme de la blanquísima azucena, -es el palacio de cristal en donde,-vive el genio feliz de la pureza. Él, le da su misterio y poesía;-él,  su aroma balsámico le presta.- ¡Ay de la flor, si de la luz al beso-se evapora esa perla!”.
Los escritos de Quevedo son complicados, pero no hay que temer la lectura de sus obras, porque, además de obligarte a pensar, te hace unas veces reír y otras llorar, con sus obras satíricas y burlonas, porque no sólo  escribió la sátira, sino también poesía amorosa. A este amor corresponde su  soneto: “Amor constante más allá de la muerte”, que es famoso en la literatura universal, pues hay quien afirma que no se ha escrito nunca una obra de amor, tan real y tan sentida, en la lengua castellana.  Sí, es real su pensamiento, pero más difícil de comprender, en su primera lectura. 
He aquí el soneto “Amor constante más allá de la muerte”: “Cerrar podrá mis ojos la postrera,- Sombra que me llevare el blanco día,- Y podrá desatar esta alma mía-Hora a su afán ansioso lisonjera;-Mas no, de esotra parte, en la ribera,- Dejará la memoria, en donde ardía-Nadar sabe mi llama el agua fría,-Y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo un dios prisión ha sido,-Venas que humor a tanto fuego han dado.-Medulas que han gloriosamente ardido:-Su cuerpo dejará no su cuidado;-serán ceniza, mas tendrá sentido;-Polvo serán, mas polvo enamorado”. Si,  es real el significado del amor a la vida, a pesar de haber muerto, pero, para comprenderlo, hay que pensar en el significado de las palabras, que escribe.  Se acuerda de cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día. Y trata de definir el viaje de su alma, para pasar de la Tierra al Cielo.  
Ramón del Valle Inclan

Gustavo Adolfo Becquer


Se queda uno, después de la lectura de este soneto, admirado ante sus cuartetos y tercetos en el número de once sílabas cada uno,  que componen su integridad de catorce versos, terminado cada uno con su sonora rima. Pero uno encuentra su sentido, que resultaba difícil de entender, y que a mi cerebro le ha aclarado la consulta  del más allá, en la mitología griega. Los griegos, al observar la separación del alma del cuerpo, se dan cuenta de que el alma tiene que circular por espacios, que ellos identifican con la Laguna Estigia, por la que el difunto navega, sobre la Barca de Caronte.
Al abandonar la ribera de la vida, parece que tendremos que olvidar cuantos recuerdos, hemos gozado o sufrido en ella. Pero Quevedo se subleva contra esa ley de los infiernos, que le obligan a abandonar totalmente, incluso el amor del que gozó en la vida. Y proclama que el cuerpo será ceniza, mas tendrá sentido y las médulas que llegaban a lo más profundo del cuerpo “polvo serán, mas polvo enamorado”. 
Quevedo escribió pasajes festivos y burlescos, con gracia satírica, para recordar al pueblo la realidad humana. Y con esa poesía satírica y burlesca acusó a Góngora de exceso de sensibilidad, de vejez y de chochez, dedicándole el siguiente soneto:  
“Erase un hombre a su nariz pegado- érase una nariz superlativa- érase  su nariz sayón y escriba,-érase un peje espada, muy barbado,-era su reloy de sol, mal entonado,- érase una alquitara pensativa,-érase un elefante boca arriba,- era Ovidio Nasón más narizado.-Erase un espolón de una galera,-érase una pirámide de Egipto- los doce tubos de narices era.-Erase un naricísimo infinito,- mucha nariz, nariz tan fiera-que en la cara de Anás, fuera delito”. A Góngora, Quevedo lo maltrata como judío, que es corriente que tengan algún rasgo en su nariz, de la raza judía.
Se dirigía al pueblo, del que quería que fuese feliz, diciéndole: “¡Oyente, si tú me ayudas, con tu malicia y con tu risa, verdades diré en camisa, pero menos que desnudas”.
El estilo de Bécquer es más claro, en su poesía “Dios mío, qué solos se quedan los muertos”, pues así se explica:” La luz, que en un vaso,- ardía en el suelo,-al muro arrojaba- la sombra del lecho.- y entre aquella sombra- -veíase a intervalos- dibujarse rígida- la forma del cuerpo”. Después de esa visión, Gustavo se pregunta.”¿Vuelve el polvo al polvo?-¿vuela el alma al cielo?-¡Todo es vil materia,- podredumbre y cieno?. ¡No sé! Pero hay algo- que explicar no puedo,- que al par nos infunde-repugnancia y duelo,- al dejar tan tristes, -tan solos los muertos. La poesía de Bécquer es delicadísima, reflexiva, que se pregunta los mimos misterios que se plantea Bécquer.
Quevedo( 1580-1645), se acuerda de cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día y Gustavo, escribe : “la luz que en un vaso- ardía en el suelo- al muro arrojaba- la sombra del cuerpo”. Pero Quevedo, como Bécquer “explicar no puede que vuelva el polvo al polvo  y se pregunta ¿vuela el alma al cielo?. En este tema de la muerte del ser humano, se ve la descripción totalmente poética y delicada de Gustavo Adolfo Bécquer. También se nota la virtud poética de Quevedo, cuando dice: ”Cuando la sombra de la muerte, cerró a sus ojos la blancura del día”, pero se subleva contra el abandono del cuerpo humano, poniendo patente su mal genio, con el que insulta al judío Góngora. Pero acaba su soneto, con una bella y potente poesía, al  decir: “Su cuerpo dejará no su cuidado-Serán ceniza, mas tendrá sentido; POLVO SERÁN,  MAS POLVO ENAMORADO”.
La sátira, que no aclaró el problema de la vida y de la muerte, a la que Quevedo, con genio vivo, no vio resuelta con su poesía:  “Amor constante, más allá de la muerte”, ya se cultivaba en la literatura antigua de Grecia y de Roma. Reinó en el ambiente en el siglo XVII, con Quevedo, pero no dejó de practicarla, Valle Inclán, muerto en 1936. La sátira de Quevedo y la comedia burlesca son muy semejantes al esperpento de este gran Valle Inclán, que parece ser que él mismo creó. Significa tal palabra color, olor, sabor, entre otros de almendra ideal, zurriaga y caricias. A pesar del paso de siglos entre el Siglo de Oro  con Quevedo  como autor del soneto “Amor constante, más allá de la muerte”, con la comedia burlesca y el siglo XX con Valle Inclán, que cultivó el teatro esperpéntico, no se despide el mundo de la sátira. 
En el siglo XX, Valle Inclán reaviva las obras esperpénticas,  con sátiras sin la crueldad de las de Quevedo, que escribió:  “Yo te untaré mis obras con tocino-porque no me las muerdas, Gongorilla-pero de los ingenios de Castilla-docto en pulla, cual mozo de camino”. Acusa al mismo tiempo a Góngora de judaizante, además de plagiario. Y sale Valle Inclán,  que al tiempo que escribía sus esperpentos, hace a los lectores que se recreen con la poesía de su “Sonata de Otoño” y la de Invierno.
Valle Inclán reaviva la sátira , en forma esperpéntica, en el siglo XIX y XX, y me hace pensar en el fenómeno que yo en mi niñez, observé en las Ferias de los pueblos, cuando no había cines ni otras distracciones más modernas. Tal fenómeno, del que no recuerdo bien sus detalles, iban por las ferias a recrear al  público con obras de Quevedo, Las explicaban y leían a los espectadores y con voces de comediantes hacían ver el interés que ofrecían aquellos hombres y mujeres, unos cojos, otros mancos, otros ciegos o tuertos. No me enteré si Quevedo los exponía ante el público por ayudar a tan desgraciados seres humanos o era una especie de petición de justicia al cielo, para que no permitiera que se diesen esos casos de miseria en unos hombres, en tanto otros gozaban y gozaban y atesoraban los dineros escondidos de la vida,  como los avaros. No sé si Quevedo veía la conciencia de Góngora, viciada con la avaricia o era una  acusación racial, que en aquellos tiempos inquisitoriales, las razas eran perseguidas.
Yo en pleno siglo XX, recuerdo un caso de que un comediante de la feria,  relataba una pequeña anécdota, diciendo que un campesino, gritaba :¿Qué vedo, qué vedo?, que lo identificaba con la expresión :¡Qué veo que veo!.  Quevedo estaba haciendo sus necesidades y al escuchar como el campesino, gritaba ¡Quevedo, Quevedo!, éste  contestó : hasta por el culo me conocen.  ¡Lástima, que cuando era todavía un niño durara la moda de Quevedo de corregir vicios y que ahora ya estemos admirados de contemplar tanto negocio!.  
No puedo admirar el cuento relatado en mi niñez en una feria, pero ya estoy harto de ver, después de haber escuchado a los mariachis:”con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley”. Porque en todas las organizaciones de la Nación, se van acumulando el dinero, que no creo que el judaizado Góngora, lo amontonara de tal forma, desde los altos cargos hasta las organizaciones de los obreros, no de los obreros que trabajan, sino de los “chupópteros”.
Ahora haría falta un satírico como Quevedo que corrigiera al País de tanta corrupción. 

martes, 18 de febrero de 2025

El leñador y las zorras



El leñador observaba todas las mañanas, desde su chabola, como una “rabosa”, que así llamamos los altoaragoneses a las raposas o zorras, lo miraba fijamente, cuando al amor de una hoguera lo miraba fijamente,  guisaba su almuerzo. Intencionadamente, después de dar cuenta de él, dejaba los restos cerca de la caseta y se iba a talar árboles. Cuando volvía, ya al atardecer, los restos habían desaparecido, pero a medida que pasaban los días, la zorra esperaba su parte desde una posición más próxima, hasta que habiéndose establecido cierta familiaridad entre los dos habitantes del bosque, el leñador, al marchar a su trabajo,podía ver como la astuta vulpeja, iba a buscar su condumio, sin esperar a que él se alejase demasiado. Un día, así como otros hombres dejan su trabajo para seguir a las zorras de dos patas,con perdón, nuestro leñador, dejando a sus árboles vivir un día más, siguió de lejos a la raposa, para ver donde iba; el animal cogió con los dientes un buen trozo de pan que le había dejado y marchó con él.¡Qué alegría la de nuestro amigo,cuando se dio cuenta que en la ladera , a la entrada de una madriguera, la estaban esperando cinco zorritos . No lo pensó más y determinó hacerse con uno de ellos para tenerlo de amigo, como se tiene a un perro; si había llegado a un “cierto modus vivendi” con la madre, no le cabía la menor duda de que llegaría a una plena identificación con la hija, a la que educaría poco a poco. No le costó trabajo hacerse con el animalico,con el que convivió durante los días que le costó preparar la suficiente madera para ir a la ciudad, a contratar un transportista.
Se llevó su zorrita ,como aquel que va acompañado por su perro, entró en bares y paseó por las calles, volvió otra vez al bosque y aunque venían las congéneres de su amiga a visitarla, no lo abandonaba.Se fueron repitiendo los viajes a la ciudad y los retornos al bosque, hasta que un día se oyeron los “esberrequidos” de un raboso durante toda la noche y la raboseta , se ponía nerviosa.
Al amanecer el leñador, le dijo: ¡vamos a la capital!, al tiempo que abría la puerta del coche, invitándola a subir y ante la sorpresa del amo, la hasta entonces su compañera,exclamó ante su enorme sorpresa: ¡yo quiero ser una zorra! Y dando un salto enorme, se lanzó ladera arriba, allá por donde se oían los gritos del zorro.
Las zorras de cuatro patas, siempre han sido muy inteligentes. Basta leer a aquella que le dijo al busto: “tu cabeza es hermosa, pero sin seso”.

Visto esto, me extraña que las de dos patas (con perdón) y con sexo desequilibrado,exclamen como la zorrita del cuento: yo quiero ser una zorra.Y es que todos huelen a lo que son.

lunes, 17 de febrero de 2025

Onofre Almodóvar o Almudévar y después Almudéver


Escudo de la Villa de Almudévar.

 

La Villa de Almudévar, conquistada por los cristianos a los moros, para entrar a dominar y conquistar Zaragoza, se llamaba antes de la invasión de los árabes, Burtina, nombre vasco –ibérico. Parece ser que los moros la llamaban Almodóbar, que significa El  Redondo o La Redonda.  Se ha mantenido su condición de La Redonda, con la edificación encima del tozal de La Corona, de la iglesia donde  se aposenta la Virgen, que hace rimar la redonda corona de tierra del tozal, con la corona, también redonda, que le colocaron sobre su cabeza, los hijos de Almudévar. Al ser derrotados los moros por los cristianos, éstos honraron a la Virgen, identificando su nombre y su corona con el del tozal, en que edificaron su iglesia.

En una Cruzada promovida   en Toulouse y apoyada por el vasallo del Rey de Aragón, Vizconde de Pau y Señor del Bearn,  a donde se asciende por las Cinco Villas, entre otros pueblos por Luesia, fundado por un Vizconde del Bearn, por Sos del Rey Católico, por Sigüés y por el pueblo navarro de Burgui.  Roma  convocó la Cruzada y se reunieron en Ayerbe, voluntarios del Bearn,  de Vizcaya, de Alava, de Navarra y de la Montaña aragonesa, y conquistaron Almudévar, para llegar después a Zaragoza.
En un escrito, pone que Onofre Almodóvar o Almudévar, fue, según lo alaba Polo en el “Canto del Turia”, un  poeta valenciano.  Fue impresor, que se dedicó a imprimir numerosas obras en valenciano, que él amaba con un fervor enorme y en castellano, lengua en la que escribía con arte. En la BIBLIOTECA VALENCIANA el “Libro Tercero de la ínclita y Coronada Ciudad de Valencia y de su Reyno: copilada por Martín de Vicyana, natural de la Villa de Burriana”, pone que en aquellos tiempos fue “impreso con Licencia de la Sancta Ynquisición”. Al principio del libro, está escrito: “Onofre Almudévar en alabanzas de toda la crónica a modo de epílogo”. Y a continuación sale su famoso soneto, que así dice: “Soneto”: “Armas, hechos, linajes y edificios-de muchos aun presentes y pasados,- de nuestros y de extraños  memorados- las paces, disensiones, y bollicios.-Los grados, dignidades, los oficios-como, cuando y por quien fueron fundados-los tiempos, las mudanzas recontados- vereys sin que verdad salga de quicios.-Dexen pues la lición de historia vana-frecuenten los lectores tal historia- y alaben nuestra patria Valenciana.-Laureen al auctor de fama y gloria-pues la verdad desenterró Vicyana- de cosas tanto dignas de memoria”. El nombre de Almodóvar, era el que le pusieron los moros a la población de Burtina. Almodóvar, que significa Redondo, de donde sale   La Corona Redonda, que es una corona redonda  geológica, sobre la que se asienta la iglesia de la Virgen de la Corona. Existe en España el apellido Almodóbar, que entre otros posee un gran creador de cine, pero lo posible es que dicho apellido derivase de la Villa moruna de Almodóvar, y que los que de tal forma se llaman, fueran moros huidos  de dicha población, cuando fue conquistada por el rey Alfonso el Batallador. Pero en aquella confusión lingüística, aparece en una Biblioteca Valenciana, el apellido de Almodóvar en el escritor Onofre y otras veces el Almudévar y el Almudéver.

 En aquel complicado mundo por las diversas lenguas que se hablaban en el Reino de Aragón, a saber el árabe, el vasco- aquitano, las diversas formas de aragonés, como el ribagorzano, el lemusín y el castellano,  pone una crítica en la “Biblioteca Valenciana de los Escritores”, sobre los tres apellidos con los que se conocía a ONOFRE ALMODOVAR, y así se expresa en la página 124: “Onofre Almodóvar”, en la epístola proemial de su obra: “Instrucción para saber devotamente oír Misa”, que cita Ximeno, se llama ALMUDÉVAR, de cuya epístola consta que imprimió también algunas Obras de N. Arcis Vynoles, y de muchos otros doctos valencianos……Ximeno, tomo I, pág.158, col.2, le llama malamente ALMODÓVAR, siendo así que en el prólogo que hizo a “Lo Sompni de Joan Joan, y la Brama dels llauradors” de Jaime Gazul, que reimprimió en Valencia 1561…se llama ALMUDÉVER”…
“A Onofre Almudévar lo menciona Timoneda en su “Sarao de Amor” y Gil Polo, en su Canto de Turia, dice con estas palabras: Aquel a quien de derecho le es debido-por su destreza un hombre señalado,- de mis sagradas Nymphas conocido,- de todos mis pastores alabado,- hará un metro sublime y escogido,-entre los más perfectos estimado:-éste será Almudévar, cuyo vuelo- ha de llegar hasta el supremo cielo”.
ONOFRE ALMUDÉVAR es muy digno de alabanza, no sólo por las obras propias que dio a luz, si no también por las ajenas que renovó, como las de Roig impresas en Valencia en 1561, con el elogio en verso que ya produjimos, y el “Procés de les Olives”, y “Sompni de Joan Joan”, etc. “En la misma Ciudad y año: precede un modesto prefacio, que por contener curiosas noticias y elogios de muchos Poetas Lemosines celebrados por Polo, lo pondremos aquí”.
Si, debo poner pequeñas partes de sus obras, unas en valenciano, como ya he puesto  un soneto en castellano. En la página 125 de la” BIBLIOTECA VALENCIANA de los escritores”, obra de Justo Pastor, pone ONOFRE ALMUDÉVER al Lector, un escrito, que  entre otras cosas dice: ”Per hon vos exorte, y tant quant puch encarregue, que torneu sobre vosaltres, y respongan per la vostra honra en no dexar perdre los obres de tant celebres Autors, sino que renovantles, mostreu a les nacions stranyes la capacitat de les persones, la facundia de la llengua, y les  coses altes que en ella están escrites: majorment queus deveu lloar de dos coses: que ella es en sí tan delicada, que aba facilitat se gira y apren quansevol de les altres, y ella de poschs es compresa, sen lo que mes importa, que per la sanctedat del vostre benaventurat compatriota Sanct Vicennt Ferrer, fonch decretada en tal manera, que la estengué per les parts llonginques y remotes, predicnat a estranyes nacions, y de totos clarament ab ella fonch entes”…….San Vicente Ferrer dice Onofre que predicaba en extrañas naciones y en pueblos lejanos, como en pueblos más cercanos, pertenecientes, como Valencia, al Reino de Aragón, por ejemplo  en Graus, donde el Santo dejó un Cristo, que todavía se venera con gran devoción por los grausinos.  San Vicente Ferrer predicaba en valenciano, pero los que lo escuchaban, sólo entendían algo de lo que expresaba, que sin embargo, los llenaba de fe. En Graus concretamente hablaban y todavía lo hacen en el idioma ribagorzano, que aunque se parezca, no es catalán. Como el valenciano, según he oído a muchos hijos de Valencia, tampoco lo es. Me acuerdo de contemplar en Huesca, la televisión valenciana y cuando iba a explicar el tiempo que iba a hacer, lo anunciaba con un cartel, que decía: “L’Orache”, que en Huesca lo pronuncian de esta forma y en Cataluña,  me dijeron que casi no se usaba tal palabra, pero en mi pueblo de Siétamo, a doce kilómetros de Huesca, la gente se decía: “¡ Qué mal orache va a fer!”. Al acabar el escrito en valenciano,  Onofre, saluda a sus lectores con la palabra VALE, que quiere decir  que gocen de buena salud. “Don Juan Antonio Mayans, Canónigo de Valencia, sujeto literato, en varias ocasiones aseguró llamarse Almudéver nuestro autor, y si la última e , la mudó en a, en la referida epístola, sólo fue por querer castellanizar el apellido”. Pero Don Juan Antonio Mayans se equivocaba, porque los antepasados de  Onofre, venían del Bearn y tenía parientes en Zaragoza. Además amaba a la lengua valenciana, relacionada con el lemosín que de Francia llegó y enriqueció el valenciano. A su antepasado que seguramente venía también del Bearn, lo nombró el Rey Bayle de Almudévar, al Vizconde del Bearn lo nombró Señor de   Zaragoza y Onofre, con su lengua se encontraría feliz y contento en Valencia. Los valencianos al pronunciar el apellido Almudévar, cambiarían la a, en e, como les ocurría con palabras valencianas como “obres”, que era como pronunciaban la palabra obras y con el apellido Sorribas, que en Huesca pronunciaban de esta forma y en Cataluña, lo transforman en Sorribes.  No tenía Onofre ganas de castellanizar el origen de su apellido,  cambiando la a, por una e; la cambiaban cuando pronunciaban el apellido Almudévar, que se convertía en Almudéver, que siguen siendo el mismo apellido, como lo es también el de Almodóvar. En el libro valenciano “Notas al canto del Turia”, dice en la página “162.,l.3,(1) ALMUDÉVAR (ONOFRE). Este Poeta fue contemporáneo de Polo. (1) Llámase  Almudéver y Almudévar indistintamente”. Esta afirmación está hecha por un valenciano.
 Los cristianos  llamaban Almudévar al antiguo pueblo de Almodóvar y el Rey,  al nombrar Baile al parecer a un caballero del Bearn, le dio el nombre del pueblo, del que lo hacía Baile. ¿Por qué supongo que mi antepasado en nuestro apellido, aplicado por el Rey de la Villa de Almudévar, tuviese sentimientos españoles, tomando la iniciativa en la conquista de Almudévar y de Zaragoza?; tanto es así que en Zaragoza nombró el Rey de Aragón al Vizconde o Señor del Bearn, Señor de la Ciudad conquistada. Miembros de la familia del Bearn, fundaron en la Provincia el pueblo de Biel, en el camino que desde el Bearn baja a Zaragoza y del pueblo de Buil, con uno de sus apellidos. Pusieron de Bayle en Almudévar a un seguramente bearnés, que se nombra en la Infanzonía de los Almudévar, y de Zaragoza nombraron Señor a Gastón IV del Bearn. Conquistaron Zaragoza el año 1.118 y tardaron por otras causas en apoderarse de Valencia, hasta el año 1238. Parece ser que hay relación entre el habla que usaban aquellos bearneses con el lemosín y la “fabla”, aragonesa en la que todavía escriben en la revista de Almudévar, alguno de sus hijos. Yo puedo hablar un poco en “Fabla aragonesa” y tengo un libro publicado en dicha “fabla”, que se titula “Beyendo chirar o sol”, pero no sé nada de si el lemosín influyó en la formación del valenciano; sólo sé que en la página 423, en la que pone:”Almudévar es muy digno de alabanza, no sólo por las obras propias que dio a luz, sino también por las ajenas que renovó, como las de Roig, impresas en Valencia en 1561, con el elogio en verso que ya produximos, y el Procés de les Olives, y Sempre Joan Joan, en la misma ciudad y año, a que precede una discreta prefacción, que por contener curiosas noticias y elogios de muchos POETAS LEMOSINES, celebrados  por Polo, lo pondremos aquí”. Pero entonces parece que el tiempo corría muy poco, pues de la misma forma, que en Ayerbe se unieron las tropas del Bearn, para seguir la llamada del Papa, para conquistar Almudévar, Zuera y Zaragoza, cuando se conquistó Valencia, también acudieron los bearneses.
 Yo no sé valenciano, pero me parece que debe existir también algo común a lo largo de la Edad Media, entre el Lemosín y el Valenciano, aunque haya “poca filiación filológica entre el limosín” y la lengua de Valencia. Alguien define la lengua lemosina como: un dialecto de la lengua de Occitania”. En el libro de “La Diana enamorada”, escrito por Gaspar Gil Polo, pone “En los pasajes que se han puesto en Lemosín, se hallará alguna diversidad en la ortografía, nacida de las mismas que hay en las varias ediciones y copias de que nos hemos salido  y alguna vez se ha puesto ñ por ny, que en Valenciano tiene una misma pronunciación”. Por este comentario se adivina que al  Valenciano empezaron a llamarlo Lemosín. Y no es extraño, por tanto que Onofre Almudévar, conservara un recuerdo  lejano en el tiempo, del Bearn, porque se ve la continuidad de los Bearneses en Huesca, en Zaragoza y en Valencia. Zaragoza fue conquistada en 1118 y Valencia en 1238. La familia de Onofre subiría al Bearn con frecuencia o pasaría temporadas en alguno de los pueblos que habían fundado los bearneses; no se sabe, pero en la Biblioteca del autor Gregorio Mayans se lee que un hermano de Onofre Almudévar, que tenía una profesión en relación con la construcción, vivía en Zaragoza.
En 1238, ¿acudiría el padre de Onofre a conquistar Valencia?. Es de suponer que se acercaría al cerco desde Zaragoza, pero es posible que viviera en algún pueblo valenciano,como Manises conquistado por  los cristianos antes que Valencia, pues se sabe que El Vizconde del Bearn parece ser que fundó tres pueblos, también en el que sería pueblo valenciano, como los había fundado en Aragón. Manises era una alquería mora y en 1238 fue donado a Artal de Luna,que lo vendió en 1307 a Pere Boil o Buil, que venía del Bearn y se convirtió en la Baronía de Manises. Este Boiñ o Buil, había fundado en la actual provincia de Huesca, el pueblo de BUIL. Pasaron muchos años desde que los voluntarios que iban a conquistar Zaragoza, se reuniesen en Ayerbe, el año 1118, hasta que volvieron a hacerlo en  Valencia el año 1238, donde se unieron  aragoneses, catalanes, navarros, occitanos e incluso ingleses.
Allí se quedaría a vivir y nacería Onofre, que amaba la historia de Valencia, primero por haberla vivido. Este amor le llevó a escribir el siguiente soneto: ”El lustre de linajes escogidos-de la ciudad y reyno de Valencia-su antigua prosapia y descendencia- al parangón de estraños muy subidos.- Los títulos y nombres conocidos-por hechos de grandísima excelencia-la renta, y vasallos, la eminencia-injusta era tenerlos escondidos-Vicyama sin que más aquí lo alabe-por tu milicia antigua ha descubierto-estos indicios do sacan tall tesoro.- Ilustrísimo Duque pues os cabe ser uno-y principal deste concierto-de quilates que por Vos suba a tesoro”.
En la página 419 de “Notas al Canto del Turia”, vuelvo a repetir  lo siguiente:”Pag.162.l.3.(1) ALMUDÉVAR (ONOFRE). Este Poeta fue contemporáneo de POLO”. En el bajo de la hoja, pone “Llamase Almudévar y Almudéver indistintamente”.
Queda claro que los apellidos Almodóvar, Almudévar y Almudéver son el mismo sobrenombre. La forma valenciana Almudéver es muy frecuente en Valencia, de donde se extendió por las Islas Canarias, por Francia y por otros muchos países. El apellido Almudévar lo llevan varios ciudadanos canadienses. Yo tuve un escudo de Almudéver, que perdí y recuerdo que era casi igual al del pueblo de ALMUDEVAR, como el escudo del apellido que se extendió por Aragón y que se exhibe en Siétamo sobre la puerta de mi casa.
Para recordar estos acontecimientos históricos, podían subir por Zaragoza,Almudeveres y Almudévares, por Almudévar y siguiendo el Canal,  por Sos del Rey Católico, por Biel , por Sigüés y por el pueblo navarro de Burgui, al solar del Bearn, que tanto influyó en la formación del Reino de Aragón y de Valencia.

sábado, 15 de febrero de 2025

Aragón abandonado a través de siglos por España



La llegada del ferrocarril Huesca, cumple 150 años con el reto del Canfranc.

Los Pirineos constituyen una cadena montañosa,  repartida  entre  Francia y España, es decir que  esos montes constituyen al  mismo tiempo ,la unión de España con Francia y de ésta con España. Son los Pirineos la unión y la separación simultánea de la Península Ibérica de Francia, a través de Europa. Ha sido y son los Pirineos, una cordillera que ha separado a España de Francia. Sin embargo los europeos han querido pasar por  ella, unas veces de Europa a la península y otras desde la Península Ibérica a Europa. Los habitantes de los Pirineos, a pesar de las dificultades que dificulta el pasar por ellos, han subido y bajado de España a Francia y del Norte al  Sur. Basta contemplar a los ansotanos, que pasaban a trabajar a Francia y muchos volvían, pero  otros se quedaban.



   Pero observando la Historia, hemos visto como siempre se ha soñado poner en movimiento el Ferrocarril de Canfranc y mientras Cataluña se ha desarrollado de un modo rápido, Aragón ha ido perdiendo su población, por carecer del Ferrocarril, que nos comunicara con Europa.
No se olvidaron de Aragón ni los  Reyes de España ni los jornaleros de los pueblos altoaragoneses, como los de Siétamo. Recuerdo a mi paisano apellidado Lobateras, que subió con otros vecinos de Siétamo, a trabajar para crear el paso del Ferrocarril. Cuando subieron los Reyes de España a contemplar las obras, ellos manifestaron su protesta por distintas situaciones , que les creaba una vida tan sacrificada. Quizá esta vida tan pobre de los españoles, movió a algún famoso escritor a pronunciar la frase “Africa empieza en los Pirineos”. Pero Unamuno sintió orgullo de que también Africa, podría salir beneficiada del paso hacia ella, del Ferrocarril, que podía llegar desde  Francia por Canfranc.
En Canfranc en la provincia de Huesca el día 18 de Julio de 1928, dos años antes de mi nacimiento, tuvo lugar la  Inauguración  solemne por S. M., el Rey don Alfonso XIII y el presidente de la República francesa, Gaston Doumergue, en los momentos en los que quedó abierto el paso del  Ferrocarril, entre Francia y España, a través del túnel de Somport.
Pero mi padre conservó y todavía se encuentra en manos de mi hija, una medalla conmemorativa de la inauguración del Ferrocarril de Canfranc, el año ocho del reinado de Alfonso XII, 22 de Octubre de 1882. Tiene dicha medalla un diámetro de 4´5 cmtrs.








Los Pirineos han sido olvidados por el Este y el Oeste de la Península, para romper con un Paso de 
España hacia  Europa por el antiguo  Reino de Aragón. Y el freno a este paso internacional ha sido usado por el independentismo  para fortalecer el poder de Cataluña y el País Vasco. Los Pirineos Centrales han sido olvidados por las
las Regiones laterales, entre otras cosas para fomentar su independentismo. Esos movimientos independentistas, dan vigor al Pirineo Central, para ser usado para comunicar España con el resto de Europa, ya que se han bipolarizado las comunicaciones con  Francia a través de Cataluña y del Pais Vasco.
 Desde que los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII, empezó a funcionar el tren de Canfranc, se convirtió esa comunicación en un enorme muro,mientras los pasos a Francia por el Pais Vasco y Cataluña, fueron usados por España en sentido de exclusividad.
Canfranc ,siempre ha estado reivindicando el derecho a ser una puerta europea, como han reclamado los aragoneses y los habitantes de Nueva Aquitania y han hecho que Francia sea cómplice con  España en reabrir la línea internacional. Los gobiernos francés y español han tomado el propósito de renovar hasta el año 2024, la reapertura del Ferrocarril España – Francia.
En tiempos de  Carlomagno, este Gran Emperador Europeo, ya intentó entrar en Zaragoza y a pesar de haber sido llamado por los árabes, no lo logró. Todo el Pirineo desde Navarra hasta Lérida, fue recorrido por dicho Emperador, pero no consiguió aumentar el Imperio de Carlomagno, en la Península Ibérica.
Pero al Gobierno de Cataluña le han visto con claridad  su ambición por poseer en unión del Pais Vasco, el monopolio del gobierno circulatorio de la Península. Pero además la Peninsula  tiene un proyecto más ambicioso que el de Canfranc, que es la  Travesía Central del Pirineo, que pretende desarrollar un Túnel nuevo, con mayores comunicaciones transfronterizas a través de los Pirineos.
Frente a los propósitos nacionalistas catalanes, que buscan crear el Corredor Mediterráneo, toda la Península está pensando en esa Travesía Central del Pirineo, que llegaría a ser la Puerta Internacional del Ferrocarril, que pasaría por Zaragoza, desde donde se prolongaría a Valencia , a Portugal y otro que por Algeciras, hace soñar a los españoles, que llegue hasta  Africa.
En 1980 se creó un servicio, que pidió la ciudad de Huesca de disponer de un servicio directo con Madrid que llegó a Jaca en 1982 y a Canfranc en 1984  y no podía llegar a Francia porque la línea de hierro , se cortó en 1970.
Ahora seguimos esperando que se abra la línea internacional, porque sus habitantes  esperan todavía que no se ha cumplido la esperanza de unir a España con Francia.
Ahora se está cumpliendo el 15O aniversario del fracaso de la unión de Francia con Zaragoza por Huesca y estamos todos los oscenses esperando que el año de 2020,se reabra la línea internacional de Canfranc.

Las golondrinas

Cuando iba a visitar o a vacunar algún animal doméstico por el Somontano, me fijaba  en las golondrinas, que anidaban en los cubiertos, deba...