miércoles, 24 de marzo de 2010

La boliviana

He conocido como camarera de un Bar de la Hoya de Huesca, a una muchacha boliviana, que se llama Claudia. Nació en el centro de Bolivia, en la ciudad de Cochabamba, capital de una hermosa zona, que se encuentra debajo de unos parajes, que se asientan en Los Andes, como son La Paz y Oruro. Así como en la Región Andina se encuentra en unas alturas, aproximadas a los tres mil metros de altura, donde las temperaturas son muy frías, la zona de Cochabamba está debajo de los Andes, siendo su temperatura media de unos quince a veinticinco grados. Nació Claudia en la capital Cochabamba, a la que llaman Ciudad Jardín, porque en sus campos se crían rosas de todas las formas y colores, frutos de todas las clases, menos los tropicales, y se elevan ante los ojos de sus habitantes elevados árboles. Se dedican a la agricultura y a la ganadería, donde no nieva nunca y no sufren el frío ni el calor, que quema los rostros de las personas. Pero dentro de la enorme extensión de su País, resultan diferentes todas las zonas, porque ella se acuerda de haber aprendido las diversas características de Bolivia, en la televisión y en las Escuelas, que en Cochabamba, no faltan. Coinciden sus relatos con cada zona, porque dice que en la andina son indios aymarás, quechúas y de otras razas y visten con ropas originales, que además están elaboradas para guardarse del frío. Llevan, lo mismo las mujeres que los hombres e incluso los niños, unos sombreros, heredada su forma, de los antiguos colonos españoles, cubren su cuerpo y encima de todas sus ropas, se colocan unas mantas, con una apertura por la que introducen sus cabezas y las mujeres llevan multitud de sayas para evitar el frío. Viven de la agricultura y de la ganadería, de la primera sacan una especie de patatas, a las que llaman los chuños, de color oscuro, que se congelan , pero los recogen y los guardan como aquí guardamos las patatas. Tienen un sabor delicioso me dice Claudia y los mezclan con toda clase de guisos. De la ganadería obtienen vicuñas, alpacas y llamas, que todas ellas producen una especie de lana, con la que fabrican telas, aprovechadas para combatir el frío. Comen carne de las llamas, que según la chica, es deliciosa. Como me ha explicado viven indios en los Andes, mestizos en Cochabamba, como ella misma, porque al preguntarle por sus apellidos me dijo que son Salvatierra y Pérez. En la zona de los Valles del río Paraguay, dice que habitan algunos individuos de raza morena, que los trajeron en otros tiempos como esclavos. El Conde de Aranda, nacido en Siétamo, pidió al Gobierno español que les diera la Independencia a estos países, pero se les negó. Si España hubiera intervenido en una independencia pacifica, en lugar de revolucionaria, hubieran podido darle a Bolivia, un trozo de mar, para poder hacer sus importaciones y exportaciones, que hubieran causado un mayor desarrollo en el País. Claudia se diferencia de los españoles actuales por su color aceitunado con unos bellos ojos, pero su lengua es igual que la nuestra, quizá más bella y sueña con ir con sus padres a Cochabamba a visitar a la Virgen de Orcupina, que se apareció en una roca, igual que a mí me entran ganas de ir a ver a la Virgen del Pilar, cuando voy a Zaragoza.

sábado, 20 de marzo de 2010

Fiesta de San Francisco de Asís

Hoy día de la Fiesta de San Francisco de Asís, es día de reflexión para todas las personas que aman la Naturaleza.

El “Poberelo” o Pobrecillo de Asís escribió su bello y profundo libro, titulado “Las Florecillas” y con ellas canta al Señor, Creador de los bosques, de las flores, de los peces y de los pajarillos, así como de los lobos y de los corderos. Fue precursor con su literatura de los hoy ecologistas, añadiendo a sus doctrinas un componente místico.

Un refrán antiguo dice: “Quien maltrata a un animal, no muestra buen natural” y hoy en día, en las ciudades, donde los niños no viven en contacto con seres irracionales, buscan su amigo en el perro, el cobaya o el canario, que aunque son irracionales, como he dicho, resultan buenos amigos; muchas veces por desgracia, pero por fortuna, más amigos que algunos seres humanos. Veterinario es un hombre, que ama como San Francisco a todos los animales; ve belleza en el caballo, en el panda y el rebeco, pero sobre todo ama a hombres, niños y mujeres, a quienes cuida y previene la transmisión de múltiples enfermedades, teniendo a raya los males que de los animales se comunican a los humanos.

El hombre siente y razona, pero según los clásicos: “primum est manducare et deinde filosofare”( primero hay que comer y luego filosofar)¸por razón tan poderosa parece ,a veces romperse el encanto de San Francisco, por ejemplo cuando en nuestros mataderos sacrificamos hermanos, hermanos de nuestro viaje por este Cosmos inmenso, como el hermano cordero y nuestro hermano el ternero. Pero como he dicho antes los buenos profesionales, que hoy por aquí nos reunimos, amamos más a los hombres, mujeres y niños y cuidamos su salud y su digna mantenencia. ¡Qué nos perdone Francisco, que hasta a el lobo llamó hermano!.

domingo, 14 de marzo de 2010

Torre vieja y elegante

Me he encontrado, paseando por la carretera de Jaca, con mi amigo Pedro Capablo, hombre de cierta edad, pero inferior a la mía y es un hombre comunicativo y amable. Lo he encontrado paseando con su perra, a la que llama Lola, en medio de una copiosa lluvia, que si así continúa cayendo, sobrarán en Huesca, hasta los bomberos. Estaba parado en la puerta de una hermosa “Torre” abandonada ya hace muchos años, por su entonces joven y simpático dueño ,que creo se llamaba Jesús. Yo me hablaba con él porque como veterinario iba a visitarle alguno de los animales a los que criaba y como era simpático, me contaba su vida, diciéndome, entre otras cosas, que era montañés y que estaba soltero, al decirle que muchas mozas querrían vivir en una Torre tan elegante. Porque, efectivamente al ver ese edificio tan atractivo, se admiraba del buen gusto de Jesús. Aun, ahora en que ascienden por alguna de sus paredes los verdes ramos de hiedra y las acarician algunas ramas de algún arbusto que nació casualmente, una emoción estética, acompañada de tristeza, me invade el espíritu. Delante está eternamente cerrada la puerta, al menos así me lo parece a mí, pero en los lados y por detrás, están la tierra y las cuadras y corrales, cercados por una red metálica, a través de la cual se ve la tierra yerma y todo lo demás abandonado. Me ha aumentado la tristeza al comunicarme mi amable compañero, que le habían dicho que el buen Jesús había muerto al arrojarse dentro de un pozo. Yo me resisto a creer tanta desgracia, porque, ¿quién iba a pensar en tan desgraciado fin como el de un suicidio, en un mozo que al hablar sólo sabía sonreír ?. Si así lo hizo, yo no creo que fuese por falta de dinero, sino por alguna causa psicológica, que afectase a su espíritu, que tal vez se sintiera sólo por no tener esposa ni novia, que le alegrase su vida. Me voy haciendo viejo o como ahora dicen, por respeto, mayor y me acuerdo de aquellos de mi edad, que ya murieron ya hace muchos años. Y pensando en la agricultura y en la ganadería , Jesús fue un adelantado, porque cesó de ejercer ambas actividades, porque tal vez, previó lo que iba a pasar con ellas. Hoy día ya no quedan “Torres” alrededor de Huesca, que estén ocupadas por hombres y mujeres que cultiven la tierra y sea felices criando animales..Entonces uno piensa: si Jesús se fue por causas psicológicas, estará allá arriba, gozando de la vida eterna, pero ¿no se marcharía porque veía venir esta época, en la que ya no quedan casi pastores, porque si alguno queda, está cobrando por cada cordero que vende unas siete mil pesetas, cuando hace treinta años se los pagaban a ocho mil. Supongo que con el trigo cobraría más dinero que ahora cobran los labradores, por unas cosechas, que cuestan carísimas con los precios del abono, de los nitratos y de la urea. Jesús, tú has triunfado y nos has dejado con tu “Torre” un hermoso recuerdo.

Santos Santolaria.

 
 
Santos Santolaria, era compañero de estudios de mi difunto hermano Jesús y de esa circunstancia se deduce la gran amistad que siempre les unió. Amistad que me llevó al jardín de su casa, que se encuentra al lado de la del Doctor Bragado, a “caparle” unos pollos, que convertidos en “capones”, los saboreó, unido a alguno de sus hijos e hijas, en las Fiestas de Navidad. ¡Cuántos años hace de este pequeño acontecimiento , porque todavía no habían nacido todos sus hijos!. Sus ancianos padres, a los que conocí, debieron marcharse por aquel entonces, de este mundo, pero su señora y él, cuando ya se habían muerto su padre y su madre, criaban a sus hijos, que han salido con profesiones nobles. Yo creo que al vivir en un lugar tan pintoresco de Huesca y con la educación que les dieron Santos con su esposa, salieron todos con conocimientos científicos y técnicos. En tanto la esposa de Santos, trabajaba en aquella casa, próxima a la entrada del Parque, Santos dirigía una tienda con un nombre tradicional en Huesca, porque la llamaban “La Tijera de Oro”. En ella suministraba de ropa a muchos de los campesinos de la Comarca de Huesca. He oído contar a una señora de un pueblo del Somontano, como su marido todos los años compraba las fundas para segar o para coger olivas. ¡Cuántos entraban en su tienda con la cabeza desnuda y se marchaban de ella con sus boinas nuevas ,cubriendo su cabezas!. Pero no sólo se iban contentos por estrenar sus prendas, sino que salían sonrientes por el trato amable y las palabras cariñosas de Santos Santolaria, al que algunos, quizá ya de otros tiempos pasados, llamaban “Santicos”. Si, porque fue un joven, que era Danzante de San Lorenzo y que pertenecía a distintas cofradías, como la de San Vicente de Paul, que repartían ayudas entre los necesitados. Han pasado muchos años, desde que jugaba al fútbol con mi hermano Jesús, pero todavía seguía en su tienda “La Tijera de Oro”, situada en el Coso Bajo, sirviendo a los clientes. Y ¡qué emoción la de ver el lunes, día uno de este mes de Marzo, a las ocho de la tarde, cuando ya iba Santos a cerrar su tienda, a dos jóvenes de gran cultura, uno Arturo González, escritor y Oscar Ballarín, Fisioterapéuta! . Antes iban los labradores y en esos momentos fueron dos jóvenes, que querían reconstruir la romería que desde los pueblo montañeses de La Val de Viu, se realizaba hasta Nocito , para venerar a San Urbez. Necesitaban boinas, como las que cubrían las testas de los montañeses y otras ropas diversas, para caminar cantado romances antiguos, a punto de desaparecer. Cuando Santos vio la boina sobre la cabeza de Arturo Gonzáles, exclamó en fabla medio aragonesa: ¡Aún tienes buen “redoler”,¡zagal!. Cuando yo pasaba por delante de su comercio, entraba a conversar con él, pero si había clientes, me marchaba, hasta que un día que nos encontramos en la Catedral, me dijo: oye Ignacio, tú cuando vengas, no te vayas por la presencia de otros, que ya se marcharán y podremos conversar. Hoy, muchos piden a Santa Ana, buena muerte y poca cama. Tú no tenías necesidad de dirigir esa oración a nadie, pero el Señor te ha hecho caso, porque Santos se fue a su casa el lunes, día uno de este mes de Marzo y pasando al martes, día dos el Señor se lo llevó, a acompañar a san Urbez, en la Corte Celestial. Yo tengo el deber de manifestarle mi dolor a su esposa, a sus dos hijos, uno de ellos Doctor en Medicina y a sus tres hijas, al tiempo que me llena de emoción la Romería con las boinas de Santos a San Urbez.

martes, 23 de febrero de 2010

El paso del tiempo por la Fuente del Ángel

El día ocho de enero de 2010 me encontré a mi amigo Manuel Bescós Royán, en el parque, debajo de donde antes manaba la Fuente del Ángel. Hemos conversado de aquellas veces en que también nos encontrábamos caminando por el camino que comunicaba aquella fuente con Huesca y a ésta con otros que conducían, uno a Obras Públicas, otro a la Torre de Casaus y a la Torre de Bescós, donde vivía Manolo con sus padres y con sus numerosos hermanos, pues eran unos diez. Todos eran rubios o "royencos", palabra aragonesa equivalente a la castellana. Su madre tenía el apellido occitano de Royán, que se derriba del color rubiáceo de su familia. El padre de los hermanos Bescós, tenía la misma procedencia que María Cruz Bescós, escritora de una gran cultura e hija de Silvio Kosty, realmente llamado Manuel Bescós Almudévar, pues su padre ingeniero nacido en Santa Cilia de Panzano, se casó con una Almudévar, hermana de mi abuelo Manuel Almudévar Vallés, de Siétamo. Manuel Bescós estaba poco informado del origen de su apellido, ya que su padre era huérfano desde los seis o siete años de su edad y fue la misma María Cruz Bescós la que le informó de que ella era su tía y le prometió que le daría el hermoso hogar de mármol, con cuyas brasas calentaba el piso. Murió, pero no le dio nada, lo llevó en alguna ocasión a tomar un café a su casa, frente a esos enormes árboles plataneros, que todavía se elevan hacia arriba, por la protesta que levantó María Cruz Bescós, cuando el Ayuntamiento los iba a talar. A mí tampoco me dio nada, pero José Enrique Palacio de Pertusa, acordándose de mi parentesco con la autora me entregó un libro de María Cruz, que le habían dado, cuando su autora murió. Cuando salías de Barrio Nuevo, por el Instituto de Higiene, ya se había acabado la ciudad, pues todo eran campos y por encima del Parque, siguiendo un camino llegabas a una depresión del terreno, donde se encontraba la Fuente del Ángel. Allí, durante la Guerra Civil, acudí yo alguna vez, acompañado por una familia que vivía frente a las Capuchinas, a buscar agua para beber, porque el suministro, estaba cortado. Cuando iba yo a ver a mis tíos a la Torre de Casaus, una vez pasada la vía del ferrocarril, a veces me encontraba con Manolo que iba a la ciudad, desde la Torre de Bescós, donde vivía. En esas caminatas, nos dábamos cuenta de que se iban construyendo nuevos edificios, como por ejemplo el de la Seguridad Social, donde en cierta ocasión, dijeron que habían encontrado una mina de mercurio. Parece ser que se trataba de algún aparato, quizá algún termómetro romano, que se rompió y allí quedó el mercurio. Pero no sólo quedaron restos romanos, sino que un peón, al que yo conocí, encontró muchas monedas medievales, que me parece recordar que eran de los moros. Estuvo el pobre hombre en la cárcel, pero al fin le pagaron alguna cantidad, que le correspondía por haber encontrado tal tesoro. Manolo después de más de cincuenta años, me recordó lo del mercurio y yo le recordé lo de las monedas. Manolo es pariente de Casa Claraco, cuyo dueño labrador oscense es un gran devoto de la Virgen de Jara, a la que dejó un campo para acoger a los oscenses cuando van de romería. ¡Cuántos años sin hablar de Huesca y qué alegría nos ha producido, la conversación de hoy! ¡Qué gran oscense de casta, el Manolo Bescós!

sábado, 13 de febrero de 2010

Concepción Guarga de Ola

Cuando voy al pueblo de Ola, que está situado muy cerca de Siétamo, a la derecha de la carretera que baja desde Siétamo hasta Caspe, veo una noble casa, toda de piedra y que está datada en mil seiscientos ochenta y cinco. Se trata de Casa Guarga de Ola, a la que tantas veces me he mirado, para recordar a los Guarga de Ola, entre los que se hallaba mi tía Concepción, del mismo apellido. Este apellido tiene unos orígenes antiquísimos, pues es el nombre de un río que nace en la Sierra de Gallardón y desemboca cerca de Caldearenas, en el río Gallego.¿Quién se acuerda de los habitantes de tal Sierra?, como ¿quién recuerda a los Guarga de la casa del mismo nombre?.Sin embargo yo tengo presentes en mi memoria a los Guarga de Ola, porque Concepción Guarga fue pariente mía. ¿Quien se acuerda de los Guarga?, pues son los mismos Guargas , que todavía están en este mundo y luchan por la conservación de su apellido.
Pero no sólo tenemos que pensar en el futuro, sino también estudiar el pasado y antes de llamarse la casa de Concepción, casa Guarga, se llamó Casa Aysa y este nombre se cambió no por abandono de los Aysas , sino porque en una de sus generaciones tuvo como heredera a una mujer, que se casó con un Guarga. Esta familia levantó la casa en una de cuyas fachadas pone la fecha de 1685 y creó una casa de los Aysa, que en lengua vasco ibérica quiere decir “buen pasar o bienestar” .
Manuel Almudévar Cavero de Siétamo tuvo cinco hijos, a saber cuatro hermanas y un hermano, llamado José María, que se casó con una hija de Casa Sipán de Siétamo y tuvieron una hija, a la que llamaron Pilar y de apellidos Almudévar Sipán, A esta Pilar la conocí yo en mi casa de Siétamo, porque frecuentaba nuestro hogar, donde recuerdo como en cierta ocasión se cayó muy cerca del fuego, pero no se hizo nada. Se reía con su pañoleta atada sobre su cabeza y con largas sayas. Este hecho ocurrió antes de la Guerra Civil, cuando yo tenía unos cinco años. Vivía ya viuda en la casa de su padre José María Almudévar en Siétamo, pero iba por Lalueza donde tenía familia y ayudaba a sus primas a resolver sus faenas domésticas. Se casó con un Narbona y tuvo un hijo que se llamaba José María Narbona Almudévar. Este se casó con una mujer de casa Guarga de Ola, es decir con mi tía Concepción y tuvo un hijo llamado José María Narbona Guarga, que estudiaba en el Seminario y que murió en la Guerra Civil, sin que nunca se supiera donde fue enterrado y una hija, llamada Pilar Narbona Guarga, que se casó con un catalán, hombre simpático y trabajador, que se llamaba Chaume Vilaseca.
Esta casa ha tenido varios propietarios, siendo el primero con el apellido Aysa, del que figura el escudo en su fachada con cuatro cuarteles en uno de los cuales hay tres angelicos, en otro un castillo, luego las cuatro barras de Aragón y por fin un brazo con una llave en su mano. Es curioso ver como casi todos los altoaragoneses somos más o menos parientes, porque en la Infanzonía de mi apellido sale en la letra G, Miguel Joseph Almudévar de Sieso, que se casó el año 1706, con Ana de Aysa. Este escudo, que preside la fachada de casa Guarga es el mismo que se encuentra en la fachada de la casa Aysa de Huesca, con una diferencia, que consiste en que en el escudo de Ola, se descuelgan dos rasgos esculpidos que representan “ramas bastardas del Rey de Aragón”.
Después casa Aysa pasó a llamarse casa Guarga, porque, como he escrito antes, no les nació ningún hombre, sino una hija, que se casó con un Guarga. Siguió gobernando la casa la sangre de los Aysa, aunque sin ese apellido, sino el de Guarga.

Después vino el apellido Guarga . No sé cuantos años hace del cambio de apellido, porque el vecino de esta casa, llamado Fernando Catevilla murió hará unos tres años (estamos en el año 2008) y siempre había conocido que tal casa estaba habitada por los Guarga, hasta que pasó a llamarse Casa España, cuyo dueño fue el señor Salanova, amigo mío. Ahora la ha comprado un señor de Huesca, que la ha arreglado y ha respetado su antiguo estilo. Ahora es propiedad dicha casa del señor oscense Lafarga, que hace que llamen a la famosa casa, la de Lafarga. No importa este cambio de nombre pues Lafarga ha reconstruido toda la casa con gran gusto y con cariño, con lo que ha conseguido que casa Aysa, siga siendo la casa del “bienestar” en nuestra primitiva lengua vasco-ibérica”, a pesar de que faltan unas enormes y bellas puertas, que se llevaron cuando la casa estuvo vacía, antes de comprarla el señor Lafarga.
Se encuentra dicha casa con su fachada mirando al Oeste, en un callejón estrecho y al otro lado de la casa se encuentra un viejo cementerio, donde sólo se conservan dos cruces que presidían otras dos tumbas. Una de ellas tiene tallada una calavera, con dos huesos cruzados debajo de ella y la otra, debajo de la cruz está representado un ciervo; en medio ha desaparecido la piedra o el mármol en que estaba escrito el nombre del difunto, pero debajo aparecen dos letras, una la L mayúscula y otra, me parece que la R, también mayúscula y entre ellas está tallado un arado de aquellos en que se enganchaban las caballerías una al lado de la otra, con un largo madero en medio. Es curioso que ese arado aparecía ya en tumbas ibéricas y tal vez fuese la tradición que llevaba a los picapedreros a seguir poniendo como algo sagrado un arado, que el hombre utilizó durante siglos para trabajar la tierra. En una casa próxima, llamada Casa Baylo, se conservan las armas de Lalaguna, que según dijo el señor Fernando Catevilla, era el que estaba enterrado debajo de la sepultura citada. Ese arado parece ser que manifestaba la fe y la dedicación de aquellos caballeros a la agricultura. Por la cara Norte de la casa se levanta de una altura notable una pared, con una puerta falsa de hierro y dentro de tal puerta se encuentra un antiguo corral, hoy día convertido en un jardín que recuerda los jardines de un antiguo convento, que en lugar de tener un claustro tiene una alta “tiña” o cubierto de elevados pilares de piedra.

Forma esa sección Norte de la casa, un ángulo recto con su fachada y en el punto donde tiene el vértice dicho ángulo se encuentran dos arcos de piedra, de los que uno mira al Norte y otro al Oeste. En ese cubierto se halla un abrevadero de piedra y al otro lado una entrada al cubo donde se preparaba la cosecha de vino y encima de él, pone Año 1685. Estas dos fechas, la de casa de Sieso y la de casa Otal, nos recuerdan el cambio de vida que ocurrió en nuestras tierras de Aragón, porque en 1613, fueron expulsados de ella, los moriscos, todos ellos de religión musulmana, pero casi todos ellos de sangre celtibérica. En Ola y en Olivito vivían muchos de ellos y todavía se puede ver el recuerdo que dejaron en la fuente, donde se conserva un arco de herradura, creado por los moros, que demuestra su presencia. En la fachada principal lucía con orgullo un balcón de hierro forjado, que desapareció cuando casa España todavía no se había convertido en la actual casa del oscense Lafarga, que no tuvo nada que ver con la desaparición del balcón. En escaso pedazo de pueblo se hallan restos arquitectónicos, porque además de los del cementerio y de casa Guarga, se encuentra un edificio, hoy bodega de Otal de Ola, que era la casa donde se partían los diezmos y primicias. Detrás de la pared Sur del cementerio, se halla la iglesia parroquial, en la que se venera a San Urbez, santo aragonés del siglo octavo, que estuvo de pastor en Ola y que hizo manar una fuente en su Señorío. Los libros no dicen nada de la relación de dicho santo con el pueblo de Ola.
Me acuerdo de Concepción Guarga, que era una señora de una dignidad enorme y siempre la conocí vestida de luto y con su mantilla con un libro de misa o de devociones, cogido con su mano, iba a misa a la parroquia. Se veía que había nacido en una casa, que estaba delante de un cementerio y con un corral, que a mí, ahora, me parece un jardín conventual. He hablado del parentesco entre los altoaragoneses y con esta idea, me encontré en un despacho de Abogado a una bella joven abogada, que se parecía a Concepción Guarga y efectivamente eran semejantes, porque además de su digno aspecto, me dijo que se llamaba Guarga y que su origen estaba en Casa Guarga de Ola. Resulta curioso o digno de meditación el ver a la joven con un elegante ropaje de color negro, como si fuera de luto, pero que producía, no tristeza ni lágrimas, sino una alegría espiritual, ligada a nuestra tierra.

Concepción Guarga Panzano nació el cinco de Abril del año mil ochocientos ochenta y ocho, en casa Guarga de Ola..Era hija de Don Miguel Guarga Mur y de su esposa Doña Concepción Panzano López.En la Escritura de división de un patrimonio entre los vecinos de Ola, ante el Notario Don José Delfín Piniés y Cambray, del seis de Octubre de 1898, “ponen primer lugar a Don Miguel Guarga Mur, su esposa doña Concepción Panzano López y su hijo Don Miguel Guarga Panzano,soltero”. Este Miguel Guarga Panzano era hermano de Concepción Guarga Panzano y otro hermano se llamaba Rafael, otra hermana fue María ,que se casó con Buisán, otra Ramona, casada con un maestro de apellido Nieto. Al hijo de Buisán lo conocí y tuve amistad con él. Siendo yo todavía un niño lo vi vestido de soldado de aviación y se trataba mucho con su prima Pilar.
En la escritura sale en tercer lugar, Doña Ramona Guarga Sieso, viuda de Don Manuel Guarga Mur, hermano de Miguel Guarga Mur, padre de Concepción y heredero de Casa Guarga.En décimo noveno lugar aparece Don Vicente Guarga Aisa, casado con Doña Pabla Fondevila Zamora. Este Don Vicente Guarga Aisa, procedía de Casa Aysa.

martes, 9 de febrero de 2010

De la materia al espíritu o de la Guerra Civil al Monasterio de Sigena


















¡Con qué facilidad se hunden los hombres y mujeres en la materia y con qué facilidad se elevan sus almas y sus corazones al espíritu!. Y fuiste tú, amigo Eliseo, el que hoy, día uno de Febrero del 2010, el que, por un tiempo indefinido, transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, todo gozoso de la armonía musical de aquellas voces, que cantaban en canto gregoriano : ¡Ave, María, gratia plena!, al mismo tiempo que mis ojos contemplaban la belleza arquitectónica de diversos aspectos del Monasterio de Sigena y de sus pinturas, de un colorido que me hacía ver el cielo. Hace unos días, “contemplando la Sierra, que nos guarda del frío del Norte, me di cuenta de todas las cimas, que en ella se suceden y que nos indican a los hombres que tenemos, no sólo la materia, sino también el espíritu, que muchas veces desconocemos y despreciamos”. Aquellas cumbres de la Sierra me aleccionaron para distinguir la materia del espíritu y me hicieron pensar en una cena que se celebró en el Restaurante “El Faro de Sepes”, situado en la Zona Industrial de Huesca. En aquel Restaurante, en una cena, se reunieron la materia y el espíritu, haciendo reflexionar a los comensales, sobre el placer que sentíamos los hombres y mujeres con la materia de un cerdo guisado, a través de aquellos platos que servían en las mesas, los camareros .Aquella cena se convocó para auxiliar a las personas recogidas por los Hermanos de la Cruz Blanca. Tenía la cena, por tanto, un sentido espiritual, como la que reunió Jesús a sus discípulos en la sagrada Mesa, el día de la última cena. Estaba representado el espíritu por los Hermanos de la Cruz Blanca, allí presentes, y que buscaban recoger la “materia necesaria” para mantener a aquellos hombres y mujeres, que acogen en sus residencias, después de ser despreciados por la sociedad. En aquella caritativa cena .el cocinero del “Faro de Sepes”, nos hizo experimentar el paso de la materia al espíritu, por medio de las tostadas de paté casero, las del tocinico salado, el lomo de cerdo con salsa de manzanas, de tal manera que al consumir las migas, me acordé de rezar:”El pan nuestro de cada día , dánosle hoy”. ¿Quién me iba a decir a mí, que las cumbres de la Sierra, apuntando al cielo, me iban a enseñar el espíritu, que los simples camareros, nos mostraron en aquella cena de un cerdo , pero ,desde luego, cena sagrada.
Hemos pasado de la materia al espíritu, pero en tu pueblo, Sigena, fueron los que destruyeron el Monasterio, los que quisieron tornar toda la Historia de Aragón del espíritu a la más execrable materia. Fueron tu padre y tu madre, las dos personas aragonesas y concretamente de Sigena, las que me abrieron los ojos para ver y aborrecer la revolución del mal. Tu padre fue un hombre de una enorme personalidad y tuvo en cuenta en su vida, así en Barcelona como en Huesca, de la materia y del espíritu, temas ambos de difícil concordancia, pues al ver tratar a un hombre sobre los trabajos manuales, piensa que ese hombre no cree en la otra vida. Pero yo vi en él a una persona que, aunque a veces pronunciara palabras fuertes, dentro de su corazón reinaba una gran sensibilidad. Estando en su casa, en la que guarda en piedra las armas de los Abarca de Bolea, encontradas por él, me aclaró lo que significaba un cuadro pintado por él mismo y que representa la corriente del Río Alcanadre que pasa por Sigena, arrastrando los “testículos “, del caballo de Roldán. ¡Cómo une la historia de la Osca capital con la de Sigena, donde se alza el Monasterio de la Virgen del Coro!. ¡Cómo da explicación al espíritu de los aragoneses por medio de los testículos materiales, arrastrados por las aguas del río, igual que los revolucionarios, por llamarlos de alguna forma, arrastraron el espíritu del pueblo y del Monasterio de Sigena, intentando convertirlos en asquerosas heces materiales!.
No es tan sólo mi testimonio el que tiene ideas del espíritu de Eliseo, sino que el año 1960, la última Priora del Monasterio, a saber Doña Presentación Ibars, escribía lo siguiente, refiriéndose a Eliseo y a Carmela, que la llevaron con la hermana Angelita , a Barcelona:”Fuisteis buenos, simpáticos y caritativos con estas dos religiosas que jamás podremos olvidar tanta atención y desvelo. Infinitas gracias por todo,el Señor os lo recompensará todo, ya que nosotras no podemos. Angelita hace suyo cuanto digo yo y os saluda con afecto. ¡Qué buenos sois!”.
Tu madre, Carmela, como escribo en mi artículo “Villanueva y el Monasterio de Sigena”, está identificada con dicho Monasterio de Sigena, no sólo con su obra, sino todavía más con su espíritu. Está todavía identificada, a sus ochenta y siete años, pues sufrió un gran dolor por las profanaciones que sufrió, tantas, que casi lo destrozaron por entero, durante la Guerra Civil.
Cuando las monjas se dieron cuenta de lo que podía pasar y por desgracia ocurrió, escondieron varias piezas litúrgicas, en un montón de trigo que estaba encerrado en un granero particular, en presencia de la niña Carmela. Pero cuando sacaban trigo, Carmela sufría, al considerar muy posible el encuentro de las joyas. ¡Cómo se acuerda del Monasterio!, porque entonces sólo tenía catorce años, pero todavía le parece que lo está viendo, tanto que se acuerda de que en cierta ocasión, llegó un mercader y le propuso a la Priora, doña Pilar Samitier que le vendiera la sillería de nogal, por la que le daría una gran cantidad de dinero y le pondría otra sillería nueva. Entonces la Priora, exclamó: yo no quiero tener remordimientos de conciencia por haber hecho desaparecer una sillería que deba tener tantos años como el propio Monaterio. En el día de la Virgen del Coro, en el mes de Abril, acompañadas por el sonido del armonio, acudían a cantar las niñas del Coro de Villanueva, entre las que se encontraba Carmela. La tiple, doña Aurora Riazuelo, esposa de don Julián Arribas, les enseñó la a cantar la misa de Perosi, para el día de San Juan. Al recordar dicha misa, exclamó doña Carmela: ¡era preciosa!, con varias voces, pues la primera voz era la de doña Aurora, la segunda la mía(es decir la de Carmela), la tercera formada por tres voces del Coro, de las cuales no me acuerdo en estos momentos de sus nombres y apellidos, aunque todavía las tengo en el corazón.
Al empezar a escribir este artículo, afirmo que fuiste tú, Eliseo, el que transformó mi cuerpo material en un ser espiritual, con aquel trabajo maravilloso que me mandaste por el Ordenador. Allí se escuchaban los sonidos tranquilos y místicos del canto gregoriano, interpretando el ¡Ave María, Gratia plena!, al tiempo que se veían surgir las imágenes del Monasterio y aquellas pinturas deliciosas, recogidas en el mismo Monasterio.
En el Restaurante El Faro de Sepes, el cocinero, convertía la carne material del cerdo en “bocatti de cardinali”, que nos llenaban de ilusión y con su placer, convertían nuestra materia en espíritus. Esa cena recuerda la Ultima Cena de Jesús, que convirtió a los judíos más o menso cultos, en apóstoles.
En Sigena, fue diferente, porque aquellos a los que algunos llamaron revolucionarios, no eran cultos, sino discípulos de unas teorías, partidarias de los diablos, que querían convertir el espíritu en materia. Por eso se ven aquellas fotografías de los cadáveres de las monjas milenarias, sacadas de sus sepulcros, con lo que profanaban la Historia, la vida y el espíritu del Monasterio.
Esa magnífica proyección de las distintas partes del Monasterio, resucitaron mi fe, igual que las cimas de la Sierra de Guara, que señalaban y todavía lo señalan, que el mundo es un compuesto de materia y de espíritu, como he podido comprobar en el comportamiento de tu padre Eladio, de tu madre Carmela, a la que he visto guisar un enorme pollo y la he imaginado cantando en el Coro de Villanueva de Sigena, a San Juan. Y en ti, Eladio, he comprobado tu amor a tus padres, a Villanueva de Sigena y a las monjas que conservaron la espiritualidad del Monasterio, desde 1188 hasta que los materialistas quisieron destrozar el espíritu de los hombres, en este caso aragoneses.
Entre tanto los acogedores de aquellos monstruos, siguen reteniendo multitud de obras de arte, procedentes del espiritual Monasterio de Villanueva de Sigena.





Arciprestazgo de Montearagón

Hace ya siglos que se desplazan los habitantes del pueblo de Siétamo, por la vía o camino,  ahora convertida en Carretera Nacional-240, que ...